miércoles, 6 de noviembre de 2013

Un buen soldado

Un buen soldado

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.

2 Timoteo 2:3

Valor, convicción e integridad son virtudes respetables desde un punto de vista secular, pero es necesario que se manifiesten en la vida de todos los cristianos. Es que el nombre "cristiano" nos identifica con Cristo, que nunca transigió ni se apartó de la verdad. Él es el ejemplo perfecto de integridad valerosa.

Es lógico entonces que se nos llame a ser estables y a estar firmes como Cristo y a no dudar (Stg. 1:6). Exhortaciones a estar firmes (Ef. 6:11, 13-14) y ser fuertes (1 Co. 16:13; 2 Ti. 2:1) confirman que hemos de ser valerosos y intransigentes al vivir para Jesucristo.

Casi todos deseamos verdaderamente estar firmes y no tropezar en nuestro andar con Cristo. Ninguno de nosotros quiere ser aplastado bajo el peso de las pruebas de la vida ni ser derrotado por el ataque furioso del mundo, de la carne y de Satanás. Pero debemos comprender que permanecer firmes y ser fuertes no es fácil porque libramos una lucha espiritual (2 Ti. 2:3-4). Tenemos que estar preparados para sufrir "penalidades" a lo largo del camino como buenos soldados de la fe.                 Resolver la discordia

Estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio.

Filipenses 1:27

La estabilidad espiritual depende del amor mutuo, la armonía y la paz entre los creyentes. Nuestra vida debe estar entretejida para que podamos soportarnos y sustentarnos los unos a los otros.

En el versículo de hoy, leemos que Pablo quería que hubiera esa clase de armonía en la iglesia de Filipos, pero en su lugar había una gran desavenencia entre dos mujeres que amenazaban la vida de la iglesia. Pablo procuraba que no se extendieran por toda la iglesia pecados como la parcialidad, la crítica, la amargura, la falta de perdón y el orgullo.

A fin de evitar tales problemas, es necesario que los creyentes velen y oren los unos por los otros. El amor mutuo produce la armonía que lleva a la estabilidad espiritual y que muestra lo que ha de hacer la iglesia: ayudar a los débiles, levantar a los caídos y restaurar a los quebrantados.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Hay que reconocer la trampa

Hay que reconocer la trampa

Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

Santiago 1:14

La tentación no viene de Dios, sino de adentro. El vocablo tentado se empleaba en contextos de cacería para describir animales que se atraen a las trampas, y se emplea seducido para describir pescar con una carnada. Toda persona es tentada cuando la trampa del pecado tiene una carnada que apela a su lujuria. La lujuria de una persona que responde a la seducción de la trampa la atrae engañosamente hasta el punto que es atrapada.

¿Qué nos impulsa tanto hacia la carnada? No es Dios. Y tampoco lo son Satanás, ni sus demonios, ni el sistema malvado del mundo el que nos seduce para que mordamos el anzuelo. Es nuestra naturaleza lujuriosa la que nos impulsa a morderlo. Nuestra carne, nuestra naturaleza caída, tiene un deseo de lo malo.

Desde una perspectiva espiritual, el problema es que, aunque hemos sido redimidos y hemos recibido una nueva naturaleza, tenemos todavía un enemigo dentro. La pasión interior de la carne, no Dios, es la culpable de que seamos tentados a pecar.                         El nacimiento del pecado

Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Santiago 1:15

La mayoría de las personas piensan que el pecado es un acto o comportamiento individual. Pero el versículo de hoy dice que el pecado no es un acto; es el resultado de un proceso.

El pecado comienza con deseo, que está relacionado con la emoción. Comienza cuando usted desea sentirse satisfecho al adquirir algo, cuando tiene un anhelo emotivo de poseer algo que ve. Entonces la tentación afecta su mente mediante el engaño. Usted comienza a justificar su derecho a tener lo que desea. Su mente es engañada al creer que la satisfacción de sus deseos satisfará sus necesidades.

Acto seguido, su voluntad comienza a planificar cómo va a obtener lo que quiere, y cuando la lujuria es seducida (como quien dice) por la carnada, queda preñada en el vientre de la voluntad de una persona. Por último, ocurre el acto del pecado.

El saber cómo nace el pecado debiera ayudarlo a huir de la tentación.

jueves, 31 de octubre de 2013

La miopía espiritual

La miopía espiritual

LUCAS 16.19-31

En Lucas 16, Jesús cuenta la historia de un hombre rico que vivió para sí mismo sin tomar en cuenta a Dios. Después de morir, experimentó la consecuencia de su decisión —su separación eterna del Señor.

Jesús lo describe como alguien que vivía rodeado de lujos (v. 19), proveyendo para sí lo mejor que el dinero podía comprar, pero dando poco al pobre que estaba a su puerta. Es importante entender que este hombre no fue juzgado severamente por Dios por su riqueza. Él no se opone a nuestro éxito. Ni tampoco quedó separado del Señor por su falta de caridad hacia los demás. No hacía daño deliberadamente a otros, sino que no notaba a quienes padecían necesidades por estar concentrado solamente en sí mismo.

El error del hombre rico fue que hacía toda clase de provisión para su cuerpo, pero ninguna para su alma. Nuestra cultura practica un estilo de vida parecido. Adquirir riquezas materiales y la satisfacción propia, son la búsqueda principal de muchos en nuestro mundo. Lograr lo que uno quiere parece ser el objetivo, ya sea luchando para llegar a fin de mes, o teniendo la cuenta bancaria rebosante.

La Biblia dice que fuimos creados para relacionarnos con el Padre mediante la fe en su Hijo. El hombre rico ignoró a Dios y pagó el precio final. Nuestro destino eterno depende de la decisión que tomemos en cuanto a Cristo.

Quien acepta el regalo de la salvación de Cristo, vivirá eternamente con Él en el cielo. Quienes rechacen a Dios sufrirán la eternidad separados de Dios. Si usted conoce a personas que son miopes espirituales, ore por ellas para que pongan su fe en Cristo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Un golpe mortal a los deseos pecaminosos

Un golpe mortal a los deseos pecaminosos

Amados hermanos míos, no erréis.

Santiago 1:16

¿En qué punto se enfrenta usted al pecado? No en el punto de la conducta, porque entonces es demasiado tarde, sino en el punto del deseo. La persona que puede dominar sus reacciones emocionales puede enfrentarse con el pecado. Cuando se le está bombardeando con reacciones emocionales negativas, una persona con una mente santificada puede desactivar los deseos antes que ellos sean activados por la voluntad. Pero una vez que dominan la voluntad, su nacimiento es inevitable.

Tiene que enfrentarse a las emociones lujuriosas si quiere enfrentarse con éxito al pecado en su vida. Si expone sus emociones al anzuelo, puede quedar atrapado a menos que tome medidas inmediatas.                 La prevención del deseo

Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

2 Corintios 10:4-5

Hay muchas cosas en nuestra corrompida sociedad que tratan de captar nuestra atención: el cine, la televisión, los libros, la música, la ropa, los anuncios, y ahora la Internet; todo está diseñado para captar las emociones. Por ejemplo, los expertos en publicidad saben que comprar es en definitiva una decisión emocional. Pocas personas conocen el funcionamiento mecánico del automóvil que se anuncia, y ni se interesan en eso; pero les impresiona si se parece a un auto de carrera, si hay una linda muchacha detrás del volante, o si hay otras carnadas emotivas incluidas en el anuncio.

Tenemos que cuidar nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. Tenemos que buscar la voluntad de Dios meditando en su Palabra y permitiendo que su voluntad sea la nuestra. Una mente indefensa, no controlada y obstinada va a llenarse de malos deseos que resultarán en malas acciones. Debemos controlar cómo reaccionan nuestras emociones y nuestra mente ante el anzuelo tentador con el que se encuentran.

lunes, 28 de octubre de 2013

La influencia de las relaciones correctas

La influencia de las relaciones correctas

ÉXODO 17.8-13

El Señor diseñó el plan para su vida antes de la fundación del mundo, y cada día le guía por el camino marcado con su nombre. Él nunca tuvo la intención de que usted caminara solo. Los seres humanos fueron creados para relacionarse entre sí. Por eso, quiero decirle con toda seguridad que el mismo Dios le ayudará. Pero, además, Él da también hermanos en la fe para que sean nuestros alentadores, mentores, amigos y colaboradores.

No hay un solo personaje de la Biblia para quien la búsqueda de Dios fue una aventura en solitario. Pensemos en Moisés, por ejemplo, el héroe humano de la liberación de Israel, el receptor de los Diez Mandamientos, y el líder de los israelitas durante su largo viaje hacia la Tierra Prometida. Suena como una operación dirigida por un solo hombre, pero Moisés tenía una red de amigos y parientes que le daban sabios consejos y la ayuda necesaria. Él confiaba en Aarón y Josué, en particular.

Para la batalla contra Amalec, Dios diseñó una estrategia que involucró a los tres hombres. Moisés envió a Josué a liderar el ejército, mientras que él mantenía levantada su vara en honor al Señor quien les había prometido la victoria. Cuando la resistencia de Moisés flaqueaba, Aarón y Hur sostenían sus brazos en alto, dándole fuerzas para apoyar su misión. ¡Qué hermoso símbolo de amistad verdadera!

La autosuficiencia no es el propósito de Dios para sus hijos. Un grupo de personas bien conectadas puede hacer mucho más que un hombre o una mujer actuando solos. Moisés lo demostró. Fue un líder sabio y formidable, debido en parte al apoyo y el consejo de amigos leales.

domingo, 27 de octubre de 2013

La muerte al yo personal

La muerte al yo personal

MATEO 16.24-26

Jesucristo fue obediente hasta la muerte (Fil 2.8). Aunque algunos cristianos hoy pueden ser llamados a dar su vida para la gloria de Dios, la mayoría de nosotros no enfrentamos ese martirio. Sin embargo, la muerte que se nos pide no es menos real. Morimos al yo personal.

Los seres humanos queremos que las cosas se hagan a nuestra manera, en nuestro momento, y en nuestros términos. Pero Jesús dijo que cualquiera que quiera seguirlo debe negarse a sí mismo (Mt 16.24a). Eso cubre, por supuesto, cuestiones obvias como los hábitos pecaminosos y los malos pensamientos. Pero también significa que a veces rechazamos cosas buenas porque llegan en el momento equivocado o no encajan en el plan de Dios.

Para un no creyente, el compromiso de los cristianos de obedecer debe parecer extraño, especialmente cuando las manos vacías escogen llevar una cruz (v. 24b). A veces, seguir al Señor implica sufrimiento. Lo que los no creyentes no pueden ver ni experimentar, es la profunda satisfacción que tenemos los cristianos cuando hacemos lo correcto. Jesús dijo una vez: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Jn 4.34). Lo que el alimento es para el cuerpo, lo es la obediencia para el alma y el espíritu. Trabajar para Dios nutre, vigoriza, fortalece e ilumina, dándonos más satisfacción que los placeres.

Aunque la autonegación duele, obedecer a Dios produce gozo. Los creyentes que escogen la sumisión a Él entienden lo que quiero decir. El contentamiento se encuentra en la cercanía al Señor, sentir su aprobación, y esperar escuchar: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! (Mt 25.21 NVI).

sábado, 26 de octubre de 2013

Obediencia o preferencia

¿Obediencia o preferencia?

MATEO 26.36-42

Todo creyente debe decidir si va a regirse por el principio de la obediencia, o a seguir sus preferencias. Cuando una persona se compromete a hacer la voluntad del Señor, filtra cada situación y decisión a través de la norma de: “Dios lo dijo, y por eso lo haré —y punto”. Podrá quejarse, llorar, o tratar de argumentar. Pero al final será obediente al Señor, pase lo que pase.

Recuerdo la vez que fui invitado a tener una entrevista con una iglesia en la ciudad de Atlanta. Durante el viaje por carretera, le dije al Señor que yo no quería mudarme. Me quejé todo el camino, pero yo sabía que Atlanta sería mi nuevo hogar. No me gustaba la idea, pero la alternativa era inimaginable: hay pocas cosas más desagradables que vivir con la persistente ansiedad de haber desaprovechado algo bueno.

El Señor comprende totalmente nuestra necesidad de poner objeciones, gritar y pedirle fuerzas para hacer lo que Él pide. Pero Hebreos 4.15 nos dice que tenemos un sumo sacerdote que puede compadecerse de nosotros. Jesús no estaba entusiasmado ni feliz por la cruz. Le afligía su futura separación del Padre. No obstante, se consagró a obedecer la voluntad de Dios (Mt 26.39). Nadie le quitó la vida a Cristo; Él la entregó voluntariamente (Jn 10.18).

Nuestras vidas deben cumplir con el propósito de Dios. Muchas personas se pierden su plan maravilloso para ellas, porque deciden seguir sus propias preferencias. La obediencia es difícil, pero la lucha y el sacrificio valen la pena. Hay gozo y paz para el que vive de acuerdo con los preceptos de Dios.