domingo, 31 de enero de 2016

Los discípulos de Cristo en los tiempos del Nuevo Testamento

Los discípulos de Cristo en los tiempos del Nuevo Testamento
A LOS DISCÍPULOS SE LES LLAMÓ CRISTIANOS POR PRIMERA VEZ EN ANTIOQUÍA (Hechos 11:26b)
A los discípulos se les llamó “cristianos” por primera vez en Antioquía porque se comportaron y hablaron como Jesús. ¿Hay algo que se está interponiendo para que vivas como Él? Resuélvelo y elimínalo. ¿Es tu vida tan complicada que es difícil de manejarlo todo y ser como Cristo? Simplifícala. ¿Eres incapaz de encontrar palabras para describir cómo crees que el Señor te ha llamado para conocerle, amarle y servirle? Desarrolla una nueva manera de hablar. ¿Te arrastra la sociedad hacia la dirección opuesta a la que Jesús te está llamando? Reconoce que tu vida es parte de una guerra espiritual entre Dios y Satanás, declara en qué lado estás y sigue adelante. Admita que estás mejor “militando la buena milicia” (lee 1 Timoteo 1:18b) y padeciendo en la Tierra por causa de Cristo que ganando el mundo pero perdiendo tu alma por causa del “saldo” de la eternidad. Acostúmbrate al hecho de que vives tu vida en el contexto de una guerra espiritual. Cada aliento que tomas es una acción de guerra. Para sobrevivir y prosperar en medio de esta batalla espiritual debes procurar parecerte más a Cristo. Tu misión exige un compromiso decidido y una indiferencia hacia las críticas de los que carecen de la misma dedicación a Él. Sólo tienes que responder a un Comandante en jefe, y sólo tú darás una explicación de tus elecciones. Haz lo que tienes que hacer para demostrar que rindes honor a Dios, que le amas y que le sirves, sí, y que vives sólo para Él. Esto es el cristianismo del Nuevo Testamento, no solamente yendo a la iglesia sino ¡siendo la iglesia! Y esto es lo que significa ser un ‘cristiano’.
“A LOS DISCÍPULOS SE LES LLAMÓ CRISTIANOS POR PRIMERA VEZ EN ANTIOQUÍA” (Hechos 11:26.  Los discípulos de Cristo en los tiempos del Nuevo Testamento sólo se dedicaron a una cosa: hacerle Señor de su vida y establecer sus normas en cualquier parte donde fueron. Escucha: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan [incluyendo la “mesa del Señor” y en las oraciones. Sobrevino temor a toda persona, y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas: vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Perseveraban unánimes cada día en el Templo, y partiendo el pan en las casas comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Actos 2:42-47).
¿Les costó algo? Sí: “…el Sumo Sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. …vinieron el Sumo Sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al Concilio… Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”. Entonces llamaron a los apóstoles y, después de azotarlos, les ordenaron que no hablaran en el Nombre de Jesús; y los pusieron en libertad. Ellos salieron de la presencia del Concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (Hechos 5:17-18: 21- 29, 40-42). Esto es lo que quiere decir ser un discípulo de Cristo en los tiempos del Nuevo Testamento.

sábado, 30 de enero de 2016

El Poder del Silencio Según La Biblia

El Poder del Silencio Según La Biblia
“EN LA CONVERSIÓN Y EN EL REPOSO SERÉIS SALVOS; EN LA QUIETUD Y EN CONFIANZA” (Isaías 30:15b)
Algunas veces, hablar empeora las cosas. Escucha: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!” (Santiago 3:5). Fíjate en cómo un conflicto puede comenzar con solamente el cambio de tono de voz de alguien, ¡para luego amentar a un “incendio de alerta máxima”! A menudo, la gente está simplemente esperando a algún individuo charlatán para dar a conocer lo que a ella le hubiera gustado contar y no se atrevió, abriendo así la puerta para que más “combustible” sea echado al el “fuego”. No seas tú así…Aprende a apagar la “chispa” antes de que alguien “sople aire” sobre ella. Si quieres salir bien, aprende a domar tu lengua. Tu boca puede quitarte más bendiciones que las que eres capaz de contar…  
Observa la reacción de David respecto a lo que pasaba en el palacio de Saúl cuando llegaba: un rey afligido por un espíritu maligno saliendo del palacio mientras que venía su sucesor recién ungido. David no era tonto; sin duda sabía un montón de lo que estaba pasando. Pero él lo guardó para sí mismo. Escucha: “Delante de Él expondré mi queja…” (Salmo 142:2). ¡Simplemente díselo al Señor! ¿Es eso a veces es difícil de hacer? ¡Claro que sí! Pero trae grandes recompensas. Nunca debieras ser parte de un “puñado” de personas malhumoradas. Cuando esto ocurra, toma control de la situación y trae luz y vida. Nuestras conversaciones deben ser “condimentadas” con gracia. Habla positivamente. Dios está todavía sobre el trono y Él tiene un plan. Con pocas palabras puedes cambiar cantidad de actitudes.

viernes, 29 de enero de 2016

¿Quién te dice la verdad?

¿Quién te dice la verdad?
“EL QUE REPRENDE A OTRO HALLARÁ DESPUÉS MAYOR GRACIA QUE EL QUE LISONJEA CON LA LENGUA” (Proverbios 28:23)
El hecho de tener menos información no te hace inferior. La vida es una escuela y cada nuevo contacto nos enseña algo. Cualquier cosa que otros saben, no lo supieron siempre. La mayor acusación que tiene la ignorancia es la de no querer aprender, así que, aprovecha cada oportunidad que tengas. Pero asegúrate de elegir a las personas adecuadas: las que han ganado el derecho de ponerse a tu lado y cuando es oportuno te hacen preguntas difíciles, te traen perspectiva y te mantienen bien encaminado. Si se da el caso de que Dios te envíe tales personas, aquí tienes cuatro principios que te ayudarán a tratarles correctamente:  (1) Muestra aprecio
Una actitud de “no lo espero de ellos, así que yo tampoco se lo voy a mostrar” te hará daño y te cerrará las puertas en el futuro. Nunca tomes las cosas por concedido y no te olvides de dar las gracias.
(2) Lleva tu propia carga
No seas ni egoísta ni oportunista. Busca siempre la manera para que tu presencia sea apreciada, y que la gente no se sienta obligada a estar contigo. La vida no te debe nada excepto una oportunidad para crecer.
(3) Mantente abierto y “ve al grano” sobre lo que quieres
Conversaciones vagas y dobles motivos suponen que la otra persona es  de algún modo menos inteligente que tú. Esto puede ser fatal…
(4) Entiende los Límites
Porque otros conocen a alguien lo bastante bien para llamarle a él o ella por su nombre de pila, no significa que tú deberías hacer lo mismo. Si alguien dice: “Hola, mi nombre es Carlos”, no contestes con un: “¿Qué pasa contigo, tío?”. Demuéstrale respeto. No trates de cambiar el protocolo para acoplar el ambiente al que tú estás acostumbrado. Respeta los límites, igual que a los demás, y siempre tendrás personas en la vida que podrán ayudarte a llegar a donde tienes que ir.

jueves, 28 de enero de 2016

¿Qué Identidad Crees Tener?

¿Qué Identidad Crees Tener?
Basado en Romanos 12
Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
Romanos: 12. 1 y 2 (NVI)
No te conformes a este siglo, por lo contrario, enfócate en la idea de Dios para tu vida, porque Él te entiende, eres su creación y a su imagen te formó.
Necesitamos reconocer que nuestra identidad se ha formado como consecuencia de nuestros genes, hemos adquirido identidad heredando de nuestros padres costumbres, en lo político nos hemos formado de acuerdo a lo que el partidos político del cual somos partidarios Mas Dios da forma a lo que en su corazón ha planeado, de lo que no es, de nada vale, Él le va dando forma de acuerdo a su proyecto.
• Un cosa es la idea de Dios
• Otra es la manera que hoy soy, y es seguro que no esté yo de acuerdo con lo que soy, pero no me tengo que instalar ahí, debo ser al igual que Dios lo hizo.
• La cosa es no solo sentarme a esperar a que algún día suceda.
• La cosa es que a pesar de que nada tenga forma hoy, tengo que tomar la iniciativa para que eso suceda,
El Alfarero le mete mano al barro y se ensucia hasta lograr obtener la vasija que sea apropiada para llenarla el aceite y que este no se derrame por las rasgaduras.
Porque yo se los pensamientos que tengo para ti, de bien y no de mal. A esos pensamientos de Dios debemos, es necesario darle lugar, lugar para que ellos se realizan,
a. ¿estás dispuesto a meterte en el terreno?
b. ¿A dejarte deformar por Dios para que él forme y lleve a cabo su plan en ti?
c. ¿Estás dispuesto a deseas agradar a Dios?
d. ¿O tu idea es agradar a la hermandad?
Es tiempo que le des valor a lo que otros despreciaron, desecharon, dale valor a tu vida y ponla en las manos del alfarero para que Él que es el experto haga lo que sabe hacer en ti y a través de ti.  1ºSamuel: 17: 32 No desmayes, no te guíes por lo que tus ojos y los demás ven de ti, comienza a verte como Dios El Padre te ve y avanza por la victoria, Porque no importa quién eres, ni quien es tu contrincante, lo que realmente te debe importar es *en el nombre de quien vas por la victoria* ¿Acaso, te has hecho a la idea de lo Grande y Poderoso que es El Dios de los dioses? Jehová de los Ejércitos es su Nombre.
Lo que yo tengo hoy es suficiente para salir a pelear, El Padre que te elige, te ha preparado para este momento, avanza te digo, no tengas miedo y envalentónate, utiliza en seguridad la experiencia que has adquirido en momentos anteriores, no debes ser imitador de hombre alguno, mira a David, derrotó a Goliat con la experiencia que había adquirido defendiendo a sus ovejas de osos y lobos.
Es posible que hoy no te veas de acuerdo al proyecto del Creador, pero en el corazón de Dios tienes una imagen poderosa. No dejes que las palabras del hombre te quite esa identidad,… Tú tienes identidad, Tú eres hijo del Dios vivo.–
Deseo seas en todo bendecido estimado lector.

miércoles, 27 de enero de 2016

¿Cómo Buscar El Rostro de Dios En Oración?

¿Cómo Buscar El Rostro de Dios En Oración?
“…TU ROSTRO BUSCARÉ, SEÑOR” (Salmos 27:8)  En el Antiguo Testamento, Dios instruyó a Moisés que diera a los israelitas la siguiente bendición: “El Señor te bendiga y te guarde. El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti Su rostro y ponga en ti paz” (Números 6:24-26). Cuando hablamos de oración, hablamos de “buscar el rostro de Dios”. Eso significa que unas veces orar consiste en hablar y otras veces en escuchar. Pero hay un tercer ingrediente: la seguridad que nos da el sentir la sonrisa de amor y de aprobación de Dios. EL SEÑOR HAGA RESPANDECER SU ROSTRO SOBRE TI…” (Números 6:25)
Al estudiar la vida de Cristo, te das cuenta de que la oración no lo dejaba sin energía, sino que lo revitalizaba. Lo mismo te puede ocurrir cuando te acerques a Dios en oración para ver cómo resplandece Su rostro sobre ti. Cuando estás con alguien polémico con ganas de discutir, gastas energías. Sin embargo, cuando quedas con tu mejor amigo, las renuevas. Jesús nos ha llamado “amigos” (Juan 15:15). ¿Te has fijado en que a veces los enamorados se hablan como si fueran bebés? Es algo muy íntimo y privado y resulta desagradable a un tercero. Pero lo hacemos porque es el lenguaje más tierno que conocemos.
La vida de oración de Jesús demostraba su intimidad. A Dios lo llamaba “Abba”, una palabra aramea equivalente a “papá” o “mamá” (Jesús hablaba en arameo y hay partes del Nuevo Testamento escritas en esta lengua en lugar de en griego). “Abba” era la primera palabra que pronunciaban los niños judíos por su facilidad fonética. En cierto modo, el amor tierno que los adultos ofrecen a los niños es el mismo que Jesús recibía de Su Padre cuando estaba con Él. Tú también puedes experimentar lo mismo. Por eso escribió Pablo: “…No recibisteis un espíritu que de nuevo os esclavice al miedo, sino el Espíritu que os adopta como hijos y os permite clamar: ‘¡Abba! ¡Padre!’. El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos… herederos de Dios…” (Romanos 8:15-17. El propósito primordial de la oración debería ser alcanzar la intimidad con Dios.

martes, 26 de enero de 2016

Reglas Para Controlar La Ira Biblicamente

Reglas Para Controlar La Ira Biblicamente
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Dos personalidades fuertes en una relación son como dos ríos que se juntan en uno: va a haber una gran corriente. La ira puede ser instantánea como un relámpago, o prolongada, como un trueno. A veces chocamos y nos hacemos daño, otras veces nos distanciamos y abandonamos la relación en silencio. Sin embargo la ira, si se maneja de manera apropiada, no tiene por qué ser destructiva. Veamos las reglas de Dios para controlar la ira.
Regla nº 1: Sé sincero contigo mismo.
“Desechando la mentira, hablad verdad airaos, pero no pequéis” (Efesios 4:25-26). Cuando estés enojado, no lo niegues. La ira puede ser constructiva. Tenemos derecho a enfadarnos cuando la gente es maltratada o no se rectifican los agravios. Decir “me he sentido airado, y porque valoro nuestra relación, quisiera hablar de ello” es ser franco, no amenazante y da pie a una solución. Pero ten en cuenta que: a) no hacer caso, aguantarse, reprimirse o pretender que no estás enfadado no es en realidad ser sincero contigo mismo; b) otra forma de mentir cuando estás airado es la exageración: “Nunca me escuchas”; “nunca haces lo que yo quiero”; “aquí nadie hace nada, sólo yo”. Estas generalizaciones son mentiras y a lo único que conducen es a agravar y polarizar la situación, haciendo que el verdadero problema quede tapado y no se resuelva; c) otra forma de mentir cuando tienes ira es culpar a alguien: “Si hubieras llegado a tiempo, no habría tenido que sermonearte”, o “si no me sermonearas tanto, a lo mejor empezaría a llegar pronto”. Culpar a otro es una forma de evadir tu propia responsabilidad mientras señalas a alguien con el dedo. Eso hace que el otro también se enfade, que persista tu ira y que nunca produzca el resultado esperado. La manera de Dios es “hablad verdad cada uno…” (Efesios 4:25). Y funciona cuando hablas la verdad en amor.
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 2: Que al airarte no “mates” a nadie.
Pablo escribió: “Airaos pero no pequéis” (Efesios 4:26). ¿Qué significan esas palabras? No dejes que la ira llegue hasta el punto de herir. No uses tus palabras como un arma o como un mecanismo de control. Es bueno expresar las emociones de forma pacífica, pero no pierdas el control. Tu meta debe ser resolver el problema y fortalecer la relación, no “desahogarte” y dejar a la otra persona herida. ¿Es fácil hacer eso? No. Necesitas una buena dosis de gracia para hacerlo. Las palabras que se dicen medio en broma, el sarcasmo, el fariseísmo o “la indignación justa” hieren, y a veces de forma permanente. “La perversidad de [la lengua] es quebrantamiento de espíritu”. (Proverbios 15:4) ¿Quién sostendrá a un ánimo angustiado? (Proverbios 18:14). “La muerte” [está] en poder de la lengua (Proverbios 18:21). Las palabras con enojo, una vez expresadas, “penetran hasta las entrañas”. (Proverbios 26:22). Tus palabras pueden quedarse en el corazón y en la memoria de la persona y hasta puede que ésta se las lleve a la tumba. Dice el refrán: “A palabras necias, oídos sordos”, pero no es verdad. Una persona puede morir por un espíritu quebrantado y aquél que dijo las palabras se arrepentirá del daño que hizo y que nunca podrá reparar. Sin embargo, la ira manejada correctamente nunca necesita arrepentimiento. Por lo tanto, aprende a diferenciar entre el enfado que sientes y las palabras que dices. La ira, si se analiza bien, puede revelar información importante sobre cambios que se necesitan. Haz hincapié en eso y pide a Dios que te muestre qué debe cambiar la otra persona ¡y que debes cambiar tú!
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 3: Mantente en guardia.
Solo tú eres el más perjudicado al acumular ira en tu disco duro. Al rememorar viejos resentimientos guardados del pasado y ver cómo se reproducen en tu mente, crece tu amargura. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).
Cuando estés enfadado, procura solucionarlo enseguida. No dejes pasivamente que el tiempo decida por ti, ni te quedes ahí esperando a que la otra persona se de cuenta de lo que ha hecho y pida perdón. “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve tú [a] él”. (Mateo 18:15). Trata de resolver el problema y restaurar la relación. Cuando reprimes la ira, es como que estás guardando “un cadáver más en el armario”. Antes o después, según los médicos, lo notarás en el tejido de tu estómago, atacará tu sistema inmunológico, te predispondrá a problemas cardíacos, cánceres y otros desórdenes físicos, sociales y emocionales. Y entre tanto, te angustiará, disminuirá tu energía, coartará tu creatividad y estorbará tu relación con Dios, tus amigos y los otros creyentes; sin mencionar que no le brindará al ofensor la oportunidad de limpiar su conciencia, arrepentirse y ponerse a cuentas con Dios y contigo. No arrastres más el pasado, ni trates de chantajear a los culpables del mismo sacando “los trapos sucios” en momentos precisos, tramando la venganza y pasando el resentimiento a la siguiente generación. Pide a Dios que te de la humildad y el coraje de tratar hoy mismo con los problemas de hoy. Cuando tu cabeza se pegue a la almohada está noche, que sepas que tus cuentas están al día con Dios y con todos los demás ¡y que duermas bien!
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 4: Céntrate en la solución.
La comunión entre dos personas es la “común unión”; si el uno se separa, o si tratar de cobrar ventaja en una disputa, los dos pierden. Pero si unidos buscan salvar y fortalecer la relación, los dos ganan. Así que cuando hables, mira que tu palabra “sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29). Trata de entender lo que necesita la otra persona. No saques a la luz ofensas anteriores; no hagas que otras personas se involucren; no hagas bromas del peso de alguien, o su altura, el color de su piel, su capacidad intelectual, sus limitaciones físicas, mentales o emocionales; no saques a relucir cosas que no tienen que ver con el tema porque podrían enturbiar el asunto e impedirte que encuentres una solución. Y no levantes la voz con el fin de intimidar o manipular.
Dios te hizo con capacidad de sentir ira porque ésta, cuando se maneja de forma apropiada, es el combustible que produce los cambios necesarios y la medicina que sana. Por lo tanto: a) busca una solución, no una “victoria”. Poner motes y hacer un recuento de faltas sólo empeora la situación. No debes hacer hincapié en lo que hicieron sino en qué podéis hacer juntos para resolverlo; b) reconoce tus propios errores y pide perdón. Puesto que “es cosa de dos”, el reconocer tus propias imperfecciones ayuda a que los otros, a su vez, reconozcan las suyas; c) cada vez que des alguien “una de cal”, ofrécele también “otra de arena”. “Si hay virtud alguna” en esto pensad. (Filipenses 4:8). Por cada una de las discrepancias con las que te enfrentas a otros, ofrece un cumplido: “Estoy seguro de que lo que te he dicho no ha sido fácil para ti. Te agradezco la paciencia con la que me has escuchado“. Al hacer hincapié en buscar una solución positiva, les ofrecemos a los demás la posibilidad de que salgan a la superficie, en lugar de dejarlos que se hundan.
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 5. Los “trapos sucios” se lavan en casa.
“Quítense de vosotros toda[o]” enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia”.Cuando estás enfadado, es difícil resistir la tentación de propagar el chisme. Pero los comentarios maliciosos son como los incendios sin control, consumen a quienes los propagan y a quienes los escuchan. No saques a relucir los trapos sucios, deja que “todo quede en casa”. Los trapos sucios se airean de dos maneras: 1) Haciendo pasar vergüenza deliberadamente. Lo dices cuando sabes que otros (como tú) lo van a oír. 2) Sutilmente. Haces bromas de su figura, sus familiares, sus amigos, etc., con el fin de despreciarlos. La persona con la que estás enfadada se siente molesta por ello, se aumenta la desavenencia y se hace imposible la reconciliación. Salomón escribió: “El de espíritu fiel lo guarda todo”. (Proverbios 11:13, RV 1960) y “el amor cubre todas las falta” (Proverbios 10:12). Y escribe Pablo: “Sed niños en cuanto a la malicia y maduros en cuanto al modo de pensar”. (1 Corintios 14:20).
Regla nº 6. Sé parte del equipo que “recoge los platos rotos”.
Podemos decir: “Ellos mismos se metieron en eso, que salgan solos”. Tal vez lo merezcan, pero no podemos irnos de ahí y dejar que las heridas abiertas se infecten. “perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. (Efesios 4:32). ¿Cómo nos perdonó Cristo? ¿Fue después de reconocer y confesar nuestros pecados y arrepentirnos? No. “Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Romanos 5:10). Dios tomó la iniciativa, así que tú perdona antes de que la otra persona te pida perdón. Y si hubieran de ser tus enemigos el resto de la vida, perdónalos de todas formas. Eso es lo que significa “recoger los platos rotos”. Sólo entonces vas a ser tú mismo perdonado, las heridas que has causado sanadas y tu deuda delante de Dios saldada

lunes, 25 de enero de 2016

Casi Cristianos

Casi Cristianos
E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, 1 Timoteo 3.16.
Por más que hagan una larga e intensiva búsqueda, muchas personas no encuentran la verdad, y viven sin conocer a Dios y la verdadera fe.
Hay personas que leen la Biblia y ven aquellas personas que renacieron espiritualmente alcanzar la paz y cultivan una relación de amistad con Dios. Ellos también ven aquellas personas que vencieron el pecado y obtuvieron sus mentes y corazones renovados y que tales viven un autentico cristianismo. Pero, ellos mismos, aunque leen la Biblia, les falta todo esto. Ellos siempre están angustiados, y se preguntan: “¿Cuando es que seré realmente justo?” “¿Cuando me entregaré totalmente a Dios dando la espalda al mundo?” “¿Cuando dejare de vivir entre la carne y el Espíritu?” “Tantos se libran de las ataduras del pecado y están totalmente consagrados a Dios, viviendo felices, de victoria en victoria, pero yo no!” “¿Será que es porque Dios escogió algunos y abandono a otros para que se pierdan por la eternidad?”  ¡Esto no es verdad! “Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (1 Tim 2.3). “El Señor no quiere que nadie perezca, si no que todos vengan al arrepentimiento”, y sean salvos.(2 Pedro 3:9). Y entonces, ¿Donde esta el error?
El problema radica unicamente en la incredulidad humana; en la tendencia natural de confiar en nosotros mismos, en nuestros méritos y nuestra justicia, despreciando así a Dios que se manifestó en carne. No podemos esperar que Dios nos de poder para vencer el pecado, sin antes honrar al hijo, sin entender y creer en el misterio de la piedad. No debemos colocar nuestra justicia encima de la encarnación y el sacrificio del Hijo de Dios.
Es un grande error pensar que primero tenemos que ser justos y puros, para luego entonces acercarnos y confiar en Cristo. Este mal entendido es justamente lo que hace con que algunas personas que leen la Biblia y escuchan la predicación, no alcancen nada.
Es necesario que primero recibamos los méritos de Cristo, sus vestiduras, por medio de la fe. Solamente así llegaremos a ser verdaderamente justos.
Oración: Amado Dios, tu que nos enseñas a guardar santo y puro tu nombre. Permite me que me glorié y me alegre por el hecho de que tu eres mi Padre y yo tu hijo amado. Enséñame a reconocer y a vivir a Cristo en toda verdad. Amen.