miércoles, 9 de septiembre de 2026

Al que cree todo le es posible

 Al que cree todo le es posible

“Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traedmelo. Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”. Marcos 9:17-24

Este pasaje empieza con un grito que se le escapó del corazón a Jesús: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Dijo esto al encontrarse entre el dolor de un padre desesperado y la incredulidad de la multitud.

Había estado en el monte donde se transfiguró y había encarado la tremenda tarea que le esperaba: Dar su vida por la redención del mundo; y ahora había descendido, para encontrarse con sus discípulos, sus elegidos que se sentían en ese momento, derrotados, perplejos e ineficaces frente a esta situación del muchacho endemoniado. Quizás esto pudo haber desalentado a Jesús, y haber desistido de ellos, pero no fue así.

¿Cómo afrontó Jesús aquel momento de desesperación de sus seguidores? Dijo: “Traedmelo”. Jesús resolvió primero la situación inmediata que era ocuparse y ayudar al muchacho, después les daría una enseñanza a sus discípulos. También al encontrarse con el padre del muchacho, este le dice: “pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos”. A lo que Jesús le asegura: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. El padre reconoce su poca fe y su duda, y le pide al Señor Jesucristo que le ayude en su incredulidad.

Lo primero que los discípulos del Señor tenían que entender es que creer es un llamado a la confianza total en el poder de Dios. Lo segundo es que la fe no es perfección, es dependencia. El Señor no nos pide una fe grande, sino un corazón que se vuelva a Él aun con debilidad. Entender que Jesús es el centro de nuestra fe y no nuestra capacidad de creer. La frase “todo es posible” no significa que cualquier deseo se cumplirá, sino que en las manos de Cristo no hay situación imposible: ni el perdón, ni la sanidad, ni la liberación, ni la restauración. Y tercero, es que la oración es la llave para activar nuestra fe. En el versículo 29 Jesús dice: “Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno”. La fe se alimenta en la comunión con Dios.

A veces, como este padre, podemos estar en una situación donde sentimos que ya Dios no puede intervenir, es el momento de manifestarle al Señor que nos ayude en nuestra incredulidad. Es necesario dedicar más tiempo a la oración, no solo para pedir un milagro, sino para conocer más al Dios que puede hacerlo. Recordemos que nuestra fe no mueve montañas por ser fuerte, sino porque está puesta en Aquel que tiene todo poder.    Oración.

Señor ayúdame a depositar mi fe en tu perfecta voluntad. Ayuda mi incredulidad, no permitas que las dudas impidan que mi fe se active. Te entrego mi necesidad y mi corazón. Ayúdame a confiar en tu poder, a esperar en tu tiempo y a buscarte continuamente en oración. Si hay todavía en mí algo de desaliento, o algunas dudas, quítamelas, y lléname de una fe inquebrantable. Gracias porque en ti todo es posible. En el Nombre de Jesús, amén. 



martes, 8 de septiembre de 2026

Caminar en rectitud

 Caminar en rectitud

“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal”. Proverbios 4:26-27

Este proverbio nos invita a detenernos y considerar por dónde estamos caminando. No se trata solo de los pasos físicos, sino de todas esas decisiones, hábitos y prioridades que marcan nuestra vida. No nos hallemos entonces andando tan deprisa sin preguntarnos si el rumbo que tomamos está glorificando a Dios. Examinar la senda, es revisar nuestro corazón, evaluar nuestras motivaciones y asegurarnos que nuestras acciones reflejen los valores del Reino de los cielos y mirar que nuestras metas se alineen con la voluntad de Dios.

Si descubrimos que hemos tomado un atajo o un desvío, no temamos volver al camino recto. Recordemos que su gracia siempre está disponible. Y caminemos con propósito. No basta con evitar el mal; es necesario caminar con fe, buscando siempre oportunidades para amar y servir.

La Palabra nos dice en Proverbios 4:18 “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Esto significa que ponerse en la senda del justo es como encontrarse en la aurora de un nuevo día. Hay un momento cuando se ven las primicias de la luz y comienzan a desaparecer las tinieblas, hasta verse todo claro. Así debe ser nuestra vida, en la medida en que vamos caminando de la mano de Dios, llegará el momento en que desaparece la oscuridad en que estábamos y la luz de Cristo crece en nosotros hasta llegar a la culminación de reflejar su Presencia, con toda su capacidad de brillar a través nuestro.

Qué grande es la experiencia de nacer como la aurora en Cristo Jesús. Él dijo en Juan 8:12 “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Tenemos su luz y la capacidad de alumbrar a otros con ella, Mateo 5:16.

Hoy es el día de escoger el camino. El camino malo, incluye incertidumbre, una vida carnal y oscuridad. Mientras el camino de luz trae seguridad, honestidad y la compañía de Jesús, que es nuestra vida.

Sigamos el consejo de Hebreos 12:13 “y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado”. Nuestra vida debe ser un camino seguro para que las personas débiles en la fe, no caigan y puedan ser salvadas, siendo atraídas al “Camino” que es Cristo.

Hagámonos dos preguntas: cuando el Señor dice “Haced sendas derechas para vuestros pies”, ¿Tendremos que andar en caminos derechos para que los creyentes más débiles sigan nuestras pisadas? o ¿tendremos que andar por caminos rectos para que no nos acostumbremos a andar cojeando a través de la vida?    Oración.

Amado Dios, que mi mirada siempre esté puesta en tu sendero. Hoy me determino a caminar en rectitud, muéstrame las áreas de mi vida que necesito enderezar, que mi caminar en ti refleje tu verdad y tu amor, que cada decisión que tome me acerque más a tu corazón. Enséñame a andar con la guía y dirección de tu Espíritu, porque tú me pides vivir de una manera ejemplar para ayudar a otros. En el Nombre de Jesús, amén.



lunes, 7 de septiembre de 2026

El Dios que renueva, restaura y abre caminos

 El Dios que renueva, restaura y abre caminos

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. Isaías 43:18-19

Isaías 43 es un mensaje dirigido a Judá durante su exilio en Babilonia. Habían sido llevados cautivos como consecuencia de su desobediencia, pues abandonaron al Señor por ir detrás de ídolos. En el cautiverio se sintieron abandonados por Él; pero no era así, en medio de su desesperanza, el profeta Isaías les da una promesa de parte de Dios, recordándoles su poder creador y redentor. Así como en el pasado abrió el mar Rojo y los liberó, ahora promete “una cosa nueva”: un nuevo acto de salvación que superará al anterior.

El último suceso al que evidentemente se alude, es la futura restauración de Israel. De manera que “las primeras cosas” son los acontecimientos de la destrucción de Senaquerib y el regreso de Babilonia. “Las cosas viejas” son sucesos más antiguos todavía, como la liberación de Egipto, la del Mar Rojo y la entrada en Canaán. Dios habla a un pueblo cansado, cargado de culpa y sin esperanza: “yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz”. Así como Israel fue guiado y abastecido de agua por Jehová en el camino del desierto, desde el Mar Rojo hasta entrar en Canaán; la nueva liberación será seguida de manifestaciones del poder y amor de Dios que eclipsará a la antigua.

Esta también es una promesa para nosotros. Tan maravillosas serán las futuras interposiciones de Dios a nuestro favor, que las pasadas, comparadas con éstas, serán echadas en el olvido, la gloria venidera que tendremos nublará todos nuestros padecimientos temporales de este mundo. Porque Él no se limita al pasado, lo que ha hecho antes ha sido glorioso, pero su obra no se agota allí. Él abre camino en lo imposible. Un desierto no ofrece salida y una tierra seca no da agua; sin embargo, Dios transforma los escenarios más áridos. Su propósito es restaurar y guiar. Aun cuando no veamos nada, Él ya está obrando.

Hoy también enfrentamos “desiertos”, problemas que no tienen solución, rutinas que parecen estancadas, relaciones secas, pero Isaias nos recuerda que la historia no termina con el dolor porque el Dios que nos rescató sigue actuando con poder. Por eso nos dice: “Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. Esos ríos expresan la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida, Juan 7:37-39.

Participemos de lo nuevo, de nuestra nueva naturaleza, porque su promesa nos invita a reconocer la obra de Dios. “¿No la conoceréis?” Para ello requerimos ojos atentos, oración, obediencia y confiar en el Dios que renueva, restaura y abre caminos donde parece que no hay salida.    Oración.

Señor, cuando miro mi pasado agradezco a ti que me diste un nuevo comienzo, confío en tu cuidado y provisión porque ahora veo ríos de agua viva en mi interior por la presencia de tu Espíritu Santo. Sé que haces cosas nuevas aun cuando no las percibo. Abre mis ojos para ver tu obra, fortalece mi fe para caminar en tus promesas y haz que por tu Espíritu corran ríos de agua viva en mí. En el Nombre de Jesús, amén. 



domingo, 6 de septiembre de 2026

Romper ataduras

 Romper ataduras

“Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”. Hechos 16:23-26

Lo absurdo de este relato es que arrestaron y maltrataron a Pablo y a Silas por hacer el bien, estaban predicando las buenas nuevas de salvación y una joven esclava que escuchó el mensaje, fue liberada de un espíritu de adivinación, que sus dueños usaban para ganar dinero. Siempre que el Evangelio ataca los intereses creados se producen problemas. A menudo el mayor obstáculo en el camino del avance del Evangelio es el egoísmo de la gente.

En vez de gozarse por la liberación de la muchacha, se llenaron de ira y los hicieron encarcelar acusándolos injustamente. Era pura hipocresía, por cuanto estos hombres hubieran permitido que los misioneros predicasen a Jesús, siempre que no hubiesen tocado la fuente de sus ganancias. Así pues, disimularon la verdadera causa de su rabia, aparentando que sentían celo por su religión, por la ley y por el buen orden.

El carcelero los metió en la cárcel de más adentro como si fueran una amenaza para la sociedad, eran celdas frías, húmedas y pestilentes, y no había luz; y, además, les apretó los pies con un cepo, estaban encadenados y heridos por los azotes. Un panorama que se asemeja a muchas situaciones de nuestra vida, donde no vemos la manera de escapar. Nos sentimos presos y atados espiritualmente, heridos emocional y físicamente sin saber qué hacer.

Pero Pablo y Silas si sabían, empezaron a cantar himnos de gozo en voz alta, derramando su corazón en oración. Es probable que fuesen estas porciones de los Salmos que expresaban lo que ellos necesitaban que se hiciese realidad. Y es una verdad que debemos atesorar, alabar a Dios en toda circunstancia, rompe cadenas de opresión, abre cárceles, desata ataduras que nos esclavizan. Cuando ese cántico, esa exaltación de nuestro corazón a Dios, se eleva por encima del dolor y la desesperanza, Dios en su soberanía actúa de una manera sobrenatural para nosotros.

La alabanza es una de las armas más poderosas que el Señor nos ha dado para vencer; porque deshace todo el poderío de la injusticia y la violencia contra la iglesia, se convierte en un poder espiritual para pregonar la majestad de nuestro Dios, ante el mundo y el triunfo del Espíritu sobre los padecimientos de sus siervos por causa de Cristo, Efesios 5:18-19.

Cuando dice que “los que estaban presos los oían”, Pablo y Silas estaban testificando a través de la alabanza y la oración, y vino la contestación a su clamor. Y las prisiones de todos, las “ataduras”, cepos y manillas de todos los presos se soltaron. Ninguno huyó porque estaban sobrecogidos de admiración y asombro por lo que Dios había hecho. La alabanza mostró el poder del Señor e hizo que otros se entregaran a Cristo por el ejemplo de Pablo y Silas.

La alabanza gozosa a Dios romperá las cadenas de la opresión. Cuando estemos sirviendo a Dios, y las cosas no ocurran como planeamos, aprendamos la lección que nos ofrece este pasaje.   Oración.

Señor te alabo y te doy gracias por tu grandeza y bondad que se manifiestan en todo lo creado. Tu amor y misericordia son inagotables, y tu poder y sabiduría no tienen límites. Te adoro y te glorifico por todo lo que haces, tú eres el que me sostiene y me levanta en medio de mis problemas. Desata toda atadura de mi corazón que me impide exaltarte, rompe toda cadena de opresión que no me deja disfrutar de la libertad que ya me has dado, en el Nombre de Jesús, amén. 



sábado, 5 de septiembre de 2026

Mi Amado, el más bello entre todos

 Mi Amado, el más bello entre todos

“Cantar de los cantares, el cual es de Salomón. ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Cantares 1:1-4

El libro de Cantar de los cantares atribuido al rey Salomón, describe la historia de una campesina, una Sunamita, que reside en una región montañosa. Cierto día llegó al lugar un pastor y ella se enamoró de él y él se enamoró de ella. Él salió de viaje, pero le prometió que regresaría algún día. Él no regresó tan pronto como ella había esperado, pero un día se anunció que había llegado a la región el rey Salomón y que quería verla. Ahora, ella no podía creerlo. Y cuando ella fue llevada a su presencia ella reconoció en él al pastor a quien amaba.

Aunque este libro exalta el amor sagrado del matrimonio, también, esta historia, es una hermosa figura de la relación de amor que existe entre el creyente y el Señor Jesucristo, que vino a buscarnos cuando estábamos perdidos, que entregó completamente su vida por amor a nosotros muriendo en una cruz, pero también resucitó victorioso y está sentado a la diestra de nuestro Padre celestial, y que ha prometido volver por su iglesia, por su novia para estar siempre con ella.

Como en otros libros Dios usó Cantares para hablarnos a nosotros sus hijos. Porque en la redención, Cristo no solamente nos rescata, sino que también nos da libertad. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8:36. Pero, ¿qué clase de libertad es esa? Es la libertad de poder acercarnos a Él sin nada que se interponga y presentarnos ante Él, como una iglesia santa, sin mancha, una iglesia gloriosa ataviada como una novia, para disfrutar la eternidad con Él, Efesios 5:25-27.

Hemos leído en Cantares la frase, “porque mejores son tus amores que el vino”. Lo que nos recuerda Efesios 5:18 que dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Ser llenos del Espíritu nos lleva a experimentar esa alegría de pertenecer a Cristo y de tener una relación de comunión y compañerismo con Él.

Pedro nos dice que, aunque en este momento no veamos físicamente a Jesús, nos gocemos con gozo inefable y glorioso mientras lo esperamos. 1 Pedro 1:8 lo expresa así: “a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Por eso, permitamos que el Espíritu de Dios, que Él nos dejó para experimentar la vida en Cristo, nos llene con su Presencia y siga derramando el amor de Dios en nuestros corazones, para así experimentar esa unión con Cristo de una manera real, trayendo plenitud a nuestra vida.

El nombre de Jesús es como “ungüento derramado” como dice Cantares, esto porque cuando Cristo comenzó su vida en la tierra, le trajeron mirra para que fuera colocada en su cuerpo. Hubo una fragancia, un aroma en toda su vida en este mundo que le acompañó desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Y qué diremos de la fragancia de su amor por nosotros cuando murió en la cruz?

No nos queda más que exclamar como la Sunamita: “Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Esta es una expresión de amor del creyente hacia Jesús, con el que quiere una unión espiritual de intimidad y comunión total con Él. Sabemos que podemos llegar a ese nivel de unidad, al nacer de nuevo, para estar en Cristo. Jesús dice en Juan 14:20 “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Estamos en Él. Su Palabra dice que estamos sentados en los lugares celestiales, aceptos en el Amado, unidos a Él, resucitados con Él, donde todo lo tenemos con Cristo y le pertenecemos, Colosenses 3:1.

Entender este nivel de intimidad debe llevarnos a decir como la Sunamita: “Mi amado es mío, y yo suya” Cantares 2:16a. La iglesia es la novia de esta historia, por eso digamos junto al Espíritu: “Ven Señor Jesús”, somos hijos de Dios, tenemos acceso a su presencia, a sus habitaciones, a su morada eterna.  Oración.

Mi Jesús, mi Amado, gracias por venir a darme vida abundante, tú quieres que viva y disfrute de tu Plenitud, que sienta gozo de mi unión contigo. Quiero estar más cerca de ti y conocerte profundamente, tener más intimidad y comunión contigo. Espíritu Santo lléname con tu Presencia y permíteme experimentar ese nivel de intimidad con mi Jesús. Amén.     



viernes, 4 de septiembre de 2026

Su amor y misericordia nunca terminan

 Su amor y misericordia nunca terminan

“Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos” Salmos 103:17

Este versículo nos habla de la naturaleza misericordiosa de Dios. Una misericordia que da sombra, que lo domina todo, que es eternamente inmutable, Salmos 103:11 “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen”. Motivado por su amor inagotable, el Señor se encarga de que el bien prevalezca para quienes viven obedientemente dentro de su pacto. Se brinda a nosotros a pesar de que no lo merecemos porque es clemente, retiene su justa ira, es lento para manifestarla, y tiene abundancia de la misericordia que nunca cambia. Se revela a sí mismo de esta manera porque nos conoce en nuestra fragilidad y limitación.

Su amor nunca termina, esto debe hacernos pensar que cuando miramos a nuestro alrededor, entendemos que todo en esta vida tiene un límite: la juventud pasa, las fuerzas se acaban, lo material se esfuma o se deteriora, y aun las relaciones humanas pueden cambiar o terminar. Pero tenemos una esperanza firme, como nos dice Jeremías 31:3 “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”. El Señor nos recuerda esta verdad gloriosa: que su misericordia no tiene vencimiento.

En hebreo la palabra misericordia es “hesed” que se traduce como “bondad”, “amor constante”, “compasión” y su equivalente en el Nuevo Testamento, “gracia”. Su amor y misericordia no dependen de nuestras circunstancias, ni se extingue por nuestros pecados, es un amor eterno que trasciende a través de nuestras generaciones. Es lo que el Señor está prometiendo a los que le temen. No solo alcanza a cubrir nuestra vida, sino que se extiende como un legado sobre nuestros hijos y nuestros nietos. Por eso es tan importante que nos preguntemos: ¿Qué herencia estamos dejándoles a ellos?

Más allá de cosas materiales y temporales, la mayor riqueza que podemos transmitirles es una vida de ejemplo y temor al Señor, cuando hacemos esto estamos abriendo las puertas para que la misericordia y la justicia de Dios se derramen sobre nuestros hijos.

Debemos confesar esta hermosa promesa sobre nuestra descendencia, porque su amor eterno se extiende desde la eternidad hasta la eternidad. Y confiar que por medio de su Santo Espíritu atraerá a nuestros hijos hacia Él por su infinita misericordia. Esa bondad de Dios los llevará al arrepentimiento, perdonará sus pecados y los guiará por un camino claro y seguro, hacia la vida eterna.   Oración.

Señor que tu bondad me persiga a mí y a mi descendencia, porque tu amor es inagotable y tu misericordia no tiene fin. Ayúdame a caminar en tu temor, para que mis hijos y sus hijos, puedan disfrutar de la abundancia de tu bondad, quiero dejarles a ellos un legado de fe y obediencia a tus mandatos y una vida consagrada a ti, en el Nombre de Jesús, amén. 



jueves, 3 de septiembre de 2026

La vida y el futuro le pertenecen a Dios

 La vida y el futuro le pertenecen a Dios

“No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día”. Proverbios 27:1

“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. Lucas 12:16-21

La incertidumbre por el futuro nos puede volver jactanciosos. Recordemos Santiago 4:14-15 “cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”. Tenemos que reconocer la limitación humana frente al conocimiento y control del futuro.

El versículo de proverbios 27 nos advierte contra la arrogancia de planear nuestro futuro como si dependiera solo de nosotros. Planear no es malo, pues la Biblia también nos habla de la diligencia y saber administrar nuestro tiempo, lo que condena es la actitud de soberbia que olvida que la vida y el futuro le pertenecen a Dios.

Nunca podemos dar por sentado el mañana, porque el mañana no nos pertenece, a veces vivimos ansiosos cuando hacemos agendas, planeamos y soñamos con lo que vamos a hacer con nuestra vida futura, nos olvidamos cuán limitados y frágiles somos, como en el caso del rico insensato de la parábola. Nunca veía más allá de sí mismo. Era excesivamente egoísta. Si le sobraba algo, no pensaba en dárselo a alguien. En vez de negarse a sí mismo se afirmaba agresivamente a sí mismo; en vez de encontrar la felicidad en el dar, la buscaba en el guardar para sí. Nunca veía más allá de este mundo. Todos sus planes eran para esta vida.

Cuántos planean solo para esta vida, el tener una profesión, el negocio que van a establecer, la familia que van a formar y la fortuna que van a ganar, pero olvidan que el Señor nos puso aquí con un propósito y todo lo que hagamos es para amar y servir a otros con lo que somos y hacemos, nuestra vida es un regalo. Por eso debemos pensar en la eternidad. El que no quiere acordarse que hay una vida eterna está destinado a sufrir una trágica desilusión.

El peligro es jactarse y vivir como si el futuro estuviera bajo nuestro absoluto control, esto nos aleja de la dependencia de Dios. Recordemos lo que Jesús nos dijo en Mateo 6:34 “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”. Jesús nos aconseja que atendamos a las demandas de cada día según nos vayan llegando, sin preocuparnos acerca del futuro desconocido y de cosas que a lo mejor no suceden nunca. Vivir conscientes de que no controlamos el mañana nos lleva a la humildad, a la gratitud y a la confianza en Dios.   Oración.

Señor, antes de empezar este día quiero entregarlo a ti, guíame en tus planes, enséñame a vivir con propósito, porque no estoy aquí solo para satisfacer mis ambiciones personales, no quiero postergar lo que tú me llamas a hacer, sé que todo está bajo tu control y quiero solo hacer tu voluntad buena, agradable y perfecta. Señor enséñame a vivir cada día dependiendo de ti, con fe y gratitud porque mi vida está en tus manos. En el Nombre de Jesús, amén.