domingo, 5 de julio de 2026

Un llamado a la adoración y a la obediencia

 


Un llamado a la adoración y a la obediencia

“Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto”. Salmos 95:1-8

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio”. Hebreos 3:12-14

Nuestro Gran Dios nos está haciendo un llamado a la adoración, a acercarnos a Él, con gratitud y gozo, reverenciándolo porque es la “Roca de nuestra Salvación”, nuestro Soberano Creador, Dueño de todo y nuestro Amante Pastor. Nos invita a arrodillarnos y postrarnos en su Presencia.

Nos dice que, si tan solo escucháramos su voz, nuestro corazón estaría más dispuesto para obedecerle a Él. Porque ciertamente un corazón endurecido nos lleva a la rebeldía y a la desobediencia, como le sucedió al pueblo de Israel en Masah y Meriba, donde su incredulidad y el no someterse a la voluntad de Dios les impidió entrar en su reposo. ¿Cuál fue la causa de su desvío allí? Se quejaron y dudaron de que Dios podría proveer para sus necesidades. Realmente dudaron de la presencia de Dios en aquella situación. El resultado fueron cuarenta años dando vueltas en un desierto, sin poder llegar a la tierra prometida.

Dios hoy quiere recordarnos que somos su pueblo y nos hace un insistente llamado a entrar en su descanso y la salvación que ofrece Jesucristo. Para ello debemos tener una actitud de humildad delante de Él, reconociendo lo que somos, pecadores con una gran necesidad espiritual que solo el Señor puede llenar; eso hace que su mano se mueva en favor de nosotros y comience su obra de renovación en nuestra vida personal. Es cuando nos humillamos delante de Dios que podemos escuchar su voz.

Los creyentes debemos preguntarnos: ¿qué nos impide disfrutar de su reposo, si ya tenemos a Cristo en nuestra vida? ¿No será falta de fe o el engaño del pecado? ¿No será dudar de su Presencia en cualquier situación que nos parece difícil?

El salmista nos exhorta a que ahora no perdamos nuestro reposo (Hebreos 3:7-11), descansando en Jesús y en su obra de Redención, disfrutando cada día el estar en su Presencia y nos recuerda cuán amoroso es, que un Dios tan infinito, tomara tanto interés personal en nosotros para hacernos su pueblo y cuidarnos como sus ovejas, realmente es asombroso. Esto debe siempre ser motivo de gozo, ánimo y adoración.    Oración.

Señor, ¡eres el Rey grande sobre todos los dioses! y en esta mañana puedo ver tu grandeza y majestad; cómo sostienes el universo, cómo has formado los valles, los imponentes montes y el majestuoso mar, afirmaste entre tus manos la tierra y formaste a tu pueblo con tu mano poderosa. Eres mi Hacedor y mi Dios, quiero escuchar tu voz y tener un corazón entendido para obedecerte, en el Nombre de Jesús, amén.