domingo, 25 de septiembre de 2016

Joás: De un Buen Inicio a un Trágico Final

Joás:   De un Buen Inicio a un Trágico Final

La vida de Joás, rey de Judá, es un estudio interesante de un personaje que inicio por la senda correcta, pero terminó en una desgracia vergonzosa (véase 2 Cr. 22:10–24:27).  Sus cuarenta años de reinado lo vieron ir de un defensor celoso en el servicio a Dios a un asesinato de quien hablaba la voluntad de Dios.  Su reinado empezó en medio de una feliz exclamación, “Larga vida al rey”.  Este terminó con sus propios siervos matándolo en la cama después de que fue herido gravemente en batalla.  Su coronación ocurrió en la casa de Dios mientras estaba en el lugar tradicional de los reyes (2 Rey. 11:14).  Para el tiempo de su muerte, su desgracia fue tan grande que no fue sepultado en las tumbas de los reyes.

¿Qué lecciones podemos aprender de una vida de estas?  ¿Cómo podemos evitar las dificultades y peligros que vencieron al rey Joás?  ¿Cómo podemos divisar las señales de peligro?

Un Inicio Fiel

Como bebé, Joás fue salvado de su cruel abuela, Atalía, quien trató de matarlo y apoderarse del trono para ella misma (cfr. 2 Cr. 22:10-12).  Joás fue llevado al templo y criado durante seis años bajo el cuidado de Joiada, el fiel sumo sacerdote de Dios.  A la edad de siete años, Joás se convirtió en rey (24:1).  En ese tiempo, a Joás le fue dado el testimonio (la Ley), la cual obviamente había estudiado a los pies de Joiada, para guiarlo como rey.

Siguiendo a la coronación, el registro dice, “Y Joiada hizo pacto entre sí y todo el pueblo y el rey, que serían pueblo de Jehová” (2 Cor. 23:16).  El versículo siguiente muestra la buena voluntad de ellos de poner en práctica la ley de Dios mientras destruían el templo de Baal y mataban al sacerdote idólatra.  La buena influencia de un maestro fiel es vista en la temprana vida de Joás por medio de la declaración, “E hizo Joás lo recto ante los ojos de Jehová todos los días de Joiada el sacerdote” (2 Cr. 24:2).

En una ocasión, el celo de Joás por hacer lo bueno, aun excedió al de aquellos que habían ayudado en enseñarle los principios de la ley de Dios.  Joás quiso restaurar el templo y mandó que esto se hiciera rápidamente.  Aquellos a cargo se tomaron mucho tiempo y Joás los reprendió merecidamente.  Ante su insistencia el dinero se reunió más rápidamente, la obra fue emprendida, y la tarea fue completada.  En esta instancia, Joás demostró que no solo era influenciado a hacer lo bueno, sino que también influenció a los demás a hacer lo bueno.  Fue un noble principio.

El Proceso de Apostasía

Después de la muerte de Joiada, la vida de Joás dio un giro descendente.  El registro muestra cómo las malas compañías apelaron a su orgullo.  En 2 Crónicas 24:17-18, leemos:

17Muerto Joiada, vinieron los príncipes de Judá y ofrecieron obediencia al rey; y el rey los oyó. 18Y desampararon la casa de Jehová el Dios de sus padres, y sirvieron a los símbolos de Asera y a las imágenes esculpidas. Entonces la ira de Dios vino sobre Judá y Jerusalén por este su pecado.

El fiel siervo de Dios que anteriormente se doblegaba en humildad ante Dios ahora era adulado y lisonjeado  por los hombres malos que hacían reverencia ante él.  Como resultado, Joás dejó de escuchar el consejo de los hombres justos y empezó a escuchar el consejo de los impíos (cfr. Sal. 1:1).

Siguiendo ese consejo, Joás se olvidó de Dios, olvidándose de la ley que le había sido enseñada en su juventud.  Empezó a practicar lo malo y progresó en esa maldad hasta que habían influenciado a toda Judá para que siguiera sus impíos caminos.  El buen rey había influenciado al pueblo para ser a Dios era ahora el rey malo que lleva a sus súbditos a la condenación.  ¡Una tragedia!

El Endurecimiento del Corazón

Dios no renunció a Joás y al pueblo y en su primera rebelión.  La Biblia registra la súplica del Señor para que retornaran y la creciente resistencia a su rogativas:

“19Y les envió profetas para que los volviesen a Jehová, los cuales les amonestaron; mas ellos no los escucharon. 20Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os abandonará. 21Pero ellos hicieron conspiración contra él, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Jehová. 22Así el rey Joás no se acordó de la misericordia que Joiada padre de Zacarías había hecho con él, antes mató a su hijo, quien dijo al morir: Jehová lo vea y lo demande” (2 Cor. 24:19-22).

Jehová los llamó al arrepentimiento a través de los profetas (plural), pero ellos no escucharon.  Cuando Zacarías los reprendió con la verdad, lo mataron en lugar de cambiar sus caminos.  Por supuesto, la muerte del profeta no cambió la verdad que habló.  Meramente quitaron de en medio la fuente que podía volverlos a la justicia.

Es declarada lúcidamente la culpabilidad de Joás.  Se había apartado de sus principios de una manera ofensiva, escandalosa y deshonrosa.  Todo el bien que había hecho en sus primeros días no serían recordados porque había renunciado a ellos para convertirse en el abandaderado del error y la maldad.  Con seguridad, Dios no podía recordar el bien, pero lo observaba como un traidor para lo malo (Ez. 33:13).

Sin embargo, la paradoja es que sus propios contemporáneos, de quienes buscó el favor, también se olvidaron de él en su muerte por medio de sepultarlo alejado de los reyes (2 Cr. 24:25).  Lo usaron para conseguir lo que querían, pero al final lo dejaron a un lado.  La causa del pecado le costó todo, pero no le dio nada a cambio.  ¡Eso es lo que pasa por negociar con el pecado!

Aprendiendo la Lección Hoy Día

La vida de Joás es un ejemplo clásico de apostasía.  Aquellos que dejan al Señor y hacen que otros se pierdan, a menudo son aquellos que tuvieron el más noble de los inicios.  Son levantados por padres cristianos o se benefician de la influencia de los santos fieles, de los ancianos y los predicadores.  Esa influencia dura por un tiempo y da lugar a un estallido ardiente de acción por la causa de Cristo.  Pero cuando llegan los momentos de prueba, es dejado el camino de la verdad por las sendas del pecado y del error.

La caída frecuentemente ocurre ante la entrada del orgullo (Pr. 16:18; 29:23).  Cuando un hombre empieza a escuchar las adulaciones vanas de aquellos que buscan usar su influencia, el resultado va a ser el desastre.  La Biblia está repleta con ejemplos afirmando este hecho.  Una mirada breve a la historia de la restauración en tiempos más recientes muestra la misma cosa.  ¿Cuántas veces los predicadores populares se han desviado del camino estrecho y angosto a medida que escuchan la adulación de los hermanos adoradores?  ¿Cuántas veces aquellos que tuvieron un inicio modesto empezaron a comprometer la verdad a medida que sus hermanos les ofrecían la presidencia de un colegio, una redacción, u otros lugares de influencia?  Los privilegios ofrecidos por aquellos que aman el camino de lo malo muchas veces ciegan sus ojos del alma piadosa que es luego seducida por el orgullo.


Sin embargo, propiamente se ha dicho que los placeres del pecado son solamente por un tiempo.  Cuando uno deja su lugar como siervo de la justicia para convertirse en señor de aquellos que encabezan la apostasía, su gloria será de corta duración.  Aquellos que han usado su influencia para ayudar a la maldad de ellos termina desplomándose rápidamente.  Quieren adentrarse más en la apostasía y él es el único instrumento para iniciar el proceso.  Al final, uno usado así será observado negativamente por ambos lados.  Cristo y aquellos que continúan apoyando su verdad lo observaran como traídos.  Satanás y aquellos que prosiguen en el error se olvidarán de él porque él es meramente una figura transitoria para ellos. Pueda Dios ayudarles a abrir sus ojos para que vean.

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