miércoles, 5 de febrero de 2020

Aprovechando bien el tiempo


Aprovechando bien el tiempo

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Efesios 5:15-16
todo cristiano es un mayordomo, puesto que todo lo que tenemos le pertenece a Dios: nuestro tiempo, talentos y posesiones. Él demanda una fiel administración en cada uno de estos aspectos. Nuestro tiempo es un recurso valioso pero muchas veces mal utilizado. El tiempo no se puede devolver, no se puede estirar, no se puede acumular y mucho menos recuperar, por eso el apóstol Pablo nos dice que lo aprovechemos bien.
Este es un llamado a ser sabios en su manejo, porque los días en general están expuestos al mal, se hace necesario entonces que no dejemos pasar las oportunidades favorables mientras duren, escogiendo y usando la oportunidad para hacer el bien. A veces desperdiciamos el tiempo en los chats, navegando en internet, hablando por teléfono o viendo mucha televisión y decimos que no nos alcanza, por eso hay que tener un equilibrio para poder cumplir con todo.
El mundo está sumido en oscuridad y no podemos ignorarlo, necesitamos sacar tiempo para llevar el mensaje del Señor, porque podemos iluminar la vida de los no creyentes. Este es un trabajo conjunto con el Espíritu Santo, no temamos ser luz y pidamos que nos ayude a usar bien cada momento que nos da para compartir la verdad de Dios.
El tiempo más valioso, es el tiempo que apartamos para estar en la presencia de Dios, es el tiempo quieto con Él, donde dejamos a un lado la rutina diaria para dedicarnos a la oración y a la meditación de su Palabra. Es el tiempo mejor invertido, porque podemos entregarle todas nuestras cargas, todo lo que vayamos a hacer durante el día para que nos ayude, nos dirija y nos fortalezca. Este tiempo siempre será atacado por el enemigo, que se interpone para que no recibamos la influencia de Dios e impactemos nuestro entorno. Ser un buen administrador del tiempo nos enseña a establecer prioridades, a agendar las cosas importantes y realizarlas en orden, como le agrada al Señor.
¿Qué estamos haciendo con las riquezas del tiempo que Dios nos ha dado? Siempre tendremos suficiente tiempo para hacer la voluntad de Dios. Oración.
Amado Señor, tu palabra dice que busque primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las cosas me serán añadidas. Me has dado la riqueza del tiempo para manejarlo con sabiduría y así cumplir los propósitos que colocas en mi vida. Perdóname por el tiempo desperdiciado, por las oportunidades que he dejado pasar para compartir de ti, por no sacar el espacio para ayudar a otros y por malgastar momentos en cosas que no edifican. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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martes, 4 de febrero de 2020

El perdón no tiene un límite computable


El perdón no tiene un límite computable

“El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Más él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?”, Mateo 18:27-33
Entre las preguntas que Pedro y los demás discípulos le hicieron a Jesús, hay una que es bastante interesante y que puede ayudarnos a nosotros acerca del perdón: ¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano? Quizás este interrogante surgió de una regla rabínica que decía: “Nadie tiene derecho de pedir perdón a su prójimo más de tres veces.” Cuando Jesús les dijo que setenta veces siete, quedaron sorprendidos porque pensaron que perdonar hasta tres veces ya era demasiado generoso y este número es una manera de decir “sin límites”, lo que implica perdonar como Dios perdona.
Estamos llamados a cultivar un espíritu perdonador, esto nos permite estar en libertad sin deberle nada a nadie. Jesús lo ilustra con esta parábola recordándonos que siempre debemos perdonar a otros las ofensas porque Él ya nos perdonó y pagó un alto precio en la cruz. Es más, perdonar a otros sus ofensas es imprescindible para recibir el perdón de Dios. El perdón divino y el humano van de la mano. » Bienaventurados los misericordiosos -dijo Jesús -, porque ellos obtendrán misericordia” Mateo 5:7.
Cuando no perdonamos es porque no hemos comprendido que la gracia de Dios nos alcanzó y nos perdonó todos nuestros pecados. Las consecuencias de no perdonar nos esclavizan, nos atan a la amargura, no permiten sanar y restaurar heridas y mucho menos las relaciones.
El perdón a veces es un acto unilateral cuando una persona decide perdonar, sin importar la respuesta del otro. Jesús demostró ese perdón en la cruz. El poder del perdón se encuentra, cuando recordamos cuánto nos perdonó el Señor y la deuda que tenemos ante Dios.
Nada que otros puedan hacernos se puede comparar con lo que nosotros le hemos hecho a Dios, nada que nosotros tengamos que perdonar es comparable con lo que Dios nos ha perdonado. Nuestros pecados causaron su muerte en la cruz. Para ser tratados con misericordia debemos ser misericordiosos. Oración.
Señor Jesucristo, tú me has perdonado tanto que derramaste tu preciosa sangre por mí, ayúdame a perdonar a cualquier persona que ha cometido pecado contra mí, porque ya me perdonaste, libérame del enojo y del resentimiento, Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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lunes, 3 de febrero de 2020

Ordenando nuestras prioridades


Ordenando nuestras prioridades

“Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta”, Mateo 25:6-10
Dios sólo nos da una tarea, que nos aseguremos que nuestras lámparas estén encendidas para la celebración, esto espiritualmente significa que debemos estar preparados manteniendo encendido el fuego del Espíritu Santo en nuestros corazones, para el día de su regreso. Las lámparas son una representación de nuestra vida y el aceite es la llenura del Espíritu y su fruto.
Mateo 5:14-16 nos dice que dejemos que las buenas acciones brillen a la vista de todos, para que alaben a nuestro Padre celestial. Somos responsables ante Dios de lo que decidimos hacer con nuestra vida y hay cosas que no podemos prestar a otras personas porque son intransferibles como nuestra salvación, nuestra fe y nuestras acciones hechas con amor y obediencia. Por eso, cada uno de nosotros debe responder por su relación con Dios, dar cuenta del tiempo que dedica para su preparación espiritual ya que ésta no puede comprarse ni prestarse a último minuto. Nuestra relación con Dios es propia.
Como en este relato, a veces pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo para hacer las cosas importantes y nos demoramos en hacerlas. ¿Cuántas veces no nos concentramos en lo que realmente vale la pena y perdemos oportunidades que ya no se repiten? Antes que sea tarde debemos decidir qué lugar le damos a Dios en nuestra vida. ¿Estamos listos para su segunda venida?, ¿estamos cuidando y respondiendo por nuestra familia?, ¿mostramos el amor de Dios, compartiendo el evangelio a esta generación?
Esforcémonos por vivir conforme a los principios de Dios, amándolo a Él y a nuestro prójimo, llenos de la plenitud del Espíritu y haciendo su voluntad en esta tierra. Ordenemos nuestras prioridades y estemos vigilantes anhelando el regreso de Cristo desempeñando fielmente nuestras responsabilidades. Oración.
Amado Señor Jesús ayúdame a ser prudente, a vivir una vida plena en el Espíritu, manteniendo encendido el fuego de tu presencia, viviendo en santidad y esperando tu regreso. Renueva mi vida, úngeme con aceite fresco, permíteme estar siempre en comunión contigo y cumpliendo con mis responsabilidades. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 2 de febrero de 2020

La unción divina. Parte 1


La unción divina. Parte 1

“Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes de que sea quitado de ti. Y él le respondió: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. Él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; más si no, no. Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino. Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes. Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán. Y tomando el manto, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo”
Ser ungido por Dios no es sólo ser elegido, sino ser revestido del poder de Dios, para realizar la tarea a la cual Él lo ha llamado. La unción proviene de Dios y fluye en un corazón quebrantado y humilde delante del Señor.
Leemos en la Biblia, Eliseo siguió y sirvió a Elías hasta el fin, y antes de que Elías fuera arrebatado por el Señor para ir al cielo, le dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes de que sea quitado de ti. Y él le respondió: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. Él le dijo: Cosa difícil has pedido.
¿Ese afable anhelo de Eliseo esta en nuestro corazón?
La unción requiere humildad. Eliseo fue lo suficientemente humilde para aprender de su maestro y pedirle una doble porción de su unción. Eliseo siguió los pasos de su maestro.
La Biblia dice que Eliseo alzó el manto de Elías e inmediatamente fue al Jordán, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo. Eliseo golpeó las aguas del Jordán de la misma manera que lo hizo Elías, y después resucitó un muerto utilizando el mismo método. El poder de Dios vino a reposar sobre la humildad de Eliseo para hacer el doble de milagros que había hecho Elías. Dios usa a unas personas más que a otras, porque son los suficientemente humildes para aprender de otros.
Dios no va ungir a nadie que no es capaz de agacharse, de doblegar la cerviz y recoger el mando que otro dejó tirado. El maestro Elías le enseño que el manto era para hacer milagros, no para jactarse del poder del mismo.
Hermano: ¿Quieres la unción de Dios sobre tu vida? Desarrolla en ti el carácter de Cristo. Y esa Unción nos capacita para llevar fruto, y fruto en abundancia. Oración.
Señor Jesús, examina mi corazón y consume todo rasgo de orgullo o prepotencia que pueda haber en mí, quiero aprender de ti que eres manso y humilde de corazón, quiero doblegar mi cerviz, para que tu santa unción repose sobre mi vida. Quiero doble porción de su Santo Espíritu. Te anhelo mi Señor. Amen. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 1 de febrero de 2020

El que busca constantemente a Dios está lleno de entusiasmo


El que busca constantemente a Dios está lleno de entusiasmo
“Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra. Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías hijo de Obed, cobró ánimo, y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en la parte montañosa de Efraín; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico de Jehová”, 2 Crónicas 15:7-8
El pueblo de Judá gobernado por Asa, se había mantenido por largo tiempo sin enseñanza espiritual y esto los había llevado a la idolatría y a la infidelidad con Dios. El Señor levanta al profeta Azarías con un mensaje de ánimo y exhortación para que salieran de su estado. Al oír la profecía el rey Asa reaccionó y dice la Palabra que “cobró ánimo”, en otras palabras fue confortado y se convirtió en un reformador, quitando los ídolos que habían llevado a su pueblo a cultos cananeos llenos de inmoralidad y a la decadencia espiritual, reparó el altar del templo para volver a la verdadera adoración.
A veces nos podemos sentir como el pueblo de Judá, cansados de nuestra rutina diaria, cansados de nuestro trabajo en la obra del Señor. Ese cansancio viene cuando nos enfrentamos a pruebas y perdemos la motivación de buscar a Dios y su Palabra y empezamos a actuar en nuestra carne. El problema es cuando otras cosas empiezan a ocupar el lugar de Dios y se vuelven nuestros ídolos. A veces nuestro mismo trabajo en la obra del Señor puede robarnos nuestra comunión con Dios, lo que es ilógico, porque la obra del Señor debemos hacerla llenos y controlados por el poder del Espíritu Santo, de lo contrario, será sólo activismo, un trabajo más y los resultados no son los de Dios.
El Señor, de alguna manera interviene para que seamos reconfortados y recuperemos nuestra comunión con Él, usando su Palabra que nos levanta el ánimo y nos recuerda que hay recompensa para nuestra obra. Así como el apóstol Pablo insta a que estemos firmes y constantes en la obra del Señor, diciéndonos: “Sabiendo que vuestro arduo trabajo en el Señor no es en vano” 1 Corintios 15:58.
Nunca debemos permitir que lo más importante, nuestra relación y comunión con Dios sea reemplazada por otra cosa. El Señor dice en Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
El secreto de Rut fue refugiarse en la presencia de Dios, por eso todo lo que hizo tuvo recompensa. Rut 2:12 “Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte”.
Cuando rendimos totalmente nuestra vida a Dios y dependemos de Él, nuestra vida tendrá una motivación permanente al escuchar su Palabra y al hacer su voluntad. Oración.
Padre mío, permíteme refugiarme bajo la sombra de tus alas, escuchar tu Palabra para que me des el ánimo que necesito para continuar con mi ardua tarea en esta tierra. Déjame oír de tu misericordia y de tu amor, hazme saber el camino por donde debo andar y enséñame a hacer tu voluntad porque tú eres mi Dios, tu Santo Espíritu me guíe cada día. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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viernes, 31 de enero de 2020

La diferencia entre la obediencia y la desobediencia


La diferencia entre la obediencia y la desobediencia
“Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama lo que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir”, 1 Samuel 2:22-25
“El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia. Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye”, 1 Samuel 3:1, 9-10
Qué gran diferencia entre los que entran a la presencia de Dios para oír y obedecer a Dios y aquellos que entran y no hacen caso a su voz y le desobedecen. Aquí hay un paralelo entre los hijos de Elí y el joven Samuel.
Los hijos de Elí no seguían las instrucciones dadas por Dios, servían en la carne, trataban las ofrendas con irreverencia y su conducta era inmoral dando mal ejemplo al pueblo, llevándolo a pecar. ¿Qué pasaba con ellos? No escuchaban la amonestación de su padre, que era el sacerdote en ese entonces, y vivían su vida espiritual a su manera, haciendo cosas desagradables delante de Dios.
Hay dos observaciones aquí, sobre Elí, que debemos tener en cuenta: la primera es que estaba viejo, cansado, le faltaba autoridad sobre sus hijos porque no los reconvenía para sacarlos de su error; y la segunda es que descuidó su comunión con Dios, no leía la Palabra y ya no tenía visión espiritual, por eso había ausencia y desconocimiento total del mensaje de Dios que lo llevó a una crisis espiritual.
Cuando nos alejamos de Dios y de su Palabra, es evidente que el fuego del Espíritu se apaga en nuestro interior y perdemos nuestra comunión, nuestra adoración, dejamos de escuchar su voz y no recibimos la revelación de su Palabra. ¿Cuántas veces dejamos para Dios lo que debemos hacer nosotros? La educación y la enseñanza a nuestros hijos es indelegable y Dios nos llamará a cuentas por ello.
Que diferencia la vida del pequeño Samuel, ministraba en la presencia de Dios, se deleitaba en ofrecer su mejor adoración y servía en el templo, quizás con tareas apropiadas a su edad, encendiendo las velas, cumpliendo diligencias, cerrando las puertas, etc. Pero todo lo hacía con amor y un corazón dispuesto.
El Señor vio a Samuel como un instrumento limpio que podía usar, por eso lo llamó tres veces y él responde tres veces “Heme aquí” y se presenta ante el sacerdote que se da cuenta que es Dios quien le está llamando y le enseña cómo debe contestar: “habla, que tu siervo escucha”. Cuán importante es disponernos para Dios, tener un corazón humilde para ser enseñados, escuchar su voz y ser iluminados por su Santo Espíritu para obedecer lo que nos dice.
Recordemos lo que dice el Salmo 25:14 “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”. El deseo de cada creyente y adorador de Dios debe ser reflejar la luz divina, siendo testimonio para otros. Oración.
Señor, es tiempo de levantarme y escuchar tu llamado, dispón mi corazón para ofrecerte la mejor adoración y poder llevar tu mensaje, porque estamos viviendo tiempos donde tu Palabra escasea y la visión está ausente, que mi boca no transmita lo que la gente quiere oír, sino lo que tú dices en tu Palabra. Aviva el fuego de tu Espíritu en mí para ser tan diligente como Samuel. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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jueves, 30 de enero de 2020

La principal piedra del ángulo Jesucristo mismo


La principal piedra del ángulo Jesucristo mismo

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”, Efesios 2:20-22
“Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en Él, no será avergonzado”, 1 Pedro 2:6
Todo el énfasis de estos versículos recae sobre la gloriosa persona de Jesucristo. No solamente nos dio salvación por medio de su sacrificio en la cruz, sino que también trajo la paz y creó un vínculo indisoluble con todos aquellos que hemos creído en Él. Derribó toda barrera que nos separaba de los judíos e hizo un sólo pueblo santo para que le honrara y le sirviera. Al ser unidos ambos en Cristo, hubo paz y no sólo por la existencia de una nueva posición, sino también porque algo nuevo había comenzado a existir. Algo que Pablo llamó: la iglesia.
La unidad verdadera la constituyen todos los que han sido redimidos y unidos en Cristo. Cuando ambos grupos, judíos y gentiles, vienen a la cruz como pecadores, son convertidos en una nueva creación, un nuevo hombre, el cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu Santo. La cruz disolvió todas las barreras que nos separaban de la presencia de Dios, como en el templo del Antiguo testamento donde habían divisiones y no se podía entrar al lugar santísimo. Cristo, con su muerte, retiró el velo y fue el Camino para llegar al Padre. «Porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.» Efesios 2:18.
Hoy el evangelio es predicado a judíos y no judíos, por eso el mensaje del amor de Dios revelado en Jesucristo, llega a todas las personas y a todas las naciones para que formemos parte de ese edificio espiritual que Dios está edificando. «Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.» Efesios 2:19-20.
Ahora, todos somos sus hijos y tenemos la misma ciudadanía en el cielo. El Señor Jesucristo, mismo siendo la principal piedra del ángulo, revela que Él es la Roca sobre la cual se edificó la Iglesia. El apóstol Pablo lo dijo en 1 Corintios 3:11: «Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo». Pedro también llamó a Jesucristo ‘la piedra angular’ sobre la cual su iglesia sería constituida. La obra todavía no ha sido terminada, por eso debemos seguir creciendo como el templo viviente del Señor y cada uno de nosotros, como piedras vivas, ser el templo permanente para Dios en el Espíritu, que está presente cada vez que nos congregamos. Nuestro deber es revelar la presencia y la gloria de Dios al mundo. Oración.
Señor Jesucristo, tú que eres la cabeza de la iglesia, te pido que todos los creyentes del mundo seamos fortalecidos en lo más íntimo de nuestro ser, para que comprendamos toda la dimensión de tu amor revelado por tu sacrificio en la cruz y que ahora nos permite estar unidos en un mismo Espíritu, en un edificio espiritual que tú construyes cada día en esta tierra, para manifestar tu amor y tu presencia al mundo. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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