viernes, 16 de julio de 2021

¿Únicamente Jesucristo?

 


¿Únicamente Jesucristo?

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” Colosenses 2:8-10

¿Será que sólo con creer y aceptar a Jesús en nuestra vida es suficiente para ser salvos y aceptados por Dios? La respuesta es, para Dios sí pero para el hombre no.

El ser humano por naturaleza es muy religioso, lo que quiere decir que le gusta estar buscando algo o alguien a quien adorar y hacer obras para sentirse digno de recibir recompensa de aquello que adora; y es gracias a esto, a las filosofías de personas engañadoras, a las tradiciones de los hombres y a los rudimentos del mundo, que vemos cómo hoy en día hay un dios para todo y para cada día, lo cual ha llevado a creer que se necesita de algo o alguien más aparte de Cristo para nuestra salvación y bendición.

Pero si nosotros leemos la Biblia, vemos cómo desde el inicio de los tiempos a Dios no le agrada que se le rinda culto a otros dioses, sino sólo a Él, el único y verdadero Dios; dice Éxodo 20:3-4 “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.” y esto también incluye a todo su ejército celestial, pues Colosenses 2:18 dice “Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal.”

Y, adicional a esto, también encontramos cómo Dios quiso que a través de Jesucristo la humanidad tenga salvación (Juan 3:17), perdón de pecados (Colosenses 1:14), vida eterna (Hechos 4:12), aceptación ante Dios (Colosenses 1:21-22) y muchas bendiciones más; porque, como lo leíamos en la porción bíblica de hoy, en Cristo habita toda la plenitud de Dios y nosotros estamos completos en Él.

Dios es claro, a Él no le agrada que se adore a las cosas o seres creados, el único digno de honra, alabanza y gloria es el Creador; el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien envió a su Hijo a morir por nuestros pecados y ahora le ha exaltado hasta lo más alto, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre (Filipenses 2:9-11).   Oración.

«Padre Santo, por tu favor e infinita misericordia, te pido que me permitas entender y practicar tu buena voluntad; te pido perdones mi pecado a causa de mi falta de conocimiento y te ruego que me llenes de toda sabiduría e inteligencia espiritual, para vivir como es digno de ti, agradándote en todo y llevando fruto en toda buena obra, en el poderoso nombre de Cristo Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

jueves, 15 de julio de 2021

Guerra espiritual, parte 3

 


Guerra espiritual, parte 3

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” Efesios 6:11

Somos soldados, soldados de Cristo, y como a dignos guerreros se nos ha provisto de armadura, la armadura de Dios, y debemos vestirnos de ella para poder resistir en el día malo y estar firmes contra las asechanzas de nuestro enemigo, el diablo (Efesios 6:11, 13); así que, conozcamos de qué estamos dotados.

Para nuestra cabeza se nos dota con el yelmo o casco de la salvación, pues es necesario estar seguros de esto para que no nos dejemos aturdir por el enemigo con pensamientos de condenación y desesperanza, porque Dios no nos ha puesto para ira sino para alcanzar salvación por medio de Cristo Jesús (Efesios 6:17, 1 Tesalonicenses 5:9).

En el caso de nuestro pecho y espalda se nos ha dado la coraza de justicia, con la cual protegemos nuestro corazón de albergar sentimientos de culpa de pecado, pues conocemos que Cristo fue hecho pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Cristo (Efesios 6:14b, 2 Corintios 5:21).

Para nuestros lomos o cintura se nos brinda el cinturón de la verdad. Meditar en la verdad de Dios nos permite estar bien ceñidos y preparados, para que cuando llegue el momento de actuar lo hagamos de manera eficaz y contundente (Efesios 6: 14a).

Como calzado tenemos el evangelio de la paz. Así como para un soldado ponerse las botas es estar preparado para la batalla, para un cristiano calzarse con el evangelio es estar dispuesto y preparado con el buen mensaje de la paz, el cual nos da una base firme para enfrentar a Satanás y no caer en temor, culpa o servidumbre espiritual (Efesios 6:15).

De escudo se nos ha dado la fe, con la cual podemos apagar toda flecha encendida del maligno, pues creerle a Dios es nuestra mejor arma defensiva ante cualquier tentación (Efesios 6:16).

Y como arma ofensiva tenemos la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, a través de la cual podemos responder a los ataques del enemigo, pues cuando nosotros pronunciamos y declaramos Palabra de Dios, esta tiene el poder del Espíritu para penetrar hasta partir nuestra alma, espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Efesios 6:17b, hebreos 4:12).

Por último, como arma universal de guerra tenemos la oración, pues esta debe ser ejercitada en todo tiempo; es el medio a través del cual nos comunicamos con el Padre por medio de su Espíritu y así permanecer fortalecidos (Efesios 6:10, 18).

Así que, valientes soldados de Cristo, no olvidemos quien es realmente nuestro enemigo, busquemos nuestra fuerza en el Señor y como dice su Palabra, vistámonos de toda esta armadura divina; así será como resistiremos, permaneceremos firmes y venceremos una guerra espiritual.   Oración.

«Padre de gloria, por tu poder y misericordia te pedimos que alumbres los ojos de nuestro entendimiento, para que podamos conocer cuál es la supereminente grandeza de tu poder que actúa en nosotros y así fortalecernos en ti, en tu potestad, y no valernos de nuestros propios esfuerzos, al enfrentar una guerra espiritual. Por Cristo Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

miércoles, 14 de julio de 2021

Guerra espiritual, parte 2

 


Guerra espiritual, parte 2

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Efesios 6:12

La guerra no es contra hombre de carne y hueso sino contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, es lo que nos dice la Biblia que estamos enfrentando; es decir que, ¿el enemigo a vencer no es mi papá, mi hijo, mi esposo o mi hermano? por supuesto que No. Si hay algo que el Señor quiere que entendamos el día de hoy, es esto, que cuando se presenten diferencias, críticas, disgustos o problemas con nuestro prójimo, no es contra ellos que debemos batallar, sino contra esa mentira, engaño o malicia que el enemigo ha insertado en nosotros y en la otra persona. Y ¿cómo podemos hacer esto?

“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5). Presentar delante de Dios ese pensamiento o sentimiento que nos está llevando a deteriorar o romper una relación, es una de las claves para poder ganar esta batalla espiritual; cuando nosotros hacemos esto, estamos permitiendo que sea en el poder y con las armas de Dios que se enfrente esta guerra, porque es renunciar a mi orgullo y autosuficiencia de pensar, que aquello que estoy diciendo o sintiendo es la verdad y que solo yo tengo la razón, para mejor someterlo a Cristo en humildad, esperando que sea Él quien me revele si ese pensamiento o sentimiento está o no conforme a su voluntad, y así permitir que se derribe en caso de que esté en contra del conocimiento de Dios.

Finalmente, algo que podemos hacer muy poderoso y que garantizará que el enemigo no tome ventaja sobre nosotros es, “No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.” (Eclesiastés 7:9). Cuando nosotros, a pesar del disgusto o desacuerdo con la otra persona, no buscamos el camino del enojo y no permitimos que esa situación nos lleve a pecar, estamos resistiendo firmemente los ataques del maligno; el no dar lugar a una ira pecaminosa es asegurar un paso más para ganar esta guerra espiritual. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” (Efesios 4:26-27).   Oración.

«Papito Dios, te ofendo una y otra vez, por no saber controlar mi enojo y airarme fácilmente, permíteme entender que la guerra no es contra la persona que me ofendió o con la que estoy en desacuerdo, sino contra el acusador que me quiere destruir y robar la paz que tù me regalas. Hazme cada día más humilde para someterme a tu voluntad y no obedecer al mal, gracias Dios. En el nombre de Jesús. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

martes, 13 de julio de 2021

Guerra espiritual, parte 1

 

Guerra espiritual, parte 1

“Sed sobrios, y velad; porque


vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;” 1 Pedro 5:8

Cuando creemos en Jesús y su Palabra de verdad y lo aceptamos como Señor y Salvador de nuestra vida, somos hechos hijos de Dios (Juan 1:12), pasamos de estar muertos en nuestros delitos y pecados, a tener vida juntamente con Cristo y estar sentados en los lugares celestiales (Efesios 2:4-6), es algo real y completamente cierto, pero es algo que obtenemos por fe, es decir, por creer en lo que no vemos, pero que tenemos la certeza que así es y así será, pero sucede que mientras continuemos en este mundo y con este cuerpo corruptible viciado e incitado al pecado, existirá una guerra, una batalla espiritual entre mi viejo y nuevo yo, entre mi naturaleza pecaminosa o mi carne y el Espíritu Santo que ahora mora en mí, entre lo bueno y lo malo.

Pero, en muchas ocasiones caemos en el error de pensar que la lucha es contra nosotros mismos y que la podemos batallar en nuestras propias fuerzas, nos culpamos, acusamos y juzgamos porque hicimos o dejamos de hacer, nos damos golpes de pecho y hasta nos defraudamos de nosotros mismos, sin tener en cuenta que todo ello ha sido por una mala influencia, por una mentira maquinada de nuestro enemigo que permitimos que se insertara en nuestra mente, pues la Palabra de Dios es clara cuando describe a nuestro adversario como padre de mentira y cuando nos enseña que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo y contra huestes espirituales de maldad (Juan 8:44), (Efesios 6:12).

Y conocer esto, es precisamente una de las cosas más importantes que debemos saber para poder ganar una batalla, identificar a nuestro enemigo es parte fundamental de esta guerra. Hermano, la Palabra de Dios es clara en mostrarnos a nuestro adversario y advertirnos de sus claras y constantes maquinaciones en nuestra contra, pero también es contundente en señalarnos que no es en nuestra fuerza o fortaleza que podemos enfrentarlo, Efesios 6:10 nos dice “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.” Y es precisamente ese el llamado que el Señor quiere hacernos hoy, que busquemos su rostro, estemos en su presencia y nos deleitemos en nuestra intimidad con Él, pues es la base para poder enfrentar esta guerra espiritual.   Oración.

«Señor, me has hecho tu hijo en Cristo y con Él me has dado todas las cosas, así mismo sé que por esta bendición de ser llamado tu hijo, tengo un astuto enemigo que como león rugiente anda buscando a quien devorar; tú eres mayor que él y que cualquier otro ser creado en la tierra o en el cielo, y mi confianza es que si tú estás conmigo no hay nadie contra mí. En Cristo Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

lunes, 12 de julio de 2021

Siempre gozosos

 

Siempre gozosos

“Amados, no os sorpren


dáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.” 1 Pedro 4:12-13

Podemos encontrar en la Palabra de Dios una instrucción muy corta y precisa que dice “Estad siempre gozosos.” (1 Tesalonicenses 5:16). Y es importante preguntarnos si en realidad lo estamos practicando.

En nuestra vida y aún en nuestro día a día tenemos que afrontar una gran cantidad de situaciones que en muchas ocasiones pueden robar nuestro gozo, y es justamente en este punto donde nos debemos detener a reflexionar en qué es lo que está causando nuestra ausencia de alegría.

El Apóstol Pablo en su carta a los Filipenses, la cual escribió estando prisionero por causa de Cristo, dice: “¿Qué, pues? Que, no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.” (Filipenses 1:18).

Quiere decir, querido hermano, que, si en este momento estás padeciendo por causa de Cristo, si a pesar de tu constante oración e intimidad con Dios estás pasando por un momento difícil en tu vida, es hora de que te goces, alégrate en el Señor y espera en Él, porque con toda seguridad, pronto se manifestará la grandeza de Cristo en tu vida (Filipenses 1:20).

Pero si has llegado a la conclusión de que no es por Cristo por quien estás sufriendo o soportando diversas pruebas, entonces, es momento de que reorganices tus prioridades y le des el primer lugar a quien es digno de ocuparlo, nuestro Señor y salvador Jesucristo. De esta manera puedes tener la plena certeza de que todo lo que acontezca en tu vida tendrá un propósito eterno, y no podemos tener mayor motivo de gozo que este.     Oración.

«Papito Santo, tú eres fiel, aún nuestros cabellos los tienes contados. Te pido que cada día aumentes mi fe para creerte y esperar gozoso en el propósito que tú tienes con cada situación de mi día a día, en el nombre de Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

domingo, 11 de julio de 2021

Paz entre nosotros

 


Paz entre nosotros

“Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.” 1 Tesalonicenses 5:12-14

Algo que nosotros hemos podido notar a lo largo de nuestra participación en alguna iglesia local, es la gran variedad de personalidades o temperamentos que podemos encontrar, y es precisamente por esto que el Apóstol Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses, se ve en la necesidad de escribirnos algunas instrucciones muy prácticas y precisas para hacer con cada persona en algunos estados o actitudes que se puedan presentar.

Él Inicia primeramente dirigiéndose a todos nosotros, rogándonos de manera especial que tengamos en alta estima y amor a esas personas que Dios ha dispuesto para nuestra ayuda, es decir, aquellas personas que en el Señor son nuestra autoridad y siempre están listas a enseñarnos, aconsejarnos, alentarnos, corregirnos y hasta amonestarnos cuando así lo necesitemos; es importante que aprendamos a reconocer de cualquier manera su valioso trabajo entre nosotros, es nuestro deber también, manifestarles nuestro agradecimiento y amor por su diligencia y disposición en esa obra tan especial, pues no podemos llegar a ser ingratos o desagradecidos.

Luego, él nos continúa indicando la actitud que debemos tomar cuando, por cualquier motivo o circunstancia, algún hermano se encuentre ocioso, desanimado o débil; para estos primeros es necesario un regaño gentil y preciso, puesto que están desordenados y sin fruto, a los de poco ánimo nuestro deber es alentarlos o consolarlos, pues diariamente estamos enfrentando diferentes pruebas que nos pueden llevar al desánimo, y con los débiles estamos llamados a algo muy especial, a sostenerlos, lo que quiere decir que es a los que más nos debemos adherir y debemos estimar, ya que somos miembros de un mismo cuerpo y nos necesitamos mutuamente. Finalmente, la recomendación general es la paciencia, que aprendamos a soportar los defectos de los demás hasta que el Señor se perfeccione en todos.

Y todo esto es con un propósito muy hermoso, que de hecho fue una de las cosas que de manera especial nos dejó nuestro Señor Jesús, y es que siempre mantengamos la paz entre nosotros, que no haya divisiones, envidias, rencores, celos y demás obras que nos llevan a la desunión entre hermanos y a la infructuosidad en la obra del Señor. Así que, pongamos en práctica estas claras instrucciones dadas por Dios para que su paz se manifieste entre nosotros.  Oración inicial

«Padre Santo, eres un Dios que no haces acepción de personas, que no muestras favoritismo con nadie y que así mismo quieres que yo haga; reconozco que muchas veces no tengo la suficiente paciencia, tolerancia y empatía con mis hermanos, por lo que te pido Padre bueno, que seas tú corrigiendo todas aquellas actitudes que no están de acuerdo a tu voluntad y que me permitas cada día ser más agradecido por cada una de las personas que has puesto a mi alrededor, sé que no ha sido por casualidad o sin propósito, pues tú todo lo haces por mi bien y para tu gloria, en el nombre de Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

sábado, 10 de julio de 2021

Confesión

 


Confesión

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9

La confesión es una expresión de arrepentimiento, no se trata de un acto de penitencia o de vergüenza, sino mejor, de una acción de humildad donde nos ponemos de acuerdo con Dios en que aquello que hicimos estuvo en contra de su voluntad y es pecado, pero también de reconocer que nada diferente a nuestra fe en Cristo podemos hacer o tener para ser declarados justos delante de Él.

Cuando nosotros actuamos de esta manera, es decir, sin culparnos, sin excusarnos y sin estar huyendo de Dios, cada vez que sabemos que hemos pecado, es porque la verdad del perdón y de la justificación de Dios por medio de la fe en Cristo, se ha hecho realidad en nuestra vida. Y es precisamente a esto a lo que estamos llamados, a confesar que lo que hemos hecho es pecado, a aceptar el perdón de Dios y a confiar en Él cuando nos dice que somos justificados gratuitamente por la fe en la obra de Jesucristo (Romanos 3:24).

Pero si, por el contrario, lo que hacemos es alejarnos de Dios, ocultar nuestro pecado y culparnos todo el tiempo, es importante decir que entonces estamos escuchando y obedeciendo a la voz de satanás, quien nos dice que somos pecadores y que no hay justicia para nosotros, nos estamos dejando engañar por sus mentiras que nos quieren destruir y condenar, cuando la verdad de la Palabra es que en Dios tenemos perdón y salvación (Romanos 8:33-34).

Queridos hermanos, no importa las veces que le hayamos fallado a Dios, su Palabra dice que Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad, solamente debemos acercarnos confiados a Él con un corazón contrito y humillado para confesarle nuestro pecado, esa será nuestra mejor expresión de arrepentimiento; como hijos amados debemos apropiarnos de lo que nuestro Padre nos ha dado gracias a nuestra fe en su Hijo, el cual fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación (Romanos 4:25).   Oración.

«Padre Santo y Justo, vengo a ti confiadamente porque tengo certeza de que me amas, no por mis obras sino por mi fe en Cristo; también sé que en ti encuentro perdón y justificación y no castigo o condenación, por eso reconozco que he pecado y que te he ofendido, gracias Padre de amor porque sé que eres fiel y justo para perdonar mis pecados y limpiarme de toda maldad, en el nombre de Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.