jueves, 29 de octubre de 2020

Vivir como una nueva criatura

 


Vivir como una nueva criatura

“Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia” Romanos 5:17

Lo que el apóstol Pablo quiere explicar en este versículo es que por el pecado de Adán toda la raza humana quedó contaminada con él y separada de Dios, pero por la justicia de Jesucristo toda la humanidad es justificada y vuelve a estar en la correcta relación con Dios. Por Adán vino la muerte, pero por Jesús vino la vida a través de su resurrección, por eso es necesaria nuestra relación con Cristo, ya que, en nuestra relación con Adán como representante de toda la humanidad, su pecado fue el de todos los seres humanos al heredar la muerte espiritual, como dice Romanos 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, como la muerte es la consecuencia del pecado ejerce el dominio sobre todos nosotros.

Y es entonces cuando Jesús entró a este mundo, para ofrecer su perfecta bondad y así de la misma manera en que por el pecado de Adán todos fuimos implicados, por Jesús todos seamos justificados en su obra en la cruz que conquistó la muerte y nos dio vida eterna. En Cristo quedamos absueltos para poder vivir. La pregunta es ¿quiero vivir como una nueva criatura?

La gracia triunfó sobre el pecado, Jesucristo triunfó sobre Adán con su regalo de justicia, porque todos los que lo aceptamos y recibimos en nuestro corazón estamos llamados a vivir en victoria sobre el pecado y la muerte por medio de Él.

La muerte espiritual es el problema más grave de la humanidad, porque sin Cristo estamos todos muertos y experimentamos todas las consecuencias de la naturaleza caída, como son: las enfermedades, roturas en nuestras relaciones, deudas, vicios, miedos, fobias, odios, muerte, etc.

Cristo nos ha dado nueva vida. Vivamos entonces como nacidos de nuevo, en una perfecta relación, bendita y amorosa con Dios, dando testimonio de esto, hablando, pensando y comportándonos como hijos de Dios, porque estamos enriquecidos con su abundante gracia. Es entonces decisión de cada uno optar seguir bajo el dominio del pecado y la muerte o vivir en la libertad que Cristo nos dio por medio de su sacrificio en la cruz y su resurrección.  Oración.

«Mi amado Jesús, tu gracia está en acción a través de tu obra redentora en favor de toda la humanidad, gracia que tuvo el poder de conquistar mi corazón, por eso ahora sólo te pido que me ayudes a vivir como nacido de nuevo, limpio, como una nueva criatura, porque has cambiado tu juicio por perdón. Quiero que mi vida sea un testimonio vivo, que todo lo que piense, hable y haga sea en victoria porque me has rescatado y la vida eterna es mía ahora y siempre. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 28 de octubre de 2020

Todos Juntos

 


Todos Juntos

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Hechos 2:42-47

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Juan 13:34-35

Muchas veces quizás hemos oído la palabra “koinonía” en el griego pero, ¿sabemos lo que realmente significa? Se nos dice que es la comunión entre hermanos, se ve en términos de igualdad, libertad y fraternidad. Fue un gran desafío para los judíos de la primera iglesia ya que muchos no podían reconocer a los gentiles conversos iguales a ellos, por su cultura religiosa los consideraban incircuncisos y esto trajo algunas divisiones.

El Señor nos llama a ser uno en Él, porque un hombre en Cristo es parte del cuerpo de Cristo y mi parentesco con Jesús involucra un parentesco con todos los que han sido redimidos por Él. Entendamos que Cristo salva a individuos y llegamos a ser nuevas personas viviendo en una relación con Él y en relación con otros en comunidad, porque es la manera de desarrollar nuestro carácter cristiano, cuando aprendemos amarnos los unos a los otros con todas nuestras diferencias.

Nuestra primera y primordial koinonía es con el Señor y es el Espíritu Santo quien nos enseña nuestra unión vital con Él, cuando le recibimos en nuestro corazón como nuestro Señor y Salvador personal. No solo es un don sino una exigencia, ya que nos lleva a tener koinonía con nuestros hermanos en Cristo. No podemos negar como los judíos, que todos hacemos parte del cuerpo de Cristo, nos estaríamos engañando.

Una iglesia unida y llena de amor es un imán para los que están en el mundo carentes de esto. Jesús oró por la unidad de la iglesia, oró por nosotros para que fuéramos testimonio vivo de su amor en el mundo como dice Juan 17:20-21 “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”.

Debemos entonces retomar los fundamentos de la iglesia primitiva y ser una iglesia que persevere en la doctrina, en la comunión, en la oración, que sea solidaria, que esté llena de gozo y donde las señales y maravillas se dan por la presencia viva del Señor Jesucristo en medio de ella.  Oración.

«Amado Dios, gracias porque a través de tu hijo amado Jesucristo, ahora podemos estar unidos a ti y en comunión contigo, en una relación de koinonía que me lleva a la unidad con mis otros hermanos comprados con la sangre preciosa de Jesús. Nos has llamado a la unidad para que el amor entre unos y otros sea nuestro distintivo y también lo que marque la diferencia en este mundo carente de amor y de perdón. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 27 de octubre de 2020

El fuego que nos impulsa a seguir

 


El fuego que nos impulsa a seguir

“dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”. Jeremías 20:9

“¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman”. Jeremías 6:10

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás”.Salmos 139:7-8

En este lamento Jeremías expresa una profunda angustia por que ha sido perseguido por causa del mensaje de Dios, su oficio como profeta no le trajo sino burlas y abusos; y a pesar del deseo de no proclamar más el mensaje, no puede detenerse. Se encuentra atrapado entre el llamamiento divino y el rechazo de su pueblo y amigos. Pero en medio de esa frustración y desesperanza por lo que está viviendo exclama en Jeremías 20:7 “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí”. Reconocía la influencia del Espíritu de Dios en él y por eso proclamó con fidelidad su Palabra aunque no recibió nada a cambio más que persecución y dolor. Aun cuando se abstuvo de proclamar la Palabra de Dios por un tiempo, esta se volvió como fuego en sus huesos hasta que ya no pudo contenerla más.

Pablo lo dijo así: “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada” (1Corintios 9:16-17). Pablo sentía la obligación moral de predicar el evangelio, debido a que dependía completamente de Cristo por amor. Predicar fue su don y llamado y no podía dejar de hacerlo, estaba dependiendo absolutamente de la voluntad de Dios.

Esto nos puede suceder cuando nos encontramos desanimados en nuestra vida cristiana y deseamos no haber empezado nunca; es cuando debemos recordar que la gracia poderosa de Dios es la que nos sostiene en medio de la desesperación, los problemas y el deseo de rendirnos. Solo en su presencia encontraremos el consuelo, protección divina y la motivación para seguir en el propósito de Dios.

Dejemos que el mensaje de Dios quebrante nuestro propio corazón.  Oración.

«Señor, hay en mi corazón un fuego ardiente que no permite que me rinda, es la presencia de tu Santo Espíritu que mora en mi interior como fuego consumidor. No dejes que abandone tu llamado divino a pesar del rechazo de los que me rodean, tu fuego en mí es más poderoso que cualquier dificultad y no puedo resistirme al poder de tu presencia, no puedo escapar de ti, tu palabra ha sido mi sustento y no puedo olvidarla, por el contrario, tengo que proclamarla con el poder de tu Espíritu. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 26 de octubre de 2020

Caminar con Dios

 


Caminar con Dios

Génesis 5:21-24 “Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que en Génesis 5:21-24 “Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”.

1 tesalonicenses 4:15-17 “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

o a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”.

1 tesalonicenses 4:15-17 “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Enoc es una de las personas anteriores al diluvio de quién se sabe muy poco. Sólo se nos dice que caminó con Dios y desapareció porque Dios se lo llevó. Fue removido de esta tierra y llevado al cielo, no experimentó la muerte física.

La expresión “caminó con Dios” indica comunión continua con Dios. En hebreos 11:5 dice: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”. No vio la muerte como resultado de su fe y de la vida que llevaba que era un testimonio agradable a Dios.

Sabemos por la Palabra de Dios que también el profeta Elías subió al cielo sin experimentar la muerte física, y el apóstol Pablo nos enseña en 1 Tesalonicenses que algunos creyentes estarán vivos al regreso del Señor, y serán arrebatados y transformados sin experimentar la muerte física, para reunirse con el Señor junto con los otros creyentes que están muertos y resucitarán en ese mismo momento. Realmente es nuestra fe en Jesucristo la que nos concede finalmente la victoria sobre la muerte física, porque nos ha dado la seguridad de una vida eterna.

Cuando caminamos con Dios es porque hemos sido reconciliados por el sacrificio de Cristo en la cruz y, hemos experimentado la regeneración del Espíritu Santo que ha venido a habitar en nuestros corazones para ayudarnos a llevar una vida santa y recta delante de Dios. Caminar con Dios es tener una relación permanente de confianza, amor y sinceridad con nuestro amado Dios, actuar siempre bajo su mirada, tratando de agradarle en todo. Es dejar de vivir para nosotros mismos y empezar a vivir para Dios.

El premio tanto para Enoc, Elías y nosotros es el cielo si caminamos en santidad de la mano de Él, con la seguridad de que mientras estemos en esta tierra nos sustentará en medio de las tormentas de la vida.   Oración.

«Amante Padre celestial, el mayor anhelo de mi corazón es caminar en íntima comunión contigo y agradarte en todo. Qué ejemplo tan maravilloso el de Enoc, anduvo toda su vida de principio a fin en una relación continua, sincera y de amor contigo y lo premiaste llevándolo vivo al cielo. Así como Enoc, quiero que mi corazón esté cerca de ti todos los días de mi vida, amándote y obedeciéndote hasta el final. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 25 de octubre de 2020

La seguridad en el Señor, alienta el corazón

 

La seguridad en el Señor, alienta el corazón


“Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”. Salmos 27:13-14

Cuentan que uno de los grandes líderes de la Reforma escocesa, Roberto Bruce, fue perseguido por causa de su fe en Jesús, y un día cuando estaba huyendo de sus enemigos y parecía que iba a ser atrapado, se refugió en una cueva, allí oró al Señor pidiendo su protección. Desde la oscuridad pudo observar una gran araña que tejía su tela en la misma entrada de la cueva. Cuando llegaron sus perseguidores y vieron la tela de araña intacta, intuyeron que nadie había entrado a ese lugar y así se preservó la vida del servidor de Dios. Roberto dando testimonio decía: “Con Dios, una tela de araña es como un muro; pero sin Dios, un muro es como una tela de araña.”

La esperanza de nosotros como cristianos frente al temor, es Dios. Debemos estar seguros de que Él actuará en esta vida; por eso David cuando estuvo en peligro de muerte exclamó: “veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes”. La vida con Dios no se trata solamente de una huida futura al cielo, sino que su bondad se manifestará en nuestra vida presente. El Señor en su Palabra nos dice en Nahúm 1:7 “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”.

Merece entonces la pena esperar en Dios, porque Él cumplirá todas sus promesas y esto tiene que ver con ser pacientes hasta que haya dado la solución a nuestros problemas. Pero también significa que debemos tener esperanza porque Él hará lo que es mejor para nosotros. En el caso de David, le tocó vivir una etapa en soledad y temor; mientras tanto Dios forjaba su carácter para que fuera el futuro rey de Israel. Necesitó ser probado pero igualmente experimentó el cuidado de Dios, su protección y sustento en los momentos más difíciles. Dios siempre le dio evidencia de su presencia en su vida. Recordemos entonces que el mejor refugio es a los pies del Señor. Oración.

«Amado Dios, en medio de las dificultades de la vida, no me dejes perder de vista tu bondad. Haz realidad esta Palabra en mí: “Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”. La seguridad que tú me das anime mi corazón siempre. Gracias por ser mi fuerza y mi fuente de amor para continuar. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 24 de octubre de 2020

¿Qué presentaré en el tribunal de Cristo?

 


¿Qué presentaré en el tribunal de Cristo?

“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras”. Romanos 2:5-6

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. 2 corintios 5: 10

Dios sólo anhela que seamos sus siervos. La pregunta es: ¿queremos ser sus siervos? Si no estás tan seguro, hay tres motivaciones para impulsar nuestro servicio a Dios.

La primera es que algún día tendremos que presentarnos delante de Dios y rendirle cuentas por nuestro servicio. Esto debería motivarnos a servirle con entrega y amor. En el tribunal de Cristo sólo se presentarán los creyentes, ahí estará nuestro juez Jesucristo. No será un juicio sobre nuestros pecados puesto que Él ya pagó en la cruz por ellos y fueron borrados por su sangre preciosa. Este tribunal de Cristo será como un pódium para recibir la recompensa por nuestro servicio.

En ese tribunal seremos juzgados por la obra de fe que hayamos llevado a cabo en nuestras vidas y por la forma como hemos vivido nuestra vida cristiana. Nuestro anhelo es oír al Señor decirnos estas palabras tan gratificantes cuando evalúe nuestro servicio: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

El segundo motivo es el temor reverente al Señor, que nos lleva a persuadir a las personas con el evangelio de Cristo a que reconozcan que todos somos pecadores y necesitamos ser salvos. Por eso debemos predicar como lo hizo el Señor, para buscar y salvar a los perdidos; y que conozcan la realidad del juicio de Dios.

El tercer motivo es que el amor de Cristo nos constriñe, nos impulsa para predicar su Palabra. Hizo tanto por nosotros al morir en la cruz, nos salvó, nos perdonó, nos dio vida nueva y nos regaló la eternidad, que esto debe motivarnos a compartir de Jesús a otros. Ahora nuestra vida debe estar dedicada a Él para traer gloria y honra a su nombre. ¿Estamos listos para presentarnos en el tribunal de Cristo?    Oración.

«Amado Señor, gracias por haberme salvado y haberme dado una nueva vida que anhelo vivir para ti. No quiero llegar al cielo con las manos vacías, sino con tesoros espirituales de mi servicio fiel en esta tierra. Soy tu siervo y predicaré tu evangelio hasta el final, para llevar a muchos a encontrarse contigo. Espíritu Santo, ayúdame a hacer la voluntad de Dios en esta tierra. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 23 de octubre de 2020

APRENDAMOS A ESPERAR EN DIOS

 


APRENDAMOS A ESPERAR EN DIOS

“Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré ante ti y esperaré.”, Salmos 5:3

Qué difícil es esperar, sobre todo en la sociedad actual, donde podemos tener algo con un sólo click o con manipular nuestro teléfono. ¿Pero cuándo es el momento propicio para hacer algo o comprar algo? ¿No será que muchas cosas las hacemos sin esperar el tiempo de Dios? De seguro que esto traerá consecuencias. Habrá otras cosas que por mucho que las deseemos no las tendremos cuando queramos. Así que tendremos que aprender a esperar, y este principio es muy importante, hace parte del carácter que Dios quiere que formemos, pues por no saber esperar cometemos muchos pecados. Por ejemplo, no esperamos hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, lo que lleva a la fornicación y al desorden sexual, no esperamos el tiempo adecuado para un negocio, lo que lleva a la ruina, a perder la tranquilidad ante las deudas, queremos ya el último dispositivo inteligente, la última ropa de moda, queremos ya y pagamos después, lloramos al final.

Dios quiere guiarnos a su verdad y enseñarnos a esperar en su voluntad (Salmo 25:5) y darnos las cosas en el tiempo preciso, ya que en ese tiempo exacto es cuando será una bendición para nosotros (Salmo 145:15-16). Él sabe que antes de tiempo no estaremos preparados, y si recibimos lo que estamos pidiendo será para nuestro mal. ¿Acaso Dios quiere hacernos algún mal? Por supuesto que no, así que vale la pena esperar con paciencia que nuestro Dios venga a ayudarnos y a proveernos lo que pedimos; mientras tanto esperemos sin quejas, sin contiendas y con paciencia, fortalecidos en el poder de su Espíritu, (Lamentaciones 3:24-26). Hermano, piensa en este momento en aquello que le estás pidiendo a Dios y que necesitas, pídele que te dé la paciencia y la fortaleza para esperar el momento que Él disponga, mientras tanto se diligente en prepararte para el día en que recibirás de Dios su bendición y una vez la recibas no te olvides de honrar y darle la gloria a Dios. Oración.

"Gracias mi Señor, estoy seguro que me darás lo que estoy pidiendo conforme a tu voluntad, en la forma y el tiempo que tu consideres apropiado, mientras tanto esperaré en ti con paciencia, fortalecido en ti y con gozo. Amén.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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