Obligados a obedecer
Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Romanos 8:4
Algunos creen que, como somos salvos por gracia y ya no estamos bajo la ley, entonces ya no estamos obligados a cumplir la ley. Eso es cierto en este sentid "No estamos condenados al castigo de la ley". Como nos entregamos a Cristo, ya la ley no tiene poder para condenarnos ni ejecutarnos. Sin embargo, estamos obligados con sus preceptos, ya que Dios no ha cambiado su moralidad.
El apóstol Pablo dij "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús... Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne" (Ro. 8:1-3). El sacrificio de Cristo nos libró del castigo de la ley. Él murió en nuestro lugar. De modo que somos libres de la ley en el sentido de que ella no puede condenarnos, pero seguimos obligados a obedecer sus preceptos. ESPERANZA EN LA LUCHA
Con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Romanos 7:25
Como a los cristianos se les llama a la obediencia y la nueva naturaleza desea obedecer, ¿qué hace usted cuando se siente tentado a desobedecer? En primer lugar, tiene el poder del Espíritu Santo en usted (Ro. 8:2), que lo capacita para hacer la voluntad de Dios. Pero Pablo también describe la realidad de nuestra lucha constante con la carne en Romanos 7. Él dice: “Veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente” (v. 23).
El pecado en nuestra naturaleza humana lucha contra nuestro deseo de obedecer. Todo cristiano libra esa lucha. Su aspecto humano lucha contra la nueva criatura que se deleita en la ley de Dios. Lo que nos da esperanza es que, cuanto más luchemos, tanto más victoriosos seremos. Así que dé gracias al Señor por continuar su obra para librarlo y darle cada día la victoria sobre el pecado.
lunes, 20 de septiembre de 2010
domingo, 19 de septiembre de 2010
No empañemos su imagen
No empañemos su imagen
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos.
Mateo 5:44-45
Cuando yo era pequeño, un amiguito y yo nos buscamos una vez un problema cuando nos atraparon robando algunas cosas de una tienda. La policía nos llevó a la cárcel de la ciudad. En ese momento mi papá estaba jugando golf con algunos diáconos de nuestra iglesia. Le informaron de lo que había sucedido y fue a la cárcel pensando que se trataba de un error. Entonces tuvo que explicarles a los diáconos por qué estaba su hijo en la cárcel.
Cuando llegué a casa, mi madre estaba llorando porque pensaba que yo nunca haría tal cosa. Alguien me dij "MacArthur, ¿has olvidado quién es tu padre?" Nunca he olvidado esa pregunta. Le debía algo a mi padre. Me había dado mi propia vida, y me sentía feliz de ser su hijo. También me siento feliz de ser hijo de mi Padre celestial, de modo que debo manifestar algo de su carácter. Deseo de obedecer
Aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados.
Romanos 6:17
Si yo fuera a definir la vida cristiana con una palabra, escogería la palabra obediencia. La obediencia, el poder, la bendición y el gozo son elementos esenciales de la vida cristiana. Sin la obediencia, no habrá poder, bendición ni gozo en nuestra vida.
Una distinción fundamental entre un cristiano verdadero y alguien que simplemente dice que es cristiano es un sincero deseo de obedecer a Dios. Para el cristiano, obediencia es una palabra agradable, prometedora y alentadora. Debe ser una expresión agradable del más profundo deseo de su corazón. Si está dispuesto a obedecer a Dios, y su deseo de hacerlo es resultado del amor y no del temor, ese es un buen indicio de que usted es un verdadero hijo de Dios.
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos.
Mateo 5:44-45
Cuando yo era pequeño, un amiguito y yo nos buscamos una vez un problema cuando nos atraparon robando algunas cosas de una tienda. La policía nos llevó a la cárcel de la ciudad. En ese momento mi papá estaba jugando golf con algunos diáconos de nuestra iglesia. Le informaron de lo que había sucedido y fue a la cárcel pensando que se trataba de un error. Entonces tuvo que explicarles a los diáconos por qué estaba su hijo en la cárcel.
Cuando llegué a casa, mi madre estaba llorando porque pensaba que yo nunca haría tal cosa. Alguien me dij "MacArthur, ¿has olvidado quién es tu padre?" Nunca he olvidado esa pregunta. Le debía algo a mi padre. Me había dado mi propia vida, y me sentía feliz de ser su hijo. También me siento feliz de ser hijo de mi Padre celestial, de modo que debo manifestar algo de su carácter. Deseo de obedecer
Aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados.
Romanos 6:17
Si yo fuera a definir la vida cristiana con una palabra, escogería la palabra obediencia. La obediencia, el poder, la bendición y el gozo son elementos esenciales de la vida cristiana. Sin la obediencia, no habrá poder, bendición ni gozo en nuestra vida.
Una distinción fundamental entre un cristiano verdadero y alguien que simplemente dice que es cristiano es un sincero deseo de obedecer a Dios. Para el cristiano, obediencia es una palabra agradable, prometedora y alentadora. Debe ser una expresión agradable del más profundo deseo de su corazón. Si está dispuesto a obedecer a Dios, y su deseo de hacerlo es resultado del amor y no del temor, ese es un buen indicio de que usted es un verdadero hijo de Dios.
sábado, 18 de septiembre de 2010
¿Pelear o vivir?
¿Pelear o vivir?
Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. Romanos 12:18
Según la leyenda, Hércules estaba cada vez más molesto a causa de un animal amenazador que siempre se interponía en su camino. Con ira golpeó al animal y lo mató. Pero al continuar su camino siguió encontrándolo, y cada vez con una actitud más amenazadora. Por último, un amigo le advirtió que dejara de atacarlo con tal furia: «El monstruo se llama Discordia, y solo estás incitándolo a hacer lo que sabe hacer. Déjalo solo. Comenzará a encogerse y morirá».
Nuestros periódicos están llenos de noticias que anuncian la discordia. Nos cuentan de naciones donde hay peleas internas, de atletas molestos con sus compañeros de equipo, de empresas que sufren a causa de problemas corporativos, de hogares destruidos por peleas matrimoniales.
La Biblia utiliza la palabra «discordia» (o sus equivalentes) muchas veces. Salomón dij «Más vale comer pan duro donde hay concordia que hacer banquete donde hay discordia» (Proverbios 17:1). Y Pablo dij «Vivamos decentemente, como a la luz del día, no en ... disensiones y envidias». (Romanos 13:13).
¿Vive usted en medio de la discordia? No somos responsables de las acciones y reacciones de los demás, pero sí de las nuestras. Imite al Señor Jesús, erradique la discordia de su vida, perdone esa ofensa, y busque vivir en paz con todos.
Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. Romanos 12:18
Según la leyenda, Hércules estaba cada vez más molesto a causa de un animal amenazador que siempre se interponía en su camino. Con ira golpeó al animal y lo mató. Pero al continuar su camino siguió encontrándolo, y cada vez con una actitud más amenazadora. Por último, un amigo le advirtió que dejara de atacarlo con tal furia: «El monstruo se llama Discordia, y solo estás incitándolo a hacer lo que sabe hacer. Déjalo solo. Comenzará a encogerse y morirá».
Nuestros periódicos están llenos de noticias que anuncian la discordia. Nos cuentan de naciones donde hay peleas internas, de atletas molestos con sus compañeros de equipo, de empresas que sufren a causa de problemas corporativos, de hogares destruidos por peleas matrimoniales.
La Biblia utiliza la palabra «discordia» (o sus equivalentes) muchas veces. Salomón dij «Más vale comer pan duro donde hay concordia que hacer banquete donde hay discordia» (Proverbios 17:1). Y Pablo dij «Vivamos decentemente, como a la luz del día, no en ... disensiones y envidias». (Romanos 13:13).
¿Vive usted en medio de la discordia? No somos responsables de las acciones y reacciones de los demás, pero sí de las nuestras. Imite al Señor Jesús, erradique la discordia de su vida, perdone esa ofensa, y busque vivir en paz con todos.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Los llamados de Dios
Los llamados de Dios
Los que conforme a su propósito son llamados.
Romanos 8:28
Las epístolas del Nuevo Testamento emplean los términos llamados y llamamiento respecto a la obra soberana y regeneradora de Dios en el corazón de un creyente que lo lleva a la vida nueva en Cristo. Todos los llamados de Dios son escogidos y redimidos por Él y finalmente glorificados. Sin duda los ha predestinado a que sean sus hijos y a que sean conformados a la imagen de su Hijo.
Aunque la fe humana es esencial si hemos de estar entre los llamados, es aun más esencial que Dios inicie nuestro llamamiento a la salvación. La elección de Dios no solo precede a la elección del hombre, sino que hace posible y eficaz la elección del hombre. "Ninguno puede venir a mí [Cristo], si no le fuere dado del Padre" (Jn. 6:65).
En primer lugar, el llamado de Dios para los redimidos es de una vez por todas. En segundo lugar, ese llamado continúa hasta que el cristiano sea finalmente glorificado. Eso debe emocionarnos y animarnos a imitar la resolución de Pablo de proseguir "a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil. 3:14). El divino propósito de Dios
Nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.
Efesios 1:4
Mientras Israel andaba todavía errante por el desierto del Sinaí, Moisés les dij "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto" (Dt. 7:7-8). Dios no escogió a los judíos por quienes ellos eran, sino por lo que Él es.
Lo mismo puede decirse de los creyentes que Dios escoge. Él los escoge basándose únicamente en su voluntad, propósito y amor divinos. No hay nada que usted hiciera para ganar la salvación; es toda de Dios. Agradezca que Él lo escogiera desde antes de la fundación del mundo.
Los que conforme a su propósito son llamados.
Romanos 8:28
Las epístolas del Nuevo Testamento emplean los términos llamados y llamamiento respecto a la obra soberana y regeneradora de Dios en el corazón de un creyente que lo lleva a la vida nueva en Cristo. Todos los llamados de Dios son escogidos y redimidos por Él y finalmente glorificados. Sin duda los ha predestinado a que sean sus hijos y a que sean conformados a la imagen de su Hijo.
Aunque la fe humana es esencial si hemos de estar entre los llamados, es aun más esencial que Dios inicie nuestro llamamiento a la salvación. La elección de Dios no solo precede a la elección del hombre, sino que hace posible y eficaz la elección del hombre. "Ninguno puede venir a mí [Cristo], si no le fuere dado del Padre" (Jn. 6:65).
En primer lugar, el llamado de Dios para los redimidos es de una vez por todas. En segundo lugar, ese llamado continúa hasta que el cristiano sea finalmente glorificado. Eso debe emocionarnos y animarnos a imitar la resolución de Pablo de proseguir "a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil. 3:14). El divino propósito de Dios
Nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.
Efesios 1:4
Mientras Israel andaba todavía errante por el desierto del Sinaí, Moisés les dij "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto" (Dt. 7:7-8). Dios no escogió a los judíos por quienes ellos eran, sino por lo que Él es.
Lo mismo puede decirse de los creyentes que Dios escoge. Él los escoge basándose únicamente en su voluntad, propósito y amor divinos. No hay nada que usted hiciera para ganar la salvación; es toda de Dios. Agradezca que Él lo escogiera desde antes de la fundación del mundo.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Amor a Dios
Amor a Dios
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
Marcos 12:30
Además de las palabras de Jesús en el versículo de hoy, otros libros del Nuevo Testamento ponen en claro que los creyentes han de amar a Dios. Pablo escribió a los corintios, citando del profeta Isaías: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Co. 2:9). En otro pasaje el apóstol se refiere a los cristianos como "los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable" (Ef. 6:24).
Amor inalterable a Dios es la primera característica de la genuina fe salvadora. Eso es así "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Ro. 5:5). En vista de todo eso, no es ninguna casualidad que Pablo pusiera el amor como el primer fruto del Espíritu (Gá. 5:22). Características del amor a Dios
Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más.
Filipenses 1:9
El verdadero amor a Dios tiene muchas características. He aquí una lista de las más importantes:
• Desea la comunión personal con Dios (Sal. 42:1-2; 73:25).
• Confía en que el poder de Dios proteja a los suyos (Sal. 31:23).
• Se caracteriza por la paz que solo Dios puede dar (Sal. 119:165; Jn. 14:27).
• Es sensible a la voluntad de Dios y a su honra (Sal. 69:9).
• Ama a las personas que Dios ama (1 Jn. 4:7-8, 20-21).
• Aborrece lo que Dios aborrece (1 Jn. 2:15).
• Espera la segunda venida de Cristo (2 Ti. 4:8).
Por último, y lo más importante, se caracteriza por la obediencia a Dios (Jn. 14:21; 1 Jn. 5:1-2).
Podemos amar a Dios y manifestar esas características solo porque Él primero nos amó a nosotros (1 Jn. 4:7, 10, 19). ¿Ama usted a Dios?
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
Marcos 12:30
Además de las palabras de Jesús en el versículo de hoy, otros libros del Nuevo Testamento ponen en claro que los creyentes han de amar a Dios. Pablo escribió a los corintios, citando del profeta Isaías: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Co. 2:9). En otro pasaje el apóstol se refiere a los cristianos como "los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable" (Ef. 6:24).
Amor inalterable a Dios es la primera característica de la genuina fe salvadora. Eso es así "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Ro. 5:5). En vista de todo eso, no es ninguna casualidad que Pablo pusiera el amor como el primer fruto del Espíritu (Gá. 5:22). Características del amor a Dios
Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más.
Filipenses 1:9
El verdadero amor a Dios tiene muchas características. He aquí una lista de las más importantes:
• Desea la comunión personal con Dios (Sal. 42:1-2; 73:25).
• Confía en que el poder de Dios proteja a los suyos (Sal. 31:23).
• Se caracteriza por la paz que solo Dios puede dar (Sal. 119:165; Jn. 14:27).
• Es sensible a la voluntad de Dios y a su honra (Sal. 69:9).
• Ama a las personas que Dios ama (1 Jn. 4:7-8, 20-21).
• Aborrece lo que Dios aborrece (1 Jn. 2:15).
• Espera la segunda venida de Cristo (2 Ti. 4:8).
Por último, y lo más importante, se caracteriza por la obediencia a Dios (Jn. 14:21; 1 Jn. 5:1-2).
Podemos amar a Dios y manifestar esas características solo porque Él primero nos amó a nosotros (1 Jn. 4:7, 10, 19). ¿Ama usted a Dios?
miércoles, 15 de septiembre de 2010
¿Puede ser bueno el sufrimiento?
¿Puede ser bueno el sufrimiento?
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones.
2 Corintios 1:3-4
A veces no nos detenemos a pensar que Dios puede convertir lo malo del sufrimiento en una lección para bien, una lección que podemos aprovechar para crecer espiritualmente. A veces el sufrimiento en forma de persecución se produce sencillamente porque no queremos comprometer nuestra fidelidad al Señor. Muchas otras veces es simplemente el dolor común, la dificultad, la enfermedad y los conflictos resultantes de la corrupción del pecado del mundo.
Sin embargo, a veces Dios trae el sufrimiento como un medio de disciplinarnos cuando caemos en pecado. Eso fue lo que les ocurrió a Ananías y Safira en la iglesia primitiva (vea Hch. 5:1-11). De igual manera, Dios castigó a algunos miembros de la iglesia de Corinto por sus pecados (1 Co. 11:29-30).
Cualquiera que sea el caso, no hay que ver el sufrimiento como malo. Puede enseñarnos bondad, solidaridad, humildad, compasión, paciencia y mansedumbre. Mucho más importante es que Dios puede usar el sufrimiento de formas excepcionales para hacer que usted se acerque más a Él.
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones.
2 Corintios 1:3-4
A veces no nos detenemos a pensar que Dios puede convertir lo malo del sufrimiento en una lección para bien, una lección que podemos aprovechar para crecer espiritualmente. A veces el sufrimiento en forma de persecución se produce sencillamente porque no queremos comprometer nuestra fidelidad al Señor. Muchas otras veces es simplemente el dolor común, la dificultad, la enfermedad y los conflictos resultantes de la corrupción del pecado del mundo.
Sin embargo, a veces Dios trae el sufrimiento como un medio de disciplinarnos cuando caemos en pecado. Eso fue lo que les ocurrió a Ananías y Safira en la iglesia primitiva (vea Hch. 5:1-11). De igual manera, Dios castigó a algunos miembros de la iglesia de Corinto por sus pecados (1 Co. 11:29-30).
Cualquiera que sea el caso, no hay que ver el sufrimiento como malo. Puede enseñarnos bondad, solidaridad, humildad, compasión, paciencia y mansedumbre. Mucho más importante es que Dios puede usar el sufrimiento de formas excepcionales para hacer que usted se acerque más a Él.
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