martes, 26 de enero de 2016

Reglas Para Controlar La Ira Biblicamente

Reglas Para Controlar La Ira Biblicamente
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Dos personalidades fuertes en una relación son como dos ríos que se juntan en uno: va a haber una gran corriente. La ira puede ser instantánea como un relámpago, o prolongada, como un trueno. A veces chocamos y nos hacemos daño, otras veces nos distanciamos y abandonamos la relación en silencio. Sin embargo la ira, si se maneja de manera apropiada, no tiene por qué ser destructiva. Veamos las reglas de Dios para controlar la ira.
Regla nº 1: Sé sincero contigo mismo.
“Desechando la mentira, hablad verdad airaos, pero no pequéis” (Efesios 4:25-26). Cuando estés enojado, no lo niegues. La ira puede ser constructiva. Tenemos derecho a enfadarnos cuando la gente es maltratada o no se rectifican los agravios. Decir “me he sentido airado, y porque valoro nuestra relación, quisiera hablar de ello” es ser franco, no amenazante y da pie a una solución. Pero ten en cuenta que: a) no hacer caso, aguantarse, reprimirse o pretender que no estás enfadado no es en realidad ser sincero contigo mismo; b) otra forma de mentir cuando estás airado es la exageración: “Nunca me escuchas”; “nunca haces lo que yo quiero”; “aquí nadie hace nada, sólo yo”. Estas generalizaciones son mentiras y a lo único que conducen es a agravar y polarizar la situación, haciendo que el verdadero problema quede tapado y no se resuelva; c) otra forma de mentir cuando tienes ira es culpar a alguien: “Si hubieras llegado a tiempo, no habría tenido que sermonearte”, o “si no me sermonearas tanto, a lo mejor empezaría a llegar pronto”. Culpar a otro es una forma de evadir tu propia responsabilidad mientras señalas a alguien con el dedo. Eso hace que el otro también se enfade, que persista tu ira y que nunca produzca el resultado esperado. La manera de Dios es “hablad verdad cada uno…” (Efesios 4:25). Y funciona cuando hablas la verdad en amor.
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 2: Que al airarte no “mates” a nadie.
Pablo escribió: “Airaos pero no pequéis” (Efesios 4:26). ¿Qué significan esas palabras? No dejes que la ira llegue hasta el punto de herir. No uses tus palabras como un arma o como un mecanismo de control. Es bueno expresar las emociones de forma pacífica, pero no pierdas el control. Tu meta debe ser resolver el problema y fortalecer la relación, no “desahogarte” y dejar a la otra persona herida. ¿Es fácil hacer eso? No. Necesitas una buena dosis de gracia para hacerlo. Las palabras que se dicen medio en broma, el sarcasmo, el fariseísmo o “la indignación justa” hieren, y a veces de forma permanente. “La perversidad de [la lengua] es quebrantamiento de espíritu”. (Proverbios 15:4) ¿Quién sostendrá a un ánimo angustiado? (Proverbios 18:14). “La muerte” [está] en poder de la lengua (Proverbios 18:21). Las palabras con enojo, una vez expresadas, “penetran hasta las entrañas”. (Proverbios 26:22). Tus palabras pueden quedarse en el corazón y en la memoria de la persona y hasta puede que ésta se las lleve a la tumba. Dice el refrán: “A palabras necias, oídos sordos”, pero no es verdad. Una persona puede morir por un espíritu quebrantado y aquél que dijo las palabras se arrepentirá del daño que hizo y que nunca podrá reparar. Sin embargo, la ira manejada correctamente nunca necesita arrepentimiento. Por lo tanto, aprende a diferenciar entre el enfado que sientes y las palabras que dices. La ira, si se analiza bien, puede revelar información importante sobre cambios que se necesitan. Haz hincapié en eso y pide a Dios que te muestre qué debe cambiar la otra persona ¡y que debes cambiar tú!
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 3: Mantente en guardia.
Solo tú eres el más perjudicado al acumular ira en tu disco duro. Al rememorar viejos resentimientos guardados del pasado y ver cómo se reproducen en tu mente, crece tu amargura. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).
Cuando estés enfadado, procura solucionarlo enseguida. No dejes pasivamente que el tiempo decida por ti, ni te quedes ahí esperando a que la otra persona se de cuenta de lo que ha hecho y pida perdón. “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve tú [a] él”. (Mateo 18:15). Trata de resolver el problema y restaurar la relación. Cuando reprimes la ira, es como que estás guardando “un cadáver más en el armario”. Antes o después, según los médicos, lo notarás en el tejido de tu estómago, atacará tu sistema inmunológico, te predispondrá a problemas cardíacos, cánceres y otros desórdenes físicos, sociales y emocionales. Y entre tanto, te angustiará, disminuirá tu energía, coartará tu creatividad y estorbará tu relación con Dios, tus amigos y los otros creyentes; sin mencionar que no le brindará al ofensor la oportunidad de limpiar su conciencia, arrepentirse y ponerse a cuentas con Dios y contigo. No arrastres más el pasado, ni trates de chantajear a los culpables del mismo sacando “los trapos sucios” en momentos precisos, tramando la venganza y pasando el resentimiento a la siguiente generación. Pide a Dios que te de la humildad y el coraje de tratar hoy mismo con los problemas de hoy. Cuando tu cabeza se pegue a la almohada está noche, que sepas que tus cuentas están al día con Dios y con todos los demás ¡y que duermas bien!
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 4: Céntrate en la solución.
La comunión entre dos personas es la “común unión”; si el uno se separa, o si tratar de cobrar ventaja en una disputa, los dos pierden. Pero si unidos buscan salvar y fortalecer la relación, los dos ganan. Así que cuando hables, mira que tu palabra “sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29). Trata de entender lo que necesita la otra persona. No saques a la luz ofensas anteriores; no hagas que otras personas se involucren; no hagas bromas del peso de alguien, o su altura, el color de su piel, su capacidad intelectual, sus limitaciones físicas, mentales o emocionales; no saques a relucir cosas que no tienen que ver con el tema porque podrían enturbiar el asunto e impedirte que encuentres una solución. Y no levantes la voz con el fin de intimidar o manipular.
Dios te hizo con capacidad de sentir ira porque ésta, cuando se maneja de forma apropiada, es el combustible que produce los cambios necesarios y la medicina que sana. Por lo tanto: a) busca una solución, no una “victoria”. Poner motes y hacer un recuento de faltas sólo empeora la situación. No debes hacer hincapié en lo que hicieron sino en qué podéis hacer juntos para resolverlo; b) reconoce tus propios errores y pide perdón. Puesto que “es cosa de dos”, el reconocer tus propias imperfecciones ayuda a que los otros, a su vez, reconozcan las suyas; c) cada vez que des alguien “una de cal”, ofrécele también “otra de arena”. “Si hay virtud alguna” en esto pensad. (Filipenses 4:8). Por cada una de las discrepancias con las que te enfrentas a otros, ofrece un cumplido: “Estoy seguro de que lo que te he dicho no ha sido fácil para ti. Te agradezco la paciencia con la que me has escuchado“. Al hacer hincapié en buscar una solución positiva, les ofrecemos a los demás la posibilidad de que salgan a la superficie, en lugar de dejarlos que se hundan.
HABLAD VERDAD CADA UNO (Efesios 4:25)
Regla nº 5. Los “trapos sucios” se lavan en casa.
“Quítense de vosotros toda[o]” enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia”.Cuando estás enfadado, es difícil resistir la tentación de propagar el chisme. Pero los comentarios maliciosos son como los incendios sin control, consumen a quienes los propagan y a quienes los escuchan. No saques a relucir los trapos sucios, deja que “todo quede en casa”. Los trapos sucios se airean de dos maneras: 1) Haciendo pasar vergüenza deliberadamente. Lo dices cuando sabes que otros (como tú) lo van a oír. 2) Sutilmente. Haces bromas de su figura, sus familiares, sus amigos, etc., con el fin de despreciarlos. La persona con la que estás enfadada se siente molesta por ello, se aumenta la desavenencia y se hace imposible la reconciliación. Salomón escribió: “El de espíritu fiel lo guarda todo”. (Proverbios 11:13, RV 1960) y “el amor cubre todas las falta” (Proverbios 10:12). Y escribe Pablo: “Sed niños en cuanto a la malicia y maduros en cuanto al modo de pensar”. (1 Corintios 14:20).
Regla nº 6. Sé parte del equipo que “recoge los platos rotos”.
Podemos decir: “Ellos mismos se metieron en eso, que salgan solos”. Tal vez lo merezcan, pero no podemos irnos de ahí y dejar que las heridas abiertas se infecten. “perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. (Efesios 4:32). ¿Cómo nos perdonó Cristo? ¿Fue después de reconocer y confesar nuestros pecados y arrepentirnos? No. “Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Romanos 5:10). Dios tomó la iniciativa, así que tú perdona antes de que la otra persona te pida perdón. Y si hubieran de ser tus enemigos el resto de la vida, perdónalos de todas formas. Eso es lo que significa “recoger los platos rotos”. Sólo entonces vas a ser tú mismo perdonado, las heridas que has causado sanadas y tu deuda delante de Dios saldada

lunes, 25 de enero de 2016

Casi Cristianos

Casi Cristianos
E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, 1 Timoteo 3.16.
Por más que hagan una larga e intensiva búsqueda, muchas personas no encuentran la verdad, y viven sin conocer a Dios y la verdadera fe.
Hay personas que leen la Biblia y ven aquellas personas que renacieron espiritualmente alcanzar la paz y cultivan una relación de amistad con Dios. Ellos también ven aquellas personas que vencieron el pecado y obtuvieron sus mentes y corazones renovados y que tales viven un autentico cristianismo. Pero, ellos mismos, aunque leen la Biblia, les falta todo esto. Ellos siempre están angustiados, y se preguntan: “¿Cuando es que seré realmente justo?” “¿Cuando me entregaré totalmente a Dios dando la espalda al mundo?” “¿Cuando dejare de vivir entre la carne y el Espíritu?” “Tantos se libran de las ataduras del pecado y están totalmente consagrados a Dios, viviendo felices, de victoria en victoria, pero yo no!” “¿Será que es porque Dios escogió algunos y abandono a otros para que se pierdan por la eternidad?”  ¡Esto no es verdad! “Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (1 Tim 2.3). “El Señor no quiere que nadie perezca, si no que todos vengan al arrepentimiento”, y sean salvos.(2 Pedro 3:9). Y entonces, ¿Donde esta el error?
El problema radica unicamente en la incredulidad humana; en la tendencia natural de confiar en nosotros mismos, en nuestros méritos y nuestra justicia, despreciando así a Dios que se manifestó en carne. No podemos esperar que Dios nos de poder para vencer el pecado, sin antes honrar al hijo, sin entender y creer en el misterio de la piedad. No debemos colocar nuestra justicia encima de la encarnación y el sacrificio del Hijo de Dios.
Es un grande error pensar que primero tenemos que ser justos y puros, para luego entonces acercarnos y confiar en Cristo. Este mal entendido es justamente lo que hace con que algunas personas que leen la Biblia y escuchan la predicación, no alcancen nada.
Es necesario que primero recibamos los méritos de Cristo, sus vestiduras, por medio de la fe. Solamente así llegaremos a ser verdaderamente justos.
Oración: Amado Dios, tu que nos enseñas a guardar santo y puro tu nombre. Permite me que me glorié y me alegre por el hecho de que tu eres mi Padre y yo tu hijo amado. Enséñame a reconocer y a vivir a Cristo en toda verdad. Amen.

domingo, 24 de enero de 2016

El Acercarme a Dios es El Bien

El Acercarme a Dios es El Bien
Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras. Salmo 73:28
Los niños pequeños se aferran a sus padres cuando están alarmados, con miedo, o con hambre. Ellos buscan su comodidad en sus padres, así como el suministro a sus necesidades. Un buen padre o madre van a hacer lo que sea necesario para restaurar la fe de sus hijos y ayudarles a seguir adelante. Dios es el Padre perfecto para sus hijos. Él hará lo que sea para acercarnos a Él cuando nos sentimos fuera de balance por las muchas pruebas de la vida.
Hay un dicho que me gusta nombrar siempre: “Destruye tus planes si estos están destruyendo el acercarte a Dios”
Algunos de nosotros hemos aprendido a regresar inmediatamente a Dios cuando nuestros corazones han sido dañados o cuando nuestros planes se hacen añicos. Sin embargo, muchos de los hijos de Dios se distraen por los ajetreos de la vida y nos olvidemos de que necesitamos estar cerca de nuestro Padre celestial. A veces, al igual que los niños pequeños, nos alejamos de nuestro Padre y nos encontramos en lugares desconocidos y sin esperanza. La palabra de Dios nos enseña a acercarnos a Él y Él se acercará a nosotros (Santiago 4:8). ¿Tengo que esperar las pruebas y tribulaciones, para acercarme a Dios? Por supuesto que no. Si nos acercamos a Dios como parte de nuestro caminar diario, vamos a encontrar más equilibrio dentro de nosotros mismos cuando lleguen los problemas. Si queremos acercarnos a Dios, debemos hacer un tiempo para orar y tener comunión con Él todos los días. Mantenernos constantemente leyendo y meditando en Su Palabra. Nosotros reconoceremos inmediatamente que nuestro Dios está en control, y Él nos dará estabilidad que necesitamos a través de los días difíciles.
Estar cerca de Dios no es una especie de rareza espiritual. Más bien, es una presencia de paz reconfortante de Dios que nos envuelve a primera hora de la mañana y durante todo el día. Podemos hacer frente con mayor facilidad a situaciones difíciles y a la gente difícil debido a nuestra cercanía con el Creador.
Oración
Amado Señor, quiero estar más cerca de ti como nunca lo he estado. Dame una visión de lo que tengo que hacer para acercarme más a ti, y yo pido que te acerques a mí. Amén.

sábado, 23 de enero de 2016

8 Principios Por Los que Regirse Según La Biblia

8 Principios Por Los que Regirse Según La Biblia
LOS BUENOS PLANES Y EL TRABAJO DURO CONDUCEN A LA PROSPERIDAD (Proverbios 3:2-22 parafraseado)
Las personas que se proponen metas logran mucho más que otras con la misma educación y capacidades pero que no lo hacen. Con eso en mente, adopta estos ocho principios en tu vida:
1) Decide lo que quieres hacer. Pero primero consulta a Dios.
“Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre, pero el consejo del Señor es el que permanece” (Proverbios 19:21)
2) Escribe tus pensamientos.
Escribir tus metas les da un sentido de permanencia y a ti te motiva. “Los buenos planes y el trabajo duro conducen a la prosperidad” (Proverbios 3:21-22 parafraseado). Las metas poco claras no te llevarán adonde quieres ir.
3) Márcate plazos.
Sin un principio y un fin definidos es fácil dejar las cosas para mañana y no llegar a ninguna parte.
4) Haz una lista de lo que tienes que hacer.
Tenla delante de ti en todo momento; es como una pista por la que tienes que correr. 5) Haz de tu lista un plan.
Decide lo que tienes que hacer primero y lo que puedes dejar para luego. Un plan organizado es siempre mejor que tratar de llevarlo todo en la cabeza.
6) Pasa a la acción inmediatamente.
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16). ¡Haz algo! Un plan mediocre llevado a cabo es mucho mejor que uno maravilloso que no se ha cumplido.
7) Haz algo cada día para avanzar.
Hazlo parte de tu programa. Por ejemplo, lee la Biblia de forma sistemática, llama a un número determinado de clientes, haz ejercicio físico en un tiempo destinado a ello.
8) Proponte una meta a la que estás dispuesto a dedicar tu vida. Y no quites la vista de esa meta en ningún momento.
“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría”. (Salmo 90:12).

viernes, 22 de enero de 2016

¿Sabes a Que Has Sido Llamado Según La Biblia?

¿Sabes a Que Has Sido Llamado Según La Biblia?
“VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA” (Mateo 5:13)    Un día Jesús sanó a un hombre poseído por los demonios que había pasado años separado de su familia. Después de ser liberado, el hombre quería seguir a Jesús, pero éste le dijo: “Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo” (Lucas 8:39). En otras palabras, empieza donde estás, usa lo que tienes y haz lo que puedas. La Biblia dice: “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mateo 5:13). La sal no existe para su propio fin. Tiene que ser echada en algo más grande que ella misma; sólo entonces cumple su propósito.
Pero ten cuidado, no seas dirigido por tu ego. El deseo de destacar en algo puede ser engañoso. No puedes hacerlo por ti mismo y para tu propio provecho, sino que debes hacerlo con Dios y para lograr Sus propósitos. ¡Entonces Él te bendecirá!
VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA (Mateo 5:13)
Cuando Dios llamó a Moisés, una de las preguntas que le hizo fue: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? (Éxodo 4:2). Moisés llevaba su cayado de pastor, símbolo de su forma de ganarse la vida; era para lo que valía, representaba su sustento, su rebaño era su riqueza y la seguridad de su familia. Pero Dios le pide que estuviera dispuesto a entregarla. Dios sigue preguntando hoy: ¿Qué tienes en tu mano? ¿Qué te ha sido dado?: Tus dones, tu dinero, tu temperamento, tu experiencia, tus relaciones, tu mente, tu educación. Dios te ha dado lo que el Dr Martin Seligman llama: sellos de calidad.
Éste clasificó las capacidades humanas en varias categorías, las cuales define como: a) sabiduría y conocimiento (en las que se incluyen aspectos como la curiosidad, el gusto de aprender cosas nuevas, el juicio ecuánime y la inteligencia social); b) valentía (perseverancia e integridad); c) humanidad (el ser bondadoso y expresar misericordia); d) justicia (la capacidad de promover la imparcialidad y el liderazgo); e) templanza (cualidades como el dominio propio, la prudencia, la humildad); f) transcendencia (apreciar la belleza, expresar gratitud, la habilidad de tener esperanza, la capacidad de estar gozoso). Todos tenemos la capacidad de cada una de estas cualidades, pero unas son más prominentes en ti que otras; ésas son tus “sellos de calidad”. Si los identificas, comenzarás a entender tu llamado.
Muchas veces pensamos que Dios no puede o no quiere usarnos a causa de nuestras debilidades. Pero es todo lo contrario. Nadie puede hablarle mejor a los que están en duelo que ésos que también han perdido a un ser querido. Chuck Colson fue el abogado en jefe de la Casa Blanca, hasta el escándalo Watergate. Pero hasta que no se encontró en la cárcel no estuvo dispuesto a relacionarse y congregarse con los otros reclusos. Hoy mismo, si se lo permites, Dios te va a usar.
VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA (Mateo 5:13)
Observa lo siguiente:
1) Tu llamado a veces tiene que ver con eso que te inquieta profundamente.
Para Moisés, era la opresión de su pueblo. Así que Dios usó eso y llamó a Moisés para llevar a su pueblo a la libertad. Para William Wilbeforce era la esclavitud. Dedicó su vida entera a hacer que se erradicara en Inglaterra, lo que ocurrió poco antes de su muerte. Para el Dr. Martín Lutero King fue la injusticia de una sociedad que esclavizaba y oprimía a los negros. Así que soñó y predicó, y se manifestó y organizó y boicoteó y el Movimientos de los Derechos Civiles cobró vida. Si quieres descubrir tu llamado, empieza a orar por aquello por lo que sientes profunda carga. Por lo general tratamos de evitar lo desagradable, pero si sientes que tu llamado tiene que ver con ayudar a los pobres, pasa un tiempo con los que viven en pobreza. Deja que tu corazón sea conmovido, lleva en ti la convicción de que las cosas deben cambiar y sigue orando: “Señor, haz de mi un instrumento de cambio”.
2) Tu llamado demuestra que Dios cree en ti.
Cuando Jesús llamó a sus discípulos, éstos no tenían ninguna apariencia de ganadores. Por lo general, en esos días si alguien iba a a ser el discípulo de un rabino, tenía que empezar mucho más jóven. Además, los rabinos no reclutaban, sino que escogían entre los que lo solicitaban. Pero no así Jesús. Él escogió a un médico, un recaudador de impuestos y unos pescadores y dijo: “Creo en vosotros, y lo que yo sé os lo voy a enseñar. Y les prometió: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará” (Juan 14:12). ¡No es de sorprender que dejaran sus redes! Jesús dio el poder a sus seguidores de ir y vivir como Él vivía. Hoy, a ti te está llamando a hacer lo mismo.

jueves, 21 de enero de 2016

Escucha a Dios

Escucha a Dios
“TUS OÍDOS OIRÁN” LA PALABRA QUE DIGA: ÉSTE ES EL CAMINO (Isaías 41:10)
Cada vez que des un paso de fe y te arriesgues a algo, una voz dentro de ti te susurrará: “Estás loco. Tú no eres capaz de hacer eso. Los pequeños logros que tuviste anteriormente fueron cuestión de suerte, sólo sucedieron porque estabas en el lugar adecuado en el momento preciso. En menudo problema te has metido”. Esa voz te despertará por la noche y te dará náuseas. La puedes oír en cada sala de juntas, cada cuarto de estar y cada acera. Es la voz del miedo y no juega limpio. Saca el archivo de tus fracasos pasados y se ceba en tus inseguridades más profundas.
Pero hay otra voz, ¡la de Dios! Y ésta dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. (Isaías 41:10). Estar en sintonía con la voz de Dios no significa que tus problemas se solucionen automáticamente o que la otra voz simplemente se calle. No, es más bien como tener una conversación íntima con un buen amigo en un lugar abarrotado de gente donde hay mucho ruido. Es verdad que hay otras voces a tu alrededor pero tú no las oyes porque estás prestando atención a lo que dice tu amigo. Lo mismo ocurre con la voz de Dios. Ya sea que te hable a través de las Escrituras, o de un amigo, o por medio de las circunstancias, Él siempre está en comunicación con todo corazón que lo busca. Su promesa para ti es: “Tus oídos oirán” la palabra que diga: Éste es el camino. Andad por él (Isaías 41:10). Una palabra de parte de Dios, una sola palabra, puede cambiar toda tu perspectiva. Por lo tanto, pasa tiempo escuchando la voz de Dios.
NO TEMAS, PORQUE YO ESTOY CONTIGO (Isaías 41:10)
Para tener éxito en cualquier cosa que Dios te llama a hacer, tienes que ser sensible al Espíritu Santo que mora en ti y aprender a reconocer cuándo te habla a través de las Escrituras.
Cuando estés bajo presión y estés tentado a actuar demasiado rápido, escucharás Su voz que te dice: “Porque no saldréis apresurados” porque Jehová irá delante de vosotros, y vuestra retaguardia será el Dios de Israel.(Isaías 52:12). Dios te cubre por completo, por delante y por detrás, ¿no es maravilloso? Cuando estés a punto de tomar un camino o una decisión equivocados, Él te recordará: “El corazón del hombre se propone un camino, pero el Señor endereza sus pasos”. (Proverbios 16:9). Cuando no tengas la forma ni los medios de llevar a cabo la tarea encomendada, Su voz susurrará: “El Señor te pastoreará siempre, en las sequías saciará tu alma y dará vigor a tus huesos. Serás como un huerto de riego, como un manantial de aguas, cuyas aguas nunca se agotan”. (Isaías 58:11). Tienes recursos inagotables. Cuando hayas agotado las opciones y no sepas qué hacer, Él te tranquilizará: “Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. (Salmo 32:8). Cuando la carga se haga demasiado pesada, escucharás su voz diciendo: “Echa sobre el Señor tu carga y él te sostendrá; no dejará para siempre caído al justo”. (Salmo 55:22).
Escuchar la voz de Dios tal vez implique que tengas que sacrificar cosas menos importantes y desconectar otras voces, pero debes hacerlo. Nada, absolutamente nada, es más importante que reconocer la voz de Dios cuando te habla.

miércoles, 20 de enero de 2016

Sé un Tito ¡anima a alguien!

Sé un Tito ¡anima a alguien!
“…LA PALABRA A SU TIEMPO, ¡CUÁN BUENA ES!” (Proverbios15:23b)
Algunas personas a tu alrededor, aunque tengan mucho éxito, se están muriendo “en la flor de la vida” por falta de aliciente. ¡Salomón escribió: “…la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” (Proverbios 15:23b). ¿No es eso verdad? Es maravilloso recibir una palabra oportuna. Otra versión bíblica dice: “…la palabra apropiada en el momento adecuado…” ¡qué hermoso! El buen ánimo trae sanidad emocional, restaura la esperanza, pone el problema en su perspectiva, y hace que el día sea más soportable. ¿Conoces a alguien que necesita recibir ánimo? ¿Un preso que trata de mantenerse fuerte en un ambiente hostil mientras está pagando su deuda a la sociedad? ¿Una persona divorciada que intenta reconstruir su vida? ¿Un padre de familia sin trabajo que está preocupado por su familia? ¿Una viuda que carece de compañerismo? ¿Un siervo de Dios que está trabajando en un ambiente difícil de tinieblasí Cada uno está luchando con algo, y por lo tanto, cada uno precisa de aliento.  Uno de los deberes humanos más sublimes es el deber de dar ánimo” es fácil reírse de los ideales de la gente, “echar un jarro de agua fría” sobre su entusiasmo, y desalentar a los demás. El mundo está lleno de tales “aguafiestas”. Pero tenemos una obligación de animarnos los unos a los otros. Muchísimas veces, una palabra de elogio, o de gracias, o de apreciación, o de enhorabuena ha mantenido a alguien en pie. Bendita es la persona que expresa tal palabra. Pablo escribió: “…de fuera, conflictos, y de dentro, temores. Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros…” (2 Corintios 7:5-7). Así que, ¡sé un Tito y anime a alguien hoy!