Interferencia en la Comunión causada por distracción
“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” 2 Corintios 11:3
“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” Génesis 3:6
A lo largo de este mes se nos ha hecho un llamado claro de parte de Dios para prestar atención a la importancia de la comunión del Espíritu Santo. Sin embargo, el enemigo conoce muy bien el valor de nuestra atención a Dios y está empeñado en generar “interferencia”. Su objetivo es que nuestra mente se desvíe para que no podamos experimentar la nueva vida que tenemos en Cristo Jesús.
El apóstol Pablo entendía estas artimañas. Él sabía lo que era tener la mente cegada por el activismo y el legalismo religioso, lo cual lo llevó desafortunadamente a ser un perseguidor de cristianos antes de su conversión. Por eso, su gran preocupación al escribirle a los corintios, era que sus sentidos fueran “extraviados” de la fidelidad a Cristo, tal como sucedió con Eva en el Edén. La estrategia del enemigo no ha cambiado: sigue usando “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16) para crear ruido y desconexión, para matar, hurtar y destruir, precisamente lo que Dios quiere que sepamos que somos y tenemos por medio de su comunión.
La comunión es el lugar donde nuestros sentidos son afinados para detectar la voluntad de Dios. Si el enemigo logra saturar nuestros sentidos con las cosas del mundo —el ruido, la vanidad y lo pasajero—, causará una interferencia que nos hará sordos a la voz de Dios.
Hermanos, el mundo nos ofrece muchas distracciones. No permitamos que nuestra atención sea robada. Pidamos hoy a Dios que nos mantenga alerta. Que nuestros sentidos no sean extraviados, sino que estén plenamente dedicados a disfrutar de la intimidad con nuestro Padre Dios. Guardemos nuestro corazón, filtremos lo que vemos y escuchamos, y permitamos que el Espíritu Santo sea quien guíe nuestra atención cada día. Oración.
Padre, gracias por tu amor y por permitirme disfrutar de tu presencia. Reconozco que mi corazón es fácilmente distraído por las cosas de este mundo. Te pido que seas mi guardia y mi filtro; no permitas que lo que veo o escucho robe mi atención. Espíritu Santo, ayúdame a mantener mi mirada fija en ti y mi corazón cautivo a tu amor. Amén.