domingo, 9 de noviembre de 2014

Colosenses 1:17-18

Colosenses 1:17-18
Él (Cristo) es anterior a todas las cosas, que por medio de Él forman un todo coherente. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero.



Para complementar el principio de que Cristo es Dios y que siempre ha existido, podemos analizar Juan 1:1-3 en la que dice que en el principio ya existía el Verbo (Cristo) y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Por medio de Él (Cristo) todas las cosas fueron creadas.
¿De qué te sirve saber que Cristo fue antes que todo, que es la cabeza de la iglesia y el primero en la resurrección?
Voy a empezar por la resurrección. En la historia del descubrimiento de América, sabemos que se dio por buscar nuevas rutas para llegar a las Indias pues a través de Europa se encontraban bloqueadas. Imagina a aquellos que estaban subiendo a las carabelas sin tener idea de qué esperar. Tal vez algunos seguían pensando que la tierra era cuadrada y que caerían a un precipicio, otros tendrían otro tipo de miedos e incertidumbres. Finalmente, emprendieron el viaje y llegaron. No a su destino pero sí a América. Los siguientes viajes, aunque complicados por las aguas y el clima, fueron distintos pues la gente sabía que llegaría a algún lado y no perecería en medio del mar. Así pasa con el camino que Cristo nos ha trazado con la resurrección. Ninguno de nosotros podría haberlo hecho antes. Ninguno de nosotros sabría cómo llegar a nuestro destino final. Gracias a que Él nos muestra el camino, podemos quitar toda esa incertidumbre que hay alrededor de la muerte y nuestro destino final. Gracias a la resurrección de Cristo, ahora tenemos una vereda bien trazada con destino a su presencia.
Con respecto a Cristo siendo la cabeza de la iglesia me parece el fundamento para funcionar como congregación que desea seguir sus pasos. Cada vez que se presenta un problema en las congregaciones, están prácticamente ligadas a que una de las partes no está entendiendo quién es la cabeza principal. A veces bajamos la mirada y pensamos que aquellos que tenemos enfrente son los líderes y cabezas. No. Solamente hay un líder al cual todos servimos llamado Jesús. Este líder nos dejó el ejemplo de que, aún siendo el Señor de todo, lavó los pies de sus discípulos. Ahora, si nuestra “cabeza” lava los pies y su vida es de servicio, ¿qué nos corresponde hacer? Lo mismo. Siempre que estés en un grupo que siga a Cristo, debes estar atento y promover que siempre sea Él la cabeza. Que sea Él quien de la dirección, el propósito y el paso que se debe tener. Es fácil que, como humanos, nos queramos adueñar de lo que le corresponde a Dios.
Por último, es importante que tengas la convicción de que, a través de Cristo, toda la tierra fue creada y funciona. Me gusta que dice: por medio de Él (las cosas) forman un todo coherente. No fue una creación sin sentido ni caprichosa. Tiene un propósito. Está bajo control y se mantiene bajo su mandato. Ahora medita sobre estas características de Cristo y cómo pueden impactar tu vida.

Oración
Señor: Gracias por la vida de Jesús. Gracias porque ahora tenemos un camino bien definido y borra toda incertidumbre. Te pido que pueda llevar una vida de obediencia y que pueda entender tu palabra. Permite que entienda el valor de lo que hizo Cristo en la resurrección, al ser el creador de todo y como cabeza de la iglesia. Te lo pido en Cristo Jesús
Amén

sábado, 8 de noviembre de 2014

Hechos 4:8-10

Hechos 4:8-10

Pedro, lleno del Espíritu Santo, les respondió: Gobernantes del pueblo y ancianos: hoy se nos procesa por haber favorecido a un inválido, ¡y se nos pregunta cómo fue sanado! Sepan pues, todos ustedes y todo el pueblo de Israel que este hombre está aquí delante de ustedes sano gracias al nombre de Jesucristo de Nazaret crucificado por ustedes pero resucitado por Dios.


Si te preguntan: ¿es mejor hacer el bien o el mal? Tienes tres respuestas: el bien, el mal y depende. Cuando tus principios son sólidos contestas el bien. Cuando no te importa nada más que tu vida y lo que hay a tu alrededor que te afecte personalmente dices depende. Y los que contestan el mal son por los que tenemos que orar pues sus caminos se encuentran sumamente torcidos. Pero quiero enfocarme en los que podríamos contestar depende. Analicemos esto: todos los actos tienen consecuencias. Si nos dijeran que nos meteremos en problemas por decir que creemos en Jesús, ¿lo diríamos abiertamente? O mejor solamente lo compartimos con nuestros seres cercanos. ¿Qué tal cuando en el trabajo te piden que mientas? Si no lo haces tu puesto puede estar en riesgo y si lo haces, bueno, ya sabes lo que Dios piensa al respecto. Pienso en cada circunstancia en la que hacer el bien nos puede causar un conflicto y preferimos mejor no hacer nada… nos gusta nuestro confort. Nos gusta nuestra vida y no queremos alterarla o meternos en problemas. Se llama egoísmo.
Dios nos quiere firmes y totalmente dependientes a Él. No quiere que dudemos. No quiere que digamos depende. Quiere que acudamos a Él y le entreguemos nuestras circunstancias pidiendo Su dirección y sobre todo Su paz.
Pedro y Juan decidieron hacer el bien sin dudar. Sanaron a un paralítico. ¿Las consecuencias? Fueron llevados presos y estaban siendo interrogados. Dentro de las muchas posibles respuestas que podrían haber contestado los discípulos, Pedro aprovecha ese instante y comienza a predicar a Jesús y la resurrección. Abiertamente les dice que Jesús fue quien sanó al paralítico. Expone lo irónico que es el estar siendo interrogados por haberlo sanado y comparte cómo la crucifixión de Jesús terminó con Dios resucitándolo.
A veces seguir a Dios firmemente traerá problemas o señalamientos como con los discípulos. Tú habrás hecho lo correcto al obedecer y servir a Dios pero aún así, la gente te señalará y cuestionará. La Biblia nos enseña cómo reaccionar ante situaciones que, aunque parezcan ridículas, sucederán. Pedro no se enojó y quejó ante las autoridades por la injusticia que estaba pasando. Por el contrario, habló de Jesús y expuso que fue crucificado y que resucitó. Hagamos lo mismo. Entendamos que siempre es mejor escoger el camino de Dios, dejemos a un lado nuestro confort y cambiémoslo por los constantes retos de seguir a Dios con la certeza de que Él está al mando de todo.

Oración
Señor: a veces es difícil seguirte pues debo enfrentarme a mi mismo y a mucha gente a mi alrededor para hacerlo. Quiero entregarte mi vida y seguir tu camino dejando atrás mi egoísmo y dedicarme a servirte. Ayúdame a compartir a Jesús como tus discípulos lo hicieron, aprovechando cada instante que les brindaste. En Cristo Jesús te lo pido.
Amén

viernes, 7 de noviembre de 2014

Hechos 5:29-31

Hechos 5:29-31
“¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!” Respondieron Pedro y los demás apóstoles. El Dios de nuestros antepasados resucitó a Jesús, a quién ustedes mataron colgándolo de un madero. Por su poder, Dios lo exaltó como Príncipe y Salvador, para que diera a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.



¿Cómo compartir la palabra de Dios? Anunciando el propósito al que vino Jesús: vino para darnos arrepentimiento y perdón de pecados; explicando que fue crucificado por nuestros pecados siendo libre de mancha; que vino para reconciliarnos con Dios Padre. Vuelve a leer los versículos y pon atención a la manera en que Pedro y los apóstoles hablan. Tenían muy claro el evangelio y su misión de compartir a Jesús. Hablaron con la verdad y no les importó incomodarlos: el Dios de nuestros antepasados resucitó a Jesús a quién ustedes mataron en una cruz. No los están criticando. No están haciendo alboroto con la gente sobre cómo fue posible que pasara esto. No hay chisme de por medio sino la verdad confrontando al Consejo. Ustedes aprobaron la crucifixión de Jesús mientras que el Dios de Abraham lo resucitó y lo sentó a su diestra. Cuando hablamos de Cristo no podemos ocultar nada. Por ejemplo, si alguien está engañando a su pareja y le platicamos del Señor sin decir que lo que está haciendo está mal, nosotros estamos peor. No podemos pasar por alto u omitir lo que la gente está haciendo por compartir un evangelio que no levante conflicto o incomode. Si bien Cristo nos ama y murió por nosotros, la palabra nos dice que Dios aborrece el pecado. ¿Cómo hablar del amor de Dios sin el arrepentimiento de pecados?
Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres…
Esta frase es peligrosa si la sacamos de contexto. Los discípulos están frente al Consejo que era un grupo de judíos que lideraban a los israelitas espiritualmente. Recuerda que Roma era la autoridad jurídica y le permitía a Israel tener una especie de sub gobierno espiritual. Entonces, cuando dicen que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres no implica que debamos faltar a las autoridades. De hecho, la palabra nos dice que debemos obedecerlas. ¿Qué querían decir entonces? Que Jehová es la autoridad máxima. Que no siguen a los hombres sino a Dios. ¿Cómo se aplica para nosotros? Que en nuestro día a día, siempre debemos actuar en obediencia a Dios por encima de lo que nuestro líder espiritual pueda decir. Los discípulos entendieron que Jesús era el Hijo de Dios y que las profecías se cumplieron en Él por lo que sería un error no seguirlo. Tú y yo debemos ser cuidadosos de nuestra congregación. Debemos buscar que Jehová sea siempre el centro de todo lo que se predica. No una persona o grupo sino Dios. No hagas nada que te pidan que no sea conforme a la voluntad de Dios pues tu deber es obedecerlo a Él antes que a los hombres.

Oración
Dios: me arrepiento de mis pecados y te pido perdón. Abre mis ojos y no permitas que siga escondiendo y justificando mis pecados. Te pido que siempre te siga y obedezca por encima de lo que digan los hombres. En Cristo Jesús.
Amén

jueves, 6 de noviembre de 2014

Hechos 17:29-31

Hechos 17:29-31

Por tanto, siendo descendientes de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea como el oro, la plata o la piedra: escultura hecha como resultado del ingenio y de la destreza del ser humano.  Pues bien, Dios pasó por alto aquellos tiempos de tal ignorancia, pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan.  Él ha fijado un día que juzgará al mundo con justicia, por medio del hombre que ha designado.  De ello ha dado pruebas a todos al levantarlo de entre los muertos.


En un libro que leí, el autor hablaba sobre un personaje interesantísimo: Ghandi.  Este hombre pudo derribar a un ejército y vencer a una nación poderosa a través de la no violencia y promoviendo el amor entre los unos y los otros.  Siguió a la perfección el amor al prójimo del que habla Jesús.  Considerado como una buena persona y que realizó extraordinarias cosas en su vida, dando ejemplos de la sencillez y congruencia que podemos tener al hablar y actuar, resulta difícil pensar si ese hombre está en el cielo o no.  Pero no se trata de hacerla de Dios para que nosotros decidamos y tristemente como creyentes caemos en esta mala costumbre de hablar sobre quién sí y quién no ha entrado al cielo al morir.  La biblia nos dice que solamente podemos ir a la presencia del Padre a través de Jesús.  Si Ghandi no reconoció a Cristo, por consecuencia, cuando sea juzgado, no tendrá Redentor que pague por sus pecados.  No caigamos en el error de juzgar quién es y quién no es digno de entrar en el cielo.  Por otro lado, tampoco omitamos el hecho de que Dios nos juzgará y el lugar donde pasemos nuestra eternidad dependerá de nuestra decisión en la tierra sobre aceptar o no a Jesús como Salvador y Señor.
Pablo no tuvo miedo de hablar sobre el juicio de Dios a pesar de que no conocía a nadie de su público.  No consideró que fuera un tema “delicado” o tabú.  Claramente anunció que seremos juzgados y que por esta razón mandó a su Hijo para que nos arrepintamos y reconciliemos con Él.  En ocasiones me han preguntado sobre cómo compartir a Cristo.  Qué decir y qué no decir.  Mucha gente piensa que no deben hablar del juicio de Dios porque “espantan” a los que oyen pues no es fácil de entender.  Si bien, no creo que exista una lista con 5 pasos a seguir para la perfecta predicación, me parece que no debemos encerrarnos a una o dos características del Señor.  Si resulta congruente y necesario, debemos hablar de cada detalle de Jehová.  No podemos omitir que cada uno de nosotros seremos juzgados por pensar que es muy “duro” de escuchar.
Por otro lado, me gusta cómo Pablo aclara quién es Dios.  No está hecho por oro ni plata o cualquier piedra preciosa.  Esta es nuestra forma de pensar y limitamos a Dios a lo que conocemos y comprendemos.  Pensamos en piedras preciosas y en algo grandioso y se lo adjudicamos a Dios.  Dios es Dios.  Creador y Todopoderoso.  ¿Por qué insistimos en darle dimensiones humanas?  ¡Es imposible!  Pablo nos dice, no trates de encasillar a Jehová.  Va más allá de lo que puedas imaginar.  Ni lo más precioso que ves en este mundo puede asimilarse a su grandeza.  No puedes capturar su imagen con una escultura ni limitar su tamaño con un gran templo.  Este es el Dios de la biblia.
Oración
Padre: perdona mis pecados y límpiame.  Quiero reconciliarme contigo y pasar mi eternidad junto a Ti.  Hoy entiendo que no estás en un templo o en una escultura sino que eres omnipresente y omnipotente.  Perdóname si he juzgado y criticado.  No permitas que mi corazón se llene de soberbia y sea humilde y sencillo.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Marcos 16:6

Marcos 16:6

Mas él (ángel) les dijo: no os asustéis; buscáis a Jesús el nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí, mirad el lugar en donde le pusieron.  


La semana pasada se celebró a un hombre que fue crucificado hace más de dos mil años.  El tiempo se dividió y ahora se habla de antes y después de que existiera.  Muchos lo consideran un hombre maravilloso.  Muchos tienen imágenes de él y las adoran.  Pero hoy quiero recordarte exactamente lo que la biblia nos dice que pasó.  Que Dios, no aferrándose a ser Dios, se hizo hombre.  Para demostrarnos su amor incondicional, misericordia y gracia, envió a su Unigénito para que sufriera en nuestro lugar, el castigo y la paga de nuestros pecados a través de su muerte.  Y al hacerse hombre venció al pecado y a la muerte pues fue crucificado para posteriormente resucitar al tercer día tal y como lo había dicho.  Si hay algo que diferencia a los seguidores de Jesús de cualquier otra creencia, es este principio.  Jesús resucitó.  Jesús no está en su tumba.  Él está a la diestra del Padre y reina.
Ahora, ¿De qué te sirve este evento?  ¿Por qué debes celebrarlo?  ¿Qué impacto tiene en tu vida?  Tristemente, la resurrección de Jesús se ha desviado de su propósito original.  Hoy en día, tenemos personas que continúan golpeando sus cuerpos y buscando ser perdonados de sus pecados a través de sus sacrificios y “buenas obras” y todo esto lo realizan para agradar a Dios y se dicen seguidores de Cristo.  El sacrificio de Dios sirvió para limpiar todos tus pecados al momento en que te declaras culpable y aceptas a Cristo como tu Salvador y Señor.  No necesitas más sacrificios.  No necesitas realizar buenas obras.  Necesitas la sangre de Jesús para ser limpiado y perdonado.  Por otro lado, la resurrección, lo que el día de ayer muchos de nosotros celebramos, sirvió para recordarnos que nuestro Dios no solo ha vencido a la muerte, sino que nos espera una vida eterna a su lado después de pasar por esta vida terrenal.  Nos recuerda que hay esperanza.  Nos recuerda que no todo está en este mundo.  Nos recuerda que algún día moriremos y estaremos en su presencia.  La resurrección de Cristo es la culminación de su mensaje.  El punto máximo donde envuelve cada detalle de lo que vino a hacer.  Sin ella, tu relación con Dios no está completa.  No puedes creer y seguir a Jesús si no has aceptado su resurrección.  Asimismo, no puedes solamente aceptar la resurrección brincándote la crucifixión.  Gracias a la resurrección podemos tener un panorama completo de nuestro paso por la tierra.  Aunque nacimos aquí, no pertenecemos a este mundo pues, nuestro Dios, nos ha adoptado y hecho linaje suyo.  Ahora pertenecemos a Él y su reino no está aquí sino en los cielos.  Gracias a la resurrección podemos entender el por qué Jesús nació en un pesebre.  En la ciudad más pequeña e insignificante.  Por qué tuvo la profesión considerada de menor prestigio.  Por qué entró en un burro y no un caballo a Jerusalén.  Por qué sufrió la muerte más baja y cruel.  Para demostrarnos que en esta vida, nuestro principal objetivo es servir al Dios Todopoderoso.  A Dios Padre.  Para enseñarnos que Él era, es y será.  Para enseñarnos que no debemos estar afligidos por lo que pueda suceder sino que podemos vivir confiados en Él.  Para mostrarnos que hay otra forma de vivir.  Para mostrarnos que Él es Dios, que Él reina, que Él vive y que servirle, es la mejor decisión que puedes tomar.
Oración
Padre: hoy entiendo que has venido al mundo para tomar mi cruz y morir por mí.  Te doy gracias por darme este regalo tan impresionante que no merezco.  Hoy entiendo y pido que Jesús me limpie y sea mi Señor y Salvador.  Hoy entiendo y reconozco que no solo murió por mí sino que se levantó de los muertos al tercer día de haber sido crucificado venciendo a la muerte.  Padre, hoy entiendo que hay una mejor manera de vivir al servirte y buscarte y así quiero vivir.  Te pido transformes mi vida.  Gracias.  Gracias por tu sacrificio.  Gracias por no dejarme caer más y rescatarme.  Gracias en el nombre de Jesucristo.  Amén

martes, 4 de noviembre de 2014

Hechos 26:7-8

Hechos 26:7-8


Ésta es la promesa que nuestras doce tribus esperan alcanzar rindiendo culto a Dios con diligencia día y noche.  Es por esta esperanza, oh rey, por lo que me acusan los judíos.  ¿Por qué les parece a ustedes increíble que Dios resucite a los muertos?


¿Por qué ya no se habla del cielo?  ¿Por qué casi no se predica a la resurrección de los muertos?  Son temas difíciles.  Mucha gente no quiere escuchar la posibilidad de ir al infierno.  Mucha gente rechaza la idea de un cielo y un infierno pero no tiene ningún fundamento para hacerlo.  Cuando abrimos la biblia y la estudiamos, es fácil darnos cuenta de que Dios nos llamará a cuentas al morir.  No es algo que tenga que ver con la traducción ni tampoco de interpretación.  La palabra es muy clara sobre el juicio que tendremos cuando termine esta vida.  Pero al mismo tiempo, el Señor no nos deja en el limbo.  Nos dice que su amor fue tan grande que no se aferró a ser Dios y se hizo hombre, mandando a su Unigénito para que todos los que crean y confiesen su nombre pudieran ser salvos y recibir la vida eterna, esto quiere decir, ir al cielo y estar con Él.
En su discurso, Pablo cuestiona el por qué resulta tan difícil el creer en la resurrección.  Hoy en día, tenemos cantidad de creencias y no suena tan descabellado hablar de la resurrección.  El problema radica en que ahora cada quien tiene su “verdad” y entonces todos estamos bien.  Tú crees en la resurrección, yo creo en que nos morimos y se acabó, y otros creen en la reencarnación.  Al final, todos vamos “al mismo lugar”.  Error.  No estoy diciendo que no respetemos otras creencias.  Por supuesto que no.  Pienso que Jesús no nos enseñó que debemos atacar otras religiones o formas de pensar.  Pero lo que sí nos enseñó es a no dejarnos engañar ni a retroceder en nuestros principios haciendo menos al Creador.  No te confundas.  Lo que otras personas puedan pensar no debe afectar tu comunión con Dios.  No dejes de leer la biblia.  No dejes de orar.  Dios se encargará de contestar todos tus cuestionamientos.  Recuerda que somos las ramas y Jehová el árbol.  Si nos apartamos del árbol, ¿cómo nos alimentaremos?
Día y noche, las tribus esperaban la promesa del Mesías.  Hoy está en tus manos.  Jesús vino y murió por cada uno de nosotros.  Sufrió por ti.  Sufrió por mí.  No lo merecía.  Pero lo hizo por amor y para ganar el alma de cada uno de los que creemos en su nombre.  Nos da la oportunidad de ser resucitados y estar en su presencia.
Es importante que medites en esto.  ¿Cuál es tu concepto del cielo, del infierno y de la vida eterna?  Busca pasajes en la biblia que hablen del tema para que estés bien informado y no andes de una idea en otra por lo que escuchas.  Como dice Pablo, hay personas allá afuera que cuestionarán tu fe y se les hará increíble aceptar que los muertos resucitarán.  Acude a la palabra de Dios.  Estúdiala.  Llénate de ella.  Establece tus principios basada en ella.
Aquí hay algunos pasajes que nos hablan claramente del cielo o el infierno: Mt 5, 10:28, 2Pedro 2, 3, Juan 5, Romanos 2, 5, Hebreos 9.  Estos son algunos capítulos que te pueden servir.
Oración
Señor: perdona mis pecados.  Vengo humillado y reconociendo que te necesito.  Hoy entendí que hay un juicio y una vida después de la muerte.  Quiero ir a tu presencia al ser resucitado y vivir con la certeza de que así será.  Entiendo que Jesús murió por mis pecados y quiero que sea mi Señor y mi Salvador.  Te lo pido en Su nombre.  Amén 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Hechos 26:22b-24

Hechos 26:22b-24


No he dicho sino lo que los profetas y Moisés ya dijeron que sucedería: que el Cristo padecería y que, siendo el primero en resucitar, proclamaría la luz a su propio pueblo y a los gentiles.  Al llegar Pablo a este punto de su defensa, Festo interrumpió.  ¡Estás loco Pablo! Le gritó.  El mucho estudio te ha hecho perder la cabeza.


Qué difícil es recibir críticas.  Es fácil cansarse y querer sentarse un tiempo y dejar de recibir “golpes”.  De hecho, a veces le tenemos miedo no solo a la crítica sino al rechazo.  Por eso, muchos creyentes prefieren quedarse callados y nunca expresar su fe.  ¿Para qué meterse en problemas?  Mejor llevo mi relación con Dios.  Leo mi biblia y que nadie se involucre.  Si bien, suena como una buena idea, la realidad es que Dios nos pide que anunciemos su nombre.  Nos pide que vayamos y seamos embajadores de su reino.  Entonces, ¿cómo obedecerle y al mismo tiempo no querer exponernos?  Simplemente no se puede.  Si bien, el ir al cielo es una dádiva de Dios, el obedecer y servir está lleno de retos que involucran nuestro sacrificio.  Lo más irónico (e increíble) es que mientras más te entregues y obedezcas, mayores bendiciones vendrán a tu vida.  Nosotros pensamos al revés.  Pensamos que si obedecemos y nos entregamos más y más, nos perderemos de esto o aquello.  Arrastramos nuestra forma de pensar y seguimos creyendo que allá afuera hay más bendiciones que obedeciendo a Dios.  Queremos llevar una vida espiritual pero al mismo tiempo le agregamos un poquito de esto y aquello que no queremos cambiar.
La vida en Cristo es un verdadero reto.  La misma biblia nos lo anuncia.  Nos dice que cada día tiene su propio mal.  Nos dice que si creemos en Jehová, no nos cansaremos y como las águilas volaremos.  Nos dice que si estamos cansados, vayamos y entreguemos nuestras cargas.  Nos dice que no temamos y que confiemos en Él.  Nos dice que todo lo podemos en Cristo.  Nos dice que ya no somos esclavos del pecado.  Nos dice que ya no estamos solos.  Nos dice que ahora somos sus hijos.  Nos dice que Él nos ama.  Todo esto está escrito para días difíciles.  Dios sabe que tendremos esos días.  Días como hoy, como ayer o como los habrá mañana.  No temas ni desmayes.  Dios está contigo.  Sal y anuncia su evangelios sin importar las críticas que puedas recibir.  Pablo es un gran ejemplo de cómo ser un siervo de Dios.  Mientras está anunciando la resurrección de Cristo recibe críticas y juicios de parte de Festo.  Lo humillan y comparan con un loco.  ¿Crees que fue fácil para Pablo escuchar estas palabras?  ¡Por supuesto que no!  Así como no es fácil pasar pruebas hoy en día.  Pero nuestro Dios necesita moldear nuestro carácter.  Necesita pulir nuestro corazón y darle forma para que sea como el de Jesús.  Allá afuera nos dicen que cada vez que te humillas y dejas que alguien te haga menos, al día siguiente será peor y nos aplastarán más y más.  Por el contrario, Cristo nos enseña a servir y poner la otra mejilla.  Pablo ya lo había practicado en repetidas ocasiones y por eso lo pudo hacer en este momento.  Recibió la crítica y contestó con amor.  Y nosotros, ¿Cómo vamos a responder a las críticas y humillaciones?
Oración
Padre: te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón porque he preferido quedarme callado y no anunciar tu nombre.  Hoy entiendo que debo aprender a recibir cualquier tipo de críticas y mantenerme en tu amor y recibiendo fuerzas de Ti.  Te pido que me llenes de Ti para que pueda salir y servirte.  Ayúdame a dejar atrás mi forma de pensar y actuar pues sé que van en contra de lo que Jesús quiere.  Transforma mi corazón Señor.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén