miércoles, 6 de mayo de 2015

Salmos 9:5-7

Salmos 9:5-7

Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre.  Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre; y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas.  Pero Jehová permanecerá para siempre; ha dispuesto su trono para juicio.



Tal vez seas como yo y te pase lo siguiente: leemos que Jehová tiene el control, que reprende a las naciones, destruye al malo y ningún enemigo permanece de pie.  Nos emocionamos y recordamos lo grande y maravilloso que es nuestro Dios.  Pasa un poco de tiempo y se me olvida.  Comienzo a angustiarme otra vez.  ¡Quiero ver resultados!  ¡Quiero que las cosas cambien ya!  ¿Por qué tarda tanto Dios?  ¿Te ha pasado?  ¿Y qué hacemos en esos momentos?  La respuesta: lo mismo.  Orar sin cesar.  Pedir por paz, amor y gozo que solamente Dios puede dar.  No debemos desviarnos del camino.  No debemos caer en el error de “ayudar” a Dios.  Obviamente Él no necesita tu ayuda así que no te dejes engañar.  Lo que nos corresponde es esperar.  Te lo repito.  Esperar.  Pero lo increíble de esta espera es que no se basa en optimismo ni en buena voluntad.  Se basa en las promesas del Creador, de Aquél que gobierna y está por sobre todas las cosas.  Es una espera con esperanza.  Desde el principio hasta el final de la biblia, Dios nos muestra cómo debemos esperar confiados y siempre cumple con su palabra.  Piénsalo.  Noé tuvo que esperar a que empezara a llover estando dentro del arca.  Dios cumplió y el diluvio llegó.  Después de muchos años de vivir como querían, los habitantes de Sodoma y Gomorra fueron llevados a juicio inmediato y consumidos.  Por no saber esperar, el pueblo judío no pudo entrar a la tierra prometida.  Por no creerle a Jesús, Judas terminó suicidándose e intentando regresar lo que había recibido.  Entonces, mi falta de paciencia no puede interrumpir mi fe.  Dios va cumplir.  ¡No lo olvides!  Sin importar cómo sea el panorama, Dios permanecerá para siempre.

Oración

Señor: vengo a Ti cansado.  He tratado de aguantar por mi mismo pero hoy entiendo que no tiene sentido pues tuya es la victoria y permaneces para siempre.  Te pido me llenes de tu paz, amor y gozo para que las circunstancias no me aparten de Ti y pueda ser luz en la oscuridad.  Gracias por tu palabra y la oportunidad de aprender de ella para corregir mi camino.  Gracias por recibirme y consolarme.  Gracias en el nombre de Jesús.  Amén.

martes, 5 de mayo de 2015

Salmos 1:1-6

Salmos 1:1-6

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.  Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan.  ¡Todo cuanto hace prospera!  En cambio, los malvados son como paja arrastrada por el viento.  Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos.  Porque el Señor cuida el camino de los justos, mas la senda de los malos lleva a la perdición.



Cuando éramos niños nos enseñaban que los que se portan bien y obedecen les va bien.  Por el contrario, el que desobedece termina castigado y le va mal.  Pero cuando uno crece, de repente se encuentra con personas que definitivamente no se portan bien y nadie los está castigando y tampoco les va mal.  Estoy seguro que sabes de lo que estoy hablando.  ¡Cuántas personas vemos que hacen cosas que están mal y simplemente siguen por la vida como si nada malo pasara!  ¿Qué pasó?  ¿Por qué nadie los castigó?  La biblia nos tiene la respuesta perfecta en el pasaje de hoy.  Su castigo lo reciben de Dios al momento en que no puedan sostenerse en el día del juicio y no tendrán lugar donde nosotros que fuimos justificados por Cristo.  ¿Sabes?  Satanás es tan inteligente y hábil que ha logrado confundirnos para pensar que uno puede hacer lo que quiera en esta vida y no pasa nada.  Nos ha hecho pensar que el infierno no existe y que cada quién puede definir su destino.  Se ha encargado de tergiversar la palabra y hacernos creer que aquél que tiene dinero, fama y poder, ha logrado ser exitoso en la vida.  Sin embargo, cuando leemos pasajes como el de hoy, nos damos cuenta que el éxito no está basado en eso sino en mantenernos fieles al Señor.  Cuando uno lee constantemente la biblia y medita en ella, nos dice el pasaje que se convierte en un árbol pegado al río donde constantemente puede recibir alimento y puede dar fruto.  La realidad es que sí hay un castigo para aquellos que le dan la espalda a Dios.  Sí hay un castigo y una consecuencia para los malvados, pecadores y blasfemos.  Y sí, también hay recompensa para los que permanecemos pegados a Jehová.  No te dejes confundir.  La prosperidad económica no es señal de una buena comunión con Dios ni tampoco la fama o el poder.  Dios trabaja con cada uno de nosotros de distintas formas y solamente Él sabe lo que es mejor para nosotros.  La siguiente vez que te encuentres en una disyuntiva o estés atravesando alguna injusticia, recuerda este pasaje.  Recuerda que no debes seguir el consejo de los malvados ni la senda de los pecadores ni tener amistad con los blasfemos.  ¡Aunque parezca tentador lo que dicen!  El Señor cuida el camino de los que le obedecen.  ¿Lo puedes entender?  El diablo nos ha confundido tanto que pensamos que obedecer a Dios no traerá un resultado que nos beneficie.  Ahora ya sabes que eso es mentira y que la dicha llega cuando uno hace caso omiso a todos los que se rebelan contra Él.

Oración

Padre: Gracias.  Definitivamente este mundo me confunde y Satanás me hace pensar que no hay consecuencias ni castigos.  Hoy entiendo que Tú tienes poder absoluto y castigas a aquellos que se rebelan contra Ti.  Te pido perdón por mis pecados y te doy gracias por enseñarme a caminar conforme a tu voluntad evitando a todos aquellos que se rebelan contra Ti.  Gracias por tu amor y por tu cuidado mi Dios.  En Cristo Jesús.  Amén.

lunes, 4 de mayo de 2015

Salmos 7:10-13

Salmos 7:10-13

Mi escudo está en Dios, que salva a los de corazón recto.  Dios es un juez justo, un Dios que en todo tiempo manifiesta su enojo.  Si el malvado no se arrepiente, Dios afilará la espada y tensará el arco; ya ha preparado sus mortíferas armas; ya tiene listas sus llameantes saetas.



Muchas veces leemos pasajes como estos y nos emocionamos.  ¡Perfecto!  Dios está a cargo.  Él tiene el control y yo voy a dejar que Él se encargue de todo.  De Él es el juicio.  En Él tengo mi esperanza.  En Él tengo mi escudo.  Pero pasa el tiempo y comienzas a dudar nuevamente.  Recibes alguna noticia o simplemente pasa algo que pareciera te regresa al punto de partida.  Nuevamente comienzas a dudar sobre lo que está pasando e incluso cuestionas si realmente Dios castiga al malvado.  ¿Ya te identificaste?  La realidad es que Satanás no quiere que te acerques a Dios y mucho menos que crezcas espiritualmente.  La biblia nos explica en Efesios 6 que tenemos una lucha contra fuerzas malignas.  En otras palabras: Satanás y sus demonios.  Ellos buscan constantemente estorbar en tu relación con Dios.  Sutilmente se meten en tu vida y tus pensamientos.  “No merece que lo perdones”.  “Tú mereces más que eso”.  “Para este momento deberías estar en una mejor situación”.  “Tú has sido bueno, merece un castigo”.  Y así pasan los pensamientos por tu cabeza.  Pensamientos que no agradan a Dios y van en contra de su voluntad puesto que, Él, siendo Dios se hizo hombre sin merecerlo.  Sufrió sin merecerlo.  Te perdonó sin merecerlo.  Te amó sin merecerlo.  ¿Lo puedes entender?  Ahora puedes darte cuenta que esos pensamientos y sentimientos no provienen de Él y, por lo tanto, debes desecharlos.  No.  No regresaste al punto de partida.  Ese es un engaño.  La realidad es que ya has avanzado y simplemente hay altibajos en tu camino.  No pares.  Persevera y recuerda constantemente que Jehová es tu escudo.  Acude a Él.  Pide consuelo a Él.  Pide paz a Él.  Es normal que tengas tropiezos y dudas.  Cuando esto pase, recuerda este pasaje.  Dios es escudo de los justos y saetas para los injustos.  Si has decidido por Él, vas por buen camino.  Sigue así.  No desmayes ni titubees.

Oración

Padre: en verdad agradezco tu palabra y la misericordia que tienes conmigo al permitirme conocerte y poner mi esperanza en Ti.  Gracias por darme dirección.  Gracias por abrir caminos.  Te pido pongas perdón y amor en mi corazón para con mi prójimo sin importar que lo merezcan o no.  Yo quiero obedecerte y sé que esto te agrada.  Transforma mi mente y mis pensamientos para que estén siempre alineados a tu palabra.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén

domingo, 3 de mayo de 2015

Hebreos 11:23

Hebreos 11:23

Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey.



En ese entonces, el rey había decidido que se mataran a todos los recién nacidos que fueran varones.  El pueblo de Israel había sido prosperado por Dios y los egipcios veían con envidia y preocupación este desarrollo.  Por ello deciden poner un freno y “cuidar” su reino.
La descripción de Moisés al nacer habla de un niño especial.  No solamente por su belleza sino tenía algo en él que la gente no podía dejar de percibir.  Esto hace que sus padres mediten en lo que harían y deciden tener fe y esconderlo para que no fuera asesinado.  Piensa en esto: el edicto del rey tenía tal poder que, en caso de ser descubiertos, no solamente moriría el niño sino probablemente toda la familia por haber desobedecido.  Uno no podía omitir una orden del rey sin tener consecuencias devastadoras.  Sin embargo, los padres de Moisés deciden tener fe en que Dios se encargará de protegerlo.  ¿Sabes?  El pasaje no hace referencia a desobedecer las órdenes sino a tener fe y comprender que todo le pertenece al Señor y no a nosotros.  No conocemos la plática que tuvieron los padres de Moisés pero estoy seguro que en algún momento tuvieron que decir: este niño le pertenece a Dios y solamente Él podrá decidir si vive o no.  ¡Esa es la fe puesta en obras!  Uno puede hablar mil palabras sobre la fe pero una sola acción es mucho más poderosa.  La fe nos lleva a hacer lo imposible.  ¿Cómo?  Cuando uno actúa con fe, termina actuando de manera opuesta a lo que originalmente haría (por nuestra naturaleza caída) y deja que Dios tome el control.  Así, conforme los hechos se desarrollan, uno se da cuenta que está caminando por donde nunca imaginó.  ¿Lo mejor de todo?  Al caminar con fe las bendiciones abundan.  Ojo, no porque los problemas se acaban y todo se resuelve a la perfección.  No.  Bendiciones de vivir en paz y con gozo sabiendo que se está caminando por el camino correcto.  Uno se llena de preocupación y afán hasta que decide entregarse al Señor.  Imagina la escena del nacimiento de Moisés al enterarse que era varón.  Inmediatamente se preocuparon porque sería asesinado.  Al mismo tiempo, al momento en que toman el camino de la fe, todo eso queda atrás porque ahora  Dios tiene el control y como dice Jesús en Mateo 11:30, su yugo es fácil y su carga ligera mientras que nuestra carga es sumamente pesada.
Por un lado, vemos la fe en acción.  Por el otro, vemos las terribles decisiones que podemos tomar cuando nos alejamos de Dios.  El rey decidió que asesinar niños era aceptable.  Todo por pensar que ese reino le pertenecía y que tendría que tomar medidas para cuidarlo.  Así nos pasa a nosotros hoy en día.  Pensamos que algo nos pertenece.  Nos aferramos a ello y tomamos decisiones terribles por tratar de mantenerlo.  Todo le pertenece a Dios.  Te guste o no.  Así son las cosas.  Aunque parezca que algo es tuyo porque lo has tenido por mucho tiempo y porque te esforzaste para conseguirlo, la realidad es que le pertenece a Dios y Él sabrá si te lo deja o te lo quita.  Tal vez Dios ya te ha quitado algo y sigues enojado y aferrado.  Tal vez estás tomando malas decisiones por querer mantener lo que realmente le corresponde a Dios.  Has una pausa.  Es probable que tu vida sea dura y pesada.  Es probable que te sientas atrapado y no sepas cómo seguir.  Es tiempo de dejar tu carga y tomar la de Cristo.  Ten fe y camina por medio de ella.
Oración

Señor: no puedo seguir así.  Me siento atrapado.  Mi carga es tan pesada que no puedo caminar.  Te pido que me liberes.  Te pido que tomes todas mis preocupaciones y me muestres tu camino.  Quiero vivir en fe y dejándote tomar el control de mi vida.  En el nombre de Jesús te lo pido.  Amén

sábado, 2 de mayo de 2015

Salmos 3:3-4

Salmos 3:3-4

Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza.  Con mi voz clamé a Jehová y Él me respondió desde su monte santo.



¿Alguna vez has cuestionado tu fe?  Si no lo has hecho, te lo recomiendo ampliamente.  Leíste bien.  Cuestiona tu fe.  Cuestiona lo que dice la palabra de Dios.  Lee la biblia y piensa si los principios que Dios pide son coherentes y tienen sentido.  Yo lo he hecho y el resultado siempre es espectacular.  Simplemente Dios no deja de sorprenderme con su sabiduría infinita.  Y ¿por qué pido que cuestiones tu fe?  Para que puedas entender completamente el pasaje de hoy.  Una vez que has puesto a prueba los principios de Dios; una vez que has tratado de encontrarle algún error o buscado un mejor camino por otro lado y simplemente te das cuenta que el camino del Señor es el mejor, puedes abrazar las palabras de David y decir: Jehová, eres escudo alrededor de mí y el que levanta mi cabeza.  ¡Increíble!  Repítelo: Jehová, eres escudo alrededor de mí y el que levanta mi cabeza.  Es más, pienso que después de estas palabras sigue la expresión: ¡aahhh!  De alivio y gozo.  El mundo allá afuera se puede estar cayendo.  Todo puede parecer de cabeza.  Pero tú sabes que confiando en Él y siguiendo su palabra, tienes el mejor escudo y la mejor motivación pues Dios mismo levanta tu mirada caída.  El problema muchas veces llega cuando queremos que la respuesta de Dios tenga las siguientes características: a nuestro tiempo y a nuestra forma.  ¡Gran error!  Si quieres que Dios sea tu protección y ánimo, tienes que aprender a hacer las cosas a su manera.  Jehová no es una herramienta.  No es un método.  ¡Es Dios mismo!  Su escudo llega cuando entiendes su amor incondicional hacia ti.  Su escudo llega cuando entiendes que quiere bendecirte.  Su escudo llega cuando entiendes que quiere dar luz a tus pasos e iluminar tu camino.  ¡El escudo no es físico!  El escudo no es más dinero, más salud, más abundancia, más felicidad o más de cualquier otra cosa.  Ese es Satanás queriendo engañarte minimizando lo que Dios realmente hace en nuestras vidas.  Satanás quiere confundirnos y hacernos pensar que el escudo está en tener un seguro de vida para “proteger” a nuestra familia.  ¡La protección está en enseñarle a tu familia el temor a Jehová!  ¿Lo puedes ver?  No te dejes engañar.  Ven a la palabra de Dios y descubre por ti mismo el maravilloso escudo que es Dios para la vida de los que le aman y sirven.

Oración

Padre: gracias.  Quiero vivir confiado en que eres mi escudo, mi gloria y levantas mi cabeza siempre.  Es imposible seguir adelante por mí mismo y quiero dejar de luchar.  Vengo de rodillas a Ti entendiendo que has mandado a Jesús para reconciliarme contigo.  Vengo de rodillas para pedirte perdón por mis pecados.  Vengo de rodillas para pedirte que transformes mi vida y le des sentido.  Protégeme y ayúdame a aprender a servirte día a día.  En el nombre de Jesús te lo pido.  Amén. 

viernes, 1 de mayo de 2015

Salmos 8:3-4

Salmos 8:3-4

Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que allí fijaste, me pregunto: ¿Qué es el hombre para que en él pienses?  ¿Qué es el ser humano para que lo tomes en cuenta?



Una pregunta muy común cuando se habla de Dios es: ¿Por qué Dios permite esto o aquello?  Ejemplos como las guerras, el hambre, las enfermedades, los secuestros o asaltos, los asesinatos y violaciones, en general, toda la lista de las maldades que hacemos como hombres, entran en esa pregunta.  ¿Por qué Dios lo permite?  ¿Sabes?  Esa pregunta habla mucho de dónde está posicionado nuestro corazón y nuestra manera de entender la vida.  Cuando uno quiere acomodar a Jehová a su entendimiento, uno se siente con el derecho y la autoridad para cuestionar y reclamar sus obras.  Por otro lado, cuando uno acepta a Cristo y busca vivir conforme a su voluntad, las palabras de David en este salmo son sumamente poderosas, edificantes y transformadoras.  Nos abren los ojos y renuevan el entendimiento.  ¿Quién soy yo para cuestionar a Jehová?  ¿Quién soy yo para que en mí pienses?  ¿Quién soy yo para que me tomes en cuenta?  ¡Nadie!  No soy nadie.  No he hecho nada para merecer el perdón que Dios me ha otorgado.  Tampoco merezco el amor que derrama sobre mí.  Por lo tanto, la interrogante no es el por qué Dios permite esto o aquello sino quién soy yo para cuestionarle.  ¿Lo puedes entender?  Jehová creó con sus dedos los cielos.  Ni siquiera la mano entera necesita para crear lo que nosotros jamás podríamos crear.  Nuestra carne nos lleva a ser egocéntricos mientras que el Espíritu nos dirige a la humildad, el servicio y la obediencia a Dios.  Hay gente que necesita “tocar fondo” para darse cuenta que no merece nada y sin embargo Dios sigue ahí con los brazos extendidos.  No seas necio y soberbio.  No esperes a que tu vida se desmorone para entender que el egocentrismo no lleva a nada bueno mientras que una vida Cristo céntrica produce bendición.
Respondiendo la pregunta inicial, no es Dios quien permite todas esas maldades sino el hombre que está alejado de Él.  Medita en el pasaje de hoy.  Medita en dónde está tu corazón.  En dónde están tus pensamientos.  ¿Vives agradecido?  ¿Vives con gozo?  Si tu respuesta es negativa es porque no has entendido las palabras de David en este salmo.

Oración

Señor: vengo de rodillas a pedirte perdón.  No soy nadie para cuestionarte ni para merecer nada de Ti.  Gracias por derramar tu amor sobre los que te pedimos perdón y recibimos a tu Hijo Jesús.  Gracias por darnos tanto.  Yo te pido que mi vida pueda ser testimonio del gran amor que me tienes y lo maravilloso que eres.  Gracias por fijarte en mí.  Gracias por tomarme en cuenta.  Gracias por conocerme a la perfección.  Gracias por la esperanza que traes a mi vida.  En Cristo Jesús.  Amén

jueves, 30 de abril de 2015

Salmos 8:9

Salmos 8:9

¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!



Conocer la teoría no es la mitad del cien por ciento.  Es mucho menos.  Yo calcularía un veinte por ciento puesto que el otro ochenta significa poner en práctica esa teoría y eso realmente cuesta mucho trabajo.  Piénsalo.  El conocimiento no sirve de mucho hasta que no se pone en acción.  Tanta sabiduría que tenía Salomón escribiendo sus proverbios y sin embargo, cuántos errores cometió al no ponerlos en práctica.  Hay un refrán que dice: del dicho al hecho, hay un largo trecho.  Y así puedo seguir y seguir hablando de lo difícil que es poner en práctica lo que aprendemos pero el principal objetivo de hoy es abrir los ojos y meditar en el pasaje de hoy.  Te pido lo leas nuevamente.  La teoría es que el nombre de Jehová, nuestro Señor, es grande sobre toda la tierra.  En otra traducción utiliza imponente.  Ahora, ¿cómo es posible que, ante cualquier situación se nos olvida este principio?  Fácilmente nos agobiamos, nos angustiamos, nos enojamos y hacemos todo lo incorrecto.  ¡La teoría es clarísima!  El nombre de Jehová es imponente y ese mismo Dios es tu Dios.  ¿Te das cuenta lo triste de esta situación?  Tenemos que hacer consciente lo poco que pasamos las enseñanzas de Dios a nuestra vida práctica.
Tal vez te cuesta trabajo darle la perspectiva correcta a lo que significa que el nombre de Jehová sea imponente.  Te voy a dar unos ejemplos.  No hay persona en este mundo que esté por encima de Él.  No hay situación que se suscite que esté fuera de su control.  No hay una sola gota de lluvia que caiga sin que Él lo permita.  El viento no soplaría sin su permiso.  Ahora piensa en tus problemas.  Piensa en lo que te quita tu paz.  Piensa en todas tus disyuntivas.  ¿Realmente tiene sentido sentirte así?  Por ello la biblia nos dice que busquemos Su reino y Él se encargará de todo lo demás.  Memoriza este pasaje para que cada vez que tengas incertidumbre recuerdes que Jehová es grande e imponente y que no hay nada que esté fuera de su control.  No te quedes con la teoría de lo que Dios puede hacer.  Pasa a la práctica y deja que Él gobierne tu vida y que sus palabras dirijan tus pasos.  Deja tus problemas a Él y vive confiado en que Él es el imponente y el grande.

Oración

Señor:  gracias.  Pensaba que mi situación era grande y mis problemas sin solución.  Hoy entiendo que Tú eres imponente y no hay nada que te pueda hacer frente.  Me humillo ante Ti pidiendo perdón por mis pecados y sobre todo, porque pueda aprender a vivir recordando en todo momento quién eres Tú.  Te entrego mi vida.  En el nombre de Jesús.  Amén