sábado, 16 de agosto de 2014

Hebreos 11:8-10

Hebreos 11:8-10

Por la fe Abraham cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba.  Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor.



Génesis 12 narra esta historia de Abraham.  El versículo 1 dice: Jehová dijo a Abram: vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  No le pidió algo fácil.  Mucha gente ni siquiera se cambia de trabajo por miedo al cambio, mucho menos de ciudad o país.  Dice una canción que la costumbre es más fuerte que el amor y yo le agregaría que las ganas de mejorar o siquiera de tener fe para hacer las cosas de manera distinta.  Es increíble lo arraigados que podemos estar a las cosas materiales e incluso interpersonales como la familia o amistades.  No quiere decir que esté mal tener buena comunión con tus seres queridos.  El problema llega cuando no dejamos que Dios haga de nosotros conforme a su voluntad.  Ponemos trabas y pretextos.  He escuchado testimonios de pastores que dejaron atrás grandes iglesias y amistades por seguir el camino que Dios les mostró en otro lado.  ¡Por supuesto que fue difícil!  Conforme pasó el tiempo vieron la mano de Dios haciendo cosas increíbles y confirmando que habían hecho lo correcto.  Me gusta pensar que todo lo que tenemos Dios lo pone en nuestras manos.  Nosotros debemos dejar esas manos abiertas para que Él decida poner o quitar conforme a su voluntad.  Por el contrario, cuando las cerramos, nos cuesta más trabajo dejar que Él haga cualquier cambio.  Ojo, de todas formas lo va a hacer.
Dios no quiere que todos cambiemos de ciudad o país.  Lo que sí debes saber es que es necesario hacer cambios en tu vida.  Dejar atrás lo que tanto estorba en tu comunión con Dios.  En ocasiones, hay personas que queremos mucho pero simplemente nos alejan de Dios.  Tal vez debes dejar de ir a ciertos lugares.  Así como Dios llamó a Abram y le pidió que dejara todo, hoy Dios te llama y te pide exactamente lo mismo.  Deja todo y sígueme.  Abram salió de su tierra y no reclamó ni cuestionó al Señor.  Simplemente obedeció.  ¡Por eso es nuestro ejemplo de fe el día de hoy!  Cuando Dios habla, nosotros debemos escuchar e inmediatamente después, obedecer.  Eso es fe.  Eso es ser un verdadero hijo de Dios.  Alguien que escucha y no hace nada, no puede sentirse parte con Dios.  Tal vez te has estado engañando pensando que es posible llevar una doble vida.  No se puede.  Dios quiere todo tu ser.  Quiere que le entregues tu corazón.  Tus pensamientos.  Tus deseos.  Tus miedos.  Todo.  No tengas miedo ni dejes que el mundo a tu alrededor frene ese llamado que Dios te hace.  Sabes perfectamente cuando Dios te habla.  Esas palabras tocan tu corazón.  Remueven lo que pensabas nunca podría ser removido.  Abren todo lo que quieres esconder.  Simplemente sacuden todo tu piso.  No le des la espalda a esas palabras.  Ten fe y deja que Él se encargue de dirigir tu vida.  Así como Abram, toma tus cosas y deja de vivir conforme a tu voluntad y comienza a vivir conforme a Cristo.

Oración

Padre: quiero vivir con mi fe puesta en Ti.  Quiero escucharte y obedecerte como lo hizo Abram.  Quiero dejar de dudar y cuestionar.  Te entrego mi vida.  Te entrego todo para que pueda vivir conforme a tu voluntad.  Guíame y no permitas que me aparte de Ti.  En el nombre de Cristo Jesús.  Amén

viernes, 15 de agosto de 2014

Hebreos 10:37-39

Hebreos 10:37-39

Pues dentro de muy poco tiempo, “el que ha de venir vendrá, y no tardará.  Pero mi justo vivirá por la fe.  Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado”.  Pero nosotros no somos de los que se vuelven a tras y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.



La cita es de Habacuc capítulo 2 versículos 3 y 4.  Nos repite que el Señor volverá y esa debe ser nuestra esperanza.  Ya sea que seamos llamados o que estemos vivos mientras Cristo viene por segunda ocasión, esto es un evento que debes estar convencido que sucederá.  ¿Quién es el justo?  ¿A quién hace referencia?  El justo es aquél que ha aceptado a Jesús como su Salvador.  El sacrificio realizado paga por sus pecados y por eso es llamado justo.  Irónicamente, la biblia nos enseña que no hay un solo justo en este mundo y eso puede confundir a algunos.  Lo que se refiere es que sin Cristo, no podemos ser justos.  No hay absolutamente nada que podamos hacer para poder “ganarnos” el cielo.  Jesús es el único camino para llegar.  No tus buenas obras ni tus buenos deseos.  Cristo.  Ese justo al que hace referencia el autor de Hebreos, vive por la fe y no deja de perseverar en su meta espiritual.
El pasaje de hoy nos enseña algo importantísimo: debemos tener mucho cuidado de lo que hacemos.  Me explico mejor.  Uno no se aparta del Señor de un día para otro.  No está un día estudiando la palabra y en constante oración y al día siguiente haciendo su voluntad.  No.  Uno se aparta poco a poco.  Comienza a dejar de leer.  Las oraciones se vuelven cotidianas y cortas.  Los estudios bíblicos son pocos.  Y así, prefieren asistir a alguna otra actividad que a la iglesia.  Por último, sin darse mucha cuenta, su relación con Dios está sumamente fría.  Cuando descuidamos nuestra vida espiritual estamos volviendo atrás.  Estamos cayendo justamente en la advertencia que se nos está haciendo el día de hoy.  Lo grave es que a Dios no le agrada.  Medita en esto.  Piensa de qué lado estás.  Puedes estar con aquellos que viven por la fe y no regresan a sus viejas andanzas o por el contrario, has descuidado tu crecimiento espiritual y estás en camino a la perdición.  Recuerda que con el Señor no hay medias tintas.  O estás con Él o estás contra Él.  No podemos estar coqueteando y jugando con nuestra vida espiritual y el pecado.  Si realmente has decidido por Cristo, tu vida debe ser distinta.  Tu vida debes enfocarla a no regresar al pecado y a lo que no agrada a Dios.  Debes aprender a vivir por fe y mantenerte firme.
Vuelve a leer el pasaje completo.  En donde dice: pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás.  Cambia la palabra nosotros y escribe YO.  Ahora vuelve a leerlo.  ¿Describe tu compromiso espiritual?  Espero que pueda animarte a que seas de los que no se vuelve atrás y acaban por perderse sino que tienes fe y preservas tu vida.  No lo tomes a la ligera.  Insisto, o estás con Él o contra Él.  Te animo a que estés con Él y dejes que Él reine en tu vida.  Es la mejor decisión que he tomado y espero hagas lo mismo.

Oración

Padre: perdóname.  He vuelto atrás.  Te pido limpies mis pecados y pueda regresar a Ti.  Quiero preservar mi vida.  Quiero vivir por la fe.  Quiero crecer espiritualmente y no caer.  Toma mi vida Señor y no permitas que me aparte de Ti.  Te lo pido en el nombre de Jesucristo.  Amén.

jueves, 14 de agosto de 2014

Hebreos 10:35-36

Hebreos 10:35-36

Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada.  Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que Él ha prometido.



La biblia constantemente nos enseña a crecer espiritualmente y poner nuestra mirada en las cosas de Dios y no las de este mundo.  Tenemos promesas que se cumplirán cuando seamos llamados a la presencia del Señor y disfrutaremos en grande junto con Él.  Pero también hay bendiciones mientras estamos aquí.  Simplemente, cuando vivimos obedeciendo y sirviendo a Jehová, nuestra vida se transforma de tal forma que la palabra de Dios nos dice que tenemos vida en abundancia.  Los versículos de hoy nos motivan a no perder la esperanza.  Básicamente a no desanimarte por todo lo que tienes frente a ti.  A no bajar la mirada del cielo y dejar que los problemas parezcan mayores que nuestro Señor.  No te sientas mal si sientes que en ocasiones has “tirado la toalla” espiritual.  Es normal.  Es un proceso que cada uno vive de distintas formas.  Lo que no está bien es que no levantes esa toalla y retomes el camino correcto.  Satanás, el Acusador, buscará hacerte sentir mal por cada caída que tengas.  Tratará de convencerte que no mereces regresar con el Señor.  ¡No hagas caso!  Dobla tu corazón y Dios está esperando que vengas a Él.  El pasaje nos dice que nosotros debemos perseverar.  ¿Qué significa esta palabra?  El diccionario dice: durar permanentemente o por largo tiempo; continuar con constancia lo que se ha empezado.  ¡No dejes que se apague esa flama por el Señor!  Mantente firme.  Pasa tiempo con Él en oración y leyendo su palabra.  Convive con aquellos que quieren agradar a Dios.  Busca apoyo y guía.  No te encierres y pienses que tú puedes solo.  Para eso somos una iglesia y una familia.  Necesitamos animarnos los unos a los otros.  Ahora, muchos prefieren luchar solos porque no quieren exponer sus problemas.  Eso se llama orgullo.  Es la soberbia saliendo a la luz.  ¿Acaso crees que los que vamos a la congregación somos perfectos?  ¡Por supuesto que no!  Cada uno de nosotros peca y necesita a Cristo para ser perdonado.  Deja la hipocresía a un lado.  El pasaje de hoy nos da dos instrucciones: no perder la confianza y perseverar.  Si has empezado a caminar con el Señor, no pares.  No bajes la mirada.  No te desanimes.  No temas.  Sigue confiando en Él pues tu corazón necesita pruebas para ser moldeado y transformado.  Además, como dice el pasaje de hoy, tú recibirás sus promesas al hacer y permanecer en su voluntad.
Yo sé que hay un cielo y que al morir iré a la presencia de mi Dios.  También sé, que obedecer a Cristo hoy, aquí en este mundo, no solo traerá bendiciones cuando vaya con Él sino también en esta vida.  Te animo a vivir a Cristo hoy y a descubrir lo que puede hacer en tu vida el día de hoy y para el día en que seas llamado.

Oración

Padre: gracias. Tu amor me llena de esperanza.  Tu misericordia me anima a seguir adelante.  Gracias por estar ahí.  Gracias por quererme bendecir y enseñarme a vivir conforme a tu voluntad y abundantemente.  Te pido perdón por mis pecados y sobre todo que guíes mi vida y no permitas que me separe de Ti.  En Cristo Jesús.  Amén.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Hebreos 10:30-31

Hebreos 10:30-31

Pues conocemos al que dijo: mía es la venganza; yo pagaré; y también: El Señor juzgará a su pueblo.  ¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo!




Es fácil confiar en lo que vemos y desconfiar de lo que no vemos.
Ser cristiano no significa ser un “agachado” o “dejado”.  Poner la otra mejilla no es estar carente de valor.  No somos personas sin personalidad ni tampoco vamos por la vida sin rumbo.  La diferencia radica en el pasaje de hoy.  Para aquellos que amamos a Dios y queremos que Él reine, debemos aprender a entregarle la venganza.  Leíste bien.  La venganza le corresponde al Señor.  No a ti.  No a mí.  A Él.  En el mundo nos movemos conforme a la ley de la selva donde el más fuerte o poderoso es quien termina “ganando”.  Pues debes saber que Dios es más que cualquier otro.  Sí.  Pareciera que las cosas no están a tu favor, pero debes confiar y entregar tus preocupaciones a Él.  ¿El resultado?  Paz.  Caminar con la carga de Cristo que es ligera y fácil de llevar y dejar atrás tu carga que no te dejaba siquiera dormir tranquilo.  Cada día hay injusticias en este mundo.  La gente le reclama a Dios el por qué las permite y estoy seguro que Él se entristece diciendo: ¿y por qué me reclaman cuando ni siquiera pasan tiempo conmigo?  La culpa no es de Dios sino de nosotros que nos hemos apartado de Él.  ¿Lo puedes entender?
Lo que quiero que aprendas y recuerdes el día de hoy es la importancia de no dejarse llevar por lo que sucede en este mundo.  Vas a atravesar injusticias.  Habrá gente que te lastime.  Mientras tanto debes recordar Romanos 12:12 que dice “gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”.  No debemos vivir buscando una vida color de rosa sino una vida llena de tribulación que nos haga aumentar nuestro tiempo de oración y comunión con Dios que a su vez, nos llene de gozo pues vivimos en la esperanza de su venida.
Aquí vivimos en una lucha de egos.  No debemos caer en ese juego.  Dios nos pide que muramos a nosotros mismos para que Él crezca.  Mientras más “apagas” tu luz, más brilla la de Cristo.  Por eso el Señor vino a servir y no a ser servido.  Para que nosotros le imitemos.  He escuchado historias de pleitos que llevan a actos impensables.  El orgullo brilla y la razón se apaga.  Proverbios 11:12 dice: Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Mas con los humildes está la sabiduría.  El orgullo no trae nada bueno a tu vida mientras que la humildad trae sabiduría.  No te dejes llevar por esa marea tan fuerte con la que vivimos en este mundo.  Si lo mejor fuera ser el más fuerte y el más poderoso, Cristo no hubiera nacido en un pesebre y tener como profesión la carpintería.  Hubiera llegado al mejor palacio del momento y gobernado como ningún otro rey.  ¿Lo puedes ver?  ¡Ese no es nuestro objetivo como creyentes!  Servir al Rey de reyes es nuestro objetivo.  Confiar en Él.  Entregarle nuestras cargas y vivir confiados en que Él nos ama y se encarga de nosotros.  No caigas en la desesperación.  No dejes que tu orgullo y coraje reine sobre tus decisiones ni que la injusticia te haga perder la fe.  Entrega todo al Señor pues la venganza la pertenece a Él.  Él llama a cuentas y terrible cosa es caer en su manos.

Oración

Padre: gracias.  Vengo con mi corazón humillado a entregarte mis cargas.  Hay odio, coraje, impotencia y muchas cosas más que quiero entregarte y no llevar más conmigo.  Hoy aprendí que Tú eres quien hace justicia y se encarga de todo.  Yo quiero confiar en Ti y dejar atrás el vivir como en la selva.  Ayúdame a vivir humillado y agradecido.  Sirviendo y no buscando ser servido.  No permitas que este mundo me arrastre sino que pueda tener mis pies firmes en Ti.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén.

martes, 12 de agosto de 2014

Hebreos 10:26-29

Hebreos 10:26-29

Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados.  Sólo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.  Cualquiera que rechazaba la ley de Moisés moría irremediablemente por el testimonio de dos o tres testigos.  ¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia?



Proverbios 1:7 dice: el principio de la sabiduría es el temor a Jehová.  No es casualidad que la sabiduría no se encuentra en el amor ni en la misericordia o la gracia sino exclusivamente en el temor a Jehová.  He escuchado opiniones sobre lo que significa temer a Jehová y personalmente creo que lo podemos tomar literal.  Debemos tener miedo a Jehová.  El problema radica en no entender el miedo.  Temer a algo no significa que estamos alejados de ello sino que nuestras decisiones serán distintas y probablemente mejores basadas en ese temor.  Por ejemplo: si temo a las alturas, tendré mayor cuidado al caminar por acantilados o conduciendo en carretera por montañas.  No voy a dejar de vivir por ese temor sino que tomaré precauciones y mis decisiones se verán afectadas por el mismo.  Pues así es el temor a Jehová.  No quiere decir que no vamos a hacer nada por temor a que nos caiga un rayo.  Al contrario, vamos a tomar decisiones sabiendo que a nuestro Dios le es abominación el pecado y, por consecuencia, debemos mantenernos alejados de él.  ¿Lo puedes entender mejor?  Ahora vuelve a leer el pasaje.  Si podemos parafrasearlo, a mi parecer diría: Con Dios no se juega.  Uno no puede ir pensando que tiene comunión con Dios por atender a un evento los domingos.  La comunión con Dios se demuestra a través de tus acciones.  Tu vida debe tener congruencia entre lo que dice la biblia y lo que haces en tu día a día.  De lo contrario, el pasaje de hoy te dice que estás jugando con fuego y te vas a quemar.  Dios conoce tu corazón.  Ve hasta lo más profundo de ti y no le puedes engañar.  Tu pareja, tus seres queridos y los que te rodean pueden ser engañados.  Dios no.  Él sabe dónde estás parado y las intenciones de tu corazón.  Si ya has conocido la verdad ¿qué esperas para reformar tu camino?
Si como sociedad hemos acordado que ciertos delitos se castiguen con cárcel, ¿qué castigo merece aquél que pisotea al Hijo de Dios?  ¿Qué merece aquél que desprecia el amor que se ha derramado sobre él?  ¿Qué merece aquél que da la espalda a la misericordia y gracia que le son ofrecidas?  Ningún hombre ha establecido ese castigo sino Dios: la muerte y el infierno.  No es una novela ni ciencia ficción.  Al morir habrá juicio y de ahí iremos a la presencia del Padre si nuestro “abogado” fue Cristo o al infierno si le despreciamos en este mundo.  Aunque no es fácil hablar del juicio de Dios, es necesario compartirlo pues la gente tiene que saberlo.


Señor: definitivamente no quiero estar jugando con fuego y te pido perdón por darte la espalda y no tomarte con la seriedad debida.  Te pido perdones mis pecados y sobre todo que renueves mi mente y mi corazón pues quiero cambiar.  No permitas que siga igual sino guía mis pasos conforme a tu voluntad.  En Cristo Jesús.  Amén.

lunes, 11 de agosto de 2014

Hebreos 10:25

Hebreos 10:25

No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que aquel día se acerca.



Definitivamente ninguno de nosotros es perfecto y por consecuencia las congregaciones tampoco lo son.  Es fácil caer en la crítica y juzgar lo que se hace en una u otra iglesia.  Sin embargo, ¿quiénes somos para llevar juicio?  Si bien, es importante que pongas atención a lo que se predica y buscar siempre que la palabra de Dios sea lo más importante, el resto está de más.  He oído críticas a iglesias que son muy grandes mientras que otros critican que en una iglesia pequeña están encima de uno como si fuéramos niños.  Unos piensan que las alabanzas deberían ser himnos mientras que otros quieren música más contemporánea.  También se comenta sobre el pastor o co pastores que y su estilo de predicación.  En fin, siempre hay algo sobre lo cual podríamos discutir.  Sin embargo, pocas veces reconocemos el increíble efecto que tiene una congregación sobre aquellos que quieren alabar a su Señor y tomar ánimos para seguir en la lucha de su crecimiento espiritual.  Testimonios de personas que quebrantan corazones.  Familias destrozadas que hoy cuentan cómo el Señor puso paz en donde solo había gritos, rencores y odios.  Personas adictas que hoy dan gloria a Dios por otro día más de libertad y esperanza.  Cada persona tiene una historia.  A veces unas nos impactan más que otras pero eso es simplemente por el momento que estamos atravesando.  Yo te aseguro que tu vida sirve de inspiración a alguien más.  Ni siquiera tienes que saberlo pero hay gente que te observa y ven con ánimos tu forma de servir y vivir a Cristo.  Por esto nos dice el versículo que no debemos dejar de reunirnos.  ¡Nos perderíamos de muchas bendiciones!  No podríamos escuchar historias asombrosas sobre vidas transformadas y corazones renovados.  Tampoco podríamos ir y pedir para que oren por la situación que atravesamos.  Nos perderíamos de la oportunidad de convivir con gente que quiere crecer espiritualmente y pasa por situaciones similares a las nuestras.  Dejaríamos de escuchar palabras de aliento cuando todo parece estar de cabeza.  Y, a mi parecer, lo peor sería que dejaríamos de escuchar las correcciones de aquellos que nos muestran lo que dice la palabra y cómo debemos ajustar nuestra vida basada en ella.  Es fácil minimizar a la congregación y criticarla.  Sin embargo, esto no trae ningún beneficio y no edifica.  Por el contrario, si cambiar tu perspectiva y dejas que la visión de Dios te guíe, podrás darte cuenta de que reunirte y gozarte con los hermanos en la fe es una de las más grandes dichas.  Sé que algunos pudieron haber tenido malas experiencias y por ello prefieran “mantener su distancia”.  Hoy te digo que eso se llama soberbia.  Si Jesús te perdona y te recibe con los brazos abiertos, quién eres tú para no hacerlo con tu prójimo.  No dejemos de reunirnos como familia y busquemos la bendición que resulta de este ejercicio.

Oración

Padre: perdóname.  Entiendo que estoy siendo orgulloso al juzgar y criticar a la congregación.  Hoy me humillo ante Ti y te pido que pongas amor en mi corazón para con mi prójimo.  Te pido pongas en mí el deseo de reunirme con mis hermanos y que pueda gozarme de la bendición que esto conlleva.  En Cristo Jesús.  Amén

domingo, 10 de agosto de 2014

Hebreos 10:19-21

Hebreos 10:19-21

Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios.



Al momento en que Jesús muere, nos dice la biblia que el velo del templo que dividía el Lugar Santísimo fue rasgado y quedó abierto.  No te dejes engañar por la palabra velo pues medía cuatro pulgadas de grueso lo que equivale a 10cm.  Como hemos aprendido, uno no podía simplemente entrar en el Lugar Santísimo.  Solamente el sacerdote y después de haber realizado un ritual que incluía el sacrificio de un animal inocente.  Dios se encargó de mostrarnos que el pecado nos separa de Él.  De manera tangible podían ver que no se podía entrar al Lugar Santísimo sin haber primero pedido expiación por los pecados.  Cuando Cristo muere y el velo es rasgado, no significa que nuestro pecado no nos separe más sino que el pecado ya no nos domina ni reina pues Jesús vino para darnos esperanza haciendo el sacrificio perfecto.  Ya no es necesario estar realizando sacrificios constantemente sino que el camino a Jehová quedó abierto con la sangre de Cristo.  Por esto, el pasaje nos dice: mediante la sangre de Jesús, tenemos libertad para entrar al Lugar Santísimo.  Gracias al sacrificio de Jesús, la separación entre nosotros y Dios queda anulada.  Insisto, no porque nuestro pecado deje de existir sino porque Cristo nos ha limpiado y perdonado con su sangre.  Esto es lo que yo considero la máxima expresión de amor y gracia.  Sin merecerlo.  Sin haber hecho absolutamente nada.  Cristo me amó y entregó su vida por mí.  ¡Increíble!  Como buen padre amoroso, intercambió mi condena y la sufrió por mí.  Pagó por mí.  Se entregó por mí.  ¿No te parece incomprensible tanto amor?  Pues ahora, ese amor que hemos recibido debemos vivirlo llevándolo a nuestro prójimo.  Perdona.  Ama.  Ayuda.  Comparte.  Predica.  Da testimonio.  Deja de pensar tanto en ti y piensa en tu prójimo.  ¿Cómo quiere Dios que seas utilizado?  El mundo está lleno de odios y rencores; de guerras entre familias, países e ideologías por falta de amor y perdón.  La gente se pregunta, ¿dónde está Dios en todo este caos?  La respuesta es sencilla: está presente esperando a que podamos reconocer nuestra necesidad de Él y aceptemos que su Hijo pagó por nuestros pecados.  Que no te confundan.  Dios no está alejado.  Tampoco es un Dios que no le interese lo que pasa en tu vida.  Incluso cuando existía el templo y se separaba el lugar santísimo, no significaba que Dios estaba excluido de los demás.  Él siempre te ha amado y siempre te amará.  Sin embargo, debes decidir si vas a reconocer tu naturaleza caída y pedir que Cristo limpie tus pecados y puedas ser perdonado.  Él ahora está como nuestro sacerdote frente a la familia de Dios y a la diestra del Padre.  Cristo ya cumplió su parte y ahora nos corresponde cumplir la nuestra.

Oración

Señor: perdóname.  Entiendo el gran sacrificio que hizo Jesús por mí y sobretodo que yo merecía todo ese sufrimiento.  Te pido que limpies mi vida y que ahora tenga a Jesús como mi sacerdote.  Quiero vivir conforme a tu palabra.  Te pido reines en mi vida.  En el nombre de Jesús.  Amén