miércoles, 1 de abril de 2026

Y llamarás su nombre Jesús

 Y llamarás su nombre Jesús

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Lucas 1:30-33

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:9-11

Jesús, viene de la palabra hebrea “Iesoús”, se traduce como Josué, la forma griega de la palabra hebrea es Jesús, era un nombre común que significa «el Señor salva». Su nombre se relaciona con su misión de salvar a la humanidad.

Haciendo un paralelo, Josué en el Antiguo Testamento guió al pueblo de Dios a la tierra prometida y en el Nuevo Testamento Jesús guía a su iglesia hacia la vida eterna. Fue el nombre dado por Dios Padre a su Hijo, es un nombre que tiene poder, pues en su nombre hay salvación, hay perdón de pecados, sanidad y liberación. No podemos profanarlo, ni usarlo a la ligera, como algunos lo hacen, Mateo 24:5 dice “Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”.

También entender que reunidos en su nombre su Presencia se hace manifiesta en medio de los creyentes, Mateo 18:20 nos recuerda: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. En su nombre podemos ver salvación, transformación y restauración.

En Marcos 16:17-18 dice “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. En el libro de hechos se cumple esta promesa, cuando en el nombre de Jesús, los discípulos hicieron milagros, señales y prodigios. Esta promesa sigue vigente para su iglesia en el día de hoy, usemos su nombre entonces, con reverencia y autoridad, para que Jesús sea glorificado. Juan 14:13 nos dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.

El Señor nos otorga autoridad e identidad en su nombre. Debemos usarlo para orar con su potestad y carácter y para que declaremos que no hay otro nombre debajo del cielo en que podamos ser salvos, como lo expresa Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Es decir, que no hay ninguna otra autoridad, ninguna otra personalidad, ningún otro sistema o filosofía que pueda efectuar el rescate del alma humana. Si bien, hay algunos que defienden la posibilidad de una esperanza humana aparte de la confianza personal en Cristo Jesús, la Palabra de Dios niega tales proposiciones. Veamos 2 Corintios 5:17 que nos dice:” De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, estar “en Cristo” es la única manera de entrar en la “nueva creación” y recibir la salvación eterna prometida por Dios.

Su nombre nos da identidad como creyentes, cuando confesamos que somos uno en Él, comparte su gloria con nosotros para ser testimonio al mundo, Juan 17:21-22 afirma: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”.

En su última petición Jesús ora por la unidad de los creyentes, esa unidad que nos pide no es de naturaleza organizacional sino espiritual, la cual debe manifestarse de manera visible en la vida de la Iglesia, para dar testimonio de la divina misión de Cristo, si entendemos entonces lo que significa su poderoso nombre, rindamonos en obediencia, sumisión y reverencia ante el nombre de Jesús, Filipenses 2:10.   Oración.

«Amado Señor Jesús, toda gloria y honra son para ti, toda alabanza y exaltación a tu poderoso nombre, porque eres el Hijo del Altísimo, eres el Rey soberano y tu reino no tendrá fin. Gracias porque viniste a rescatar mi vida del pecado y de la condenación eterna y en tu nombre, Jesús, recibí perdón de pecados, salvación y una vida nueva, quiero declarar tu nombre con respeto y autoridad y decirle al mundo que no hay otro nombre debajo del cielo en que podamos ser salvos, amén.  



martes, 31 de marzo de 2026

Vivir en el Espíritu

 Vivir en el Espíritu

"Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor." 2 Corintios 3:18

"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Gálatas 2:20

Durante este mes, hemos emprendido un maravilloso recorrido por las Escrituras para comprender lo que significa vivir en el Espíritu. Dios, a través de su Palabra, nos ha revelado que como creyentes poseemos todo lo necesario para disfrutar de esta nueva vida espiritual que hemos recibido gracias a la obra consumada de Cristo en la cruz. Para este fin, se nos ha concedido la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, como dice 2 Corintios 13:14.

Recordemos que hemos sido dotados de la mente de Cristo, un nuevo corazón y un nuevo espíritu, donde residen los pensamientos de Dios, el sentir de Cristo y, en esencia, la vida de nuestro Salvador, lo cual nos capacita para tomar decisiones espirituales por medio de la fe que obra por el amor, y que nos dirigen directamente a hacer la voluntad de Dios. Todo esto es la máxima expresión del inmenso amor de Dios, un amor eterno que se ha comprometido a completar la buena obra que inició en nosotros desde el día en que Cristo vino a morar en nuestro corazón, tal como lo afirma Filipenses 1:6 “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”

Por lo tanto, hermanos, correspondamos a este amor inagotable, aprovechando la comunión del Espíritu para que, al igual que el discípulo amado, vayamos al seno de Dios, como se describe en Juan 13:25: “Él entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?” Es precisamente ahí, en la comunión del Espíritu Santo, donde al contemplar a nuestro Dios, seremos transformados en su misma imagen, tal como declara 2 Corintios 3:18. Y entonces, podremos expresar con convicción, al igual que el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). De esta manera, seremos capaces de compartir su amor de forma efectiva y tangible, dando el abundante fruto de su Espíritu, como se nos enseña en Gálatas 5:22-23: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Esto es vivir en el Espíritu.   Oración.

Padre Dios, gracias por tu Santo Espíritu, quien me transforma a la imagen de Cristo, y me lleva a dar su fruto para poder vivir en el Espíritu. Amén.   



lunes, 30 de marzo de 2026

En el seno del Padre. Parte 2

 En el seno del Padre. Parte 2

"A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer." Juan 1:18

Gracias a la obra redentora de Cristo, los creyentes tenemos acceso al seno del Padre por medio de la comunión del Espíritu Santo. Por eso, Dios anhela que, con la sencillez de un niño, corramos siempre a sus brazos, a refugiarnos en su regazo. Esta preciada intimidad con Dios es un tesoro que no debemos perder. Su Hijo Jesús, nos dio el ejemplo perfecto, incluso a sus treinta y tres años, buscaba intencionalmente esa profunda comunión con el Padre, como lo vemos en Mateo 26:36-39 “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.”

Jesús, al buscar el seno de su Padre en oración, con la comunión del Espíritu que los hacía uno, encontró la fortaleza necesaria para cumplir su propósito. En ese momento de profunda comunión e intimidad, las emociones y sentimientos que lo llevaron a declarar: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” fueron apaciguadas. Fortalecido desde el seno del Padre, salió dispuesto a ir a la cruz y cumplir la voluntad de Dios, como se revela en Mateo 26:45 “Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.”

Muchas veces, al igual que le sucedió a Jesús, nuestra alma se entristece y se angustia, y nos sentimos perdidos. La solución está en seguir el ejemplo de nuestro Señor aquella noche: buscar el seno del Padre. Es decir, buscar intencionalmente esa comunión a solas con Dios, un lugar sin estorbos ni distracciones. Por ello, Jesús mismo nos enseña lo que debemos hacer en Mateo 6:6 “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

Es allí, en el seno del Padre, donde también encontramos fortaleza, tal como dice Isaías 40:29 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Solo en la comunión del seno del Padre, al igual que Jesús, podemos ser fortalecidos para cumplir nuestro propósito y tomar decisiones guiadas por el Espíritu y no por la carne, permitiéndonos hacer la perfecta voluntad de Dios.   Oración.

Espíritu Santo, lléname de tu presencia, y enséñame a correr como un niño a los brazos de Dios, pues sé que ahí encuentro la fortaleza para hacer tu voluntad. Amén.



sábado, 28 de marzo de 2026

El anhelo del Espíritu

 El anhelo del Espíritu

"Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros." Gálatas 4:19

"Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?" Gálatas 5:7

El libro de Gálatas nos deja ver la importancia de la sana doctrina, ésta es fundamental, ya que moldea la nueva forma de pensar del creyente, y por lo tanto termina influenciando su forma de vivir. Por eso el apóstol Pablo manifiesta su preocupación por los miembros de la iglesia de Galacia, pues éstos estaban escuchando una falsa enseñanza, que los estaba llevando de la libertad que trae la gracia, a la esclavitud que deja la ley.

Hoy en día, tristemente ocurre lo mismo, pues muchas veces se predica un falso evangelio, que lleva a las personas al libertinaje o al legalismo, por eso es tan importante que conozcamos las Escrituras, porque ellas nos revelan a Jesús y nos enseñan su mensaje.

Pablo conocía muy bien el peligro de creer una doctrina errada, precisamente esta fue la causa que lo llevó a ser un perseguidor de cristianos; más cuando fue alcanzado por la Gracia de nuestro Señor Jesucristo y tuvo la revelación de las escrituras, su manera de pensar fue renovada, su forma de sentir fue impactada y su modo de actuar fue transformado, es decir, él pudo experimentar la nueva vida que el Hijo de Dios le otorgó, a tal punto que llegó a convertirse en un ferviente seguidor de Cristo.

Así que la razón por la que el apóstol expresa “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19), es más que justificada, pues su anhelo de ver formado a Cristo en los creyentes, se estaba frustrando, ya que las enseñanzas que estaban recibiendo lo único que harían sería llevar a los Gálatas a vivir en la carne y no en el Espíritu, y es por eso que les dice: “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?” (Gálatas 5:7)

Hermanos ese deseo que el apóstol Pablo expresa por los Gálatas, es el mismo anhelo del Espíritu: “que Cristo sea formado en nosotros”, por eso la invitación es a permanecer en la comunión del Espíritu Santo para tener revelación de la sana doctrina, con el fin de ser renovados a la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).  Oración.

Padre Dios, que tu Santo Espíritu me enseñe la sana doctrina, y lleve a que Cristo Jesús sea formado en mí, que tu amor y tu verdad me transformen a la imagen de tu hijo Jesús. Amén.  



viernes, 27 de marzo de 2026

 Los pensamientos de Dios sanan

"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado." Isaías 26:3

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." Juan 16:33

La depresión, el estrés y la ansiedad son consideradas las grandes epidemias de salud mental del siglo XXI. Algunas de las causas que han aumentado estas patologías se deben a estilos de vida frenéticos, el uso inapropiado de la tecnología, la inestabilidad laboral y la inseguridad social. Estas enfermedades se vieron agravadas tras la pandemia del COVID-19, afectando a millones de personas mundialmente.

Cuando vemos de una manera integral nuestro ser, nos damos cuenta que el principal problema que conlleva a la depresión, el estrés y la ansiedad, radica en la forma de pensar, debido a que cuando albergamos los pensamientos equivocados terminamos teniendo sentimientos desequilibrados y por lo tanto finalizamos haciendo cosas que acaban afectándonos. En el ámbito espiritual, una forma de pensar equivocada nos puede llevar a vivir en la carne, lo cual termina conduciendo al pecado y a la culpa.

La buena noticia es que en Cristo Jesús podemos encontrar la solución verdadera a estos problemas, pues Él nos da su mente, un nuevo corazón y una nueva vida, y por medio de la comunión del Espíritu Santo empieza a renovar nuestra manera de pensar combatiendo los pensamientos equivocados con los pensamientos de Dios.

De esta manera, con los pensamientos de Dios revelados en su Palabra, podemos tener claridad de nuestro origen, encontrando identidad, pues en Cristo somos hechos hijos de Dios, se nos revela que somos el resultado del amor de Dios, de un plan maravilloso que nos trae salvación, perdón de pecados y vida eterna. Lo cual nos lleva a tener paz, pues si perseveramos y creemos en estos pensamientos, promete Dios que así lo hará (Isaías 26:3). También encontramos propósito, y podemos tener calma, sabiendo que Dios es quien cuida de nosotros, nos provee, nos capacita, nos forma y nos lleva al lugar donde quiere que estemos, (Filipenses 1:6, 1 Pedro 5:10) y finalmente encontramos seguridad para nuestro futuro pues con Cristo ya tenemos un lugar en la casa celestial de Dios (Juan 14:2-3, Efesios 2:6).

Así que hermanos creamos en las palabras de Jesús, y confiemos, perseverando en los pensamientos de Dios, que traen paz, pues su paz y sus promesas son suficiente para combatir la depresión, el estrés y la ansiedad.  Oración

Espíritu Santo, recuérdame las promesas que tengo en Cristo Jesús, y ayúdame a perseverar en ellas, creyéndolas, que tu paz inunde todo mi ser. Amén.



jueves, 26 de marzo de 2026

Derribando fortalezas para vivir en el Espíritu

 Derribando fortalezas para vivir en el Espíritu

"Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" 2 Corintios 10:3-5

Tristemente muchos hijos de Dios aún están viviendo vidas esclavizadas cuando deberían estar experimentando la libertad que trae Cristo, hombres y mujeres sufriendo por faltantes en diferentes áreas de su vida, por heridas que vienen desde la niñez o por la incertidumbre de un futuro que no parece prometedor, peor aún sufriendo por causa de adicciones y pecados que están destruyendo no solo sus vidas sino la de sus familias y amigos.

En la segunda carta a los Corintios, se nos revela que existen fortalezas, que precisamente provienen de pensamientos equivocados que pueden llevar al creyente a sentirse vacío, lastimado y sin esperanza, y que terminan empujándolo a la promiscuidad, las drogas, el alcohol, la pornografía, o cualquier otro pecado que promete libertad pero en realidad lleva a la esclavitud.

¿Qué hacer para combatir esta problemática y poder empezar a experimentar la vida abundante que trae Cristo? La respuesta la encontramos en 2 Corintios 10:3-5 donde se nos declara que tenemos armas poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas: una de estas armas es la Palabra de Dios, como dice Hebreos 4:12 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” Y otra es la fe que como dice Hebreos 11:1 “Es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Estas dos armas son fundamentales para derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y para llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo tal como dice: 2 Corintios 10:3-5

Dejar de vivir en la esclavitud que trae un pensamiento equivocado es el deseo de Dios para sus hijos, pues hemos sido llamados a vivir en libertad, por eso hermanos debemos entender la importancia que tiene nuestra manera de pensar, de ahí la insistencia de renovar nuestros pensamientos, y de llenarnos de la Palabra de Dios, para aprender a vivir en el Espíritu.   Oración

Padre Dios llévame a creer en tus promesas, pues sé que tu palabra es verdad, derrumba todo argumento que sea contrario a ti, quiero vivir en el Espíritu. Amén.



miércoles, 25 de marzo de 2026

 Crecimiento por la Palabra para vivir en el Espíritu

"Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él." Lucas 2:40

"Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres." Lucas 2:52

Nuestro mejor referente en todo siempre es Jesucristo, por eso de Él podemos aprender cómo vivir en el Espíritu. La escritura nos revela que Él crecía y se fortalecía, pero también se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él (Lucas 2:40,52), lo cual nos indica un crecimiento integral en la vida de Jesús, tanto su espíritu, su alma y su cuerpo tenían un pleno desarrollo.

José y María, los padres de Jesús, quienes eran judíos y seguían las tradiciones cumplidamente, como lo podemos inferir de Lucas 2:21-42, sin duda, instruyeron al niño en los caminos del Señor, enseñándole desde pequeño las escrituras. Por eso cuando vemos a Jesús, a los doce años en el Templo, haciendo preguntas y hablando con los maestros de la ley, estos se maravillaban de su sabiduría y sus respuestas como dice Lucas 2:46-47.

Jesús fue instruido con la Palabra de Dios desde su niñez. Ya en su vida adulta y al comenzar su ministerio, esa Palabra continuaba manifestándose en todo su modo de actuar. El no solo cumplía la Ley, sino que lo declaró abiertamente en Mateo 5:17: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Su vida era, por lo tanto, una coherencia absoluta entre su creencia y su vivencia. Todos sus actos revelan su amor, que es el cumplimiento de la Ley (Romanos 13:10).

Esta enseñanza debe llevarnos a reflexionar sobre la importancia de llenarnos de los pensamientos de Dios, los cuales encontramos en su Palabra, pues estos tienen el poder de moldear nuestra vida, llevándonos a experimentar el sentir de Cristo, para al final poder vivir una vida espiritual, haciendo la voluntad de Dios, tal y como lo apreciamos en la vida de Jesús.

De la misma manera, ahora los creyentes, podemos experimentar lo mismo que Cristo, pues al llenarnos de los pensamientos de Dios, podemos poner en práctica su Palabra por medio del amor, amando tanto a Dios como a nuestros semejantes. (Mateo 22:37-40). Así que hermanos, crezcamos en el conocimiento de Dios por medio de la Palabra para aprender a vivir en el Espíritu.   Oración

Espíritu Santo recuérdame siempre la Palabra de Dios, pues sé que es mi alimento diario, que me permite crecer y fortalecerme para llevar una vida en el Espíritu. Amén.  



martes, 24 de marzo de 2026

Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.

 "Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa." Romanos 1:19-20

"Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó." Génesis 1:27

Muchos creyentes desean sinceramente vivir en el Espíritu y experimentar la vida abundante que Jesús prometió, pero a menudo no saben cómo lograrlo. Aunque a veces inician correctamente, viviendo en el Espíritu, como los gálatas, con el tiempo se desvían y vuelven a vivir en la carne (Gálatas 3:3). Una causa principal de este problema es la falta de conocimiento, un desafío que ya enfrentó el pueblo de Israel, como lo dice Oseas 4:6a: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.” Para contrarrestar esto, podemos pedir la ayuda del Espíritu Santo para comprender mejor lo que significa vivir en el Espíritu.

Para ello, trazaremos un paralelo entre el desarrollo natural de la vida humana y el desarrollo espiritual de la nueva vida en Cristo. Romanos 1:19-20 nos enseña que lo invisible, lo que proviene de Dios, es decir, lo espiritual, puede entenderse a través de su propia creación, lo natural. Pero es por el Espíritu Santo que tenemos esta revelación.

Por ejemplo, el hombre fue creado a imagen de Dios (Génesis 1:27). Por ello, en nuestra vida natural se nos dieron pensamientos, sentimientos y voluntad, los cuales componen nuestra alma y nos capacitan para comprender nuestro mundo y también para relacionarnos con nuestro entorno y nuestros semejantes. En paralelo, cuando recibimos a Cristo como Señor y Salvador, se nos otorga una nueva vida espiritual. Con ella, se nos da: la Mente de Cristo, con la cual podemos comprender los pensamientos de Dios; un nuevo corazón, donde están escritos sus mandamientos; el dominio propio, con el cual podemos obedecer. Estos elementos conforman nuestro espíritu y nos permiten entender las cosas espirituales pero también relacionarnos con Dios.

El desarrollo espiritual es similar al natural. Así como un niño necesita alimentarse para tener un buen desarrollo, permitiendo que su cerebro y su cuerpo en pleno funcionamiento formen pensamientos y sentimientos que lo lleven a tomar decisiones; en lo espiritual también: necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios para formar nuevos pensamientos con la Mente de Cristo, y también para experimentar su sentir. Esto nos capacita para tomar nuevas decisiones, ejecutándolas gracias al dominio propio que proviene del fruto del Espíritu Santo.   Oración

Espíritu de Dios, solo tú puedes darme la revelación que necesito para vivir en el Espíritu, por eso vengo a ti para que me ilumines con tu Palabra y me des sabiduría. Amén



lunes, 23 de marzo de 2026

Poder, amor y dominio propio para vivir en el Espíritu

 Poder, amor y dominio propio para vivir en el Espíritu

"Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio." 2 Timoteo 1:7

Dios quiere recordarnos, o enseñarnos que Él no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio, para que tengamos la certeza, como lo hemos venido viendo en los devocionales de este mes, que tenemos todo lo necesario para vivir en el Espíritu.  

Ahora bien, una de las finalidades de vivir en el Espíritu, es poder participar de los negocios del Padre, de la misma manera como lo hizo Jesús, quien a la edad de doce años, ya tenía claro su propósito en esta vida, al punto de llegar a decirle a sus padres: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”. (Lucas 2:49b)

Estar en los negocios del Padre implica hacer su voluntad, y para hacer la voluntad de Dios es necesaria la obediencia, pues es por medio de ésta, que podremos realizar esas buenas obras que Dios ya ha preparado de antemano, para que nosotros sus hijos, andemos en ellas, claro que todo esto es posible únicamente por Cristo, como dice Efesios 2:10 “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Ahora bien, es necesario que nosotros realicemos esas buenas obras, ¿Cómo?, muriendo a nosotros mismos y permitiendo que Jesús viva a través nuestro como dice Gálatas 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” La clave está en una vida de fe, pero no una fe cualquiera, sino la fe del Hijo de Dios, la cual me da certeza y convicción, para llevarme a la obediencia que es la manifestación o el obrar del amor.

Así que hermanos, armémonos de valentía, y con el poder que trae la comunión del Espíritu Santo (Hechos 1:8), con el amor de Dios que ha sido derramado en nuestro corazón por el Espíritu (Romanos 5:5), y con el dominio propio que se nos ha otorgado (2 Timoteo 1:7), pongamos manos a la obra, para participar de los negocios del Padre: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:19-20.   Oración.

Gracias Padre Dios por llamarme a vivir en el Espíritu para participar efectivamente en tus negocios, haciéndome parte de tu plan de salvación para llevar a otros tu amor. Amén.    



domingo, 22 de marzo de 2026

 Decisiones en el Espíritu, un proceso que proviene de Dios

"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." Efesios 2:10

Es maravilloso saber que en Cristo Jesús hemos sido creados para buenas obra, es decir, Dios tiene para nosotros buenos planes, para darnos propósito y traer esperanza a nuestra vida, como lo dice Jeremías 29:11 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

Ahora bien estas buenas obras, son preparadas por Dios, para que andemos en ellas, pero lo más impactante es que Dios nos llama, nos capacita y el mismo se encarga de ayudarnos para que su propósito se cumpla, como dice Isaías 43:7 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Y como afirma Filipenses 2:13 “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

Y es sorprendente saber, que Dios usa un proceso divino, que es espiritual, que nos lleva a tomar decisiones para andar en esas buenas obras, tal y como revela Hebreos 10:15-25 “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Así que hermanos, meditemos en la palabra revelada en Hebreos 10:15-25, pues ahí encontramos las verdades profundas sobre las cuales Dios nos ha estado instruyendo durante este mes, para poder ver una transformación en nuestras vidas, llevándonos desde una renovación en nuestra manera de pensar, que impacta nuestro modo de sentir, y cambia nuestra manera de actuar, pues finalmente el Espíritu del Señor es quien nos guía en la toma de decisiones de acuerdo a la voluntad de Dios, para terminar participando de las buenas obras diseñadas por Dios para nosotros, por medio de la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, al amor de Dios y a la comunión del Espíritu Santo.  Oración

Espíritu Santo, llévame a tomar decisiones espirituales que me mantengan en el centro de tu voluntad, realizando las obras que has dispuesto para mí. Amén.



sábado, 21 de marzo de 2026

Amor, resultado del fruto de la comunión

 Amor, resultado del fruto de la comunión

"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley." Gálatas 5:22-23

"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros." Juan 13:34-35

En el devocional de ayer veíamos cómo para someternos unos a otros necesitábamos de la llenura del Espíritu Santo, pues esta no es una tarea fácil si lo hacemos en nuestras fuerzas. En la vida diaria, aprender a practicar esto, requiere de humildad, de amor, pero sobre todo del poder de Dios. Y para esto Dios nos ha dado la comunión del Espíritu Santo, la cual es una bendición para nuestra vida, pues es en esa unidad de nuestro espíritu con el Espíritu del Señor donde se produce el fruto que se describe en Gálatas 5:22-23, fruto necesario para poder mirar no solamente por los intereses de uno, sino también por lo de los demás.

De manera clara en Juan 15:1-5 Jesús nos enseña que separados de Él nada podemos hacer, por eso dice: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Así que ahora en Cristo, llevar mucho fruto es posible, gracias a la unión que tenemos con Cristo, pues cuando recibimos a Cristo nos hicimos uno con Él, y por eso su gozo, paz y amor; su paciencia, benignidad y bondad; y su fe, mansedumbre y templanza están a nuestra disposición, pues son características del fruto

El gozo, la paz y el amor de Cristo, nos ayudan en nuestra relación con Dios, pues nos permiten experimentar que somos hijos amados, lo cual trae gozo y paz desde nuestro espíritu a nuestra alma, equilibrando nuestro ser. La paciencia, benignidad y bondad de Cristo nos ayudan en nuestra relación con nuestros semejantes, permitiéndonos tener un trato con ellos, de tal manera que los podamos apreciar como superiores a nosotros, con el fin de ganarlos para Cristo. Y la fe, mansedumbre y templanza de Cristo nos ayudan en la formación de nuestro carácter, llevándonos a ser más como Cristo, para así cumplir con el nuevo mandamiento que Jesús nos dejó: amarnos los unos a los otros como él nos ama. Así que hermanos, pidamos a Dios poder disfrutar de la comunión de su Espíritu para que su fruto se manifieste en nuestras vidas por medio del amor a nuestros semejantes.  Oración.

Espíritu de Dios, llévame a amar a mis hermanos como Cristo me ha amado a mí; que tu fruto se vea en el trato que tengo con los demás. Amén   



jueves, 19 de marzo de 2026

Comunión y santidad para vivir en el Espíritu

 Comunión y santidad para vivir en el Espíritu

"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." 1 Tesalonicenses 5:23

"Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad" 2 Tesalonicenses 2:13

Jesús sabía muy bien de la importancia del Espíritu Santo en la vida del creyente, por eso les dice a sus discípulos en Juan 16:7 “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” Su importancia radica en que es Él quien nos santifica por completo, para que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de Cristo.

La santificación posicional ya es un hecho, pues hemos sido apartados para Dios en Cristo, pero la santificación experiencial es un proceso diario, en el cual el Espíritu Santo: aparta nuestro espíritu para que disfrutemos y nos relacionemos con Dios mediante la comunión; aparta nuestra alma (mente, sentimientos y voluntad) para ser transformados a la imagen de Cristo; y aparta nuestro cuerpo para esas buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Así que, mediante la santificación experiencial, es que en nuestro diario vivir, podremos experimentar esa unión con Cristo, en semejanza al matrimonio, pues ahí, por medio de la comunión del Espíritu Santo, es que nuestra mente es apartada para Dios, y el obrar del Espíritu nos lleva a renovar nuestra manera de pensar para tomar los pensamientos de Cristo; también el Espíritu aparta nuestro corazón para Dios, llevándonos a dejar a un lado el corazón de piedra que está viciado con nuestro malos deseos, sentimientos dañinos y emociones descontroladas, para tomar el nuevo corazón conforme al de Cristo, en el cual están escritos sus mandamientos, para ponerlos por obra; y finalmente el mismo Espíritu nos lleva a rendir nuestra voluntad, para que sea la voluntad de Dios la que hagamos, esto gracias al dominio propio que por su poder nos infunde. Por lo tanto hermanos, pidamos al Espíritu Santo nos santifique integralmente, para experimentar lo que es vivir en el Espíritu.  Oración.

Gracias Dios por tu Santo Espíritu, porque él aparta mi manera de pensar, mi manera de sentir y mi manera de actuar, para guardarme limpio para la venida de tu amado Hijo. Amén.  



miércoles, 18 de marzo de 2026

Uno con Cristo para vivir en el Espíritu

 Uno con Cristo para vivir en el Espíritu

"Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia." Efesios 5:31-32

Es a través de la revelación de Dios, que tenemos gracias a la comunión del Espíritu Santo, que podemos comprender la asombrosa unidad que ahora compartimos con Cristo. Desde el momento en que le recibimos por la fe como Señor y Salvador, pasamos a ser uno con Él, de la misma manera que Él es uno con el Padre. Esta unidad no es meramente intelectual, sino profundamente espiritual, por eso ahora podemos adorarle en espíritu y en verdad, cumpliendo lo que dice Juan 4:24 “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” El espíritu del creyente se convierte en el lugar santísimo, el espacio donde experimentamos la unión con Cristo, gracias a la obra y la presencia del Espíritu Santo (Comunión). Es allí donde somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen de Jesús, por el Espíritu. Esta profunda conexión nos capacita para vivir una vida en el Espíritu.

El apóstol Pablo utiliza una poderosa analogía para ilustrar la profundidad de esta verdad en Efesios 5:31-32: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” Al referirse al matrimonio, Pablo lo eleva para revelar la unidad espiritual entre Cristo y su Iglesia. La intimidad y la unión profunda que disfrutan los esposos al hacer un pacto delante de Dios, a tal punto que se vuelven “una sola carne,” es apenas un pálido reflejo del misterio aún más grande: la comunión inigualable y la unión espiritual que tenemos con nuestro Dios a través de Cristo. Esta analogía es maravillosa porque nos recuerda el costo de la unidad. En el matrimonio, la nueva vida en pareja exige que el esposo y la esposa mueran a sus deseos egoístas. Ser una sola carne requiere dejar de pensar solo en sí mismo para considerar los pensamientos, los sentimientos y las decisiones del cónyuge. De igual modo, al ser uno con Cristo, Dios nos llama a morir a nuestros propios pensamientos, deseos y voluntad, para tomar en cuenta únicamente los de Cristo. Esta unidad no tolera un doble señorío. Por lo tanto, hermanos, abracemos este regalo inmerecido, y por medio de la Comunión del Espíritu, rindamos nuestra vida y empecemos a ceder para que sea Cristo quien viva plenamente en nosotros.  Oración

Espíritu Santo, llévame a ser uno con Cristo en mi diario vivir, quiero que sea más de ÉL y menos de mí, para que en mí se vea el pensar, el sentir y el actuar de Cristo. Amén. 



martes, 17 de marzo de 2026

La comunión del Espíritu Santo, provisión para vivir en el Espíritu

 La comunión del Espíritu Santo, provisión para vivir en el Espíritu

"Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra." Ezequiel 36:26-27

Durante este mes hemos estado reflexionando sobre cómo vivir en el Espíritu, y hemos visto que Dios nos ha provisto de todo lo necesario para que podamos disfrutar de esta nueva vida espiritual que recibimos los creyentes gracias a la obra de Cristo en la cruz. Recordemos que Dios nos provee la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, su Amor y la comunión del Santo Espíritu para este propósito, recordemos también que por gracia hemos recibido la mente de Cristo, con la cual podemos tener el pensar de Cristo y también un nuevo corazón con el cual podemos tener el sentir de Cristo, además el amor que se nos ha dado es una fuente y a la vez un combustible que mueve la fe y que nos impulsa a obedecer.

Ahora bien, para poder disfrutar de la comunión del Espíritu Santo, que es parte de esa provisión para que nosotros sus hijos podamos caminar en el Espíritu, es necesario comprender que también por gracia, a la hora de recibir a Cristo como Señor y Salvador se nos dio una nueva vida, que es espiritual, esto es precisamente lo que nos revela Ezequiel 36:26a “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” y lo que ratifica Juan 3:5-6 “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

Así que cuando recibimos a Cristo por medio de la fe, nacemos de nuevo, este nacimiento es espiritual, pues nacemos del Espíritu, y en ese momento se cumple en nosotros la palabra escrita por medio del profeta Ezequiel: “pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” Este nuevo espíritu que nace al recibir a Cristo, fue esa vida espiritual que el hombre perdió en el jardín del Edén cuando Adán y Eva pecaron, y que tiene la capacidad de relacionarse con Dios, pues es ahí en el espíritu humano donde podemos disfrutar de la comunión del Espíritu Santo, pues como dice Ezequiel 36:27 “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” Y esta revelación es maravillosa, pues Dios mismo, gracias a la comunión del Espíritu Santo nos lleva a que andemos es sus estatutos, guardemos sus preceptos y los pongamos por obra, esto es vivir en el Espíritu, y es gracias a la obra de Cristo.   Padre Dios, gracias por darle vida a mi espíritu, pero sobre todo gracias por tu Santo Espíritu, quien mora en mí y me enseña diariamente a vivir en el Espíritu. Amén. 


lunes, 16 de marzo de 2026

Amor Redentor

 Amor Redentor

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." Juan 3:16

"El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios." Mateo 27:54

El apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, describe la inmensidad del amor de Dios con una frase poderosa: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito.” Este es el Amor Redentor en su máxima expresión. Su propósito es claro: que todo el que deposite su fe en Jesucristo no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Este amor Redentor se manifestó de la manera más tangible en la obra de Cristo en la cruz. Aunque Jesús no conoció pecado, voluntariamente dio su vida por nosotros, pecadores que éramos indignos de tal gracia. Esta verdad, que el pueblo judío había vislumbrado a través del simbolismo de los sacrificios de corderos, fue revelada de forma plena y universal por la muerte de Jesús. Este amor es capaz de tocar los corazones más duros, como el del centurión romano de Mateo 27:54, quien confesó: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios.”

Gracias a la victoria de Cristo, este amor redentor está disponible para toda la humanidad, aunque solo aquellos que creen y han depositado su fe en Jesús pueden experimentarlo y disfrutarlo plenamente. La redención no es solo un evento pasado; es una obra continua en nuestras vidas. Podemos ver el amor redentor de Dios manifestándose diariamente, salvándonos de nuestros malos pensamientos, deseos y decisiones. Un testimonio vívido de esta realidad se encuentra en la vida del profeta Oseas, a quien Dios mandó casarse con una mujer infiel. Esta unión escenificó el amor incondicional de Dios hacia su pueblo pecador, mostrando que Él nos saca de nuestra condición de perdición para ofrecernos una vida nueva en su amor. De la misma manera, antes de recibir a Cristo, estábamos espiritualmente perdidos, pero su amor nos rescató, para vivir una nueva vida en El.

Hermanos, ahora que Jesús nos ha otorgado una nueva vida, ¡disfrutémosla! Permitamos que el amor redentor de Cristo renueve no solo nuestra manera de pensar, sino impacte nuestra forma de sentir y transforme nuestra manera de actuar, para que sea el pensar, el sentir y el actuar de Cristo manifestándose en nosotros.  Oración.

Padre Dios, gracias por el don de tu Santo Espíritu, quien me capacita para vivir y experimentar la plenitud de tu amor redentor. Amén.    



domingo, 15 de marzo de 2026

El mandamiento del amor

 El mandamiento del amor

"Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano." 1 Juan 4:21

La palabra “discípulo” proviene del griego mathētēs, que significa estudiante, aprendiz o alumno. Esto implica una relación de aprendizaje activa, no solo pasiva, donde el alumno sigue y obedece las enseñanzas de su maestro. Bajo esta perspectiva, la enseñanza de Jesús en Juan 13:35 cobra una profunda relevancia: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Con esta declaración, Jesús les estaba mostrando a sus seguidores, y nos enseña hoy a todos los creyentes, que el amor mutuo es el rasgo característico e inconfundible de quienes lo hemos recibido como Señor y Salvador. Este amor, manifestado entre nosotros, permite que el mundo nos identifique como verdaderos seguidores de Cristo, pues estamos obedeciendo su mandato principal.

La Palabra nos exhorta claramente en 1 Juan 4:21 a amar a Dios y, consecuentemente, a amar a nuestro prójimo. 1 Juan 5:1-3 nos aclara la manera práctica de hacerlo: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.”

La forma más contundente de manifestar nuestro amor por Dios y por el prójimo es a través de la obediencia a su Palabra. Como hemos reflexionado, esto es algo que está a nuestro alcance, pues por la gracia de nuestro Señor Jesucristo hemos sido equipados con todo lo necesario: Tenemos la mente de Cristo, donde se albergan los pensamientos de Dios. Se nos da un nuevo corazón, donde sus mandamientos están escritos. Y Contamos con el Espíritu Santo, quien obra con su amor, dándonos el poder para obedecer.

Por lo tanto, hermanos, ahora amemos con ese verdadero amor: el amor de Cristo, el cual ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, “ese amor que es paciente, que es bondadoso; ese amor que no es envidioso, ni presumido, ni orgulloso; ese amor que no hace nada indebido, ni busca lo suyo, ni se irrita, ni guarda rencor; ese amor que no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Ese amor que nunca deja de ser.” (1 Corintios 13:4-8b parafraseado)   Oración.

Padre Dios, sé que, por la gracia de tu Hijo Jesús, tu inmenso amor y la comunión del Espíritu Santo, la obediencia está a mi alcance. Gracias por guiarme a esa obediencia, que es la muestra palpable de tu amor derramado en mí. Amén.



sábado, 14 de marzo de 2026

El amor de Dios, provisión para vivir en el Espíritu

 El amor de Dios, provisión para vivir en el Espíritu

"Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios." Efesios 3:14-19.

El apóstol Pablo, movido por el Espíritu, ora para que los creyentes en Éfeso experimenten la plenitud de Dios. Esta oración contiene claves fundamentales para que nuestra vida cristiana prospere y para que podamos vivir verdaderamente en el Espíritu. De su ruego en Efesios 3:14-19, podemos extraer dos verdades esenciales para nuestra vida de fe:

Necesitamos ser fortalecidos por el Espíritu en nuestro interior para que Cristo habite, viva, se exprese en nuestros corazones. El Espíritu Santo es quien concede una fuerza sobrenatural a nuestro “hombre interior”. Esta fuerza proviene directamente de la misma esencia de Dios: el amor, el cual ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu (Romanos 5:5). Este amor nos da fuerza, pues no es pasivo; es el combustible que pone en acción nuestra fe, como afirma Gálatas 5:6b “sino la fe que obra por el amor.”

Debemos permitir que Cristo habite y gobierne en nuestro corazón por medio de la fe, lo que nos llevará a estar arraigados y cimentados en Amor, echando raíces profundas y construyendo una base sólida que ayuda a moldear nuestras convicciones, impactar nuestras motivaciones, y transformar nuestras acciones. Es sobre esta base de amor, que podemos conocer y experimentar, de manera profunda y vivencial, el amor de Cristo, un amor tan vasto que excede todo entendimiento o conocimiento puramente intelectual.

En resumen, al ser fortalecidos por el poder del Espíritu Santo, permitiendo que Cristo manifieste su vida en nosotros, somos habilitados para captar la anchura, longitud, profundidad y altura del amor de Cristo. Solo así podemos ser llenos de toda la plenitud de Dios.

Hermanos, si anhelamos esa plenitud para vivir de manera constante en el Espíritu, busquemos diariamente la fortaleza que trae el amor de Dios, y entreguemos el control de nuestra vida a Cristo para que Él pueda expresar su vida a través nuestro.   Oración

Padre celestial, te doy gracias por tu inmenso amor. Te pido que este amor me impulse a vivir cada día guiado por tu Espíritu. Fortaléceme, pues mi anhelo es poder estar profundamente arraigado y cimentado en tu amor inagotable. Amén.



viernes, 13 de marzo de 2026

Amor para amar

 Amor para amar

"Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado." Romanos 5:5

Como reflexionamos en el devocional de ayer, al recibir a Cristo como Señor y Salvador, se nos otorga por gracia un nuevo corazón, que es espiritual, en el que están escritos los mandamientos de Dios. Es con este nuevo corazón y gracias al amor inmerecido de Dios que somos capacitados para amar. Este amor nos conduce naturalmente a la obediencia, pues “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). Es maravilloso y consolador saber que el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo. Este amor es un atributo divino, la esencia misma de Dios, como se declara en 1 Juan 4:16b: “Dios es amor”. ¡Y ahora este amor está en nosotros!

El apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, profundiza en este concepto: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros” (1 Juan 4:10-12). Amarnos mutuamente es un signo de comunión con Dios, que evidencia que su amor se ha perfeccionado y se manifiesta plenamente en nuestras vidas, llevándonos de manera práctica a experimentar la vida en el Espíritu.

Jesús mismo lo afirmó: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él… El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:21-23). Al permitir que Cristo habite en nosotros y al recibir la fuerza de su amor, podemos corresponder al amor de Dios, amándolo a Él por sobre todas las cosas. Además, nos capacita para amar al prójimo como Cristo, compartiendo activamente su amor.

1 Juan 4:19-21 nos recuerda el fundamento: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”

Por lo tanto hermano, ya que Dios nos ha concedido su amor para que podamos amar, permitamos que este amor se perfeccione en nosotros, guiándonos a corresponder a su inmenso amor para compartirlo con todos los que nos rodean.   Oración.

Señor Jesús, enséñame a amar como tú, a dar amor como tú, y a vivir según tu voluntad. Que tu amor me impulse a amarte a ti, Dios, y a mi prójimo, tal como tú me has amado Amen. 



jueves, 12 de marzo de 2026

Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

 Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

"Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios." Ezequiel 11:19-20

En Cristo Jesús, la promesa dada al pueblo de Israel en Ezequiel 11:19-20 se extiende a todos los creyentes. Esto es maravilloso, ya que por gracia, al creer en Jesucristo, no solo recibimos el perdón de los pecados, la salvación y la vida eterna, sino también un corazón nuevo, el mismo corazón del Hijo de Dios.

Este nuevo corazón que se nos otorga por la gracia divina posee la extraordinaria capacidad de andar en las ordenanzas de Dios, guardar sus decretos y cumplirlos. Esto es posible porque este corazón es sensible a la Palabra encarnada, el Verbo de Dios (Juan 1:1, 14). Por lo tanto, Jesús, quien se revela a través de la Palabra Escrita y vive ahora en nosotros, hace que esa Palabra viva actúe en nuestra vida por medio de este nuevo corazón, que es espiritual, gracias a la obra del Espíritu Santo. De esta manera, el anhelo de Dios de que tengamos “el mismo sentir que hubo en Cristo” se vuelve posible. Esto debe impulsarnos a obedecer, despojándonos del viejo hombre viciado para revestirnos del nuevo, “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad,” para alcanzar el propósito para el cual Dios nos creó (Filipenses 2:5-8).

Por lo tanto, al tener el corazón de Cristo, y gracias a la obra del Espíritu Santo, podemos obedecer. Los mandamientos de Dios ya no son ordenanzas externas, sino el mismo sentir de Cristo latiendo en nuestro interior, por eso el apóstol Pablo declara 2 Corintios 3:3-6: “siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” Así que hermanos, pidamos a Dios que, con este nuevo corazón, aprendamos a vivir cada día en el Espíritu.   Oración.

Padre Dios, gracias por el nuevo corazón que me has dado, donde están escritos tus mandamientos para ponerlos por obra, lo que me lleva a vivir en el Espíritu. Amén.



miércoles, 11 de marzo de 2026

El amor de Dios, provisión para vivir en el Espíritu

 El amor de Dios, provisión para vivir en el Espíritu

"Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios." Efesios 3:14-19.

El apóstol Pablo, movido por el Espíritu, ora para que los creyentes en Éfeso experimenten la plenitud de Dios. Esta oración contiene claves fundamentales para que nuestra vida cristiana prospere y para que podamos vivir verdaderamente en el Espíritu. De su ruego en Efesios 3:14-19, podemos extraer dos verdades esenciales para nuestra vida de fe:

Necesitamos ser fortalecidos por el Espíritu en nuestro interior para que Cristo habite, viva, se exprese en nuestros corazones. El Espíritu Santo es quien concede una fuerza sobrenatural a nuestro “hombre interior”. Esta fuerza proviene directamente de la misma esencia de Dios: el amor, el cual ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu (Romanos 5:5). Este amor nos da fuerza, pues no es pasivo; es el combustible que pone en acción nuestra fe, como afirma Gálatas 5:6b “sino la fe que obra por el amor.”

Debemos permitir que Cristo habite y gobierne en nuestro corazón por medio de la fe, lo que nos llevará a estar arraigados y cimentados en Amor, echando raíces profundas y construyendo una base sólida que ayuda a moldear nuestras convicciones, impactar nuestras motivaciones, y transformar nuestras acciones. Es sobre esta base de amor, que podemos conocer y experimentar, de manera profunda y vivencial, el amor de Cristo, un amor tan vasto que excede todo entendimiento o conocimiento puramente intelectual.

En resumen, al ser fortalecidos por el poder del Espíritu Santo, permitiendo que Cristo manifieste su vida en nosotros, somos habilitados para captar la anchura, longitud, profundidad y altura del amor de Cristo. Solo así podemos ser llenos de toda la plenitud de Dios.

Hermanos, si anhelamos esa plenitud para vivir de manera constante en el Espíritu, busquemos diariamente la fortaleza que trae el amor de Dios, y entreguemos el control de nuestra vida a Cristo para que Él pueda expresar su vida a través nuestro.   Oración

Padre celestial, te doy gracias por tu inmenso amor. Te pido que este amor me impulse a vivir cada día guiado por tu Espíritu. Fortaléceme, pues mi anhelo es poder estar profundamente arraigado y cimentado en tu amor inagotable. Amén.



martes, 10 de marzo de 2026

 Metanoéō: acción transformadora

"Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo." Efesios 4:25-32

Cuando nos arrepentimos (Metanoéō), y creemos, estamos obedeciendo, pues elegimos cambiar nuestros pensamientos por los de Dios; ahora bien, Dios por medio de su Espíritu es quien nos impulsa colocando en nosotros el querer como el hacer, Él nos ha dado la mente de su Hijo, con la cual podemos comprender sus pensamientos; y también su corazón, con el cual tenemos el sentir de Cristo, queriendo manifestar su vida a través nuestro. De esta manera, cuando escuchamos su Palabra, y se nos empieza a revelar su verdad, esta misma empieza a generar fe, pues la fe viene por el oír la Palabra de Dios, lo que nos lleva a una nueva manera de pensar, pero también de sentir y finalmente de actuar.

El apóstol Pablo tras establecer un contraste entre la forma de vida del incrédulo y la del creyente, (Efesios 4:17-24), nos exhorta a despojarnos de esa manera de vivir del viejo hombre, cambiándola por la del nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Este cambio empieza por el pensamiento e implica arrepentimiento (Metanoéō), lo cual conlleva una transformación que afecta también nuestra actitud y conducta.

Por esta razón, el apóstol procede a instruirnos sobre cambios concretos: al que miente, le pide que hable siempre la verdad. Al que siente ira, le advierte que no la use para pecar, exhortándolo a resolver el conflicto rápidamente para no darle ventaja al diablo. Al que roba, lo anima a trabajar honestamente para tener qué compartir con los necesitados. Nos motiva a reemplazar las palabras ofensivas por aquellas que edifican. Nos insta a no contristar al Espíritu Santo y a desechar la amargura, el enojo, la ira, la gritería, la maledicencia y toda malicia. En cambio, nos llama a ser benignos, misericordiosos y a perdonarnos unos a otros. Así que hermanos pidamos a Dios que nos lleve a un verdadero arrepentimiento que se manifieste en cambios visibles en nuestra conducta, al morir a nosotros mismos para dejar que Cristo viva plenamente en nosotros.   Oración.

Padre Dios, gracias por tu Santo Espíritu, quien me transforma día a día a la imagen de tu Hijo, gracias porque me llevas a cambiar mi manera de pensar, sentir y actuar, Amén.



lunes, 9 de marzo de 2026

 Metanoéō: cambio de pensamiento

"Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio." Marcos 1:14-15

"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad." Filipenses 4:8

Cuando Jesús empezó su ministerio, inició predicando “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (Marcos 1:15), aquí la palabra traducida como arrepentíos proviene del griego Metanoéō, un verbo que significa “cambiar de manera de pensar” “cambiar de opinión” o “arrepentirse”, implica una acción, una transformación profunda del pensamiento que cambia la actitud y la conducta.

Así que cuando Jesús empieza a predicar que el reino de Dios se ha acercado, y le pide a sus oyentes que se arrepientan y crean en el evangelio, les está pidiendo lo mismo que hoy a ti y a mí se nos pide por medio de su Santo Espíritu: renueven su manera de pensar, para experimentar ese accionar transformador que trae la nueva vida de Cristo Jesús gracias a su obra redentora (Romanos 12:2).

Es importante resaltar que este proceso de arrepentimiento, o cambio de pensamiento debe ir siempre acompañado de fe, por eso Jesús añade: “y creed en el evangelio”, dándonos la dirección precisa hacia donde debe enfocarse esta nueva manera de pensar, sentir y actuar: El evangelio.

Por lo tanto hermanos, para comenzar a experimentar esa nueva vida que se nos dio por gracia al creer en Cristo, permitamos al Espíritu Santo llenarnos con sus pensamientos, pues en ellos encontraremos todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; lo que tiene virtud, lo que es digno de alabanza, para en esto pensar, como nos exhorta el apóstol Pablo en Filipenses 4:8. Al hacerlo, lograremos una reorientación total de nuestra perspectiva de vida, comprendiendo con claridad nuestro origen, nuestro propósito aquí en la tierra y nuestro destino final. Descubriremos que hemos sido creados en Cristo Jesús para manifestar su Gloria y para disfrutar eternamente de su amor y su presencia.  Oración.

Padre Dios, que tu Santo Espíritu todos los días me llene de los pensamientos de Cristo, los cuales encuentro en tu Palabra, que la verdad del evangelio alumbre mi ser. Amén.



domingo, 8 de marzo de 2026

Por Gracia podemos dejar la vanidad de la mente

 Por Gracia podemos dejar la vanidad de la mente

"Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús." Efesios 4:17-21 

En el devocional anterior, meditamos sobre cómo la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos permite tener una mente renovada con los propios pensamientos de Dios. Oramos para que su Espíritu nos revelara la esperanza de su llamado, las riquezas de su gloria y la inmensidad de su poder para con nosotros, los creyentes.

La verdad central de esta reflexión es vital, pues al aceptarla por fe, el Espíritu de Dios nos capacita para dejar atrás nuestra vana manera de pensar, esa heredada del “viejo hombre” que absorbimos desde la niñez por la influencia del mundo.

Esta mentalidad, que se conforma a los criterios humanos y difiere de los de Dios, es la que el apóstol Pablo nos exhorta a abandonar. Él nos dice: “que ya no vivamos como los otros gentiles, que viven en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios” (Efesios 4:17-18). Las consecuencias de persistir en esta forma de pensar son graves: se pierde toda sensibilidad y se termina cediendo a la impureza y la lascivia (Efesios 4:19).

Sin embargo, la buena noticia es que Dios interviene en este proceso de transformación. Él no sólo nos impulsa a desechar la manera de pensar equivocada, sino que nos enseña a pensar correctamente, de acuerdo con su verdad. Por eso Pablo afirma: “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús” (Efesios 4:20-21).

Así que hermanos, creamos en la Palabra de Dios y pidamos al Espíritu Santo que siga siendo nuestro Maestro, enseñándonos y moldeándonos a la verdad que está en Jesús, para que nuestra mente refleje su gracia y su amor.  Oración

Espíritu Santo recuérdame todos los días las palabras de Jesús, continúa enseñándome tu verdad, para llenarme de tus pensamientos y así dejar mi antigua manera de pensar. Amén. 



sábado, 7 de marzo de 2026

 Mente renovada por Gracia

"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos." Isaías 55:8-9

"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad." Efesios 4:22-24

Es maravilloso comprender que por la gracia de nuestro Señor Jesucristo hemos recibido la mente de Cristo, una mente espiritual que nos permite entender los pensamientos de Dios, los cuales son altos y sublimes, y se diferencian de los nuestros, como escribió el profeta Isaías inspirado por el Espíritu Santo: “Mis pensamientos no son sus pensamientos, ni mis caminos sus caminos. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que sus caminos, y mis pensamientos más que sus pensamientos” (Isaías 55:8-9)

El gran problema del ser humano surge cuando, queriendo ser sabio en su propia opinión, se aparta del consejo divino que se encuentra en Proverbios 3:5-8: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.” Es justamente esa sabiduría en la propia opinión lo que causa tanto daño a los creyentes, pues después de recibir a Cristo y experimentar su gracia salvadora, muchos desean seguir viviendo su vida cristiana según su propio criterio, esperando ver la manifestación de la nueva vida en Cristo. Sin embargo, se estrellan con la cruda realidad de observar, más bien, las obras de la carne. Vivir de esta manera es una clara evidencia de que es la carne quien aún sigue gobernando. Por esta razón, el apóstol Pablo nos exhorta en Efesios 4:22-24 a despojarnos del viejo hombre, el cual está corrompido por los deseos engañosos, y a renovarnos en el espíritu de nuestra mente.

Por eso, hermanos, roguemos a Dios, para que nos conceda un espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo. Pidamos que Él, por medio de su Espíritu, alumbre los ojos de nuestro entendimiento para que podamos conocer cuál es la esperanza a la que nos ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros, los que creemos (Efesios 1:16-20).   Oración

Padre Dios, hoy te pido que coloques tus pensamientos por la acción de tu Santo Espíritu en la mente de Cristo que me has dado por gracia, renovando así mi manera de pensar. Amén.



viernes, 6 de marzo de 2026

Por Gracia tenemos mente nueva para vivir en el Espíritu

 Por Gracia tenemos mente nueva para vivir en el Espíritu

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2

"Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo." 1 Corintios 2:16

Tal como consideramos en devocionales anteriores, Dios ha provisto todo lo necesario para que nosotros los creyentes podamos vivir en el Espíritu, experimentando la vida abundante que Jesús prometió. Sin embargo, en nuestro día a día, a menudo vemos cómo las obras de la carne se interponen en nuestro caminar cristiano, y terminamos frustrados al no ver fruto. Muchas veces el problema radica en que, después de creer en Cristo y recibir su gracia para salvación, continuamos viviendo en nuestras propias fuerzas, dejando la gracia de lado, queriendo cambiar malos hábitos, acciones, pensamientos e incluso deseos. Podemos esforzarnos y obtener resultados por un tiempo, solo para luego terminar desanimados.

El apóstol Pablo, quien experimentó todo esto, por inspiración del Espíritu Santo, nos muestra la manera correcta de disfrutar de esa nueva vida que recibimos por gracia al creer en la obra redentora de Cristo. Si queremos ver una transformación en nuestra vida, debemos empezar creyendo lo que dice Romanos 12:2 para no conformarnos a los pensamientos, la cultura ni la filosofía de este mundo, sino que por el obrar del Espíritu Santo podamos experimentar la renovación de nuestra manera de pensar para así comprobar la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta,

También debemos saber que por gracia se nos ha dado la mente de Cristo (1 Corintios 2:16) por lo tanto, podemos tener una renovación de nuestro entendimiento, ya que con esta nueva mente, que es espiritual, logramos entender las cosas del Espíritu para así poder vivir en el Espíritu, lo cual es imposible para nuestra mente natural como dice 1 Corintios 2:14: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Así que, hermanos, conociendo estas verdades, no tratemos de empezar por el final, cambiando conductas, sino, pidamos a Dios que su Santo Espíritu renueve nuestra manera de pensar, cambiando nuestros pensamientos por los suyos. Solo así podremos experimentar esa transformación que ya fue hecha gracias a la obra de Cristo en la cruz.   Oración

Padre Dios, gracias por la mente de Cristo que me has dado y por el obrar de tu Santo Espíritu, quien me revela tus pensamientos para renovar mi manera de pensar. Amén. 



jueves, 5 de marzo de 2026

Gracia para vivir en el Espíritu

 Gracia para vivir en el Espíritu

«Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente» Tito 2:11-12

«Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.» Romanos 5:17

La gracia del Señor Jesucristo es el regalo inmerecido de Dios para toda la humanidad; un don que se acepta por fe. Al arrepentirnos de nuestros pecados y recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador la gracia de Dios se manifiesta en nuestra vida para salvación. Sin embargo, su gracia no se limita solo a este aspecto; como bien nos revela Tito 2:11-12 la gracia de Dios también nos enseña y nos capacita a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, para que podamos vivir sobria, justa y piadosamente. De esta manera, podemos reinar en la nueva vida que se nos ha concedido, tal como declara Romanos 5:17.

Estas verdades fueron una profunda realidad en la vida del apóstol Pablo, quien pudo expresar en su carta a Timoteo: «Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador… Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.» 1 Timoteo 1:12-13a y 14-15

Pablo experimentó la salvación que viene por gracia y, con ella, la poderosa transformación que trae. Pasó de ser un perseguidor acérrimo a ser un ferviente seguidor y apóstol de Cristo. La gracia de Dios no solo salva, sino que transforma completamente y otorga propósito, como él mismo testifica: «…quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos…» 2 Timoteo 1:9

Por lo tanto, hermanos, pidamos a Dios que la gracia abundante del Señor Jesucristo obre sin cesar en nosotros, transformando cada área de nuestra vida para llevarnos a cumplir sus propósitos viviendo en el Espíritu.  Oración.

«Padre Dios, que esa gracia salvadora de tu Hijo Jesús también me transforme, me dé propósito y me lleve a vivir en el Espíritu, pues mi deseo es hacer tu voluntad. Amén.



miércoles, 4 de marzo de 2026

La provisión de Dios para vivir en el Espíritu


«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.» 2 Corintios 13:14

El vivir en el Espíritu es la realidad plena que todo creyente está llamado a experimentar. Para ello, Dios nos ha provisto de todo lo necesario para que podamos disfrutar de esta verdad. Esta provisión inagotable nos es revelada en la Palabra, como lo expresa el apóstol Pablo en su bendición final a los corintios: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.» (2 Corintios 13:14)

La gracia del Señor Jesucristo es un regalo inmerecido que se recibe por medio de la fe. Esta gracia no solo nos salva, sino que también nos capacita y nos impulsa a vivir la nueva vida que recibimos al creer en Cristo, como dice Efesios 2:8-10: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» Y como Pablo mismo lo testifica en 1 Corintios 15:10: «Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

Cuando rendimos nuestra vida a Cristo y lo recibimos como Señor y Salvador, por pura gracia, recibimos su Santo Espíritu. Él derrama en nosotros la esencia misma de Dios: Su amor, tal y como dice Romanos 5:5: «y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Y como si fuera poco, se nos concede disfrutar de la comunión del Espíritu Santo. Esto hace posible que se cumpla la oración de unidad manifestada por Jesús en Juan 17:22-23: «La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.»

Por lo tanto, vivamos cada día, conscientes de la inmensa provisión que se nos ha dado, entendiendo y disfrutando de «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo,» para poder verdaderamente, andar y vivir en el Espíritu.   Oración.

«Padre Dios, permíteme ser consciente de tu grandiosa provisión, que me permite ahora disfrutar de esa nueva vida que es espiritual, la vida de tu amado Hijo Cristo Jesús en mí. Amén. 



martes, 3 de marzo de 2026

¿Cómo vivir en el Espíritu?

 ¿Cómo vivir en el Espíritu?

«Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.» Gálatas 5:16

Vivir en el Espíritu es más que un ideal; es una realidad hecha posible únicamente por la obra redentora de Cristo. Por eso, la exhortación del apóstol Pablo a los gálatas, «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne» (Gálatas 5:16), sigue siendo el llamado esencial para el creyente de hoy.

Pablo mismo entendió la intensidad de la batalla interna del creyente para no satisfacer los deseos de la carne. Él experimentó este conflicto y dejó plasmado su clamor en Romanos 7:24-25a: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.» La lucha entre la carne y el Espíritu es real, pero la victoria ha sido provista por Cristo.

La clave de esa victoria reside en una verdad transformadora que Pablo experimentó en su propia vida: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20). Dejar vivir a Cristo en nosotros es la esencia de andar en el Espíritu, pero ¿Cómo le permitimos a Cristo vivir a través de nosotros de manera práctica?

1. Cuando permitimos que sean sus pensamientos los que dirijan nuestra vida, pensamientos que ahora podemos tener pues se nos ha dado la mente de Cristo. (1 Corintios 2:16)

2. Cuando dejamos que en nosotros haya el mismo sentir que hubo en Cristo, gracias al nuevo corazón que se nos ha dado, donde están escritos sus mandamientos para ponerlos por obra. (Ezequiel 36:26-27)

3. Cuando Cristo expresa su vida a través nuestro, por medio de ese amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. (Romanos 5:5 y Gálatas 5:22-23).

Así que hermanos, vivamos por fe, rindiendo diariamente nuestra vida al Señor para que el pensar, el sentir y el actuar de Cristo se expresen a través nuestro, gracias a la obra y el poder de su Santo Espíritu. Solo así experimentaremos la plenitud de vivir en el Espíritu.  Oración.

«Padre Dios, llévame por la acción y el poder de tu Santo Espíritu a morir a mis propios deseos, y a dejar que sea tu amado Hijo Jesús quien ahora viva en mí. Amén.