domingo, 3 de mayo de 2026

Implicación de la vida eterna en ti.

 Implicación de la vida eterna en ti.

“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”, 1 Juan 5:12

“ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”, Romanos 6:13

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”, Colosenses 3:3-4

Esta vida eterna inicia en el mismo momento que creemos en Jesús, aunque tiene su pleno cumplimiento cuando él regrese (1 Juan 3:2). Al ser bautizados en su muerte y ser partícipes de su resurrección (Romanos 6:3-4), somos liberados del yugo de esclavitud y tenemos nueva vida en Cristo. Ya todo es hecho nuevo, no es una mezcla de cosas viejas con nuevas sino una nueva creación “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). A esto se refería el Señor Jesús, cuando hablaba de no echar vino nuevo en odres viejos. (Mateo 9:17)

No es un mejoramiento de la antigua vida, porque la carne no puede ser mejorada, está viciada; por esta razón, nuestra parte es despojarnos de ese viejo hombre y renovar nuestro entendimiento a diario, para aceptar que ya no vivimos nosotros, sino que es Cristo en nosotros. (Efesios 4:22-24)

Pensar que es Cristo, nuestra vida. Ya no es mi vida, y la vida de Cristo. Al ser conscientes, de que la vida temporal, es decir, la vida física y la vida del alma o de los pensamientos, emociones y voluntad propia, no es el fin, sino el medio para glorificar a Dios y que esta vida se debe entregar y someter a Cristo, completamente. Entonces como consecuencia, no tendré a Dios en mi agenda, en un lugar entre una hora y otra, sino que Cristo es todo en mi vida, y que ahora no vivo para mi sino para su gloria, “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (2 Corintios 5:15).

Presentarnos como vivos de entre los muertos, debe ser una realidad presente para todo creyente pues participamos de su muerte, y allí quedó todo nuestro pecado y nuestro pasado. Pidamos por lo tanto, que el Espíritu Santo, nos haga conscientes cada día de esta verdad, para que la vida eterna, la del Hijo, surja de manera espontánea y se pueda evidenciar un incremento de esta vida “zoe”, hasta que Cristo sea formado en nosotros plenamente ¡que cada día crezcan y se multipliquen la señales de vida, de la vida eterna en nosotros¡   Oración.

Padre, te entrego mi alma a ti, rindiendome completamente a Cristo, no se haga mi voluntad sino la tuya, y me presento hoy al mundo como vivo de entre los muertos, porque andaba en muerte pero ahora Cristo es mi vida, juntamente con él he resucitado para vida nueva y para darte gloria en todo lo que haga. Amen.



sábado, 2 de mayo de 2026

La revelación de la vida del Hijo en nosotros

 La revelación de la vida del Hijo en nosotros

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”, Juan 12:25

Mencionamos ayer que en el griego koiné la distinción o matiz diferencial, para el entendimiento completo de la palabra “vida” está en la palabra misma: bios, psujé y zoé. “Bios”, de donde deriva la raíz de “biología”, se usa en la escritura para mencionar la vida biológica, o la vida temporal del hombre (existencia, bienes, placeres y sustento.), por ejemplo se usa en Lucas 8:14, para mencionar los placeres de la vida, y también en 1 Juan 2:16 para mencionar “la vanagloria de la vida”.

La raíz “psujé”, de donde deriva “psiquis” y “psicología”, se refiere a la vida del alma, el yo, aquello que hace que una persona esté viva y sea quien es; cuando Jesús habla por ejemplo en Mateo 16:25, se refiere a todo lo que representa la persona misma, sus pensamientos, sentimientos y voluntad, y en contexto en Mateo 16:26 dice “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”, ambas palabras para alma y para vida son “psujé”, y el sentido es lo que quiere comunicar el Señor, que ‘alma’ no es algo que tienes separado de tu vida; es tu vida misma en su dimensión más profunda delante de Dios y que la única manera de salvarla es negándote a ti mismo y aceptando la vida del Hijo en ti.

Observamos el mismo patrón en Juan 12:25, donde para las dos primeras palabras para “vida” se usa “psujé”, vida del alma, y en que el hombre debe negarse a esta vida, pero aceptar o recibir la vida “zoé”, o la vida eterna en la que participamos al ser colocados en el Hijo. Esta vida eterna es la propia vida del Hijo, como Jesús mismo lo dice en Juan 10:28 “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”, aquí por supuesto, así como en Juan 10:10, de manera precisa se usa en el original griego “zoé” para enfatizar la vida eterna.

Concluimos, que la vida eterna, no es algo que se nos da, sino “alguien” que nos es dado, Cristo mismo. Somos incluidos en la vida del Hijo para ser partícipes de su naturaleza divina y eterna; pero esto solo ocurre si primero pasamos por la cruz, juntamente con Cristo participamos de su muerte por medio de la fe, para ser hallados en su resurrección, como lo explica Romanos 6:5-6, plantados en su muerte para tener como fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.   Oración.

Mi Padre, ahora soy tu hijo por que he sido colocado en tu Hijo, en Cristo tengo nueva vida, y te pido que cada dia lleve a la cruz mi propia vida, para que crezca y se exprese la vida del Amado, por el cual soy aceptado ante ti, porque todo es de Él, y por Él, y para Él, amén.



viernes, 1 de mayo de 2026

La revelación de la vida del Hijo

 La revelación de la vida del Hijo

“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”, Juan 6:63

La palabra “vida” en el original griego en que fue escrito el nuevo testamento, tiene tres matices en su traducción que en español se enfatizan de otra manera. Es decir, en español decimos “vida” y usamos contextos o adjetivos como vida biológica, vida espiritual, vida interior.

Pero en griego la distinción está en la palabra misma: bios, psujé y zoé.

Cuando se tradujo del griego, al latín y luego al español, tanto por temas culturales como por la influencia de la traducción se pueden perder algunos matices, y por esta razón es necesario entender el contexto al estudiar las escrituras, hacernos las siguientes preguntas: ¿a quién o a quiénes se dirige el autor?, ¿Qué dicen los versículos antes y después?, ¿A qué pregunta está respondiendo este texto?, ¿Hay un problema que se está corrigiendo?, ¿Está explicando, confrontando o enseñando algo?. Por supuesto, entender el tiempo verbal y el énfasis del texto.

Nuestra traducción Reina Valera 1960 es fiel, pero el idioma original tiene más matices que enriquecen la comprensión. El Espíritu Santo, nuestro maestro, es el que esencialmente nos da el entendimiento y abre las escrituras para que las experimentemos en nuestra vida diaria, porque podríamos conocer mucha teoría pero no experimentar la transformación que solo puede hacer el Espíritu. Las palabras de Cristo son espíritu y son vida, por lo tanto al recibirlas, producen en nosotros fruto, como dice 2 Timoteo 3:16 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”

Precisamente, para entender profundamente el significado de lo que nos dice el Señor en Juan 6:63, y otros versículos que hablan de “vida”, necesitamos entender la diferencia o matiz de cada palabra griega usada y por revelación del Espíritu, llegue a nosotros el entendimiento que puede llevar nuestra vida espiritual, al nivel de crecimiento y madurez que necesitamos como cuerpo vivo del Señor.

Seguiremos en este mes reflexionando profundamente acerca de la vida del Hijo que nos ha sido dada por un regalo inmerecido del Padre, para que crezcamos en esa vida y disfrutemos de toda la plenitud de Dios para dar gloria verdadera a su nombre.   Oración.

Padre, tu Espíritu glorifica a Cristo, enseñando todas las cosas y permitiendo experimentar en mi vida, de manera real, todo lo que da testimonio la escritura, abre mi entendimiento para profundizar y que me sea revelada la vida de tu Hijo en mí, para gloria de tu nombre, amén.



jueves, 30 de abril de 2026

Tu presencia es el cielo para mi

 Tu presencia es el cielo para mi

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. 1 Pedro 1:3-5

“¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!” esta porción empieza con una oración a un Dios que no es distante, ni desconocido, sino a un Dios que por medio de Jesucristo podemos llamar Padre y acudir con confianza filial. Gracias a la muerte y resurrección de Cristo, tenemos acceso directo a su Presencia, y como dice el versículo nos hizo renacer para una esperanza viva.

Hemos nacido de nuevo, por la voluntad y la acción de Dios para vivir la vida nueva en Cristo, Juan 12:12-13. Este nacimiento es obra del Espíritu, Juan 3:5-6. El resultado de este nuevo nacimiento es que llegamos a ser primicia de una nueva creación, Santiago 1:18; esto nos pone en contacto aquí y ahora con la vida eterna. Es la Palabra creadora de Dios en Jesucristo lo que produce este nuevo nacimiento,1 Pedro 1:23. Nacemos de nuevo para una esperanza viva, nacidos no de simiente corruptible, sino incorruptible, lo que hace que tengamos en nosotros la naturaleza de Dios; y, por tanto, tenemos una vida que ni el tiempo ni la eternidad podrán destruir, todo esto por la resurrección de Jesucristo, que derrotó para siempre la muerte.

El nuevo nacimiento nos introduce en la integridad, 1Juan 3:9. Por este nuevo nacimiento somos purificados de los pecados que nos encadenaban y de los hábitos que nos dominaban; y recibimos un poder que nos permite caminar en integridad. No es decir que ya no pecaremos más; pero sí que cada vez que caigamos recibiremos poder y gracia para levantarnos otra vez. También el nuevo nacimiento nos introduce en el amor, 1 Juan 4:7. Al estar Dios en nosotros, somos limpiados de todo resentimiento y amargura de la vida egocéntrica, para vivir en el amor sacrificial y perdonador de Dios. Por último, el nuevo nacimiento nos introduce en la victoria, 1 Juan 5:4. La vida deja de ser derrota y empieza a ser victoria sobre el yo, el pecado y las circunstancias, Cristo vive en nosotros para que vivamos una vida victoriosa.

Además, hemos recibido una gran herencia, como una posesión segura. Pedro usa tres palabras que presentan tres cualidades que la describen: incorruptible, incontaminada e inmarcesible quiere decir, imperecedera, también indestructible. No puede ser dañada de ninguna manera, esa herencia es inmaculada, lo cual nos indica que no puede ser manchada o contaminada por nada. Es una herencia que no se marchitará ni perderá su valor porque es eterna. Esta herencia describe la gloria de Dios otorgada a los creyentes.

¿Cuál es, entonces, esa heredad que posee el cristiano nacido de nuevo? la heredad del cristiano es Dios mismo. El salmista lo dijo: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado”. Si lo tenemos a Él lo tenemos todo. En nuestro viaje a través del mundo hacia la eternidad somos protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.    Oración.

Gracias mi amado Jesús porque por tu obra redentora, me diste una nueva vida, una esperanza viva y una herencia eterna, reservada en los cielos para cada uno de los que te hemos recibido como nuestro Señor y Salvador. Haz que coloque mis ojos en lo eterno, para no desanimarme por todo lo que sucede en esta tierra. Sé que me espera un futuro glorioso en Cristo, gracias por guardarme y perfeccionarme cada día hasta tu regreso, amén. 



miércoles, 29 de abril de 2026

Confía, deléitate, encomienda y calla

 Confía, deléitate, encomienda y calla

“No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades”. Salmos 37:1-7

Este salmo de David expresa su experiencia y es una promesa de bendición futura para el remanente fiel a Dios en este tiempo. Nos exhorta a no impacientarnos cuando vemos prosperar a los malvados, mientras los justos sufren. Así como David debemos llegar a la conclusión de que algún día los malvados serán cortados como la hierba. Dios no se ha olvidado de sus hijos, anhela que nos mantengamos fieles mientras estemos en esta tierra y confiemos porque Él nos cuida, nos guarda y nos sustenta, jamás nos desamparará. Él, a través de la obra de Jesucristo en la cruz nos ha bendecido con toda bendición espiritual y continuará derramando sobre nuestra vida las bendiciones que Él tiene para nosotros, por eso “Deléitate asimismo en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón”, es el secreto del contentamiento y madurez cristianos, que implica disfrutar de nuestra comunión con el Señor cada día, que, como un Padre amoroso nos concederá los deseos más profundos de nuestro corazón. Un corazón nuevo dado por la vida de Cristo impartida en nosotros. “Encomienda al Señor tu camino, confía en él y él hará”. Aquí nos pide que pongamos nuestra vida en sus manos. Es una entrega sin reservas a Él. Dándole tiempo a Dios para que obre en nosotros, porque Él es bueno y sabe lo que necesitamos. En el tiempo preciso el Señor hará todo, Él siempre actúa en respuesta a la oración con fe. “Guarda silencio ante el Señor y espera en Él”. Simplemente descansemos en el Señor. Es maravilloso poder esperar pacientemente que Él actúe. No debemos preocuparnos cuando los malvados prosperen. No debemos permitir que el éxito de los malvados en sus estratagemas nos irrite ni nos ponga nerviosos. A veces el creyente es atraído por el aparente éxito de gente sin escrúpulos; otras veces sencillamente se enoja contra Dios o solamente dentro de sí mismo. El salmista exhorta al justo a no enojarse; no hace falta porque Dios es justo, y como dice Santiago 1:20 “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. En esta porción hay cuatro verbos imperativos: Confía, deléitate, encomienda, guarda silencio (calla), esto nos lleva a ejercitar nuestra fe y a vivir tranquilos porque descansamos en la fidelidad de Dios y entendemos que la fe y la obediencia van juntas, cuando confiamos en sus promesas y hacemos su perfecta voluntad. Aprendamos con sus promesas a preservar nuestras mentes en tranquilidad en medio de todas las situaciones, como dice Isaías 26:3 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. La fe implica paciencia; por eso debemos aprender a esperar porque Él siempre cumplirá sus propósitos en su tiempo, y nos da un consejo: “No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades”. La mansedumbre no es debilidad, por el contrario, requiere valentía y paciencia cuando esperamos en Dios y cuando colocamos nuestros ojos en lo eterno y no en lo terrenal, que es efímero.   Oración.

Amado Señor, cuando miro mi corazón me pregunto: ¿cuáles son mis deseos? es amarte, conocerte y permitir que fluyas a través de mi vida, por eso anhelo deleitarme en tu Presencia, porque en ella encuentro la plenitud y el gozo que necesito y estar siempre agradecido por todo lo que has hecho en mi vida y en los que me rodean. Conocer tu gran amor me ha llenado de deleite. Amén.



martes, 28 de abril de 2026

¿Confiamos en Dios en medio de las crisis?

 ¿Confiamos en Dios en medio de las crisis?

“Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová. Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas, y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron. Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová”. Isaías 37:14-20

Este pasaje nos enseña la actitud del rey Ezequías frente a una gran crisis que amenazaba a Judá y a su ciudad capital Jerusalén, que iban a ser destruidas por Senaquerib rey de Asiria. Frente al temor que le generó a todo el pueblo, el rey Ezequías se levantó como un líder ejemplar e hizo lo que debía: confió en Dios sus asuntos diarios, consultó con su líder espiritual, enviando a sus mensajeros a buscar a Isaías, este fue otro acto de fe pues quería escuchar la Palabra de Dios del profeta, acudió a Dios en momentos de crisis y elogió a Dios cuando respondió su plegaria.

Ezequías era un rey temeroso de Dios, gobernó durante 29 años en Judá. En sus antecedentes históricos vemos que en su reinado tuvo que sostener una carga dura pagando tributo a Asiria. Su gobierno fue importante por los grandes esfuerzos que hizo para establecer el culto a Jehová, haciendo desaparecer los “lugares altos” y la destrucción de la “serpiente de bronce”. También llaman la atención otros acontecimientos importantes en su vida como su enfermedad, la sanidad milagrosa y la promesa de Jehová de prolongarle la vida por quince años más.

Dice aquí, que le llegó un rollo con información de las amenazas de Senaquerib, en el que desafiaba abiertamente el poder de Dios; inmediatamente entró a la presencia de Dios y extendió esas cartas delante de Él, haciendo una poderosa oración de fe, reconociendo a Dios como Majestuoso, Creador, Soberano y Poderoso, y no un ídolo de madera o piedra, capaz de librarlos de sus enemigos y de reivindicar su Nombre, para que demostrara que es el Único Dios Verdadero. Ezequías buscó la intervención divina en lugar de confiar en alianzas humanas.

Cuando dijo: “entregaron los dioses de ellos al fuego”, se refería a que la política de los asirios para enajenar a los pueblos conquistados de su propio país, era llevarlos a otras partes y destruir los ídolos tutelares de su nación, por ser el lazo más fuerte que los ligaba a su país natal. Ezequías reconocía que Senaquerib estaba blasfemando contra el Dios Viviente y Él no se lo iba a permitir.

Con esa actitud humilde, Ezequías esperó la respuesta de parte del Señor que no tardó en contestar frente a la crisis de Asiria y ante las blasfemias de Senaquerib. Dios prometió proteger Jerusalén por amor a sí mismo y a su promesa a David. Dios defiende su propia gloria, y de manera sobrenatural el ángel de Jehová derrota al ejército asirio, demostrando la soberanía divina frente a la idolatría y la impotencia de los falsos dioses, Isaías 37:35-38.

Recordemos que Dios conoce nuestras necesidades antes que le pidamos, Isaías 65:24; pero Él se deleita cuando nos acercamos con un corazón contrito y humillado para colocar nuestros asuntos en sus manos, confiando en su grandeza y no en nuestros propios razonamientos, en otras personas, o en cosas que representan ídolos, Salmos 51:17. En situaciones límites, el Señor prueba nuestra fe. ¿Confiamos plenamente en su protección divina?”   Oración.

Amado Señor, enséñame a confiar en ti en medio de las crisis, a entender que la oración es el primer recurso al que debo echar mano, reconociendo que eres Soberano, el dueño de la historia y que defiendes tu honor ante las blasfemias que otros dicen de ti. Recuérdame que mi seguridad no depende de mis fuerzas, ni de alianzas humanas, sino de tu protección divina, quiero confiar plenamente en ti. Guarda mi corazón y mis pensamientos, en el Nombre de Jesús, amén.  



lunes, 27 de abril de 2026

¿Quién es Jesús para ti?

 ¿Quién es Jesús para ti?

“Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?” Lucas 4:20-22

Ese día en Nazareth sus amigos debieron quedar atónitos cuando Jesús se sentó en el lugar de los maestros en la sinagoga para enseñar las Escrituras, había leído el Libro de Isaías exactamente donde decía “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”, Lucas 4:18 Después de cerrar el rollo de Isaías, se sentó diciendo que esa Escritura se había cumplido ese día, declarando abiertamente que era el Mesías prometido. Esencialmente estaba indicando dos cosas importantes sobre sí mismo, primero que tenía una misión específica y segundo diciendo que era más que el hijo de un carpintero. Quizás los que lo conocían desde niño se estarían preguntando: ¿no es este el hijo de José el carpintero y María, con el que jugábamos y crecimos juntos?, y algunos otros dirían: ¿Quién se cree que es? Los años que nuestro Señor vivió en Nazaret, como un ciudadano más, hasta que empezó su ministerio, le había hecho demasiado común, lo que incapacitó a los nazarenos para apreciarlo, como le apreciaban otros que eran menos familiares. Desde entonces la gente ha estado dividida acerca de Jesús, algunos lo aceptan, como dice en Lucas 4:22 “Y todos daban buen testimonio de Él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?”, otros se enfurecen con Él como se registra en Lucas 4:28 “Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira”. En Lucas 4:29 dice: “y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle”. Aunque Nazaret no está edificado sobre la cumbre, está rodeado en parte al oeste por sierras, que tienen varios precipicios. El despeñamiento era un modo de castigo capital no raro entre los romanos. Este fue el primer insulto que recibió el Hijo del hombre, y vino de parte de “los de su casa”. Lo que más enfureció a la gente fue el elogio que Jesús pareció dedicar a los gentiles cuando se refirió en Lucas 4:24 “Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra”; hablando de la viuda de Sarepta que sustentó al profeta Elías, y de Eliseo que sanó a Naamán el sirio; ya que los judíos estaban convencidos que eran el pueblo escogido de Dios y despreciaban a los demás. El nuevo mensaje de Jesús era para toda la humanidad, algo que ellos no esperaban. Eligió un pasaje que anunciaba el sublime objeto de toda su misión, su carácter divino y sus dotes especiales para ella y lo adaptó singularmente a Él. Fue el primer abrir de su boca en su capacidad profética, al anunciar su misión en esta tierra. Podemos preguntarnos: si hubiéramos estado en esa sinagoga ese día ¿cuál sería nuestra reacción frente a esa afirmación?, ¿sabemos quién es Jesús para nosotros?   Oración.

Señor Jesucristo, sé quién eres tú, eres mi Señor y Salvador, viniste a rescatarme, a redimirme y a restaurarme. Me diste vida nueva y me acercaste por medio de tu sangre preciosa al trono de gracia, me reconciliaste con nuestro Padre celestial. Ahora te pertenezco, mi patria es el cielo y mi destino la eternidad junto a ti. Simplemente gracias Señor, por tu amor inagotable demostrado en la cruz por mí y por toda la humanidad, amén.