jueves, 23 de abril de 2026

La Trinidad actuó para traernos salvación

 La Trinidad actuó para traernos salvación

“Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”. 1 Pedro 1:1-2

En este pasaje Pedro se presenta como apóstol de Jesucristo. Él estaba escribiendo a los extranjeros que se habían dispersado por todo el Imperio Romano. Eran los judíos, llamados “la diáspora” porque ya no se encontraban en las tierras de Palestina. Debido a la persecución y a otros factores, se habían establecido por todo el imperio. Y se refiere a ellos como los elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre, en santificación del Espíritu para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesús. Podemos ver que la Trinidad es mencionada aquí, aplicando la obra redentora en cada creyente.

Recordemos que el Apóstol Pedro estaba escribiendo aquí a aquellos que habían crecido en el judaísmo. Judíos creyentes que vivían en Asia Menor y que estaban sufriendo persecución. Conocían el Antiguo Testamento y comprendían que, en el día de la expiación, el sumo sacerdote llevaba con él la sangre cuando entraba en el Lugar Santísimo, y rociaba la sangre siete veces en el propiciatorio o tapa del arca del pacto. Ahora, entendían que el Señor Jesús había tomado su propia sangre al dirigirse al trono de Dios, fue en la cruz donde fuimos juzgados como pecadores y el lugar donde se roció su sangre por toda la humanidad. Él entregó su vida y pagó el castigo que nos correspondía. En este momento, el trono de juicio y castigo (la cruz) se convirtió en el trono de la gracia de Dios, a donde podemos acudir para recibir la salvación.

Simón Pedro había conocido la gracia y la paz a través de la sangre de Cristo, porque Jesús mismo le había hablado de ello. La conocía porque había visto morir a Cristo, había contemplado cómo le sepultaban y después vio al Cristo resucitado. Y este hombre, que había sido indeciso, había llegado a ser un hombre con un carácter firme como una piedra. Este hombre pudo ponerse en pie en el día de Pentecostés y predicar sobre la muerte y resurrección de Cristo. Pudo ser llevado a la cárcel, ser perseguido, fue capaz de escribir una carta como ésta y, finalmente, ser crucificado por causa del evangelio.

Muchos creyentes no están seguros de su salvación. Quizás podemos preguntarnos: ¿cómo saber que soy uno de los elegidos? Por haber creído en Jesucristo, venir a Él y obedecerle. Cuando la preciosa sangre de Jesús fue derramada en la cruz por nosotros adquirió un valor salvador para nosotros, porque nos perdonó nuestros pecados y nos dio la vida eterna.

Cristo derramó en la cruz toda su sangre. La explicación del mensaje del evangelio debe incluir el rociamiento con la sangre de Cristo, que nos limpia de todo pecado. La gracia y la paz son multiplicadas sobre nuestras vidas, porque toda la obra de la Trinidad actuó en nosotros para traernos salvación: Dios Padre pensó en nosotros, Cristo murió por nosotros y el Espíritu Santo ha venido a morar en nosotros para regenerarnos.

Sin la gracia de Dios, nunca conoceríamos la paz que Él nos puede dar. Si no creemos que Cristo derramó su sangre por nuestros pecados, no podremos tener paz en nuestro corazón. La paz, la certeza y la alegría viene cuando sabemos que nuestros pecados han sido perdonados.

Hoy necesitamos entonces recordar que el Padre nos eligió desde antes de la fundación del mundo. Fuimos elegidos para ser consagrados para Él. El Espíritu Santo despertó dentro de nosotros anhelo por el Señor, nos convenció de pecado, nos guió a la Cruz de Cristo donde podíamos encontrar el perdón, y nos llenó de su fruto y para que sepamos, que mediante la sangre de Jesucristo, entramos en una nueva relación con Dios en la que nuestros pecados son perdonados y tenemos una vida nueva.   Oración.

Amado Señor, qué hermoso entender que toda la Trinidad actuó en mi para alcanzar la salvación. Mi Padre celestial pensó en mí y tuvo mi nombre en su memoria, el Espíritu Santo me convenció de pecado, justicia y juicio, para llevarme a aceptar lo que Cristo hizo en la cruz por mí, y tú Jesús derramaste tu sangre preciosa para el perdón de mis pecados y para darme vida eterna. Gracias mi Dios por darme tu salvación y llenarme de tu gracia y paz, amén.



miércoles, 22 de abril de 2026

Incomprensible amor

 Incomprensible amor

“para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles”. Mateo 12:17-21

Mateo aprovecha para señalar una vez más que Jesús estaba cumpliendo las profecías mesiánicas, dichas por el profeta, en Isaías 42:1-4. La palabra “siervo” viene del griego “páis” que significa niño, lleva la idea de una relación tierna entre padre e hijo. Esta profecía identifica al siervo ideal de Jehová con nueve características que apuntan a Jesús: Tres de las expresiones tienen que ver con la iniciativa de nuestro Padre Dios al pensar en su plan de Salvación para la humanidad caída: Su “siervo” (su Hijo), es el escogido, el Amado y el Ungido por el Espíritu y seis expresiones describen el carácter y ministerio del siervo: obediencia radical, complacencia al Padre, mensajero, pacífico y suave, de trato delicado, obtendrá la victoria y es la esperanza de las naciones.

“La caña cascada y la mecha que humea” son figuras de personas débiles y frágiles, de poca fe. Jesús trataría a tales personas con sumo cuidado y delicadeza para no herirlas, ni desanimarlas, con un amor incomprensible. Un contraste con el concepto que tenía el pueblo de Israel sobre el Mesías que esperaban, que pensaban que era un político-militar que llegaría con mano fuerte y conquistaría con armas de guerra. Nunca se imaginaron que el triunfo del juicio se refería a la cruz y a la resurrección de Jesucristo, que trajo perdón de pecados, vida eterna y victoria sobre Satanás y sus huestes, Colosenses 3:13-15. El resultado final es que las naciones, los gentiles pondrán su esperanza en Él.

Jesús vino a traer justicia a la humanidad y nos mostró cómo vivir de tal manera que expresemos el amor, tanto a Dios como a nuestros semejantes. En su vida terrenal, no se enfrentaría con nadie, ni gritaría de forma que se le oyera en las calles, nunca se pelearía con la gente. En Él se dio la inalterable serenidad del que busca conquistar mediante el amor a quienes lo escuchan.

Así como esa caña cascada quizás muchos estén astillados, heridos y no pueden mantenerse firmes, y necesiten ser sujetados o vendados. Y quizás muchos como el pábilo pueden estarse apagando, porque están faltos de combustible, faltos de la llenura del Espíritu Santo, o desanimados por las tormentas de la vida y necesitan ser limpiados, restaurados y nutrirse de Cristo para volver a dar luz.

El testimonio de una persona puede que sea vacilante y débil; la luz de su vida puede que sea parpadeante; pero Jesús vino para animar, por eso dijo con comprensión: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30. Jesús jamás extinguirá la llama vacilante, sino que la cuida para que vuelva a dar luz más fuerte y brillante.

Jesús es nuestra esperanza, en Él, Dios se acerca a cada persona, ofreciendo su incomprensible amor, un amor que excede nuestro entendimiento.   Oración.

Amado Señor Jesús, gracias por tu obra en mí. Me tocaste con ternura y con tu amor incomparable, suficiente para levantarme de mi condición de pecador y darme una nueva esperanza. Gracias porque con tu obra en la cruz, derrotaste las tinieblas, al pecado y me diste una vida nueva, fortaleciste mis manos débiles, afirmaste mis rodillas y me colocaste en lugar espacioso y seguro, en la Roca firme que eres tú Señor, gracias por consolarme y animar mi corazón, amén.  



martes, 21 de abril de 2026

Mi Amado, el más bello entre todos

 Mi Amado, el más bello entre todos

“Cantar de los cantares, el cual es de Salomón. ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Cantares 1:1-4

El libro de Cantar de los cantares atribuido al rey Salomón, describe la historia de una campesina, una Sunamita, que reside en una región montañosa. Cierto día llegó al lugar un pastor y ella se enamoró de él y él se enamoró de ella. Él salió de viaje, pero le prometió que regresaría algún día. Él no regresó tan pronto como ella había esperado, pero un día se anunció que había llegado a la región el rey Salomón y que quería verla. Ahora, ella no podía creerlo. Y cuando ella fue llevada a su presencia ella reconoció en él al pastor a quien amaba.

Aunque este libro exalta el amor sagrado del matrimonio, también, esta historia, es una hermosa figura de la relación de amor que existe entre el creyente y el Señor Jesucristo, que vino a buscarnos cuando estábamos perdidos, que entregó completamente su vida por amor a nosotros muriendo en una cruz, pero también resucitó victorioso y está sentado a la diestra de nuestro Padre celestial, y que ha prometido volver por su iglesia, por su novia para estar siempre con ella.

Como en otros libros Dios usó Cantares para hablarnos a nosotros sus hijos. Porque en la redención, Cristo no solamente nos rescata, sino que también nos da libertad. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8:36. Pero, ¿qué clase de libertad es esa? Es la libertad de poder acercarnos a Él sin nada que se interponga y presentarnos ante Él, como una iglesia santa, sin mancha, una iglesia gloriosa ataviada como una novia, para disfrutar la eternidad con Él, Efesios 5:25-27.

Hemos leído en Cantares la frase, “porque mejores son tus amores que el vino”. Lo que nos recuerda Efesios 5:18 que dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Ser llenos del Espíritu nos lleva a experimentar esa alegría de pertenecer a Cristo y de tener una relación de comunión y compañerismo con Él.

Pedro nos dice que, aunque en este momento no veamos físicamente a Jesús, nos gocemos con gozo inefable y glorioso mientras lo esperamos. 1 Pedro 1:8 lo expresa así: “a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Por eso, permitamos que el Espíritu de Dios, que Él nos dejó para experimentar la vida en Cristo, nos llene con su Presencia y siga derramando el amor de Dios en nuestros corazones, para así experimentar esa unión con Cristo de una manera real, trayendo plenitud a nuestra vida.

El nombre de Jesús es como “ungüento derramado” como dice Cantares, esto porque cuando Cristo comenzó su vida en la tierra, le trajeron mirra para que fuera colocada en su cuerpo. Hubo una fragancia, un aroma en toda su vida en este mundo que le acompañó desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Y qué diremos de la fragancia de su amor por nosotros cuando murió en la cruz?

No nos queda más que exclamar como la Sunamita: “Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Esta es una expresión de amor del creyente hacia Jesús, con el que quiere una unión espiritual de intimidad y comunión total con Él. Sabemos que podemos llegar a ese nivel de unidad, al nacer de nuevo, para estar en Cristo. Jesús dice en Juan 14:20 “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Estamos en Él. Su Palabra dice que estamos sentados en los lugares celestiales, aceptos en el Amado, unidos a Él, resucitados con Él, donde todo lo tenemos con Cristo y le pertenecemos, Colosenses 3:1.

Entender este nivel de intimidad debe llevarnos a decir como la Sunamita: “Mi amado es mío, y yo suya” Cantares 2:16a. La iglesia es la novia de esta historia, por eso digamos junto al Espíritu: “Ven Señor Jesús”, somos hijos de Dios, tenemos acceso a su presencia, a sus habitaciones, a su morada eterna.    Oración.

Mi Jesús, mi Amado, gracias por venir a darme vida abundante, tú quieres que viva y disfrute de tu Plenitud, que sienta gozo de mi unión contigo. Quiero estar más cerca de ti y conocerte profundamente, tener más intimidad y comunión contigo. Espíritu Santo lléname con tu Presencia y permíteme experimentar ese nivel de intimidad con mi Jesús. Amén.



lunes, 20 de abril de 2026

 Abundando en acciones de gracias

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. Colosenses 2:6-7

Aceptar a Cristo como Señor de nuestra vida es el comienzo de una vida con Él. Pero debemos seguirle día a día, a través de su Palabra y la guía del Espíritu Santo para poder arraigarnos, edificarnos y fortalecernos en la fe. Esto se logra si vivimos para Él, dedicándole nuestras vidas y sometiéndonos a su voluntad como dice Romanos 12:1-2; aprendiendo de Él, de su vida y sus enseñanzas, estudiando su Palabra, como Él lo dijo en Juan 5:39; y reconociendo el poder que nos fue dado por el Espíritu Santo, Hechos 1:8.

Pablo dice que debemos estar arraigados en Cristo para recibir su fortaleza, así como las plantas están arraigadas por sus raíces al suelo para poder nutrirse y fortalecerse. Cuanto más dependamos de Él, menos posibilidades habrá de ser engañados por filosofías de vida basadas en ideas humanas, que no tienen en cuenta a Dios. Resistamos la herejía renovando nuestra mente con el estudio de su Palabra y enfocándonos en Cristo.

Pablo nos dice “andad en Él”; o sea que nuestra vida debe ser en Cristo, caminando con Él. Siendo conscientes de su Presencia, profundizando y edificándonos con su Palabra. Seremos entonces como un gran árbol que tiene las raíces bien profundas en el suelo para recibir sustento y fuerza. Como creyentes debemos recibir de nuestra fuente de vida, que es Cristo, la fuerza para permanecer en nuestro andar cristiano. Como una casa que si tiene buenos cimientos se mantiene firme ante las inclemencias del tiempo. Nuestra vida debe resistir cualquier tempestad si está fundamentada en Jesucristo, Mateo 7:24.

Mientras vivamos bajo el Señorío de Cristo, veremos que Él actúa poderosamente en nosotros y nuestras vidas deben abundar en acciones de gracias. El verdadero creyente se mantiene firme en la fe que ha recibido y no olvida las enseñanzas fundamentales acerca de Jesús, porque la Verdad inalterable es que Jesucristo es el Señor. Una característica constante en su vida cristiana debe ser la gratitud, por todo lo que ha hecho en él, por su gracia y amor. Si estamos llenos del Espíritu Santo seremos agradecidos, como lo dice el Señor en Efesios 5:18-20 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

Hagámonos esta pregunta: ¿Tenemos un espíritu alegre y agradecido independientemente de lo que pase en nuestras vidas? A veces perdemos nuestro gozo cuando nos dejamos atrapar por las responsabilidades, luchas y desafíos de la vida y nos olvidamos de ser agradecidos con Dios. Si la gratitud no está en nuestro corazón no la podemos practicar. Muchas veces hay más queja en nuestra boca que gratitud. Por eso recordemos quiénes somos en Cristo y todo lo que hemos recibido de Él, entonces nos desbordaremos en gratitud y alabanzas hacia Él.   Oración.

Amado Padre, quiero ser una persona que abunde en acciones de gracias, que reconozca que tú eres la fuente de todo; que toda bendición que recibo proviene de ti. Solo el hecho de tener a tu Hijo Jesús en mi corazón como mi Señor y mi Salvador es un motivo de gratitud. Gracias por haberme escogido desde antes de la fundación del mundo, por hacerme tu hijo y coheredero de todas tus riquezas en gloria, Amén.



domingo, 19 de abril de 2026

Este es mi testimonio

 Este es mi testimonio

“Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Juan 9:25

Muchas veces nos preguntamos ¿Cuál es la mejor manera de evangelizar y alcanzar el mundo para Cristo? La verdad es que, aunque existen numerosos métodos de evangelización, campañas evangelísticas donde presentamos el sencillo mensaje del evangelio, la manera más contundente de atraer otras personas a Cristo es contando nuestra propia historia.

El testimonio personal es la oportunidad que tenemos de contarle a otros lo que Cristo ha hecho en nuestra vida. Aunque muchos de los que nos escuchan no conocen a Jesús y quizás piensan de Él como pensaban los fariseos de ese entonces, que lo consideraban un lunático, un charlatán, un pecador y hasta un endemoniado por las señales que hacía, podemos decir como el ciego: “si es pecador, yo no lo sé, lo único que sé es que Él me salvó, me sanó, me liberó, me transformó, etc.”

La Palabra de Dios está llena de testimonios de hombres y mujeres cambiados por el conocimiento y el poder de Cristo, además millones de personas siguen testificando sobre la transformación de sus vidas al haberse encontrado con Jesús. En el Antiguo Testamento se afirma que sólo Dios tiene el poder para dar vista a los hombres, veamos Éxodo 4:11 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?”; y también se consideraba una dimensión de la obra del Mesías en Isaías 29:18 dice: “En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas”.

La sanidad hecha por Jesús, de este ciego, debería ser la señal más clara de su divinidad, apoyando el reclamo que le hacían los religiosos de su época porque decía ser el Hijo de Dios. Este episodio reúne los dos aspectos del ministerio de Jesús, el de ser la luz del mundo que ilumina a los que creen, pero a la vez el que resulta en juicio y ceguera espiritual para los que lo rechazan. Nuestra ceguera no fue física pero el Señor nos sanó de nuestra ceguera espiritual, para que diéramos testimonio de lo que ha hecho en nuestra vida. Contemos nuestra historia con autenticidad, contemos nuestra historia persistentemente, contemos nuestra historia humildemente, Proverbios 12:17; Juan 9:11-12

Después de que son abiertos nuestros ojos espirituales y nos convertimos al Señor, en la medida que empezamos a conocerlo, cambia nuestra percepción de Él, y comenzamos a adorarlo como nuestro Señor y Salvador. Entender lo que es nuestra historia de vida cuando recibimos a Cristo, es una de las maneras de dar testimonio de su amor y misericordia y de llevar la luz de Jesús a las personas que nos rodean. No subestimemos nuestro testimonio, alguna persona puede identificarse con nosotros y desear conocer del Señor.    Oración.

Señor Jesús, quizás mi historia no es tan dramática como la del ciego de nacimiento, pero tengo una historia que tiene poder para acercar a otros a Cristo, ayúdame a contar mi testimonio desde mi corazón, con honestidad y autenticidad. Así como Bartimeo “yo era ciego y ahora veo”, puedo testificar de que me encontraste, que abriste mis ojos espirituales, me sanaste, me liberaste y me salvas; y ahora quiero que otros experimenten lo mismo. En el nombre de Jesús, amén.  



sábado, 18 de abril de 2026

Dios usa nuestra vida para sus propósitos

 Dios usa nuestra vida para sus propósitos

“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”. Jueces 6:11-16

Esto sucedió en un tiempo donde el pueblo de Israel estaba oprimido y los enemigos los tenían asediados, les dañaban los cultivos, y se robaban sus ganados para hacer padecer hambre a la gente, dice este pasaje que venían como langostas para devastar la tierra, trayendo pobreza a Israel y debilitándolos cada día, ellos tenían temor y esto era lógico.

En esa crisis tan dura, empezó el pueblo a clamar a Dios y el Señor los escuchó. Es aquí donde aparece Gedeón que estaba guardando el trigo en un lagar, escondiéndolo de sus enemigos para que no los saquearan. Allí es donde Dios le llama. Dios se le aparece a Gedeón, le habla a su corazón y le muestra su propósito.

Dios nunca nos va a llamar por estar desocupados o esperando a que algo sobrenatural pase. Él siempre nos llama en medio de las circunstancias que estamos viviendo. El temor es el primer obstáculo para cumplir con nuestro propósito. No hay nada más limitante en la vida que el miedo. Cuando éste nos domina, paraliza, estanca, genera duda y descontrol. En el caso de Gedeón tenía a todo el pueblo escondido. Hoy pregunto: ¿Qué nos atemoriza? Es humano temer, el problema es que este miedo se enseñoree de nosotros.

En esta historia, primero aprendamos a escuchar lo que Dios dice de nosotros. Cuando Dios se dirige a Gedeón lo llama “valiente guerrero”, eso es lo que Dios dice de él, aun cuando él estaba escondido. ¿En este escenario podemos ver a un guerrero valiente? No vemos un guerrero valiente, sino un hombre miedoso y apocado. Pero lo mejor es que Dios no ve sólo las circunstancias, Dios no ve solo lo que nos ha pasado, Dios no ve solo nuestro estado actual, Él ve lo que podemos llegar a ser en sus manos, Él ve el propósito. Él ve nuestro potencial, Dios ve lo que los hombres no ven. Él ve nuestro corazón. Por eso no le dice a Gedeón: miedoso, ven acá, sino que le dice guerrero valiente.

Muchas veces el miedo se fortalece porque creemos más en lo que otros dicen o lo que las circunstancias dicen, o lo que el enemigo dice, que lo que el Señor dice de nosotros. Si queremos levantar nuestra fe tenemos que ver qué dice su Palabra. Somos nuevas criaturas, el Señor nos perdonó, fuimos hechos a su imagen y semejanza. A veces dudamos de lo que Dios ha puesto en nosotros, como Gedeón que se sentía insignificante cuando dijo: “He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre”, en otras palabras, yo soy muy pequeño, no soy nada.

Cuando Dios llama a Gedeón, no lo hace solo para ayudarlo a él, sino para usarlo como un instrumento para salvar a su pueblo. Él tiene propósitos que van mucho más allá de nuestras necesidades personales. Le dice: “Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas”. Ve con tu fuerza y conquista.

Dios tiene un propósito mayor con cada uno de nosotros. El temor surge cuando vemos las limitaciones, pero nos olvidamos del propósito. Recuerda 1 Corintios 1:27-28 dice: “sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. La pregunta es: ¿tenemos claro nuestro propósito?    Oración.

Amado Dios, así como llamaste a Gedeón atemorizado y débil, hoy te pido que hables a mi corazón, recuérdame que tú ves más allá de mis limitaciones, ves propósito en mi vida. Que el miedo, la insuficiencia, el temor al fracaso o cualquier situación difícil no paralicen mi llamado. No es en mi fuerza sino en tu Presencia, Dios Soberano que habita en mí, que cumpliré con el propósito para el cual me escogiste. No temo porque tú estás conmigo todos los días hasta el fin del mundo, amén.



viernes, 17 de abril de 2026

Todo acerca de Jesús. Segunda parte

 Todo acerca de Jesús. Segunda parte

“y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. Colosenses 1:18-20

Ayer decíamos que Pablo quiso condensar en estos versículos verdades de Quién era Jesús, al escribirle a los colosenses que estaban dudando de su divinidad y su soberanía. Pablo pone primero el origen de la creación natural por Él, y, en segundo lugar, el de la nueva creación. “Y él es la cabeza del cuerpo, la iglesia”,“Él es el primogénito de los muertos” y de la resurrección, origen de la nueva vida y Él es Dios en toda su plenitud. “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”, como lo reafirma Colosenses 2:9 “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.

Él es el reconciliador de la humanidad consigo mismo, Él es el santificador de la raza pecadora. Jesucristo es el mediador de la redención. Este derecho a ser llamado como tal, comienza en la afirmación de que todo fue creado por medio de él y para él. Como Señor de la iglesia, tiene autoridad sobre ella. Cuando dice la Palabra que es el “principio”, es un absoluto que no admite nada antes de Él. Nuevamente se usa el término “primogénito de entre los muertos”, la primogenitura de su resurrección está íntimamente vinculada con ser la cabeza de la iglesia, su resurrección no tiene paralelo, porque fue el único que resucitó para no volver a morir.

Efesios 1:19-23 “ nos dice: “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

Esta primogenitura tuvo un propósito, la manifestación histórica de su supremacía, el “primero” porque no puede compartir su supremacía con nadie. La resurrección es la confirmación de que Jesús es el Mesías. El Señor Jesús es el primero de todo: Señor del universo, Señor de la iglesia, Señor de todo. Cristo es todo lo que necesitamos, no hace falta nada más.

Colocando todo esto en una sola frase:Jesús es el máximo agrado o complacencia del Padre, Marcos 1:11 dice: “Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”.

El propósito del Padre fue que en Jesús habitara la plenitud.

La naturaleza divina reside en Cristo, de tal modo que nada de la deidad le falta y lo más hermoso es que al estar nosotros en Cristo somos participantes de esa naturaleza divina, de esa plenitud, porque vive en nosotros. La única alternativa para hacer la paz era la sangre de la cruz, Jesucristo tenía que pagar el precio de la redención para hacernos libres. El evangelio, el mensaje de reconciliación es un llamamiento a una vida diferente.   Oración.

Gracias amado Jesús porque tú eres el primero en todo, el primogénito de entre los muertos, esto prueba tu Señorío sobre todas las cosas y eso incluye mi vida, has vencido la muerte, me has hecho partícipe de tu resurrección y de esa nueva vida, porque en ti habita toda la plenitud de la deidad, en ti no me falta nada, porque tú lo llenas todo, amén.