Nuestro Cordero de Pascua
Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis". Éxodo 12:12-14
"Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados". Romanos 3:24-25
La celebración de la Pascua es posiblemente la festividad religiosa más importante del pueblo de Israel, recuerda que el éxodo del pueblo de Israel desde Egipto fue el principio de un drama divino escrito, producido y dirigido por Dios mismo. Antes de esto el pueblo de Dios estuvo en esclavitud durante 400 años y cuando llegó el momento, envió a Moisés para liberarlo del dominio de faraón. Al no dejarlo salir, el Señor envió plagas para que su pueblo fuera liberado, finalmente llegó la décima plaga: la muerte de los primogénitos. El Señor protegió la vida a sus seguidores quienes sacrificaron un cordero inmaculado y aplicaron su sangre sobre el dintel de sus puertas, para que al pasar el ángel de la muerte ningún primogénito de su pueblo muriera. Fue después de esta plaga que el faraón dejó ir a los israelitas.
Jesús celebró la fiesta de Pascua con sus discípulos y contó cómo la historia de la redención y liberación suprema de Dios para la humanidad esclava del pecado estaba a punto de realizarse a través de Él. Celebrando la última cena Jesús dijo en Lucas 22:19-20 “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”. Después de años de celebraciones de la Pascua con símbolos y pan sin levadura, la Pascua se hizo realidad en Cristo.
Al día siguiente, en el altar de la eternidad, en una cruz reservada para un criminal, Jesús, nuestro buen Pastor, se convirtió en el Cordero de Pascua y nuestro éxodo de la tierra de esclavitud del pecado y la muerte, nos trajo a una nueva vida en su reino eterno, como lo expresa Colosenses 1:13-14 “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.
En este día que llamamos viernes santo, nuestro Señor Jesús fue golpeado, insultado, azotado, condenado injustamente, obligado a cargar nuestra cruz y luego fue clavado en ella y murió. En ese momento Jesús pronunció: “Tetelestai” que significa “está consumado”, Juan 19:30. La deuda fue pagada, el castigo había sido cumplido, la obra de redención de Dios para el hombre caído fue completa. La sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo había sido derramada sobre el altar de la eternidad, para darnos perdón de pecados, salvación y vida eterna, Juan 1:29. ¡Gloria a Dios! Oración.
Amado Señor Jesús, hoy pienso en que hace 2000 años, tú, el Hijo de Dios, que sostienes el universo en tus manos, fuiste quebrantado y asesinado, clavado públicamente sobre una cruz y moriste no solo por mí, sino por toda la humanidad. Nuestros nombres estaban en tu corazón, nuestros rostros estaban en tu mente y nuestras almas fueron las que te mantuvieron en esa cruz hasta el final, entregaste tu vida por todos nosotros porque nos amas con amor incondicional. No tengo más que palabras de gratitud y alabanza por lo que hiciste allí, amén.