lunes, 2 de marzo de 2026

Vivir en el Espíritu trae libertad

 Vivir en el Espíritu trae libertad

«Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.» 2 Corintios 3:17

El vivir en el Espíritu debería ser la manifestación natural de la nueva vida que recibimos al creer en Cristo Jesús. No obstante, no siempre experimentamos esta vida en su plenitud debido a la lucha constante con nuestro cuerpo carnal, el cual aún espera su redención final.


Esta realidad de la lucha interior no debe convertirse en una excusa para seguir practicando las obras de la carne, descritas en Gálatas 5:19-21: «adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.» Sin embargo, si estamos luchando con alguna de estas obras, debemos recordar que podemos permanecer firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, sin volver a estar sujetos al yugo de esclavitud (Gálatas 5:1).

Aunque aún estamos en un cuerpo carnal que tiene una naturaleza pecaminosa, gracias a Cristo tenemos todo lo necesario para poder vivir en el Espíritu: una nueva mente: la de Cristo, un nuevo corazón: el de Cristo y una nueva vida: la de Cristo; y el beneficio que nos da el vivir en el Espíritu es ser libres como dice 2 Corintios 3:17, y esta libertad tiene dos propósitos claros:

1) Servirnos por amor los unos a los otros, reflejando los pensamientos, sentimientos y acciones de Cristo Jesús, como dice Gálatas 5:13-14 «Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

2) Alinear nuestras decisiones a la voluntad de Dios, gracias a la obra del Espíritu Santo, quien nos transforma a la misma imagen de Cristo como dice 2 Corintios 3:17-18 «Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.»

Así que hermanos pidamos a Dios nos ayude a vivir en el Espíritu experimentando su libertad para servir a otros y reflejar a Cristo por medio del amor.   Oración.

«Padre Dios, hoy pido tu ayuda para poder experimentar la libertad que trae vivir en el Espíritu para servir a otros y reflejar a Cristo en amor. Amén.


domingo, 1 de marzo de 2026

Vivir en el Espíritu: un proceso de transformación

 Vivir en el Espíritu: un proceso de transformación

«Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.» Gálatas 5:16-17

Como creyentes, anhelamos vivir plenamente una vida dirigida por el Espíritu. Sin embargo, a menudo nos enfrentamos a la cruda realidad descrita en Gálatas 5:16-17: nuestra naturaleza carnal se opone constantemente al Espíritu, impidiéndonos hacer lo que realmente deseamos. ¿Cómo podemos superar este conflicto y experimentar la vida abundante que Dios nos ofrece? La clave se encuentra en dos verdades fundamentales:

1. Nuestra transformación no es por esfuerzo propio, sino por la obra de Cristo: El cambio que buscamos no nace de nuestra fuerza de voluntad, sino del beneficio de la obra consumada de Jesús en la cruz. Si estamos en Cristo, somos una nueva criatura (2 Corintios 5:17). Lo viejo pasó; todo ha sido hecho nuevo.

2. El Espíritu Santo es quien nos capacita para el cambio: Estos profundos cambios se manifiestan en nuestra vida gracias a la labor continua del Espíritu Santo, pues «Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13).

El apóstol Pablo lo manifiesta magistralmente: «Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu» (Gálatas 5:24-25). Esto significa que, al recibir a Cristo por fe, el «viejo hombre», viciado por el pecado, ha sido clavado en la cruz, ahora nuestra realidad actual es vivir la nueva vida que se nos ha dado: la vida de Cristo en nosotros, una vida que hace nuevas todas las cosas y en la cual podemos caminar guiados por el Espíritu de Dios.

Experimentar esta vida tal como Jesús prometió en Juan 10:10b «yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia», es un proceso. Dios usa su Palabra y el poder de su Santo Espíritu para renovar nuestra manera de pensar, impactar nuestra forma de sentir y transformar nuestro modo de actuar. Así que hermanos, al comenzar este nuevo mes y sumergirnos en los devocionales, pidamos a Dios que, por medio de la revelación de su Santo Espíritu, podamos comprender a fondo estas enseñanzas bíblicas y experimentar la plenitud lo que significa vivir en el Espíritu.  Oración.

«Padre Dios, gracias por tu Santo Espíritu, pues Él es quien me lleva a vivir y experimentar esa nueva vida abundante que está en Cristo Jesús. Amén.   



sábado, 28 de febrero de 2026

Sabiduría de Dios

 Sabiduría de Dios

“Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.” Proverbios 4:7″

El rey Salomón supo lo que significaba adquirir sabiduría, pues la Biblia nos declara que de los hombres, en cuanto a sabiduría, no ha habido uno como él, dicha sabiduría claramente no provino de su capacidad intelectual, sino que vino como un don, un regalo de Dios, pues la Palabra afirma en Proverbios 2:6 “Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.”

La sabiduría que proviene de Dios, como bien la Palabra nos lo recuerda, es la única que puede conducir nuestras vidas hacia: la pureza, la paz, la benignidad, la amabilidad y gentileza; es la que nos lleva a tener misericordia o compasión con otros, y por supuesto, a experimentar y poder dar buenos frutos; por si fuera poco, la sabiduría de Dios también nos cuida de no permitir en nuestras vidas ni la incertidumbre ni la hipocresía (Santiago 3:17), por eso Salomón al ser consciente de que tenía una gran responsabilidad, reinar sobre Israel, sabía que necesitaba pedirle a Dios sabiduría, pues Dios era el único que podía guiar, instruir y dirigir, a Salomón primeramente, y también al pueblo de Israel (1 Reyes 3:9-12).

Y es que si lo pensamos bien, la sabiduría de Dios es vital, pues ella es la única que nos conduce a: Recibir consejos, aceptarlos y ponerlos en práctica (Proverbios 13:10, Mateo 7:24); saber tomar decisiones correctas, justas, como lo hizo Salomón (1 Reyes 3:16-28); nos lleva a ser diligentes, a aprovechar bien el tiempo y a administrarlo de manera correcta (Efesios 5:15-17); nos lleva incluso a no invertir nuestros pensamientos en cosas que no edifican (Eclesiastés 7:10). En conclusión, la sabiduría de Dios nos lleva a poder vivir en medio de todos, con creyentes y no creyentes, pues ella es la que nos conduce a vivir en humildad (Colosenses 4:5-6, Santiago 3:13, Proverbios 11:2).

Hermanos, este devocional no solo nos recuerda cuán importante y necesaria es la sabiduría de Dios, sino que también nos lleva a reflexionar y ver si estamos pidiéndole sabiduría al único que nos la puede dar, Dios. No nos cansemos de pedírsela al Señor, pues la Palabra nos recuerda que tú y yo para todo necesitamos la Sabiduría de Dios.   Oración.

«Padre, Tú dices en Tu Palabra que si me falta sabiduría te la pida y Tú me la darás abundantemente y sin reproche. Gracias Señor por dármela y revelármela por medio de Tu Espíritu Santo, pues soy consciente de que la necesito para saber cómo caminar por el camino de la santidad. Amén. 



viernes, 27 de febrero de 2026

El resplandor de Jesús en mí

 El resplandor de Jesús en mí

“Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.” Éxodo 34:29

Cuán interesante resulta este relato bíblico, pues cuando lo leo me pregunto ¿Cuántos de nosotros, al igual que lo hizo Moisés, reflejamos la gloria de Dios? Pidámosle al Espíritu Santo en este momento que examine nuestros pensamientos, lo que atesoramos en nuestro corazón y nuestros actos, y nos conduzca a la respuesta a este interrogante. Seguramente la respuesta será que, en ocasiones, terminamos reflejando las obras de la carne, pero Dios, a través de este devocional, nos quiere llevar a comprender que a quien debemos reflejar en nuestras vidas es a Jesús.

La gran pregunta es: ¿Cómo lograr que Jesús sea quien se vea reflejado en mi? La respuesta es sencilla: La Biblia nos enseña que primero, debemos morir a nosotros mismos, para que ya no seamos nosotros viviendo y tomando el control de nuestras vidas, control que sólo nos llevará a experimentar las obras de la carne (Gálatas 5:19-21a), sino más bien lo que necesitamos es que Cristo sea quien viva en nosotros y tome el control de nuestras vidas. La buena noticia es que ésto ya ocurrió, pues Gálatas 2:20a nos lo afirma: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;”. Y la segunda, es que para que todo lo anterior se haga realidad, y Cristo sea el que ahora viva en nosotros, necesitamos la fe, creer que todo lo que dice la Palabra de Dios con respecto a la obra que hizo Jesús es verdadera, por ésto la Palabra de Dios dice: “y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20b). Cuando creo en esta Verdad, el Espíritu Santo es quien hace que aquella Palabra revelada y encarnada, ésto es Jesucristo, viva en mí (Juan 6:63).

Lo que resta para nosotros los creyentes es disfrutar de la Presencia de Dios y de esa relación que tenemos con Él, gracias a la obra de Jesucristo y a la comunión del Espíritu Santo, para que al igual que Moisés terminemos reflejando la gloria de Dios.   Oración.

«Padre, cuando estoy en intimidad contigo, tu Espíritu Santo me recuerda la preciosa obra de tu Hijo Jesús, y cuando la recuerdo y creo en ella entonces me aferro a la Verdad, a Cristo, y le permito a Él vivir en mí para así cumplir con el propósito por el cual he sido creado, glorificarte. Amén. 



jueves, 26 de febrero de 2026

 Quiero bogar contigo mar adentro

“Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.” Lucas 5:1-6

La Biblia no nos declara el motivo por el cual Simón Pedro, Andrés, su hermano, y Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, estuvieron toda la noche tratando de pescar, podríamos deducir que la necesidad de ellos debía ser bastante grande para no haber desistido en toda la noche de hacer dicha labor; cuando pienso en ésto y me pongo en el lugar de Simón Pedro, quien seguramente por su temperamento sanguíneo podría haber sido el que más desanimado, frustrado y cansado se sentía, logro entenderlo, pues también he experimentado ese sentimiento de cansancio y frustración cuando después de haber intentado realizar alguna labor, con todas mis fuerzas, no obtengo el resultado que espero. Pero si analizamos detalladamente lo que pasó ese día en la vida de Pedro, encontraremos lo que podríamos llamar, una perla, pues aunque bien es cierto que inicialmente Pedro no obtuvo peces, encontró algo superior y mucho más valioso e importante que lo que produce una pesca, encontró a Jesús, y con la llegada de Jesús encontró un fruto que no perece sino que permanece para siempre (Gálatas 5:22-23)

Hermanos, quizás en este día estamos como Pedro, tratando de pescar en nuestras fuerzas y sin lograr “nada”, pero la Palabra de Dios nos exhorta a que en medio de aquella situación que estamos enfrentando devolvamos nuestra mirada hacia Jesús y veamos lo que Él está haciendo en nuestras vidas, incluso, por medio de esa situación que parece abrumadora. Cuando seguimos la voz de Jesús y bogamos mar adentro, es decir, nos sumergimos en intimidad con Él, el resultado logra ser extraordinario, pues le conocemos más, vemos Su Poder, al estar en Su Presencia no sólo se nos quita todo ese peso que nos carga y quita fuerzas, sino que también nos permite hallar en Él descanso, nuevas fuerzas y esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que es la única que guarda, protege, cuida, nuestros pensamientos y corazones en Cristo Jesús (Filipenses 4:7-9). Hoy, regresemos nuestra mirada hacia Jesús y digámosle: Señor, yo quiero bogar contigo mar adentro.  Oración.

«Señor, gracias por llevarme a bogar mar adentro en mi relación contigo, cuando escucho Tu voz y acepto Tu llamado encuentro algo precioso, Tu Presencia, que es la única que acalla mi alma, aquieta mis pensamientos y equilibra mis sentimientos. Señor, llévame cada día a sumergirme en Tu Palabra. Amén.  



miércoles, 25 de febrero de 2026

Carácter

 Carácter

“Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.” Éxodo 32:7-10

¿Qué harías si estuvieras en la posición de Moisés?, ¿apoyarías la voluntad de Dios de destruir al pueblo, o por el contrario, intercederías para que el Señor tuviera, una vez más, misericordia de Su pueblo?

En el caso de Moisés, él decidió orar a Dios y pedir misericordia para el pueblo de Israel (Éxodo 32:11). Lo anterior nos permite ver el gran cambio que tuvo Moisés en su carácter, pues recordemos que antes del llamado hecho por Dios, Moisés era un hombre iracundo que cuando veía una discusión o injusticia, intervenía, y terminaba haciendo de acuerdo a lo que a él bien le parecía. Recordemos Éxodo 2:11-12, ¿cómo actuó Moisés cuando vió que un Egipcio golpeaba injustamente a un Hebreo mientras éste hacia su dura tarea en medio de la esclavitud? Moisés decidió matar al Egipcio y esconderlo en la arena; o que tal el actuar de Moisés en Éxodo 2:13-14a, Al ver a dos Hebreos reñir, Moisés decidió intervenir, pero esta vez llamando a razonar a aquel hombre que golpeaba al otro para que no lo hiciera más, sin embargo, este hombre Hebreo al haber visto cómo Moisés había matado a aquel Egipcio el día anterior, lo confrontó, diciéndole que si acaso también lo mataría a él como había hecho con aquel Egipcio. Como vemos, ese era el carácter de Moisés antes del llamado de Dios, un hombre con un carácter fuerte e iracundo; pero en Éxodo 32:11-13 no vemos el carácter iracundo de Moisés, sino más bien el carácter de Cristo, uno que es misericordioso, bondadoso y compasivo, carácter que se refleja en nuestras vidas cuando por medio de la intimidad con el Espíritu Santo le permitimos a Cristo vivir, dirigir nuestro andar (Éxodo 34:29) ¿Por qué decimos ésto? Porque la Palabra de Dios nos recuerda que si hubiésemos cometido pecado, la confianza está en que delante del Padre tenemos abogado, a Jesucristo (1 Juan 2:1).

Dios en ese instante en el que el pueblo había hecho lo malo delante de sus ojos haciendo un becerro de fundición y adorándolo, estaba exigiendo justicia, pues el pueblo le había desobedecido. Sin embargo, vemos a Jesucristo, usando como instrumento a Moisés, para interceder por el pueblo. En medio de esta oración dicha por Moisés podemos ver a Cristo recordándole a Su Padre quién es Él, Su grandeza, Su misericordia, el pacto que ha hecho con Abraham, Isaac e Israel (Jacob) y Su palabra y promesas las cuales son fieles y verdaderas, y sólo por esto la Biblia nos revela que Dios se arrepiente de lo que había de hacer a su pueblo (Éxodo 32:14). Qué extraordinario es ver a Jesús reflejado en nuestras vidas, pues cuando le permitimos a Él vivir en nosotros se ve el fruto de Su Espíritu en nosotros, fruto del cuál gozamos todos nosotros y aquellos que nos rodean.

Hermanos, Dios a través de este devocional nos quiere exhortar y recordar una gran Verdad, el carácter que debemos reflejar en el mundo y al mundo, no es un carácter del viejo hombre que está viciado de ira y demás obras de la carne, pues ese viejo hombre ha sido crucificado y está muerto; el carácter que se debe evidenciar en nuestras vidas es el de Cristo, pues Su Palabra nos recuerda que quien vive ahora en nosotros es Cristo, por lo tanto, permitámosle a Cristo, por medio de la fe y de la intimidad con Su Espíritu Santo, tomar el control de nuestras vidas (Gálatas 2:20).    Oración.

«Padre, el carácter que quiero que se refleje diariamente en mi vida es el de Tu Hijo Jesucristo. No quiero seguir recibiendo los resultados del actuar en mi carne, sino que quiero experimentar más bien, las delicias que produce en mi vida el fruto de Tu Santo Espíritu. Espíritu Santo de Dios ayúdame a morir a mí mismo diariamente y a permitirle a Cristo que tome el control de mi vida. Amén.  



martes, 24 de febrero de 2026

Identidad


«Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.» Lucas 4:1-4

Cuando un niño nace, el gobierno decreta a sus padres que le registre ante una autoridad legal con el fin de certificar que: Primero, está vivo, y que como tal tenemos derechos que deben ser respetados; segundo, su nombre, el cual servirá para ser identificado; y tercero, su género, que no surge como una percepción, sino como la realidad que manifiesta nuestro organismo. Como vemos, esta pequeña descripción es tan sólo una parte de lo que nos identifica. En el caso de Jesús, la Biblia nos enseña que sus padres tuvieron que presentarlo ante una Autoridad Suprema, la de Dios, pues así lo había dictaminado el Señor en la Ley de Moisés (Lucas 2:22-24). Muchos se quedaron con el concepto de que Jesús era tan sólo el hijo de María y de José, el carpintero, pero su identidad iba mucho más allá de ésto que estaba registrado, pues Jesús era y es el Hijo de Dios.

¿Por qué razón traemos ésto a colación? Porque lo que más ha sido atacado en el ser humano, por parte del enemigo, es la identidad, para la muestra un botón, pues vemos a Satanás atacando la identidad de Jesús, manifestando que si Jesús era el Hijo de Dios entonces debía probar que ésto era cierto. Hoy en día, también Satanás ataca nuestra identidad, o sino miremos la actualidad: hombres manifestando que son mujeres, mujeres diciendo que se auto perciben como hombres, incluso hemos llegado al punto de ver a personas identificarse, no como seres humanos, sino como animales. ¡Absurdo a lo que como sociedad hemos llegado y permitido en nuestra nación!

Hermanos, la sociedad va en declive y nuestros hijos, nietos y futuras generaciones lo tendrán que presenciar y enfrentar, si tú y yo no les enseñamos que ésto no es normal, ellos serán influenciados a seguir esta corriente absurda que presenta el mundo y terminarán permitiendo que su mente e identidad sean trastornadas. Si hoy tú y yo no tomamos la rienda de nuestro hogar y les enseñamos a las nuevas generaciones que su identidad está en Cristo, vendrá alguien más que si lo hará, Satanás, y será él quien les enseñe a ellos falsas identidades, los impulsará a que se apropien de ellas, y si esto lo aceptan nuestros hijos, terminarán totalmente alejados de la identidad que Cristo ya nos dió, una identidad que nos recuerda que somos hijos de Dios, creados por Él con un propósito en particular, glorificarle (Isaías 43:7).   Oración.

«Padre, gracias por recordarme cuál es mi identidad en Cristo. Soy tu hija, creada por Tí para glorificarte y alabarte. Que aunque el mundo me quiera decir lo contrario yo me mantenga aferrada a lo que dices que soy según Tu Palabra. Santo Espíritu de Dios llévame a enseñarle también a otros ésta gran Verdad. Amén.