jueves, 5 de noviembre de 2020

Siendo ejemplo en palabra y conducta

 


Siendo ejemplo en palabra y conducta - Primera parte

“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” 1 Timoteo 4:12

Tenemos dos significados cuando la escritura dice “ser ejemplo en palabra”. El primero, es ser ejemplo en lo que digo y en cómo lo digo, y el otro ser ejemplo del correcto uso de la doctrina de Dios, pues a Timoteo se le está aconsejando en el contexto del estudio, la lectura y la enseñanza de la Palabra de Dios.

De lo primero, para ser ejemplo en lo que decimos, la palabra de Dios nos exhorta a manejar con sabiduría nuestras palabras, y a no caer en conversaciones obscenas: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4:29). Cuando hablamos de palabras que edifican, quiere decir que también hay palabras que destruyen, así que debemos hacer como nos enseña la escritura: “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 Pedro 3:9).

Por lo tanto, para ser ejemplo en palabra, estamos llamados a manejar nuestra forma de hablar, tener autocontrol, para que nuestras palabras sean de bendición: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (Proverbios 18:21). Así mismo, pedir sabiduría para responder con amabilidad; pero si vemos que se presta para una discusión o contienda, mejor optar por el silencio, como dice Proverbios 17:28 “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido.”  Oración.

«Señor, coloca en mi boca palabras llenas de gracia y verdad, que cuando hable, edifique por medio de tu Palabra y bendiga la vida de otros, siendo ejemplo como tú Señor Jesús, lo fuiste, en cada palabra que salió de tu boca. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 4 de noviembre de 2020

Porque no hay diferencia

 

Porque no hay diferencia


“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,” Romanos 3:21-24

Todos estábamos en pecado, destituidos de la gloria de Dios, (Romanos 3:10-18) y la ley de Dios nos muestra esa condición, revela nuestro pecado y nos condena, pero la justicia de Dios se ha revelado en Cristo, para ofrecer salvación para todos los que creen en Él, y es clave la declaración de la palabra: “Porque no hay diferencia”, ya que esta verdad deja sin argumentos toda teoría de que la justicia de Dios, fue dada a unos pocos por su elección soberana; si bien es cierto que Dios es soberano, su soberanía actúa de la mano de su gran amor, permitiendo que por medio del evangelio, su justicia sea revelada por fe y para fe (Romanos 1:17), para que por medio de la fe en Cristo, fuésemos justificados gratuitamente por su gracia.

Todo se trata de Cristo, si quitamos a Jesús de la ecuación, todo se vuelve confuso, ya que el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía (Apocalipsis 19:10).

Claro que Dios pudo tener vasos para honra y vasos para deshonra, para mostrar su gloria y poder, su innegable majestad y soberanía (Romanos 9:22-29), y aun así, en el amor de Cristo, quiso por medio de la fe, ser hallado por quienes lo buscan, no por las obras que demanda la ley (Romanos 9:30-33), como contundentemente concluye la palabra de Dios: “¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo” (Romanos 9:32).

El entendimiento de la salvación por medio de la fe en Cristo, de su justicia revelada por fe y para fe, nos lleva a ser transformados en nuestra conducta, siendo poseedores de tan alto regalo y nos debe llevar a compartir el mensaje de salvación a toda criatura, porque Dios no quiere que nadie se pierda, sino que es paciente por amor; queriendo que todos cambien su manera de pensar. (2 Pedro 3:9).  Oración.

«Padre, quiero llevar tu mensaje de salvación y amor a todos los hombres, tu revelación de justicia en Cristo, por medio de la fe, para que mi familia, mis amigos y todos los que me rodean, conozcan por medio del evangelio, la salvación y el gran amor que Dios nos manifestó en Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 3 de noviembre de 2020

UN NUEVO PACTO

 


UN NUEVO PACTO, UN NUEVO MANDAMIENTO “Y El Señor Dios dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste”, Éxodo 34:1

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”, Jeremías 31:33

El pueblo de Israel no pudo cumplir el pacto dado por Dios a Moisés, una y otra vez pecaron contra Él, incumpliendo el pacto, y esto trajo graves consecuencias.

Sin embargo, Dios a través de los diferentes pactos tenía propósitos más grandes. Con ellos nos enseña principios muy importantes, que anhela que conozcamos para entender su gran amor y misericordia.

El Señor promete luego a Israel que ya no escribiría sus leyes en tablas de piedra, sino en cada corazón y que iba a ser un nuevo pacto que no dependería de ellos o no sería condicionado por lo que hicieran, sino que sólo dependería de Dios, ante la incapacidad del hombre de cumplir sus leyes.

Por medio de Cristo, Dios hizo un pacto eterno con todos lo que creen en su hijo: escribió sus leyes en el corazón.

Un pacto que entendemos por medio de su Espíritu y podemos cumplirlo con la fuerza que Él nos da. Esto ocurre en la cruz, cuando cada uno de nosotros por fe en Jesús, acepta su salvación; este pacto es realizado espiritualmente en nuestra vida. Es consumado, determinado y hecho realidad en cada uno de nosotros.

Dios coloca en nosotros su Espíritu, escribe sus mandamientos en nuestro corazón, para poder agradarle y recibir la libertad de la esclavitud del pecado.

Ahora que creemos en Cristo, por amor a Él y no por obligación, podemos cumplir los mandamientos. Resumidos en la práctica, en un nuevo mandamiento: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34). Hermano, que el nuevo pacto nos lleve a cumplir con el nuevo mandamiento.  Oración.

"Señor, me has dado un nuevo corazón para cumplir tu Palabra, para obedecerte por el amor que colocaste en mí. Que ese nuevo pacto me de la fuerza para cumplir con el nuevo mandamiento del amor. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 2 de noviembre de 2020

Despertemos

 

Despertemos


“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.” Romanos 8:19

“Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” Efesios 5:14

Muchos están muertos en vida, adormecidos y entretenidos en las cosas que ofrece este mundo y Cristo nos está llamando por medio de las circunstancias actuales, a despertar, a dejar que su luz nos alumbre, a usar las riquezas espirituales que nos ha dado y revestirnos de su justicia.

Como consecuencia, de aceptar la justicia de Cristo en nosotros, nuestra conducta debe ser transformada y ser limpia e integra, vivir en santidad, renunciar a todo pecado, para que en el mundo actual se manifieste claramente que somos hijos de Dios.

Nuestras acciones justas son evidencia de que su amor está en nosotros, así que despertemos del sueño, porque todo el que cree verdaderamente en que su Señor llega pronto, se esforzará y actuará. (Daniel 11:32).

Así que, este es un llamado a despertarnos, a abandonar el sueño en el que hemos caído, pues la ineficiencia e inoperancia de su iglesia, deja al mundo en manos del mal.

Si el pecado por el que se juzgará al mundo será por su rechazo o aceptación de Cristo (Juan 3:16-18), entonces, estamos llamados a despertar y a anunciarlo, pero ¿cómo lo van a aceptar si su iglesia no lo predica, si sus hijos no manifestamos a Cristo en nuestra vida?  Oración.

«Señor, hoy quiero despertarme espiritualmente para aceptar el llamado y anunciar a Cristo, para que el mundo vea que tú estás en mí. Quita, mi Señor, todo aquello que adormece mi vida y no me deja dar fruto. Quiero estar alerta para hacer tu voluntad. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 1 de noviembre de 2020

Cartas leídas

 

Cartas leídas


“Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios;” 2 Corintios 3:2-4

Nosotros somos la tarjeta de presentación de Cristo, la carta que todos pueden leer y entender claramente, que Él mora en nosotros. Porque cuando mediante nuestro trabajo hacemos las cosas con integridad y correctamente, entonces verán en nuestro comportamiento que damos testimonio de Cristo.

Lo que ocurrió en nuestro interior, mediante la fe en Cristo, se refleja al exterior mediante nuestras acciones, así que nuestra profesión y nuestro trabajo en el mundo, es una oportunidad para testificar de Cristo, para que los demás vean la luz que hay en nosotros.

Y no es en nuestra fuerza, el Señor Jesús nos da la capacidad, la fuerza, la sabiduría de hacer las cosas con integridad, con diligencia y con calidad.

Que, por medio de nuestra vida, nuestra profesión, nuestro trabajo, sea manifiesto el amor de Dios hacia los que nos rodean, disponiendo hoy nuestro corazón para hacer las cosas como para Dios y no para los hombres, pues a Cristo, nuestro Señor, servimos (Colosenses 3:23-24).   Oración.

«Padre, en el nombre de tu hijo amado, Jesús, coloca en mí la fuerza y la capacidad necesaria para hacer hoy las cosas con amor y excelencia, para agradarte a ti, así los demás a través del buen trabajo, puedan ver que Cristo mora en mí. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 31 de octubre de 2020

Las columnas inconmovibles de nuestro testimonio cristiano

 


Las columnas inconmovibles de nuestro testimonio cristiano

Oración.

«Señor Jesucristo, despierta el amor en el corazón de tu siervo de manera que al utilizar las capacidades que me has dado, lo haga lleno y controlado por tu Santo Espíritu, de lo contrario sólo seré un instrumento que hace ruido y nada más. Que mi mayor prioridad sea el amor, porque es la única manera de proclamar la salvación y llevar a muchos a vivir una vida nueva de bendición, glorificando tu nombre. Amén.»

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. 1 corintios 13:13

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy”. 1 corintios 13: 1-2

Hay tres cosas que durarán para siempre la fe, la esperanza y el amor, pero el amor, es la mayor de ellas, el amor es eterno y nunca pasará. Con esta Palabra el apóstol ha insistido mucho en el amor como factor imprescindible que le da valor al ministerio espiritual, pero no quiere que nos olvidemos del sagrado «trío», que son necesarios para el desarrollo de la vida cristiana en todos los aspectos.

El amor “ágape” al que se refiere fue dado por revelación de Jesucristo mismo, es el amor que ama a un mundo rebelde hasta el punto de entregar su vida por él, como recordamos en Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Es el amor que ha de ser reflejado en la vida de cada creyente por medio del Espíritu santo, quién es el único que puede producirlo en nosotros.

Y así como dice Corintios nada somos si no amamos de esta manera, seremos simplemente instrumentos que no hacen más que ruido. Muchos procuran los dones mayores, quizás los más espectaculares como lenguas, profecía, misterios, ciencia y fe, de verdad son necesarios para la edificación de la iglesia, pero de nada sirven si se ejercen sin amor. No hay nada más desagradable que el sonido de las lenguas sin amor, son como un metal que resuena y hace ruido sin sentido.

La profecía es la que comprende y anuncia claramente el mensaje de Dios, pero si se da sin amor no alcanzará almas para Cristo. La ciencia es la capacidad espiritual de profundizar en las revelaciones de la Palabra de Dios, pero si no se hace con amor simplemente es una acumulación de conocimientos. Y el don de fe que es el que opera poderosamente haciendo cosas extraordinarias sólo movería las emociones, pero no el espíritu cuando se ejerce sin amor. El amor es el filtro para hacer las cosas de manera que agraden a Dios. Oración.

«Señor Jesucristo, despierta el amor en el corazón de tu siervo de manera que al utilizar las capacidades que me has dado, lo haga lleno y controlado por tu Santo Espíritu, de lo contrario sólo seré un instrumento que hace ruido y nada más. Que mi mayor prioridad sea el amor, porque es la única manera de proclamar la salvación y llevar a muchos a vivir una vida nueva de bendición, glorificando tu nombre. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 30 de octubre de 2020

Mediadores de paz

 


Mediadores de paz

“Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra; y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; más te ruego que permitas que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva. No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal; porque conforme a su nombre, así es. Él se llama Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú enviaste. Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor. Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen a mi señor. Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días”. 1 Samuel 25: 23-28

En este relato bíblico, vemos a una valerosa mujer que se levanta, sin perder tiempo, para salvar a su pueblo de la imprudencia de su esposo Nabal que había ofendido e insultado a David y este estaba dispuesto a pelear contra él, porque decía que le había pagado mal por bien. Con su actitud pacificadora, Abigail impidió la guerra.

Abigail sabía que, si no hacía algo la vida de su marido y de todos sus sirvientes estaría en peligro, por eso toma la decisión de salir al encuentro del injuriado para tratar de pacificarlo. La misión es difícil porque las cosas podrían salir al revés, moralmente tiene que pedir perdón y a la vez no dejar mal a su marido. David no sólo es cautivado por la belleza de Abigail, sino por su sabiduría, su poder de persuasión y su oratoria.

Abigail usa su destreza retórica para no ser desleal a su cónyuge y al mismo tiempo para no justificar la afrenta que le hizo a David, diciendo estas palabras: “Lo hizo porque: es así y no hay que tomarlo muy en cuenta, Nabal no es un hombre completamente normal». Esto dice mucho de las palabras que usamos cuando hay un conflicto que nos afecta, podemos atizar el fuego de la discusión o apaciguarlo con palabras de sabiduría. Como dice Proverbios 15:1 “La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor”. Esta mujer cubrió los pecados de su esposo demostrando amor por sus semejantes.

En Mateo 5:9 dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Dios nos ha puesto como pacificadores para apaciguar el fuego del enemigo, nos ha dado sabiduría para usar las palabras adecuadas para intervenir con amor y paz en medio de los conflictos y darle a conocer con nuestra actitud.  Oración.

«Señor Jesús, sé que el amor cubre multitud de faltas. Por eso enséñame a ser sabio para hablar, especialmente en los momentos de dificultad, con mansedumbre y humildad, reconociendo mis errores para poder traer paz en medio de los conflictos cotidianos. Amoroso Dios, haz que mis palabras y acciones te honren y glorifiquen. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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