sábado, 24 de enero de 2015

Hebreos 13:13-14

Hebreos 13:13-14

Por lo tanto, salgamos a su encuentro fuera del campamento, llevando la deshonra que Él llevó, pues aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera.



Si pensamos por un momento en lo que Adolfo Hitler logró en Alemania nazi, debemos aceptar que fue sumamente sorprendente.  La gente realmente pensaba que segregando a unos de otros crearían una raza superior que podría dominar al mundo.  De una u otra manera, imperio tras imperio, la superioridad de uno sobre el otro siempre sale a relucir.  Nadie quiere ser el aplastado.  Nadie quiere ser humillado.  Pienso que esto pudo ser el motor que arrancó la emoción en Alemania para pensar que podrían estar por encima de todos los demás.  Ahora, honestamente, a quién no le gusta la idea de la superioridad.  ¡A nadie!  Aunque seas una persona que no le interesa, estoy seguro que rápidamente te acomodarías a los lujos o placeres que pudiera conllevar esa diferencia.  ¿Pero para qué digo todo esto y qué tiene que ver con el pasaje de hoy?  Muy simple.  Cristo, siendo Dios, no se aferró a ello sino que se hizo hombre y murió de la manera más humillante de su tiempo.  Nada especial.  Nada único.  Murió a lado de dos criminales comunes y corrientes.  El Rey de reyes y Señor de señores.  El Creador de todo lo que vemos y lo que no vemos.  Aquél que merece toda la gloria se humilló de tal forma que resulta incomprensible.  Nos dice su palabra que lo hizo por amor.  Un amor incondicional.  Un amor infinito.  Los versículos de hoy nos animan a salir a Su encuentro y llevar la deshonra que Él llevó, entendiendo que no pertenecemos a este mundo sino al reino de Dios.  ¿Ahora puedes entender mejor la introducción?  En este mundo nos promueven la exaltación.  La fama.  El ser servidos.  El ser reconocidos y admirados.  Mientras tanto, Cristo, el que realmente sabe lo que es mejor para nosotros, nos dice que busquemos servir, que nos humillemos y le exaltemos sólo a Él, que amemos a nuestro prójimo incluyendo a aquellos que nos hacen daño pues ¿qué mérito tiene amar a los que nos aman?  Cristo murió fuera del campamento para hacernos entender que no hay religión que nos pueda llevar a tener comunión con Dios.  No hay ritos que seguir.  No hay comportamientos ni obras que realizar.  Hay que dejar atrás todo y morir a nosotros mismos para que Él tome el trono de nuestra vida y seamos reconciliados con Dios Padre.  Murió fuera del campamento para que nadie fuera excluido.  Así, cada uno de nosotros podemos entender que Cristo nos enseña a servir y a amar a todos sin excepción.  Deja atrás “el campamento” y deshazte de todo lo que este mundo te ha hecho pensar que necesitas.  Busca por el contrario, vivir con la deshonra de Cristo.  Humillado pero exaltando siempre al Padre.  Sirviendo sin importar que Él era el digno de ser servido.  Amando sin importar que no le amaran.  Perdonando aunque le estuvieran matando.  ¡Eso es llevar su deshonra!  Aunque para algunos esto suena a locura, para aquellos que le amamos y confiamos en Él, sabemos que es la mejor manera de vivir.  Sabemos que Pablo estaba pensando en esto cuando nos confiesa que ahora entendía la diferencia entre lo que tiene valor y lo que es basura.  ¡Seguir a Cristo es lo mejor que puedes hacer en tu vida!  Aunque vaya totalmente en contra de lo que estás acostumbrado.  Aunque parezca sumamente radical.  Confía en Él.  Él te ama y quiere solamente lo mejor para ti.  Si esto no te convence, piensa en cuántos errores has cometido al tomar tus propias decisiones.   Piensa en la falta de paz que tienes ante la incertidumbre.  Piensa lo efímeros que somos y cómo no podemos controlar absolutamente nada.  Por el contrario, Dios reina sobre todo lo que vemos y lo que no.  Él ha vencido a la muerte y todo lo puede.  ¿No te parece que es mejor confiar en Él que en nosotros mismos?

Oración
Padre: gracias.  Definitivamente no merezco tu amor y sin embargo lo derramas sin restricción sobre mí.  No merezco tu misericordia y me perdonas sin reclamar más.  gracias por la vida de tu Hijo Jesús quién me permite tener comunión contigo.  Te pido perdón por mis pecados y por mi falta de entrega a Ti.  Hoy entiendo que debo dejar atrás este mundo y sus ideas y seguir tu camino sin restricción.  No permitas que me estanque o mucho menos que vaya para atrás mi Dios.  Dame fuerza y discernimiento para seguir adelante y tener como meta el parecerme cada día más a Cristo.  Te lo pido Padre en el nombre de Jesús.  Amén.

viernes, 23 de enero de 2015

Gálatas 6:17-18

Gálatas 6:17-18


De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.  Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu.  Amén.



Cada uno de nosotros tiene distintos recuerdos o experiencias que les podemos llamar cicatrices que nuestras decisiones nos han dejado.  Buenas o malas.  Cada una tuvo su consecuencia.  Cada una dejó su marca.  Pablo nos está diciendo que su cuerpo tiene todas las marcas (cicatrices) de lo que Dios ha hecho en su vida.  Cada vez que  veía una cicatriz en su cuerpo podía recordar mientras fue azotado en prisión o cuando fue golpeado mientras predicaba a Cristo. Le servían para recordar constantemente la dirección que su vida debe tomar.  Le ayudaban a no desviarse.  Le motivaban a no desesperarse.  Le animaban a seguir amando y atravesar injusticias entendiendo que no pertenecemos a este mundo.
¿Qué cicatrices tienes?  ¿Qué has aprendido de lo que has hecho?
La vida carnal y espiritual nos han dejado muchas cicatrices que debemos aprender a recordar y poner atención con la intención de continuar haciendo lo que trae bendición y edifica mientras que al mismo tiempo recordar los errores que hemos cometido y las consecuencias que tuvimos que atravesar por su causa.  Pablo dice: déjenme tranquilo, ya he atravesado mucho y es tiempo de descansar.  Sus cicatrices incluían toda una vida.  Desde su feroz persecución a la iglesia de Cristo, su presencia mientras asesinaban a los seguidores, su afán por destrozar cada célula que se organizaba en nombre de Jesús, así como su encuentro con Cristo camino a Damasco.  Su reconciliación.  Su arrepentimiento.  Su entrega.  Su conversión a servidor.  Su encarcelamiento.  Su testimonio frente a gobernadores y emperadores.  Finalmente llegó un día donde el Señor lo llamó.  Pero cada etapa dejó marcas en él y así dejan marcas en nosotros.  Reflexiona un poco en tu vida.  Lo que hiciste hace años.  Lo que haces ahora.  Hacia dónde te diriges con las decisiones que hoy estás tomando.  No se trata de sentirse mal por aquellos errores que hemos cometido.  Al contrario, Dios nos ofrece su perdón y reconciliación.  Tampoco se trata de omitir lo que ha pasado y solamente ver hacia el frente.  Es un balance en el cual, puedes ser honesto y sincero.  Puedes reconocer que pudiste haber tomado mejores decisiones o simplemente te das cuenta que hoy el Señor te ha rescatado de situaciones que jamás imaginaste poder salir.  Sea como sea, es muy importante meditar y reflexionar sobre nuestro pasado, presente y futuro.  Insisto, el Señor perdona a los que se han arrepentido.  No sigas arrastrando tus errores del pasado.  Simplemente utilízalos para no caer en situaciones similares nuevamente.  Ahora, el versículo nos dice que Pablo tenía las marcas del Señor Jesús en su vida y concluye deseando que la gracia del Señor sea con cada uno de nosotros.  ¿Por qué?  Porque independientemente de lo que estemos viviendo, la gracia del Señor es lo que debe guiarte para seguir día a día.  La gracia que Cristo nos ofrece es maravillosa y por ello Pablo concluye desando que nosotros, en lo individual, podamos experimentarla.  Te animo a que así sea en tu vida.  Que la gracia guíe tus decisiones.  Que la gracia apacigüe tu ira.  Que la gracia ponga perdón en tu corazón.  Que la gracia sustituya al odio y al rencor.

Oración
Padre: te pido perdón por mis pecados.  Sé que he tomado malas decisiones y quiero reconciliarme contigo.  Te pido que pueda aprender de mis errores y pueda seguir tu camino con más fidelidad y entrega.  Guíame.  Renuévame.  Heme aquí para servirte.  Te lo pido en el nombre de Jesucristo.  Amén 

miércoles, 21 de enero de 2015

1 Juan 2:9-11

1 Juan 2:9-11


El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad.  El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar.  Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver.



No dejo de sorprenderme cuando estudio la biblia.  Pasajes como este me recuerdan lo firme que es Dios y cuánto tratamos de “doblar” su palabra.  Me explico mejor.  Claramente el pasaje nos dice que debemos amar a nuestro hermano.  No hay excepciones.  No nos pide amor al que nos cae bien.  No nos pide amor para aquellos que son agradables.  No.  Nos pide amor para todos.  Pero a nosotros nos gusta, o se nos facilita, acomodar la palabra a nuestra manera.  ¿Cómo amar a esta persona?  ¡No puedo!  Y como consideramos “imposible” la tarea que Dios nos pide, simplemente eliminamos ese mandamiento o lo “doblamos” a nuestra forma.  ¿Lo estás entendiendo?  Mientras tanto, la palabra de Dios sigue siendo la misma.  ¡No ha cambiado en nada!  Lo único que cambió fue nuestra entrega y compromiso.  Ahora, nosotros decidimos a quién amamos y a quién no.  Yo entiendo que es difícil.  Yo entiendo que hay muchas cosas que están pasando por tu mente.  Incluso podrás decir que yo no he vivido lo que tú y por eso es fácil decir lo que estoy diciendo.  ¿Sabes?  Tienes razón.  ¡Definitivamente no sé lo que pasa contigo!  No conozco tu situación ni tengo experiencia en algo similar.  Pero no soy yo quien te pide que ames a tu hermano.  ¡Te lo pide Dios!  No soy yo quien te está diciendo que al odiar a alguien estás fuera de la voluntad de Dios.  Es la biblia la que pone los parámetros y no nosotros.  Por eso cuando alguien dice: “qué exagerado” o “eso ya es mucho”, realmente resulta triste.  Quiere decir que no están entendiendo lo que Dios les está mostrando.  Quiere decir que están jugando con Dios.  Hoy si te creo, mañana no.  Hoy vengo por tu ayuda.  Mañana hago mi voluntad.  ¡Esta no es la comunión que Dios quiere contigo!  Él quiere entrega total.  Él quiere compromiso total.  ¡Deja de engañarte!  Es tiempo de ser honesto y dejar la hipocresía a un lado.  La biblia nos divide en dos grupos: los que permanecen en la luz (y aman a su hermano) y aquellos que están en tinieblas (y odian a su hermano).  ¿De qué lado estás?
¿Qué hago para amar a mi hermano?  te preguntarás.  Muy sencillo.  Pedir a Dios para que ponga amor en tu corazón.  Tienes que desprenderte de tu orgullo.  Tienes que perdonar.  Tienes que dejar de decidir tú y poner a Dios en el trono de tu vida.  Ora sin cesar.  Cada instante que el odio o la duda se apoderen de ti.  Pide al Señor que llene tu corazón de amor para con cada persona que convives día a día y en especial para aquellas con quienes no quieres cruzar una sola palabra.  ¿Te sientes desesperado?  El Salmo 4:1 dice: Responde a mi clamor, Dios mío y defensor mío.  Dame alivio cuando esté angustiado, apiádate de mí y escucha mi oración.  ¡Acude a Dios!  ¡Clama a Él!  ¡Llora con Él!  Dile lo que hay en tu corazón y pide que te renueve.  No dejes pasar más tiempo.  Tú serás el primero en beneficiarse.

Oración
Dios Padre: te pido perdón por mi hipocresía.  He estado jugando a seguirte y creando mi propia religión.  Hoy en tu palabra aprendí que solamente puedo estar contigo o en tu contra.  Yo escojo estar contigo mi Dios.  Perdona mis pecados y guíame en todo momento.  Llena mi corazón de amor hacia mi hermano y quita todo aquello que estorbe y que no promueva tu amor.  En el nombre de Jesús te lo pido.  Amén

martes, 20 de enero de 2015

Santiago 3:14-16

Santiago 3:14-16
Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Ésa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, puramente humana y diabólica. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas.



La versión Dios habla hoy traduce así: pero si ustedes dejan que la envidia les amargue el corazón… entonces no tienen de qué enorgullecerse y están faltando a la verdad porque esta sabiduría no viene de Dios…
Los celos, la envidia y los corajes son sumamente peligrosos. A veces no es fácil percatarse que están en nuestra vida. Por el contrario, en ocasiones, como dice el versículo dejas que te amargue el corazón.
Satanás existe y también tiene un plan para que no tengas una vida espiritual en apogeo. Él no es como Dios Todopoderoso, pero sí utiliza ciertos recursos a su alcance. En esta ocasión, busca cambiar nuestros principios en Cristo por dichos y principios que el “mundo” utiliza. Es sorprendente meditar sobre este versículo, las envidias y las rivalidades en el corazón y entender lo dañinas que son, lo mucho que perjudican a una persona y lo malas que son para tu relación con Dios. Sin embargo, cuando pienso en el concepto de la gente en general sobre estas mismas situaciones, me topo con conceptos como: un poco de celos (con tu pareja) es sano e incluso bueno para que no te vean la cara; hay envidia de la buena (¿cuál es esa?); no voy a odiar a esa persona, simplemente ya no le voy a hablar; no puedo creer que me haya hecho esto después de todo lo que hice por él; y así la lista de ejemplos continúa, tú pon el tuyo. Lo que quiero expresar con esto, es la forma en que se pueden “mundanizar” los principios bíblicos. En otras palabras, reducir la verdad absoluta a relativa. Date cuenta de la descripción de Dios con respecto a las envidias, las contiendas y las amarguras: es sabiduría humana y diabólica, crean confusión y acciones malvadas. ¡Esa es la verdad sobre la envidia y los celos y los corajes que tienes en tu corazón! ¿Sabes algo más grave aún? Tú y yo lo permitimos. Qué fácil pensamos que es muy exagerada la Palabra de Dios y con qué poca frecuencia reflexionamos sobre lo destructivo que es para nuestras vidas el no escucharla y obedecerla. ¿Te das cuenta? ¿Cuántos corajes y amarguras hay en tu corazón? Ahora los médicos quieren darnos pastillas para la depresión. Si bien, entiendo que hay muchas cuestiones que no podemos controlar con la depresión, pienso que es un reflejo de nuestra laxitud con respecto a la obediencia total que nos pide el Señor. Piénsalo por un momento. Las envidias y los celos crean acciones malvadas. En otras palabras: te destruyen como persona, te acaban, no te dejan seguir. No dejes a un lado estos versículos y medita en ellos. Esto puede cambiar tu vida en gran manera para bien. No dejes que las creencias y dichos comunes tergiversen la realidad de las cosas, la verdad de Dios.

Oración
Padre: perdona que te haya fallado. Cuánta verdad hay en tu palabra al mostrarme que las envidias, los celos y los corajes no provienen de Ti sino del mundo y de Satanás. Gracias por recordarme que tus principios son eternos y buscan mi bien. Quiero pedirte que pueda obedecerte en todo lo que haga y que me guíes por tu camino. Quiero vivir buscando Tu sabiduría y haciendo a un lado la que tanto daño me ha hecho. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

lunes, 19 de enero de 2015

Colosenses 3:5-6

Colosenses 3:5-6
Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría. Por estas cosas viene el castigo de Dios.


Cada día que pasa se aumenta otro granito de arena a la tolerancia y al respeto de lo que hacen los demás. Pareciera algo bueno, de hecho, si fuera equilibrado lo sería, pero el problema radica en que no lo es. La tolerancia se ha enfocado en personas que realizan actos que van en contra de la Palabra de Dios mientras que la intolerancia se ha enfocado a aquellos que queremos seguirla fielmente.
Me gusta que la Biblia siempre sea el parámetro a seguir. No cambia ni se transforma. No se le agrega ni se le quita. Los principios de nuestro creador están plasmados para que nosotros los sigamos. Habrá gente que no le guste y dirá que es una exageración, que nos limita de ser quien realmente somos e incluso que es retrógrado. Creer y seguir a Jesús es lo mejor que puedes hacer. Como seguidor de Jesús, trato de compartir y principalmente desmentir todos los mitos que rondan en las personas. Si sigues a Jesús: no puedes divertirte, eres un esclavo al tener que obedecer todos los mandamientos, limitas tu visión y entendimiento de otros temas, te pierdes de muchas cosas que debes vivir y así sigue y sigue la lista. Yo pregunto: ¿qué me pierdo si dejo atrás la inmoralidad sexual, la impureza, los malos deseos y la avaricia? ¿Dónde me convierto en un esclavo o borrego por seguir estos principios? ¿Que no me estoy liberando al dejar de hacerlo? Ni siquiera tengo que tocar el tema del castigo de Dios para entender que estas acciones no traen ningún bien a mi vida. ¿Será mejor tu matrimonio si dejas tu inmoralidad sexual y bajas pasiones? ¿Tu vida familiar o social mejora si frenas tus malos deseos y de avaricia que tanto te carcomen?
¿Dónde está el problema de seguir los principios de Jesús? ¿Por qué hacemos caso a lo que escuchamos y no ponemos más atención a lo que la Biblia dice?
El seguir a Jesús significa compromiso. Entrega. Disciplina. Si Él pide algo, tú y yo lo hacemos. Hoy quiero que entiendas que sus mandamientos y principios son por tu bien. Son edificantes y no destructivos. Si el versículo nos dice que debemos morir a nuestros malos hábitos, ¡hagámoslo! No traerá nada bueno el quererlos mantener presentes en nuestra vida. ¿Qué de bueno trae la inmoralidad sexual? Nada. No seas un borrego y medita lo que haces y lo que piensas. Analiza lo que la Biblia dice y date cuenta que es por amor y no por odio que Dios nos da estos mandamientos. ¿Qué te está frenando para obedecer? Si Dios lo pide, ¡hazlo!

Oración
Señor: a veces me cuesta trabajo obedecerte y quiero pedirte perdón. Entiendo que al no obedecerte yo soy el primer perjudicado. Gracias por enseñarme que el mundo me confunde y que en realidad tus principios son edificantes y no destructivos. Te pido que hagas morir todo lo terrenal que hay en mí, que me liberes de todo aquello que me ata y no me deja seguirte plenamente. Te lo pido en el nombre de Jesús.
Amén

sábado, 17 de enero de 2015

Hechos 6:12-15

Hechos 6:12-15
Agitaron al pueblo, a los ancianos y a los maestros de la ley. Se apoderaron de Esteban y lo llevaron ante el Consejo. Presentaron testigos falsos, que declararon: este hombre no deja de hablar contra este lugar santo y contra la ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dejó Moisés. Todos los que estaban sentados en el Consejo fijaron la mirada en Esteban y vieron que su rostro se parecía al de un ángel.


En pocas palabras estaba comenzando a llover sobre mojado. No se conformaron con tener a unos cuantos inventando historias contra Esteban sino que buscaron alborotar al pueblo, ancianos y maestros de la ley mientras que él no había hecho absolutamente nada malo sino todo lo contrario. Cuando somos pequeños nos enseñan a comportarnos bien para que nos vaya bien. Te portas mal, te va mal. Cuando crecemos, sin darnos cuenta seguimos pensando que las cosas son iguales: yo no hago mal a nadie, cumplo con mi trabajo, llevo una vida sana (dentro de lo que consideras sano) y en general somos buenas personas. ¿Por qué entonces tuvimos que atravesar por un secuestro o robo, una enfermedad inesperada, un despido injustificado, una demanda sin fundamento, etc.? ¿Por qué esteban tenía que estar metido en esta situación si estaba predicando a Jesús y haciendo señales milagrosas? Porque la vida no funciona así. Todo está sujeto a la voluntad de Dios. Ahora, para nuestro bien, Él no está buscando jugar con nosotros sino que envió a su Unigénito al mundo para que fuera brutalmente asesinado y pagara lo que nosotros debíamos en la cruz para poder así ser reconciliados con Él. En ocasiones es necesario que el Señor nos sacuda un poco para darnos cuenta de lo alejados que estamos de Él. Cuando perdemos algo que considerábamos seguro o como un hecho, nos cambia la vida. Pienso en aquellos padres que han perdido a un hijo. Esa noche no pudieron dormir pensando en por qué pasó y cómo pudieron evitarlo de haber hecho tal o cual. La verdad es que no podían haber hecho nada pues el Señor es quien nos llama a Su tiempo. En resumen, a veces pensamos que las cosas están mal pero definitivamente pueden ponerse peor sin que nosotros podamos hacer algo para mejorar la situación en sí. Esteban no había hecho nada y aún así todo estaba en su contra. Hoy es posible que tú tampoco hayas hecho nada y estés atravesando por un momento difícil o lleves ya mucho tiempo arrastrando un problema. Cuando el Consejo y el pueblo voltearon a ver a Esteban vieron su rostro como el de un ángel. ¿Por qué? Porque estaba entregando su vida a Dios. Porque no estaba gritando desesperado sobre la injusticia que estaba atravesando ni amenazando a los que tenía alrededor. Por el contrario, estaba en paz, quieto y probablemente gozoso. Hoy tú puedes estar igual. Hoy puedes recibir la paz que solo Dios puede dar y dejar atrás tus rencores, odios, corajes, temores, angustias y demás cargas que te están aplastando. No es coincidencia que las cosas se hayan puesto más difíciles sino que es Dios sacudiéndote para que voltees a Él. ¿Qué vas a hacer?

Oración
Padre: definitivamente no entiendo lo que me sucede pero sí sé que me he alejado de Ti y quiero poder reconciliarme contigo. Te pido que traigas paz a mi vida y pueda vivir tranquilo y gozoso sin importar lo que estoy atravesando pues tengo mi confianza puesta en ti. Te pido que así como Esteban tenía el rostro como de un ángel a pesar de todas las acusaciones en su contra, pueda yo tener un rostro de amor y paz a pesar de lo que pueda venir. En Cristo Jesús te lo pido
Amén

jueves, 15 de enero de 2015

Hechos 13:1-3

Hechos 13:1-3
Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.



No todos fueron llamados para la misma obra. Nos dice la biblia que había varios sirviendo pero solamente Bernabé y Saulo fueron escogidos para una obra en específico. Tú y yo también somos llamados y escogidos para una obra en particular. No todos los que nos rodean tendrán el mismo propósito ni el mismo camino por recorrer. Pero cada uno tendrá su propio camino. Está en nosotros el caminarlo y decidir seguirlo.
¿Cómo sabemos qué camino estamos tomando? Esta pregunta te ayuda a identificar en dónde estás parado. El parámetro es la palabra de Dios y de tu parte se necesita honestidad y humildad. No se trata de pensar si has sido bueno, malo o no tan malo sino de utilizar la biblia como un estándar para definir realmente qué has hecho de tu vida. Medita en tus actividades diarias. ¿A qué le dedicas tu tiempo? ¿Qué haces en tus días de descanso? ¿Vives enojado, angustiado, con rencor, con envidias, con amargura o algún otro sentimiento que no te deje estar en paz? Si tu respuesta es afirmativa, es una señal que tu camino no está alineado con el de Dios.
Por otro, ¿cómo sabemos qué camino tomar cuando no queremos apartarnos de Dios? Como siempre, la respuesta la tenemos en la biblia. En este pasaje vemos que el Espíritu Santo habló y les dio instrucciones. ¿Entonces debemos simplemente esperar una voz milagrosa? No. El pasaje nos dice que mientras esperaban una respuesta a sus oraciones ellos estaban ministrando y en ayuno. ¿Qué debes hacer tú? Lo mismo. Sigue estudiando la palabra. Mantente firme en oración. Abre tu situación a tu pastor. Pregunta por su opinión y recíbela sin buscar pretextos o sin estar a la defensiva. Sigue con tus tareas diarias. Evalúa qué opción te ayudará a dar gloria a Dios o te permitirá servirlo mejor. Cuando nosotros cumplimos con nuestra parte, el Señor, a Su tiempo se encargará de responder: sí, no o todavía no. Lo que resulta increíble de poner en manos de Dios tu camino, es que al momento de recibir la respuesta de Dios, tú puedes permanecer en paz sabiendo que en Sus manos, siempre vendrá lo mejor. No te quedarás con duda pensando en qué hubiera pasado con esto o si hubieras hecho el otro. Podrás estar tranquilo de haber entregado al Señor la decisión. No te desesperes ni te desanimes. Dios está ahí, tiene un plan y contestará a su debido tiempo.

Oración
Señor: a veces me desespero por no recibir respuesta y te pido porque pongas paz en mi corazón y me perdones. Quiero corregir mis pasos y caminar por donde Tú ya has trazado el camino para mi vida. te lo pido en el nombre de Jesús
Amén.