viernes, 29 de enero de 2016

¿Quién te dice la verdad?

¿Quién te dice la verdad?
“EL QUE REPRENDE A OTRO HALLARÁ DESPUÉS MAYOR GRACIA QUE EL QUE LISONJEA CON LA LENGUA” (Proverbios 28:23)
El hecho de tener menos información no te hace inferior. La vida es una escuela y cada nuevo contacto nos enseña algo. Cualquier cosa que otros saben, no lo supieron siempre. La mayor acusación que tiene la ignorancia es la de no querer aprender, así que, aprovecha cada oportunidad que tengas. Pero asegúrate de elegir a las personas adecuadas: las que han ganado el derecho de ponerse a tu lado y cuando es oportuno te hacen preguntas difíciles, te traen perspectiva y te mantienen bien encaminado. Si se da el caso de que Dios te envíe tales personas, aquí tienes cuatro principios que te ayudarán a tratarles correctamente:  (1) Muestra aprecio
Una actitud de “no lo espero de ellos, así que yo tampoco se lo voy a mostrar” te hará daño y te cerrará las puertas en el futuro. Nunca tomes las cosas por concedido y no te olvides de dar las gracias.
(2) Lleva tu propia carga
No seas ni egoísta ni oportunista. Busca siempre la manera para que tu presencia sea apreciada, y que la gente no se sienta obligada a estar contigo. La vida no te debe nada excepto una oportunidad para crecer.
(3) Mantente abierto y “ve al grano” sobre lo que quieres
Conversaciones vagas y dobles motivos suponen que la otra persona es  de algún modo menos inteligente que tú. Esto puede ser fatal…
(4) Entiende los Límites
Porque otros conocen a alguien lo bastante bien para llamarle a él o ella por su nombre de pila, no significa que tú deberías hacer lo mismo. Si alguien dice: “Hola, mi nombre es Carlos”, no contestes con un: “¿Qué pasa contigo, tío?”. Demuéstrale respeto. No trates de cambiar el protocolo para acoplar el ambiente al que tú estás acostumbrado. Respeta los límites, igual que a los demás, y siempre tendrás personas en la vida que podrán ayudarte a llegar a donde tienes que ir.

jueves, 28 de enero de 2016

¿Qué Identidad Crees Tener?

¿Qué Identidad Crees Tener?
Basado en Romanos 12
Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
Romanos: 12. 1 y 2 (NVI)
No te conformes a este siglo, por lo contrario, enfócate en la idea de Dios para tu vida, porque Él te entiende, eres su creación y a su imagen te formó.
Necesitamos reconocer que nuestra identidad se ha formado como consecuencia de nuestros genes, hemos adquirido identidad heredando de nuestros padres costumbres, en lo político nos hemos formado de acuerdo a lo que el partidos político del cual somos partidarios Mas Dios da forma a lo que en su corazón ha planeado, de lo que no es, de nada vale, Él le va dando forma de acuerdo a su proyecto.
• Un cosa es la idea de Dios
• Otra es la manera que hoy soy, y es seguro que no esté yo de acuerdo con lo que soy, pero no me tengo que instalar ahí, debo ser al igual que Dios lo hizo.
• La cosa es no solo sentarme a esperar a que algún día suceda.
• La cosa es que a pesar de que nada tenga forma hoy, tengo que tomar la iniciativa para que eso suceda,
El Alfarero le mete mano al barro y se ensucia hasta lograr obtener la vasija que sea apropiada para llenarla el aceite y que este no se derrame por las rasgaduras.
Porque yo se los pensamientos que tengo para ti, de bien y no de mal. A esos pensamientos de Dios debemos, es necesario darle lugar, lugar para que ellos se realizan,
a. ¿estás dispuesto a meterte en el terreno?
b. ¿A dejarte deformar por Dios para que él forme y lleve a cabo su plan en ti?
c. ¿Estás dispuesto a deseas agradar a Dios?
d. ¿O tu idea es agradar a la hermandad?
Es tiempo que le des valor a lo que otros despreciaron, desecharon, dale valor a tu vida y ponla en las manos del alfarero para que Él que es el experto haga lo que sabe hacer en ti y a través de ti.  1ºSamuel: 17: 32 No desmayes, no te guíes por lo que tus ojos y los demás ven de ti, comienza a verte como Dios El Padre te ve y avanza por la victoria, Porque no importa quién eres, ni quien es tu contrincante, lo que realmente te debe importar es *en el nombre de quien vas por la victoria* ¿Acaso, te has hecho a la idea de lo Grande y Poderoso que es El Dios de los dioses? Jehová de los Ejércitos es su Nombre.
Lo que yo tengo hoy es suficiente para salir a pelear, El Padre que te elige, te ha preparado para este momento, avanza te digo, no tengas miedo y envalentónate, utiliza en seguridad la experiencia que has adquirido en momentos anteriores, no debes ser imitador de hombre alguno, mira a David, derrotó a Goliat con la experiencia que había adquirido defendiendo a sus ovejas de osos y lobos.
Es posible que hoy no te veas de acuerdo al proyecto del Creador, pero en el corazón de Dios tienes una imagen poderosa. No dejes que las palabras del hombre te quite esa identidad,… Tú tienes identidad, Tú eres hijo del Dios vivo.–
Deseo seas en todo bendecido estimado lector.

miércoles, 27 de enero de 2016

¿Cómo Buscar El Rostro de Dios En Oración?

¿Cómo Buscar El Rostro de Dios En Oración?
“…TU ROSTRO BUSCARÉ, SEÑOR” (Salmos 27:8)  En el Antiguo Testamento, Dios instruyó a Moisés que diera a los israelitas la siguiente bendición: “El Señor te bendiga y te guarde. El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti Su rostro y ponga en ti paz” (Números 6:24-26). Cuando hablamos de oración, hablamos de “buscar el rostro de Dios”. Eso significa que unas veces orar consiste en hablar y otras veces en escuchar. Pero hay un tercer ingrediente: la seguridad que nos da el sentir la sonrisa de amor y de aprobación de Dios. EL SEÑOR HAGA RESPANDECER SU ROSTRO SOBRE TI…” (Números 6:25)
Al estudiar la vida de Cristo, te das cuenta de que la oración no lo dejaba sin energía, sino que lo revitalizaba. Lo mismo te puede ocurrir cuando te acerques a Dios en oración para ver cómo resplandece Su rostro sobre ti. Cuando estás con alguien polémico con ganas de discutir, gastas energías. Sin embargo, cuando quedas con tu mejor amigo, las renuevas. Jesús nos ha llamado “amigos” (Juan 15:15). ¿Te has fijado en que a veces los enamorados se hablan como si fueran bebés? Es algo muy íntimo y privado y resulta desagradable a un tercero. Pero lo hacemos porque es el lenguaje más tierno que conocemos.
La vida de oración de Jesús demostraba su intimidad. A Dios lo llamaba “Abba”, una palabra aramea equivalente a “papá” o “mamá” (Jesús hablaba en arameo y hay partes del Nuevo Testamento escritas en esta lengua en lugar de en griego). “Abba” era la primera palabra que pronunciaban los niños judíos por su facilidad fonética. En cierto modo, el amor tierno que los adultos ofrecen a los niños es el mismo que Jesús recibía de Su Padre cuando estaba con Él. Tú también puedes experimentar lo mismo. Por eso escribió Pablo: “…No recibisteis un espíritu que de nuevo os esclavice al miedo, sino el Espíritu que os adopta como hijos y os permite clamar: ‘¡Abba! ¡Padre!’. El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos… herederos de Dios…” (Romanos 8:15-17. El propósito primordial de la oración debería ser alcanzar la intimidad con Dios.

martes, 26 de enero de 2016

Reglas Para Controlar La Ira Biblicamente

Reglas Para Controlar La Ira Biblicamente
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Dos personalidades fuertes en una relación son como dos ríos que se juntan en uno: va a haber una gran corriente. La ira puede ser instantánea como un relámpago, o prolongada, como un trueno. A veces chocamos y nos hacemos daño, otras veces nos distanciamos y abandonamos la relación en silencio. Sin embargo la ira, si se maneja de manera apropiada, no tiene por qué ser destructiva. Veamos las reglas de Dios para controlar la ira.
Regla nº 1: Sé sincero contigo mismo.
“Desechando la mentira, hablad verdad airaos, pero no pequéis” (Efesios 4:25-26). Cuando estés enojado, no lo niegues. La ira puede ser constructiva. Tenemos derecho a enfadarnos cuando la gente es maltratada o no se rectifican los agravios. Decir “me he sentido airado, y porque valoro nuestra relación, quisiera hablar de ello” es ser franco, no amenazante y da pie a una solución. Pero ten en cuenta que: a) no hacer caso, aguantarse, reprimirse o pretender que no estás enfadado no es en realidad ser sincero contigo mismo; b) otra forma de mentir cuando estás airado es la exageración: “Nunca me escuchas”; “nunca haces lo que yo quiero”; “aquí nadie hace nada, sólo yo”. Estas generalizaciones son mentiras y a lo único que conducen es a agravar y polarizar la situación, haciendo que el verdadero problema quede tapado y no se resuelva; c) otra forma de mentir cuando tienes ira es culpar a alguien: “Si hubieras llegado a tiempo, no habría tenido que sermonearte”, o “si no me sermonearas tanto, a lo mejor empezaría a llegar pronto”. Culpar a otro es una forma de evadir tu propia responsabilidad mientras señalas a alguien con el dedo. Eso hace que el otro también se enfade, que persista tu ira y que nunca produzca el resultado esperado. La manera de Dios es “hablad verdad cada uno…” (Efesios 4:25). Y funciona cuando hablas la verdad en amor.
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 2: Que al airarte no “mates” a nadie.
Pablo escribió: “Airaos pero no pequéis” (Efesios 4:26). ¿Qué significan esas palabras? No dejes que la ira llegue hasta el punto de herir. No uses tus palabras como un arma o como un mecanismo de control. Es bueno expresar las emociones de forma pacífica, pero no pierdas el control. Tu meta debe ser resolver el problema y fortalecer la relación, no “desahogarte” y dejar a la otra persona herida. ¿Es fácil hacer eso? No. Necesitas una buena dosis de gracia para hacerlo. Las palabras que se dicen medio en broma, el sarcasmo, el fariseísmo o “la indignación justa” hieren, y a veces de forma permanente. “La perversidad de [la lengua] es quebrantamiento de espíritu”. (Proverbios 15:4) ¿Quién sostendrá a un ánimo angustiado? (Proverbios 18:14). “La muerte” [está] en poder de la lengua (Proverbios 18:21). Las palabras con enojo, una vez expresadas, “penetran hasta las entrañas”. (Proverbios 26:22). Tus palabras pueden quedarse en el corazón y en la memoria de la persona y hasta puede que ésta se las lleve a la tumba. Dice el refrán: “A palabras necias, oídos sordos”, pero no es verdad. Una persona puede morir por un espíritu quebrantado y aquél que dijo las palabras se arrepentirá del daño que hizo y que nunca podrá reparar. Sin embargo, la ira manejada correctamente nunca necesita arrepentimiento. Por lo tanto, aprende a diferenciar entre el enfado que sientes y las palabras que dices. La ira, si se analiza bien, puede revelar información importante sobre cambios que se necesitan. Haz hincapié en eso y pide a Dios que te muestre qué debe cambiar la otra persona ¡y que debes cambiar tú!
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 3: Mantente en guardia.
Solo tú eres el más perjudicado al acumular ira en tu disco duro. Al rememorar viejos resentimientos guardados del pasado y ver cómo se reproducen en tu mente, crece tu amargura. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).
Cuando estés enfadado, procura solucionarlo enseguida. No dejes pasivamente que el tiempo decida por ti, ni te quedes ahí esperando a que la otra persona se de cuenta de lo que ha hecho y pida perdón. “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve tú [a] él”. (Mateo 18:15). Trata de resolver el problema y restaurar la relación. Cuando reprimes la ira, es como que estás guardando “un cadáver más en el armario”. Antes o después, según los médicos, lo notarás en el tejido de tu estómago, atacará tu sistema inmunológico, te predispondrá a problemas cardíacos, cánceres y otros desórdenes físicos, sociales y emocionales. Y entre tanto, te angustiará, disminuirá tu energía, coartará tu creatividad y estorbará tu relación con Dios, tus amigos y los otros creyentes; sin mencionar que no le brindará al ofensor la oportunidad de limpiar su conciencia, arrepentirse y ponerse a cuentas con Dios y contigo. No arrastres más el pasado, ni trates de chantajear a los culpables del mismo sacando “los trapos sucios” en momentos precisos, tramando la venganza y pasando el resentimiento a la siguiente generación. Pide a Dios que te de la humildad y el coraje de tratar hoy mismo con los problemas de hoy. Cuando tu cabeza se pegue a la almohada está noche, que sepas que tus cuentas están al día con Dios y con todos los demás ¡y que duermas bien!
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 4: Céntrate en la solución.
La comunión entre dos personas es la “común unión”; si el uno se separa, o si tratar de cobrar ventaja en una disputa, los dos pierden. Pero si unidos buscan salvar y fortalecer la relación, los dos ganan. Así que cuando hables, mira que tu palabra “sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29). Trata de entender lo que necesita la otra persona. No saques a la luz ofensas anteriores; no hagas que otras personas se involucren; no hagas bromas del peso de alguien, o su altura, el color de su piel, su capacidad intelectual, sus limitaciones físicas, mentales o emocionales; no saques a relucir cosas que no tienen que ver con el tema porque podrían enturbiar el asunto e impedirte que encuentres una solución. Y no levantes la voz con el fin de intimidar o manipular.
Dios te hizo con capacidad de sentir ira porque ésta, cuando se maneja de forma apropiada, es el combustible que produce los cambios necesarios y la medicina que sana. Por lo tanto: a) busca una solución, no una “victoria”. Poner motes y hacer un recuento de faltas sólo empeora la situación. No debes hacer hincapié en lo que hicieron sino en qué podéis hacer juntos para resolverlo; b) reconoce tus propios errores y pide perdón. Puesto que “es cosa de dos”, el reconocer tus propias imperfecciones ayuda a que los otros, a su vez, reconozcan las suyas; c) cada vez que des alguien “una de cal”, ofrécele también “otra de arena”. “Si hay virtud alguna” en esto pensad. (Filipenses 4:8). Por cada una de las discrepancias con las que te enfrentas a otros, ofrece un cumplido: “Estoy seguro de que lo que te he dicho no ha sido fácil para ti. Te agradezco la paciencia con la que me has escuchado“. Al hacer hincapié en buscar una solución positiva, les ofrecemos a los demás la posibilidad de que salgan a la superficie, en lugar de dejarlos que se hundan.
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 5. Los “trapos sucios” se lavan en casa.
“Quítense de vosotros toda[o]” enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia”.Cuando estás enfadado, es difícil resistir la tentación de propagar el chisme. Pero los comentarios maliciosos son como los incendios sin control, consumen a quienes los propagan y a quienes los escuchan. No saques a relucir los trapos sucios, deja que “todo quede en casa”. Los trapos sucios se airean de dos maneras: 1) Haciendo pasar vergüenza deliberadamente. Lo dices cuando sabes que otros (como tú) lo van a oír. 2) Sutilmente. Haces bromas de su figura, sus familiares, sus amigos, etc., con el fin de despreciarlos. La persona con la que estás enfadada se siente molesta por ello, se aumenta la desavenencia y se hace imposible la reconciliación. Salomón escribió: “El de espíritu fiel lo guarda todo”. (Proverbios 11:13, RV 1960) y “el amor cubre todas las falta” (Proverbios 10:12). Y escribe Pablo: “Sed niños en cuanto a la malicia y maduros en cuanto al modo de pensar”. (1 Corintios 14:20).
Regla nº 6. Sé parte del equipo que “recoge los platos rotos”.
Podemos decir: “Ellos mismos se metieron en eso, que salgan solos”. Tal vez lo merezcan, pero no podemos irnos de ahí y dejar que las heridas abiertas se infecten. “perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. (Efesios 4:32). ¿Cómo nos perdonó Cristo? ¿Fue después de reconocer y confesar nuestros pecados y arrepentirnos? No. “Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Romanos 5:10). Dios tomó la iniciativa, así que tú perdona antes de que la otra persona te pida perdón. Y si hubieran de ser tus enemigos el resto de la vida, perdónalos de todas formas. Eso es lo que significa “recoger los platos rotos”. Sólo entonces vas a ser tú mismo perdonado, las heridas que has causado sanadas y tu deuda delante de Dios saldada

lunes, 25 de enero de 2016

Casi Cristianos

Casi Cristianos
E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, 1 Timoteo 3.16.
Por más que hagan una larga e intensiva búsqueda, muchas personas no encuentran la verdad, y viven sin conocer a Dios y la verdadera fe.
Hay personas que leen la Biblia y ven aquellas personas que renacieron espiritualmente alcanzar la paz y cultivan una relación de amistad con Dios. Ellos también ven aquellas personas que vencieron el pecado y obtuvieron sus mentes y corazones renovados y que tales viven un autentico cristianismo. Pero, ellos mismos, aunque leen la Biblia, les falta todo esto. Ellos siempre están angustiados, y se preguntan: “¿Cuando es que seré realmente justo?” “¿Cuando me entregaré totalmente a Dios dando la espalda al mundo?” “¿Cuando dejare de vivir entre la carne y el Espíritu?” “Tantos se libran de las ataduras del pecado y están totalmente consagrados a Dios, viviendo felices, de victoria en victoria, pero yo no!” “¿Será que es porque Dios escogió algunos y abandono a otros para que se pierdan por la eternidad?”  ¡Esto no es verdad! “Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (1 Tim 2.3). “El Señor no quiere que nadie perezca, si no que todos vengan al arrepentimiento”, y sean salvos.(2 Pedro 3:9). Y entonces, ¿Donde esta el error?
El problema radica unicamente en la incredulidad humana; en la tendencia natural de confiar en nosotros mismos, en nuestros méritos y nuestra justicia, despreciando así a Dios que se manifestó en carne. No podemos esperar que Dios nos de poder para vencer el pecado, sin antes honrar al hijo, sin entender y creer en el misterio de la piedad. No debemos colocar nuestra justicia encima de la encarnación y el sacrificio del Hijo de Dios.
Es un grande error pensar que primero tenemos que ser justos y puros, para luego entonces acercarnos y confiar en Cristo. Este mal entendido es justamente lo que hace con que algunas personas que leen la Biblia y escuchan la predicación, no alcancen nada.
Es necesario que primero recibamos los méritos de Cristo, sus vestiduras, por medio de la fe. Solamente así llegaremos a ser verdaderamente justos.
Oración: Amado Dios, tu que nos enseñas a guardar santo y puro tu nombre. Permite me que me glorié y me alegre por el hecho de que tu eres mi Padre y yo tu hijo amado. Enséñame a reconocer y a vivir a Cristo en toda verdad. Amen.

domingo, 24 de enero de 2016

El Acercarme a Dios es El Bien

El Acercarme a Dios es El Bien
Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras. Salmo 73:28
Los niños pequeños se aferran a sus padres cuando están alarmados, con miedo, o con hambre. Ellos buscan su comodidad en sus padres, así como el suministro a sus necesidades. Un buen padre o madre van a hacer lo que sea necesario para restaurar la fe de sus hijos y ayudarles a seguir adelante. Dios es el Padre perfecto para sus hijos. Él hará lo que sea para acercarnos a Él cuando nos sentimos fuera de balance por las muchas pruebas de la vida.
Hay un dicho que me gusta nombrar siempre: “Destruye tus planes si estos están destruyendo el acercarte a Dios”
Algunos de nosotros hemos aprendido a regresar inmediatamente a Dios cuando nuestros corazones han sido dañados o cuando nuestros planes se hacen añicos. Sin embargo, muchos de los hijos de Dios se distraen por los ajetreos de la vida y nos olvidemos de que necesitamos estar cerca de nuestro Padre celestial. A veces, al igual que los niños pequeños, nos alejamos de nuestro Padre y nos encontramos en lugares desconocidos y sin esperanza. La palabra de Dios nos enseña a acercarnos a Él y Él se acercará a nosotros (Santiago 4:8). ¿Tengo que esperar las pruebas y tribulaciones, para acercarme a Dios? Por supuesto que no. Si nos acercamos a Dios como parte de nuestro caminar diario, vamos a encontrar más equilibrio dentro de nosotros mismos cuando lleguen los problemas. Si queremos acercarnos a Dios, debemos hacer un tiempo para orar y tener comunión con Él todos los días. Mantenernos constantemente leyendo y meditando en Su Palabra. Nosotros reconoceremos inmediatamente que nuestro Dios está en control, y Él nos dará estabilidad que necesitamos a través de los días difíciles.
Estar cerca de Dios no es una especie de rareza espiritual. Más bien, es una presencia de paz reconfortante de Dios que nos envuelve a primera hora de la mañana y durante todo el día. Podemos hacer frente con mayor facilidad a situaciones difíciles y a la gente difícil debido a nuestra cercanía con el Creador.
Oración
Amado Señor, quiero estar más cerca de ti como nunca lo he estado. Dame una visión de lo que tengo que hacer para acercarme más a ti, y yo pido que te acerques a mí. Amén.

sábado, 23 de enero de 2016

8 Principios Por Los que Regirse Según La Biblia

8 Principios Por Los que Regirse Según La Biblia
LOS BUENOS PLANES Y EL TRABAJO DURO CONDUCEN A LA PROSPERIDAD (Proverbios 3:2-22 parafraseado)
Las personas que se proponen metas logran mucho más que otras con la misma educación y capacidades pero que no lo hacen. Con eso en mente, adopta estos ocho principios en tu vida:
1) Decide lo que quieres hacer. Pero primero consulta a Dios.
“Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre, pero el consejo del Señor es el que permanece” (Proverbios 19:21)
2) Escribe tus pensamientos.
Escribir tus metas les da un sentido de permanencia y a ti te motiva. “Los buenos planes y el trabajo duro conducen a la prosperidad” (Proverbios 3:21-22 parafraseado). Las metas poco claras no te llevarán adonde quieres ir.
3) Márcate plazos.
Sin un principio y un fin definidos es fácil dejar las cosas para mañana y no llegar a ninguna parte.
4) Haz una lista de lo que tienes que hacer.
Tenla delante de ti en todo momento; es como una pista por la que tienes que correr. 5) Haz de tu lista un plan.
Decide lo que tienes que hacer primero y lo que puedes dejar para luego. Un plan organizado es siempre mejor que tratar de llevarlo todo en la cabeza.
6) Pasa a la acción inmediatamente.
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16). ¡Haz algo! Un plan mediocre llevado a cabo es mucho mejor que uno maravilloso que no se ha cumplido.
7) Haz algo cada día para avanzar.
Hazlo parte de tu programa. Por ejemplo, lee la Biblia de forma sistemática, llama a un número determinado de clientes, haz ejercicio físico en un tiempo destinado a ello.
8) Proponte una meta a la que estás dispuesto a dedicar tu vida. Y no quites la vista de esa meta en ningún momento.
“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría”. (Salmo 90:12).