miércoles, 12 de septiembre de 2012

¿Puede ser bueno el sufrimiento?


¿Puede ser bueno el sufrimiento?

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones.
2 Corintios 1:3-4
A veces no nos detenemos a pensar que Dios puede convertir lo malo del sufrimiento en una lección para bien, una lección que podemos aprovechar para crecer espiritualmente. A veces el sufrimiento en forma de persecución se produce sencillamente porque no queremos comprometer nuestra fidelidad al Señor. Muchas otras veces es simplemente el dolor común, la dificultad, la enfermedad y los conflictos resultantes de la corrupción del pecado del mundo.
Sin embargo, a veces Dios trae el sufrimiento como un medio de disciplinarnos cuando caemos en pecado. Eso fue lo que les ocurrió a Ananías y Safira en la iglesia primitiva (vea Hch. 5:1-11). De igual manera, Dios castigó a algunos miembros de la iglesia de Corinto por sus pecados (1 Co. 11:29-30).
Cualquiera que sea el caso, no hay que ver el sufrimiento como malo. Puede enseñarnos bondad, solidaridad, humildad, compasión, paciencia y mansedumbre. Mucho más importante es que Dios puede usar el sufrimiento de formas excepcionales para hacer que usted se acerque más a Él. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Los pobres en espíritu son bienaventurados.


Vv. 1, 2.Nadie hallará felicidad en este mundo o en el venidero si no la busca en Cristo por el gobierno de su palabra. Él les enseñó lo que era el mal que ellos debían aborrecer, y cual es el bien que deben buscar y en el cual abundar.

Vv. 3-12.Aquí nuestro Salvador da ocho características de la gente bienaventurada que para nosotros representan las gracias principales del cristiano.
1. Los pobres en espíritu son bienaventurados. Estos llevan sus mentes a su condición cuando es baja. Son humildes y pequeños según su propio criterio. Ven su necesidad, se duelen por su culpa y tienen sed de un Redentor. El reino de la gracia es de los tales; el reino de la gloria es para ellos.
2. Los que lloran son bienaventurados. Parece ser aquí se trata esa tristeza santa que obra verdadero arrepentimiento, vigilancia, mente humilde y dependencia continua para ser aceptado por la misericordia de Dios en Cristo Jesús, con búsqueda constante del Espíritu Santo para limpiar el mal residual. El cielo es el gozo de nuestro Señor; un monte de gozo, hacia el cual nuestro camino atraviesa un valle de lágrimas. Tales dolientes serán consolados por su Dios.
3. Los mansos son bienaventurados. Los mansos son los que se someten calladamente a Dios; los que pueden tolerar insultos; son callados o devuelven una respuesta blanda; los que, en su paciencia, conservan el dominio de sus almas, cuando escasamente tienen posesión de alguna otra cosa. Estos mansos son bienaventurados aun en este mundo. La mansedumbre fomenta la riqueza, el consuelo y la seguridad, aun en este mundo.
4. Los que tienen hambre y sed de justicia son bienaventurados. La justicia está aquí puesta por todas las bendiciones espirituales. Estas son compradas para nosotros por la justicia de Cristo, confirmadas por la fidelidad de Dios. Nuestros deseos de bendiciones espirituales deben ser fervientes. Aunque todos los deseos de gracia no son gracia, sin embargo, un deseo como este es un deseo de los que son creados por Dios y Él no abandonará a la obra de Sus manos.
5. Los misericordiosos son bienaventurados. Debemos no sólo soportar nuestras aflicciones con paciencia, sino que debemos hacer todo lo que podamos por ayudar a los que estén pasando miserias. Debemos tener compasión por las almas del prójimo, y ayudarles; compadecer a los que estén en pecado, y tratar de sacarlos como tizones fuera del fuego.
6. Los limpios de corazón son bienaventurados, porque verán a Dios. Aquí son plenamente descritas y unidas la santidad y la dicha. Los corazones deben ser purificados por la fe y mantenidos para Dios. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio. Nadie sino el limpio es capaz de ver a Dios, ni el cielo se promete para el impuro. Como Dios no tolera mirar la iniquidad, así ellos no pueden mirar su pureza.
7. Los pacificadores son bienaventurados. Ellos aman, desean y se deleitan en la paz; y les agrada tener quietud. Mantienen la paz para que no sea rota y la recuperan cuando es quebrantada. Si los pacificadores son bienaventurados, ¡ay de los que quebrantan la paz! -8. Los que son perseguidos por causa de la justicia son bienaventurados. Este dicho es peculiar del cristianismo; y se enfatiza con mayor intensidad que el resto. Sin embargo, nada hay en nuestros sufrimientos que pueda ser mérito ante Dios, pero Dios verá que quienes pierden por Él, aun la misma vida, no pierdan finalmente por causa de Él. —¡Bendito Jesús, cuán diferentes son tus máximas de las de los hombres de este mundo! Ellos llaman dichoso al orgulloso, y admiran al alegre, al rico, al poderoso y al victorioso. Alcancemos nosotros misericordia del Señor; que podamos ser reconocidos como sus hijos, y heredemos el reino. Con estos deleites y esperanzas, podemos dar la bienvenida con alegría a las circunstancias bajas o dolorosas.

Vv. 13-16.Vosotros sois la sal de la tierra. La humanidad, en la ignorancia y la maldad, era como un montón enorme, listo para podrirse, pero Cristo envió a sus discípulos, para sazonarla, por sus vidas y doctrinas, con el conocimiento y la gracia. Si no son como debieran ser, son como sal que ha perdido su sabor. Si un hombre puede adoptar la confesión de Cristo, y, sin embargo, permanecer sin gracia, ninguna otra doctrina, ningún otro medio lo hace provechoso. Nuestra luz debe brillar haciendo buenas obras tales que los hombres puedan verlas. Lo que haya entre Dios y nuestras almas debe ser guardado para nosotros mismos, pero lo que, de sí mismo, queda abierto a la vista de los hombres, debemos procurar que se conforme a nuestra profesión y que sea encomiable. Debemos apuntar a la gloria de Dios.

Vv. 17-20.Que nadie suponga que Cristo permite que su pueblo juegue con cualquiera de los mandamientos de la santa ley de Dios. Ningún pecador participa de la justicia justificadora de Cristo hasta que se arrepiente de sus malas obras. La misericordia revelada en el evangelio guía al creyente a un aborrecimiento de sí mismo aún más profundo. La ley es la regla del deber del cristiano, y éste se deleita en ella. Si alguien que pretende ser discípulo de Cristo se permitirse cualquier desobediencia a la ley de Dios, o enseña al prójimo a hacerlo, cualquiera sea su situación o reputación entre los hombres, no puede ser verdadero discípulo. La justicia de Cristo, que nos es imputada por la sola fe, es necesaria para todos los que entran al reino de la gracia o de la gloria, pero la nueva creación del corazón para santidad produce un cambio radical en el temperamento y la conducta del hombre.

Vv. 21-26.Los maestros judíos habían enseñado que nada, salvo el homicidio, era prohibido por el sexto mandamiento. Así, eliminaban su significado espiritual. Cristo mostró el significado completo de este mandamiento; conforme al cual debemos ser juzgados en el más allá y, por tanto, debiera ser obedecido ahora. Toda ira precipitada es homicidio en el corazón. Por nuestro hermano, aquí escrito, debemos entender a cualquier persona, aunque muy por debajo de nosotros, porque somos todos hechos de una sangre. “Necio”es una palabra de burla que viene del orgullo; “Tú eres un necio”es palabra desdeñosa que viene del odio. La calumnia y las censuras maliciosas son veneno que mata secreta y lentamente. Cristo les dijo que por ligeros que consideraran estos pecados, ciertamente serían llamados a juicio por ellos. Debemos conservar cuidadosamente el amor y la paz cristianas con todos nuestros hermanos; y, si en algún momento, hay una pelea, debemos confesar nuestra falta, humillarnos a nuestro hermano, haciendo u ofreciendo satisfacción por el mal hecho de palabra u obra: y debemos hacer esto rápidamente porque hasta que lo hagamos, no seremos aptos para nuestra comunión con Dios en las santas ordenanzas. Cuando nos estamos preparando para algún ejercicio religioso bueno es que nosotros hagamos de esto una ocasión para reflexionar y examinarnos con seriedad.
Lo que aquí se dice es muy aplicable a nuestro ser reconciliados con Dios por medio de Cristo. Mientras estemos vivos, estamos en camino a su trono de juicio, después de la muerte, será demasiado tarde. Cuando consideramos la importancia del caso, y la incertidumbre de la vida, ¡cuán necesario es buscar la paz con Dios sin demora!

Vv. 27-32.La victoria sobre los deseos del corazón debe ir acompañada con ejercicios dolorosos, pero debe hacerse. Toda cosa es dada para salvarnos de nuestros pecados, no en ellos. Todos nuestros sentidos y facultades deben evitar las cosas que conducen a transgredir. Quienes llevan a los demás a la tentación de pecar, por la ropa o en cualquiera otra forma, o los dejan en ello, o los exponen a ello, se hacen culpables de su pecado, y serán considerados responsables de dar cuentas por ello. Si uno se somete a las operaciones dolorosas, para salvarnos la vida, ¿de qué debiera retenerse nuestra mente cuando lo que está en juego es la salvación de nuestra alma? Hay tierna misericordia tras todos los requisitos divinos, y las gracias y consuelos del Espíritu nos facultarán para satisfacerlos.

Vv. 33-37.No hay razón para considerar que son malos los votos solemnes en un tribunal de justicia o en otras ocasiones apropiadas, siempre y cuando sean formulados con la debida reverencia. Pero todos los votos hechos sin necesidad o en la conversación corriente, son pecaminosos, como asimismo todas las expresiones que apelan a Dios, aunque las personas piensen que por ello evaden la culpa de jurar. Mientras peores sean los hombres, menos comprometidos están por los votos; mientras mejores sean, menos necesidad hay de los votos. Nuestro Señor no indica los términos precisos con que tenemos que afirmar o negar, sino que el cuidado constante de la verdad haría innecesarios los votos y juramentos.

Vv. 38-42.La sencilla instrucción es: Soporta cualquier injuria que puedas sufrir por amor a la paz, encomendando tus preocupaciones al cuidado del Señor. El resumen de todo es que los cristianos deben evitar las disputas y las querellas. Si alguien dice que carne y sangre no pueden pasar por tal afrenta, que se acuerden que carne y sangre no heredarán el reino de Dios, y los que actúan sobre la base de los principios justos tendrán suma paz y consuelo.

Vv. 43-48.Los maestros judíos entendían por “prójimo”sólo a los que eran de su propio país, nación y religión, a los que les complacía considerar amigos. El Señor Jesús enseña que debemos hacer toda la bondad verdadera que podamos a todos, especialmente a sus almas. Debemos orar por ellos. Mientras muchos devolverán bien por bien, hemos de devolver bien por mal; y esto hablará de un principio más noble en que se basa la mayoría de los hombres para actuar. Otros saludan a sus hermanos, y abrazan a los de su propio partido, costumbre y opinión pero nosotros no debemos limitar así nuestro respeto.
Deber de los cristianos es desear y apuntar a la perfección, y seguir adelante en gracia y santidad. Allí debemos tener la intención de conformarnos al ejemplo de nuestro Padre celestial, 1 Pedro i, 15, 16. Seguramente se espera más de los seguidores de Cristo que de los demás; seguramente se hallará más en ellos que en los demás. Roguemos a Dios que nos capacite para demostrarnos como hijos suyos.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Con referencia a la tentación de Cristo


Mateo   4.Vv. 1-11.Con referencia a la tentación de Cristo obsérvese que fue tentado inmediatamente después de ser declarado Hijo de Dios y Salvador del mundo; los grandes privilegios y las señales especiales del favor divino no aseguran a nadie que no va a ser tentado. Pero si el Espíritu Santo da testimonio que hemos sido adoptados como hijos de Dios, eso contestará todas las sugerencias del espíritu malo.
Cristo fue llevado al combate. Si hacemos gala de nuestra propia fuerza, y desafiamos al diablo a tentarnos, provocamos a que Dios nos deje librados a nosotros mismos. Otros son tentados, cuando son desviados por su propia concupiscencia, y son seducidos, Santiago i, 14; pero nuestro Señor Jesús no tenía naturaleza corrupta, por tanto Él fue tentado sólo por el diablo. Se manifiesta en la tentación de Cristo que nuestro enemigo es sutil, mal intencionado y muy atrevido, pero se le puede resistir. Consuelo para nosotros es que Cristo sufrió siendo tentado, porque, así, se manifiesta que nuestras tentaciones, mientras no cedamos a ellas, no son pecado y sólo son aflicciones. En todas sus tentaciones Satanás atacaba para que Cristo pecara contra Dios.
1. Lo tentó a desesperarse de la bondad de su Padre, y a desconfiar del cuidado de su Padre. Una de las tretas de Satanás es sacar ventaja de nuestra condición externa; y los que son puestos en apreturas tienen que redoblar su guardia. Cristo respondió todas las tentaciones de Satanás con un “Está escrito”para darnos el ejemplo al apelar a lo que está escrito en la Biblia. Nosotros debemos adoptar este método cada vez que seamos tentados a pecar. Aprendamos a no seguir rumbos equivocados a nuestra provisión, cuando nuestras necesidades son siempre tan apremiantes: el Señor proveerá en una u otra forma.
2. Satanás tentó a Cristo a que presumiera del poder y protección de su Padre en materia de seguridad. No hay extremos más peligrosos que la desesperación y la presunción, especialmente en lo referido a los asuntos de nuestra alma. Satanás no objeta lugares sagrados como escenario de sus asaltos. No bajemos la guardia en ningún lugar. La ciudad santa es el lugar donde, con la mayor ventaja, tienta a los hombres al orgullo y la presunción. Todos los altos son lugares resbalosos; el avance en el mundo hace al hombre un blanco para que Satanás le dispare sus dardos de fuego. ¿Satanás está tan bien versado en las Escrituras que es capaz de citarlas fácilmente? Sí, lo está. Es posible que un hombre tenga su cabeza llena de nociones de las Escrituras, y su boca llena de expresiones de las Escrituras mientras su corazón está lleno de enconada enemistad con Dios y contra toda bondad. Satanás citó mal las palabras. Si nos salimos de nuestro camino, fuera del camino de nuestro deber, abandonamos la promesa y nos ponemos fuera de la protección de Dios. Este pasaje, Deuteronomio viii, 3, hecho contra el tentador, por tanto él omitió una parte. Esta promesa es firme y resiste bien. ¿Pero seguiremos en pecado para que la gracia abunde? No.
3. Satanás tentó a Cristo a la idolatría con el ofrecimiento de los reinos del mundo y la gloria de ellos. La gloria del mundo es la tentación más encantadora para quien no piensa y no se da cuenta; esto es lo que más fácilmente vence a los hombres. Cristo fue tentado a adorar a Satanás. Rechazó con aborrecimiento la propuesta. “¡Vete de aquí Satanás!”Algunas tentaciones son abiertamente malas; y no son para ser simplemente resistidas, sino para ser rechazadas de inmediato. Bueno es ser rápido y firme para resistir la tentación. Si resistimos al diablo, éste huirá de nosotros. Pero el alma que delibera está casi vencida. Encontramos sólo unos pocos que pueden rechazar resueltamente tales carnadas, como las que ofrece Satanás aunque, ¿de qué le aprovecha a un hombre si gana a todo el mundo y pierde su alma? -Cristo fue socorrido después de la tentación para estimularlo a seguir en su esfuerzo, y para estimularnos a confiar en Él, porque supo, por experiencia, lo que es sufrir siendo tentado, de modo que sabía lo que es ser socorrido en la tentación; por tanto, podemos esperar no sólo que sienta por su pueblo tentado, sino que venga con el oportuno socorro.

Vv. 12-17.Justo es que Dios quite el evangelio y los medios de gracia de quienes los desprecian y los arrojan de sí. Cristo no se quedará mucho tiempo donde no sea bienvenido. Los que están sin Cristo están en las tinieblas. Están instalados en esa condición, una postura contenta; la eligen antes que la luz; son voluntariamente ignorantes. Cuando viene el evangelio, viene la luz; cuando llega a cualquier parte, cuando llega a un alma, ahí se hace de día. La luz revela y dirige; así lo hace el evangelio.
La doctrina del arrepentimiento es buena doctrina del evangelio. No sólo el austero Juan el Bautista, sino el bondadoso Jesús predicó el arrepentimiento. Aún existe la misma razón para hacerlo así.
No se reconoció por completo que el reino de los cielos había llegado hasta la venida del Espíritu Santo después de la ascensión de Cristo.

Vv. 18-22.Cuando Cristo empezó a predicar empezó a reunir discípulos que debían ser oyentes, y luego predicadores, de su doctrina, que debían ser testigos de sus milagros, y luego testificar acerca de ellos. No fue a la corte de Herodes, ni fue a Jerusalén a los sumos sacerdotes ni a los ancianos, sino al mar de Galilea, a los pescadores. El mismo poder que llamó a Pedro y a Andrés podría haber traído a Anás y a Caifás, porque nada es imposible con Dios. Pero Cristo elige lo necio del mundo para confundir a lo sabio.
La diligencia es un llamado honesto a complacer a Cristo, y no es un obstáculo para la vida santa. La gente ociosa está más abierta a las tentaciones de Satanás que a los llamados de Dios. Es cosa feliz y esperanzadora ver hijos que cuidan a sus padres y cumplen su deber. Cuando Cristo venga es bueno ser hallado haciendo así. ¿Estoy en Cristo? Es una pregunta muy necesaria que nos hagamos, y luego de esa, ¿estoy en mi llamado? -Habían seguido antes a Cristo como discípulos corrientes, Juan i, 37; ahora deben dejar su oficio. Los que siguen bien a Cristo deben, a su mandato, dejar todas las cosas para seguirle a Él, deben estar dispuestos a separarse de ellas. Esta instancia del poder del Señor Jesús nos exhorta a depender de su gracia. Él habla y está hecho.

Vv. 23-25.Donde iba Cristo confirmaba su misión divina por medio de milagros, que fueron emblema del poder sanador de su doctrina y del poder del Espíritu que lo acompañaban. Ahora no encontramos en nuestros cuerpos el milagroso poder sanador del Salvador, pero si somos curados por la medicina, la alabanza es igualmente suya. Aquí se usan tres palabras generales. Él sanó toda enfermedad o dolencia; ninguna fue demasiado mala, ninguna demasiado terrible, para que Cristo no la sanara con una palabra. Se nombran tres enfermedades: la parálisis que es la suprema debilidad del cuerpo; la locura que es la enfermedad más grande de la mente; y la posesión demoníaca que es la desgracia y calamidad más grandes de todas; pero Cristo sanó todo y, así, al curar las enfermedades del cuerpo demostró que su gran misión al mundo era curar los males espirituales. El pecado es enfermedad, dolencia y tormento del alma: Cristo vino a quitar el pecado y, así, curar el alma.

sábado, 8 de septiembre de 2012

arrepentíos, porque vuestros pecados serán perdonados


Mateo   3. Vv. 1-6.Después de Malaquías no hubo profeta hasta Juan el Bautista. Apareció primero en el desierto de Judea. No era un desierto deshabitado, sino parte del país, no densamente poblado ni muy aislado. Ningún lugar es tan remoto como para excluirnos de las visitas de la gracia divina.
Predicaba la doctrina del arrepentimiento: “Arrepentíos”. La palabra aquí usada implica un cambio total de modo de pensar: un cambio de juicio, de la disposición, y de los afectos, una inclinación diferente y mejor del alma. Consideren sus caminos, cambien sus sus pensamientos: han pensado mal; piensen de nuevo y piensen bien. Los penitentes verdaderos tienen pensamientos de Dios y de Cristo, del pecado y de la santidad, de este mundo y del otro, diferentes de los que que tuvieron. El cambio del pensamiento produce un cambio de camino. Este es el arrepentimiento del evangelio, el cual se produce al ver a Cristo, al captar su amor, y de la esperanza de perdón por medio de Él. Es un gran estímulo para que nosotros nos arrepintamos; arrepentíos, porque vuestros pecados serán perdonados si os arrepentís. Volveos a Dios por el camino del deber, y Él, por medio de Cristo, se volverá a vosotros por el camino de la misericordia. Ahora es tan necesario que nos arrepintamos y nos humillemos para preparar el camino del Señor, como lo era entonces. Hay mucho que hacer para abrir camino para Cristo en un alma, y nada más necesario que el descubrimiento del pecado, y la convicción de que no podemos ser salvados por nuestra propia justicia. El camino del pecado y de Satanás es un camino retorcido, pero para preparar un camino para Cristo es necesario enderezar las sendas, Hebreos xii, 13.
Quienes tienen por actividad llamar a los demás a lamentar el pecado y a mortificarlo, deben llevar una vida seria, una vida de abnegación y desprecio del mundo. Dando a los demás este ejemplo, Juan preparó el camino para Cristo.
Muchos fueron al bautismo de Juan, pero pocos mantuvieron la profesión que hicieron. Puede que haya muchos oyentes interesados, pero pocos creyentes verdaderos. La curiosidad y el amor de la novedad y variedad pueden llevar a muchos a oír una buena predicación, siendo afectados momentaneamente, a muchos que nunca se someten a su autoridad. Los que recibieron la doctrina de Juan, testificaron su arrepentimiento confesando sus pecados. Están listos para recibir a Jesucristo como su justicia sólo los que son llevados con tristeza y vergüenza a reconocer su culpa. Los beneficios del reino de los cielos, ahora ya muy cerca, les fueron sellados por el bautismo. Juan los purificó con agua, en señal de que Dios los limpiaría de todas sus iniquidades, dando a entender con esto que, por naturaleza y costumbre, todos estaban contaminados y no podían ser recibidos en el pueblo de Dios a menos que fueran lavados de sus pecados en el manantial que Cristo iba a abrir, Zacarías xiii, 1.

Vv. 7-12.Dar aplicación para las almas de los oyentes es la vida de la predicación; así fue la de Juan. Los fariseos ponían el énfasis principal en observancias externas, descuidando los asuntos de más peso de la ley moral, y el significado espiritual de sus ceremonias legales. Otros eran hipócritas detestables que hacían con sus pretensiones de santidad un manto de la iniquidad. Los saduceos estaban en el extremo opuesto, negando la existencia de los espíritus y el estado futuro. Ellos eran los infieles burladores de esa época y ese país.
Hay una gran ira venidera. Gran interés de cada uno es huir de la ira. Dios, que no se deleita en nuestra ruina, nos ha advertido; advierte por la palabra escrita, por los ministros, por la conciencia. No son dignos del nombre de penitentes, ni de sus privilegios, los que dicen que lamentan sus pecados, pero siguen en ellos. Conviene a los penitentes ser humildes y bajos a sus propios ojos, agradecer la mínima misericordia, ser pacientes en las grandes aflicciones, estar alerta contra toda apariencia de mal, abundar en todo deber, y ser caritativos al juzgar al prójimo.
Aquí hay una palabra de cautela, no confiar en los privilegios externos. Hay muchos cuyos corazones carnales son dados a seguir lo que ellos mismos dicen dentro de sí y dejan de lado el poder de la palabra de Dios que convence de pecado y su autoridad. Hay multitudes que no llegan al cielo por descansar en los honores y las simples ventajas de ser miembros de una iglesia externa.
He aquí una palabra de terror para el negligente y confiado. Nuestros corazones corruptos no pueden dar buen fruto a menos que el Espíritu regenerador de Cristo implante la buena palabra de Dios en ellos. Sin embargo, todo árbol, con muchos dones y honores, por verde que parezca en su profesión y desempeño externo, si no da buen fruto, frutos dignos de arrepentimiento, es cortado y echado al fuego de la ira de Dios, el lugar más apto para los árboles estériles; ¿para qué otra cosa sirven? Si no dan fruto, son buenos como combustible.
Juan muestra el propósito y la intención de la aparición de Cristo, la cual ellos ahora esperaban con prontitud. No hay formas externas que puedan limpiarnos. Ninguna ordenanza, sea quien sea el que la administre, o no importa la modalidad, puede suplir la necesidad del bautismo del Espíritu Santo y de fuego. Sólo el poder purificador y limpiador del Espíritu Santo puede producir la pureza de corazón, y los santos afectos que acompañan a la salvación. Cristo es quien bautiza con el Espíritu Santo. Esto hizo con los extraordinarios dones del Espíritu enviados a los apóstoles, Hechos ii, 4. Esto hace con las gracias y consolaciones del Espíritu, dados a quienes le piden, Lucas xi, 13; Juan vii, 38, 39; ver Hechos xi, 16.
Obsérvese aquí, la iglesia externa en la era de Cristo, Isaías xxi, 10. Los creyentes verdaderos son el trigo, sustanciosos, útiles y valiosos; los hipócritas son paja, livianos y vacíos, inútiles, sin valor, llevados por cualquier viento; están mezclados, bueno y malo, en la misma comunión externa. Viene el día en que serán separados la paja y el trigo. El juicio final será el día que haga la diferencia, cuando los santos y los pecadores sean apartados para siempre. En el cielo los santos son reunidos, y no más esparcidos; están a salvo y ya no más expuestos; separados del prójimo corrompido por fuera y con afectos corruptos por dentro, y no hay paja entre ellos. El infierno es el fuego inextinguible que ciertamente será la porción y el castigo de los hipócritas e incrédulos. Aquí la vida y la muerte, el bien y el mal, son puestos ante nosotros: según somos ahora en el campo, seremos entonces en la era.

Vv. 13-17.Las condescendencias de la gracia de Cristo son tan asombrosas que aun los creyentes más firmes apenas pueden creerlas al principio; tan profundas y misteriosas que aun quienes conocen bien su mente, están prontos a ofrecer objeciones contra la voluntad de Cristo. Quienes tienen mucho del Espíritu de Dios, mientras están aquí ven que necesitan pedir más de Cristo. No niega que Juan tenía necesidad de ser bautizado por Él, pero declara que debe ser bautizado por Juan. Cristo está ahora en estado de humillación. Nuestro Señor Jesús consideró conveniente, para cumplir toda justicia, apropiarse de cada institución divina, y mostrar su disposición para cumplir con todos los preceptos justos de Dios.
En Cristo y por medio de Él, los cielos están abiertos para los hijos de los hombres. Este descenso del Espíritu sobre Cristo demuestra que estaba dotado sin medida con sus poderes sagradas. El fruto del Espíritu Santo es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.
En el bautismo de Cristo hubo una manifestación de las tres Personas de la Santa Trinidad. El Padre confirmando al Hijo como Mediador; el Hijo que solemnemente se encarga de la obra; el Espíritu Santo que desciende sobre Él para ser comunicado al pueblo por su intermedio. En Él son aceptables nuestros sacrificios espirituales, porque Él es el altar que santifica todo don, 1 Pedro ii, 5. Fuera de Cristo Dios es fuego consumidor; en Cristo, un Padre reconciliado. Este es el resumen del evangelio, el cual debemos abrazar jubilosamente por fe.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Debemos aprender de Cristo


Mateo   2 Vv. 1-8.Los que viven completamente alejados de los medios de gracia suelen usar la máxima diligencia y aprenden a conocer lo máximo de Cristo y de su salvación. Pero ningún arte curioso ni el puro aprendizaje humano pueden llevar a los hombres a Él. Debemos aprender de Cristo atendiendo a la palabra de Dios, como luz que brilla en un lugar oscuro, y buscando la enseñanza del Espíritu Santo. Aquellos en cuyo corazón se levanta la estrella de la mañana, para darles el necesario conocimiento de Cristo, hacen de su adoración su actividad preferente.
Aunque Herodes era muy viejo, y nunca había mostrado afecto por su familia, y era improbable que viviera hasta que el recién nacido llegara a la edad adulta, empezó a turbarse con el temor de un rival. No comprendió la naturaleza espiritual del reino del Mesías. Cuidémonos de la fe muerta. El hombre puede estar persuadido de muchas verdades y aun puede odiarlas, porque interfieren con su ambición o licencia pecaminosa. Tal creencia le incomodará, y se decidirá más a oponerse a la verdad y la causa de Dios; y puede ser suficientemente necio para esperar tener éxito en eso.

Vv. 9-12.Cuánto gozo sintieron estos sabios al ver la estrella, nadie lo sabe tan bien como quienes, después de una larga y triste noche de tentación y abandono, bajo el poder de un espíritu de esclavitud, al fin reciben el Espíritu de adopción, dando testimonio a sus espíritus que son hijos de Dios. Podemos pensar qué desilusión fue para ellos cuando encontraron que una choza era su palacio, y su propia y pobre madre era la única servidumbre que tenía. Sin embargo, estos magos no se creyeron impedidos, porque habiendo hallado al Rey que buscaban, le ofrecieron sus presentes. Quien busca humilde a Cristo no tropezará si lo halla a Él y a sus discípulos en chozas oscuras, después de haberlos buscado en vano en los palacios y ciudades populosas. —¿Hay un alma ocupada en buscar a Cristo? ¿Querrá adorarlo y decir, ¡sí!, yo soy una criatura pobre y necia y nada tengo que ofrecer? ¡Nada! ¿No tienes un corazón, aunque indigno de Él, oscuro, duro y necio? Dáselo tal como es, y prepárate para que Él lo use y disponga como le plazca; Él lo tomará, y lo hará mejor, y nunca te arrepentirás de habérselo dado. Él lo modelará a su semejanza, y Él mismo se te dará y será tuyo para siempre.
Los presentes de los magos eran oro, incienso, y mirra. La providencia los mandó como socorro oportuno para José y María en su actual condición de pobreza. Así, nuestro Padre celestial, que sabe lo que necesitan sus hijos, usa a algunos como mayordomos para suplir las necesidades de los demás y proveerles aun desde los confines de la tierra.

Vv. 13-15.Egipto había sido una casa de esclavitud para Israel, y particularmente cruel para los infantes de Israel; pero va a ser un lugar de refugio para el santo niño Jesús. Cuando a Dios agrada, puede hacer que el peor de los lugares sirva al mejor de los propósitos. Esta fue una prueba de la fe de José y María. Pero la fe de ellos, siendo probada, fue hallada firme. Si nosotros y nuestros infantes estamos en problemas en cualquier tiempo, recordemos los apremios en que estuvo Cristo cuando era un infante.

Vv. 16-18.Herodes mató todos los niños varones, no sólo de Belén, sino de todas las aldeas de esa ciudad. La ira desenfrenada, armada con un poder ilícito, a menudo lleva a los hombres a crueldades absurdas. No fue cosa injusta que Dios permitiera esto; cada vida es entregada a su justicia tan pronto como empieza. Las enfermedades y las muertes de los pequeños son prueba del pecado original. Pero el asesinato de estos niños fue su martirio. ¡Qué temprano empezó la persecución contra Cristo y su reinado! -Herodes creía que había obstruido las profecías del Antiguo Testamento, y los esfuerzos de los magos para hallar a Cristo; pero el consejo del Señor permanecerá por astutas y crueles que sean las artimañas del corazón de los hombres.

Vv. 19-23.Egipto puede servir por un tiempo como estadía o refugio, pero no para quedarse a vivir. Cristo fue enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel, y a ellas debe retornar. Si miramos al mundo como a nuestro Egipto, el lugar de nuestra esclavitud y exilio, y sólo al cielo como nuestro Canaán, nuestro hogar, nuestro reposo, deberemos levantarnos rápido y partir de aquí cuando seamos llamados, como José salió de Egipto.
La familia debe establecerse en Galilea. Nazaret era lugar tenido en pobre estima, y Cristo fue crucificado con esta acusación, Jesús Nazareno. Donde quiera nos asigne la providencia los límites de nuestra habitación, debemos esperar compartir el reproche de Cristo; aunque podemos gloriarnos en ser llamados por su nombre, seguros de que si sufrimos con Él también seremos glorificados con Él.

lunes, 3 de septiembre de 2012

La genealogía de Jesús



Mateo 1 -
MATEO
Mateo, apellidado Levi, antes de su conversión era un publicano o cobrador de impuestos sometido a los romanos en Capernaum. Por lo general, se reconoce que él escribió su evangelio antes que cualquiera de los demás evangelistas. El contenido de este evangelio y la prueba de los escritores antiguos, muestran que fue escrito primordialmente para el uso de la nación judía. El cumplimiento de la profecía era considerado por los judíos como una prueba firme, por tanto San Mateo usa este hecho en forma especial. Aquí hay partes de la historia y de los sermones de nuestro Salvador, particularmente seleccionados por adaptarse mejor para despertar a la nación a tener conciencia de sus pecados; para eliminar sus expectativas erróneas de un reino terrenal; para derribar su orgullo y engaño consigo mismos; para enseñarles la naturaleza y magnitud espiritual del evangelio; y para prepararlos para admitir a los gentiles en la Iglesia.
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CAPÍTULO I
Versículos 1-17. La genealogía de Jesús. 18-25. Un ángel se le aparece a José.
Vv. 1-17.Acerca de esta genealogía de nuestro Salvador, obsérvese la intención principal. No es una genealogía innecesaria. No es por vanagloria como suelen ser las de los grandes hombres. Demuestra que nuestro Señor Jesús es de la nación y familia de la cual iba a surgir el Mesías. La promesa de la bendición fue hecha a Abraham y su descendencia; la del dominio, a David y su descendencia. Se prometió a Abraham que Cristo descendería de él, Génesis 12, 3; 22, 18; y a David que descendería de él, 2 Samuel 7, 12; Salmo 89, 3, y siguientes; 132, 11; por tanto, a menos que Jesús sea hijo de David, e hijo de Abraham, no es el Mesías. Esto se prueba aquí con registros bien conocidos.
Cuando plugo al Hijo de Dios tomar nuestra naturaleza, Él se acercó a nosotros en nuestra condición caída, miserable; pero estaba perfectamente libre de pecado: y mientras leamos los nombres de su genealogía no olvidemos cuán bajo se inclinó el Señor de la gloria para salvar a la raza humana.
Vv. 18-25.Miremos las circunstancias en que entró el Hijo de Dios a este mundo inferior, hasta que aprendamos a despreciar los vanos honores de este mundo, cuando se los compara con la piedad y la santidad.
El misterio de Cristo hecho hombre debe ser adorado; no es para inquirir en esto por curiosidad. Fue así ordenado que Cristo participara de nuestra naturaleza, pero puro de la contaminación del pecado original, que había sido comunicado a toda la raza de Adán.
Fíjese que es al reflexivo a quien Dios guiará, no al que no piensa. El tiempo de Dios para llegar con instrucción a su pueblo se da cuando están perdidos. Los consuelos divinos confortan más al alma cuando está presionada por pensamientos que confunden.
Se dice a José que María debía traer al Salvador al mundo. Tenía que darle nombre, Jesús, Salvador. Jesús es el mismo nombre de Josué. La razón de este nombre es clara, porque aquellos a quienes Cristo salva, los salva de sus pecados; de la culpa del pecado por el mérito de su muerte y del poder del pecado por el Espíritu de Su gracia. Al salvarlos del pecado, los salva de la ira y de la maldición, y de toda desgracia, aquí y después. Cristo vino a salvar a su pueblo no en sus pecados, sino de sus pecados; y, así, a redimirlos de entre los hombres para sí, que es apartado de los pecadores.
José hizo como le ordenó el ángel del Señor, rápidamente y sin demora, jubilosamente, sin discutir. Aplicando las reglas generales de la palabra escrita, debemos seguir la dirección de Dios en todos los pasos de nuestra vida, particularmente en sus grandes cambios, que son dirigidos por Dios, y hallaremos que esto es seguro y consolador.

domingo, 2 de septiembre de 2012

El deber de los padres


Vv. 1-4.El gran deber de los hijos es obedecer a sus padres. La obediencia comprende la reverencia interna y los actos externos, y en toda época la prosperidad ha acompañado a los que se distinguen por obedecer a sus padres.
El deber de los padres. No seáis impacientes ni uséis severidades irracionales. Tratad a vuestos hijos con prudencia y sabiduría; convencedlos en sus juicios y obrad en la razón de ellos. Criadlos bien; bajo la corrección apropiada y compasiva, y en el conocimiento del deber que Dios exige. Este deber es frecuentemente descuidado hasta entre los que profesan el evangelio. Muchos ponen a sus hijos en contra de la religión, pero esto no excusa la desobediencia de los hijos aunque lamentablemente pueda ocasionarla. Dios solo puede cambiar el corazón, pero Él da su bendición a las buenas lecciones y ejemplos de los padres, y responde sus oraciones. Pero no deben esperar la bendición de Dios los que tienen como afán principal que sus hijos sean ricos y realizados, sin importar lo que suceda con sus almas.

Vv. 5-9.El deber de los siervos está resumido en una palabra: obediencia. Los siervos de antes por lo general eran esclavos. Los apóstoles tenían que enseñar sus deberes a los amos y a los siervos, porque haciendo esto aminorarían los males hasta que la esclavitud llegara a su fin por la influencia del cristianismo. Los siervos tienen que reverenciar a los que están por encima de ellos. Tienen que ser sinceros; no deben pretender obediencia cuando quieren desobedecer, sino sirviendo fielmente. Deben servir a sus amos no sólo cuando éstos los ven; pero deben ser estrictos para cumplir con su deber cuando están ausentes o no los ven. La consideración constante del Señor Jesucristo hará fieles y sinceros a los hombres de toda posición, no a regañadientes ni por coerción, sino por un principio de amor a sus amos y a sus intereses. Esto les hace fácil servir, agrada a sus amos, y es aceptable para el Señor Cristo. Dios recompensará hasta lo más mínimo que se haya hecho por sentido del deber, y con la mira de glorificarlo a Él.
He aquí el deber de los amos. Actuad de la misma manera. Sed justos con vuestros siervos según como esperáis que ellos sean con vosotros; mostrad la misma buena voluntad e interés por ellos y tened cuidado, para ser aprobado delante de Dios. No seáis tiránicos ni opresores. Vosotros tenéis un Amo al cual obedecer y vosotros y ellos no son sino consiervos respecto a Cristo Jesús. Si los amos y los siervos consideraran sus deberes para con Dios, y la cuenta que deben rendirle dentro de poco tiempo, se preocuparían más de sus deberes mutuos y, de ese modo, las familias serían más ordenadas y felices.

Vv. 10-18.La fuerza y el valor espiritual son necesarios para nuestra guerra y sufrimiento espiritual. Los que desean demostrar que tienen la gracia verdadera consigo, deben apuntar a toda gracia; y ponerse toda la armadura de Dios, que Él prepara y da. La armadura cristiana está hecha para usarse y no es posible dejar la armadura hasta que hayamos terminado nuestra guerra y finalizado nuestra carrera. El combate no es tan sólo contra enemigos humanos, ni contra nuestra naturaleza corrupta; tenemos que vérnosla con un enemigo que tiene miles de maneras para engañar a las almas inestables. Los diablos nos asaltan en las cosas que corresponden a nuestras almas y se esfuerzan por borrar la imagen celestial de nuestros corazones.
Debemos resolver, por la gracia de Dios, no rendirnos a Satanás. Resístidle, y de vosotros huirá. Si cedemos, él se apoderará del terreno. Si desconfiamos de nuestra causa o de nuestro Líder o de nuestra armadura, le damos ventaja.
Aquí se describen las diferentes partes de la armadura de los soldados bien pertrechados, que tienen que resistir los asaltos más feroces del enemigo. No hay nada para la espalda; nada que defienda a los que se retiran de la guerra cristiana.
La verdad o la sinceridad es el cinto. Esto rodea todas las otras partes de la armadura y se menciona en primer lugar. No puede haber religión sin sinceridad.
La justicia de Cristo, imputada a nosotros, es una coraza contra los dardos de la ira divina. La justicia de Cristo, implantada en nosotros, fortifica el corazón contra los ataques de Satanás.
La resolución debe ser como las piezas de la armadura para resguardar las partes delanteras de las piernas, y para afirmarse en el terreno o caminar por sendas escarpadas, los pies deben estar protegidos con el apresto del evangelio de la paz. Los motivos para obedecer en medio de las pruebas deben extraerse del claro conocimiento del evangelio.
La fe es todo en todo en la hora de la tentación. La fe, tener la certeza de lo que no se ve, como recibir a Cristo y los beneficios de la redención, y de ese modo, derivar gracia de Él, es como un escudo, una defensa en toda forma. El diablo es el malo. Las tentaciones violentas, por las cuales el alma se enciende con fuego del infierno, son dardos que Satanás nos arroja. Además, los malos pensamientos de Dios y de nosotros mismos. La fe que aplica la palabra de Dios y a la gracia de Cristo, es la que apaga los dardos de la tentación.
La salvación debe ser nuestro yelmo. La buena esperanza de salvación, la expectativa bíblica de la victoria, purifican el alma e impiden que sea contaminada por Satanás.
El apóstol recomienda al cristiano armado para la defensa en la batalla, una sola arma de ataque, la cual es suficiente, la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Somete y mortifica los malos deseos y los pensamientos blasfemos a medida que surgen adentro; y responde a la incredulidad y al error a medida que asaltan desde afuera. Un solo texto bien entendido y rectamente aplicado, destruye de una sola vez la tentación o la objeción y somete al adversario más formidable.
La oración deben asegurar todas las demás partes de nuestra armadura cristiana. Hay otros deberes de la religión y de nuestra posición en el mundo, pero debemos mantener el tiempo de orar. Aunque la oración solemne y estable pueda no ser factible cuando hay otros deberes que cumplir, de todos modos las oraciones piadosas cortas que se lancen son siempre como dardos.
Debemos usar pensamientos santos en nuestra vida corriente. El corazón vano también será vano para orar. Debemos orar con toda clase de oración, pública, privada y secreta; social y solitaria; solemne y súbita; con todas las partes de la oración: confesión de pecado, petición de misericordia y acción de gracias por los favores recibidos. Y debemos hacerlo por la gracia de Dios Espíritu Santo, dependiendo de su enseñanza y conforme a ella. Debemos perseverar en pedidos particulares a pesar del desánimo. Debemos orar no sólo por nosotros sino por todos los santos. Nuestros enemigos son fuertes y nosotros no tenemos fuerza, pero nuestro Redentor es todopoderoso, y en el poder de su fuerza, podemos vencer. Por eso debemos animarnos a nosotros mismos. ¿No hemos dejado de responder a menudo cuando Dios ha llamado? Pensemos en esas cosas y sigamos orando con paciencia.

Vv. 19-24.El evangelio era un misterio hasta que fue dado a conocer por la revelación divina; anunciarlo es obra de los ministros de Cristo. Los ministros mejores y más eminentes necesitan las oraciones de los creyentes. Debe orarse especialmente por ellos porque están expuestos a grandes dificultades y peligros en su obra.
Paz sea a los hermanos, y amor con fe. Por paz entiéndase toda clase de paz: paz con Dios, paz de conciencia, paz entre ellos mismos. La gracia del Espíritu, produciendo fe y amor y toda gracia. Él desea eso para aquellos en quienes ya fueron empezadas. Y toda la gracia y las bendiciones vienen a los santos desde Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. La gracia, esto es, el favor de Dios, y todos los bienes espirituales y temporales, que son de ella, es y será con todos los que así amen a nuestro Señor Jesucristo con sinceridad, y sólo con ellos.