viernes, 10 de abril de 2026

Caminar en la Verdad

 Caminar en la Verdad

“El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros: Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor. Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros”. 2 Juan 1:1-5

Aquí el apóstol Juan se identifica como el “anciano,” sugiriendo que era mayor que otros cristianos y que podía aconsejarlos gracias a su conocimiento y fe más madura, ya que en ese entonces la iglesia estaba siendo atacada por maestros itinerantes que propagaban herejías y perturbaban la fe los creyentes.

Esta carta describe a la iglesia como una familia unida por lazos de amor, con sus miembros ofreciéndose hospitalidad unos a otros; sin embargo, ambiciones egoístas y celos amenazaban la fraternidad de la iglesia, por eso, Juan los exhorta a dejar esas actitudes y a esforzarse por mantener las relaciones de amor entre sí.

Les advierte de tener cuidado a quiénes deberían recibir y a cuáles rechazar en sus casas, reconociendo a los que eran genuinos creyentes de aquellos que enseñaban herejías y negaban la encarnación de Jesús, y se habían separado de la verdadera doctrina. La señora elegida quizás se refería a una respetable madre cristiana cuyos hijos perseveraban en la fe y que era ejemplo para otros, o a la misma iglesia representada como una familia.

Juan presenta a Jesús como la Verdad en la cual debemos andar. Caminar en amor es la evidencia de que Él vive en nosotros. Nos alienta a seguir mostrando hospitalidad hacia nuestros hermanos, además nos recuerda que debemos recibir a Jesús como el Hijo de Dios, presentando tanto la deidad de Cristo como su humanidad, porque todo el que niega la verdad fundamental sobre la persona divina y humana de Cristo no tiene a Dios. Juan ve en el compañerismo un rasgo distintivo de la vida cristiana dando testimonio de la verdad concerniente a la persona de Cristo. todo esto nos insta a nosotros a reconocer fielmente a Jesús y a distinguir las falsas doctrinas que hoy están surgiendo en el mundo en contra del Ungido de Dios, su Hijo amado.

Las palabras de Juan escritas con ternura, no nacen de la teoría, sino de una vida sumergida en Cristo; y al pensar en la iglesia, como sus hijos espirituales se llena de gozo, porque algunos están andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Entonces, como quien recuerda algo esencial que nunca debe olvidarse, añade en 2 Juan 1:5: “y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros”. Como lo enseñó el Señor Jesús y que marcó la vida de sus discípulos, porque el amor no es una nueva idea, sino una medida más alta que debemos alcanzar por medio de Cristo y es amar como Él lo hizo. Veamos Juan 13:34 “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”.

Andar implica movimiento diario, decisiones constantes, pasos visibles, significa que el amor se debe notar en cómo hablamos, cómo respondemos, cómo perdonamos, cómo servimos, incluso cuando nadie nos ve. Por eso Juan reafirma en 2 Juan 1:6: “Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”  Oración.

Señor, caminar en amor es la evidencia de que tú vives en mí, es elegir hoy paciencia cuando quiero reaccionar, es extender tu gracia cuando preferiría justicia, es decir la verdad, pero con ternura como lo hizo el apóstol Juan. Es permanecer fiel aun cuando amar duela, y mientras camino así, descubrir que tú obras a través de mí. Señor camina conmigo, que cada paso que dé, esté alineado con tu voluntad y que mi obediencia a tus mandamientos sea el fruto de un corazón que te ama, amén.



jueves, 9 de abril de 2026

 Plantados en la presencia de Dios. Parte 2

“Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia”. Salmos 92:14-15

Ayer aprendimos a través del Salmo 92:12-13, que florecemos y damos fruto plantados en la Presencia de Dios. La experiencia de vida de un creyente fiel a Dios debe ser que fructifique aun en la vejez, siendo ejemplo para aquellos que apenas están creciendo. Los versículos del 14 al 15 nos describen la prosperidad, fortaleza y longevidad espiritual del justo, que, como el cedro del Líbano, sigue dando fruto, manteniéndose fuerte, vigoroso y testificando de la rectitud de Dios, porque ha permanecido plantado en la casa de Dios, en su Presencia, dependiendo de Él en cada temporada de su vida.

Tanto la palmera, como el cedro del Líbano representan la rectitud, la victoria y la capacidad de florecer en ambientes difíciles, como en el desierto, porque en sus años de caminar con el Señor ha florecido no por sus fuerzas, sino por la gracia que recibe. Estos árboles, con lo que es comparado, simbolizan la fuerza, la firmeza, la longevidad porque ha aprendido a confiar y esperar en Dios en medio de los desafíos de la vida. Recordemos lo que dice Isaías 40:29-31 “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.

El verdadero crecimiento no ocurre fuera de la voluntad de Dios, sino en la comunión continúa con Él. Estar plantados significa estabilidad, perseverancia y cercanía a Dios, que es la fuente de vida que asegura la vitalidad espiritual.

A diferencia de las filosofías de este mundo, donde la vejez se ve muy a menudo como una etapa de decadencia, la Palabra de Dios promete que el justo seguirá dando fruto aun en su vejez, porque la energía espiritual y la vitalidad interior no dependen de él, sino del poder del Espíritu Santo que habita en su vida, incluso cuando su cuerpo físico envejece, como lo dice 2 Corintios 4:16 “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”.

Hemos sido trasplantados al reino de Dios y colocados en una nueva posición por el plan y trabajo del Jardinero, nuestro Señor Jesucristo. Nos ha adoptado como sus hijos y nos ha otorgado la seguridad de estar en su Presencia. Por eso ahora más que nunca debemos anunciar más fuerte que Jesús es nuestro Señor y Salvador, nuestra Roca fuerte y entre más años de edad tengamos, más determinación espiritual debemos tener para proclamarlo.

Entonces no hay excusas para cumplir con nuestro objetivo final en esta tierra, tanto jóvenes como ancianos, debemos entender que nuestro propósito es anunciar que Dios es recto, que es fiel y justo. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Refleja nuestra vida la rectitud de Dios ante los demás, sin importar la edad? ¿Qué frutos estamos dando hoy?    Oración.   

Mi amado Señor, que el justo florezca como la palmera significa estar firme por encima de las circunstancias de la vida. Que veas en mí, un hijo recto, fuerte y sólido que ha aprendido a confiar y a esperar en ti cualquiera que sea la temporada que esté viviendo. Solo por tu Santo Espíritu tengo la fortaleza y vitalidad que necesito para seguir adelante, produciendo siempre frutos espirituales, siendo fiel hasta el final y enseñando a mi generación la experiencia de servicio a ti, desafiándolos a crecer en tu Presencia y florecer espiritualmente. Amén.



miércoles, 8 de abril de 2026

Plantados en la presencia de Dios.

 Plantados en la presencia de Dios. 

“El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán”. Salmos 92:12-13

Permíteme hacer la siguiente analogía para poder entender la necesidad que tenemos como hijos de Dios de perseverar en la fe y crecer cada día dependiendo de Jesús. Pensemos en un jardinero que trasplanta diariamente una planta de un lugar a otro, jamás permitirá que eche raíces y su futuro será la muerte. Igualmente, el anhelo de Dios es que nuestra vida espiritual florezca y dé fruto permanente, esto solo podrá lograrse si permanecemos plantados en la presencia de Dios.

Para que esto suceda debemos atender algunos consejos de su Palabra:

1-Permanezcamos donde Dios nos plantó. Juan 15:4-5 nos dice: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. “Permanecer” viene del griego “méno” que significa “quedarse” ya sea en un lugar, estado o relación que perdure, permanezca y persevere, por eso, hemos sido plantados en Cristo, para tener vida de comunión con Él y dar mucho fruto.”

“Permanecer” también, simboliza la actitud de alguien fiel, persistente y determinado, todo esto va ligado al fruto que podemos dar como cristianos, moviéndonos por convicciones, no por emociones. ¿Entonces, cómo podremos permanecer? 1 Juan 2:24 nos dice: “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”. Es darle valor a la verdad del evangelio, porque este nos asegura la promesa de la vida eterna.

2-Resistamos las condiciones adversas. Cuando el Señor dice: “El justo florecerá como la palmera”, nos compara con las palmeras, porque son árboles más resistentes a los vientos que otros, debido a su flexibilidad y estructura. Pueden soportar huracanes, gracias a sus raíces profundas, tienen troncos flexibles y hojas que se doblan para protegerse. Un tronco de una palmera puede doblarse de 40 a 50 grados sin romperse y sobreviven a vientos hasta de 233 kilómetros por hora. Muchas circunstancias intentan movernos de nuestra fe, pero debemos mantenernos arraigados en Jesús. Cuando Cristo es la Roca donde nos sostenemos podremos superar toda adversidad, Salmo 40:2 dice: “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”.

3-Seamos pacientes. Eclesiastés 3:1 dice “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Cada planta tiene un tiempo específico para florecer, establecido por Dios, pero, para que dé fruto demanda cuidado y nutrición. Hay que limpiarle las malezas y alimentarla adecuadamente.

Este principio también aplica a nosotros que a veces nos desesperamos porque queremos recibir lo que pedimos en el tiempo que consideramos oportuno, pero olvidamos que el tiempo de Dios es perfecto y Él responderá en el momento preciso. No desmayemos porque pronto veremos el fruto de Dios en nuestras vidas, si continuamos nutriéndonos de su Palabra y limpiándonos de todo aquello que impide nuestro crecimiento espiritual, y de permanecer en íntima comunión con Él.   Oración.

Gracias Padre celestial por haberme colocado en Cristo Jesús al creer en su obra redentora en la cruz. Ayúdame a perseverar en mi comunión cada día, plantado en su presencia. Sólo puedo permanecer arraigado en mi amado Salvador, para dar mucho fruto, perseverar en la fe y crecer en su conocimiento, dando testimonio de su infinito amor con mi vida y anunciando las buenas nuevas de salvación para el mundo, amén.  



lunes, 6 de abril de 2026

Quiero ser trigo, no cizaña

 Quiero ser trigo, no cizaña

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”, Juan 12:24-25

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”, Romanos 6:4

Así que, si queremos ser trigo y no cizaña, debemos hacer lo que el mismo Señor Jesús nos dice en Juan 12:24 “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Lo primero, es saber que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo, conforme dice Romanos 6:6: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”

Aunque se escribe en pasado “fue”, éste es, un hecho consumado eterno que se hace verdad o realidad presente en todo aquel que cree en Cristo.

Esta es la experiencia de todos los que creemos en Jesús.

Jesús nos sustituyó en la cruz, pero al mismo tiempo, nuestro viejo hombre, el que representa la suma total de todo lo que heredamos de Adán, fue crucificado juntamente con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado’ (Romanos 6:6b).

Y lo segundo, debemos entender profundamente lo que revela Juan 12:25: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”; la palabra ‘vida’ en las dos primeras frases vienen del griego “Psique” y su significado se relaciona con el alma, mas la última palabra, para vida, viene del griego Zoe, que en el contexto bíblico aparece cuando se habla de “vida eterna”, como por ejemplo en Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Esto significa que si quiero verdaderamente crecer como el trigo y dar fruto, debo negarme a mí mismo, a la vida del alma; no confiar en lo que yo pienso, siento o hago, sino que mi pensar, mi sentir y mi obrar, sean el de Cristo.

Morir en mi, para llevar mucho fruto.

Es decir, la propia vida eterna de Cristo en mí, surge o se expresa libremente cuando no confío en mí mismo, en mi propio corazón, sino solamente en Jesús. (Jeremías 17:9)

Cuando tenemos el testimonio del Espíritu Santo, de nuestra muerte y resurrección juntamente con Cristo y de que nuestra entrega es completa, entonces podemos reconocer por la fe, que:

-Cuando Jesús murió, yo morí

-Cuando Jesús fue sepultado, yo fui sepultado

-Y cuando Él resucitó, yo también resucité para andar en vida nueva.  Oración.

Padre, se que ya no vivo yo, que mi vida está escondida con Cristo en ti, pues fui unido a Él, por medio de la fe, te alabo y te bendigo mi Dios, porque me has rescatado del pecado y del maligno, me has dado vida nueva por el poder de tu Espíritu, amén. 



domingo, 5 de abril de 2026

La resurrección de Cristo, realidad de la fe

 La resurrección de Cristo, realidad de la fe

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí”. 1 Corintios 15:3-8

En este pasaje el apóstol Pablo hace una recapitulación sobre el evangelio que él le llevó a los corintios, y enfatiza que es algo que él no se ha inventado, sino que había recibido del Señor y luego les transmitió a ellos: la noticia del Señor Resucitado. El evangelio es revelado a nuestros corazones por medio de su Santo Espíritu a través de la iglesia, como cuerpo de Cristo, manifestando los dones repartidos según su voluntad a cada miembro, y en el cuál debemos permanecer firmes, reteniendo la Palabra que se nos ha predicado y enseñado. La primera función de la Buena Noticia es dar estabilidad a los creyentes y afirmarlos en la fe, para que aprendan a vivir como hijos de Dios en medio de este mundo caído que constantemente quiere que resbalemos y nos dejemos tentar por sus deseos, por eso, el evangelio de Jesús nos da el poder para resistir, porque hemos creído en un Dios Vivo, que se manifiesta en nuestra vida.

Como en Job 4:3-4 dice la Escritura: “He aquí, tú enseñabas a muchos, y fortalecías las manos débiles; al que tropezaba enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían”. En el contexto del Nuevo Testamento, el escritor de Hebreos también afirma esto en el verso 12:12-13 “Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado”.

Hay muchas cosas en la vida que intentan quitarnos la fe, lo que nos sucede, los problemas que enfrentamos que parecen insolubles; situaciones que necesitamos resistir con el poder del evangelio. Pablo nos exhorta a afianzar la fe, por eso habla de la resurrección y hace una lista de las apariciones del Señor Resucitado a varias personas, para que tengamos confianza en que su Palabra es verdad y que Él está con nosotros hasta el fin del mundo. Si el Señor no hubiera resucitado nuestra fe sería vana.

El relato más antiguo de la resurrección está en la aparición a Pedro, el discípulo que lo había negado, quien había ido al sepulcro a corroborar lo que las mujeres habían visto y que el mensajero de Dios les había comunicado “Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo”, Marcos 16:7. Toda la gracia y el amor de Jesucristo manifestados hacia Pedro. Otros lo habrían descartado para siempre; pero Jesús no quería más que levantar a su discípulo errático y afirmarle sobre sus pies. En Lucas 24:34 dan testimonio los otros discípulos de la aparición a Pedro: “que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón”.

Luego Pablo les dice que se le apareció a Santiago (Jacobo), 1 Corintios 15:7. El hermano del Señor, que no creyó en Él sino hasta que lo vio resucitado.

Una de las cosas más conmovedoras de toda la historia de Jesús es que sus apariciones después de resucitar fueron primero para hombres que le habían fallado y que lo sentían.

Por último, para Pablo, la aparición de Jesús camino de Damasco, fue lo más precioso que le pudo haber pasado, porque lo llevó a un cambio radical y a experimentar el momento más dinámico de su vida, 1 Corintios 15: 9-10, nos dice mucho acerca de eso. Se consideraba el menor de los apóstoles; había sido agraciado con una misión de la que no era digno. Era lo que era por la gracia de Dios.

Esto nos debe llevar a reflexionar sobre nuestro encuentro con el Cristo Resucitado, si realmente hemos tenido ese encuentro, nuestra vida nunca puede volver a ser igual. Esto se experimenta cuando tomamos conciencia de que Cristo vive en nosotros, que su naturaleza divina está en nosotros por el poder y la Presencia de su Espíritu, por eso, nuestro pensar, sentir y actuar deben ser los de Cristo que mora en nosotros. El evangelio es más que el perdón de los pecados, incluye la resurrección de Cristo y la subsecuente renovación de todo lo creado. La resurrección debe ser una experiencia en nuestra vida y nuestra mayor esperanza.   Oración.

Señor Jesús, gracias por permitirme abrazar la verdad del evangelio, por tener ese encuentro personal contigo mi Dios vivo, gracias por transformar mi vida con esta verdad y entender que ya no vivo yo, sino que tu vives en mí. Quiero que te manifiestes a través de mi vida, hacer visible tu amor en la manera como amo a otros, quiero que cuando la gente vea mi vida, te vean a ti en el centro, reenfoca mi corazón y mi mente en ti, mi tesoro eterno, amén.   



sábado, 4 de abril de 2026

 Su muerte daría vida

"Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará". Juan 12:23-26

"Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! Marcos 11:7-10

Cuando Jesús dijo estas palabras muchos de sus oyentes, entre ellos unos griegos interesados en conocerle no las entendieron, Jesús estaba visualizando su muerte en la cruz y veía cómo produciría vida para muchos. ¿Cuál era la sorprendente paradoja que Jesús estaba enseñando? Estaba diciendo tres cosas, que son una verdad central de la fe y de la vida cristiana. En primer lugar, estaba diciendo que sólo por medio de la muerte viene la vida. El grano de trigo es ineficaz e improductivo mientras se conserve. Cuando se arroja a la tierra y se entierra, es que muere y lleva fruto.

Recordemos que fue la muerte de los mártires lo que hizo que la Iglesia pionera creciera, fue la semilla que necesitaba morir para que la iglesia se dispersara y empezara a expandirse. Igualmente podemos aplicar este principio a nuestra vida espiritual, es sólo cuando morimos a nosotros mismos, cuando sepultamos nuestros intereses, ambiciones personales y nuestros propios deseos, que empezamos a serle útiles a Dios, porque comenzamos a dar fruto, dejamos fluir la Presencia de Cristo, entonces comenzamos a ver con sus ojos la necesidad a nuestro alrededor.

También el Señor estaba diciendo que la única manera de no perder la vida es darla. El que ama su propia vida está movido por dos motivos: el egoísmo y el deseo de seguridad. No una, ni dos, sino muchas veces insistió Jesús en que el que atesora su vida acaba por perderla, y el que la entrega es el que al final la conserva. Veamos Marcos 8:35 “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”.

Y por último Jesús estaba diciendo que la grandeza no se obtiene más que mediante el servicio. Las personas que el mundo recuerda son las que han servido a los demás con amor que es la verdadera riqueza de la vida.

Jesús vino al mundo con una nueva visión de la vida. Muchos consideran la gloria como conquista, adquisición y poder, pero Jesús veía la gloria como una cruz. Nos enseñó con su ejemplo, porque Él entregó su vida para el rescate de muchos y mientras caminó en esta tierra, mostró su grandeza sirviendo a todos los que lo necesitaban.

Pensemos por un momento cómo se sintió Jesús mientras iba camino a Jerusalén sabiendo que terminaría en su muerte, estaba a las puertas de cumplir con el gran plan de Dios, sabía que iba en la misión de eliminar la más grande barrera de separación entre Dios y el hombre, iba a romper el poder del pecado derrotando la muerte y trayendo liberación a la humanidad. Nada lo detendría de cumplir con su tarea, el cielo iba a abrirse, era el momento y la hora. Y sucedió que fue exaltado al entrar en Jerusalén, como “el que venía en el nombre del Señor”. Y la multitud gritaba: ”! Hosanna en las alturas ¡”, la frase “en las alturas” implica al máximo, al más alto grado, afirmando que el Elegido, el Cristo, el Mesías esperado finalmente había llegado.

Ahora entreguemos nuestra vida en gratitud a nuestro precioso Jesús, por todo lo que hizo por nosotros.   Oración.

Señor Jesús, hoy me uno a los gritos de exaltación para darte la gloria y la honra a ti porque cumpliste el plan de salvación para esta humanidad, tu muerte me dio vida, y vida en abundancia, por eso exalto y glorifico tu nombre por lo que hiciste en la cruz. Y recuerdo lo que dice tu Palabra en Filipenses 2:9-11: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre", amén. 



viernes, 3 de abril de 2026

Nuestro Cordero de Pascua

 Nuestro Cordero de Pascua

Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis". Éxodo 12:12-14

"Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados". Romanos 3:24-25

La celebración de la Pascua es posiblemente la festividad religiosa más importante del pueblo de Israel, recuerda que el éxodo del pueblo de Israel desde Egipto fue el principio de un drama divino escrito, producido y dirigido por Dios mismo. Antes de esto el pueblo de Dios estuvo en esclavitud durante 400 años y cuando llegó el momento, envió a Moisés para liberarlo del dominio de faraón. Al no dejarlo salir, el Señor envió plagas para que su pueblo fuera liberado, finalmente llegó la décima plaga: la muerte de los primogénitos. El Señor protegió la vida a sus seguidores quienes sacrificaron un cordero inmaculado y aplicaron su sangre sobre el dintel de sus puertas, para que al pasar el ángel de la muerte ningún primogénito de su pueblo muriera. Fue después de esta plaga que el faraón dejó ir a los israelitas.

Jesús celebró la fiesta de Pascua con sus discípulos y contó cómo la historia de la redención y liberación suprema de Dios para la humanidad esclava del pecado estaba a punto de realizarse a través de Él. Celebrando la última cena Jesús dijo en Lucas 22:19-20 “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”. Después de años de celebraciones de la Pascua con símbolos y pan sin levadura, la Pascua se hizo realidad en Cristo.

Al día siguiente, en el altar de la eternidad, en una cruz reservada para un criminal, Jesús, nuestro buen Pastor, se convirtió en el Cordero de Pascua y nuestro éxodo de la tierra de esclavitud del pecado y la muerte, nos trajo a una nueva vida en su reino eterno, como lo expresa Colosenses 1:13-14 “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

En este día que llamamos viernes santo, nuestro Señor Jesús fue golpeado, insultado, azotado, condenado injustamente, obligado a cargar nuestra cruz y luego fue clavado en ella y murió. En ese momento Jesús pronunció: “Tetelestai” que significa “está consumado”, Juan 19:30. La deuda fue pagada, el castigo había sido cumplido, la obra de redención de Dios para el hombre caído fue completa. La sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo había sido derramada sobre el altar de la eternidad, para darnos perdón de pecados, salvación y vida eterna, Juan 1:29. ¡Gloria a Dios!    Oración.

Amado Señor Jesús, hoy pienso en que hace 2000 años, tú, el Hijo de Dios, que sostienes el universo en tus manos, fuiste quebrantado y asesinado, clavado públicamente sobre una cruz y moriste no solo por mí, sino por toda la humanidad. Nuestros nombres estaban en tu corazón, nuestros rostros estaban en tu mente y nuestras almas fueron las que te mantuvieron en esa cruz hasta el final, entregaste tu vida por todos nosotros porque nos amas con amor incondicional. No tengo más que palabras de gratitud y alabanza por lo que hiciste allí, amén.