El fundamento sobre el alma
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”, 1 Tesalonicenses 5:23
Vamos a reflexionar en el tema del alma, pero debemos entender que somos seres integrales, espíritu, alma y cuerpo. Es decir, no podemos particionar el alma y abordarla o trabajarla como algo independiente, es fundamental entender que somos un ser integral; el hecho de diferenciar no significa dividir, sino conocer su funcionamiento conectado a algo mucho más profundo y determinante: la realidad espiritual.
Somos seres espirituales, tenemos un alma y habitamos un cuerpo.
Lo segundo, es que ese orden (espíritu, alma y cuerpo) define la prioridad funcional, o el cómo funcionamos como seres creados a imagen y según semejanza de Dios. Lo abordaremos paso a paso en los próximos devocionales.
El tercer fundamento que debemos abordar, es que tenemos que profundizar sobre la salvación del alma. Reducir la salvación a una solución personal para no ser enviados al infierno, es una simplificación extrema que causa confusión y perpetúa la inmadurez. Si bien la intención de algunos maestros es ayudar a las personas nuevas en la fe a entender estos conceptos, si la simplificación se perpetúa se detiene el crecimiento. El llamado de los apóstoles en sus cartas, coincide en que debemos avanzar hacia la madurez para lograr un fruto perdurable y un crecimiento como cuerpo de Cristo, que refleje el diseño y propósito de Dios (Hebreos 6:1-2, 2 Pedro 1:8, Efesios 4:14-16).
Finalmente, ¿Por qué es importante distinguir entre el espíritu y el alma? Porque conocer esta diferencia determina en gran manera nuestra vida espiritual; si no conocemos esta diferencia y cómo funciona de manera integral esta dinámica, ¿cómo podremos entender la vida espiritual? Y si no entendemos la vida espiritual, ¿cómo vamos a crecer en ella?
En conclusión, vamos a profundizar en el estudio del alma, pero con sentido integral, con el objetivo de disfrutar de la vida eterna y la plenitud que se nos ha dado por gracia en Cristo Jesús. Oración.
Padre, por la gracia de Cristo y el poder de tu Espíritu en mí, guíame a avanzar hacia la madurez, para experimentar la realidad de la nueva vida que tengo en Cristo y gozar de tu plenitud, no quedándome en mi propio concepto de ti, sino ver a Jesús, expresado en todo lo que hago, para gloria de tu nombre, amén.