jueves, 18 de septiembre de 2025

El reflejo de su corazón

 


El reflejo de su corazón

“Como en el agua el rostro corresponde al rostro, así el corazón del hombre al del hombre.” Proverbios 27:19

Bien dice el proverbio acerca del hombre que: “Así como el rostro se refleja en el agua, el corazón refleja a la persona tal como es”, incluso en Proverbios 23:7a adiciona: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” y es que si quieres conocer a alguien verdaderamente mira lo que tiene en su corazón, por eso creo que Dios insiste tanto en que vayamos delante de Él a que seamos examinados, porque hay tantas cosas que ocultamos en nuestro interior que necesitamos que sean sacadas a la luz para quitarlas, arrancarlas de raíz, y sembrar a cambio algo que edifique (Salmos 139:23-24)

Es increíble ver cómo Dios está interesado en que el corazón del hombre sea tan solo un reflejo del suyo, y lo podemos ver en Hechos 13:22b en donde al describir a David manifiesta que él es un hombre conforme a Su corazón, y esto no es debido a un esfuerzo o mérito de David sino una obra de Dios, pues es Él mismo quien por medio del obrar del    Espíritu Santo nos lleva a reflejar a quien vive en nosotros, Cristo (Gálatas 2:20).

La tarea que queda para nosotros los creyentes es entonces menguar cada día, creer en su Palabra e identificarnos con esa obra de Cristo, obra que nos dice que ya no vivimos nosotros sino Cristo en nosotros, para que así por medio de la fe el Espíritu Santo actúe diariamente en nuestras vidas y terminemos reflejando en nuestros corazones, el precioso corazón de Jesucristo.  Oración.

«Padre, que mi vida y corazón tan sólo sean un reflejo de tu Hijo Jesús; sé que esto no es algo imposible de experimentar, pues gracias a la obra de Jesús, sé que quien vive ahora no soy yo sino tu Hijo Jesucristo, así lo he creído porque escrito está, Tu Santo Espíritu me lo ha revelado y Él mismo es quien me llevará a evidenciarlo en mi vida. Amén.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

El Amado

 


El Amado

“Mi amado es mío, y yo suya; Él apacienta entre lirios.” Cantares 2:16.

“para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,” Efesios 1:6

Como una pareja de enamorados, así podemos entender la relación que existe entre Cristo y su iglesia, es decir, entre cada uno de nosotros y el Amado del Padre.

Una pareja de esposos se corresponde mutuamente, han dejado de ser para sí mismos y se han ofrecido el uno al otro en un acto de amor, de reciprocidad, de entrega fiel y total (1 Corintios 7:4).

Cristo es el Amado de Dios y nosotros somos sus amados (Colosenses 3:12), Él se entregó por nosotros y nosotros le hemos entregado a Él nuestro corazón; entonces, ya no vivimos para nosotros mismos sino para Cristo. Este hecho nos lleva a afirmar como dice la escritura “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15).

Entonces, pertenecemos a Cristo por la abundante gracia de Dios, pues Él nos amó primero y se entregó por nosotros en la cruz para darnos vida eterna, por lo tanto, Dios nos aceptó por medio de la fe en aquel de quien con su propia voz declaró: “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17).

¿Qué implica para tu vida saber que eres aceptado y también el amado de Dios por medio de Cristo? La respuesta nos la da el apóstol amado por Jesús, llamándonos por lo que somos, en 1 Juan 4:7 escribe por el Espíritu “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”.

Hermano, que tú y yo seamos amados y aceptados por Dios, por medio de la fe en el Amado, implica que ahora nos amemos unos a otros, para revelar el gran amor de Dios y su gloria eterna. Así que, no tardemos en expresar y revelar a todo el mundo el gran amor de Dios que habita en nuestro corazón.   Oración.

«Padre, me has amado en Cristo Jesús, en tu Hijo amado, para que ahora yo muestre ese inmenso amor a los demás; guía cada día de mi vida con tu Espíritu Santo para aprovecharlo practicando el amor al prójimo. En el nombre de Jesús, Amén. 

martes, 16 de septiembre de 2025

Nuestra esperanza de conocimiento y crecimiento está en Dios

 


Nuestra esperanza de conocimiento y crecimiento está en Dios

“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” Romanos 9:16

“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” 1 Corintios 3:6-7

“estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” Filipenses 1:6

Leer la Biblia por horas, ponernos rutinas de oración, ser diligentes en asistir a los cultos de la iglesia, dejar de escuchar música secular para solo escuchar música cristiana, abstenernos de comer o beber ciertos alimentos y cualquier tipo de práctica religiosa que podamos conocer o imaginar, no asegura que haya en nosotros un verdadero conocimiento, crecimiento y transformación. No es que estas obras no se deban hacer, sino mejor la conciencia, modo y motivación con la que las estemos haciendo.

Explicamos, una cosa es que nosotros en nuestras buenas y bonitas intenciones nos propongamos realizar cuanta práctica se nos ocurra o se nos presente poniendo nuestra confianza y esperanza en que por esas buenas obras que nos estamos esforzando por hacer, directa y lógicamente vamos a tener un mayor conocimiento, crecimiento y madurez. Algo muy diferente o contrario a esto, es que nosotros por la comunión del Espíritu Santo y en completa dependencia de nuestro Padre, confiando en la gracia de Jesús, seamos guiados de manera genuina, gozosa y continua a hacer o permanecer en este tipo de acciones que el mismo Señor nos llama a hacer (1 Tesalonicenses 5:17, Juan 15:7, Josué 1:8, Efesios 5:18-20).

Hermanos, la Palabra de Dios es clara y contundente, asombrándonos y confrontándonos muchas veces con respecto al hombre y sus buenas obras, vemos esto en las citas bíblicas del día, que precisamente no le dan mérito al de buenas intenciones o al que es diligente, sino que dice, todo depende de Dios que tiene misericordia, así mismo expone que nuestro crecimiento no viene por el tipo de persona por la cual somos enseñados o instruidos, sino que dice “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” Y finalmente afirma, que Dios que comenzó en nosotros la buena obra es quien la perfecciona hasta el día en que Jesucristo vuelva.  Oración.

«Padre, sé que mi conocimiento, crecimiento y madurez no viene por mis capacidades, mis buenas intenciones o mis mejores obras, entiendo y reconozco que eres Tú por la gracia de Jesús y la comunión de tu Espíritu Santo, quien cada día me hace apto en toda obra buena para hacer tu voluntad, haciendo tú en mí lo que es agradable delante de ti por Jesucristo, a quien pertenece la gloria por los siglos de los siglos, amén.

lunes, 15 de septiembre de 2025

Poder para perdonar

 


Poder para perdonar

“Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.” 2 Corintios 2:10-11

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” Efesios 4:26-27

El enojo, la falta de perdón o la ira prolongada, dice la Palabra, que son puerta de entrada a nuestro corazón de nuestro enemigo Satanás. Si bien podemos tener momentos de exasperación por cuanto las emociones y los sentimientos de este tipo hacen parte de nuestra naturaleza, lo que dice el Señor es que no debemos permanecer en ellos por mucho tiempo y mucho menos actuar bajo sus efectos.

La instrucción clara y precisa que nos da la Palabra de Dios en estos casos, para que guardemos nuestro corazón y nuestras relaciones de las maquinaciones del enemigo, es que nos mantengamos firmes en nuestra fe (Efesios 6:16, 1 Pedro 5:8-9). Muy probablemente nosotros de antemano conocemos cuál es la voluntad de Dios para estos momentos, sabemos y entendemos que el Señor nos llama a perdonar y no a mantenernos enojados, de hecho su Palabra en Mateo 6:12 expresa “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.”

Hermanos, el Señor cada día renueva su misericordia con nosotros, Él por Jesucristo y desde la eternidad ha decidido perdonar cada una de nuestras ofensas y pecados, y dice su Palabra que de la misma manera en que Él nos ha perdonado a nosotros en Cristo, debemos también perdonarnos unos a otros y ser misericordiosos, pues si Él nos perdonó una deuda tan grande que para nosotros era imposible de pagar, ¿cómo nosotros no hemos de perdonar a nuestro prójimo una deuda que en comparación es mucho más pequeña? (Efesios 4:31-32, Mateo 18:21-35).

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” Mateo 18:21-22. Hermano, no permitas que endureciendo tu corazón a la Palabra de Dios, Satanás tome ventaja, mejor, sométete a Dios, resiste al diablo y él huirá de ti (Santiago 4:7).    Oración.

«Padre, sé que en mí no está el perdonar a mi hermano las veces que él me pueda ofender, realmente no es mi deseo ni lo que siento, pero sé que es tu voluntad y más aún, es lo que Tú haces conmigo diariamente, por eso hoy me rindo ante ti reconociendo y sabiendo que solo el poder de tu fuerza me fortalece para sentir y hacer según tu Palabra me dice, amén.

domingo, 14 de septiembre de 2025

Guiados en el camino eterno

 


Guiados en el camino eterno

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 14:6

Hay días en los que, por diferentes circunstancias, estamos tentados a caminar por camino de perversidad, quizá algún disgusto, desacuerdo, inconformidad o injusticia presentada con las personas que convivimos, o tal vez con nuestros familiares o amigos, pues es por medio de nuestras relaciones interpersonales que nuestras emociones, pensamientos, sentimientos y reacciones se pueden ver fácilmente alteradas. Sin duda, al ser estas personas de algún modo tan importantes para nosotros, nos resulta difícil no conmovernos, disgustarnos, entristecernos o alterarnos y de esta manera buscar responder o resolver según nuestra propia sabiduría nos dicte o lo que nuestra alma dictamine.

Sin embargo, Jesús siempre está a la puerta de nuestro corazón llamando, su Santo Espíritu que en nosotros mora nos susurra al oído recordándonos que ese camino es perverso y que solo trae destrucción, muerte y división (Romanos 8:6). Pero no solo ello, el Espíritu Santo no solo está para avisarnos o advertirnos, sino que su poder que en nosotros actúa nos da la fuerza y la decisión para acercarnos ante el trono de la gracia de Dios (Efesios 1:19-20, 3:16). Y entonces allí, con nuestra alma derramada ante el Señor, y con una actitud de total rendición, conforme dice el Salmo de hoy, le entregamos a Él nuestro corazón y pensamientos, sabiendo y reconociendo que Él es el único que nos puede sacar de tal camino de perversidad y guiarnos en el camino eterno.

Hermanos, el camino eterno es Jesucristo (Juan 14:6), y cuando estamos ante el trono de la gracia de Dios, nuestros pies y todo nuestro ser es encaminado hacia Él, logrando así que nuestra vida se conecte con Su vida, y entonces así en completa unión y comunión con su Santo Espíritu, andar en Él, es decir, en amor, santidad, misericordia, humildad, paciencia y benignidad (Colosenses 2:6, Gálatas 5:16, Colosenses 3:12-14).   Oración.

«Padre misericordioso, gracias por tener compasión de mí en mis momentos de debilidad y tentación, gracias por tu Espíritu puesto en mí para revelarme, guiarme y fortalecerme en Jesucristo, en Él te doy todo el honor y la gloria por sacarme del camino de perversidad y guiarme en el camino eterno, amén.

sábado, 13 de septiembre de 2025

Somos cartas de Cristo

 Somos cartas de Cristo

“siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.” 2 Corintios 3:3

La Palabra de hoy tiene un mensaje muy conmovedor, hermoso y motivador, pues dice que nosotros los hijos de Dios somos carta de Cristo escrita con el Santo Espíritu de Dios, y es que su Palabra en 2 Corintios 5:17 nos revela “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

De manera que, no importa que tan oscuro haya sido nuestro pasado, cuantas cicatrices, secuelas o marcas tenga nuestro cuerpo a causa del pecado de ayer, de la esclavitud en la que nos encontrábamos antes de conocer a Cristo, porque una vez que depositamos nuestra fe en Jesús y lo recibimos en nuestro corazón como nuestro Señor y Salvador, Dios derramó su Santo Espíritu en nosotros, quien a partir de ese momento comenzó a escribir una nueva historia de nuestra vida, donde por su puesto el protagonista ya no es cada uno de nosotros, sino el Señor Jesús nuestro redentor.

Efesios 2:10 dice “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Hermanos, que esta Palabra que nos recuerda el grandioso amor y la infinita misericordia de Dios en Cristo para con nosotros cuando aún éramos sus enemigos y estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, nos reafirme nuestra identidad y propósito, recordando que ya no somos esclavos del pecado, sino hijos de Dios, y que ya no vivimos por nosotros mismos ni para nuestra propia reputación o representación, sino que nuestra vida está en Cristo y es Él por su Espíritu, quien ahora dirige nuestra vida, escribiendo en nuestro corazón cada línea de esa carta que quiere hacer de cada uno de nosotros, para lectura y bendición de nuestro prójimo y por supuesto, para gloria de Dios.  Oración.

«Padre, gracias por eso nuevo, precioso y valioso que has hecho de mí por tu Santo Espíritu y la obra de Jesucristo, mi Señor y Salvador; gracias por recordar y afirmar mi propósito en esta tierra por la revelación de tu Palabra, ahora sé que mi vida es una carta de Cristo y que el contenido en ella escrito por tu Santo Espíritu en mi corazón, es para tu gloria cuando sea visto y leído por cada persona, amén.


viernes, 12 de septiembre de 2025

Nuestra vida es para Jesucristo

 


Nuestra vida es para Jesucristo

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” 2 Corintios 5:14-15

Hermanos en Cristo, el mensaje del evangelio, la palabra de la cruz tiene una contundencia tal que cuando la entendemos de manera clara y revelada, nuestra vida tiene una verdadera transformación y propósito.

Por diferentes motivos, muchos de nosotros creemos inicialmente o aún seguimos creyendo que por haber buscado a Dios y tener el anhelo de vivir según sus mandamientos, entonces Él nos va a recompensar concediéndonos todo lo que nuestra alma desea, en otras palabras, pensamos que acercándonos a Dios se van a resolver todos nuestros problemas y vamos a tener una mejor calidad de vida; y esto en sí no es falso, pero sí tiene una base o motivación errada y es básicamente pensar que todo gira alrededor nuestro, y esto sí es totalmente equivocado.

Hermano, toda la Palabra de Dios se centra en Jesucristo, y en Colosenses 1:15-16 se nos revela que todo fue creado en Él, por medio de Él y para Él; ahora bien, nosotros que hemos creído en Él como nuestro Señor y Salvador, la Escritura nos dice que si Él murió por nosotros, nosotros también hemos muerto con Él y así como Él resucitó nosotros también resucitamos con Él y aquí está el propósito: “para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” 2 Corintios 5:15.

Cuando nosotros cambiamos nuestra manera de pensar y con ello nuestro enfoque (como veíamos en el devocional anterior), pasando de nosotros a Cristo, entonces se cumple en verdad la promesa del Señor registrada en Juan 10:10 “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Esta vida abundante es por supuesto la vida de Cristo manifestada en nosotros, esa vida en el Espíritu que se ocupa y pone su mirada, no en las cosas de la tierra, no en sí mismo, no en el mundo, sino en lo celestial donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, y que entonces como resultado todo lo que en ella se evidencia es la gloria de Dios (Colosenses 3:1-4), es decir, a Cristo mismo y su fruto de paz, abundancia y plenitud (Juan 1:14,16, Romanos 8:6).   Oración.

«Amoroso Señor, gracias por tu Espíritu Santo que mora en mí y en todo el que tiene su fe en Cristo Jesús; te damos honra, gloria y alabanza, porque si no es por Él que nos revela tu Palabra, propósito, voluntad y misterios, jamás los podríamos entender; te damos gracias confiando en que así como Cristo nos ha sido revelado también por tu Espíritu será cada día más manifestado en nosotros y a través de nosotros, amén.