jueves, 24 de septiembre de 2026

Cuando Dios habla al corazón

 Cuando Dios habla al corazón

“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Santiago 1:21-22

Este versículo nos invita a una doble acción: desechar y recibir. Primero Santiago nos llama a desechar toda inmundicia y toda abundancia de malicia, es decir, que debemos despojarnos de toda impureza de la naturaleza carnal, todo aquello que ensucia nuestro corazón: actitudes, pensamientos o hábitos que nos apartan de la vida que Dios desea para nosotros. No se trata de hacer un esfuerzo moral, sino de reconocer que hay cosas que, si permanecen en nosotros no nos dejan escuchar la voz de Dios.

Luego el apóstol nos anima a recibir con mansedumbre la Palabra de Dios. Es decir, tener un corazón dispuesto, enseñable y humilde. Creemos que esta Palabra es el mejor preventivo contra los pecados de la naturaleza humana carnal. La Palabra no solamente nos instruye; sino que transforma, purifica y sana, es una semilla que, si se implanta profundamente produce frutos de vida, paz y salvación.

El versículo finaliza diciendo de la Palabra de Dios, que puede salvar nuestras almas. Cada día tenemos la oportunidad de elegir con qué llenar nuestro interior, si soltamos lo que nos contamina, entonces hay espacio para la Palabra que restaura.

Ahora, el apóstol está hablando a aquellos que hemos sido salvos. Los que hemos recibido la Palabra implantada. A Cristo en nuestro corazón, que nos ha traído la salvación, pero tenemos que vivir como hijos de Dios, sin apartarnos de sus enseñanzas. Cada hijo quiere oír la voz de su padre, especialmente si es una voz de consuelo o de corrección.

“Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”. La mejor traducción de la biblia para otros es la “traducción de los hacedores”. Se trata de presentar vidas que llevan esa Palabra a la práctica, que la ponen por obra en la vida diaria. Pablo lo dijo de esta manera en 2 Corintios 3:2-3 “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”. El mundo hoy no está leyendo la Biblia, pero sí está leyendo nuestra vida. El Evangelio escribe un capítulo cada día, por acciones que realizamos y por las palabras que expresamos. La Palabra de Dios es un mandamiento. Es un llamado a la acción. A hacer lo que Él nos dice. Por eso si oímos la voz de Dios no endurezcamos nuestros corazones, Salmos 95:8.    Oración.

Señor hoy vengo delante de ti con un corazón abierto. Ayúdame a desechar todo lo que no te honra y me aleja de tu voluntad. Dame un espíritu humilde para recibir tu Palabra con mansedumbre y permite que ella se implante profundamente en mi vida, para que renueve mi mente, fortalezca mi fe y produzca en mí el fruto de tu Espíritu, en el Nombre de Jesús, amén.  



miércoles, 23 de septiembre de 2026

La ayuda verdadera viene de Dios

 La ayuda verdadera viene de Dios

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”. Salmos 121:1-8

Este salmo se conoce como la canción del peregrino. Cuando los peregrinos viajaban hacia Jerusalén para ir a adorar, miraban las montañas a la distancia que rodeaban a la ciudad santa. Y el primer versículo de este Salmo dice: “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro?”. Este peregrino no estaba buscando ayuda en lo alto de las montañas; estaba buscando a Dios. Su respuesta está en el versículo 2, que dice: “Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra”. Su ayuda vendría de Dios y no de los montes. A medida que el peregrino se acercaba a Jerusalén, no había diferencia si se aproximaba desde el norte, del este, del sur o del oeste, en cualquier caso, tendría que atravesar montañas.

Cuando el peregrino llegaba al lugar desde donde podía ver las montañas de Judá, podía contemplar los lugares de la adoración pagana en las cimas de las montañas. Allí era donde los paganos habían edificado sus altares. Y con toda seguridad, su ayuda no vendría de la cima de aquellas montañas. Jeremías 3:23 dice: “Ciertamente vanidad son los collados y el bullicio sobre los montes; ciertamente en el Señor, nuestro Dios, está la salvación de Israel”. Esta era la idea que estaba presente en la canción del peregrino mientras se acercaba a Jerusalén, proclamaba que el socorro viene de Jehová.

Igualmente, nosotros podemos buscar nuestra ayuda en el Dios de los cielos, que no permitirá que nuestro pie resbale, no permitirá que nosotros tambaleemos ante las adversidades, porque el Señor es nuestro guardián protector. La Palabra dice en Proverbios 3:26 “Porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso”.

“Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma”. Esto tiene que ver con el maravilloso poder protector de Dios. Él nos preservará en medio de la inseguridad en que vivimos, el guardará nuestros caminos, nuestra entrada y nuestra salida. El apóstol Pedro nos dice: ” que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”, 1 Pedro 1:5. Recordándonos que nuestra ayuda proviene del Señor. Él es el que nos sostiene como dice el Salmo 37:24: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”.

Queridos hermanos, Dios es el que protege a Israel y el protector de los suyos en la actualidad, nos cuida de día y de noche, Él no se duerme, continúa vigilando y protegiendo nuestras vidas, nos guardará en el hogar y en el camino, en la noche y en el día, esto nos debe recordar su promesa de que estará siempre con nosotros, Mateo 28:20 “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.   Oración.

Señor, así como Ana, hoy elevo una canción a ti llena de gratitud porque tú has guardado mi vida y la vida de los que me rodean, porque tú eres nuestra ayuda y nuestro socorro. Como el apóstol Judas me apropio de su oración de los versículos 24-25, para reconocer tu soberanía, majestad y poder, diciendo: "A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén.   



martes, 22 de septiembre de 2026

Es este el día que hizo el Señor

 

“Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él”. Salmos 118:24

“Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”. Salmos 143:8-10

Cada nuevo día es un regalo de Dios. No importa lo que hayamos pasado ayer ni lo que puede venir mañana: hoy es el día que el Señor ha preparado especialmente para nosotros. Este versículo nos invita a reconocer que no vivimos por casualidad ni por rutina, sino por la voluntad y la misericordia de Dios.

Muchas veces, despertamos con preocupaciones, cansancio o con un corazón cargado por las situaciones diarias; pero el salmista nos recuerda que podemos elegir gozarnos y alegrarnos en medio de todo lo que nos pasa, no porque sea perfecto, sino porque Dios está presente. Su fidelidad no cambia, su amor inagotable nos sostiene y su propósito sigue en pie.

Gozarse en el día que hizo el Señor es una decisión espiritual: es mirar más allá de lo visible y confiar que si el Señor nos dio este día, también nos dará la fuerza para vivirlo con gratitud, esperanza y fe. Cada amanecer es una nueva oportunidad para ver la bondad de Dios, servirle con alegría y ser luz para otros.

“Este es el día que hizo el Señor”, también tiene un significado mesiánico, se refiere al día de fiesta que se celebraba en Jerusalén, pero también tiene un alcance mayor al día, cuando se cumplió en Cristo, el día de su entrada triunfal a la ciudad, cuando la gente gritaba “hosanna” que significa: “Sálvanos por favor”, recordemos que fue ahí donde empezó el camino hacia la cruz, que nos daría perdón y libertad.

Veamos Juan 12:13 “tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”. Vivamos cada día anhelando el regreso de nuestro Rey Salvador.

Que cada nuevo día busquemos lo que Dios desea, y no solo es conocer su voluntad, sino que hace falta la ayuda del Espíritu Santo para poder vivirlo con rectitud, la vida de obediencia es posible por su poder.

No dejemos que el temor o la rutina nos roben el gozo, pidamos ser iluminados con el conocimiento de la voluntad de Dios, esta es la primera obra del Espíritu. El hombre bueno no pide el camino en que sea más placentero andar, sino que el Espíritu nos enseñe a hacerlo. Quienes tienen al Señor como Dios, son guiados por el Espíritu. Roguemos ser vivificados para hacer su voluntad, buscando primeramente dejar aquellos pecados que no nos dejan vivir cada día para su gloria.    Oración.

Gracias Señor por este nuevo día que has hecho para mí, porque cada mañana renuevas tu misericordia y me das la oportunidad de empezar de nuevo. Ayúdame a vivir este día con gratitud, con gozo y con fe en ti. Que nada robe mi paz, y que pueda ver tu mano en cada situación. Enséñame a alegrarme no por mis circunstancias, sino porque tú estás conmigo, en el Nombre de Jesús, amén.   



lunes, 21 de septiembre de 2026

Solo Cristo salva

 Solo Cristo salva

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:9-11

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. 1 Timoteo 2:5

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Hechos 4:12

El apóstol Pedro con estas palabras en el libro de Hechos, enfatiza a los dirigentes de Israel que la salvación sólo está en Jesús, y exalta al Señor como la única esperanza de la humanidad. Cuando dice: “Y en ningún otro hay salvación”, ese “otro” viene del griego “heteros” y denota una distinción, una exclusividad sin otras alternativas u opciones, Jesús es el único Camino de salvación.

El llamamiento a llevar el evangelio a las naciones se funda sobre las siguientes premisas: 1) que la humanidad sin Cristo está perdida; 2) No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos; es decir, que no hay ninguna otra autoridad, ninguna otra personalidad, ningún otro sistema o filosofía que pueda rescatar el alma humana. Estar “en Cristo” es la única manera de entrar en la nueva creación y recibir la salvación eterna prometida por Dios, recordamos 2 Corintios 5:17 que dice: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, lo que nos reafirma que estamos “en Cristo”.

Muchas personas reaccionan negativamente al hecho de que no hay otro nombre en que podamos ser salvos. Jesús mismo en Juan 14:6 dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Si Dios designó a Jesús como el Salvador del mundo, ningún otro puede ser su igual. La salvación solo viene por Jesucristo quién dio su vida como ofrenda por los pecados del mundo. Ningún otro pudo morir por los pecados de la humanidad; ningún otro vino a la tierra como el Hijo unigénito de Dios; ningún otro resucitó de la muerte. Debemos entonces enfocarnos en Jesús, a quien Dios ofreció para que todo aquel que en Él cree, no se pierda y tenga vida eterna, Juan 3:16 ¡Hoy demos gloria a su Nombre.    Oración.

Gracias Señor Jesús por ser el único mediador entre Dios y nosotros, por darme la salvación por medio de tu obra redentora, sin necesidad de otros intermediarios, méritos propios o rituales religiosos. Cristo eres suficiente, porque tu sacrificio en la cruz fue perfecto y completo, no necesito repetirlo, ni complementarlo con obras porque ya todo fue consumado por ti. Por eso quiero exaltar tu poderoso Nombre, amén.     



domingo, 20 de septiembre de 2026

El Señor ve todo con perfecta claridad

 El Señor ve todo con perfecta claridad

“Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”. Salmos 139:11-12

Dios tiene un conocimiento perfecto de nosotros y todos nuestros pensamientos y acciones están abiertos ante Él, Salmos 139:1-4,7-8. Dios sabe todas las cosas, es omnisciente y está en todos lados porque es omnipresente, son verdades reconocidas por todos, pero rara vez creídas correctamente por la humanidad. Dios nos hará entender y nos enseñará el camino que debemos andar, llevará cuenta de cada paso bueno y cada paso malo que damos. Dondequiera que vayamos, estamos bajo el ojo y la mano de Dios, Salmos 32:8. Él todo lo escudriña, por eso estos versículos nos recuerdan una verdad poderosa: nada queda oculto delante de Dios.

Aun cuando nuestra vida parece estar envuelta en tinieblas, cuando la confusión, el dolor, el miedo nos hacen caminar sin rumbo, Él lo ve todo con claridad perfecta. Para el Señor, no hay diferencia entre la noche y el día, porque su Presencia ilumina aun los rincones más oscuros de nuestro interior. Por eso cuando pecamos y atravesamos momentos de tristeza profunda, pensamos que Él se ha alejado de nosotros, pero el salmista nos asegura que Él nunca nos deja. Él está con nosotros, aunque no lo percibamos. Su luz no solo revela lo oculto, sino que trae consuelo, guía y esperanza. Donde nosotros vemos sombras Él ve oportunidades para mostrarnos su gracia.

Ninguna oscuridad es demasiado densa para el Señor, Él puede transformar las noches más oscuras de nuestra vida en días de paz, y cambiar nuestra incertidumbre por confianza. Por eso es el momento de entregarle todas aquellas cosas que han apagado al Espíritu Santo en nosotros y permitirle que avive nuevamente el fuego de su Presencia y nos ilumine nuevamente con su amor y poder, 1 Tesalonicenses 5:19

No podemos ver a Dios, pero Él puede vernos. No podemos escapar de su alcance. Ningún velo puede taparnos de Dios; el creyente no puede ser quitado de la presencia consoladora y sostenedora del Dios Omnipotente. Ninguna circunstancia externa puede separarnos de su amor, Romanos 8:38-39 afirma: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Saber que Dios es omnipresente y omnisciente, debe llenarnos de la seguridad de que Él nos ve, nos ama y nos conoce.   Oración.

Señor Jesús, gracias porque aún en medio de la oscuridad tú me ves y me sostienes, ilumina mis pasos con tu Santa Palabra, llena mis pensamientos de tu paz y ayúdame a confiar que tu Presencia me acompaña siempre. Sé que siempre estás conmigo, esto me da seguridad y refugio, amén.    



sábado, 19 de septiembre de 2026

Todo pasará porque Él lo ha prometido

 Todo pasará porque Él lo ha prometido

“Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?” Salmos 56:8

“Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”. Salmos 30:11-12

Estos versículos nos hacen pensar que las pruebas pesadas y continuas por las cuales pasamos, deben enseñarnos a ser pacientes y a esperar la respuesta del Señor, en su tiempo. A menudo sucede lo contrario, somos tentados a estar tristes y desesperados, debemos aprender a colocar nuestras emociones bajo el control del Espíritu Santo.

David nos recuerda que hay un tiempo para el duelo, un tiempo para llorar, pero nos consuela diciendo que el Señor sabe de nuestras penas y nuestros dolores. Que tiene una botella y un libro para las lágrimas de su pueblo, para las lágrimas por sus pecados y las lágrimas de sus aflicciones.

Aun en nuestra tristeza más profunda, ¡Dios se interesa por nosotros! Jesús nos recordó un poco más acerca de cuánto nos comprende Dios: conoce la cantidad de cabellos que hay en nuestra cabeza, Mateo 10:30 nos dice: “Pues aún vuestros cabellos están todos contados”. Esto nos muestra su Soberanía y su Omnipotencia sobre nuestras vidas, para que no tambaleemos entre la fe y el temor. Cuando nos sintamos desalentados y pensemos que nadie nos comprende recordemos que Dios conoce todos los problemas y ve cada una de nuestras lágrimas.

Cada tristeza que sentimos, cada momento de dolor está guardado en los cielos esperando la acción divina. Él lleva un registro de todas tus tristezas, pero también promete que convertirá nuestra tristeza en alegría y nuestro luto en danza.

Los salmos hablan a menudo de libros que Dios guarda. Aquí Dios registra todos los sufrimientos, Salmos 56:8. En Salmos 69:28 dice que anota a los justos en un libro: “Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos entre los justos”. En Salmos 139:16 expresa que todos los detalles de nuestra vida fueron escritos en un libro: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”. En Salmos 87: 6 dice: “Jehová contará al inscribir a los pueblos: Este nació allí”. Como podemos ver el Señor no olvida ningún detalle de nuestra vida.

Confiemos en su Palabra y en sus promesas para que nos animemos unos a otros con estas palabras, el sufrimiento no durará para siempre. Isaias 25:8 afirma: “Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho” y Apocalipsis 7:17 “porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”. Todo pasará porque Él lo ha prometido en Apocalipsis 21:4 dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.    Oración.

Gracias Señor, por hacer que broten manantiales de vida a mi alma, tu conoces mi dolor más profundo, tú sabes cuántas lágrimas he derramado delante de tu Presencia, pero también, gracias por que me consuelas con tus promesas, sé que cambiarás mi lamento en danza, que convertirás mi tristeza en alegría. Por eso te alabaré por siempre, Amén.  



viernes, 18 de septiembre de 2026

El impacto del Amor de Dios

 El impacto del Amor de Dios

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras." Jeremías 17:9-10

La Palabra de Dios es clara al afirmar que el corazón del ser humano es “engañoso y perverso”. ¿Cuál es la razón? Mateo 15:19 nos lo aclara: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” Como cualquier otro pecado, estos nacen en nuestro interior. Jesús nos enseña y confirma en Mateo 5:19 que el hombre, después de la caída, quedó con una naturaleza pecaminosa que lo impulsa constantemente a pecar.

Lo triste es que, a pesar de esta advertencia divina, con frecuencia optamos por confiar en nuestro propio corazón. Frases como “sigue tu corazón, él te mostrará el camino” o “no importa lo que te digan, lo importante es seguir tu corazón” han calado hondo en nuestra sociedad, y han terminado influenciando nuestra toma de decisiones, al punto de actuar solamente por un sentir, un presentimiento o un impulso.

Sin embargo, el deseo de Dios es que nuestra confianza esté depositada plenamente en Él, y no en nuestro corazón, tal como se revela en Jeremías 17:7-8: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”

Como hijos de Dios, tenemos la promesa de dar fruto siempre, pues hemos sido plantados en Cristo, junto a las corrientes de las aguas del Espíritu Santo: su Amor y su Palabra, que por medio de la comunión del Espíritu Santo nos permiten llevar el fruto del Espíritu descrito por el apóstol Pablo en Gálatas 5:22-23.

Así que, hermanos, si la voz de nuestro corazón intenta llevarnos por caminos equivocados, más bien creámosle a Dios, pues Él conoce nuestro interior mucho mejor que nosotros mismos, como lo afirma Jeremías 17:9-10. Pidámosle sabiduría para permitir que el nuevo corazón que hemos recibido, junto con el amor de Dios derramado en nosotros, impacten nuestra forma de sentir para negarnos a nosotros mismos, y ser capaces de tomar decisiones dirigidas por el Espíritu, y no por la naturaleza pecaminosa de la carne.    Oración.

Padre Dios, que el amor de tu Amado Hijo toque mis fibras más íntimas impactando mi manera de sentir, llevándome a morir a mí mismo, para que viva Cristo en mí. Amén.