sábado, 31 de enero de 2026

No hay otro nombre

 No hay otro nombre

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Hechos 4:12

No hay otro nombre por medio del cual podamos ser salvados de nuestros pecados, de nuestra vida esclavizada al maligno, o de nuestros propios deseos. Muchas personas en las religiones, se esfuerzan por actuar como Cristo, pero lo que debe pasar es que sea Cristo actuando en ellos, expresando su gloria y su poder, porque el evangelio no vino a mejorar al viejo hombre, sino a resucitar muertos; por supuesto que esta nueva creación mejora la vida de las personas, al sacarlas de la esclavitud y tinieblas en que vivían, pero esto por el obrar de Dios, y de ninguna manera por esfuerzo humano.

No hay otro mediador, por medio del cual seamos aceptados por Dios, solo el Amado, Cristo Jesús, como lo dice 1 Timoteo 2:5: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,” y lo confirma Efesios 1:6 “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,”.

Solamente y exclusivamente somos aceptados por Dios por medio de Cristo, no por nosotros mismos, porque al único que acepta el Padre, es a su Hijo, como lo asevera Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”. Y lo confirma Mateo 11:27: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”.

El argumento de esta exclusividad, es el propósito del Padre, en reunir en el Hijo, todas las cosas, incluidos nosotros: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9-10).

Y el Espíritu Santo, con el cual fuimos sellados cuando creímos en Cristo, nos revela, como una verdad presente a Cristo, como la Palabra que ahora mora y actúa en nosotros, en amor, vivificando nuestra vida para que le sirvamos. Si la verdad de que solo Cristo salva, de que solo él es el mediador, no nos es revelada por su Espíritu, solo tendremos la banalidad, superficialidad e hipocresía religiosa.

Volvamos por tanto, a poner toda nuestra confianza, atención y centralidad en Cristo, pues Jesús no nos convierte simplemente en mejores personas; tampoco mejora nuestra piedad o aumenta nuestra santidad — en realidad no tenemos ni somos nada sin él. Por el contrario, completa y plenamente nos hace nuevas criaturas (2 Corintios 5:17; Gálatas 6:15).   Oración.

«Padre, me has dado al único que podía salvarme, que cumplía de manera precisa todas las condiciones para ser el Salvador de mi alma, ahora, guíame a vivir conforme a tu gran amor, mostrando tu gloria cada día en todo lo que haga, para alabanza de tu nombre, en el poder de tu Espíritu Santo. Amén.  



viernes, 30 de enero de 2026

Del cielo a la tierra, de la tierra al cielo

 Del cielo a la tierra, de la tierra al cielo

“El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz.”, Juan 3:31-33

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”, Juan 3:36

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;”, Filipenses 3:20

No se puede cruzar del cielo a la tierra, de la eternidad a la temporalidad. Tampoco el hombre puede pasar a lo eterno. Hay un profundo abismo entre un Dios santo y el hombre pecador, el cual nos impide pasar de un lado a otro; es en esencia un problema de naturaleza. Pero Jesús, el hombre del cielo, vino a la tierra para romper esa imposibilidad y que todos los que creen en él puedan ir de la tierra al cielo, y experimentar la vida eterna (Juan 6:47).

Podríamos decir que cuando morimos pasamos a la eternidad, pero la biblia afirma que solo en Cristo tenemos vida eterna. Una de las declaraciones más contundentes de Jesús con respecto a este viaje de un estado a otro, está en Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”, pero también lo podemos ver en 1 Juan 5:11-12 “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”.

Es decir, ¿cómo vamos de la tierra al cielo? El transporte hacia la eternidad es Cristo mismo, nos vamos en él.

Esto lo confirma la palabra ‘conocimiento’ usada en las escrituras: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3), es la misma palabra usada para la unión íntima de una pareja de esposos como en Mateo 1:25: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”.

Este viaje lo puedes hacer hoy mismo, solo hay una única manera, un solo tiquete, solo la fe: creer en Jesús como Señor y Salvador en tu corazón.

¿Crees en el Hijo de Dios como tu Señor y Salvador?

Si en tu corazón de verdad has respondido afirmativamente, eres ahora hijo de Dios y ciudadano del cielo (Filipenses 3:20)   Oración.

«Padre, el puente es Jesús, él vino a buscarme cuando estaba perdido en mis delitos y pecados, era yo esclavo del maligno, no tenía acceso a tu presencia, pero por gracia, por medio de la fe en tu Hijo, ahora vivo en él y tú en mí, y soy tu hijo, para gloria de tu nombre, por el poder del Espíritu Santo, amén.  



jueves, 29 de enero de 2026

El segundo nacimiento

 El segundo nacimiento

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”, Juan 1:12-13

El anterior pasaje de Juan, está en el contexto de la revelación de la Palabra encarnada, el verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros, que vino a su pueblo Israel, pero los suyos no le recibieron. Más a los que le recibimos y creímos en su nombre, nos hizo nacer de nuevo, no por voluntad de hombre, sino de Dios. Engendrados espiritualmente, por el poder del Espíritu Santo, somos bautizados en Cristo: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:27-28).

Observemos, somos uno en Cristo, porque fuimos colocados en un mismo cuerpo: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:13).

El segundo nacimiento es eterno, pues somos unidos al Hijo de Dios, el primero fue temporal, pero es la oportunidad que tenemos todos de conocer su amor.

Pero esta oportunidad no es para dejarla para mañana, o luego, porque no sabemos cuando podemos partir de este mundo; cuando escuchemos acerca de la necesidad de nacer de nuevo por el regalo inmerecido de Cristo, no cerremos nuestros oídos, porque puede ser la última oportunidad: “Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Corintios 6:2).

Un mensaje que tiene el poder de sacarte de muerte a vida, merece toda tu atención, aunque el maligno, el mundo y aun tu propio yo, intentará distraerte para que no escuches, sabemos que Dios es poderoso, para Él no hay nada imposible, pues la salvación no depende de ti, de tu esfuerzo o propia bondad, sino solamente de que escuches, prestes atención con fe y recibas el regalo de su amor: pues como dice Mateo 19:25-26 “Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.   Oración.

«Me has salvado, no por obras de misericordia que yo haya hecho, sino por tu gracia, por medio de la fe en el único Salvador y mediador que dio su vida por mí, y resucitó para darme vida eterna en él. Gracias Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.



miércoles, 28 de enero de 2026

La fuerza de su Espíritu

 La fuerza de su Espíritu

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”, Efesios 4:22-24

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”, Romanos 15:13

Muchas veces decimos ‘no es en nuestra fuerza’, pero lastimosamente, luchar en nuestra fuerza es lo que por defecto buscamos para hacer todo.

Oramos al Señor entregando alguna situación que nos desborda, pero salimos de la oración y resolvemos en nuestras propias capacidades, entendimiento o independencia.

Los creyentes debemos reflexionar profundamente en qué mente operamos, pues esto define el fruto y el resultado, pues todo creyente ha recibido la mente de Cristo, para ser guiado a cambiar su manera de pensar y como consecuencia, actuar de manera diferente. (Romanos 12:2, 1 Corintios 2:16)

Entonces, actuar no en nuestras fuerzas, sino en el poder de su Espíritu, depende de la naturaleza en que obramos, o en qué ámbito nos movemos, si en la vieja naturaleza heredada de Adán, o en la nueva naturaleza en Cristo, (Efesios 2:3, Efesios 4:22-24).

Observemos que el pasaje de Efesios 4:22-24, nos dice que nos despojemos de esa vieja naturaleza o viejo hombre y tomemos el nuevo, con una clave en el versículo 23: “renovaos en el espíritu de vuestra mente”. No confiar en nuestros propios pensamientos no significa renunciar a la razón, sino que sabiendo que nuestro corazón (que incluye nuestros pensamientos) es por naturaleza engañoso y perverso, no confiamos en él (Jeremías 17:9), sino que nuestra confianza es en Cristo mismo, haciendo de manera práctica lo siguiente: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).

Pueden llegar pensamientos de desesperanza, que provocan ansiedad, o pensamientos de temor, incertidumbre, incluso de nuestros propios deseos malos, o malos pensamientos, pero no nos dejamos arrastrar por ellos, sino que en el poder de su Espíritu, por medio de la fe en lo que Dios dice, llevamos todo pensamiento a que se someta a la verdad que nos habita, a Cristo, derribando así toda mentira que nos esclaviza y permitiendo que el gozo y la paz abunden en nosotros. (Romanos 15:13)

En conclusión, es una batalla que si bien es espiritual y se enfrenta con armas espirituales, en el poder de su Espíritu, nuestra mente juega un papel determinante; como una puerta de entrada, pues los pensamientos moldean ideas y estructuran la creencia; la creencia es determinante en lo que finalmente hacemos. (Proverbios 23:7a, 2 Corintios 4:13).   Oración.

«Padre, la confianza que me has provisto en Jesús, en su obra maravillosa de salvación, me da la certeza que no me dejas ni me abandonas, porque él sufrió el abandono en la cruz para pagar por mis pecados, para que nosotros los creyentes experimentemos su amparo, protección por la fuerza de su Espíritu. 



martes, 27 de enero de 2026

La fe que maravilla a Jesús

 La fe que maravilla a Jesús

“Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe”. Lucas 7:2-9

En este pasaje se cuenta la milagrosa curación a distancia del siervo de un centurión, en la ciudad de Capernaúm. Se resalta especialmente la gran fe de este gentil y la autoridad de Jesús sobre la enfermedad, aunque no estaba presente, mostrando su Omnipresencia.

Para tener una fe que maraville a Jesús, debemos acercarnos a Él con humildad, con respeto, reconociendo su autoridad y su poder. La fe del centurión fue tan profunda que solo bastaba que Jesús dijera la Palabra para que su siervo recibiera sanidad. Cuan poderoso es confesar la Palabra de Dios, creyéndola para ver el obrar sobrenatural de Dios.

Su fe se destacó porque siendo un gentil demostró una fe más grande que la de muchos judíos que conocían a Jesús. La fe es la confianza en la Palabra de Dios, no importa quienes seamos. Este centurión se consideró indigno de que el Señor entrara a su casa, mostró un profundo respeto por la ley y la cultura judía. Fue una fe que actúa, no era una fe pasiva, puesto que envió a unos ancianos judíos a buscar a Jesús y hacerle la petición de sanidad. Entendió que el poder y la autoridad de Jesús, del cual había oído, eran tan grandes que no necesitaba que Él estuviera físicamente para sanar. Precisamente su fe se basó en la autoridad que Jesús tenía sobre todas las cosas, por eso al dar una orden, se cumpliría lo que dijera; comparándose con él, cuando daba órdenes a sus soldados bajo su autoridad para que obedecieran.

Jesús se maravilló de su fe y destacó que no había visto una fe así en Israel. Por eso ante una fe de esa magnitud, Jesús la proclamó públicamente. Y su siervo fue sanado instantáneamente.

¿Qué podemos aprender de esto? el Señor anhela que tengamos una fe genuina, sin importar quienes somos y de dónde venimos, una fe humilde que se traduzca en acción y una fe que confíe en la autoridad del Nombre de Jesús, sobre todas las circunstancias, que obra sanidad, milagros y prodigios. Una fe así influye en la vida de las personas que nos rodean llevando a otros a creer en Jesús.  Oración.

«Señor Jesús, quiero acercarme a ti, con una fe verdadera, reconociendo tu soberanía y tu poder sobre todas las cosas, que pueda decir como el centurión: “no es necesario que entres en mi casa porque una sola Palabra tuya bastará para que obres en mi vida y en la vida de los que me rodean”. Señor enséñame a reconocer la autoridad de tu Nombre que es sobre todo nombre y ver obrar milagros señales y prodigios cada vez que lo confieso, amén.   



lunes, 26 de enero de 2026

¿Cual es mi propósito?

 ¿Cual es mi propósito?

“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”, Isaías 43:7

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”, Romanos 8:29-30

Hemos estado reflexionando estos días sobre las preguntas más trascendentales que tenemos que resolver los seres humanos, ¿Quién soy?, ¿dónde estoy?, ¿Cuál es mi propósito? y hemos concluido hasta el momento, que mi fe en Cristo Jesús define quién soy y en dónde estoy. Mi ser y mi posición son determinados por mi unión con Cristo, pues él es nuestra vida; (Colosenses 3:4). El mismo Señor Jesús nos profetizó acerca de este asunto, diciendo: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” (Juan 14:20).

Observemos que estamos en él, pero el Señor dice que en aquel día conoceremos esta verdad de nuestra unión con el Padre y con el Hijo, y aquel dia fue cuando creímos en su muerte y resurrección, cuando aceptamos el regalo de su propia vida en nosotros y por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, fuimos hechos nueva creación (Tito 3:5, 2 Corintios 5:17).

El Espíritu Santo, ejecuta la obra de hacernos uno con el Padre y con el Hijo; y su misión, mientras pasamos por la temporalidad de este mundo, es que Cristo sea formado plenamente en nosotros: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”(Efesios 4:13)

Fuimos renacidos o nacidos de nuevo, para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para reflejar la gloria que perdimos por el pecado, para volver al seno del Eterno, por eso dice la escritura que nos llamó, nos creó, nos formó y nos hizo. (Isaías 43:7).

Esto implica que únicamente, en Cristo, recuperamos la gloria perdida, no hay otra manera de glorificar a Dios, de hacer su voluntad, sino estando en el Hijo, observemos contundentemente: “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”, 2 Timoteo 1:9

Esto concluye, que el propósito de mi vida no es acerca de las cosas temporales, no es mi propósito sino ‘su propósito’, que Cristo sea formado plenamente en mí: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,”, (Gálatas 4:19) y con él en nosotros, todo el fruto de su Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; (Gálatas 5:22-23), o sea, la expresión de su carácter manifestado en nosotros, para glorificar su nombre; pues el fruto es evidencia de la presencia de Dios en mi vida y de Cristo por medio de nosotros dando gloria al Padre.   Oración.

«Padre, me has llamado con llamamiento santo, me has apartado para ti, bautizándome por el Espíritu en tu Hijo, no conforme a mis obras, sino conforme a tu propósito de reunir en Cristo todas las cosas para gloria de tu nombre, amén.  



domingo, 25 de enero de 2026

¿Dónde estoy?

 ¿Dónde estoy?

“y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,”, Efesios 2:6

“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio”, Filipenses 1:27

Cuando hablamos de ‘mi posición’, más que hablar de un lugar, se refiere a un contexto de vida. Dónde estoy define el medio por el cual mi identidad se mueve o es expresada.

Para explicar, podemos observar cómo el ser humano quiere pertenecer a un grupo, ser aceptado y convivir siendo reconocido por lo que hace. También está físicamente muy arraigado al lugar donde nace, se cría o se desarrolla familiarmente.

Nos sentimos mal si no somos aceptados, sino nos sentimos identificados con algún grupo con afinidades o gustos comunes.

Pero la enseñanza bíblica nos plantea un cambio radical de la manera de pensar:

Todo creyente, está en los lugares celestiales juntamente con Cristo, aunque en una realidad temporal existo y estoy en este mundo, en mi espíritu, en la realidad de la eternidad, vivo en Cristo, soy y estoy en él. (, Efesios 2:6, Hechos 17:28)

Esto debe impedir que me llene de dudas y temor por las cosas temporales que pasan, también debe quitarme toda frustración o tristeza porque no soy aceptado en tal o cual lugar, pues mi ubicación real y mi verdadera posición familiar, laboral y social, está en Cristo: soy de la familia de Dios, con millones de hermanos en la fe unidos en un mismo cuerpo (bautizados), soy soldado de Cristo y soy aceptado en el: “aceptos en el amado”, como dice la escritura: “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6).

No se trata de ser parte de un colectivo o grupo social, sino de una unión orgánica: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13a). Somos uno en Cristo: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.” (Efesios 4:5-6)

Entonces, si nuestra patria es Cristo, cuando el mundo temporal nos intente hacer creer que debemos pertenecer a ellos, y seguir las costumbres en contra de los principios de Dios, o cuando nos sintamos rechazados, pensemos mejor que somos diferentes y que estamos en una posición radicalmente distinta y superior, como ciudadanos del cielo en Cristo Jesús: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;”, (Filipenses 3:20), ni tampoco extranjeros, sino miembros de la familia de Dios: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,” (Efesios 2:19)

Finalmente, nuestra identidad y posición determina nuestro comportamiento, el cual debe ser digno del evangelio de Cristo que predicamos, para alabanza de su gloria.  Oración.

«Señor Jesús, estoy en ti, y por esta razón me puedo acercar libremente al trono de la gracia, para hallar sustento y socorro en toda situación, aun en mis dificultades temporales, se que tengo toda tu provisión, amor y paz, para glorificar al Padre, en el poder y la unción del Espíritu Santo. Amén. 



sábado, 24 de enero de 2026

¿Hay espacio para Jesús en tu vida?

 ¿Hay espacio para Jesús en tu vida?

“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Lucas 2:6-7

Con este pasaje entendemos que los tiempos de Dios son perfectos y que cumple sus promesas, en sus manos están los hilos de la historia. El censo romano se llevaba a cabo como una ayuda al reclutamiento militar o la recaudación de impuestos. Los judíos no tenían que servir en el ejército romano, pero no podían evitar pagar los impuestos. El decreto de Augusto César salió en el tiempo de Dios y de acuerdo a su plan perfecto para traer a su Hijo al mundo. Todo lo que sucedió fue dispuesto por Dios.

Muchos judíos fueron forzados a recorrer grandes distancias solo para pagar su impuesto. Para José y María no hubo excepción, tenían que ir a Belén, la ciudad de David, en Judea. José tomó esta decisión porque él era descendiente de David, igual que María. Ella estaba avanzada en su embarazo, su alumbramiento podría ser en cualquier momento; pero no fue en cualquier momento, sino en el tiempo establecido por Dios para que se cumpliese la profecía en Miqueas 5:2 “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”.

Al llegar allí no hubo lugar donde hospedarse como dice el pasaje “porque no había lugar para ellos en el mesón”. En primer lugar, debemos aprender que cuando hacemos la voluntad de Dios, a veces no hay garantía de una vida cómoda, porque aún lo incómodo tiene significado dentro del plan de Dios, como sucedió con Jesús. Lucas se interesa por los pequeños detalles humanos, al contarnos que María le puso al niño pañales. Al ver el Hijo de Dios envuelto en pañales, vemos cuán perfectamente humano era Dios manifestado en un cuerpo físico.

La Biblia nos dice que Jesús nació en un pesebre, el lugar donde los animales pastaban y se alimentaban, porque no se halló otro lugar. No era el lugar más apto para el nacimiento de un bebé, era sucio y maloliente, sin embargo, allí nació el Rey Mesías. Recordemos que Dios obra donde se necesita, en la oscuridad del pecado y en lo sucio del mundo, por eso envió a su Hijo a esta tierra. No hubo sitio para Él nada más que en una cruz. Nacer en un establo simboliza la humildad y el rechazo inicial que rodearía su vida y ministerio. Esto también muestra que la verdadera riqueza no es material, sino espiritual y familiar.

Jesús quiere nacer en los corazones humanos, sin importarle que a veces parecen pesebres sucios y malolientes, es allí donde quiere vivir. Él viene a traer vida y luz a nosotros, por eso pregúntate: ¿Hay espacio para Jesús en mi vida? Porque muchas veces está tan llena de cosas terrenales, mundanas y frívolas, que no permitimos que Jesús viva en nosotros. Le hemos cerrado la puerta que Él ha tocado, no una sola vez, sino muchas, Apocalipsis 3:20. El Señor trata de entrar en los abarrotados corazones de los hombres y todavía sigue buscando, y se le rechaza, igual que entonces.

O quizás ya le abrimos la puerta y lo invitamos a entrar a nuestra vida y el Espíritu Santo vino a morar en nuestro corazón, pero lo hemos arrinconado, contristado y apagado, por vivir en la carne y no bajo el gobierno de su Espíritu, Gálatas 5:16. Pablo nos aconseja en 1 Tesalonicenses 5:19 “No apaguéis al Espíritu”. Jesús anhela nuestra unión con Él, “vosotros en mí y yo en vosotros”, Juan 14:20b. Esa vida de Jesucristo en nosotros solo es por fe, en la medida en que nos rendimos a su Señorío, Él quiere obrar libremente en y a través de nosotros para manifestar su perfecta voluntad.   Oración.

«Mi amado Rey Mesías, gracias por tocar a la puerta de mi vida, viniste a encontrarte conmigo, gracias por disponer mi corazón para recibirte y dejarte entrar en él. Me diste vida e iluminaste mi ser con tu Presencia. Qué privilegio ser el Templo de tu Santo Espíritu. Meditando en que no hubo lugar en una posada para que nacieras, viene a mi mente cada persona que no te conoce y que quizás sus vidas representan ese pesebre donde tu anhelas nacer. Hoy te pido que dispongas sus corazones, porque puedes llenarlos de tu amorosa Presencia, amén.  



viernes, 23 de enero de 2026

¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi propósito?

 ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi propósito?

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” Colosenses 3:2-4

Estas preguntas son fundamentales, pero muy poco nos ocupamos en resolverlas.

La psicología responde a estas preguntas enfocada, por supuesto, en la vida natural del hombre, la vida del alma. En el pensamiento, emociones y voluntad propia de cada ser. “¿Quien soy?” responde a la identidad y autoconcepto. “¿Dónde estoy?” responde al contexto, no solo al lugar, sino a mi posición familiar, laboral y social. Finalmente, “¿cuál es mi propósito?” responde a para qué estoy aquí, cuál es el sentido o norte de mi vida.

El propósito está muy relacionado con la pregunta de “¿hacia dónde voy?” que cierra el círculo y responde a dirección o visión. Es decir, el propósito es mi motivación o motor, pero finalmente tengo una meta de llegada u objetivo.

La Palabra de Dios tiene respuestas mucho más profundas y trascendentes a estos interrogantes, orientadas al espíritu del hombre, a su yo interno, que luego extiende a todo su ser; la revelación de estas respuestas da un verdadero sentido a la vida, pues somos espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23), y el entendimiento de ¿quién soy? ¿dónde estoy? ¿cual es mi propósito? y ¿para dónde voy?, determina mi existencia, mi destino, mi paz y mi verdadera vida tanto en el presente como en mi futuro, pues como dice el Apostol Pablo: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Corintios 9:26)

Así que, responderemos de acuerdo a las sagradas escrituras cada una de ellas, abordando con la guía del Espíritu Santo el sentido práctico de la enseñanza, que nos llevará a ser transformados y bendecidos en todo sentido. Lo veremos en los próximos devocionales.   Oración.

«Padre, tú me creaste para tu gloria, revela a mi vida ese propósito eterno en Cristo Jesús, para que mi vida tenga un sentido y meta verdadera, solo en tu presencia tengo plenitud de gozo y delicias a tu diestra. Amén.



jueves, 22 de enero de 2026

El destino de los malvados

 El destino de los malvados

“Cuando pensé para saber esto,

Fue duro trabajo para mí,

Hasta que entrando en el santuario de Dios,

Comprendí el fin de ellos.

Ciertamente los has puesto en deslizaderos;

En asolamientos los harás caer.” Salmos 73:16-18

“¿Por qué se amotinan las gentes,

Y los pueblos piensan cosas vanas?

Se levantarán los reyes de la tierra,

Y príncipes consultarán unidos

Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:

Rompamos sus ligaduras,

Y echemos de nosotros sus cuerdas”, Salmos 2:1-3

A veces, no entendemos las injusticias actuales, cómo las personas llevadas por ideologías de muerte, que llegan al poder y quieren establecer leyes en contra de la familia, los niños y destruir la libertad civil inherente a cada ser humano. Prosperan y levantan el puño contra todos los principios de Dios “Hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra”, reclaman libertad y paz pero realmente están gobernados detrás por el maligno: “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” Salmos 73:9 y 2 Tesalonicenses 2:4.

Cuando nos quedamos en pensar en estas injusticias y en la prosperidad de los malignos, nos frustramos y llenamos de desesperanza, entonces, tenemos que ir al “santuario” como dice Salmos 73:17, el cual representa la presencia misma de Dios en todo creyente, el lugar santísimo donde se une nuestro espíritu con su Santo Espíritu, allí nos es revelado el destino de los malvados, que son todos lo que han rechazado a Cristo y persisten en no creer en él para ser salvados, como dice 2 Tesalonicenses 2:10 sobre la acción del maligno, sobre los que rechazan a Jesucristo: “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”.

Cristo es amor, no vino para condenar al mundo, sino para salvarlo, pero muchos engañados por el mal, viven en su propia mente y si persisten en no querer la salvación, Dios no los obligará, son libres de ir a su propia destrucción, como lo indica Salmos 73: 18-19 “Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores.”

Dura palabra para estos tiempos, en que muchos, adormecidos en sus propios razonamientos, no rinden honor y gloria al Creador, sino que levantan el puño de rebeldía y ocurre lo que dictamina Romanos 1:21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.”.

Rendirse a su amor, a su perdón y recibir su paz, su salvación por medio de Cristo, es el mayor acto de libertad que aún tenemos la oportunidad de hacer mientras nos quede vida: “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).   Oración.

«Padre, ayúdame a ir a todos, a mi familia, vecinos, y a todo aquel que está esclavo, para que con el poder de tu Espíritu, expresando la vida de Cristo en mí, sean liberados por medio de la luz del evangelio, que hace todo nuevo, para gloria de tu nombre, amén. 



miércoles, 21 de enero de 2026

Quiero ser trigo, no cizaña

 Quiero ser trigo, no cizaña

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”, Juan 12:24-25

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”, Romanos 6:4

Así que, si queremos ser trigo y no cizaña, debemos hacer lo que el mismo Señor Jesús nos dice en Juan 12:24 “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Lo primero, es saber que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo, conforme dice Romanos 6:6: «sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”

Aunque se escribe en pasado “fue”, éste es, un hecho consumado eterno que se hace verdad o realidad presente en todo aquel que cree en Cristo.

Esta es la experiencia de todos los que creemos en Jesús.

Jesús nos sustituyó en la cruz, pero al mismo tiempo, nuestro viejo hombre, el que representa la suma total de todo lo que heredamos de Adán, fue crucificado juntamente con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado’ (Romanos 6:6b).

Y lo segundo, debemos entender profundamente lo que revela Juan 12:25: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”; la palabra ‘vida’ en las dos primeras frases vienen del griego “Psique” y su significado se relaciona con el alma, mas la última palabra, para vida, viene del griego Zoe, que en el contexto bíblico aparece cuando se habla de “vida eterna”, como por ejemplo en Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Esto significa que si quiero verdaderamente crecer como el trigo y dar fruto, debo negarme a mí mismo, a la vida del alma; no confiar en lo que yo pienso, siento o hago, sino que mi pensar, mi sentir y mi obrar, sean el de Cristo.

Morir a mi, para llevar mucho fruto.

Es decir, la propia vida eterna de Cristo en mí, surge o se expresa libremente cuando no confío en mí mismo, en mi propio corazón, sino solamente en Jesús. (Jeremías 17:9)

Cuando tenemos el testimonio del Espíritu Santo, de nuestra muerte y resurrección juntamente con Cristo y de que nuestra entrega es completa, entonces podemos reconocer por la fe, que:

-Cuando Jesús murió, yo morí

-Cuando Jesús fue sepultado, yo fui sepultado

-Y cuando Él resucitó, yo también resucité para andar en vida nueva.  Oración.

«Padre, se que ya no vivo yo, que mi vida está escondida con Cristo en ti, pues fui unido a Él, por medio de la fe, te alabo y te bendigo mi Dios, porque me has rescatado del pecado y del maligno, me has dado vida nueva por el poder de tu Espíritu, amén. 



martes, 20 de enero de 2026

El trigo y la cizaña

 El trigo y la cizaña

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.”, Mateo 13:36-43

En Mateo 13:24-52, el Señor relata una parábola a sus discípulos sobre el trigo y la cizaña, y la explica en Mateo 13:36-43.

Lo característico es que tanto la cizaña como el trigo se parecen en sus primeras fases de crecimiento, es difícil distinguir a simple vista quién es quién.

La cizaña es lo que el Señor describe como “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23).

Observemos, profetizar (predicar) en el nombre del Señor, o predicar no nos convierte en trigo, echar fuera demonios o ministrar para expulsar demonios no nos hace trigo, tampoco hacemos milagros en el nombre de Jesús. Solo hay una cosa que revelará con el tiempo, con el crecimiento, quien es quien, y esa sola cosa es el fruto.

Con el tiempo el trigo, dará fruto y entre más fruto de, más se doblará y tomará otro color. La cizaña no, permanecerá erguida, creciendo más en altura pero no en fruto. Es una clara alusión al aspecto religioso que toma la cizaña, permanecer erguida es una contundente alusión al orgullo, al crecimiento del yo.

En cambio el trigo, al crecer el fruto se doblega más, el fruto en el ámbito espiritual, es el fruto del Espíritu Santo, que es el carácter de Cristo, la expresión de Cristo en ese creyente será cada día más visible, incluido su mansedumbre y humildad. (Mateo 11:29)

¿Por qué no da fruto la cizaña, aunque se parece al trigo?

Porque no tiene la vida del Hijo, pues: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”, 1 Juan 5:12.

Entonces, para ser trigo tenemos que nacer de nuevo en Cristo Jesús. Profundizaremos en este aspecto, mañana.  Oración.

«Te alabo mi Dios, porque ahora tengo al Hijo y por lo tanto tengo la vida eterna, tu verdad, en la persona de Cristo me habita por tu Santo Espíritu, y ahora quiero dar fruto, expresando esa vida nueva que me has otorgado por gracia, que ese fruto sea abundante y en humildad, doblegando todo orgullo a ti, así como el trigo, para glorificar tu nombre, amén.



lunes, 19 de enero de 2026

El amor en el servicio

 El amor en el servicio

“así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.”, Romanos 12:5-8

El obrar de Cristo, se manifiesta plenamente en la iglesia, a través del amor. El amor expresa la sustancia de Dios, pues Dios es amor y solo el Hijo en nosotros expresa, revela y glorifica al Padre.

Cuando andamos en amor, como hermanos, se está manifestando Cristo y el fruto del Espíritu se expresa naturalmente. Entonces estamos cumpliendo el propósito por el cual fuimos creados: “creados para su gloria”, es la única manera (Isaías 43:7).

Cuando realmente expresamos la necesidad del Hijo, de predicar el evangelio, de servir y no nuestra necesidad de reconocimiento, auto exaltación o atención, entonces el mundo verá a Cristo, porque mirará su vida expresada en nosotros.

Por lo tanto necesitamos edificarnos mutuamente, para que él sea formado en todos plenamente; eso le da sentido y misión al servicio pues crecemos en aquel que es la cabeza y esto también orienta el verdadero propósito del servicio, como lo dice nuestro versículo de hoy, Romanos 12:5-8, diferentes dones, pero todos se usan para edificación del cuerpo, la iglesia.

Miremos para afianzar lo que aclara Efesios 4:15-16: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificandose en amor.” Fuera de la iglesia, del cuerpo de Cristo no hay crecimiento.

Concluimos por lo tanto, que el sentido y verdadera motivación del servicio, es expresar la vida de Cristo, no nuestro esfuerzo personal ni ningún obrar humano que Dios necesite. Además, que este obrar de Cristo es en medio de su iglesia, de su cuerpo, usando cada miembro para glorificar a Dios y para irnos edificando en amor, de esta manera crecemos, este es el propósito de Dios.

De manera práctica, no se trata de asistir a una congregación, ni de ir o asistir a la iglesia, sino de vivir como iglesia. Hermanos, estamos llamados a ser iglesia y que todo obrar sea el de Cristo obrando en su cuerpo.  Oración.

«Padre, por tu Espíritu guíame a ser iglesia, a edificarnos mutuamente en amor, para que Cristo sea plenamente formado en cada uno de nosotros, por la acción mutua de todos los miembros, de acuerdo al don de Cristo recibido, y así podamos glorificarte, manifestando plenamente la vida eterna de Cristo en todo lo que hagamos. Amén.



domingo, 18 de enero de 2026

Instrumento escogido

 Instrumento escogido

“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;” Hechos 9:15.

“Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;”, Romanos 4:4.

El obrero cobra una deuda de su trabajo, pero el que no obra, sino que cree, le es contado por justicia. ¿Qué relación tiene esto con ser usados como instrumentos?

El obrar de Dios depende, exclusivamente, de que no obremos. Para garantizar que la obra sea divina y no humana. Así como la guitarra no puede dar armonía ni melodía por sí misma, nosotros no podemos hacer un servicio verdadero si no es Cristo el que obra.

Tenemos un gran problema con nuestras capacidades, cuando no se doblegan a Dios, cuando pensamos que somos nosotros, y nos confiamos, porque podemos hablar, cantar o ejecutar cualquier destreza, pero al mismo Pablo, lleno de conocimiento y preparación intelectual, el Señor le dice: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).

De la misma manera, Pablo reitera que no es su sabiduría humana, ni su conocimiento intelectual, él solo se dispone a expresar a Cristo, cuando dice: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Corintios 2:2), para que sea Dios el que nos use como su templo, y el sea el que edifique, pues en vano edifican los edificadores si el Señor no edifica la casa. (Salmos 127:1)

Hebreos 13:20-21, resume de manera contundente, el obrar del Señor y nuestro papel en el servicio: “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

Según el pasaje anterior, ¿quien nos hace aptos en toda buena obra?, ¿Quién es el que produce el obrar en nosotros para que hagamos lo que es agradable delante de él?, ¿y para quién es la gloria?, para Jesucristo sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.   Oración.

«Padre, me has justificado por medio de la fe en tu Hijo, para que todo el obrar sea tuyo, y por el poder de tu Espíritu ahora yo anuncie tu amor a toda la humanidad, hazme apto y obra en mí Señor, para hacer tu voluntad, cuando exprese la vida de Cristo en mi. Amén.



sábado, 17 de enero de 2026

 Me es impuesta necesidad

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”, 1 Corintios 9:16

“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”, Isaías 43:7

El Padre nos creó para su gloria, pero en el pecado del Edén fuimos destituidos de la gloria de Dios, ¿y cómo el Padre nos vuelve a él? ¿cómo restaura el hecho que ‘’fuimos creados para su gloria? «. La respuesta es tremenda: Nos une a su Hijo: aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) (Efesios 2:5).

¿Cómo accedemos a esta realidad eterna en Cristo? el medio que Dios preparó fue por medio de la predicación del evangelio, de las buenas nuevas que anuncian lo que Dios hizo de darnos a su Hijo y que todos los que creyéramos en él, fuésemos salvados y no hubiera condenación: “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las ʻriquezas de su gracia,” (Efesios 1:7).

Entonces ahora todo creyente, nacido de nuevo, predica este mensaje, el evangelio, por una razón esencial: porque hay una vida que está fluyendo, que está respirando espiritualmente, esa es la vida de Cristo en nosotros. Para entender un poco más, observemos que aunque somos conscientes de respirar, no le decimos a nuestros pulmones: “hoy te voy a agendar para que respires de 8 a 9 pm”, por supuesto que no. Es algo natural, que surge espontáneamente.

En la nueva naturaleza que hemos recibido, esto es Cristo, Dios produce en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad, así que no podemos vivir sin predicar, porque es inherente a la vida nueva que se nos otorgó, se convierte en mi necesidad, porque hay una vida eterna que se está expresando en mi. (Filipenses 2:13)

1 Corintios 15:10 nos confirma que no es el obrar de Pablo, sino que le es impuesta necesidad, es una necesidad vital de anunciar el evangelio de Cristo “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”

Es Cristo mismo tomando como instrumento a Pablo: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;” (Hechos 9:15). Es el respirar de la vida que late dentro de él, la vida del Hijo usando a Pablo como instrumento.

Para poder ilustrar el principio espiritual del servicio, pensemos en una guitarra, fue creada con un propósito, pero si se coloca en un lugar y nadie la toca, no hace nada, no da notas, solo ocupa un lugar, pero si el maestro la toma y con su destreza elabora armonías o melodías, allí es verdaderamente útil.

Cuando le servimos verdaderamente a Dios, el maestro nos toma como un instrumento y Él hace la obra para el propósito por el cual fuimos creados y damos por gracia lo que recibimos por gracia.

Entonces, si ya hemos creído en Jesús y hemos nacido de nuevo, debemos activar en nosotros la vida que nos habita, pero ¿cómo logramos que esto se haga una realidad e iniciemos a predicar el evangelio de manera efectiva y vital? Lo veremos mañana.  Oración.

«Padre, en Cristo está mi misión, mi propósito, anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de la oscuridad a la luz verdadera, anunciar su amor y perdón a todo el que cree, para salvación de su alma, para gloria de tu nombre. Amén.



viernes, 16 de enero de 2026

 El mediador del nuevo pacto

“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.”, Hebreos 8:6

“Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” Hebreos 9:15

La palabra pacto en las sagradas escrituras se usa directamente para los tratos de Dios, como el pacto con Noé Génesis 9:9: «He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros y con vuestros descendientes después de vosotros», o el pacto Mosaico establecido con Israel en el Monte Sinaí (Éxodo 19:5-, Éxodo 24:7-8). Otro ejemplo de pacto es el realizado con David, Salmos 89:3-4 “Hice pacto con mi escogido; Juré a David mi siervo, diciendo:Para siempre confirmaré tu descendencia, Y edificaré tu trono por todas las generaciones”.

Sin embargo, los pactos antes de que Cristo fuese hecho carne, eran “sombra de los bienes venideros” (Hebreos 10:1); Mostraban la santidad de Dios, la pecaminosidad humana y la necesidad de expiación y redención, señalando a Cristo, es decir anunciaban o apuntaban a Jesús del que dice la escritura: “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. ” (Hebreos 8:6)

Cristo es el mediador del nuevo pacto, sellado con su sangre preciosa, “como de un cordero sin mancha y sin contaminación” como lo expresa 1 Pedro 1:19, pues los pactos sólo podían ser instituidos con sangre (Hebreos 9:18, 22), por esta razón, otro no puede ser mediador de nuestra redención, sólo Él, por esto asevera la escritura: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1 Timoteo 2:5-6).

Este mediador de nuestra alma, no es un mediador lejano, que vino y se fue, de ninguna manera, sino que fuimos injertados en Él, colocados en el olivo. (Romanos 11:17, Juan 15:5).

Por esto, son mejores promesas, “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (Hebreos 10:14), esto tiene implicaciones eternas, pero también es la realidad en la que debemos permanecer, insistir y crecer, hasta que Cristo sea formado plenamente en nosotros: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” Efesios 4:13.   Oración.

«Padre amado, estoy en Cristo, por medio de la fe participo de las promesas del pacto nuevo y eterno, he sido colocado en el cuerpo, en tu iglesia, para expresar las virtudes de aquel que nos sacó de la oscuridad a la luz verdadera, permíteme expresar plenamente la realidad del nuevo pacto en el que vivo, gracias al mediador de mi alma, para gloria de tu nombre, amén.



jueves, 15 de enero de 2026

El carácter amoroso del Padre con Israel y con la humanidad

 El carácter amoroso del Padre con Israel y con la humanidad

“Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.” Oseas 11:1-4

Es maravilloso ver el carácter de amor del Padre Dios por su pueblo Israel, y muy triste observar cómo su pueblo, en muchas ocasiones no correspondió a su amor, el libro de Oseas 11:1-4 nos deja claro cuánto amor expresa Dios a su pueblo al decirle “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé” y nos deja ver cómo los trataba como a hijos, pues enseguida declara “y de Egipto llamé a mi hijo” en contraste dice de su pueblo “Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios”, es como si esos mandamientos de Dios, dados en el monte Sinaí, hubieran entrado por un oído y salido por el otro, “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen … No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios” fue algo que se les olvido, o peor aún, que sabiéndolo no les importó, sin embargo podemos ver ese carácter de amor de Dios cuando dice: “Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba”, no se dieron cuenta que prácticamente esos mandamientos de amor, tenían la finalidad de protegerlos para que su corazón no se desviara tras dioses que no son dioses; pero a pesar de que Dios como un buen Padre les enseñaba y los cuidaba, ellos como un hijo rebelde se alejaban.

Sin embargo, Dios con todo seguía tratando de atraerlos con amor, por eso dice “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.” Y eso es lo hermoso de Dios, de su carácter, que de igual forma hizo con nosotros y con la humanidad, pues su amor es tan grande que fue capaz de dar a su Hijo amado como pago por nuestros pecados para salvarnos (Juan 3:16), y atraernos con la cuerda de amor más grandiosa hacia Él: la entrega de la vida de Jesús en la cruz, así que hermanos correspondamos al amoroso carácter de Dios y dejemos que su Santo Espíritu desarrolle el carácter de Cristo en nosotros.   Oración.

«Padre Dios, gracias por tu gran amor, gracias por atraerme a ti con la cuerda de amor más maravillosa: la obra de tu hijo Jesús en la cruz, gracias por adoptarme como tu hijo, darme tu perdón, tu vida, tu identidad y un propósito para vivir, gracias por amarme. Amen. 



miércoles, 14 de enero de 2026

La voz del amado

 La voz del amado

“Mi amado habló, y me dijo: levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.” Cantares 2:10-14

El libro de Cantares es un hermoso poema de dos enamorados, que también hace referencia a la relación de Amor de Cristo con su Iglesia, por lo cual el pasaje de Cantares 2:10-14 nos deja ver el llamado de amor que nos está haciendo el Señor, donde nos pide que nos levantemos y nos acerquemos a Él, revelándonos la verdad espiritual que deberíamos estar viviendo: “ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola”, haciendo referencia a que el frio del invierno de nuestra vida debe quedar atrás, pues nuestros pecados ya han sido perdonados, y ahora en Cristo tenemos una nueva vida que debe florecer de amor, una vida llena de gozo, pues el tiempo de la canción ha llegado, una vida que trasmita paz pues se ha escuchado la voz del amado, quien nos dice “La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor”, revelándonos ese fruto que como creyentes debemos dar y disfrutar: el fruto del Espíritu, que encontramos en Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”

Es maravilloso ver el amor con el cual somos tratados por Dios, pues se nos dice: “levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes”, y esto es así, gracias a Cristo, pues ahora en Él, Dios nos ve precisamente en el agujero de la peña, es decir en Cristo mismo, y nos trata al igual que a su Hijo amado, y a su vez Jesús nos trata como a una novia que va a ser desposada y nos invita a relacionarnos de manera íntima con Él, por medio de la oración, la lectura de la Palabra y la comunión del Espíritu Santo, por eso es que nos dice: “muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.  Oración.

«Amado Jesús, gracias por dejarme oír continuamente tu llamado de amor, gracias por recordarme por medio de tu Santo Espíritu cuánto me amas, por recordarme que me has perdonado, y que ahora tengo una nueva vida en ti, una vida llena de fruto. Amen.   



martes, 13 de enero de 2026

Dios de pactos.

 Dios de pactos. 

“De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”, Lucas 22:20

“Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” Hebreos 8:13

Siempre hemos expresado que Dios nos llama a tener una relación personal con él, pero la doctrina bíblica expresa algo mucho más sustancial y trascendente. Es decir mucho más orgánico, íntimo y profundo. (Efesios 5:30-32)

Observemos por ejemplo, que para los profetas el problema de Dios con su pueblo es que el pacto fue quebrantado “No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová” (Jeremías 31:32), mostrando a Israel como una esposa infiel que quebrantó el pacto.

Pero ya que ese antiguo pacto no fue eficaz y reveló la incapacidad del hombre de cumplirle a Dios, entonces, Él provee un nuevo pacto, uno incondicional y eternamente perdurable, que no depende del hombre, sino de Dios completamente; entonces profetizando este nuevo pacto, dice la escritura: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).

Este nuevo pacto tiene fundamento legal y eterno, no depende de nuestros sentimientos, es inmutable, define nuestra identidad, destino y misión, y es el Hijo quien lo cumple, lo ejecuta y lo sostiene. ¿Y nosotros?

Pues lo primero es que nosotros, eramos ajenos a los pactos de la promesa, pero ahora somos el pueblo del pacto por la iniciativa soberana de Dios, y solo por la fe en Cristo, mediante un nuevo nacimiento, somos incluidos en él, colocados en él, unidos a él. Este énfasis de “incluidos”, “colocados”, “unidos” es clave para entender la más profunda base del evangelio: Somos una nueva creación “en” Cristo. (Efesios 2:12-13)

Por esta razón en el nuevo testamento aparece aproximadamente 164 veces la palabra “en” Cristo, pues esto corrobora nuestra inclusión en Cristo, mediante el nuevo pacto, de manera orgánica, objetiva, real e inquebrantable. (Efesios 5:30,32).

Tu, yo, y todo el que cree es unido a Cristo: “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”, (Efesios 2:15), un solo y nuevo hombre, en Cristo, un nuevo nacimiento por el Espíritu: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:13). Este es el sentido y significado verdadero del bautismo del Espíritu Santo.

Por lo tanto, no estamos renovando una relación con Dios, somos una nueva creación, entramos por gracia por medio de la fe, por un acto soberano de Dios, en su Hijo amado y somos, vivimos y nos movemos en Él.

Mañana reflexionaremos en las implicaciones de esta realidad de haber sido colocados en el pacto “en” Cristo Jesús.   Oración.

«Padre, gracias porque me has incluido en Cristo. En él estoy completo y no me hace falta nada, pues por el pacto eterno sellado con su preciosa sangre derramada en la cruz, tengo al Hijo y por tanto tengo la vida eterna. Ayúdame a compartir esta gracia con los que no tienen verdadera vida. Para gloria de tu nombre, amén. 



lunes, 12 de enero de 2026

La gloria de Dios, no la gloria del hombre.

 La gloria de Dios, no la gloria del hombre. 

“Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”, Juan 12:42-43

“Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios”, 1 Samuel 15:30

La gloria de Dios es la expresión de sus atributos, su amor, su poder, su misericordia, su revelación, la expresión misma de su naturaleza en todo lo creado. (Salmo 19:1).

Todo lo creado manifiesta su gloria, pero nosotros debemos reconocer su gloria, como nos enseña Romanos 1:21-23, que incluso habla de lo que no es la gloria de Dios o el contraste con aquello que no reconoce la grandeza de Dios: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

La gloria que el hombre busca es impedimento para creer y para crecer: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”, Juan 5:44.

Impide el accionar y crecimiento de la fe, porque toda gloria del hombre es buscar lo suyo propio (Juan 12:42-43).

Aun el Señor Jesús, no buscaba su propia gloria, sino expresar al Padre, glorificándolo en todo, como dice Juan 8:54 “Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.”,

Y aun el Espíritu Santo busca glorificar al Hijo “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:14).

Nosotros fuimos creados para su gloria y nuestra misión es por el Espíritu glorificar al Padre, cuando el Hijo es formado en nosotros, por el poder de su Espíritu: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Isaías 43:7 y Efesios 2:10 nos confirma: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, observemos que dice creados “en” Cristo Jesús.

Mañana miraremos cómo aplicar este conocimiento bíblico en nuestra vida diaria, mientras tanto podemos reflexionar ¿Qué cosas en nuestra vida no le dan la gloria a Dios?    Oración.

«Padre, no a nosotros, sino a tu nombre es toda la gloria, que tu Hijo sea formado en mí para expresar en mi una gloria plena e inmarcesible, por el poder de tu Santo Espíritu, amén.



domingo, 11 de enero de 2026

Restaurados plenamente

 Restaurados plenamente

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” Isaías 53:11

Cuando venga a nuestra mente, por alguna situación, la desesperanza de la pérdida, el dolor del pasado, el trauma de lo vivido, debemos ir nuevamente a la cruz, al monte donde se escuchó su grito de angustia, pues su alma fue angustiada para que tú y yo tuviéramos paz: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11).

‘Y aun así, despierto siempre en el mismo lugar en el monte que te oyó gritar’, esto quiere ilustrarnos poéticamente que el único trauma que debería conmover nuestras entrañas, cada vez que lo recordamos, es la muerte de Cristo en la cruz. Porque allí también estuvimos nosotros, escuchamos su grito, pero también morimos juntamente con Cristo, para luego ser resucitados juntamente con él. (Romanos 6:6, 8). Es el único trauma que tiene recompensa eterna, que tiene cruz y que tiene resurrección.

Es cada día, sí, ir a la cruz, negándonos a nosotros mismos, no confiando en nuestro propio corazón, en lo que “siento”. Cuando nos negamos, surge la vida que nos saca de nuestros propios traumas, la vida de Cristo que nos fue impartida, donde todo está resuelto y sanado; “todo está consumado” (del griego ‘tetelestai’, significa pagado es, vencido es, liberado es). La vida que nos habita surge, cuando salgo de mi, de mi yo, de mi propio dolor, voy mejor al trauma de la cruz y a la libertad de la cruz, y en el poder de su resurrección, entonces se expresa plenamente la vida de Cristo. (Lucas 9:23, 1 Juan 1:2)

Pero tenemos que verlo, nos tiene que ser revelada esa vida que nos habita, este es el sentido por lo cual suceden las dificultades: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;”, (2 Corintios 4:17).

La leve tribulación es mucho menor y es usada por Dios para producir en nosotros una gloria que durará para siempre y que es de mucho más valor que las dificultades, ¿cuál es esta gloria? o ¿cómo glorificamos a Dios en las dificultades? Cuando Cristo es formado en nosotros, pues él, es el resplandor de la gloria de Dios (Hebreos 1:3).

Cuando pasemos por un sufrimiento, cuando recordemos un trauma pasado, vayamos a la cruz a negarnos a nosotros mismos, para que la vida de Cristo se exprese libremente a través de nosotros: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” (1 Pedro 5:10).

El trauma de la cruz sana cualquier trauma de nuestra vida humana, pues su alma fue afligida para que la nuestra fuera redimida, restaurada y vivificada.    Oración.

«Me amaste en el dolor mi Señor Jesús, Padre, me salvaste en tu infinito amor dándome el regalo de tu Hijo unigénito, Espíritu Santo, que mi vida sea restaurada plenamente para que viviendo Cristo en mí, pueda glorificar al Padre. Amén.   



sábado, 10 de enero de 2026

Restaurados de nuestros traumas

 Restaurados de nuestros traumas

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”, Hebreos 2:14-15

En el devocional anterior, quedó la pregunta de cómo el Señor Jesús, restauró a sus discípulos luego de que resucitó, ante el trauma experimentado por ellos por los acontecimientos de los días anteriores.

Lo primero que les dice es “paz a vosotros” (Juan 20:19), ya sabemos que no es cualquier paz, es su paz, que anuncia el triunfo, la derrota del enemigo, Él vence el mayor temor que tenemos los seres humanos, ¡Cristo venció la muerte¡.

Como lo dice contundentemente Hebreos 2:14-15 “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”

También a Pedro lo restaura con amor y le coloca una misión: apacentar el rebaño (Juan 21:15-19), Jesús llevó a Pedro a que pasara de «soy un traidor» a «soy un pastor».

Cuando nuestro Señor resucitó estuvo 40 días (Hechos 1:3), enseñándoles a vivir en la nueva naturaleza, pero inicia restaurando a sus apóstoles: Calma el miedo («Paz a vosotros»), valida la realidad («Palpad y ved»), normaliza la vida (Come pescado), reescribe la historia de ellos (Preguntas y nueva misión a Pedro). (Lucas 24:36-45, Juan 21:17)

¿Cómo podemos entonces aplicar esta enseñanza para superar un trauma? Veremos la conclusión en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, el mayor temor de nosotros los seres humanos fue vencido en la cruz por tu Hijo, ya el que tenía el imperio de la muerte no tiene poder sobre los que creemos, pues somos tuyos, fuimos comprados por tu preciosa sangre derramada, mi historia ha sido reescrita en Cristo Jesús, amén. 



viernes, 9 de enero de 2026

Superando nuestros traumas

 Superando nuestros traumas

«Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres», Isaías 52:14

“Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”, Mateo 26:56

Los discípulos vivieron un trauma tremendo que los acompañó toda su vida. Vieron a Jesús morir de manera violenta y expresaron miedo, huyeron y se aislaron (Mateo 26:56, Juan 20:19). Quedaron paralizados y no pudieron seguir ejerciendo su ministerio en ese momento, por temor a repetir lo que le había pasado a su Maestro. Pero algo sucedió que los sacó de ese trauma, para que pudieran seguir ¿qué fue lo que sucedió?

Ahondando más profundamente en lo que les sucedió a los discípulos, vemos que en Isaías 52:14 dice: «Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.», La palabra «Asombraron» usada en este texto, traducida del hebreo original bíblico implica quedar atónito, devastado y desolado.

Psicológicamente, describe un ‘shock cognitivo’. La mente de los discípulos no podía procesar el nivel de violencia («desfigurado») que estaban viendo, incluso todos los sucesos de esa noche fueron un golpe de realidad que no pudieron asimilar.

En el caso de Pedro, el trauma es complejo porque mezcla la violencia externa con el colapso de su propia identidad (pues él juró defenderlo y falló, entonces, se llenó de culpabilidad.). Veamos en Lucas 22:61-62 «Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro… Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.

¿Cómo nuestro Señor Jesús trata este asunto cuando resucita? ¿cómo restaura a los apóstoles? Lo veremos en el devocional de mañana.  Oración.

«Padre, he sufrido muchas cosas, pero nada se iguala a lo que Jesús sufrió por mí en la cruz, quiero que venga a mi entendimiento y a lo más profundo de mi conciencia, lo que sucedió ese día, porque yo también estuve allí por mi pecado, pero tú, me salvaste cuando yo no lo merecía, gracias por Jesucristo. Amén.



jueves, 8 de enero de 2026

Amor al dinero

 Amor al dinero

“Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” Mateo 19:21-24

El amor al dinero es un sentimiento de confianza desbordado por las posesiones materiales, que imposibilita a una persona para servir verdaderamente a Dios, puesto que confían más en ellas que en Dios. Y esto es lo que le sucedió al joven rico cuando el Señor le pidió vender todo lo que tenía, darlo a los pobres y seguirlo a Él; su reacción inmediata fue entristecerse y no creer o confiar en lo que Jesús le decía. Es sorprendente ver la increíble y maravillosa promesa del Señor para él, pues le dijo “Tendrás tesoro en el cielo”, pero el amor de este joven por sus riquezas le imposibilitó servir a Dios y entender aquello tan grande que el Señor le estaba prometiendo.

Lo mismo sucede hoy en día, la vanagloria de tener riquezas y el amor a ellas no nos permite servir a Dios a través de estas, puesto que nos impide tres cosas:

En primer lugar, amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, como lo dice su gran mandamiento en Mateo 22:37-38.

Segundo, reconocerlo como nuestro Dios proveedor, ya que de Él son y provienen las riquezas, la gloria, la fuerza y el poder (1 Crónicas 29:12).

Tercero, dar con generosidad y alegría, porque para esto el Señor nos ha enriquecido (2 Corintios 9:11).

Por esto es que el Señor nos quiere recordar su exhortación con respecto a este tema, dice su Palabra en 1 Timoteo 6:17 “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.   Oración.

«Padre, que la abundancia de tus bendiciones no produzca en mí vanagloria, altivez y amor a ellas; te pido por la gracia de Jesucristo que guardes mi corazón y me permitas en todo tiempo reconocerte como mi Dios proveedor, que me enriquece en todo para disfrutar y compartir. Gracias Señor por tu amor y generosidad, Amén.  


miércoles, 7 de enero de 2026

El misterio transformador

 El misterio transformador

“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” , Efesios 4:5-7

¿Qué implica entonces para nosotros que nos sea revelado el misterio de la iglesia?

Nuestro crecimiento, edificación, bendición y propósito dependen de nuestra vida orgánica en la iglesia. No de nuestra vida natural, o en nuestros propios esfuerzos independientes. Nuestro propósito está en la permanencia, dinámica y fluir en la iglesia. Los nutrientes que necesitamos para crecer espiritualmente son impartidos en la iglesia, en una interacción viva y orgánica, por la expresión de la vida de Cristo de nosotros hacia nuestros hermanos y viceversa. No somos estanques, somos ríos fluyendo hacia otros.

En la iglesia se manifiesta el obrar de Dios, pero la iglesia no es algo que nosotros hacemos para Dios, es algo que Dios hace a través de nosotros. La expresión divina manifestándose a través de lo humano, su presencia real en medio de los suyos. Por ejemplo, Salmos 22:22 revela lo que Cristo hace después de su resurrección: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré”; Él mismo, en cada uno de nosotros, su cuerpo alaba al Padre.

Entonces la comunión, es la participación mutua que tenemos todos juntos en una sola vida, la de Cristo; que tiene una mente, la mente de Cristo; un sentir, el de Cristo; un obrar en el cuerpo de la iglesia: “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”, Efesios 4:5-7

La comunión no es algo que hacemos, es ‘alguien’ que expresamos. A Cristo. Por esto, debemos ser “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Efesios 4:3), en mantenernos en unidad, a pesar de las diferencias, estas diferencias están en el alma, pero debemos madurar hasta aprender a mantenernos como nos enseña Romanos 12:16: “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.    Oración.

«Ya no estoy solo Padre, no hay vacío en mi, tú lo llenas todo y provees todo lo que necesito para ser edificado mutuamente con mis hermanos, gracias por que me llamas a permanecer, a vivir con comunión con mis hermanos para que Cristo sea formado en mi, para gloria de tu nombre, amén.  



martes, 6 de enero de 2026

¿Cómo se edifica la iglesia?

 ¿Cómo se edifica la iglesia?

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.”, 1 Corintios 14:26

Este es el patrón para las reuniones de la iglesia como lo dice el versículo de hoy en 1 Corintios 14:26, todos interactúan de acuerdo al don recibido, expresando la vida de Cristo en cada uno, para edificación mutua.

Pues la iglesia no es una organización, es decir: no es una estructura social, una empresa, una entidad pública, etc, creada para fines comunes por el hombre.

Y como no es una organización, no tiene una estructura jerárquica, sino que la iglesia cristiana es un organismo vivo, creada por Jesucristo, el Señor y dador de la vida, donde sus líderes la alimentan con su palabra, que es espíritu y vida (Juan 6: 63) a fin de perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (la iglesia): “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13)

Entonces la iglesia es un organismo vivo en el que todos los miembros funcionan orgánicamente de acuerdo a la medida de Cristo, que tiene cada uno; incluso el papel de los pastores y maestros es diferente a las organizaciones del mundo, observemos:

“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4).

Los ancianos y pastores colocados en ella, no reemplazan la autoridad de Cristo, sino que cuidan de la “grey” edificando en su función a Cristo en ella: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,” (Gálatas 4:19)

Efesios capítulo 4 nos habla de que Cristo lo llenó todo en todos, y constituyó diferentes funciones en la iglesia para edificación del mismo cuerpo, su crecimiento y edificación: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:15-16)

¿Qué ministramos en cada función? cada uno recibe un don de Cristo, para edificar a todo el cuerpo, para que cada miembro crezca, y ¿qué es lo que crece en cada uno? Cristo. Es decir, Cristo está siendo formado en cada creyente, por la acción conjunta de cada miembro, en amor. Si crece Cristo en nosotros crece el fruto del Espíritu Santo. Es necesario por tanto una edificación mutua y un permanecer de cada miembro.

Entonces, la vida comunitaria fluye, orgánicamente, de la vida de Cristo en cada uno de nosotros hacia otros, expresando juntos la vida de Cristo.

¡Maravilloso, fluir de Cristo vivo en cada miembro¡ ¡Esto si es la verdadera iglesia!   Oración.

«Padre, me has colocado en un solo cuerpo, en Cristo, para ser edificado por mis hermanos de acuerdo al don que tú mismo diste a cada uno, para que Cristo sea formado plenamente por la acción de todos los miembros. Una sola fe, un solo Padre, un mismo Espíritu, un solo Salvador que es en todos y por todos. Amén.



lunes, 5 de enero de 2026

El misterio que revelado transforma tu vida

 El misterio que revelado transforma tu vida

“el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,”, Colosenses 1:26-27

La iglesia, el cuerpo de Cristo, nosotros en él y él en nosotros, como mencionamos ayer, fue un misterio (Colosenses 1:26-27) y fue revelado plenamente a Pablo como lo podemos estudiar detenidamente en los capítulos 3 y 4 del libro de Efesios (Efesios 3:8-10).

Lo que le fue revelado específicamente lo dice en Efesios 3:6: “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio”. Los gentiles eran en ese contexto, todos aquellos diferentes al pueblo de Israel, que por medio de la fe en Cristo, recibieron la promesa del Espíritu Santo para ser unidos a un solo cuerpo: “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:5-6).

Es decir, nosotros, cada uno de los que pusimos nuestra esperanza en Cristo, por medio de la fe, recibimos su gracia, a Cristo mismo (Juan 1:12-13, Juan 1:14). El Padre nos colocó en su Hijo, nos unió a él, para que regresaramos a su seno, como hijos, nos sentó en los lugares celestiales ‘juntamente’ con Cristo: “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6).

¿Por qué esta revelación transforma nuestra vida?

Porque ya no somos seres individuales, egoístas, sin propósito.

Porque no es lo que yo hago, es lo que Dios hace a través de mi.

Porque mi realidad no está en mi propia gloria, sino en su gloria.

Porque mi lugar no está aquí en la temporalidad, sino en la eternidad.

Porque no soy lo que el mundo dice que soy, sino lo que Dios dice que soy en Cristo.

Porque no es mi vida, sino la vida de Cristo en mí, hemos muerto y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (Colosenses 3:3)    Oración.

«Padre, somos un cuerpo, siendo muchos miembros, somos uno en Cristo. Tu Espíritu nos enseña y revela tu Palabra, esto es, Cristo en nosotros, en perfecta coherencia con el testimonio de las escrituras, una vida que late dentro de cada miembro, la vida de tu Hijo. Qué maravillosa revelación que transforma mi vida y la de mi familia. Amén.