domingo, 23 de agosto de 2026

El orgullo trae ruina y destrucción, pero la humildad ayuda a la Comunión

 El orgullo trae ruina y destrucción, pero la humildad ayuda a la Comunión

“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.” Isaías 14:12-14

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11: 29-30

El orgullo es, sin lugar a dudas, un pecado grave. Antes de caer, Lucifer permitió que en su corazón se albergaran pensamientos de usurpación contra Dios. Él no solo quiso ser como Dios, sino que deseó ocupar Su lugar, como lo revela Isaías 14:12-14. Fue esa misma mentira la que ofreció a Adán y Eva: “seréis como Dios”, conduciéndolos a la desobediencia y a la ruptura de su comunión con el Creador.

El resultado fue catastrófico: el “Lucero” fue arrojado de la presencia de Dios y el hombre fue expulsado del jardín (Ezequiel 28:14-17 y Génesis 3:23-24). Podemos ver claramente el desastre que genera el orgullo: nos traslada de una condición privilegiada de unión con el Padre a una condición de ruina y separación. Ezequiel 28:14-17 describe esta tragedia: la hermosura y sabiduría de aquel querubín se corrompieron a causa de su propia vanidad, llevándolo a la iniquidad. Y Génesis 3:23-24 muestra el resultado de la autosuficiencia del hombre, quien peca al seguir el ejemplo mismo de satanás, revelándose contra Dios.

Este patrón de destrucción se repite hoy. El orgullo no solo nos separa de Dios, sino que es capaz de destruir relaciones, matrimonios, familias, iglesias y hasta naciones enteras. Por ello, debemos acudir al Señor y pedir la guía del Espíritu Santo para aprender de Jesús, quien, siendo Rey, decidió ser manso y humilde de corazón. Que su humildad sea el modelo que guíe nuestra vida diariamente, y nos permita experimentar y disfrutar de la comunión que Él restauró en la cruz.   Oración.

Padre Celestial, reconozco que mi corazón es propenso a elevarse y a buscar protagonismo. Hoy te pido perdón por cada pensamiento de orgullo que me ha alejado de ti. Que tu Santo Espíritu obre en mí para que pueda despojarme de toda soberbia y, al igual que tu Hijo Jesús, pueda abrazar la mansedumbre y la humildad. Que mi mayor deseo sea caminar en plena comunión contigo. Amén.



sábado, 22 de agosto de 2026

Los buenos y los malos necesitan de Cristo.

 Los buenos y los malos necesitan de Cristo. 

“Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo”, Hechos 18:24-28

En Hechos 18:24-28, vemos el caso de Apolos, quien necesitaba el mensaje verdadero, preciso y como dice la escritura “más exactamente el camino de Dios”, para poder ser salvo, sus buenas obras y su gran conocimiento no eran garantía de salvación sino solo el nuevo nacimiento, por el Espíritu.

En Hechos 19:1-7 está el caso de otros 12 hombres, “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres.”

Entonces nosotros que tenemos el Espíritu Santo, es necesario que prediquemos como Pablo le dice a Timoteo: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. ” (2 Timoteo 4:2), a todos, buenos y malos, sin hacer acepción de personas, como lo dijo Pedro cuando fue a anunciar el evangelio a la casa de Cornelio “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,” (Hechos 10:34).

Pero necesitamos hacerlo con precisión, como lo hicieron Priscila y Aquila con Apolos, esa precisión está en el poder del Espíritu Santo, en el sello que recibimos al creer en Cristo y ser unidos a él. Pasar de, como se menciona sobre Apolos, que “solamente conocía el bautismo de Juan” a ser sellados con el Espíritu Santo. Hacerlo como Pablo les enseñó, el bautismo esencial es la unión con Cristo, porque el que se une al Señor un Espíritu es con él (1 Corintios 6:17).

Predicar a Cristo es invitar a las personas a recibir el Espíritu Santo, cuando confiamos en Cristo, ir a la cruz para ser unidos a la vida de Cristo.

El punto central, es que tanto buenos como malos, necesitan nacer de nuevo, de agua y espíritu (la palabra y el Espíritu Santo), por esto necesitamos con urgencia, predicar el evangelio sin hacer acepción de personas ni excepción de oportunidades.   Oración.

Padre gracias porque nos has dado un regalo maravilloso e inmerecido, a tu propio Hijo unigénito, para que creyendo en él, tengamos vida eterna, seamos unidos a ti, en Cristo Jesús. No hay condenación para los que creen en Jesús, pues ahora somos tuyos y nadie nos arrebatará de tu mano. Amén.   



viernes, 21 de agosto de 2026

Escuchando y acudiendo a Dios permanecemos en Comunión

 Escuchando y acudiendo a Dios permanecemos en Comunión

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Mateo 7:11

Dios no cambia; Su carácter es inmutable. Si Adán y Eva hubieran acudido a Su Padre Celestial en el Edén, en el momento preciso de la tentación, Él los habría ayudado. Como nos recuerda Mateo 7:11, Dios siempre da buenas dádivas a quienes se acercan a pedirle ayuda. El error trágico de nuestros primeros padres fue intentar enfrentar la tentación por su cuenta, sin consultar ni pedirle ayuda a Dios.

Satanás, un ser lleno de maldad, astuto, y mentiroso, con sus palabras, llevó a que los sentidos de la mujer miraran de manera diferente el árbol que Dios les había ordenado no comer, y con sus artimañas logró producir interferencia en la comunión de Eva con Dios, para luego utilizarla como instrumento para tentar a su esposo.

Eva permitió que la serpiente desviara su atención, filtrando en su mente ideas falsas que atacaban el carácter de Dios. Adán, por su parte, aunque no fue tentado directamente por la serpiente, cometió el error de prestar más atención a la voz de su mujer que a la voz de Dios. Ambos cayeron porque permitieron que una voz ajena moviera su voluntad.

Hoy, Satanás sigue utilizando la misma estrategia. A veces nos habla disfrazado con filosofías o dudas, y otras veces utiliza a personas cercanas para alejarnos de la verdad. El objetivo del enemigo sigue siendo el mismo: aislarnos de Dios para que intentemos vivir nuestra vida según nuestros propios criterios.

Hermanos, no cometamos el mismo error. Cuando estemos frente a una tentación, una decisión difícil o un pensamiento que nos confunda, ¡no lo enfrentemos solos! Tenemos el privilegio de acudir a nuestro Padre. Gracias a la obra de Cristo, nuestra comunión ha sido restaurada. Él no nos ha dejado huérfanos; nos ha dado Su Espíritu para que, al preguntarle, Él nos dé la sabiduría y la fuerza necesarias. Que hoy nuestra prioridad sea escuchar la voz de Dios por encima de cualquier otra, recordando que Él siempre tiene “buenas dádivas” y respuestas para quienes le buscan con sinceridad.    Oración.

Padre, hoy decido silenciar las voces extrañas que me rodean para escuchar solamente la tuya. Gracias porque, al igual que un buen padre, siempre estás dispuesto a aconsejarme. Ayúdame a no enfrentar mis batallas en soledad; impúlsame, con la ayuda de tu Santo Espíritu, a consultarte siempre y a obedecerte con prontitud. Amén.  



jueves, 20 de agosto de 2026

Interferencia en la Comunión causada por distracción

 Interferencia en la Comunión causada por distracción

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” 2 Corintios 11:3

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” Génesis 3:6

A lo largo de este mes se nos ha hecho un llamado claro de parte de Dios para prestar atención a la importancia de la comunión del Espíritu Santo. Sin embargo, el enemigo conoce muy bien el valor de nuestra atención a Dios y está empeñado en generar “interferencia”. Su objetivo es que nuestra mente se desvíe para que no podamos experimentar la nueva vida que tenemos en Cristo Jesús.

El apóstol Pablo entendía estas artimañas. Él sabía lo que era tener la mente cegada por el activismo y el legalismo religioso, lo cual lo llevó desafortunadamente a ser un perseguidor de cristianos antes de su conversión. Por eso, su gran preocupación al escribirle a los corintios, era que sus sentidos fueran “extraviados” de la fidelidad a Cristo, tal como sucedió con Eva en el Edén. La estrategia del enemigo no ha cambiado: sigue usando “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16) para crear ruido y desconexión, para matar, hurtar y destruir, precisamente lo que Dios quiere que sepamos que somos y tenemos por medio de su comunión.

La comunión es el lugar donde nuestros sentidos son afinados para detectar la voluntad de Dios. Si el enemigo logra saturar nuestros sentidos con las cosas del mundo —el ruido, la vanidad y lo pasajero—, causará una interferencia que nos hará sordos a la voz de Dios.

Hermanos, el mundo nos ofrece muchas distracciones. No permitamos que nuestra atención sea robada. Pidamos hoy a Dios que nos mantenga alerta. Que nuestros sentidos no sean extraviados, sino que estén plenamente dedicados a disfrutar de la intimidad con nuestro Padre Dios. Guardemos nuestro corazón, filtremos lo que vemos y escuchamos, y permitamos que el Espíritu Santo sea quien guíe nuestra atención cada día.   Oración.

Padre, gracias por tu amor y por permitirme disfrutar de tu presencia. Reconozco que mi corazón es fácilmente distraído por las cosas de este mundo. Te pido que seas mi guardia y mi filtro; no permitas que lo que veo o escucho robe mi atención. Espíritu Santo, ayúdame a mantener mi mirada fija en ti y mi corazón cautivo a tu amor. Amén. 



miércoles, 19 de agosto de 2026

En comunión, el Espíritu me guía, para darle sentido a mi vida.

 En comunión, el Espíritu me guía, para darle sentido a mi vida.

“El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más. Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.” Salmo 103:15-18

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” Eclesiastés 12:13

En momentos de pérdida o gran conmoción, como los que hemos vivido recientemente, la fragilidad de la vida se vuelve evidente. Al mirar hacia atrás, notamos lo rápido que pasa el tiempo. Como bien nos recuerda el Salmo 103, nuestra vida es como la flor del campo: hoy florece, pero el viento pasa y ya no está. Ante la eternidad, nuestra existencia terrenal parece efímera.

Al creer en Jesucristo, nuestro Dios nos otorga un regalo extraordinario: su Santo Espíritu. Él no solo nos da una nueva vida, sino que nos ayuda a experimentar esa “vida en Cristo”. Es maravilloso saber que, mientras las cosas de este mundo son pasajeras, la misericordia de Dios es eterna. A través de la comunión diaria, el Espíritu Santo produce en nosotros tanto el querer como el hacer, enseñándonos a reverenciar a Dios y a guardar sus mandamientos no por obligación, sino por amor.

Salomón, quien experimentó todo lo que el mundo ofrece -éxito, fama, placer y riquezas- concluyó que todo, sin Dios, es “vanidad”. Él comprendió que ninguna meta terrenal puede satisfacer el vacío del corazón humano; sólo Cristo puede hacerlo.

Muchas veces vivimos esforzándonos por alcanzar cosas que, al final del día, se pueden esfumar en un momento. Hermanos, la invitación de hoy es a permitir que el Espíritu Santo realice su obra en nosotros. No persigamos las vanidades de este mundo, rindámonos ante el Autor de la vida. Que el verdadero sentido de nuestro vivir sea temer a Dios y caminar en la gracia de su pacto, pues en Él -y sólo en Él- encontramos una satisfacción que el tiempo no puede borrar.   Oración.

Padre, gracias por revelarme que mi vida no es un accidente, sino un diseño eterno. Perdóname por las veces que he corrido tras metas pasajeras. Hoy te pido que tu Santo Espíritu me guíe, que me ayude a soltar las vanidades que no llenan mi ser y que me enseñe a encontrar, en tu comunión, el sentido real de mi existencia. Amén. 


martes, 18 de agosto de 2026

En medio del dolor Su presencia es mi mejor Consolación

 En medio del dolor Su presencia es mi mejor Consolación

“Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.” Job 2:9-10

“Y tres amigos de Job…luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle…Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.” Job 2:11,13

Cuando enfrentamos tragedias, el dolor suele traer consigo una avalancha de preguntas sin respuesta. En esos momentos, la tentación de apartarnos de Dios o dudar de Su bondad es real. Sin embargo, el ejemplo del patriarca Job nos enseña a mantenernos firmes. Él sufrió la pérdida, la enfermedad y la angustia, pero jamás pecó contra Dios con sus labios.

Ante el dolor, las personas reaccionan de formas muy distintas: algunos, como la esposa de Job, nos invitan a renunciar y alejarnos de Dios (Job 2:9); otros, como los amigos de Job en sus primeros días, se limitan a acompañar en silencio, ofreciendo el valioso regalo de la presencia humana (Job 2:11-13). Pero en medio del sufrimiento, la depresión o la pérdida, Dios responde de una manera que trasciende toda explicación lógica: Él no siempre nos da respuestas a nuestros “porqué” pero nos da Su presencia.

Fue al final de su proceso, cuando Job dejó de intentar comprenderlo todo y simplemente cuando se encontró con el Señor, fue que pudo declarar: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Fue ahí, en la intimidad con el Padre, que encontró la plena restauración en todos los aspectos de su vida.

Hoy, te invito a pedirle a Dios que te utilice como un instrumento de amor. Muchas veces, un acompañamiento en silencio es la mejor medicina. Deja que el Espíritu Santo te guíe para ser un canal de Su consuelo. En medio del dolor, recuerda que la presencia sanadora de Dios es, finalmente, nuestra mayor y mejor consolación.    Oración.

Padre, gracias porque tu presencia es el bálsamo que mi vida necesita. Cuando los momentos de dolor me abrumen, ayúdame a no dudar de tu amor ni a alejarme de ti. Úsame como un instrumento de tu gracia, para que, al igual que tú me consuelas, pueda ser un reflejo de tu paz para quienes atraviesan su propia prueba. Amén.  



lunes, 17 de agosto de 2026

La gloria de Dios, no la gloria del hombre.

 La gloria de Dios, no la gloria del hombre. 

“Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”, Juan 12:42-43

“Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios”, 1 Samuel 15:30

La gloria de Dios es la expresión de sus atributos, su amor, su poder, su misericordia, su revelación, la expresión misma de su naturaleza en todo lo creado. (Salmo 19:1).

Todo lo creado manifiesta su gloria, pero nosotros debemos reconocer su gloria, como nos enseña Romanos 1:21-23, que incluso habla de lo que no es la gloria de Dios o el contraste con aquello que no reconoce la grandeza de Dios: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

La gloria que el hombre busca es impedimento para creer y para crecer: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”, Juan 5:44.

Impide el accionar y crecimiento de la fe, porque toda gloria del hombre es buscar lo suyo propio (Juan 12:42-43).

Aun el Señor Jesús, no buscaba su propia gloria, sino expresar al Padre, glorificándolo en todo, como dice Juan 8:54 “Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.”,

Y aun el Espíritu Santo busca glorificar al Hijo “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:14).

Nosotros fuimos creados para su gloria y nuestra misión es por el Espíritu glorificar al Padre, cuando el Hijo es formado en nosotros, por el poder de su Espíritu: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Isaías 43:7 y Efesios 2:10 nos confirma: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, observemos que dice creados “en” Cristo Jesús.

Mañana miraremos cómo aplicar este conocimiento bíblico en nuestra vida diaria, mientras tanto podemos reflexionar ¿Qué cosas en nuestra vida no le dan la gloria a Dios?     Oración.

Padre, no a nosotros, sino a tu nombre es toda la gloria, que tu Hijo sea formado en mí para expresar en mi una gloria plena e inmarcesible, por el poder de tu Santo Espíritu, amén.