lunes, 26 de octubre de 2026

La vida es sagrada

 La vida es sagrada

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”, Mateo 5:21-24

Un principio trascendental y básico que debemos saber: Ser hechos a imagen y semejanza de Dios, es el argumento más claro para no quitar arbitrariamente una vida, como dice Génesis 9:6: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.”. Por implicación, Dios delega a la sociedad (autoridad humana) la responsabilidad de hacer justicia, pero no es venganza personal, sino orden moral.

La vida humana no debe ser quitada injustamente porque refleja la imagen de Dios, el hombre porta la imagen divina, lo que le da un valor único; sin embargo, la misma Biblia reconoce contextos donde el uso de la fuerza puede ser moralmente legítimo para preservar la vida y la justicia. Por ejemplo en Éxodo 22:2 “Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte”

Dios es el autor y sustentador de la vida; por tanto, el ser humano no es su dueño absoluto, sino un agente moral responsable llamado a actuar conforme a ese diseño. Por tanto, no sólo está prohibido quitarla injustamente, sino también cultivar en el corazón cualquier actitud que destruya esa imagen, como el odio, el desprecio o la venganza, como nos lo enseñó el Señor Jesús:

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”, (Mateo 5:21-24); es decir, el Señor Jesús está explicando aun más profundamente el concepto de asesinato y hallando la raiz, la fuente de esta maldad: el corazón del hombre, “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” (Mateo 15:19)

Finalmente, concluimos que la vida es sagrada (imagen de Dios, Génesis 9:6). No debemos asesinar o matar injustamente (Éxodo 20:13), pero sobre todo, ni siquiera cultivar el odio que lleva a matar (Mateo 5:21-24). Para que podamos cumplir esto, necesitamos entregar nuestro corazón a Cristo, para que su amor repose en nuestro corazón y veamos en nuestro prójimo la imagen de Jesús, pues todos al creer somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros (Romanos 12:5).     Oración.

Padre, gracias porque Cristo es mi vida, y ahora vivo para traer a otros a ti, para que seamos un cuerpo, llenos de tu amor, de un mismo Espíritu de vida, que se aman y cuidan con afecto entrañable y muestran así los atributos que glorifican tu nombre, amén.  



domingo, 25 de octubre de 2026

Los hijos de Dios protegemos la vida

 Los hijos de Dios protegemos la vida

“Porque tú formaste mis entrañas;

Tú me hiciste en el vientre de mi madre.

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;

Estoy maravillado,

Y mi alma lo sabe muy bien.

No fue encubierto de ti mi cuerpo,

Bien que en oculto fui formado,

Y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Mi embrión vieron tus ojos,

Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas

Que fueron luego formadas,

Sin faltar una de ellas.”, Salmo 139:13-16

Los hijos de Dios protegemos la vida, el problema es que aunque en el presente se habla de “vida”, este concepto no corresponde con el concepto 

La palabra de Dios, define la vida biológica desde la concepción, con varios factores determinantes:

1- Dios es quien determina la vida, la Escritura dice “tú formaste mis entrañas”, lo que revela que Dios crea los mecanismos para que se desarrollen nuestros órganos.

2- Dios me conoce, me vio antes de nacer, esto describe un estado antes de la formación completa de nuestro cuerpo, incluso antes del nacimiento.

Es decir, la Escritura afirma que Dios ya ve, conoce y reconoce a la persona en esa etapa temprana. ¿Si Dios me conoce porque el hombre no lo haría? La dignidad del ser humano no nacido, reside en el conocimiento de Dios, de nuestra vida y existencia, no de las suposiciones o convicciones particulares de otras personas.

Entonces la expresión “Mi embrión vieron tus ojos”, resalta la idea de conocimiento íntimo y anticipado por parte de Dios y esto lo define todo.

3- No se trata solo de un estado del ser humano, un estado físico o biológico embrionario, sino que en este estado está toda la información suficiente, específica de todo lo que va a ser formado en la persona, los datos de este conocimiento previo, confirman un ser único, potencial y digno de protección, amor y oportunidades, pues Dios conoce el cuerpo y la vida antes de formarse completamente, Él la crea, la diseña y la sustenta.

Hay una analogía muy precisa de Salmos 139:16 con el ADN: “Libro” ≈ información. “Escritas” ≈ diseño previo. “Formadas después” ≈ desarrollo biológico.

Esto solo comprueba que existe un diseño previo e invisible que luego se materializa en el cuerpo, por lo tanto, no somos nosotros los que creamos, diseñamos y sustentamos la vida, solo nos limitamos a administrar y respetar lo que Dios dispone.

Entonces somos responsables morales, pues no somos los creadores últimos de la vida, sino administradores dentro de un diseño que nos trasciende, que no podemos comprender plenamente “Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.” (Eclesiastés 11:5).

¿Qué consecuencia tiene esta idea bíblica? Antes de que existieras, ya eras conocido plenamente por Dios, y tu existencia no es accidental, ¡tienes un propósito de Dios en Cristo!    Oración.

Padre, gracias por que tú me diseñaste, me formaste en el vientre de mi madre y sobre todo me conociste, y esa es mi dignidad, te exalto mi Dios porque no fui un accidente sino que fui formado por tus manos de amor, para ahora vivir en tu propósito en Cristo Jesús, para gloria de tu nombre, amén.  



sábado, 24 de octubre de 2026

Sin divisiones

 Sin divisiones

“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.”, Santiago 4:1-2

“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;” 1 Pedro 3:8.

¿Cuando causamos división? Cuando nos separamos de la cabeza que es Cristo, y nosotros queremos ser la cabeza, o tomar el lugar que no nos corresponde. (1 Corintios 1:10). Causamos división cuando dejamos que nuestros sentidos, que inducen a nuestros sentimientos, sean engañados y se coloque un sentir en nosotros, y este sentir, no sea el sentir de Cristo. Es decir que lo que guíe nuestra vida sea “yo siento”; este sentir equivocado ha destruido más congregaciones, familias y naciones que cualquier otra arma, allí inician las guerras: (Santiago 4:1-2).

Pablo advierte acerca de este asunto, en 2 Corintios 11:3 “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”; el llamado del Espíritu Santo es a no dejarnos llevar por lo que sentimos sino por fe, guiados por su Palabra.

Así que la meta es que todos lleguemos, que ninguno se quede: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”, (Efesios 4:13)

Por esto, nos enseñamos, oramos unos por otros, para que nos sea concedido el entendimiento de la vida del Hijo, para que la fuente de nuestro obrar sea Cristo y por la acción conjunta, en amor, sea formado en todos nosotros. (Efesios 4:15)

En esto no habrá división porque operamos en un mismo sentir, en una misma mente pues sentimos lo mismo que Cristo: “completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.” (Filipenses 2:2) y como consecuencia evidenciamos lo que dice el apóstol Pedro inspirado por el Espíritu: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;” (1 Pedro 3:8).   Oración.

Amado Dios, produce en mí, por tu Espíritu, el mismo sentir de Cristo para enfocar mi mirada en la meta de ser hallado en Él y no en mi propia justicia, para que actuando en fe, junto con mis hermanos, expresemos la comunión del Espíritu en todo lo que hagamos. Amén.  Sin divisiones

“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.”, Santiago 4:1-2

“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;” 1 Pedro 3:8.

¿Cuando causamos división? Cuando nos separamos de la cabeza que es Cristo, y nosotros queremos ser la cabeza, o tomar el lugar que no nos corresponde. (1 Corintios 1:10). Causamos división cuando dejamos que nuestros sentidos, que inducen a nuestros sentimientos, sean engañados y se coloque un sentir en nosotros, y este sentir, no sea el sentir de Cristo. Es decir que lo que guíe nuestra vida sea “yo siento”; este sentir equivocado ha destruido más congregaciones, familias y naciones que cualquier otra arma, allí inician las guerras: (Santiago 4:1-2).

Pablo advierte acerca de este asunto, en 2 Corintios 11:3 “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”; el llamado del Espíritu Santo es a no dejarnos llevar por lo que sentimos sino por fe, guiados por su Palabra.

Así que la meta es que todos lleguemos, que ninguno se quede: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”, (Efesios 4:13)

Por esto, nos enseñamos, oramos unos por otros, para que nos sea concedido el entendimiento de la vida del Hijo, para que la fuente de nuestro obrar sea Cristo y por la acción conjunta, en amor, sea formado en todos nosotros. (Efesios 4:15)

En esto no habrá división porque operamos en un mismo sentir, en una misma mente pues sentimos lo mismo que Cristo: “completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.” (Filipenses 2:2) y como consecuencia evidenciamos lo que dice el apóstol Pedro inspirado por el Espíritu: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;” (1 Pedro 3:8).   Oración.

Amado Dios, produce en mí, por tu Espíritu, el mismo sentir de Cristo para enfocar mi mirada en la meta de ser hallado en Él y no en mi propia justicia, para que actuando en fe, junto con mis hermanos, expresemos la comunión del Espíritu en todo lo que hagamos. Amén. 




viernes, 23 de octubre de 2026

Lo que Dios unió que no lo separe el hombre

 Lo que Dios unió que no lo separe el hombre

“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”, Mateo 19:6

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” 1 Corintios 1:10

En el diseño original, todos estábamos unidos a Cristo.

Los apóstoles confirmaron que el verdadero evangelio consiste en recuperar ese diseño eterno, negando al hombre que divide, para vivir plenamente unidos a la cabeza que es Cristo. Eso es la iglesia, un solo cuerpo, “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:5-6)

Pero en la realidad observamos que hay divisiones en la iglesia, y la escritura nos da el diagnóstico raíz, para que hallemos por el Espíritu una solución.

¿Cuándo hay divisiones? Cuando operamos en la mente propia, la carnal, y no en la mente que nos ha sido dada, la mente de Cristo.

Cuando operamos en el hombre antiguo, en la naturaleza de Adán,

Cuando operamos en nuestro esfuerzo, tratando de hacer en vez de permanecer, aún en lo que llamamos “espiritual”.

Porque las divisiones son algo de la naturaleza carnal, que describe en detalle Gálatas 5:20: “idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,”

En 1 Corintios observamos que hay divisiones y por esta razón, Pablo guiado por el Espíritu, les ruega que hablen todos una misma cosa y que no haya divisiones. Usa el griego airesis, que significa secta, exhortando a estar “perfectamente unidos a una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10). La mente de Cristo es una mente corporativa, donde no hay divisiones, donde todo pensar es el de Cristo, no el individual.

En muchas de sus cartas los Apóstoles exhortan a dejar cualquier división y advierten, en esencia, que cuando un creyente toma algo genuino de Cristo pero lo utiliza para expresarse separado del cuerpo (diciendo “Yo soy de Pablo” o “Yo soy de Apolo”), está operando en la vieja naturaleza de separación. Pablo declara que él mismo debe permanecer crucificado para que se vea a Cristo, enfatizando que nadie puede abrazar la cabeza sin el cuerpo. (1 Corintios 1:10-13, 1 Corintios 3:4-9, Colosenses 2:19)

La iglesia es el cuerpo y la esposa de Cristo, y en esta similitud con el matrimonio, no podemos separar lo que Dios unió expresándonos en una naturaleza de división e hipocresía. Por esta razón en Efesios 4:13, se coloca la meta apostólica para todos nosotros hermanos queridos: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, viéndonos en un solo cuerpo y una sola vida, sin separar lo que Dios unió.    Oración.

Padre, gracias porque tu amor me ha vinculado íntima y profundamente con mis hermanos, en una unión orgánica en la iglesia, para mantenernos unidos en un mismo pensar, sentir y obrar, que es en Cristo, para perfección de todos y expresión de tu gloria en nosotros, amén. 



jueves, 22 de octubre de 2026

 Arrepentimiento y santificación

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”, Hechos 3:19

Debemos reconocer la importancia del arrepentimiento. Sin embargo, no debe entenderse como una obra humana mediante la cual primero logramos vencer el pecado para luego poder acercarnos a Dios.

En el evangelio, nos volvemos a Dios por medio de Cristo, y es Dios quien realiza la obra de liberación, perdón y transformación actuando en nosotros, mediante el mismo Espíritu que resucitó a Cristo de los muertos. (Efesios 3:20)

En Hechos 3:11-26 se explica muy bien este proceso; Pedro está hablando a personas en el contexto de la sanidad de un cojo de nacimiento que es sanado por la fe en Cristo y les habla de la muerte de Jesús y les dice que el pueblo actuó en ignorancia, pero que Dios cumplió lo que había anunciado por los profetas, que Cristo había de padecer, pero sería levantado de los muertos y los exhortó diciendo:

«Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio» (Hechos 3:19)

Por lo tanto, existe una diferencia estructural clara entre intentar vencer o corregir los pecados antes de acercarse a Dios y acudir a Dios por la fe en Cristo para que, como consecuencia, los pecados sean borrados. Esta distinción representa una diferencia teológica fundamental.

Por lo tanto, no debemos considerar el arrepentimiento como una obra previa o aislada mediante la cual limpio o mejoro mi vida para hacerme aceptable delante de Dios. Me vuelvo a Dios por medio de Cristo; y es Dios, por su gracia y por su Espíritu, quien perdona, limpia, libera y transforma. (Filipenses 2:13, Romanos 6:14, Hebreos 13:20-21).

Pero este arrepentimiento es diario, en el proceso de santificación; pues vamos cambiando de dirección en cada pensamiento, intención del corazón o acción, para que sea el obrar Cristo.

Este proceso es imposible sin la obra del Espíritu Santo, que en nosotros produce la tristeza que obra para arrepentimiento: y hace que cada día, Cristo sea formado en nosotros. Más de Él, menos de mí (2 Corintios 7:10, Gálatas 4:19)

Al transformar la forma de pensar, el corazón cambia, y cuando el corazón cambia, la conducta se transforma naturalmente. El cambio moral actúa como un fruto del proceso, no como su fundamento. El llamado es a cambiar de mente y creer que Dios ya nos ha recibido en Cristo. (Mateo 12:33, Efesios 1:6).

Hermanos, el peligro de querer perfeccionarse en la carne y confiar en el esfuerzo moral propio para mantenerse, implica decir que la muerte de Cristo fue suficiente para empezar pero insuficiente para sostener. El evangelio no son buenas intenciones, son buenas nuevas, que producen una transformación profunda pero que implican un cambio de mente radical y una fe que permanece para producir fruto. (Gálatas 3:3, Romanos 12:2, Juan 15:5).    Oración.

Padre, gracias te doy por Jesucristo, porque Él es mi realidad y la fuente de mi obrar ahora, fijando mi mirada en Él, voy siendo formado en su carácter. Que cada pensamiento e intención de mi corazón sea direccionado a ti cada dia, para hacer tu voluntad. Amén.    



miércoles, 21 de octubre de 2026

Arrepentirse y creer

 Arrepentirse y creer

“y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”, Mateo 3:2

“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.” Gálatas 2:16

El arrepentimiento bíblico no significa sentir remordimiento, llorar por las faltas o simplemente buscar una mejora en la conducta. No es un obrar humano, pero si una disposición del corazón que reconoce que está en bancarrota sin Dios. (Mateo 5:3)

El Apóstol Pablo en la carta a los Gálatas, escribe a Cristianos ya redimidos, pero que maestros judaizantes han querido agregar la levadura de los fariseos, es decir, el obrar humano por encima del obrar de Dios y entonces les pregunta por el Espíritu: “Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?”, Gálatas 3:2

¿Qué tiene que ver esta pregunta con el arrepentimiento? Que no hay ningún requisito para recibir el Espíritu de Cristo, sino solamente la fe. No hay ninguna obra, incluido algún acto de contrición que el hombre pueda hacer para obtener su salvación, más que creer en Aquel que murió y resucitó; esto es confirmado en varios pasajes de la escritura, que hablan de la superioridad de la gracia, frente a cualquier acto moral del hombre, “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.”. (Romanos 11:6).

El significado de Metanoia, para la palabra original griega que se usa para arrepentimiento, como Mateo 3:2 y Marcos 1:15, donde se nos exhorta: «Arrepiéntanse y crean en el evangelio», su significado real es un cambio profundo de mentalidad. Es una transformación del entendimiento, que solo puede venir por el poder de su Espíritu, pero que nos pide que no pensemos como pensábamos antes. (Romanos 12:2).

¿Cuál es ese cambio de mentalidad? Es un cambio radical respecto a la salvación que se enfoca en cómo somos justificados: implica dejar de depender de las propias obras para salvarse y aceptar que la salvación ya fue realizada por Cristo. Es un hecho consumado y completo, que es por gracia mediante la fe, pero es una fe mediante la cual también somos transformados y perfeccionados para buenas obras (Efesios 2:8-9, Efesios 2:10, Filipenses 1:6). Hermanos, lo anterior coloca el fundamento, y nos da seguridad de una obra completa, de un Dios fiel que nos ama profundamente y no quiere que nadie se pierda, reflexionemos en esto hoy.    Oración.

Padre, cuántos años viví en condenación a pesar de haber recibido a Jesús con gozo, pero luego la religiosidad de la carne trastornó y llenó de cargas mi vida, pero tu Espíritu alumbró mi entendimiento para experimentar tu amor y saber que me hiciste acepto en el Amado y que cada dia perfeccionas tu obra en mí, formando el carácter de tu Hijo y así expresar hacia los demás esta transformación. Amén. 



lunes, 19 de octubre de 2026

Cambiando la fuente de nuestro obrar

 Cambiando la fuente de nuestro obrar

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”, Gálatas 5:19-21

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Gálatas 5:22-23.

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”, 1 Corintios 15:22

Todos nacimos en Adán desde el vientre de nuestra madre. Sin excepción, heredamos una naturaleza caída; nuestro sistema operativo venía infectado por el virus mortal del pecado.

El pecado es evidencia de la naturaleza que heredamos. Esta manifestación de la naturaleza caída se llama obras de la carne, que podemos estudiar en detalle en Gálatas 5:19-21. Por ejemplo, si andamos en contienda o expresamos odio hacia alguien, estamos manifestando la naturaleza adámica caída, el viejo hombre.

Pero esto va más allá, a veces incluso imperceptible, porque la carne incluye todo obrar de nuestro intelecto, actuando de forma independiente de Dios, que juzga lo espiritual con lógica desconectada de la fuente de vida. Dicho desde otra perspectiva, esto ocurre cuando administramos nuestra vida basándonos en lo temporal (Mateo 16:23).

En contraposición, cuando tenemos un nuevo nacimiento por creer y recibir a Cristo, somos puestos en Él (Juan 1:12). Entonces, somos hechos participantes de la naturaleza divina por estar en Cristo y ahora podemos expresar esa nueva naturaleza (2 de Pedro 1:4).

Por la acción de la fe en Cristo, el Padre, en el obrar de su Espíritu, nos traslada de la antigua naturaleza adámica de muerte y pecado, a la nueva naturaleza de Cristo que manifiesta vida eterna y el fruto: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” (Gálatas 5:22-23).

‘Dime en qué naturaleza andas y te diré quien eres’, si estamos en la carne manifestamos las obras de la carne, y el pecado es manifiesto. Las obras que hacemos manifiestan o evidencian la naturaleza en la que andamos.

Hermanos amados, debemos cambiar la fuente para que nuestro obrar cambie radicalmente. Andemos en Cristo, en la nueva naturaleza en la que fuimos colocados, para que manifestemos amor. Es la única manera de vivir agradando a Dios, porque el Hijo obrando en nosotros es el único que anhela y hace verdaderamente la voluntad de nuestro Padre: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” (Juan 6:38)    Oración.

Me amaste tanto Padre, que en Cristo me diste todo, se cumplió la promesa de Jesús de que los que creemos en Él tendríamos una fuente inagotable que brota para vida eterna. En esa fuente quiero permanecer, no en mi propia fuente, que me lleva a obrar contrario a tu voluntad, mejor anhelo llevar mucho fruto y agradarte en todo por el poder de tu Espíritu obrando en mi, amén.