sábado, 18 de abril de 2026

Dios usa nuestra vida para sus propósitos

 Dios usa nuestra vida para sus propósitos

“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”. Jueces 6:11-16

Esto sucedió en un tiempo donde el pueblo de Israel estaba oprimido y los enemigos los tenían asediados, les dañaban los cultivos, y se robaban sus ganados para hacer padecer hambre a la gente, dice este pasaje que venían como langostas para devastar la tierra, trayendo pobreza a Israel y debilitándolos cada día, ellos tenían temor y esto era lógico.

En esa crisis tan dura, empezó el pueblo a clamar a Dios y el Señor los escuchó. Es aquí donde aparece Gedeón que estaba guardando el trigo en un lagar, escondiéndolo de sus enemigos para que no los saquearan. Allí es donde Dios le llama. Dios se le aparece a Gedeón, le habla a su corazón y le muestra su propósito.

Dios nunca nos va a llamar por estar desocupados o esperando a que algo sobrenatural pase. Él siempre nos llama en medio de las circunstancias que estamos viviendo. El temor es el primer obstáculo para cumplir con nuestro propósito. No hay nada más limitante en la vida que el miedo. Cuando éste nos domina, paraliza, estanca, genera duda y descontrol. En el caso de Gedeón tenía a todo el pueblo escondido. Hoy pregunto: ¿Qué nos atemoriza? Es humano temer, el problema es que este miedo se enseñoree de nosotros.

En esta historia, primero aprendamos a escuchar lo que Dios dice de nosotros. Cuando Dios se dirige a Gedeón lo llama “valiente guerrero”, eso es lo que Dios dice de él, aun cuando él estaba escondido. ¿En este escenario podemos ver a un guerrero valiente? No vemos un guerrero valiente, sino un hombre miedoso y apocado. Pero lo mejor es que Dios no ve sólo las circunstancias, Dios no ve solo lo que nos ha pasado, Dios no ve solo nuestro estado actual, Él ve lo que podemos llegar a ser en sus manos, Él ve el propósito. Él ve nuestro potencial, Dios ve lo que los hombres no ven. Él ve nuestro corazón. Por eso no le dice a Gedeón: miedoso, ven acá, sino que le dice guerrero valiente.

Muchas veces el miedo se fortalece porque creemos más en lo que otros dicen o lo que las circunstancias dicen, o lo que el enemigo dice, que lo que el Señor dice de nosotros. Si queremos levantar nuestra fe tenemos que ver qué dice su Palabra. Somos nuevas criaturas, el Señor nos perdonó, fuimos hechos a su imagen y semejanza. A veces dudamos de lo que Dios ha puesto en nosotros, como Gedeón que se sentía insignificante cuando dijo: “He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre”, en otras palabras, yo soy muy pequeño, no soy nada.

Cuando Dios llama a Gedeón, no lo hace solo para ayudarlo a él, sino para usarlo como un instrumento para salvar a su pueblo. Él tiene propósitos que van mucho más allá de nuestras necesidades personales. Le dice: “Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas”. Ve con tu fuerza y conquista.

Dios tiene un propósito mayor con cada uno de nosotros. El temor surge cuando vemos las limitaciones, pero nos olvidamos del propósito. Recuerda 1 Corintios 1:27-28 dice: “sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. La pregunta es: ¿tenemos claro nuestro propósito?    Oración.

Amado Dios, así como llamaste a Gedeón atemorizado y débil, hoy te pido que hables a mi corazón, recuérdame que tú ves más allá de mis limitaciones, ves propósito en mi vida. Que el miedo, la insuficiencia, el temor al fracaso o cualquier situación difícil no paralicen mi llamado. No es en mi fuerza sino en tu Presencia, Dios Soberano que habita en mí, que cumpliré con el propósito para el cual me escogiste. No temo porque tú estás conmigo todos los días hasta el fin del mundo, amén.



viernes, 17 de abril de 2026

Todo acerca de Jesús. Segunda parte

 Todo acerca de Jesús. Segunda parte

“y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. Colosenses 1:18-20

Ayer decíamos que Pablo quiso condensar en estos versículos verdades de Quién era Jesús, al escribirle a los colosenses que estaban dudando de su divinidad y su soberanía. Pablo pone primero el origen de la creación natural por Él, y, en segundo lugar, el de la nueva creación. “Y él es la cabeza del cuerpo, la iglesia”,“Él es el primogénito de los muertos” y de la resurrección, origen de la nueva vida y Él es Dios en toda su plenitud. “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”, como lo reafirma Colosenses 2:9 “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.

Él es el reconciliador de la humanidad consigo mismo, Él es el santificador de la raza pecadora. Jesucristo es el mediador de la redención. Este derecho a ser llamado como tal, comienza en la afirmación de que todo fue creado por medio de él y para él. Como Señor de la iglesia, tiene autoridad sobre ella. Cuando dice la Palabra que es el “principio”, es un absoluto que no admite nada antes de Él. Nuevamente se usa el término “primogénito de entre los muertos”, la primogenitura de su resurrección está íntimamente vinculada con ser la cabeza de la iglesia, su resurrección no tiene paralelo, porque fue el único que resucitó para no volver a morir.

Efesios 1:19-23 “ nos dice: “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

Esta primogenitura tuvo un propósito, la manifestación histórica de su supremacía, el “primero” porque no puede compartir su supremacía con nadie. La resurrección es la confirmación de que Jesús es el Mesías. El Señor Jesús es el primero de todo: Señor del universo, Señor de la iglesia, Señor de todo. Cristo es todo lo que necesitamos, no hace falta nada más.

Colocando todo esto en una sola frase:Jesús es el máximo agrado o complacencia del Padre, Marcos 1:11 dice: “Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”.

El propósito del Padre fue que en Jesús habitara la plenitud.

La naturaleza divina reside en Cristo, de tal modo que nada de la deidad le falta y lo más hermoso es que al estar nosotros en Cristo somos participantes de esa naturaleza divina, de esa plenitud, porque vive en nosotros. La única alternativa para hacer la paz era la sangre de la cruz, Jesucristo tenía que pagar el precio de la redención para hacernos libres. El evangelio, el mensaje de reconciliación es un llamamiento a una vida diferente.   Oración.

Gracias amado Jesús porque tú eres el primero en todo, el primogénito de entre los muertos, esto prueba tu Señorío sobre todas las cosas y eso incluye mi vida, has vencido la muerte, me has hecho partícipe de tu resurrección y de esa nueva vida, porque en ti habita toda la plenitud de la deidad, en ti no me falta nada, porque tú lo llenas todo, amén.   



jueves, 16 de abril de 2026

Todo acerca de Jesús. Primera parte

 Todo acerca de Jesús. Primera parte

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”. Colosenses 1:15-17

Esta porción de la Palabra de Dios contiene información bastante concentrada de Quién es Jesús y para asimilarlo vamos a ir poco a poco con algunos versículos, ya que presentan importantes revelaciones sobre Él. Este libro a los colosenses fue escrito por Pablo, para contrarrestar el impacto de las enseñanzas de algunos falsos maestros que estaban influyendo en la iglesia y distorsionando el evangelio.

Algo que debemos tener en cuenta en la sana doctrina, es que Jesús debe ser el centro de toda nuestra creencia, lo contrario es una falsa enseñanza. Por eso, Pablo ofrece una descripción concentrada de Jesús. El punto central es que Jesús es Dios: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. Es la imagen de Alguien que no se puede ver, y quizás por eso, muchos consideran a Dios como un ser distante, pero Pablo nos dice que se ha acercado a su creación por medio de su Hijo. Esto quiere decir que Jesucristo es la verdadera y máxima revelación del Padre, Juan 1:18 dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

El mismo Jesús dijo a Felipe: El que me ha visto, ha visto al Padre, Juan 14:9. Hay que notar también el uso del tiempo presente “Él es”, no fue, ni será, sino “es”, hablándonos de un Cristo preexistente, un Cristo eterno que ahora ha llegado a la creación.

Jesús es: “el primogénito de toda creación”, es decir, el principio de toda creación, el que está sobre toda la creación. Se nos dan las dos razones por las que Él tiene esta primogenitura de la creación. En Él fueron creadas todas las cosas: significa que todas las leyes y propósitos que guiaron la creación residen en Él. Aquel que es la imagen, el Cristo, es el punto de reunión de toda la creación. No hay un solo elemento que escape de su soberanía. Todo es sometido al señorío de Cristo. Si hablamos de cosas que están en nuestro entorno, Él es el creador; si hablamos de cosas que están fuera de nuestra realidad presente, Él es el creador, de lo que vemos y de lo que no vemos. Él es eterno, antes de todo y es el sustentador de todas las cosas. Si una persona quisiera saber cómo es Dios, entonces deberá volverse a su Palabra y enterarse de todo acerca de Jesús, porque él nos muestra perfectamente cómo es el Padre.

Todos los seres humanos, estamos en deuda con el Señor Jesús como Creador y Sustentador; porque no solamente ha creado a todas las personas que entran en el mundo, Él sustenta también sus vidas diariamente, dando vida y aliento a cada uno. Pero aquellos que no le honran ni le agradecen, deben arrepentirse y volverse a Él en fe, Romanos 1:21.

Nosotros que estamos en Cristo y lo conocemos como nuestro Señor y Salvador, deberíamos expresar más gratitud hacia Él, viviendo vidas santas y consagradas, siendo testimonio para que los que no creen lleguen a los pies de Cristo.   Oración.

Gracias Padre, por tu Hijo Jesucristo y por tu Santa Palabra, que nos afirma la naturaleza divina de Jesús. Un Dios que de la eternidad vino al tiempo y que se hizo carne para habitar en medio de nosotros y darnos a conocer al Padre. Qué privilegio que te acercaste a nosotros, para liberarnos de la esclavitud del pecado, de la muerte y de la potestad de las tinieblas. Eres el Señor de todo, eres Santo y tienes toda autoridad para juzgar al mundo. La verdad central de mi fe es que tú Jesús, eres Dios en toda tu plenitud, por eso mereces toda mi adoración, amén.  



miércoles, 15 de abril de 2026

Cristo mi realidad viviente

 Cristo mi realidad viviente

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Filipenses 1:9-11

¿Qué son frutos de justicia? ¿Por qué el Señor nos pide estar llenos de ellos por medio de Jesucristo? Aquí los frutos de justicia son los frutos que el Espíritu Santo produce en nuestra vida, y que forman el carácter de Cristo y el reflejo divino de su gloria en nosotros. Esto debe honrar a Dios y ensalzar su Nombre. El Señor nos está llamando a la santidad, llevando un estilo de vida en obediencia a sus demandas, este estilo de vida es señal de una conciencia de pertenecer a Dios y estar apartados para vivir conforme al propósito divino.

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor”. Pablo intercede por los filipenses desafiándolos a la plenitud y a la madurez, pidiendo que el amor abunde en ellos, un amor que crezca en conocimiento y en todo discernimiento espiritual, llevándolos a mayor sabiduría y claridad mental, o sea capacidad para distinguir lo bueno y lo mejor.

“A fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”. Es un llamado a una vida superior, una vida saturada de Cristo que se caracteriza por ser limpia, amigable, una vida que ama, perdona y sirve. Una vida sincera sin mezcla de impureza.

La palabra “sinceros” proviene de los tiempos del Imperio Romano, cuando en Roma se vendían objetos artísticos de mármol de una sola pieza. Pero algunos objetos tenían fisuras o defectos que se los emparejaba o disimulaba con cera y, una vez pulidos, semejaban ser íntegros, pero al exponerse al sol las imperfecciones se hacían visibles, o la cera se derretía. Otros eran “sin cera”, o sea que estaban completos, sin faltas. Pablo pide que los cristianos vivamos vidas superiores, genuinas, verdaderas, sinceras. Una vida irreprensible, sin ofensa, sin ser causa de tropiezo, una vida transparente que glorifique a Dios, para no tener que temer un juicio adverso, no sólo desde el punto de vista humano, sino ante el juicio de Cristo mismo.

“Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Nos pide que tengamos una existencia fructífera. El fruto aquí no es algo cuantitativo que se pueda contabilizar como tantos convertidos o tantas horas pasadas en oración o tantas cosas que hacemos para el Señor. Es más bien un fruto cualitativo, fruto de justicia. Es el fruto que viene por medio de Jesucristo, y no busca la glorificación y la fama humana, sino la gloria y alabanza de Dios.

¿Es Cristo una realidad viva en nuestras vidas? ¿Podemos ver su Presencia divina en cada situación que vivimos? ¿Podemos decir como Pablo “porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”?

Si Cristo es una realidad viviente, podremos estar gozosos en medio de las crisis y vislumbrar el cielo azul en medio de la adversidad, la soledad y la tristeza. Porque cuando el corazón está en estrecha relación con el corazón del Señor, cuando Jesucristo es el factor principal detrás de todos los detalles de la vida, se puede experimentar alegría y paz en todas las circunstancias. Cristo, la realidad viviente, hará la diferencia en la vida que se abre a su llenura y plenitud.   Oración.

Señor lléname de tu fruto cada día para poder reflejar lo que tú eres a los demás. Haz que mi corazón abunde en amor y en todo conocimiento espiritual para ser testimonio a otros en rectitud y sinceridad, llevando una vida irreprensible llena del Espíritu Santo, para dar gloria y alabanza a Dios con mi vida, amén. 



martes, 14 de abril de 2026

Queja en vez de alabanza

 Queja en vez de alabanza

“Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”. Éxodo 16:1-3

En este pasaje vemos cómo Dios sacó milagrosamente al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y los hizo cruzar por el mar Rojo en seco, pero a lo largo de su travesía por el desierto, y a pesar de las señales que el Señor hizo delante de ellos, vemos a un pueblo inconforme y quejumbroso, que murmuraba contra sus lideres espirituales Moisés y Aarón. Nunca estaban satisfechos. La palabra murmuró se menciona siete veces en los primeros once versículos de este capítulo. Eso hizo que Moisés perdiera la paciencia con este pueblo, tanto que en Éxodo 16:20 dice: “Más ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés”.

Dios tenía un propósito con su pueblo al sacarlos de la esclavitud y era que aprendieran a depender absolutamente de Él, ese Dios de maravillas que había demostrado su poder todo el tiempo, quería que confiaran, por eso al no proveer de antemano para todas sus necesidades, estaba probando su fe, les daba conforme a la urgencia del momento. Su providencia se mostró constantemente demostrándoles su cuidado, al mismo tiempo utilizó cada situación didácticamente para que aprendieran a desarrollar su confianza en Él.

Al proveer el maná les enseñó que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Cada uno tuvo que confiar que el Señor supliría lo necesario y aprenderían la importancia de obedecer la instrucción que les había dado como dice Éxodo 16:4-5 “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Más en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día”.

Además de esto les proveyó codornices y agua para que calmaran su hambre y su sed. Pero con frecuencia murmuraban, pensando en la comida de Egipto y aun deseando otra vez la esclavitud, antes que morir de hambre en el desierto, lo cual sabemos que no pasaría pues el Señor siempre les suplía todo lo que necesitaban.

Cuando pasamos por dificultades familiares, de trabajo o de la iglesia, quejarse o enojarse no arreglará la situación. El Señor usa nuestros momentos de debilidad para enseñarnos a crecer en fe. Recordemos que Jesús es el verdadero pan del cielo que puede satisfacer la mayor necesidad que tenemos y es una vida restaurada y eterna con Dios, Juan 6:48-51. Él siempre suplirá todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús, Filipenses 4:19.

¿Cuánto agradecemos por el pan de cada día? Mateo 6:11, ¿Será que siempre nos quejamos porque nunca estamos satisfechos?     Oración.

Perdóname, Señor, por las veces que murmuro acerca de las situaciones que suceden en mi vida, enséñame a confiar plenamente en ti, en tu amor y provisión. Ayúdame a enfocarme en todo que he recibido de ti y en la manera como me has bendecido. Quiero detenerme y agradecerte por las cosas buenas que has hecho en mi vida. Cambia mi queja por alabanza, reconociendo tu grandeza, majestad y soberanía sobre mi vida. Amén.



lunes, 13 de abril de 2026

Enséñanos a vivir por fe

 Enséñanos a vivir por fe

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación”. Lucas 2:25-30

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”. Hebreos 11:13-16

¿Quién era Simeón? La Biblia solo dice que era un hombre justo y piadoso que vivía esperando la promesa de un Mesías y que el Espíritu Santo estaba sobre él. Son cualidades que necesitamos para estar en comunión con Dios y recibir la revelación de Dios por medio del Espíritu Santo. Como dice el Salmo 25:14 “la comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”.

El Espíritu Santo le había revelado a Simeón que no moriría hasta ver al Ungido del Señor. Fue movido por el Espíritu a ir al templo y encontró a Jesús, cuando sus padres lo estaban presentando conforme al rito de la ley. Tomó al niño en los brazos y con lágrimas de gozo bendijo al Mesías que tan solo era un bebé, diciendo sobre Él estas palabras: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel”, Lucas 2:29-32

Qué hermoso relato entre tanta multitud que iba y venía al templo de Jerusalén, un anciano esperaba el cumplimiento de una promesa. Su fe lo mantenía con la esperanza viva de que no moriría sin antes ver al Mesías, en un instante toda una vida de espera encontró su descanso. Simeón no vio milagros, ni escuchó sermones, pero sostuvo al Salvador en sus brazos, ese niño era el cumplimiento de todas las promesas de Dios.

Esto debe enseñarnos a esperar en fe cuando todavía no vemos el resultado, entendiendo que la fe mira más allá de lo visible porque confía en la fidelidad de Dios. Es buscar, como Simeón, comunión con el Dios que es fiel a sus promesas, esperando su respuesta en su tiempo.

Es vivir por fe a pesar de lo que no veamos, confesando como el salmista: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” Salmos 73:25-26. ¿Será que independientemente de lo que estamos pasando, podemos confesar lo mismo?

El tesoro de Simeón no era el templo, ni la vida larga, sino el Salvador en sus brazos. Jesús sería luz para revelación de los gentiles y gloria de su pueblo Israel. Simeón comprendía que el alcance del evangelio sería universal, la salvación que sostenía en sus brazos no era solo para su nación, sino para el mundo entero. Lo que él esperaba en sombras, ahora nosotros lo vemos con claridad. La luz del mundo ha venido y esa luz es Jesucristo que sigue disipando la oscuridad de los corazones.   Oración.

Señor, mis ojos han visto tu salvación, haz crecer mi fe para no flaquear cuando no vea respuestas, recuérdame que muchos en el Antiguo Testamento murieron esperando la promesa del Mesías, pero su fe no flaqueó porque tenían la esperanza celestial, “todos estos murieron creyendo”. Que tu Espíritu que proveyó para sostener la esperanza de Simeón y proveyó para su gozo, me enseñe a vivir por fe, por eso, quiero esperar con gozo y vivir en paz hasta verte cara a cara, amén.



domingo, 12 de abril de 2026

El río de tu Espíritu

 El río de tu Espíritu

“Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Ezequiel 47:3-5

“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Hechos 2:17-21

Esta es parte de una visión profética dada a Ezequiel, donde él veía un río que fluía directamente del templo, señalándolo como una fuente de bendición para el pueblo de Dios. En esa visión el Señor mostraba ese río como un milagro que traía vida, crecimiento, vitalidad, renovación, fertilidad, esperanza y seguridad. Esta visión le llamó a Ezequiel poderosamente la atención ya que Jerusalén es la única ciudad del mundo antiguo que no está situada junto a un río y sabemos que un suministro de agua es esencial para la vida y la defensa.

Estas aguas fueron aumentando de volumen, hasta no poder cruzar el río sino a nado, haciendo referencia a los torrentes de agua que fluirían en los creyentes al ser llenos del Espíritu Santo, como lo profetizó Jesús en Juan 7:38-39a “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”.

Aunque el río en Ezequiel tiene un significado simbólico, apunta al río que habrá en el reino venidero del Mesías, que a lo largo de sus riberas producirá árboles que proveerán abundante fruto y sanidad a las naciones. Joel 3:18 lo expresa así: “Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim” y Zacarías 14:8 “Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno”. El río simboliza la vida que proviene de Dios y las bendiciones que fluyen de su trono. Es un río manso, seguro y profundo, que se extiende a medida que fluye.

Sin embargo, por analogía espiritual, este pasaje nos muestra una imagen poderosa del progreso y profundidad crecientes en nuestra vida espiritual, cuando permanecemos en la Presencia de Dios. Ilustra una progresión desde los tobillos, a las rodillas, a la cintura, hasta profundidades donde uno ya no puede tocar el suelo y debe nadar. Es disfrutar cada vez más de la vida abundante de Cristo en nosotros. Para ello debemos crecer en nuestra comunión con Dios, permitir ser transformados por su Palabra, experimentando la pureza de Cristo y su santidad en nuestra vida, hasta que la longitud, profundidad, anchura y altura del amor de Cristo, sean evidentes en nosotros, hasta que lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, Efesios 4:13.

Dios proveerá a la humanidad, en su momento, la respuesta definitiva a sus más complejas preocupaciones a través del fluir de su Espíritu. Alegrémonos de que el derramamiento del Espíritu Santo de Dios profetizado para los tiempos que estamos viviendo, producirá sanidad y restauración a todas las naciones. Acojamos con gozo esta gracia en nuestra vida, recordando que las aguas provienen del altar de Dios, en otras palabras, de estar en su Presencia, ya que todo lo que llega a nosotros por medio de bendiciones viene por medio de la cruz de Cristo y de permitir que Él viva a través de nosotros.    Oración.

Gracias Jesús, por haber dado la promesa del derramamiento de tu Espíritu para tu iglesia. Todas las profecías sobre las aguas de las que fluyen bendiciones anticiparon la obra del Espíritu Santo en mi vida y en la vida de cada uno de los creyentes. Desde el momento en que creí en ti y te recibí en mi corazón como mi Señor y Salvador, tu Espíritu vino a morar en mí y quiero caminar cada día en su plenitud. Ayúdame a profundizar en mi intimidad contigo, para reflejar siempre tu presencia, amén.