miércoles, 14 de julio de 2021

Guerra espiritual, parte 2

 


Guerra espiritual, parte 2

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Efesios 6:12

La guerra no es contra hombre de carne y hueso sino contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, es lo que nos dice la Biblia que estamos enfrentando; es decir que, ¿el enemigo a vencer no es mi papá, mi hijo, mi esposo o mi hermano? por supuesto que No. Si hay algo que el Señor quiere que entendamos el día de hoy, es esto, que cuando se presenten diferencias, críticas, disgustos o problemas con nuestro prójimo, no es contra ellos que debemos batallar, sino contra esa mentira, engaño o malicia que el enemigo ha insertado en nosotros y en la otra persona. Y ¿cómo podemos hacer esto?

“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5). Presentar delante de Dios ese pensamiento o sentimiento que nos está llevando a deteriorar o romper una relación, es una de las claves para poder ganar esta batalla espiritual; cuando nosotros hacemos esto, estamos permitiendo que sea en el poder y con las armas de Dios que se enfrente esta guerra, porque es renunciar a mi orgullo y autosuficiencia de pensar, que aquello que estoy diciendo o sintiendo es la verdad y que solo yo tengo la razón, para mejor someterlo a Cristo en humildad, esperando que sea Él quien me revele si ese pensamiento o sentimiento está o no conforme a su voluntad, y así permitir que se derribe en caso de que esté en contra del conocimiento de Dios.

Finalmente, algo que podemos hacer muy poderoso y que garantizará que el enemigo no tome ventaja sobre nosotros es, “No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.” (Eclesiastés 7:9). Cuando nosotros, a pesar del disgusto o desacuerdo con la otra persona, no buscamos el camino del enojo y no permitimos que esa situación nos lleve a pecar, estamos resistiendo firmemente los ataques del maligno; el no dar lugar a una ira pecaminosa es asegurar un paso más para ganar esta guerra espiritual. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” (Efesios 4:26-27).   Oración.

«Papito Dios, te ofendo una y otra vez, por no saber controlar mi enojo y airarme fácilmente, permíteme entender que la guerra no es contra la persona que me ofendió o con la que estoy en desacuerdo, sino contra el acusador que me quiere destruir y robar la paz que tù me regalas. Hazme cada día más humilde para someterme a tu voluntad y no obedecer al mal, gracias Dios. En el nombre de Jesús. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

martes, 13 de julio de 2021

Guerra espiritual, parte 1

 

Guerra espiritual, parte 1

“Sed sobrios, y velad; porque


vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;” 1 Pedro 5:8

Cuando creemos en Jesús y su Palabra de verdad y lo aceptamos como Señor y Salvador de nuestra vida, somos hechos hijos de Dios (Juan 1:12), pasamos de estar muertos en nuestros delitos y pecados, a tener vida juntamente con Cristo y estar sentados en los lugares celestiales (Efesios 2:4-6), es algo real y completamente cierto, pero es algo que obtenemos por fe, es decir, por creer en lo que no vemos, pero que tenemos la certeza que así es y así será, pero sucede que mientras continuemos en este mundo y con este cuerpo corruptible viciado e incitado al pecado, existirá una guerra, una batalla espiritual entre mi viejo y nuevo yo, entre mi naturaleza pecaminosa o mi carne y el Espíritu Santo que ahora mora en mí, entre lo bueno y lo malo.

Pero, en muchas ocasiones caemos en el error de pensar que la lucha es contra nosotros mismos y que la podemos batallar en nuestras propias fuerzas, nos culpamos, acusamos y juzgamos porque hicimos o dejamos de hacer, nos damos golpes de pecho y hasta nos defraudamos de nosotros mismos, sin tener en cuenta que todo ello ha sido por una mala influencia, por una mentira maquinada de nuestro enemigo que permitimos que se insertara en nuestra mente, pues la Palabra de Dios es clara cuando describe a nuestro adversario como padre de mentira y cuando nos enseña que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo y contra huestes espirituales de maldad (Juan 8:44), (Efesios 6:12).

Y conocer esto, es precisamente una de las cosas más importantes que debemos saber para poder ganar una batalla, identificar a nuestro enemigo es parte fundamental de esta guerra. Hermano, la Palabra de Dios es clara en mostrarnos a nuestro adversario y advertirnos de sus claras y constantes maquinaciones en nuestra contra, pero también es contundente en señalarnos que no es en nuestra fuerza o fortaleza que podemos enfrentarlo, Efesios 6:10 nos dice “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.” Y es precisamente ese el llamado que el Señor quiere hacernos hoy, que busquemos su rostro, estemos en su presencia y nos deleitemos en nuestra intimidad con Él, pues es la base para poder enfrentar esta guerra espiritual.   Oración.

«Señor, me has hecho tu hijo en Cristo y con Él me has dado todas las cosas, así mismo sé que por esta bendición de ser llamado tu hijo, tengo un astuto enemigo que como león rugiente anda buscando a quien devorar; tú eres mayor que él y que cualquier otro ser creado en la tierra o en el cielo, y mi confianza es que si tú estás conmigo no hay nadie contra mí. En Cristo Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

lunes, 12 de julio de 2021

Siempre gozosos

 

Siempre gozosos

“Amados, no os sorpren


dáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.” 1 Pedro 4:12-13

Podemos encontrar en la Palabra de Dios una instrucción muy corta y precisa que dice “Estad siempre gozosos.” (1 Tesalonicenses 5:16). Y es importante preguntarnos si en realidad lo estamos practicando.

En nuestra vida y aún en nuestro día a día tenemos que afrontar una gran cantidad de situaciones que en muchas ocasiones pueden robar nuestro gozo, y es justamente en este punto donde nos debemos detener a reflexionar en qué es lo que está causando nuestra ausencia de alegría.

El Apóstol Pablo en su carta a los Filipenses, la cual escribió estando prisionero por causa de Cristo, dice: “¿Qué, pues? Que, no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.” (Filipenses 1:18).

Quiere decir, querido hermano, que, si en este momento estás padeciendo por causa de Cristo, si a pesar de tu constante oración e intimidad con Dios estás pasando por un momento difícil en tu vida, es hora de que te goces, alégrate en el Señor y espera en Él, porque con toda seguridad, pronto se manifestará la grandeza de Cristo en tu vida (Filipenses 1:20).

Pero si has llegado a la conclusión de que no es por Cristo por quien estás sufriendo o soportando diversas pruebas, entonces, es momento de que reorganices tus prioridades y le des el primer lugar a quien es digno de ocuparlo, nuestro Señor y salvador Jesucristo. De esta manera puedes tener la plena certeza de que todo lo que acontezca en tu vida tendrá un propósito eterno, y no podemos tener mayor motivo de gozo que este.     Oración.

«Papito Santo, tú eres fiel, aún nuestros cabellos los tienes contados. Te pido que cada día aumentes mi fe para creerte y esperar gozoso en el propósito que tú tienes con cada situación de mi día a día, en el nombre de Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

domingo, 11 de julio de 2021

Paz entre nosotros

 


Paz entre nosotros

“Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.” 1 Tesalonicenses 5:12-14

Algo que nosotros hemos podido notar a lo largo de nuestra participación en alguna iglesia local, es la gran variedad de personalidades o temperamentos que podemos encontrar, y es precisamente por esto que el Apóstol Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses, se ve en la necesidad de escribirnos algunas instrucciones muy prácticas y precisas para hacer con cada persona en algunos estados o actitudes que se puedan presentar.

Él Inicia primeramente dirigiéndose a todos nosotros, rogándonos de manera especial que tengamos en alta estima y amor a esas personas que Dios ha dispuesto para nuestra ayuda, es decir, aquellas personas que en el Señor son nuestra autoridad y siempre están listas a enseñarnos, aconsejarnos, alentarnos, corregirnos y hasta amonestarnos cuando así lo necesitemos; es importante que aprendamos a reconocer de cualquier manera su valioso trabajo entre nosotros, es nuestro deber también, manifestarles nuestro agradecimiento y amor por su diligencia y disposición en esa obra tan especial, pues no podemos llegar a ser ingratos o desagradecidos.

Luego, él nos continúa indicando la actitud que debemos tomar cuando, por cualquier motivo o circunstancia, algún hermano se encuentre ocioso, desanimado o débil; para estos primeros es necesario un regaño gentil y preciso, puesto que están desordenados y sin fruto, a los de poco ánimo nuestro deber es alentarlos o consolarlos, pues diariamente estamos enfrentando diferentes pruebas que nos pueden llevar al desánimo, y con los débiles estamos llamados a algo muy especial, a sostenerlos, lo que quiere decir que es a los que más nos debemos adherir y debemos estimar, ya que somos miembros de un mismo cuerpo y nos necesitamos mutuamente. Finalmente, la recomendación general es la paciencia, que aprendamos a soportar los defectos de los demás hasta que el Señor se perfeccione en todos.

Y todo esto es con un propósito muy hermoso, que de hecho fue una de las cosas que de manera especial nos dejó nuestro Señor Jesús, y es que siempre mantengamos la paz entre nosotros, que no haya divisiones, envidias, rencores, celos y demás obras que nos llevan a la desunión entre hermanos y a la infructuosidad en la obra del Señor. Así que, pongamos en práctica estas claras instrucciones dadas por Dios para que su paz se manifieste entre nosotros.  Oración inicial

«Padre Santo, eres un Dios que no haces acepción de personas, que no muestras favoritismo con nadie y que así mismo quieres que yo haga; reconozco que muchas veces no tengo la suficiente paciencia, tolerancia y empatía con mis hermanos, por lo que te pido Padre bueno, que seas tú corrigiendo todas aquellas actitudes que no están de acuerdo a tu voluntad y que me permitas cada día ser más agradecido por cada una de las personas que has puesto a mi alrededor, sé que no ha sido por casualidad o sin propósito, pues tú todo lo haces por mi bien y para tu gloria, en el nombre de Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

sábado, 10 de julio de 2021

Confesión

 


Confesión

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9

La confesión es una expresión de arrepentimiento, no se trata de un acto de penitencia o de vergüenza, sino mejor, de una acción de humildad donde nos ponemos de acuerdo con Dios en que aquello que hicimos estuvo en contra de su voluntad y es pecado, pero también de reconocer que nada diferente a nuestra fe en Cristo podemos hacer o tener para ser declarados justos delante de Él.

Cuando nosotros actuamos de esta manera, es decir, sin culparnos, sin excusarnos y sin estar huyendo de Dios, cada vez que sabemos que hemos pecado, es porque la verdad del perdón y de la justificación de Dios por medio de la fe en Cristo, se ha hecho realidad en nuestra vida. Y es precisamente a esto a lo que estamos llamados, a confesar que lo que hemos hecho es pecado, a aceptar el perdón de Dios y a confiar en Él cuando nos dice que somos justificados gratuitamente por la fe en la obra de Jesucristo (Romanos 3:24).

Pero si, por el contrario, lo que hacemos es alejarnos de Dios, ocultar nuestro pecado y culparnos todo el tiempo, es importante decir que entonces estamos escuchando y obedeciendo a la voz de satanás, quien nos dice que somos pecadores y que no hay justicia para nosotros, nos estamos dejando engañar por sus mentiras que nos quieren destruir y condenar, cuando la verdad de la Palabra es que en Dios tenemos perdón y salvación (Romanos 8:33-34).

Queridos hermanos, no importa las veces que le hayamos fallado a Dios, su Palabra dice que Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad, solamente debemos acercarnos confiados a Él con un corazón contrito y humillado para confesarle nuestro pecado, esa será nuestra mejor expresión de arrepentimiento; como hijos amados debemos apropiarnos de lo que nuestro Padre nos ha dado gracias a nuestra fe en su Hijo, el cual fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación (Romanos 4:25).   Oración.

«Padre Santo y Justo, vengo a ti confiadamente porque tengo certeza de que me amas, no por mis obras sino por mi fe en Cristo; también sé que en ti encuentro perdón y justificación y no castigo o condenación, por eso reconozco que he pecado y que te he ofendido, gracias Padre de amor porque sé que eres fiel y justo para perdonar mis pecados y limpiarme de toda maldad, en el nombre de Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

viernes, 9 de julio de 2021

Los últimos tiempos

 

Los últimos tiempos


“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.” Mateo 24:37-39

Como en el inicio así también será en el final de los tiempos.

Además de la serie de acontecimientos que habrá en el mundo antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo (Mateo 24:6-7), también se harán notorias otras conductas abominables en el actuar de las personas. Nos dice la Palabra de Dios hoy, que será como en los días de Noé, es decir, que los hombres estarán llenos de maldad y que los pensamientos de su corazón serán siempre hacia el mal (Génesis 6:5).

Vemos cómo hoy en día, cada ley y cada petición del ser humano, son totalmente contrarias a los principios de Dios. No hay temor de Dios, las personas solo quieren satisfacer sus deseos de cualquier manera, no les importa el inocente, no se rigen por virtudes como la verdad, la justicia y la bondad, sino que son respaldados por blasfemias, crueldad, calumnias, avaricia y emociones completamente desbordadas (2 Timoteo 3:1-5); dicen que el Señor no regresará porque ven que las cosas permanecen como desde el inicio de la creación, pero ignoran que los cielos y la tierra fueron hechos por la Palabra de Dios (2 Pedro 3:3-6). Y dice la Palabra de Dios, que el regreso del Señor será inesperadamente; que cuando digan paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina (1 Tesalonicenses 5:2-3).

Pero, hermanos, lo más impactante de esto es que muchas de estas personas se presentarán como seguidores de Cristo, teniendo apariencia de piedad, pero negándola con su actuar, porque se apartarán de la fe y de la doctrina de Dios para seguir y escuchar a espíritus engañadores y doctrinas de demonios (1 Timoteo 4:1-2).

Así que, como nos exhorta el Señor en el pasaje de Mateo 24, mientras todo esto esté ocurriendo y a pesar de lo extendido de la maldad, nosotros, los verdaderos cristianos, debemos estar ocupados en la verdad, haciendo la voluntad de Dios y perseverando hasta el fin en la predicación del evangelio por todo el mundo para que sea de testimonio a todas las naciones; dice su palabra que bienaventurado todo aquel que cuando el Señor regrese lo halle haciendo así. (Mateo 24:45-47).    Oración.

«Papito Dios, en muchas ocasiones te fallamos por no obedecer tu voz, nos dejamos distraer por los afanes del mundo y nuestra propia voluntad, hoy te pedimos que nos perdones y nos levantes, tú eres el único que nos puede restaurar y hacer volver por el camino de la eternidad; gracias Señor porque nos prometes eterno amor, sabemos que, si nos humillamos delante de ti, tú nos exaltarás a tu tiempo, cumplirás tu propósito en nosotros y nos usarás conforme a tu voluntad. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

jueves, 8 de julio de 2021

El Señor nos formó desde el vientre para ser sus siervos

 


El Señor nos formó desde el vientre para ser sus siervos

«Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria. Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba; y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré. Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios. Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza); dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra. Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo de los tiranos: Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió.», Isaías 49:1-7

«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.», Juan 10:27-30

En esta mañana, pronunciemos nuestro nombre en voz alta.

Escuchar nuestro nombre causa una impresión en nosotros de una u otra forma. Cuando nuestra madre nos llama con el nombre completo, generalmente es para llamarnos la atención. Los nombres comunican el sentido de quiénes somos y de cómo nos relacionamos con otros.

En el libro de Isaías 49:1 El señor declaró antes de que el Mesías viniera al mundo: «Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria». Eso muestra la relación especial que el Mesías tiene con nuestro Padre Dios. Lo más importante es que esta relación se extiende hasta nosotros, por medio de Jesús.

Al recibir a Cristo, hemos sido adoptados en la familia de Dios. Efesios 1:5 dice «En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad». Recordemos que no somos un número en una computadora, la Palabra de Dios dice que Jesús nos llama por nuestro nombre. Le pertenecemos, porque somos ovejas de su rebaño y nadie nos puede arrebatar de sus preciosas manos.

Estas verdades de su Palabra deberían darnos la seguridad de que estamos bajo el cuidado y la protección de nuestro Dios.

Hoy, renovemos nuestra confianza en ese Padre amante que nos escogió, nos llamó por nuestro nombre y nos adoptó como sus hijos para vivir en una relación de amor con Él y para que sirvamos en sus propósitos. Nos ha llamado a ser luz de las naciones y para que llevemos su salvación hasta lo último de la tierra.  Oración.

«Señor, gracias por llamarnos, por escogernos para ser tus hijos, por aceptarnos como somos, porque nos has hecho parte de tu familia. Somos tu especial tesoro y siempre como un Padre amoroso nos proteges, nos escondes en el hueco de tu mano. Queremos decirte que te amamos y que en ti estamos seguros. Gracias por amarnos, sustentarnos y cuidarnos como ovejas de tu redil. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.