jueves, 5 de enero de 2017

Hechos 13:49-52

Hechos 13:49-52
Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia. Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y distinguidas y a los principales de la ciudad y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites. Ellos entonces, sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies, llegaron a Iconio. Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.
Nunca falta el que se opone a una bendición o recibir una buena noticia. El egoísmo y el orgullo son causantes de miopía y astigmatismo. Nos dejan completamente ciegos. No entendemos hacia dónde vamos, no controlamos lo que hacemos pero según nuestro orgullo y nuestra falta de cuidado por las cosas de los demás, estamos convencidos que vamos por el camino correcto. Así estaban actuando los judíos que inventando argumentos y alborotando a la gente, sacaron a los discípulos de la ciudad. Se dice que, conforme crecemos, nos va costando cada vez más y más trabajo el adaptarnos al cambio. Imagino a estos judíos acostumbrados a vivir a su manera y teniendo control sobre todo lo que acontecía a su alrededor siendo ellos la autoridad espiritual. Un día, llegan unos extranjeros anunciando que las profecías que estudian y predican han sido cumplidas en la persona de Jesús y que trae un mensaje de reconciliación. Las personas se amontonan para escuchar más y los líderes solamente ven con desdén lo que hacen los discípulos. No están dispuestos a cambiar. A pesar de que con gran perfección, Pablo y Bernabé demostraron que el Cristo era Jesús, prefirieron tener oídos necios y bloquear lo que estaban escuchando.
Debes tener cuidado con tus reacciones. Debes analizar cómo eres cuando algo viene a tu vida. No puedes escudarte en la costumbre ni en la forma en que creciste. Debes ser moldeado conforme a la imagen de Dios y no a la tuya o la de tu familia. Pienso que lo que más estorba al Señor para trabajar con nuestras vidas somos nosotros mismos. Somos los que más resistencia ponemos para que destruya nuestro orgullo, desplace nuestro egoísmo y promueva el amor a nuestro prójimo.
Finalmente vemos un excelente ejemplo de cómo reaccionar cuando el viento está en nuestra contra. Los discípulos son expulsados sin razón y en lugar de pelear y tratar de convencer, simplemente sacuden el polvo de sus pies y siguen su camino. No debemos entrar en confrontaciones que no tienen sentido ni tendrán resultados favorables. Hay que ser sabios y entender que nuestra labor es compartir a Cristo. Esto hicieron los discípulos. En el momento en que fueron agredidos, se marchan y siguen su camino. Comparte a Jesús con amor y misericordia. Si los que escuchan quieren debatir de manera orgullosa y necia, no des espacio para ese tipo de discusiones. Abre la puerta para hablar más del evangelio y ciérrala para cualquier tipo de altercado. Sé sabio. Sé humilde. Sé amoroso.
Oración
Señor: me cuesta trabajo ser humilde y amoroso, te pido que trabajes en mi corazón y me transformes. A veces prefiero discutir que dejarte las riendas. Te pido perdón porque sé que soy el principal estorbo para tu obra en mi vida. Cámbiame Señor. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén

miércoles, 4 de enero de 2017

1 Juan 4:7-8

1 Juan 4:7-8
Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios; y todo el que ama ha nacido de Él y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
Cada vez que tengo la oportunidad de hablar acerca del amor, utilizo una canción que cantaba José  José que decía: el amor acaba. ¡Qué cierta frase! El amor acaba. ¿Cuántas canciones hablan sobre el desamor? ¿Cuántas novelas? Peor aún, cuántos matrimonios se separan porque “el amor acaba”. No. No soy un pesimista. Lo que trato de hacer claro cuando cito esa canción y hablo acerca del “amor” es la enorme diferencia que existe entre lo que la gente (el mundo) llama amor y lo que realmente es amor. Existen distintas palabras en el griego para distinguir el amor. La palabra fileo, habla de un amor fraternal o de amistad. La palabra eros, de un amor pasional o de deseos. Por último está la palabra agape. Ésta habla de un amor incondicional. Un amor que no necesita recibir para seguir existiendo. Un amor que no está limitado. Un amor puro. Esta misma palabra es la que se utiliza para describir a Dios. Dios es amor. Dios es agape. Por esta razón, la gente piensa que el amor “acaba”. Porque el amor al que se refieren es fileo o eros. ¡Es el único amor que conocen! Tristemente tienen razón. Ese amor acaba. Si alguien nos lastima, el amor fraternal queda herido. Si alguien nos engaña, el amor eros se termina. ¿Cómo hacer que el amor no se termine con algo tan limitado? ¡Imposible! Por eso Dios nos enseña lo que realmente es amor. Él es amor. Aquél que le conoce, conoce el amor. Aquél que le conoce puede amar. ¿Y qué conocemos de Dios? Que nos ama incondicionalmente. Nos ama ilimitadamente. No nos ama esperando que nosotros hagamos algo. De hecho, no puedes hacer nada para que te Amé 

martes, 3 de enero de 2017

Hechos 23:19-22

Hechos 23:19-22
El comandante tomó de la mano al joven, lo llevó a parte y le preguntó: ¿Qué quieres decirme? Los judíos se han puesto de acuerdo para pedirle a usted que mañana lleve a Pablo ante el Consejo con el pretexto de obtener información más precisa acerca de él. No se deje convencer, porque más de cuarenta de ellos lo esperan emboscados. Han jurado bajo maldición de no comer ni beber hasta que hayan logrado matarlo. Ya están listos; sólo aguardan a que usted les conceda su petición. El comandante despidió al joven con esta advertencia: no le digas a nadie que me has informado de esto.
Conforme avanza la historia, me siento como en una película de suspenso y me llena de nervios. Ahí está Pablo siendo atacado por el Consejo y es rescatado por el comandante para posteriormente ser aprehendido y azotado hasta que utiliza su ciudadanía romana para frenar la golpiza. Mientras él se encuentra preso, se siguen desarrollando planes más elaborados para asesinarlo. El último involucra una emboscada que puede ser frenada si el comandante escucha y cree al sobrino de Pablo lo que le acaba de informar. ¡Qué historia! Date cuenta cómo las cosas cambian de un día para otro. El mismo que aprehendió a Pablo y mandó que lo azotaran es ahora quien puede salvarle la vida. En el mundo corporativo te dicen que nunca te cierres puertas pues no sabes si te volverás a encontrar con esa persona nuevamente en el futuro. Si bien, es totalmente cierto y resulta bueno el consejo, quiero llevarlo al ámbito espiritual. Nuestro Señor nos pide amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. ¿Alguna vez has pensado en la profundidad de este mandamiento? Involucra entregar todo aquello que nos han enseñado e ir en contra de la corriente. Si te han lastimado, tú debes perdonar sin importar que esa persona te pida siquiera un perdón. O ¿Acaso te dejas de querer cuando cometes un error? ¡Por supuesto que no! Nunca dejamos de querernos. Pues asimismo nunca podemos dejar de amar a nuestro prójimo. Y en la historia de hoy podemos ver cómo la misma persona que nos dañó en algún momento, puede protegernos y ayudarnos en otro. ¿Quiénes somos para sentirnos con el poder de “eliminar” personas de nuestra vida? Entiendo esta reacción para aquellos que no conocen a Jesús, pero de los que decimos ser sus seguidores no debe ser así. Ahora, aunque no lo creas, esto puede cambiar de un día para otro. Sí, leíste bien. ¿Cómo? Entregando al Señor tus deseos y pidiendo que ponga los suyos en ti. Pidiendo que te llene de perdón, de misericordia y de amor para con aquellos que simplemente no puedes tolerar. Abre tu corazón y dile lo que sientes. Entrega tu odio, tu rencor y cada coraje que has decidido guardar. Él se encargará de hacer el milagro. No te desanimes si te tropiezas y caes. Pide perdón. Levántate y empieza de nuevo.
Muchas personas pasarán por nuestra vida. Algunas por poco tiempo y otras por uno largo. Yo pienso que Dios las pone en un momento específico para que demos testimonio y compartamos de la reconciliación que se nos ofrece a través del sacrificio de Jesús. Hoy aprendimos que una persona puede causarnos un daño un día y en otro nos puede salvar la vida por lo que no nos corresponde juzgar ni criticar y mucho menos odiar sino por el contrario, amar al prójimo como a uno mismo.
Oración

Padre Santo: tu palabra es tan sabia y rompe con todo lo que he aprendido. Tu palabra llena de luz y de sentido mi vida. Hoy quiero entregarte mi voluntad. Hoy quiero aprender a amar a mi prójimo como Tú lo pides en lugar de como yo lo he hecho. Te pido que me llenes de tu amor y misericordia, de tu perdón y gracia para que pueda obedecerte. Transfórmame Señor pues quiero servirte. Te lo pido en el nombre del que reina, el Señor Jesús. Amén

lunes, 2 de enero de 2017

COLOSENSES 2.13, 14

COLOSENSES 2.13, 14
Aunque muchos cristianos saben que son salvos, tienen preguntas en cuanto a su seguridad eterna. ¿Nuestra salvación depende de nuestra conducta? Examinar lo que sucedió cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador, nos dará garantía de la seguridad que tenemos en Él.
Antes de ser salvos, teníamos un problema espiritual. Nacimos con una naturaleza inclinada a rebelarse contra Dios. Nuestro ser interior rechazaba de forma habitual su autoridad, y tenía el control. Por nuestra condición pecaminosa, estábamos muertos espiritualmente (Ef 2.1), bajo el juicio de Dios, y destinados a la separación eterna de Él. Ninguna cantidad de buenas obras, de arrepentimiento, o de buena conducta podrían haber cambiado nuestra condición pecaminosa. Era necesaria una solución divina. Sabiendo esto, nuestro Padre celestial proveyó lo que necesitábamos por medio de su Hijo Jesucristo (Jn 3.16).
El día que pusimos nuestra fe en Cristo nuestra situación cambió, de condenación y muerte, a perdón y vida (Jn 5.24). Recibimos una nueva naturaleza que quería agradar a Dios, y fuimos adoptados en su familia (2 Co 5.17). El regalo divino de la salvación nos libró de la muerte eterna, y nos dio vida espiritual y vida eterna. No podemos volver a nuestro estado de muerte y falta de perdón. Nuestra nueva condición de hijos de Dios es permanente, porque se basa en lo que Jesús ha hecho.

Aunque nuestra conducta no reflejará siempre nuestra nueva naturaleza, los errores que cometamos no ponen en peligro nuestra salvación. Recuerde que no son nuestras acciones sino la obra de Cristo en la cruz lo que cambió nuestra condición. Y nada puede deshacer un renacimiento espiritual producido por la fe en Cristo (Jn 3.3). Recuerde que no son nuestras acciones sino la obra de Cristo en la cruz lo que cambió nuestra condición. No estoy diciendo que se deba practicar el pecado.  Estoy diciendo que si por nuestra dividida caemos que nuestro corazón se conduela sabiendo que le hemos fallado a Dios y nos humillemos quebrantados pidiéndole perdón a Dios.   

domingo, 1 de enero de 2017

El Hijo Prodigo: La actitud del “hermano mayor”

El Hijo Prodigo: La actitud del “hermano mayor”
“…se enojó y no quería entrar” (Lucas 15:28)
En vez de uno, había ¡dos hijos pródigos! El hermano menor era culpable de los pecados de la carne, el mayor de los del espíritu (actitud). Al final de la parábola de Jesús, es el hermano mayor -el segundo hijo pródigo- el que está fuera de la casa del padre… Cuando nos centramos únicamente en nuestros propios intereses, nos parecemos al hermano mayor, porque albergamos actitudes de envidia y de egoísmo. Entiende esto: Los creyentes que sólo se fijan en sí mismos, generalmente, no son tan felices como aquéllos que aún no conocen a Cristo y que, sin embargo, tienen un propósito que va más allá de ellos mismos. La actitud del “hermano mayor” produce estos tres posibles resultados: (1) Es posible ser hijo y negarte a actuar como hermano.
Exteriormente, el hermano mayor se encontraba muy bien, pero fíjate en su actitud resentida… Una mala relación con tus hermanos en Cristo siempre afecta a la relación con tu Padre celestial.
(2) Es posible servir a Dios fielmente y no estar sincronizado con su voluntad.
El hermano mayor no tenía ni idea por qué su padre se alegraba ver al desobediente de su hijo volver a casa… La gente egocéntrica y juzgadora nunca lo percibe.
(3) Es posible ser heredero de todo lo que tu padre posee y tener menos alegría y libertad que alguien que no posee nada.

Los sirvientes eran más felices que el hermano mayor: comían, se gozaban y se divertían mientras él estaba fuera exigiendo sus derechos. La actitud del hermano mayor le privaba de las bendiciones de su padre, del amor de su hermano y de la alegría de los sirvientes. Y si tú tienes una actitud de “hermano mayor”, esto bloqueará también el flujo de las bendiciones que el Señor tiene para tu vida.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Hechos 5:7-10

Hechos 5:7-10
Como tres horas después entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido. Y Pedro le preguntó: “Dime, ¿vendieron el terreno en tal precio?” “Sí, ese fue el precio” dijo ella. Entonces Pedro le dijo: “¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los hombres que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti.” Al instante cayó a los pies de él, y expiró. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta; entonces la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido.
No sabemos si fue Ananías o su mujer el primero en pensar el plan de vender el terreno y quedarse con una parte. Lo importante no es si fue el hombre o la mujer sino el darse cuenta que como matrimonio, la falla de uno puede llevar terribles consecuencias. Ananías no estaba cumpliendo con un buen liderazgo y su mujer no estaba siendo de ayuda al solapar este plan. ¿Las consecuencias? Los dos cayeron al piso muertos. ¿Qué aprendemos? Que tarde o temprano, también “caeremos al piso” y nos llamarán a rendir cuentas.
Si pones atención, te puedes dar cuenta que la mujer de Ananías tuvo una segunda oportunidad para arrepentirse cuando Pedro le pregunta sobre el terreno. En ese instante ella pudo haber explicado lo sucedido y pedir perdón. Incluso ¡pudo haber pedido que le regresara su dinero pues no estaba conforme con entregarlo todo! Pero prefirió seguir con el engaño. Pensó que nadie se daría cuenta. Pensó que su mentira podía seguir y que podría salir delante. La verdad es que la mentira y el engaño no nos llevan a ningún lado sino a la separación con Dios y a una eternidad sin Él. ¿Tan drásticas las consecuencias? Sí. No lo digo yo sino la Biblia. A nosotros nos gusta pensar que los errores no son tan graves o pueden arreglarse. Si bien, pueden corregirse, el vivir las consecuencias de los mismos, nadie lo puede evitar. Además, ¿quién nos asegura que podremos tener vida para componer nuestros errores? La mujer optó por seguir con su mentira y se encontró con unos jóvenes llenos de tierra que regresaban de haber enterrado a su marido. Al instante cayó y fue sepultada.
¡Nuestras decisiones tienen consecuencias! A veces inmediatas a veces no, pero todo lo que hacemos nos lleva a alguna parte. Por esto la biblia nos llena de versículos advirtiendo sobre lo que sembramos y promoviendo que siempre busquemos la buena siembra para cosechar lo bueno. Tal vez no estás casado y no te identifiques con Ananías o su mujer, pero independientemente de tu estado civil, Dios te ha puesto en un lugar específico para que compartas de su palabra y le sirvas en obediencia. Por otro lado, quiero resaltar la importancia que tiene la pareja en el matrimonio. Se necesitan el uno del otro. Necesitamos entender que el estar pegados al Señor es vital y si uno comienza a fallar el otro debe estar atento para corregir. Ananías y su mujer le dieron la espalda a Dios y sabemos cómo terminaron. ¿Cómo quieres terminar tú?
Oración
Señor: me arrepiento de mis pecados y te pido perdón. Hoy entiendo las consecuencias que tiene el darte la espalda y no escucharte. Te pido que pueda retomar mi compromiso contigo y seguirte fielmente. Guíame. No me quiero separar de Ti. Quiero sembrar lo bueno y cosechar sus frutos. En Cristo Jesús

Amén

viernes, 30 de diciembre de 2016

5 Cosas Importantes Sobre Las Personas Que Oran
“A TI, SEÑOR, LEVANTARÉ MI ALMA” (Salmo 25:1)
El Salmo 25 describe a una persona que ha escogido el camino correcto, aunque no lo encuentre fácil de recorrer. En los diez primeros versículos podemos aprender 5 cosas importantes sobre las personas que oran:
(1) Saben a dónde deben ir a por ayuda.
“A ti, Señor, levantaré mi alma” (Salmo 25:1). Otras personas nos pueden ayudar, pero sólo Dios nos puede sostener.
(2) Saben en Quién confiar.
“…en Ti confío… ¡No se alegren de mí mis enemigos!” (versículo 2). Ama a tus enemigos, porque el Señor lo hace. Ora por ellos, preséntalos a Él, y sigue adelante. 3) Saben el propósito de la oración.
“Muéstrame… tus caminos; enséñame tus sendas” (versículo 4). “Orar es cambiar. La oración es el canal principal que Dios utiliza para transformarnos. Si no estamos dispuestos a cambiar, dejaremos de orar. Cuanto más oremos, más estaremos en sintonía con el latido del corazón de Dios. La oración es el inicio de nuestra comunicación con Dios cuando todas las alternativas que nos ofrece la vida se abren ante nosotros. En ese momento o abandonamos nuestra vida de oración y dejamos de crecer, o continuamos y permitimos que Él nos cambie”.
(4) Saben la base de su aceptación.
“Conforme a tu misericordia acuérdate, Señor, de mí, por tu bondad…” (versículo 7). No podemos acercarnos a Dios sobre la base de nuestra propia bondad, sólo en la de los méritos de la gracia salvadora de Cristo.
(5) Saben que la oración funciona.

“…enseñará a los mansos su carrera” (versículo 9). Cuando no puedes ver el camino delante de ti, ora. El Señor te lo irá revelando paso a paso; todo lo que tienes que hacer es seguirle.