miércoles, 6 de mayo de 2026

Entrad por la puerta estrecha

 Entrad por la puerta estrecha

“para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”, Efesios 3:17-19

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”, Juan 10:9

Hablamos en los devocionales anteriores, que los Fariseos y maestros de la ley, cometían idolatría textual, pero lastimosamente, hoy nos pasa igual, y como evidencia tenemos que hay miles de denominaciones cristianas y se observa mucha división; se idolatra el texto, ocurren discusiones intelectuales, pero no se va, ni se disfruta de la vida eterna, pues no se recibe al que hace habitación en nuestros corazones.

¿Qué significa esto? Si nos quedamos en la flecha: Tenemos teología, pero no tenemos o no disfrutamos de vida. Si seguimos la flecha: Llegamos a Cristo y recibimos o experimentamos la sustancia.

El pecado de los religiosos y fariseos no era la falta de estudio bíblico pues eran expertos, conocían de memoria el texto, incluso podían recitarlo, pero les faltaba la fe que impulsa la acción de ir o hacer (“no queréis venir”) para abandonar su imaginación y abrazar la realidad. ¡Es como ver la puerta y no querer entrar por ella! (Gálatas 5:6, Juan 10:9). Es necesario escudriñar las escrituras, pero es radicalmente urgente, abrazar a la persona de Jesuscristo, ir a el, pues es un Dios vivo, real, que por la fe, hace habitación en nosotros.

Así que pidamos al Espíritu Santo, que hoy nos revele nuestro estado de necesidad espiritual, reconociendo nuestro orgullo y religiosidad, para que despojándonos de cualquier confianza en nosotros mismos, entremos por la puerta estrecha, que es Cristo mismo, el único camino que lleva a la vida (Mateo 7:13-14)    Oración.

Mi necesidad de ti Jesús, no puede ser suplida por mis esfuerzos religiosos, sino únicamente por mi unión contigo, fundirme en ti por la acción de tu Espíritu; Padre amado que renunciando a mi mismo, a mis propias ideas o mi propio entusiasmo, sea tu Hijo en mí una realidad visible y experiencial, ¡ya no vivo yo sino Cristo en mí, ahora todo lo vivo en la fe del Hijo de Dios! Amen.



martes, 5 de mayo de 2026

El testimonio apunta a la vida, a Cristo.

 El testimonio apunta a la vida, a Cristo.

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”, Juan 5:39-40

Es clave entender que a los fariseos y a muchos judíos les “parecía” que las Escrituras tenían la vida eterna, pero nunca recibieron a aquel que es la vida en sí mismo. La señal (es decir, la escritura) apuntaba a Cristo, pero se quedaron en la señal y no fueron a la persona de Jesucristo para ser salvos. Muchos de nosotros nos quedamos en la señal, en lo que apunta a, pero no vamos a Él para ser transformados.

Para enfatizar este punto, es muy curioso ver en las Escrituras que la palabra usada para “parecer” es dokéo, que también es usada para imaginar, es decir, tenían una creencia arraigada en el intelecto y en la tradición, pero que no ha pasado al corazón ni a la acción de “venir a Él”.

Los fariseos cometían idolatría textual, pues ellos confiaban en el medio (la letra) y no en quien señalaba el mensaje mismo: el Mesías. Creían que el escudriñar era un fin en sí mismo que otorgaba mérito para la salvación.

Para profundizar y corroborar en este aspecto clave, observemos la conexión con Santiago 1:26, donde se menciona la misma palabra usada en Juan 5:39 “(…) porque a vosotros os parece (…)”, cuando el apóstol Santiago habla de la religión de la imaginación, usando la misma raíz para describir el autoengaño: “Si alguno se imagina (dokei) ser religioso (…)”; aquí, δοκεῖ (dokei) está en presente indicativo activo, tercera persona del singular. Santiago está describiendo a alguien que ha creado un “avatar” de sí mismo en su mente.

El hombre mira la “flecha” (la ley), se imagina que por conocerla ya es santo, pero su realidad (su lengua, su conducta, el fruto) dice lo contrario. Santiago está mostrando una inconsistencia en el hombre que persiste en la opinión de que es religioso, pero no refrena su lengua y se está engañando a sí mismo, mostrando que una cosa es lo que dice, pero otra lo que realmente hace. No hay una transformación profunda porque esta solo ocurre cuando por la fe somos colocados y disfrutamos de la vida del Hijo: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).   Oración.

Padre, quiero conocerte a ti, por medio de las Escrituras, al Dios vivo y real, no el dios de mi imaginación o de la tradición religiosa; revélame, por tu Santo Espíritu, al único que es el camino y la verdad y la vida, mi vida, para glorificarte experimentando en mí tu amor, amén.   



lunes, 4 de mayo de 2026

Lo que da testimonio de Jesús.

 Lo que da testimonio de Jesús.

"ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis", Juan 5:38

En el evangelio de Juan capítulo 5, la Escritura da testimonio de la sanidad de un hombre que llevaba 38 años enfermo, Jesús lo sana en día de reposo. Al saber de este suceso, los Judíos fariseos religiosos increpan a Jesús y empiezan a perseguirlo, procurando matarlo porque también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios (Juan 5:1-18).

Jesús les responde mostrando en detalle quienes son los que dan testimonio de Él y por qué razón su testimonio es verdadero:

Los profetas, específicamente Juan, dio testimonio de Jesús “Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad” (Juan 5:33).

Las obras que Jesús hace como lo explica en Juan 5:36: “Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado”.

Dios mismo, Juan 5:37: “También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto”.

Las escrituras, Juan 5:39: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

Los apóstoles: “Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.” (Juan 15:27); “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).

El Espíritu Santo, Juan 15:26: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. Y, a su vez, nos da testimonio a nosotros mismos, cuando hemos creído: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16)

El creyente, 1 Juan 5:10 : “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo”.

Concluimos que, hoy en día, somos los creyentes quienes tenemos el testimonio en nosotros mismos, porque hemos sido sellados por el Espíritu Santo y tenemos su Palabra morando en nosotros.

Damos verdadero testimonio cuando no nos avergonzamos del Señor ni nos da temor expresar la nueva naturaleza que tenemos en Cristo y, por lo tanto, compartimos el evangelio: “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios” (2 Timoteo 1:8).

Nuestro testimonio es verdadero porque hemos recibido, al igual que los apóstoles, poder por el Espíritu Santo y este testimonio es lo que vence al maligno: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11).   Oración.

Padre, gracias por que soy un testimonio vivo de Jesús, Él me dio vida cuando estaba muerto en mis delitos y pecados, estaba ciego y ahora veo con los ojos de la fe a aquel que me rescató, me sacó de la esclavitud, me sanó y me restauró para anunciar que Él está en mí y que anhela que todos vengan a la salvación cuando coloquen su confianza y toda esperanza en Él.  


domingo, 3 de mayo de 2026

Implicación de la vida eterna en ti.

 Implicación de la vida eterna en ti.

“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”, 1 Juan 5:12

“ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”, Romanos 6:13

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”, Colosenses 3:3-4

Esta vida eterna inicia en el mismo momento que creemos en Jesús, aunque tiene su pleno cumplimiento cuando él regrese (1 Juan 3:2). Al ser bautizados en su muerte y ser partícipes de su resurrección (Romanos 6:3-4), somos liberados del yugo de esclavitud y tenemos nueva vida en Cristo. Ya todo es hecho nuevo, no es una mezcla de cosas viejas con nuevas sino una nueva creación “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). A esto se refería el Señor Jesús, cuando hablaba de no echar vino nuevo en odres viejos. (Mateo 9:17)

No es un mejoramiento de la antigua vida, porque la carne no puede ser mejorada, está viciada; por esta razón, nuestra parte es despojarnos de ese viejo hombre y renovar nuestro entendimiento a diario, para aceptar que ya no vivimos nosotros, sino que es Cristo en nosotros. (Efesios 4:22-24)

Pensar que es Cristo, nuestra vida. Ya no es mi vida, y la vida de Cristo. Al ser conscientes, de que la vida temporal, es decir, la vida física y la vida del alma o de los pensamientos, emociones y voluntad propia, no es el fin, sino el medio para glorificar a Dios y que esta vida se debe entregar y someter a Cristo, completamente. Entonces como consecuencia, no tendré a Dios en mi agenda, en un lugar entre una hora y otra, sino que Cristo es todo en mi vida, y que ahora no vivo para mi sino para su gloria, “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (2 Corintios 5:15).

Presentarnos como vivos de entre los muertos, debe ser una realidad presente para todo creyente pues participamos de su muerte, y allí quedó todo nuestro pecado y nuestro pasado. Pidamos por lo tanto, que el Espíritu Santo, nos haga conscientes cada día de esta verdad, para que la vida eterna, la del Hijo, surja de manera espontánea y se pueda evidenciar un incremento de esta vida “zoe”, hasta que Cristo sea formado en nosotros plenamente ¡que cada día crezcan y se multipliquen la señales de vida, de la vida eterna en nosotros¡   Oración.

Padre, te entrego mi alma a ti, rindiendome completamente a Cristo, no se haga mi voluntad sino la tuya, y me presento hoy al mundo como vivo de entre los muertos, porque andaba en muerte pero ahora Cristo es mi vida, juntamente con él he resucitado para vida nueva y para darte gloria en todo lo que haga. Amen.



sábado, 2 de mayo de 2026

La revelación de la vida del Hijo en nosotros

 La revelación de la vida del Hijo en nosotros

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”, Juan 12:25

Mencionamos ayer que en el griego koiné la distinción o matiz diferencial, para el entendimiento completo de la palabra “vida” está en la palabra misma: bios, psujé y zoé. “Bios”, de donde deriva la raíz de “biología”, se usa en la escritura para mencionar la vida biológica, o la vida temporal del hombre (existencia, bienes, placeres y sustento.), por ejemplo se usa en Lucas 8:14, para mencionar los placeres de la vida, y también en 1 Juan 2:16 para mencionar “la vanagloria de la vida”.

La raíz “psujé”, de donde deriva “psiquis” y “psicología”, se refiere a la vida del alma, el yo, aquello que hace que una persona esté viva y sea quien es; cuando Jesús habla por ejemplo en Mateo 16:25, se refiere a todo lo que representa la persona misma, sus pensamientos, sentimientos y voluntad, y en contexto en Mateo 16:26 dice “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”, ambas palabras para alma y para vida son “psujé”, y el sentido es lo que quiere comunicar el Señor, que ‘alma’ no es algo que tienes separado de tu vida; es tu vida misma en su dimensión más profunda delante de Dios y que la única manera de salvarla es negándote a ti mismo y aceptando la vida del Hijo en ti.

Observamos el mismo patrón en Juan 12:25, donde para las dos primeras palabras para “vida” se usa “psujé”, vida del alma, y en que el hombre debe negarse a esta vida, pero aceptar o recibir la vida “zoé”, o la vida eterna en la que participamos al ser colocados en el Hijo. Esta vida eterna es la propia vida del Hijo, como Jesús mismo lo dice en Juan 10:28 “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”, aquí por supuesto, así como en Juan 10:10, de manera precisa se usa en el original griego “zoé” para enfatizar la vida eterna.

Concluimos, que la vida eterna, no es algo que se nos da, sino “alguien” que nos es dado, Cristo mismo. Somos incluidos en la vida del Hijo para ser partícipes de su naturaleza divina y eterna; pero esto solo ocurre si primero pasamos por la cruz, juntamente con Cristo participamos de su muerte por medio de la fe, para ser hallados en su resurrección, como lo explica Romanos 6:5-6, plantados en su muerte para tener como fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.   Oración.

Mi Padre, ahora soy tu hijo por que he sido colocado en tu Hijo, en Cristo tengo nueva vida, y te pido que cada dia lleve a la cruz mi propia vida, para que crezca y se exprese la vida del Amado, por el cual soy aceptado ante ti, porque todo es de Él, y por Él, y para Él, amén.



viernes, 1 de mayo de 2026

La revelación de la vida del Hijo

 La revelación de la vida del Hijo

“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”, Juan 6:63

La palabra “vida” en el original griego en que fue escrito el nuevo testamento, tiene tres matices en su traducción que en español se enfatizan de otra manera. Es decir, en español decimos “vida” y usamos contextos o adjetivos como vida biológica, vida espiritual, vida interior.

Pero en griego la distinción está en la palabra misma: bios, psujé y zoé.

Cuando se tradujo del griego, al latín y luego al español, tanto por temas culturales como por la influencia de la traducción se pueden perder algunos matices, y por esta razón es necesario entender el contexto al estudiar las escrituras, hacernos las siguientes preguntas: ¿a quién o a quiénes se dirige el autor?, ¿Qué dicen los versículos antes y después?, ¿A qué pregunta está respondiendo este texto?, ¿Hay un problema que se está corrigiendo?, ¿Está explicando, confrontando o enseñando algo?. Por supuesto, entender el tiempo verbal y el énfasis del texto.

Nuestra traducción Reina Valera 1960 es fiel, pero el idioma original tiene más matices que enriquecen la comprensión. El Espíritu Santo, nuestro maestro, es el que esencialmente nos da el entendimiento y abre las escrituras para que las experimentemos en nuestra vida diaria, porque podríamos conocer mucha teoría pero no experimentar la transformación que solo puede hacer el Espíritu. Las palabras de Cristo son espíritu y son vida, por lo tanto al recibirlas, producen en nosotros fruto, como dice 2 Timoteo 3:16 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”

Precisamente, para entender profundamente el significado de lo que nos dice el Señor en Juan 6:63, y otros versículos que hablan de “vida”, necesitamos entender la diferencia o matiz de cada palabra griega usada y por revelación del Espíritu, llegue a nosotros el entendimiento que puede llevar nuestra vida espiritual, al nivel de crecimiento y madurez que necesitamos como cuerpo vivo del Señor.

Seguiremos en este mes reflexionando profundamente acerca de la vida del Hijo que nos ha sido dada por un regalo inmerecido del Padre, para que crezcamos en esa vida y disfrutemos de toda la plenitud de Dios para dar gloria verdadera a su nombre.   Oración.

Padre, tu Espíritu glorifica a Cristo, enseñando todas las cosas y permitiendo experimentar en mi vida, de manera real, todo lo que da testimonio la escritura, abre mi entendimiento para profundizar y que me sea revelada la vida de tu Hijo en mí, para gloria de tu nombre, amén.



jueves, 30 de abril de 2026

Tu presencia es el cielo para mi

 Tu presencia es el cielo para mi

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. 1 Pedro 1:3-5

“¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!” esta porción empieza con una oración a un Dios que no es distante, ni desconocido, sino a un Dios que por medio de Jesucristo podemos llamar Padre y acudir con confianza filial. Gracias a la muerte y resurrección de Cristo, tenemos acceso directo a su Presencia, y como dice el versículo nos hizo renacer para una esperanza viva.

Hemos nacido de nuevo, por la voluntad y la acción de Dios para vivir la vida nueva en Cristo, Juan 12:12-13. Este nacimiento es obra del Espíritu, Juan 3:5-6. El resultado de este nuevo nacimiento es que llegamos a ser primicia de una nueva creación, Santiago 1:18; esto nos pone en contacto aquí y ahora con la vida eterna. Es la Palabra creadora de Dios en Jesucristo lo que produce este nuevo nacimiento,1 Pedro 1:23. Nacemos de nuevo para una esperanza viva, nacidos no de simiente corruptible, sino incorruptible, lo que hace que tengamos en nosotros la naturaleza de Dios; y, por tanto, tenemos una vida que ni el tiempo ni la eternidad podrán destruir, todo esto por la resurrección de Jesucristo, que derrotó para siempre la muerte.

El nuevo nacimiento nos introduce en la integridad, 1Juan 3:9. Por este nuevo nacimiento somos purificados de los pecados que nos encadenaban y de los hábitos que nos dominaban; y recibimos un poder que nos permite caminar en integridad. No es decir que ya no pecaremos más; pero sí que cada vez que caigamos recibiremos poder y gracia para levantarnos otra vez. También el nuevo nacimiento nos introduce en el amor, 1 Juan 4:7. Al estar Dios en nosotros, somos limpiados de todo resentimiento y amargura de la vida egocéntrica, para vivir en el amor sacrificial y perdonador de Dios. Por último, el nuevo nacimiento nos introduce en la victoria, 1 Juan 5:4. La vida deja de ser derrota y empieza a ser victoria sobre el yo, el pecado y las circunstancias, Cristo vive en nosotros para que vivamos una vida victoriosa.

Además, hemos recibido una gran herencia, como una posesión segura. Pedro usa tres palabras que presentan tres cualidades que la describen: incorruptible, incontaminada e inmarcesible quiere decir, imperecedera, también indestructible. No puede ser dañada de ninguna manera, esa herencia es inmaculada, lo cual nos indica que no puede ser manchada o contaminada por nada. Es una herencia que no se marchitará ni perderá su valor porque es eterna. Esta herencia describe la gloria de Dios otorgada a los creyentes.

¿Cuál es, entonces, esa heredad que posee el cristiano nacido de nuevo? la heredad del cristiano es Dios mismo. El salmista lo dijo: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado”. Si lo tenemos a Él lo tenemos todo. En nuestro viaje a través del mundo hacia la eternidad somos protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.    Oración.

Gracias mi amado Jesús porque por tu obra redentora, me diste una nueva vida, una esperanza viva y una herencia eterna, reservada en los cielos para cada uno de los que te hemos recibido como nuestro Señor y Salvador. Haz que coloque mis ojos en lo eterno, para no desanimarme por todo lo que sucede en esta tierra. Sé que me espera un futuro glorioso en Cristo, gracias por guardarme y perfeccionarme cada día hasta tu regreso, amén.