domingo, 27 de agosto de 2017

Cómo caminar con Dios. Enoc.  Génesis 5.21-24


Cómo caminar con Dios. Enoc.  Génesis 5.21-24

Enoc caminaba tan de cerca del Señor, que la Biblia dice: “Y desapareció, porque le llevó Dios” (Gn 5.24). Esto significa que Enoc no murió, sino que fue llevado directamente a la presencia del Señor. ¡Qué testimonio tan maravilloso!

Al tratar de seguir a Dios con la misma pasión de Enoc, aprendemos algunos pasos que nos ayudarán a crecer en nuestro caminar con el Señor.

Reconciliarnos con Él. Esta palabra significa, esencialmente: “Dios moviéndose hacia nosotros”. El gozo de este paso es que ya no depende de nosotros; todo depende de Él. Por medio de la cruz de Jesucristo, Dios ya tomó la iniciativa de buscarnos (2 Co 5.18). Cuando ponemos la fe en el Salvador, inmediatamente formamos parte de esa reconciliación.

Confiar en Él. Nuestro Padre celestial quiere que sepamos que está interesado en nuestro crecimiento espiritual. También quiere que confiemos en Él, pues en Cristo, tenemos el medio por el cual podemos caminar íntimamente a su lado.

Coincidir con Él. Para valorar la intimidad que Dios quiere tener con nosotros, debemos estar de acuerdo con lo que enseña su Palabra en cuanto a su Hijo, la iglesia y el pecado.

Tener compañerismo con Él. Así como nuestras relaciones humanas se deshacen sin el contacto regular, nuestra intimidad con el Padre se debilita cuando no pasamos tiempo con Él.

Caminar con Dios no es una misión imposible, pero sí requiere una cuidadosa atención a los detalles de nuestra vida espiritual. Si nuestro rumbo es hacia Dios, Él siempre estará allí para dirigir nuestros pasos (Pr 16.9). El corazón del hombre piensa su camino;

Mas Jehová endereza sus pasos. 

sábado, 26 de agosto de 2017

Clamar a Dios


Clamar a Dios

“También Set tuvo un hijo, y le puso por nombre Enós. A partir de entonces se comenzó a clamar a Dios usando su nombre.” Génesis 4:26 (DHH)

Existe una definición de clamar que significa implorar pidiendo auxilio.

En los comienzos de la humanidad, después de la expulsión de Adán y Eva del paraíso, el hombre comenzó su triste peregrinaje por este mundo. Ya desde el inicio su historia estuvo marcada por situaciones trágicas y lamentables. El primer asesinato de la historia de la humanidad ¡fue entre hermanos! A los pocos años de haber salido del Edén, Adán tiene que enterrar a su hijo Abel que había sido asesinado por su hermano Caín.

¿Qué estaría pensando Adán en ese momento? Nadie puede saberlo, pero si hubiera estado en su lugar, me estaría reprochando con dureza la terrible estupidez que había cometido al comer del fruto prohibido. Es muy posible que este hombre se haya atormentado todos y cada uno de sus días por semejante tontería. No había disculpas ni palabras posibles para enmendar semejante error. ¡Por su culpa toda la humanidad estaba condenada!

Los primeros signos del pecado no tardan en aparecer. Caín asesina a Abel, la humanidad comienza a degenerarse, la maldad crece y los corazones se desvían cada vez más de Dios. Adán y Eva tuvieron muchos hijos, pero solo se menciona el nombre de Set. Tal vez porque de este hombre surgió la línea espiritual que intentaría mantener una relación viva con Dios.

En este sentido, su hijo Enós trató de seguir los pasos que su padre Set le había enseñado y que seguramente fueron apuntalados por el atormentado Adán. A tal punto que cuenta Génesis que a partir de Enós, los hombres comenzaron a implorar pidiendo auxilio a Dios por su nombre. Con la tercera generación el hombre se dio cuenta que solo no podía seguir y que necesitaba del auxilio y la ayuda de Dios para poder sobrevivir.

Pasaron muchos años desde los tiempos de Enós, pero nuestra realidad sigue siendo exactamente la misma. Hoy también necesitamos clamar a Dios, llamándolo por su nombre, para que nos asista, auxilie y socorra. Necesitamos implorar de Dios su bendición y su ayuda para poder estar bien.

No hacerlo, nos va a llevar por el camino que transitó la humanidad, que lleva al fracaso absoluto. Clamar a Dios no es una opción, es una necesidad demostrada por la historia de la humanidad. Sería bueno aprender de los errores para no cometerlos nuevamente.

REFLEXIÓN – ¿Clamaste hoy?

Un gran abrazo y bendiciones  

viernes, 25 de agosto de 2017

Caín y Abel. Dios mira el Corazón. Génesis 4


Caín y Abel. Dios mira el Corazón. Génesis 4







Una familia como muchas aparentemente normal. Adán y Eva tienen dos hijos crecen cada y uno se dedica a su trabajo. V 1 “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.  4:2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.”

Como nos podemos dar cuenta hasta aquí no hay ningún problema. Los dos creen en Jehová, tanto que los dos llevan ofrenda a Dios. V 3-4 a “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

4:4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas”



En la palabra no dice que Caín llevo lo peor, simplemente dice que llevo ofrenda. Es más Dios sabe del esfuerzo que hizo Caín, recuerda que el trabajo de labrar la tierra no es fácil, no es un trabajo para flojos.

Dios miro dos cosas, miro a Abel y miro su ofrenda. V 4 b “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;” de la misma forma mira a Caín y mira su ofrenda. V 5 a “pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya”

Dios primeramente mira al hombre, pero después mira la ofrenda no podemos separar al hombre de la ofrenda.

Dios mira nuestro corazón. 2 Corintios 9: 7 “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”

En el corazón de Caín había maldad. V 6 “Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?”

Aquí encontramos el tipo de dos clases de cristianos, uno que se congrega porque ama a Dios y su actitud es la mejor y otro que hace las cosas porque le toca. Hoy nuestra ofrenda ya no son los animales, ni el producto del campo. Nosotros somos esa ofrenda viva y el templo es el lugar donde nos damos en sacrificio. Romanos 12: 1 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

Entregar nuestro cuerpo en sacrificio significa dar lo mejor del tiempo que Dios nos da, lo mejor de los talentos, lo mejor de los diezmos. Etc.

Dios sabe lo que hay en nuestro corazón por eso el en su misericordia nos:

1. previene a tiempo. V 7 “Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.” Dios quiere que todo el mundo sea salvo.

2. Nos da la oportunidad de arrepentirnos. V 9 “Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió:” ¿será que en realidad Dios no sabía dónde estaba Abel, o lo que le había pasado? La historia se repite. Dios le dio la oportunidad a su padre Adán para que se arrepintiera, cuando le dijo Adán, Adán donde estas. Pero al igual que hiso su padre Caín también rechazo esta oportunidad. V 9b “No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”

Todo lo que hagamos para Dios tienen que ser con gozo y alegría, el problema del cristiano moderno es que solo busca a Dios por los milagros por esta razón su gozo es perecedero, es muy corto. Y pronto está renegando de Dios cuando considera que Dios le incumplió en su petición.

Cuando no le damos a Dios con alegría y somos desobedientes no nos queda más que soportar la terrible consecuencia. V 11 “Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.”

Caín no se arrepintió ni aun mirando el castigo, lo que hizo fue lamentarse por su condición y hacerse la víctima. V 13-14 “Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.  4:14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.”

En los momentos de dificultad es cuando nuestro corazón queda al descubierto y brota del todo lo que tiene escondido. Maldad o benignidad, enojo o humildad.

No es hora de admirarnos de Caín es la hora de hacernos un autoanalices de nuestro corazón.

¿Cómo está tu corazón delante de Dios?

¿Qué cosas están muy escondidas allí que todavía no arreglaste seriamente con Dios?

¿Cómo reaccionas o qué expresas cuando algo tuyo no es aprobado o aceptado?

¿Cómo tratas a tus hermanos cuando sus ofrendas son aceptadas, cuando sus ministerios son reconocidos o cuando son elegidos en lugar tuyo?

¿Continúas amando a tu hermano o lo “asesinas” con tus palabras, tus indiferencias y tus críticas?

No lleves tu ofrenda por necesidad, ofrécela por agradecimiento 

jueves, 24 de agosto de 2017

Lectura: Génesis 2:7-17; 3:6


Lectura: Génesis 2:7-17; 3:6

Cuando Adán y Eva se enfrentaron a la tentación, por primera vez, muchas de las cosas que eran una realidad para ellos, no las son para nosotros. Vivían en un ambiente perfecto y en una sociedad no corrompida. No había una influencia familiar, a la que se pudiera culparse por una mala decisión.

Adán y Eva se ubicaron en la mañana de la creación, como criaturas que se asombraban por las pequeñas y grandes cosas de la vida. No tenían herencia pecaminosa, ni tenían un entorno devastado al que pudieran culpar a consecuencia de la caída.

También había muchos pecados que Adán y Eva no podían cometer. No podían cometer adulterio. No podían robar a nadie. No podían deshonrar a su padre o a su madre. No podían dar falso testimonio contra su prójimo. No podían codiciar la propiedad de su vecino.

Sin embargo, la esencia del pecado en los albores de la creación es la misma que tenemos hoy: Desafiar a Dios.  En un punto crucial de su vida fueron tentados, y tanto Adán como Eva no se tomaron en serio lo que Dios les había dicho.

En las tentaciones que enfrentamos hoy en día, también nosotros debemos decidir si vamos a creer en el Señor y en las cosas que Él dice. Debemos darnos cuenta de que el pecado puede devastar nuestra relación con él.  Necesitamos su perdón cuando caemos.

1. Señor, ayúdanos a mantenernos lejos del pecado y cerca de ti.

2. Las tentaciones son atractivas, por lo tanto tienes todos los días que decirle a Jesús que venga cerca de ti; confía en Él y Él oirá tu voz.   Para resistir la tentación, debes estar con Cristo. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

MARDOQUEO


MARDOQUEO

Después del último levantamiento de Jerusalén en contra de Nabucodonosor, la familia de Mardoqueo fue deportada a Babilonia. El probablemente nació en Susa, (ciudad que se convirtió en una de las capitales de Persia después que Ciro conquistara Babilonia) y heredó una posición oficial entre los judíos cautivos que lo mantuvo cerca del palacio aun después de que los babilonios habían sido derrocados. En un momento, cuando escuchó los planes para asesinar al rey Asuero, reportó el complot y salvó la vida del rey.

La vida de Mardoqueo estuvo llena de desafíos que él convirtió en oportunidades. Cuando murieron sus tíos, adoptó a Ester, la hija de ellos y por lo tanto su prima, probablemente porque sus propios padres habían muerto y se sentía responsable por ella. Más tarde, cuando fue llevada al harem de Asuero y elegida para ser reina, Mardoqueo continuó aconsejándola. Muy poco tiempo después de esto, se vio en un conflicto con Amán, el recién designado jefe de gobierno de Asuero. Aunque deseaba servir al rey, Mardoqueo se negó a adorar al representante del rey. Amán estaba furioso con Mardoqueo. Así que planeó hacer matar a Mardoqueo y a todos los judíos. Su plan se convirtió en una ley para los medos y los persas, y parecía que los judíos habían sido sentenciados.

Sin embargo, Mardoqueo, deseaba servir a Dios donde estuviera. Habló con Ester y le dijo que quizá la razón por la que Dios le había permitido ser reina era para que salvara a su pueblo de esta amenaza. Pero Dios también lo había puesto a él, años antes, en el lugar correcto. Dios reveló al rey, por medio de la lectura de documentos históricos, que Mardoqueo había salvado su vida en una ocasión y el rey se percató de que nunca se lo había agradecido. Entonces, Mardoqueo fue honrado por el rey y esto arruinó el plan de Amán de colgarlo en una horca. Dios había planeado un contraataque efectivo contra el cual el plan de Amán no pudo mantenerse en pie.

Más tarde, Mardoqueo instituyó la fiesta judía de Purim. Tuvo una larga carrera de servicio al rey en favor de los judíos. En la vida de Mardoqueo, Dios mezcló carácter y circunstancias para lograr grandes cosas. El no ha cambiado la forma en que trabaja. Dios está utilizando las situaciones a las que se enfrenta cada día para tejer un patrón de santidad en su carácter. Haga una pausa y pida a Dios que lo ayude a responder adecuadamente a las situaciones en las que usted se encuentra en el día de hoy. 

martes, 22 de agosto de 2017

Sola mente El Espíritu Santo.


Sola mente El Espíritu Santo. Recordemos cómo uno llega a ser cristiano. Antes de que una persona pueda sentir la necesidad de Jesucristo como salvador, esa persona debe primero estar convencida de pecado. “Y cuando él [El Espíritu] venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8). El Espíritu Santo nos muestra nuestro pecado y nuestra necesidad de un Salvador. Eso es lo que todo creyente experimenta en su conversión a Cristo.   

Jesús también enseñó que la entrada al reino de Dios (“nacer de nuevo”) sólo puede ocurrir mediante la obra del Espíritu Santo: Jesús le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).

Es el Espíritu Santo trabajando dentro de nosotros lo que hace que nos volvamos de nuestro pecado y fijemos los ojos en Jesús. Aunque puede que nos veamos tentados a pensar que nosotros podemos crear ambientes emocionales para que esto suceda, la verdad es que este tipo de renacer o transformación sólo puede suceder a través de la obra del Espíritu Santo.

El apóstol Pablo enseñó que los creyentes son “templos del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19), y porque el Espíritu vive dentro de nosotros, eso nos hace diferentes al resto del mundo. Si el Espíritu Santo no vive dentro de una persona, ser miembro de una iglesia o cualquier otro esfuerzo sincero que haga esa persona por vivir una buena vida será inútil para hacer que sea cristiana. Sólo la verdadera fe en Jesucristo como Salvador, confirmada por el Espíritu Santo, nos hace una nueva criatura. El Espíritu que habita en cada creyente es solo otra manera de decir: “Cristo en nosotros”, porque la presencia del Espíritu Santo representa a Jesús.

Cuando Dios mira a la tierra, él no se enfoca en las etnias, y nunca reconoce las denominaciones religiosas. Él sólo ve dos tipos de personas: Sus hijos, que tienen al Espíritu viviendo dentro de ellos y los no creyentes que no lo tienen. Es así de sencillo. Hoy en día discutimos por posiciones doctrinales para validar nuestra fe, pero para la iglesia primitiva la definición era más simple. O somos templos o no lo somos. “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9). Hubiera sido imposible para los apóstoles considerar a alguien un verdadero creyente en Jesús sin el testimonio que le acompaña y la obra del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios era crucial.

lunes, 21 de agosto de 2017

Hebreos 6:16-18

Hebreos 6:16-18
Los seres humanos juran por alguien superior a ellos mismo, y el juramento, al confirmar lo que se ha dicho, pone punto final a toda discusión. Por eso Dios, queriendo demostrar claramente a los herederos de la promesa que su propósito es inmutable, la confirmó con juramento. Lo hizo así para que, mediante la promesa y el juramento, que son dos realidades inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un estímulo poderoso los que, buscando refugio, nos aferramos a la esperanza que está delante de nosotros.
La promesa está escrita en Génesis 12 y dice: Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.
Hoy en día, tenemos notarios, abogados y muchas páginas de contratos que buscan darle validez a cualquier tipo de acuerdo, pero en ese entonces, un método común sería el “jurar” por alguien mayor. De hecho, algunas personas todavía tienen la costumbre de decir: “te lo juro por Dios o por mi madre o algún familiar”. Como si esto validara lo que se está diciendo o acordando. Dios, en su sabiduría y misericordia con nosotros, utiliza elementos que podemos entender para demostrarnos su gran autoridad y poder. El hecho de que la promesa se haya hecho sin haber nadie “encima” de Él, demostraba que tiene el poder absoluto.
¿Qué promesas nos da Dios el día de hoy? Darnos vida en abundancia. Gozo y paz mientras atravesamos pruebas. Bendiciones. Libertad del pecado. Trae luz a tu vida. Esperanza. Sentido y razón de vivir. Abrigo. Alimento. Y así, la lista sigue. Sin embargo, nosotros dudamos de ellas. Decimos que creemos en Dios. Sabemos que es todopoderoso. Pero por alguna razón, pensamos que nuestra situación es distinta. Por alguna razón limitamos a Dios en nuestros asuntos. ¿Resultado? Dejamos de recibir esas promesas. Llega la angustia. El celo y el enojo comienzan a florecer. El rencor se vuelve un amigo de todos los días. Y después te preguntas cómo llegaste hasta ahí. ¿Entiendes lo que estoy diciendo? Dios te quiere decir el día de hoy que está puesto al cien por ciento. Que Él no se ha movido y no se moverá. Su palabra permanece y jamás ha mentido. Ahora te corresponde hacer tu parte. Él es la roca. Él es el fundamento de todo. Si realmente confías en Él, es tiempo que lo dejes dirigir tu vida y rendirte ante su soberanía. Como humanos necesitamos juramentos y procesos legales para tratar de asegurar que algo se cumpla. Dios lo hace a través de su palabra. Sea lo que sea que estás atravesando en este momento, te pido hagas una pausa. Respira. ¿Qué hay en tu corazón? ¿Tu prioridad es servir y obedecer a Jehová? ¿Tus actos lo confirman? Acude a Él. Él se encarga de lo imposible. Sí. De tu caso también.
Oración
Mi Dios y Señor: gracias. Te necesito tanto y no he querido reconocerlo. Dudo y cuestiono tus promesas mientras que tomo malas decisiones por mi cuenta. ¡perdóname! Te entrego mi vida y te pido la dirijas. Gracias por mostrarme que no hay nada ni nadie por encima de Ti. Te entrego mis cargas, mis angustias, mis enojos y mis rencores. Te pido derrames tu perdón sobre mí y pueda perdonar y amar a mi prójimo. Dale sentido y dirección a mi vida. Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús. Amén