martes, 21 de julio de 2026

Destruyendo el molde

 Destruyendo el molde

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

Por medio de la fe en Cristo, el Padre nos traslada de Adán a Cristo, otorgándonos una nueva naturaleza; nos da su gracia, que es Cristo mismo y con Él todas las cosas; esto incluye la mente de Cristo (1 Corintios 2:16). Es decir, Dios nos otorga la capacidad de entender su Palabra, sus designios y principios a través de la mente de su Hijo en nosotros, que revela a nuestra alma, todo lo que Él quiere que sepamos y experimentemos, para que seamos transformados, pues no es simplemente un conocimiento intelectual sino una comunión íntima, de adentro hacia afuera. (Filipenses 2:13, Efesios 3:20)

Teniendo presente que, la mente de la naturaleza adámica no puede entender las cosas de Dios, pues estas se han de discernir espiritualmente, el Espíritu Santo nos las trae a nosotros para que sepamos lo que el Padre nos ha concedido en su Hijo (1 Corintios 2:10-16).

Pero la parte que nos corresponde, es no conformarnos o no dejar que el mundo moldee nuestro pensamiento. No permitir que el mundo nos inyecte la mentira destructiva del maligno, llevándonos a fijarnos o quedarnos entretenidos con las cosas temporales. Aquellas que buscan en todo momento alimentar y activar nuestros propios deseos y pensamientos pecaminosos a través de los sentidos, llevándonos a actuar independientemente de Dios, repitiendo así el ataque del maligno ocurrido en el Edén (Génesis 3:1-6).

No es dejar de usar la razón ni la lógica, sino someter a la cruz nuestra inteligencia, llevando cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo y se alinee con la realidad eterna, destruyendo el molde de la antigua naturaleza que el mundo incita, “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).   Oración.

Padre, gracias porque me has dado la mente de tu Hijo, y con ella poder entender tu Palabra y todo lo que me has concedido; gracias porque por medio de este conocimiento revelado en intimidad y comunión transformas mi vida por completo, te alabo y te bendigo, en tu Hijo Jesucristo, amén. 



lunes, 20 de julio de 2026

Fortaleza en la prueba

 Fortaleza en la prueba

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4:15

Emociones, sensaciones, sentimientos o pensamientos tan fuertes que nuestro cuerpo los termina manifestando de alguna manera, como por ejemplo, aceleraciones del corazón, boca seca, hormigueo, nerviosismo, tensión muscular, sudoración excesiva, entre otras. El hecho de pensar en algo que quizás puede pasar, en algo que quiero o deseo profundamente, de pronto imaginarnos qué sería de nuestra vida sin algo o alguien o también en algo que sé que me espera, pero que poco quiero, son, sin duda alguna momentos difíciles, pero que, en Cristo tenemos no solamente el ejemplo, sino también la fortaleza para resistir y superar.

En primer lugar, la Escritura nos dice, que no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino, uno que fue tentado en todo, pudiendo así entender y mejor aún, compadecerse de nuestras situaciones. En el caso del Señor Jesús, su momento angustiante, aquel en el que se encontró triste aún hasta la muerte y en el que su sudor era como grandes gotas de sangre, fue justo antes de ir a la cruz. Por la oración que Él le hace al Padre, entendemos que prefería no pasar por esa circunstancia tan difícil, pues dice “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Mateo 26:39.

Hermanos, el Señor Jesús mora en nuestros corazones por su Santo Espíritu y, en situaciones así, Él también nos conduce hacia momentos de intimidad en oración, donde con toda la libertad y confianza le podemos expresar al Padre todo aquello que pensamos y sentimos; de modo que, la invitación es a que, en esos momentos de tanta presión, no intentemos superarlos o resistirlos en nuestras propias fuerzas, pues si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, acercándonos al trono de la gracia, hallaremos el oportuno socorro (Hebreos 4:16); la Escritura testifica en el caso del Señor Jesús que “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” (Lucas 22:43)    Oración.

Padre, gracias por tu Palabra donde me muestras tu gracia; gracias por el regalo de habitar en mí por tu Espíritu, y gracias porque esa gracia la puedo experimentar en mi vida por la revelación y el poder de tu presencia, amén.  



domingo, 19 de julio de 2026

Él es tu vida

 Él es tu vida

“Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.”, Génesis 2:9

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” Apocalipsis 2:7

En el libro de Génesis, se da testimonio del árbol de la vida, que representaba la vida eterna, (Génesis 3:22). El hombre escogió el árbol de la ciencia del bien y del mal, que representaba el rechazo del hombre hacia Dios y como consecuencia la muerte.

Pero Jesús nos fue dado por el Padre como regalo inmerecido, para restaurar la condición inicial y volver a la gloria de Dios, Él es el árbol de la vida, la vid verdadera (Juan 15:5), a la que fuimos vinculados o incrustados para tomar de su sabia.

Para entender en mayor profundidad el concepto de “vida eterna” o la vida que nos da Cristo, recordemos por tanto que en el Nuevo Testamento, los autores distinguen entre diferentes tipos de vida: Bios, vida física o biológica, Psuche, vida del alma, personalidad o intelecto y Zoe, la vida increada, eterna y divina de Dios.

Entonces, el pasaje de Juan 1:4-5, define a Jesús como la fuente original de esta vida divina que ilumina a la humanidad. Y el Señor Jesús nos toma para él para darnos esa vida superior: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”, Juan 10:28

En Apocalipsis 2:7, El señor promete el derecho de “comer del árbol de la vida (Zoe)”. Aquí, el fruto del árbol es el acceso final y eterno a esa Zoe que estaba en Jesús desde el principio, pero, simbólicamente, significa participar de Cristo mismo.

Para aclarar algo importante, en Juan 10:10, nuestro Señor Jesús declara que vino para que tengamos vida (Zoe) en abundancia, pero esto no se refiere a bienes materiales, éxito o abundancia de bienes, sino a la plenitud de la naturaleza divina de Dios en el creyente, pues en Cristo lo tenemos todo y estamos completos en él (Colosenses 2:10)

En conclusión, Cristo es la fuente de la vida (Juan 1:4), el sustento (Juan 10:10), y la restauración de la vida (Apoc 2:7, Apocalipsis 22:2), pues el acceso al árbol se perdió en el Edén, pero se recupera a través de Jesús (la Zoe personificada), quien permite al ser humano volver a participar de la naturaleza de Dios.    Oración.

Padre, cuan inmenso amor, me permites ahora participar de la vida eterna desde el momento en que creí en Jesús, cuando puse mi esperanza en el único que es mi camino, y mi verdad y mi vida, que me llevó a ti y me dio nueva vida por el poder de tu Espíritu. Amen. 



sábado, 18 de julio de 2026

Actuando según la sabiduría espiritual

 Actuando según la sabiduría espiritual

“Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” Santiago 3:17

Hay momentos en nuestra vida que parecen más grandes que nosotros. Sentimos que nos sobrepasan, pero en esta oportunidad no nos estamos refiriendo a esos grandes y preocupantes escenarios donde nuestra vida tiende a cambiar por completo de un momento a otro, sino más bien a esos pequeños e intensos momentos donde con nuestro prójimo sentimos fuerte enojo, frustración, desesperación, impaciencia, dolor emocional, entre otros.

En esas ocasiones, sin duda, lo primero que viene a nuestra mente y lo que deseamos en nuestro corazón, es actuar según nuestra naturaleza carnal, que nos impulsa a reaccionar con ira, gritería, ofensas, imposición, división y todo lo que a la sabiduría humana y terrenal se refiere; sin embargo, como hijos de Dios, en nosotros también está la nueva naturaleza, es decir, la de Cristo por su Espíritu (Gálatas 2:20, Romanos 8:9).

Gálatas 5:16 nos exhorta de la siguiente manera “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”

Andar en el Espíritu, por supuesto es actuar según la sabiduría que viene de lo alto, pero que claramente no tenemos en esos momentos; sin embargo, el Señor en Santiago 1:5 nos dice “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” De manera que, queridos hermanos, por más agobiantes que parezcan aquellos instantes de nuestra vida, el poder del Espíritu Santo siempre es mayor y está a nuestro alcance con una sincera oración, para que conforme nos exhorta el Señor en Romanos 8:13, por el Espíritu, hagamos morir las obras de la carne, y podamos así actuar según la sabiduría espiritual.    Oración.

Padre, gracias por la presencia continua y para siempre de tu Santo Espíritu en mí; gracias porque sé que es por su poder y obrar, que en todo tiempo puedo hacer morir las obras de la carne y actuar según la sabiduría celestial, amén. 



viernes, 17 de julio de 2026

Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

 Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

"Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios." Ezequiel 11:19-20

En Cristo Jesús, la promesa dada al pueblo de Israel en Ezequiel 11:19-20 se extiende a todos los creyentes. Esto es maravilloso, ya que por gracia, al creer en Jesucristo, no solo recibimos el perdón de los pecados, la salvación y la vida eterna, sino también un corazón nuevo.

Este nuevo corazón que se nos otorga por la gracia divina posee la extraordinaria capacidad de andar en las ordenanzas de Dios, guardar sus decretos y cumplirlos. Esto es posible porque este corazón es sensible a la Palabra encarnada, el Verbo de Dios (Juan 1:1, 14). Por lo tanto, Jesús, quien se revela a través de la Palabra Escrita y vive ahora en nosotros, hace que esa Palabra viva, actúe en nuestra vida por medio de este nuevo corazón, que es espiritual, gracias a la obra del Espíritu Santo. De esta manera, el anhelo de Dios de que tengamos “el mismo sentir que hubo en Cristo” se vuelve posible. Esto debe impulsarnos a obedecer, despojándonos del viejo hombre viciado para revestirnos del nuevo, “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad,” para alcanzar el propósito para el cual Dios nos creó (Filipenses 2:5-8).

Por lo tanto, al tener el nuevo corazón, y gracias a la obra del Espíritu Santo, podemos obedecer. Los mandamientos de Dios ya no son ordenanzas externas, sino el mismo sentir de Cristo latiendo en nuestro interior, por eso el apóstol Pablo declara 2 Corintios 3:3-6: “siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” Así que hermanos, pidamos a Dios que, con este nuevo corazón, aprendamos a vivir cada día en el Espíritu.    Oración.

Padre Dios, gracias por el nuevo corazón que me has dado, donde están escritos tus mandamientos para ponerlos por obra, lo que me lleva a vivir en el Espíritu. Amén.



jueves, 16 de julio de 2026

Viviendo el ámbito espiritual

 Viviendo el ámbito espiritual, 

“aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” Efesios 2:5-6

Cuando se habla de ámbito, se está hablando de un espacio comprendido dentro de límites determinados, pero también se utiliza para referirse al entorno o contexto donde algo se sitúa, se desarrolla o se aplica. Es decir, la realidad en la que nos movemos.

Si bien es cierto que vivimos una vida física, en un ámbito material-natural, que la Biblia llama “carnal”, Dios por revelación nos dice que también existe un ámbito o realidad aún más prioritario y mucho más determinante: El reino de Dios, el ámbito espiritual.

El ámbito natural donde vivimos también incluye nuestros pensamientos, emociones y voluntad, propia del hombre, nuestra alma, la cual se acostumbró a andar en ese ámbito terrenal; por ejemplo, las emociones nos pueden llevar a entender o ver algo que no es, o estar ciegos, como nos explica 2 Corintios 11:3 “​​Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” Pero, cuando creímos en Cristo, Dios nos trasladó de una realidad carnal-natural a una realidad nueva, espiritual, en Cristo, como dice Colosenses 1:13 : “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”.

De manera simple podemos decir que, para pasar del ámbito natural al espiritual en cualquier circunstancia de nuestra vida, lo que hemos de hacer es precisamente no proceder según nuestra carne, pues aunque andamos en la carne, no debemos militar según la carne (2 Corintios 10:3), sino, llevar de manera intencional lo natural a lo espiritual, tal como se nos exhorta en 2 Corintios 10:5 que dice “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,”   Oración.

Padre, me has dado vida eterna colocándome en tu Hijo, llevándome a los lugares celestiales juntamente con Él, guíame a ser consciente de esta nueva y verdadera realidad y así expresarla en mi vida diaria, en amor, para gloria de tu nombre, amén.



miércoles, 15 de julio de 2026

Cuando dudamos

 Cuando dudamos

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio,” Hebreos 3:12-14

Hemos sido llamados, escogidos y participantes de Cristo; se nos ha dado seguridad, propósito y esperanza; hemos disfrutado de la gracia, misericordia y el amor incondicional del Señor, pero a pesar de todo, cuando llega la tentación, la prueba o los momentos difíciles, nos queremos apartar, nos ponemos a pensar y dejamos de orar.

El pecado, como dice Hebreos 3:13, es un engaño; engaño en el cual podemos caer o nos puede hacer resbalar; dudamos, cuestionamos y vagamos en nuestro corazón comparando las aparentes delicias, la gloria o las recompensas del pecado con la situación o circunstancias en las cuales nos tiene Dios de manera temporal y con propósito. Nos hacemos semejantes a la actitud del pueblo de Israel, pues habiendo sido libertados de la esclavitud de egipto y dirigiendose a la tierra prometida, teniendo que pasar por un desierto de unos pocos dias, se quejaban, dudaban, murmuraban y hasta querian regresar a su anterior condición.

Hermanos, contrario a la actitud de pecado por la que optó el pueblo de Israel en la travesía por su desierto, nuestro Dios hoy nos quiere exhortar a que nos humillemos ante Él, que optemos por una actitud de humildad, fe, gratitud, gozo y oración para que nuestro corazón no se endurezca por el engaño del pecado ni haya en nosotros incredulidad; recordando así mismo que: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” 1 Pedro 5:10.   Oración,

Padre, que la tentación, la prueba o la dificultad no me hagan dudar u olvidar del verdadero gozo, plenitud y delicias que se encuentran a tu diestra y en tu presencia; no permitas que nada de este mundo ni aun mi carne, me alejen de ti, ni me desvíen de tu voluntad; confio y te doy gracias porque así lo has hecho y lo seguirás haciendo por Jesucristo tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén.