sábado, 25 de febrero de 2017

Salmo 25.12

Salmo 25.12

¿Cómo puede usted estar seguro de que está tomando la decisión correcta? A veces, puede parecer que Dios juega a las escondidas cuando tratamos de conocer su voluntad, pero no es así como Él actúa. Él quiere darnos una dirección clara. La verdadera pregunta es: ¿Qué se necesita para escuchar su voz?

Limpiar el camino. Tenemos dos grandes obstáculos que ponen trabas a nuestro discernimiento: el pecado en nuestra vida, y nuestros deseos. Para recibir la dirección del Señor, debemos arrepentirnos de todo pecado conocido, y subordinar nuestros deseos a los de Él.

Ejercer la paciencia. A veces, se necesita mucha resistencia para permanecer quieto cuando todo nuestro ser nos dice: “¡Date prisa! ¡El tiempo se acaba!” Pero si usted se adelanta a Dios puede errar en su voluntad.

Perseverar en la oración. La Biblia nos enseña claramente que traigamos siempre nuestras preocupaciones a Dios. Cuando perseveramos en la oración, Él elimina gradualmente nuestra confusión hasta que llegamos finalmente a conocer su voluntad.


Escudriñar la Biblia. La Palabra de Dios tiene una respuesta para cada necesidad, y el Espíritu Santo sabe cómo dirigirnos a ellas. Recuerdo las veces en que, leyendo la Biblia, un versículo me ha dado la respuesta exacta que necesitaba para tomar una decisión. Muy a menudo, cuando nos enfrentamos a una decisión importante, todo lo que queremos del Señor es una respuesta rápida. Pero Dios se deleita en reunirse con nosotros para profundizar nuestra relación con Él. No permita que la urgencia de su necesidad le impida disfrutar de la presencia de Dios.

viernes, 24 de febrero de 2017

Filipenses 4.10-13

Filipenses 4.10-13

Por lo general, asociamos el contentamiento con las condiciones favorables. Cuando nuestras relaciones familiares son buenas, el trabajo es satisfactorio y no tenemos problemas de salud o económicos, entonces nos sentimos bien. Pero si algo sale mal, nuestro contentamiento desaparece.

Eso no es lo que el pasaje de hoy nos está diciendo. Pablo había aprendido a tener contentamiento, sin importar cuáles fueran sus condiciones. Esta es una noticia maravillosa para nosotros, porque significa que nosotros, también, podemos aprender a tener contentamiento, sin importar lo que estemos enfrentando. Debemos recordar que:

Pablo tenía contentamiento porque descansaba en la fidelidad de Dios. Sabía que el Señor tiene todo el control (Sal 103.19), y que ha prometido que todo lo que disponga sea para el bien de sus hijos (Ro 8.28). En todas y cada una de las circunstancias, Pablo descansaba en la seguridad de la mano soberana y amorosa de Dios. El apóstol también confiaba en que todo lo que iba a necesitar, lo recibiría en el tiempo del Señor.

Su contentamiento fluía también de su enfoque en Cristo. Aunque estaba escribiendo desde una prisión romana, Pablo no se sentía víctima ni se regodeaba en la auto compasión. De principio a fin en la carta a los Filipenses, hablaba de Cristo. De hecho, su deseo más grande en la vida era conocer al Señor y participar de sus padecimientos (Fil 3.10).

Nunca podremos encontrar contentamiento permanente en nuestras circunstancias, pero podremos encontrarlo en Cristo. 


jueves, 23 de febrero de 2017

Filipenses 1.12-25

Filipenses 1.12-25

Si usted tuviera el poder de cambiar sus circunstancias, ¿lo haría? Puesto que nadie tiene una vida sin problemas, la mayoría de nosotros diría que sí. Sin embargo, la realidad es que debemos aprender a vivir con algunas de nuestras circunstancias difíciles, porque solo Dios tiene el poder de alterarlas, y en su providencia ha permitido que se mantengan.

Tomemos, por ejemplo, al apóstol Pablo. Tenía el deseo de ir a Roma para predicar el evangelio, pero no previó la manera que Dios usaría para llevarlo allá. Todo comenzó con acusaciones falsas contra él en Jerusalén, su apelación a César, un viaje por un mar embravecido, un naufragio, y además el tiempo que iba a estar preso en Roma. Probablemente, esto no era lo que Pablo había imaginado, pero mientras estaba encadenado a una guardia romana, escribió estas palabras a la iglesia en Filipos: “Las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio” (Fil 1.12). La misma circunstancia que pudo haberle parecido una desgracia, se convirtió en el medio para un servicio fructífero.

Lo que parece un naufragio o un desvío en nuestros planes, pudiera ser el sendero ordenado por Dios para nuestra vida, pero existe una certeza a la cual podemos aferrarnos: Jesucristo está con nosotros y nunca cambia.


Las condiciones a nuestro alrededor fluctuarán, pero si somos de Cristo, Él usará cada situación para hacer su voluntad en y a través de nosotros. Incluso cuando enfrentemos asuntos de vida o muerte, podemos desear lo mismo que Pablo: que Cristo sea exaltado en nosotros, ya sea por vida o por muerte.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Mateo 28.18-20

Mateo 28.18-20

Enseñar del Espíritu Santo y predicar acerca del Espíritu Santo, Es necesario. Los cristianos los que somos Hijos de Dios El Padre sabemos que Dios nuestro padre celestial se da a conocer a este Mundo en tres personas distinta pero que es un solo Dios verdadero. A veces, incluso quienes han sido cristianos por mucho tiempo, piensan en la Trinidad como una jerarquía. En su modo de pensar, el Padre es Dios, Jesús está ligeramente por debajo de Él en jerarquía y preeminencia, y el Espíritu Santo es el servidor de ambos. Aunque esto puede ajustarse a los modelos humanos de autoridad, no es bíblico.

Según la Biblia, los tres miembros de la Trinidad son plenamente Dios.

Dios Padre – Jesucristo se refirió a su Padre como Dios (Jn 5.17, 18).

Dios Hijo – Juan 1.1 identifica a Jesús como divino. Aunque Cristo nunca se llamó específicamente a sí mismo “Dios”, su Padre sí le dio ese título (He 1.8). Además, Jesús reconoció tener poder ilimitado, un atributo que solo poseía el divino Creador (Mt 28.18), y también aceptó ser adorado (Mt 14.33; Jn 9.38).

Dios Espíritu Santo – Después de declarar que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, el Nuevo Testamento acredita al Espíritu Santo la Resurrección (Ro 8.11). Jesús reforzó esta idea cuando envió a los discípulos a bautizar a los nuevos creyentes en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


La Biblia confirma que cada miembro de la Trinidad es igualmente Dios. Padre, Hijo y Espíritu Santo funcionan como una unidad; ninguno es más importante o menos esencial que los otros dos. Los tres están enfocados en su plan para la humanidad: en la salvación y transformación del hombre, y en la gloria a Dios.

martes, 21 de febrero de 2017

Juan 14.26-27

Juan 14.26-27

Aunque la palabra Trinidad no se encuentra en la Biblia, la verdad de ella sí. Aunque hay un solo Dios, la Deidad se compone de tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todas son igualmente omniscientes, omnipotentes, omnipresentes, eternas e inmutables, pero cada una tiene funciones exclusivas.

La Biblia enseña cómo cada miembro de la Trinidad cumple con su papel específico, y también la manera como se interrelacionan estos roles. Permítame expresar esta idea en términos sencillos: el Padre crea un plan, Jesucristo lo ejecuta y el Espíritu Santo lo dirige.

La redención muestra estas funciones de una manera clara. El Padre concibió y organizó la manera en que sería redimida la humanidad (Gá 4.4, 5). Puso en marcha un complejo conjunto de acontecimientos, acciones y profecías que culminaron en la vida y muerte de un Salvador. El Hijo llevó a cabo el plan (Jn 6.37, 38). Siguió las instrucciones del Padre de venir a la Tierra, aunque eso significaba que tendría que morir. El Espíritu Santo se encarga de que cada persona sienta el llamamiento a la gracia salvadora de Dios (Jn 16.8; Ro 1.19, 20). Además, transforma la vida y el corazón de quienes reciben la salvación por medio de Jesucristo.


Padre, Hijo y Espíritu Santo son iguales en sus atributos divinos. Pero se relacionan con la humanidad de una manera diferente para cumplir con funciones distintas, porque cada uno tiene una función específica. Es muy importante entender esta diferencia. No tenemos tres dioses; sino un solo Dios en tres personas que funcionan de manera integrada, particular y perfecta.

lunes, 20 de febrero de 2017

Filipenses 2.12-13

Filipenses 2.12-13

¿Qué significa “ocupaos en vuestra salvación”? Muchas personas piensan erróneamente que Pablo nos estaba diciendo que debemos trabajar para ganar la salvación. Pero el apóstol estaba diciendo algo completamente diferente: que su experiencia de la salvación no era el final de su peregrinación espiritual. Es, más bien, el catalizador que ha activado nuestro “modo” de operación.

Después de que usted ponga su fe en el Señor Jesús como su Salvador, podrá comenzar a vivir lo que Él le ha dado, que es su vida abundante. Si ya le ha entregado su corazón, el Espíritu Santo habita ahora en usted, y le acompañará siempre. Es el Espíritu de Dios en y por medio de usted, lo que le da el poder para hacer realidad la salvación que ha recibido. La medida en que se rinda a Él, repercutirá en la obra que Dios hará por medio de usted, y en los cambios que Él hará en su vida.

Digamos que usted comienza a leer la Biblia y a aprender. A medida que se desarrollen su fe y su relación con el Señor, comenzará a notar que Él se está moviendo en su vida. Cuando comparte su fe y sus bendiciones con otros, notará a Dios trabajando de muchas más maneras. Manténgase en obediencia, y verá florecer las semillas que Él plantó en usted (Is 55.10, 11). Por eso, cuando la Biblia dice “ocupaos en vuestra salvación”, quiere decir que debemos demostrar con reverencia lo que ya se nos ha dado y permitir que la vida de Cristo se haga una realidad en nosotros.


La salvación que usted tiene debe convertirse en una expresión de la vida del Señor Jesús dondequiera que se encuentre (Mt 5.13-16).

domingo, 19 de febrero de 2017

1 Pedro 3.13-18

1 Pedro 3.13-18

La persecución ha sido una experiencia común en el cristianismo desde que los apóstoles proclamaron por primera vez el mensaje de salvación. Incluso en lugares que han sido bendecidos con un largo período de paz y prosperidad, no hay garantía de cuánto tiempo durará. Y aunque es posible que algunos de nosotros nunca experimentemos persecución severa, como prisiones o muerte por nuestras creencias, probablemente todos hemos sentido el aguijón del rechazo o el ridículo. Cualquiera que sea la forma que pueda tomar el acoso, todos debemos estar preparados para sufrir por Cristo.

Pedro escribió a un grupo de creyentes que eran tratados duramente por su fe. Su objetivo era ofrecer aliento y un recordatorio para seguir el ejemplo de Cristo, quien sin haber pecado sufrió en nuestro lugar para llevarnos a Dios. Y aunque la multitud junto a la cruz se burlaba de Él, el Señor nunca respondió con palabras hirientes (1 P 2.21-23).

Sin esta perspectiva, podremos sentir autocompasión o resentimiento cuando seamos maltratados. Pero Pedro nos recuerda que somos bendecidos cuando sufrimos por causa de la justicia. No solo recibiremos una recompensa en el cielo (Mt 5.11, 12), sino que podemos también tener la oportunidad de ser testigos de Cristo, con dulzura y reverencia.


La reacción sabia a la persecución fluye de una comprensión correcta del plan de Dios. El sufrimiento injusto es, a veces, parte de su voluntad para nosotros, como lo fue para Cristo. Pero podemos confiar en nuestro Padre celestial, sabiendo que Él puede obrar en cada situación para nuestro bien y para su gloria.