martes, 30 de diciembre de 2014

Colosenses 3:9-10

Colosenses 3:9-10
Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios, y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador.


Recientemente hicimos nuestra declaración de impuestos. No fueron noticias buenas pues salimos debiendo al gobierno. Una opción para disminuir el monto a pagar era incluir a algún familiar como nuestro dependiente. Sonaba tentador. No tenemos a ningún dependiente contestamos a la contadora, no importa, pueden poner a sus papás o alguien más, mucha gente lo hace contestó ella… Escudarnos detrás de lo que mucha gente hace es peligroso. Resulta fácil decir que no a las mentiras cuando no estamos en la posibilidad de decir una y que el resultado de la misma sea favorable (al menos por un tiempo). Los políticos mienten en sus campañas, nos llenan de ideas y promesas que harán para que después nos demos cuenta que hemos sido engañados. Algunos vendedores hacen lo mismo, te llenan la cabeza con los beneficios y mienten sobre los contras de sus productos. Con la crisis económica, nos pudimos dar cuenta que el mentir no respeta países, clases sociales ni razas. Todos cayeron en la misma trampa de mentir comprando y vendiendo productos que no valían nada. Empresas que garantizaban sus inversiones resultaron ser fraudulentas y sus oficinas estaban en alguna isla perdida. Esto es la mentira. Esto es resultado de nuestra naturaleza anterior, del ropaje viejo y lleno de vicios. ¿Queremos vivir así? ¿Queremos tener una sociedad así? Yo no. Por esta razón debemos dejar de mentir. No hay mentira grande ni pequeña, de corto o largo plazo, una mentira es una mentira y punto. Además, el mentir ya no puede pertenecer a tu nueva naturaleza.
Por otro lado, recuerdo que muchas veces no comprendía términos o el lenguaje de la Biblia. Cuando leía algo como nuestra naturaleza se va renovando en conocimiento de nuestro Creador, realmente no entendía mucho. Conforme pasó el tiempo, fui estudiando y aprendiendo más de Dios, me di cuenta de lo que estaba pasando en mi vida. Estaba siendo renovada. Se estaba creando una estructura de principios que guiaban mis pensamientos y crecía en discernimiento de lo bueno y lo malo. Comencé a darme cuenta que mi naturaleza anterior (mi vida antes de Cristo) no traía nada bueno y que por el contrario, esta nueva vida, esta transformación que nunca termina ha sido de bendición y la dirección a la que se dirige es en donde quiero estar. La renovación en Cristo es constante y no tiene fin. Te animo a que analices tu vida con respecto a lo que hacías antes de conocer a Jesús y ahora. ¿Has cambiado? ¿Te has desprendido de tu naturaleza vieja? ¿Has sido renovado por el Creador? Por si tenías la duda, gracias a Dios que nos dio fuerza y prevaleció la verdad.

Oración
Señor: Tú que estás en el cielo y eres Santo, te preocupas por mí aunque no lo merezca. Gracias por ese amor, esa preocupación y por tu Palabra que has dejado para guiarme por tu camino, el camino correcto. Ayúdame a seguirlo y ser renovado constantemente a tu imagen. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

lunes, 29 de diciembre de 2014

Proverbios 13:3

Proverbios 13:3
El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.



Lo primero que me viene a la mente es recordar cuántas veces he tenido que pedir perdón por algo que dije que no estaba bien. ¿Cuántas veces has dicho: cómo pude haber dicho esto o aquello? Controlar nuestra boca no es cosa fácil. La biblia está llena de advertencias sobre ella. Nos previene sobre lo destructiva que es y lo indomable que puede llegar a ser. Nuestra boca puede provocar nuestra propia ruina si no aprendemos a entregarla a Dios. Nuestra boca debe ser controlada por nosotros y no al revés.
Aquello de lo que hablamos, dice la biblia que es lo que tenemos en el corazón. ¿Estamos criticando? ¿Juzgando? ¿Mintiendo? ¿Utilizando groserías?
¿Cómo hablas?
Seguramente cuando eras pequeño te corrigieron sobre lo que debes o no decir. Pero no creo que te hayan advertido sobre lo destructivo que puede ser el no controlar tu lengua. Me parece que muy pocas personas entienden y aceptan que al cuidar nuestra lengua protegemos nuestra vida y al no hacerlo provocamos nuestra propia ruina.
¿Por qué no hacemos un compromiso y entregamos nuestras palabras a Dios?
Qué mejor que hablar lo correcto. Qué mejor que cada vez que digas algo sea constructivo, promueva la gracia y amor de Dios. Esto no significa que vas a tener que cambiar tu tono de voz o las palabras que utilizas hablando ahora pura cursilería. ¡NO! La transformación que Dios quiere no va por ese camino sino por el lado de entregar aquello de lo que hablamos no dejando que nuestra lengua nos controle y sea ella quien decida lo que habremos de decir.
Piensa en aquellos momentos en los que no controlaste tu boca y las consecuencias que se derivaron de ello…
Todos hablan, pocos controlan lo que dicen. La lengua debe ser controlada.
Para poder controlar nuestra boca, debemos analizar nuestra forma de hablar. Debemos meditar en cómo nos dirigimos a las personas, cómo expresamos nuestras inconformidades y nuestras diferencias, cómo le hablamos a nuestros superiores y a aquellos a nuestro cargo, cómo le hablamos a nuestros seres queridos cuando estamos contentos y también cuando estamos enojados, cómo contestamos cuando nos lastiman o molestan, en general: meditar en lo que sale de nuestra boca en cualquier circunstancia.
Hoy Dios nos dice que no controlar nuestra lengua traerá ruina a nuestra vida. Es probable que, como yo, ya hayas experimentado parte de esa ruina por no haber controlado tu boca. Hagamos caso de este proverbio y comencemos a poner control sobre lo que decimos y protejamos nuestra vida.

Oración
Señor: te pido perdón por tantas cosas que he dicho que no están bien. Te entrego mi lengua porque yo no puedo controlarla. Ayúdame a que de mi boca salga bendición y no destrucción. Cambia mi forma de hablar Señor. Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús
Amén

domingo, 28 de diciembre de 2014

Hechos 5:7-10

Hechos 5:7-10
Como tres horas después entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido. y Pedro le preguntó: “Dime, ¿vendieron el terreno en tal precio?” “Sí, ese fue el precio” dijo ella. Entonces Pedro le dijo: “¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los hombres que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti.” Al instante cayó a los pies de él, y expiró. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta; entonces la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido.


No sabemos si fue Ananías o su mujer el primero en pensar el plan de vender el terreno y quedarse con una parte. Lo importante no es si fue el hombre o la mujer sino el darse cuenta que como matrimonio, la falla de uno puede llevar terribles consecuencias. Ananías no estaba cumpliendo con un buen liderazgo y su mujer no estaba siendo de ayuda al solapar este plan. ¿Las consecuencias? Los dos cayeron al piso muertos. ¿Qué aprendemos? Que tarde o temprano, también “caeremos al piso” y nos llamarán a rendir cuentas.
Si pones atención, te puedes dar cuenta que la mujer de Ananías tuvo una segunda oportunidad para arrepentirse cuando Pedro le pregunta sobre el terreno. En ese instante ella pudo haber explicado lo sucedido y pedir perdón. Incluso ¡pudo haber pedido que le regresaran su dinero pues no estaba conforme con entregarlo todo! Pero prefirió seguir con el engaño. Pensó que nadie se daría cuenta. Pensó que su mentira podía seguir y que podría salir delante. La verdad es que la mentira y el engaño no nos llevan a ningún lado sino a la separación con Dios y a una eternidad sin Él. ¿Tan drásticas las consecuencias? Sí. No lo digo yo sino la Biblia. A nosotros nos gusta pensar que los errores no son tan graves o pueden arreglarse. Si bien, pueden corregirse, el vivir las consecuencias de los mismos, nadie lo puede evitar. Además, ¿quién nos asegura que podremos tener vida para componer nuestros errores? La mujer optó por seguir con su mentira y se encontró con unos jóvenes llenos de tierra que regresaban de haber enterrado a su marido. Al instante cayó y fue sepultada.
¡Nuestras decisiones tienen consecuencias! A veces inmediatas a veces no, pero todo lo que hacemos nos lleva a alguna parte. Por esto la biblia nos llena de versículos advirtiendo sobre lo que sembramos y promoviendo que siempre busquemos la buena siembra para cosechar lo bueno. Tal vez no estás casado y no te identifiques con Ananías o su mujer, pero independientemente de tu estado civil, Dios te ha puesto en un lugar específico para que compartas de su palabra y le sirvas en obediencia. Por otro lado, quiero resaltar la importancia que tiene la pareja en el matrimonio. Necesitamos el uno del otro. Necesitamos entender que el estar pegados al Señor es vital y si uno comienza a fallar el otro debe estar atento para corregir. Ananías y su mujer le dieron la espalda a Dios y sabemos cómo terminaron. ¿Cómo quieres terminar tú?

Oración
Señor: me arrepiento de mis pecados y te pido perdón. Hoy entiendo las consecuencias que tiene el darte la espalda y no escucharte. Te pido que pueda retomar mi compromiso contigo y seguirte fielmente. Guíame. No me quiero separar de Ti. Quiero sembrar lo bueno y cosechar sus frutos. En Cristo Jesús
Amén

sábado, 27 de diciembre de 2014

Hechos 10:17-20

Hechos 10:17-20
Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate pues y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado.



Analicemos la situación. Pedro se encuentra meditando sobre lo que significa la visión que acaba de tener. Al mismo tiempo, hay tres hombres que están tocando a la puerta y lo buscan. Finalmente, el Espíritu le dice: levántate y no dudes en ir con ellos porque yo los he enviado. Como siempre, me gusta pensar en cómo puedo aplicar el día de hoy lo que está escrito en la palabra de Dios. En este caso, veo un principio muy sencillo pero sumamente importante: si queremos respuestas a nuestras interrogantes, debemos estar meditando en la palabra de Dios. La biblia nos dice que Pedro estaba perplejo o confundido por lo que había visto. ¿Cuántas veces estás confundido por lo que sucede en tu vida? ¡Muchas! Tratas de darle vueltas y vueltas pero no logras entenderlo. Ahora, déjame decirte algo muy importante: es normal que no entiendas absolutamente todo lo que te pasa. Dios ha decidido revelarnos algunas cosas y otras no. ¿Por qué? No lo sé exactamente pero lo que sí sé es que lo hizo por nuestro propio bien y en una perfección total. ¿Cuánto tiempo y cómo revela Dios sus planes? ¡Esta pregunta me encanta! Revela nuestras ganas de moldear al Señor a nuestro concepto de Él en lugar del que está descrito en su palabra. ¿Por qué pensamos que Dios debe tener un tiempo semejante para nuestras pruebas? ¿Por qué cuestionamos que el tiempo que llevamos ha sido demasiado o suficiente? Escucha bien, si hoy en día estás preguntándote por qué Dios permite tal o cual en tu vida y por qué lleva ya tanto tiempo esta situación, te sugiero que medites y reflexiones sobre lo que Dios está queriendo hacer en ti y cómo le has estorbado.
Volviendo al principio que escribí: para tener respuestas a nuestras interrogantes es necesario estar pegados a la biblia. ¿Por qué? Porque si vuelves a leer el versículo, puedes darte cuenta que Pedro aunque estaba perplejo y confundido, no se estaba quejando o hablando con los discípulos sobre lo que pudieran pensar u opinar de lo que había visto. Nos dice la biblia que el Espíritu le habló mientras estaba meditando en esto. ¿Cómo nos habla el Espíritu? A través de la palabra de Dios que está en la biblia. ¿Te das cuenta? No podemos ir cuestionando lo que nos sucede y demandando respuestas en cualquier lugar. Las respuestas las tiene el Señor. ¿Sigues cuestionando el principio? Te voy a dar varias respuestas que encontrarás en la biblia y medita si pudieran aplicarse a tu vida: busca el reino de Dios, ama a tu prójimo como a ti mismo, perdona siempre, no dejes de orar, ten fe, no dejes que haya amargura en tu corazón, no permitas que las riquezas te vuelvan orgulloso, comparte a Cristo y no mientas. Son solamente unas cuantas de todo lo que Dios nos quiere enseñar. ¡Piénsalo!

Oración
Señor: te pido perdón porque he sido soberbio y no te he dejado trabajar en mi corazón. Por el contrario, he cuestionado tus planes y me he quejado contra ellos. Hoy entiendo que tu palabra tiene las respuestas y que yo soy el primero en estorbar para poderlas escuchar y aceptar. Te pido perdón. Renueva mi corazón. Permite que pueda empezar de nuevo pero contigo reinando en mí. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén

viernes, 26 de diciembre de 2014

Hechos 15:12-21

Hechos 15:12-21


Toda la asamblea guardó silencio para escuchar a Bernabé y a Pablo, que les contaron las señales y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles.  Cuando terminaron, Jacobo tomó la palabra y dijo: Hermanos, escúchenme.  Simón nos ha expuesto cómo Dios desde el principio tuvo a bien escoger de entre los gentiles un pueblo para honra de su nombre.  Con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré la casa derrumbada de David.  Sus ruinas reedificaré y la restauraré, para que busque al Señor el resto de la humanidad (los gentiles), todas naciones que llevan mi nombre.  Así dice el Señor, que hace estas cosas conocidas desde tiempos antiguos.  Por lo tanto, yo considero que debemos dejar de ponerles trabas a los gentiles que se convierten a Dios.  Más bien debemos escribirles que se abstengan de lo contaminado por los ídolos, de la inmoralidad sexual, de la carne de animales estrangulados y de sangre.  En efecto desde tiempos antiguos Moisés siempre ha tenido en cada ciudad quien lo predique y lo lea en las sinagogas todos los sábados.



Cuando uno entra en desacuerdo, cuando no sabe qué hacer o qué pensar, lo que debe hacer no es preguntar a la sabiduría humana sino a Dios para obtener las mejores respuestas.  En esta ocasión, los hermanos acudieron a ellas para poder llegar a una decisión que fuera la correcta.  ¿Qué hacer con los gentiles?  Pues en las escrituras el Señor muestra que ellos también estarían incluidos dentro de su pueblo y hoy en día tenemos a Pedro, Pablo y Bernabé presenciando milagros en las vidas de los gentiles.  ¿Conclusión?  Esto es obra del Señor.  Entonces, ¿qué nos corresponde hacer?  Decirles que se dediquen a obedecer y seguir a Cristo.  ¡Listo!  Asunto arreglado.  Nuestra vida está llena de momentos como este.  Entramos en confusión e indecisión.  No sabemos cómo actuar ante esta y aquella situación.  Nos quedamos parados y pensamos que ahí debemos estar hasta que las cosas se aclaren.  La verdad es que todo se aclara rápidamente al ser expuesta a la luz de la palabra.  Por ejemplo: ¿te hicieron daño o lastimaron?  Dios nos pide que amemos y oremos por nuestros enemigos.  Asunto arreglado.  ¿Debo hacer esto o aquello?  ¿Tienes que mentir?  ¿Tienes que dejar de ir a tus estudios y discipulados?  ¿Estás buscando dar gloria a Dios o a ti?  Asunto arreglado.  Yo sé que puedes estar pensando que hay momentos más complicados que estos ejemplos, pero créeme, finalmente todo se reduce a un sí o un no cuando lo medimos con la vara del Señor.  ¿Por qué?  Porque ésta expone lo que hay en nuestro corazón.  Así expuso lo que los fariseos estaban queriendo hacer con los gentiles.  En su corazón no estaba el vivir por la gracia y misericordia de Dios sino que querían continuar haciendo obras y cumpliendo leyes.
Finalmente Jacobo nos da un excelente consejo que parafraseado diría algo así: dejemos atrás todos estos argumentos y pongamos nuestra mirada en el Señor.  ¿Qué nos pide?  Que le sirvamos.  Que le obedezcamos.  Que le demos gloria.  Bien.  Entonces eso pidamos y exhortemos a los gentiles que lo hagan.
Bien.  Esto entonces es lo que hoy Dios te pide que hagas.

Oración
Señor y Padre nuestro: cuántas gracias te doy por darle sentido a mi vida y por amarme incondicionalmente.  Gracias por enseñarme a tomar decisiones basado en tu palabra y darme certeza que será siempre la mejor decisión.  Te pido que pueda enfocarme en servirte y obedecerte dejando que tú te encargues de lo demás.  Padre, perdona mis pecados y no permitas que me aparte de Ti.  En el nombre de Cristo Jesús te lo pido.  Amén

jueves, 25 de diciembre de 2014

Hechos 24:25-35

Hechos 24:25-35


Además, escribió una carta en estos términos: Claudio Lisias, a su excelencia el gobernador Félix: Saludos.  Los judíos prendieron a este hombre y estaban a punto de matarlo, pero yo llegué con mis soldados y lo rescaté, porque me había enterado de que es ciudadano romano.  Yo quería saber de qué lo acusaban así que lo llevé al Consejo judío.  Descubrí que lo de algunas cuestiones de su ley, pero no había contra él cargo alguno que mereciera la muerte o la cárcel.  Cuando me informaron que se tramaba de una conspiración contra este hombre, decidí enviarlo a usted en seguida.  También les ordené a sus acusadores que expongan delante de usted los cargos que tengan contra él.  Así que los soldados, según se les había ordenado, tomaron a Pablo y lo llevaron de noche hasta Antípatris.  Al día siguiente dejaron que la caballería siguiera con él mientras ellos volvían al cuartel.  Cuando la caballería llegó a Cesarea, le entregaron la carta al gobernador y le presentaron también a Pablo.  Félix leyó la carta y le preguntó de qué provincia era.  Al enterarse de que Pablo era de Cilicia, le dijo: te daré audiencia cuando lleguen tus acusadores.  Y ordenó que lo dejaran bajo custodia en el palacio de Herodes.


El comandante representa nuestra naturaleza carnal.  Así crecimos en este mundo.  Nos enseñaron a quedar bien con nuestros superiores.  Podían llamarse maestros o jefes en el trabajo.  También, muchas personas consideran que las mentiras pueden ser “blancas”.  Éstas son consideradas válidas dependiendo la circunstancia y normalmente son de poco impacto.  Incluso pueden percibirse como aquellas que buscan un “bien”.  Claudio, el comandante, quería quedar bien con su superior.  Utiliza información real y le añade algunas mentiras para brillar ante Félix.  Además, él piensa que le está salvando la vida a Pablo mientras que Dios es quien está orquestando absolutamente todo.  Ahora, seamos honestos.  ¡Qué difícil es comprender que nuestro Señor tiene el control de todo!  Lo escuchamos muchas veces pero cuando llegan los problemas, las injusticias o incluso la incertidumbre se nos olvida rápidamente.  Por otro lado, queremos seguir viviendo una doble vida.  La carnal y la espiritual.  Pensamos que debemos comportarnos de una manera con la familia, de otra en el trabajo y otra más en la iglesia.  ¿Es posible esto?  ¡Por supuesto que no!  Desde esta perspectiva, las acciones de Claudio no suenan tan extrañas a las nuestras.  Tal vez iba todos los domingos a algún tipo de evento religioso.  Tal vez él creía que era una buena persona.  Tal vez consideraba que no era tan malo.  Probablemente por estas razones, considera normal el mentir “un poco” para utilizarlo a su favor.
¿Puedes ver la conexión que hay con nosotros?  Tal vez mientras leías la carta que escribió pensabas en lo hipócrita y ventajoso que estaba siendo.  La realidad es que nosotros muchas veces actuamos igual.  ¡Esto es lo que debemos dejar que Dios cambie en nuestras vidas!  No podemos seguir teniendo distintas caras.  No podemos comportarnos de tantas formas dependiendo del lugar y las personas.  Debemos ser congruentes.  Debemos cuidar nuestro testimonio y sobre todo, debemos ser obedientes.  Analiza tu vida y deja que Dios abra tus ojos a la luz de su palabra.
Oración
Señor: perdona mis pecados y mi soberbia.  Te pido que viva de acuerdo a tu palabra y sea testimonio de Ti.  No quiero tener muchas caras sino una sola en todo momento y que sea un reflejo de Jesús.  Te lo pido mi Dios en el nombre de Jesús.  Amén 

martes, 23 de diciembre de 2014

Gálatas 4:8-11

Gálatas 4:8-11


Antes, cuando ustedes no conocían a Dios, eran esclavos de los que en realidad no son dioses.  Pero ahora que conocen a Dios, o más bien que Dios los conoce a ustedes, ¿Cómo es que quieren regresar a esos principios ineficaces y sin valor?  ¿Quieren volver a ser esclavos de ellos?  ¡Ustedes siguen guardando los días de fiesta, meses, estaciones y años!  Temo por ustedes, que tal vez me haya estado esforzando en vano.




Es triste.  Este tipo de comportamiento lo vemos constantemente en la Biblia.  De hecho, estoy seguro que lo ves en tu vida también.  Tal vez te confunde el escuchar que eras esclavo de otros ídolos o de los que no son dioses o alguna otra descripción.  La realidad es más sencilla.  Pablo quiere que entendamos que cuando caminamos dentro de los planes de Dios, sin importar las circunstancias, siempre estaremos mejor que como estábamos antes.  No podemos estar viviendo un presente si estamos deseando estar en un pasado, en un futuro o en otra situación.  No podemos decirnos seguidores de Jesús y al mismo tiempo querer seguir viviendo como si no lo conociéramos.  Dios lo mostró hace miles de años y hoy veo distintas formas de pensar que, pensando que han descubierto el hilo negro, te dicen que vivas y disfrutes tu presente.  Es verdad, debes vivir y disfrutar tu presente, el problema es que, sin el Señor, no podrás disfrutarlo.  Él es quien permite que disfrutemos las bendiciones que nos son dadas.  ¿Alguna vez has conocido a alguien que tenga mucho y disfruta poco?  Pues ya sabes por qué.
El pasaje nos dice que algunos de los gálatas estaban regresando a sus antiguas andanzas.  ¿Cómo lo podemos ver hoy en día?  Piensa en un mentiroso que quiere obedecer y dejar de hacerlo.  Pasa un mes y no ha mentido.  De repente, surge una situación en la que, si miente, las cosas podrían mejorar, de lo contrario, si dice la verdad las consecuencias no serían buenas.  Obviamente su mente ya está dando vueltas y está pensando que, de no haber sido por querer cambiar, hoy podría mentir y asunto arreglado.  Pero ahora ya no es así.  Ya sabe que está mal mentir.  Ya sabe que el compromiso no es con la gente sino con Dios.  ¡Qué conflicto!  Así nos pasa en cantidad de situaciones diversas.  Los que tienen problemas con su carácter, los que tienen problemas de fidelidad, de homosexualidad, de amar, de perdonar, de sujetarse, etc.  Cada vez que decidimos dejar de hacer lo que está mal, y en el futuro nos encontramos con una disyuntiva, ¿por qué pensamos que estábamos mejor antes?  ¿Por qué se nos olvida del hoyo tan horrible del que nos sacó el Señor?  ¿Sabes por qué?  Porque pensamos que merecemos lo que tenemos y damos por hecho que seguirá ahí siempre.  Porque no entendemos que las bendiciones vienen de la gracia de Dios y no de nuestras acciones.  Si pudiéramos entender esto, alabaríamos y obedeceríamos sin importar las circunstancias.  Con mucho, con poco.  Enfermos o sanos.  Con dificultad o sin dificultad.  Simplemente tendríamos la mirada en el cielo y viviríamos agradecidos.  Viviríamos compartiendo el maravilloso evangelio y la increíble gracia que Dios tiene para nosotros.  Hablaríamos de cómo Cristo ha cambiado nuestras vidas y de cómo nos sacó adelante.
Recuerdo un pasaje donde Pablo nos dice: ¿Estás casado?  ¡No busques separarte!  ¿Estás soltero?  ¡No busques casarte!  Maridos, amen a sus mujeres.  Esposas, sujétense a sus maridos.  Pienso en cómo nos encanta estar viendo lo que no tenemos y hacemos a un lado lo que hoy se nos ha dado por misericordia.  Deja de pensar en lo que no es de Dios y entiende que no hay mejor plan que el del Señor.  Ahora, si te gusta aprender a golpes pues adelante.  Solamente piensa en las consecuencias de tus actos y recuerda que no serás el único que las sufra.  Entiende que hay gente que te ama y que está a tu alrededor que también sufre por las decisiones que tomes.
Yo sé que es difícil.  Yo entiendo que tus pensamientos te hacen creer que lo de antes tenía ventajas.  La verdad es que no es así.  Créeme.  De hecho, no me creas a mí, cree en la palabra de Dios.  Los israelitas que salieron de la esclavitud de Egipto no pudieron entrar en la tierra prometida por reclamar a Dios y no confiar en que los planes que Él tenía eran mejores que los de ellos.  Al final la promesa se cumplió y la siguiente generación entró.  Yo creo que sería bueno no dejar pasar esa bendición y querer entrar nosotros.  Obedezcamos hoy.  Busquemos servirle en todo lo que hagamos.  Busquemos darle gloria en nuestro día a día.  Vivamos agradecidos de lo que en su amor decide darnos.  Dejemos atrás la carne y vivamos por el espíritu.

Oración
Padre nuestro: gracias por querer tener comunión conmigo y por mandar a tu Hijo a morir por mis pecados.  Gracias por tus bendiciones y sobre todo te pido perdón porque muchas veces no las valoro.  Hoy te pido que pueda dejar de distraerme pensando que estaba mejor antes o que las cosas serían mejor de otra manera.  Quiero entender que tu plan que vivo hoy es lo mejor para mí y vivirlo gozosamente.  Toma mi vida y dirígela mi Señor.  Te lo pido en el nombre de Jesucristo.  Amén