jueves, 11 de septiembre de 2014

Daniel 6:5

Daniel 6:5

Entonces dijeron aquellos hombres: no hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios.




Lo que estaba pasando en el contexto del versículo, era que Daniel se encontraba rodeado de personas que lo envidiaban y querían encontrar algo para acusarlo y que cayera de la gracia del rey, además de que le quitaran su puesto obviamente. Me llaman la atención dos temas que quiero tratar hoy: la envidia y celos que la gente puede tener y, lo obedientes y firmes que tú y yo debemos ser.
He estado meditando mucho en el cristianismo y la sociedad. El día de ayer vi un documental sobre una vertiente que busca involucrar o relacionar a la religión con el estado. Yo me pregunto ¿cuándo intentó Jesús meterse en los asuntos del César?¿Cuándo intentó Daniel imponer su amor a Dios al rey o a los demás? Cristo no se comparte imponiendo sino siendo ejemplo de una vida diferente. ¿Lo puedes entender? Te lo repito: Cristo no se comparte imponiendo sino siendo ejemplo de una vida diferente. ¿Ahora sí? Si realmente siguiéramos a Jesús fielmente, nuestras vidas tendrían un impacto tan fuerte en los medios que nos rodean, que no nos estaríamos preocupando por leyes con o sin moral. Simplemente tendríamos a personas en una sociedad comprometidas con agradar a Dios en SUS casas, trabajos y amigos.
Por el otro lado, es increíble que las envidias y los celos daten de hace tanto tiempo o mejor dicho, que los tengamos tan aferrados a nuestra naturaleza. Aquellos que buscaban ocasión contra Daniel lo hacían por envidias. ¿Cuántas envidias no has atravesado en tu trabajo? Pero no terminan ahí, también hay envidias en tu cuadra, en tu familia y con tus amigos. Tristemente la envidia es como un parásito que contamina y se propaga fácilmente. Este mal existe y es evidente. Quieras o no, tienes una gran probabilidad de atravesar circunstancias que, aunque tú no hayas hecho nada, las personas te tendrán coraje y envidia. Así es y no se puede hacer nada al respecto para evitarlo. Lo que sí se puede hacer es lo que hizo Daniel: seguir firme en obedecer a Dios a pesar de las consecuencias. Por otro lado, Jehová se encargó de tener cuidado de Daniel y permitir que siempre saliera adelante aún teniendo gente en su contra.
Para terminar quiero animarte a meditar en tu forma de vivir tu comunión con Jesús.Quiero motivarte a ser una persona ejemplar, una persona feliz y en paz pues sabe que su Dios lo ama y que su vida tiene un propósito. Quiero animarte a que seas como Daniel, el cual, fue firme en obediencia pero sobre todo grande en testimonio.Dejemos a un lado las críticas a aquellos que están perdidos, mejor seamos testimonio a ellos amándolos y compartiendo lo que Dios puede hacer en sus vidas. Dejemos a un lado la “religión” y promovamos la verdadera comunión con Cristo aprendiendo de su palabra y obedeciéndolo siempre. Y por último, no permitas que las envidias y los celos frenen o desanimen tu relación con Jehová.

Oración
Padre: perdona mis pecados. Cuando leo tu palabra me doy cuenta de tu Santidad tan grande y me doy cuenta que necesito ser perdonado. Te pido perdón si no he sido obediente y no he dado el testimonio que quieres que de. También te pido que me des fuerzas para seguirte independientemente que me encuentre con críticas, envidias y celos. Guíame siempre en tu camino, en el nombre de Jesús te lo pido.
Amén

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Colosenses 3:7-8

Colosenses 3:7-8
Ustedes las practicaron en otro tiempo, cuando vivían en ellas. Pero ahora abandonen también todo esto: enojo, ira malicia, calumnia y lenguaje obsceno.



La primera parte se refiere a los versículos anteriores que hablan de la inmoralidad sexual, bajas pasiones, impureza, malos deseos y avaricia. Dice que antes vivíamos en ellas pero no más. La Biblia hace varias menciones sobre la vida antes y después de conocer a Jesús. De hecho Jesús mismo nos dejó varios ejemplos de lo que éramos y lo que ahora somos. Pablo entendió el mensaje y está tratando de compartirlo con la iglesia de Colosas y principalmente contigo y conmigo. Ya no somos la misma persona. Antes tenías un estilo de vida, una consciencia, una forma de pensar y actuar. Eso terminó. Ese estilo de vida, esa consciencia, esa forma de pensar y actuar ahora están guiadas por los principios de Jesús y la palabra de Dios. Ya no puedes ser la misma persona. No puedes tener luz y oscuridad al mismo tiempo. Si ya has conocido la verdad a través de Cristo, no puedes seguir viviendo en la mentira: las practicaron en otro tiempo cuando vivían en ellas. Ya no vives en ellas. Cristo te ha transformado. Tus malos hábitos deben parar.
El seguir a Jesús, como he escrito, implica cambios y ajustes. Algunos más radicales que otros, pero nunca terminan. Pienso en Pablo tratando de explicar a los colosenses que no se trata solamente de cumplir con unos cuantos principios y listo, sino que cuando terminamos con una lista, comienza una nueva. Primero analizamos nuestra conducta y moral sexual, nuestros deseos e impurezas. Ahora es necesario indagar más profundo y sacar nuestros enojos, iras, malicias, calumnias y groserías (lenguaje obsceno).
Hay un dicho que dice: el que se enoja pierde. ¡Es tan cierto! Con nuestro enojo podemos causar tanto daño. Podemos lastimar aún más. Si lo dejamos seguir se convierte en ira y la cosa se pone peor. Recuerda la última vez que te enojaste…
¿Lo pudiste controlar? ¿Lo entregaste a Dios para que no se quedara en ti, o simplemente lo dejaste explotar y salió lo peor de ti?
Pienso que a veces Dios permite que atravesemos situaciones difíciles o específicas, las cuales sacarán lo que hay realmente en nuestro interior y que debemos trabajar. No hay casualidades. Que tengas a alguien en tu trabajo que no toleres, que tu vecino sea tan difícil, que las cosas no salgan como querías, que llegues a tu límite, todo esto tiene la intención de sacar lo que ha estado guardado por tanto tiempo dentro de ti y que te des cuenta que es necesario trabajarlo entregándolo a Dios. Ya no vivimos como antes porque ya no somos como antes. Te recomiendo que medites en ello. Medita en los principios de la Biblia y cómo los has aplicado o cómo los has evitado. ¿Qué te hace falta entregar? ¿Qué bendición ha sido el entregarlos?

Oración
Padre: definitivamente solo buscas que en mi vida haya bendición. Gracias por enseñarme a través de tu palabra que lo que hacía antes no trae nada bueno a mi vida y que es necesario dejar de hacerlo. Ayúdame a entender y percatarme de todo aquello que debe ser transformado dentro de mí. Te lo pido en Cristo Jesús
Amén

martes, 9 de septiembre de 2014

Hechos 5:17-18

Hechos 5:17-18
El sumo sacerdote y todos sus partidarios, que pertenecían a la secta de los saduceos, se llenaron de envidia. Entonces arrestaron a los apóstoles y los metieron en la cárcel común.



¿Quién nos metió en la cabeza la idea que la vida es fácil? Personas se han enriquecido por vendernos la idea de que hay una manera distinta de vivir que no trae problemas sino paz y abundancia. A veces utilizan a Jesús y sus enseñanzas y nos confunden haciéndonos creer que Jesús busca que en nuestra vida no haya contratiempos sino sea llena de pastos verdes y bendiciones. Error. El mismo Jesús nos dice en el evangelio de Mateo que en el mundo tendremos aflicción. ¡Los apóstoles estaban siendo arrestados por envidias de los saduceos! ¿Dónde está la bendición o la buena vida en esto? En que los apóstoles conocían la segunda parte del versículo donde Jesús nos dice: pero no teman porque Yo he vencido al mundo. Nuestra paz como seguidores de Cristo no llega porque las circunstancias nos son favorables o adversas sino porque confiamos en Aquél que está allá arriba, en nuestro Creador que es Todopoderoso y sabemos que sus planes son mejores que los nuestros. Sí, definitivamente no siempre es fácil entender lo que estamos atravesando, pero aún así, sabemos que los que obedecen a Dios todas las cosas les son para bien.
La respuesta a la pregunta que hice es: el mundo. La gente en general. Aquellos que no les interesa seguir a Cristo ni aceptar su necesidad de un Salvador. ¿Qué hacen? Buscan formas de satisfacer esa necesidad e intentan influenciarnos a que sigamos su mismo camino. Lo triste es que lo estamos siguiendo dejando atrás el que ya trazó Jesús. ¿Cuál es ese camino? Tenemos jóvenes con problemas de bulimia, anorexia y drogadicción. Adolescentes queriendo abortar porque no querían embarazarse. Matrimonios separándose y engañándose. Una sociedad que acepta todo porque eso es lo que debemos hacer “respetar” y “tolerar”. Mentiras, engaños, envidias, corajes, amargura y así la lista continúa pero creo que el punto principal ya está en la mesa.
Seguir a Cristo no significa decir adiós a los problemas. Al contrario, significa enfrentarte a tu peor pesadilla: tu mismo. Significa quitarte tu corona de rey y dársela al verdadero Rey de reyes. Los apóstoles lo entendieron y lo hicieron. Por eso, a pesar de las amenazas que recibieron, continuaron predicando la palabra de Dios. Terminaron en una cárcel común. ¿Dónde quieres terminar? El mundo a nuestro alrededor quiere convencernos de que “terminar en una cárcel” es para fanáticos mientras nuestro Dios por el otro lado tiene sus brazos extendidos y llenos de amor esperando a que volteemos y nos demos cuenta de cuál es el sentido de nuestra vida y el camino correcto que debemos caminar.

Oración
Señor: quiero corregir mis pasos y dirigirlos hacia ti. Te pido perdón porque sé que yo he querido gobernar mi vida. Toma mi vida y permite que te sirva. Ayúdame a entender lo que realmente tiene valor y que no me distraiga con lo que veo a mi alrededor. Gracias Señor en el nombre de Cristo Jesús
Amén

lunes, 8 de septiembre de 2014

Hechos 14:11-13

Hechos 14:11-13


Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz diciendo en lengua licaónica: dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros.  Y a Bernabé llamaban Júpiter y a Pablo, Mercurio porque éste llevaba la palabra.  Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo oros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios.



¿Cómo se les pudo haber ocurrido que eran dioses?  ¿Qué no habían escuchado que estaban hablando de Jesús y de Jehová?  Creo que a veces la gente solamente escucha lo que quiere escuchar y ve lo que quiere ver.  En esta ocasión se enfocaron en el milagro y se olvidaron de lo que habían escuchado.  Seguramente son Júpiter y Mercurio.  Dijeron.
Todo esto pasa por una sencilla razón.  De la abundancia del corazón habla la boca (Lc 6:45).  Lo que esa sociedad tenía en sus corazones era adoración a cualquier dios que le pusieran enfrente.  Si les decían izquierda o derecha les daba lo mismo.  Simplemente irían.  Hoy en día nos pasa algo similar.  Estamos tan metidos en nuestras vidas que no entendemos lo que está pasando ni lo que Dios nos está mostrando.  Hemos llenado nuestro corazón de todo menos de la palabra del Señor.  Guardamos corajes, rencores, odios, orgullo, celos, envidias, críticas, juicios y señalamientos, hipocresías y de esta manera nuestro corazón ha quedado totalmente invadido.  Se nos promueve amar la fama, el dinero, el poder, el desarrollo profesional, etc. y así le damos la espalda al evangelio de Cristo.  Ocurren milagros que no podemos explicar y en lugar de darle la gloria a Dios, cambiamos la dirección del milagro y pensamos en que la “buena vibra” o la “madre naturaleza” o los “chacras” o “la ley de la atracción” y cantidad de pensamientos que hay, fueron los responsables.  La realidad es que Dios fue, es y será el autor de lo que sucede.  Pero si en nuestro corazón no damos espacio para escuchar de su palabra, nunca podremos entenderlo.
La sociedad confundió a los discípulos con dioses.  Incluso el mismo sacerdote de Júpiter decide ir y hacer sacrificios en su nombre.  ¡Qué ironía!  Tristemente, hoy en día tenemos a muchas personas igual de perdidas.  No estoy juzgando ni diciendo que somos mejores por seguir a Cristo.  Al contrario.  Siendo honestos, la gloria es para Dios pues nos rescató sin merecerlo.  Lo que busco es recordar que nosotros también estábamos perdidos y que de no ser por Su misericordia podríamos estar envueltos en “las mil y un religiones”.  Hay gente a tu alrededor que no conoce a Jesús.  Hay gente a tu alrededor que necesita que Dios transforme sus vidas.  ¿Qué estás esperando para dar testimonio de que Jesús renueva vidas?

Oración
Señor: definitivamente en mi corazón hay abundancia de todo menos de Ti y no quiero seguir así.  Te pido perdones mis pecados y limpies mi corazón para llenarlo ahora de tu amor, tu paz, tu gracia y tu misericordia.  Quiero aprender de Ti y caminar en tu palabra.  Te agradezco por mostrarme que mi corazón necesitaba ser transformado.  Gracias en el nombre de Jesús.  Amén

domingo, 7 de septiembre de 2014

Hebreos 11:28

Hebreos 11:28

Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara los de Israel.



Es fácil tener “fe” cuando ya sabemos cómo terminan las cosas.  Cuando leemos sobre la pascua no consideramos lo extraño que resultaría vivir en carne propia lo que sucedería.  Simplemente leemos una página, pasamos a la siguiente y listo, se terminó la pascua y vemos que Dios no tocó a los israelitas.  Si queremos transformar nuestras vidas y crecer en comunión con el Señor, es importante tomar cada aspecto en cuenta.  Imaginar las reacciones y los sentimientos de las personas para poder identificarnos con ellas.  En el pasaje de hoy, vemos que Jehová anuncia a Moisés que irá a Egipto y morirá todo primogénito tanto de los hombres como de las bestias.  Sin embargo, no tocaría a ningún israelita para que faraón entendiera que Jehová estaba con ellos.  Ahora, ¿sabes cuál era la señal para que no murieran los primogénitos de Israel?  Poner en los dos postes y el dintel de la puerta la sangre de un animal que habría sido sacrificado.  Insisto, hoy leemos y sabemos inmediatamente que todo salió “bien” y el pueblo de Israel no fue lastimado pero consideremos por un momento cómo habrán recibido la noticia de lo que acontecería.  Ellos no sabían cómo vendría Jehová.  ¿Y si mandaba a algún ejército de otro país?  ¿Y si se confundían y no veían la sangre en el dintel?  ¿Y si mejor me escondo además de poner la sangre en la puerta?  ¿No te parece que suena un poco ilógico poner sangre en la puerta y que eso sirva para que no nos pase nada?  ¡Seguramente muchos ejemplos como este pasaron por sus mentes!  Sin embargo, obedecieron y vieron cómo Dios hizo un milagro perfecto al pasar de largo por cada casa de Israel.  Ahora, lo interesante y útil es pensar en cuántas veces reaccionamos igual.  Cuestionamos.  Dudamos.  ¡Es normal!  Estamos atravesando situaciones nuevas o es la primera vez que quieres vivirlas ahora en obediencia al Señor.  Tal vez es la primera vez que te quedas sin trabajo.  La primera vez que atraviesas una enfermedad complicada.  La primera vez que fallece un ser querido.  La primera vez que te sientes tan solo y deprimido.  No podemos exigirnos ser perfectos.  Lo que sí podemos y debemos exigirnos es que nuestra fe sea quién dirija sin importar nuestras preocupaciones.  Al momento de querer caminar entregando tu vida por completo a Dios surgen dudas y preocupaciones.  Has venido viviendo de tal forma que no sabes qué pasará al hacer este cambio en tu vida.  Confía en la palabra de Dios.  Así como Moisés celebró la pascua y mandó a todo Israel a poner sangre en sus puertas y pudo ver la mano de Dios, así también tú la podrás experimentar en carne propia al dar los primeros pasos de fe.  ¿Por dónde comenzar?  Fácil.  Ama al Señor sobre todas las cosas y obedece sus mandamientos.  Ama a tu prójimo como a ti mismo.  De ahí se desencadena absolutamente todo.  Pide a Dios en oración que abra tu corazón y tu entendimiento para dar los primeros pasos en tu renovación.

Oración

Señor: definitivamente quiero amarte sobre todas las cosas y caminar creciendo constantemente mi fe.  Hoy aprendí que debo dejar de cuestionarte y confiar en que cumples tu palabra siempre.  Toma mi vida mi Señor y guía cada paso que tome.  Examina mi corazón y quita todo aquello que estorbe en mi comunión contigo.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Hechos 2:36,38

Hechos 2:36,38
Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Y les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.



No sé si te ha pasado pero a mí sí. ¿De qué estoy hablando? De compartir a Cristo con miedo de hacer sentir mal a alguien. Hablar de Jesús “de puntitas” pues no queremos juzgar ni criticar. Si bien, el no juzgar ni hacer sentir mal a nadie es lo correcto, no significa que por ello debemos “esconder” las palabras fuertes que nos deja la Biblia. No podemos cambiar lo que nos dice Jesús porque pensamos que la gente puede acercarse más a Dios si primero les damos el paso uno y luego el paso dos. Hay verdades que Jesús nos mostró como básicas para poder ser sus discípulos “Y ustedes quién dicen que soy” les preguntó. El Cristo respondió Pedro. ¿Tú quién dices que es Jesús? ¿Cómo hablas de Él? ¿Compartes su evangelio?
La verdad es que Dios no se aferró a ser dios y se hizo hombre y cargó con la cruz de nuestros pecados y fue crucificado pagando con su sangre por lo que nosotros hicimos. Pero no quedó ahí. Fue resucitado al tercer día. Se presentó ante cientos de personas para confirmar que había vencido a la muerte y hoy está sentado a la derecha del Padre. Nos dejó su evangelio en el cual claramente dice que no podemos ser reconciliados ni llegar a Dios si no es por medio de Él. Nadie más puede interceder por nosotros. Jesús y solamente Él.
Hoy en día, la gente no está crucificando a Cristo como lo leemos en los versículos. Lo que sí están haciendo es lo contrario a lo que Pedro nos dice en este pasaje. Él dice arrepentíos y la gente hoy dice que no tiene nada de qué arrepentirse, que su estilo de vida está bien y debe ser respetado, que no molesta a nadie y que al ser bueno no puede estar tampoco en conflicto con Dios o por lo menos no lo está con su dios. Nos manda posteriormente a bautizarnos. El bautizo es una decisión personal. Nadie la puede tomar por ti ni obligarte a ella. Es la confirmación y demostración a los demás de que te has arrepentido de tus pecados y le has pedido a Dios que sea el Señor y Salvador de tu vida.
El mejor ejemplo para compartir del evangelio es Jesús. Si amas a Dios sabes que es tu deber compartir de su palabra. Te recomiendo que analices cómo hablaba Jesús y busques hacer lo mismo. A mi parecer, Pedro entendió lo que Jesús hacía al hablar. Utilizar la verdad siempre de la mano del amor. Asesinos y pecadores nos dijo Pedro pero también nos dice que nos arrepintamos y reconciliemos con el Padre que nos ama y quiere de vuelta…

Oración
Señor: quiero seguirte. Quiero pedirte que limpies mis pecados y que seas mi Señor y Salvador. Quiero compartir tu palabra sin restricción ni incompleta pensando que alguien pueda sentirse ofendido. Te pido que me des sabiduría y amor para siempre dirigirme a las personas como Jesús lo hizo. Te pido todo esto en el nombre de Jesús.
Amén

viernes, 5 de septiembre de 2014

Hechos 2:41-42

Hechos 2:41-42
Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas. Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración.



Este es el principio de cómo funcionaba la iglesia en su comienzo y cómo debemos buscar y enfocar el nuestro. Primero hay que compartir a los demás lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Recuerda cómo Jesús sanaba e inmediatamente la gente podía ver las transformaciones. Así debe ser el cambio en nuestra vida pues hemos sido sanados. No pienses que solamente se comparte de Dios aprendiéndote todos los versículos que puedas. Error. Dios se puede predicar con uno solo: Juan 3:16. Nos amó y envió a su Hijo para que todos los que en Él creen no se pierdan mas tengan vida eterna. Habla más una vida transformada que mil palabras.
Bautízate. No lo dejes como algo sin relevancia. El mismo Jesús fue bautizado por Juan.
No te preocupes por el número de personas que asisten a la iglesia. Pueden ser tres o tres mil. Dios se encargará de llevar a las que deban estar. Tú prioridad es compartir a Jesús mas no obligar a la gente a que acuda a la congregación. Insisto: habla más una vida transformada que mil y un versículos. Dice la palabra que en aquel día se unieron tres mil personas. Imagina cómo impactaron las palabras y el comportamiento de Pedro a los que habían escuchado de él y también aquellos que ya le conocían. A veces preferimos mantenernos en silencio y no hablar de nuestra comunión con Dios para que de esta manera nadie pueda preguntarnos o incluso exigirnos algo. Así tú eres el que decide cuánto comprometerte y qué debes o no cambiar. ¡Cuidado! Esta es una señal de rebeldía. Lo que en realidad significa es: Dios entiendo que te necesito y quiero tener comunión con pero las cosas no van a ir a Tu manera sino a la mía.
Se mantenían firmes en la enseñanza. No dejes de estudiar la palabra. Es la principal causa de que las personas terminen alejadas de Dios o con algún tipo de religión que toma algunos principios de Jesús los mezclan con muchos otros y siguen pensando que todo está enfocado a Cristo. ¡Cuidado! Siempre debes cuestionarte si lo que haces o crees está en sintonía con la Palabra de Dios.
Se mantenían firmes en la comunión. El compañerismo entre hermanos en la fe es de suma importancia. No para que la iglesia se vea bien. No para que la gente piense que nos llevamos bien. Sino para crecer como cuerpo y en lo individual. El convivio con los demás pone a prueba nuestra entrega a Dios. Cuando tenemos comunión con personas que son distintas a nosotros, tenemos que trabajar nuestra paciencia, nuestro amor y el perdón entre muchos otros. La iglesia es el mejor lugar para comenzar a amar, perdonar, ser perdonado, exhortar y ser exhortado.
Se mantenían firmes en el partimento del pan y la oración. Jesús nos dejó dicho que debemos repetir en memoria suya el partir el pan y tomar de la copa. Hagámoslo. Una vez al mes o a la semana o cada dos. La frecuencia no es lo importante sino el recordarnos que Él murió por nosotros y fue crucificado para perdón de nuestros pecados. Por último la oración es nuestra conversación con el Señor. ¿Cómo esperas tener una buena relación con Dios si rara vez oras? ¿Cómo y cuándo oras? Debes dedicarle tiempo de calidad. No oraciones ráfaga las cuales “cumplen” con su prometido. Ten tu tiempo, tu espacio y tu intimidad para orar. Dile a Dios lo que sientes y lo que piensas. Pide dirección. Pide paz. Pide perdón.
Así fueron los principios de la iglesia y espero que podamos seguirlos y perseguirlos hoy en día.

Oración
Señor: gracias por darme dirección. Quiero pedirte perdón por mis pecados. Te pido que pueda mantenerme fiel a tu palabra y dejarte transformarme. Gracias Señor en el nombre de Jesús
Amén