jueves, 17 de septiembre de 2026

Dios usa lo que tenemos para su gloria

 Dios usa lo que tenemos para su gloria

“Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano”. Éxodo 4:1-4

Cuando el Señor llama a Moisés, él no dijo: “amén, heme aquí”, sino que intentó dar una excusa para no obedecerlo. Dios solo le pregunta: “¿Qué tienes en tu mano?” Moises le contesta al Señor que tiene una vara. Era un palo que no tenía ningún poder, era un objeto de madera que se usaba para el pastoreo de ovejas. Así que esa vara representa el proceso que Moises había vivido. Pero Dios le muestra a Moisés que lo que ya tiene es suficiente para poder cumplir la misión que le había encomendado, liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto y sería el instrumento para Él manifestar su poder y su gloria.

Hay momentos en la vida donde podemos sentir o pensar que no tenemos nada para ofrecerle a Dios. Siempre nuestra oración está enfocada en lo que no tenemos, en lo que nos falta. Pero para el Señor no es así, Él comienza a usarnos con lo que tenemos a la mano. Y quizás, a veces es lo que ya hemos vivido, nuestra experiencia de vida, que Dios permite y que no sabemos por qué, pero que por su Espíritu, nos revela que es para manifestar su gloria en nuestra vida a partir de ahí.

Moises había estado pastoreando ovejas por muchos años, tal vez no era el oficio que de joven como príncipe de Egipto había soñado, tal vez no era el lugar donde quería estar, pero ese objeto era con lo que iba a manifestar autoridad, a mostrarle al pueblo lo que Dios le había hablado. La vara no era algo especial, pero Dios la usó para glorificarse, para mostrar su Señorío. Fue el instrumento de poder que usó a través de Moisés. Así que no era la vara, era la obediencia, era el proceso. Y he aquí la pregunta para cada uno de nosotros: ¿qué tenemos hoy a la mano? ¿qué nos ha entregado Dios? De pronto un talento, un don, o tal vez algo cotidiano, tal vez nuestro trabajo o lo que hemos estado recibiendo a través de todo este tiempo de la Palabra de Dios, o quizás una experiencia que marcó nuestra vida.

El Señor quiere que le creamos, puede ser una pequeña medida de fe, pero es suficiente para un Dios grande. Como dice Mateo 17:20 “Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”.

Tenemos las promesas de Dios, tenemos las armas espirituales: la oración, el ayuno, la Palabra. Quizás a veces nuestra oración es nuestro único recurso, pero Él empieza con eso, porque toda oración tiene el poder de cambiar situaciones. El Señor puede transformar lo natural en lo sobrenatural como lo hizo con Moisés, cuando usó su fe. Esto nos habla que la obediencia y la rendición a Él, es la clave para activar las bendiciones, para mover el poder sobrenatural de Dios, para ver los grandes milagros y las grandes manifestaciones. Pensemos que lo que hoy tenemos a la mano puede cambiar nuestro destino, nuestra familia o nuestra nación, tan solo si obedecemos y lo usamos para la gloria de Dios.   Oración.

Señor no es lo que yo pueda hacer, es lo que tú puedes hacer a través de mí. Hoy decido confiar en ti, aunque no entienda el proceso, aunque no vea la respuesta a mi necesidad. Aunque esté sin fuerzas y no sepa qué hacer. Quiero obedecerte y que me uses para tu gloria con lo que tengo, con lo que tú me has dado para hacer tu voluntad, En el Nombre de Jesús, amén.  



miércoles, 16 de septiembre de 2026

Paciencia, benignidad y bondad otras características de Cristo

 Paciencia, benignidad y bondad otras características de Cristo

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” 2 Pedro 3:9

“¿O menospreciais las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” Romanos 2:4

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” Tito 3:4-5

Las siguientes definiciones de paciencia, benignidad y bondad, nos ayudarán a entender mejor el mensaje de hoy: la paciencia es la disposición de Dios para dar a las personas la oportunidad de arrepentirse, ofreciendo gracia en lugar de juicio inmediato; la benignidad es la disposición interna de ser amable, compasivo y de tener un corazón predispuesto al bien; mientras que la bondad es la manifestación externa de esa disposición a través de acciones concretas y generosas; de esta manera la benignidad es el sentir, la bondad es el hacer.

Estas tres características del fruto del Espíritu, reflejan tres cualidades del carácter de Cristo, las cuales trabajan en conjunto con la finalidad de llevar a cabo el plan de salvación de Dios dispuesto para el hombre: primero mostrándonos la paciencia de Dios, dejándonos ver su deseo de que ningún hombre perezca, sino más bien que como resultado de esta paciencia que muestra el amor de Dios sean llevados a un arrepentimiento, es decir a un cambio de pensamiento para que puedan comprender por la revelación del Espíritu Santo las riquezas de la benignidad del Señor, es decir su profundo deseo de ser compasivo y misericordioso para guiar al hombre al arrepentimiento para el perdón de sus pecados, con la finalidad de llevarlo a disfrutar de la bondad de nuestro Salvador demostrada en la cruz, para que por medio de la fe en Cristo, al arrepentirnos y aceptarlo como nuestro Dios y Salvador personal, seamos regenerados y renovados por su Espíritu.

De igual manera, estas características del fruto del Espíritu, están disponibles para nosotros los creyentes, para que al igual que Cristo, seamos instrumentos de salvación, para que cuando las personas vean en nosotros estas cualidades del carácter de Cristo, también sean llevados al arrepentimiento y puedan experimentar el deseo de Dios de salvarlos, y puedan vivir la salvación que trae Cristo Jesús.    Oración.

«Espíritu Santo, desarrolla en mí la paciencia, la benignidad y la bondad de Cristo, pues mi deseo es ser un instrumento de amor para la salvación del mundo. Amen.



martes, 15 de septiembre de 2026

Guíame Espíritu de Dios

 Guíame Espíritu de Dios

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:26-28

“Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”. Salmos 143:8-10

En Romanos 8, el apóstol Pablo nos habla de aprender a andar en el Espíritu, en un mundo perdido, violento y lleno de oscuridad; pero también habla de la esperanza en medio del sufrimiento presente. Explica que toda la creación gime, aguardando la redención final, Romanos 8:18-25. En ese marco de espera y dificultad, reconoce lo frágiles que somos y que no siempre sabemos orar. Por eso, nos ha dado su Santo Espíritu, como ayudador, que intercede por nosotros conforme a la voluntad divina y nos da entendimiento para que sepamos que todo lo que nos pasa tiene un propósito para nuestro bien.

Nuestra debilidad es real, y a menudo no encontramos las palabras para pedir. Hay dos razones muy obvias por las que no podemos orar como debiéramos. La primera es porque no podemos predecir el futuro, y, por tanto, puede que pidamos ser librados de cosas que serían para nuestro bien, y que se nos concedan otras que nos causarían daño. Y, en segundo lugar, no podemos orar como es debido porque, en una situación dada, no sabemos qué es lo que más nos conviene. Por eso, el Espíritu Santo es nuestro intercesor, él ora dentro de nosotros, llevando oraciones más profundas que las palabras. La intercesión del Espíritu asegura que nuestras oraciones, aunque parezcan torpes o silenciosas estén alineadas con la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.

Descansemos en la Presencia de Dios, no necesitamos oraciones perfectas sino un corazón sincero, confiemos en el proceso de Dios porque, aunque no veamos resultados inmediatos, Dios está obrando para nuestro bien eterno. Por eso debemos llenarnos de esperanza porque la gloria futura que Pablo menciona da sentido a nuestras pruebas presentes.

Como el salmista, pidamos la dirección de Dios. Que el Señor nos enseñe a hacer su voluntad y no la nuestra, porque reconocemos el poder que tiene Dios para encauzar nuestras vidas. Cuando sufrimos una crisis, nuestro temor a menudo es no hacer la voluntad de Dios por no conocerla. Es de suma importancia buscar lo que Dios desea. Pero no es suficiente conocer la voluntad de Dios, hace falta la ayuda del Espíritu Santo para cumplirla y vivir en rectitud.

Pidamos ser iluminados con el conocimiento de la voluntad de Dios, y esta es la primera obra del Espíritu. Que nos haga saber el camino por donde debemos andar. Quienes tienen al Señor como Dios, tienen su Espíritu como Guiador.    Oración.

Señor Jesús, gracias porque no estoy solo en mi debilidad. Cuando no sé qué pedir ni cómo expresarme, tu Espíritu intercede por mí. Enséñame a confiar en tu voluntad y descansar en tu promesa de que todo coopera para mi bien. Sé qué aun en el silencio y la confusión estás obrando a través de tu Espíritu para llevar mis suplicas a tu trono de gracia, amén.  



lunes, 14 de septiembre de 2026

La luz que muchos no reconocieron

 La luz que muchos no reconocieron

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí”. Juan 8:12-18

Cuando Jesús se presentó como la luz del mundo, los escribas y fariseos reaccionaron con hostilidad. Aquel título les sonaría aún más sorprendente a ellos que a nosotros. Los rabinos afirmaban que uno de los nombres del Mesías que esperaban era “Luz”. A ellos les parecería, y lo era en realidad, que Jesús se presentaba como tal. La palabra luz estaba especialmente asociada con Dios en el pensamiento y lenguaje judío. “El Señor es mi luz” (Salmos 27:1); “el Señor te será por luz perpetua” (Isaías 60:19); “a cuya luz yo caminaba en la oscuridad” (Job 29:3); “aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz” (Miqueas 7:8).

Jesús estaba tan seguro de su identidad con Dios que no necesitaba de ninguna autoridad que la respaldara. El testimonio de Dios está en las palabras de Jesús, nadie podría hablar con tal sabiduría a menos que Dios le hubiera dado conocimiento. El testimonio de Dios está en las obras de Jesús, nadie podría hacer tales cosas a menos que Dios estuviera obrando en Él. El testimonio de Dios es el efecto que Jesús causa en las personas, el hecho de que Jesús puede hacer que se transformen en nuevas criaturas, es prueba de su poder divino. El testimonio de Dios está en la reacción de la gente hacia Jesús, dondequiera que Jesús se ha presentado plenamente, donde se ha predicado la Cruz en toda su grandeza y esplendor, ha habido una respuesta inmediata en los corazones. Esa respuesta es el Espíritu Santo de Dios obrando y testificando en los corazones de las personas. Es Dios en nuestros corazones quien nos permite ver a Dios en Jesús.

El Señor nos exhorta a andar en su luz. Así como una planta no puede florecer si no ve la luz del sol, tampoco nuestras vidas pueden crecer sino las irradia la luz de la Presencia de Jesús. Mantenerse en su luz significa permanecer en Él, aun cuando la vida se vuelva oscura por los problemas, pérdidas e incertidumbre. Cuando Jesús nos dice: “el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, se refiere a dos cosas, Jesús es “la misma Luz de Dios que ha venido al mundo”; y es también “la Luz que da la vida al mundo”, Juan 1:4,9.

Ser seguidores de Jesús es entregarnos en espíritu, alma y cuerpo a la obediencia de sus enseñanzas y empezar a caminar en su luz. La primera clave es recordar que Él es la luz, esto implica confiar en su constante Presencia. Pero también es la Palabra viva. Juan 1:1 nos dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Él alumbra nuestro andar, Salmos 119:105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.

Cuando caminamos solos, estamos expuestos a andar a tientas y a tropezar, porque muchos de los problemas de la vida están por encima de nuestra capacidad. Cuando caminamos solos corremos peligro de seguir una senda equivocada, porque no tenemos un mapa infalible de la vida. Necesitamos la sabiduría celestial para recorrer el camino terrenal. Jesucristo es ese guía, y es el único que posee el mapa de la vida. Seguirle es andar en la luz, a salvo a lo largo de la vida y seguros de estar con Él en la eternidad.    Oración.

Señor, gracias porque en ti tengo luz y vida, ayúdame a caminar en tu luz para que mi vida brille con gozo, esperanza y verdad. No significa negar el dolor y el sufrimiento en esta tierra, sino elegir mirarte siempre, aferrarme a tu Palabra, orar con confianza y caminar de tu mano, para no desviarme, sino que siempre me mantenga firme en la luz eterna que eres tú. En el Nombre de Jesús, amén.



domingo, 13 de septiembre de 2026

El Señor es Quién respalda nuestra vida

 El Señor es Quién respalda nuestra vida

Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo. Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo”. 1 Samuel 17:32-37

Hay momentos en la vida donde lo que tenemos parece muy pequeño, ante el problema tan grande que tenemos o estamos enfrentando. Cuando miramos que el dinero no alcanza, o la enfermedad se agrava, o la familia está en crisis, o el ministerio parece estancado, o las fuerzas se nos agotan y nuestra fe se ve tan pequeña frente a esos grandes desafíos; quizás nos preguntamos: ¿Cómo voy a lidiar con esto que me supera?

Esto le pasó a David, siendo un joven sin armadura, sin experiencia militar, pero valiente y determinado, quería enfrentarse a un gigante filisteo que estaba entrenado para matar. El rey Saúl, sus hermanos y el resto del pueblo de Israel, lo veían tan insignificante y tan pequeño como para ganar. Pero David entendió una verdad poderosa: “no es el tamaño de lo que tienes, es Quién respalda lo que tienes”.

El Señor es quien respalda tu vida, tu familia, tu salud, tu economía y todo lo que Él te ha dado. Mientras todos veían a Goliat como un problema imposible de derrotar, David lo veía como una oportunidad para que Dios se glorificara.

Lo que David tenía eran cinco piedras lisas que había recogido en el arroyo. Veamos el versículo 40 “Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo”. Lo que hay que resaltar es que esas piedras lisas se forman en el proceso. Las piedras se pulen por la influencia del agua. Es decir, el agua, el rose, el movimiento y el tiempo van moldeando esas piedras.

Así hace Dios con nosotros. Muchas veces queremos grandes victorias, pero queremos pasar por alto el proceso y es necesario estar en él para dejarnos influenciar por la Presencia del Espíritu Santo y moldear el carácter de Cristo en nosotros. David no improvisó, él ya había peleado en lo secreto, aprendió a depender de Dios cuando nadie lo veía. Necesitamos entender que, para vencer esos gigantes en público, primero tenemos que aprender a orar en privado.

También entender que “no necesitamos lo que otros usan, necesitamos lo que Dios nos dio”. 1 Samuel 17:39 dice: “Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas”. David, solo necesitaba la instrucción que había recibido del Señor en lo secreto. Entendió que la “honda”, era el instrumento con lo que Dios lo respaldaría.

No podemos vivir la vida de otro, la apariencia de otro porque Dios ya nos dio lo nuestro. Dios nos ha dado sabiduría, conocimiento, entendimiento, oración, ayuno, dones, habilidades, recursos, tiempo, etc. Cada uno somos únicos en las manos de Dios. Dios no nos llamó a copiar, nos llamó a ser fieles con lo que nos entregó.

“Sólo una piedra fue necesaria para vencer”. Esto nos enseña que la victoria no está en la cantidad, está en la unción, en el respaldo y la dirección de Dios, eso es suficiente. Por eso es que muchas veces Dios permite que tengamos poco para que entendamos que la gloria es de Él y para Él.

Venimos en el nombre de Jesús contra todo gigante porque una sola piedra dirigida por Dios puede derribar lo que sea. Dios no necesita grandes recursos, Él necesita corazones disponibles y dependientes de Él.    Oración.

Te entregamos Señor todo lo que hemos menospreciado en nuestra vida. Muchas veces pensamos que lo que tenemos no es suficiente, hemos mirado nuestras limitaciones más que tu poder, hemos mirado el tamaño del gigante más que el tamaño del Dios que nos respalda. Venimos delante de ti con un corazón contrito y humillado reconociendo que necesitamos de ti. Hoy en el Nombre de Jesús tomamos esa piedra lisa que has puesto en nuestras manos, esos dones y talentos, oración, Palabra y confesamos que lo pequeño en tus manos se vuelve poderoso para vencer, en el Nombre de Jesús, amén.   


 

sábado, 12 de septiembre de 2026

La fe que encuentra un camino hacia Jesús

 La fe que encuentra un camino hacia Jesús

“Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. Marcos 2:3-5

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. Santiago 5:19-20

Este pasaje es un ejemplo de una fe que persevera, una fe que siempre encuentra un camino hacia Jesús. Vemos aquí, que la casa estaba completamente llena, había muchas personas escuchando la voz de Jesús, no había espacio para ningún otro. Todo parecía indicar que tendrían que venir otro día porque no había por donde entrar.

Pero los cuatro hombres fueron determinados. Decidieron que ningún obstáculo impediría llevar a cabo su objetivo. Ellos vieron en su amigo paralítico una gran necesidad, y pensaron que sólo Jesús lo podía salvar y sanar. Nada les impidió pensar que debían hacer algo para llevarlo a sus pies, eso es fe.

Aprendamos algo importante, cuando una familia, una iglesia, un grupo de personas se ponen de acuerdo en algo y comprenden que Jesús tiene la respuesta, dejan de buscar excusas y comienzan a encontrar el camino para vencer los obstáculos. Si no se puede por la puerta, entonces será por otro lado, pero no nos vamos a rendir.

Estos cuatro hombres rompieron el techo, porque entendieron que nada era más importante que llevar a su amigo a Jesús. No se echaron para atrás. Y hoy el Señor nos dice que en la iglesia de Cristo no somos de los que retrocedemos, sino de los que avanzamos. Porque la iglesia sigue su marcha, pase lo que pase. Mateo 16:18-19

La verdadera fe no se detiene frente a los obstáculos. Es una fe auténtica, que no niega los problemas, que no puede detener el propósito para el obrar de Cristo en la vida de cualquiera que lo necesite. No hay nada en este mundo, nada tan oscuro, o situación tan difícil, que Cristo no pueda resolver.

¿Cuántas veces abandonamos demasiado pronto una oración, un sueño, un ministerio porque encontramos oposición y bajamos la guardia?. Pero la perseverancia es la evidencia de una fe madura. El verdadero milagro es cuando dejamos de mirar los obstáculos y miramos a Jesús. Estos hombres lo lograron, quitaron el techo y bajaron a su amigo hasta Él.

Jesús trató primero el problema más profundo. Sanó su alma, por eso le dice: “hijo, tus pecados son perdonados”. El Señor perdonó su maldad, su pasado. El necesitaba un milagro, pero el perdón que está en Cristo Jesús, que nos limpia con el poder de su sangre, es el primer milagro que debe suceder en el ser humano, para luego recibir lo demás por añadidura.

Este milagro glorificó y transformó su vida, su alma fue salva y después fue sanado de su parálisis. Entró cargado por otros, ahora salió caminando. Tan pronto el Señor dio la orden, sucedió el milagro. Aquellos, antes veían a un hombre derrotado, esclavizado, ahora contemplaban la obra poderosa de un milagro de salvación y sanidad.

Quizás hoy necesitamos romper el techo físico de nuestra vida, romper y destruir todos los límites de la incredulidad ante cualquier situación que estamos viviendo. Romper quizás el temor, la comodidad, o tal vez nos hemos amoldado a una situación en la que pensamos que ya no hay respuesta. Pero si nos acercamos a Jesús, dejamos la indiferencia, es nuestro deber ver las necesidades de nuestra familia, amigos, compañeros, vecinos y orar por ellos para llevarlos a Jesús.

La pregunta sería: ¿qué estamos dispuestos a hacer para llevar a otras personas a Cristo? ¿Tenemos una carga espiritual en nuestro corazón por los perdidos, para que escuchen la Palabra, y sean salvos? Amados, hay muchos paralíticos esperando por sus amigos, que les cuenten quién puede salvarlos, sanarlos o liberarlos.    Oración.

Gracias mi Salvador por mirarme con misericordia, por perdonarme y limpiarme de mis pecados, por traer sanidad a mi espíritu, alma y cuerpo. Te ruego Señor, que coloques en mí el amor y la compasión que hay en tu corazón por aquellos que me rodean, porque me amaste de tal manera que descendiste del cielo para darme vida en la cruz del calvario, y eso anhelo para otros. Dame una fe que persevera, que supere todos los obstáculos. Señor quiero una compasión sobrenatural para llevar a otros a Cristo y acercarlos a ti, entendiendo que la necesidad más urgente no es la física sino la espiritual, amén.    



viernes, 11 de septiembre de 2026

 Si estamos en sequía doblemos rodillas

“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel”. 1 Reyes 18:41-46

Este pasaje nos muestra la importancia de orar con perseverancia y creyendo, porque el Dios creador tiene poder sobre todo lo que ha hecho. Vemos que una pequeña nube desata una gran lluvia. El pueblo de Israel estaba pasando por tres años y medio de una sequía que había devastado el país, literalmente la tierra estaba estéril y seca, ellos vivían de la agricultura, no había agua para regar cultivos y sin estos no había alimento. La situación era muy compleja.

Nosotros también podemos ver que el mundo de hoy también está pasando por una sequía espiritual que lo está destruyendo, y aún como creyentes también podemos estar experimentando momentos difíciles que parecen sequías en nuestra vida.

Pero, aquí el profeta Elías nos da una gran lección; en medio de esta crisis busca a Dios y Él le da una promesa que aparece registrada en 1 Reyes 18:1: “Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra”. Esto activa su fe, recordemos que nuestra fe crece cuando escuchamos la voz de Dios. Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

El Señor le está diciendo a Elías que el tiempo de la sequía se va a acabar. En los momentos de dificultad preguntémonos: ¿cuánto escuchamos lo que el Espíritu Santo nos quiere decir? Porque a veces estamos tan enfrascados en los problemas que nos volvemos sordos a la voz del Señor, nos olvidamos de sus promesas, que ya son nuestras.

Elías podía ver la tierra árida, el polvo que se levantaba con el viento, pero él creyó lo que Dios le dijo. Hoy aprendamos tres cosas de este profeta: 1- Debemos orar con humildad y creer lo que oímos en nuestro espíritu por medio del Espíritu Santo. “Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas”. 2- Perseveremos en la oración. “Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces”. Elías oró siete veces por lo mismo, insistió hasta obtener la respuesta. Esto nos dice que entre más difícil sea el panorama más insistiremos en buscar a Dios. Elías creyó, aunque el siervo le decía “no hay nada”, y no desmayó en la oración. 3-Empecemos a vivir por fe y no por vista. “A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje”. Elías oraba conforme a la promesa, esto es fe, tener la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, Hebreos 11:1 Todo principio es pequeño, pero Elías estaba convencido de que, aunque solo se veía una nube del tamaño de una mano, habría una gran lluvia porque el Señor se lo había dicho.

¿Queremos una gran lluvia de bendición? Animémonos con esta promesa: Isaías 65:24 “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”   Oración.

Hoy vengo delante de ti, postrando mi corazón con humildad, reconociendo que tú eres Grande y Bueno y sabes de qué tengo necesidad antes que lo diga. Gracias Señor por la respuesta a mi sequía, confío en tus promesas, creo en tu Palabra que es revelada a mi corazón por tu Santo Espíritu. Quiero perseverar en oración hasta ver tu respuesta, trae conversión, sanidad, provisión y restauración a mi vida, a mi familia, a mi país, y a este mundo, en el Nombre de Jesús, amén.