sábado, 22 de noviembre de 2014

Hebreos 2:11-13

Hebreos 2:11-13

Tanto el que santifica como los que son santificados tienen un mismo origen, por lo cual Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: “Proclamaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré.”  En otra parte dice: “Yo confiaré en él.”  Y añade: “Aquí estoy yo, con los hermanos que Dios me ha dado.”



Jesús fue un hombre como tú y como yo.  Sin embargo, al mismo tiempo era cien por ciento Dios.  ¿Cómo lo sé?  Porque eso es lo que la biblia nos dice.  Cuando se escribe este libro o carta a los hebreos, se tenía la duda de quién era realmente Jesús.  ¿Era Dios?  ¿Era un profeta?  Recuerda que en algún momento la gente pensaba que era Elías.  En general, existía confusión entre los judíos que recibían el mensaje y por ello, con estos versículos se busca clarificar las cosas.  Me parece una increíble muestra de sabiduría y soberanía por parte del Señor, al escribirnos algo que no solamente fue utilizado hace dos mil años sino hoy en día nos encontramos con los mismos cuestionamientos.  ¡Definitivamente es nuestro creador y sabe perfectamente de qué “pie cojeamos”!  Es muy importante tener claros los principios que Dios nos da.  De lo contrario andamos de un lado para el otro conforme escuchamos a alguien hablar y luego cambiamos si escuchamos a alguien más.  Recuerda que la biblia siempre debe ser tu lugar donde acudes para aclarar cualquier duda y establece todos los principios de la fe.
Jesús fue hombre.  No solamente tuvo hermanos en la fe sino también hermanos carnales.  Mateo 19:55 nos explica claramente que Jacobo, José, Simón y Judas fueron sus hermanos.  Sí.  Hijos de María su madre.  Mucha gente piensa que María permaneció sin tener más hijos después de Jesús pero es erróneo.  Claramente nos dice la palabra que tuvo otros hijos.  ¿Entiendes ahora la importancia de estudiar la biblia?  Como seguidores de Jesús, debemos tener claro quién es Él.  Él es Dios.  El Verbo.  A través de Él todo fue hecho.  Al mismo tiempo fue hecho hombre.  Hombre carnal.  Con tentaciones.  Con hambre.  Con dolor y cansancio.  Él vino a proclamar el nombre de Jehová a todos nosotros.  Ahora podemos entender que Jesús no fue una gran persona solamente.  Él es Dios también.  Sé que he sido muy repetitivo pero es de gran importancia que tengas claro este principio y no te confundan con otras creencias fuera de la biblia.  Aquellos que creen que Cristo solamente fue Dios estando en la tierra, están equivocados.  El pasaje de hoy nos dice claramente que Él y nosotros tenemos un mismo origen.  Nos dice que Jesús nos llama hermanos.  No podría llamarnos hermanos siendo Dios.  ¿Cómo el Señor le llama hermano al siervo?
Sé que no es fácil entender cómo puede ser Dios hecho hombre y al mismo tiempo seguir siendo Dios.  Parece una gran historia fantástica.  Sin embargo, Dios así lo dispuso y solamente tenemos el testimonio escrito no solo en la biblia sino en los historiadores de la época los milagros que se hicieron para demostrar esta dualidad.  A nosotros nos queda creerlo y dejar que Dios haga milagros en nuestras vidas para poder vivir en carne propia la demostración de su deidad.

Oración
Padre: gracias por ser un Dios de orden y aclarar cualquier confusión que surge involucrando tu nombre.  Hoy entiendo que Jesús fue hombre como yo y al mismo tiempo Dios.  Entiendo la importancia de leer y estudiar tu palabra para conocerte mejor y tener claros tus principios.  Gracias por la vida de Jesús.  Gracias por amarme y perdonarme.  Te pido siempre guíes mi vida Señor.  En Cristo Jesús. Amén.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Santiago 1:19

Santiago 1:19
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.



Listos para escuchar y lentos para hablar o enojarse. Generalmente hacemos todo lo contrario. Siempre quieres exponer tu punto primero y convencer a los demás de que estás en lo correcto.
Imagina por un momento al congreso de un país totalmente en silencio, escuchando al orador y poniendo atención a cada palabra que dice. Imagina un maestro escuchando a sus alumnos con atención; a un padre escuchando a sus hijos; a un jefe escuchando a sus subordinados; a un hijo escuchando a su padre; a un subordinado escuchando a su jefe. ¿Por qué es tan complicado escuchar? ¿Por qué se facilita tanto hablar y se dificulta el escuchar? ¿Te has topado con personas que solamente hablan y hablan y no te dejan decir nada? ¿Has estado en discusiones donde no se pueden dar opiniones ni puntos de vista? ¡Cuántas discusiones y cuántos problemas se evitarían si tan solo siguiéramos este principio! ¿Cuántas personas quieren una mejor comunicación con los demás?
Aprende a escuchar. Aprende a callar. Aprende a controlar tus impulsos.
La comunicación no es fácil entre personas.
Listo para oír no significa estar tranquilos y pretender escuchar. Hay muchas personas que escuchan lo que se dice, pero en ningún momento tratan de “procesar” la información recibida para poderla comparar con la que ellos tienen. En consecuencia, simplemente le estás hablando a una pared. El estar pronto para oír significa una actitud continua. Requiere de tu entrega y sobre todo que dejes de pensar en ti y pienses primero en lo que Jesús quiere que hagas para posteriormente poder escuchar a tu prójimo. Es hacer a un lado el egocentrismo, dejar de pensar en lo que quieres, en lo que piensas que debería ser, en lo que deseas corregir. Pronto para oír no significa dejar de exponer tu punto de vista. Parafraseando el versículo Santiago dice algo así: ten cuidado con tus actitudes, es importante que pongas atención en tu forma de reaccionar cuando las personas no están de acuerdo contigo. Cuando alguien hable, escúchalo, trata de entender su postura, entiende su situación y punto de vista. No te impacientes por contestar y debatir sobre los desacuerdos. Habla con calma, habla en el amor de Cristo. Recuerda, ten cuidado de que la ira y el enojo no se apoderen de lo que dices o haces. Es muy fácil que te pase así que pon atención.
La clave para poder llevar a cabo esto está en Cristo. Debes reconocer que tú no puedes dominar tu ira, tus enojos, tus corajes. Entender que solamente Dios, a través del Espíritu Santo puede hacer esa transformación en ti. Pídelo al Señor y experimenta los cambios que realiza en aquellos que le entregan su vida.

Oración
Padre: te pido perdón porque no he sabido escuchar ni tampoco controlar mi ira y enojos. Hoy quiero ser diferente y reconozco que yo no puedo hacerlo. Te pido que controles mi ira, controles mis palabras y pongas en mi paciencia para escuchar a mi prójimo. Permite que recuerde siempre estos versículos para tener una actitud pronta a escuchar y lenta para la ira. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Proverbios 10:12

Proverbios 10:12
El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas.




Primero debes entender lo que significa rencillas. Según la Real Academia Española, significa: cuestión o riña que da lugar a un estado de hostilidad entre dos o más personas. En otras traducciones como la Nueva Versión, utilizan la palabra disensión, la cual significa: contienda, riña o altercación. También resulta interesante la definición de odio: antipatía y aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea.
¿Te suena familiar este sentimiento?
Todos nos hemos visto envueltos en la explosividad del odio. No creo que exista una sola persona que no haya tenido un momento de coraje y furia transformándose en odio. Así somos. Es más fácil odiar que amar. En general pienso que casi siempre es más fácil hacer lo malo que lo bueno pero ese es asunto de otro día. ¿Qué tiene de importante este proverbio? ¿Para qué sirve memorizarlo y analizarlo?
En este año, he asistido a varios cursos para mejorar mi desempeño laboral. El patrón más importante que he aprendido (¡y el que más me hace falta!) es la disciplina. De igual forma, pienso que si lo trasladamos a nuestra vida en Cristo, la disciplina es nuestro mejor aliado.
Con disciplina, todo tiene un orden. Primero estableces tus metas y en el caso espiritual también lo podemos hacer y aquí es donde el versículo entra en acción. No puedes ir por el mundo tratando de agradar a Dios sin ningún plan, sin ninguna estrategia: sin disciplina. No puedes andar pensando que no vas a odiar a nadie así nada más por haber leído estas palabras. Tal vez y estés pensando: pues así he estado todo este tiempo. Es hora de hacer las cosas bien. La disciplina en Cristo entra cuando quieres ser un buen siervo y entregar tu vida a Dios. ¿Cómo la quieres entregar? ¿Al 10, 20 o 100 por ciento? Yo pensaría que al cien.
El odio es un sentimiento que debe atacarse con disciplina, con una estrategia. No puedes tener éxito contra el odio si no estás preparado. Si recuerdas la última vez que hayas tenido este sentir contra alguien o algo, podrás percatarte del poco control que tuviste sobre él, pero el amor cubre todas las faltas. El amor es la herramienta principal que tienes contra el odio. En la televisión, los libros y los consejos en general te dicen que está bien que odies a algunas personas y para “aliviarte” te recomiendan varias actividades. La Biblia no dice eso. La Biblia dice que para salir del odio es necesario amar.
Hoy quiero animarte a meditar sobre el odio en tu vida y tu forma de tratar con él, animarte a tener disciplina memorizando versículos como éste para estar preparado en situaciones futuras y poder reaccionar mejor, meditando pasajes de la Palabra de Dios, hasta que sus principios se vuelvan un hábito y no un evento forzado. Entiende que el odio causa conflictos, problemas, enemistades y no tiene ningún beneficio para ti más que destrucción. Por el contrario, el amor es constructivo. Ahora conoces las consecuencias del odio y la forma de evitarlo: en amor. Te corresponde tomar una decisión al respecto sobre cómo atacarás este sentimiento hoy y en ocasiones futuras…

Oración
Señor: creo que no había puesto atención al odio en mi vida. Lo había hecho a un lado y pensaba que no estorbaría en mi relación contigo. Gracias por mostrarme que no es así y que además lo único que causa son mayores conflictos. Te pido que pongas el amor en mi corazón para poder sacar el odio que hay en mí. Te pido que pueda grabar estas palabras y utilizarlas siempre. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

martes, 18 de noviembre de 2014

Colosenses 3:7-8

Colosenses 3:7-8
Ustedes las practicaron en otro tiempo, cuando vivían en ellas. Pero ahora abandonen también todo esto: enojo, ira malicia, calumnia y lenguaje obsceno.



La primera parte se refiere a los versículos anteriores que hablan de la inmoralidad sexual, bajas pasiones, impureza, malos deseos y avaricia. Dice que antes vivíamos en ellas pero no más. La Biblia hace varias menciones sobre la vida antes y después de conocer a Jesús. De hecho Jesús mismo nos dejó varios ejemplos de lo que éramos y lo que ahora somos. Pablo entendió el mensaje y está tratando de compartirlo con la iglesia de Colosas y principalmente contigo y conmigo. Ya no somos la misma persona. Antes tenías un estilo de vida, una consciencia, una forma de pensar y actuar. Eso terminó. Ese estilo de vida, esa consciencia, esa forma de pensar y actuar ahora están guiadas por los principios de Jesús y la palabra de Dios. Ya no puedes ser la misma persona. No puedes tener luz y oscuridad al mismo tiempo. Si ya has conocido la verdad a través de Cristo, no puedes seguir viviendo en la mentira: las practicaron en otro tiempo cuando vivían en ellas. Ya no vives en ellas. Cristo te ha transformado. Tus malos hábitos deben parar.
El seguir a Jesús, como he escrito, implica cambios y ajustes. Algunos más radicales que otros, pero nunca terminan. Pienso en Pablo tratando de explicar a los colosenses que no se trata solamente de cumplir con unos cuantos principios y listo, sino que cuando terminamos con una lista, comienza una nueva. Primero analizamos nuestra conducta y moral sexual, nuestros deseos e impurezas. Ahora es necesario indagar más profundo y sacar nuestros enojos, iras, malicias, calumnias y groserías (lenguaje obsceno).
Hay un dicho que dice: el que se enoja pierde. ¡Es tan cierto! Con nuestro enojo podemos causar tanto daño. Podemos lastimar aún más. Si lo dejamos seguir se convierte en ira y la cosa se pone peor. Recuerda la última vez que te enojaste…
¿Lo pudiste controlar? ¿Lo entregaste a Dios para que no se quedara en ti, o simplemente lo dejaste explotar y salió lo peor de ti?
Pienso que a veces Dios permite que atravesemos situaciones difíciles o específicas, las cuales sacarán lo que hay realmente en nuestro interior y que debemos trabajar. No hay casualidades. Que tengas a alguien en tu trabajo que no toleres, que tu vecino sea tan difícil, que las cosas no salgan como querías, que llegues a tu límite, todo esto tiene la intención de sacar lo que ha estado guardado por tanto tiempo dentro de ti y que te des cuenta que es necesario trabajarlo entregándolo a Dios. Ya no vivimos como antes porque ya no somos como antes. Te recomiendo que medites en ello. Medita en los principios de la Biblia y cómo los has aplicado o cómo los has evitado. ¿Qué te hace falta entregar? ¿Qué bendición ha sido el entregarlos?

Oración
Padre: definitivamente solo buscas que en mi vida haya bendición. Gracias por enseñarme a través de tu palabra que lo que hacía antes no trae nada bueno a mi vida y que es necesario dejar de hacerlo. Ayúdame a entender y percatarme de todo aquello que debe ser transformado dentro de mí. Te lo pido en Cristo Jesús
Amén

lunes, 17 de noviembre de 2014

Proverbios 20:3

Honroso es al hombre evitar la contienda, pero no hay necio que no inicie un pleito.



La versión reina Valera dice: …mas todo insensato se envolverá en ella.
Estoy convencido que es más fácil entrar en discusión que evitarla. Todo se complica cuando nuestro punto de vista, nuestras ideas y sobre todo nuestro orgullo están de por medio. Me gusta la descripción de Reina Valera al explicar que cuando entramos en algún pleito o discusión y en lugar de frenarla le damos vida, nos vemos envueltos por la misma pelea y de ahí nada bueno puede salir. Cuando un pleito nos envuelve, nos quita la claridad para pensar, la humildad en el corazón no está a la vista sino fuera de esa envoltura, el amor al prójimo queda en el olvido junto con el respeto. Lo único que ha sobrevivido es el odio, el orgullo y los deseos de “vencer”. ¿Cuántas veces lo seguiremos haciendo? Es muy probable que ya hayas vivido algo así, que te hayas peleado con algún ser querido, con algún compañero de trabajo o alguien en la calle. Te dieron un golpe en tu “punto frágil” y explotaste. Te dejaste envolver por la furia. Te dejaste dominar por la ira. Diste rienda suelta a la contienda en lugar de buscar evitarla. Nuestro Dios conoce perfectamente lo que pasa por nuestra mente. Sabe que si no ponemos dominio sobre nuestro ser, los resultados pueden ser muy destructivos. Por eso su palabra está llena de principios y mandamientos, para guiarnos a una mejor vida. Para evitarnos caer en problemas que no sabremos resolver. Para llevarnos a una mejor comunión con Él. ¿Acaso crees que el honrar a tus padres, no mentir, no cometer adulterio, tienen como propósito el que Dios sea más dios? El propósito de sus mandamientos es mostrarnos un camino distinto al que conocemos. Un camino mejor. Observa a tu alrededor. Cuando te encuentres en medio del tráfico rumbo a tu trabajo, date cuenta del estado de la gente. Cuando veas personas discutiendo y perdiendo todo tipo de cordura, es en ese momento cuando decidimos tomar las riendas de nuestros impulsos y echamos todo a perder. Tú conoces las consecuencias. Las has vivido una y otra vez. ¿Cuántas veces más?
Hay un programa que me gusta mucho acerca de un entrenador de perros que enseña a las personas la psicología del perro. Perros que parecían no tener solución, se vuelven tranquilos y dóciles al entender que su dueño es el que toma las decisiones. El resultado es bueno para todos, tanto para el perro, el dueño y los vecinos. Así mismo me gustaría que pusiéramos atención a nuestro “entrenador” Dios y escucháramos con gran atención a todas las correcciones que nos hace en cada día que vivimos. Dejarnos corregir y dócilmente aceptar nuestro error. Recuerda, dar rienda suelta a tus enojos, pleitos y contiendas no trae nada bueno, por el contrario, es honroso, sabio y correcto el evitarla.

Oración
Señor: Tú sabes lo difícil que es para mí controlar mi carácter. Perdona que termine envuelto en pleitos y no te deje trabajar en mi corazón. Te pido que me transformes. Te pido que pueda escuchar tu voz cuando las cosas se salen de control. Corrige mi vida Señor. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

sábado, 15 de noviembre de 2014

Romanos 12:17-18

Romanos 12:17-18
No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.



Parece imposible. Cuando nos hacen algo, nuestra primera reacción es difícil que sea un pensamiento de bondad hacia ellos. Nos han lastimado. Han destruido nuestra confianza. Han abusado. Actualmente, el mundo no pinta un panorama fácil. Me parece que nunca lo ha sido. A veces tenemos situaciones externas como una crisis o una guerra y en otras ocasiones todos los problemas se encuentran dentro de nuestra familia. Pienso en una persona asesinada, en un secuestro o un abuso sexual, situaciones muy difíciles y devastadoras para los afectados. Unos piden por el mayor castigo posible y los otros piden por misericordia. Es fácil decidir cuando no somos los afectados. Pero Dios nos da una instrucción el día de hoy que nos incluye a todos: no pagues mal por mal sino procura lo bueno y busca siempre estar en paz con todos los hombres.
¿Quién se beneficia de tener esta actitud?
La verdad es que por la forma en la que crecí y probablemente tú también, me hace pensar que el beneficiado es aquél que hizo daño y no recibió ningún castigo por haberlo causado. No es muy fácil entender cómo me beneficia el regresarle con bien a alguien que me está haciendo mal y mucho menos buscar la paz, extender mi mano cuando mi contraparte está buscando lastimarme.
Nos guste o no. Lo entendamos o no. Nosotros somos los que se benefician de regresar lo bueno cuando recibimos un mal. Somos los primeros en beneficiarse cuando buscamos constantemente el estar en paz con los demás. La primera razón es fácil: estamos obedeciendo a Dios y ello siempre trae bendición a nuestra vida. La segunda resulta de la primera: la obediencia a Dios nos hace acomodar nuestros principios y prioridades en el orden correcto. Cuando estamos buscando el reino de Dios por encima de nuestra propia voluntad, podemos ver con la perspectiva correcta y entender que los planes de Él son mejores que los nuestros. Pero no todo se queda en la teoría. Piensa en la cantidad de problemas y males que hay a nuestro alrededor. Piensa en cuánta gente vive con amarguras y corajes que están arraigados en sus corazones y no los dejan vivir tranquilos. ¿Cuántas amistades, matrimonios o familias destrozadas por no perdonar y buscar estar en paz? Pleitos entre hermanos. Iglesias divididas. Corazones lastimados. Cada vez que preferimos dar rienda suelta a nuestro enojo y coraje por haber recibido mal, lo único que estamos haciendo es crear un círculo vicioso que no traerá paz por más que pensemos que estamos en ese camino. El odio nos come por dentro mientras la paz nos da vida. sé que no es fácil, pero de lo que estoy convencido es que Dios lo dice por nuestro propio bien. Pidamos a Él que nos transforme y podamos regresar el mal con bien y buscar la paz en todo momento.

Señor:
Ayúdame a cambiar pues no hay ganas en mí que quieran regresar el mal con bien ni paz cuando recibo guerra. Sé que Tú puedes transformarme y te pido que así sea. Pon amor y paz en mi corazón y quita mis enojos, rencores y corajes. No permitas que se arraiguen en mí los deseos de venganza sino que pueda recordar que me pides estar en paz siempre que dependa de mí. Libérame de estar atado a los deseos de venganza, corajes y enojos. En Cristo Jesús te lo pido.
Amén

viernes, 14 de noviembre de 2014

Hechos 9:1-2

Hechos 9:1-2

Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.



A veces, cuando leo la biblia, debo poner atención para no pasar por alto ningún detalle. También debo recordarme en que a veces sus descripciones pueden sonar muy exageradas pero si las traigo a tiempo presente, con el vocabulario actual, logro entender que he caído en las mismas situaciones y logro identificarme con el contexto. Por ejemplo, cuando el versículo nos habla de que Saulo respiraba amenazas y muerte en contra de los discípulos mi primer pensamiento fue que yo no he estado en una situación así. Pero, si reflexiono un poco sobre aquellos momentos en los que mi enojo, mi ira o mi rencor han tomado dominio sobre mí, definitivamente que mis pensamientos y mis respiros no eran de amor sino que estaban llenos de amenazas. Piénsalo. No estamos muy distantes de lo que Saulo estaba pensando. ¿En cuántas ocasiones no has tenido sentimientos de venganza? Se honesto. Saulo era un hombre judío que no soportaba ver que los seguidores de Jesús pudieran tener éxito compartiendo el evangelio que él consideraba falso. Dentro de su coraje e ira, decide tomar cartas en el asunto pidiendo por la autoridad de poder arrestar y llevar a juicio a todos aquellos que estuvieran predicando al Nazareno.
¡Cuánto odio! ¡Cuánta amargura acumulada!
Aunque pareciera distante su reacción, es muy importante ser analíticos y entender si tenemos esas mismas reacciones. Cuando alguien nos hace algo, tenemos dos opciones para reaccionar: la difícil y la fácil. Empezaré por la fácil. En ésta, haces lo primero que te viene a la mente. De hecho no estás al control y solamente sientes un deseo de venganza. Puede ser que guardes este sentimiento por muchos años, incluso ahora mismo puedes estar recordando alguno que no has dejado ir y esperas el momento de poder desquitarte o sacarte esa espina. En cuanto a la segunda, involucra al Espíritu Santo y sus frutos: dominio propio. Entregas tus corajes, enojos e iras al Señor. Recuerdas que Él es quien hace justicia, que de Èl es la venganza y que Él es la Ley. Finalmente tú pones la otra mejilla y recuerdas que fuiste perdonado sin merecerlo por la increíble gracia y misericordia de Dios. ¿Difícil no? La mayoría estamos dentro de la primera, pero nuestra meta es estar en la segunda.
Perdona. Ama a tu prójimo incluyendo al que te ha lastimado o a tus enemigos. No permitas que la ira tome el control pues tus decisiones serán totalmente incorrectas. ¡Medítalo! Insisto, se honesto.

Oración
Padre nuestro: Tú que eres Todopoderoso te pido porque puedas quitar de mi corazón mis enojos, corajes, amarguras e iras. Quita de mí cualquier deseo de venganza y guíame para poder poner la otra mejilla como Jesús lo hizo. Ayúdame a hacer tu voluntad primero que la mía. Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús
Amén.