viernes, 2 de octubre de 2026

Crecimiento por la Palabra para vivir en el Espíritu

 Crecimiento por la Palabra para vivir en el Espíritu

"Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él." Lucas 2:40

"Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres." Lucas 2:52

Nuestro mejor referente en todo siempre es Jesucristo, por eso de Él podemos aprender cómo vivir en el Espíritu. La escritura nos revela que Él crecía y se fortalecía, pero también se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él (Lucas 2:40,52), lo cual nos indica un crecimiento integral en la vida de Jesús, tanto su espíritu, su alma y su cuerpo tenían un pleno desarrollo.

José y María, los padres de Jesús, quienes eran judíos y seguían las tradiciones cumplidamente, como lo podemos inferir de Lucas 2:21-42, sin duda, instruyeron al niño en los caminos del Señor, enseñándole desde pequeño las escrituras. Por eso cuando vemos a Jesús, a los doce años en el Templo, haciendo preguntas y hablando con los maestros de la ley, estos se maravillaban de su sabiduría y sus respuestas como dice Lucas 2:46-47.

Jesús fue instruido con la Palabra de Dios desde su niñez. Ya en su vida adulta y al comenzar su ministerio, esa Palabra continuaba manifestándose en todo su modo de actuar. El no solo cumplía la Ley, sino que lo declaró abiertamente en Mateo 5:17: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Su vida era, por lo tanto, una coherencia absoluta entre su creencia y su vivencia. Todos sus actos revelan su amor, que es el cumplimiento de la Ley (Romanos 13:10).

Esta enseñanza debe llevarnos a reflexionar sobre la importancia de llenarnos de los pensamientos de Dios, los cuales encontramos en su Palabra, pues estos tienen el poder de moldear nuestra vida, llevándonos a experimentar el sentir de Cristo, para al final poder vivir una vida espiritual, haciendo la voluntad de Dios, tal y como lo apreciamos en la vida de Jesús.

De la misma manera, ahora los creyentes, podemos experimentar lo mismo que Cristo, pues al llenarnos de los pensamientos de Dios, podemos poner en práctica su Palabra por medio del amor, amando tanto a Dios como a nuestros semejantes. (Mateo 22:37-40). Así que hermanos, crezcamos en el conocimiento de Dios por medio de la Palabra para aprender a vivir en el Espíritu.   Oración.

Espíritu Santo recuérdame siempre la Palabra de Dios, pues sé que es mi alimento diario, que me permite crecer y fortalecerme para llevar una vida en el Espíritu. Amén.  



jueves, 1 de octubre de 2026

La integridad puesta a prueba por el fuego

 La integridad puesta a prueba por el fuego

“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.” Daniel 3:1

“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.”, Daniel 3:16-18

Nabucodonosor mandó a levantar una estatua de oro de 27 metros, edificada sobre la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia, y manda a que todos, pueblos, naciones y lenguas, al oír música de distintos instrumentos, se postren y adoren esta estatua. Cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo (Daniel 3:1, Daniel 3:4-6). Era un edicto en contra del primero y segundo mandamiento:

No tendrás dioses ajenos delante de mí. — Deuteronomio 5:7

No te harás imagen ni escultura para adorarla. — Deuteronomio 5:8-10

Sadrac, Mesac y Abed-nego, no adoraron la estatua de oro levantada por Nabucodonosor y fueron confrontados por el rey, pero su respuesta aún retumba en nuestros oídos: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Al escuchar esto, Nabucodonosor se llenó de ira y ordenó que fuesen amarrados, echados al horno de fuego que fue calentado 7 veces más de lo acostumbrado (Daniel 3:19).

Y luego de ser echados al fuego, pasó algo extraordinario: “Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.” (Daniel 3:24-25)

Poderosamente fueron salvados; su fe en Dios, independiente de las circunstancias, muestra el más elevado concepto de negarse así mismo para hacer la voluntad de Dios; esto lo evidencia una pequeña palabra de enlace en Daniel 3:18 —“Y si no”—

Un cuarto varón los salvó, según la traducción “un hijo de dioses”, un ser celestial, o un ángel, como lo declaró Nabucodonosor más adelante. (Daniel 3:28)

Ellos fueron salvados por Cristo, porque sólo Él es aquel del cual fuimos revestidos para que se cumpla: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”, Isaías 43:2,

Revestidos de Cristo, el fuego de las dificultades de la vida, de la prueba, no nos quema, nos hace más semejantes a Él. Y si semejantes a él, la vida incorruptible e íntegra del Hijo de Dios, es manifestada en nosotros, así como lo fue en Sadrac, Mesac y Abed-nego; esto nos lleva a la integridad: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.”, Gálatas 3:27.

Hermanos, mantengamos la firmeza de nuestra fe y confianza plena en Cristo, en su Palabra, pues aún en los tiempos más oscuros, será lo único que nos libre cuando llegue el fuego de la prueba. (Apocalipsis 3:10).     Oración.

Amado Dios, me has revestido de Cristo para cubrirme de gracia y de tu amor, soy salvado del fuego, de las dificultades y las pruebas, porque tú caminas a mi lado, por lo tanto me mantengo firme en mi fe y descanso en ti, incluso cuando soy presionado por el mundo, pues mi integridad se basa en tus principios, promesas y en tu Palabra que ahora mora en mí. Amén.  



miércoles, 30 de septiembre de 2026

¿Cómo responder a la voz de Dios?

 ¿Cómo responder a la voz de Dios?

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Más el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”. Santiago 1:22-25

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”. Deuteronomio 6:4-9

¿Qué nos puede enseñar Santiago acerca de cómo responder a la voz de Dios?

Santiago nos dice que no nos contentemos solamente con escuchar la Palabra, el secreto para responder a la voz de Dios es llevarla a la práctica. Jacobo, como es su nombre en hebreo, era uno de los hermanos de Jesús, Mateo 13:53-56, había crecido con Jesús y lo había escuchado desde que era pequeño, pero no había creído en Él. Cuando Jesús resucitó se le apareció como dice 1 Corintios 15:7 y desde ahí Jacobo, creyó y fue transformado hasta volverse un pilar de la iglesia primitiva y uno de los primeros mártires por defender la fe en Jesús.

Todavía se suele identificar el ir a la iglesia y leer la Biblia con el cristianismo, pero eso no es ni la mitad del camino. Lo realmente importante es llevar a la acción lo que hemos escuchado. No podemos tener los ojos cerrados al hecho de que lo que se lee y se oye tiene que vivirse.

Santiago, dice que la persona que oye, pero no hace, es como el que se mira en un espejo, luego se va y se olvida como es. Al escuchar la Palabra de la verdad se nos revela cómo somos y cómo deberíamos ser. Si no hacemos más que oír, pero no nos sometemos al Señorío, para que Él nos transforme con el poder de su Espíritu, todo se queda como está y no le sirve de nada.

En cambio, quien se fija atentamente en la Palabra, en la ley perfecta que da libertad y persevera en ella, no olvidando lo que ha escuchado y poniéndolo en práctica, esta persona recibe bendición.

A veces escuchamos la Palabra, pero se nos olvida, porque viene la tensión, la rutina de la vida, las tentaciones, las situaciones complejas, la enfermedad y muchas otras cosas que van a intentar tomar el control de nuestros pensamientos y dejamos que otras voces tengan más peso que lo que Dios nos ha hablado y terminamos olvidando lo que ha dicho.

La solución para no olvidar es repetirlo. Y eso es lo que Dios le dijo a su pueblo años atrás. Dios les da una Palabra para que repitan una y otra vez. El Shemá en Deuteronomio 6:4-9.

Repitamos una y otra vez lo que Dios nos ha hablado. Algún día será un escudo contra las mentiras del enemigo. Repitamos las verdades de Dios porque ya se han cumplido en nosotros, todo ha sido consumado. Lo que Dios ya ha proclamado sobre nosotros, sobre nuestra identidad, sobre nuestro hogar, sobre nuestra iglesia, sobre nuestro país, ya lo ha hecho.

Cuando el enemigo intente cambiar la voz de Dios no podemos permitirlo. Jesús cuando fue tentado dijo: “escrito está”; David recordaba una y otra vez las promesas que el Señor le había dado, el reflejo que Él había visto como en un espejo. Es tiempo de empezar a tomar autoridad sobre nuestras vidas y empezar a recordar lo que el Señor nos ha dicho.    Oración.

Amado Jesús, tu Palabra es el espejo donde puedo mirarme, a la luz de ella puedes escudriñar mi corazón y si hay algo que no está bien, ayúdame a someterlo a tu Señorío, y si hay pecado me arrepiento y lo confieso, porque tú eres fiel y justo para perdonarme y limpiarme. Enséñame a repetir tu Palabra para no olvidarla para que sea mi escudo protector cuando vengan las mentiras del enemigo y quieran engañarme. Quiero responder a tu voz y ser hacedor de tu Palabra. En el Nombre de Jesús, amén. 



martes, 29 de septiembre de 2026

Venid a mí y te daré descanso

 Venid a mí y te daré descanso

“Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto”. Marcos 6:30-32

El lugar secreto es el lugar donde podemos bajar la guardia, es allí donde podemos sentirnos vulnerables, donde podemos mostrarnos tal como somos y es donde el Señor habla a nuestro corazón. La Palabra de Dios dice en Salmos 51:6 “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”. Preguntémonos ¿Cuándo fue la última vez que escuchamos a Dios? ¿Sólo cuando vinimos a la iglesia? ¿Cuándo fue la última vez que fuimos al lugar secreto? porque hay cosas que el Señor solamente va a revelar en la intimidad con Él. Cuando nos acercamos a su corazón nos hace comprender su voluntad. Salmos 25:14 dice: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”.

El Señor siempre nos está diciendo “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, Mateo 11:28. En este pasaje el Señor invita a sus discípulos a estar a solas con Él, a ir a un lugar desierto lejos de la multitud para poder conversar sobre todos los milagros que ellos habían hecho en su misión y para enseñarles. Ese momento de intimidad con Jesús era para comprender todo lo que habían vivido y experimentado.

A veces cometemos el error de no parar, vamos arrastrando la vida, nos agotamos con todo lo que hacemos aun en la obra del Señor, eso nos debilita porque no tenemos tiempo para ir al lugar tranquilo a estar en intimidad, a reponer fuerzas, a comprender lo que está pasando, a obtener revelación y a afianzar lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Es el tiempo de plantarnos en su Presencia para recobrar fuerzas.

Por eso entendemos que el lugar tranquilo no es un sitio, es donde Jesús está con nosotros. Por eso podemos estar con Él aun en medio de las tormentas que estamos viviendo, podemos encontrarlo aún en medio de nuestra enfermedad, de la crisis matrimonial o emocional, o en nuestra escasez, porque Cristo está allí con nosotros, donde podemos escucharlo, porque el lugar secreto es Jesús.

Recordemos que ninguna persona puede trabajar sin descansar; y ninguna persona puede vivir la vida cristiana a menos que tenga tiempo con Dios. Muchos de los problemas que tenemos vienen por no darle a Dios la oportunidad de hablarnos, no le damos tiempo para recargar nuestras energías y fuerza espiritual, porque no buscamos ese momento de intimidad con Él.    Oración. 

Amado Señor, hoy entiendo que no puedo asumir las cargas de mi vida si no tengo tiempo de intimidad contigo, sino busco ese lugar secreto donde me puedas hablar. No puedo hacer nada a menos que sea con la fuerza que tú me das, por eso necesito entrar en tu Presencia, encontrar descanso en ti y dejarme llenar de tu Santo Espíritu para vivir en Plenitud, quiero escuchar tu voz y hacer tu voluntad. En el Nombre de Jesús, amén.



lunes, 28 de septiembre de 2026

Por tu palabra echaré las redes

 Por tu palabra echaré las redes

“Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”. Lucas 5:3-5

El ser humano tiene la necesidad de acercarse al Señor, de escuchar su voz, porque fuimos creados a través del poder de la Palabra de Dios. Asimismo, recordemos “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”, Romanos 10:17.

La fe viene por el oír, recordemos lo importante que era esto para los judíos, que cada mañana recitaban el Shemá que está en Deuteronomio 6:4-7a: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos”. Cuando el Señor dice “Oye, Israel”, es un llamado a escucharlo, a escuchar su Palabra.

Cuando inclinemos nuestro oído a escuchar lo que Jesús dice, la fe nacerá en nuestro corazón. Por eso, escuchemos a Jesús en nuestra rutina, a veces pensamos que solo lo podemos oír en la congregación o reunión espiritual de la iglesia, pero el Señor tiene otra forma de hablar más y es cuando se acerca a nosotros en medio de lo que hacemos. Lo hizo con la mujer Samaritana cuando fue al pozo a sacar agua, y Jesús le empezó a hablar y después de hablar con Él corrió al pueblo a decirles a todos que había encontrado a un hombre que le había dicho todo lo que había hecho; muchos de los samaritanos creyeron en Él por el testimonio que ella daba y otros creyeron por lo que oyeron directamente de Jesús.

Una palabra de Jesús en medio de la rutina puede cambiarlo todo. Esto pasó con Mateo cuando estaba en el banco de los impuestos, Jesús pasaba por ahí y solamente le dijo “Leví, sígueme” y al instante Mateo abandonó todo, le siguió y su vida fue transformada y hoy tenemos el evangelio de Mateo, por haber escuchado la voz de Jesús.

La Biblia nos dice que Pedro, quien era pescador, después de trabajar toda la noche no pescó nada y se encontraba limpiando las redes, estaba en su rutina, y Jesús se acercó y le pidió que apartara su barca y desde allí comenzó a enseñar. Después, “Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red”, Lucas 5:4-5, al obedecer su Palabra vino la pesca milagrosa.

Estos tres personajes tuvieron la sensibilidad de reconocer su voz y responder a ella. Hoy entendemos que muchas veces Dios intenta interrumpir nuestro día de trabajo, nuestra rutina con un versículo, una imagen, con algo que vemos, pero vamos tan distraídos que no prestamos atención a lo que nos dice. Vale la pena dejarse incomodar por el Señor, porque es muy probable que podamos cambiar la vida de alguien si escuchamos cuando Él nos habla.

Es tiempo de que comprendamos que la iglesia no es solo un cuerpo de domingo, sino que somos de lunes a domingo un pueblo que responde, unos oídos que escuchan y una fe que está atenta en medio de la rutina; salgamos de las cuatro paredes de la iglesia a hacer lo que Él nos pide: llevar su mensaje y hacer discípulos en todas las naciones. Digámosle a Jesús: “por tu Palabra Señor echaré la red.   Oración.

Señor Jesús, quiero escucharte en medio de mi batalla, en medio de mi historia, en medio de mi realidad, de mi enfermedad, en medio de cada situación de mi vida; ahora que tengo pocas fuerzas, que tengo mi mente perdida, solo quiero oír tu voz y quiero que cuando hables todo mi ser y mi corazón sean tocados por tu Presencia y "en tu Palabra echaré la red". Te necesito mi Jesús, amén. 



domingo, 27 de septiembre de 2026

Jesús sigue hablando

 Jesús sigue hablando

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. Hebreos 1:1-3

El Señor siempre ha hablado a la humanidad desde el comienzo de la creación, el Salmo 19:1 nos dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. Es necio aquel que mira el universo, mira la tierra o se mira así mismo y niega la existencia de Dios, Salmo 14:1

2 Timoteo 3:16 nos dice que las Escrituras que tenemos están divinamente inspiradas, aseverando lo que Hebreos 1:1 dice aquí: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas”. Es una declaración de gran importancia. Dios no le dio a Abraham toda la verdad, pero la fue añadiendo a medida que fue tratando con hombres diferentes a través de los años, Moisés, David, etc. Como dijo Pablo a los Gálatas 4:4 “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. Así que ha habido un desarrollo progresivo de la revelación de su Palabra.

Dios usó diferentes formas de comunicación. Él habló a Abraham, le pidió salir de su tierra y parentela y le prometió hacer de él una gran nación; a Moisés se le apareció en una zarza ardiendo y le dio la ley. Y más tarde hizo ciertas promesas a Josué. Él habló a través de sueños. Él habló a través de la ley; habló a través de diferentes tipos y figuras; habló a través del ritual. Habló a través de la historia, a través de la poesía, a través de la profecía. Y utilizó todas estas maneras o formas diferentes en el transcurso de un período largo de tiempo, utilizando a unos cuarenta y cinco escritores y comunicando su Palabra en un período de unos 1.500 años.

¿Nos hemos detenido a pensar que la multiplicidad de escritores, en sí misma, convierte a la Biblia en un libro extraordinario? Usó hombres con diferentes antecedentes y diversas capacidades. Dios habló por medio de muchos hombres que fueron profetas, proporcionándonos el Antiguo Testamento, pero ellos entregaron simplemente una revelación parcial.

Pero ahora vemos que Dios ha hablado finalmente y completamente por medio de su Hijo. Si Él hablara en este día desde el cielo mismo, Él repetiría algo que ya ha dicho, porque tenemos la última palabra de Dios para este mundo en Cristo Jesús. Recordemos que el Padre habló desde el cielo diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia: a él oíd”, Mateo 17:5b. Y ya que el Padre ha pronunciado su palabra final en el Señor Jesucristo, es también la palabra final para nosotros.

El Hijo es el que está ante nosotros. La revelación está llena de Él. Él cumple todo el Antiguo Testamento y Él mismo presentó la Palabra final de Dios a los hombres. Como Jesús dijo hace más de 2000 años en Juan 16:15 “Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”. Así que el Espíritu de Dios, sigue hablando por medio de los otros escritores del Nuevo Testamento y nos ha dado la revelación completa de Dios.

Si anhelamos oír la voz del Señor, entonces conozcamos, estudiemos y meditemos en su Palabra, ahí está todo lo que necesitamos.   Oración.

Padre celestial, gracias por revelarme tu voluntad por medio de tu Hijo Jesucristo. Él es el cumplimiento y la culminación de tu Palabra a través de los siglos. Por eso al conocer a Jesús, tengo todo lo que necesito para ser salvo de mi pecado, tener una nueva vida y una perfecta comunión contigo. No solo Jesucristo es la plena revelación de Dios, sino también es Dios mismo; el Dios que habló desde el Antiguo Testamento y que me sigue hablando en este momento por medio de su Palabra y la iluminación de su Santo Espíritu, amén.



sábado, 26 de septiembre de 2026

Señor quiero escucharte hablar

 Señor quiero escucharte hablar

“Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres; mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis”. Jeremías 35:15

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Juan 1:1-4

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14

Vivimos en un mundo tan saturado de comunicación, que siempre estamos recibiendo algún tipo de información y son muchas las voces que nos rodean; la intensidad del trabajo, los estudios, la realidad que enfrentamos, los afanes del día a día, las pantallas de nuestros móviles; y a veces no pausamos para escuchar a Dios. Todo nos distrae de escucharlo, nuestro cerebro está todo el tiempo procesando todo lo que nos llega. En medio de tanto ruido del mundo debemos inclinar nuestro oído al Señor.

La creación estaba escuchando, en Génesis 1 nos dice que todo era un caos, todo estaba desordenado, oscuro; pero Dios habló: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” Génesis 1:3, a la voz del Señor todo ese caos y oscuridad se convirtieron en armonía y creación. Dios habla al ser humano y recibe vida, identidad y propósito. Lo que está desordenado, escucha a Dios y encuentra orden, lo que está oscuro escucha a Dios y recibe luz, lo que está muerto y es solo barro, escucha a Dios y recibe propósito. Por eso, Satanás se empeña en que dejemos de oírlo, su primer ataque a la humanidad no fue espiritual, fue una conversación que hizo que la humanidad representada en Eva girara su oído hacia él, a lo incorrecto y empezara a dudar del carácter Santo de Dios.

Dios viene de vuelta y lo que más le duele a Él es que hayamos dejado de escucharlo para oír a otros. Dios le había dado a Adán toda la instrucción para que lo obedeciera y cuidara a Eva, sin embargo, su oído cambió de dirección y escuchó a su mujer y a su vez Eva oyó la voz de Satanás y esto los llevó a su muerte espiritual.

Si no oímos la voz de Aquel que trae vida, viviremos en caos y muerte. Sin embargo, todo lo que el Padre ha intentado hacer desde ese momento es llamarnos de vuelta a Él para escucharle. “Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis” Amós 5:4

El Señor trató de llamarnos de vuelta a través de profetas, reyes, jueces, sacerdotes, profecías mesiánicas, señales del pacto y nada. Hasta que decidió que, si no lo oíamos, lo veríamos, fue ahí cuando envió a su Hijo, en Juan 1 nos dice el Señor que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, ahora no solo lo hemos escuchado, sino que hemos contemplado su gloria, la gloria que le corresponde al Unigénito Hijo de Dios. Ahora podemos escuchar a Dios a través de Jesús, estemos atentos para que no tenga que repetir lo que le dijo antes al pueblo de Israel: “mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis.     Oración.

Señor Jesús, gracias por revelarme tu Palabra, gracias porque la única manera de revertir el caos de mi existencia, fue haberte escuchado de nuevo. Gracias, por enviar tu mensaje de salvación, por abrir mis oídos espirituales para oírte, por llenarme de tu luz y darme vida, al recibirte en mi corazón. Gracias por darme hambre de tu Palabra que transforma mi vida. En el Nombre de Jesús, amén.