sábado, 27 de enero de 2018

Transformados por los problemas

Transformados por los problemas
Pues los sufrimientos ligeros y pasajeros que ahora
Padecemos producen una gloria eterna que vale
Muchísimo más que todo sufrimiento.
2º Corintios 4:17 (NVI)

El fuego del sufrimiento hace relucir
el oro de la consagración.
Madame Guyon.

Dios tiene un propósito detrás de cada problema.

Él se vale de las circunstancias para desarrollar nuestro carácter. En efecto, Él depende más de las circunstancias para hacernos más como Jesús que de nuestra lectura de la Biblia. La razón es obvia: Enfrentas circunstancias veinticuatro horas al día.
Jesús nos advirtió que tendríamos problemas en el mundo. Nadie es inmune al dolor, nadie puede evitar el sufrimiento y nadie consigue deslizarse a través de la vida sin problemas. La vida es una serie de conflictos. Cada vez que logramos solucionar uno, hay otro esperando para ocupar su lugar. No todos son grandes, pero todos son significativos en el proceso de crecimiento de Dios para ti. Pedro nos asegura que los problemas son normales: “Queridos hermanos en Cristo, no se sorprendan de tener que afrontar problemas que ponen a prueba su confianza en Dios. Eso no es nada extraño”.
Dios usa los problemas para acercarte a Él. La Biblia dice: “El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado; libra a los que tienen el espíritu aplastado”. Tus experiencias de adoración más profundas probablemente ocurran en tus días más oscuros, cuando tu corazón esté destrozado, cuando te sientas abandonado, cuando ya no tengas opciones, cuando el dolor sea enorme: y sólo te quede recurrir a Dios. Durante el sufrimiento aprendemos a pronunciar nuestras oraciones más auténticas, más sentidas y más sinceras con Dios. Cuando estamos sufriendo, no tenemos energía para oraciones superfluas.
Joni Eareckson Tada escribió: “Cuando la vida es color rosa, podemos deslizarnos por ella sabiendo de Jesús, imitándolo, citándolo y hablando de Él. Pero sólo durante el sufrimiento lo conocemos”. En los momentos de sufrimiento aprendemos cosas acerca de Dios que no podríamos de otra manera.
Dios pudo haber evitado que José fuera a la cárcel, que a Daniel lo pusieran en el foso de los leones, que a Jeremías lo echaran en la mazmorra, que Pablo naufragara tres veces, y que los tres jóvenes hebreos fueran echados en el horno de fuego; pero no lo hizo. Dios permitió que esos problemas sucedieran y, como resultado, esas circunstancias acercaron a cada uno de ellos a Dios.
Los problemas nos obligan a mirar a Dios y a depender de Él más que de nosotros mismos. Pablo testificó de este beneficio: “Nos pareció que estábamos ya sentenciados a muerte y vimos lo inútiles que éramos para escapar; pero eso fue lo bueno, porque entonces lo dejamos todo en las manos del único que podía salvarnos: Dios”. Nunca sabrás que Dios es todo lo que necesitas hasta que Él sea todo lo que tengas.
Sin considerar la causa, ninguno de tus problemas podrían suceder si Dios no lo permite. Todo lo que le pase a un hijo de Dios es filtrado por el Padre, y Dios piensa usarlo para bien, aun cuando la intención de Satanás y otros sea para el mal.
Porque Dios es el soberano que todo lo controla, los accidentes son sólo incidentes en el buen plan que tiene para ti. Como todos los días de tu vida se escribieron en el calendario de dios desde antes de que nacieras, todo lo que te pasa tiene significado espiritual. ¡Todo! Romanos 8:28-29 explica por qué: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo”.

CÓMO ENTENDER ROMANOS 8:28-29
Este es uno de los pasajes bíblicos más mal citados y mal entendidos de la Biblia. No dice: “Dios hace que todo suceda como yo quiero”. Obviamente eso no es cierto. Tampoco dice: “Dios hace que todo suceda para tener un final feliz sobre la tierra”. Eso tampoco sería verdad. Hay muchos finales infelices sobre la tierra.
Vivimos en un mundo caído. Sólo en el cielo se hace todo perfectamente con Dios quiere. Por eso se nos dice que oremos: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Para entender cabalmente Romanos 8:28-29 debes considerar frase por frase.
“Sabemos”: Nuestra esperanza en los tiempos difíciles no se basa en el pensamiento positivo, la expresión de buenos deseos o en un optimismo natural. Es una certeza basada en las verdades siguientes: que Dios tiene el control completo de nuestro universo y que nos ama.
“...que Dios dispone...”: Hay un Gran Diseñador detrás de todo. Tu vida no es el resultado de una opción aleatoria, el destino o la suerte. Hay un plan maestro. La historia es su historia. Dios ejerce su influencia. Nosotros cometemos errores, pero Él nunca yerra. Dios no puede equivocarse porque es Dios.
“...todas las cosas...”: El plan de Dios para tu vida involucra todo lo que te pasa, incluyendo tus errores, pecados y heridas. La enfermedad, las deudas, los desastres, el divorcio y la muerte de los seres queridos. Dios puede producir algo bueno del peor mal. Ya lo hizo en el Calvario.
“...para...”: No separada o independientemente. Los acontecimientos de tu vida obran juntos en el plan de dios. No son actos aislados, sino partes interdependientes del proceso para hacerte como Cristo. Para hacer un pastel usas harina, sal, huevos crudos, azúcar y aceite. Si se comen por separado, cada ingrediente es bastante desagradable o incluso amargo. Pero al cocinarlos juntos se vuelven deliciosos. Si pones en las manos de Dios todas tus experiencias, tristes y desagradables, Él las mezclará para el bien.
“...el bien...”: Esto no dice que todo en la vida sea bueno. Mucho de lo que pasa en nuestro mundo es vil y malo, pero Dios se especializa en producir algo bueno de todo lo que pase. En el árbol genealógico oficial de Jesucristo, figuran cuatro mujeres en la lista: Tamar; Rahab, Rut y Betsabé. Tamar sedujo a su suegro para quedar embarazada. Rahab era una prostituta. Rut ni siquiera era judía y quebrantó la ley casándose con un hombre judío. Betsabé cometió adulterio con David, que resultó ser el asesino de su marido. Estas mujeres no se destacaban precisamente por su buena reputación, pero Dios produjo lo bueno de lo que era malo, y Jesús vino de ese linaje. El propósito de dios está por encima de nuestros problemas, de nuestro dolor o incluso de nuestro pecado.
“...de quienes aman (a Dios), los que han sido llamados...”: Esta promesa es sólo para los hijos de Dios. No es para todos. Todas las cosas obran para el mal de los que viven oponiéndose a Dios e insisten en hacer lo que quieren.
“...de acuerdo con su propósito...”: ¿Cuál es ese propósito? Que seamos “a imagen de su Hijo”. Todo lo que Dios permite que pase en tu vida, ¡lo permite para cumplir con ese propósito!

CÓMO FORJAR UN CARÁCTER SEMEJANTE AL DE CRISTO
Somos como joyas talladas con el martillo y el cincel de la adversidad. Si el martillo de un joyero no tiene la fuerza suficiente para limar nuestras asperezas, Dios usará su mazo. Si realmente somos tercos, utilizará un taladro. Empleará cualquier cosa que tenga que usar.
Todos los problemas son una oportunidad para forjar el carácter, y cuanto más difícil sea, mayor será el potencial para construir el músculo espiritual y la fibra moral. Pablo dijo: “Sabemos que el sufrimiento produce paciencia. Y la paciencia, entereza de carácter”. Lo que pasa fuera de tu vida no es tan importante como lo que sucede dentro. Las circunstancias son temporales, pero tu carácter durará para siempre.
A menudo la Biblia compara las pruebas con el fuego de una refinería de metales que funde las sustancias para quitar las impurezas. Pedro dijo: “Estos problemas vienen a demostrar que su fe es pura. Esta fe vale mucho más que el oro”. A un platero le preguntaron: “¿Cómo sabe usted cuándo la plata es pura?” Él contestó “Cuando me veo reflejado en ella”. Una vez que has sido refinado por las pruebas, la gente puede ver reflejado a Jesús en ti. Santiago dijo: “Bajo la presión, su vida de fe queda al descubierto y muestra sus colores verdaderos”.
YA QUE LA INTENCIÓN DE DIOS ES HACERTE COMO JESÚS, TE LLEVARÁ A TRAVÉS DE LAS MISMAS EXPERIENCIAS QUE ATRAVESÓ SU HIJO, INCLUIDAS LA SOLEDAD, LA TENTACIÓN, EL ESTRÉS, LA CRÍTICA, EL RECHAZO Y MUCHOS OTROS PROBLEMAS. LA BIBLIA AFIRMA QUE JESÚS “APRENDIÓ LA OBEDIENCIA POR LO QUE PADECIÓ” Y “FUE PERFECCIONADO POR EL SUFRIMIENTO”. ¿POR QUÉ HABRÍA DE EXIMIRNOS DIOS DE LO QUE ÉL MISMO LE PERMITIÓ EXPERIMENTAR A SU PROPIO HIJO? PABLO DIJO:”NOSOTROS PASAMOS EXACTAMENTE POR LO MISMO QUE ATRAVIESA CRISTO. ¡SI PASAMOS POR TIEMPOS DIFÍCILES CON ÉL, ENTONCES SEGURAMENTE PASAREMOS POR LOS TIEMPOS BUENOS CON ÉL!”.CÓMO ENFRENTAR LOS PROBLEMAS COMO CRISTO
Los problemas no producen automáticamente los resultados que Dios quiere. Muchas personas se vuelven amargadas, en vez de mejorar, y nunca crecen. Tú tienes que responder de la manera en que Jesús lo hubiera hecho.
Recuerda que el plan de Dios es bueno. Dios sabe lo que es mejor para ti y en su corazón tiene presente tus mejores intereses. Dios le dijo a Jeremías: “Los planes que tengo para ti (son) planes para prosperarte y no para dañarte, planes para darte esperanza y un futuro”. José entendió esta verdad cuando le dijo a sus hermanos que lo habían vendido como esclavo: “Ustedes pensaron dañarme, pero Dios lo pensó para bien”. Ezequías se hizo eco del mismo sentimiento al referirse a su enfermedad mortal: “Fue por mi propio bien que yo pasé ese tiempo tan difícil”. Siempre que Dios te diga no a tu pedido de alivio, recuerda: “Dios está haciendo lo mejor para nosotros, entrenándonos para vivir para Él de la mejor y más santa manera”.
Es vital que te concentres en el plan de Dios, no en tu dolor o en tu problema. Así es cómo Jesús soportó el dolor de la cruz, y así se nos insta a seguir su ejemplo: “Mantengamos fijos los ojos en Jesús que, sin importarle lo oprobioso de tal muerte, estuvo dispuesto a morir en la cruz porque sabía el gozo que tendría después”. Corrie ten Boom, que estuvo recluida y sufriendo en un campo de concentración nazi, explicó el poder del pensamiento concentrado: “Si miras al mundo, te afligirás. Si miras tu interior, te deprimirás. Pero si miras a Cristo, ¡reposarás!” tu enfoque determina tus sentimientos. El secreto de la paciencia es recordar que tu dolor es temporal, pero tu recompensa eterna. Moisés soportó una vida de problemas “porque tenía la mirada puesta en la recompensa”. Pablo resistió las penalidades de la misma manera. Él dijo: “Nuestros problemas presentes son bastante pequeños y no durará mucho tiempo. ¡Sin embargo producen para nosotros una gloria inmensamente grande que durará para siempre!”.
No cedas ante el pensamiento a corto plazo. Mantén tu mirada enfocada en el resultado final: “Si hemos de compartir su gloria, también debemos compartir su sufrimiento. Lo que sufrimos ahora no es nada comparado con la gloria que Él nos dará después”.
Regocíjate y da gracias. La Biblia nos dice: “den gracias a Dios en toda situación, porque esta es la voluntad para ustedes en Cristo Jesús”. ¿Cómo es posible eso? Considera que Dios nos dice que demos gracias “en todas las circunstancias”, no “por todas las circunstancias”. Dios no espera que le agradezcas por el mal, el pecado, el sufrimiento o por sus consecuencias dolorosas en el mundo. En cambio, quiere que le agradezcas porque usará tus problemas para cumplir sus propósitos.
La Biblia dice: “Alégrense siempre en el Señor”. No dice: “Alégrense por su dolor”. Eso es masoquismo. Te regocijas “en el Señor”. No importa qué problemas estés pasando, puedes regocijarte en el amor de Dios, su cuidado, su sabiduría, su poder y fidelidad, Jesús dijo: “Alégrense, salten de alegría, porque en el cielo obtendrán una gran recompensa”.
También podemos alegrarnos al saber que Dios está con nosotros en medio del dolor. No servimos a un Dios distante y aislado que nos dispara frases alentadoras desde un flanco seguro. Todo lo contrario, Él entra en nuestro sufrimiento. Jesús lo hizo en la Encarnación, y su Espíritu lo hace ahora en nosotros. Dios nunca nos dejará solos.
Niégate a darte por vencido. Sé paciente y persistente. La Biblia dice: “Dejen que el proceso continúe hasta que su paciencia se desarrolle totalmente, y encontrarán que se han vuelto como un hombre de carácter maduro... sin debilidades”.
La formación del carácter es un proceso lento. Siempre que tratemos de evitar o eludir las dificultades de la vida, hacemos cortocircuito en el proceso, retardamos nuestro crecimiento y realmente terminamos sufriendo una clase de dolor que es peor: el tipo de dolor sin sentido que acompaña la negación y la evasión.
Cuando asumes las consecuencias eternas del desarrollo de tu carácter, no pronuncias tanto oraciones del tipo “Consuélame” (“Ayúdame a sentirme bien”), sino que tus oraciones serán más bien “Adáptame” (“Usa esto para hacerme más como tú”).
Sabrás que estás en proceso de maduración cuando empieces a ver la mano de Dios en las circunstancias más variadas, confusas y aparentemente vanas de la vida.
Si estás enfrentando un problema ahora mismo, no preguntes: “¿Por qué a mí?”. Pregunta en cambio: “¿Qué quieres que aprenda?” Después confía en Dios y sigue haciendo lo que es correcto. “ustedes necesitan mantenerse firmes, permaneciendo en el plan de Dios para poder estar allí cuando tenga lugar la plenitud prometida”.
No te des por vencido: ¡Madura!

DÍA VEINTICINCO
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Hay un propósito detrás de cada problema.

Versículo para recordar: “Ahora bien, sabemos que dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”. Romanos 8:28 (NVI).


Pregunta para considerar: ¿Qué problema en mi vida me ha permitido crecer más?

viernes, 26 de enero de 2018

Transformados por la verdad

Transformados por la verdad

“La gente necesita más que pan para vivir; y deben
Alimentarse con cada Palabra de Dios”.
Mateo 4:4 (BAD)

“Ahora los encomiendo a Dios y al mensaje de su
Gracia, mensaje que tiene poder para transformarles
y darles herencia”.
Hechos 20:32 (NVI).

La verdad te transforma.

El crecimiento espiritual es el proceso que reemplaza las mentiras con la verdad. Jesús oró: “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad”. Para la santificación se requiere revelación. El Espíritu de Dios utiliza la Palabra de Dios para hacernos como el Hijo de Dios. Para llegar a ser como Jesús, debemos llenar nuestras vidas de su Palabra. La Biblia dice: “Por medio de la Palabra somos reunidos y formados para las tareas que Dios tiene para nosotros”
La Palabra de Dios es diferente a cualquier otra palabra. Es viva. Jesús dijo: “Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida”. Cuando Dios habla, las cosas cambian. Todo alrededor de ti toda la creación¾ existe porque “Dios lo dijo”. Él habló e hizo que todo existiera. Sin la palabra de Dios ni siquiera estarías vivo. Santiago señala: “Dios decidió darnos vida por medio de la palabra de verdad para que podamos ser lo más importante de todas las cosas que Él hizo”.
La Biblia es mucho más que una guía doctrinal. ¡Genera vida, crea fe, produce cambios, asusta al diablo, realiza milagros, sana heridas, edifica el carácter, transforma las circunstancias, imparte alegría, supera la adversidad, derrota la tentación, infunde esperanza, libera poder, limpia nuestras mentes, hace que las cosas existan y garantiza nuestro futuro para siempre! ¡Aleluya! ¡No podemos vivir sin la Palabra de Dios! Nunca la menosprecies. Debemos considerarla tan esencial para nuestra vida como la comida. Job dice: “En lo más profundo de mi ser he atesorado las palabras de su boca”.
La Palabra de Dios es el alimento espiritual que debes tener para cumplir tu propósito. A la Biblia se le llama nuestra leche, pan, comida sólida y postre. Esta comida de cuatro platos es el menú del Espíritu para la fortaleza y el crecimiento espiritual. Pedro nos advierte: “Deseen con ansias la leche pura de la palabra... Así, por medio de ella, crecerán en su salvación”.

PERMANECE EN LA PALABRA DE DIOS
Nunca hubo tantas Biblias impresas como hoy; sin embargo, una en una repisa no tiene ningún valor. Millones de creyentes sufren anorexia espiritual, mueren de hambre por causa de desnutrición espiritual. Para ser un discípulo robusto de Jesús, alimentarte de la Palabra de Dios debe ser tu prioridad. Jesús usó la palabra “permanecer” para referirse a eso. Él dijo: “Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos”. En la vida diaria, permanecer en la Palabra de Dios implica tres acciones.
Debo aceptar su autoridad. La Biblia debe llegar a ser la guía de autoridad de mi vida: la brújula en la que confío como mi guía, el consejo que escucho para tomar decisiones sabias y la referencia para evaluar todo. La Biblia debe ser la primera y la última palabra en mi vida.
Muchos de nuestros problemas ocurren porque fundamentamos nuestras decisiones basadas en factores de autoridad no confiable: la cultura (“todos lo hacen”), la tradición (“siempre lo hemos hecho así”), la razón (“parecía lógico”), o la emoción (“sentíamos que era lo correcto”). Estos cuatro factores son defectuosos por causa de la caída. Lo que necesitamos es una norma perfecta que nunca nos guíe en la dirección equivocada. Sólo la Palabra de Dios satisface esa necesidad. Salomón nos recuerda: “Toda palabra de Dios es digna de crédito”, y Pablo explica: “La Biblia entera nos fue dada por inspiración de Dios y es útil para enseñarnos la verdad, hacernos comprender las faltas cometidas en la vida y ayudarnos a llevar una vida recta”.
En los primeros años de su ministerio, Billy Graham, pasó un tiempo luchando con sus dudas acerca de la exactitud y autoridad de la Biblia. Una noche cayó sobre sus rodillas y con lágrimas le dijo a Dios que, a pesar de los pasajes confusos que no entendía, desde ese momento en adelante confiaría completamente en la Biblia como la única autoridad para su vida y ministerio. A partir de ese día, la vida de Billy fue bendecida con un poder y una eficacia sin precedentes.
La decisión más importante que puedes tomar hoy es resolver el asunto de cuál ha de ser la autoridad absoluta para tu vida. Opta por la Biblia como la máxima autoridad, a pesar de la cultura, la tradición, la razón o la emoción. Cuando tengas que tomar decisiones, proponte hacer primero esta pregunta: “¿Qué dice la Biblia?” Resuelve que cuando Dios te pida que hagas algo, confiarás en la Palabra de Dios y lo harás, tenga sentido o no, aunque no tengas ganas de hacerlo. Adopta la declaración de Pablo como tu afirmación personal de fe: “Estoy de acuerdo con todo lo que enseña la ley y creo lo que está escrito en los Profetas”.
Debo asimilar su verdad. No basta con sólo creer en la Biblia, debo llenar mi mente de ella para que el Espíritu Santo pueda transformarme con la verdad. Hay cinco maneras de hacerlo: Puedes recibirla, leerla, investigarla, recordarla, y reflexionarla.
Primero, recibes la Palabra de Dios cuando la escuchas y la aceptas con una mentalidad y una actitud receptiva. La parábola del sembrador ilustra cómo nuestra receptividad determina si la Palabra de Dios se arraiga en nuestras vidas y lleva fruto o no. Jesús identificó tres actitudes de rechazo: una mente cerrada (la tierra dura), una mente superficial (la tierra poco profunda), y una mente distraída (la tierra con hierbas malas), y luego dijo: “Pongan mucha atención”.
Cuando sientas que no estás aprendiendo nada de un sermón o de un maestro de la Biblia, debes analizar tu actitud, considerando en especial el orgullo, porque Dios puede hablarte incluso a través del maestro más aburrido cuando eres humilde y receptivo. Santiago aconseja “que puedan recibir con humildad (modestia, mansedumbre) la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida”.
Segundo, durante la mayor parte de la historia de dos mil años de la iglesia, sólo los sacerdotes podían leer la Biblia, pero ahora miles de millones de personas tienen acceso a ella. A pesar de esto, muchos creyentes son más fieles a la lectura diaria de su periódico que de sus Biblias. Nadie debería sorprenderse de por qué no crecemos. No esperemos crecer si leemos la Biblia tres minutos después de ver televisión tres horas.
Muchos que presumen de creer en la Biblia “de tapa a tapa”, nunca la han leído completa. Pero si tan sólo la lees quince minutos diarios, la leerás completa una vez al año. Si dejas de ver un programa de televisión treinta minutos por día y lees tu Biblia en cambio, al cabo de un año la habrás leídos dos veces.
La lectura diaria de la Biblia te mantendrá al alcance de la voz de Dios. Por eso Dios instruyó a los reyes de Israel que mantuvieran siempre cerca una copia de su Palabra: “Esta copia la tendrán siempre a su alcance y la leerán todos los días de su vida”. Pero no la guardes simplemente cerca, ¡léela regularmente! Una herramienta sencilla para esto es un plan diario de lectura bíblica. Así evitarás saltar arbitrariamente de una parte de la Biblia a otra y pasar por alto algunas secciones.
Tercero, la investigación, o el estudio de la Biblia, es otra manera práctica de permanecer en la Palabra. La diferencia entre la lectura y el estudio de la Biblia implica dos actividades adicionales: formularse preguntas acerca del texto y anotar tus ideas. En realidad no has estudiado la Biblia a menos que hayas tomado nota de tus pensamientos en el papel o en la computadora.
El espacio en este libro no me permite explicar los diferentes métodos para el estudio bíblico. Hay varios libros útiles al respecto, incluyendo uno que escribí hace más de veinte años. El secreto para un buen estudio de la Biblia radica en aprender a plantearse simplemente las preguntas correctas. Los distintos métodos emplean preguntas diferentes. Descubrirás mucho más si te detienes y haces preguntas tan sencillas como: ¿quién? ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué? Y ¿cómo? La Biblia dice: “Verdaderamente felices son las personas que estudian cuidadosamente la perfecta ley de Dios que las hace libres, y la siguen estudiando. Ellas no se olvidan lo que oyeron, sino que obedecen lo que dice la enseñanza de Dios. Los que hacen esto serán felices”.
La cuarta manera de permanecer en la Palabra de Dios es recordándola. Tu capacidad para recordar es un regalo de Dios. Es posible que pienses que tienes una memoria pobre, pero la verdad es que memorizas millones de ideas, verdades, hechos y cifras. Recuerdas lo que es importante para ti. Si consideras relevante la Palabra de Dios, dedicarás tiempo para recordarla.
Los beneficios de memorizar los versículos de la Biblia son enormes. Te ayudará a resistir la tentación, a tomar decisiones sabias, a reducir la tensión, a edificar confianza, a brindar buenos consejos y a compartir tu fe con otros.
Tu memoria es como un músculo. Cuanto más la uses, tanto más sólida llegará a ser, y la memorización de las Escrituras será más fácil. Podrías empezar seleccionando algunos versículos de la Biblia de este libro que te haya llegado al corazón, escribiéndolos en una pequeña tarjeta para llevarla contigo. Después repásalos en voz alta a lo largo del día. Puedes memorizar las Escrituras en cualquier lugar: mientras trabajas, haces ejercicio físico, conduces tu auto o esperas, o a la hora de acostarte. Hay tres claves para memorizarlas: ¡repasar, repasar y repasar! La Biblia dice: “Mantengan vívidas en su memoria las enseñanzas de Cristo y permitan que sus palabras enriquezcan sus vidas y los hagan sabios”.
La quinta manera de permanecer en la Palabra de Dios es reflexionar en lo que nos dice, lo que la Biblia llama “meditación”. Para muchos, la idea de meditar evoca poner su mente en blanco y divagar. La meditación bíblica es exactamente todo lo contrario. Consiste en concentrar el pensamiento. Exige un esfuerzo serio. Eliges un versículo y reflexionas en él una vez tras otra.
Como mencioné en el capítulo 11, si sabes cómo preocuparte, ya sabes meditar. La preocupación es el pensamiento concentrado en algo negativo. La meditación es hacer lo mismo, sólo que te enfocas en la Palabra de Dios más que en tu problema.
Ningún otro hábito puede hacer más por transformar tu vida para que te parezcas más a Jesús que la reflexión diaria en las Escrituras. Mientras dedicamos tiempo para contemplar la verdad de Dios, reflexionamos a conciencia en el ejemplo de Cristo, somos “transformados a su semejanza con una gloria cada vez mayor”.
Si buscas en la Biblia todas las veces que Dios se refiere a la meditación, te asombrará descubrir los beneficios que Él ha prometido a los que dedican tiempo para reflexionar en su Palabra durante el día. Una de las razones por las que Dios llamó a David “un hombre según mi corazón” es porque le agradaba reflexionar en la Palabra de Dios. Él dijo: “Los preceptos del Señor... me alegran el corazón”. La reflexión minuciosa sobre la verdad de Dios es una llave a la oración contestada y el secreto de una vida victoriosa.
Debo aplicar sus principios. Es completamente inútil recibir, leer, investigar, recordar y reflexionar en la Palabra si no la ponemos en práctica. Debemos llegar a ser “hacedores de la Palabra” Este es el paso más difícil de todos, porque Satanás lucha intensamente. A él no le molesta que vayamos a los estudios bíblicos con tal de que no hagamos nada de lo que aprendemos.
Nos engañamos cuando pensamos que simplemente porque hemos oído, leído o estudiado una verdad, la hemos integrado a nuestra vida. En la actualidad puedes estar tan ocupado yendo a la próxima clase o seminario o conferencia bíblica que no tienes tiempo para poner en práctica lo que aprendiste. Olvidas lo aprendido mientras vas camino a tu próximo estudio. Sin aplicación, todos nuestros estudios bíblicos carecen de valor. Jesús dijo: “Todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca”. Jesús también enseñó que la bendición de Dios viene por obedecer la verdad, no sólo por conocerla. Él dijo: “Ahora que saben estas cosas, serán dichosos si las ponen en práctica”.
Otra razón por la que evitamos la puesta en práctica de la Palabra de Dios es que puede ser difícil o incluso dolorosa. La verdad nos liberará, ¡pero antes puede hacernos sentir miserables! La Palabra de Dios saca a la luz nuestros motivos, señala nuestros defectos, reprocha nuestro pecado y espera que cambiemos. Como está en nuestra naturaleza humana resistirnos al cambio, poner en práctica la Palabra de Dios es un trabajo arduo. Por eso es tan importante dialogar con otras personas acerca de su aplicación personal.
No puedo exagerar la importancia que tiene formar parte de un pequeño grupo de estudio bíblico. Siempre aprendemos de otros las verdades que nunca aprenderíamos solos. Otras personas te ayudan a ver cosas que pasas por alto, así como a poner en práctica la verdad de Dios.
La mejor manera para llegar a ser un “hacedor de la Palabra” es escribir siempre un paso de acción como resultado de la lectura, estudio o reflexión sobre la Palabra de Dios. Desarrolla el hábito de anotar exactamente lo que piensas hacer. Este paso de acción debe ser personal (involucrándote tú mismo), práctico (algo que puedes hacer), y comprobable (con plazo límite para hacerlo). Todas las medidas prácticas deben involucrar tu relación con Dios, tu relación con otros o tu carácter personal.
Antes de leer el próximo capítulo, dedica unos minutos para pensar en esta pregunta: ¿Qué es lo que ya te dijo Dios en su Palabra que tienes que hacer y que aún no has comenzado? Luego anota algunas declaraciones de acción para ayudarte a poner en práctica lo que sabes que debes hacer. Podrías contarle a un amigo lo que te propusiste hacer para rendirle cuentas. Como dijo D.L. Moody: “La Biblia no fue dada para aumentar nuestro conocimiento, sino para cambiar nuestra vida”.

Los preceptos del Señor... me alegran el corazón.

DÍA VEINTICUATRO
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: La verdad me transforma.

Versículo para recordar: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdadera-
Mente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Juan 8:31-32 (RVR60).

Pregunta para considerar: ¿Qué es lo que ya me ha dicho Dios en su Palabra, que

Todavía no he empezado a hacer?

Canto "No Solo De Pan Vive El Hombre" - Dayana Silva

jueves, 25 de enero de 2018

Cómo crecemos

Cómo crecemos

Dios quiere que crezcamos hasta ser
en todo como... Cristo
Efesios 4:15 (PAR)

Así ya no seremos niños.
Efesios 4:14 (NVI)

Dios quiere que crezcas.

La meta de nuestro Padre celestial es que maduremos y desarrollemos las características de Jesucristo. Lamentablemente, millones de cristianos envejecen pero nunca maduran. Están atascados en una infancia espiritual perpetua, permanecen en pañales y zapatitos de lana porque nunca tuvieron la intención de crecer.
El crecimiento espiritual no es automático. Requiere compromiso intencional. Debes desear crecer, decidir crecer, hacer un esfuerzo por crecer y persistir en el crecimiento. El discipulado, el proceso de convertirnos más semejantes a Cristo, siempre empieza con una decisión. Jesús nos llama, y nosotros respondemos: “Jesús le dijo: “Ven, sé mi discípulo”. Así que Mateo se levantó lo siguió”.
Cuando los primeros discípulos decidieron seguir a Jesús, no entendieron todo el alcance de su decisión. Simplemente respondieron a la invitación del Maestro. Eso es lo único que se necesita para empezar: decidir convertirse en discípulo.
Nada le da más forma a tu vida que los compromisos que asumas. Ellos pueden servir para tu desarrollo o destrucción, pero en ambos casos te definirán. Dime con qué estás comprometido, y te diré lo que serás en veinte años. Llegamos a ser lo que nos comprometemos ser.
Llegado ese momento de compromiso, la mayoría de las personas pierden el propósito de Dios para sus vidas. Muchas temen comprometerse con algo y simplemente vagan sin rumbo por la vida. Otras, sin mucho entusiasmo se comprometen con valores incompatibles y acaban en la frustración y la mediocridad. Otra asume un compromiso total con metas mundanas, tales como llegar a ser ricas o famosas, sólo para terminar defraudadas y amargadas.
Como todo lo que se elige hacer tiene consecuencias eternas, será mejor que elijas con sabiduría. Pedro advierte: “Ya que todo lo que nos rodea será consumido por el fuego, ¡qué vidas santas y piadosas deberíamos vivir!.
El papel de Dios y el tuyo. Ser semejante a Cristo es el resultado de que tomes las mismas decisiones que Él y depender de su Espíritu para ayudarte a cumplir con tus decisiones. En cuanto decidas con seriedad llegar a ser semejante a Cristo, deberás empezar a actuar de una manera nueva. Tendrás que abandonar algunas rutinas viejas, desarrollar hábitos nuevos y cambiar intencionalmente tu manera de pensar. Podrás estar seguro de que el Espíritu Santo te ayudará con tales cambios. La Biblia dice: “Lleven a cabo su salvación con temor y temblor; pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”.
Este versículo muestra las dos partes del crecimiento espiritual: “lleven a cabo” y “producir” es el papel que desempeña Dios. El crecimiento espiritual es un esfuerzo de colaboración entre nosotros y el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios trabaja con nosotros, no simplemente en nosotros.
Este versículo, escrito para los creyentes, no se refiere a cómo ser salvos sino a cómo crecer. No dice “trabajen para” su salvación, porque no se puede agregar nada a lo que Jesús ya hizo. Durante un entrenamiento físico “trabajamos”, realizando ejercicios físicos para desarrollar el cuerpo, no para conseguir un cuerpo.
Cuando armas un rompecabezas, cuentas con todas las piezas: nuestra tarea es armar el rompecabezas. Los granjeros “trabajan” la tierra, no para conseguir la tierra sino para desarrollar la que ya tienen. Dios nos ha dado una nueva vida; ahora somos responsables de desarrollarla “con temor y temblor”. Eso quiere decir que ¡tenemos que tomar nuestro crecimiento espiritual en serio! Cuando las personas toman de manera trivial su crecimiento espiritual, eso muestra que no han entendido los alcances eternos de su decisión (como vimos en los capítulos 4 y 5).
Cambia tu piloto automático. Para cambiar tu vida debes cambiar tu manera de pensar. Detrás de todo lo que haces hay pensamientos. Toda conducta es motivada por una creencia y toda acción es incitada por una actitud. Dios reveló esto miles de años antes de que los psicólogos lo entendieran: “Tengan cuidado de cómo piensan; la vida es modelada por sus pensamientos”.
Imagina un paseo en un bote con motor en un lago, con el piloto automático puesto en dirección hacia el este. Si decides dar vuelta atrás y dirigirte al oeste, tienes dos posibles maneras de cambiar el rumbo del barco. Una es tomar el timón y físicamente obligarlo a que se dirija en la dirección opuesta a la que señala el programa del piloto automático. A pura fuerza de voluntad podrías vencer al piloto automático, pero sentirías la resistencia todo el tiempo. Finalmente tus brazos se cansarían de la tensión, soltarías el timón y el barco retomaría inmediatamente el rumbo en dirección al este, de acuerdo con su programación interna.
Esto es lo que sucede cuando tratas de cambiar tu vida a fuerza de voluntad. Dices: “Me obligaré a comer menos... haré más ejercicio. Dejaré de ser desorganizado y de ser impuntual”. Sí, tu fuerza de voluntad puede producir un cambio a corto plazo, pero crea una tensión interior constante porque no has tratado la causa desde su raíz. El cambio no se siente como algo natural, así que finalmente te rendirás, abandonarás la dieta, y dejarás de hacer ejercicios. Rápidamente volverás a tus viejos patrones.
Hay una mejor y más fácil manera. Cambia el piloto automático: tu manera de pensar. La Biblia dice: “Dejen que Dios los transforme en una nueva persona, cambiando su forma de pensar”. El primer paso en el crecimiento espiritual es empezar por cambiar la manera de pensar. El cambio siempre comienza en la mente. La manera en que pienses determinará cómo te sientes, y cómo te sientes influirá en cómo actúas. Pablo dijo: “Debe haber una renovación espiritual de sus pensamientos y actitudes”.
Para ser como Cristo debes desarrollar en ti su mente. El Nuevo Testamento llama a este cambio mental arrepentimiento, que en el griego literalmente significa “cambiar tu mentalidad”. Te arrepientes siempre que cambias tu manera de pensar y adoptas la manera de pensar de Dios: con respecto a ti mismo, al pecado, a Dios, a otras personas, a la vida, a tu futuro, y a todo lo demás. Asumes la actitud de Cristo y su perspectiva.
Se nos manda que pensemos “del mismo modo en que pensaba Cristo Jesús”. Este mandamiento tiene dos facetas. La primera faceta de este cambio mental consiste en dejar de los pensamientos inmaduros, que son egoístas. La Biblia dice: “Dejen de pensar como los niños. Sean niños en la malicia, pero sean adultos en su forma de pensar”. Los niños son por naturaleza completamente egoístas. Sólo piensan en sí mismos y en sus propias necesidades. Son incapaces de dar; sólo pueden recibir. Tienen una manera de pensar inmadura. Por desgracia, muchas personas nunca de desarrollan más allá de ese nivel. La Biblia dice que esta manera egoísta de pensar es el origen de conductas pecaminosas: “Los que viven siguiendo sus egos pecaminosos sólo piensan en las cosas que su ego pecaminoso desea”.
La segunda faceta para pensar como Jesús consiste en que empieces a meditar con madurez, enfocándote en otros, no en ti mismo. En su gran capítulo sobre el amor verdadero, Pablo concluyó que pensar en los demás era la señal de madurez: “Cuando yo era un niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño”.
En la actualidad, muchos suponen que la madurez espiritual se mide por la cantidad de información bíblica y doctrina que uno sepa. Si bien el conocimiento es una medida de la madurez, no es todo lo que se necesita. La vida cristiana es mucho más que credos y convicciones; incluye conducta y carácter. Nuestros hechos deben ser congruentes con nuestros credos, y nuestras creencias deben ser respaldadas con una conducta semejante a la de Cristo.
El cristianismo no es una religión, ni una filosofía, sino una relación y un estilo de vida. El centro de ese estilo de vida en pensar en los demás, como lo hizo Jesús, en lugar de pensar en nosotros mismos. La Biblia dice: “Nosotros debemos pensar en el bien de ellos e intentar ayudarlos haciendo lo que les agrada. Ni siquiera Cristo intentaba agradarse”.
Pensar en los demás es la esencia de ser semejantes a Cristo y la mejor evidencia del crecimiento espiritual. Esta manera de pensar es antinatural, va en contra de nuestra cultura, es rala y difícil. Afortunadamente tenemos ayuda: “Dios nos ha dado su Espíritu. Por eso nosotros no pensamos igual que las personas de este mundo”. En los siguientes capítulos miraremos las herramientas que el Espíritu Santo usa para ayudarnos a crecer.

DÍA VEINTITRES
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Nunca es demasiado tarde para empezar a crecer.

Versículo para recordar: “Cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir; lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”. Romanos 12:2 (DHH)


Pregunta para considerar: ¿Cuál es una de las áreas donde necesito dejar de pensar a mi manera y comenzar a pensar a la manera de Dios?

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miércoles, 24 de enero de 2018

FUISTE CREADO PARA SER COMO CRISTO


PROPÓSITO Nº 3
FUISTE CREADO PARA SER COMO CRISTO
“Vivan en unión vital con Él, enraizados en Él,
y nútranse de Él. Mantengan un ritmo de
Crecimiento en el Señor, y fortalézcanse
y vigorícense en la verdad”.
Colosenses 2:6,7 (BAD)

Creado para ser como Cristo
Desde el mismo principio Dios decidió que los que se
Acercaran a Él (y Él sabía quiénes se habrían de
Acercar) fueran como su Hijo, para que él fuera el
Mayor entre muchos hermanos.
Romanos 8:29 (BAD)

Vemos a este hijo y vemos el propósito original de Dios
En todo lo creado.
Colosenses 1:15 (PAR)

Fuiste creado para ser como Cristo.

Desde el comienzo mismo, el plan de Dios fue crearnos a semejanza de su Hijo Jesús. Este es nuestro destino y el tercer propósito de nuestra vida. Dios anunció su intención en la creación: entonces Dios dijo: “Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen y semejanza”.
En toda la creación, sólo los seres humanos fuimos hechos “a la imagen de Dios”. Este es un gran privilegio y nos dignifica. No sabemos todo lo que abarca esta frase, pero sabemos que incluye aspecto: como Dios, somos seres espirituales ¾nuestros espíritus son inmortales y perdurarán más que nuestros cuerpos terrenales¾; somos intelectuales ¾podemos pensar, razonar, y resolver problemas¾; a semejanza de Dios, nosotros nos relacionamos ¾podemos dar y recibir amor verdadero¾; y tenemos una conciencia moral: podemos discernir el bien del mal, lo cual nos hace responsables ante Dios.
La Biblia dice que todas las personas, no sólo los creyentes, poseen una parte de la imagen de Dios; por eso el asesinato y el aborto son malos. Pero esta imagen está incompleta, el pecado la dañó y distorsionó. Por lo tanto, Dios envió a Jesús.
¿A qué se parece la “imagen y semejanza” completa de Dios? ¡Se parece a Jesucristo! La Biblia dice que Jesús es “la visible”, y es “la fiel imagen de lo que Él es”.
A menudo la gente cita la frase “De tal palo, tal astilla” para referirse al parecido familiar. Cuando las personas ven mi semejanza en mis hijos, eso me agrada. Dios quiere que también sus hijos lleven su imagen y semejanza. Su Palabra dice que fuimos “Creados para ser como Dios, verdaderamente justos y santos”.
Permíteme expresa esto con toda claridad: Nunca llegarás a ser Dios, ni siquiera un dios. Esa mentira orgullosa es la tentación más antigua de Satanás. Satanás les prometió a Adán y a Eva que si seguían su consejo, serían “como dioses”. Muchas religiones y la filosofía de la Nueva Era aún difunden esta mentira antigua de que somos divinos o que podemos llegar a ser dioses.
Manifestamos este deseo cada vez que intentamos controlar nuestras circunstancias, nuestro futuro y a las personas que nos rodean. Pero como criaturas, nunca seremos el Creador. Dios no quiere que llegues a ser un dios; Él quiere que seas piadoso: que tomes los valores, las actitudes y el carácter propio de Él. La Biblia dice que “adoptemos una manera enteramente nueva de vivir; una vida moldeada por Dios, una vida que, renovada desde dentro, forme parte de su conducta mientras Dios reproduce con toda precisión su carácter en ustedes”.
La meta final de Dios para tu vida sobre la tierra no es la comodidad, sino el desarrollo de tu carácter. Él quiere que crezcas espiritualmente y llegues a ser como Cristo. Esto no significa que pierdas tu personalidad o que llegues a ser un clon sin inteligencia. Dios creó tu singularidad, por lo cual ciertamente no quiere destruirla. Ser semejante a Cristo significa la transformación de tu carácter, no de tu personalidad. Dios quiere que desarrolles la clase de carácter que Jesús describe en las bienaventuranzas, cuando se refiere al fruto del Espíritu, en el gran capítulo de Pablo sobre el amor, y la lista de Pedro de las características de una vida provechosa y productiva. Cada vez que olvidamos que ese carácter es uno de los propósitos de Dios para nuestra vida, nuestras circunstancias nos hacen sentir frustrados. Nos preguntamos: “¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Por qué estoy pasando por tantas dificultades?” ¡Una respuesta es que la vida está hecha para ser difícil! Es lo que nos permite crecer. Recuerda que ¡la tierra no es el cielo!.
Muchos cristianos interpretan mal la promesa de Jesús acerca de la ”vida abundante”, como si eso quisiera decir una salud perfecta, un estilo de vida rodeado de comodidades, felicidad permanente, la plena realización de los sueños, y el alivio instantáneo de los problemas mediante la fe y la oración. En pocas palabras, esperan que la vida cristiana sea fácil. Esperan el cielo aquí en la tierra.
Esta perspectiva egocéntrica trata a Dios como un “genio de una lámpara” que simplemente existe para servirlos en su búsqueda egoísta de la realización personal. Pero Dios no es tu sirviente, y si pretendes que la vida debe ser fácil, pronto te desilusionarás muchísimo o vivirás negando la realidad.
¡No olvides nunca que la vida no gira en torno a ti! Existes para los propósitos de Dios, no a la inversa. ¿Por qué habría de proporcionarte Dios el cielo en la tierra cuando Él ha hecho planes para darte algo mayor en la eternidad? Dios nos da nuestro tiempo sobre la tierra para edificar y fortalecer nuestro carácter para el cielo.
EL TRABAJO DEL ESPÍRITU DE DIOS EN TU VIDA
La función del Espíritu Santo es producir el carácter de Cristo en ti. La Biblia afirma: “Mientras el Espíritu del Señor obra dentro de nosotros, llegamos a ser cada vez más como Él y reflejamos su gloria más aún”. Este proceso de transformarnos para ser más como Jesús se llama santificación, y es el tercer propósito de tu vida sobre la tierra.
No puedes reproducir el carácter de Jesús si dependes de tu propia fuerza. Las resoluciones de Año Nuevo, la fuerza de voluntad y las mejores intenciones no son suficientes. Sólo el Espíritu Santo tiene poder para hacer los cambios que Dios quiere efectuar en nuestras vidas. La Escritura dice que “Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer; para que se cumpla su buena voluntad”. La sola mención de “el poder del Espíritu Santo” basta para que muchas personas piensen en demostraciones milagrosas y emociones intensas. Pero la mayor parte del tiempo ese poder es liberado en tu vida de una manera tranquila y discreta, de modo que ni siquiera eres consciente de él ni lo percibes. A menudo Dios nos llama la atención con “un suave murmullo”.
La semejanza con Cristo no se produce por imitación, sino porque Cristo mora en nosotros. Permitimos que Cristo viva a través de nosotros. “Porque este es el secreto: Cristo vive en ustedes”. ¿Cómo sucede esto en la vida real? Por medio de las opciones que escogemos. Dadas las situaciones, escogemos hacer lo correcto y luego confiamos en que el Espíritu de Dios nos dará su poder, amor, fe y sabiduría para lograrlo. Dado que el Espíritu de Dios vive dentro de nosotros, estas cosas siempre están disponibles si se lo pedimos.
Debemos cooperar con el trabajo del Espíritu Santo. A lo largo de la Biblia vemos expresada una verdad importante: El Espíritu Santo libera su poder en el momento en que das un paso de fe. Cuando Josué se enfrentó con una barrera infranqueable, las aguas desbordadas del río Jordán sólo retrocedieron después de que, en obediencia y fe, los líderes entraran en la impetuosa corriente.
La obediencia libera el poder de Dios.
Dios espera que actúes primero. No esperes hasta que te sientas poderoso o seguro. Sigue adelante pese a tu debilidad, haciendo lo correcto a pesar de tus temores y sentimientos. Así es como cooperas con el Espíritu Santo, y es como se desarrolla tu carácter.
La Biblia compara el crecimiento espiritual con una semilla, un edificio o un niño en crecimiento. Cada metáfora requiere una participación activa: las semillas deben ser plantadas y cultivadas, los edificios deben ser construidos ¾no surgen de la nada¾ y los niños deben comer y hacer ejercicio para crecer.
Aunque el esfuerzo no tiene nada que ver con nuestra salvación, tiene mucho que ver con nuestro crecimiento espiritual. Por lo menos ocho veces en el Nuevo Testamento se nos dice que “hagamos todo esfuerzo” en nuestro crecimiento para llegar a ser como Jesús. Uno no se sienta simplemente a esperar que suceda.
En Efesios 4:22-24 Pablo explica nuestras tres responsabilidades para llegar a ser como Cristo. Primero, debemos escoger abandonar nuestras maneras antiguas de actuar: “Desháganse de todo lo que tenga que ver con su viejo estilo de vida. Está totalmente podrido. ¡Líbrense de él!”.
Segundo, debemos cambiar nuestra manera de pensar: “Permitan que el Espíritu cambie su manera de pensar”. La Biblia dice que somos “transformados” mediante la renovación de nuestra mente. La palabra griega para transformados, metamorphosis  (usada en Romanos 12:2 y 2º Corintios 3:18), es la que se emplea para describir el cambio asombroso que permite que una oruga se transforme en una mariposa. Es un hermoso cuadro de lo que nos pasa espiritualmente cuando permitimos que Dios dirija nuestros pensamientos: Él nos transforma de adentro hacia fuera, nos hace más hermosos y nos libera para alcanzar nuevas alturas.
Tercero, debemos “vestirnos” con el carácter de Cristo, desarrollando nuevos y consagrados hábitos. Tu carácter es esencialmente la suma de tus hábitos; es la manera en que te conduces habitualmente. La Biblia nos manda ponernos el nuevo yo “la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad”.
Dios usa su Palabra, las personas y las circunstancias para moldearnos.
Estas tres condiciones son indispensables para el desarrollo del carácter. La Palabra de Dios proporciona la verdad que necesitamos para crecer, el pueblo de dios proporciona el apoyo que necesitamos para crecer; y las circunstancias proporcionan el ambiente para practicar la semejanza de Cristo. Si estudias y aplicas la Palabra de Dios, si te vinculas regularmente con otros creyentes y aprendes a confiar en Dios en las circunstancias difíciles, te garantizo que llegarás a ser más como Jesús. Analizaremos cada uno de estos ingredientes de crecimiento en los capítulos siguientes.
Muchas personas dan por sentado que todo lo que se necesita para el crecimiento espiritual es estudio bíblico y oración. Pero ambas cosas por sí solas nunca cambiarán algunas cuestiones de la vida. Dios usa a las personas. Él casi siempre prefiere trabajar por medio de las personas en vez de realizar milagros, para que dependamos unos de otros para la comunión. Él quiere que crezcamos juntos.
En muchas religiones, las personas consideradas espiritualmente más maduras y santas son las que se aíslan de otros en monasterios situados en lo alto de una montaña, sin peligro de contagio por el contacto con otros. Pero esta es una grave equivocación. ¡La búsqueda de la madurez espiritual no es una ocupación solitaria e individual! No puedes llegar a ser como Cristo en el aislamiento. Debes estar cerca de otras personas e interactuar con ellas. Necesitas ser miembro de una iglesia y de una comunidad. ¿Por qué? Porque la verdadera madurez espiritual consiste en aprender a amar como Jesús amó, y no puedes practicar esa disciplina si no estás en relación y contacto con otras personas. Recuerda, todo es cuestión de amor: amar a Dios y a los demás.
Llegar a ser como Cristo es un proceso largo y de lento crecimiento. La madurez espiritual no es instantánea ni automática; es un desarrollo gradual y progresivo que llevará el resto de tu vida. Refiriéndose a este proceso, Pablo dijo: “Esto continuará hasta que seamos... maduros, así como Cristo es, y seamos completamente como Él”.
Eres una obra en progreso. Tu transformación espiritual en cuanto al desarrollo del carácter de Jesús seguirá por el resto de tu vida, y aun así, no se completará aquí en la tierra. La obra se terminará cuando llegues al cielo o cuando Jesús vuelva. En ese momento, cualquier trabajo en tu carácter que todavía quede por terminar se dará por finalizado. La Biblia dice que cuando al fin podamos ver a Jesús perfectamente, llegaremos a ser exactamente como Él: “Ni siquiera nos podemos imaginar cómo seremos cuando Cristo vuelva. Pero sabemos que cuando Él venga, seremos como Él, porque lo veremos como Él realmente es”.
Hay mucha confusión en la vida cristiana por ignorar la simple verdad de que Dios está más interesado en construir tu carácter que en cualquier otra cosa. Nos preocupamos cuando dios parece estar en silencio con respecto a determinados temas como por ejemplo: “¿Qué carrera profesional debo elegir?” La verdad es que hay muchas en las que podrías cumplir la voluntad de Dios para tu vida. Elijas lo que elijas, a Dios lo que le importa es que lo hagas como si lo hicieras para Cristo.
Dios está mucho más interesado en lo que eres que en lo que haces. Somos “seres humanos”, no “quehaceres humanos”. Dios está mucho más preocupado por tu carácter que en tu carrera profesional, porque tu carácter te acompañará toda la eternidad, no así tu carrera profesional.
La Biblia advierte: “No se acomoden tan bien a su cultura que se conformen a ella sin siquiera notarlo. En cambio, pongan su atención en Dios. Serán cambiados de adentro hacia fuera... A diferencia de la cultura que los rodea, que siempre los arrastra hacia un nivel inferior de inmadurez. Dios hace que surja lo mejor de ustedes, y desarrolla una madurez bien compuesta en ustedes”. Para concentrarnos en llegar a ser más como Jesús, deberemos tomar decisiones opuestas a la cultura imperante. De lo contrario, influencias como la de nuestros compañeros, padres, colaboradores, y la cultura misma, intentarán amoldarnos a su imagen.

DÍA VEINTIDOS
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Fui hecho para llegar a ser como Cristo.

Versículo para recordar: “En la medida en que el Espíritu del Señor opera en nosotros, nos parecemos más a Él y reflejamos más su gloria”. 2º Corintios 3:18 (BAD)


Pregunta para considerar: ¿En qué área de mi vida necesito pedir el poder del Espíritu para ser como Cristo hoy? Lamentablemente, una ojeada rápida a varios libros cristianos populares revela que muchos creyentes han dejado de vivir para los grandes propósitos de Dios y se han amoldado para vivir su realización personal y su estabilidad emocional. Eso es egocentrismo, no discipulado. Jesús no murió en la cruz únicamente para que pudiéramos vivir cómodos y bien adaptados. Su propósito va mucho más a fondo: Él quiere hacernos como Él mismo antes de llevarnos al cielo. Este es nuestro privilegio principal, nuestra responsabilidad inmediata y nuestro destino final.

Somos el pueblo de Dios-Marcos Witt con letra