martes, 19 de mayo de 2020

Las promesas de Dios son verdad, se cumplen


Las promesas de Dios son verdad, se cumplen
“Porque todas las promesas de Dios son en él sí, y en él amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2 Corintios 1:20)
Todas las promesas contenidas en las sagradas escrituras las ha dado Dios para bendición de nuestras vidas, son nuestra luz y nuestra esperanza en el día de la angustia, son la salida que Dios nos da en el momento de la prueba; son el consuelo para la tristeza, la fortaleza en los momentos de debilidad, la paz en medio de la tormenta, la luz en medio de la oscuridad y la esperanza cuando creemos que todo está perdido.
Las promesas contenidas en las Sagradas Escrituras tienen tres características:
a) Son promesas de Dios y en Él son
sí, y en Él son amén.
b) El medio para su cumplimiento somos nosotros.
c) Son para la gloria de Dios.
Por tanto, al ser promesas de Dios, son verdad y se cumplen.
Nosotros como medio para su cumplimiento, lo que aportamos, es la fe que es “La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1) Debe ser una fe que nos impulse a la acción, esa fe que obra por el amor como dice en (Santiago 2:14,17): “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”

La promesa cumplida es para la honra y gloria de Dios, el hombre no tiene mérito alguno en ello y claramente lo establece en su Palabra que nos dice: “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas. He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo las haré notorias.” (Isaías 42: 8-9)
Por todo esto hermanos, cuando nosotros esperamos de Dios el cumplimiento de una de sus promesas, debemos hacerlo de la manera que Él nos enseña: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.” (Santiago 1:6-7)  Oración.
«Padre Dios, en tu amor y en tu misericordia has dejado escritas para nosotros tus hijos, multitud de promesas que atienden a nuestras necesidades físicas, espirituales y materiales que, en tu omnisciencia, sabías que tendríamos en un mundo en que nos dices que no encontraremos paz sino angustia y, esas promesas contenidas en las sagradas escrituras, como toda tu palabra, son para que se cumplan hasta la última jota y hasta la última tilde y para su cumplimiento en nuestras vidas necesitamos fe, esa fe que nace, crece y se fortalece en el oír tu Palabra. Llénanos Señor con tu Espíritu y danos la sabiduría para conocer, entender y aplicar tu Palabra a nuestras vidas. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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lunes, 18 de mayo de 2020

Busquemos primeramente


Busquemos primeramente el rei
no de Dios y su justicia
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” San Mateo 6:33
“Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna” San Lucas 18:29-30
Buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, es la prioridad que Dios establece para la vida de aquel que se considere un verdadero cristiano, un verdadero hijo de Dios. Pero en la realidad de la vida humana y más en un mundo como el hoy dominado por el consumismo ¿cuántas cosas buscamos conforme a nuestros deseos?, ¿cuántas de ellas primeramente que el reino de Dios y su justicia?, ¿cuántas de ellas sin siquiera tenerle en cuenta?… Muchas… ¿Verdad?… como el dinero, el trabajo, la casa, el carro, el lujo, las redes sociales, la diversión, etc.
El Señor, que en su omnisciencia nos conoce a nosotros más de lo que nos conocemos nosotros a nosotros mismos y que con su Palabra discierne los pensamientos y las intenciones de nuestro corazón, sabe exactamente lo que en realidad buscamos: “Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? Dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa.” (Hageo 1:9)
Lo que nosotros buscamos en nuestros pensamientos y deseos, lo hacemos en la carne y por ello nos aleja de la prioridad que Dios ha establecido que es “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia”, que es espiritual, y así lo establece claramente al decirnos: “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” (Romanos 14:17)
Nosotros buscando los deseos de la carne y Dios esperando que vivamos en el Espíritu. ¿Cuál es nuestra identidad? ¿Somos de la carne? o ¿Somos del Espíritu? Muy fácil de definir: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.” (Romanos 8:5)
¿Cómo te identificas?   Oración.
«Amado Padre Celestial, tú conoces mi corazón y mi vida y conoces bien mis prioridades y sabes bien lo que me falta y lo que me sobra para una perfecta comunión contigo y, solo tú Señor, por tu Santo Espíritu que mora en mí puedes desarraigar de mí todo aquello que me sobra y poner aquello que me falta; solo tú Señor puedes enderezar mis caminos y mis sendas y enfocarme a tus prioridades y no a las mías, para que en mí se cumpla tu santo propósito. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 17 de mayo de 2020

El gozo del cristiano es Eterno.


El gozo del cristiano es Eterno.          
      La tristeza en este mundo del creyente sólo dura unos momentos. Los discípulos se alegrarán cuando vuelvan a ver al Señor. Su resurrección fue vida de entre los muertos no sólo para Él mismo, sino también para los discípulos, pues el duelo y el lamento por la muerte de Cristo Jesús se trocó en gozo indescriptible (v. 1a. P. 1:18) e indestructible: «como entristecidos, más siempre gozosos» (2 Co. 6:10). (3)
            Debemos buscar mantener una plena comunión con el Espíritu Santo de Dios a quien Dios Padre nos lo ha enviado para nuestra fortaleza y consuelo. Su presencia en nuestros corazones solo puede ser deteriorada por el pecado en nuestra vida que no ha sido confesado ni tratado en la presencia de nuestro Dios. Su santa presencia es la que nos ayuda en nuestra debilidad para no tan solamente llenarnos de sus frutos como este gozo inefable sino para evitar una vida de pecado. Donde esta El Espíritu de Dios allí ay libertad y vida eterna. Oración. Gracias Padre eterno porque tu Espíritu en nuestras tribulaciones nos fortalece ayúdanos Padre santo a que  nosotros nos esforcemos a viví conforme a tu Espíritu y no conforme a la carne para poder ser vasos de honra en tus mano en el nombre de Jesucristo tu Hijo Amen.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 16 de mayo de 2020

Lo que Dios espera del hombre y lo que recibe de él


Lo que Dios espera del hombre y lo que recibe de él

“Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” San Marcos 12:29-30
“Dice pues el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.” Isaías 29:13
“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fuese frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” Apocalipsis 3:15-16
En estos versículos de la Biblia encontramos por un lado a Dios diciéndole a su pueblo primero que oiga, segundo que sepa que Él es uno y que lo ame con todo su ser. Que lo oiga porque la fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios (Romanos 10:17) y porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe y que es galardonador de los que le buscan. (Hebreos 11:6) Que Él es uno porque así lo asevera cuando dice “Yo soy Dios, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí;” (Isaías 45:5) Y que lo ame con todo su ser, porque a Él solo lo hallará aquel que lo busca con todo su corazón y toda su alma. (Deuteronomio 4:29)
Por el otro lado, Dios encuentra que el hombre se acerca a él solamente con su boca y con sus labios le honra, pero su corazón está lejos de Él y que su temor de Dios no proviene de haber escuchado su Palabra, sino de escuchar mandamientos de hombres. Encuentra a un hombre tibio e indeciso que no sabe si vivir en la carne o en el Espíritu; si servir a Dios o al mundo y en este aspecto Dios es contundente “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.” (Lucas 11:23) y además, al que es tibio y no frío ni caliente, lo vomita de su boca.
A los llamados de su nombre Dios nos creó, formó e hizo para honra y gloria suya y, nosotros, solo podemos glorificarle si andamos en obediencia a la voz de su Palabra, con el temor de Dios en nuestro corazón, honrando y exaltando su nombre en todos los tiempos, momentos y circunstancias de nuestra vida.  Oración.
«Padre, Señor y Dios nuestro; a todos nos creaste, nos formaste y nos hiciste para honra y gloria de tu nombre pero nosotros nos desviamos de tus caminos, nos apartamos de ti y anduvimos en nuestros propios pensamientos y deseos de la carne, por ello Padre amado ten misericordia de nosotros y no nos mires ni nos castigues conforme a nuestros hechos, sino míranos conforme a la multitud de tus misericordias y perdónanos; lávanos y purifícanos con la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo, restáuranos delante de tu santa presencia y susténtanos con la diestra de tu poder para continuar andando en tus caminos y obedeciendo a la voz de tu Palabra. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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viernes, 15 de mayo de 2020


Creer en Dios, como dice la Escritura

“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” Juan 7:38
En esta Palabra el Señor establece el principio fundamental de la verdadera fe, de esa fe que nos conduce a nuestro Padre celestial, y es que ella nace, crece y se fortalece solamente por la Palabra de Dios contenida en las Sagradas Escrituras, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17)
La Palabra de Dios al decir: “El que cree en mí, como dice la Escritura,” establece para todo aquel que quiera creer verdaderamente en Dios, la imperiosa necesidad de conocer, escudriñar y entender las escrituras, por eso en su Palabra nos manda: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ella tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39-40)
El Pueblo de Israel se apartó de Dios, su Palabra no obedeció y, anduvo en sus propios pensamientos y deseos; idolatrando dioses paganos y por ello el Señor dice en su Palabra a manera de lamento: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio, y porque olvidaste la ley de Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” (Oseas 4:6)
Asevera el Señor que aquel que cree en Él, como dice la Escritura, “de su interior correrán ríos de agua viva” porque Dios le promete que Él derramará agua sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida (Isaías 44: 3a), refiriéndose a lo que hará en aquel que Dispone su corazón para con Dios.
Alleguémonos al Señor de todo nuestro corazón, oigamos y escudriñemos su Palabra fortaleciendo con ello nuestra fe, nuestra confianza y nuestra esperanza en Él y veremos cumplida su promesa que nos dice: “Y el Señor te guiará continuamente, saciará tu deseo en los lugares áridos y dará vigor a tus huesos; serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan.” (Isaías 58:11).   Oración.
«Padre nuestro que estás en los cielos, te damos gracias porque a través de Cristo Jesús tú nos has revelado el camino, y la verdad, y la vida que nos llevan a ti Señor y ese camino, esa verdad y esa vida están contenidos en las sagradas escrituras que a manera de testamento nos dejaste, y que ahora es nuestra herencia incorruptible, porque el testador murió en la cruz del calvario dándole con ello validez al testamento y haciéndonos, a quienes en Él hemos creído, herederos efectivos de toda su riqueza celestial. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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jueves, 14 de mayo de 2020

DIOS ME AMÓ PRIMERO


DIOS ME AMÓ PRIMERO
“En esto está el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados”, 1 Juan 4:10
Hay mucha confusión al entender el significado del verdadero amor, y la razón es sencilla, porque no se conoce a Dios, y fuera de Él nada tiene significado. El amor requiere entrega, abnegación, perdón, por eso Dios entregó a su Hijo por amor a la humanidad. Nadie nos puede amar de la manera que Jesús nos amó y nos sigue amando. Cuánto amor expresado en el camino al Gólgota con una cruz a cuestas para finalmente ser clavado como el más vil criminal en aquella terrible cruz. Estas escenas deben tocar la fibra del alma, y hacernos caer de rodillas ante Jesús.
Hermano, deje que el amor de Dios entre en su mente y su corazón, permita que los destellos de su amor expresados en la cruz lleguen a su vida. La Biblia hace esta declaración divina de amor: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Pablo difundió este amor por el mundo entero, escribió: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8).
Hay momentos de sufrimiento, de lágrimas, de mendigar migajas de amor porque alguien ya no nos ama, aún sin saber que Dios es fuente inagotable de amor... Él nos dice con la más dulce voz: seca ya tus lágrimas, que yo “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3). Este es un amor que trasciende todos los límites, tiene las dimensiones infinitas de la gracia y la bondad de Dios, por eso disfrutemos de su amor.
Dios es el ejemplo perfecto del verdadero amor, y nos ha dado, a aquellos que reciben a Jesucristo como su Salvador, la habilidad de amar como Él lo hace, a través del poder del Espíritu Santo, así que amemos todos como Él nos amó.  Oración.
"Amado Cristo, con todas las fuerzas de mi corazón y de mi alma, te expreso mi agradecimiento, por tanto, amor demostrado en la cruz, marcaste ese amor con tinta sangre y perdonaste mis pecados. Hoy me sacio en esa fuente inagotable de amor, la que sana mis heridas y me restablece a una vida de gracia y paz. Te amo Señor. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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miércoles, 13 de mayo de 2020

Todo es por la misericordia de Dios


Todo es por la misericordia de Dios

“Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.” Romanos 9:15
“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” Romanos 9:15
Todo lo que existe por Dios fue creado y, todos los que existimos, criaturas de Dios somos, de la misericordia de Dios está llena la tierra y “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” (Salmos 19:1) Dios grande y poderoso, es nuestro Dios, soberano y perfecto. “Todo lo que Dios quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.” (Salmos 135:6)
Abrimos nuestros ojos a un nuevo día y observamos a nuestro alrededor, el aire fluye imperceptible a nuestros pulmones, nos movemos, miramos como está el día, viene a nuestra mente lo que tenemos que hacer en el transcurso del día, damos gracias a Dios y oramos encomendando el quehacer del nuevo día al Señor, nos levantamos y seguimos nuestra rutina diaria, y todo ello, es por la misericordia de Dios; porque en su voluntad soberana, bien habría podido determinar que no abriésemos nuestros ojos a ese nuevo día. “Por la misericordia de Dios no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lamentaciones 3:22-23)
El mundo nos dice que soñemos y luchemos por nuestros sueños y los alcanzaremos, que una mente positiva te lleva a lograr todo lo que quieres, que tu vida está en tus manos, que la felicidad es una decisión y muchas cosas semejantes; pero Dios nos dice: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9:16) “Encomienda a Dios tu camino, y confía en él; y él hará.” (Salmos 37:5)
La obra de misericordia más grande que Dios ha hecho con nosotros, es que nos dio vida cuando estábamos en nuestros delitos y pecados, en los cuales anduvimos en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. (Efesios 2:1-3)
Dios nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro salvador. (Tito 3:5-6)
Ahora que por Cristo Jesús somos hijos de obediencia, vivamos en obediencia para que Dios no aparte de nosotros sus ojos, ni aparte de nosotros su misericordia.   Oración.
«Padre santo sabemos por tu palabra, en la que creemos firmemente, que tú eres un Dios de misericordia y que con la multitud de tus misericordias nos sustentas cada día y que cada día las renuevas; que nada de lo que somos, de lo que hacemos, de lo que logramos y de lo que tenemos es por nosotros mismos, sino que todo es por tu gran misericordia y tu misericordia es desde siempre y para siempre, de manera que en todo tiempo en que la busquemos con un corazón sincero la vamos a encontrar y que es tan grande que alcanza y sobreabunda para todos. Padre amado, no apartes de nosotros tus ojos ni apartes de nosotros tu gran misericordia. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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