miércoles, 8 de julio de 2026

Nuestro Dios salva

 Nuestro Dios salva

“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” Romanos 8:2

Es verdad, es real, nuestra salvación y redención ya se dió; hemos sido libertados del pecado, y se nos ha concedido el Espíritu Santo. Nuestro viejo hombre ha sido crucificado con Cristo y nos es posible andar en vida nueva, vivir una vida diferente. Antes, en el engaño del pecado hacíamos todo según nuestros deseos nos impulsaban, pero ahora, la ley del Espiritu de vida en Cristo Jesús, nos ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Hermanos, desde nuestro encuentro e identificación con Cristo, ya no somos los mismos, si bien en nuestro cuerpo tenemos los mismos miembros que naturalmente se rebelan contra Dios, también hoy nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Y el deseo de Dios es que veamos, entendamos y experimentemos la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos (Efesios 1:17-19).

De modo que, cuando en nuestra vida sea latente la tentación, de tal manera que sintamos no poder resistir, la invitación es a que confiemos en que nuestro Dios salva, rindamonos ante Él y experimentemos la operación del poder de su fuerza, pues hemos de entender que, nuestra fortaleza no proviene de nosotros, sino que dice su Palabra “fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10). Hermanos, la nueva vida que nos ha sido dada es por el Espíritu, y si vivimos por el Espíritu, hemos de andar también por el Espíritu. (Gálatas 5:25)    Oración.

Padre, hoy te doy la gloria y te doy las gracias, pues si no fuera por ti y tu salvación, no sé qué sería de mí; hoy si algo puedo ser, saber, tener y hacer es sólo por esa obra de salvación que por tu Espíritu se mantiene latente en mí; gracias Señor por salvarme aún de mí mismo, pues la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado y me libra de la ley del pecado y de la muerte, amén.  



martes, 7 de julio de 2026

¡Libres!

 ¡Libres!

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.” Gálatas 5:16-18

“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Gálatas 5:24-25

La ley, dice la Palabra de Dios, acciona o revive el pecado en nosotros, Romanos 7:9 dice “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.” Es por esto que, cuando a una persona se le dice “no robe, no mienta, no cometa pecado o guarde los mandamientos” es como si le dijeran todo lo contrario, pues su naturaleza pecaminosa, toma ocasión por el mandamiento y produce en él o ella toda tentación o ansias para pecar.

Ahora bien, la historia para nosotros los creyentes no termina ahí en nuestra imposibilidad para hacer el bien, pues como se nos declara en Gálatas 5:24-25, los que somos de Cristo, hemos crucificado en Su cuerpo, nuestra carne con sus pasiones y deseos, Romanos 6:6 dice “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” Adicional a esto, la Escritura también nos declara que nosotros ya no estamos bajo la ley, Romanos 7:4 dice “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.”

Entonces, queridos hermanos, habiendo sido libertados del pecado y aún de la ley, ahora somos siervos de Cristo, y por tanto, como dice Romanos 7:6, ya no servimos bajo el régimen viejo de la letra, sino bajo el régimen nuevo del Espíritu. De modo que, la invitación es a que, como dice la Escritura en Gálatas 5:1, estemos firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Libres para amar, vivir en paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio y en todo gozo, pues declara Gálatas 5:23, contra tales cosas: ¡no hay ley!.    Oración.

Padre, qué grandiosa obra y qué precioso regalo el que me has dado. Gracias por hacerme libre de la esclavitud del pecado y por concederme tu Santo Espiritu; sé que entonces, por Jesucristo, has hecho todo en mí para que andando en el Espíritu, no satisfaga los deseos de mi carne, sino que se vea manifestado todo su fruto, amén.    



domingo, 5 de julio de 2026

Un llamado a la adoración y a la obediencia

 


Un llamado a la adoración y a la obediencia

“Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto”. Salmos 95:1-8

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio”. Hebreos 3:12-14

Nuestro Gran Dios nos está haciendo un llamado a la adoración, a acercarnos a Él, con gratitud y gozo, reverenciándolo porque es la “Roca de nuestra Salvación”, nuestro Soberano Creador, Dueño de todo y nuestro Amante Pastor. Nos invita a arrodillarnos y postrarnos en su Presencia.

Nos dice que, si tan solo escucháramos su voz, nuestro corazón estaría más dispuesto para obedecerle a Él. Porque ciertamente un corazón endurecido nos lleva a la rebeldía y a la desobediencia, como le sucedió al pueblo de Israel en Masah y Meriba, donde su incredulidad y el no someterse a la voluntad de Dios les impidió entrar en su reposo. ¿Cuál fue la causa de su desvío allí? Se quejaron y dudaron de que Dios podría proveer para sus necesidades. Realmente dudaron de la presencia de Dios en aquella situación. El resultado fueron cuarenta años dando vueltas en un desierto, sin poder llegar a la tierra prometida.

Dios hoy quiere recordarnos que somos su pueblo y nos hace un insistente llamado a entrar en su descanso y la salvación que ofrece Jesucristo. Para ello debemos tener una actitud de humildad delante de Él, reconociendo lo que somos, pecadores con una gran necesidad espiritual que solo el Señor puede llenar; eso hace que su mano se mueva en favor de nosotros y comience su obra de renovación en nuestra vida personal. Es cuando nos humillamos delante de Dios que podemos escuchar su voz.

Los creyentes debemos preguntarnos: ¿qué nos impide disfrutar de su reposo, si ya tenemos a Cristo en nuestra vida? ¿No será falta de fe o el engaño del pecado? ¿No será dudar de su Presencia en cualquier situación que nos parece difícil?

El salmista nos exhorta a que ahora no perdamos nuestro reposo (Hebreos 3:7-11), descansando en Jesús y en su obra de Redención, disfrutando cada día el estar en su Presencia y nos recuerda cuán amoroso es, que un Dios tan infinito, tomara tanto interés personal en nosotros para hacernos su pueblo y cuidarnos como sus ovejas, realmente es asombroso. Esto debe siempre ser motivo de gozo, ánimo y adoración.    Oración.

Señor, ¡eres el Rey grande sobre todos los dioses! y en esta mañana puedo ver tu grandeza y majestad; cómo sostienes el universo, cómo has formado los valles, los imponentes montes y el majestuoso mar, afirmaste entre tus manos la tierra y formaste a tu pueblo con tu mano poderosa. Eres mi Hacedor y mi Dios, quiero escuchar tu voz y tener un corazón entendido para obedecerte, en el Nombre de Jesús, amén.  



sábado, 4 de julio de 2026

Superando nuestros traumas

 Superando nuestros traumas

"Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres", Isaías 52:14

“Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”, Mateo 26:56

Los discípulos vivieron un trauma tremendo que los acompañó toda su vida. Vieron a Jesús morir de manera violenta y expresaron miedo, huyeron y se aislaron (Mateo 26:56, Juan 20:19). Quedaron paralizados y no pudieron seguir ejerciendo su ministerio en ese momento, por temor a repetir lo que le había pasado a su Maestro. Pero algo sucedió que los sacó de ese trauma, para que pudieran seguir ¿qué fue lo que sucedió?

Ahondando más profundamente en lo que les sucedió a los discípulos, vemos que en Isaías 52:14 dice: “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.”, La palabra “Asombraron” usada en este texto, traducida del hebreo original bíblico implica quedar atónito, devastado y desolado.

Psicológicamente, describe un ‘shock cognitivo’. La mente de los discípulos no podía procesar el nivel de violencia (“desfigurado”) que estaban viendo, incluso todos los sucesos de esa noche fueron un golpe de realidad que no pudieron asimilar.

En el caso de Pedro, el trauma es complejo porque mezcla la violencia externa con el colapso de su propia identidad (pues él juró defenderlo y falló, entonces, se llenó de culpabilidad.). Veamos en Lucas 22:61-62 “Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro… Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.   Oración.

Padre, he sufrido muchas cosas, pero nada se iguala a lo que Jesús sufrió por mí en la cruz, quiero que venga a mi entendimiento y a lo más profundo de mi conciencia, lo que sucedió ese día, porque yo también estuve allí por mi pecado, pero tú, me salvaste cuando yo no lo merecía, gracias por Jesucristo. Amén. 



viernes, 3 de julio de 2026

Despertar espiritual

 Despertar espiritual

“Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba.” Salmos 3:5

“Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón,” Salmos 69:32

De la manera en que nosotros cada mañana abrimos nuestros ojos para despertar físicamente, y que sucede solo por la gracia de Dios, de la misma manera anhela el Señor que permitamos que Él nos despierte espiritualmente. Despertar espiritualmente es ser conscientes de la vida de Cristo que nos habita, ser conscientes de su presencia en nosotros y por ende, de su paz, su amor y su acción en cada instante de nuestra vida.

Muy a menudo pasa que nos despertamos solo físicamente, nos conformamos con que Dios ese día ya haya abierto nuestros ojos y simplemente vivimos ese nuevo amanecer en nuestro propio sentir, pensar y nuestra propia voluntad, pues nuestros sentidos espirituales siguen dormidos.

Buscar al Señor, tal como nos lo revela el Salmo 69:32, es lo único que debemos hacer o disponer de nuestra parte para que se avive o despierte nuestro corazón. Muchas mañanas o muchos días, dejamos de hacerlo porque pensamos que es una carga, una opción más en nuestra larga lista de tareas y porque, definitivamente, ya tenemos mucho que hacer hoy, sin embargo, lo que nos muestra la Palabra de Dios es todo lo contrario, deleite, paz, plenitud, dirección y todo lo que necesitamos para vivir, es lo que de Dios puede venir (Salmos 16:11, Salmos 37:4).

Hermanos, que el tesoro que hay en Cristo y que ya nos habita, lo podamos cada día disfrutar y evidenciar, en la medida que nos motivemos y dispongamos a buscar al Señor en cada nuevo amanecer, para que no despertemos solo físicamente, sino también y más importante: espiritualmente.   Oración.

Padre, que cada vez que abra mis ojos físicos, sea consciente de que es por tu gracia y que entonces no me conforme solo con despertar de manera física; llévame Señor y motívame a buscarte cada día con todo mi corazón, pues sé que más importante que mi despertar físico, es mi despertar espiritual, gracias Señor, amén.    



jueves, 2 de julio de 2026

Confortada nuestra alma por el Espíritu de gracia

 Confortada nuestra alma por el Espíritu de gracia

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” Hebreos 10:10

Como seres humanos manchados por el pecado, más frecuentemente de lo que imaginamos, cometemos pecado, fallamos en el intento de dar en el blanco de la perfección divina; y es un hecho que nos avergüenza, nos desmotiva y muchas veces sin ser tan conscientes de ello, nos lleva a tomar distancia con nuestro Dios, es decir, a pretender alejarnos o escondernos de Su presencia. Sin embargo, esto es tan imposible como equivocado, pues somos templo del Dios viviente y realmente nuestros méritos o nuestras fallas no son nunca la condición para merecer estar delante de nuestro Dios, porque nuestro único camino es su Hijo Jesucristo.

Hermanos, el Espíritu de gracia, el Espíritu de Cristo nos recuerda hoy que en la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, la cual se presentó una vez y para siempre, nosotros hemos sido, somos y seremos eternamente santificados. Lo que, en efecto, como continúa la lectura de Hebreos 10, hace que tengamos libertad para entrar continua y confiadamente en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo. El temor a ser rechazados, acusados o severamente castigados debe desaparecer de nuestra mente, porque lo que se nos revela en Hebreos 4:16 es algo totalmente diferente, pues dice que nuestro Padre Dios nos está esperando en un trono, no de ira, sino de gracia, al cual siempre nos invita para que recibamos de su misericordia y bondad inmerecida.

Hermanos, es muy importante que entendamos y meditemos en la gracia y la misericordia de Dios para que nuestra mente la tenga presente; pero lo más importante que debemos recordar es que ésta solo se hace verdad en nuestra vida, cuando pasamos del razonamiento intelectual a la intimidad espiritual, pues solo ahí, en su Presencia, el poder del Espíritu de gracia confortará nuestra alma.    Oración.

Padre, gracias por la revelación que has dejado de tu Ser en tu Palabra; resulta maravilloso y alentador para nuestra alma escuchar que en ella dice que eres lento para la ira y grande en misericordia; gracias por tu inagotable gracia en Jesucristo que así como está lejos el oriente del occidente, has hecho alejar de nosotros nuestras rebeliones, gracias Señor, amén.  



miércoles, 1 de julio de 2026

Vivir en la fe del Hijo de Dios

 Vivir en la fe del Hijo de Dios

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2:20

Vernos a nosotros mismos, nuestro pecado y por tanto nuestro total inmerecimiento de alguna bondad o benignidad por parte de nuestro Señor, es una condición en la que, como creyentes, quizá nos encontramos frecuentemente, y en la que podemos quedarnos días y días, pues adicional a esto nuestra conciencia nos acusa y también nos culpa.

Sin embargo, aunque es cierto que como seres humanos contaminados por el pecado, no tenemos ningún mérito para recibir el bien de Dios, es igual de cierto que dicha bondad del Señor es para con nosotros únicamente por la gracia y por la fe. Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;”

Como cristianos, no podemos caer en el error de la culpa, la condenación y la autosuficiencia, porque eso, en otras palabras, sería vivir pretendiendo ser justificados por las obras y no por la fe, pero lo que nos revela el versículo principal de hoy es que el creyente, todo lo que vive en esta vida terrenal debe vivirlo por medio de la fe, la fe del Hijo de Dios, que amándonos se entregó a sí mismo por nosotros para darnos salvación y con Él, toda la gracia de Dios.

Debe ser esto tan real, cierto y firme en nuestra vida que el llamado del Señor para nosotros es que, independientemente de la condición o circunstancia temporal en la que nos encontremos, podamos decir como dijo el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”; que cuando nos sintamos indignos, pecadores, culpables y no merecedores de la bondad de Dios, creamos y entendamos de manera personal que “ya no vivo yo, Cristo vive en mí” o, en otras palabras, “Dios no me ve a mí, culpable pecador; Dios ve a Cristo en mí, mi eterno Redentor”    Oración.

Padre, gracias por tu Palabra y la revelación de ella por tu Santo Espíritu; gracias porque me sacas de mí mismo y aún de mi realidad temporal, por lo que ahí está escrito en tu eternidad; gracias porque me recuerdas que aún cuando caigo en pecado por mi naturaleza y debilidad, tú no me ves a mí, sino a Cristo en mí, quien me amó y para hacerme justo ante ti, se entregó a sí mismo por mí, amén.