sábado, 14 de agosto de 2021

Lo que más quiero es agradarte

 


Lo que más quiero es agradarte

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Hebreos 11:6

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Santiago 1:2-4

Hoy más que nunca hay incertidumbre en el mundo, las personas están tratando de encontrar la verdad, pero hay demasiada confusión a todo nivel ideológicamente, económicamente y hasta teológicamente, los seres humanos quieren darle una explicación a todo lo que está pasando y encontrar el camino para darle un sentido y un destino a sus vidas.

El que tiene la respuesta a tantos interrogantes hace más de dos mil años afirmó: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” en Juan 14:6; Jesús no sólo dijo que era el camino, la verdad y la vida, sino que también indicó nuestro destino que es el cielo junto al Padre Eterno.

Pero hay tanta ignorancia sobre Dios en este tiempo, que las personas no saben qué esperar de su futuro, pues viven en tanta falta de fe que no pueden agradarlo, actuando a su propia manera, según sus pensamientos y deseos. La fe en estos momentos difíciles es un verdadero desafío para los creyentes que tenemos que vivir en este mundo convulsionado, afrontando las adversidades que hay en él; es por eso que el autor de Hebreos nos anima a confiar en Dios como el Único que puede suplir todo lo que necesitamos para poder saber qué hacer; y el apóstol Santiago nos dice que asumamos las pruebas con gozo para formar nuestra paciencia, porque a través de ellas Dios está perfeccionándonos, enseñándonos y supliendo nuestros faltantes para que nuestra fe pueda brillar en medio de tanta duda.

La paciencia es una virtud elemental para tomar decisiones sabias en momentos donde somos probados y para tener una actitud correcta ante la vida. Dios mostrará su gloria cuando le creemos a Él por encima de las circunstancias, nos capacitará con su Santo Espíritu para que podamos comunicar su Palabra a aquellos que no tienen esperanza y que están perdidos buscando el propósito de sus vidas y suplirá todo cuanto nos falta porque Él es el galardonador de los que le buscamos de corazón.

El desafío de la fe comienza cuando entendemos que siempre seremos probados. Pidamos a Dios que nos de fe para agradarlo.  Oración inicial

«Señor Jesús, gracias te doy por ser el camino, la verdad y la vida, por darme la certeza de un futuro eterno junto a mi Padre celestial. Lo que más quiero es agradarte con mi fe en medio de las pruebas y desafíos de este mundo. Lléname de gozo, enséñame paciencia y dame sabiduría para tomar buenas decisiones en medio de las dificultades y capacítame para conducir a tu verdad a aquellos que están perdidos. Señor Jesús, eres la única esperanza para este mundo incierto. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 13 de agosto de 2021

La obediencia trae bendición

 

La obediencia trae bendición


“Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere”. Juan 2:2-5

“¿Estás en problemas? Haz todo lo que Él te diga”. Este sabio consejo de María está vigente para nosotros. Si somos obedientes a su Palabra seremos bendecidos y veremos manifestaciones del poder de Dios en nuestras vidas. Como Jesús lo dijo en Juan 14:21 “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.

Obedecer a Dios es el compromiso de alinear nuestra vida con la voluntad de Dios. La obediencia se pone en evidencia cuando estamos pasando por dificultades y tomamos la determinación de hacer las cosas como Dios nos pide en su Palabra y no como nosotros pensamos, pues muchas veces va en contra de nuestra lógica humana, como amar a nuestros enemigos, o colocar la otra mejilla cuando nos agravian, o bendecir en lugar de maldecir, o dar gracias en todo, sea bueno o malo, o a no vengarnos nosotros sino dejarle nuestro asunto a Dios, que es nuestro Juez, etc.

María tenía una gran fe en aquel que es el Hijo de Dios y que había sido concebido sin pecado, tenía su confianza puesta en aquel hijo que cargó en su vientre y en su divino poder que todavía no se había manifestado, pues este sería el primer milagro que realizaría ya que apenas estaba empezando su ministerio. Esta sencilla y directa instrucción de María es la que debemos decirles a otras personas cuando no saben qué hacer frente a las situaciones de la vida: “haced todo lo que Él os dijere”.

María era una mujer que confiaba enteramente en la Palabra de Dios, pues en su experiencia había aceptado sin condiciones lo que Dios le había pedido, aun sabiendo el riesgo que correría al concebir un hijo fuera del matrimonio, pero ella dijo sin vacilación: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. (Lucas 1:38)

La obediencia empieza con actos de fe tan sencillos como buscar cada día la comunión con nuestro Padre, orar con una intención sincera, estudiar su Palabra, compartir el evangelio a los que nos rodean, etc. Esta fe sencilla con el tiempo puede transformarse en una fe dinámica que manifieste el poder de Dios a otros, cuando surjan los grandes desafíos, porque nos hará crecer en amor, gracia, fortaleza y conocimiento, para que otras personas sean bendecidas por Dios a través de nosotros.

Nuestra obediencia es la mejor ofrenda de amor que podemos darle a nuestro amado Señor. Entonces, cuando se nos dice que hagamos lo que Jesús nos dice, ¿estaremos dispuestos a obedecer sin reparos?    Oración inicial

«Amado Señor Jesús, gracias por tu Palabra Viva, que me da fe para guiar mi vida. Quiero obedecerte y hacer siempre tu voluntad, así como a esas tinajas de barro, lléname con tu Espíritu Santo para que puedas transformarme en la persona que tú quieres, así como transformaste el agua en vino. Enséñame cada día a confiar en ti y a hacer todo lo que tú me digas. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 10 de agosto de 2021

Glorificando a Dios

 


Glorificando a Dios

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Juan 17:3-5

Muchas veces pensamos la manera en cómo glorificar y exaltar a Dios a través de nuestras vidas. Nadie glorificó al Padre como Jesús lo hizo y nadie glorifica al Hijo como el Espíritu Santo lo hace, por eso debemos pedirle al Espíritu que nos enseñe cómo hacerlo.

Para poder glorificar a Dios debemos en primer lugar conocerlo, como dice Jesús: “Esta es la vida eterna que te conozcan a ti y a quien has enviado”. La única forma de lograrlo es con una relación personal e íntima con Él, donde recibimos su revelación para poder entender su voluntad y poder obedecerlo, permitiéndole que ejerza su paternidad divina sobre nosotros sus hijos, para que restaure y sane nuestro corazón roto por el pecado. Nos recuerda que es Dios quien levanta y restaura; y por eso toda la gloria es de Dios. La frase “al lado tuyo” nos hace concluir que la mayor gloria del ser humano es habitar en la Presencia de Dios.

Conocer su Palabra también nos hace glorificarlo, por eso Jesús también dijo: “conoceréis la Verdad y os hará libres” y como dice 1 Corintios 2:12 hemos recibido al Espíritu Santo que proviene de Dios para que sepamos lo que Él nos ha concedido, quien nos enseña y guía a la Verdad. Cuando amamos su Palabra y meditamos en ella y la hacemos práctica en nuestra vida, exaltamos el nombre de Dios misericordioso que nos ha revelado a su Hijo por medio de su Espíritu, mostrándonos que Jesús mismo vino a morar entre los hombres, a dar su vida por nosotros en una cruz, para quitar el pecado y para que podamos estar nuevamente en la relación correcta con el Padre.

Los escribas y fariseos que conocían las Escrituras no pudieron reconocerlo, pero, los enfermos, los cojos, los paralíticos, los ciegos, lograron ver quién era el Hijo de Dios y le dieron gloria. Es un gran privilegio para todos aquellos que no le hemos visto, pero creímos y abrimos humildemente nuestro corazón a Jesús para que ahora podamos glorificar y exaltar su poderoso Nombre.

La obediencia es la más alta manera de glorificar a Dios, y esto es también honrar, alabar y rendir nuestra voluntad a Él. Lo honramos cuando nos sometemos a su Palabra, damos gloria a su Nombre cuando le obedecemos y Jesús nos dejó el máximo ejemplo de obediencia al Padre, nos enseña que glorificar a Dios es cumplir con su plan en la tierra, con la obra que nos ha encomendado.

¿Queremos alcanzar el propósito que Dios ha dispuesto para cada uno de nosotros? Entonces preguntémonos: ¿Estoy haciendo lo que Jesús me ha encomendado? ¡Esto es lo que lo glorifica a Él!   Oración.

«Amado Dios, quiero glorificarte con todo mi ser, seguir el ejemplo de Jesús que vino a exaltar tu Nombre en esta tierra haciendo tu voluntad y siendo obediente a tu Palabra, entendiendo que una vida de comunión íntima contigo es la más grande gloria para mí, porque puedo conocerte por medio de tu Espíritu Santo y entender que con la obra de Cristo en la cruz fue restaurada mi relación contigo. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 9 de agosto de 2021

¿Dónde está Dios?

 


¿Dónde está Dios?

“Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo. Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.” 2 Reyes 2:14-15

A veces en nuestra vida espiritual muchos nos hacemos la misma pregunta que se hizo Eliseo: “¿dónde está el Dios de Elías?” La respuesta para los creyentes es que Dios está más cerca de lo que imaginamos, está en nuestro corazón, cuando hemos conocido su amor, lo hemos aceptado como nuestro Señor y Salvador y su Santo Espíritu ha venido a morar dentro de nosotros, toda la plenitud de la deidad habita en nuestra vida.

Si toda su deidad y poder reposan dentro de nosotros, deberíamos experimentar constantemente su Presencia, para eso debemos rendir todo nuestro ser y pedirle que tome el control y así como recibimos a Cristo, debemos pedir la llenura del Espíritu Santo, por fe, todos los días. Esta debe ser la condición habitual de todo creyente: “ser llenos del Espíritu Santo”. Como dice Efesios 3:19-20 “y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”.

Cuando Eliseo fue lleno del Espíritu Santo pudo hacer lo mismo que hacía Elías, por eso los hombres que lo estaban observando reconocieron el mismo poder y quisieron postrarse ante él, ¡qué ignorancia!, no es ante nosotros que se tienen que rendir las personas, sino ante la Presencia y el gran poder de Dios. Permitamos que el Espíritu Santo intervenga y tome el control de nuestras vidas para que ya no seamos los mismos y también otros reconozcan a Dios a través de nosotros.

Cuando entendemos el papel del Espíritu Santo en la vida del creyente, podemos apropiarnos de su plenitud para vivir de una manera santa, recta, y para ser usados como Él quiere, glorificando a Cristo cada día.

Dios está presente en este mundo a través de los creyentes llenos del Espíritu Santo, para que influencien con su gloria la vida de otros. La clave es permitir que Dios viva esa vida sobrenatural a través de nosotros, dejándonos guiar, transformar y purificar interiormente por su Presencia. Tenemos el mismo Dios de Eliseo y Elías que obra poderosamente para cambiar todo lo que nos rodea. Nuestro desafío es entonces estar siempre llenos del Espíritu Santo como dice Efesios 5:18 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”.    Oración.

«Gracias amado Dios por enviar a tu Espíritu Santo a morar en mi vida, quiero apropiarme de la plenitud de su Presencia para vivir con poder e influenciar mi entorno. Espíritu Santo, guíame, ilumíname, lléname, úngeme para ser un instrumento en este mundo que tanto necesita de Dios. Ayúdame a vivir sobrenaturalmente glorificando a Cristo a través de tu Presencia, manifiéstate en todo lo que haga y diga, para que otros rindan su vida a Jesús. Amén

En la medida en que nos llenemos de Él, mostraremos a ese Dios vivo que mora en nosotros actuando con poder en este mundo necesitado.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 8 de agosto de 2021

Andando como hijos de luz

 

Andando como hijos de luz


“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” Efesios 5:8

En nuestro pasado éramos tiniebla, hacíamos las cosas guiadas por nuestros deseos engañosos, siguiendo la corriente del mundo y todo lo que obrábamos estaba en contra de la voluntad de Dios; pero, Dios por las riquezas de su gracia en Cristo, nos rescató; gracias a nuestra fe en Jesús, ese hombre del pasado murió con Cristo y ahora hemos sido hechos nuevas personas y luz en el Señor (Efesios 2:5-10, Efesios 5:8).

Por lo cual, el Señor nos invita a que renovemos nuestra manera de pensar, que ya no lo hagamos como antes, sino que ahora nos vistamos de esa nueva persona que Dios ha creado en la justicia y santidad de la verdad; es decir, que dejemos atrás las mentiras y hablemos siempre con la verdad, que nuestro dinero no sea fruto de corrupción o engaños, sino fruto del trabajo honesto con nuestras manos y así tener algo que compartir con los más necesitados (Efesios 4:24-25, 28).

En nuestras conversaciones no debemos incluir palabras deshonestas, corrompidas, groseras, frases carentes de razón e inteligencia o chistes groseros; cuando abramos nuestra boca que sea para edificar a quienes nos escuchan y siempre, teniendo cuidado de que sea agradable para Dios (Efesios 4:29, Efesios 5:4).

No es bueno que guardemos en nuestro corazón amarguras, odios, iras o cualquier tipo de sentimiento que nos lleve a actuar con maldad; la Palabra de Dios dice que debemos perdonar a los demás, aún si ellos no se lo merecen, pues esta fue la manera cómo Dios también nos perdonó a nosotros en Cristo; nuestro llamado es a ser misericordiosos y compasivos en todo tiempo y amarnos unos a otros de la misma manera que Dios nos ha amado (Efesios 32, Efesios 5:2).

En general, que pensemos, hablemos y actuemos como hemos oído y aprendido de nuestro Señor Jesucristo.    Oración.

«Padre misericordioso, has mostrado las abundantes riquezas de tu gracia hacia nosotros en Cristo Jesús, perdonando nuestros pecados y dándonos una nueva vida; nos has hecho nuevas personas para alabanza de tu gloria. Te pedimos, Padre Santo, que nos permitas entender y vivir esta nueva posición como tus hijos, miembros de tu familia, morada de tu Espíritu, santos y luz en el Señor; gracias poderoso Dios, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 7 de agosto de 2021

Arraigados y cimentados en amor

 

Arraigados y cimentados en amor


“para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” Efesios 3:17-19

Dios es amor, así que, todo aquel que ama es nacido de Dios; y todo aquel que conoce a Dios debe amar como Él nos ama. (1 Juan 4:7-8, 11). Como muestra de su amor, Dios envió a su Hijo al mundo como sacrificio por nuestros pecados y para darnos vida juntamente con Jesús (Efesios 2:4-5).

Con Cristo habitando en nuestro corazón estamos arraigados y fundamentados en amor; entonces, seremos capaces de comprender juntamente con nuestros hermanos cuán alto, ancho y profundo es su amor, y así mismo ser llenos de toda la plenitud de Dios.

Es decir que, nos llenamos de la plenitud de Dios cuando nos amamos unos a otros; “Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.” (1 Juan 4:12).

Para poner en práctica este amor verdadero de Dios debemos ser pacientes, bondadosos, perdonarnos unos a otros, ser misericordiosos, no enojarnos fácilmente, no mentirnos entre hermanos, no guardar amarguras, enojos o iras; dejar todo orgullo, jactancia y malicia, así como obrar en todo tiempo en toda bondad, justicia y verdad. (1 Corintios 13:4-7).

Estamos llamados a edificarnos en amor los unos a los otros en la verdad de Dios, según el don que nos ha sido dado por nuestro Padre. La idea es que nos ayudemos mutuamente y que crezcamos juntos en todo, en aquel que es nuestra cabeza, es decir, Cristo; a esto estamos llamados, hermanos, “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Efesios 4:13).   Oración.

«Padre Santo, conforme a las riquezas de tu gloria, te pedimos nos fortalezcas en nuestro hombre interior por tu Espíritu, para que así nos mantengamos arraigados y fundamentados en tu amor, amándonos unos a otros como Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros; que tu amor que excede a todo conocimiento sea enseñado a través de la vida de cada miembro de tu iglesia, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 6 de agosto de 2021

Dios cuida a sus hijos

 


Dios cuida a sus hijos

“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón.” Salmos 91:11-13

¿Le has dicho a Dios con fe: “tú eres mi Dios, mi esperanza, mi castillo, en ti pongo mi confianza”?

Cuando nosotros depositamos realmente nuestra fe en Dios, debemos estar seguros y tranquilos de que, de todo lo que sucede en nuestro día, Dios tiene el control; si es así no tenemos por qué vivir en temor y angustia a causa de los terrores de la noche, las flechas del día, las pestes de la oscuridad o la mortandad que a pleno día destruya; pues, el Señor siempre cuida nuestra entrada y nuestra salida (Salmos 121:8).

Su Palabra dice que Él nos librará del lazo del cazador y de la peste que destruye, porque con sus plumas nos cubrirá y bajo sus alas estaremos seguros; pueden caer miles a nuestro lado, pero nosotros estaremos sanos; no habrá plaga que toque nuestra morada (Salmos 91:3-4, 10).

El Dios para el cual nada es imposible nos dice: porque me has amado, yo te libraré; te pondré en alto por cuanto has conocido mi nombre. Cuando me invoques, yo te responderé, contigo estaré en la angustia; te glorificaré. Te saciaré de larga vida y te mostraré mi salvación (Salmos 91: 14-16).

Debemos confiar y esperar pacientemente en el propósito que Dios tiene con cada suceso de nuestra vida, tenemos un Dios omnisciente cuyos pensamientos son más altos que los nuestros y cuya voluntad es buena, agradable y perfecta (Isaías 55:8-9, Romanos 12:2).

Nuestra tarea de nunca acabar es la de orar, ese es el camino seguro; poner todo en manos de Dios, para tener la certeza de que lo que a nosotros llega, es por su intervención, y para poder aceptarlo en la paz que Él nos da.   Oración.

«Señor, te alabo y te doy gracias por tu cuidado y protección; yo en paz me acuesto y así mismo duermo porque sólo tú me haces vivir confiado. Gracias por ese amor incondicional y por tu Palabra que me revela tu poder y tu bondad. Te pido que me ayudes a poner, cada vez más, toda mi atención y mi confianza en lo que tú dices y no en lo que los demás piensan, en el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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