martes, 11 de agosto de 2020

De perseguidor a perseguido. Parte 2

 

De perseguidor a perseguido. Parte 2

“Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.”, Hechos 9:3-7

Pablo, camino a Damasco, con el objetivo de perseguir a los que seguían la fe, tuvo un encuentro personal con el Señor Jesucristo, quien le dijo “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. El Señor lo derribó de su religiosidad y orgullo, para que comenzara a servirle, y pasó de ser perseguidor a perseguido por causa de aquello que al principio perseguía (Colosenses 1:13).

Nosotros necesitamos también caer de nuestra autosuficiencia, nuestro orgullo, nuestra prepotencia, que nos hace perseguidores de Cristo, cambiar el rumbo que estamos llevando en nuestra vida y caminar en la voluntad de Dios; diligentemente vamos camino a conseguir nuestras metas personales y profesionales, damos prioridad a los afanes de la vida, pero, ¿qué de las metas espirituales?

Pablo pasó de ser un diligente y esforzado perseguidor de Cristo (Filipenses 3:5-6), a uno de los más diligentes y productivos siervos de Jesús, por la gracia de Dios, que actuaba en él (1 Corintios 15:10), llevando el mensaje de salvación por todo el mundo de esa época; ahora en este tiempo, nosotros estamos llamados a levantarnos y entrar en todas las ciudades del mundo, que el mismo Jesús resucitado nos dirá lo que debemos hacer.  Oración.

«Señor, indícame el camino que debo seguir, te entrego a ti todas mis metas para que sean ajustadas de acuerdo a tu propósito, cambia la dirección de mi vida, rumbo a ti y a hacer tu voluntad. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 10 de agosto de 2020

De perseguidor a perseguido. Parte 1



De perseguidor a perseguido. Parte 1

“y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.”, Hechos 7:56-58
Pablo, antes de su conversión, desde su juventud, persiguió desmedidamente y con gran violencia a los seguidores de Cristo. Los encerraba en cárceles, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; dio su voto en contra de ellos cuando los condenaban a muerte (Hechos 26:10-11).
Muchos, así mismo, desde nuestra juventud, hemos perseguido al Señor, porque el que no está con Él, está en su contra (Mateo 12:30); no hay un bando intermedio, ya que nuestros pecados nos han causado daño a nosotros mismos y a aquellos por quien también el Señor dio su vida en la cruz.
Perseguimos al Señor, por ignorar la verdad, pero también cuando somos piedra de tropiezo para que otros conozcan la buena noticia de salvación por medio de la fe en Cristo, ya que dejamos de hacer la tarea que se nos encomendó; de una manera pasiva o activa, perjudicamos la vida de otros, cometiendo pecado de omisión.
Teniendo las riquezas de su gloria y amor, no las compartimos, ni vivimos conforme a la gracia depositada en nosotros y al llamado que nos hace Cristo.
Así que, pidamos en oración a Dios, que por las inagotables riquezas de su gloria, seamos fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu, para que Cristo se manifieste en nosotros y comprendamos cuán ancho, largo, alto y cuán profundo es su amor, y empecemos a compartir de lo que recibimos, para pasar de perseguidores a perseguidos por causa de manifestar la verdad de Dios. (Efesios 3:16-18).  Oración.
«Padre, cuán alejado estaba de ti, pero tú abriste el camino por medio de Cristo, para que mi vida fuera rescatada y para tener una relación real e íntima contigo.
Fortaléceme Señor para que cada día pueda crecer en el amor y conocimiento de Cristo y llevar con toda diligencia tu mensaje a otros. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 9 de agosto de 2020

Alaba a Dios. Parte 1


Alaba a Dios. Parte 1
“Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”, Salmo 103:1-5
En el antiguo testamento, los términos usados para alabanza son ‘halal’ significado parafraseado de hacer ruido, ‘yada’, relacionado con acciones y gestos corporales que acompañan la alabanza, y ‘zamar’ término relacionado con la música y el canto. En el Nuevo Testamento el término usado es ‘eujaristein’, que literalmente significa dar gracias y ‘eulogein’ que significa bendecir, ambos sugieren una relación íntima con la persona que es objeto de la alabanza.
En la Biblia entera se hallan muchos casos de alabanza que surgen espontáneamente de un corazón agradecido por los favores realizados por Dios. En Salmos 104:31 se declara que la gloria es para Dios y Él se deleita y complace en sus obras, y toda la creación expresa su gozo en alabanza (Job 38:7).
Nosotros fuimos creados para alegrarnos en la obra de Dios (Salmo 90:14-16), y para expresarle a Él todo nuestro gozo por los favores recibidos, incluyendo su perdón por nuestros pecados, porque cuando el reino de Dios llega a nuestro corazón (Es decir Cristo mora en nosotros), es restaurada en nosotros la alegría, la plenitud y a pesar de la dificultades que puedan existir, es quitada la angustia y esto produce un gozo inefable, que deriva en alabanza a Dios (Isaías 9:1-2).
Poder realizar la acción de gracias hacia Dios, expresada en alabanza, aun en medio de los sufrimientos de la vida diaria, santifica todos los aspectos de nuestra vida (1 Corintios 10:30-31) y es muestra de una ofrenda real y verdadera a Dios (Filipenses 2:17), así que empecemos nuestro día alabando a Dios con todo agradecimiento. Oración.
Señor, gracias por la vida eterna que me diste en Cristo, aun en medio de aflicciones te alabaré, tú eres la mayor alegría y en tu Palabra encuentro regocijo. Te alabo oh, mi Dios, por las grandes cosas que haces en mi vida y por lo que harás poderosamente en mí, para tu gloria y honra. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 8 de agosto de 2020

La culpa nos enferma, Cristo nos libera


La culpa nos enferma, Cristo nos libera

“¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”, hebreos 9:14
Dios nos ha quitado todo pecado mediante la fe en su hijo Jesucristo, nos ha perdonado, “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmos 103:12), es una realidad que debemos aceptar. Sin embargo, muchas veces lidiamos con sentimientos de culpa, traídos por nuestros recuerdos de pecados pasados y por ataques del maligno, que es el acusador (Apocalipsis 12:10), que no dudará en recordarnos al viejo hombre.
Es cierto, que debemos confesar el pecado y apartarnos de él, confiando en que Cristo nos limpia de todo pecado y por su fidelidad y justicia nos perdonará y nos limpiará de toda maldad (1 Juan 1:7-9, Salmos 51:2 ), pero es vital reconocer que la pasada manera de vivir ya fue muerta en la cruz y debemos identificarnos con esa realidad, conociendo y aceptando lo que dice la escritura acerca de nuestra condición actual: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:11).
La verdad libera y la verdad es Cristo, Él nos ha liberado de la culpa también; no nos quedemos en silencio atrapados en pensamientos y sentimientos de culpa que nos llevan a enfermar emocionalmente y como consecuencia físicamente (Salmos 32:3-5). Sin dudar confiemos en su perdón y don de justicia que nos colocó en Cristo, para que no perdamos el gozo de su salvación y podamos ser productivos, mostrando el fruto del amor de Dios en nuestra vida.  Oración.
«Gracias Padre Santo, examíname en lo más profundo, ve si hay camino de maldad y guíame en el camino eterno del bien que abrió tu hijo Jesucristo. Con su sangre preciosa has borrado todos mis pecados y los echaste al fondo del mar, ahora puedo adorarte con libertad y vivir lleno de tu gracia, para que el pecado no more más en mi vida. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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viernes, 7 de agosto de 2020

He peleado la buena batalla de la fe


He peleado la buena batalla de la fe

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”, 2 Timoteo 4:7-8
Al final de sus días, Pablo escribe esta declaración, luego de soportar azotes, desvelos, persecución, hambre, sed, ser apedreado y cuantas cosas más por llevar el mensaje de la gracia y verdad de Jesucristo. (2 Corintios 11:24-29); consiguiendo por supuesto, anunciar y enseñar a muchos la buena noticia de la salvación. Pablo sufrió por causa de Cristo, pero en la gracia de Dios llegó a la meta, al propósito del supremo llamamiento por el cual el Señor lo había llamado, como se había propuesto antes “al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13-14).
De esto debemos aprender, pues la misma gracia de Dios que actuó en Pablo, ahora actúa en nosotros (1 Corintios 15:10), para hacernos aptos para pelear la buena batalla. Pero necesitamos preparación, colocarnos el propósito de servirle y necesitamos mantenernos constantes a pesar de las circunstancias, creciendo en el conocimiento de Cristo (1 Corintios 15:58). Así que con firmeza y sin dudarlo más, peleemos la única batalla que vale la pena luchar, la buena batalla de la fe.  Oración.
«Gracias Señor Jesús por el llamado que me has hecho para servirte y para anunciar el evangelio a toda criatura y en todo lugar, lléname de tu Espíritu, revela a mi vida toda la riqueza de tu gracia que actúa ahora en mí. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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jueves, 6 de agosto de 2020

El poder de la Palabra de Dios. Parte 3


El poder de la Palabra de Dios. Parte 3

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;” 2 Pedro 1:3-4
Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir una vida recta, y todas estas bendiciones las recibimos por el conocimiento de Cristo, por su gloria y excelencia también recibimos grandes y preciosas promesas. Estas promesas hacen posible que participemos de la naturaleza divina y escapemos de la corrupción del mundo, causada por los deseos humanos.
Es decir, a través de ellas Dios nos sostiene cuando somos tentados (1 Corintios 10:13), nos provee cuando tenemos necesidad (Filipenses 4:19), nos consuela en nuestras dificultades (Salmos 119:50, 107), nos sana cuando estemos enfermos (Isaías 53:5) y cuantas cosas más nos dará, si confiamos en él, si tomamos como nuestras sus promesas, pues “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32).
En su Palabra, siempre hay una promesa viva y eficaz, para cada situación de la vida, Dios está esperando que tomemos esa promesa, pero ¿conocemos realmente a Cristo, sus promesas y sus planes para nosotros? Iniciemos por lo tanto a conocerlas y alcanzarlas mediante la fe.  Oración.
«Señor, gracias por tus preciosas promesas, porque se cumplen en mi vida cuando las tomo para mí, cuando confío en ti por medio de ellas, y pruebo de la bendición y el don de tu amor en Cristo Jesús. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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miércoles, 5 de agosto de 2020

El poder de la Palabra de Dios. Parte 2


El poder de la Palabra de Dios. Parte 2

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17
La escritura es inspirada por Dios, esto quiere decir que no son conocimientos emergidos de pensamientos de hombres, sino que son las mismas palabras del creador, salidas de su corazón para salvación de todos los hombres. Y la prueba fundamental de este hecho, es el efecto que la Palabra de Dios puede hacer en nosotros, pero requiere que experimentemos mediante la fe, que probemos nosotros que es así, tal como está escrito.
Por ejemplo, Dios ha escrito en su Palabra, que: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17), entonces, significa que si hemos aceptado a Cristo en nuestro corazón, hemos sido liberados de la culpa y ya no tenemos porqué vivir en condenación, nuestros pecados han sido borrados. El efecto inmediato de confiar en esta verdad, es que mi vida es liberada del yugo de la culpa que me conduce a repetir los mismos errores y a vivir en bancarrota, porque la culpa me lleva a pensar, decidir y actuar para mi mal.
Así mismo, muchas verdades de la escritura se han registrado para que conociéndolas, no vivamos más en la esclavitud de nuestros sentidos y falsas percepciones, que nos llevan al dolor y al fracaso, como dice la escritura: “ Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.”( Juan 20:31) y la vida que Cristo quiere darnos es vida en abundancia, gracias al poder de la Palabra de Dios.  Oración.
«Señor, me gozo en tu Palabra, porque transforma mi interior, me llena de paz aun en medio de las dificultades de la vida, me da una esperanza cierta, porque en ti no hay sombra de duda, tu Palabra es verdad, santifícame mi Dios por medio de ella. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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