viernes, 12 de diciembre de 2014

Hechos 23:19-22

Hechos 23:19-22


El comandante tomó de la mano al joven, lo llevó  a parte y le preguntó: ¿Qué quieres decirme?  Los judíos se han puesto de acuerdo para pedirle a usted que mañana lleve a Pablo ante el Consejo con el pretexto de obtener información más precisa acerca de él.  No se deje convencer, porque más de cuarenta de ellos lo esperan emboscados.  Han jurado bajo maldición de no comer ni beber hasta que hayan logrado matarlo.  Ya están listos; sólo aguardan a que usted les conceda su petición.  El comandante despidió al joven con esta advertencia: no le digas a nadie que me has informado de esto.


Conforme avanza la historia, me siento como en una película de suspenso y me llena de nervios.  Ahí está Pablo siendo atacado por el Consejo y es rescatado por el comandante para posteriormente ser aprehendido y azotado hasta que utiliza su ciudadanía romana para frenar la golpiza.  Mientras él se encuentra preso, se siguen desarrollando planes más elaborados para asesinarlo.  El último involucra una emboscada que puede ser frenada si el comandante escucha y cree al sobrino de Pablo lo que le acaba de informar.  ¡Qué historia!  Date cuenta cómo las cosas cambian de un día para otro.  El mismo que aprehendió a Pablo y mandó que lo azotaran es ahora quien puede salvarle la vida.  En el mundo corporativo te dicen que nunca te cierres puertas pues no sabes si te volverás a encontrar con esa persona nuevamente en el futuro.  Si bien, es totalmente cierto y resulta bueno el consejo, quiero llevarlo al ámbito espiritual.  Nuestro Señor nos pide amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  ¿Alguna vez haz pensado en la profundidad de este mandamiento?  Involucra entregar todo aquello que nos han enseñado e ir en contra de la corriente.  Si te han lastimado, tú debes perdonar sin importar que esa persona te pida siquiera un perdón.  O ¿Acaso te dejas de querer cuando cometes un error?  ¡Por supuesto que no!  Nunca dejamos de querernos.  Pues asimismo nunca podemos dejar de amar a nuestro prójimo.  Y en la historia de hoy podemos ver cómo la misma persona que nos dañó en algún momento, puede protegernos y ayudarnos en otro.  ¿Quiénes somos para sentirnos con el poder de “eliminar” personas de nuestra vida?  Entiendo esta reacción para aquellos que no conocen a Jesús, pero de los que decimos ser sus seguidores no debe ser así.  Ahora, aunque no lo creas, esto puede cambiar de un día para otro.  Sí, leíste bien.  ¿Cómo?  Entregando al Señor tus deseos y pidiendo que ponga los suyos en ti.  Pidiendo que te llene de perdón, de misericordia y de amor para con aquellos que simplemente no puedes tolerar.  Abre tu corazón y dile lo que sientes.  Entrega tu odio, tu rencor y cada coraje que has decidido guardar.  Él se encargará de hacer el milagro.  No te desanimes si te tropiezas y caes.  Pide perdón.  Levántate y empieza de nuevo.
Muchas personas pasarán por nuestra vida.  Algunas por poco tiempo y otras por uno largo.  Yo pienso que Dios las pone en un momento específico para que demos testimonio y compartamos de la reconciliación que se nos ofrece a través del sacrificio de Jesús.  Hoy aprendimos que una persona puede causarnos un daño un día y en otro nos puede salvar la vida por lo que no nos corresponde juzgar ni criticar y mucho menos odiar sino por el contrario, amar al prójimo como a uno mismo.
Oración
Padre Santo: tu palabra es tan sabia y rompe con todo lo que he aprendido.  Tu palabra llena de luz y de sentido mi vida.  Hoy quiero entregarte mi voluntad.  Hoy quiero aprender a amar a mi prójimo como Tú lo pides en lugar de como yo lo he hecho.  Te pido que me llenes de tu amor y misericordia, de tu perdón y gracia para que así pueda obedecerte.  Transfórmame Señor pues quiero servirte.  Te lo pido en el nombre del que reina, el Señor Jesús.  Amén 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Gálatas 5:16-18

Gálatas 5:16-18


Así que les digo: vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa.  Porque ésta desea lo contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella.  Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren.  Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.



A mucha gente le gusta decir que la biblia está mal porque toma posiciones absolutas.  Esto quiere decir que no existe un intermedio o una mezcla de una extremo con el otro.    Por el contrario, como humanos, tratamos constantemente de querer acomodar nuestros pensamientos y deseos a los de Dios y tratamos de que coexistan.  De hecho, podemos ver que, dentro de la naturaleza pecaminosa, transformamos la verdad por mentira, la luz por tinieblas y a lo malo lo llamamos bueno (Isaías 5:20).  Nuestro orgullo nos confunde.  Nuestras pasiones nos quitan la claridad y nuestros deseos nos encadenan.  El pasaje de hoy nos enseña que no podemos llevar una doble vida.  No podemos acomodar o mezclar los principios de Dios con aquellos de la carne.  Son agua y aceite.  De hecho, son mutuamente excluyentes.  Pero a nosotros nos gusta pensar distinto.  Seamos honestos.  Queremos seguir arrastrando nuestra manera de vivir y de pensar.  Pensamos que no estamos tan mal.  Pensamos que sabemos más que Dios y en nuestra mente logramos convencernos.  El Espíritu desea lo contrario a la carne y viceversa.  No hay punto medio.  No podemos hacer nada al respecto.  No es que sea exagerado.  Simplemente así lo dice Jehová.
Ahora, ¿de qué te sirve entender y vivir bajo este principio?  Piensa en esto: si alguien te ha causado un mal, ¿Es mejor guardarle rencor y buscar venganza o pedir al Señor porque ponga perdón en tu corazón y poder tener paz?  Si ahora estás tranquilo y nadie te ha hecho nada, fácilmente optarás por la segunda opción.  Pero espera al momento en que te lastimen y verás con qué facilidad los deseos de venganza surgen y con qué poco ánimo quieres perdonar.  La diferencia entre una opción y la otra no son fáciles de detectar en cuanto a sus consecuencias pues son meramente internas.  Solamente tú podrás experimentar la paz que trae el Espíritu Santo a tu vida al pedir que te llene de perdón y quite los deseos de venganza de tu vida versus mantener en tu interior todas esas raíces de enojo, odio y corajes.  ¿Alguna vez te has dado cuenta de cómo la furia te consume por dentro?  ¿Has notado cómo tomas decisiones incorrectas por dejar que tus impulsos tomen control?  Dios te ama.  Quiere que tu vida sea llena de bendiciones y quiere prevenirte de aquello que te destruye.  Por esta razón nos enseña lo que es seguir a la carne contra seguir a Su Espíritu.  ¡Es por nuestro propio bien!  Hay cantidad de novelas que narran sobre los conflictos entre familias e incluso países porque nunca lograron perdonarse.  Los años pasaron y con ellos varias generaciones.  Sin embargo, el odio, el rencor y el deseo de venganza siempre se cultivó y mantuvo firme.  ¿Qué se logró?  Pura destrucción.  No tenemos que seguir con nuestra necedad.  No tenemos que seguir siendo tercos y cabeza dura.  Hoy podemos elegir distinto.  Hoy puedes elegir vivir para Dios, vivir por el Espíritu y no por la carne.  Es una decisión individual.  Medita en tu vida y lo que hay en tu corazón.  Pide a Dios que te muestre lo que hay en él y toma la decisión de cambiar y comenzar a vivir por el Espíritu.  Tú serás el primero en ser bendecido pero también llevarás bendición a los que te rodean.

Oración
Padre: alabado seas.  Gracias por darle sentido a mi vida.  Gracias por enseñarme que tu camino edifica mientras que mi naturaleza pecaminosa destruye.  Quiero aprender a morir a mi mismo para que Tú reines.  Guíame Señor conforme a tu voluntad.  Te lo pido  en Cristo Jesús.  Amén

martes, 9 de diciembre de 2014

1 Juan 3:13-15

1 Juan 3:13-15


Hermanos, no se extrañen si el mundo los odia.  Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos.  El que no ama pertenece a la muerte.  Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que en ningún asesino permanece la vida eterna.




Jn 15:18  Si el mundo los aborrece, tengan presente que antes que a ustedes, me aborreció a mí.  Estas son palabras de Jesús.  Como sus seguidores, debemos saber que su vida es el ejemplo de lo que debe pasar en la nuestra.  Él amó al mundo y vino a entregar su vida por él, pero el mundo lo odió y le rechazó.  Así también nosotros debemos amar sin importar lo que venga de regreso.  ¡Ese es el amor que proviene solamente de Dios!  ¡Ese es el amor que debemos promover!  Si el mundo nos odia, nosotros amamos de vuelta.  Ahora, ese odio no necesariamente significa que sufriremos persecución y quieran matarnos como lo hacían antes.  El hecho de ser señalados, apartados, rechazados, ridiculizado, etc., es  la forma en la que hoy en día puedes ver ese odio.  Pero las palabras que escribí de Jesús tienen un propósito.  Enseñarte que ese odio no es personal sino contra el testimonio que refleja sus malas obras.  Piensa en esto: los fariseos odiaban a Jesús porque mostraba sus malos caminos y la gente se percataba de sus abusos.  De la misma manera, cuando comenzamos a vivir conforme a la palabra y dejamos que el Señor transforme nuestra vida, aquellos que nos rodean se sentirán señalados y eso no les gustará.  Ahora eres luz donde antes había tiniebla.  ¿Lo entiendes?  La gente no quiere escuchar ni ver que está haciendo algo mal.  Por esta razón rechazaron a Jesús.  Prefirieron sus caminos a los de Él.  Hoy nos corresponde ser ese testimonio que lleva el mensaje de amor y reconciliación sin importar que el mundo nos rechace.  ¿cómo se lleva ese mensaje?  Con las palabras que Juan ha repetido una y otra vez: amando a nuestro hermano.  Jesús nos dijo: si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar.  Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.  Constantemente se nos recuerda que cuando no amamos a nuestro prójimo nos convertimos en asesinos.  “¡Qué exagerado!” podrás pensar.  Sí.  Definitivamente lo es.  Pero yo no puse el parámetro sino Jesús es quien nos dice que todo aquel que insulte y maldiga a su hermano quedará sujeto al juicio del infierno.  Mt 5:19  El amor que nosotros debemos vivir no puede estar condicionado a recibir.  El amor que Dios nos pide es incondicional.  Así es como uno es luz y lleva el mensaje de Cristo.  Amando.  Perdonando.  Reconciliándose.  ¿Es fácil?  ¡Por supuesto que no!  Significa desprenderte de aquello que considerabas como parte de tu personalidad o carácter.  Dios quiere que crezcas espiritualmente.  ¡No te quedes en el mismo escalón por tanto tiempo!  Es momento de subir y entregarte por completo a Él.  No estás leyendo esto por casualidad.  Abre tu corazón.  Entrega a Dios tus odios, rencores y corajes y pide perdón.  Después ve y reconcíliate.  Pide al Señor que te llene de su amor pues en tus fuerzas no lo lograrás.

Oración
Señor: Te pido que me llenes de tu amor pues me resulta imposible amar y perdonar.  Te pido que sea fuerte y me mantenga firme en tus pasos sin importar que el mundo me rechaza.  Yo quiero seguirte.  Yo quiero obedecerte.  No quiero seguir como antes cargando todo lo que tanto daño me hace.  Lléname de tu misericordia.  Lléname de tu gracia.  Permite que la lleve a los demás y sea testimonio de lo maravilloso que eres mi Dios.  En Cristo Jesús.  Amén 

domingo, 7 de diciembre de 2014

Hebreos 12:15-17

Hebreos 12:15-17

Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura brote y cause dificultades y corrompa a muchos; y de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor.  Después, como ya saben, cuando quiso heredar esa bendición, fue rechazado: No se le dio lugar para el arrepentimiento, aunque con lágrimas buscó la bendición.



De cierta manera, conforme crecemos, aprendemos a ver por nosotros mismos y dejamos en segundo plano a los demás.  Tiene sentido si lo vemos desde el punto de vista humano.  Nadie va a ver por lo tuyo como tú mismo.  Nadie se va a preocupar porque estén bien tus asuntos más que tú.  Dice el dicho: el que tiene tienda que la atienda.  ¿Por qué?  Porque la gente solamente ve por sus propios intereses y nosotros debemos ver por los nuestros.  Pero Dios nos enseña algo distinto el día de hoy.  Nos enseña a velar porque la gracia llegue a todos y no se estanque en nosotros.  Nos instruye a dejar de pensar solo en nosotros y preocuparnos por nuestro prójimo.  En el versículo 14 nos enseñaron a buscar la paz con todos y en el 15 a asegurarnos de ser un canal para que la gracia fluya y no impidamos que llegue a nuestro prójimo.  Ahora, Dios, en su sabiduría absoluta, nos da las herramientas para lograrlo.  Nos dice: no dejen que brote ninguna raíz de amargura y cause dificultades corrompiendo a muchos.  La real academia española define amargura como una aflicción o algún disgusto.  En otras palabras, no dejes que ninguna aflicción o algún conflicto se queden guardados en tu corazón (echen raíz) sino que entrégalos a Cristo para que sea su gracia y no tu enojo, coraje o rencor los que abunden en tu corazón.  No es fácil.  El pensar en los demás no implica que vayan a estar agradecidos con lo que haces.  Por eso es importante hacerlo para agradar a Dios y obedecerlo.  No busques agradar a las personas.  A la única persona que debes agradar es a Dios.  Leíste bien.  No a tus padres.  No a tu pareja.  No a tus hijos.  A Dios.  De ahí se deriva el amor correcto a todos los que te rodean.  Por eso, busca agradar al Señor sin importar lo que los demás piensen o hagan y serás un extraordinario canal de bendiciones.
Los versículos siguientes (16 y 17) nos dan la oportunidad de interpretar también esa gracia como la salvación que ofrece Cristo y cómo podemos despreciarla como lo hizo Esaú con la primogenitura.  Por más que intentó recuperarla, ya era demasiado tarde.  Así también sucede con la salvación y perdón de nuestros pecados.  Por más que la gente quiera arrepentirse, solamente lo puede hacer en un tiempo determinado: mientras vive.  Al morir, nuestro tiempo se acabó.  Entonces, el pasaje nos enseña a buscar que todos aquellos que nos rodean conozcan y reconozcan al Señor.  Nos motiva a no dejar que se pierdan.  Que nada se interponga entre nosotros y ellos para compartir la gracia de Cristo que les permitirá alcanzar la salvación.  Piensa en cada oportunidad que has tenido para hablar de Cristo y no lo has hecho por cualquier motivo.  Debes entender que estás entorpeciendo la voluntad de Dios.  ¡Compártelo!  No permitas que la gente se pierda y se vaya a una eternidad de castigo.

Oración

Padre: te pido que des dirección a mi vida.  He pensado solamente en mis cosas, en mis asuntos y no me he preocupado por mi prójimo.  Hoy entiendo que debo amarlo, procurarlo y buscarlo para que te conozca y no se pierda.  Hoy entiendo que quieres utilizarme para que tu gracia alcance a cada uno de los que me rodea.  Te pido transformes mi corazón para que seas Tú quien brille y yo quede atrás.  Te pido me llenes de tu amor y gracia para que la gente pueda verte a través de mis actos.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

sábado, 6 de diciembre de 2014

Santiago 1:23-25

Santiago 1:23-25
Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.



En otras versiones termina diciendo que recibirá bendiciones o será feliz el que es hacedor de la palabra. Recientemente me llegó un correo electrónico buscando un comprador para unos boletos de un concierto. Cualquier persona que compra un boleto para un concierto tiene planeado asistir al mismo. Nadie compraría un boleto para después venderlo nuevamente. Si tienes hambre y preparas algo de comer, tu siguiente acción es comer lo que has preparado. Si eres una persona que ha escuchado sobre Dios y aun así, sigues saliendo a la calle y no lo pones por práctica, hoy es necesario que hagas una pausa y examines lo que hay en ti. Aquí no me refiero a aquellos que ni siquiera tienen la disposición de querer aceptar que Dios tiene mucho que decirnos. Especialmente Santiago se refiere a todos aquellos congregantes que se reúnen para escuchar y que posteriormente llevan una vida como si no hubieran escuchado absolutamente nada. ¿Te gusta escuchar de Dios cuando tienes problemas o cuando estás angustiado, pero cuando tu problema se acaba también se terminan tus deseos de seguir escuchando? ¿Escuchas por compromiso con alguien? ¿Escuchas porque entiendes que Dios es el Señor de todo lo que hay?
Santiago nos pone un ejemplo para clasificar a este tipo de personas: olvidadizas. Creo que también deben llamarse inconstantes e incoherentes. En tu vida no deben existir dos tipos de actitudes. No puedes obedecer a Dios los fines de semana y a tu ego el resto. No puedes estar escuchando sobre la vida de Cristo y lo que hizo por ti para luego olvidarte de ese gran amor y hacer lo que te venga en gana. ¡No está bien!
Así como no tiene sentido comprar un boleto del cine o de un concierto para no ir, tampoco lo tiene el estar escuchando sobre Dios y llenándote de información para luego no hacer absolutamente nada. ¿Sirve de algo aprender un idioma, asistir a todas las clases y nunca hablarlo? ¡No! Así de obvio debe ser tu forma de reaccionar ante las enseñanzas de Dios. No permitas que las enseñanzas que escuchas sean enseñanzas “espejo” que las oyes por un momento y luego las olvidas al irte. Entiende esto: Dios tiene bendiciones para ti; el que es hacedor de la palabra será feliz. Te animo a que experimentes estas promesas de Dios.

Oración
Padre Santo: te pido que perdones mis pecados y me limpies para poder tener comunión contigo. Perdona que en ocasiones haya sido olvidadizo, haya escuchado tus mandamientos y correcciones y no haya hecho nada al respecto. Hoy entiendo que trae bendición el obedecerte y llevar a la práctica tu palabra, permite que así sea en mi vida. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

viernes, 5 de diciembre de 2014

Santiago 3:5-6

Santiago 3:5-6
Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. Imagínense, ¡qué grande bosque se incendia con tan pequeña chispa! También la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida.


¿Qué tanto puede hacer la lengua? ¿En verdad tiene el poder de “encender” todo un bosque? Como siempre, las respuestas las tiene la Biblia y no nuestras opiniones. Hay una gran cantidad de versículos que hacen referencia a la lengua y el cuidado que debemos tener sobre la misma. Esto me da a entender que es un miembro sumamente peligroso. Ahora, este mismo miembro también tiene poder para generar lo bueno: compartir la palabra de Dios.
Estas palabras no fueron escritas para crear un debate entre lo que pueden hacer nuestras palabras y lo que no. Esto es una advertencia, un llamado a protegerte de tus propias palabras, a poner atención y entregar tu lengua a Dios para que puedas aprender a dominarla a través de su Espíritu Santo.
Reflexionando un poco sobre la lengua, me sorprende de lo que se puede lograr a través de ella. Se han levantado revoluciones o logrado independencias a través de las palabras de un caudillo. Todo un país siendo transformado por las palabras de aquellos que pensaron que las cosas debían ser diferentes. También, tenemos el tema actual que la lengua encabeza, el fraude. Gracias a la palabrería de las personas, millones de personas han sido víctimas de un fraude. Pero como escribí unas líneas atrás, este poder tan grande que está almacenado en nuestra lengua, también puede ser utilizado para dar gloria a Dios. A través de la lengua, los discípulos de Jesús llegaron a compartir el evangelio y lo dieron a conocer en gran parte del mundo. Gracias a los planes de Dios y su obediencia, esas palabras cambiaron la forma de contar los años Antes de Cristo (A.C.) y Después de Cristo (D.C.) ¿te das cuenta de la relevancia que tiene lo que dices?
Tristemente, si no pones atención, “quemarás” varios bosques en tu vida.
He visto lo impresionantes e indomables que llegan a ser los incendios. También recuerdo de haber pasado por una zona de bosque en la cual, un año anterior había sido devastada por un gran incendio. La escena es triste y desalentadora. Gris. Sin color. Miles de árboles quemados. Sin vida. Todo comenzó con una pequeña chispa que no fue controlada. Lo mismo puede pasar con tu vida si no controlas tu lengua. Familias son destrozadas por la lengua, matrimonios divididos, hijos aislados y con corajes, amistades rotas, problemas laborales, etcétera. Te quiero animar a que medites en las consecuencias de tus palabras. Un pequeño miembro, la lengua, tiene el poder de contaminar ¡todo tu cuerpo! ¡Piénsalo!

Oración
Señor: te doy gracias por enseñarme con tu palabra que la lengua es peligrosa. Perdona todo lo mal que la he utilizado. Guíame para no estar creando incendios en mi vida por causa de ella y por el contrario que se generadora de bendición. Perdona mis pecados Señor y escucha mi oración en el nombre de Jesús.
Amén

jueves, 4 de diciembre de 2014

Colosenses 2:11-12

Colosenses 2:11-12
Además en Él fueron circuncidados, no por mano humana sino con la circuncisión que consiste en despojarse del cuerpo pecaminoso. Esta circuncisión la efectuó Cristo. Ustedes la recibieron al ser sepultados con él en el bautismo. En Él también fueron resucitados mediante la fe en el poder de Dios, quien lo resucitó de entre los muertos.


Si ponemos otras palabras a los versículos de hoy, podemos decirlo de la siguiente manera: cuando recibieron a Cristo, Él se encargó de separar su cuerpo pecaminoso de ustedes y enterrarlo para que no estorbara más en su relación con Él, además, han sido resucitados pues su cuerpo que estaba muerto, fue sepultado mas su alma ha sido liberada de él.
Pablo nos está enseñando en estos versículos la transformación que sucede en nosotros al aceptar a Cristo. No eres ya la misma persona. La Palabra misma dice que “todas las cosas son hechas nuevas”. ¿Qué es lo nuevo? Que tu cuerpo, tus deseos carnales, tus ganas de imponer tu voluntad siempre, quedan separadas, cortadas, circuncidadas y no tienen más lugar en ti. Cristo corta esas cadenas que nos tenían atados al pecado, atados a nosotros mismos y ciegos ante el amor de Dios. Es tu propio cuerpo, tu orgullo, tus enojos, celos, amarguras, rencores y odios lo que te impide escuchar al Señor. Nos guste aceptarlo o no, somos pecadores. Merecemos estar sepultados junto con nuestro cuerpo pecaminoso. Si bien el cuerpo humano es increíble y digno de estudiarse y admirarse, debes saber que ese cuerpo es carnal y pecaminoso. No le des más vueltas. Tu cuerpo te lleva a pecar. Por esta razón, Dios nos demuestra su gran amor a través de Cristo y la salvación que recibimos a través de Él. Cristo nos permite tener una vida distinta a la anterior. Una vida con propósito. Una vida libre y sin esclavitud al pecado sin ataduras a tu cuerpo carnal. Poco a poco me he ido dado cuenta de la realidad de esta esclavitud. Lo veo en gente que no puede dejar de mentir, no pueden dejar de ser infieles, no pueden dejar de robar, no pueden o no quieren perdonar, no quieren compartir, no quieren reconocer sus errores, etc. ¿Te suena familiar? Tú y yo estamos metidos en todo esto. Nuestro cuerpo nos arrastra a estas cosas. Pero ahora sabemos que hay un camino distinto que se puede tomar llamado Cristo Jesús. Él se encarga de mostrarnos el daño que nos hace obedecer a nuestro cuerpo. Nos enseña lo que es vivir en su amor, en su perdón, en su gozo, en su gracia, en su misericordia y en su abundancia. Hay tantas caras tristes allá afuera porque no conocen a Jesús. Hoy tú tienes la oportunidad de vivir distinto al aceptarlo. Hoy tienes la oportunidad de sepultar ese cuerpo carnal que tanto daño te hace, tan pesado que solamente lo puedes arrastrar. Acepta a Jesús y corta esas cadenas y resucita a la vida en Él, a una vida abundante, a una vida plena. ¿La quieres?

Oración
Señor: perdona mis pecados. Entiendo que mi ser necesita ser restaurado por Cristo y te pido que así sea. Te pido que quites las cadenas que hay en mí y me permitas resucitar pues estaba muerto. Guíame para vivir en tu gozo, en tu amor, en tu camino. Dale sentido a mi vida y lléname de Ti, en el nombre de Jesús te lo pido
Amén