domingo, 15 de febrero de 2026

Vigilantes

 Vigilantes

«Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.» Marcos 13:34-37

El Señor Jesús nos habla en el evangelio de Marcos sobre la gran tarea que nos ha encomendado: ir por todo el mundo a predicar las buenas nuevas de Jesús (Marcos 16:15), además nos exhorta a no descuidar dicha labor que nos ha encomendado pues conoce que el adormecimiento, por ejemplo, puede producir en nosotros una falta en el cumplimiento de esta tarea, por eso es importante que analicemos cuáles pueden ser las posibles causas que generan ésto:

La pereza: Al hombre que es perezoso todo trabajo le causa un tipo de cansancio anticipado, pues el sólo hecho de pensar en que tiene que trabajar para lograr un objetivo en particular lo termina cansando antes de tiempo, lo que hace que tire la toalla antes de haber empezado a trabajar. La Biblia nos muestra que aquella persona es consciente de que tiene un trabajo, una meta por alcanzar, pero la pereza lo lleva a permanecer estancado y dormitando (Proverbios 13:4).

El desánimo y el cansancio: El evangelizar, discipular, incluso el realizar cualquier otra labor en nuestras fuerzas, puede causar desánimo y cansancio, y es que debemos reconocer que el tratar con personas no es tarea fácil, pues al ser tan diferentes en la manera de pensar, sentir y actuar, puede llevarnos al desánimo al no poder ver los resultados que esperamos, en el tiempo que deseamos.

Como vemos, todos estos impedimentos surgen en la carne, y aquí el Señor quiere volver a recalcarnos que para poder cumplir con esta tarea que nos ha encomendado se necesita que Cristo sea quien viva en nosotros (Gálatas 2:20), pues sólo cuando ésto ocurre por medio de la fe en Él, toda carga o trabajo se vuelve liviano, resulta fácil de llevar y se puede cumplir sin desmayar.

Hermanos, la Palabra de Dios es clara, el Señor nos ha dado autoridad para ir a evangelizar y para poder cumplir esta tarea debemos recordar que no estamos solos pues Dios nos ha dado Su Espíritu Santo quien será el encargado de hablar a otros y testificar de la obra de Cristo, Él será quien enseñe, confronte y redarguya a todo aquel que escuche el evangelio. La promesa de Dios para nosotros es que con Su ayuda y guía esta obra no la haremos por un tiempo sino que nos llevará a que sea constante pues Él es el único que nos permitirá estar en todo momento vigilantes. Lo que a ti y a mí nos resta hacer es estar prestos, solícitos y dispuestos a dejarnos usar como instrumentos en las manos de Dios.  Oración.

«Padre, me has encomendado una tarea muy grande, sé que si miro mis capacidades concluiré que no las tengo y que deberías elegir a alguien más, pero cuando dejo de enfocarme en mi para creer en la verdad de Tu Palabra, Tu Espíritu Santo me lleva a ver a Cristo viviendo en mí, a entender que es Él quien me guiará y cumplirá aquel mandato que me has enseñado. Señor, dispongo mi vida a Tu servicio y te pido que no me permitas desmayar. Amén. 



sábado, 14 de febrero de 2026

Mi ofrenda a Dios

 Mi ofrenda a Dios

«Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.» Marcos 12: 41- 44

Este relato por lo general lo tomamos de manera literal y como una enseñanza que utiliza Dios para confrontarnos con respecto a la intención con la que ofrendamos. Lo maravilloso de la Palabra de Dios es que cuando meditamos en ella y nos es revelada por Su Espíritu Santo, el mismo pasaje puede hablarnos desde otras perspectivas. En el devocional de hoy el énfasis de este pasaje estará dedicado a reflexionar sobre: ¿cómo es el tiempo que estamos ofreciendo al Señor? Es decir, ¿le estamos dando a Dios el tiempo que nos sobra, o por el contrario, hemos entendido que todo nuestro tiempo le pertenece a Él?

A lo largo de nuestras vidas hemos podido escuchar a diferentes personas decir que «cuando lleguen a cierta edad, o hayan cumplido con un propósito en particular, dedicarán, en aquel entonces, sus vidas, su tiempo, al servicio de Dios», en otros casos podemos ver a quienes están dispuestos a servir a Dios pero bajo ciertas condiciones, durante un tiempo determinado y con un horario que debe ser fijo y planificado. Como vemos, ambos tipos de personas demuestran lo mismo: su tiempo no es de Dios, pues Dios debe «amoldarse» a su tiempo. Mientras tanto, en la otra cara de la moneda vemos a la viuda pobre, quien representa a creyentes como tú y como yo, que aunque tenemos muchas obligaciones por las cuales responder y sin saber cómo administrar bien el tiempo, tenemos un deseo en nuestro corazón de servir al Señor en todo momento, pues Su Espíritu Santo nos ha llevado a entender que Dios es el dueño de nuestro tiempo, por eso no le damos a Dios de lo que nos sobra, sino todo: cuando Él nos llame y a donde nos llame, sin importar si tenemos el don o no lo tenemos, pues confiamos en que si Dios nos ha llamado Él mismo nos dará las herramientas para responder con lo que nos ha encomendado. Ésto me recuerda a Abraham quien era un hombre que tenía muchos bienes (Génesis 12:5), cuando Dios lo llama para que vaya a servirle en un lugar que era desconocido para Abraham, aquel hombre no dijo: «no tengo tiempo, déjame primero hacer algo y regreso, o llámame luego cuando tenga más tiempo» ¡no! Abraham, sabiendo delante de quién estaba, sin titubear decidió seguir a Dios dejando su vida y su tiempo en manos del Señor, el Dueño de su vida y de sus tiempos (Génesis 12:1-4a, Salmos 31:15a). Cabe aclarar que con ésto no queremos decir que dejes tu trabajo, tu casa o tu familia, lo que queremos decir, y que debemos comprender, es que por encima de todo debe estar Dios, y que el único que debe tener el control de nuestro tiempo es el Señor, no nosotros, pues Él es el único dueño del tiempo (Daniel 2:21a).   Oración. 

«Padre, mi vida te pertenece por completo, que Tu Espíritu Santo no permita que lo olvide. Señor Jesús que cuando Tú me llames corra hacia Ti sin reservas, sin excusas, pues entiendo que Tuyos son mis días, mis talentos, mi voz, mi vida y mi tiempo. Amén.



viernes, 13 de febrero de 2026

Cinco sentidos

 Cinco sentidos

«La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» Mateo 6:22-23

En el devocional de ayer mencionamos que nuestro pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos, el día de hoy vamos a ver a través de dos ejemplos bíblicos el por qué decimos ésto.

En la vida de David podemos comprobar cómo lo que vemos puede llegar a influenciar no sólo nuestra manera de pensar, sino también nuestro sentir y actuar. La Biblia nos relata en 2 de Samuel 11:2-4 que David al ver desde el terrado a una mujer hermosa llamada Betsabé, esposa de Urías Heteo, manda no sólo a preguntar por quién era ella, sino que también envía mensajeros para que la traigan a la casa real para poder acostarse con ella. En el segundo caso relatado en Génesis 3:1-6 podemos ver a Eva dejándose seducir por las mentiras de Satanás, al oír sus palabras y al aceptar dicha mentira de que aquel fruto prohibido era bueno y que se podía comer de él, ante sus ojos el fruto prohibido se comenzó a ver como algo codiciable para alcanzar «sabiduría», lo que la llevó a tomar, palpar ese fruto prohibido, quizás a olfatear y percibir un aroma agradable, y por último a degustar, comer de él tanto ella como su marido. Como vemos, aquellos sentidos que nos fueron dados por Dios, cuando los dejamos a disposición de la carne, nos pueden guiar hacia la desobediencia al Señor, por esta razón debemos tener sumo cuidado con ellos.

La Biblia nos declara en el pasaje principal del día de hoy, que en el caso de la vista, nuestros ojos son como esa lámpara que llevan luz u oscuridad a nuestro cuerpo, y dependiendo de a quién le demos el control de ellos, nuestras vidas podrán experimentar luz u oscuridad. Quizás al leer esto pensarás: «Mis ojos están sanos, llenos de luz», pero la Palabra nos confronta diciendo que en ocasiones estamos tan ciegos y con tanta neblina en nuestra mente que ni siquiera podemos percibir esto, como le pasó a David, después de haber tomado a la mujer de Urías y de incluso haber planeado su muerte, no caía en cuenta de su pecado hacia Dios hasta que Natán habló con él (2 Samuel 12:1-9), cuán nublado estaba el pensamiento de David al creer que lo que había hecho tenía justificación. En el caso de Eva le vemos echarle la culpa a Satanás disfrazado de serpiente, diciendo que había sido engañada, en vez de reconocer su pecado contra Dios (Génesis 3:13). Como vemos necesitamos que sea Dios quien guarde nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, pues nuestro corazón es tan engañoso y perverso que si le seguimos permitiendo que sea el que dirija nuestras vidas nos llevará a sembrar sólo las obras de la carne.  Oración.

«Padre, reconozco que en ocasiones he permitido que mis ojos vean cosas que no me edifican, te pido perdón pues Tú me has dado la vista con un fin específico y mayor, que cuando por medio de ellos vea Tu luz, tu Espíritu sea quien guíe mi vida. Amén.



jueves, 12 de febrero de 2026

Guarda tu pensamiento

 Guarda tu pensamiento

«Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.» Proverbios 4:23

Dios me llevó a recordar Proverbios 4:23, quien nos habla de la importancia de guardar, cuidar nuestro corazón, pues éste determina el rumbo de nuestra vida.

Lastimosamente muchos creyentes remiten éste pasaje tan sólo al cuidado que debemos tener con nuestro miembro físico, y sin darnos cuenta dejamos a un lado una enseñanza mucho más profunda. La palabra «corazón», proviene del Hebreo: y ésta palabra no sólo se usa para referirse al miembro físico, sino también a la voluntad, los sentimientos e incluso al intelecto o pensamiento. Y conforme ésta última definición queremos llevar el enfoque del devocional, pues cuán importante es guardar, cuidar, velar por nuestro pensamiento, y lo queremos mencionar, porque si hoy en día hay algo que el ser humano tiene desprotegido, descuidado y hasta trastornado es el pensamiento. Diariamente somos testigos de ello, pues la humanidad se encuentra en un estado de degradación y decadencia bastante importante.

No sé si lo has notado pero cuando pasamos tiempo alimentando nuestras vidas o consumiendo éste tipo de contenido, terminamos haciéndole daño a nuestro pensamiento, pues ¿Quién no termina después de esto preocupado, indignado, desanimado, desmotivado, o en casos contrarios, hasta influenciado a hacer algo similar? Lo hablo a modo personal, pues me di cuenta que ésto me pasaba cuando al ver en mis redes sociales noticias que no son provechosas, resultaba difícil para mí el tratar de traer a mi mente un pensamiento diferente, algo que fuera edificante, al no poder cambiar de idea, inmediatamente empecé a experimentar ansiedad, a tal punto que mi cuerpo me decía que debía salir corriendo.

Como vemos la tarea de guardar nuestro pensamiento no es sólo para aquellos pequeños que apenas están aprendiendo, sino también para nosotros los padres, hermanos, amigos, abuelos, líderes y pastores, pues en el mundo estamos y él está viciado de cosas que quieren afectar nuestro pensamiento, pues debemos recordar que un pensar se convierte en un sentir, y la combinación de éstos dos nos llevan a determinar nuestro actuar.

Hermanos, debemos tener presente que el pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos. De nosotros depende decidir con qué le seguiremos alimentando, si con la basura que nos ofrece el mundo, o por el contrario, con el alimento más nutritivo que nos ofrece Dios, Su Palabra.   Oración.

«Padre, gracias por enseñarme a través de Tu Palabra y de manera práctica la importancia de cuidar mi modo de pensar. Espíritu Santo de Dios llévame a mantener mi mente y mis pensamientos en Cristo Jesús, pues como dices en Tu Palabra: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado Amén.   



miércoles, 11 de febrero de 2026

Ni ansiedad ni calma excesiva sino una vida con diligencia

 Ni ansiedad ni calma excesiva sino una vida con diligencia

«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?… ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos… No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.» Mateo 6:25, 27-29, 31-32

Marian Rojas Estapé reconocida médica psiquiatra dice que «el 90% de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden, pero nuestro cuerpo y nuestra mente lo viven como si fueran reales», qué interesante ver que este concepto reconocido oficialmente por la ciencia en el Siglo XX, haya sido revelado por Jesús décadas atrás. Jesús no habló con cifras, pero en Su Palabra no necesitamos de ellas para entender que ni el afán ni la ansiedad producen algo bueno en el ser humano, ni para comprender que al experimentarlas tampoco pueden acelerar el curso de las cosas, como en ocasiones ellas nos quieren hacer ver.

En la vida cristiana debemos aprender a tener un equilibrio, pues en ocasiones solemos irnos a los extremos, o nos afanamos por todo y nos aceleramos; lo que produce fatiga, estrés, cansancio y una mala toma de decisiones, como le sucedió a Saúl, quien por el afán de ver al pueblo desertar no esperó a Samuel para que éste ofreciera sacrificio a Dios sino que él mismo lo ofreció, la consecuencia de ésto: la desobediencia a Dios, la reprensión por parte del Señor y el ser apartado del reino (1 Samuel 13:9-14); o en el caso contrario nos mantenemos en una calma excesiva, al punto de dejarnos llevar hacia la procrastinación, como le pasó en una ocasión a Moisés, él sabía lo que debía hacer: avanzar y hacer pasar al pueblo por el Mar Rojo pues detrás de ellos estaba el ejército Egipcio, pero en cambio le vemos orando, esperando, cuando la indicación que había sido dada por Dios era clara. El resultado de aquella calma excesiva fue un llamado de atención de parte de Dios (Éxodo 14:15-16), gracias a la misericordia de Dios y a la promesa que Él les había hecho, el pueblo no fue capturado y pudieron salir de aquella esclavitud en la que los había tenido el Faraón Rey de Egipto.

Hermanos, la Biblia nos invita a ser diligentes, diligentes a la hora de buscar a Dios, de prestar atención a Su Palabra y por supuesto a ser diligentes al momento de obedecerle, de actuar (Mateo 6:33a, 1 Samuel 15:22, 2 Timoteo 2:15). El vivir con diligencia no es algo que se pueda llevar a cabo por nuestro propio esfuerzo sino únicamente por medio de la fe, pues a medida que vayamos creyendo en la Verdad de Su Palabra, el Espíritu Santo será el encargado de llevarnos a experimentar esta Verdad, nos ayudará, guiará, revelará y permitirá entender cuándo es el tiempo oportuno para actuar, cómo debemos hacerlo y qué es lo que nos corresponde hacer en una situación en particular.   Oración.

«Padre Santo que cuando Tú me pidas hacer algo le permita a Tu Espíritu Santo guiarme para obedecerte con diligencia. No quiero posponer las cosas, ni actuar basándome en el afán, quiero permitirle más bien a Tu Hijo Jesús quien sea el que viva y me lleve a disfrutar de una vida equilibrada. Amén.



martes, 10 de febrero de 2026

Mi mirada puesta en Tí

 Mi mirada puesta en Tí

«En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.» Salmos 94:19

En la mayoría del Salmo 94 no sólo podemos observar la gran injusticia a la que se enfrentaba el escritor y las personas que estaban a su alrededor, sino también lo que produce en la vida del hombre al poner la mirada en las situaciones difíciles del día a día (Salmos 94:1-6, 16, 21). Cuando el Salmista se enfocaba en esas injusticias, la Biblia nos muestra que su corazón se llenaba de ira, y cuando permitía que fuera su carne la que tomara el control y guiara sus oraciones, sólo salía la gran necesidad de que Dios hiciera «justicia» (Salmos 94:9-10a). Ésto me recuerda la petición de Juan y Jacobo, quienes al ver el rechazo que le hicieron en una aldea de Samaria a Jesús y al dejarse dominar por ésto, sólo salía de su corazón la gran necesidad de que cayera fuego del cielo para que consumiera toda esa ciudad, pues según ellos con ésto se haría «justicia» (Lucas 9:54). Cuando tú y yo nos dejamos dominar por la carne nos sumergimos en un estado de tristeza, rencor, celos, etc., pues la carne sólo nos impulsa a que se produzca en nosotros frutos semejantes (Gálatas 5:19-21a). Sin embargo, observemos lo que sucede en nuestras vidas cuando, incluso ante dichas situaciones injustas, le damos el control al Espíritu. El Salmista declara que lo único que producía alegría a su alma era la Palabra de Dios, pues en ella encontraba el consuelo que necesitaba, y es que la Palabra de Dios es la única que puede saciar nuestra alma incluso ante la peor circunstancia, por eso el Espíritu Santo nos lleva a recordarla (Juan 14:26)

Cuando le damos el control al Espíritu Santo de Dios se produce en nosotros Su fruto, fruto que nos lleva a experimentar en todo momento: el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza o dominio propio (Gálatas 5:22-23a), fruto que necesitamos para poder resistir la prueba y mantener nuestra confianza firme en Jesús quien es nuestra esperanza (Salmos 27:13-14)

Hermanos, en el mundo estamos y en él enfrentaremos aflicción, sin embargo, no nos podemos dejar llevar por las dificultades de este mundo, ni ellas pueden determinar nuestro pensar, sentir, actuar, pues por el único que nos deberíamos dejar guiar es por Dios y Su Palabra, pues como lo declara el Salmista: «Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, Y en tu ley lo instruyes, Para hacerle descansar en los días de aflicción,» Salmos 94:12-13a.  Oración.

«Padre, que mi mirada esté siempre puesta en Tí, pues cuando solo te veo a Tí mi alma encuentra paz, esa paz que sólo Tú puedes dar y que es la que sobrepasa todo entendimiento, paz que no llega por la ausencia de dificultades sino que viene como resultado de permanecer en Tu Presencia. Amén.  



lunes, 9 de febrero de 2026

 Apartados para Dios

«Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.» Jeremías 2:4-8

El libro de Jeremías nos lleva a meditar sobre la gran problemática del pueblo de Israel en cuanto a la desobediencia constante hacia el Señor. El pueblo quien debía haber obedecido a todas las enseñanzas dadas por Dios y ser ejemplo de ellas ante otros pueblos, se había desviado conforme a la imaginación de su malvado corazón (Jeremías 11:3-8a), ahora dentro de sus costumbres estaba mandar a hacer con los artesanos figura de madera a aquellos dioses paganos y a decorarlas con oro y plata. La Biblia añade que según él número de sus ciudades eran sus dioses ajenos, y según sus calles los altares que habían puesto para ofrecer incienso a Baal (Jeremías 10:3-5a, 11:13).

Qué triste ver cómo Israel había caído y se había dejado seducir por el mundo cuando no había sido creado para ésto, qué dolor tan grande sentía Dios al ver en lo que se había convertido Su pueblo. Sin embargo, en medio de ellos había un hombre, Jeremías, quien anhelaba cumplir los mandatos de Dios. Este ejemplo nos debe llevar a reflexionar, pues hoy tú y yo debemos ser como Jeremías en medio del caos y la lujuria que nos ofrece este mundo, debemos permanecer firmes ante Dios sin dejarnos contaminar por las costumbres de los no creyentes. Lastimosamente, en ocasiones nos sucede como al pueblo de Israel y nos terminamos dejando llevar por la corriente de este mundo, permitiendo en nuestras vidas, prácticas que no son correctas y que no nos llevan a glorificar a Dios sino a callar, como lo quiso hacer el pueblo con el profeta, quien al predicar incansablemente sobre la Palabra del Señor, el mismo pueblo quería callarlo, matarlo, pues sabemos que la Palabra de Dios nos confronta, y a quienes no les agrada, les causa enojo y un crujir de dientes (Hechos 7:54).

Hermanos, la conclusión de éste devocional es clara, estamos en medio del mundo y de él no seremos quitados hasta que el Señor venga por nosotros, pero mientras esto ocurre, debemos recordar que seremos guardados y apartados para Dios por medio de la Verdad de Su Palabra (Juan 17:15-17), por tanto, permanezcamos firmes y sigamos compartiendo las buenas nuevas de Jesucristo para que otros también lleguen a ser salvos.   Oración.

«Padre, hoy nos unimos a la petición que hizo Tu Hijo Jesús cuando estuvo en la tierra: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.» Guárdanos Oh Dios con la Verdad de Tu Palabra. Espíritu Santo no permitas que nos desviemos ni a izquierda ni a derecha, sino que caminemos por el único camino que nos conduce hacia el Padre. Amén.



domingo, 8 de febrero de 2026

 Miedo a lo desconocido

«Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.» Éxodo 20:18-19

«Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.» Éxodo 33:11a

Bien conocemos que el hombre suele tenerle miedo a lo desconocido y es que para él, el no tener control sobre las cosas le produce incertidumbre, frustración, etc.

El pueblo de Israel experimentó miedo a lo desconocido, o más bien podríamos decir miedo a Dios a quien no conocían, y debemos aclarar que esto sucedió, no porque Dios no hubiese querido que lo hicieran, sino por la misma decisión del pueblo quienes prefirieron que fuera Moisés quien lo conociera y les trajera el mensaje que Dios quisiera enviarles.

Hoy en día, cuando vemos este ejemplo, podremos decir ¡qué ignorancia!, y la verdad es que nosotros no estamos tan lejos de aquella realidad, pues hoy en día también preferimos que alguien más nos hable sobre quién es Dios, que acercarnos al Señor y tener una relación con Él en la cual podamos conocerle más íntimamente.

Qué hermoso ver lo que en cambio refleja Moisés, quien en su madurez espiritual entendió la importancia de conocer más a Dios y depender de Él a tal punto de decir: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.» Éxodo 33:15b, y es que a Moisés ya no le importaba el no saber a dónde Dios les llevaría, ni qué encontrarían, pues su enfoque ya no estaba en aquello desconocido, sino en Dios a quien ya conocía por medio de su intimidad con Él.

Hermanos, recordemos que para estar en la Presencia de Dios ya no necesitamos subir a un monte, pues Su Palabra nos revela: «porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.» (Efesios 2:18), así que aprovechemos y cultivemos nuestra relación con Dios por medio de la comunión de Su Espíritu (2 Corintios 13:14).    Oración.

«Padre, gracias por permitirme conocerte y verte cara a cara por medio de la preciosa sangre de Tu Hijo Jesús, quien la derramó en esa cruz por amor a mí y a toda la humanidad. Espíritu Santo de Dios pon en mi corazón el deseo ferviente de estar en Tu Presencia en todo momento para alabarte y adorarte, para conocerte y glorificarte. Amén.



sábado, 7 de febrero de 2026

 Andar en el Espíritu

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1 Corintios 2:14

Cuando la Biblia nos dice que las cosas que son de Dios solo se pueden entender a través de la revelación del Espíritu Santo, es porque solo Él conoce las cosas de Dios (1 Corintios 2:11) y nosotros, los que hemos creído en Cristo y su palabra de verdad, sabemos que el Espíritu Santo está en nosotros, por eso nuestra seguridad y confianza debe ser total en lo que Dios dice en su Palabra para nuestra vida.

La palabra de Dios en Gálatas 5:16 dice: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Una de las muestras de que hemos recibido al Espíritu Santo es que comienza una guerra entre mi carne y Él, una batalla entre confiar en los deseos e impulsos de la carne o dejarme guiar por su Presencia; pues, una vez que nosotros hemos creído en Cristo somos bautizados por el Espíritu Santo en Cristo, y dice la palabra de Dios que hemos sido bautizados en su muerte, lo que para nosotros significa que hemos muerto o ha sido crucificado juntamente con Cristo nuestro viejo hombre, para que ahora en el presente, así como Cristo resucitó de los muertos y vive para Dios, nosotros también nos consideremos muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro; (Romanos 6:3-11).

La frase “muertos al pecado, pero vivos para Dios” quiere decir que ahora nosotros podemos y debemos por la fe en Cristo, andar en vida nueva, una vida guiada por el Espíritu Santo, en la cual no reine el pecado, es decir, no lo obedezcamos y tampoco ofrezcamos los miembros de nuestro cuerpo como instrumentos de mal para servirle, sino que, por el contrario, nos entreguemos a Dios y usemos todo nuestro cuerpo como instrumento para hacer lo que es correcto (Romanos 6:12-13).  Oración.

«Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, en este día te alabo, te doy gracias, bendigo tu poderoso nombre y me rindo a tus pies para pedirte que hagas tu voluntad en mi vida, que intervengas en cada aspecto y endereces mis pasos; Padre, que sea tu Santo Espíritu el que tome el control de mi caminar para que así pueda entender y vivir cada una tus verdades para mí. Gracias, en el nombre de Cristo Jesús. Amén.


viernes, 6 de febrero de 2026

Recuerda quién eres

 Recuerda quién eres

«Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim. También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos… Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo… Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí.» 1 Samuel 17:1-2, 4, 8

Cuántas cosas vemos y oímos a diario en este mundo que terminan impactando nuestros pensamientos, sentimientos y hasta acciones. Esto le pasó al pueblo de Israel, quienes al dejarse llevar por lo que veían y oían decir a Goliat, sus corazones desmayaban y terminan haciéndoles olvidar que ellos eran el pueblo de Dios.

A diario tú y yo nos vemos enfrentados a lo mismo, pues al oír por ejemplo rumores de guerra nuestro corazón se angustia, o si vemos crisis económicas pensamos qué haremos para sostener a nuestras familias. En esos momentos, al fijarnos en ese Goliat que representa al mundo, terminamos dejando a Dios de lado, olvidando Sus promesas, Su fidelidad y la Verdad de Su Palabra. Hasta que se levanta un David en medio de nosotros, inspirado por el Espíritu Santo de Dios, y nos recuerda quiénes somos: hijos de Dios como lo afirma Gálatas 3:26 «pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;»; cuál es nuestro propósito en esta tierra: glorificarle a Él como dice Isaías 43:7 «todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.»; y para dónde vamos: a disfrutar de la Presencia de Dios por la eternidad como vemos era la confianza de aquellos hombres y mujeres descritos en Hebreos 11:13-16 «Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

Hermanos, éstos tiempos son difíciles, parecieran estar llenos de incertidumbre, pero ese pensamiento no debe estar presente en nosotros los creyentes pues nuestra esperanza está en el Señor, confiamos en que Él nos sustenta y nos cuida a diario.    Oración.

«Padre, que nunca permita que la voz del mundo sea más fuerte que lo que me has enseñado en Tu Palabra. Que tú Espíritu Santo me recuerde en todo momento quién soy en Cristo Jesús, para qué he venido a esta tierra y el futuro glorioso que me espera junto a Ti. Amén. 



jueves, 5 de febrero de 2026

Jesús, dirige mi barca

 Jesús, dirige mi barca

“En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.” Marcos 6:45-48

¿Te ha pasado que en ocasiones piensas que tu deber es esforzarte para cumplir a cabalidad con una tarea en particular? Y es que cuando actuamos conforme a este pensamiento nos encontramos, como aquellos discípulos, cansados, tratando de remar con gran dificultad y llenos de contrariedad, pues aunque queremos hacer las cosas bien no las podemos hacer. Anhelamos hacer todo para la gloria de Dios (Colosenses 3:23-24), cumplir con todas las responsabilidades y obligaciones que tenemos a cargo (1 Corintios 14:40), disfrutar el proceso y estar en paz en medio de ésto, pero nuestra realidad resulta muy diferente, pues al tratar de hacer todo en nuestras fuerzas nos desgasta, frustra, fatiga, desanima y estresa a tal punto de desear tirar la toalla, y es que claramente en nuestras fuerzas resultaría imposible vivir, y por supuesto, cumplir con lo que Dios nos dice en Su Palabra. En esos instantes deberíamos recordar este pasaje, pues así nos vemos, tratando de remar en este mundo sin Jesús dirigiendo la barca.

Me parece extraordinario ver cómo Jesús al mirar a sus discípulos desde lejos y verlos en aquella situación decide ir a su encuentro, no para reprenderlos, pues el Señor sabe y conoce su esfuerzo, incluso el tuyo y el mío, conoce nuestra necesidad de querer hacer las cosas bien, de querer glorificarle a Él con todo lo que hacemos (Apocalipsis 2:2-3). Sin embargo, durante ese trayecto olvidamos lo más importante, a Jesús, pues la Palabra de Dios nos recuerda que separados de Él nada podemos hacer (Juan 15:5).

Miremos que cuando Jesús sube a la barca a dirigir a sus discípulos aquel viento que les era contrario se calma, y de la misma manera sucede en nuestras vidas cuando le permitimos al Señor tomar la dirección y el control de ella, pues aquellas situaciones que parecieran ser pesadas o difíciles de cumplir, se vuelven livianas y ligeras a causa del Señor (Mateo 11:29).

Hermanos, lo que Dios anhela es que hagamos todas las cosas para Él, pero no en nuestras propias fuerzas, pues si seguimos así terminaremos agobiados, frustrados y cansados de remar, lo que el Señor desea es que aprendamos a permanecer y descansar en Él, y para lograrlo necesitamos menguar, morir a nosotros mismos cada día y en todo momento, para permitirle más bien a Cristo que viva, nos lleve a disfrutar y tener paz en nuestro diario caminar (Gálatas 2:20).   Oración.

«Dios, anhelo experimentar el fruto de Tu Espíritu Santo pero debo reconocer que no lo he visto reflejado en mi vida diaria y continuamente porque he decidido ser yo quien se siente a dirigir mi barco. Te pido perdón por remar sin Tí, quiero que por favor tomes nuevamente el lugar que te corresponde en mi vida, te doy el control para que seas Tú quien me dirija. Gracias te doy porque sé que, por fe, te has sentado nuevamente en el trono de mi corazón y me guiarás hacia donde Tú lo desees. Amén.  


miércoles, 4 de febrero de 2026

Obedecer sin vacilar

 Obedecer sin vacilar

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí… Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel,» Éxodo 3:2-4, 6-8a

Cuando recordamos el llamado que Dios le hizo a Moisés podemos, desde la barrera, percibir las cosas con mayor claridad pues pareciera ser que cuando estamos enfrentando algunas situaciones, el enfocarnos en ellas y en nuestras propias capacidades, nos nublan el entendimiento.

Si analizamos el pasaje nos daremos cuenta que la tarea que Dios le había encomendado a Moisés era clara: Ir delante del Faraón Rey de Egipto y decirle que liberara al pueblo de Israel. No era una tarea improvisada, pues Dios había escogido a Moisés tan sólo como instrumento para llevar a cabo Su plan, le había enseñado lo que debía decir, las señales que debía hacer para demostrar que era Dios mismo quien daba dicho mandato, sin embargo, vemos a Moisés no tan convencido de ser la persona idónea o correcta para esta labor. Aquí quiero detenerme y permitirle al Espíritu Santo que nos confronte pues ¿cuántos de nosotros nos hemos sentido identificados, en algún momento de nuestra vida, con la reacción que tuvo Moisés? Quizás muchos de nosotros hemos pensado lo mismo que Moisés, y nos hemos terminado enfocando en nuestra propia capacidad a la hora de llevar a cabo una tarea, y es que hay situaciones en las que Dios nos habla de manera clara y nos da una tarea específica para realizar, pero al enfocarnos en nuestra propia capacidad y recursos terminamos dudando, sintiendo temor porque pensamos que no podremos responder como se debe, o incluso procrastinando dicha tarea, en los peores casos evadiéndola y huyendo hacia otro lugar, como sabemos lo hizo Jonás (Jonás 1:1-3)

Hermanos, lo que Dios nos quiere enseñar por medio de este pasaje es que para poder obedecerle sin vacilar nos falta conocerle, pues sólo a medida que le vayamos conociendo y nos sea revelado por Su Espíritu Santo, es que entenderemos y creeremos que en Dios podemos confiar y estar tranquilos, pues Él es Inmutable, no cambia, Su Palabra es segura, verdadera y permanece para siempre (Romanos 10:17, Malaquías 3:6a, Números 23:19).   Oración.

«Señor, gracias por pulirme, incluso en medio de las pruebas, pues estoy seguro que en cada una de ellas Tú también te manifiestas, me permites conocerte y entender por medio de la revelación de Tu Santo Espíritu la gran necesidad que debo tener de depender en todo tiempo de Ti, pues como dices en Tu Palabra, separado de Ti nada puedo hacer. Amén. 



martes, 3 de febrero de 2026

No yo, sino Cristo

 No yo, sino Cristo

“Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él.” Marcos 5:1-6

Hay una canción que cuando la escucho quebranta mi corazón, pues ella me recuerda la obra majestuosa que hizo el Señor en mi vida. Esto mismo me sucede con este pasaje principal pues de alguna manera aquellos que antes vivíamos sin Dios en el mundo, nos sentiremos identificados con el endemoniado Gadareno, no por la posesión en la que él vivía, sino por la falta de cordura en la que se encontraba, pues debemos reconocer que antes de conocer y recibir a Cristo en nuestros corazones, nos hacía falta cordura, claridad en nuestros pensamientos, en nuestro sentir, en nuestro actuar.

Qué maravilloso es ver a nuestro Señor Jesús en este pasaje, no sólo porque podemos percibir la misericordia que surge de Su corazón al ver la condición tan deplorable en la que se encontraba el hombre Gadareno, sino también porque podemos ver la gran necesidad que surge en Jesús de que aquel Gadareno conociera la Verdad, a Cristo, para que la Verdad, quien estaba en ese lugar, fuera quien lo hiciera libre (Juan 8:32).

Qué hermoso ver cómo es Jesús quien ha ido al encuentro del Gadareno, y qué bello es saber que de la misma manera ha venido a nuestro encuentro, pues como dice el Salmista: si nosotros conocemos a Cristo, no es porque le hayamos buscado pues no hay quien busque a Dios, sino que le hemos conocido porque Él ha venido a nuestro encuentro (Salmos 53:1-3, Romanos 3:10-11).

Hermanos, la Palabra de Dios nos recuerda que hemos sido rescatados de una vida antigua, no para quedarnos estancados en el: “yo fui esto o aquello”, sino para identificarnos con una nueva vida en la que el centro de ella es Cristo, por ello podemos ver al Señor Jesús diciéndole a aquel hombre Gadareno, que el centro de su testimonio no será su vida antigua, sino que el centro del testimonio será la misericordia de Cristo, la obra de Cristo: “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. (Marcos 5:19b), que ésto mismo recordemos tú y yo cuando contemos nuestro testimonio, pues el centro de él no somos nosotros, sino Cristo.    Oración.

«Señor Jesús, gracias por ir a mi encuentro, si Tú no hubieses tomado la iniciativa de tocar a la puerta de mi corazón una y otra vez yo no habría podido tener el privilegio de haberte conocido. Gracias por revelarme y permitirme conocer, por medio de tu Espíritu Santo, la Verdad, a ti Cristo Jesús quién eres la Verdad que me ha hecho libre y me ha permitido también conocer y acercarme al Padre. Amén.  



lunes, 2 de febrero de 2026

Dios satisfacción del alma.

 Dios satisfacción del alma. 

“Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos.” Salmos 63:1-4

Llama mi atención este pasaje, no sólo por su contenido, sino por la breve descripción que encontramos al inicio: “Salmo de David cuando estaba en el desierto de Judá”. La Biblia nos centra en que David se encontraba en un desierto, quizás enfrentando escasez de agua y comida, pero le vemos en el Salmo enfocarse no en su situación sino en Dios, pues tiene claro que aunque su alma puede llegar a estar en gran necesidad, la satisfacción de ella sólo proviene de Dios, por eso el título del Salmo 63: “DIOS SATISFACCIÓN DEL ALMA”.

David no niega su necesidad física, es consciente de ella, pero puede concluir que tiene una necesidad superior, una necesidad espiritual: estar siempre en comunión con Dios, por eso le vemos expresar: “Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,”. Cuando leo éstas palabras escritas por el rey David veo a Cristo reflejado en él, pues si hay alguien que pudiese expresar que anhelaba profundamente estar en comunión con el Padre, ese era Jesús. A nuestro Señor Jesús le vemos priorizar Su relación con Dios Padre, para Él el orar era una necesidad vital, podríamos decir que incluso como lo es el respirar, o como lo declara el Salmista, como una sed profunda que necesita ser saciada, por eso vemos a Jesús antes de iniciar su jornada diaria: yéndose a lugares desérticos, solitarios, a orar, incluso cuando ni siquiera el sol había aparecido (Lucas 5:16, Marcos 1:35).

Hermanos, cuando observamos a Jesús priorizando Su tiempo de intimidad con el Padre, logramos percibir un poco la finalidad que deben tener nuestros encuentros con el Señor, pues la oración debe tener como centro a Dios, pues nuestra mayor necesidad por encima de las demás, debe ser el conocerle, el ver Su Poder y Su gloria, el alabarle por Su misericordia y el darle gracias por las bendiciones en nuestras vidas.   Oración.

«Padre, perdón por centrar mi oración tan sólo en mis necesidades, reconozco que me he dejado abrumar por lo que diariamente me sucede, y al hacer ésto pongo mi enfoque en lo efímero de este mundo y te pierdo de vista a Tí. Tú quien eres mi refugio, mi deleite, la paz y satisfacción que mi alma necesita. Espíritu Santo de Dios, Tú eres quien me guía a la Verdad, guía y centra mis oraciones y mi mirada en Jesús. Amén. 



domingo, 1 de febrero de 2026

Tentaciones y dificultades

 Tentaciones y dificultades

«Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento», Mateo 14:28-32

«Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado», Hebreos 4:15

Todos los creyentes quisiéramos que la tentación desapareciera, que no pasáramos esa circunstancia difícil que nos presiona, que nos lleva al borde de nuestra resistencia. Pero justo allí aprendemos a reconocer nuestra condición, nuestra debilidad e incapacidad de resolver por nosotros mismos.

Podemos recordar el caso del apóstol Pedro en medio de la tormenta, cuando Jesús caminaba sobre las aguas; mientras Pedro mantuvo su mirada en Cristo, pudo caminar sobre las aguas, porque Jesús es todo lo seguro, lo cierto, el poder de Dios manifestado en circunstancias imposibles para el hombre.

Pero cuando miró la tormenta, que representa la dificultad, se centró en sí mismo y ésto lo llevó al temor, a la duda, que fue el peso que lo empezó a hundir.

Sin embargo, Jesús lo rescata y le confronta: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?»

Esta misma pregunta nos hace hoy a nosotros, sobre todo en tiempos donde se tergiversa o tuerce el concepto de fe, pues la fe, no «crea» la realidad en un sentido mágico o de autosuficiencia humana, o desaparece el problema de repente, sino que activa y alinea la realidad por la que estemos pasando a la voluntad de Dios revelada en Cristo Jesús. (1 Pedro 1:7)

La fe es confianza absoluta en la obra suficiente de Jesús, descansando en su soberanía y no en la manipulación de las circunstancias, o que estas desaparezcan. Es al contrario, el vínculo de unión con Cristo, donde sabemos que él nos sostiene, no es una vara mágica para «crear», sino un ancla para «sostenernos» y un compás para «alinearnos» a la soberanía del Dios que ya nos ha dado Su victoria en la cruz del calvario; pues la fe en Cristo, es nuestra victoria (1 Juan 5:4)

Resistir, continuar aunque la realidad parezca terrible; esperar, clamar y sobre todo descansar, aunque la tormenta no pase aun, aunque la tentación esté allí a la puerta, pues como dice 1 Corintios 10:13: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

Observemos, no nos dejará ser tentados más de lo que podemos resistir, pero también Dios nos dará la salida, para que podamos soportar; y quién sino Cristo resistió las tentaciones más tremendas y feroces, fue tentado en todo pero sin pecado, y experimentó las dificultades más terribles, aún la misma muerte, pero venció, Dios le levantó, y si lo levantó a él, también por la fe, nos levantará a nosotros, porque nos dio a Cristo mismo, así que como dice Hebreos 12:2a: «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.   Oración.

«Padre, tú eres mi sustento y refugio, en ti confío en el mal tiempo y en el buen tiempo, espero en ti, dame fuerzas en Cristo Jesús para resistir la tentación y para glorificarte, ya que en mi debilidad no hallo solución, pero miro a la cruz y encuentro mi paz, mi aliento y el descanso para mi alma, por el poder de tu Espíritu. Amén. 



sábado, 31 de enero de 2026

No hay otro nombre

 No hay otro nombre

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Hechos 4:12

No hay otro nombre por medio del cual podamos ser salvados de nuestros pecados, de nuestra vida esclavizada al maligno, o de nuestros propios deseos. Muchas personas en las religiones, se esfuerzan por actuar como Cristo, pero lo que debe pasar es que sea Cristo actuando en ellos, expresando su gloria y su poder, porque el evangelio no vino a mejorar al viejo hombre, sino a resucitar muertos; por supuesto que esta nueva creación mejora la vida de las personas, al sacarlas de la esclavitud y tinieblas en que vivían, pero esto por el obrar de Dios, y de ninguna manera por esfuerzo humano.

No hay otro mediador, por medio del cual seamos aceptados por Dios, solo el Amado, Cristo Jesús, como lo dice 1 Timoteo 2:5: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,” y lo confirma Efesios 1:6 “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,”.

Solamente y exclusivamente somos aceptados por Dios por medio de Cristo, no por nosotros mismos, porque al único que acepta el Padre, es a su Hijo, como lo asevera Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”. Y lo confirma Mateo 11:27: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”.

El argumento de esta exclusividad, es el propósito del Padre, en reunir en el Hijo, todas las cosas, incluidos nosotros: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9-10).

Y el Espíritu Santo, con el cual fuimos sellados cuando creímos en Cristo, nos revela, como una verdad presente a Cristo, como la Palabra que ahora mora y actúa en nosotros, en amor, vivificando nuestra vida para que le sirvamos. Si la verdad de que solo Cristo salva, de que solo él es el mediador, no nos es revelada por su Espíritu, solo tendremos la banalidad, superficialidad e hipocresía religiosa.

Volvamos por tanto, a poner toda nuestra confianza, atención y centralidad en Cristo, pues Jesús no nos convierte simplemente en mejores personas; tampoco mejora nuestra piedad o aumenta nuestra santidad — en realidad no tenemos ni somos nada sin él. Por el contrario, completa y plenamente nos hace nuevas criaturas (2 Corintios 5:17; Gálatas 6:15).   Oración.

«Padre, me has dado al único que podía salvarme, que cumplía de manera precisa todas las condiciones para ser el Salvador de mi alma, ahora, guíame a vivir conforme a tu gran amor, mostrando tu gloria cada día en todo lo que haga, para alabanza de tu nombre, en el poder de tu Espíritu Santo. Amén.  



viernes, 30 de enero de 2026

Del cielo a la tierra, de la tierra al cielo

 Del cielo a la tierra, de la tierra al cielo

“El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz.”, Juan 3:31-33

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”, Juan 3:36

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;”, Filipenses 3:20

No se puede cruzar del cielo a la tierra, de la eternidad a la temporalidad. Tampoco el hombre puede pasar a lo eterno. Hay un profundo abismo entre un Dios santo y el hombre pecador, el cual nos impide pasar de un lado a otro; es en esencia un problema de naturaleza. Pero Jesús, el hombre del cielo, vino a la tierra para romper esa imposibilidad y que todos los que creen en él puedan ir de la tierra al cielo, y experimentar la vida eterna (Juan 6:47).

Podríamos decir que cuando morimos pasamos a la eternidad, pero la biblia afirma que solo en Cristo tenemos vida eterna. Una de las declaraciones más contundentes de Jesús con respecto a este viaje de un estado a otro, está en Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”, pero también lo podemos ver en 1 Juan 5:11-12 “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”.

Es decir, ¿cómo vamos de la tierra al cielo? El transporte hacia la eternidad es Cristo mismo, nos vamos en él.

Esto lo confirma la palabra ‘conocimiento’ usada en las escrituras: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3), es la misma palabra usada para la unión íntima de una pareja de esposos como en Mateo 1:25: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”.

Este viaje lo puedes hacer hoy mismo, solo hay una única manera, un solo tiquete, solo la fe: creer en Jesús como Señor y Salvador en tu corazón.

¿Crees en el Hijo de Dios como tu Señor y Salvador?

Si en tu corazón de verdad has respondido afirmativamente, eres ahora hijo de Dios y ciudadano del cielo (Filipenses 3:20)   Oración.

«Padre, el puente es Jesús, él vino a buscarme cuando estaba perdido en mis delitos y pecados, era yo esclavo del maligno, no tenía acceso a tu presencia, pero por gracia, por medio de la fe en tu Hijo, ahora vivo en él y tú en mí, y soy tu hijo, para gloria de tu nombre, por el poder del Espíritu Santo, amén.  



jueves, 29 de enero de 2026

El segundo nacimiento

 El segundo nacimiento

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”, Juan 1:12-13

El anterior pasaje de Juan, está en el contexto de la revelación de la Palabra encarnada, el verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros, que vino a su pueblo Israel, pero los suyos no le recibieron. Más a los que le recibimos y creímos en su nombre, nos hizo nacer de nuevo, no por voluntad de hombre, sino de Dios. Engendrados espiritualmente, por el poder del Espíritu Santo, somos bautizados en Cristo: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:27-28).

Observemos, somos uno en Cristo, porque fuimos colocados en un mismo cuerpo: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:13).

El segundo nacimiento es eterno, pues somos unidos al Hijo de Dios, el primero fue temporal, pero es la oportunidad que tenemos todos de conocer su amor.

Pero esta oportunidad no es para dejarla para mañana, o luego, porque no sabemos cuando podemos partir de este mundo; cuando escuchemos acerca de la necesidad de nacer de nuevo por el regalo inmerecido de Cristo, no cerremos nuestros oídos, porque puede ser la última oportunidad: “Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Corintios 6:2).

Un mensaje que tiene el poder de sacarte de muerte a vida, merece toda tu atención, aunque el maligno, el mundo y aun tu propio yo, intentará distraerte para que no escuches, sabemos que Dios es poderoso, para Él no hay nada imposible, pues la salvación no depende de ti, de tu esfuerzo o propia bondad, sino solamente de que escuches, prestes atención con fe y recibas el regalo de su amor: pues como dice Mateo 19:25-26 “Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.   Oración.

«Me has salvado, no por obras de misericordia que yo haya hecho, sino por tu gracia, por medio de la fe en el único Salvador y mediador que dio su vida por mí, y resucitó para darme vida eterna en él. Gracias Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.



miércoles, 28 de enero de 2026

La fuerza de su Espíritu

 La fuerza de su Espíritu

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”, Efesios 4:22-24

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”, Romanos 15:13

Muchas veces decimos ‘no es en nuestra fuerza’, pero lastimosamente, luchar en nuestra fuerza es lo que por defecto buscamos para hacer todo.

Oramos al Señor entregando alguna situación que nos desborda, pero salimos de la oración y resolvemos en nuestras propias capacidades, entendimiento o independencia.

Los creyentes debemos reflexionar profundamente en qué mente operamos, pues esto define el fruto y el resultado, pues todo creyente ha recibido la mente de Cristo, para ser guiado a cambiar su manera de pensar y como consecuencia, actuar de manera diferente. (Romanos 12:2, 1 Corintios 2:16)

Entonces, actuar no en nuestras fuerzas, sino en el poder de su Espíritu, depende de la naturaleza en que obramos, o en qué ámbito nos movemos, si en la vieja naturaleza heredada de Adán, o en la nueva naturaleza en Cristo, (Efesios 2:3, Efesios 4:22-24).

Observemos que el pasaje de Efesios 4:22-24, nos dice que nos despojemos de esa vieja naturaleza o viejo hombre y tomemos el nuevo, con una clave en el versículo 23: “renovaos en el espíritu de vuestra mente”. No confiar en nuestros propios pensamientos no significa renunciar a la razón, sino que sabiendo que nuestro corazón (que incluye nuestros pensamientos) es por naturaleza engañoso y perverso, no confiamos en él (Jeremías 17:9), sino que nuestra confianza es en Cristo mismo, haciendo de manera práctica lo siguiente: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).

Pueden llegar pensamientos de desesperanza, que provocan ansiedad, o pensamientos de temor, incertidumbre, incluso de nuestros propios deseos malos, o malos pensamientos, pero no nos dejamos arrastrar por ellos, sino que en el poder de su Espíritu, por medio de la fe en lo que Dios dice, llevamos todo pensamiento a que se someta a la verdad que nos habita, a Cristo, derribando así toda mentira que nos esclaviza y permitiendo que el gozo y la paz abunden en nosotros. (Romanos 15:13)

En conclusión, es una batalla que si bien es espiritual y se enfrenta con armas espirituales, en el poder de su Espíritu, nuestra mente juega un papel determinante; como una puerta de entrada, pues los pensamientos moldean ideas y estructuran la creencia; la creencia es determinante en lo que finalmente hacemos. (Proverbios 23:7a, 2 Corintios 4:13).   Oración.

«Padre, la confianza que me has provisto en Jesús, en su obra maravillosa de salvación, me da la certeza que no me dejas ni me abandonas, porque él sufrió el abandono en la cruz para pagar por mis pecados, para que nosotros los creyentes experimentemos su amparo, protección por la fuerza de su Espíritu. 



martes, 27 de enero de 2026

La fe que maravilla a Jesús

 La fe que maravilla a Jesús

“Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe”. Lucas 7:2-9

En este pasaje se cuenta la milagrosa curación a distancia del siervo de un centurión, en la ciudad de Capernaúm. Se resalta especialmente la gran fe de este gentil y la autoridad de Jesús sobre la enfermedad, aunque no estaba presente, mostrando su Omnipresencia.

Para tener una fe que maraville a Jesús, debemos acercarnos a Él con humildad, con respeto, reconociendo su autoridad y su poder. La fe del centurión fue tan profunda que solo bastaba que Jesús dijera la Palabra para que su siervo recibiera sanidad. Cuan poderoso es confesar la Palabra de Dios, creyéndola para ver el obrar sobrenatural de Dios.

Su fe se destacó porque siendo un gentil demostró una fe más grande que la de muchos judíos que conocían a Jesús. La fe es la confianza en la Palabra de Dios, no importa quienes seamos. Este centurión se consideró indigno de que el Señor entrara a su casa, mostró un profundo respeto por la ley y la cultura judía. Fue una fe que actúa, no era una fe pasiva, puesto que envió a unos ancianos judíos a buscar a Jesús y hacerle la petición de sanidad. Entendió que el poder y la autoridad de Jesús, del cual había oído, eran tan grandes que no necesitaba que Él estuviera físicamente para sanar. Precisamente su fe se basó en la autoridad que Jesús tenía sobre todas las cosas, por eso al dar una orden, se cumpliría lo que dijera; comparándose con él, cuando daba órdenes a sus soldados bajo su autoridad para que obedecieran.

Jesús se maravilló de su fe y destacó que no había visto una fe así en Israel. Por eso ante una fe de esa magnitud, Jesús la proclamó públicamente. Y su siervo fue sanado instantáneamente.

¿Qué podemos aprender de esto? el Señor anhela que tengamos una fe genuina, sin importar quienes somos y de dónde venimos, una fe humilde que se traduzca en acción y una fe que confíe en la autoridad del Nombre de Jesús, sobre todas las circunstancias, que obra sanidad, milagros y prodigios. Una fe así influye en la vida de las personas que nos rodean llevando a otros a creer en Jesús.  Oración.

«Señor Jesús, quiero acercarme a ti, con una fe verdadera, reconociendo tu soberanía y tu poder sobre todas las cosas, que pueda decir como el centurión: “no es necesario que entres en mi casa porque una sola Palabra tuya bastará para que obres en mi vida y en la vida de los que me rodean”. Señor enséñame a reconocer la autoridad de tu Nombre que es sobre todo nombre y ver obrar milagros señales y prodigios cada vez que lo confieso, amén.   



lunes, 26 de enero de 2026

¿Cual es mi propósito?

 ¿Cual es mi propósito?

“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”, Isaías 43:7

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”, Romanos 8:29-30

Hemos estado reflexionando estos días sobre las preguntas más trascendentales que tenemos que resolver los seres humanos, ¿Quién soy?, ¿dónde estoy?, ¿Cuál es mi propósito? y hemos concluido hasta el momento, que mi fe en Cristo Jesús define quién soy y en dónde estoy. Mi ser y mi posición son determinados por mi unión con Cristo, pues él es nuestra vida; (Colosenses 3:4). El mismo Señor Jesús nos profetizó acerca de este asunto, diciendo: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” (Juan 14:20).

Observemos que estamos en él, pero el Señor dice que en aquel día conoceremos esta verdad de nuestra unión con el Padre y con el Hijo, y aquel dia fue cuando creímos en su muerte y resurrección, cuando aceptamos el regalo de su propia vida en nosotros y por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, fuimos hechos nueva creación (Tito 3:5, 2 Corintios 5:17).

El Espíritu Santo, ejecuta la obra de hacernos uno con el Padre y con el Hijo; y su misión, mientras pasamos por la temporalidad de este mundo, es que Cristo sea formado plenamente en nosotros: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”(Efesios 4:13)

Fuimos renacidos o nacidos de nuevo, para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para reflejar la gloria que perdimos por el pecado, para volver al seno del Eterno, por eso dice la escritura que nos llamó, nos creó, nos formó y nos hizo. (Isaías 43:7).

Esto implica que únicamente, en Cristo, recuperamos la gloria perdida, no hay otra manera de glorificar a Dios, de hacer su voluntad, sino estando en el Hijo, observemos contundentemente: “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”, 2 Timoteo 1:9

Esto concluye, que el propósito de mi vida no es acerca de las cosas temporales, no es mi propósito sino ‘su propósito’, que Cristo sea formado plenamente en mí: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,”, (Gálatas 4:19) y con él en nosotros, todo el fruto de su Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; (Gálatas 5:22-23), o sea, la expresión de su carácter manifestado en nosotros, para glorificar su nombre; pues el fruto es evidencia de la presencia de Dios en mi vida y de Cristo por medio de nosotros dando gloria al Padre.   Oración.

«Padre, me has llamado con llamamiento santo, me has apartado para ti, bautizándome por el Espíritu en tu Hijo, no conforme a mis obras, sino conforme a tu propósito de reunir en Cristo todas las cosas para gloria de tu nombre, amén.  



domingo, 25 de enero de 2026

¿Dónde estoy?

 ¿Dónde estoy?

“y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,”, Efesios 2:6

“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio”, Filipenses 1:27

Cuando hablamos de ‘mi posición’, más que hablar de un lugar, se refiere a un contexto de vida. Dónde estoy define el medio por el cual mi identidad se mueve o es expresada.

Para explicar, podemos observar cómo el ser humano quiere pertenecer a un grupo, ser aceptado y convivir siendo reconocido por lo que hace. También está físicamente muy arraigado al lugar donde nace, se cría o se desarrolla familiarmente.

Nos sentimos mal si no somos aceptados, sino nos sentimos identificados con algún grupo con afinidades o gustos comunes.

Pero la enseñanza bíblica nos plantea un cambio radical de la manera de pensar:

Todo creyente, está en los lugares celestiales juntamente con Cristo, aunque en una realidad temporal existo y estoy en este mundo, en mi espíritu, en la realidad de la eternidad, vivo en Cristo, soy y estoy en él. (, Efesios 2:6, Hechos 17:28)

Esto debe impedir que me llene de dudas y temor por las cosas temporales que pasan, también debe quitarme toda frustración o tristeza porque no soy aceptado en tal o cual lugar, pues mi ubicación real y mi verdadera posición familiar, laboral y social, está en Cristo: soy de la familia de Dios, con millones de hermanos en la fe unidos en un mismo cuerpo (bautizados), soy soldado de Cristo y soy aceptado en el: “aceptos en el amado”, como dice la escritura: “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6).

No se trata de ser parte de un colectivo o grupo social, sino de una unión orgánica: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13a). Somos uno en Cristo: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.” (Efesios 4:5-6)

Entonces, si nuestra patria es Cristo, cuando el mundo temporal nos intente hacer creer que debemos pertenecer a ellos, y seguir las costumbres en contra de los principios de Dios, o cuando nos sintamos rechazados, pensemos mejor que somos diferentes y que estamos en una posición radicalmente distinta y superior, como ciudadanos del cielo en Cristo Jesús: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;”, (Filipenses 3:20), ni tampoco extranjeros, sino miembros de la familia de Dios: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,” (Efesios 2:19)

Finalmente, nuestra identidad y posición determina nuestro comportamiento, el cual debe ser digno del evangelio de Cristo que predicamos, para alabanza de su gloria.  Oración.

«Señor Jesús, estoy en ti, y por esta razón me puedo acercar libremente al trono de la gracia, para hallar sustento y socorro en toda situación, aun en mis dificultades temporales, se que tengo toda tu provisión, amor y paz, para glorificar al Padre, en el poder y la unción del Espíritu Santo. Amén. 



sábado, 24 de enero de 2026

¿Hay espacio para Jesús en tu vida?

 ¿Hay espacio para Jesús en tu vida?

“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Lucas 2:6-7

Con este pasaje entendemos que los tiempos de Dios son perfectos y que cumple sus promesas, en sus manos están los hilos de la historia. El censo romano se llevaba a cabo como una ayuda al reclutamiento militar o la recaudación de impuestos. Los judíos no tenían que servir en el ejército romano, pero no podían evitar pagar los impuestos. El decreto de Augusto César salió en el tiempo de Dios y de acuerdo a su plan perfecto para traer a su Hijo al mundo. Todo lo que sucedió fue dispuesto por Dios.

Muchos judíos fueron forzados a recorrer grandes distancias solo para pagar su impuesto. Para José y María no hubo excepción, tenían que ir a Belén, la ciudad de David, en Judea. José tomó esta decisión porque él era descendiente de David, igual que María. Ella estaba avanzada en su embarazo, su alumbramiento podría ser en cualquier momento; pero no fue en cualquier momento, sino en el tiempo establecido por Dios para que se cumpliese la profecía en Miqueas 5:2 “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”.

Al llegar allí no hubo lugar donde hospedarse como dice el pasaje “porque no había lugar para ellos en el mesón”. En primer lugar, debemos aprender que cuando hacemos la voluntad de Dios, a veces no hay garantía de una vida cómoda, porque aún lo incómodo tiene significado dentro del plan de Dios, como sucedió con Jesús. Lucas se interesa por los pequeños detalles humanos, al contarnos que María le puso al niño pañales. Al ver el Hijo de Dios envuelto en pañales, vemos cuán perfectamente humano era Dios manifestado en un cuerpo físico.

La Biblia nos dice que Jesús nació en un pesebre, el lugar donde los animales pastaban y se alimentaban, porque no se halló otro lugar. No era el lugar más apto para el nacimiento de un bebé, era sucio y maloliente, sin embargo, allí nació el Rey Mesías. Recordemos que Dios obra donde se necesita, en la oscuridad del pecado y en lo sucio del mundo, por eso envió a su Hijo a esta tierra. No hubo sitio para Él nada más que en una cruz. Nacer en un establo simboliza la humildad y el rechazo inicial que rodearía su vida y ministerio. Esto también muestra que la verdadera riqueza no es material, sino espiritual y familiar.

Jesús quiere nacer en los corazones humanos, sin importarle que a veces parecen pesebres sucios y malolientes, es allí donde quiere vivir. Él viene a traer vida y luz a nosotros, por eso pregúntate: ¿Hay espacio para Jesús en mi vida? Porque muchas veces está tan llena de cosas terrenales, mundanas y frívolas, que no permitimos que Jesús viva en nosotros. Le hemos cerrado la puerta que Él ha tocado, no una sola vez, sino muchas, Apocalipsis 3:20. El Señor trata de entrar en los abarrotados corazones de los hombres y todavía sigue buscando, y se le rechaza, igual que entonces.

O quizás ya le abrimos la puerta y lo invitamos a entrar a nuestra vida y el Espíritu Santo vino a morar en nuestro corazón, pero lo hemos arrinconado, contristado y apagado, por vivir en la carne y no bajo el gobierno de su Espíritu, Gálatas 5:16. Pablo nos aconseja en 1 Tesalonicenses 5:19 “No apaguéis al Espíritu”. Jesús anhela nuestra unión con Él, “vosotros en mí y yo en vosotros”, Juan 14:20b. Esa vida de Jesucristo en nosotros solo es por fe, en la medida en que nos rendimos a su Señorío, Él quiere obrar libremente en y a través de nosotros para manifestar su perfecta voluntad.   Oración.

«Mi amado Rey Mesías, gracias por tocar a la puerta de mi vida, viniste a encontrarte conmigo, gracias por disponer mi corazón para recibirte y dejarte entrar en él. Me diste vida e iluminaste mi ser con tu Presencia. Qué privilegio ser el Templo de tu Santo Espíritu. Meditando en que no hubo lugar en una posada para que nacieras, viene a mi mente cada persona que no te conoce y que quizás sus vidas representan ese pesebre donde tu anhelas nacer. Hoy te pido que dispongas sus corazones, porque puedes llenarlos de tu amorosa Presencia, amén.  



viernes, 23 de enero de 2026

¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi propósito?

 ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi propósito?

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” Colosenses 3:2-4

Estas preguntas son fundamentales, pero muy poco nos ocupamos en resolverlas.

La psicología responde a estas preguntas enfocada, por supuesto, en la vida natural del hombre, la vida del alma. En el pensamiento, emociones y voluntad propia de cada ser. “¿Quien soy?” responde a la identidad y autoconcepto. “¿Dónde estoy?” responde al contexto, no solo al lugar, sino a mi posición familiar, laboral y social. Finalmente, “¿cuál es mi propósito?” responde a para qué estoy aquí, cuál es el sentido o norte de mi vida.

El propósito está muy relacionado con la pregunta de “¿hacia dónde voy?” que cierra el círculo y responde a dirección o visión. Es decir, el propósito es mi motivación o motor, pero finalmente tengo una meta de llegada u objetivo.

La Palabra de Dios tiene respuestas mucho más profundas y trascendentes a estos interrogantes, orientadas al espíritu del hombre, a su yo interno, que luego extiende a todo su ser; la revelación de estas respuestas da un verdadero sentido a la vida, pues somos espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23), y el entendimiento de ¿quién soy? ¿dónde estoy? ¿cual es mi propósito? y ¿para dónde voy?, determina mi existencia, mi destino, mi paz y mi verdadera vida tanto en el presente como en mi futuro, pues como dice el Apostol Pablo: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Corintios 9:26)

Así que, responderemos de acuerdo a las sagradas escrituras cada una de ellas, abordando con la guía del Espíritu Santo el sentido práctico de la enseñanza, que nos llevará a ser transformados y bendecidos en todo sentido. Lo veremos en los próximos devocionales.   Oración.

«Padre, tú me creaste para tu gloria, revela a mi vida ese propósito eterno en Cristo Jesús, para que mi vida tenga un sentido y meta verdadera, solo en tu presencia tengo plenitud de gozo y delicias a tu diestra. Amén.



jueves, 22 de enero de 2026

El destino de los malvados

 El destino de los malvados

“Cuando pensé para saber esto,

Fue duro trabajo para mí,

Hasta que entrando en el santuario de Dios,

Comprendí el fin de ellos.

Ciertamente los has puesto en deslizaderos;

En asolamientos los harás caer.” Salmos 73:16-18

“¿Por qué se amotinan las gentes,

Y los pueblos piensan cosas vanas?

Se levantarán los reyes de la tierra,

Y príncipes consultarán unidos

Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:

Rompamos sus ligaduras,

Y echemos de nosotros sus cuerdas”, Salmos 2:1-3

A veces, no entendemos las injusticias actuales, cómo las personas llevadas por ideologías de muerte, que llegan al poder y quieren establecer leyes en contra de la familia, los niños y destruir la libertad civil inherente a cada ser humano. Prosperan y levantan el puño contra todos los principios de Dios “Hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra”, reclaman libertad y paz pero realmente están gobernados detrás por el maligno: “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” Salmos 73:9 y 2 Tesalonicenses 2:4.

Cuando nos quedamos en pensar en estas injusticias y en la prosperidad de los malignos, nos frustramos y llenamos de desesperanza, entonces, tenemos que ir al “santuario” como dice Salmos 73:17, el cual representa la presencia misma de Dios en todo creyente, el lugar santísimo donde se une nuestro espíritu con su Santo Espíritu, allí nos es revelado el destino de los malvados, que son todos lo que han rechazado a Cristo y persisten en no creer en él para ser salvados, como dice 2 Tesalonicenses 2:10 sobre la acción del maligno, sobre los que rechazan a Jesucristo: “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”.

Cristo es amor, no vino para condenar al mundo, sino para salvarlo, pero muchos engañados por el mal, viven en su propia mente y si persisten en no querer la salvación, Dios no los obligará, son libres de ir a su propia destrucción, como lo indica Salmos 73: 18-19 “Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores.”

Dura palabra para estos tiempos, en que muchos, adormecidos en sus propios razonamientos, no rinden honor y gloria al Creador, sino que levantan el puño de rebeldía y ocurre lo que dictamina Romanos 1:21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.”.

Rendirse a su amor, a su perdón y recibir su paz, su salvación por medio de Cristo, es el mayor acto de libertad que aún tenemos la oportunidad de hacer mientras nos quede vida: “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).   Oración.

«Padre, ayúdame a ir a todos, a mi familia, vecinos, y a todo aquel que está esclavo, para que con el poder de tu Espíritu, expresando la vida de Cristo en mí, sean liberados por medio de la luz del evangelio, que hace todo nuevo, para gloria de tu nombre, amén. 



miércoles, 21 de enero de 2026

Quiero ser trigo, no cizaña

 Quiero ser trigo, no cizaña

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”, Juan 12:24-25

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”, Romanos 6:4

Así que, si queremos ser trigo y no cizaña, debemos hacer lo que el mismo Señor Jesús nos dice en Juan 12:24 “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Lo primero, es saber que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo, conforme dice Romanos 6:6: «sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”

Aunque se escribe en pasado “fue”, éste es, un hecho consumado eterno que se hace verdad o realidad presente en todo aquel que cree en Cristo.

Esta es la experiencia de todos los que creemos en Jesús.

Jesús nos sustituyó en la cruz, pero al mismo tiempo, nuestro viejo hombre, el que representa la suma total de todo lo que heredamos de Adán, fue crucificado juntamente con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado’ (Romanos 6:6b).

Y lo segundo, debemos entender profundamente lo que revela Juan 12:25: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”; la palabra ‘vida’ en las dos primeras frases vienen del griego “Psique” y su significado se relaciona con el alma, mas la última palabra, para vida, viene del griego Zoe, que en el contexto bíblico aparece cuando se habla de “vida eterna”, como por ejemplo en Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Esto significa que si quiero verdaderamente crecer como el trigo y dar fruto, debo negarme a mí mismo, a la vida del alma; no confiar en lo que yo pienso, siento o hago, sino que mi pensar, mi sentir y mi obrar, sean el de Cristo.

Morir a mi, para llevar mucho fruto.

Es decir, la propia vida eterna de Cristo en mí, surge o se expresa libremente cuando no confío en mí mismo, en mi propio corazón, sino solamente en Jesús. (Jeremías 17:9)

Cuando tenemos el testimonio del Espíritu Santo, de nuestra muerte y resurrección juntamente con Cristo y de que nuestra entrega es completa, entonces podemos reconocer por la fe, que:

-Cuando Jesús murió, yo morí

-Cuando Jesús fue sepultado, yo fui sepultado

-Y cuando Él resucitó, yo también resucité para andar en vida nueva.  Oración.

«Padre, se que ya no vivo yo, que mi vida está escondida con Cristo en ti, pues fui unido a Él, por medio de la fe, te alabo y te bendigo mi Dios, porque me has rescatado del pecado y del maligno, me has dado vida nueva por el poder de tu Espíritu, amén.