domingo, 6 de septiembre de 2026

Romper ataduras

 Romper ataduras

“Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”. Hechos 16:23-26

Lo absurdo de este relato es que arrestaron y maltrataron a Pablo y a Silas por hacer el bien, estaban predicando las buenas nuevas de salvación y una joven esclava que escuchó el mensaje, fue liberada de un espíritu de adivinación, que sus dueños usaban para ganar dinero. Siempre que el Evangelio ataca los intereses creados se producen problemas. A menudo el mayor obstáculo en el camino del avance del Evangelio es el egoísmo de la gente.

En vez de gozarse por la liberación de la muchacha, se llenaron de ira y los hicieron encarcelar acusándolos injustamente. Era pura hipocresía, por cuanto estos hombres hubieran permitido que los misioneros predicasen a Jesús, siempre que no hubiesen tocado la fuente de sus ganancias. Así pues, disimularon la verdadera causa de su rabia, aparentando que sentían celo por su religión, por la ley y por el buen orden.

El carcelero los metió en la cárcel de más adentro como si fueran una amenaza para la sociedad, eran celdas frías, húmedas y pestilentes, y no había luz; y, además, les apretó los pies con un cepo, estaban encadenados y heridos por los azotes. Un panorama que se asemeja a muchas situaciones de nuestra vida, donde no vemos la manera de escapar. Nos sentimos presos y atados espiritualmente, heridos emocional y físicamente sin saber qué hacer.

Pero Pablo y Silas si sabían, empezaron a cantar himnos de gozo en voz alta, derramando su corazón en oración. Es probable que fuesen estas porciones de los Salmos que expresaban lo que ellos necesitaban que se hiciese realidad. Y es una verdad que debemos atesorar, alabar a Dios en toda circunstancia, rompe cadenas de opresión, abre cárceles, desata ataduras que nos esclavizan. Cuando ese cántico, esa exaltación de nuestro corazón a Dios, se eleva por encima del dolor y la desesperanza, Dios en su soberanía actúa de una manera sobrenatural para nosotros.

La alabanza es una de las armas más poderosas que el Señor nos ha dado para vencer; porque deshace todo el poderío de la injusticia y la violencia contra la iglesia, se convierte en un poder espiritual para pregonar la majestad de nuestro Dios, ante el mundo y el triunfo del Espíritu sobre los padecimientos de sus siervos por causa de Cristo, Efesios 5:18-19.

Cuando dice que “los que estaban presos los oían”, Pablo y Silas estaban testificando a través de la alabanza y la oración, y vino la contestación a su clamor. Y las prisiones de todos, las “ataduras”, cepos y manillas de todos los presos se soltaron. Ninguno huyó porque estaban sobrecogidos de admiración y asombro por lo que Dios había hecho. La alabanza mostró el poder del Señor e hizo que otros se entregaran a Cristo por el ejemplo de Pablo y Silas.

La alabanza gozosa a Dios romperá las cadenas de la opresión. Cuando estemos sirviendo a Dios, y las cosas no ocurran como planeamos, aprendamos la lección que nos ofrece este pasaje.   Oración.

Señor te alabo y te doy gracias por tu grandeza y bondad que se manifiestan en todo lo creado. Tu amor y misericordia son inagotables, y tu poder y sabiduría no tienen límites. Te adoro y te glorifico por todo lo que haces, tú eres el que me sostiene y me levanta en medio de mis problemas. Desata toda atadura de mi corazón que me impide exaltarte, rompe toda cadena de opresión que no me deja disfrutar de la libertad que ya me has dado, en el Nombre de Jesús, amén. 



sábado, 5 de septiembre de 2026

Mi Amado, el más bello entre todos

 Mi Amado, el más bello entre todos

“Cantar de los cantares, el cual es de Salomón. ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Cantares 1:1-4

El libro de Cantar de los cantares atribuido al rey Salomón, describe la historia de una campesina, una Sunamita, que reside en una región montañosa. Cierto día llegó al lugar un pastor y ella se enamoró de él y él se enamoró de ella. Él salió de viaje, pero le prometió que regresaría algún día. Él no regresó tan pronto como ella había esperado, pero un día se anunció que había llegado a la región el rey Salomón y que quería verla. Ahora, ella no podía creerlo. Y cuando ella fue llevada a su presencia ella reconoció en él al pastor a quien amaba.

Aunque este libro exalta el amor sagrado del matrimonio, también, esta historia, es una hermosa figura de la relación de amor que existe entre el creyente y el Señor Jesucristo, que vino a buscarnos cuando estábamos perdidos, que entregó completamente su vida por amor a nosotros muriendo en una cruz, pero también resucitó victorioso y está sentado a la diestra de nuestro Padre celestial, y que ha prometido volver por su iglesia, por su novia para estar siempre con ella.

Como en otros libros Dios usó Cantares para hablarnos a nosotros sus hijos. Porque en la redención, Cristo no solamente nos rescata, sino que también nos da libertad. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8:36. Pero, ¿qué clase de libertad es esa? Es la libertad de poder acercarnos a Él sin nada que se interponga y presentarnos ante Él, como una iglesia santa, sin mancha, una iglesia gloriosa ataviada como una novia, para disfrutar la eternidad con Él, Efesios 5:25-27.

Hemos leído en Cantares la frase, “porque mejores son tus amores que el vino”. Lo que nos recuerda Efesios 5:18 que dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Ser llenos del Espíritu nos lleva a experimentar esa alegría de pertenecer a Cristo y de tener una relación de comunión y compañerismo con Él.

Pedro nos dice que, aunque en este momento no veamos físicamente a Jesús, nos gocemos con gozo inefable y glorioso mientras lo esperamos. 1 Pedro 1:8 lo expresa así: “a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Por eso, permitamos que el Espíritu de Dios, que Él nos dejó para experimentar la vida en Cristo, nos llene con su Presencia y siga derramando el amor de Dios en nuestros corazones, para así experimentar esa unión con Cristo de una manera real, trayendo plenitud a nuestra vida.

El nombre de Jesús es como “ungüento derramado” como dice Cantares, esto porque cuando Cristo comenzó su vida en la tierra, le trajeron mirra para que fuera colocada en su cuerpo. Hubo una fragancia, un aroma en toda su vida en este mundo que le acompañó desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Y qué diremos de la fragancia de su amor por nosotros cuando murió en la cruz?

No nos queda más que exclamar como la Sunamita: “Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Esta es una expresión de amor del creyente hacia Jesús, con el que quiere una unión espiritual de intimidad y comunión total con Él. Sabemos que podemos llegar a ese nivel de unidad, al nacer de nuevo, para estar en Cristo. Jesús dice en Juan 14:20 “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Estamos en Él. Su Palabra dice que estamos sentados en los lugares celestiales, aceptos en el Amado, unidos a Él, resucitados con Él, donde todo lo tenemos con Cristo y le pertenecemos, Colosenses 3:1.

Entender este nivel de intimidad debe llevarnos a decir como la Sunamita: “Mi amado es mío, y yo suya” Cantares 2:16a. La iglesia es la novia de esta historia, por eso digamos junto al Espíritu: “Ven Señor Jesús”, somos hijos de Dios, tenemos acceso a su presencia, a sus habitaciones, a su morada eterna.  Oración.

Mi Jesús, mi Amado, gracias por venir a darme vida abundante, tú quieres que viva y disfrute de tu Plenitud, que sienta gozo de mi unión contigo. Quiero estar más cerca de ti y conocerte profundamente, tener más intimidad y comunión contigo. Espíritu Santo lléname con tu Presencia y permíteme experimentar ese nivel de intimidad con mi Jesús. Amén.     



viernes, 4 de septiembre de 2026

Su amor y misericordia nunca terminan

 Su amor y misericordia nunca terminan

“Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos” Salmos 103:17

Este versículo nos habla de la naturaleza misericordiosa de Dios. Una misericordia que da sombra, que lo domina todo, que es eternamente inmutable, Salmos 103:11 “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen”. Motivado por su amor inagotable, el Señor se encarga de que el bien prevalezca para quienes viven obedientemente dentro de su pacto. Se brinda a nosotros a pesar de que no lo merecemos porque es clemente, retiene su justa ira, es lento para manifestarla, y tiene abundancia de la misericordia que nunca cambia. Se revela a sí mismo de esta manera porque nos conoce en nuestra fragilidad y limitación.

Su amor nunca termina, esto debe hacernos pensar que cuando miramos a nuestro alrededor, entendemos que todo en esta vida tiene un límite: la juventud pasa, las fuerzas se acaban, lo material se esfuma o se deteriora, y aun las relaciones humanas pueden cambiar o terminar. Pero tenemos una esperanza firme, como nos dice Jeremías 31:3 “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”. El Señor nos recuerda esta verdad gloriosa: que su misericordia no tiene vencimiento.

En hebreo la palabra misericordia es “hesed” que se traduce como “bondad”, “amor constante”, “compasión” y su equivalente en el Nuevo Testamento, “gracia”. Su amor y misericordia no dependen de nuestras circunstancias, ni se extingue por nuestros pecados, es un amor eterno que trasciende a través de nuestras generaciones. Es lo que el Señor está prometiendo a los que le temen. No solo alcanza a cubrir nuestra vida, sino que se extiende como un legado sobre nuestros hijos y nuestros nietos. Por eso es tan importante que nos preguntemos: ¿Qué herencia estamos dejándoles a ellos?

Más allá de cosas materiales y temporales, la mayor riqueza que podemos transmitirles es una vida de ejemplo y temor al Señor, cuando hacemos esto estamos abriendo las puertas para que la misericordia y la justicia de Dios se derramen sobre nuestros hijos.

Debemos confesar esta hermosa promesa sobre nuestra descendencia, porque su amor eterno se extiende desde la eternidad hasta la eternidad. Y confiar que por medio de su Santo Espíritu atraerá a nuestros hijos hacia Él por su infinita misericordia. Esa bondad de Dios los llevará al arrepentimiento, perdonará sus pecados y los guiará por un camino claro y seguro, hacia la vida eterna.   Oración.

Señor que tu bondad me persiga a mí y a mi descendencia, porque tu amor es inagotable y tu misericordia no tiene fin. Ayúdame a caminar en tu temor, para que mis hijos y sus hijos, puedan disfrutar de la abundancia de tu bondad, quiero dejarles a ellos un legado de fe y obediencia a tus mandatos y una vida consagrada a ti, en el Nombre de Jesús, amén. 



jueves, 3 de septiembre de 2026

La vida y el futuro le pertenecen a Dios

 La vida y el futuro le pertenecen a Dios

“No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día”. Proverbios 27:1

“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. Lucas 12:16-21

La incertidumbre por el futuro nos puede volver jactanciosos. Recordemos Santiago 4:14-15 “cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”. Tenemos que reconocer la limitación humana frente al conocimiento y control del futuro.

El versículo de proverbios 27 nos advierte contra la arrogancia de planear nuestro futuro como si dependiera solo de nosotros. Planear no es malo, pues la Biblia también nos habla de la diligencia y saber administrar nuestro tiempo, lo que condena es la actitud de soberbia que olvida que la vida y el futuro le pertenecen a Dios.

Nunca podemos dar por sentado el mañana, porque el mañana no nos pertenece, a veces vivimos ansiosos cuando hacemos agendas, planeamos y soñamos con lo que vamos a hacer con nuestra vida futura, nos olvidamos cuán limitados y frágiles somos, como en el caso del rico insensato de la parábola. Nunca veía más allá de sí mismo. Era excesivamente egoísta. Si le sobraba algo, no pensaba en dárselo a alguien. En vez de negarse a sí mismo se afirmaba agresivamente a sí mismo; en vez de encontrar la felicidad en el dar, la buscaba en el guardar para sí. Nunca veía más allá de este mundo. Todos sus planes eran para esta vida.

Cuántos planean solo para esta vida, el tener una profesión, el negocio que van a establecer, la familia que van a formar y la fortuna que van a ganar, pero olvidan que el Señor nos puso aquí con un propósito y todo lo que hagamos es para amar y servir a otros con lo que somos y hacemos, nuestra vida es un regalo. Por eso debemos pensar en la eternidad. El que no quiere acordarse que hay una vida eterna está destinado a sufrir una trágica desilusión.

El peligro es jactarse y vivir como si el futuro estuviera bajo nuestro absoluto control, esto nos aleja de la dependencia de Dios. Recordemos lo que Jesús nos dijo en Mateo 6:34 “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”. Jesús nos aconseja que atendamos a las demandas de cada día según nos vayan llegando, sin preocuparnos acerca del futuro desconocido y de cosas que a lo mejor no suceden nunca. Vivir conscientes de que no controlamos el mañana nos lleva a la humildad, a la gratitud y a la confianza en Dios.   Oración.

Señor, antes de empezar este día quiero entregarlo a ti, guíame en tus planes, enséñame a vivir con propósito, porque no estoy aquí solo para satisfacer mis ambiciones personales, no quiero postergar lo que tú me llamas a hacer, sé que todo está bajo tu control y quiero solo hacer tu voluntad buena, agradable y perfecta. Señor enséñame a vivir cada día dependiendo de ti, con fe y gratitud porque mi vida está en tus manos. En el Nombre de Jesús, amén.  



miércoles, 2 de septiembre de 2026

¿Con qué me presentaré ante Dios?

 ¿Con qué me presentaré ante Dios?

“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”. Miqueas 6:6-8

Esta porción bíblica comienza con una pregunta que nos hemos hecho alguna vez: ¿Con qué me presentaré ante Dios, y adoraré al Dios Altísimo? Quizás nos sentimos indignos para buscar la presencia de Dios, que no tenemos nada para agradarlo y para dar, y realmente es así, nosotros en nuestra propia naturaleza no tenemos nada para ofrecerle a un Dios tan Sublime, pero Él quiere de nosotros un corazón sincero.

El pueblo de Israel y de Judá estaban en una decadencia espiritual y social, se habían apartado de Dios, confiando en sacrificios externos y en rituales religiosos, pensaban que estaban cumpliendo con sus deberes de la religión según la ley. Pero, realmente su corazón estaba lejos de Dios, ya que vivían en injusticia, opresión y falta de amor hacia su prójimo. Postrarse, presentar holocaustos, o sacrificar becerros solo eran rituales vacíos que no tocaban el corazón de Dios. Hoy puede estar sucediendo lo mismo con muchos creyentes que no toman en cuenta la actitud de su corazón, no adoran en espíritu y en verdad, solo asisten a una iglesia por costumbre y religiosidad. Es necesario reflexionar y preguntarnos: ¿Qué le estamos ofreciendo a Dios?

Para Dios, el acto de adorar va de acuerdo con el valor de la vida y actitud del adorador. Jesús dijo: “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad”, Juan 4:23 Lo que realmente Dios desea no son ofrendas vacías, sino un corazón obediente, sumiso a Él, y una vida realmente transformada.

Lo que Él demanda son tres cosas y Jesús las tenía claras en su mente, veamos Mateo 23:23 “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”.

Hacer justicia, tiene que ver con nuestra relación para con otros, es decir, con nuestra conducta externa. Se trata de vivir con integridad, ser honestos en lo que hacemos, rechazar la corrupción, defender a los vulnerables y tratar a los demás con equidad. Debemos actuar a favor de la justicia.

Amar misericordia (o fiel amabilidad), tiene que ver con nuestra disposición interior; lo que sentimos y somos en nuestro interior. No basta con tener misericordia ocasionalmente, Dios nos llama a amarla, a deleitarnos en perdonar a otros, a ayudar y mostrar compasión siempre. Debemos reflejar el mismo corazón de Dios como dice Miqueas 7:18 “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia”.

Andar humildemente, obvio tiene que ver con nuestra relación con Dios. Nos debemos humillar andando con Dios. La verdadera espiritualidad no es altiva ni arrogante, implica humildad, dependencia diaria, reconociendo que no se trata de nuestras fuerzas y méritos sino de su gracia divina.

Amados, Dios no nos está pidiendo sacrificios grandiosos, ni actos externos para impresionarlo, lo que Él quiere es que nuestra vida refleje justicia en nuestro trato con otros, misericordia en la manera de servir y perdonar, y humildad en el caminar con Él.    Oración.

Señor quiero vivir de la manera que tú me pides, haciendo justicia, amando misericordia y humillándome ante ti; así podré mostrarle al mundo que eres un Dios real, cercano y transformador de vidas. Gracias por mostrarme lo que realmente esperas de mí, anhelo que mi vida sea una ofrenda para ti, en el Nombre de Jesús, amén.   



martes, 1 de septiembre de 2026

Enfocarse en lo eterno

 Enfocarse en lo eterno

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Colosenses 3:1-4

Con tanto ruido del mundo, avances tecnológicos y exceso de información por todos los medios de comunicación y redes sociales, se nos hace difícil determinar dónde enfocar nuestra energía y nuestro tiempo. Cada día es un sin fin de noticias sobre desastres naturales, guerras, conflictos sociales, y demás, que tratan de robarnos la paz que tenemos en Cristo, es el momento de enfocarnos en lo que realmente importa. Todos estos acontecimientos están mostrándonos claramente lo que Jesús una vez predijo en Mat 24:6-8 “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”.

Jesús con estas palabras advierte que las señales como: presencia de falsos “cristos”, guerras, rumores de guerra, hambre, pestes, terremotos, etc. serán una prueba de la proximidad del fin de este siglo, anunciando principios de dolores como los de un parto, que como seguidores de Cristo tendremos que afrontar antes de su Segunda Venida.

En el libro de Colosenses el apóstol Pablo nos ofrece una guía sobre dónde poner nuestra atención, para no dejarnos turbar por todo lo que acontece y nos invita a buscar “las cosas de arriba”, es mirar a lo eterno y celestial. También significa “vestirse como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”, Colosenses 3:12.

Porque hemos resucitado con Cristo, esto nos hace partícipes de su vida resucitada y por eso nuestras vidas han de ser diferentes. Pablo no presenta estas virtudes como un medio para ganar el favor de Dios, sino como la evidencia de una vida transformada por Él. El creyente está llamado a revestirse de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, porque primero ha sido escogido, santificado y amado por Dios. La nueva vida en Cristo produce un nuevo carácter. Nuestros intereses deben estar enfocados en Cristo, nuestros anhelos, nuestras mentes, nuestros sueños y ambiciones han de estar centrados en el Reino celestial donde Él gobierna, al cual pertenecemos y donde Cristo está sentado como Rey en el lugar de honor.

Nuestra nueva vida está escondida con Cristo en Dios. Con Cristo porque estamos unidos con Él en su muerte y resurrección, y en Dios porque Cristo mismo tiene su “ser” en Dios y aquellos que pertenecemos a Cristo también. Esta vida escondida será totalmente manifiesta el día que el Señor venga por segunda vez porque significará compartir la semejanza de Cristo y la recepción de un cuerpo resucitado y glorioso, como el de Él.

Pero ahora, como iglesia, hay tanto qué ofrecer y atender en esta tierra mientras esperamos el regreso de Cristo. Cada uno de nosotros ha recibido dones únicos y “enfocarnos en las cosas de arriba”, también es servir con todo lo que el Señor nos ha dado para suplir las necesidades que nos rodean, dedicando nuestro tiempo y energía a llevar el evangelio, con amor, compasión y poder donde quiera que estemos.   Oración.

Dios de gracia y amor, revísteme de tu presencia, de tu carácter, de tu amor y compasión, para poder llevar el mensaje de salvación a este mundo que tanto te necesita, quiero colocar mi mirada en lo eterno, entendiendo que mi vida está segura en ti, porque está escondida en ti, mi Cristo. Viendo lo que está sucediendo haz que mi corazón no sea indiferente con aquellos que todavía no te conocen, que la luz del evangelio llegue a ellos para que tengan la seguridad de una vida eterna. En el Nombre de Jesús, amén. 



lunes, 31 de agosto de 2026

Viviendo en el Abrazo Eterno: Nuestra Participación en la Trinidad

 Viviendo en el Abrazo Eterno: Nuestra Participación en la Trinidad

“La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto.” Salmos 25:14

“Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” 1 Corintios 1:9

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.” 2 Corintios 13:14

Durante este mes, hemos emprendido un viaje fascinante aprendiendo sobre lo que significa realmente la comunión. En este último día, la Trinidad completa —Padre, Hijo y Espíritu Santo— nos invita a que participemos y disfrutemos de su comunión.

El Salmo 25:14 nos revela que la comunión íntima de Jehová es con aquellos que le temen; es decir, con quienes le reverencian, confían plenamente en Él y creen en su Palabra. Es extraordinario notar que, en este nivel de cercanía, el Padre decide revelarnos su pacto. Este pacto nos conduce directamente a Jesucristo, quien, como nos recuerda Hebreos 13:20-21, fue resucitado, y es el “gran Pastor de las ovejas”, y por la sangre del pacto eterno, gracias a su obra perfecta en la cruz, el Padre nos hace aptos en toda buena obra para cumplir su voluntad. Esta verdad se conecta maravillosamente con 1 Corintios 1:9, que resalta la fidelidad inquebrantable de Dios al llamarnos a tener comunión con su Hijo. Es precisamente en esa relación de amor donde, por medio del Espíritu Santo, somos transformados progresivamente a la misma imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).

Por ello, el apóstol Pablo nos impulsa a que la “comunión del Espíritu Santo” sea una realidad vivencial y cotidiana (2 Corintios 13:14). El Espíritu Santo no es sólo una doctrina; es quien nos enseña, quien nos guía al arrepentimiento, quien produce en nosotros un cambio de pensamiento (metanoia) y quien nos capacita para vivir conforme al diseño divino. Hermanos, no nos conformemos con conocer acerca de Dios; sumerjámonos en la comunión con Él. Solo ahí, en el abrazo del Padre, la obra del Hijo y la guía del Espíritu Santo, seremos verdaderamente transformados.   Oración.

Padre Celestial, gracias por este viaje de fe. Hoy, al culminar este tiempo de enseñanza, reconozco con asombro que no solo me has llamado, sino que me has invitado a participar de la comunión íntima que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Abre mis ojos a la profundidad de tu Pacto Eterno. Jesús, mi Pastor, moldea mi voluntad; y Espíritu Santo, sé Tú la realidad vivencial que me transforma cada día. Quiero vivir sumergido en tu presencia. Amén.