Arraigados y cimentados
“para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”. Efesios 3:17-21.
Concluimos en el devocional anterior la importancia de que el creyente esté arraigado y cimentado en amor. Justamente, la palabra “amor” proviene del griego ἀγάπη (ágape) y hace referencia a la esencia misma y naturaleza de Dios, pues las Escrituras nos recuerdan que Dios es amor (1 Juan 4:8).
Lo que el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos enseña es que por medio de la fe en Cristo y permaneciendo en Él, arraigados y cimentados en su amor, seremos plenamente capaces no solo de comprender el sobreabundante y extraordinario amor de Cristo, sino también de recordar en todo momento que Dios no necesita ayuda, pues, como lo expresa el versículo 20, Él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”.
Si Abraham y Sara hubieran permanecido firmes en la raíz verdadera, que es Cristo, y no hubiesen permitido el surgimiento de raíces aéreas, la historia habría sido diferente y las consecuencias de aquellas decisiones equivocadas podrían haberse evitado. Precisamente de esto quiere advertirnos el Señor: del peligro de permitir que se desarrollen en nosotros raíces que no provienen de Él.
En este día, el Espíritu Santo nos dice: “Ríndete a Dios y permite que Cristo viva a través de ti, pues solamente cuando estés arraigado y cimentado en su amor echarás raíces profundas que te mantendrán firme. Déjame actuar con poder en tu vida y experimenta cada día lo que significa que Cristo viva en ti”.
Hermanos, la conclusión de toda esta serie de devocionales es que no hemos sido llamados a ser Monsteras que desarrollan raíces aéreas, sino pámpanos que dependen por completo de la única Vid verdadera, Jesucristo, y que estamos llamados a llevar el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23). Oración.
Padre, cada vez que quieran emerger en mí raíces aéreas, recuérdame, por medio de la revelación de tu Santo Espíritu, quién eres tú y cuáles son tus atributos. Tú eres todopoderoso, fiel, Padre de toda verdad, inmutable y siempre cumples lo que prometes. Al mantener estas verdades presentes en mi mente y creer lo que me revelas a través de tu Palabra, echo fuera todo temor y todo aquello que se levanta en contra de tu conocimiento. Amén.