miércoles, 7 de octubre de 2026

¿Abrumado?

 ¿Abrumado?

“En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma.” Salmos 94:19

En zonas montañosas, altiplanos y valles húmedos, en ocasiones se presenta la niebla o neblina. Quizás en algún momento de tu vida habrás podido ser testigo de este suceso y entenderás que cuando llega la niebla a un lugar lo primero que se pierde es la visibilidad. Podríamos decir que lo mismo sucede en nosotros, espiritualmente hablando, cuando permitimos que llegue el agobio.

La Real Academia Española (RAE) define “abrumar” como el agobio que siente una persona cuando tiene una carga pesada, carga que puede provenir no sólo de algo físico sino también de algo mental o emocional, como por ejemplo, una preocupación grave por una responsabilidad que se está afrontando. Como vemos, el sentirse abrumados o agobiados viene como “respuesta a la sobrecarga de tareas o emociones, que provocan agotamiento, confusión y sensación de pérdida de control”. Y es que seamos sinceros: ¿Cuántos de nosotros en diferentes ocasiones hemos experimentado lo que es sentirse abrumado?, posiblemente muchos, quizás por situaciones difíciles que son repetitivas en nuestras vidas, o por pensamientos que no paran de rondar nuestra mente. Seguramente si lo has enfrentado podrás entender que aquel agobio del que hablamos llega a nublar nuestra vida, a cubrir nuestros pensamientos y emociones para no permitirnos ver con claridad, tal como lo hace la niebla o neblina. El problema del agobio es que no llega solo, pues viene con una cantidad de emociones similares: ansiedades, temores, tristezas, frustraciones, etc. Cuando emergen este tipo de emociones lo que hacen es perjudicarnos y desviar nuestra mirada de Dios, por eso el Señor, a través del Salmo 94:19, nos expresa que lo único que puede llegar a darle claridad a nuestras vidas y echar fuera todo agobio, es Su Palabra; pues Su Palabra es la única que puede darle quietud, claridad y consuelo a nuestra alma: “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.”

Hermanos, Dios nos quiere recordar que a pesar de que haya responsabilidades que puedan generar ansiedad, estrés o cansancio, no debemos dejarnos abrumar, agobiar, ni dominar por ellas, pues todas estas emociones son contrarias a lo que produce Dios. Lo que el Señor anhela es que tú y yo, a diario, podamos experimentar Su paz, aún en medio de cualquier responsabilidad que debamos enfrentar, pues esa paz es la única que guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:7)      Oración.

Padre, te pido por favor que pongas claridad en mi mente y corazón. Reconozco que ha habido situaciones en las que he dejado que el agobio nuble mi vista, pero no quiero seguir igual. Señor Jesús, llévame a descansar en ti y en Tu Palabra, revélame y recuérdame por medio de tu Espíritu Santo tu verdad, pues sólo en ti halla descanso mi alma. Amén. 



martes, 6 de octubre de 2026

El que no confía en el Señor

 El que no confía en el Señor

“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. ”, Jeremías 17:5-6

“Poner carne por su brazo” significa confiar en uno mismo, tener confianza en la propia destreza, tomando el control de mi vida desde la necesidad, el temor o la escasez. La autopreservación, el autoanálisis y la independencia (consecuencias de la caída en el Edén), el “yo puedo” en acción.

El hombre que actúa guiado por la trampa de la serpiente de “ser como Dios, conociendo el bien y el mal”, experimenta la trampa del maligno: “conociendo” significa que tuvo que unirse al mal para experimentarlo, desconectándose de la vida de Dios. Y experimentar la muerte. (Génesis 2:17, Génesis 3:17)

Cuando el hombre pone carne por su brazo la consecuencia directa es que su corazón se aparta del Señor. Es uno o lo otro. Te conectas con la fuente de vida, o te conectas con tu propia fuente. Esto significa “mis propias fuerzas”, incluye nuestra mente, emociones y voluntad, en disposición o inclinación a ser gobernados por sí mismos.

Meditemos en tres características de este hombre que pone carne por su brazo, que no confía en Dios, de acuerdo al pasaje de hoy:

Espinoso, como la retama: Está frustrado, lleno de ira, se exalta o exaspera fácilmente, no encuentra descanso y mantiene una sed espiritual, siempre está buscando pero no encuentra lo que busca y se está comparando con los demás, de manera egoísta. Vive enojado, seco, sin fruto.

No ve el bien: Dios bendice a todos, el sol cae sobre justos e injustos, pero este hombre aunque pase la bendición por su lado, no la puede ver, sus ojos están cegados, o está enceguecido en sus propios pensamientos e intenciones. No está preparado para recibir o administrar una bendición.

No está tranquilo o no halla reposo: Siempre está quejándose y queriendo irse a otro lugar, mora o habita en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada, así habite en arroyos o en tierra fértil, en su mente habita en un desierto.

Hermanos, pidamos a Dios que no seamos de los que “ponen carne por su brazo” o que confían sólo en su propia fuerza. Clamemos también, que no seamos como árbol seco del desierto que no produce fruto, ni de los que no ven el bien cuando pasa. Oremos para que no seamos duros de corazón y no haya en nosotros queja y desespero, que no importe donde vivimos sino que Cristo haga habitación en nuestro corazón, trayendo reposo a nuestra alma cansada.   Oración.

Padre, no quiero ser de los que ponen su confianza en otros o en su propio desempeño, ni de lo que dependen de su propio obrar, sino que me entrego plenamente a ti, confiando en tu fuerza, tu poder, tu provisión y tu propósito de formar en mí a Cristo, para glorificar tu nombre; hallo descanso en ti mi Señor y Salvador, amén.  



lunes, 5 de octubre de 2026

Andar en los mandamientos del Padre

 Andar en los mandamientos del Padre

“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí.”, Éxodo 20:1-3

En tiempos modernos se han olvidado los diez mandamientos o se han enseñado mal, de manera que se tuerce su significado, pero están escritos en la biblia de manera clara en Éxodo 20:3-17 y en Deuteronomio 5:7-21.

Ellos revelan nuestra naturaleza de pecado y muestran nuestra urgente necesidad de un Salvador. Cristo, el único que los pudo cumplir, el Padre lo hizo el Cordero sobre el cual fueron colocadas nuestras transgresiones a esa ley santa y fue ejecutada la justicia de Dios. Por esto, ahora, todo el que cree en Él es justificado. Esto son los 10 mandamientos, escritos de manera resumida pero precisa de acuerdo a la escritura:

No tendrás dioses ajenos delante de mí. — Deuteronomio 5:7

No te harás imagen ni escultura para adorarla. — Deuteronomio 5:8-10

No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano. — Deuteronomio 5:11

Guardarás el día de reposo para santificarlo. — Deuteronomio 5:12-15

Honra a tu padre y a tu madre para que sean largos tus días y te vaya bien sobre la tierra. — Deuteronomio 5:16

No matarás. — Deuteronomio 5:17

No cometerás adulterio. — Deuteronomio 5:18

No hurtarás. — Deuteronomio 5:19

No dirás falso testimonio contra tu prójimo. — Deuteronomio 5:20

No codiciarás lo que pertenece a tu prójimo. — Deuteronomio 5:21

La gracia de Dios, que es Cristo mismo, nos da acceso por la fe a la bendición de cumplir estos diez mandamientos, porque la carne no puede someterse a Dios (Romanos 8:7).

Pero ahora en Cristo, somos bendecidos, pues estos fueron dados para todos los que entran a la tierra prometida; más ahora la tierra prometida del creyente, es Cristo mismo, nuestro reposo final. Así que ahora el pecado no toma control de nosotros porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia (Hebreos 4:3, Romanos 6:14).

Por esta razón el Señor Jesús, cuando le preguntan ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Él les dio una respuesta contundente: “Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.” Juan 6:29.

Hermanos, la religión nos dice “obedece para ser aceptado”, el evangelio nos revela “cree para ser transformado”; así que somos transformados en hijos obedientes por la obediencia de uno, de Cristo, para entrar en Él, y tener el poder de su Espíritu para andar en los mandamientos del Padre (Romanos 5:19).    Oración.

Padre, aunque me propusiera con todo esfuerzo moral a cumplir los mandamientos no podría, pero he muerto juntamente con Cristo, para ya no andar en la carne sino en el Espíritu, y por el Espíritu hacer morir las obras de la carne y andar en nueva vida. Su gracia es el poder que me has conferido para andar en santidad y cumplir tus mandamientos. Amén.



domingo, 4 de octubre de 2026

Integridad interior

 Integridad interior

“Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. “, 2 Corintios 4:2

“pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio,”, 2 Timoteo 1:10

Un siervo de Dios no debe tener una doble vida ni pecados secretos guardados por hipocresía. (2 Corintios 4:2)

No debe haber lugar en nuestra vida ni en nuestro corazón, donde no reine el Señor, sino que Él debe llenarlo todo; por esto, cada día pedimos: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”, (Mateo 6:10). Porque el reino de Dios ha llegado a nosotros al ser sellados con el Espíritu Santo, hemos sido unidos a la vida de Cristo mismo, pero nuestra alma debe entender esta realidad del cielo en la tierra de nuestro corazón y que no haya un solo espacio donde no gobierne el Señor. Si Él gobierna en todo entonces se hace su voluntad aquí en la tierra como en el cielo. (Mateo 6:10)

Si profundizamos aún más, podemos ver como en 2 Corintios 4:6 se relaciona la creación en Génesis con Cristo: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”

De la misma manera en que el universo estaba en tinieblas y en desorden hasta que Dios ordenó que existiera la luz física, el corazón humano está sumergido en una oscuridad espiritual total hasta que Dios, de manera soberana y por su sola gracia, mediante la fe, decide encender la luz espiritual en el interior de la persona, enviando la Palabra de Cristo.

La luz que Dios hace resplandecer en el corazón no es una luz abstracta o una emoción vaga; es el conocimiento pleno de la gloria de Dios, y esta gloria se revela de manera perfecta y personal en la faz (la persona y la obra) de Jesucristo.

Ver a Cristo en el Evangelio es contemplar el esplendor del carácter, la justicia, la gracia y la majestad de Dios mismo.

Esto significa que sólo el evangelio puede transformar porque saca a la luz todo lo escondido; así que, hermanos, renunciando a todo lo escondido y vergonzoso, experimentemos cada día, acercarnos a la Luz verdadera que mora en nuestro interior, por medio de la fe. Él revelará lo escondido, nos limpiará y resplandecerá su propia Luz a través de nosotros (2 Timoteo 1:10, Lucas 8:17).     Oración.

Padre, examíname en lo íntimo, hazme comprender tu sabiduría y guíame para andar en amor sacando de mi corazón todo lo oculto, solo tú ves lo que yo no puedo ver, puedo auto-engañarme en mis propios razonamientos o imaginación, pero tú eres verdadero, así que llevo todo pensamiento a la cruz para que se someta a Cristo, amén.



sábado, 3 de octubre de 2026

La integridad del corazón.

 La integridad del corazón.

“Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros.”, 2 Corintios 1:12

La Segunda carta a los Corintios fue escrita por Pablo inspirado por el Espíritu Santo, en defensa ante los ataques que estaba recibiendo.

Tras escribir 1 Corintios, un grupo de falsos maestros se infiltró en la iglesia e inició una agresiva campaña para destruir la reputación de Pablo. Lo acusaban de tener una vida pecaminosa oculta, de actuar por codicia de dinero, de buscar favores de mujeres y de conducirse con astucia o engaño humano.

Si estos opositores lograban dañar la reputación de Pablo atacando su integridad, podían introducir falsas enseñanzas y destruir su credibilidad, su productividad y su capacidad para predicar el Evangelio con impacto.

Entonces Pablo apela a un pequeño tribunal – no a alguien externo – uno ubicado en su propio corazón, un tribunal contundente, que no falla: Su conciencia. Y escribe, por el Espíritu, lo que leemos en 2 Corintios 1:12.

La conciencia es para el alma, como el dolor para el cuerpo, todos la tenemos y esta conciencia es limpiada por la palabra de Dios: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9). La conciencia nos avisa que algo anda mal; grita en nuestro interior. Todos tenemos una conciencia, sin excepción; observemos lo que explica el apóstol Pablo sobre este asunto: “mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,” (Romanos 2:15)

El punto clave de esta reflexión es que podríamos estar mostrando una aparente integridad con la gente afuera, pero estar perdiendo la batalla por dentro, por esto cuando estudiamos las escrituras, lo hacemos para entrenarnos y sensibilizarnos, es decir – no entrenamos para vulnerar la conciencia, sino para hacerla más sensible – para destapar lo oculto y que sea expuesto por la luz de su Palabra, al ser revelada por el Espíritu Santo. Pablo expone por el Espíritu, para defenderse de los ataques, que su conciencia está limpia y por la acción de la misericordia de Dios, ha renunciado a todo lo oculto y vergonzoso, no le debe nada a nadie, más que anunciar el amor de Cristo por llamado de Dios, no de hombres. (2 Corintios 4:2)

Hermanos, la conciencia es el tribunal terrenal más alto para el creyente y solo su Palabra morando en nosotros la puede limpiar y sensibilizar para ganar la batalla interior y que se proyecte en todo lo que hacemos una conducta íntegra y sincera, como la de Cristo.   Oración.

Padre, que en mi corazón no haya nada oculto ni pecaminoso. Tu Palabra limpia mi corazón y me hace vivir conforme a la fe en Cristo, siguiendo sus pasos. Tú me has limpiado de toda maldad para que ahora viva en Cristo, en integridad de conducta y pureza de corazón, para glorificar tu nombre, amén.  



viernes, 2 de octubre de 2026

Crecimiento por la Palabra para vivir en el Espíritu

 Crecimiento por la Palabra para vivir en el Espíritu

"Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él." Lucas 2:40

"Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres." Lucas 2:52

Nuestro mejor referente en todo siempre es Jesucristo, por eso de Él podemos aprender cómo vivir en el Espíritu. La escritura nos revela que Él crecía y se fortalecía, pero también se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él (Lucas 2:40,52), lo cual nos indica un crecimiento integral en la vida de Jesús, tanto su espíritu, su alma y su cuerpo tenían un pleno desarrollo.

José y María, los padres de Jesús, quienes eran judíos y seguían las tradiciones cumplidamente, como lo podemos inferir de Lucas 2:21-42, sin duda, instruyeron al niño en los caminos del Señor, enseñándole desde pequeño las escrituras. Por eso cuando vemos a Jesús, a los doce años en el Templo, haciendo preguntas y hablando con los maestros de la ley, estos se maravillaban de su sabiduría y sus respuestas como dice Lucas 2:46-47.

Jesús fue instruido con la Palabra de Dios desde su niñez. Ya en su vida adulta y al comenzar su ministerio, esa Palabra continuaba manifestándose en todo su modo de actuar. El no solo cumplía la Ley, sino que lo declaró abiertamente en Mateo 5:17: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Su vida era, por lo tanto, una coherencia absoluta entre su creencia y su vivencia. Todos sus actos revelan su amor, que es el cumplimiento de la Ley (Romanos 13:10).

Esta enseñanza debe llevarnos a reflexionar sobre la importancia de llenarnos de los pensamientos de Dios, los cuales encontramos en su Palabra, pues estos tienen el poder de moldear nuestra vida, llevándonos a experimentar el sentir de Cristo, para al final poder vivir una vida espiritual, haciendo la voluntad de Dios, tal y como lo apreciamos en la vida de Jesús.

De la misma manera, ahora los creyentes, podemos experimentar lo mismo que Cristo, pues al llenarnos de los pensamientos de Dios, podemos poner en práctica su Palabra por medio del amor, amando tanto a Dios como a nuestros semejantes. (Mateo 22:37-40). Así que hermanos, crezcamos en el conocimiento de Dios por medio de la Palabra para aprender a vivir en el Espíritu.   Oración.

Espíritu Santo recuérdame siempre la Palabra de Dios, pues sé que es mi alimento diario, que me permite crecer y fortalecerme para llevar una vida en el Espíritu. Amén.  



jueves, 1 de octubre de 2026

La integridad puesta a prueba por el fuego

 La integridad puesta a prueba por el fuego

“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.” Daniel 3:1

“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.”, Daniel 3:16-18

Nabucodonosor mandó a levantar una estatua de oro de 27 metros, edificada sobre la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia, y manda a que todos, pueblos, naciones y lenguas, al oír música de distintos instrumentos, se postren y adoren esta estatua. Cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo (Daniel 3:1, Daniel 3:4-6). Era un edicto en contra del primero y segundo mandamiento:

No tendrás dioses ajenos delante de mí. — Deuteronomio 5:7

No te harás imagen ni escultura para adorarla. — Deuteronomio 5:8-10

Sadrac, Mesac y Abed-nego, no adoraron la estatua de oro levantada por Nabucodonosor y fueron confrontados por el rey, pero su respuesta aún retumba en nuestros oídos: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Al escuchar esto, Nabucodonosor se llenó de ira y ordenó que fuesen amarrados, echados al horno de fuego que fue calentado 7 veces más de lo acostumbrado (Daniel 3:19).

Y luego de ser echados al fuego, pasó algo extraordinario: “Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.” (Daniel 3:24-25)

Poderosamente fueron salvados; su fe en Dios, independiente de las circunstancias, muestra el más elevado concepto de negarse así mismo para hacer la voluntad de Dios; esto lo evidencia una pequeña palabra de enlace en Daniel 3:18 —“Y si no”—

Un cuarto varón los salvó, según la traducción “un hijo de dioses”, un ser celestial, o un ángel, como lo declaró Nabucodonosor más adelante. (Daniel 3:28)

Ellos fueron salvados por Cristo, porque sólo Él es aquel del cual fuimos revestidos para que se cumpla: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”, Isaías 43:2,

Revestidos de Cristo, el fuego de las dificultades de la vida, de la prueba, no nos quema, nos hace más semejantes a Él. Y si semejantes a él, la vida incorruptible e íntegra del Hijo de Dios, es manifestada en nosotros, así como lo fue en Sadrac, Mesac y Abed-nego; esto nos lleva a la integridad: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.”, Gálatas 3:27.

Hermanos, mantengamos la firmeza de nuestra fe y confianza plena en Cristo, en su Palabra, pues aún en los tiempos más oscuros, será lo único que nos libre cuando llegue el fuego de la prueba. (Apocalipsis 3:10).     Oración.

Amado Dios, me has revestido de Cristo para cubrirme de gracia y de tu amor, soy salvado del fuego, de las dificultades y las pruebas, porque tú caminas a mi lado, por lo tanto me mantengo firme en mi fe y descanso en ti, incluso cuando soy presionado por el mundo, pues mi integridad se basa en tus principios, promesas y en tu Palabra que ahora mora en mí. Amén.