miércoles, 5 de noviembre de 2014

Marcos 16:6

Marcos 16:6

Mas él (ángel) les dijo: no os asustéis; buscáis a Jesús el nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí, mirad el lugar en donde le pusieron.  


La semana pasada se celebró a un hombre que fue crucificado hace más de dos mil años.  El tiempo se dividió y ahora se habla de antes y después de que existiera.  Muchos lo consideran un hombre maravilloso.  Muchos tienen imágenes de él y las adoran.  Pero hoy quiero recordarte exactamente lo que la biblia nos dice que pasó.  Que Dios, no aferrándose a ser Dios, se hizo hombre.  Para demostrarnos su amor incondicional, misericordia y gracia, envió a su Unigénito para que sufriera en nuestro lugar, el castigo y la paga de nuestros pecados a través de su muerte.  Y al hacerse hombre venció al pecado y a la muerte pues fue crucificado para posteriormente resucitar al tercer día tal y como lo había dicho.  Si hay algo que diferencia a los seguidores de Jesús de cualquier otra creencia, es este principio.  Jesús resucitó.  Jesús no está en su tumba.  Él está a la diestra del Padre y reina.
Ahora, ¿De qué te sirve este evento?  ¿Por qué debes celebrarlo?  ¿Qué impacto tiene en tu vida?  Tristemente, la resurrección de Jesús se ha desviado de su propósito original.  Hoy en día, tenemos personas que continúan golpeando sus cuerpos y buscando ser perdonados de sus pecados a través de sus sacrificios y “buenas obras” y todo esto lo realizan para agradar a Dios y se dicen seguidores de Cristo.  El sacrificio de Dios sirvió para limpiar todos tus pecados al momento en que te declaras culpable y aceptas a Cristo como tu Salvador y Señor.  No necesitas más sacrificios.  No necesitas realizar buenas obras.  Necesitas la sangre de Jesús para ser limpiado y perdonado.  Por otro lado, la resurrección, lo que el día de ayer muchos de nosotros celebramos, sirvió para recordarnos que nuestro Dios no solo ha vencido a la muerte, sino que nos espera una vida eterna a su lado después de pasar por esta vida terrenal.  Nos recuerda que hay esperanza.  Nos recuerda que no todo está en este mundo.  Nos recuerda que algún día moriremos y estaremos en su presencia.  La resurrección de Cristo es la culminación de su mensaje.  El punto máximo donde envuelve cada detalle de lo que vino a hacer.  Sin ella, tu relación con Dios no está completa.  No puedes creer y seguir a Jesús si no has aceptado su resurrección.  Asimismo, no puedes solamente aceptar la resurrección brincándote la crucifixión.  Gracias a la resurrección podemos tener un panorama completo de nuestro paso por la tierra.  Aunque nacimos aquí, no pertenecemos a este mundo pues, nuestro Dios, nos ha adoptado y hecho linaje suyo.  Ahora pertenecemos a Él y su reino no está aquí sino en los cielos.  Gracias a la resurrección podemos entender el por qué Jesús nació en un pesebre.  En la ciudad más pequeña e insignificante.  Por qué tuvo la profesión considerada de menor prestigio.  Por qué entró en un burro y no un caballo a Jerusalén.  Por qué sufrió la muerte más baja y cruel.  Para demostrarnos que en esta vida, nuestro principal objetivo es servir al Dios Todopoderoso.  A Dios Padre.  Para enseñarnos que Él era, es y será.  Para enseñarnos que no debemos estar afligidos por lo que pueda suceder sino que podemos vivir confiados en Él.  Para mostrarnos que hay otra forma de vivir.  Para mostrarnos que Él es Dios, que Él reina, que Él vive y que servirle, es la mejor decisión que puedes tomar.
Oración
Padre: hoy entiendo que has venido al mundo para tomar mi cruz y morir por mí.  Te doy gracias por darme este regalo tan impresionante que no merezco.  Hoy entiendo y pido que Jesús me limpie y sea mi Señor y Salvador.  Hoy entiendo y reconozco que no solo murió por mí sino que se levantó de los muertos al tercer día de haber sido crucificado venciendo a la muerte.  Padre, hoy entiendo que hay una mejor manera de vivir al servirte y buscarte y así quiero vivir.  Te pido transformes mi vida.  Gracias.  Gracias por tu sacrificio.  Gracias por no dejarme caer más y rescatarme.  Gracias en el nombre de Jesucristo.  Amén

martes, 4 de noviembre de 2014

Hechos 26:7-8

Hechos 26:7-8


Ésta es la promesa que nuestras doce tribus esperan alcanzar rindiendo culto a Dios con diligencia día y noche.  Es por esta esperanza, oh rey, por lo que me acusan los judíos.  ¿Por qué les parece a ustedes increíble que Dios resucite a los muertos?


¿Por qué ya no se habla del cielo?  ¿Por qué casi no se predica a la resurrección de los muertos?  Son temas difíciles.  Mucha gente no quiere escuchar la posibilidad de ir al infierno.  Mucha gente rechaza la idea de un cielo y un infierno pero no tiene ningún fundamento para hacerlo.  Cuando abrimos la biblia y la estudiamos, es fácil darnos cuenta de que Dios nos llamará a cuentas al morir.  No es algo que tenga que ver con la traducción ni tampoco de interpretación.  La palabra es muy clara sobre el juicio que tendremos cuando termine esta vida.  Pero al mismo tiempo, el Señor no nos deja en el limbo.  Nos dice que su amor fue tan grande que no se aferró a ser Dios y se hizo hombre, mandando a su Unigénito para que todos los que crean y confiesen su nombre pudieran ser salvos y recibir la vida eterna, esto quiere decir, ir al cielo y estar con Él.
En su discurso, Pablo cuestiona el por qué resulta tan difícil el creer en la resurrección.  Hoy en día, tenemos cantidad de creencias y no suena tan descabellado hablar de la resurrección.  El problema radica en que ahora cada quien tiene su “verdad” y entonces todos estamos bien.  Tú crees en la resurrección, yo creo en que nos morimos y se acabó, y otros creen en la reencarnación.  Al final, todos vamos “al mismo lugar”.  Error.  No estoy diciendo que no respetemos otras creencias.  Por supuesto que no.  Pienso que Jesús no nos enseñó que debemos atacar otras religiones o formas de pensar.  Pero lo que sí nos enseñó es a no dejarnos engañar ni a retroceder en nuestros principios haciendo menos al Creador.  No te confundas.  Lo que otras personas puedan pensar no debe afectar tu comunión con Dios.  No dejes de leer la biblia.  No dejes de orar.  Dios se encargará de contestar todos tus cuestionamientos.  Recuerda que somos las ramas y Jehová el árbol.  Si nos apartamos del árbol, ¿cómo nos alimentaremos?
Día y noche, las tribus esperaban la promesa del Mesías.  Hoy está en tus manos.  Jesús vino y murió por cada uno de nosotros.  Sufrió por ti.  Sufrió por mí.  No lo merecía.  Pero lo hizo por amor y para ganar el alma de cada uno de los que creemos en su nombre.  Nos da la oportunidad de ser resucitados y estar en su presencia.
Es importante que medites en esto.  ¿Cuál es tu concepto del cielo, del infierno y de la vida eterna?  Busca pasajes en la biblia que hablen del tema para que estés bien informado y no andes de una idea en otra por lo que escuchas.  Como dice Pablo, hay personas allá afuera que cuestionarán tu fe y se les hará increíble aceptar que los muertos resucitarán.  Acude a la palabra de Dios.  Estúdiala.  Llénate de ella.  Establece tus principios basada en ella.
Aquí hay algunos pasajes que nos hablan claramente del cielo o el infierno: Mt 5, 10:28, 2Pedro 2, 3, Juan 5, Romanos 2, 5, Hebreos 9.  Estos son algunos capítulos que te pueden servir.
Oración
Señor: perdona mis pecados.  Vengo humillado y reconociendo que te necesito.  Hoy entendí que hay un juicio y una vida después de la muerte.  Quiero ir a tu presencia al ser resucitado y vivir con la certeza de que así será.  Entiendo que Jesús murió por mis pecados y quiero que sea mi Señor y mi Salvador.  Te lo pido en Su nombre.  Amén 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Hechos 26:22b-24

Hechos 26:22b-24


No he dicho sino lo que los profetas y Moisés ya dijeron que sucedería: que el Cristo padecería y que, siendo el primero en resucitar, proclamaría la luz a su propio pueblo y a los gentiles.  Al llegar Pablo a este punto de su defensa, Festo interrumpió.  ¡Estás loco Pablo! Le gritó.  El mucho estudio te ha hecho perder la cabeza.


Qué difícil es recibir críticas.  Es fácil cansarse y querer sentarse un tiempo y dejar de recibir “golpes”.  De hecho, a veces le tenemos miedo no solo a la crítica sino al rechazo.  Por eso, muchos creyentes prefieren quedarse callados y nunca expresar su fe.  ¿Para qué meterse en problemas?  Mejor llevo mi relación con Dios.  Leo mi biblia y que nadie se involucre.  Si bien, suena como una buena idea, la realidad es que Dios nos pide que anunciemos su nombre.  Nos pide que vayamos y seamos embajadores de su reino.  Entonces, ¿cómo obedecerle y al mismo tiempo no querer exponernos?  Simplemente no se puede.  Si bien, el ir al cielo es una dádiva de Dios, el obedecer y servir está lleno de retos que involucran nuestro sacrificio.  Lo más irónico (e increíble) es que mientras más te entregues y obedezcas, mayores bendiciones vendrán a tu vida.  Nosotros pensamos al revés.  Pensamos que si obedecemos y nos entregamos más y más, nos perderemos de esto o aquello.  Arrastramos nuestra forma de pensar y seguimos creyendo que allá afuera hay más bendiciones que obedeciendo a Dios.  Queremos llevar una vida espiritual pero al mismo tiempo le agregamos un poquito de esto y aquello que no queremos cambiar.
La vida en Cristo es un verdadero reto.  La misma biblia nos lo anuncia.  Nos dice que cada día tiene su propio mal.  Nos dice que si creemos en Jehová, no nos cansaremos y como las águilas volaremos.  Nos dice que si estamos cansados, vayamos y entreguemos nuestras cargas.  Nos dice que no temamos y que confiemos en Él.  Nos dice que todo lo podemos en Cristo.  Nos dice que ya no somos esclavos del pecado.  Nos dice que ya no estamos solos.  Nos dice que ahora somos sus hijos.  Nos dice que Él nos ama.  Todo esto está escrito para días difíciles.  Dios sabe que tendremos esos días.  Días como hoy, como ayer o como los habrá mañana.  No temas ni desmayes.  Dios está contigo.  Sal y anuncia su evangelios sin importar las críticas que puedas recibir.  Pablo es un gran ejemplo de cómo ser un siervo de Dios.  Mientras está anunciando la resurrección de Cristo recibe críticas y juicios de parte de Festo.  Lo humillan y comparan con un loco.  ¿Crees que fue fácil para Pablo escuchar estas palabras?  ¡Por supuesto que no!  Así como no es fácil pasar pruebas hoy en día.  Pero nuestro Dios necesita moldear nuestro carácter.  Necesita pulir nuestro corazón y darle forma para que sea como el de Jesús.  Allá afuera nos dicen que cada vez que te humillas y dejas que alguien te haga menos, al día siguiente será peor y nos aplastarán más y más.  Por el contrario, Cristo nos enseña a servir y poner la otra mejilla.  Pablo ya lo había practicado en repetidas ocasiones y por eso lo pudo hacer en este momento.  Recibió la crítica y contestó con amor.  Y nosotros, ¿Cómo vamos a responder a las críticas y humillaciones?
Oración
Padre: te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón porque he preferido quedarme callado y no anunciar tu nombre.  Hoy entiendo que debo aprender a recibir cualquier tipo de críticas y mantenerme en tu amor y recibiendo fuerzas de Ti.  Te pido que me llenes de Ti para que pueda salir y servirte.  Ayúdame a dejar atrás mi forma de pensar y actuar pues sé que van en contra de lo que Jesús quiere.  Transforma mi corazón Señor.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

domingo, 2 de noviembre de 2014

1 Pedro 1:10-11

1 Pedro 1:10-11


Los profetas, que anunciaron la gracia reservada para ustedes, estudiaron y observaron esta salvación.  Querían descubrir a qué tiempo y a cuáles circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando testificó de antemano acerca de los sufrimientos de Cristo y de la gloria que vendría después de éstos.



Hoy en día, algunas personas dicen que el antiguo testamento es muy distinto al nuevo testamento.  Cuando Pedro escribe estas palabras, los judíos cuestionaban el evangelio y por ello explica con detalle cómo lo que estaba escrito no tiene diferencia con el evangelio sino al contrario, cumplía con todo lo que se había anunciado.  Por esta razón, resulta de suma importancia que leas y estudies la biblia.  Ojo, no estoy diciendo que lo importante es ser un erudito en ella.  No.  Todo ese conocimiento debe estar de la mano de transformación en tu vida.  De nada sirve conocer y memorizar infinidad de versículos si tu corazón no es renovado.  Necesitamos nacer de nuevo y entregar nuestra vida a Aquél que se entregó por nosotros.  De Él es a quien Pedro se refiere y a quienes los profetas se referían.  Anunciaron una salvación.  Anunciaron que vendría gloria y buenos tiempos.  Pero también anunciaron sufrimientos.  En otras palabras, anunciaron la vida de Jesús.  Nos trajo testimonio.  Sufrió por cada uno de nosotros siendo santo y perfecto, pero lo más importante, es que entendamos que no se quedó en la cruz.  Su sacrificio dio fruto.  Ahora está junto al Padre.  Ahora hay gloria y su sufrimiento nos ha librado de las cadenas del pecado.  Juan 8:32 dice que la verdad nos hará libres.  Cristo es la verdad.  Su vida, su muerte y su resurrección nos han dado la oportunidad de ser libres.  Debes saber también que no todos son libres.  Solamente aquellos que reciben a Jesús y entregan sus vidas a Él.  No lo digo yo.  Lo dice Dios en su palabra.  Hay gente allá afuera diciendo y pensando que todos son hijos de Dios y que todos participan de su gracia.  Si bien, todos tienen la puerta abierta para ser reconciliados por lo que Cristo hizo, solamente aquellos que confiesen Su nombre y lo reciban podrán tomar parte en la comunión con Él.
Los profetas anunciaron la gracia de Dios.  Ellos tenían al Espíritu diciéndoles lo que habría de ocurrir.  Hoy esa gracia está disponible para tu vida.  No conozco lo que estés atravesando en estos momentos.  No sé si ya has recibido o no a Jesús.  Pero si de algo estoy convencido es que Él es el único que puede llevarte por el mejor camino posible.  Él es el único que puede sacarte de esa oscuridad.  Él es el único que puede renovarte y llenarte de su amor y consuelo.  Él es el único que no te va a fallar.  Él es el único que te perdonará y estará siempre con los brazos abiertos esperando tu regreso.  Él ya se entregó por ti.  Él ya sufrió por ti.  Es inimaginable lo que tuvo que sufrir.  Su cuerpo estaba prácticamente irreconocible.  Lo hizo por ti y por mí.  Lo hizo porque nos ama.  Te ama.  Es tiempo de acudir a Aquél que nos ama y quiere lo mejor para nosotros.  Reconcíliate.  Renuévate.  Deja que Dios te guíe conforme a su palabra.

Oración
Señor: gracias por haber mandado a Jesús a morir por mis pecados.  Te pido perdón por todas mis faltas.  Te pido que pueda recibir tu gracia y participar en la salvación que Cristo ofrece.  Te pido que dirijas mi vida.  Te pido que ilumines mi camino.  He tomado malas decisiones y no quiero dar más pasos que no sean conforme a tu voluntad.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Hebreos 7:14-19

Hebreos 7:14-19

Es evidente que nuestro Señor procedía de la tribu de Judá, respecto a la cual nada dijo Moisés con relación al sacerdocio.  Y lo que hemos dicho resulta aún más evidente si, a semejanza de Melquisedec, surge otro sacerdote que ha llegado a serlo, no conforme a un requisito legal respecto al linaje humano, sino conforme al poder de una vida indestructible.  Pues de Él se da testimonio: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.  Por una parte, la ley anterior queda anulada por ser inútil e ineficaz, ya que no perfeccionó nada.  Y por la otra, se introduce una esperanza mejor, mediante la cual nos acercamos a Dios.


Noé halló gracia delante de Dios.  Lot halló gracia delante de Dios.  Moisés halló gracia delante de Dios.  Rut halló gracia delante de Dios.  David halló gracia delante de Dios.  Josué halló gracia delante de Dios.  José halló gracia delante de Dios.  Pudiera seguir todavía más con esta lista pero creo que es claro que quiero hablar de la gracia del Señor.  Cuando Cristo vino, simplemente confirmó que la gracia de Dios es lo que ha abundado siempre.  Date cuenta de cuánto se menciona la gracia en el antiguo testamento.  La gracia es el único elemento para poder ser reconciliados con Dios.  El sacrificio era una forma gráfica de entender lo que el pecado hace y la forma en la que se tiene que pagar por ellos.  Piénsalo.  Los judíos estaban teniendo problemas para acomodar a Cristo dentro de su religión y sus parámetros.  El autor está aclarando cómo Cristo entra perfectamente dentro del plan de Dios.  Cómo su sacerdocio viene a reemplazar uno imperfecto por uno perfecto.  El sacerdocio era imperfecto porque no tenía la autoridad para perdonar los pecados sino que tenía que estar sacrificando animales constantemente.  Además, la gente no entendía que era la gracia y misericordia de Dios la que realmente los estaba perdonando.  Dios es amor.  La esencia misma del amor.  Cristo por consecuencia tiene las mismas características.  Él vino por amor.  Vivió por amor.  Murió por amor.  Resucitó por amor.  Siempre obedeciendo al que le envió.  De esta manera establece su nuevo sacerdocio.  Uno perfecto e incorruptible.  Dejando atrás cualquier situación de genealogía o incluso de posición económica para poder ofrecer sacrificios y tener “perdón de pecados”.  ¡Por eso hay esperanza!  Porque la ley anterior era ineficaz.  Ahora, cómo podemos evitar caer en la misma situación que los judíos de ese entonces e identificar lo que sucede hoy en día con lo que estamos aprendiendo de este pasaje.  Entendiendo que Cristo vino a establecer el único medio de comunicación entre nosotros y Dios.  Entendiendo que nuestras obras (como la ley anteriormente) son ineficaces.  Aceptando que solamente a través de la gracia podemos ser perdonados.  Entendiendo que no hay poder humano que pueda interceder por nosotros.  Cristo rompe con la línea del sacerdocio humano para establecer un nuevo sacerdocio que proviene de Dios.  Perfecto y eterno.

Oración

Señor: aquí estoy.  Humillado.  Reconociendo que tu gracia es maravillosa.  Reconociendo que Cristo es mi Señor y mi Salvador.  Te pido perdones mis pecados y pueda dar testimonio de la esperanza que tu nos das.  Gracias en el nombre de Jesús.  Amén

viernes, 31 de octubre de 2014

Hebreos 8:1-2

Hebreos 8:1-2
Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano.


Por un lado, estamos nosotros tratando de sobrevivir.  Por el otro, está Dios buscándonos todos los días para que nos reconciliemos con Él.  Por un lado estamos buscando sentido a nuestra vida.  Por el otro está Dios con sus manos abiertas esperando a que lo veamos y abramos nuestros brazos para recibirlas.  Por un lado estamos aferrados a lo que tenemos.  Por el otro, no tenemos idea de cuánto nos estamos perdiendo por no voltear al Señor.  Por un lado nos sorprendemos de los templos u otro tipo de arquitectura mientras que por el otro no podemos comprender lo que significa leer que hay un tabernáculo levantado por el Señor y por ningún ser humano.
Hay una línea que divide lo espiritual de lo carnal.  Es importante encontrarla.  Es importante respetarla y aprender a mantenernos del lado correcto en todo lo que hacemos.  No podemos traspasarla para algunas cosas y al mismo tiempo permanecer en la espiritual.  O se está de un lado o se está del otro.
¿Por qué escribo esto y qué tiene que ver con el pasaje de hoy?  Al leer los versículos me doy cuenta de lo poco que entendemos a Dios y lo mucho que lo limitamos.  Confiamos más en lo que podemos oír y tocar en lugar de la palabra de Aquél que es alabado en el cielo.  Tenemos a un sacerdote que intercede por nosotros y está sentado a la diestra de Dios.  ¡Nos ama!  Quiere llenarnos de bendiciones.  Sin embargo nosotros no le entregamos nuestra vida.  ¿Por qué?  ¿Por qué cuesta tanto trabajo dejar atrás todo y perseguir una vida entregada al Señor?  Sé que no soy el único que se ha cuestionado esto.  Espero tú también te lo hayas preguntado pues es señal de nuestro deseo de seguirle y romper con tantas cosas que estorban en nuestra comunión con Él.  El pasaje nos dice que Cristo está a la derecha del Padre (Majestad).  Nos dice que habita en donde ningún ser humano ha construido.  ¿No te parece increíble?  ¿Qué más podemos pedir?  Cristo murió por nosotros.  Resucitó para estar con el Padre e interceder por nosotros.  Quiere ser nuestro sacerdote.  No necesitamos realizar ningún sacrificio.  Él ya hizo todo.  Insisto.  ¿Qué más podemos pedir?  Sin embargo nos cuesta trabajo morir a nosotros y tomar su cruz.  Nos cuesta trabajo compartir de Él en el trabajo o con nuestros vecinos.  Nos cuesta trabajo creer que pueda hacer algún milagro en nuestra vida.  No tiene sentido.  Si realmente creemos en la biblia no podemos seguir así.  Si realmente somos seguidores de Él, nuestra vida, nuestras acciones, deben de confirmar esa creencia y convicción.  De lo contrario nos estamos engañando.  Estamos en un juego de apariencias donde tristemente nosotros somos los únicos perjudicados.  Piénsalo.  ¿En dónde estás parado?

Oración

Señor y Padre mío: alabado seas.  Has hecho todo por mí y yo no merezco tanto.  Te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón por ignorarte y no dejarte reinar en mi vida.  Quiero tomar tu cruz y seguirte.  Quiero dejar atrás todo lo que estorba en mi comunión contigo.  Quiero mirar a la meta que es a tu lado y caminar confiado en que Tú alumbras mis pasos.  Gracias mi Señor.  Gracias por tanto que me das.  En Cristo Jesús.  Amén.

jueves, 30 de octubre de 2014

Hebreos 8:1-2

Hebreos 8:1-2
Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano.


Por un lado, estamos nosotros tratando de sobrevivir.  Por el otro, está Dios buscándonos todos los días para que nos reconciliemos con Él.  Por un lado estamos buscando sentido a nuestra vida.  Por el otro está Dios con sus manos abiertas esperando a que lo veamos y abramos nuestros brazos para recibirlas.  Por un lado estamos aferrados a lo que tenemos.  Por el otro, no tenemos idea de cuánto nos estamos perdiendo por no voltear al Señor.  Por un lado nos sorprendemos de los templos u otro tipo de arquitectura mientras que por el otro no podemos comprender lo que significa leer que hay un tabernáculo levantado por el Señor y por ningún ser humano.
Hay una línea que divide lo espiritual de lo carnal.  Es importante encontrarla.  Es importante respetarla y aprender a mantenernos del lado correcto en todo lo que hacemos.  No podemos traspasarla para algunas cosas y al mismo tiempo permanecer en la espiritual.  O se está de un lado o se está del otro.
¿Por qué escribo esto y qué tiene que ver con el pasaje de hoy?  Al leer los versículos me doy cuenta de lo poco que entendemos a Dios y lo mucho que lo limitamos.  Confiamos más en lo que podemos oír y tocar en lugar de la palabra de Aquél que es alabado en el cielo.  Tenemos a un sacerdote que intercede por nosotros y está sentado a la diestra de Dios.  ¡Nos ama!  Quiere llenarnos de bendiciones.  Sin embargo nosotros no le entregamos nuestra vida.  ¿Por qué?  ¿Por qué cuesta tanto trabajo dejar atrás todo y perseguir una vida entregada al Señor?  Sé que no soy el único que se ha cuestionado esto.  Espero tú también te lo hayas preguntado pues es señal de nuestro deseo de seguirle y romper con tantas cosas que estorban en nuestra comunión con Él.  El pasaje nos dice que Cristo está a la derecha del Padre (Majestad).  Nos dice que habita en donde ningún ser humano ha construido.  ¿No te parece increíble?  ¿Qué más podemos pedir?  Cristo murió por nosotros.  Resucitó para estar con el Padre e interceder por nosotros.  Quiere ser nuestro sacerdote.  No necesitamos realizar ningún sacrificio.  Él ya hizo todo.  Insisto.  ¿Qué más podemos pedir?  Sin embargo nos cuesta trabajo morir a nosotros y tomar su cruz.  Nos cuesta trabajo compartir de Él en el trabajo o con nuestros vecinos.  Nos cuesta trabajo creer que pueda hacer algún milagro en nuestra vida.  No tiene sentido.  Si realmente creemos en la biblia no podemos seguir así.  Si realmente somos seguidores de Él, nuestra vida, nuestras acciones, deben de confirmar esa creencia y convicción.  De lo contrario nos estamos engañando.  Estamos en un juego de apariencias donde tristemente nosotros somos los únicos perjudicados.  Piénsalo.  ¿En dónde estás parado?

Oración

Señor y Padre mío: alabado seas.  Has hecho todo por mí y yo no merezco tanto.  Te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón por ignorarte y no dejarte reinar en mi vida.  Quiero tomar tu cruz y seguirte.  Quiero dejar atrás todo lo que estorba en mi comunión contigo.  Quiero mirar a la meta que es a tu lado y caminar confiado en que Tú alumbras mis pasos.  Gracias mi Señor.  Gracias por tanto que me das.  En Cristo Jesús.  Amén.