El testimonio apunta a la vida, a Cristo.
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”, Juan 5:39-40
Es clave entender que a los fariseos y a muchos judíos les “parecía” que las Escrituras tenían la vida eterna, pero nunca recibieron a aquel que es la vida en sí mismo. La señal (es decir, la escritura) apuntaba a Cristo, pero se quedaron en la señal y no fueron a la persona de Jesucristo para ser salvos. Muchos de nosotros nos quedamos en la señal, en lo que apunta a, pero no vamos a Él para ser transformados.
Para enfatizar este punto, es muy curioso ver en las Escrituras que la palabra usada para “parecer” es dokéo, que también es usada para imaginar, es decir, tenían una creencia arraigada en el intelecto y en la tradición, pero que no ha pasado al corazón ni a la acción de “venir a Él”.
Los fariseos cometían idolatría textual, pues ellos confiaban en el medio (la letra) y no en quien señalaba el mensaje mismo: el Mesías. Creían que el escudriñar era un fin en sí mismo que otorgaba mérito para la salvación.
Para profundizar y corroborar en este aspecto clave, observemos la conexión con Santiago 1:26, donde se menciona la misma palabra usada en Juan 5:39 “(…) porque a vosotros os parece (…)”, cuando el apóstol Santiago habla de la religión de la imaginación, usando la misma raíz para describir el autoengaño: “Si alguno se imagina (dokei) ser religioso (…)”; aquí, δοκεῖ (dokei) está en presente indicativo activo, tercera persona del singular. Santiago está describiendo a alguien que ha creado un “avatar” de sí mismo en su mente.
El hombre mira la “flecha” (la ley), se imagina que por conocerla ya es santo, pero su realidad (su lengua, su conducta, el fruto) dice lo contrario. Santiago está mostrando una inconsistencia en el hombre que persiste en la opinión de que es religioso, pero no refrena su lengua y se está engañando a sí mismo, mostrando que una cosa es lo que dice, pero otra lo que realmente hace. No hay una transformación profunda porque esta solo ocurre cuando por la fe somos colocados y disfrutamos de la vida del Hijo: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Oración.
Padre, quiero conocerte a ti, por medio de las Escrituras, al Dios vivo y real, no el dios de mi imaginación o de la tradición religiosa; revélame, por tu Santo Espíritu, al único que es el camino y la verdad y la vida, mi vida, para glorificarte experimentando en mí tu amor, amén.