sábado, 27 de marzo de 2021

Dios actúa a favor de su pueblo

 

Dios actúa a favor de su pueblo


«Habló Jehová a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen […], entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar. Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado. Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así. Y fue dado aviso al rey de Egipto, que el pueblo huía; y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, […] Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo; y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos. […], y él siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar, […]. Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová». Éxodo 14:1-10

El pueblo escogido de Dios salió de Egipto por la poderosa mano de Dios y llegaron a orillas del Mar Rojo y allí acamparon por orden de Dios. El Señor mismo le dice a Moisés que Faraón dirá que se han quedado encerrados en el desierto, sin salida alguna, pero Dios manifiesta su soberanía, su gloria y poder a favor de Israel. En ese momento el pueblo de Dios no tenía salida, por delante tenían un mar imposible de atravesar y por detrás un inmenso ejército muy bien armado y dispuesto a acabar con todos los israelitas y ellos estaban llenos de miedo, temor y sin confianza en la ayuda de Dios.

En ocasiones nuestra vida pasa por circunstancias similares, con el agua hasta el cuello, o en un callejón sin salida y voces que se levantan diciendo que todo está perdido. Pero, al igual que con el pueblo de Israel, Dios entra en acción abriendo el mar para que su pueblo pase en seco, sin que su sandalia se mojara, así con nosotros, vino a salvarnos y redimirnos. La redención es la obra del Señor. Dice Hechos 4:12 «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos».

Dios actúa a favor de su pueblo, y todo lo que tenemos que hacer es aceptar y recibir su salvación a través del Señor Jesucristo. Solo él da la paz que experimentan las personas cuando sus pecados han sido perdonados. Como pueblo de Dios estamos protegidos bajo la sombra del omnipotente, pues debemos vivir confiados plenamente de sus favores y cuidados, y por difícil que parezca el momento, poderoso es el Señor para abrir camino donde no lo hay.

Hermano, Dios es inmutable y su poder y su amor actúan hoy en quienes se arrepienten de sus pecados y aceptan la obra de la redención por la muerte de Jesucristo en la cruz, por tanto, dan comienzo a una nueva vida plena de significado, un verdadero anticipo de la presencia de Dios y la vida eterna.    Oración.

«Padre amado, exalto y glorifico tu nombre porque con mano poderosa me has liberado de la esclavitud del pecado, me has dado nueva vida, me has dado un corazón nuevo y un espíritu renovado dentro de mí. Gracias Señor porque me has rodeado de tu favor y amor, demostrado en la obra en la cruz. Te adoro Cristo. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 26 de marzo de 2021

No vivamos en el pasado

 

No vivamos en el pasado


«No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.

He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad» Isaías 43:18-19

El profeta Isaías nos dice, que hay que borrar de la memoria las cosas de tiempos pasados, ya que las aflicciones, los errores o fracasos del pasado, no son el final. Dios promete abrirnos un camino nuevo en el desierto. Dios comenzó en nosotros una buena obra y la terminará, de manera que así sea que nos sintamos en el peor momento de nuestra vida, Dios obrará con todo su poder haciendo de nosotros nuevas criaturas.

Un nuevo comienzo viene de Dios y con poder de naturaleza divina. En Efesios 3:16 Pablo nos habla acerca del poder que actúa en nosotros y nos fortalece en lo profundo de nuestro ser, y nos dice: «para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu»

Ahora, el nuevo comienzo es con la decisión de colocar nuestra vida en Cristo, viviendo conforme al Espíritu Santo, creyendo que Él abrirá nuevas sendas a nuestros pies, pues nuestro Dios, es Dios de oportunidades y nuevos comienzos. Él seguirá cerrando y abriendo puertas, Dios aún no ha concluido su labor en nosotros. Dios no dejará de hacer lo que dijo que haría con nuestra vida. Él quiere que nos levantemos y resplandezcamos con su luz.

Dios nos ha llamado a hacer cosas poderosas y no debemos quedarnos donde estamos, ni podemos ir hacia atrás. Su Palabra nos asegura esto y dice: «Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman». 1 Corintios 2:9

Hermano, sigue adelante y mantén tus ojos fijos en Dios, así como Pablo asegura: «Olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús». Filipenses 3:13b-14.  Oración.

«Padre amado, reconozco que en muchas ocasiones he lamentado mi pasado y se ha atormentado mi alma, pero tu palabra llena de esperanza mi corazón porque das nueva dirección a mi camino, perdonas mi maldad, abres sendas donde no las hay y me bendices con tu dulce presencia. Te adoro Señor. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 25 de marzo de 2021

Una cita con Jesucristo

 

Una cita con Jesucristo


«Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» 2 Corintios 5:10

Cuando escuchamos la palabra «tribunal» de inmediato pensamos en un lugar de juicio y castigo; pues para todo creyente hay una cita fijada por Dios, donde comparecerá a un estrado para rendir cuentas, donde todo se pondrá de manifiesto, sea bueno o sea malo.

Dios ha colocado en nuestras manos la administración de la vida, el tiempo, el dinero, los talentos, la familia, los hijos y demás; la pregunta es: ¿hemos hecho conforme a su voluntad? Ya que somos simples mayordomos, tendremos que dar cuentas.

Jesús se refirió a ese gran día en varias ocasiones, por ejemplo, en la parábola de los talentos al buen administrador le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23) y al siervo infiel le dijo: «Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí» (Mateo 25:26). Igualmente nosotros rendiremos cuentas al dueño del universo.

Ahora, el hecho de saber que un día vamos a tener que presentarnos delante del Señor, eso nos induce a tomar con responsabilidad la vida cristiana, a tomar en serio, esto de ser mayordomos. Esta cita ante el tribunal de Cristo nos debe llevar a vivir la vida con la perspectiva de aquel gran día en que estaremos cara a cara con el Señor.

Es de anotar que la salvación es una dádiva por gracia divina y no una recompensa. Ante el tribunal de Cristo se darán las recompensas a cada creyente según las obras que haya hecho en obediencia al Señor.

El tribunal de Cristo, es un momento de encuentro personal con Cristo, es un momento de gloria y no de temor, ni de castigo, sino para recibir de Él el galardón por nuestro servicio. Esto será inmediatamente después del rapto de la Iglesia. Dice la Biblia: «Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (2 Timoteo 4:8).

Hermano, el Señor dijo: «He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra». (Apocalipsis 22:12), por tanto, seamos instrumentos de Cristo, llenando nuestras manos de su obra para llegar gozosos delante de aquel que una vez llevó una corona de espinas por nosotros, para que ahora aprecie nuestros débiles esfuerzos y nos dé una corona de gloria.   Oración.

«Padre Bueno, gracias por haberme dado la salvación como un don de pura gracia, un regalo del cielo; ahora quiero permanecer en fidelidad a ti, trabajando en la obra del Señor y que sea digno de recompensa cuando me presente delante de ti. Señor, me has concedido un día más de vida y este es un tiempo para ganar recompensas que serán para la eternidad. Fielmente cumpliré tus mandatos y trabajaré en tu obra, para ganar la “corona de gloria”, la “corona de vida”, la “corona de justicia” y la “corona de gozo”. Quiero servirte sin reservas, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 24 de marzo de 2021

La escalera al cielo

 

La escalera al cielo


“Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que te haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”. Génesis 28:12-16

Si miramos la vida de Jacob, no era precisamente alguien que tenía temor de Dios y confiaba en Él. Por todos los problemas que causó con su manipulación y engaño debió huir y sólo buscó a Dios para ponerse a salvo de su hermano Esaú quien lo perseguía para matarlo. Le tocó dormir a la intemperie y con una almohada de piedra. Fue allí, en esa situación tan vulnerable, que Dios lo visitó.

Y a veces ocurre así en nuestras vidas, el tiempo de Dios para que se manifieste en nosotros es cuando estamos desprovistos de todo y completamente desamparados. ¿Será que para que entendamos todo lo que Dios quiere de nosotros tenemos que usar la almohada de Jacob? Vio una escalera de la tierra al cielo con ángeles subiendo y bajando por ella y al mismo Dios en lo alto de ella. Esta imagen representa la providencia de Dios, dispuesto a suplir nuestras necesidades. Nuestro Padre sabe de qué tenemos necesidad antes de que le clamemos.

Pero, esta escalera, también significa la mediación de Cristo. La base en la tierra es su naturaleza humana y lo alto en el cielo su naturaleza divina. Cristo es la escalera, el Camino que nos lleva al Padre, para alcanzar su favor. Por medio de Él los pecadores nos acercamos al trono de gracia y no hay otro modo de hacerlo. Jesús dijo en Juan 14:6 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

Así como Dios le habló a Jacob en su visión, le recordó las promesas y bendiciones que tenía para él y prometió guardarlo. Todas las buenas nuevas que recibimos del cielo sólo vienen a través de Jesucristo. Cristo es la gran bendición para la humanidad y toda la familia es bendecida cuando cree en Él y se cobija bajo su amparo.

Las mismas palabras dichas a Jacob “He aquí yo estoy contigo” Jesús nos las repite para darnos la seguridad de que nos ama y nunca nos abandona, a pesar de lo que somos. Pidamos a Dios visión para entender su voluntad para nosotros y recordemos Proverbios 29:18 “Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la ley!”    Oración.

«Amado Señor, cuánto necesito tu Palabra en mi vida y tu visión reveladora de lo que quieres de mí. Sin eso mi vida tambalea y no encuentro el rumbo. Me has dado tu Palabra, sé que tienes un propósito y un plan para cumplir en mi vida, si obedezco tu voluntad se harán realidad. Gracias Jesús por ser mi escalera al Padre. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 23 de marzo de 2021

No todo acaba con la muerte física

 


No todo acaba con la muerte física

«Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad» Eclesiastés 12:7-8

Frente a la muerte de un ser amado y creyente de Dios, la Biblia nos da consuelo y fortaleza, pues si bien expira el cuerpo, el alma y el espíritu no dejan de existir. Eclesiastés 12: 1a nos enmarca en este misterio, invitándonos a tener en cuenta “al Creador en los días de la juventud”, pues muchos caminan por la vida llenos de vanidad, pensando que cuando se apaga la vida, el cuerpo se convierte en cenizas y el espíritu se esfuma como el viento. Recordemos que Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a su imagen y semejanza, dándonos a conocer que las almas de los justos están en las manos de Dios y ningún tormento las alcanzará.

Jesús mismo nos enseña en la parábola del hombre rico y el mendigo Lázaro que “Un día murió Lázaro y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”, y nos dice que “él está aquí consolado” y el rico en el Hades atormentado (Lucas 16:25).

Esto armoniza perfectamente con Apocalipsis 20:4 que dice: «Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años» Estos mártires, que han muerto fieles a Cristo, están delante del altar, vivos. Por eso, Jesús afirmó: “Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” (Lucas 20: 38a).

No podemos negar que la muerte física es dolorosa, desgarra el corazón, Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro (Juan 11:35-36), a quien amaba entrañablemente, pero ante este hecho Jesús se presenta como la resurrección y la vida, Él dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá. ¿Crees esto?» Juan 11:25-26

En medio de la tristeza hay esperanza, pues podemos llorar libremente y extrañar a nuestros seres amados, pero no sumirnos en el dolor.   Oración.

«Excelentísimo Padre, en momentos de dolor y tristeza, donde no hay respuesta a muchas preguntas, nos queda ampararnos en tus brazos de amor, solo allí encontramos refugio a nuestro sufrimiento y consuelo a nuestro llanto. Señor, que tu presencia llene el vacío que queda en el corazón dolido por la ausencia de un ser amado. Te he orado Padre en nombre de tu Hijo Jesucristo. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 22 de marzo de 2021

¿Cristo está en tu hogar?

 

¿Cristo está en tu hogar?


«Porque ya Josué había despedido al pueblo, y los hijos de Israel se habían ido cada uno a su heredad para poseerla. Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel. Pero murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. Y lo sepultaron en su heredad […]. Y toda aquella generación también fue reunida por sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel». Jueces 2:6-10

Este pasaje nos habla de una generación que abandonó al Dios de sus padres; e increíble que los hijos de Josué, que experimentaron el cruce del Jordán y que sus abuelos vieron cómo el ejército de faraón quedaba hundido en las aguas del mar rojo, vieron el maná caer del cielo, el agua que brotó de la roca, la nube y la llama de fuego que los conducía, y no conocían estos prodigios. Fue una descendencia que la corriente del mundo los envolvió, generación que no conoció al Dios de los milagros, al Dios de la siembra y de la cosecha, al Dios de los ejércitos. La pregunta es: ¿quién es el culpable de no conocer al Dios de sus padres?, pues Dios dio la instrucción y dijo: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas» Deuteronomio 6:6-9, estos padres no obedecieron el mandato de Dios.

Ahora echemos una mirada al interior de nuestra familia, ¿cómo están los cimientos en nuestro hogar? ¿Cristo gobierna nuestra casa?, pues el hogar es el sitio donde se cimentan las bases de la vida y solo se fortifican si, Cristo y su Palabra son el alimento diario que sacia el vacío del niño, del adolescente, del joven, del adulto y del anciano.

Padres, instruyan a los niños en las Escrituras porque de lo contrario se va a levantar una generación que se amolda fácilmente al mundo, a los placeres y al entorno. Hoy se vive una desconexión familiar, se vive en la misma casa, comen en la misma mesa, pero son unos completos desconocidos.

Ahora es la oportunidad y nunca es demasiado tarde para dejar que Jesucristo tome la dirección de nuestro hogar. Dice la Biblia: «Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican».   Oración.

«Amado Padre, en el nombre de Jesucristo y bajo la autoridad y gracia concedida por su gran amor, seré de bendición en mi casa, caminaré en rectitud y santidad, pues es mi responsabilidad llevar el mensaje de salvación a mi hogar y así mi descendencia será generación bendita y serán para tu servicio. Señor levantaré altar familiar para ti en mi hogar y será lugar de restauración. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 21 de marzo de 2021

Jesús es nuestra victoria

 

Jesús es nuestra victoria

“Yo Juan, vuestro hermano, y co


partícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”. Apocalipsis 1:9-11a

En esta porción de Apocalipsis encontramos la historia del apóstol Juan exiliado en la isla de Patmos cumpliendo una sentencia por predicar y dar testimonio de Jesús.

Tenía una edad avanzada y hacía muchos años que Jesús había ascendido a los cielos. El cristianismo en todo oriente estaba siendo perseguido con violencia, muchos creyentes y apóstoles habían muerto por causa del evangelio.

Humanamente, para los creyentes del primer siglo, esta prueba los superaba en muchos sentidos, quizás varios perdieron la esperanza y pensaron que no era suficiente seguir caminando con Cristo, veían la promesa de su regreso muy lejana y su fe se estaba debilitando. Pero el apóstol Juan nos da un ejemplo grandioso de perseverancia, al encontrar consuelo en la presencia del Señor, pues se hallaba orando fervientemente, a pesar de las circunstancias, cuando Jesús se le presenta, no como el humilde carpintero, sino como Dios en toda su gloria y le dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”, en otras palabras ‘yo soy tu todo, yo soy tu victoria’ y le muestra el futuro para su iglesia, dándole la revelación del futuro.

En medio de las situaciones difíciles que estamos atravesando, el señor Jesucristo es suficiente para que sigamos caminando cada día, porque Él es la esperanza que vive para siempre, Él venció la muerte y triunfó en la cruz dándonos una victoria eterna y perfecta para que estemos seguros en Él. Su Palabra nos dice en Romanos 8:37 “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”.

Si, somos más que vencedores cuando estamos en Cristo Jesús. Entonces ¿a qué tememos? Si ya Jesús venció todas las cosas, venció la tentación, la enfermedad, la pobreza, al mundo, a la muerte. Él soportó toda la injusticia humana para darnos vida y eternidad. Si ya somos vencedores entonces ¿quién le puede quitar la victoria a quien ya la tiene?     Oración.

«Señor Jesucristo, te doy gracias porque tú eres más que suficiente para mantenerme fortalecido en todo momento. Viniste a vencer al mundo y aunque hoy afronte situaciones difíciles, puedo encontrar gozo en la victoria que me diste sobre todas las cosas, con tu muerte en la cruz. Ayúdame a recordar mi identidad en ti y a entender que “soy más que vencedor” por medio de ti. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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