viernes, 3 de abril de 2026

Nuestro Cordero de Pascua

 Nuestro Cordero de Pascua

Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis". Éxodo 12:12-14

"Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados". Romanos 3:24-25

La celebración de la Pascua es posiblemente la festividad religiosa más importante del pueblo de Israel, recuerda que el éxodo del pueblo de Israel desde Egipto fue el principio de un drama divino escrito, producido y dirigido por Dios mismo. Antes de esto el pueblo de Dios estuvo en esclavitud durante 400 años y cuando llegó el momento, envió a Moisés para liberarlo del dominio de faraón. Al no dejarlo salir, el Señor envió plagas para que su pueblo fuera liberado, finalmente llegó la décima plaga: la muerte de los primogénitos. El Señor protegió la vida a sus seguidores quienes sacrificaron un cordero inmaculado y aplicaron su sangre sobre el dintel de sus puertas, para que al pasar el ángel de la muerte ningún primogénito de su pueblo muriera. Fue después de esta plaga que el faraón dejó ir a los israelitas.

Jesús celebró la fiesta de Pascua con sus discípulos y contó cómo la historia de la redención y liberación suprema de Dios para la humanidad esclava del pecado estaba a punto de realizarse a través de Él. Celebrando la última cena Jesús dijo en Lucas 22:19-20 “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”. Después de años de celebraciones de la Pascua con símbolos y pan sin levadura, la Pascua se hizo realidad en Cristo.

Al día siguiente, en el altar de la eternidad, en una cruz reservada para un criminal, Jesús, nuestro buen Pastor, se convirtió en el Cordero de Pascua y nuestro éxodo de la tierra de esclavitud del pecado y la muerte, nos trajo a una nueva vida en su reino eterno, como lo expresa Colosenses 1:13-14 “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

En este día que llamamos viernes santo, nuestro Señor Jesús fue golpeado, insultado, azotado, condenado injustamente, obligado a cargar nuestra cruz y luego fue clavado en ella y murió. En ese momento Jesús pronunció: “Tetelestai” que significa “está consumado”, Juan 19:30. La deuda fue pagada, el castigo había sido cumplido, la obra de redención de Dios para el hombre caído fue completa. La sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo había sido derramada sobre el altar de la eternidad, para darnos perdón de pecados, salvación y vida eterna, Juan 1:29. ¡Gloria a Dios!    Oración.

Amado Señor Jesús, hoy pienso en que hace 2000 años, tú, el Hijo de Dios, que sostienes el universo en tus manos, fuiste quebrantado y asesinado, clavado públicamente sobre una cruz y moriste no solo por mí, sino por toda la humanidad. Nuestros nombres estaban en tu corazón, nuestros rostros estaban en tu mente y nuestras almas fueron las que te mantuvieron en esa cruz hasta el final, entregaste tu vida por todos nosotros porque nos amas con amor incondicional. No tengo más que palabras de gratitud y alabanza por lo que hiciste allí, amén.   



jueves, 2 de abril de 2026

Lavar los pies de otros

 Lavar los pies de otros

"Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido". Juan 13:1-5

Justo antes de la cena de Pascua, Jesús lavó los pies de sus discípulos. En ese tiempo todos usaban sandalias, y el polvo, el barro y todos los desechos que había por todas partes ensuciaban los pies de todo caminante. Además, con el sudor por las elevadas temperaturas y las caminatas, nos podemos imaginar el trabajo sucio que significaba entonces tener que lavar los pies de otro. En esa época en las casas había un criado asignado a lavar los pies de los que entraban en ellas. Y generalmente este trabajo se les daba a las personas más bajas en la escala social de ese entonces. Hoy vemos a Jesús, el autor de la vida, el Rey de reyes y Señor de señores haciendo ese trabajo humilde en la última cena, donde había convidado a sus discípulos para despedirse de ellos antes de ir a la cruz.

Sorprendente que el Dios hecho carne, quien había experimentado el esplendor del cielo ahora se humillara para lavar los pies sucios de sus discípulos, haciendo el trabajo que nadie quería hacer. Él, que con sus manos había sanado ciegos y leprosos, multiplicado los panes y los peces, había caminado sobre las aguas, e incluso transfigurado en gloria delante de algunos de ellos, ahora desempeñaba el cargo de sirviente, estaba dando la lección más grande de humildad, con la intención de enseñarles de tal manera que nunca la olvidasen.

Así como Jesús se rebajó al lavar los pies a sus discípulos, también se rebajó a morir en la cruz para lavar de pecado nuestras almas, que pueden estar más sucias que nuestros pies, Filipenses 2:7-8. El amor divino con el que Dios nos ama, lo llevó a humillarse hasta el punto de redimirnos lavándonos con su propia sangre. Qué gran demostración de amor, Jesús se entregó por nosotros, dio su vida hermosa, perfecta y sin pecado. Vino para servir y morir para rescatarnos, Mateo 20:26-28.

Cuando Jesús tomó la toalla y el lebrillo para lavar los pies a sus discípulos, no sólo asumió el humilde papel del siervo, sino que, estableció un modelo para que aprendamos a ser siervos-líderes. Un líder piadoso es aquel que se inclina para ayudar a otros, que considera a los demás por encima de sí mismo, que pone su vida por otros, que busca servir antes de ser servido. Mientras una persona no esté dispuesta a lavar los pies a otros, no está calificada para servir en el reino. En última instancia, el servicio es una disposición del corazón y del espíritu, que se expresa en acciones concretas, Filipenses 2:3-5.

Ahora Jesús, nos ordena a nosotros “lavar los pies de otros”, en otras palabras, que llevemos su amor a todos aquellos que están llenos de inmundicia por el pecado, para rescatarlos para Él. Solo espera que amemos a los demás de manera consistente, desinteresada y sacrificada, amándonos con humildad y sirviéndonos unos a otros en amor.

Si Dios hecho carne, estuvo dispuesto a servir, nosotros sus hijos también debemos estar dispuestos a hacerlo para glorificarlo a Él. ¿Estamos siguiendo su ejemplo de servicio?     Oración.

Mi Jesús, te doy gracias porque fui lavado espiritualmente por tu sangre en la cruz, y al recibirte como mi Señor y Salvador tengo parte contigo. Gracias por escogerme, salvarme y justificarme. Tu gracia purificadora transformó mi corazón y me santificó por completo para ser ahora un siervo para tu gloria, que pueda entender la profundidad de lo que significa "lavar los pies de otros", porque en tu mente, el servicio humilde a otros y el amor expresado a los demás no se pueden separar, enséñame a amar como tú amas y a servir como tú lo haces, amén.



miércoles, 1 de abril de 2026

Y llamarás su nombre Jesús

 Y llamarás su nombre Jesús

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Lucas 1:30-33

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:9-11

Jesús, viene de la palabra hebrea “Iesoús”, se traduce como Josué, la forma griega de la palabra hebrea es Jesús, era un nombre común que significa «el Señor salva». Su nombre se relaciona con su misión de salvar a la humanidad.

Haciendo un paralelo, Josué en el Antiguo Testamento guió al pueblo de Dios a la tierra prometida y en el Nuevo Testamento Jesús guía a su iglesia hacia la vida eterna. Fue el nombre dado por Dios Padre a su Hijo, es un nombre que tiene poder, pues en su nombre hay salvación, hay perdón de pecados, sanidad y liberación. No podemos profanarlo, ni usarlo a la ligera, como algunos lo hacen, Mateo 24:5 dice “Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”.

También entender que reunidos en su nombre su Presencia se hace manifiesta en medio de los creyentes, Mateo 18:20 nos recuerda: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. En su nombre podemos ver salvación, transformación y restauración.

En Marcos 16:17-18 dice “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. En el libro de hechos se cumple esta promesa, cuando en el nombre de Jesús, los discípulos hicieron milagros, señales y prodigios. Esta promesa sigue vigente para su iglesia en el día de hoy, usemos su nombre entonces, con reverencia y autoridad, para que Jesús sea glorificado. Juan 14:13 nos dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.

El Señor nos otorga autoridad e identidad en su nombre. Debemos usarlo para orar con su potestad y carácter y para que declaremos que no hay otro nombre debajo del cielo en que podamos ser salvos, como lo expresa Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Es decir, que no hay ninguna otra autoridad, ninguna otra personalidad, ningún otro sistema o filosofía que pueda efectuar el rescate del alma humana. Si bien, hay algunos que defienden la posibilidad de una esperanza humana aparte de la confianza personal en Cristo Jesús, la Palabra de Dios niega tales proposiciones. Veamos 2 Corintios 5:17 que nos dice:” De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, estar “en Cristo” es la única manera de entrar en la “nueva creación” y recibir la salvación eterna prometida por Dios.

Su nombre nos da identidad como creyentes, cuando confesamos que somos uno en Él, comparte su gloria con nosotros para ser testimonio al mundo, Juan 17:21-22 afirma: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”.

En su última petición Jesús ora por la unidad de los creyentes, esa unidad que nos pide no es de naturaleza organizacional sino espiritual, la cual debe manifestarse de manera visible en la vida de la Iglesia, para dar testimonio de la divina misión de Cristo, si entendemos entonces lo que significa su poderoso nombre, rindamonos en obediencia, sumisión y reverencia ante el nombre de Jesús, Filipenses 2:10.   Oración.

«Amado Señor Jesús, toda gloria y honra son para ti, toda alabanza y exaltación a tu poderoso nombre, porque eres el Hijo del Altísimo, eres el Rey soberano y tu reino no tendrá fin. Gracias porque viniste a rescatar mi vida del pecado y de la condenación eterna y en tu nombre, Jesús, recibí perdón de pecados, salvación y una vida nueva, quiero declarar tu nombre con respeto y autoridad y decirle al mundo que no hay otro nombre debajo del cielo en que podamos ser salvos, amén.  



martes, 31 de marzo de 2026

Vivir en el Espíritu

 Vivir en el Espíritu

"Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor." 2 Corintios 3:18

"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Gálatas 2:20

Durante este mes, hemos emprendido un maravilloso recorrido por las Escrituras para comprender lo que significa vivir en el Espíritu. Dios, a través de su Palabra, nos ha revelado que como creyentes poseemos todo lo necesario para disfrutar de esta nueva vida espiritual que hemos recibido gracias a la obra consumada de Cristo en la cruz. Para este fin, se nos ha concedido la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, como dice 2 Corintios 13:14.

Recordemos que hemos sido dotados de la mente de Cristo, un nuevo corazón y un nuevo espíritu, donde residen los pensamientos de Dios, el sentir de Cristo y, en esencia, la vida de nuestro Salvador, lo cual nos capacita para tomar decisiones espirituales por medio de la fe que obra por el amor, y que nos dirigen directamente a hacer la voluntad de Dios. Todo esto es la máxima expresión del inmenso amor de Dios, un amor eterno que se ha comprometido a completar la buena obra que inició en nosotros desde el día en que Cristo vino a morar en nuestro corazón, tal como lo afirma Filipenses 1:6 “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”

Por lo tanto, hermanos, correspondamos a este amor inagotable, aprovechando la comunión del Espíritu para que, al igual que el discípulo amado, vayamos al seno de Dios, como se describe en Juan 13:25: “Él entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?” Es precisamente ahí, en la comunión del Espíritu Santo, donde al contemplar a nuestro Dios, seremos transformados en su misma imagen, tal como declara 2 Corintios 3:18. Y entonces, podremos expresar con convicción, al igual que el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). De esta manera, seremos capaces de compartir su amor de forma efectiva y tangible, dando el abundante fruto de su Espíritu, como se nos enseña en Gálatas 5:22-23: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Esto es vivir en el Espíritu.   Oración.

Padre Dios, gracias por tu Santo Espíritu, quien me transforma a la imagen de Cristo, y me lleva a dar su fruto para poder vivir en el Espíritu. Amén.   



lunes, 30 de marzo de 2026

En el seno del Padre. Parte 2

 En el seno del Padre. Parte 2

"A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer." Juan 1:18

Gracias a la obra redentora de Cristo, los creyentes tenemos acceso al seno del Padre por medio de la comunión del Espíritu Santo. Por eso, Dios anhela que, con la sencillez de un niño, corramos siempre a sus brazos, a refugiarnos en su regazo. Esta preciada intimidad con Dios es un tesoro que no debemos perder. Su Hijo Jesús, nos dio el ejemplo perfecto, incluso a sus treinta y tres años, buscaba intencionalmente esa profunda comunión con el Padre, como lo vemos en Mateo 26:36-39 “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.”

Jesús, al buscar el seno de su Padre en oración, con la comunión del Espíritu que los hacía uno, encontró la fortaleza necesaria para cumplir su propósito. En ese momento de profunda comunión e intimidad, las emociones y sentimientos que lo llevaron a declarar: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” fueron apaciguadas. Fortalecido desde el seno del Padre, salió dispuesto a ir a la cruz y cumplir la voluntad de Dios, como se revela en Mateo 26:45 “Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.”

Muchas veces, al igual que le sucedió a Jesús, nuestra alma se entristece y se angustia, y nos sentimos perdidos. La solución está en seguir el ejemplo de nuestro Señor aquella noche: buscar el seno del Padre. Es decir, buscar intencionalmente esa comunión a solas con Dios, un lugar sin estorbos ni distracciones. Por ello, Jesús mismo nos enseña lo que debemos hacer en Mateo 6:6 “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

Es allí, en el seno del Padre, donde también encontramos fortaleza, tal como dice Isaías 40:29 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Solo en la comunión del seno del Padre, al igual que Jesús, podemos ser fortalecidos para cumplir nuestro propósito y tomar decisiones guiadas por el Espíritu y no por la carne, permitiéndonos hacer la perfecta voluntad de Dios.   Oración.

Espíritu Santo, lléname de tu presencia, y enséñame a correr como un niño a los brazos de Dios, pues sé que ahí encuentro la fortaleza para hacer tu voluntad. Amén.



sábado, 28 de marzo de 2026

El anhelo del Espíritu

 El anhelo del Espíritu

"Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros." Gálatas 4:19

"Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?" Gálatas 5:7

El libro de Gálatas nos deja ver la importancia de la sana doctrina, ésta es fundamental, ya que moldea la nueva forma de pensar del creyente, y por lo tanto termina influenciando su forma de vivir. Por eso el apóstol Pablo manifiesta su preocupación por los miembros de la iglesia de Galacia, pues éstos estaban escuchando una falsa enseñanza, que los estaba llevando de la libertad que trae la gracia, a la esclavitud que deja la ley.

Hoy en día, tristemente ocurre lo mismo, pues muchas veces se predica un falso evangelio, que lleva a las personas al libertinaje o al legalismo, por eso es tan importante que conozcamos las Escrituras, porque ellas nos revelan a Jesús y nos enseñan su mensaje.

Pablo conocía muy bien el peligro de creer una doctrina errada, precisamente esta fue la causa que lo llevó a ser un perseguidor de cristianos; más cuando fue alcanzado por la Gracia de nuestro Señor Jesucristo y tuvo la revelación de las escrituras, su manera de pensar fue renovada, su forma de sentir fue impactada y su modo de actuar fue transformado, es decir, él pudo experimentar la nueva vida que el Hijo de Dios le otorgó, a tal punto que llegó a convertirse en un ferviente seguidor de Cristo.

Así que la razón por la que el apóstol expresa “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19), es más que justificada, pues su anhelo de ver formado a Cristo en los creyentes, se estaba frustrando, ya que las enseñanzas que estaban recibiendo lo único que harían sería llevar a los Gálatas a vivir en la carne y no en el Espíritu, y es por eso que les dice: “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?” (Gálatas 5:7)

Hermanos ese deseo que el apóstol Pablo expresa por los Gálatas, es el mismo anhelo del Espíritu: “que Cristo sea formado en nosotros”, por eso la invitación es a permanecer en la comunión del Espíritu Santo para tener revelación de la sana doctrina, con el fin de ser renovados a la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).  Oración.

Padre Dios, que tu Santo Espíritu me enseñe la sana doctrina, y lleve a que Cristo Jesús sea formado en mí, que tu amor y tu verdad me transformen a la imagen de tu hijo Jesús. Amén.  



viernes, 27 de marzo de 2026

 Los pensamientos de Dios sanan

"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado." Isaías 26:3

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." Juan 16:33

La depresión, el estrés y la ansiedad son consideradas las grandes epidemias de salud mental del siglo XXI. Algunas de las causas que han aumentado estas patologías se deben a estilos de vida frenéticos, el uso inapropiado de la tecnología, la inestabilidad laboral y la inseguridad social. Estas enfermedades se vieron agravadas tras la pandemia del COVID-19, afectando a millones de personas mundialmente.

Cuando vemos de una manera integral nuestro ser, nos damos cuenta que el principal problema que conlleva a la depresión, el estrés y la ansiedad, radica en la forma de pensar, debido a que cuando albergamos los pensamientos equivocados terminamos teniendo sentimientos desequilibrados y por lo tanto finalizamos haciendo cosas que acaban afectándonos. En el ámbito espiritual, una forma de pensar equivocada nos puede llevar a vivir en la carne, lo cual termina conduciendo al pecado y a la culpa.

La buena noticia es que en Cristo Jesús podemos encontrar la solución verdadera a estos problemas, pues Él nos da su mente, un nuevo corazón y una nueva vida, y por medio de la comunión del Espíritu Santo empieza a renovar nuestra manera de pensar combatiendo los pensamientos equivocados con los pensamientos de Dios.

De esta manera, con los pensamientos de Dios revelados en su Palabra, podemos tener claridad de nuestro origen, encontrando identidad, pues en Cristo somos hechos hijos de Dios, se nos revela que somos el resultado del amor de Dios, de un plan maravilloso que nos trae salvación, perdón de pecados y vida eterna. Lo cual nos lleva a tener paz, pues si perseveramos y creemos en estos pensamientos, promete Dios que así lo hará (Isaías 26:3). También encontramos propósito, y podemos tener calma, sabiendo que Dios es quien cuida de nosotros, nos provee, nos capacita, nos forma y nos lleva al lugar donde quiere que estemos, (Filipenses 1:6, 1 Pedro 5:10) y finalmente encontramos seguridad para nuestro futuro pues con Cristo ya tenemos un lugar en la casa celestial de Dios (Juan 14:2-3, Efesios 2:6).

Así que hermanos creamos en las palabras de Jesús, y confiemos, perseverando en los pensamientos de Dios, que traen paz, pues su paz y sus promesas son suficiente para combatir la depresión, el estrés y la ansiedad.  Oración

Espíritu Santo, recuérdame las promesas que tengo en Cristo Jesús, y ayúdame a perseverar en ellas, creyéndolas, que tu paz inunde todo mi ser. Amén.