jueves, 17 de julio de 2014

1 Pedro 1:6-7

1 Pedro 1:6-7


Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo.  El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego.  Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele.



Como he escrito en otras ocasiones, me encanta ver documentales y programas donde uno aprende cosas nuevas.  Así fue como pude ver cómo se purifica el oro a través de someterlo a temperaturas sumamente altas.  ¿Qué sucede?  Que el oro es más denso que los demás minerales que se encuentran mezclados.  Conforme se calienta y “derrite” los minerales menos pesados comienzan a “flotar”.  Esas son las impurezas que son quitadas para poder quedarse con la mayor cantidad de oro.  Cuando el versículo dice que nuestra fe debe ser acrisolada como el oro, lo que quiere decir es que necesita ser purificada y depurada.  Es necesario que atravesemos distintas pruebas para poder lograr esto.  Piensa por un momento: nadie nace sabiendo hacer todo.  Nadie puede, de un día para otro, ser experto en alguna materia.  Los deportistas profesionales dedican todos sus días a entrenar y prepararse.  Solamente así pueden lograr esos resultados.  Pues ¿Qué podemos esperar de nuestra vida espiritual si no la sometemos a “ejercicios” y entrenamientos para que sea perfeccionada?  Si hoy te encuentras en medio de una situación difícil, no te enojes con Dios, no le reclames, no pienses que lo hicieron para “castigarte”.  Mejor entiende que es un excelente momento para comenzar a crecer espiritualmente y depurar tu fe conforme Dios quiere.  No basta con decir: creo en Dios.  No basta con pensar que eres una buena persona.  ¡Dios no quiere eso!  Dios quiere ¡Tu vida entera!  Sí.  Tu vida entera.  La biblia nos dice que debemos dejar todo, negarnos a nosotros mismos, tomar Su cruz y seguirle.  No es fácil.  Pero es sumamente gratificante y lleno de bendición, amor y paz seguir su camino y obedecer.
El versículo 6 está ligado con los versículos anteriores que hablaban de la herencia incorruptible que Dios nos ha dejado.  Éste es el gran motivo de alegría que tenemos.  Ahora, ¿cómo puede ligar la alegría con las pruebas?  La biblia está llena de pasajes que nos dicen que debemos estar alegres mientras pasamos momentos difíciles.  Por el contrario, allá afuera nos dicen que debemos evitar y “superar” cada adversidad.  Es importante que entendamos la diferencia entre Dios y el hombre.  Alguna vez te has preguntado ¿Y si Dios no quiere que haga esto o aquello?  ¿Y si no quiere que siga trabajando en este lugar?  ¿Y ahora qué parte de mi vida quiere transformar?  ¿Y si Dios decide quitarme la salud, a un ser querido o alguna otra cosa?  Para poder madurar espiritualmente, el centro de atención debe ser Dios y no tú.  Te lo repito.  Es necesario que dejes de pensar todo el tiempo en Ti y pongas primero al Señor.  Cada situación que vivimos puede ser utilizada para gloria de Él.  Está en ti y en mí hacerlo.  Podemos quejarnos.  Podemos molestarnos.  Pero al mismo tiempo, podemos leer pasajes como el de hoy, recordar la perspectiva espiritual y entender que nuestra herencia la tenemos en el cielo, y que las pruebas son para purificar y madurar nuestra fe.  Las pruebas dan testimonio a todos aquellos que nos rodean.  La gente pone atención en cómo respondes a la adversidad.  ¿Amas a Dios?  Tal vez es momento que realmente te entregues y lo pongas en el trono de tu vida para que Él dirija de ahora en adelante.  Es tiempo que pongas tu fe y tu vida a que sea probada y purificada por fuego para que crezcas y te fortalezcas en Él.  ¿Qué vas a decidir?

Oración
Dios Padre: quiero que tomes el trono de mi vida.  Te he limitado y no he querido entregarme por completo pero hoy entiendo que Tú quieres todo mi ser.  Vengo a Ti mi Señor con la rodilla doblada y entregándote mi corazón para que se haga tu voluntad en mí.  Entiendo que las pruebas purifican y fortalecen mi fe, ayúdame a seguirte y no desesperarme, ayúdame a no separarme de Ti y pensar que estaba mejor antes.  Quiero que mi vida te de gloria y que de testimonio de tu gran amor.  Te pido que tenga sabiduría para entender lo que quieres trabajar y transformar de mí.  Gracias mi Señor por amarme y por cuidarme como lo haces.  En el nombre de Jesucristo.  Amén

miércoles, 16 de julio de 2014

1 Pedro 1:10-11

1 Pedro 1:10-11


Los profetas, que anunciaron la gracia reservada para ustedes, estudiaron y observaron esta salvación.  Querían descubrir a qué tiempo y a cuáles circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando testificó de antemano acerca de los sufrimientos de Cristo y de la gloria que vendría después de éstos.



Hoy en día, algunas personas dicen que el antiguo testamento es muy distinto al nuevo testamento.  Cuando Pedro escribe estas palabras, los judíos cuestionaban el evangelio y por ello explica con detalle cómo lo que estaba escrito no tiene diferencia con el evangelio sino al contrario, cumplía con todo lo que se había anunciado.  Por esta razón, resulta de suma importancia que leas y estudies la biblia.  Ojo, no estoy diciendo que lo importante es ser un erudito en ella.  No.  Todo ese conocimiento debe estar de la mano de transformación en tu vida.  De nada sirve conocer y memorizar infinidad de versículos si tu corazón no es renovado.  Necesitamos nacer de nuevo y entregar nuestra vida a Aquél que se entregó por nosotros.  De Él es a quien Pedro se refiere y a quienes los profetas se referían.  Anunciaron una salvación.  Anunciaron que vendría gloria y buenos tiempos.  Pero también anunciaron sufrimientos.  En otras palabras, anunciaron la vida de Jesús.  Nos trajo testimonio.  Sufrió por cada uno de nosotros siendo santo y perfecto, pero lo más importante, es que entendamos que no se quedó en la cruz.  Su sacrificio dio fruto.  Ahora está junto al Padre.  Ahora hay gloria y su sufrimiento nos ha librado de las cadenas del pecado.  Juan 8:32 dice que la verdad nos hará libres.  Cristo es la verdad.  Su vida, su muerte y su resurrección nos han dado la oportunidad de ser libres.  Debes saber también que no todos son libres.  Solamente aquellos que reciben a Jesús y entregan sus vidas a Él.  No lo digo yo.  Lo dice Dios en su palabra.  Hay gente allá afuera diciendo y pensando que todos son hijos de Dios y que todos participan de su gracia.  Si bien, todos tienen la puerta abierta para ser reconciliados por lo que Cristo hizo, solamente aquellos que confiesen Su nombre y lo reciban podrán tomar parte en la comunión con Él.
Los profetas anunciaron la gracia de Dios.  Ellos tenían al Espíritu diciéndoles lo que habría de ocurrir.  Hoy esa gracia está disponible para tu vida.  No conozco lo que estés atravesando en estos momentos.  No sé si ya has recibido o no a Jesús.  Pero si de algo estoy convencido es que Él es el único que puede llevarte por el mejor camino posible.  Él es el único que puede sacarte de esa oscuridad.  Él es el único que puede renovarte y llenarte de su amor y consuelo.  Él es el único que no te va a fallar.  Él es el único que te perdonará y estará siempre con los brazos abiertos esperando tu regreso.  Él ya se entregó por ti.  Él ya sufrió por ti.  Es inimaginable lo que tuvo que sufrir.  Su cuerpo estaba prácticamente irreconocible.  Lo hizo por ti y por mí.  Lo hizo porque nos ama.  Te ama.  Es tiempo de acudir a Aquél que nos ama y quiere lo mejor para nosotros.  Reconcíliate.  Renuévate.  Deja que Dios te guíe conforme a su palabra.

Oración
Señor: gracias por haber mandado a Jesús a morir por mis pecados.  Te pido perdón por todas mis faltas.  Te pido que pueda recibir tu gracia y participar en la salvación que Cristo ofrece.  Te pido que dirijas mi vida.  Te pido que ilumines mi camino.  He tomado malas decisiones y no quiero dar más pasos que no sean conforme a tu voluntad.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

martes, 15 de julio de 2014

1 Pedro 1:12

1 Pedro 1:12


A ellos se les reveló que no se estaban sirviendo a sí mismos, sino que les servían a ustedes.  Hablaban de las cosas que ahora les han anunciado los que les predicaron el evangelio por medio del Espíritu Santo enviado del cielo.  Aun los mismo ángeles anhelan contemplar esas cosas.



Cuando dice a ellos se les reveló, ¿a quién se está refiriendo?  A los profetas que menciona en el versículo 10.  Éstos anunciaron la gracia que nos es ofrecida hoy en día.  Entonces, lo que nos está explicando Pablo, es que estos profetas  estaban anunciando algo que no era para su tiempo sino para el nuestro.  Anunciaron lo que habría de venir y así como lo dijeron, así sucedió.
Hoy estamos acostumbrados a que las cosas funcionen de manera muy peculiar.  Queremos ver y entender los resultados inmediatamente.  Si ves un rato la televisión podrás encontrar infinidad de productos “milagrosos”.  Hazte millonario en muy poco tiempo.  Ten el cuerpo que siempre deseaste en tan solo unos cuantos minutos.  Todo gira alrededor de conseguir un resultado inmediato y con el menor esfuerzo posible.  ¿Y qué tiene que ver esto con el pasaje de hoy?
Debemos aprender que las pruebas que atravesamos, no necesariamente tendrán un resultado inmediato.  Los profetas anunciaron la gracia y no fue para ellos en ese momento sino varios años después tuvo efecto cuando vino Cristo y el Espíritu Santo.  Nosotros queremos que las pruebas se acaben rápido.  Queremos entender el por qué de lo que nos está sucediendo.  Queremos que llegue el aprendizaje y listos para lo que sigue.  ¿Cuánta gente está orando en este momento por salud personal o la de un familiar?  ¿Y si el Señor quiere que sigamos enfermos?  ¿Y si gracias a esa enfermedad creceremos espiritualmente?  ¿Y si gracias a esa enfermedad alguien entrega su vida a Cristo?  ¿Por qué aferrarse tanto a la salud?  ¿Por qué no mejor nos aferramos a servir al Señor y en dar testimonio a los demás de la reconciliación que ofrece Jesús?  No podemos estar viviendo como el mundo nos dicta.  No podemos moldearnos a lo que vemos afuera.  Tenemos que moldearnos a la imagen de Cristo.  Nuestras acciones deben predicar sus principios.  Nuestras palabras deben hablar sus palabras.  Por esta razón, no podemos caer en los errores que los demás caen.  Así como los profetas anunciaban lo que vendría y no se quejaban porque no entendían lo que decían o cuándo exactamente sucedería, nosotros debemos aprender a vivir en obediencia y servicio  a Dios sin esperar entender todo lo que nos sucede.  Imagina qué ilógico sería tener a un profeta quejándose con el Señor porque no vería quién es el Mesías.  Imagina a Juan quejándose por no entender cuándo vendría el Apocalipsis.  Es ilógico.  Pero cuando se trata de nosotros y querer respuestas inmediatas y claras ya nos parece que tiene sentido.  La verdad es que es igual de ilógico exigir lo que solamente el Señor en su soberanía quiere revelar.  Nos quejamos y nos quejamos pero no llegamos a ningún lado.  Por otro lado, puede ser que estás orando sin cesar y te encuentras igualmente estancado.  ¿La razón?  ¡Estamos orando por lo que el mundo busca y no lo que nuestro Señor!  Ora porque tu vida sirva para que otros vengan a Dios.  Ora para que tu vida sea de bendición para los que te rodean.  Ora para que el Señor transforme tu corazón y puedas amar a tu prójimo.  Dejemos de quejarnos y oremos para que seamos utilizados y vehículos de bendición.  Si Dios nos quiere revelar sus planes hoy, ¡Extraordinario!  Si no nos revela nada, ¡Igualmente extraordinario!  Su voluntad es lo mejor en cualquier escenario.  No te desanimes ni desesperes.  Deja de buscar una solución o una explicación.  Deja que el Señor reine y revele conforme a su voluntad y obedezcamos mientras esperamos a ser llamados.

Oración
Dios Padre: tu palabra es increíble y llena de bendición.  Te doy gracias por revelarme lo que es importante y ayudarme a discernir entre aquello que me ayudar a crecer espiritualmente y lo que no.  Perdóname por cuestionar tus planes y estar demandando una explicación a lo que me sucede.  Hoy entiendo que debo entregarme incondicionalmente a Ti y confiar en tu amor y tu voluntad por encima de todo.  Gracias Señor.  En Cristo Jesús.  Amén

lunes, 14 de julio de 2014

Mateo 28:5-7

Mateo 28:5-7


El ángel dijo a las mujeres: no tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado.  No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo.  Vengan a ver el lugar donde lo pusieron.  Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea.  Allí lo verán.  Ahora ya lo saben.




Jesús había anunciado que moriría y que resucitaría al tercer día.  No era una parábola ni hablaba con metáforas.  Era simple.  Voy a morir pero resucitaré al tercer día.  Los discípulos lo escucharon varias veces.  Las dos Marías que fueron al sepulcro también habían escuchado estas palabras.  Sin embargo, no penetraron lo suficiente para poder entender lo que sucedería.  Tristemente así nos pasa hoy en día.  Escuchamos del Señor.  Vemos una luz que nos da nuevas esperanzas.  Oímos palabras de aliento del evangelio y queremos empezar de nuevo.  De repente las pruebas llegan y se nos olvida todo aquello que habíamos escuchado.  No estoy juzgando ni criticando.  No es fácil.  ¿Quién había visto que alguien resucitara de los muertos?  ¡Nadie!  Igualmente, nunca has experimentado los milagros del Señor en tu vida.  Por eso, la relación entre Dios y tú se desarrolla a través de un factor importantísimo: fe.  Solamente a través de la fe puedes dar el primer paso en dirección correcta, confiado y esperanzado que Él se encargará de hacer el resto.  Confiado que Él ha vencido a la muerte.  Confiado que Él te ama y ha muerto por ti.  Confiado que Él quiere tener comunión diaria contigo.  Confiado que Él solamente quiere lo mejor para ti.  Fe.  Esperanza y certeza de lo incierto que se vuelve cierto a través del Señor.
“No está aquí” les dice el ángel.  ¡Por supuesto que no estaba ahí!  Ya les había dicho que resucitaría.  Pero a veces tardamos en digerir y vivir la palabra del Señor.  Jesús va a cumplir con sus promesas tal y como lo cumplió al morir por nosotros.  Ahora la responsabilidad está de tu lado.  ¿Qué vas a hacer con lo que te ofrece Cristo?  Él fue crucificado para que todos aquellos que proclamemos su nombre seamos justificados y podamos estar a su lado en el cielo.  En cambio, los que quieren seguir por su cuenta y siguen pensando que “no están tan mal”, tristemente la biblia nos dice que serán juzgados y serán enviados al infierno.  Sí.  El infierno existe al igual que el cielo.  No, no todos van al cielo.  Si todos fueran al cielo, ¿qué sentido tuvo el sacrificio de Jesús?
“Pues ha resucitado”  no se trata de un cuento o novela.  No es una historia que inventaron hace más de 2000 años.  Es la narración de un hecho.  Jesús fue crucificado y murió.  Al tercer día fue levantado de los muertos y llevado a la diestra del Padre.  El ángel quitó la piedra para que pudieran ver que Jesús no estaba allí y no para que pudiera salir.  Si alguna vez te cuestionas sobre tu fe en Cristo y piensas que todos los caminos llevan al mismo dios, recuerda este pasaje y pregúntate quién más ha resucitado.  ¿Quién más que Jesús ha vencido a la muerte?  Ahora, esto trae una responsabilidad importantísima y son las últimas palabras del ángel: vayan pronto y digan a los discípulos: Él se ha levantado de entre los muertos.  Debemos llevar el evangelio a los demás.  No para promover una religión.  No para promover una institución.  No para que algunos se enriquezcan.  No.  Para permitir que más personas reconozcan a Jesús y puedan ser santificadas por Su sangre y puedan comenzar una nueva vida en Él; para que puedan ser perdonados de sus pecados y al morir estar con el Señor en el cielo.  Esto es lo que recordamos el día de ayer.  Espero lo entiendas y lleves el mensaje a cada persona que cruce en tu camino diario.

Oración
Señor: he escuchado tu palabra y no la he querido vivir.  Las pruebas me abruman y me hacen pensar que Tú no estás.  Hoy entiendo que me amas y nunca me has abandonado.  Hoy entiendo que debo tener fe y que Tú estás al cuidado de mí.  Gracias por el sacrificio de Jesús.  Entiendo lo que hizo por mí y te pido que me santifiques y pueda ser perdonado pues quiero estar en comunión contigo.  Te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón por mi rebeldía.  Hoy quiero empezar de nuevo.  Gracias por recordarme que Jesús vino por mí, murió en la cruz y se levantó de los muertos para cumplir lo que estaba escrito en tu palabra.  Gracias en el nombre de Jesús.  Amén 

domingo, 13 de julio de 2014

1Pedro 1:13

1Pedro 1:13


Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo.



Una persona que tiene problemas de adicción no va a cambiar de un día a otro por conocer y aceptar a Jesús.  Una persona que está acostumbrada a engañar a su pareja se encontrará en la misma situación.  Si tienes un gran amor al dinero y lo material, el hecho de conocer a Jesús no hará que de un momento a otro todo cambie.  Tristemente he escuchado a pastores predicando un evangelio milagroso en el que, “por arte de magia” todo se resuelve.  Mentira.  Si esto fuera verdad no tendríamos versículos como el de hoy.  No habría necesidad por parte del Señor de darnos instrucciones y guiarnos pues todo lo que hiciéramos sería correcto y conforme a su voluntad.  Ahora, la biblia dice que nacemos de nuevo, que somos una nueva criatura y que todo es hecho nuevo.  Todo esto sucede cuando Cristo se vuelve rey de nuestra vida.  Cierto.  La diferencia es que dichos cambios se realizan en el ámbito espiritual y no en el carnal.  Debemos entender que ahora nos enfrentamos a una lucha entre nuestra carne y nuestro espíritu.  Aquí es donde aparecen la inteligencia y el dominio propio del versículo 13.  A través del espíritu, se nos revelan cosas que antes no entendíamos.  A través del espíritu, podemos ver y entender que los principios de Dios son mejores que nuestros principios.  A través del espíritu podemos darnos cuenta de cómo nuestra carne nos ha metido en tantos problemas.  Y finalmente, a través del espíritu entendemos que la felicidad y el placer de la carne son pasajeras mientras la paz y gozo que ofrece Dios es infinita.
Inteligencia y dominio propio.  Van de la mano.  Si no puedes discernir con inteligencia entre lo bueno y lo malo ¿De qué sirve tener control de las acciones de uno?  ¡De nada!  Por el contrario, nuestra inteligencia debe ir creciendo y madurando.  Así, conforme nuestra vida presenta distintos escenario, sabremos que el domino propio debe entrar en acción.  ¿Qué quiere decir dominio propio?  Significa tener un buen juicio.  Significa no dar rienda suelta a tus “instintos” o deseos.  Significa controlar tu cuerpo, tu mente y tu corazón.  Un gran ejemplo de dominio propio lo encontramos en Daniel.  Rechazó comer de lo que el rey comía.  ¿Lo puedes creer?  Algo que jamás podríamos imaginar en su grandeza, David lo rechazó.  ¿Qué más hizo?  No hizo reverencia a una estatua sabiendo que sería echado a un horno de fuego.  No termina ahí.  Caminó hacia ese horno de fuego sin saber que el Señor lo rescataría.  ¿Quieres más?  Nuevamente rechazó lo que el rey ordenaba y fue echado al foso de los leones.  Todas estas acciones involucran dominio propio.  ¿Por qué?  ¡Porque la carne nos dice que hagamos lo contrario!  Estoy seguro que la carne de Daniel decía: ¡come del banquete del rey!  ¡No seas tonto Daniel y vamos a disfrutar!  Estoy convencido que su carne decía: inclínate a esa estatua y ora con las ventanas cerradas, nadie se va a dar cuenta y te vas a evitar muchos problemas.  Su vida estaba en juego y prefirió controlar su carne para que el Espíritu reinara.  ¿Lo puedes ver?  ¡Así también nuestra carne nos grita y trata de convencer!  Por esta razón, los ejemplos que escribí al principio no cambiarán de un instante a otro.  Ahora sus ojos están abiertos.  Ahora no son esclavos de esas adicciones.  Pero también, ahora tenemos que decidir con inteligencia y ejercer el dominio propio cuando la carne comience a gritar y a querer confundirnos sobre aquello que es bueno.  La carne hará todo lo posible por convencerte que tu adicción no es tan mala.  Te hará recordar los “buenos momentos” que has pasado.  Te confundirá al decirte que seas infiel y que nadie se dará cuenta.  Te susurrará al oído para recordarte cuánto gozo te han dado tus bienes materiales.  ¡Esta es la lucha que día a día atravesamos!  En distintas formas pero todo se reduce a una: la carne luchando contra el espíritu.  ¿Qué vas a hacer?  Es momento de decidir.  No hay medias tintas.  Es frío o caliente.  Personalmente he visto los resultados de mis “instintos” y deseos.  Prefiero luchar por el espíritu.  Por eso escribo hoy.  Para compartirte mi experiencia y animarte a escoger diferente.  Decirte que hay un mejor camino que es el de Jesús.  Decide por Él.

Oración
Señor: perdóname.  Te he fallado.  He dejado que mi cuerpo reine.  He permitido que mis deseos se apoderen de mí y pensaba que tenía el control.  Hoy entiendo que no es así.  Quiero aprender a vivir por el espíritu.  Quiero aprender y desarrollar el dominio sobre mi carne.  Quiero aprender a discernir entre tus principios y mis deseos.  Renuévame mi Señor.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

sábado, 12 de julio de 2014

NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE – Mateo 4:4
Mateo 4 vs 4

Jesús le respondió: Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

La palabra de Dios es esencial en la vida de alguien que dice ser un seguidor de Cristo, porque en primer lugar la Biblia nos enseña cómo ser un cristiano y luego nos enseña a seguir a Jesús en nuestra vida diaria.

La palabra de Dios fue importante en la vida de Jesús. Lo sostuvo y le ayudó en los momentos de tentación.

Tenemos que entender que la palabra de Dios es nuestro sustento. Vivimos de toda palabra que sale de la boca de Dios. Es la palabra de Dios que nos da la fuerza para enfrentar las realidades y dificultades de la vida. Por lo tanto, debemos prestar mucha atención a lo que el Señor nos está diciendo. Tenemos que vivir por la palabra de Dios, de lo contrario vamos a perecer, como está escrito en Oseas 4:6 “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento.”

La palabra de Dios da estabilidad a nuestras vidas. Jesús dijo que quien escucha Sus palabras y las obedece es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.  Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Cuando construimos nuestras vidas sobre la palabra de Dios podemos enfrentar cualquier tormenta y seguir siendo fuerte y estable. (Mateo 7:24-27)

La palabra de Dios nos da una seguridad y una garantía de cumplimiento. Jesús dijo que incluso si el cielo y la tierra pasarán, Sus palabras nunca pasarán. Dios no es hombre para que mienta, o cambia Su mente. Podemos confiar en Sus promesas con la plena seguridad de que Él cumplirá lo que ha prometido. Abraham tenía una fe firme e inquebrantable en las promesas de Dios, incluso en situaciones desesperadas. (Marcos 13:31; Números 23:19; Romanos 4:18-21)

El Señor nos habla a través de Sus siervos y profetas en la Biblia y confirma y cumple lo que Él ha hablado a través de ellos. El Señor estuvo con Samuel y confirmó todo lo que le había dicho. Por lo tanto, debemos esperar la confirmación y el cumplimiento de lo que el Señor nos ha hablado por medio de Sus siervos. (Isaías 44:25-26, 2 Crónicas 20:20; 1 Samuel 3:19)

La palabra de Dios nos libra del peligro y la destrucción. El Señor envía Su palabra en tiempos de crisis y desesperación y nos sana y nos libera de la tumba. La palabra de Dios no volverá a Él vacía, sino que hará lo que Él desea y cumplirá con Sus propósitos. Por lo tanto, debemos recibir la palabra del Señor y obedecerla y seremos liberados de la condenación eterna. (Salmo 107:20, Isaías 55:11)

La palabra de Dios nos estimula e inspira nuestra fe. La fe viene por el oír la palabra de Dios. La palabra de Dios trae claridad y comprensión en los momentos de perplejidad y confusión. La palabra de Dios trae un mensaje de paz. Por lo tanto debemos llenar nuestros corazones con la palabra de Dios que nos dará fe y revelación. No debemos ser fácilmente perturbados por las diversas voces de miedo y desesperación que quizás nos rodean. Debemos centrar nuestra atención en la palabra del Señor. (Romanos 10:17; Salmos 119:130, Hebreos 13:5-6; Filipenses 4:6-7)

La palabra de Dios nos da consuelo y tranquilidad en momentos de dolor y angustia. Nos da descanso y paz dentro de nuestro corazón. Nos da la esperanza y seguridad de la presencia y asistencia de Dios. Este es un gran consuelo y fuente de sanación para nuestros corazones rotos. Por lo tanto debemos buscar nuestro alivio y consuelo de la Palabra de Dios en tiempos de angustia y dolor. (Salmos 119:49-50; Salmos 85:8; Isaías 41:13)

Deuteronomio 6:6 – nos dice: “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón.” Y el Salmo 119:11: “Yo he guardado tus dichos en mi corazón. . .” La Biblia también compara la Palabra de Dios a una espada. Hebreo 4:12: “La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

Las personas necesitan más que pan para vivir, hay que alimentarse de toda palabra de Dios, ya que nos ayuda en los momentos de necesidad, nos transforma y nos da la comprensión y el aseguramiento de la vida eterna donde tendremos “el derecho a comer del árbol de la vida, que está en medio del paraíso de Dios.” (Apocalipsis 2:7)

viernes, 11 de julio de 2014

Las tentaciones de Jesús en el desierto

Las tentaciones de Jesús
en el desierto

(Mt 4,1-11)


En aquel tiempo, el Espíritu llevó a Jesús al desierto, para que el diablo lo pusiera a prueba. 2 Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre. 3 El tentador se acercó entonces y le dijo:

-Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.

4Jesús le respondió:

Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

5 Después el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6 y le dijo:

Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dará órdenes a sus ángeles para que te lleven en brazos, de modo que tu pie no tropiece en piedra alguna.

7 Jesús le dijo:

También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.

8 De nuevo lo llevó consigo el diablo a un monte muy alto, le mostró todos los reinos del mundo con su gloria 9 y le dijo:

-Todo esto te daré si te postras y me adoras.

10 Entonces Jesús le dijo:

Márchate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y sólo a él le darás culto.

11 Entonces el diablo se alejó de él, y unos ángeles se acercaron y le servían.




Ya había sido consagrado de manera solemne por el Padre, en el Jordán (cf. 3,16ss), cuando «el Espíritu llevó a Jesús al desierto», última etapa de su preparación para el ministerio de su vida pública. Los cuarenta días de desierto fueron, en efecto, una etapa de intenso retiro, en la que el Apóstol-Hijo nos brindó una prueba paradigmática de su firme determinación de no alejarse lo más mínimo de la trayectoria apostólica que le había sido trazada por el Padre. Jesús se revela en el desierto como el modelo supremo de consagración y de fidelidad al Padre, como el ser obediente por excelencia.

Jesús rechaza las tres tentaciones diabólicas emplean-do tres pasajes de la sabiduría del libro del Deuteronomio (cf. Dt 8,3; 6,16; 6,13). Existe una clara contraposición entre la actitud de Jesús en sus cuarenta días de desierto y el comportamiento de los israelitas en los cuarenta años que pasaron en el mismo lugar. Jesús, superando perfectamente todo tipo de tentación, se transforma en el israelita auténtico, que anula la desobediencia del Israel rebelde y reconstruye en positivo la historia del Israel de Dios. Jesús es asimismo el nuevo Adán que, siempre obediente al Padre, redime el pecado del viejo Adán y abre un camino de luz para toda la humanidad (cf. Rom 5,19).

En la etapa del desierto, como durante toda su vida y también en la cruz, Jesús permaneció fiel a su programa: vivir de toda palabra que sale de la boca del Padre (cf. Mt 4,4; Jn 4,34).