sábado, 28 de febrero de 2026

Sabiduría de Dios

 Sabiduría de Dios

“Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.” Proverbios 4:7″

El rey Salomón supo lo que significaba adquirir sabiduría, pues la Biblia nos declara que de los hombres, en cuanto a sabiduría, no ha habido uno como él, dicha sabiduría claramente no provino de su capacidad intelectual, sino que vino como un don, un regalo de Dios, pues la Palabra afirma en Proverbios 2:6 “Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.”

La sabiduría que proviene de Dios, como bien la Palabra nos lo recuerda, es la única que puede conducir nuestras vidas hacia: la pureza, la paz, la benignidad, la amabilidad y gentileza; es la que nos lleva a tener misericordia o compasión con otros, y por supuesto, a experimentar y poder dar buenos frutos; por si fuera poco, la sabiduría de Dios también nos cuida de no permitir en nuestras vidas ni la incertidumbre ni la hipocresía (Santiago 3:17), por eso Salomón al ser consciente de que tenía una gran responsabilidad, reinar sobre Israel, sabía que necesitaba pedirle a Dios sabiduría, pues Dios era el único que podía guiar, instruir y dirigir, a Salomón primeramente, y también al pueblo de Israel (1 Reyes 3:9-12).

Y es que si lo pensamos bien, la sabiduría de Dios es vital, pues ella es la única que nos conduce a: Recibir consejos, aceptarlos y ponerlos en práctica (Proverbios 13:10, Mateo 7:24); saber tomar decisiones correctas, justas, como lo hizo Salomón (1 Reyes 3:16-28); nos lleva a ser diligentes, a aprovechar bien el tiempo y a administrarlo de manera correcta (Efesios 5:15-17); nos lleva incluso a no invertir nuestros pensamientos en cosas que no edifican (Eclesiastés 7:10). En conclusión, la sabiduría de Dios nos lleva a poder vivir en medio de todos, con creyentes y no creyentes, pues ella es la que nos conduce a vivir en humildad (Colosenses 4:5-6, Santiago 3:13, Proverbios 11:2).

Hermanos, este devocional no solo nos recuerda cuán importante y necesaria es la sabiduría de Dios, sino que también nos lleva a reflexionar y ver si estamos pidiéndole sabiduría al único que nos la puede dar, Dios. No nos cansemos de pedírsela al Señor, pues la Palabra nos recuerda que tú y yo para todo necesitamos la Sabiduría de Dios.   Oración.

«Padre, Tú dices en Tu Palabra que si me falta sabiduría te la pida y Tú me la darás abundantemente y sin reproche. Gracias Señor por dármela y revelármela por medio de Tu Espíritu Santo, pues soy consciente de que la necesito para saber cómo caminar por el camino de la santidad. Amén. 



viernes, 27 de febrero de 2026

El resplandor de Jesús en mí

 El resplandor de Jesús en mí

“Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.” Éxodo 34:29

Cuán interesante resulta este relato bíblico, pues cuando lo leo me pregunto ¿Cuántos de nosotros, al igual que lo hizo Moisés, reflejamos la gloria de Dios? Pidámosle al Espíritu Santo en este momento que examine nuestros pensamientos, lo que atesoramos en nuestro corazón y nuestros actos, y nos conduzca a la respuesta a este interrogante. Seguramente la respuesta será que, en ocasiones, terminamos reflejando las obras de la carne, pero Dios, a través de este devocional, nos quiere llevar a comprender que a quien debemos reflejar en nuestras vidas es a Jesús.

La gran pregunta es: ¿Cómo lograr que Jesús sea quien se vea reflejado en mi? La respuesta es sencilla: La Biblia nos enseña que primero, debemos morir a nosotros mismos, para que ya no seamos nosotros viviendo y tomando el control de nuestras vidas, control que sólo nos llevará a experimentar las obras de la carne (Gálatas 5:19-21a), sino más bien lo que necesitamos es que Cristo sea quien viva en nosotros y tome el control de nuestras vidas. La buena noticia es que ésto ya ocurrió, pues Gálatas 2:20a nos lo afirma: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;”. Y la segunda, es que para que todo lo anterior se haga realidad, y Cristo sea el que ahora viva en nosotros, necesitamos la fe, creer que todo lo que dice la Palabra de Dios con respecto a la obra que hizo Jesús es verdadera, por ésto la Palabra de Dios dice: “y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20b). Cuando creo en esta Verdad, el Espíritu Santo es quien hace que aquella Palabra revelada y encarnada, ésto es Jesucristo, viva en mí (Juan 6:63).

Lo que resta para nosotros los creyentes es disfrutar de la Presencia de Dios y de esa relación que tenemos con Él, gracias a la obra de Jesucristo y a la comunión del Espíritu Santo, para que al igual que Moisés terminemos reflejando la gloria de Dios.   Oración.

«Padre, cuando estoy en intimidad contigo, tu Espíritu Santo me recuerda la preciosa obra de tu Hijo Jesús, y cuando la recuerdo y creo en ella entonces me aferro a la Verdad, a Cristo, y le permito a Él vivir en mí para así cumplir con el propósito por el cual he sido creado, glorificarte. Amén. 



jueves, 26 de febrero de 2026

 Quiero bogar contigo mar adentro

“Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.” Lucas 5:1-6

La Biblia no nos declara el motivo por el cual Simón Pedro, Andrés, su hermano, y Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, estuvieron toda la noche tratando de pescar, podríamos deducir que la necesidad de ellos debía ser bastante grande para no haber desistido en toda la noche de hacer dicha labor; cuando pienso en ésto y me pongo en el lugar de Simón Pedro, quien seguramente por su temperamento sanguíneo podría haber sido el que más desanimado, frustrado y cansado se sentía, logro entenderlo, pues también he experimentado ese sentimiento de cansancio y frustración cuando después de haber intentado realizar alguna labor, con todas mis fuerzas, no obtengo el resultado que espero. Pero si analizamos detalladamente lo que pasó ese día en la vida de Pedro, encontraremos lo que podríamos llamar, una perla, pues aunque bien es cierto que inicialmente Pedro no obtuvo peces, encontró algo superior y mucho más valioso e importante que lo que produce una pesca, encontró a Jesús, y con la llegada de Jesús encontró un fruto que no perece sino que permanece para siempre (Gálatas 5:22-23)

Hermanos, quizás en este día estamos como Pedro, tratando de pescar en nuestras fuerzas y sin lograr “nada”, pero la Palabra de Dios nos exhorta a que en medio de aquella situación que estamos enfrentando devolvamos nuestra mirada hacia Jesús y veamos lo que Él está haciendo en nuestras vidas, incluso, por medio de esa situación que parece abrumadora. Cuando seguimos la voz de Jesús y bogamos mar adentro, es decir, nos sumergimos en intimidad con Él, el resultado logra ser extraordinario, pues le conocemos más, vemos Su Poder, al estar en Su Presencia no sólo se nos quita todo ese peso que nos carga y quita fuerzas, sino que también nos permite hallar en Él descanso, nuevas fuerzas y esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que es la única que guarda, protege, cuida, nuestros pensamientos y corazones en Cristo Jesús (Filipenses 4:7-9). Hoy, regresemos nuestra mirada hacia Jesús y digámosle: Señor, yo quiero bogar contigo mar adentro.  Oración.

«Señor, gracias por llevarme a bogar mar adentro en mi relación contigo, cuando escucho Tu voz y acepto Tu llamado encuentro algo precioso, Tu Presencia, que es la única que acalla mi alma, aquieta mis pensamientos y equilibra mis sentimientos. Señor, llévame cada día a sumergirme en Tu Palabra. Amén.  



miércoles, 25 de febrero de 2026

Carácter

 Carácter

“Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.” Éxodo 32:7-10

¿Qué harías si estuvieras en la posición de Moisés?, ¿apoyarías la voluntad de Dios de destruir al pueblo, o por el contrario, intercederías para que el Señor tuviera, una vez más, misericordia de Su pueblo?

En el caso de Moisés, él decidió orar a Dios y pedir misericordia para el pueblo de Israel (Éxodo 32:11). Lo anterior nos permite ver el gran cambio que tuvo Moisés en su carácter, pues recordemos que antes del llamado hecho por Dios, Moisés era un hombre iracundo que cuando veía una discusión o injusticia, intervenía, y terminaba haciendo de acuerdo a lo que a él bien le parecía. Recordemos Éxodo 2:11-12, ¿cómo actuó Moisés cuando vió que un Egipcio golpeaba injustamente a un Hebreo mientras éste hacia su dura tarea en medio de la esclavitud? Moisés decidió matar al Egipcio y esconderlo en la arena; o que tal el actuar de Moisés en Éxodo 2:13-14a, Al ver a dos Hebreos reñir, Moisés decidió intervenir, pero esta vez llamando a razonar a aquel hombre que golpeaba al otro para que no lo hiciera más, sin embargo, este hombre Hebreo al haber visto cómo Moisés había matado a aquel Egipcio el día anterior, lo confrontó, diciéndole que si acaso también lo mataría a él como había hecho con aquel Egipcio. Como vemos, ese era el carácter de Moisés antes del llamado de Dios, un hombre con un carácter fuerte e iracundo; pero en Éxodo 32:11-13 no vemos el carácter iracundo de Moisés, sino más bien el carácter de Cristo, uno que es misericordioso, bondadoso y compasivo, carácter que se refleja en nuestras vidas cuando por medio de la intimidad con el Espíritu Santo le permitimos a Cristo vivir, dirigir nuestro andar (Éxodo 34:29) ¿Por qué decimos ésto? Porque la Palabra de Dios nos recuerda que si hubiésemos cometido pecado, la confianza está en que delante del Padre tenemos abogado, a Jesucristo (1 Juan 2:1).

Dios en ese instante en el que el pueblo había hecho lo malo delante de sus ojos haciendo un becerro de fundición y adorándolo, estaba exigiendo justicia, pues el pueblo le había desobedecido. Sin embargo, vemos a Jesucristo, usando como instrumento a Moisés, para interceder por el pueblo. En medio de esta oración dicha por Moisés podemos ver a Cristo recordándole a Su Padre quién es Él, Su grandeza, Su misericordia, el pacto que ha hecho con Abraham, Isaac e Israel (Jacob) y Su palabra y promesas las cuales son fieles y verdaderas, y sólo por esto la Biblia nos revela que Dios se arrepiente de lo que había de hacer a su pueblo (Éxodo 32:14). Qué extraordinario es ver a Jesús reflejado en nuestras vidas, pues cuando le permitimos a Él vivir en nosotros se ve el fruto de Su Espíritu en nosotros, fruto del cuál gozamos todos nosotros y aquellos que nos rodean.

Hermanos, Dios a través de este devocional nos quiere exhortar y recordar una gran Verdad, el carácter que debemos reflejar en el mundo y al mundo, no es un carácter del viejo hombre que está viciado de ira y demás obras de la carne, pues ese viejo hombre ha sido crucificado y está muerto; el carácter que se debe evidenciar en nuestras vidas es el de Cristo, pues Su Palabra nos recuerda que quien vive ahora en nosotros es Cristo, por lo tanto, permitámosle a Cristo, por medio de la fe y de la intimidad con Su Espíritu Santo, tomar el control de nuestras vidas (Gálatas 2:20).    Oración.

«Padre, el carácter que quiero que se refleje diariamente en mi vida es el de Tu Hijo Jesucristo. No quiero seguir recibiendo los resultados del actuar en mi carne, sino que quiero experimentar más bien, las delicias que produce en mi vida el fruto de Tu Santo Espíritu. Espíritu Santo de Dios ayúdame a morir a mí mismo diariamente y a permitirle a Cristo que tome el control de mi vida. Amén.  



martes, 24 de febrero de 2026

Identidad


«Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.» Lucas 4:1-4

Cuando un niño nace, el gobierno decreta a sus padres que le registre ante una autoridad legal con el fin de certificar que: Primero, está vivo, y que como tal tenemos derechos que deben ser respetados; segundo, su nombre, el cual servirá para ser identificado; y tercero, su género, que no surge como una percepción, sino como la realidad que manifiesta nuestro organismo. Como vemos, esta pequeña descripción es tan sólo una parte de lo que nos identifica. En el caso de Jesús, la Biblia nos enseña que sus padres tuvieron que presentarlo ante una Autoridad Suprema, la de Dios, pues así lo había dictaminado el Señor en la Ley de Moisés (Lucas 2:22-24). Muchos se quedaron con el concepto de que Jesús era tan sólo el hijo de María y de José, el carpintero, pero su identidad iba mucho más allá de ésto que estaba registrado, pues Jesús era y es el Hijo de Dios.

¿Por qué razón traemos ésto a colación? Porque lo que más ha sido atacado en el ser humano, por parte del enemigo, es la identidad, para la muestra un botón, pues vemos a Satanás atacando la identidad de Jesús, manifestando que si Jesús era el Hijo de Dios entonces debía probar que ésto era cierto. Hoy en día, también Satanás ataca nuestra identidad, o sino miremos la actualidad: hombres manifestando que son mujeres, mujeres diciendo que se auto perciben como hombres, incluso hemos llegado al punto de ver a personas identificarse, no como seres humanos, sino como animales. ¡Absurdo a lo que como sociedad hemos llegado y permitido en nuestra nación!

Hermanos, la sociedad va en declive y nuestros hijos, nietos y futuras generaciones lo tendrán que presenciar y enfrentar, si tú y yo no les enseñamos que ésto no es normal, ellos serán influenciados a seguir esta corriente absurda que presenta el mundo y terminarán permitiendo que su mente e identidad sean trastornadas. Si hoy tú y yo no tomamos la rienda de nuestro hogar y les enseñamos a las nuevas generaciones que su identidad está en Cristo, vendrá alguien más que si lo hará, Satanás, y será él quien les enseñe a ellos falsas identidades, los impulsará a que se apropien de ellas, y si esto lo aceptan nuestros hijos, terminarán totalmente alejados de la identidad que Cristo ya nos dió, una identidad que nos recuerda que somos hijos de Dios, creados por Él con un propósito en particular, glorificarle (Isaías 43:7).   Oración.

«Padre, gracias por recordarme cuál es mi identidad en Cristo. Soy tu hija, creada por Tí para glorificarte y alabarte. Que aunque el mundo me quiera decir lo contrario yo me mantenga aferrada a lo que dices que soy según Tu Palabra. Santo Espíritu de Dios llévame a enseñarle también a otros ésta gran Verdad. Amén.    



lunes, 23 de febrero de 2026

Decisiones

 Decisiones

«Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa. Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás. Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida. Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa. Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos.» Jeremías 38:14-18

¿Qué decisión tomarías si estuvieras en la situación del rey Sedequías?, ¿obedecerías a Dios y te entregarías al pueblo enemigo para que tú y tú familia vivieran, incluso si eso implicara ser esclavos? o por el contrario, ¿impulsado por el miedo, huirías con tu familia para no ver esclavitud, aún sabiendo que todos perecerán y morirán? La decisión parece fácil de tomar, pues el resultado de tomar cualquiera de las dos decisiones había sido revelado por Dios, sin embargo, el miedo de lo que vemos en frente y la ansiedad que nos produce lo que aún no conocemos y nos depara el futuro, nos lleva a dudar de Dios y de cuál decisión debemos tomar, como le sucedió a Sedequías; al no confiar en la palabra de Dios, revelada por el profeta Jeremías, y al verse acorralado por sus enemigos decide huir, el resultado: la muerte para él, su familia y la destrucción de la ciudad.

Hermanos, nadie ha dicho que tomar decisiones como éstas sea fácil, pues implica una total confianza y dependencia de Dios, a pesar de nuestros temores e inseguridades, por eso es tan importante la fe, pues sabemos que si caminamos en este mundo no debe ser por vista sino por fe, pues la fe es la que nos lleva a confiar en que la Palabra de Dios es verdadera y que Dios, quien es el Padre de toda Verdad, nos guiará hacia donde su buena, perfecta y agradable Voluntad lo requiera.

Este devocional nos confronta, no en cuanto a tener miedo, pues las cosas que no conocemos corporalmente nos llevan a temer, y es que el organismo está diseñado para protegerse del peligro por eso experimentamos esa sensación de temor. El miedo de Sedequías era real, sabía que dentro de poco Nabucodonosor se acercaría para ir en contra de él y su pueblo, y por si fuera poco. tenía miedo de que parte del pueblo que estaba con los Caldeos se juntaran para entregarle a Nabucodonosor. Aquellos temores abrumaron a Sedequías, pero en medio de ésto la Bondad de Dios se seguía manifestando, por eso el profeta le manifiesta que esté tranquilo y lo anima a que se rinda ante Nabucodonosor pues el pueblo no lo entregaría, lo único que Sedequías debía hacer era: oír la voz de Jehová, para que le fuera bien y viviera él y su familia (Jeremías 38:20). Sedequías tomó la decisión equivocada y vimos el resultado de ella, la muerte; el Señor hoy también nos confronta en cuanto a qué decisión tomaremos nosotros, ¿seguiremos el Consejo Sabio de Dios, o seguiremos el nuestro? Dios para ésto nos recuerda Su Palabra y nos exhorta e impulsa a escoger la vida, para que como dice Deuteronomio 30:19, vivamos nosotros y nuestra descendencia.  Oración.

«Padre, que se haga Tu Voluntad y no la mía pues confío en que Tu Voluntad es buena, agradable y perfecta. Señor, Tus pensamientos y caminos son más altos que los míos ¿por qué he de dudar en obedecerte y seguir Tu consejo? Hoy suelto mis miedos delante de Tí, y a cambio, me aferro a la Verdad de Tu Palabra. Amén.  



domingo, 22 de febrero de 2026

Consejo Sabio de Dios

 Consejo Sabio de Dios

«Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como si se consultase la palabra de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel, tanto con David como con Absalón.» 2 Samuel 16:23

Ahitofel gilonita era conocido por haber sido consejero del rey David, hasta que Absalón, hijo de David, robó el reino de su padre. Ahitofel decidió apartarse de David y unirse a la conspiración que tenía Absalón contra el rey, pasando entonces ahora a ser el consejero del nuevo rey, Absalón. Cuando ésto sucedió, la Palabra de Dios nos muestra cómo David al enterarse de ésto, oró a Dios para que entorpeciera todo consejo de Ahitofel, y así como David oró, Dios lo concedió.

La primera pregunta que surge al leer este pequeño resumen del capítulo de hoy es: ¿cuántas veces hemos escuchado consejos que parecieran provenir de Dios pero en realidad están totalmente apartados de la Voluntad del Señor? Absalón lo vivió en carne propia, pues Ahitofel le aconsejó llegarse a las diez concubinas que David había dejado guardando la casa real, para que con esto, todo el pueblo de Israel se enterara del gran insulto que Absalón había hecho a David su padre, insulto que no daría lugar a ninguna reconciliación entre ellos, logrando con ésto, supuestamente, «ganar» el apoyo del pueblo. Absalón decidió seguir el consejo de Ahitofel, en vez de buscar y seguir el consejo de Dios, pues como lo muestra el pasaje principal del día de hoy, en aquella época consultar a Ahitofel era casi como escuchar salir un consejo de la boca de Dios. El resultado de esta mala decisión, que era continuación de una mala toma de decisiones por parte de Absalón, pues recordemos que había robado el reino de su padre, lo llevó a creer que todo lo que Ahitofel le aconsejaba era bueno, pero ¡cuán lejos estaba de la realidad y de la voluntad de Dios!

Hermanos, con este relato Dios nos quiere mostrar dos enseñanzas importantes: La primera es, que en quien debemos buscar consejo es en el Señor, en Su Palabra, pues Él nos revela por medio de ella que Él mismo será el encargado de hacernos entender, y enseñarnos el camino en el que debemos andar, lo único que nos resta hacer es: atender su consejo, prestar atención a Sus palabras, inclinar nuestro oído a sus razones, no apartarnos de Su consejo y guardarlo en nuestro corazón, es decir, obedecerlo l(Salmos 32:8, Proverbios 4:20-22); y la segunda es, que aunque se nos ha permitido buscar consejo en líderes y pastores, pues la Palabra nos dice que: «en la multitud de consejeros hay seguridad.» (Proverbios 11:14b), nos aclara que dichos consejos deben tener una Dirección Sabia, pues si dicho consejo carece de la Dirección Sabia de Dios, el que siga ese consejo falto de sabiduría caerá (Proverbios 11:14a). Para reconocer si un consejo proviene de parte de Dios debemos filtrar todo por medio de Su Palabra, pues ella es la que realmente nos mostrará si el consejo está alineado a la Voluntad de Dios o no lo está. Para esta tarea recordemos que no estamos solos, pues nuestra carne, como vimos con Ahitofel, también se puede disfrazar para engañar y guiar, a nosotros o a otros, a tomar decisiones erradas, por ello es tan importante la guía y comunión del Espíritu Santo, pues sólo Él es quien nos llevará a escuchar la voz de nuestro Pastor, reconocerle y obedecer, seguir su consejo que es el único que permanece para siempre (Juan 10:27; 14:26, Salmos 33:11a)   Oración.

«Padre, que mi vida sólo sea guiada por Tí. Espíritu Santo ayúdame y no permitas que tome decisiones que carezcan de la Dirección de Dios, quiero que mi vida sea un reflejo de obediencia, un reflejo del actuar de Jesús en mí. Amén.   



sábado, 21 de febrero de 2026

Dios escucha mi clamor

 Dios escucha mi clamor

«Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor… Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor… Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.» Lucas 1:5-6, 8-9, 11-13

Qué hermoso relato el que nos recuerda Dios en el evangelio de Lucas. En él se describe la promesa que Dios le da al sacerdote Zacarías del nacimiento de su hijo Juan, quien sería conocido por todo el pueblo de Israel, pues sería el encargado de preparar el camino para la venida de nuestro Salvador (Mateo 3:3). La Biblia nos muestra que Zacarías y Elisabet eran ya de edad, añadiendo además que Elisabet era estéril, lo cual hace esta concepción aún más increíble. Juan llega como resultado de un clamor de Zacarías, pues observemos que el Ángel Gabriel manifiesta que Dios ha escuchado su oración y que su esposa dará a luz a un precioso varón. A través de este pasaje el Señor nos está animando pues ¿cuántos de nosotros, al igual que Zacarías, hemos puesto en el altar del Padre peticiones especiales? Cosas que ante nuestros ojos parecieran imposibles, pero que conociendo al Dios de los imposibles, decidimos encomendarlas a Él para que obre en nuestras vidas y haga en nosotros un milagro. Sin embargo, cuando llega la respuesta de parte de Dios dudamos, enfrentamos incredulidad, pues pensamos que para que se cumpla ese anhelo que tenemos en nuestro corazón depende de qué tanto nos esforcemos, o de qué tantas capacidades, talentos o recursos tenemos. Cuando miramos nuestra propia condición, que carece de todo lo anterior, flaqueamos, nos desanimamos y le damos acceso a la incredulidad. Sin embargo, Dios en Su infinita misericordia nos recuerda por medio de Su Palabra una gran Verdad, Él es el Gran Yo Soy: «He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?» (Jeremías 32:27).

Hermanos, el Señor es Dios fiel, el Único Dios verdadero quien está atento a nuestra oración, Él escucha nuestro clamor y conoce los deseos de nuestro corazón incluso antes de que los mencionemos, Él es Dios Poderoso, Dueño del oro y de la plata, Creador de todo el Universo y quien sostiene al mundo en Sus manos. Que cuando llegue la incredulidad a nuestras vidas, la rechacemos y no le demos cabida en nuestra mente y corazón, sino más bien permitamos al Espíritu Santo que nos recuerde quién es nuestro Dios, que traiga a nuestra memoria la grandeza del Señor, pues Él es la esperanza viva en quien hemos confiado y esperamos.  Oración.

«Padre, reconozco que cuando le he dado acceso en mi vida a la incredulidad y he fijado mis ojos en mis propias limitaciones he olvidado y dejado a un lado lo más importante, a Tí Dios. Señor, no quiero ser incrédulo sino más bien quiero permanecer firme en mi fe en Tí, por más difícil que parezca la situación. Padre, confío en que Tú tienes el control y que a Tu tiempo me darás lo que Tú creas que es mejor. Amén. 



viernes, 20 de febrero de 2026

Cristo, eres mi plenitud

 Cristo, eres mi plenitud

«Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida.» Jeremías 31:25

Cuánto descanso produce el meditar en la Palabra de Dios todos los días, pues en ella encontramos promesas preciosas como la del pasaje principal de hoy. Lo escrito en el libro de Jeremías es dicho por Dios al pueblo de Israel quienes estaban enfrentando una esclavitud en Babilonia, el Señor no solo les ha prometido que saldrán de aquel lugar, sino también que Él es quien satisfará su alma cansada y entristecida. Cuando meditamos en la esclavitud en la que se encontraba el pueblo de Israel, entenderemos que tuvo que haber sido un tiempo muy difícil el tener que servir a alguien más en todo momento, sujetarse a lo que otros dijeren y hacer conforme a lo que ellos quisieren; en la actualidad no sufrimos de esclavitud, pero podríamos llegar a decir que hay cosas que nos hacen sentir como si estuviésemos siendo esclavos, con un cansancio y hasta tristeza por no poder hacer más de lo que quisiéramos, por ejemplo: un trabajo demandante que no nos permite compartir tiempo suficiente con nuestra familia, los hijos que no dan tregua para cumplir con las labores del hogar o para invertir un poco de tiempo en nosotras mismas, entre otras obligaciones más.

Lo que el Señor nos quiere llevar a recordar por medio de este devocional es que toda alma cansada encuentra descanso en Él cuando nos sujetamos a Él y le permitimos a Cristo vivir en nosotros, cuando ésto sucede por medio de la fé y con la ayuda de Su Espíritu Santo entonces toda carga se vuelve liviana y fácil de llevar, por eso el Señor nos dice: «Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;» Salmos 55:22a.

Hermanos, si hoy estamos enfrentando cansancio o tristeza debemos recordar esta promesa de Dios pues el descanso y el gozo que estamos buscando se encuentra sólo en el Señor, Él es el único que satisface por completo nuestra alma cansada, agobiada, frustrada y entristecida, pues como lo dice Su Palabra sólo en Cristo hay plenitud (Salmos 16:11b, Colosenses 2:9-10).   Oración.

«Padre, Tu Palabra es mi alimento, mi sustento, es la que me anima y da fuerzas para seguir adelante. Señor he creído que Tu promesa es fiel y que eres solamente Tú quien en todo tiempo le dará satisfacción a esta alma que en ocasiones se deja cansar y turbar por los afanes de la vida. Amén. 



jueves, 19 de febrero de 2026

Mirando nuevamente a Jesús

 Mirando nuevamente a Jesús

«Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).» Juan 20:15-16

Este relato es el ejemplo perfecto de lo que causa en nosotros la tristeza cuando nuestra mirada sólo está puesta en ella, y es que como a María, la tristeza nos ciega, no nos deja ver con claridad lo que Dios está haciendo o quiere hacer en nuestras vidas.

Observemos que es tanto el llanto de aquella mujer que ni siquiera cuando Jesús le habla puede reconocerlo, es entonces cuando el Señor Jesús tiene que insistir en llamarla, pero ahora por su nombre, para que reaccione y salga de ese estado depresivo en el que se encuentra y a cambio pueda poner sus ojos en Él. Cuando María pone su mirada en Jesús, vemos que su llanto cesa, pues su enfoque ahora ya no está en la «pérdida» sino en la esperanza viva, Jesús.

¿Cuántos de nosotros al igual que María nos dejamos abrumar y cegar por las situaciones difíciles de la vida? Debemos reconocer que muchos de nosotros también nos hemos dejado agobiar no sólo por la tristeza, sino por otro tipo de sentimientos, en situaciones difíciles de afrontar. Al poner nuestra mirada sólo en el caos o la tormenta que vemos a nuestro alrededor pareciera que ignoramos que hay otra realidad que nos rodea, una realidad espiritual en la que Dios siempre está presente, dispuesto a hablarnos, consolarnos, darnos paz y seguridad.

Hermanos, Dios a través de este devocional nos está llamando no sólo para que le contemos cuál es el motivo de nuestro llanto o preocupación, sino para que volvamos a poner nuestra mirada en Él, pues cuando lo hacemos nuestro corazón se goza pues recuerda que nuestra esperanza está viva y que no debemos desmayar pues veremos Su bondad en medio de la situación que estemos enfrentando.  Oración.

«Padre, hoy levanto mi mirada y nuevamente la pongo en Tí, en el Único en quien encuentro paz y fortaleza. Señor, que Tu Espíritu Santo me lleve a recordar que Tu Presencia está conmigo en todo momento y que me acompañas incluso en la peor tormenta. Amén.



miércoles, 18 de febrero de 2026

Bajo presión

 Bajo presión

«Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.» Mateo 26:39

En entrevistas de trabajo es muy común escuchar a un jefe preguntarle a un aspirante a un cargo qué tan bueno es trabajando bajo presión, seguramente el aspirante responderá: «lo manejo bien», pues sabe que si se sincera al punto de decir que no le gusta y que le lleva al caos, seguramente no lo contratarían. Qué interesante que Dios por medio de este devocional nos quiera llevar a reflexionar sobre qué es lo que emerge de nosotros cuando estamos bajo presión, y es que debemos reconocer que en la mayoría de los casos el estar bajo presión nos irrita y acelera, nos entristece y abruma, o hasta nos paraliza. Dependiendo de cómo seamos, hayamos sido criados, o estemos acostumbrados a actuar, será lo que emerja a la luz. Si te ha pasado, podrás notar que lo que en ocasiones sale de nosotros cuando estamos bajo presión, es todo lo relacionado con la carne, sin embargo, qué maravilloso ver cómo Dios utiliza incluso todo ésto para pulirnos y moldear nuestro carácter.

La Biblia nos enseña que el oro, por ejemplo, es puesto bajo la presión del fuego con la finalidad de ser moldeado a la forma que el orfebre lo desee (1 Pedro 1:6-7), lo mismo sucede en la parte práctica de la vida, pues ¿cuántos de nosotros también hemos puesto bajo presión algunos alimentos para que puedan ser consumidos y usados en una preparación en particular? Podemos concluir entonces que la presión es algo que seguiremos experimentando mientras estemos en este mundo, la diferencia es que confiamos en que será encaminada por Dios para un mayor propósito, como sucedió con Jesús, Él no fue exento de estar bajo presión, pues miremoslo en el Getsemaní, era tanta la presión que sentía por lo que significaba beber la copa de Justicia de su Padre, que su sudor era como gotas de sangre que recorrían su rostro, la diferencia es que en Jesús vemos que emerge de Él la gran necesidad de contar con Su Padre, de hablarle y decirle lo que le está pasando, incluso es honesto manifestando que no quisiera beber de esa copa, Él sabe que el Padre es Todopoderoso y que si así Él lo quisiera no le daría a beber de aquella copa de Justicia, sin embargo, vemos que Jesús en su oración termina concluyendo que Su deseo es que se haga la Voluntad de Su Padre por encima de la suya.

Hermanos, ¿Cuántos de nosotros, cuando estamos bajo presión, seguimos el ejemplo de Jesús y antes de tomar cualquier decisión nos disponemos a descansar en la Presencia de Dios?, ¿Cuántos de nosotros le pedimos Su ayuda y Su fortaleza para seguir adelante en esa difícil situación que nos causa presión?, y ¿cuántos de nosotros terminamos haciendo la Voluntad del Padre por encima de la nuestra? El problema que vemos en nosotros no está en el experimentar presión, sino en lo que sale de nosotros cuando la enfrentamos, así que cada vez que estemos en ella recordemos a Jesús y pidámosle ayuda a Su Santo Espíritu para que lo que emerja de nosotros no sea el viejo hombre sino el nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.  Oración.

«Padre, que aún cuando me encuentre bajo presión deje surgir en mí a Tu Hijo Jesús, que siga Su ejemplo y no permita que los desafíos, tormentas o circunstancias difíciles que tenga que atravesar me aparten de Tu Voluntad. Amén.  



martes, 17 de febrero de 2026

¿Un corazón obstinado o humilde?

 ¿Un corazón obstinado o humilde?

«¿Por qué es este pueblo de Jerusalén rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no han querido volverse. Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla. Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.» Jeremías 8:5-7

«Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.» Salmos 51:3-4

La Palabra de Dios nos muestra el contraste que hay entre el pueblo de Israel y el Rey David a la hora de reconocer su pecado delante de Dios. En el pueblo de Israel podemos notar una gran resistencia a la hora de reconocer su pecado, una terquedad, pero sobre todo una falta de humildad para volver a Dios y arrepentirse delante de Él. Por ello podemos ver en Jeremías 8:4 cómo Dios tiene que confrontarlos a través del profeta con ejemplos simples para ver si así entienden su error, pero el pueblo pareciera seguir ignorando todo ésto e insistir en tener un corazón obstinado delante del Señor. En el caso contrario vemos a David, quien después de haberle sido revelado su pecado con respecto al haber tomado como mujer a Betsabé esposa de Urías Heteo y de planear la muerte de este hombre, declara las palabras del Salmo 51. Cuando las leemos podemos observar un corazón humilde, uno que es capaz de reconocer cuán grande ha sido su pecado delante de Dios. En aquel Salmo vemos a un hombre que tiene una gran necesidad de arrepentirse delante de Dios y de pedirle que le ayude a permanecer firme en Él (Salmos 51:10).

La pregunta que debe surgir en nosotros a través de este devocional es: ¿Cómo está nuestro corazón delante de Dios, obstinado o humilde? Sí quizás el Espíritu Santo nos está revelando que tenemos un corazón obstinado, uno que decide alejarse de Dios creyendo que tiene la razón, nos está haciendo el llamado de regresar hacia el Señor. Pero si a través de esta Palabra hemos comprendido la gran necesidad que debemos tener de que haya en nosotros un corazón humilde, Dios nos ha escuchado, y nos quiere recordar que: «si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.» 2 Crónicas 7:14.

Hermanos, que el Espíritu Santo nos ayude a permanecer con un corazón humilde delante del Padre, un corazón que ya no refleje nuestra obstinación sino la humildad de Jesús.   Oración.

«Padre, perdona mi obstinado corazón pues reconozco que en muchas ocasiones no he querido doblegar mi orgullo delante de Tí. Señor Jesús quiero que seas Tú el centro de mi vida, quien dirija mis pasos y moldee mi corazón. Llévame Santo Dios a tener un corazón humilde como el de Tu Hijo Jesucristo, un corazón que se deje moldear en todo tiempo sólo por Tí. Amén.  



lunes, 16 de febrero de 2026

¿Recordar es vivir?

 ¿Recordar es vivir?

«Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos. Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas; Hiciste notorio en los pueblos tu poder» Salmos 77:10b-14

Cuántos de nosotros hemos escuchado la frase popular que dice: «Recordar es vivir», cuando la analizamos detenidamente nos damos cuenta que aquella frase no es del todo cierta, pues cuando nos devolvemos al pasado, seguramente al no haber tenido buenas experiencias, lo que surge en nosotros al quedarnos en aquellas situaciones vividas es: tristeza, rabia, una leve sensación de «ojalá hubiese actuado diferente» y todo tipo de emociones similares que tan sólo nos estancan.

Con ésto no queremos decir que recordar esté mal, todo lo contrario, observemos que Dios nos lleva por medio de Su Palabra a recordar, por ejemplo, la cena del Señor, pero cuando leemos detenidamente las Escrituras vemos que aquel recuerdo no nos centra tan sólo en la crucifixión de nuestro Señor, en el gran dolor que padeció y en su muerte, sino que también nos centra en Su resurrección y en la esperanza que tenemos de que lo volveremos a ver (1 Corintios 11:23-26). Como vemos éste tipo de enfoque no nos causa tristeza sino gozo, esperanza, confianza, seguridad. En otro caso similar vemos que Dios aprueba el recordar, en Deuteronomio 6:6-9, 21-23 podemos ver que el Señor manda a su pueblo que les enseñen a sus hijos de dónde los sacó, y cuando nos ponemos en aquella situación y tratamos de imaginar a aquellos hombres contándole a sus pequeños lo que vivieron no creo que el enfoque de aquellos recuerdos estuviera en la esclavitud que padecieron, sino más bien en las maravillas de Dios, en cómo mandó plagas, en cómo despojó a los Egipcios de sus riquezas dándole gracia al pueblo de Israel para que les dieran cuánto pidieran, en cómo pasaron el Mar Rojo, en cómo vieron a sus enemigos ser derribados por Dios, en cómo Dios los protegía y les proveía: con la columna de nube y de fuego que les alumbraba y mostraba el camino por el que debían andar de día y de noche, con el alimento, manteniendo su ropa y calzado sin desgastar. Como vemos es un enfoque que no produce tristeza, sino gozo, paz.

Hermanos, podemos concluir que el recordar es algo que Dios nos ha permitido experimentar, pero aquel recuerdo debe tener siempre como enfoque a Dios, pues cuando dejamos de poner nuestra mirada en Él, lo que sucede es que nuestro enemigo: la carne, el mundo y Satanás, utilizan ésto para desviar nuestra mirada y tratar de sembrar en nosotros: dolor, frustración, culpa, despropósito, etc. Pero cuando nuestra mirada está puesta en Jesús, lo que surge de nuestro corazón es gratitud hacia Él, por Su Presencia, Su Sustento, Su sanidad, Su misericordia, Su gracia, Su favor, Su amor y Su bondad.  Oración.

«Padre, que cuando mire a mi pasado no sea para sumergirme en la tristeza sino para recordar Tus obras, Tu grandeza. Gracias Señor por darle un nuevo significado a aquellos recuerdos, pues he entendido que el centro de ellos no será el difícil camino que he recorrido, sino la gran obra y misericordia que de Cristo he recibido. Amén. 



domingo, 15 de febrero de 2026

Vigilantes

 Vigilantes

«Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.» Marcos 13:34-37

El Señor Jesús nos habla en el evangelio de Marcos sobre la gran tarea que nos ha encomendado: ir por todo el mundo a predicar las buenas nuevas de Jesús (Marcos 16:15), además nos exhorta a no descuidar dicha labor que nos ha encomendado pues conoce que el adormecimiento, por ejemplo, puede producir en nosotros una falta en el cumplimiento de esta tarea, por eso es importante que analicemos cuáles pueden ser las posibles causas que generan ésto:

La pereza: Al hombre que es perezoso todo trabajo le causa un tipo de cansancio anticipado, pues el sólo hecho de pensar en que tiene que trabajar para lograr un objetivo en particular lo termina cansando antes de tiempo, lo que hace que tire la toalla antes de haber empezado a trabajar. La Biblia nos muestra que aquella persona es consciente de que tiene un trabajo, una meta por alcanzar, pero la pereza lo lleva a permanecer estancado y dormitando (Proverbios 13:4).

El desánimo y el cansancio: El evangelizar, discipular, incluso el realizar cualquier otra labor en nuestras fuerzas, puede causar desánimo y cansancio, y es que debemos reconocer que el tratar con personas no es tarea fácil, pues al ser tan diferentes en la manera de pensar, sentir y actuar, puede llevarnos al desánimo al no poder ver los resultados que esperamos, en el tiempo que deseamos.

Como vemos, todos estos impedimentos surgen en la carne, y aquí el Señor quiere volver a recalcarnos que para poder cumplir con esta tarea que nos ha encomendado se necesita que Cristo sea quien viva en nosotros (Gálatas 2:20), pues sólo cuando ésto ocurre por medio de la fe en Él, toda carga o trabajo se vuelve liviano, resulta fácil de llevar y se puede cumplir sin desmayar.

Hermanos, la Palabra de Dios es clara, el Señor nos ha dado autoridad para ir a evangelizar y para poder cumplir esta tarea debemos recordar que no estamos solos pues Dios nos ha dado Su Espíritu Santo quien será el encargado de hablar a otros y testificar de la obra de Cristo, Él será quien enseñe, confronte y redarguya a todo aquel que escuche el evangelio. La promesa de Dios para nosotros es que con Su ayuda y guía esta obra no la haremos por un tiempo sino que nos llevará a que sea constante pues Él es el único que nos permitirá estar en todo momento vigilantes. Lo que a ti y a mí nos resta hacer es estar prestos, solícitos y dispuestos a dejarnos usar como instrumentos en las manos de Dios.  Oración.

«Padre, me has encomendado una tarea muy grande, sé que si miro mis capacidades concluiré que no las tengo y que deberías elegir a alguien más, pero cuando dejo de enfocarme en mi para creer en la verdad de Tu Palabra, Tu Espíritu Santo me lleva a ver a Cristo viviendo en mí, a entender que es Él quien me guiará y cumplirá aquel mandato que me has enseñado. Señor, dispongo mi vida a Tu servicio y te pido que no me permitas desmayar. Amén. 



sábado, 14 de febrero de 2026

Mi ofrenda a Dios

 Mi ofrenda a Dios

«Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.» Marcos 12: 41- 44

Este relato por lo general lo tomamos de manera literal y como una enseñanza que utiliza Dios para confrontarnos con respecto a la intención con la que ofrendamos. Lo maravilloso de la Palabra de Dios es que cuando meditamos en ella y nos es revelada por Su Espíritu Santo, el mismo pasaje puede hablarnos desde otras perspectivas. En el devocional de hoy el énfasis de este pasaje estará dedicado a reflexionar sobre: ¿cómo es el tiempo que estamos ofreciendo al Señor? Es decir, ¿le estamos dando a Dios el tiempo que nos sobra, o por el contrario, hemos entendido que todo nuestro tiempo le pertenece a Él?

A lo largo de nuestras vidas hemos podido escuchar a diferentes personas decir que «cuando lleguen a cierta edad, o hayan cumplido con un propósito en particular, dedicarán, en aquel entonces, sus vidas, su tiempo, al servicio de Dios», en otros casos podemos ver a quienes están dispuestos a servir a Dios pero bajo ciertas condiciones, durante un tiempo determinado y con un horario que debe ser fijo y planificado. Como vemos, ambos tipos de personas demuestran lo mismo: su tiempo no es de Dios, pues Dios debe «amoldarse» a su tiempo. Mientras tanto, en la otra cara de la moneda vemos a la viuda pobre, quien representa a creyentes como tú y como yo, que aunque tenemos muchas obligaciones por las cuales responder y sin saber cómo administrar bien el tiempo, tenemos un deseo en nuestro corazón de servir al Señor en todo momento, pues Su Espíritu Santo nos ha llevado a entender que Dios es el dueño de nuestro tiempo, por eso no le damos a Dios de lo que nos sobra, sino todo: cuando Él nos llame y a donde nos llame, sin importar si tenemos el don o no lo tenemos, pues confiamos en que si Dios nos ha llamado Él mismo nos dará las herramientas para responder con lo que nos ha encomendado. Ésto me recuerda a Abraham quien era un hombre que tenía muchos bienes (Génesis 12:5), cuando Dios lo llama para que vaya a servirle en un lugar que era desconocido para Abraham, aquel hombre no dijo: «no tengo tiempo, déjame primero hacer algo y regreso, o llámame luego cuando tenga más tiempo» ¡no! Abraham, sabiendo delante de quién estaba, sin titubear decidió seguir a Dios dejando su vida y su tiempo en manos del Señor, el Dueño de su vida y de sus tiempos (Génesis 12:1-4a, Salmos 31:15a). Cabe aclarar que con ésto no queremos decir que dejes tu trabajo, tu casa o tu familia, lo que queremos decir, y que debemos comprender, es que por encima de todo debe estar Dios, y que el único que debe tener el control de nuestro tiempo es el Señor, no nosotros, pues Él es el único dueño del tiempo (Daniel 2:21a).   Oración. 

«Padre, mi vida te pertenece por completo, que Tu Espíritu Santo no permita que lo olvide. Señor Jesús que cuando Tú me llames corra hacia Ti sin reservas, sin excusas, pues entiendo que Tuyos son mis días, mis talentos, mi voz, mi vida y mi tiempo. Amén.



viernes, 13 de febrero de 2026

Cinco sentidos

 Cinco sentidos

«La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» Mateo 6:22-23

En el devocional de ayer mencionamos que nuestro pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos, el día de hoy vamos a ver a través de dos ejemplos bíblicos el por qué decimos ésto.

En la vida de David podemos comprobar cómo lo que vemos puede llegar a influenciar no sólo nuestra manera de pensar, sino también nuestro sentir y actuar. La Biblia nos relata en 2 de Samuel 11:2-4 que David al ver desde el terrado a una mujer hermosa llamada Betsabé, esposa de Urías Heteo, manda no sólo a preguntar por quién era ella, sino que también envía mensajeros para que la traigan a la casa real para poder acostarse con ella. En el segundo caso relatado en Génesis 3:1-6 podemos ver a Eva dejándose seducir por las mentiras de Satanás, al oír sus palabras y al aceptar dicha mentira de que aquel fruto prohibido era bueno y que se podía comer de él, ante sus ojos el fruto prohibido se comenzó a ver como algo codiciable para alcanzar «sabiduría», lo que la llevó a tomar, palpar ese fruto prohibido, quizás a olfatear y percibir un aroma agradable, y por último a degustar, comer de él tanto ella como su marido. Como vemos, aquellos sentidos que nos fueron dados por Dios, cuando los dejamos a disposición de la carne, nos pueden guiar hacia la desobediencia al Señor, por esta razón debemos tener sumo cuidado con ellos.

La Biblia nos declara en el pasaje principal del día de hoy, que en el caso de la vista, nuestros ojos son como esa lámpara que llevan luz u oscuridad a nuestro cuerpo, y dependiendo de a quién le demos el control de ellos, nuestras vidas podrán experimentar luz u oscuridad. Quizás al leer esto pensarás: «Mis ojos están sanos, llenos de luz», pero la Palabra nos confronta diciendo que en ocasiones estamos tan ciegos y con tanta neblina en nuestra mente que ni siquiera podemos percibir esto, como le pasó a David, después de haber tomado a la mujer de Urías y de incluso haber planeado su muerte, no caía en cuenta de su pecado hacia Dios hasta que Natán habló con él (2 Samuel 12:1-9), cuán nublado estaba el pensamiento de David al creer que lo que había hecho tenía justificación. En el caso de Eva le vemos echarle la culpa a Satanás disfrazado de serpiente, diciendo que había sido engañada, en vez de reconocer su pecado contra Dios (Génesis 3:13). Como vemos necesitamos que sea Dios quien guarde nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, pues nuestro corazón es tan engañoso y perverso que si le seguimos permitiendo que sea el que dirija nuestras vidas nos llevará a sembrar sólo las obras de la carne.  Oración.

«Padre, reconozco que en ocasiones he permitido que mis ojos vean cosas que no me edifican, te pido perdón pues Tú me has dado la vista con un fin específico y mayor, que cuando por medio de ellos vea Tu luz, tu Espíritu sea quien guíe mi vida. Amén.



jueves, 12 de febrero de 2026

Guarda tu pensamiento

 Guarda tu pensamiento

«Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.» Proverbios 4:23

Dios me llevó a recordar Proverbios 4:23, quien nos habla de la importancia de guardar, cuidar nuestro corazón, pues éste determina el rumbo de nuestra vida.

Lastimosamente muchos creyentes remiten éste pasaje tan sólo al cuidado que debemos tener con nuestro miembro físico, y sin darnos cuenta dejamos a un lado una enseñanza mucho más profunda. La palabra «corazón», proviene del Hebreo: y ésta palabra no sólo se usa para referirse al miembro físico, sino también a la voluntad, los sentimientos e incluso al intelecto o pensamiento. Y conforme ésta última definición queremos llevar el enfoque del devocional, pues cuán importante es guardar, cuidar, velar por nuestro pensamiento, y lo queremos mencionar, porque si hoy en día hay algo que el ser humano tiene desprotegido, descuidado y hasta trastornado es el pensamiento. Diariamente somos testigos de ello, pues la humanidad se encuentra en un estado de degradación y decadencia bastante importante.

No sé si lo has notado pero cuando pasamos tiempo alimentando nuestras vidas o consumiendo éste tipo de contenido, terminamos haciéndole daño a nuestro pensamiento, pues ¿Quién no termina después de esto preocupado, indignado, desanimado, desmotivado, o en casos contrarios, hasta influenciado a hacer algo similar? Lo hablo a modo personal, pues me di cuenta que ésto me pasaba cuando al ver en mis redes sociales noticias que no son provechosas, resultaba difícil para mí el tratar de traer a mi mente un pensamiento diferente, algo que fuera edificante, al no poder cambiar de idea, inmediatamente empecé a experimentar ansiedad, a tal punto que mi cuerpo me decía que debía salir corriendo.

Como vemos la tarea de guardar nuestro pensamiento no es sólo para aquellos pequeños que apenas están aprendiendo, sino también para nosotros los padres, hermanos, amigos, abuelos, líderes y pastores, pues en el mundo estamos y él está viciado de cosas que quieren afectar nuestro pensamiento, pues debemos recordar que un pensar se convierte en un sentir, y la combinación de éstos dos nos llevan a determinar nuestro actuar.

Hermanos, debemos tener presente que el pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos. De nosotros depende decidir con qué le seguiremos alimentando, si con la basura que nos ofrece el mundo, o por el contrario, con el alimento más nutritivo que nos ofrece Dios, Su Palabra.   Oración.

«Padre, gracias por enseñarme a través de Tu Palabra y de manera práctica la importancia de cuidar mi modo de pensar. Espíritu Santo de Dios llévame a mantener mi mente y mis pensamientos en Cristo Jesús, pues como dices en Tu Palabra: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado Amén.   



miércoles, 11 de febrero de 2026

Ni ansiedad ni calma excesiva sino una vida con diligencia

 Ni ansiedad ni calma excesiva sino una vida con diligencia

«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?… ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos… No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.» Mateo 6:25, 27-29, 31-32

Marian Rojas Estapé reconocida médica psiquiatra dice que «el 90% de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden, pero nuestro cuerpo y nuestra mente lo viven como si fueran reales», qué interesante ver que este concepto reconocido oficialmente por la ciencia en el Siglo XX, haya sido revelado por Jesús décadas atrás. Jesús no habló con cifras, pero en Su Palabra no necesitamos de ellas para entender que ni el afán ni la ansiedad producen algo bueno en el ser humano, ni para comprender que al experimentarlas tampoco pueden acelerar el curso de las cosas, como en ocasiones ellas nos quieren hacer ver.

En la vida cristiana debemos aprender a tener un equilibrio, pues en ocasiones solemos irnos a los extremos, o nos afanamos por todo y nos aceleramos; lo que produce fatiga, estrés, cansancio y una mala toma de decisiones, como le sucedió a Saúl, quien por el afán de ver al pueblo desertar no esperó a Samuel para que éste ofreciera sacrificio a Dios sino que él mismo lo ofreció, la consecuencia de ésto: la desobediencia a Dios, la reprensión por parte del Señor y el ser apartado del reino (1 Samuel 13:9-14); o en el caso contrario nos mantenemos en una calma excesiva, al punto de dejarnos llevar hacia la procrastinación, como le pasó en una ocasión a Moisés, él sabía lo que debía hacer: avanzar y hacer pasar al pueblo por el Mar Rojo pues detrás de ellos estaba el ejército Egipcio, pero en cambio le vemos orando, esperando, cuando la indicación que había sido dada por Dios era clara. El resultado de aquella calma excesiva fue un llamado de atención de parte de Dios (Éxodo 14:15-16), gracias a la misericordia de Dios y a la promesa que Él les había hecho, el pueblo no fue capturado y pudieron salir de aquella esclavitud en la que los había tenido el Faraón Rey de Egipto.

Hermanos, la Biblia nos invita a ser diligentes, diligentes a la hora de buscar a Dios, de prestar atención a Su Palabra y por supuesto a ser diligentes al momento de obedecerle, de actuar (Mateo 6:33a, 1 Samuel 15:22, 2 Timoteo 2:15). El vivir con diligencia no es algo que se pueda llevar a cabo por nuestro propio esfuerzo sino únicamente por medio de la fe, pues a medida que vayamos creyendo en la Verdad de Su Palabra, el Espíritu Santo será el encargado de llevarnos a experimentar esta Verdad, nos ayudará, guiará, revelará y permitirá entender cuándo es el tiempo oportuno para actuar, cómo debemos hacerlo y qué es lo que nos corresponde hacer en una situación en particular.   Oración.

«Padre Santo que cuando Tú me pidas hacer algo le permita a Tu Espíritu Santo guiarme para obedecerte con diligencia. No quiero posponer las cosas, ni actuar basándome en el afán, quiero permitirle más bien a Tu Hijo Jesús quien sea el que viva y me lleve a disfrutar de una vida equilibrada. Amén.



martes, 10 de febrero de 2026

Mi mirada puesta en Tí

 Mi mirada puesta en Tí

«En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.» Salmos 94:19

En la mayoría del Salmo 94 no sólo podemos observar la gran injusticia a la que se enfrentaba el escritor y las personas que estaban a su alrededor, sino también lo que produce en la vida del hombre al poner la mirada en las situaciones difíciles del día a día (Salmos 94:1-6, 16, 21). Cuando el Salmista se enfocaba en esas injusticias, la Biblia nos muestra que su corazón se llenaba de ira, y cuando permitía que fuera su carne la que tomara el control y guiara sus oraciones, sólo salía la gran necesidad de que Dios hiciera «justicia» (Salmos 94:9-10a). Ésto me recuerda la petición de Juan y Jacobo, quienes al ver el rechazo que le hicieron en una aldea de Samaria a Jesús y al dejarse dominar por ésto, sólo salía de su corazón la gran necesidad de que cayera fuego del cielo para que consumiera toda esa ciudad, pues según ellos con ésto se haría «justicia» (Lucas 9:54). Cuando tú y yo nos dejamos dominar por la carne nos sumergimos en un estado de tristeza, rencor, celos, etc., pues la carne sólo nos impulsa a que se produzca en nosotros frutos semejantes (Gálatas 5:19-21a). Sin embargo, observemos lo que sucede en nuestras vidas cuando, incluso ante dichas situaciones injustas, le damos el control al Espíritu. El Salmista declara que lo único que producía alegría a su alma era la Palabra de Dios, pues en ella encontraba el consuelo que necesitaba, y es que la Palabra de Dios es la única que puede saciar nuestra alma incluso ante la peor circunstancia, por eso el Espíritu Santo nos lleva a recordarla (Juan 14:26)

Cuando le damos el control al Espíritu Santo de Dios se produce en nosotros Su fruto, fruto que nos lleva a experimentar en todo momento: el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza o dominio propio (Gálatas 5:22-23a), fruto que necesitamos para poder resistir la prueba y mantener nuestra confianza firme en Jesús quien es nuestra esperanza (Salmos 27:13-14)

Hermanos, en el mundo estamos y en él enfrentaremos aflicción, sin embargo, no nos podemos dejar llevar por las dificultades de este mundo, ni ellas pueden determinar nuestro pensar, sentir, actuar, pues por el único que nos deberíamos dejar guiar es por Dios y Su Palabra, pues como lo declara el Salmista: «Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, Y en tu ley lo instruyes, Para hacerle descansar en los días de aflicción,» Salmos 94:12-13a.  Oración.

«Padre, que mi mirada esté siempre puesta en Tí, pues cuando solo te veo a Tí mi alma encuentra paz, esa paz que sólo Tú puedes dar y que es la que sobrepasa todo entendimiento, paz que no llega por la ausencia de dificultades sino que viene como resultado de permanecer en Tu Presencia. Amén.  



lunes, 9 de febrero de 2026

 Apartados para Dios

«Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.» Jeremías 2:4-8

El libro de Jeremías nos lleva a meditar sobre la gran problemática del pueblo de Israel en cuanto a la desobediencia constante hacia el Señor. El pueblo quien debía haber obedecido a todas las enseñanzas dadas por Dios y ser ejemplo de ellas ante otros pueblos, se había desviado conforme a la imaginación de su malvado corazón (Jeremías 11:3-8a), ahora dentro de sus costumbres estaba mandar a hacer con los artesanos figura de madera a aquellos dioses paganos y a decorarlas con oro y plata. La Biblia añade que según él número de sus ciudades eran sus dioses ajenos, y según sus calles los altares que habían puesto para ofrecer incienso a Baal (Jeremías 10:3-5a, 11:13).

Qué triste ver cómo Israel había caído y se había dejado seducir por el mundo cuando no había sido creado para ésto, qué dolor tan grande sentía Dios al ver en lo que se había convertido Su pueblo. Sin embargo, en medio de ellos había un hombre, Jeremías, quien anhelaba cumplir los mandatos de Dios. Este ejemplo nos debe llevar a reflexionar, pues hoy tú y yo debemos ser como Jeremías en medio del caos y la lujuria que nos ofrece este mundo, debemos permanecer firmes ante Dios sin dejarnos contaminar por las costumbres de los no creyentes. Lastimosamente, en ocasiones nos sucede como al pueblo de Israel y nos terminamos dejando llevar por la corriente de este mundo, permitiendo en nuestras vidas, prácticas que no son correctas y que no nos llevan a glorificar a Dios sino a callar, como lo quiso hacer el pueblo con el profeta, quien al predicar incansablemente sobre la Palabra del Señor, el mismo pueblo quería callarlo, matarlo, pues sabemos que la Palabra de Dios nos confronta, y a quienes no les agrada, les causa enojo y un crujir de dientes (Hechos 7:54).

Hermanos, la conclusión de éste devocional es clara, estamos en medio del mundo y de él no seremos quitados hasta que el Señor venga por nosotros, pero mientras esto ocurre, debemos recordar que seremos guardados y apartados para Dios por medio de la Verdad de Su Palabra (Juan 17:15-17), por tanto, permanezcamos firmes y sigamos compartiendo las buenas nuevas de Jesucristo para que otros también lleguen a ser salvos.   Oración.

«Padre, hoy nos unimos a la petición que hizo Tu Hijo Jesús cuando estuvo en la tierra: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.» Guárdanos Oh Dios con la Verdad de Tu Palabra. Espíritu Santo no permitas que nos desviemos ni a izquierda ni a derecha, sino que caminemos por el único camino que nos conduce hacia el Padre. Amén.



domingo, 8 de febrero de 2026

 Miedo a lo desconocido

«Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.» Éxodo 20:18-19

«Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.» Éxodo 33:11a

Bien conocemos que el hombre suele tenerle miedo a lo desconocido y es que para él, el no tener control sobre las cosas le produce incertidumbre, frustración, etc.

El pueblo de Israel experimentó miedo a lo desconocido, o más bien podríamos decir miedo a Dios a quien no conocían, y debemos aclarar que esto sucedió, no porque Dios no hubiese querido que lo hicieran, sino por la misma decisión del pueblo quienes prefirieron que fuera Moisés quien lo conociera y les trajera el mensaje que Dios quisiera enviarles.

Hoy en día, cuando vemos este ejemplo, podremos decir ¡qué ignorancia!, y la verdad es que nosotros no estamos tan lejos de aquella realidad, pues hoy en día también preferimos que alguien más nos hable sobre quién es Dios, que acercarnos al Señor y tener una relación con Él en la cual podamos conocerle más íntimamente.

Qué hermoso ver lo que en cambio refleja Moisés, quien en su madurez espiritual entendió la importancia de conocer más a Dios y depender de Él a tal punto de decir: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.» Éxodo 33:15b, y es que a Moisés ya no le importaba el no saber a dónde Dios les llevaría, ni qué encontrarían, pues su enfoque ya no estaba en aquello desconocido, sino en Dios a quien ya conocía por medio de su intimidad con Él.

Hermanos, recordemos que para estar en la Presencia de Dios ya no necesitamos subir a un monte, pues Su Palabra nos revela: «porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.» (Efesios 2:18), así que aprovechemos y cultivemos nuestra relación con Dios por medio de la comunión de Su Espíritu (2 Corintios 13:14).    Oración.

«Padre, gracias por permitirme conocerte y verte cara a cara por medio de la preciosa sangre de Tu Hijo Jesús, quien la derramó en esa cruz por amor a mí y a toda la humanidad. Espíritu Santo de Dios pon en mi corazón el deseo ferviente de estar en Tu Presencia en todo momento para alabarte y adorarte, para conocerte y glorificarte. Amén.



sábado, 7 de febrero de 2026

 Andar en el Espíritu

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1 Corintios 2:14

Cuando la Biblia nos dice que las cosas que son de Dios solo se pueden entender a través de la revelación del Espíritu Santo, es porque solo Él conoce las cosas de Dios (1 Corintios 2:11) y nosotros, los que hemos creído en Cristo y su palabra de verdad, sabemos que el Espíritu Santo está en nosotros, por eso nuestra seguridad y confianza debe ser total en lo que Dios dice en su Palabra para nuestra vida.

La palabra de Dios en Gálatas 5:16 dice: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Una de las muestras de que hemos recibido al Espíritu Santo es que comienza una guerra entre mi carne y Él, una batalla entre confiar en los deseos e impulsos de la carne o dejarme guiar por su Presencia; pues, una vez que nosotros hemos creído en Cristo somos bautizados por el Espíritu Santo en Cristo, y dice la palabra de Dios que hemos sido bautizados en su muerte, lo que para nosotros significa que hemos muerto o ha sido crucificado juntamente con Cristo nuestro viejo hombre, para que ahora en el presente, así como Cristo resucitó de los muertos y vive para Dios, nosotros también nos consideremos muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro; (Romanos 6:3-11).

La frase “muertos al pecado, pero vivos para Dios” quiere decir que ahora nosotros podemos y debemos por la fe en Cristo, andar en vida nueva, una vida guiada por el Espíritu Santo, en la cual no reine el pecado, es decir, no lo obedezcamos y tampoco ofrezcamos los miembros de nuestro cuerpo como instrumentos de mal para servirle, sino que, por el contrario, nos entreguemos a Dios y usemos todo nuestro cuerpo como instrumento para hacer lo que es correcto (Romanos 6:12-13).  Oración.

«Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, en este día te alabo, te doy gracias, bendigo tu poderoso nombre y me rindo a tus pies para pedirte que hagas tu voluntad en mi vida, que intervengas en cada aspecto y endereces mis pasos; Padre, que sea tu Santo Espíritu el que tome el control de mi caminar para que así pueda entender y vivir cada una tus verdades para mí. Gracias, en el nombre de Cristo Jesús. Amén.


viernes, 6 de febrero de 2026

Recuerda quién eres

 Recuerda quién eres

«Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim. También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos… Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo… Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí.» 1 Samuel 17:1-2, 4, 8

Cuántas cosas vemos y oímos a diario en este mundo que terminan impactando nuestros pensamientos, sentimientos y hasta acciones. Esto le pasó al pueblo de Israel, quienes al dejarse llevar por lo que veían y oían decir a Goliat, sus corazones desmayaban y terminan haciéndoles olvidar que ellos eran el pueblo de Dios.

A diario tú y yo nos vemos enfrentados a lo mismo, pues al oír por ejemplo rumores de guerra nuestro corazón se angustia, o si vemos crisis económicas pensamos qué haremos para sostener a nuestras familias. En esos momentos, al fijarnos en ese Goliat que representa al mundo, terminamos dejando a Dios de lado, olvidando Sus promesas, Su fidelidad y la Verdad de Su Palabra. Hasta que se levanta un David en medio de nosotros, inspirado por el Espíritu Santo de Dios, y nos recuerda quiénes somos: hijos de Dios como lo afirma Gálatas 3:26 «pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;»; cuál es nuestro propósito en esta tierra: glorificarle a Él como dice Isaías 43:7 «todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.»; y para dónde vamos: a disfrutar de la Presencia de Dios por la eternidad como vemos era la confianza de aquellos hombres y mujeres descritos en Hebreos 11:13-16 «Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

Hermanos, éstos tiempos son difíciles, parecieran estar llenos de incertidumbre, pero ese pensamiento no debe estar presente en nosotros los creyentes pues nuestra esperanza está en el Señor, confiamos en que Él nos sustenta y nos cuida a diario.    Oración.

«Padre, que nunca permita que la voz del mundo sea más fuerte que lo que me has enseñado en Tu Palabra. Que tú Espíritu Santo me recuerde en todo momento quién soy en Cristo Jesús, para qué he venido a esta tierra y el futuro glorioso que me espera junto a Ti. Amén. 



jueves, 5 de febrero de 2026

Jesús, dirige mi barca

 Jesús, dirige mi barca

“En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.” Marcos 6:45-48

¿Te ha pasado que en ocasiones piensas que tu deber es esforzarte para cumplir a cabalidad con una tarea en particular? Y es que cuando actuamos conforme a este pensamiento nos encontramos, como aquellos discípulos, cansados, tratando de remar con gran dificultad y llenos de contrariedad, pues aunque queremos hacer las cosas bien no las podemos hacer. Anhelamos hacer todo para la gloria de Dios (Colosenses 3:23-24), cumplir con todas las responsabilidades y obligaciones que tenemos a cargo (1 Corintios 14:40), disfrutar el proceso y estar en paz en medio de ésto, pero nuestra realidad resulta muy diferente, pues al tratar de hacer todo en nuestras fuerzas nos desgasta, frustra, fatiga, desanima y estresa a tal punto de desear tirar la toalla, y es que claramente en nuestras fuerzas resultaría imposible vivir, y por supuesto, cumplir con lo que Dios nos dice en Su Palabra. En esos instantes deberíamos recordar este pasaje, pues así nos vemos, tratando de remar en este mundo sin Jesús dirigiendo la barca.

Me parece extraordinario ver cómo Jesús al mirar a sus discípulos desde lejos y verlos en aquella situación decide ir a su encuentro, no para reprenderlos, pues el Señor sabe y conoce su esfuerzo, incluso el tuyo y el mío, conoce nuestra necesidad de querer hacer las cosas bien, de querer glorificarle a Él con todo lo que hacemos (Apocalipsis 2:2-3). Sin embargo, durante ese trayecto olvidamos lo más importante, a Jesús, pues la Palabra de Dios nos recuerda que separados de Él nada podemos hacer (Juan 15:5).

Miremos que cuando Jesús sube a la barca a dirigir a sus discípulos aquel viento que les era contrario se calma, y de la misma manera sucede en nuestras vidas cuando le permitimos al Señor tomar la dirección y el control de ella, pues aquellas situaciones que parecieran ser pesadas o difíciles de cumplir, se vuelven livianas y ligeras a causa del Señor (Mateo 11:29).

Hermanos, lo que Dios anhela es que hagamos todas las cosas para Él, pero no en nuestras propias fuerzas, pues si seguimos así terminaremos agobiados, frustrados y cansados de remar, lo que el Señor desea es que aprendamos a permanecer y descansar en Él, y para lograrlo necesitamos menguar, morir a nosotros mismos cada día y en todo momento, para permitirle más bien a Cristo que viva, nos lleve a disfrutar y tener paz en nuestro diario caminar (Gálatas 2:20).   Oración.

«Dios, anhelo experimentar el fruto de Tu Espíritu Santo pero debo reconocer que no lo he visto reflejado en mi vida diaria y continuamente porque he decidido ser yo quien se siente a dirigir mi barco. Te pido perdón por remar sin Tí, quiero que por favor tomes nuevamente el lugar que te corresponde en mi vida, te doy el control para que seas Tú quien me dirija. Gracias te doy porque sé que, por fe, te has sentado nuevamente en el trono de mi corazón y me guiarás hacia donde Tú lo desees. Amén.  


miércoles, 4 de febrero de 2026

Obedecer sin vacilar

 Obedecer sin vacilar

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí… Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel,» Éxodo 3:2-4, 6-8a

Cuando recordamos el llamado que Dios le hizo a Moisés podemos, desde la barrera, percibir las cosas con mayor claridad pues pareciera ser que cuando estamos enfrentando algunas situaciones, el enfocarnos en ellas y en nuestras propias capacidades, nos nublan el entendimiento.

Si analizamos el pasaje nos daremos cuenta que la tarea que Dios le había encomendado a Moisés era clara: Ir delante del Faraón Rey de Egipto y decirle que liberara al pueblo de Israel. No era una tarea improvisada, pues Dios había escogido a Moisés tan sólo como instrumento para llevar a cabo Su plan, le había enseñado lo que debía decir, las señales que debía hacer para demostrar que era Dios mismo quien daba dicho mandato, sin embargo, vemos a Moisés no tan convencido de ser la persona idónea o correcta para esta labor. Aquí quiero detenerme y permitirle al Espíritu Santo que nos confronte pues ¿cuántos de nosotros nos hemos sentido identificados, en algún momento de nuestra vida, con la reacción que tuvo Moisés? Quizás muchos de nosotros hemos pensado lo mismo que Moisés, y nos hemos terminado enfocando en nuestra propia capacidad a la hora de llevar a cabo una tarea, y es que hay situaciones en las que Dios nos habla de manera clara y nos da una tarea específica para realizar, pero al enfocarnos en nuestra propia capacidad y recursos terminamos dudando, sintiendo temor porque pensamos que no podremos responder como se debe, o incluso procrastinando dicha tarea, en los peores casos evadiéndola y huyendo hacia otro lugar, como sabemos lo hizo Jonás (Jonás 1:1-3)

Hermanos, lo que Dios nos quiere enseñar por medio de este pasaje es que para poder obedecerle sin vacilar nos falta conocerle, pues sólo a medida que le vayamos conociendo y nos sea revelado por Su Espíritu Santo, es que entenderemos y creeremos que en Dios podemos confiar y estar tranquilos, pues Él es Inmutable, no cambia, Su Palabra es segura, verdadera y permanece para siempre (Romanos 10:17, Malaquías 3:6a, Números 23:19).   Oración.

«Señor, gracias por pulirme, incluso en medio de las pruebas, pues estoy seguro que en cada una de ellas Tú también te manifiestas, me permites conocerte y entender por medio de la revelación de Tu Santo Espíritu la gran necesidad que debo tener de depender en todo tiempo de Ti, pues como dices en Tu Palabra, separado de Ti nada puedo hacer. Amén. 



martes, 3 de febrero de 2026

No yo, sino Cristo

 No yo, sino Cristo

“Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él.” Marcos 5:1-6

Hay una canción que cuando la escucho quebranta mi corazón, pues ella me recuerda la obra majestuosa que hizo el Señor en mi vida. Esto mismo me sucede con este pasaje principal pues de alguna manera aquellos que antes vivíamos sin Dios en el mundo, nos sentiremos identificados con el endemoniado Gadareno, no por la posesión en la que él vivía, sino por la falta de cordura en la que se encontraba, pues debemos reconocer que antes de conocer y recibir a Cristo en nuestros corazones, nos hacía falta cordura, claridad en nuestros pensamientos, en nuestro sentir, en nuestro actuar.

Qué maravilloso es ver a nuestro Señor Jesús en este pasaje, no sólo porque podemos percibir la misericordia que surge de Su corazón al ver la condición tan deplorable en la que se encontraba el hombre Gadareno, sino también porque podemos ver la gran necesidad que surge en Jesús de que aquel Gadareno conociera la Verdad, a Cristo, para que la Verdad, quien estaba en ese lugar, fuera quien lo hiciera libre (Juan 8:32).

Qué hermoso ver cómo es Jesús quien ha ido al encuentro del Gadareno, y qué bello es saber que de la misma manera ha venido a nuestro encuentro, pues como dice el Salmista: si nosotros conocemos a Cristo, no es porque le hayamos buscado pues no hay quien busque a Dios, sino que le hemos conocido porque Él ha venido a nuestro encuentro (Salmos 53:1-3, Romanos 3:10-11).

Hermanos, la Palabra de Dios nos recuerda que hemos sido rescatados de una vida antigua, no para quedarnos estancados en el: “yo fui esto o aquello”, sino para identificarnos con una nueva vida en la que el centro de ella es Cristo, por ello podemos ver al Señor Jesús diciéndole a aquel hombre Gadareno, que el centro de su testimonio no será su vida antigua, sino que el centro del testimonio será la misericordia de Cristo, la obra de Cristo: “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. (Marcos 5:19b), que ésto mismo recordemos tú y yo cuando contemos nuestro testimonio, pues el centro de él no somos nosotros, sino Cristo.    Oración.

«Señor Jesús, gracias por ir a mi encuentro, si Tú no hubieses tomado la iniciativa de tocar a la puerta de mi corazón una y otra vez yo no habría podido tener el privilegio de haberte conocido. Gracias por revelarme y permitirme conocer, por medio de tu Espíritu Santo, la Verdad, a ti Cristo Jesús quién eres la Verdad que me ha hecho libre y me ha permitido también conocer y acercarme al Padre. Amén.