martes, 3 de noviembre de 2020

UN NUEVO PACTO

 


UN NUEVO PACTO, UN NUEVO MANDAMIENTO “Y El Señor Dios dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste”, Éxodo 34:1

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”, Jeremías 31:33

El pueblo de Israel no pudo cumplir el pacto dado por Dios a Moisés, una y otra vez pecaron contra Él, incumpliendo el pacto, y esto trajo graves consecuencias.

Sin embargo, Dios a través de los diferentes pactos tenía propósitos más grandes. Con ellos nos enseña principios muy importantes, que anhela que conozcamos para entender su gran amor y misericordia.

El Señor promete luego a Israel que ya no escribiría sus leyes en tablas de piedra, sino en cada corazón y que iba a ser un nuevo pacto que no dependería de ellos o no sería condicionado por lo que hicieran, sino que sólo dependería de Dios, ante la incapacidad del hombre de cumplir sus leyes.

Por medio de Cristo, Dios hizo un pacto eterno con todos lo que creen en su hijo: escribió sus leyes en el corazón.

Un pacto que entendemos por medio de su Espíritu y podemos cumplirlo con la fuerza que Él nos da. Esto ocurre en la cruz, cuando cada uno de nosotros por fe en Jesús, acepta su salvación; este pacto es realizado espiritualmente en nuestra vida. Es consumado, determinado y hecho realidad en cada uno de nosotros.

Dios coloca en nosotros su Espíritu, escribe sus mandamientos en nuestro corazón, para poder agradarle y recibir la libertad de la esclavitud del pecado.

Ahora que creemos en Cristo, por amor a Él y no por obligación, podemos cumplir los mandamientos. Resumidos en la práctica, en un nuevo mandamiento: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34). Hermano, que el nuevo pacto nos lleve a cumplir con el nuevo mandamiento.  Oración.

"Señor, me has dado un nuevo corazón para cumplir tu Palabra, para obedecerte por el amor que colocaste en mí. Que ese nuevo pacto me de la fuerza para cumplir con el nuevo mandamiento del amor. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 2 de noviembre de 2020

Despertemos

 

Despertemos


“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.” Romanos 8:19

“Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” Efesios 5:14

Muchos están muertos en vida, adormecidos y entretenidos en las cosas que ofrece este mundo y Cristo nos está llamando por medio de las circunstancias actuales, a despertar, a dejar que su luz nos alumbre, a usar las riquezas espirituales que nos ha dado y revestirnos de su justicia.

Como consecuencia, de aceptar la justicia de Cristo en nosotros, nuestra conducta debe ser transformada y ser limpia e integra, vivir en santidad, renunciar a todo pecado, para que en el mundo actual se manifieste claramente que somos hijos de Dios.

Nuestras acciones justas son evidencia de que su amor está en nosotros, así que despertemos del sueño, porque todo el que cree verdaderamente en que su Señor llega pronto, se esforzará y actuará. (Daniel 11:32).

Así que, este es un llamado a despertarnos, a abandonar el sueño en el que hemos caído, pues la ineficiencia e inoperancia de su iglesia, deja al mundo en manos del mal.

Si el pecado por el que se juzgará al mundo será por su rechazo o aceptación de Cristo (Juan 3:16-18), entonces, estamos llamados a despertar y a anunciarlo, pero ¿cómo lo van a aceptar si su iglesia no lo predica, si sus hijos no manifestamos a Cristo en nuestra vida?  Oración.

«Señor, hoy quiero despertarme espiritualmente para aceptar el llamado y anunciar a Cristo, para que el mundo vea que tú estás en mí. Quita, mi Señor, todo aquello que adormece mi vida y no me deja dar fruto. Quiero estar alerta para hacer tu voluntad. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 1 de noviembre de 2020

Cartas leídas

 

Cartas leídas


“Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios;” 2 Corintios 3:2-4

Nosotros somos la tarjeta de presentación de Cristo, la carta que todos pueden leer y entender claramente, que Él mora en nosotros. Porque cuando mediante nuestro trabajo hacemos las cosas con integridad y correctamente, entonces verán en nuestro comportamiento que damos testimonio de Cristo.

Lo que ocurrió en nuestro interior, mediante la fe en Cristo, se refleja al exterior mediante nuestras acciones, así que nuestra profesión y nuestro trabajo en el mundo, es una oportunidad para testificar de Cristo, para que los demás vean la luz que hay en nosotros.

Y no es en nuestra fuerza, el Señor Jesús nos da la capacidad, la fuerza, la sabiduría de hacer las cosas con integridad, con diligencia y con calidad.

Que, por medio de nuestra vida, nuestra profesión, nuestro trabajo, sea manifiesto el amor de Dios hacia los que nos rodean, disponiendo hoy nuestro corazón para hacer las cosas como para Dios y no para los hombres, pues a Cristo, nuestro Señor, servimos (Colosenses 3:23-24).   Oración.

«Padre, en el nombre de tu hijo amado, Jesús, coloca en mí la fuerza y la capacidad necesaria para hacer hoy las cosas con amor y excelencia, para agradarte a ti, así los demás a través del buen trabajo, puedan ver que Cristo mora en mí. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 31 de octubre de 2020

Las columnas inconmovibles de nuestro testimonio cristiano

 


Las columnas inconmovibles de nuestro testimonio cristiano

Oración.

«Señor Jesucristo, despierta el amor en el corazón de tu siervo de manera que al utilizar las capacidades que me has dado, lo haga lleno y controlado por tu Santo Espíritu, de lo contrario sólo seré un instrumento que hace ruido y nada más. Que mi mayor prioridad sea el amor, porque es la única manera de proclamar la salvación y llevar a muchos a vivir una vida nueva de bendición, glorificando tu nombre. Amén.»

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. 1 corintios 13:13

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy”. 1 corintios 13: 1-2

Hay tres cosas que durarán para siempre la fe, la esperanza y el amor, pero el amor, es la mayor de ellas, el amor es eterno y nunca pasará. Con esta Palabra el apóstol ha insistido mucho en el amor como factor imprescindible que le da valor al ministerio espiritual, pero no quiere que nos olvidemos del sagrado «trío», que son necesarios para el desarrollo de la vida cristiana en todos los aspectos.

El amor “ágape” al que se refiere fue dado por revelación de Jesucristo mismo, es el amor que ama a un mundo rebelde hasta el punto de entregar su vida por él, como recordamos en Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Es el amor que ha de ser reflejado en la vida de cada creyente por medio del Espíritu santo, quién es el único que puede producirlo en nosotros.

Y así como dice Corintios nada somos si no amamos de esta manera, seremos simplemente instrumentos que no hacen más que ruido. Muchos procuran los dones mayores, quizás los más espectaculares como lenguas, profecía, misterios, ciencia y fe, de verdad son necesarios para la edificación de la iglesia, pero de nada sirven si se ejercen sin amor. No hay nada más desagradable que el sonido de las lenguas sin amor, son como un metal que resuena y hace ruido sin sentido.

La profecía es la que comprende y anuncia claramente el mensaje de Dios, pero si se da sin amor no alcanzará almas para Cristo. La ciencia es la capacidad espiritual de profundizar en las revelaciones de la Palabra de Dios, pero si no se hace con amor simplemente es una acumulación de conocimientos. Y el don de fe que es el que opera poderosamente haciendo cosas extraordinarias sólo movería las emociones, pero no el espíritu cuando se ejerce sin amor. El amor es el filtro para hacer las cosas de manera que agraden a Dios. Oración.

«Señor Jesucristo, despierta el amor en el corazón de tu siervo de manera que al utilizar las capacidades que me has dado, lo haga lleno y controlado por tu Santo Espíritu, de lo contrario sólo seré un instrumento que hace ruido y nada más. Que mi mayor prioridad sea el amor, porque es la única manera de proclamar la salvación y llevar a muchos a vivir una vida nueva de bendición, glorificando tu nombre. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 30 de octubre de 2020

Mediadores de paz

 


Mediadores de paz

“Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra; y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; más te ruego que permitas que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva. No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal; porque conforme a su nombre, así es. Él se llama Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú enviaste. Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor. Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen a mi señor. Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días”. 1 Samuel 25: 23-28

En este relato bíblico, vemos a una valerosa mujer que se levanta, sin perder tiempo, para salvar a su pueblo de la imprudencia de su esposo Nabal que había ofendido e insultado a David y este estaba dispuesto a pelear contra él, porque decía que le había pagado mal por bien. Con su actitud pacificadora, Abigail impidió la guerra.

Abigail sabía que, si no hacía algo la vida de su marido y de todos sus sirvientes estaría en peligro, por eso toma la decisión de salir al encuentro del injuriado para tratar de pacificarlo. La misión es difícil porque las cosas podrían salir al revés, moralmente tiene que pedir perdón y a la vez no dejar mal a su marido. David no sólo es cautivado por la belleza de Abigail, sino por su sabiduría, su poder de persuasión y su oratoria.

Abigail usa su destreza retórica para no ser desleal a su cónyuge y al mismo tiempo para no justificar la afrenta que le hizo a David, diciendo estas palabras: “Lo hizo porque: es así y no hay que tomarlo muy en cuenta, Nabal no es un hombre completamente normal». Esto dice mucho de las palabras que usamos cuando hay un conflicto que nos afecta, podemos atizar el fuego de la discusión o apaciguarlo con palabras de sabiduría. Como dice Proverbios 15:1 “La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor”. Esta mujer cubrió los pecados de su esposo demostrando amor por sus semejantes.

En Mateo 5:9 dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Dios nos ha puesto como pacificadores para apaciguar el fuego del enemigo, nos ha dado sabiduría para usar las palabras adecuadas para intervenir con amor y paz en medio de los conflictos y darle a conocer con nuestra actitud.  Oración.

«Señor Jesús, sé que el amor cubre multitud de faltas. Por eso enséñame a ser sabio para hablar, especialmente en los momentos de dificultad, con mansedumbre y humildad, reconociendo mis errores para poder traer paz en medio de los conflictos cotidianos. Amoroso Dios, haz que mis palabras y acciones te honren y glorifiquen. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 29 de octubre de 2020

Vivir como una nueva criatura

 


Vivir como una nueva criatura

“Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia” Romanos 5:17

Lo que el apóstol Pablo quiere explicar en este versículo es que por el pecado de Adán toda la raza humana quedó contaminada con él y separada de Dios, pero por la justicia de Jesucristo toda la humanidad es justificada y vuelve a estar en la correcta relación con Dios. Por Adán vino la muerte, pero por Jesús vino la vida a través de su resurrección, por eso es necesaria nuestra relación con Cristo, ya que, en nuestra relación con Adán como representante de toda la humanidad, su pecado fue el de todos los seres humanos al heredar la muerte espiritual, como dice Romanos 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, como la muerte es la consecuencia del pecado ejerce el dominio sobre todos nosotros.

Y es entonces cuando Jesús entró a este mundo, para ofrecer su perfecta bondad y así de la misma manera en que por el pecado de Adán todos fuimos implicados, por Jesús todos seamos justificados en su obra en la cruz que conquistó la muerte y nos dio vida eterna. En Cristo quedamos absueltos para poder vivir. La pregunta es ¿quiero vivir como una nueva criatura?

La gracia triunfó sobre el pecado, Jesucristo triunfó sobre Adán con su regalo de justicia, porque todos los que lo aceptamos y recibimos en nuestro corazón estamos llamados a vivir en victoria sobre el pecado y la muerte por medio de Él.

La muerte espiritual es el problema más grave de la humanidad, porque sin Cristo estamos todos muertos y experimentamos todas las consecuencias de la naturaleza caída, como son: las enfermedades, roturas en nuestras relaciones, deudas, vicios, miedos, fobias, odios, muerte, etc.

Cristo nos ha dado nueva vida. Vivamos entonces como nacidos de nuevo, en una perfecta relación, bendita y amorosa con Dios, dando testimonio de esto, hablando, pensando y comportándonos como hijos de Dios, porque estamos enriquecidos con su abundante gracia. Es entonces decisión de cada uno optar seguir bajo el dominio del pecado y la muerte o vivir en la libertad que Cristo nos dio por medio de su sacrificio en la cruz y su resurrección.  Oración.

«Mi amado Jesús, tu gracia está en acción a través de tu obra redentora en favor de toda la humanidad, gracia que tuvo el poder de conquistar mi corazón, por eso ahora sólo te pido que me ayudes a vivir como nacido de nuevo, limpio, como una nueva criatura, porque has cambiado tu juicio por perdón. Quiero que mi vida sea un testimonio vivo, que todo lo que piense, hable y haga sea en victoria porque me has rescatado y la vida eterna es mía ahora y siempre. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 28 de octubre de 2020

Todos Juntos

 


Todos Juntos

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Hechos 2:42-47

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Juan 13:34-35

Muchas veces quizás hemos oído la palabra “koinonía” en el griego pero, ¿sabemos lo que realmente significa? Se nos dice que es la comunión entre hermanos, se ve en términos de igualdad, libertad y fraternidad. Fue un gran desafío para los judíos de la primera iglesia ya que muchos no podían reconocer a los gentiles conversos iguales a ellos, por su cultura religiosa los consideraban incircuncisos y esto trajo algunas divisiones.

El Señor nos llama a ser uno en Él, porque un hombre en Cristo es parte del cuerpo de Cristo y mi parentesco con Jesús involucra un parentesco con todos los que han sido redimidos por Él. Entendamos que Cristo salva a individuos y llegamos a ser nuevas personas viviendo en una relación con Él y en relación con otros en comunidad, porque es la manera de desarrollar nuestro carácter cristiano, cuando aprendemos amarnos los unos a los otros con todas nuestras diferencias.

Nuestra primera y primordial koinonía es con el Señor y es el Espíritu Santo quien nos enseña nuestra unión vital con Él, cuando le recibimos en nuestro corazón como nuestro Señor y Salvador personal. No solo es un don sino una exigencia, ya que nos lleva a tener koinonía con nuestros hermanos en Cristo. No podemos negar como los judíos, que todos hacemos parte del cuerpo de Cristo, nos estaríamos engañando.

Una iglesia unida y llena de amor es un imán para los que están en el mundo carentes de esto. Jesús oró por la unidad de la iglesia, oró por nosotros para que fuéramos testimonio vivo de su amor en el mundo como dice Juan 17:20-21 “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”.

Debemos entonces retomar los fundamentos de la iglesia primitiva y ser una iglesia que persevere en la doctrina, en la comunión, en la oración, que sea solidaria, que esté llena de gozo y donde las señales y maravillas se dan por la presencia viva del Señor Jesucristo en medio de ella.  Oración.

«Amado Dios, gracias porque a través de tu hijo amado Jesucristo, ahora podemos estar unidos a ti y en comunión contigo, en una relación de koinonía que me lleva a la unidad con mis otros hermanos comprados con la sangre preciosa de Jesús. Nos has llamado a la unidad para que el amor entre unos y otros sea nuestro distintivo y también lo que marque la diferencia en este mundo carente de amor y de perdón. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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