miércoles, 7 de diciembre de 2016

Hebreos 12:15-17

Hebreos 12:15-17
Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura brote y cause dificultades y corrompa a muchos; y de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor. Después, como ya saben, cuando quiso heredar esa bendición, fue rechazado: No se le dio lugar para el arrepentimiento, aunque con lágrimas buscó la bendición.
De cierta manera, conforme crecemos, aprendemos a ver por nosotros mismos y dejamos en segundo plano a los demás. Tiene sentido si lo vemos desde el punto de vista humano. Nadie va a ver por lo tuyo como tú mismo. Nadie se va a preocupar porque estén bien tus asuntos más que tú. Dice el dicho: el que tiene tienda que la atienda. ¿Por qué? Porque la gente solamente ve por sus propios intereses y nosotros debemos ver por los nuestros. Pero Dios nos enseña algo distinto el día de hoy. Nos enseña a velar porque la gracia llegue a todos y no se estanque en nosotros. Nos instruye a dejar de pensar solo en nosotros y preocuparnos por nuestro prójimo. En el versículo 14 nos enseñaron a buscar la paz con todos y en el 15 a asegurarnos de ser un canal para que la gracia fluya y no impidamos que llegue a nuestro prójimo. Ahora, Dios, en su sabiduría absoluta, nos da las herramientas para lograrlo. Nos dice: no dejen que brote ninguna raíz de amargura y cause dificultades corrompiendo a muchos. La real academia española define amargura como una aflicción o algún disgusto. En otras palabras, no dejes que ninguna aflicción o algún conflicto se queden guardados en tu corazón (echen raíz) sino que entrégalos a Cristo para que sea su gracia y no tu enojo, coraje o rencor los que abunden en tu corazón. No es fácil. El pensar en los demás no implica que vayan a estar agradecidos con lo que haces. Por eso es importante hacerlo para agradar a Dios y obedecerlo. No busques agradar a las personas. A la única persona que debes agradar es a Dios. Leíste bien. No a tus padres. No a tu pareja. No a tus hijos. A Dios. De ahí se deriva el amor correcto a todos los que te rodean. Por eso, busca agradar al Señor sin importar lo que los demás piensen o hagan y serás un extraordinario canal de bendiciones.
Los versículos siguientes (16 y 17) nos dan la oportunidad de interpretar también esa gracia como la salvación que ofrece Cristo y cómo podemos despreciarla como lo hizo Esaú con la primogenitura. Por más que intentó recuperarla, ya era demasiado tarde. Así también sucede con la salvación y perdón de nuestros pecados. Por más que la gente quiera arrepentirse, solamente lo puede hacer en un tiempo determinado: mientras vive. Al morir, nuestro tiempo se acabó. Entonces, el pasaje nos enseña a buscar que todos aquellos que nos rodean conozcan y reconozcan al Señor. Nos motiva a no dejar que se pierdan. Que nada se interponga entre nosotros y ellos para compartir la gracia de Cristo que les permitirá alcanzar la salvación. Piensa en cada oportunidad que has tenido para hablar de Cristo y no lo has hecho por cualquier motivo. Debes entender que estás entorpeciendo la voluntad de Dios. ¡Compártelo! No permitas que la gente se pierda y se vaya a una eternidad de castigo.
Oración

Padre: te pido que des dirección a mi vida. He pensado solamente en mis cosas, en mis asuntos y no me he preocupado por mi prójimo. Hoy entiendo que debo amarlo, procurarlo y buscarlo para que te conozca y no se pierda. Hoy entiendo que quieres utilizarme para que tu gracia alcance a cada uno de los que me rodea. Te pido transformes mi corazón para que seas Tú quien brille y yo quede atrás. Te pido me llenes de tu amor y gracia para que la gente pueda verte a través de mis actos. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén

martes, 6 de diciembre de 2016

Caminando sobre las aguas

Caminando sobre las aguas SEÑOR, SI ERES TÚ, MANDA QUE YO VAYA A TI SOBRE LAS AGUAS” (Mateo 14:28b)
Como caminar sobre las aguas
Los discípulos estaban solos en su barca cuando estalló la tormenta. Hacia las tres de la madrugada estaban aterrorizados al ver que una silueta se aproximaba sobre el agua. Jesús dijo: “Yo soy, no temáis” (Mateo 14:27b). A lo que Pedro respondió: “Señor, si realmente eres tú, dime que vaya” (Mateo 14:28b). Examinemos esta historia durante los próximos días:
(1) Andar sobre las aguas no tiene que ver sólo con el riesgo, más bien con el discernimiento.
Hay una historia divertida acerca de un hombre que estaba delante de las puertas del cielo. San Pedro le dijo: “Dime una cosa grande que hayas hecho”. El hombre respondió: “Bueno, pues unos gamberros montados en bicicleta estaban asustando a una señora, y por eso les golpeé, di patadas a sus bicis y les arranqué los anillos que llevaban en la nariz”. A lo que San Pedro le volvió a preguntar: “Dime, ¿cuándo fue eso?”. El hombre contestó: “Pues, ¡hace unos treinta segundos!”.
Aprende a discernir entre la voz de Dios y tus propios impulsos. ¡Dios no busca saltadores de camas elásticas, voladores de ala delta o buscadores de tornados! Él desea sabiduría y madurez espiritual.
(2) Los que quieren “caminar sobre las aguas” tendrán que dejar “el barco”.
Ponte en el lugar de Pedro. La tormenta ruge y tiene miedo. El barco es seguro y cómodo; ¿a quién no le gustaría quedarse? ¡Pero no debes! Dios no te hizo sólo para evitar fracasos, ¡sino para que tengas con Él aventuras de plena fe!
(3) ¿Cuál es tu “barco”? ¿Dónde pones tu fe cuando la vida se vuelve borrascosa? ¿En un empleo? ¿En una relación?
Recuerda que tu “barquilla” es todo lo que te detiene de dar un paso en fe y caminar con Jesús. De todos los pasos que des, es el que más te puede asustar, ¡pero también es el que más recompensa te dará!
“PERO AL VER EL FUERTE VIENTO, TUVO MIEDO Y COMENZÓ A HUNDIRSE” (Mateo 14:30)
En cuanto Pedro se dio cuenta que fue Jesús quien le llamó, dejó la seguridad de la barca y se entregó en el poder de Dios. Pero entonces sucedió que “al ver el fuerte viento, tuvo miedo…” (Mateo 14:30) Para andar sobre las aguas necesitas:
Enfocarte  en el Señor, no en la tormenta

Todos sabemos qué es eso de ver “las olas”. Primero emprendes algo nuevo: un trabajo, una relación, un área de crecimiento espiritual… lleno de esperanza. Después se impone la realidad y encuentras contratiempos y oposición. Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad; yo he  vencido  al mundo” (Juan 16:33). Estate preparado; ¡viene sobre la marcha!

lunes, 5 de diciembre de 2016

Permanezcan firmes en la fe

Permanezcan firmes en la fe

La fe está basada en dos creencias; la primera es que Dios es quien dice que Él es, y la segunda que Dios hará lo que dice que Él hará. Cuando tú crees que Dios cumplirá sus promesas, aun cuando tú no veas ninguna manifestación física de esas promesas, tu estas operando en fe.

“Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.” Hebreos 11:1-6

“Les aseguro que si tienen fe y no dudan —les respondió Jesús—, no sólo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: “¡Quítate de ahí y tírate al mar!”, y así se hará. Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración.”  Mateo 21:21-22

“Vivimos por fe, no por vista”  2 Corintios 5:7

La oración es una demostración física de nuestra fe en Dios, que Él oye nuestras oraciones y que Él cumplirá sus promesas. Fe significa descansar en Jesucristo por lo que Él hizo por nosotros en el pasado, pero también significa confiar en lo que Él hará por nosotros en el futuro.

Sean hombres valientes (Pórtense varonilmente)

Se requiere mucha valentía para esperar por la sanidad de tus seres queridos quebrado. El mundo nos bombardea con soluciones rápidas y consejos tales como: “rehaz tu vida”

Se necesitan agallas para obedecer a Dios y esperar la restauración de nuestra familia. Dios está de nuestro lado. Él nunca nos dejará. Debemos fortalecernos en nuestra fe, sabiendo que Jesús está con nosotros en cada paso que damos en esta prueba de la separación y/o divorcio.

“Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten ante esas naciones, pues el SEÑOR su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará.”  Deuteronomio 31:6

“pero Jesús, hablándoles de inmediato, dijo: ¡Tengan ánimo, soy yo, no tengan miedo!”  Mateo 14:27


Oro para que encontremos  aliento y ánimo al saber que nuestro amado Padre, en unión con su Hijo y por el poder del Espíritu Santo, están dando batalla a Satanás y sus huestes por la salvación de tu casa y de tu familia.

domingo, 4 de diciembre de 2016

La medida de la madurez espiritual

La medida de la madurez espiritual
En esto me gozo, y me gozaré aún.
Filipenses 1:18
Puede medirse la madurez espiritual de un creyente por lo que puede quitarle el gozo. El gozo es un fruto de una vida guiada por el Espíritu (Gá. 5:22). Debemos regocijarnos siempre (Fil. 4:4; 1 Ts. 5:16). En todas las circunstancias el Espíritu Santo produce gozo, de modo que no debe haber ningún momento en el que no estemos regocijándonos de alguna manera.
El cambio, la confusión, las pruebas, los ataques, los deseos insatisfechos, el conflicto y las relaciones tirantes pueden quitarnos el equilibrio y despojarnos del gozo si no tenemos cuidado. Entonces hemos de llorar como el salmista: "Vuélveme el gozo de tu salvación" (Sal. 51:12).
Jesús dij "En el mundo tendréis aflicción" (Jn. 16:33), y el apóstol Jacobo dij "Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas" (Stg. 1:2). Dios tiene su propósito en nuestras aflicciones, pero nunca nos quita nuestro gozo. A fin de mantener nuestro gozo debemos asumir la perspectiva de Dios respecto a nuestras pruebas. Cuando nos rendimos a la obra de su Espíritu en nuestra vida, no nos agobiarán nuestras dificultades. El apóstol regocijado
Hermanos, gozaos en el Señor.
Filipenses 3:1
El gozo del apóstol Pablo no se relacionaba con sus circunstancias. Si hubiera estado vinculado a los placeres terrenales, a la libertad, al prestigio, al éxito material o a la buena reputación, no habría tenido gozo alguno.
El gozo de Pablo estaba centrado en su ministerio y era indiferente a todo lo demás. Por eso pudo decirles a los filipenses: "Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros" (Fil. 1:3-4). Tenía gozo a pesar de las dificultades, siempre que avanzara la causa de Cristo. Tenía gozo a pesar de los detractores, siempre que se proclamara el nombre de Cristo. Tenía gozo a pesar de la muerte, siempre que se exaltara a Cristo. Y tenía gozo a pesar de la carne, siempre que se ayudara a la iglesia de Cristo. ¿Qué lo hace funcionar a usted?
Fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros.
Colosenses 1:25
¿Qué lo motiva a usted? ¿Qué ocupa su energía, domina su tiempo y lo hace funcionar? Para el apóstol Pablo era el progreso del evangelio. Lo que pudiera ocurrirle a su propio cuerpo o a su carrera tenía poca importancia para él. En Hechos 20:24 dij "Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús". Rindió su vida, sus bienes, sus ropas, su reconocimiento, su reputación y su prestigio a una meta: "para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios" (v. 24).
Pablo escribió a la iglesia de Roma: "En cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma" (Ro. 1:15). Y en 1 Corintios 9:16 da testimonio de lo que lo impulsaba: "Me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!"
Pablo se sentía impulsado a ver que el evangelio siguiera adelante. Él es un ejemplo para todo cristiano. ¿Es la vida de usted como la de Pablo? Preso por Cristo
Mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás.
Filipenses 1:13
El apóstol Pablo siempre se consideró un preso por la causa de Cristo; nunca por un delito. Estaba encadenado porque creía en Cristo, lo predicaba y lo representaba.
Desde el punto de vista de Roma, Pablo era un preso encadenado a un guarda romano. Pero desde la perspectiva de Pablo, ¡los guardas romanos eran esclavos cautivos encadenados a él! El resultado de tal confinamiento fue que la causa de Cristo se había llegado a conocer "en todo el pretorio". Lejos de ser una condición opresiva, a Pablo se le había dado la oportunidad de dar testimonio de Cristo a cada guardia asignado a él, cada seis horas.

¿Qué veían los soldados? Veían el carácter santo de Pablo, su misericordia, su paciencia, su amor, su sabiduría y su convicción. Al convertirse los miembros de la guardia de palacio, se difundía la salvación más allá de ellos hasta "los de la casa de César" (Fil. 4:22). Por muy difícil que pueda parecer a primera vista, nadie es demasiado difícil de evangelizar.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Una Jornada que Dura Toda la Vida

Una Jornada que Dura Toda la Vida
Una vez se haya sentado una fundación espiritual sólida, podemos crecer en la nueva vida que Dios nos ha prometido. La Biblia le llama a esto “madurar en Cristo”. Y como yo mismo puedo dar fe, es un proceso que dura toda la vida.
El propósito de Dios es que los nuevos creyentes nos convirtamos en personas distintas. Estamos “en proceso de construcción”. Estamos siendo transformados desde adentro hacia afuera. El arquitecto principal de estos cambios es Dios mismo. Como un Padre amoroso que es, Él acude a nuestro lado para dirigir personalmente nuestro crecimiento.
Por lo que he experimentado, y he podido observar en otros, surgen unos nuevos patrones de conducta drásticamente nuevos. Cambian los hábitos dañinos. Las actitudes, los pensamientos y la manera de hablar pasan a un nuevo nivel. Las motivaciones son sometidas a escrutinio. Nos preguntamos: “¿Por qué habré hecho eso?” Dios nos enseña a comportarnos de manera diferente, y nosotros seguimos adelante.
El proceso continúa. El egoísmo cede el lugar al servicio. Las relaciones con los demás son restauradas. Disminuyen la amargura, la envidia, los celos y los odios a medida que aumenta el amor. Experimentamos una nueva dimensión del gozo. No de un día para otro, pero sí de manera constante y progresiva. Se producen unos ajustes profundos. Entonces nos damos cuenta de que es cierto: somos realmente unas criaturas nuevas, porque Cristo está viviendo en nosotros. Muy pronto, estos cambios internos se vuelven visibles. El nuevo creyente quiere reunirse con otros que también tienen su fe puesta en Cristo. No estamos solos. Así se forman nuevos lazos de confianza, amor y respeto mutuo.
La Biblia, la Palabra inspirada de Dios para nosotros, se convierte en una nueva amiga, ahora más relevante y comprensible. Nos encontramos con el Espíritu Santo, la presencia de Jesús mismo que habita en nosotros. Descubrimos que Él es un guía increíble, si le damos acceso.
Ahora bien, nuestra nueva relación trae consigo unas restricciones necesarias. No se trata de que “todo sea permitido”, porque vemos que nuestro Dios es un Dios santo. Lo debemos honrar, reverenciar y obedecer. Cuando aceptamos las elevadas normas que Él ha establecido para nosotros, comprendemos que son para beneficio nuestro. De hecho, todo cuanto Él nos proporciona y hace por nosotros, es para nuestro propio bien.
Nuestra nueva vida en Cristo no es una vida de éxitos continuos. Hay nuevos desafíos. Los viejos hábitos y las viejas relaciones no cambian con facilidad. Surgen los conflictos. Hasta hay fuerzas espirituales que se nos oponen. Dudamos. Nos desalentamos.
Sin embargo, las cosas son distintas. No estamos solos. Hemos entrado en una alianza nueva y viva con Jesucristo. Él nos guía. Nosotros lo seguimos. Nuestra fe está puesta sobre un fundamento nuevo, y ese fundamento es Cristo. Las palabras que Él nos dirige son maravillosas y tranquilizadoras: “Nunca te dejaré; jamás te abandonaré” (Hebreos 13:5).

Con el tiempo, esa vida transformada causa un impacto en todo lo que somos y hacemos. Recuerde la relación que tenía Adán con Dios antes de la caída. ¿Acaso el Señor no querría ver restaurada esa clase de comunión, incluso en nuestro trabajo?

viernes, 2 de diciembre de 2016

Nuestra verdadera identidad

Nuestra verdadera identidad
1 Corintios 1.1-9
Muchos cristianos están sufriendo una crisis de identidad. Saben que son salvos, pero no saben en realidad qué pensar sobre sí mismos. Hagamos una pequeña prueba. ¿Se considera usted un pecador salvo por gracia, o un santo que de vez en cuando peca? Ambas afirmaciones son ciertas, pero la primera piensa en su identidad pasada, mientras que la segunda se centra en la percepción que el Señor tiene de usted en el presente.
Si somos creyentes, la Biblia le dice que somos santos (v. 2). Pero muchos de nosotros nos seguimos viendo como el viejo pecador, que ha sido perdonado, pero que no ha cambiado. Sin embargo, el Señor dice que cualquiera que está en Cristo “nueva criatura es; las cosas viejas pasaron” (2 Co 5.17). De eso se trata nacer de nuevo. No podemos volver a ser jamás lo que éramos antes.
La solución a esta crisis de identidad es cambiar nuestra manera de pensar acerca de nosotros mismos. Si no lo hacemos, dependeremos de cómo nos sentimos, y Satanás nos bombardeará con recordatorios de nuestros fracasos y pecados. Él quiere que nos mantengamos enfocados en que somos unos pecadores, porque sabe que el reconocimiento de nuestra santidad nos llevará a vivir como santos. Seremos motivados y fortalecidos para obedecer a Dios, y el diablo perderá su punto de apoyo en nuestras vidas.

Jesús no vino simplemente para salvarnos del infierno; Él quiere vivir su vida a través de usted. En Cristo, usted tiene una nueva identidad que ha sustituido a la antigua. Si se concentra en quién es ahora actuará como tal, y experimentará el gozo de una vida cristiana victoriosa.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Hechos 6:1-3

Hechos 6:1-3
En aquellos días, al aumentar el número de los discípulos, se quejaron los judíos de habla griega contra los de habla aramea de que sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. Así que los doce reunieron a toda la comunidad de discípulos y les dijeron: No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas.
Cuando leo este versículo recuerdo que los personajes de la biblia no son perfectos sino por el contrario como tú y como yo, tienen muchos errores. Los discípulos estaban tan enfocados en predicar de la palabra de Dios que habían olvidado dar seguimiento al cuidado de las viudas. Es normal que nos equivoquemos. No nacimos sabiéndolo todo. Por más que intentemos servir a Dios en todo lo que hagamos, vendrán días en los que simplemente nos tengan que decir: te faltó hacer esto o aquello; no estás haciendo bien esta tarea; la gente no está conforme con tu decisión tal o cual; entre muchos otros ejemplos. El enemigo buscará desanimarte y hacerte sentir que no estás haciendo bien las cosas. Tratará de hacerte sentir poco útil. También buscará hacer surgir tu ego y orgullo haciéndote pensar que los demás no saben lo que dicen. Cuidado. Es fácil seguir el camino contrario y difícil el que nos transforma el corazón.
Los discípulos al oír la situación que existía, no se indignaron por lo que les estaban pidiendo, pero tampoco se pusieron a pedir perdón como si hubieran cometido un pecado. Tomaron las cosas como debían ser haciendo los ajustes necesarios para arreglar el problema. Se reunieron y comunicaron que entendían la necesidad que no estaba siendo atendida, pero explicaron que ellos no podían estar sirviendo a las mesas pues desatenderían el compartir a Jesús.
Podemos aprender algunos principios de estos versículos:
1. A pesar de que existía un problema, la congregación no comenzó a conspirar contra los líderes ni había rumores sobre la necesidad que existía y que estaba siendo desatendida. No dejemos que nuestras congregaciones se llenen de gente murmurando. Busquemos tener comunicación y puertas abiertas para escuchar y resolver los problemas que surjan.
2. No permitamos que nuestro orgullo interfiera con lo que la gente percibe sino con corazón humilde escuchemos y busquemos una solución.
3. No queramos resolver absolutamente todo y tener parte en todas las cosas que suceden. Los discípulos entendieron que si servían a las viudas, tendrían menos tiempo para hablar del evangelio y eso no era una buena solución.
4. No dejes que el enemigo te haga sentir menos cuando hay problemas. Es normal que te equivoques. Reconoce el error, dale solución y sigue adelante.
Aunque estos ejemplos están enfocados a la congregación, creo que son aplicables a nuestra vida diaria. No dejemos que los chismes invadan nuestras conversaciones. No permitamos que nuestro orgullo nos haga sentir superiores y por último, no pensemos que podemos tomar cartas en todo lo que sucede a nuestro alrededor sino entendamos que debemos ceder el control a Dios y que otra persona hará tal o cual tarea. El mundo no se cae si tú y yo no estamos al control. Solamente dejaría de funcionar si nuestro Dios no estuviera al pendiente. No te preocupes. Lo está.
Oración
Padre Santo: hoy entiendo que mi orgullo es un estorbo en nuestra relación. Ayúdame a doblar mi rodilla y darte el control de mi vida y de todo lo que quiero que sea a mi manera. Te pido por tu iglesia y cada uno de los que te seguimos para que podamos ser humildes, serviciales y que no dejemos que los rumores nos destruyan. Te pido que aprendamos a expresar aquello que consideramos que debiera ser cambiado y a la vez que nuestros líderes tengan la sabiduría para reconocer las necesidades. En el nombre de Cristo Jesús te lo pido.

Amén