Intimidad con Dios
“Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre”. Mateo 26:73
Concluímos en el devocional anterior que existen tres claves que nos permitirán experimentar lo que relata Gálatas 2:20: que Cristo, quien es el que vive en nosotros, emerja y se vea reflejado incluso en nuestra manera de hablar.
La primera clave, sin lugar a dudas, es la intimidad. Y es que, entre más intimidad tengamos con Dios, más emergerá en nosotros esa verdad que Cristo ya ganó en la cruz. La Palabra de Dios nos dice que Cristo es quien vive ahora en nosotros, y su Espíritu Santo es quien nos permite entender, por medio de la intimidad con el Señor, esta verdad. A medida que tú y yo vamos creyendo esta Palabra, entonces el Espíritu Santo nos permite experimentar de manera real lo que significa que Cristo viva en nosotros, o en otras palabras, que Cristo emerja en nosotros.
Miremos un ejemplo: Pedro fue conocido como uno de los discípulos del Señor Jesús y, durante el ministerio de Cristo, tuvo el honor de caminar junto al Maestro y aprender directamente de su boca día y noche, en el lapso de 3 años. Podríamos asegurar que Pedro tuvo una intimidad, una relación cercana con Jesús, y esto le permitió que, incluso en su manera de hablar, comenzara a reflejar a su Maestro, pues en Mateo 26:73 vemos que cuando Jesús se encontraba ante el concilio y Pedro había decidido ir a ver qué le acontecería al Señor, las personas que estaban a su alrededor lograron reconocer a Pedro como uno de los seguidores de Jesús tan solo por la manera en la que Pedro hablaba: “Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre”.
Y es que esto es lo que sucede cuando le permitimos a Cristo emerger en nosotros, pues se muestran, incluso en nuestra manera de hablar, sus palabras, esas que son blandas y que aplacan la ira (Proverbios 15:1a), que están llenas de amor y que son más dulces que la miel (1 Corintios 13:4-5; Salmos 119:103).
Hermanos, basta ya de intentar en nuestras propias fuerzas el tratar de hablar de manera correcta, pues, sin duda alguna, fracasaremos, nos desgastaremos y nada lograremos. La carne tan solo nos lleva a expresar una vieja forma de hablar que está viciada de malas palabras, mentiras, injurias, etc. Lo que nos resta hacer a ti y a mí es rendirnos delante de Dios y reconocer ante Él que somos incapaces de hablar de manera correcta o asertiva estando separados de Él, pues, como su Palabra lo asegura, separados de Él nada podemos hacer (Juan 15:5).
La pregunta es: ¿cómo logramos rendirnos ante Dios para que Cristo emerja y se exprese incluso en nuestra manera de hablar? La respuesta la encontrarás en el devocional de mañana. Oración.
Padre, qué honor es saber y entender que, por medio de Cristo y del obrar de tu Espíritu Santo, puedo experimentar lo que significa tener y estar en intimidad contigo. Amén.