jueves, 22 de noviembre de 2012

Lo que Dios hizo en Jesús


Lo que Dios hizo en Jesús

Como ya hemos visto, en el principio Dios creó al ser humano. Casi de inmediato, el ser humano cayó en rebelión. Luego, después de miles de años de preparación, en el momento preciso, Dios hizo que saliera embarazada una joven virgen llamada María, quien estaba comprometida con un carpintero llamado José. El hijo que nació de ella era el propio Hijo de Dios.
Siendo joven, Jesús trabajó en la carpintería de su padre. Aunque se enfrentó a las tentaciones a las que nos enfrentamos todos, creció sin pecado alguno.
Cuando tenía alrededor de treinta años de edad, dejó su oficio para comenzar a proclamar el mensaje del Reino de su Padre celestial. Decenas de miles lo siguieron, un gran número fueron sanados, e incluso hubo muertos que fueron resucitados.
Los líderes religiosos y del gobierno lo consideraron una amenaza. Por eso, colaboraron para disponer su muerte, basados en falsas acusaciones. Jesús fue traicionado, arrestado, juzgado, azotado y clavado a una cruz. Su sentencia de muerte por crucifixión era la destinada a los criminales comunes. Él no se defendió, sino que fue voluntariamente, aunque habría podido llamar a un inmenso número de ángeles para que lo rescataran. En palabras del profeta Isaías, fue como el cordero que va al matadero. Y murió.
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En la cruz, Jesús dijo: “Todo se ha cumplido”. Éste es el punto más dramático de toda la historia, porque Jesús no se estaba refiriendo sólo a su vida, sino también al problema del pecado. Él se había convertido en el remedio de Dios. Gracias a su obediencia, había satisfecho la exigencia de Dios como “el sacrificio perfecto por el pecado”. Por eso el cristianismo, despojado de la cruz, no es cristianismo.
Jesús fue puesto en la sepultura de un influyente líder judío. Sellaron la tumba. Tres días más tarde, para perplejidad hasta de sus seguidores más cercanos, resucitó de entre los muertos. Sus discípulos encontraron la tumba vacía, y se sintieron sacudidos hasta lo más profundo de su ser.
Pero Jesús se les apareció a ellos, y después a centenares más. Los consoló y tranquilizó, afirmándoles que aquellos increíbles sucesos habían estado en el centro mismo de los propósitos de Dios.
Después de cuarenta días, subió al cielo, donde se reunió con Dios, su Padre. Entonces el Padre le concedió a su Hijo el honor más alto y supremo de ser cabeza de todo lo que hay en la tierra y en los cielos. Así, Jesús fue hecho tanto Señor como Cristo, posiciones que sigue teniendo hoy. “Señor” se refiere a dominio. “Cristo” se refiere a su capacidad para salvar. Él, y sólo Él, se convirtió en el Salvador de la humanidad.
Desde su lugar de autoridad, Jesús nos invita a convertirnos en seguidores suyos; en nuevas criaturas.
¿Quién puede decir que esto no es algo totalmente asombroso? No estoy seguro de que la mente humana lo pueda captar por completo. ¿Qué clase de amor es éste, el que un padre sacrifique a su único hijo? Sin embargo, esto sucedió, y muy literalmente, por una razón central y majestuosa: para que usted y yo podamos restablecer la clase de relación personal con Dios que Él quería que existiera desde el principio. Él fue quien hizo posible que volviéramos a casa. Así se convirtió en la respuesta a la pregunta más importante de la vida.
Ese proceso —la forma en que llegamos espiritualmente a casa— es lo que ahora queremos mirar más de cerca. Es la consumación y la razón de ser de nuestro viaje.

martes, 20 de noviembre de 2012

El control soberano


El control soberano

Elegidos según la presciencia de Dios.

1 Pedro 1:2

A través de los años, las teologías arminianas y calvinistas han estado en polos opuestos. La teología reformada tradicional, que llamamos calvinismo, subraya la soberanía de Dios, pero la teología arminiana en realidad subraya la soberanía del hombre. Enseña que Dios es útil al dar ayuda espiritual, pero que uno tiene que encontrarla en sí mismo para ir a Cristo, perseverar en la fe, alcanzar metas espirituales y obtener victorias espirituales.

¿Qué resulta de esa clase de teología? Una persona puede decir que confía en Cristo, pero en realidad confía en sí misma. Eso muestra la creencia de que el poder para escoger la salvación, o perderla por el fracaso espiritual, pertenece a la persona. Suponga que usted creyera que tenía esa clase de poder. ¿Puede imaginarse lo que sería enfrentarse a la muerte y preguntarse si no pudiera entrar en el cielo porque había cometido muchísimos pecados? Esa incertidumbre causará ansiedad, no seguridad.

Confiar plenamente en Dios requiere conocimiento de su gracia soberana: Que una persona es escogida, redimida, mantenida y glorificada por Dios, que es el iniciador.   Reaccione ante los problemas con acción de gracias

Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

Filipenses 4:6

En vez de orar a Dios con duda o descontento, el creyente ha de acercarse a Dios con un espíritu de acción de gracias. Por eso Dios prometió que nada en nuestra vida será demasiado para que lo soportemos (1 Co. 10:13). Él ha prometido hacer que todo obre para nuestro bien (Ro. 8:28), y "perfeccionarnos, afirmarnos, fortalecernos y establecernos" en medio de nuestro sufrimiento (1 P. 5:10).

Todas las dificultades están dentro del propósito de Dios, de modo que podemos darle gracias por su poder y sus promesas. Pedro dijo que echemos "toda [nuestra] ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de [nosotros]" (1 P. 5:7). Al hacerlo, hemos de ser agradecidos por su providencia, su promesa de perfeccionarnos, la gloria que Él recibirá del cumplimiento de su voluntad, y por las pasadas misericordias que son la promesa de bendiciones futuras.   La paz celestial

La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento.

Filipenses 4:7

El versículo de hoy promete calma o tranquilidad interior al creyente que ora con una actitud agradecida. Observe que no promete cuál será la respuesta a nuestras oraciones.

Esa paz "sobrepasa todo entendimiento", lo cual se refiere a su origen divino. Trasciende el intelecto, el análisis y la agudeza de los seres humanos. Ningún consejero humano puede dársela a usted porque es un don de Dios.

El verdadero reto de la vida cristiana no es eliminar toda circunstancia desagradable de su vida, sino confiar en el infinito, santo, soberano y poderoso Dios en medio de toda situación.

Jesús dij "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (Jn. 16:33). Así que comience a vivir en el plano sobrenatural, reconozca que vive en un mundo caído, y permita que Dios haga su obra perfecta en usted. Y Dios le dará su paz cuando se entregue confiado en sus manos.  La protección de la paz

La paz de Dios... guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:7

El versículo de hoy se refiere a la paz de Dios que protege nuestro corazón y nuestros pensamientos. "Guardará" es un término militar que significa "seguir observando". Los creyentes de Filipos vivían en una ciudad fortificada donde estaban los soldados romanos para proteger los intereses del imperio en aquella parte del mundo. De igual manera, la paz de Dios nos protege de la ansiedad, la duda, el temor y la angustia.

El creyente que no vive en la confianza de la soberanía de Dios carecerá de su paz y quedará en el caos de un corazón atribulado. Pero nuestra segura confianza en el Señor nos permitirá darle gracias en medio de las pruebas porque tenemos la paz de Dios que protege nuestro corazón y nuestra mente.

Cuando Pablo se refiere a nuestro corazón y nuestros pensamientos, no hace distinción alguna entre ellos. Es una declaración amplia que describe todo el ser interior de la persona. Gracias a nuestra unión con Cristo, Él protege con su paz todo nuestro ser. Y eso es lo que nos ayuda a ser espiritualmente estables.

lunes, 19 de noviembre de 2012

El Remedio


El Remedio

Nuestro viaje da ahora un salto en el tiempo. Encontramos el relato en el Nuevo Testamento.

Nació un profeta incomparable llamado Juan. Éste, Juan el Bautista, llamó al pueblo a arrepentirse, o a cambiar su forma de vivir, y a recibir el perdón de sus pecados. Miles de personas respondieron y fueron bautizadas como evidencia de que se habían apartado de su manera profana de vivir.

Juan vino para prepararle el camino a Aquél que traería consigo la restauración plena. Él llevó al pueblo tan lejos como pudo. Pero afirmó con toda claridad que, por iniciativa divina, lo seguiría otro que iría a la raíz del problema: la misma naturaleza pecaminosa.

Cuando las personas se arrepentían de sus pecados como respuesta a la predicación de Juan el Bautista, su corazón quedaba preparado para tratar con el pecado, que era el verdadero problema. La verdadera importancia de Jesús —el representante perfecto de Dios en forma humana— es que Él, y solo Él, tenía las credenciales necesarias para lidiar con la raíz.

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En cierto sentido, Jesús era como Adán y Eva. Ambos hombres habían nacido libres del defecto del pecado. Ambos fueron tentados, y eran capaces de pecar. Pero aquí es donde ambos tomaron direcciones radicalmente distintas. Mientras que Adán sucumbió ante la tentación, Jesús no lo hizo. Llevó una vida perfecta, y sirvió como ejemplo impecable de la forma en que debe vivir el ser humano.

Ahora bien, más que su vida, son su muerte y su resurrección las que forman la base de nuestra transformación personal. Puesto que es tan vital que entendamos la exclusividad y el alcance de lo que Jesús logró, ahora veremos este momento tan decisivo en la historia. Como un autor lo describió, es “la mayor historia que se haya contado jamás”.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Humildad y gentileza


Humildad y gentileza

Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres.

Filipenses 4:5

Es difícil hallar una palabra que capte el multiforme sentido de la palabra traducida como "gentileza" en el versículo de hoy. Algunos dicen que se refiere al contentamiento, a la delicadeza, a la generosidad o a la buena voluntad hacia los demás. Otros creen que se refiere a la misericordia o a la indulgencia con las faltas o los fracasos de otros. Incluso otros aseguran que describe la paciencia, refiriéndose a alguien que se somete a la injusticia o al maltrato pero no se venga con odio o amargura. Creo que la mejor traducción es "gentileza", ya que en el sentido cristiano esa palabra comprende todos los demás sentidos.

La gentileza también incluye otro elemento importante: la humildad. El cristiano humilde no guarda rencor, sino que confía en Dios siempre que se maltrata, se juzga injustamente o se calumnia. Una persona así no exige sus derechos. Dios nos manifestó su gracia de la misma manera; la humanidad maltrató y calumnió a Jesucristo aunque no merecía nada de eso, pero Él sigue extendiendo sus brazos hacia nosotros con amor (cp. Ro. 5:10). La humildad y la gentileza lo ayudarán a ser estable a pesar de las circunstancias.    La fuente del contentamiento

He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.

Filipenses 4:11

El existencialismo, la actitud mental dominante de la psicología contemporánea, se ha infiltrado no solo en nuestro país, sino también en muchas iglesias. Da a entender que todo hombre tiene el derecho a hacer cualquier cosa que lo haga sentir bien. Pero una manera equivocada de pensar como esa se origina en el orgullo ególatra. Es la persona egoísta la que dice: "Si lo hace sentir bien pero me hace daño a mí, no puede hacerlo. Pero si me hace sentir bien pero lo daña a usted, puedo hacerlo de todas maneras". Algunos se engañan a sí mismos al pensar que su pecado no perjudica a nadie, pero el pecado siempre termina haciendo daño.

En contraste con la egolatría, la Biblia dice que debemos ser humildes y altruistas (Fil. 2:3-4), amar a quienes nos maltratan (Mt. 5:44), y mostrar misericordia a quienes tropiezan repetidamente (1 P. 4:8). Esas virtudes ayudaron a Pablo a estar contento en cualquier circunstancia. En cambio, algunos creyentes toman todo lo que oyen y ven y lo filtran en su mente para ver si los hiere de alguna manera, lo que resultará en inmediata inestabilidad y ansiedad.

Cuando otros lo maltraten, la humildad lo ayudará a mantener el equilibrio.   El Señor está cerca

El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos.

Filipenses 4:5-6

El Señor Jesucristo rodea a todos los creyentes con su presencia (Sal. 119:151). Cuando usted tiene un pensamiento, el Señor está cerca para leerlo; cuando usted ora, el Señor está cerca para oír la oración; cuando necesita su fortaleza y su poder, Él está cerca para darlos. En realidad, Él vive en usted y es la fuente de su vida espiritual. El estar consciente de su presencia evitará que caiga en la ansiedad o sea inestable.

El saber que el Señor está cerca nos ayuda a no estar "afanosos" por nada, ya que sabemos que Él puede resolver todo lo que se nos presente. La inquietud y la preocupación indican falta de confianza en Dios. O usted ha creado otro dios que no puede ayudarlo, o cree que Dios pudiera ayudarlo pero no quiere, que significa que usted está poniendo en tela de juicio la integridad de Dios y de su Palabra. Así que deléitese en el Señor y medite en su Palabra (Sal. 1:2). Sepa quién es Él y cómo obra. Entonces podrá decir: "El Señor está cerca, así que no me afanaré por nada".   Un ancla de confianza

En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia.

Salmo 31:1

Como lo indica el versículo de hoy, David tuvo gran confianza en Dios en medio de la aflicción. También dij "Porque tú eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Sácame de la red que han escondido para mí, pues tú eres mi refugio" (Sal. 31:3-4). Su confianza radicaba en el carácter santo de Dios. Un adecuado conocimiento de Dios es esencial para la estabilidad espiritual. Y la única forma de conocer a Dios es mediante lo que Él ha querido revelarnos de sí mismo en las Escrituras.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Todo viaje tiene un punto de partida.


Todo viaje tiene un punto de partida.

El nuestro comienza en el Génesis, el primer libro de la Biblia. La palabra “Génesis” significa “comienzo”. Allí vemos cómo eran las cosas cuando Adán, el primer hombre, caminaba de cerca a Dios. Dios lo amaba profundamente, y Adán respondía con un cálido afecto a ese amor. Ambos sentían un profundo deleite en la franqueza, la confianza y la compañía que experimentaban en aquella relación mutua.

El trabajo era distinto a lo que es hoy. Era productivo y daba satisfacción; estaba libre de estrés, ansiedad, corrupción o fallas éticas.

Pero, lamentablemente, el Paraíso duró poco. Lo que sucedió entonces ha tocado la vida de cada uno de nosotros.

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En la Biblia se nos dice que la humanidad heredó un defecto fatal cuando Adán cedió ante la tentación y se rebeló contra Dios. La raíz de todo aquello era que había decidido caminar por su cuenta, abandonando el extraordinario vínculo que había tenido con Dios al principio. A partir de este punto, incluyendo a los propios hijos de Adán y Eva, la naturaleza del ser humano ha estado dominada por la violencia, la codicia, los celos, el odio y la rebelión. La Biblia le da a todo esto el nombre de pecado. Su consecuencia: la muerte.

El Antiguo Testamento es un relato sobre la lucha del ser humano contra el pecado y sus consecuencias. Dios estableció unos métodos temporales para sustituir esta naturaleza caída, pero esos métodos no hacían nada que pudiera cambiar esa naturaleza. Seguía siendo la misma. Tampoco ha mejorado con el paso del tiempo, el aumento de la educación, los descubrimientos científicos ni la prosperidad económica. La naturaleza básica o “caída” del ser humano no ha sufrido alteración alguna desde los tiempos de Adán.

Poco después de entrar el pecado en la raza humana a través de Adán, Dios predijo la venida de uno que remediaría aquel defecto fatal. Entonces identificó a un pueblo, el hebreo, como la familia de la cual saldría esa persona. Durante centenares de años, los profetas hebreos fueron haciendo revelaciones acerca de aquél que restauraría aquella relación que había sido quebrantada.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Evite el conflicto personal


Evite el conflicto personal

Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor.

Filipenses 4:2

Pablo afrontó muchos conflictos en la iglesia, pero algunos eran para él tan importantes como para tratar sobre ellos en sus epístolas, y también importantes para nuestra enseñanza. Es evidente que las dos mujeres en el versículo de hoy estaban dirigiendo dos facciones opuestas en la iglesia. No sabemos cuáles eran sus quejas específicas, pero podemos suponer que fuera un conflicto personal.

Sí, sabemos que las dos mujeres eran miembros notables de la iglesia porque habían trabajado con Pablo en la causa del evangelio (Fil. 4:3). Y sabemos que estaban causando estrago en la iglesia porque al parecer no estaba unida (Fil. 2:2). Reconociendo que se trataba de falta de amor, que indica la presencia de orgullo y la ausencia de humildad, Pablo rogó que las mujeres fueran "de un mismo sentir en el Señor" (4:2). Cada una estaba exigiendo su propio derecho en vez de interesarse en el derecho de la otra. Pero como Pablo las exhortó y nos exhortó a nosotros, una buena relación con el Señor resolverá cualquier discordia.   Regocíjese en el Señor

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez dig ¡Regocijaos!

Filipenses 4:4

Muchos creyentes se convierten en víctimas de sus circunstancias y como consecuencia viven en altibajos espirituales. Para ellos, una orden de que se regocijen parece irracional. Pero la orden del versículo de hoy es regocijarse "en el Señor".

No siempre podemos regocijarnos en nuestras circunstancias o en las de otras personas porque ambas pueden ser malas. Sin embargo, podemos regocijarnos en el Señor porque Él es siempre bueno y sabemos que nunca cambia. De modo que nuestra estabilidad espiritual se relaciona directamente con nuestro conocimiento de Dios. El conocerlo nos ayuda a vivir por encima de nuestras circunstancias y nos da estabilidad. Por eso se escribieron los Salmos en forma poética y se les puso música, para que el pueblo de Israel pudiera memorizar las Escrituras y cantar himnos a fin de profundizar su conocimiento de Dios. El conocerlo hace que todo lo demás parezca menos importante.   Razones para regocijarse

Aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso.

1 Pedro 1:8

Los cristianos tenemos muchas razones para regocijarnos. La principal se basa en quién es Dios: Él es soberano. Esa es la verdad más grandiosa acerca de Dios. Nada está fuera de su control, y Él lo controla todo a fin de obrar para nuestro bien (Ro. 8:28). Él tiene un conocimiento infinito de todos los aspectos de la vida; dónde estamos y qué decimos (Sal. 139:2-4). Y Él ejerce su conocimiento en perfecta sabiduría. El conocer así a Dios nos debe dar gozo inefable y glorioso.

También debemos regocijarnos porque Dios nos salvó, nos adoptó y prometió darnos una herencia en Jesucristo (Ef. 1:1-11). Cuando Cristo regrese, disfrutaremos de su presencia y del lugar celestial preparado para nosotros (Jn. 14:2-3). Hasta entonces, tenemos el gozo de saber que Dios ha prometido satisfacer todas nuestras necesidades (Fil. 4:19). Además, tenemos el privilegio de servir al que más amamos. Eso incluye el dar las buenas nuevas a los perdidos y alentar a los hermanos en la fe para que crezcan en su amor y en su servicio a Él. También podemos tener gozo al saber que podemos orar a Dios en cualquier momento (He. 4:15-16).    Como árbol firmemente plantado

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.

Salmo 1:3

Muchas personas en la sociedad quieren tener una vida más estable. A los que viven agobiados por la ansiedad y no pueden manejar sus circunstancias, el mundo ofrece muchísimas soluciones que no dan resultado.

Lamentablemente, muchas iglesias han seguido al mundo al creer que el hombre solo puede resolver sus problemas mediante la psicología secular; algo que no puede cumplir sus promesas.

¿Dónde puede hallar estabilidad? La respuesta está en el Salmo 1, que comienza: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores" (v. 1) y termina: "Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio... Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá" (vv. 5-6).

La persona que anda con Dios sabe lo que es la estabilidad, pero la que lo rechaza anda dando tropiezos en una existencia sin sentido. ¿Cuál quisiera ser usted?

lunes, 12 de noviembre de 2012

La Nueva Naturaleza


 La Nueva Naturaleza

¿Le parece este transformador paso increíblemente simple? Es lamentable que se haya oscurecido tanto el concepto de acudir a Jesús de esta forma, y se haya envuelto en tantas ideas y palabras innecesarias, que se les ha robado a muchos la maravillosa sencillez de esta verdad. Es muy importante que eso no nos suceda a nosotros.

La transformación personal tiene por resultado una naturaleza totalmente nueva. Esa naturaleza reemplaza a la antigua, que había estado corrompida desde el principio. El apóstol Pablo lo describe de esta manera: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17). Pensemos en otros términos que se usan en la Biblia para describir el contraste total que existe entre lo viejo y lo nuevo. Cuando alguien se convierte en creyente, sale de las tinieblas para pasar a la luz (Hechos 26:18); sale de la esclavitud para pasar a la libertad (Romanos 8:21); sale de la muerte para entrar en la vida (Romanos 6:13).

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En realidad, el nuevo creyente ha pasado por un segundo nacimiento. El primero fue un nacimiento natural, que vino unido a una naturaleza caída. El segundo es un nacimiento espiritual, libre de este defecto básico. Es un comienzo totalmente nuevo. Nos convertimos en una nueva persona. Jesús dice: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36). Hay algo del mismo cielo —vivo, activo e imperecedero— que habita en el nuevo creyente.

Para mí, éste es el mayor milagro que nos podríamos imaginar jamás —llegar realmente al hogar de nuestro Padre en los cielos — con todo lo que esto significa en esta vida y en la eternidad.