viernes, 17 de julio de 2026

Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

 Por Gracia tenemos un nuevo corazón para vivir en el Espíritu

"Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios." Ezequiel 11:19-20

En Cristo Jesús, la promesa dada al pueblo de Israel en Ezequiel 11:19-20 se extiende a todos los creyentes. Esto es maravilloso, ya que por gracia, al creer en Jesucristo, no solo recibimos el perdón de los pecados, la salvación y la vida eterna, sino también un corazón nuevo.

Este nuevo corazón que se nos otorga por la gracia divina posee la extraordinaria capacidad de andar en las ordenanzas de Dios, guardar sus decretos y cumplirlos. Esto es posible porque este corazón es sensible a la Palabra encarnada, el Verbo de Dios (Juan 1:1, 14). Por lo tanto, Jesús, quien se revela a través de la Palabra Escrita y vive ahora en nosotros, hace que esa Palabra viva, actúe en nuestra vida por medio de este nuevo corazón, que es espiritual, gracias a la obra del Espíritu Santo. De esta manera, el anhelo de Dios de que tengamos “el mismo sentir que hubo en Cristo” se vuelve posible. Esto debe impulsarnos a obedecer, despojándonos del viejo hombre viciado para revestirnos del nuevo, “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad,” para alcanzar el propósito para el cual Dios nos creó (Filipenses 2:5-8).

Por lo tanto, al tener el nuevo corazón, y gracias a la obra del Espíritu Santo, podemos obedecer. Los mandamientos de Dios ya no son ordenanzas externas, sino el mismo sentir de Cristo latiendo en nuestro interior, por eso el apóstol Pablo declara 2 Corintios 3:3-6: “siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” Así que hermanos, pidamos a Dios que, con este nuevo corazón, aprendamos a vivir cada día en el Espíritu.    Oración.

Padre Dios, gracias por el nuevo corazón que me has dado, donde están escritos tus mandamientos para ponerlos por obra, lo que me lleva a vivir en el Espíritu. Amén.



jueves, 16 de julio de 2026

Viviendo el ámbito espiritual

 Viviendo el ámbito espiritual, 

“aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” Efesios 2:5-6

Cuando se habla de ámbito, se está hablando de un espacio comprendido dentro de límites determinados, pero también se utiliza para referirse al entorno o contexto donde algo se sitúa, se desarrolla o se aplica. Es decir, la realidad en la que nos movemos.

Si bien es cierto que vivimos una vida física, en un ámbito material-natural, que la Biblia llama “carnal”, Dios por revelación nos dice que también existe un ámbito o realidad aún más prioritario y mucho más determinante: El reino de Dios, el ámbito espiritual.

El ámbito natural donde vivimos también incluye nuestros pensamientos, emociones y voluntad, propia del hombre, nuestra alma, la cual se acostumbró a andar en ese ámbito terrenal; por ejemplo, las emociones nos pueden llevar a entender o ver algo que no es, o estar ciegos, como nos explica 2 Corintios 11:3 “​​Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” Pero, cuando creímos en Cristo, Dios nos trasladó de una realidad carnal-natural a una realidad nueva, espiritual, en Cristo, como dice Colosenses 1:13 : “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”.

De manera simple podemos decir que, para pasar del ámbito natural al espiritual en cualquier circunstancia de nuestra vida, lo que hemos de hacer es precisamente no proceder según nuestra carne, pues aunque andamos en la carne, no debemos militar según la carne (2 Corintios 10:3), sino, llevar de manera intencional lo natural a lo espiritual, tal como se nos exhorta en 2 Corintios 10:5 que dice “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,”   Oración.

Padre, me has dado vida eterna colocándome en tu Hijo, llevándome a los lugares celestiales juntamente con Él, guíame a ser consciente de esta nueva y verdadera realidad y así expresarla en mi vida diaria, en amor, para gloria de tu nombre, amén.



miércoles, 15 de julio de 2026

Cuando dudamos

 Cuando dudamos

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio,” Hebreos 3:12-14

Hemos sido llamados, escogidos y participantes de Cristo; se nos ha dado seguridad, propósito y esperanza; hemos disfrutado de la gracia, misericordia y el amor incondicional del Señor, pero a pesar de todo, cuando llega la tentación, la prueba o los momentos difíciles, nos queremos apartar, nos ponemos a pensar y dejamos de orar.

El pecado, como dice Hebreos 3:13, es un engaño; engaño en el cual podemos caer o nos puede hacer resbalar; dudamos, cuestionamos y vagamos en nuestro corazón comparando las aparentes delicias, la gloria o las recompensas del pecado con la situación o circunstancias en las cuales nos tiene Dios de manera temporal y con propósito. Nos hacemos semejantes a la actitud del pueblo de Israel, pues habiendo sido libertados de la esclavitud de egipto y dirigiendose a la tierra prometida, teniendo que pasar por un desierto de unos pocos dias, se quejaban, dudaban, murmuraban y hasta querian regresar a su anterior condición.

Hermanos, contrario a la actitud de pecado por la que optó el pueblo de Israel en la travesía por su desierto, nuestro Dios hoy nos quiere exhortar a que nos humillemos ante Él, que optemos por una actitud de humildad, fe, gratitud, gozo y oración para que nuestro corazón no se endurezca por el engaño del pecado ni haya en nosotros incredulidad; recordando así mismo que: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” 1 Pedro 5:10.   Oración,

Padre, que la tentación, la prueba o la dificultad no me hagan dudar u olvidar del verdadero gozo, plenitud y delicias que se encuentran a tu diestra y en tu presencia; no permitas que nada de este mundo ni aun mi carne, me alejen de ti, ni me desvíen de tu voluntad; confio y te doy gracias porque así lo has hecho y lo seguirás haciendo por Jesucristo tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén. 



martes, 14 de julio de 2026

A la manera de Dios

 A la manera de Dios

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

La voluntad de Dios, como nos dice el versículo de hoy, es buena, agradable y perfecta. Todo el diseño de Dios para con la humanidad, en sus distintas áreas, es simplemente bueno; sin embargo, esto no logramos disfrutarlo en su plenitud debido a que nos hacemos sabios en nuestra propia opinión, dando más crédito e importancia a lo que el mundo cada día nos va exponiendo como aparentemente bueno, agradable y perfecto.

Se enseña actualmente a seguir lo que nuestro propio corazón nos dicta y a dejarnos llevar por aquello con lo cual nos sentimos a gusto y que a nuestros ojos es bueno o está bien. Sin embargo, lo que el Señor nos dice es “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.”, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Proverbios 3:5-6, Jeremías 17:9.

Hermanos, la confianza en Dios, estando atento nuestro oído a su Palabra y dispuesto nuestro corazón a su dirección, es el tiquete seguro para comprobar en nuestra vida lo que es verdaderamente bueno, agradable y perfecto. La primera y más importante decisión es la de permitir que Jesús, por su Espíritu, habite nuestro corazón, pues una vez Él more en nosotros, tendremos la revelación, el entendimiento y la capacidad para conocer y hacer la voluntad de Dios; para ello, por supuesto, es igual de importante pedirle al Señor, nos lleve hacia lugares, y personas donde fielmente lo podamos escuchar a través de su Palabra.   Oración.

Señor, hoy reconozco tu Deidad y Majestad, Tú, el único y verdadero Dios; Señor anhelo que seas tú quien dirija mi vida y se siente en el trono de mi corazón, te pido que hagas de mí tu morada, y que por tu Santo Espíritu guies mis pasos cada mañana concediéndome la sabiduría para decidir y actuar según tu buena, perfecta y agradable voluntad, en el nombre de Jesús, amén. 



lunes, 13 de julio de 2026

El Unigénito primogénito

 El Unigénito primogénito

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” Juan 1:18

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Juan 3:16

La palabra griega para “unigénito”, usada en Juan 1:18 y Juan 3:16, por el estudio del griego en que fue escrito el nuevo testamento, demuestra que proviene de “genos”, que significa “clase”, “especie” o “género”. Entonces, la traducción precisa es “único en su clase”, “singular” o “exclusivo”.

el ejemplo clave que asevera este significado está en Hebreos 11:17: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito”. A Isaac se le llama el “monogenēs” de Abraham. Sabemos que Abraham tenía más hijos (Ismael), pero Isaac era el único en su clase: el hijo singular de la promesa dada por Dios.

Cristo Jesús, es único en su especie, es eterno con el Padre, y la unión a Él es completamente única y sin igual. Él es el único que comparte la misma naturaleza divina del Padre y que lo dió a conocer. Cristo es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia (Juan 1:18, Hebreos 1:3). Pero Cristo se hizo hombre y se hizo también el primogénito.

En la décima plaga, para que el primogénito de Israel no muriera, una vida tenía que tomar su lugar: la de un cordero perfecto, sin defecto. Cristo se convierte en nuestro primogénito (Prōtotokos) para salvar a los primogénitos, que es la iglesia, descrita en Hebreos 12:23 como “la congregación de los primogénitos”, el representante legal debía pagar la deuda. El Unigénito se hizo Primogénito para morir como el cordero de pascua y rescatarnos de la muerte espiritual.

Hermanos, que el Santo Espíritu de Dios, concediéndonos la revelación del grandioso, precioso e inigualable amor de Dios para con nosotros en su Unigénito, nos lleve a amarle viviendo en la libertad y nueva vida que Cristo en la cruz nos otorgó.   


domingo, 12 de julio de 2026

Abundando en acciones de gracias

 Abundando en acciones de gracias

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. Colosenses 2:6-7

Aceptar a Cristo como Señor de nuestra vida es el comienzo de una vida con Él. Pero debemos seguirle día a día, a través de su Palabra y la guía del Espíritu Santo para poder arraigarnos, edificarnos y fortalecernos en la fe. Esto se logra si vivimos para Él, dedicándole nuestras vidas y sometiéndonos a su voluntad como dice Romanos 12:1-2; aprendiendo de Él, de su vida y sus enseñanzas, estudiando su Palabra, como Él lo dijo en Juan 5:39; y reconociendo el poder que nos fue dado por el Espíritu Santo, Hechos 1:8.

Pablo dice que debemos estar arraigados en Cristo para recibir su fortaleza, así como las plantas están arraigadas por sus raíces al suelo para poder nutrirse y fortalecerse. Cuanto más dependamos de Él, menos posibilidades habrá de ser engañados por filosofías de vida basadas en ideas humanas, que no tienen en cuenta a Dios. Resistamos la herejía renovando nuestra mente con el estudio de su Palabra y enfocándonos en Cristo.

Pablo nos dice “andad en Él”; o sea que nuestra vida debe ser en Cristo, caminando con Él. Siendo conscientes de su Presencia, profundizando y edificándonos con su Palabra. Seremos entonces como un gran árbol que tiene las raíces bien profundas en el suelo para recibir sustento y fuerza. Como creyentes debemos recibir de nuestra fuente de vida, que es Cristo, la fuerza para permanecer en nuestro andar cristiano. Como una casa que si tiene buenos cimientos se mantiene firme ante las inclemencias del tiempo. Nuestra vida debe resistir cualquier tempestad si está fundamentada en Jesucristo, Mateo 7:24.

Mientras vivamos bajo el Señorío de Cristo, veremos que Él actúa poderosamente en nosotros y nuestras vidas deben abundar en acciones de gracias. El verdadero creyente se mantiene firme en la fe que ha recibido y no olvida las enseñanzas fundamentales acerca de Jesús, porque la Verdad inalterable es que Jesucristo es el Señor. Una característica constante en su vida cristiana debe ser la gratitud, por todo lo que ha hecho en él, por su gracia y amor. Si estamos llenos del Espíritu Santo seremos agradecidos, como lo dice el Señor en Efesios 5:18-20 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

Hagámonos esta pregunta: ¿Tenemos un espíritu alegre y agradecido independientemente de lo que pase en nuestras vidas? A veces perdemos nuestro gozo cuando nos dejamos atrapar por las responsabilidades, luchas y desafíos de la vida y nos olvidamos de ser agradecidos con Dios. Si la gratitud no está en nuestro corazón no la podemos practicar. Muchas veces hay más queja en nuestra boca que gratitud. Por eso recordemos quiénes somos en Cristo y todo lo que hemos recibido de Él, entonces nos desbordaremos en gratitud y alabanzas hacia Él.   Oración.

Amado Padre, quiero ser una persona que abunde en acciones de gracias, que reconozca que tú eres la fuente de todo; que toda bendición que recibo proviene de ti. Solo el hecho de tener a tu Hijo Jesús en mi corazón como mi Señor y mi Salvador es un motivo de gratitud. Gracias por haberme escogido desde antes de la fundación del mundo, por hacerme tu hijo y coheredero de todas tus riquezas en gloria, Amén.



sábado, 11 de julio de 2026

Unidos a Cristo

 Unidos a Cristo

“Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán.” Éxodo 12:7-8

“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.” 1 Corintios 5:7

Conocerle, no se debe quedar en un tema teórico; es una idea que no solo debe llegar a ser “interesante”, sino que conocerle es participar de sus padecimientos, llegando a ser semejantes a Él en su muerte. (Filipenses 3:10).


¿Qué significa esto?

Recordemos, en la pascua, cuando el ángel del Señor vino a herir a los primogénitos de Egipto, éstos murieron. Más con el pueblo de Israel el Señor pasó al ver la sangre del cordero y no hirió a los primogénitos. Israel sacrificó un cordero sin mancha o defecto y la sangre untada en los dinteles notificó que allí en esa casa ya hubo un sustituto, “veré la sangre y pasaré de vosotros,” “y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir” (Éxodo 12:13b, y Éxodo 12:23:b). El ángel pasaba y miraba la sangre y sabía que en esa casa ya se hizo justicia, ya hubo una muerte.

Pero también el Señor les dice que deben participar del cordero: “Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.” (Éxodo 12:11). El Pueblo tenía que comer enteramente el cordero, por familia, esto representaba una participación común en una misma muerte. Y ya sabemos que todo esto representaba a Cristo, pues nuestra pascua es Él, “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”, (1 Corintios 5:7).

Lo que le ocurrió al pueblo es un tipo o figura, que apuntaba al único y verdadero “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Está ilustrando una realidad espiritual que tiene que ver con nosotros, con los que hemos creído en Cristo (1 Corintios 10:2-6).

Cristo celebra la pascua antes de su muerte, pero instaura para la iglesia, el nuevo pueblo de Dios, el nuevo pacto, y ahora comemos la cena del Señor recordando, que también nosotros los creyentes participamos de su muerte, que fuimos muertos juntamente con Él, para que el cuerpo de pecado sea destruido y disfrutemos de su resurrección (1 Corintios 11:23-26, Romanos 6:6-8)

Hermanos, Cristo nos sustituyó, y al mismo tiempo, participamos de su muerte, cuando creímos fuimos enteramente unidos a Él, para que ahora andemos en vida nueva. (2 Corintios 5:17).  Oración.

Padre, me uniste a tu Hijo, como muestra de tu amor, fue mi sustituto por el pago de mis pecados, pero por la fe en Él, también fui a la cruz, soy tuyo y nada me separará de tu amor, pues ahora estoy en Cristo y él está en mí, para mostrar la gloria de tu nombre, amén.