sábado, 13 de enero de 2018

Dios quiere todo de ti.

La adoración que agrada a Dios
Ama al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma, con toda tu mente
y con todas tus fuerzas.
Marcos 12:30 (NVI).

Dios quiere todo de ti.

Dios no quiere una parte de tu vida. Pide todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente y todas tus fuerzas. A Dios no le interesan los compromisos a medias, la obediencia parcial y las sobras de tu tiempo y dinero. Quiere tu devoción plena, no pedacitos de tu vida.
Una mujer samaritana en cierta ocasión discutió con Jesús acerca del mejor tiempo, lugar y estilo de adoración. Jesús le contestó que esos aspectos eran irrelevantes. El lugar de adoración no es tan importante como por qué adoramos y cuánto de nuestro ser le ofrecemos a Dios cuando lo hacemos. Hay una manera de adorar buena y mala. La Biblia dice: “Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a Él le agrada, con temor reverente”. La adoración que agrada a Dios tiene cuatro características:
A Dios le agrada la adoración en verdad. La gente suele decir: “Me gusta pensar en Dios como alguien que...” y plantean la idea de un Dios a quien les gustaría adorar. Pero no podemos simplemente crear nuestra propia imagen de Dios, la que nos resulta cómoda y políticamente correcta y adorarla. Eso es idolatría.
La adoración debe basarse en la verdad de las Escrituras, no en nuestra opinión acerca de Dios. Jesús le dijo a la mujer samaritana: “Los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren”.
“Adorar en verdad” significa adorar a Dios como la Biblia verdaderamente lo revela.
A Dios le agrada la adoración auténtica. Cuando Jesús dijo que debemos “adorar en espíritu” no se refería al Espíritu Santo sino a nuestro espíritu. Fuimos creados a imagen de Dios y, por lo tanto, somos un espíritu que reside en un cuerpo, y Él diseñó nuestro espíritu para que pudiéramos comunicarnos con Él. La adoración es la respuesta de nuestro espíritu al Espíritu de Dios.
Cuando Jesús dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” quería decir que la adoración debe ser auténtica y sentida, de corazón. No se trata sólo de decir las palabras correctas; debes creer en lo que dices. ¡La alabanza que no brota del corazón no es alabanza! No sirve de nada, es un insulto a Dios.
Cuando adoramos, Él mira más allá de nuestras palabras, observando la actitud de nuestro corazón. La Escritura afirma: “La gente se fija en las apariencias, pero yo (el Señor) me fijo en el corazón”.
Como la adoración implica agradar a Dios, abarca nuestras emociones. Dios nos dio emociones para que pudiéramos adorarlo con sentimientos intensos; pero esas emociones deben ser genuinas, no fingidas. Dios odia la hipocresía. No quiere teatralidad ni fingimiento ni farsas en la adoración. Quiere nuestro amor sincero y verdadero. Podemos adorarlo con imperfecciones, pero no con falta de sinceridad.
Por supuesto, la sinceridad por sí sola no es suficiente; podemos ser sinceros y estar equivocados. Por eso se necesitan tanto el espíritu como la verdad. La adoración debe ser veraz y auténtica. La adoración que agrada a Dios es profundamente emocional y doctrinal. Con nuestro corazón y nuestra cabeza.
Muchas personas confunden las emociones conmovedoras producidas por la música con las estimuladas por el Espíritu, pero no son iguales. La verdadera adoración ocurre cuando nuestro espíritu responde a Dios, no a una melodía. En realidad, algunas canciones sentimentales e introspectivas entorpecen la adoración porque de concentrarnos en Dios, pasamos enfocarnos en nuestros sentimientos. Cuando adoramos, el factor de mayor distracción somos nosotros mismos: nuestros intereses y preocupaciones acerca de la impresión que damos.
Los cristianos no se ponen de acuerdo con respecto a la manera más adecuada o auténtica de alabar a Dios, pero estos argumentos lo que más reflejan son las distintas personalidades y trasfondos. La Biblia menciona diversas formas de alabanza: la confesión, el canto, los clamores, el estar de pie, el arrodillarse, el baile, el hacer ruidos de gozo, el testimonio, la utilización de instrumentos musicales y al alzar las manos. El mejor estilo de adoración es el que más auténticamente representa nuestro amor a Dios, basado en el trasfondo y la personalidad que Dios nos dio.
Mi amigo Gary Thomas se dio cuenta de que muchos cristianos en lugar de tener una amistad vibrante con Dios, parecen estancarse en la costumbre ¾la adoración ser convierte en una rutina insatisfactoria¾ porque se obligan a usar métodos devocionales o estilos de adoración que no se adaptan a la unicidad con que Dios los creó.
Gary se preguntó: “Si Dios con toda intención nos creó a todos distintos, ¿por qué deberíamos amarlo de la misma manera?”. De la lectura de los clásicos cristianos y basado en entrevistas, Gary descubrió que los cristianos, en el transcurso de dos mil años, han seguido diversos caminos para disfrutar la intimidad con Dios: al aire libre, por medio del estudio, con el canto, con la danza, con expresiones artísticas, en el servicio a los demás, en la soledad, en comunión con otras personas, y participando de muchas otras actividades.
En su libro Sacred Pathways (Sendas Sagradas), Gary identifica nueve maneras que las personas usan para acercarse a Dios: a los naturalistas, nada los inspira más a amar a Dios que estar al aire libre, en un entorno natural. Los sensoriales, que aman a Dios con sus sentidos y aprecian los hermosos cultos de adoración que involucran la vista, el sabor, el olfato y el tacto, además de sus oídos.
Los tradicionalistas, que se acercan a Dios mediante rituales, liturgias, símbolos y estructuras estables. Los ascéticos, que prefieren amar a Dios en soledad y sencillez. Los activistas, que aman a Dios enfrentándose al mal, luchando contra la injusticia y esforzándose por hacer de este mundo un mejor lugar para vivir. Los cuidadores, que aman a Dios cuidando a los demás y satisfaciendo sus necesidades. Los entusiastas, que aman a Dios con celebraciones. Los contemplativos, que aman a Dios con la adoración. Los intelectuales aman a Dios entendiéndolo con sus mentes.
En cuanto a la adoración y la amistad con Dios no existen las “tallas únicas”. Una cosa sí es cierta: No darás gloria a Dios intentando ser alguien que Él nunca se propuso que fueses. Dios quiere que seas tú mismo. El Padre está “buscando personas que, cuando lo adoren, sean sencilla y sinceramente ellas mismas cuando se presenten ante Él”.
A Dios le agrada la adoración reflexiva. El mandamiento de Jesús de “amar a Dios con toda tu mente” se repite cuatro veces en el Nuevo Testamento. A Dios no le agrada que cantemos himnos, oremos con apatía y exclamemos con indiferencia. ¡Gloria a Dios!, sin pensar en lo que hacemos, porque no se nos ocurre otra cosa que decir en ese momento. Si no pensamos en lo que hacemos cuando adoramos, la adoración no sirve. Tu mente debe estar puesta en lo que haces.
Jesús tildó de “vanas repeticiones” a la adoración distraída. El mal uso puede convertir hasta los términos bíblicos en frases gastadas, cuando olvidamos su significado. Cuando adoramos, es mucho más fácil ofrecer oraciones rutinarias que esforzarnos por honrar a Dios con palabras y con gestos llenos de frescura. Por eso los animo a leer las Escrituras usando distintas versiones y paráfrasis. Eso es útil para enriquecer nuestras expresiones de adoración.
Trata de alabar a Dios sin usar las palabras alabanza, aleluya, gracias, gloria a Dios o amén. En vez de decir: “Sólo queremos alabarte”, haz una lista de sinónimos y usa palabras más novedosas como admirar; respetar; valorar; reverenciar; honrar y apreciar.
Además, sé específico. Si alguien se te acerca y repite: “¡Te alabo!” diez veces, es probable que pienses: “¿Por qué?” Tu preferirías dos cumplidos específicos a veinte generalidades vagas. Dios también.
Otra idea es hacer una lista de los diferentes nombres que tiene Dios y concentrarse en ellos. Los nombres de Dios no son arbitrarios; expresan distintos aspectos de su carácter. En el Antiguo Testamento, Dios se reveló gradualmente a Israel, introduciendo nuevos nombres para sí, y nos manda alabar su nombre.
Dios quiere que nuestras reuniones de adoración en público también tengan sentido. Pablo dedica un capítulo entero a este asunto en 1º Corintios 14, y concluye:”Pero todo debe hacerse de manera apropiada y con orden”.
Con respecto a este punto, Dios insiste en que nuestros cultos de adoración puedan ser entendidos por los no creyentes que estén presentes en nuestras reuniones de adoración. Pablo señaló que “si tú das gracias a Dios con tu espíritu, y te escucha algún extraño, no podrá unirse a tu oración porque no entenderá lo que dices. No podrá hacerlo, porque no habrá comprendido nada. Tu oración podrá ser muy buena, pero no estarás ayudando a nadie”. La Biblia nos ordena ser sensibles a los no creyentes que están de visita en nuestras reuniones de adoración. Si hacemos caso omiso de este mandamiento somos desobedientes y no tenemos amor.- Si deseas una explicación más extensa acerca de este punto, consulta el capítulo “La adoración puede ser testimonio” en Una iglesia con propósito.
A Dios le agrada la adoración práctica. La Palabra de Dios afirma: “Les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios”. ¿Por qué quiere Dios tu cuerpo? ¿Por qué no dice “ofrezcan su espíritu”? Porque sin el cuerpo no podemos hacer nada en este planeta. En la eternidad recibiremos un cuerpo nuevo, mejorado, actualizado, pero mientras estemos sobre la tierra, Dios dice: “¡Dame lo que tengas!” Él únicamente está siendo práctico con respecto a la adoración.
¿Has escuchado decir a las personas: “Esta noche no puedo ir a la reunión, pero estaré con ustedes en espíritu? ¿Saben lo que significa esto? Nada. ¡No vale nada! Mientras estemos en esta tierra, nuestro espíritu sólo puede estar donde esté nuestro cuerpo. Si tu cuerpo no está presente, no estás ahí.
Cuando adoramos debemos ofrecer nuestro “cuerpo como sacrificio vivo”. En la actualidad asociamos el concepto de “sacrificio” con algo muerto, pero Dios quiere que seamos un sacrificio vivo. ¡Quiere que vivamos para Él! Sin embargo, el problema de un sacrificio vivo es que se puede escapar del altar, y es lo que solemos hacer. Cantamos “¡Firmes y adelante!, huestes de la fe” los domingos, y los lunes desertamos.
En el Antiguo Testamento, a Dios le agradaban los sacrificios de adoración porque anunciaban el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz. Ahora bien, a Dios le agradan diferentes tipos de sacrificio de adoración: la gratitud, la alabanza, la humildad, el arrepentimiento, las ofrendas de dinero, la oración, el servicio a los demás y el compartir los recursos con los necesitados.
La verdadera adoración tiene un precio. David lo sabía y dijo: “No voy a ofrecer al SEÑOR mi Dios holocaustos que nada me cuesten”.
La adoración sacrifica nuestro egocentrismo. No podemos exaltar a Dios y exaltarnos al mismo tiempo. No podemos adorar para impresionar a los demás y para agradarnos a nosotros mismos. Necesitamos retirar deliberadamente el enfoque de nuestra persona.
Cuando Jesús dijo: “Ama a Dios con todas tus fuerzas”, quería señalar que la adoración requiere esfuerzo y energía. No es siempre ni lo más conveniente ni lo más cómodo, y en ocasiones la adoración es un acto de voluntad absoluto: un sacrificio de buena voluntad. La adoración pasiva es una incongruencia.
Ofrecemos sacrificio de adoración a Dios cuando lo alabamos aunque no tengamos ganas; cuando nos levantamos de la cama para adorarle aunque estemos cansados y cuando ayudamos a los demás aunque estemos agotados. Eso agrada a Dios.
Matt Redman, un líder inglés de adoración, cuenta cómo su pastor le enseñó a la iglesia el verdadero significado de la adoración. Para mostrarles que ésta era más que la música, prohibió por un tiempo el canto en los servicios, mientras aprendían otras maneras de adorar. Al cabo de ese tiempo, Matt había escrito el himno clásico El Corazón de la Adoración:

Te traigo más que una canción,
Porque ella en sí no es lo que me pides.
Buscas más adentro
Que lo que a simple vista parece:
Miras dentro de mi corazón.
El corazón de este asunto es un asunto del corazón.

DÍA TRECE
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Dios quiere todo de mí.

Versículo para recordar: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Marcos 12:30 (NVI)


Pregunta para considerar: ¿Qué le agrada más a Dios en este momento: mi adoración en público o en privado? ¿Qué haré al respecto?

Alaba a Dios - Danny Berrios

viernes, 12 de enero de 2018

Desarrolla tu amistad con Dios

Desarrolla tu amistad con Dios
El Señor... al íntegro le brinda su amistad.
Proverbios 3:32 (NVI)

Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.
Santiago 4:8 (NVI)

Estás tan cerca de Dios como lo decidas.

Como en cualquier amistad, debemos trabajar para desarrollar la nuestra con Dios. Ella no se da por casualidad. Requiere voluntad, tiempo y energía. Si deseas un vínculo más estrecho e íntimo con Dios deberás aprender a comunicarle tus sentimientos con sinceridad, a confiar en Él cuando le pidas que haga algo, a aprender a interesarte en lo que a Él le interesa y a procurar su amistad más que ninguna otra cosa.
Debo ser sincero con Dios. La primera piedra para edificar una amistad profunda con Dios es tener sinceridad sobre nuestras faltas y sentimientos. Dios no espera que seamos perfectos, pero sí insiste en que seamos completamente sinceros. En las Escrituras, ninguno de los amigos de Dios era perfecto. Si la perfección fuera un requisito para ser amigo suyo, nunca podríamos serlo. Es una dicha que, por la gracia de Dios, Jesús todavía sea “amigo de pecadores”.
En la Biblia, los amigos de Dios fueron sinceros con respecto a sus sentimientos, se quejaban y discutían con Él, ponían sus decisiones en tela de juicio y hasta lo acusaban. Esta franqueza no parecía molestarle a Dios; es más, la estimuló.
Dios permitió que Abraham, pusiera en tela de juicio y cuestionara la destrucción de la ciudad de Sodoma. Abraham insistió con Dios para que no destruyera la ciudad, negoció con Él, intercediendo por si hubiera por lo menos cincuenta justos hasta conseguir apenas diez.
Dios también escuchó pacientemente las acusaciones de David, que se quejaba de la injusticia, la traición y el abandono. Él no mató a Jeremías cuando éste dijo que Dios le había hecho trampa. Job pudo dar rienda suelta a su amargura durante el calvario que pasó y, al final, Dios mismo lo defendió por ser sincero y amonestó a sus amigos por su falta de autenticidad. Dios les dijo que “a diferencia de mi amigo Job, lo dicho por ustedes y lo que han dicho sobre mí no es verdad... Mi amigo Job ahora orará por ustedes y yo aceptaré su oración”.
En un ejemplo asombroso de franca amistad, Dios expresó su disgusto total con la desobediencia de Israel. Le dijo a Moisés que cumpliría la promesa de darles a los israelitas la tierra prometido, pero que ¡no daba un paso más con ellos en el desierto! Dios estaba harto, y quiso que Moisés supiera exactamente cómo se sentía.
Moisés, hablando como “amigo” de Dios, le respondió con la misma franqueza: “Tú insistes en que yo debo guiar a este pueblo, pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. También me has dicho que soy tu amigo y que soy muy especial para ti... entonces, dime cuáles son tus planes... Ten presente que los israelitas son tu pueblo, tu responsabilidad... Si tu presencia no nos guía, ¡mejor no emprendamos este viaje! Si no vienes con nosotros, ¿cómo sabré que estamos juntos en esto, yo y tu pueblo? ¿Vienes con nosotros o no? ¾Está bien, haré lo que me pides ¾le dijo el Señor a Moisés¾, y también haré esto porque te conozco bien y te considero mi amigo”.
¿Puede Dios tolerar esa sinceridad franca e intensa de tu parte? ¡Por supuesto! La amistad auténtica se construye con base en revelaciones. Lo que puede parecer un atrevimiento, para Dios es autenticidad. Dios escucha las palabras apasionadas de sus amigos; se aburre con los clichés reverentes y previsibles. Si quieres ser amigo de Dios, debes ser sincero con Él, comunicarle lo que de verdad sientes, no lo que piensas que deberías sentir o decir.
Es posible que necesites confesar una rabia oculta o algún resentimiento contra Dios en ciertas partes de tu vida donde sientes que Dios no te trató con justicia o que te decepcionó. Hasta que maduremos lo suficiente como para entender que dios usa todo para bien de nuestra vida, estaremos resentidos con Él por simplezas como la apariencia física, nuestro trasfondo y formación, oraciones sin respuesta, penas del pasado y otras cosas que cambiaríamos si fuéramos Dios. La gente suele echarle la culpa a Él por el dolor que otros les han provocado: William Backus llama a eso “la grieta oculta con Dios”.
El resentimiento es el mayor impedimento para amistarse con Dios: ¿Por qué querría ser amigo de dios si permitió esto? El antídoto, por supuesto, es darse cuenta de que Dios siempre actúa defendiendo nuestros intereses, incluso cuando nos resulta doloroso y no podemos entenderlo. Pero expresar nuestro resentimiento y revelar nuestros sentimientos es el primer paso para la recuperación. Como lo hicieron tantas personas en la Biblia, cuéntale a Dios exactamente cómo te sientes.
Dios dejó sus instrucciones respecto a la sinceridad sin tapujos en el libro de los Salmos: un manual de adoración lleno de protestas y desvaríos, dudas, temores, resentimientos y sentidas pasiones, combinadas con gratitud, alabanza y afirmaciones de fe. En ese libro se han catalogado todas las emociones. Cuando leas las emotivas confesiones de David y de otros, entenderás que así es como Dios quiere que lo adores: sin ocultarle ningún sentimiento. Podemos orar como el salmista: “En su presencia expongo mi queja, en su presencia doy a conocer mi angustia cuando me encuentro totalmente deprimido”.
Es alentador saber que todos los amigos más íntimos de Dios ¾Moisés, David, Abraham, Job entre otros¾ tuvieron sus momentos de duda. Pero en vez de disimular su desconfianza con piadosa hipocresía, la expresaron con sinceridad, franca y públicamente. Expresar nuestras dudas suele ser el primer paso hacia el siguiente nivel de intimidad con Dios.
Debo obedecer a Dios en fe. Siempre que confiemos en la sabiduría divina y hagamos todo lo que nos manda, aunque no lo entendamos, estaremos afianzando la amistad con Dios. Usualmente no pensamos en la obediencia como una característica de la amistad; la reservamos para las relaciones con los padres o con el jefe o con alguien en autoridad, pero no con un amigo. Sin embargo, Jesús dejó bien claro que la obediencia es una condición para la intimidad con Dios. Él dijo: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”.
En el capítulo anterior señalé que la palabra que Jesús usó cuando nos llamó “amigos” podía emplearse para referirse a “los amigos del rey” en la corte real. Si bien estos compañeros cercanos tenían privilegios especiales, aun así estaban sujetos al rey y tenían que obedecer sus órdenes. Somos amigos de Dios, pero no somos sus iguales. Él es nuestro líder cariñoso, y nosotros lo seguimos.
Obedecemos a Dios no por obligación, temor o compulsión, sino porque lo amamos y confiamos en que sabe lo que es mejor para nosotros. Queremos seguir a Cristo porque estamos agradecidos por todo lo que ha hecho por nosotros, y cuanto más de cerca lo sigamos, más estrecha será nuestra amistad.
Los no creyentes piensan que los cristianos obedecen por obligación, porque se sienten culpables o por temor al castigo, pero es todo lo contrario. Obedecemos por amor, porque nos ha perdonado y liberado, y ¡nuestra obediencia nos llena de gozo! Jesús dijo: “Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes.Permanezcan en mi amor: Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor: Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa”.Fíjate en que Jesús simplemente espera que hagamos lo mismo que Él hizo con el Padre. Esa relación es el modelo para establecer nuestra amistad con Él. Jesús hizo todo lo que el Padre le pidió que hiciera, y lo hizo por amor.
La verdadera amistad no es pasiva sino activa. Cuando Jesús nos pide que amemos a los demás, que ayudemos a los necesitados, compartamos nuestros recursos, tengamos una vida limpia, estemos dispuestos a perdonar y a traer a otros a él, el amor nos impulsa a obedecerlo al instante.
Muchas veces se nos desafía a hacer “grandes cosas” para Dios. En realidad, a Él le agrada más que hagamos pequeñas cosas con obediencia y por amor. Podrán pasar inadvertidas para los demás, pero Dios las ve y las considera actos de adoración.
Las grandes oportunidades suelen venir una sola vez en la vida, pero estamos rodeados de pequeñas oportunidades todos los días. Podemos alegrar a Dios hasta con actos tan sencillos como decir la verdad, ser generosos y animar a los demás.
Dios atesora estos simples gestos de obediencia más que nuestras oraciones, alabanza y ofrendas. La Biblia nos dice: “¿Qué le agrada más al Señor: que se le ofrezcan holocaustos y sacrificios, o que se obedezca lo que Él dice? El obedecer vale más que el sacrificio”.
Jesús comenzó su ministerio público a la edad de treinta años, cuando Juan lo bautizó. “Este es mi Hijo amado, estoy muy complacido con Él”. ¿Qué hizo Jesús durante treinta años que agradaba tanto a Dios? La Biblia no nos dice nada respecto a esos años ocultos, a excepción de una frase aislada en Lucas 2:51: “Regresó a Nazaret con ellos, y vivió obedientemente con ellos”. Treinta años de vivir agradando a Dios se resumen en dos palabras: “¡Vivió obedientemente!”.
Debo valorar lo que Dios valora. Esto es lo que hacen los amigos: se interesan en lo que la otra persona considera importante. Mientras más amigo seas de Dios, más te importará lo que a Él le importa, más nos afligirá lo que a Él le aflige, y más nos alegraremos con lo que a Él le agrada.
Pablo es el mejor ejemplo de esto. Los planes de Dios eran los suyos, y se apasionaba por las mismas cosas que apasionaban a Dios: pedía que le aguantaran “la tontería de estar tan preocupado por los corintios, porque ¡se debía a la pasión de Dios quemándole por dentro!”. David sentía lo mismo: “la pasión por la casa de Dios lo consumía, y sentía que los que insultaban a Dios también lo insultaban a Él”.
¿Qué es lo que más le importa a Dios? La redención de su pueblo. ¡Quiere hallar a todos sus hijos que se han perdido! Jesús vino al mundo pro ese motivo principal. El hecho más preciado para Dios es la muerte de su Hijo. Lo segundo más valioso es cuando sus hijos comparten esa noticia con otros. Si somos amigos de Dios, nos deben importar todas las personas a nuestro alrededor porque también preocupan a Dios. Los amigos de Dios les hablan a sus amigos acerca de Dios.
Debo desea la amistad con Dios más que nada. Los Salmos están repletos de ejemplos de este anhelo. David deseaba con pasión conocer a Dios por encima de todo; usó palabras como anhelo, ansia, sed, hambre. Anhelaba a Dios. Dijo: “Sólo una cosa he pedido al Señor, sólo una cosa deseo: estar en el templo del Señor todos los días de mi vida, para adorarlo en su templo y contemplar su hermosura”. En otro salmo dijo: “Tu amor es mejor que la vida”.
La pasión con que Jacob deseaba la bendición de Dios en su vida fue tan intensa que luchó toda la noche en el campo con Dios, y le dijo: “¡No te soltaré hasta que me bendigas!” La parte más llamativa de esta historia es que Dios, que es todopoderoso, ¡lo dejó ganar! Dios no se ofende cuando “luchamos” con Él, porque este encuentro requiere contacto personal y ¡eso nos acerca a Él! También es una actividad apasionada y a Dios le encanta cuando nos emocionamos con Él.
Pablo fue otro hombre entusiasmado por su amistad con Dios. No había nada más importante: era prioritaria, el foco único y la meta principal de su vida. Dios usó a Pablo de manera tan grande justamente por esta razón. Una versión amplificada de la Biblia expresa cabalmente la intensidad de la pasión que Pablo sentía: “Mi firme propósito es conocerlo mejor ¾para poder progresivamente conocerlo más a fondo y más íntimamente, sintiendo, percibiendo y entendiendo las maravillas de su Persona con mayor intensidad y más claridad”.
Lo cierto es que estás tan cerca de Dios como tú lo deseas. La amistad íntima con Dios es una opción, no es una casualidad. Debes tener la intención de buscarla. ¿Realmente la quieres? ¿Más que a cualquier cosa? ¿Cuánto vale para ti? ¿Vale la pena que dejes otras cosas para conseguirla? ¿Merece el esfuerzo que tendrás que hacer para desarrollar los hábitos y destrezas necesarios?
Quizás en el pasado Dios te haya apasionado pero has perdido ese fervor. Era el problema que tenían los cristianos de Efeso: habían dejado su primer amor. Hacían lo correcto, pero por obligación y no por amor. Si sólo has estado cumpliendo con gestos espirituales, no deberías sorprenderte si Dios permite el dolor en tu vida.
La aflicción es como el combustible de la pasión: refuerza la energía intensa, que normalmente no tenemos pero que necesitamos para realizar los cambios. C.S.Lewis dijo: “El dolor es el altavoz de Dios”. Dios nos despierta del letargo espiritual mediante el dolor. Nuestros problemas no son un castigo; son los despertadores que usa un Dios cariñoso. Él no está enojado con nosotros; Él está apasionado con nosotros, y hará lo que sea necesario para que volvamos a tener comunión con él. Pero hay una manera más fácil para reencender tu entusiasmo por Dios: comienza pidiéndole a Dios esta pasión, y pídela hasta conseguirla. Haz esta oración durante el día: “Querido Jesús: “Lo que más quiero es conocerte íntimamente””. Dios les dijo a los cautivos en Babilonia que “cuando lo buscaran en serio y de todo corazón, Él se aseguraría de no defraudarlos”.

TU RELACIÓN MÁS IMPORTANTE

No hay nada, absolutamente nada más importante, que cultiva la amistad con Dios. Es una relación que durará para siempre. Pablo le dijo a Timoteo: “Algunos de estos individuos se han apartado de lo que es más importante en la vida: conocer a Dios”. ¿Te estás perdiendo lo más importante de la vida? Puedes hacer algo al respecto ahora mismo. Recuerda, es tu decisión. Estarás tan cerca de Dios como lo quieras.
DÍA DOCE
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Estoy tan cerca de Dios como quiero estar.

Versículo para recordar: “Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes”. Santiago 4:8 (NVI)


Pregunta para considerar: ¿Qué decisiones tomaré hoy para acercarme a Dios?

La amistad de Dios

jueves, 11 de enero de 2018

Dios quiere ser tu mejor amigo.

Hagámonos los mejores amigos de Dios
Porque si, cuando éramos enemigos de dios, fuimos
reconciliados con Él mediante la muerte de su Hijo,
¡con cuánta más razón... seremos salvados
del castigo de Dios por su vida!
Romanos 5:10 (NVI)

Dios quiere ser tu mejor amigo.

Nuestra relación con Dios tiene diferentes aspectos: Dios es el Creador y el Hacedor, el Señor y el Maestro, Juez, Redentor, Padre, Salvador y mucho más. Pero la verdad más impactante es que el Dios Todopoderoso, ¡anhela ser nuestro Amigo!
En el jardín del Edén vemos la relación ideal de Dios con nosotros: Adán y Eva disfrutaban una amistad íntima con Él. No había rituales, ni ceremonias, ni religión; simplemente una relación sencilla y cariñosa entre Dios y las personas que había creado. Sin los estorbos de la culpa o el temor, Adán y Eva se deleitaban en Dios, y Él en ellos.
Dios nos creó para vivir continuamente en su presencia; pero después de la caída, esa relación ideal se estropeó. Sólo unas pocas personas en el Antiguo Testamento tuvieron el privilegio de la amistad divina. A Moisés y Abraham se les llamó “amigos de Dios”, de David se nos dice que para Dios era “un hombre conforme a (su) corazón”, y Job, Enoc y Noé tenían una amistad íntima con Dios. Pero en el Antiguo Testamento, el temor de Dios predomina más que la amistad.
Jesús cambió esa situación. Al pagar nuestros pecados en la cruz, el velo del templo ¾que simbolizaba nuestra separación de Dios¾ se rasgó de arriba abajo, como señal de que el acceso directo a Dios estaba nuevamente abierto.
A diferencia de los sacerdotes que debían prepararse durante horas antes de reunirse con Él, nosotros ahora podemos acercarnos a Dios en cualquier momento. La Biblia dice que “ahora tenemos la maravillosa alegría del Señor en nuestras vidas, gracias a que Cristo murió por nuestros pecados y nos hizo sus amigos”.
La amistad con Dios sólo es posible por su gracia y el sacrifico de Jesús: “Dios nos reconcilió por medio de Cristo nos transformó de enemigos en amigos”. Un viejo himno dice: ¡”Oh, qué amigo tenemos en cristo!” pero, en realidad, Dios nos invita a disfrutar su amistad y comunión con las tres personas de la Trinidad: nuestro Padre, , el Hijo y el Espíritu Santo.
Jesús dijo: “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes”. La palabra amigo en este versículo no se refiere a un conocido ocasional sino a una relación estrecha de confianza. El mismo término se usa para referirse al padrino del novio en la boda y al círculo de amigos más íntimo y personas de confianza del rey. En las cortes reales, los siervos deben mantener cierta distancia prudente del rey, pero sus amigos íntimos disfrutan de un contacto estrecho, así como de acceso directo al rey, y de información confidencial.
Es difícil comprender por qué Dios quiere ser mi amigo íntimo, pero la Biblia declara que “Dios es apasionado con respecto a su relación con nosotros”.
Dios tiene el anhelo intenso de que lo conozcamos íntimamente. En efecto, planificó el universo y estructuró la historia, incluyendo los detalles de nuestra vida, para que pudiésemos ser sus amigos. La Escritura afirma: “De un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren”.
Conocer y amar a Dios es nuestro gran privilegio; ser conocido y amado por él es Su mayor placer. Él dice que “si alguien ha de gloriarse, que se gloríe de conocerme y de comprender que yo soy el Señor... pues es lo que a mí me agrada”.
Es difícil imaginar cómo es posible una amistad íntima entre un Dios perfecto, invisible y omnipotente y el ser humano finito y pecador. Sería más fácil de entender una relación entre el Amo y el siervo, o entre el Creador y lo creado, incluso entre el Padre y el hijo. Pero, ¿qué significa que Dios quiera ser mi amigo? Si consideramos las vidas de los amigos de Dios en la Biblia, podemos aprender seis secretos de la amistad con Dios. Veamos dos secretos en este capítulo y los cuatro restantes en el siguiente.

CÓMO LLEGAR A SER EL MEJOR AMIGO DE DIOS
Mediante la conversación constante. No será posible desarrollar una relación estrecha con Dios si sólo asistimos a la iglesia una vez a la semana ni tampoco si sólo tenemos un rato a solas con Dios. La amistad con Dios se cultiva cuando compartimos todas nuestras vivencias con Él.
Por supuesto que es importante establecer el hábito del devocional diario con Dios, pero Él quiere ser más que una cita en nuestra agenda. Quiere ser incluido en cada actividad, en cada conversación, en cada problema y hasta en cada uno de nuestros pensamientos. Es posible mantener una conversación continua con Él y “a la espera de su respuesta” durante todo el día, comentándole lo que estamos haciendo o pensando en ese momento. “Oren sin cesar” implica conversar con Dios mientras realizamos las compras, conducimos el automóvil, trabajamos o desarrollamos cualquier otra tarea cotidiana.
Existe el concepto erróneo de que “pasar tiempo con Dios” significa estar asolas con Él. Por supuesto, conforme al modelo de Jesús, necesitamos pasar tiempo a solas con Dios, pero eso representa apenas una fracción del tiempo que estamos despiertos. Todo lo que hacemos puede ser “tiempo que pasamos con Dios” si lo invitamos a acompañarnos y somos conscientes de su presencia.
Hay un libro clásico para aprender a desarrollar una conversación constante con Dios: Practicing the Presence of God (la práctica de la presencia de Dios). Fue escrito en el siglo diecisiete por el hermano Lawrence, un humilde cocinero en un monasterio francés. El hermano Lawrence fue capaz de convertir hasta las tareas domésticas más comunes y serviles, como preparar las comidas y lavar los platos, en actos de alabanza y comunión con el Creador. “La clave de la amistad con Dios ¾dijo¾, no es cambiar lo que uno hace sino cambiar la actitud de uno al hacerlo. Lo que normalmente haces para ti, comienzas a hacerlo para Dios; ya se trate de comer, bañarse, trabajar, descansar o sacar la basura”.
En la actualidad a veces sentimos que tenemos que “distanciarnos” de nuestra rutina diaria para poder adorar a Dios, pero eso se debe a que no hemos aprendido a practicar su presencia todo el tiempo. Al hermano Lawrence le resultaba fácil adorar a Dios mientras desarrollaba las tareas comunes de la vida; no tenía que viajar para asistir a retiros espirituales especiales.
Ese es el ideal de Dios. En el Edén, la adoración no era un acontecimiento al que había que asistir sino que era una actitud ininterrumpida; Adán y Eva estaban en comunión constante con Dios. Como Él está con nosotros todo el tiempo, no hay un lugar donde puedas estar más cerca de Dios que donde te encuentras ahora mismo. La Biblia dice que Él gobierna sobre todos: “Está sobre todo y por medio de todos y en todos”.
Otra de las ideas útiles del hermano Lawrence era pronunciar oraciones más cortas y conversacionales continuamente durante el día, en vez de establecer sesiones largas y oraciones complejas. Para mantener la concentración y evitar la distracción, aconsejaba: “Sugiero que no usen muchas palabras cuando oren, porque los discursos largos son propicios para la distracción”.
En estos tiempos de falta de atención, esa sugerencia de hace 450 años es de particular relevancia: Que las oraciones sean sencillas.
La Biblia nos dice que debemos orar todo el tiempo. ¿Cómo es posible hacer eso?. Una manera es usar “oraciones de aliento” durante todo el día, como lo han venido haciendo muchos cristianos desde hace siglos. Puedes elegir una afirmación o frase sencilla para repetírsela a Jesús en un aliento: “Tú estás conmigo”. “Acepto tu gracia”. “Cuento contigo”. “Quiero conocerte”. “Pertenezco a ti”. “Ayúdame a confiar en ti”. También puedes usar pasajes cortos de las Escrituras: “Para mí el vivir es Cristo”. “Nunca me abandonarás”. “Tú eres mi Dios”. Óralas tan seguido como sea posible para que se graben a fondo en tu corazón. Sólo asegúrate de que la intención sea honrar a Dios, nunca controlarlo”.
Practicar la presencia de Dios es una destreza, un hábito que se puede desarrollar. Así como los músicos practican escalas todos los días para tocar melodías hermosas con desenvoltura, debes obligarte a pensar en Dios varias veces al día. Debes entrenar tu mente para recordar a Dios.
Al principio necesitarás crear notas para traer regularmente a la memoria la conciencia de que Dios está a tu lado en ese instante. Comienza colocando notas visuales a tu alrededor. Podrías escribir una papeleta así: “Dios está conmigo y de mi lado ¡en este mismo instante!” Los monjes benedictinos recuerdan que deben hacer una pausa y rezar “la oración horaria” con las campanadas del reloj. Si tienes uno o un teléfono celular con alarma, podrías hacer lo mismo. Algunas veces sentirás la presencia de Dios; otras, no.
Si buscas experimentar la presencia de Dios en todo esto, no has entendido nada. No alabamos a Dios para sentirnos bien, sino para hacer el bien. Nuestra meta no es tener una sensación sino conciencia continua de la realidad de que Dios está siempre presente. Ese es el estilo de vida de adoración.
Mediante la meditación continua. La segunda manera de consolidar una amistad con Dios es pensar en su Palabra durante el día. Eso se llama meditación, y la Biblia repetidas veces nos exhorta a meditar en quién es Dios, lo que ha hecho y lo que ha dicho.
Es imposible ser amigos de Dios si no sabemos lo que dice. No podemos amar a Dios si no lo conocemos, y no podemos conocerlo si no conocemos su Palabra. Ella dice que Dios “se revelaba a Samuel y le comunicaba su palabra”.
Si bien no podemos pasarnos 24 horas estudiando la Biblia, podemos pensar en ella durante el día, recordando versículos que hemos leído o memorizado, y reflexionando en ellos.
A veces se cree que la meditación es un ritual difícil y misterioso, practicado por místicos o monjes en aislamiento. Sin embargo, meditar es simplemente pensar con concentración: algo que cualquiera puede aprender y usar en cualquier lado.
Cuando le damos vuelta en la cabeza a un problema, decimos que tenemos una preocupación. Cuando piensas en la Palabra de dios y le das vuelta en tu cabeza, llamamos a eso meditación. Si sabes cómo preocuparte, ¡ya sabes cómo meditar! En vez de pensar con insistencia en tus problemas, necesitas vincular la atención en tus problemas con versículos bíblicos. Cuanto más medites en la Palabra de Dios, tendrás menos de qué preocuparte.
Dios consideraba a Job y a David sus amigos porque valoraban su Palabra por encima de todas las demás cosas, y pensaban en ella continuamente en el transcurso del día. Job admitió: “Del mandamiento de sus labios no me he apartado, he atesorado las palabras de su boca”. David dijo: “La enseñanza del Señor es perfecta, porque da nueva vida... los preceptos del Señor... traen alegría al corazón”. y “constantemente están en mis pensamientos; no puedo dejar de pensar en ellas”.
Los amigos comparten sus secretos, y Dios compartirá sus secretos contigo si desarrollas el hábito de reflexionar en su Palabra durante el día. Dios le contaba a Abraham sus secretos; hizo lo mismo con Daniel, Pablo, los discípulos y otros amigos.
Al leer la Biblia y escuchar un sermón o una grabación, no olvides lo que escuchaste cuando te vayas. Desarrolla la práctica de repasar la verdad en tu mente, reflexiona sobre lo que has leído o escuchado, dale vuelta en la cabeza. Cuanto más tiempo dediques a repasar lo que Dios dijo, más entenderás los “secretos” de esta vida que pasan inadvertidos para muchas personas. La Biblia afirma: “Ser amigos de Dios es privilegio de quienes lo reverencian; sólo con ellos comparte él los secretos de sus promesas”.En el capítulo siguiente consideraremos otros cuatro secretos para cultiva una amistad con Dios, pero no esperes hasta mañana. Comienza hoy mismo a practicar una conversación constante con Dios y la meditación continua en su Palabra. La oración nos permite hablar con Dios; la meditación permite que él nos hable. Ambas son esenciales para ser amigos de Dios.

DÍA ONCE
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Dios quiere ser mi mejor amigo.

Versículo para recordar: “Ser amigos de Dios es privilegio de quienes lo reverencian”. Salmo 25:14 (BAD)


Pregunta para considerar: ¿Qué puedo hacer para recordar que debo pensar en Dios y hablar con Él más a menudo durante el día?

Coalo Zamorano - Eres Mi Amigo Fiel