jueves, 19 de noviembre de 2009


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Genesis 48


Genesis 48 -

CAPÍTULO 48
Versículos 1-7. José visita a su padre moribundo. 8-22. Jacob bendice a los hijos de José.

Vv. 1-7.El lecho de muerte del creyente con las oraciones y consejos de la persona moribunda es adecuado para impresionar seriamente a los jóvenes, a los dados a los placeres, y los prósperos: haremos bien en ir con los hijos en tales ocasiones, si puede hacerse apropiadamente. Si le place al Señor es muy deseable que nuestro testimonio de moribundo se refiera a su verdad, a su fidelidad y a lo placentero de sus caminos. Uno debiera desear vivir así, como para dar energía y peso a nuestras exhortaciones en el lecho de muerte. Todo creyente verdadero es bendecido en su muerte, pero no todos se van igualmente llenos de consuelos espirituales.
Jacob adoptó a los dos hijos de José. Que ellos no sucedan a su padre en su poder y grandeza en Egipto, sino que triunfen en el marco de la herencia de la promesa hecha a Abraham. Así, pues, el viejo patriarca moribundo enseña a estos jóvenes a que unan su suerte con el pueblo de Dios. Los nombra para que cada uno sea cabeza de una tribu. Son dignos de doble honor quienes, por la gracia de Dios, pasan por alto las tentaciones de la riqueza y el favor mundano para abrazar la religión en desgracia y pobreza. Jacob hará que Efraín y Manases sepan que es mejor ser de baja condición en este mundo y estar en la iglesia, que ser altos y estar fuera de ella.

Vv. 8-22.Los dos buenos hombres dan gloria a Dios en su consolación. José dice: “Ellos son mis hijos, los que Dios me ha dado”. Jacob dice: “Dios me ha mostrado tu simiente”. Las consolaciones son doblemente dulces para nosotros cuando las vemos venir de la mano de Dios. Él no sólo evita nuestros temores sino que excede nuestras esperanzas. Jacob menciona el cuidado que la divina providencia tuvo con él todos sus días. En su tiempo había tenido una buena cantidad de dificultades, pero Dios le evitó el mal de sus problemas. Ahora que está muriendo se mira a sí mismo como redimido de sus pecados y sus pesares para siempre. Cristo, el Ángel del pacto redime de la maldad. Nos libra de la miseria y del peligro, por el poder divino, que viene a través del rescate por la sangre de Cristo, en las Escrituras usualmente se llama redención .
Al bendecir a los hijos de José, Jacob intercambia sus manos. José está dispuesto a mantener a su primogénito, y pudo haber removido las manos de su padre. Pero Jacob actuó no por error ni por afecto parcial a uno más que al otro; pero sí a través de un espíritu profético, y por el Divino consejo. Dios, está bendiciendo a su pueblo, le da más a uno que a otro, más regalos, gracia y comodidades, y más de las cosas buenas de la vida. Usualmente le da más a aquellos que menos posibilidades tienen de recibir. Él escoge las cosas débiles del mundo; levanta al pobre del polvo. La gracia observa no el orden de la naturaleza, ni tampoco Dios prefiere a aquellos que nosotros pensamos que más lo merecen, sino al placer de Él. ¡Que pobres son aquellos que no tienen riquezas sino las de este mundo! ¡Que miserable es el lecho de muerte para aquellos que no tienen un buen fundamento de esperanza, pero sí terribles aprensiones de maldad, y nada más que maldad para siempre!

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Marcos Witt - Sobrenatural

Marcos Witt - Sobrenatural DIOS DE MI VIDA ERES TU SEÑOR JESUS

Genesis 47

Genesis 47 -

CAPÍTULO 47
Versículos 1-6. José presenta sus hermanos al faraón. 7-12. Jacob bendice al faraón. 13-26. Tratos de José con los egipcios durante el hambre. 27-31. La edad de Jacob-Su deseo de ser enterrado en Canaán.

Vv. 1-6.Aunque José era un gran hombre, especialmente en Egipto, él reconoció a sus hermanos. Que los ricos y grandes del mundo no pasen por alto ni desprecien a los parientes pobres. Nuestro Señor Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos. Respondiendo a la pregunta del faraón, ¿cuál es vuestro oficio? Ellos le dijeron que eran pastores, agregando que ellos venían a estar en la tierra por un tiempo, mientras durara el hambre en Canaán. El faraón ofreció emplearlos como pastores siempre y cuando fueran hombres activos. Cualquiera sea nuestro oficio o empleo, debemos tratar de destacarnos en él y mostrarnos inteligentes y trabajadores.

Vv. 7-12.Con la seriedad de la edad avanzada, la piedad del creyente verdadero y la autoridad de un patriarca y profeta, Jacob suplicó al Señor que otorgara una bendición al faraón. Actuó como hombre que no se avergüenza de su religión; y que expresa gratitud al benefactor suyo y de su familia.
Aquí tenemos una respuesta muy poco corriente a una pregunta muy común. Jacob llama peregrinaje a su vida; el paso de un forastero por un país extranjero, o patria pasajera a su propio país. No estaba cómodo en la tierra; su habitación, su herencia, sus tesoros estaban en el cielo. Cuenta su vida por días; hasta por días se cuenta la vida con celeridad y no estamos seguros de que continúe por un día más. Por tanto, contemos nuestros días. Sus días fueron pocos. Aunque había vivido ciento treinta años, parecían pocos días en comparación con los días de la eternidad y el estado eterno. Son malos; esto es verdad tocante al hombre. Vive pocos días y llenos de problemas; puesto que sus días son malos, es bueno que sean pocos. La vida de Jacob había estado llena de días malos. La vejez le llegó más pronto que a algunos de sus antepasados. Así como el joven no debe enorgullecerse de su fuerza o belleza, el viejo no debe enorgullecerse de su edad y de sus canas, aunque los demás las reverencien con justicia; porque los que son considerados muy viejos no llegan a los años de los patriarcas. La cabeza blanca sólo es corona de gloria, cuando se halla en el camino de la justicia. Esa respuesta no podía dejar de impresionar el corazón del faraón recordándole que la prosperidad y felicidad mundana no pueden durar mucho y no bastan para satisfacer. Después de una vida de vanidad y vejaciones, el hombre va a la tumba, al igual desde un trono como desde una choza. Nada puede hacernos felices sino la perspectiva de un hogar eterno en el cielo, después de nuestro breve y agobiante peregrinaje sobre la tierra.

Vv. 13-26.Habiéndose preocupado de Jacob y su familia, cuya misericordia fue especialmente concebida por la providencia en el progreso de José, se relata la salvación del reino de Egipto de la ruina. No había pan y la gente estaba a punto de morir. Véase cómo dependemos de la providencia de Dios. Toda nuestra riqueza no nos libraría de pasar hambre si no lloviera por dos o tres años. Nótese hasta qué punto estamos a merced de Dios y mantengámonos siempre en su amor. También véase cuánto nos perjudicamos por nuestra propia falta de cuidado. Si todos los egipcios hubieran guardado trigo para ellos en los siete años de abundancia, no hubieran pasado estos aprietos; pero no consideraron la advertencia. La plata y el oro no los iban a alimentar: ellos debían tener trigo. Todo lo que el hombre tenga lo dará por su vida.
No podemos juzgar esto según las reglas modernas. Es claro que los egipcios consideraron a José como benefactor público. El todo es coherente con el carácter de José, que actuó con temor de Dios entre el faraón y sus súbditos. Los egipcios confesaron tocante a José: Nos has salvado la vida. ¿Qué le dirán a Jesús las multitudes agradecidas en el día postrero? ¡Has salvado nuestras almas de la más horrible destrucción, y en tiempo la angustia más extrema! Los egipcios se deshicieron de todas sus propiedades y hasta de su libertad por salvar sus vidas: ¿puede ser demasiado, entonces, que nosotros contemos todo como pérdida y lo dejemos en cuanto Él lo ordena y por amor a Él, que salva nuestra alma y nos da cien veces tanto, aquí en este mundo? Ciertamente si somos salvados por Cristo debemos estar dispuestos a ser Sus siervos.

Vv. 27-31.Finalmente, llegó el tiempo en que Israel debía morir. Israel, príncipe de Dios, tuvo poder sobre el Ángel y prevaleció, pero de todos modos debía morir. José le dio pan para que no muriera de hambre pero eso no le garantizaba el no morir de viejo o por enfermedad. Murió gradualmente; su vela se fue quemando paulatinamente hasta el cabo, de modo que viera acercarse el tiempo. Ventajoso es ver que la muerte se acerca antes que la sintamos para ser impulsados a hacer, con todas nuestras fuerzas, lo que nuestras manos encuentren para hacer. Sin embargo, la muerte no está lejos de ninguno de nosotros. Al ver que se acercaba su día, la preocupación de Jacob era su entierro; no la pompa de éste sino ser sepultado en Canaán, porque era la tierra prometida. Era tipo del cielo, la patria mejor, que claramente dijo esperar, Hebreos xi, 14. Nada ayudará mejor a hacer más cómodo el lecho de muerte que la perspectiva cierta del reposo en la Canaán celestial. Hecho esto, Israel se apoyó en la cabecera de la cama, adoró a Dios, como se explica, ver Hebreos xi, 21, y le dio gracias por todos sus favores; en debilidad se apoyó por sí mismo y expresó su disposición a dejar el mundo. Aun quienes vivieron de la provisión de José, y hasta Jacob, que le era tan querido, debían morir. Pero Cristo Jesús nos da el pan verdadero para que podamos comer y vivir por siempre. Cuando nos acerquemos a la muerte vayamos a Él y rindámonos y quien nos sostuvo durante la vida, nos saldrá al encuentro y nos hará entrega de la salvación eterna.

martes, 17 de noviembre de 2009

El control soberano


El control soberano

Elegidos según la presciencia de Dios.

1 Pedro 1:2

A través de los años, las teologías arminianas y calvinistas han estado en polos opuestos. La teología reformada tradicional, que llamamos calvinismo, subraya la soberanía de Dios, pero la teología arminiana en realidad subraya la soberanía del hombre. Enseña que Dios es útil al dar ayuda espiritual, pero que uno tiene que encontrarla en sí mismo para ir a Cristo, perseverar en la fe, alcanzar metas espirituales y obtener victorias espirituales.

¿Qué resulta de esa clase de teología? Una persona puede decir que confía en Cristo, pero en realidad confía en sí misma. Eso muestra la creencia de que el poder para escoger la salvación, o perderla por el fracaso espiritual, pertenece a la persona. Suponga que usted creyera que tenía esa clase de poder. ¿Puede imaginarse lo que sería enfrentarse a la muerte y preguntarse si no pudiera entrar en el cielo porque había cometido muchísimos pecados? Esa incertidumbre causará ansiedad, no seguridad.

Confiar plenamente en Dios requiere conocimiento de su gracia soberana: Que una persona es escogida, redimida, mantenida y glorificada por Dios, que es el iniciador. Reaccione ante los problemas con acción de gracias

Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

Filipenses 4:6

En vez de orar a Dios con duda o descontento, el creyente ha de acercarse a Dios con un espíritu de acción de gracias. Por eso Dios prometió que nada en nuestra vida será demasiado para que lo soportemos (1 Co. 10:13). Él ha prometido hacer que todo obre para nuestro bien (Ro. 8:28), y "perfeccionarnos, afirmarnos, fortalecernos y establecernos" en medio de nuestro sufrimiento (1 P. 5:10).

Todas las dificultades están dentro del propósito de Dios, de modo que podemos darle gracias por su poder y sus promesas. Pedro dijo que echemos "toda [nuestra] ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de [nuestra]" (1 P. 5:7). Al hacerlo, hemos de ser agradecidos por su providencia, su promesa de perfeccionarnos, la gloria que Él recibirá del cumplimiento de su voluntad, y por las pasadas misericordias que son la promesa de bendiciones futuras.

lunes, 16 de noviembre de 2009

QUE SERIA DE MI- JESUS ADRIAN ROMERO

QUE SERIA DE Mi SEÑOR JESÚS. ESTARÍA PERDIDO SIN TI

Genesis 46

Genesis 46 -

CAPÍTULO 46
Versículos 1-4. Las promesas de Dios para Jacob. 5-27. Jacob y su familia van a Egipto. 28-34. José se reúne con su padre y sus hermanos.

Vv. 1-4.Aun en los hechos y emprendimientos que parecen más gratos debemos buscar el consejo, la ayuda y la bendición del Señor. En atender sus mandamientos y haber recibido las prendas de su amor en el pacto, tenemos la esperanza de Su presencia y la paz que confiere. En todos nuestros cambios debemos acordarnos de nuestra salida de este mundo. Cuando pasamos por el valle de sombra de muerte, nada puede animarnos a no temer mal alguno salvo la presencia de Cristo.

Vv. 5-27.Aquí tenemos una lista detallada de la familia de Jacob. Aunque el cumplimiento de las promesas siempre es seguro, sin embargo, suele ser lento. Ahora han pasado 215 años desde que Dios había prometido a Abraham hacer de él una gran nación, capítulo xii, 2; sin embargo, esa rama de su simiente, a la cual fue hecha la promesa, solamente había aumentado a setenta, de los cuales se conserva esta relación específica para mostrar el poder de Dios para hacer que estos setenta se conviertan en una gran multitud.

Vv. 28-34.Consideró justo hacerle saber al faraón que su familia iba a establecerse en sus dominios. Si otros depositan su confianza en nosotros, no debemos ser tan bajos como para abusar de ellos e imponernos.
Pero, ¿qué va a hacer José con sus hermanos? Hubo un tiempo en que ellos se confabularon para deshacerse de él, ahora él piensa dónde establecerlos para provecho de ellos; esto es devolver bien por mal. Quería que ellos vivieran solos en la tierra de Gosén, que estaba más cerca de Canaán.
Los pastores eran una abominación para los egipcios. Pero José no quería que ellos fueran avergonzados al reconocer aquella como la ocupación de ellos ante el faraón. Podría haberles procurado puestos en la corte o en el ejército. Pero tales distinciones los hubieran expuesto a la envidia de los egipcios, o a la tentación de olvidar Canaán y la promesa hecha a sus padres. Una vocación honesta no es desgracia, ni debemos contarla como tal, sino, más bien, reconocer que es vergonzoso estar ocioso o no tener nada que hacer. Generalmente es mejor que la gente permanezca en las vocaciones en que fueron criados y a las que están acostumbrados. Cualquiera sea el empleo y condición que Dios, en su providencia, nos haya asignado, acostumbrémonos a eso, sintámonos contentos con eso y no pensemos en posiciones más altas. Mejor es ser el crédito de un puesto modesto que la vergüenza de uno elevado. Si deseamos destruir nuestras almas o las almas de nuestros hijos, procuremos grandes cosas para nosotros y para ellos pero, si no, nos corresponde estar contentos en lo que estamos, teniendo comida y vestido.