miércoles, 25 de marzo de 2026

 Crecimiento por la Palabra para vivir en el Espíritu

"Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él." Lucas 2:40

"Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres." Lucas 2:52

Nuestro mejor referente en todo siempre es Jesucristo, por eso de Él podemos aprender cómo vivir en el Espíritu. La escritura nos revela que Él crecía y se fortalecía, pero también se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él (Lucas 2:40,52), lo cual nos indica un crecimiento integral en la vida de Jesús, tanto su espíritu, su alma y su cuerpo tenían un pleno desarrollo.

José y María, los padres de Jesús, quienes eran judíos y seguían las tradiciones cumplidamente, como lo podemos inferir de Lucas 2:21-42, sin duda, instruyeron al niño en los caminos del Señor, enseñándole desde pequeño las escrituras. Por eso cuando vemos a Jesús, a los doce años en el Templo, haciendo preguntas y hablando con los maestros de la ley, estos se maravillaban de su sabiduría y sus respuestas como dice Lucas 2:46-47.

Jesús fue instruido con la Palabra de Dios desde su niñez. Ya en su vida adulta y al comenzar su ministerio, esa Palabra continuaba manifestándose en todo su modo de actuar. El no solo cumplía la Ley, sino que lo declaró abiertamente en Mateo 5:17: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Su vida era, por lo tanto, una coherencia absoluta entre su creencia y su vivencia. Todos sus actos revelan su amor, que es el cumplimiento de la Ley (Romanos 13:10).

Esta enseñanza debe llevarnos a reflexionar sobre la importancia de llenarnos de los pensamientos de Dios, los cuales encontramos en su Palabra, pues estos tienen el poder de moldear nuestra vida, llevándonos a experimentar el sentir de Cristo, para al final poder vivir una vida espiritual, haciendo la voluntad de Dios, tal y como lo apreciamos en la vida de Jesús.

De la misma manera, ahora los creyentes, podemos experimentar lo mismo que Cristo, pues al llenarnos de los pensamientos de Dios, podemos poner en práctica su Palabra por medio del amor, amando tanto a Dios como a nuestros semejantes. (Mateo 22:37-40). Así que hermanos, crezcamos en el conocimiento de Dios por medio de la Palabra para aprender a vivir en el Espíritu.   Oración

Espíritu Santo recuérdame siempre la Palabra de Dios, pues sé que es mi alimento diario, que me permite crecer y fortalecerme para llevar una vida en el Espíritu. Amén.  



martes, 24 de marzo de 2026

Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.

 "Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa." Romanos 1:19-20

"Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó." Génesis 1:27

Muchos creyentes desean sinceramente vivir en el Espíritu y experimentar la vida abundante que Jesús prometió, pero a menudo no saben cómo lograrlo. Aunque a veces inician correctamente, viviendo en el Espíritu, como los gálatas, con el tiempo se desvían y vuelven a vivir en la carne (Gálatas 3:3). Una causa principal de este problema es la falta de conocimiento, un desafío que ya enfrentó el pueblo de Israel, como lo dice Oseas 4:6a: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.” Para contrarrestar esto, podemos pedir la ayuda del Espíritu Santo para comprender mejor lo que significa vivir en el Espíritu.

Para ello, trazaremos un paralelo entre el desarrollo natural de la vida humana y el desarrollo espiritual de la nueva vida en Cristo. Romanos 1:19-20 nos enseña que lo invisible, lo que proviene de Dios, es decir, lo espiritual, puede entenderse a través de su propia creación, lo natural. Pero es por el Espíritu Santo que tenemos esta revelación.

Por ejemplo, el hombre fue creado a imagen de Dios (Génesis 1:27). Por ello, en nuestra vida natural se nos dieron pensamientos, sentimientos y voluntad, los cuales componen nuestra alma y nos capacitan para comprender nuestro mundo y también para relacionarnos con nuestro entorno y nuestros semejantes. En paralelo, cuando recibimos a Cristo como Señor y Salvador, se nos otorga una nueva vida espiritual. Con ella, se nos da: la Mente de Cristo, con la cual podemos comprender los pensamientos de Dios; un nuevo corazón, donde están escritos sus mandamientos; el dominio propio, con el cual podemos obedecer. Estos elementos conforman nuestro espíritu y nos permiten entender las cosas espirituales pero también relacionarnos con Dios.

El desarrollo espiritual es similar al natural. Así como un niño necesita alimentarse para tener un buen desarrollo, permitiendo que su cerebro y su cuerpo en pleno funcionamiento formen pensamientos y sentimientos que lo lleven a tomar decisiones; en lo espiritual también: necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios para formar nuevos pensamientos con la Mente de Cristo, y también para experimentar su sentir. Esto nos capacita para tomar nuevas decisiones, ejecutándolas gracias al dominio propio que proviene del fruto del Espíritu Santo.   Oración

Espíritu de Dios, solo tú puedes darme la revelación que necesito para vivir en el Espíritu, por eso vengo a ti para que me ilumines con tu Palabra y me des sabiduría. Amén



lunes, 23 de marzo de 2026

Poder, amor y dominio propio para vivir en el Espíritu

 Poder, amor y dominio propio para vivir en el Espíritu

"Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio." 2 Timoteo 1:7

Dios quiere recordarnos, o enseñarnos que Él no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio, para que tengamos la certeza, como lo hemos venido viendo en los devocionales de este mes, que tenemos todo lo necesario para vivir en el Espíritu.  

Ahora bien, una de las finalidades de vivir en el Espíritu, es poder participar de los negocios del Padre, de la misma manera como lo hizo Jesús, quien a la edad de doce años, ya tenía claro su propósito en esta vida, al punto de llegar a decirle a sus padres: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”. (Lucas 2:49b)

Estar en los negocios del Padre implica hacer su voluntad, y para hacer la voluntad de Dios es necesaria la obediencia, pues es por medio de ésta, que podremos realizar esas buenas obras que Dios ya ha preparado de antemano, para que nosotros sus hijos, andemos en ellas, claro que todo esto es posible únicamente por Cristo, como dice Efesios 2:10 “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Ahora bien, es necesario que nosotros realicemos esas buenas obras, ¿Cómo?, muriendo a nosotros mismos y permitiendo que Jesús viva a través nuestro como dice Gálatas 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” La clave está en una vida de fe, pero no una fe cualquiera, sino la fe del Hijo de Dios, la cual me da certeza y convicción, para llevarme a la obediencia que es la manifestación o el obrar del amor.

Así que hermanos, armémonos de valentía, y con el poder que trae la comunión del Espíritu Santo (Hechos 1:8), con el amor de Dios que ha sido derramado en nuestro corazón por el Espíritu (Romanos 5:5), y con el dominio propio que se nos ha otorgado (2 Timoteo 1:7), pongamos manos a la obra, para participar de los negocios del Padre: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:19-20.   Oración.

Gracias Padre Dios por llamarme a vivir en el Espíritu para participar efectivamente en tus negocios, haciéndome parte de tu plan de salvación para llevar a otros tu amor. Amén.    



domingo, 22 de marzo de 2026

 Decisiones en el Espíritu, un proceso que proviene de Dios

"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." Efesios 2:10

Es maravilloso saber que en Cristo Jesús hemos sido creados para buenas obra, es decir, Dios tiene para nosotros buenos planes, para darnos propósito y traer esperanza a nuestra vida, como lo dice Jeremías 29:11 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

Ahora bien estas buenas obras, son preparadas por Dios, para que andemos en ellas, pero lo más impactante es que Dios nos llama, nos capacita y el mismo se encarga de ayudarnos para que su propósito se cumpla, como dice Isaías 43:7 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Y como afirma Filipenses 2:13 “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

Y es sorprendente saber, que Dios usa un proceso divino, que es espiritual, que nos lleva a tomar decisiones para andar en esas buenas obras, tal y como revela Hebreos 10:15-25 “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Así que hermanos, meditemos en la palabra revelada en Hebreos 10:15-25, pues ahí encontramos las verdades profundas sobre las cuales Dios nos ha estado instruyendo durante este mes, para poder ver una transformación en nuestras vidas, llevándonos desde una renovación en nuestra manera de pensar, que impacta nuestro modo de sentir, y cambia nuestra manera de actuar, pues finalmente el Espíritu del Señor es quien nos guía en la toma de decisiones de acuerdo a la voluntad de Dios, para terminar participando de las buenas obras diseñadas por Dios para nosotros, por medio de la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, al amor de Dios y a la comunión del Espíritu Santo.  Oración

Espíritu Santo, llévame a tomar decisiones espirituales que me mantengan en el centro de tu voluntad, realizando las obras que has dispuesto para mí. Amén.



sábado, 21 de marzo de 2026

Amor, resultado del fruto de la comunión

 Amor, resultado del fruto de la comunión

"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley." Gálatas 5:22-23

"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros." Juan 13:34-35

En el devocional de ayer veíamos cómo para someternos unos a otros necesitábamos de la llenura del Espíritu Santo, pues esta no es una tarea fácil si lo hacemos en nuestras fuerzas. En la vida diaria, aprender a practicar esto, requiere de humildad, de amor, pero sobre todo del poder de Dios. Y para esto Dios nos ha dado la comunión del Espíritu Santo, la cual es una bendición para nuestra vida, pues es en esa unidad de nuestro espíritu con el Espíritu del Señor donde se produce el fruto que se describe en Gálatas 5:22-23, fruto necesario para poder mirar no solamente por los intereses de uno, sino también por lo de los demás.

De manera clara en Juan 15:1-5 Jesús nos enseña que separados de Él nada podemos hacer, por eso dice: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Así que ahora en Cristo, llevar mucho fruto es posible, gracias a la unión que tenemos con Cristo, pues cuando recibimos a Cristo nos hicimos uno con Él, y por eso su gozo, paz y amor; su paciencia, benignidad y bondad; y su fe, mansedumbre y templanza están a nuestra disposición, pues son características del fruto

El gozo, la paz y el amor de Cristo, nos ayudan en nuestra relación con Dios, pues nos permiten experimentar que somos hijos amados, lo cual trae gozo y paz desde nuestro espíritu a nuestra alma, equilibrando nuestro ser. La paciencia, benignidad y bondad de Cristo nos ayudan en nuestra relación con nuestros semejantes, permitiéndonos tener un trato con ellos, de tal manera que los podamos apreciar como superiores a nosotros, con el fin de ganarlos para Cristo. Y la fe, mansedumbre y templanza de Cristo nos ayudan en la formación de nuestro carácter, llevándonos a ser más como Cristo, para así cumplir con el nuevo mandamiento que Jesús nos dejó: amarnos los unos a los otros como él nos ama. Así que hermanos, pidamos a Dios poder disfrutar de la comunión de su Espíritu para que su fruto se manifieste en nuestras vidas por medio del amor a nuestros semejantes.  Oración.

Espíritu de Dios, llévame a amar a mis hermanos como Cristo me ha amado a mí; que tu fruto se vea en el trato que tengo con los demás. Amén   



jueves, 19 de marzo de 2026

Comunión y santidad para vivir en el Espíritu

 Comunión y santidad para vivir en el Espíritu

"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." 1 Tesalonicenses 5:23

"Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad" 2 Tesalonicenses 2:13

Jesús sabía muy bien de la importancia del Espíritu Santo en la vida del creyente, por eso les dice a sus discípulos en Juan 16:7 “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” Su importancia radica en que es Él quien nos santifica por completo, para que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de Cristo.

La santificación posicional ya es un hecho, pues hemos sido apartados para Dios en Cristo, pero la santificación experiencial es un proceso diario, en el cual el Espíritu Santo: aparta nuestro espíritu para que disfrutemos y nos relacionemos con Dios mediante la comunión; aparta nuestra alma (mente, sentimientos y voluntad) para ser transformados a la imagen de Cristo; y aparta nuestro cuerpo para esas buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Así que, mediante la santificación experiencial, es que en nuestro diario vivir, podremos experimentar esa unión con Cristo, en semejanza al matrimonio, pues ahí, por medio de la comunión del Espíritu Santo, es que nuestra mente es apartada para Dios, y el obrar del Espíritu nos lleva a renovar nuestra manera de pensar para tomar los pensamientos de Cristo; también el Espíritu aparta nuestro corazón para Dios, llevándonos a dejar a un lado el corazón de piedra que está viciado con nuestro malos deseos, sentimientos dañinos y emociones descontroladas, para tomar el nuevo corazón conforme al de Cristo, en el cual están escritos sus mandamientos, para ponerlos por obra; y finalmente el mismo Espíritu nos lleva a rendir nuestra voluntad, para que sea la voluntad de Dios la que hagamos, esto gracias al dominio propio que por su poder nos infunde. Por lo tanto hermanos, pidamos al Espíritu Santo nos santifique integralmente, para experimentar lo que es vivir en el Espíritu.  Oración.

Gracias Dios por tu Santo Espíritu, porque él aparta mi manera de pensar, mi manera de sentir y mi manera de actuar, para guardarme limpio para la venida de tu amado Hijo. Amén.  



miércoles, 18 de marzo de 2026

Uno con Cristo para vivir en el Espíritu

 Uno con Cristo para vivir en el Espíritu

"Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia." Efesios 5:31-32

Es a través de la revelación de Dios, que tenemos gracias a la comunión del Espíritu Santo, que podemos comprender la asombrosa unidad que ahora compartimos con Cristo. Desde el momento en que le recibimos por la fe como Señor y Salvador, pasamos a ser uno con Él, de la misma manera que Él es uno con el Padre. Esta unidad no es meramente intelectual, sino profundamente espiritual, por eso ahora podemos adorarle en espíritu y en verdad, cumpliendo lo que dice Juan 4:24 “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” El espíritu del creyente se convierte en el lugar santísimo, el espacio donde experimentamos la unión con Cristo, gracias a la obra y la presencia del Espíritu Santo (Comunión). Es allí donde somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen de Jesús, por el Espíritu. Esta profunda conexión nos capacita para vivir una vida en el Espíritu.

El apóstol Pablo utiliza una poderosa analogía para ilustrar la profundidad de esta verdad en Efesios 5:31-32: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” Al referirse al matrimonio, Pablo lo eleva para revelar la unidad espiritual entre Cristo y su Iglesia. La intimidad y la unión profunda que disfrutan los esposos al hacer un pacto delante de Dios, a tal punto que se vuelven “una sola carne,” es apenas un pálido reflejo del misterio aún más grande: la comunión inigualable y la unión espiritual que tenemos con nuestro Dios a través de Cristo. Esta analogía es maravillosa porque nos recuerda el costo de la unidad. En el matrimonio, la nueva vida en pareja exige que el esposo y la esposa mueran a sus deseos egoístas. Ser una sola carne requiere dejar de pensar solo en sí mismo para considerar los pensamientos, los sentimientos y las decisiones del cónyuge. De igual modo, al ser uno con Cristo, Dios nos llama a morir a nuestros propios pensamientos, deseos y voluntad, para tomar en cuenta únicamente los de Cristo. Esta unidad no tolera un doble señorío. Por lo tanto, hermanos, abracemos este regalo inmerecido, y por medio de la Comunión del Espíritu, rindamos nuestra vida y empecemos a ceder para que sea Cristo quien viva plenamente en nosotros.  Oración

Espíritu Santo, llévame a ser uno con Cristo en mi diario vivir, quiero que sea más de ÉL y menos de mí, para que en mí se vea el pensar, el sentir y el actuar de Cristo. Amén.