sábado, 15 de agosto de 2020

CARA A CARA

 

CARA A CARA

“Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”, Juan 4: 21-24

El libro más publicado y leído en toda la historia es la Biblia y habla de la relación del Creador con nosotros, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Muestra la intimidad que teníamos en un principio, cómo la perdimos y cómo la volvimos a tener. En el Edén, Adán y Eva tenían una relación cara a cara con Dios, caminaban juntos, hablaban y tenían una intimidad profunda. No se avergonzaban de estar en su presencia, pero cuando pecaron llegó su vergüenza, sintieron miedo y se escondieron de Él. El nivel más puro de comunión e intimidad había sido arruinado por el pecado.

Después de esto lo más cerca que podían llegar los seres humanos a Dios era a través de ritos y ceremonias en lugares que Dios destinó para ese propósito, siguiendo la ley de Moisés, primero en el tabernáculo y luego en el templo que construyó Salomón. Pero nadie lo podía ver cara a cara, la imperfección de la humanidad no podía estar delante de la santidad de Dios.

Sólo el sacrificio perfecto de Jesús en la cruz, hizo que el velo del templo se rasgara en dos, simbolizando que él restauraba nuevamente nuestra intimidad con nuestro Dios Padre. Ahora podemos adorarlo en cualquier tiempo y lugar, como nos dice Juan 4. Sin embargo, aún no lo podemos ver cara a cara, tal como sí pudieron Adán y Eva antes de la caída.

La promesa de que todas las cosas van a ser como al principio, se cumplirá con el regreso de Cristo y podremos verlo. Lo podremos adorar, podremos hablarle y caminar nuevamente a su lado. Como dice Apocalipsis 21:3 “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”.

Que esta promesa nos impulse a permanecer en su presencia, esperando el glorioso día de su regreso.  Oración.

"Señor llena mi vida con esta promesa, un día podré verte cara a cara y disfrutar de tu majestad y santidad. Jesús abrió el camino para llegar a la presencia del Padre y ahora tengo la confianza para acercarme a tu trono de gracia y hablarte sin temor. Gracias Jesús, ahora puedo entrar con valentía en el lugar santísimo del cielo por tu sacrificio perfecto. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 14 de agosto de 2020

La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. Parte 1

 

La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. Parte 1

“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin

derramamiento de sangre no se hace remisión.”, hebreos 9:22

“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.”, Hechos 10:43

En el antiguo testamento se nos explica lo que había de venir (Cristo mismo), que el hombre sólo se podía acercar a Dios por medio de la sangre. En el libro de Levítico (Levítico 1:5) se detalla cómo se rociaba la sangre de un cordero para cubrir los pecados del pueblo y todo aquello que estuviera impuro.

La razón de estos sacrificios es porque la vida del cuerpo está en la sangre, se rociaba por lo tanto sobre el altar con el fin de purificar al pueblo, para hacerlo justo ante el Señor (Expiación), puesto que es la sangre, dada a cambio de una vida, la que hace posible la purificación (Levítico 17:11).

Esta sangre satisface la justicia de Dios, y se usa la palabra “propiciación” la cual se refiere a un sacrificio que apacigua la ira de Dios al satisfacer su justicia. (Levítico 16:16-19)

Entonces, cuando llegó el tiempo señalado, Cristo, el hijo de Dios, fue el cordero de Dios inmolado (sacrificado) una sola vez y para siempre, no entrando en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios (Hebreos 9:24), para remisión de nuestros pecados, y este perdón se recibe mediante la fe, como nos enseña su Palabra y el testimonio de sus apóstoles: “para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:18b).

Podemos, por lo tanto, estar seguros que su sangre preciosa nos limpia de toda maldad, así que vayamos a su luz. Hoy mismo Cristo, por medio de tu fe, te puede perdonar y serás limpio de toda maldad, liberado de la esclavitud del pecado y del dominio del mal.  Oración.

«Gracias Señor Jesús porque perdonas toda mi maldad, por el sacrificio hecho en la cruz del calvario, por esa sangre preciosa que clamó por mí, que me hizo justo ante los ojos de Dios; ahora soy libre para entrar libremente a tu presencia y adorarte. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 13 de agosto de 2020

 

Dios renueva mis fuerzas

“Pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; levantarán las alas como águilas. Correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.”, Isaías 40:31

“El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.”, Salmos 103:5

Esperar en el Señor significa confiar en Él, en su provisión, intervención y protección. En este pasaje, se utiliza la Palabra hebrea “kóakj” y se refiere a la capacidad de hacer algo, al vigor que nos da Dios, no para huir de las dificultades, sino para enfrentarlas con valentía, con la fuerza y capacidad que Él puede darnos, si confiamos en su intervención.

Si confío en el Señor, Él me da nuevas fuerzas, si confío en mis propias fuerzas o capacidades, estas se desgastan o se acaban, o son insuficientes, están por debajo de la dificultad. Pero la fuerza del Dios poderoso, está por encima de cualquier mal, problema o circunstancia, porque por naturaleza la fuerza de Dios es ilimitada. Por esto, cuando confiamos en Dios, la fuerza que Él nos suministra se compara con un águila que toma vuelo, donde las circunstancias complicadas se miran desde la perspectiva correcta, desde la perspectiva celestial.

Si confiar en Dios, me da nuevas fuerzas para enfrentar cualquier dificultad y me da la visión correcta para que estas no estén por encima de mi, sino por debajo, entonces, “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.” (Efesios 6:10), ya sea en abundancia o escasez podemos declarar que “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13)   Oración.

«Padre, tú me elevas como el águila, los problemas no me ahogan cuando confío en ti, sino que toda obra para mi bien y bendición, tu intervención mi Señor es lo que necesito en mi vida, renueva mi fuerza y mi entendimiento. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 12 de agosto de 2020

ÁRBOL QUE DA BUEN FRUTO

 

ÁRBOL QUE DA BUEN FRUTO

“No puede el buen árbol dar malos frutos, ni e

l árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.”, S. Mateo 7:18-20

Al final, no seremos conocidos por nuestras buenas intenciones, sino por nuestras acciones. Y ¿cómo queremos ser conocidos, por hacer lo que agrada a Dios o por hacer lo que la tendencia al pecado nos arrastra? De seguro, hacer la voluntad de Dios siempre será mejor. Entonces necesitamos un cambio interior si queremos que el resultado de nuestras acciones sea correctas, íntegras, con una meta diferente al egoísmo o a la ambición de las cosas temporales. Este cambio interior ocurre cuando nos acercamos por fe a Cristo, Él renueva nuestro interior colocando la disposición en nosotros, para hacer las cosas que agradan y dar fruto verdadero. Si creemos en Jesús, Él hace de nosotros un campo fértil donde puedan florecer obras buenas, cosecha abundante de buenos frutos.

Si queremos que el resultado o fruto de nuestro trabajo, estudio o lo que estemos haciendo sea verdadero, duradero y bueno, no queda otro camino que la obediencia a Cristo y a su Palabra. Todo aquel que quiera que la cosecha de su vida sea abundante, sin perdida y llena de paz, debe ajustar sus planes a la voluntad de Dios, entonces Él mismo tomando el control de lo que hacemos nos ayudará a que el resultado de nuestra determinación sea bueno, agradable y conforme al corazón de Dios. Oración.

"Señor, tú miras el corazón y conoces mis intenciones, límpiame mi Dios para ser un terreno fértil que da buenos frutos, que hace tu voluntad. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 11 de agosto de 2020

De perseguidor a perseguido. Parte 2

 

De perseguidor a perseguido. Parte 2

“Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.”, Hechos 9:3-7

Pablo, camino a Damasco, con el objetivo de perseguir a los que seguían la fe, tuvo un encuentro personal con el Señor Jesucristo, quien le dijo “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. El Señor lo derribó de su religiosidad y orgullo, para que comenzara a servirle, y pasó de ser perseguidor a perseguido por causa de aquello que al principio perseguía (Colosenses 1:13).

Nosotros necesitamos también caer de nuestra autosuficiencia, nuestro orgullo, nuestra prepotencia, que nos hace perseguidores de Cristo, cambiar el rumbo que estamos llevando en nuestra vida y caminar en la voluntad de Dios; diligentemente vamos camino a conseguir nuestras metas personales y profesionales, damos prioridad a los afanes de la vida, pero, ¿qué de las metas espirituales?

Pablo pasó de ser un diligente y esforzado perseguidor de Cristo (Filipenses 3:5-6), a uno de los más diligentes y productivos siervos de Jesús, por la gracia de Dios, que actuaba en él (1 Corintios 15:10), llevando el mensaje de salvación por todo el mundo de esa época; ahora en este tiempo, nosotros estamos llamados a levantarnos y entrar en todas las ciudades del mundo, que el mismo Jesús resucitado nos dirá lo que debemos hacer.  Oración.

«Señor, indícame el camino que debo seguir, te entrego a ti todas mis metas para que sean ajustadas de acuerdo a tu propósito, cambia la dirección de mi vida, rumbo a ti y a hacer tu voluntad. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 10 de agosto de 2020

De perseguidor a perseguido. Parte 1



De perseguidor a perseguido. Parte 1

“y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.”, Hechos 7:56-58
Pablo, antes de su conversión, desde su juventud, persiguió desmedidamente y con gran violencia a los seguidores de Cristo. Los encerraba en cárceles, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; dio su voto en contra de ellos cuando los condenaban a muerte (Hechos 26:10-11).
Muchos, así mismo, desde nuestra juventud, hemos perseguido al Señor, porque el que no está con Él, está en su contra (Mateo 12:30); no hay un bando intermedio, ya que nuestros pecados nos han causado daño a nosotros mismos y a aquellos por quien también el Señor dio su vida en la cruz.
Perseguimos al Señor, por ignorar la verdad, pero también cuando somos piedra de tropiezo para que otros conozcan la buena noticia de salvación por medio de la fe en Cristo, ya que dejamos de hacer la tarea que se nos encomendó; de una manera pasiva o activa, perjudicamos la vida de otros, cometiendo pecado de omisión.
Teniendo las riquezas de su gloria y amor, no las compartimos, ni vivimos conforme a la gracia depositada en nosotros y al llamado que nos hace Cristo.
Así que, pidamos en oración a Dios, que por las inagotables riquezas de su gloria, seamos fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu, para que Cristo se manifieste en nosotros y comprendamos cuán ancho, largo, alto y cuán profundo es su amor, y empecemos a compartir de lo que recibimos, para pasar de perseguidores a perseguidos por causa de manifestar la verdad de Dios. (Efesios 3:16-18).  Oración.
«Padre, cuán alejado estaba de ti, pero tú abriste el camino por medio de Cristo, para que mi vida fuera rescatada y para tener una relación real e íntima contigo.
Fortaléceme Señor para que cada día pueda crecer en el amor y conocimiento de Cristo y llevar con toda diligencia tu mensaje a otros. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 9 de agosto de 2020

Alaba a Dios. Parte 1


Alaba a Dios. Parte 1
“Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”, Salmo 103:1-5
En el antiguo testamento, los términos usados para alabanza son ‘halal’ significado parafraseado de hacer ruido, ‘yada’, relacionado con acciones y gestos corporales que acompañan la alabanza, y ‘zamar’ término relacionado con la música y el canto. En el Nuevo Testamento el término usado es ‘eujaristein’, que literalmente significa dar gracias y ‘eulogein’ que significa bendecir, ambos sugieren una relación íntima con la persona que es objeto de la alabanza.
En la Biblia entera se hallan muchos casos de alabanza que surgen espontáneamente de un corazón agradecido por los favores realizados por Dios. En Salmos 104:31 se declara que la gloria es para Dios y Él se deleita y complace en sus obras, y toda la creación expresa su gozo en alabanza (Job 38:7).
Nosotros fuimos creados para alegrarnos en la obra de Dios (Salmo 90:14-16), y para expresarle a Él todo nuestro gozo por los favores recibidos, incluyendo su perdón por nuestros pecados, porque cuando el reino de Dios llega a nuestro corazón (Es decir Cristo mora en nosotros), es restaurada en nosotros la alegría, la plenitud y a pesar de la dificultades que puedan existir, es quitada la angustia y esto produce un gozo inefable, que deriva en alabanza a Dios (Isaías 9:1-2).
Poder realizar la acción de gracias hacia Dios, expresada en alabanza, aun en medio de los sufrimientos de la vida diaria, santifica todos los aspectos de nuestra vida (1 Corintios 10:30-31) y es muestra de una ofrenda real y verdadera a Dios (Filipenses 2:17), así que empecemos nuestro día alabando a Dios con todo agradecimiento. Oración.
Señor, gracias por la vida eterna que me diste en Cristo, aun en medio de aflicciones te alabaré, tú eres la mayor alegría y en tu Palabra encuentro regocijo. Te alabo oh, mi Dios, por las grandes cosas que haces en mi vida y por lo que harás poderosamente en mí, para tu gloria y honra. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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