lunes, 14 de septiembre de 2026

La luz que muchos no reconocieron

 La luz que muchos no reconocieron

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí”. Juan 8:12-18

Cuando Jesús se presentó como la luz del mundo, los escribas y fariseos reaccionaron con hostilidad. Aquel título les sonaría aún más sorprendente a ellos que a nosotros. Los rabinos afirmaban que uno de los nombres del Mesías que esperaban era “Luz”. A ellos les parecería, y lo era en realidad, que Jesús se presentaba como tal. La palabra luz estaba especialmente asociada con Dios en el pensamiento y lenguaje judío. “El Señor es mi luz” (Salmos 27:1); “el Señor te será por luz perpetua” (Isaías 60:19); “a cuya luz yo caminaba en la oscuridad” (Job 29:3); “aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz” (Miqueas 7:8).

Jesús estaba tan seguro de su identidad con Dios que no necesitaba de ninguna autoridad que la respaldara. El testimonio de Dios está en las palabras de Jesús, nadie podría hablar con tal sabiduría a menos que Dios le hubiera dado conocimiento. El testimonio de Dios está en las obras de Jesús, nadie podría hacer tales cosas a menos que Dios estuviera obrando en Él. El testimonio de Dios es el efecto que Jesús causa en las personas, el hecho de que Jesús puede hacer que se transformen en nuevas criaturas, es prueba de su poder divino. El testimonio de Dios está en la reacción de la gente hacia Jesús, dondequiera que Jesús se ha presentado plenamente, donde se ha predicado la Cruz en toda su grandeza y esplendor, ha habido una respuesta inmediata en los corazones. Esa respuesta es el Espíritu Santo de Dios obrando y testificando en los corazones de las personas. Es Dios en nuestros corazones quien nos permite ver a Dios en Jesús.

El Señor nos exhorta a andar en su luz. Así como una planta no puede florecer si no ve la luz del sol, tampoco nuestras vidas pueden crecer sino las irradia la luz de la Presencia de Jesús. Mantenerse en su luz significa permanecer en Él, aun cuando la vida se vuelva oscura por los problemas, pérdidas e incertidumbre. Cuando Jesús nos dice: “el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, se refiere a dos cosas, Jesús es “la misma Luz de Dios que ha venido al mundo”; y es también “la Luz que da la vida al mundo”, Juan 1:4,9.

Ser seguidores de Jesús es entregarnos en espíritu, alma y cuerpo a la obediencia de sus enseñanzas y empezar a caminar en su luz. La primera clave es recordar que Él es la luz, esto implica confiar en su constante Presencia. Pero también es la Palabra viva. Juan 1:1 nos dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Él alumbra nuestro andar, Salmos 119:105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.

Cuando caminamos solos, estamos expuestos a andar a tientas y a tropezar, porque muchos de los problemas de la vida están por encima de nuestra capacidad. Cuando caminamos solos corremos peligro de seguir una senda equivocada, porque no tenemos un mapa infalible de la vida. Necesitamos la sabiduría celestial para recorrer el camino terrenal. Jesucristo es ese guía, y es el único que posee el mapa de la vida. Seguirle es andar en la luz, a salvo a lo largo de la vida y seguros de estar con Él en la eternidad.    Oración.

Señor, gracias porque en ti tengo luz y vida, ayúdame a caminar en tu luz para que mi vida brille con gozo, esperanza y verdad. No significa negar el dolor y el sufrimiento en esta tierra, sino elegir mirarte siempre, aferrarme a tu Palabra, orar con confianza y caminar de tu mano, para no desviarme, sino que siempre me mantenga firme en la luz eterna que eres tú. En el Nombre de Jesús, amén.



domingo, 13 de septiembre de 2026

El Señor es Quién respalda nuestra vida

 El Señor es Quién respalda nuestra vida

Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo. Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo”. 1 Samuel 17:32-37

Hay momentos en la vida donde lo que tenemos parece muy pequeño, ante el problema tan grande que tenemos o estamos enfrentando. Cuando miramos que el dinero no alcanza, o la enfermedad se agrava, o la familia está en crisis, o el ministerio parece estancado, o las fuerzas se nos agotan y nuestra fe se ve tan pequeña frente a esos grandes desafíos; quizás nos preguntamos: ¿Cómo voy a lidiar con esto que me supera?

Esto le pasó a David, siendo un joven sin armadura, sin experiencia militar, pero valiente y determinado, quería enfrentarse a un gigante filisteo que estaba entrenado para matar. El rey Saúl, sus hermanos y el resto del pueblo de Israel, lo veían tan insignificante y tan pequeño como para ganar. Pero David entendió una verdad poderosa: “no es el tamaño de lo que tienes, es Quién respalda lo que tienes”.

El Señor es quien respalda tu vida, tu familia, tu salud, tu economía y todo lo que Él te ha dado. Mientras todos veían a Goliat como un problema imposible de derrotar, David lo veía como una oportunidad para que Dios se glorificara.

Lo que David tenía eran cinco piedras lisas que había recogido en el arroyo. Veamos el versículo 40 “Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo”. Lo que hay que resaltar es que esas piedras lisas se forman en el proceso. Las piedras se pulen por la influencia del agua. Es decir, el agua, el rose, el movimiento y el tiempo van moldeando esas piedras.

Así hace Dios con nosotros. Muchas veces queremos grandes victorias, pero queremos pasar por alto el proceso y es necesario estar en él para dejarnos influenciar por la Presencia del Espíritu Santo y moldear el carácter de Cristo en nosotros. David no improvisó, él ya había peleado en lo secreto, aprendió a depender de Dios cuando nadie lo veía. Necesitamos entender que, para vencer esos gigantes en público, primero tenemos que aprender a orar en privado.

También entender que “no necesitamos lo que otros usan, necesitamos lo que Dios nos dio”. 1 Samuel 17:39 dice: “Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas”. David, solo necesitaba la instrucción que había recibido del Señor en lo secreto. Entendió que la “honda”, era el instrumento con lo que Dios lo respaldaría.

No podemos vivir la vida de otro, la apariencia de otro porque Dios ya nos dio lo nuestro. Dios nos ha dado sabiduría, conocimiento, entendimiento, oración, ayuno, dones, habilidades, recursos, tiempo, etc. Cada uno somos únicos en las manos de Dios. Dios no nos llamó a copiar, nos llamó a ser fieles con lo que nos entregó.

“Sólo una piedra fue necesaria para vencer”. Esto nos enseña que la victoria no está en la cantidad, está en la unción, en el respaldo y la dirección de Dios, eso es suficiente. Por eso es que muchas veces Dios permite que tengamos poco para que entendamos que la gloria es de Él y para Él.

Venimos en el nombre de Jesús contra todo gigante porque una sola piedra dirigida por Dios puede derribar lo que sea. Dios no necesita grandes recursos, Él necesita corazones disponibles y dependientes de Él.    Oración.

Te entregamos Señor todo lo que hemos menospreciado en nuestra vida. Muchas veces pensamos que lo que tenemos no es suficiente, hemos mirado nuestras limitaciones más que tu poder, hemos mirado el tamaño del gigante más que el tamaño del Dios que nos respalda. Venimos delante de ti con un corazón contrito y humillado reconociendo que necesitamos de ti. Hoy en el Nombre de Jesús tomamos esa piedra lisa que has puesto en nuestras manos, esos dones y talentos, oración, Palabra y confesamos que lo pequeño en tus manos se vuelve poderoso para vencer, en el Nombre de Jesús, amén.   


 

sábado, 12 de septiembre de 2026

La fe que encuentra un camino hacia Jesús

 La fe que encuentra un camino hacia Jesús

“Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. Marcos 2:3-5

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. Santiago 5:19-20

Este pasaje es un ejemplo de una fe que persevera, una fe que siempre encuentra un camino hacia Jesús. Vemos aquí, que la casa estaba completamente llena, había muchas personas escuchando la voz de Jesús, no había espacio para ningún otro. Todo parecía indicar que tendrían que venir otro día porque no había por donde entrar.

Pero los cuatro hombres fueron determinados. Decidieron que ningún obstáculo impediría llevar a cabo su objetivo. Ellos vieron en su amigo paralítico una gran necesidad, y pensaron que sólo Jesús lo podía salvar y sanar. Nada les impidió pensar que debían hacer algo para llevarlo a sus pies, eso es fe.

Aprendamos algo importante, cuando una familia, una iglesia, un grupo de personas se ponen de acuerdo en algo y comprenden que Jesús tiene la respuesta, dejan de buscar excusas y comienzan a encontrar el camino para vencer los obstáculos. Si no se puede por la puerta, entonces será por otro lado, pero no nos vamos a rendir.

Estos cuatro hombres rompieron el techo, porque entendieron que nada era más importante que llevar a su amigo a Jesús. No se echaron para atrás. Y hoy el Señor nos dice que en la iglesia de Cristo no somos de los que retrocedemos, sino de los que avanzamos. Porque la iglesia sigue su marcha, pase lo que pase. Mateo 16:18-19

La verdadera fe no se detiene frente a los obstáculos. Es una fe auténtica, que no niega los problemas, que no puede detener el propósito para el obrar de Cristo en la vida de cualquiera que lo necesite. No hay nada en este mundo, nada tan oscuro, o situación tan difícil, que Cristo no pueda resolver.

¿Cuántas veces abandonamos demasiado pronto una oración, un sueño, un ministerio porque encontramos oposición y bajamos la guardia?. Pero la perseverancia es la evidencia de una fe madura. El verdadero milagro es cuando dejamos de mirar los obstáculos y miramos a Jesús. Estos hombres lo lograron, quitaron el techo y bajaron a su amigo hasta Él.

Jesús trató primero el problema más profundo. Sanó su alma, por eso le dice: “hijo, tus pecados son perdonados”. El Señor perdonó su maldad, su pasado. El necesitaba un milagro, pero el perdón que está en Cristo Jesús, que nos limpia con el poder de su sangre, es el primer milagro que debe suceder en el ser humano, para luego recibir lo demás por añadidura.

Este milagro glorificó y transformó su vida, su alma fue salva y después fue sanado de su parálisis. Entró cargado por otros, ahora salió caminando. Tan pronto el Señor dio la orden, sucedió el milagro. Aquellos, antes veían a un hombre derrotado, esclavizado, ahora contemplaban la obra poderosa de un milagro de salvación y sanidad.

Quizás hoy necesitamos romper el techo físico de nuestra vida, romper y destruir todos los límites de la incredulidad ante cualquier situación que estamos viviendo. Romper quizás el temor, la comodidad, o tal vez nos hemos amoldado a una situación en la que pensamos que ya no hay respuesta. Pero si nos acercamos a Jesús, dejamos la indiferencia, es nuestro deber ver las necesidades de nuestra familia, amigos, compañeros, vecinos y orar por ellos para llevarlos a Jesús.

La pregunta sería: ¿qué estamos dispuestos a hacer para llevar a otras personas a Cristo? ¿Tenemos una carga espiritual en nuestro corazón por los perdidos, para que escuchen la Palabra, y sean salvos? Amados, hay muchos paralíticos esperando por sus amigos, que les cuenten quién puede salvarlos, sanarlos o liberarlos.    Oración.

Gracias mi Salvador por mirarme con misericordia, por perdonarme y limpiarme de mis pecados, por traer sanidad a mi espíritu, alma y cuerpo. Te ruego Señor, que coloques en mí el amor y la compasión que hay en tu corazón por aquellos que me rodean, porque me amaste de tal manera que descendiste del cielo para darme vida en la cruz del calvario, y eso anhelo para otros. Dame una fe que persevera, que supere todos los obstáculos. Señor quiero una compasión sobrenatural para llevar a otros a Cristo y acercarlos a ti, entendiendo que la necesidad más urgente no es la física sino la espiritual, amén.    



viernes, 11 de septiembre de 2026

 Si estamos en sequía doblemos rodillas

“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel”. 1 Reyes 18:41-46

Este pasaje nos muestra la importancia de orar con perseverancia y creyendo, porque el Dios creador tiene poder sobre todo lo que ha hecho. Vemos que una pequeña nube desata una gran lluvia. El pueblo de Israel estaba pasando por tres años y medio de una sequía que había devastado el país, literalmente la tierra estaba estéril y seca, ellos vivían de la agricultura, no había agua para regar cultivos y sin estos no había alimento. La situación era muy compleja.

Nosotros también podemos ver que el mundo de hoy también está pasando por una sequía espiritual que lo está destruyendo, y aún como creyentes también podemos estar experimentando momentos difíciles que parecen sequías en nuestra vida.

Pero, aquí el profeta Elías nos da una gran lección; en medio de esta crisis busca a Dios y Él le da una promesa que aparece registrada en 1 Reyes 18:1: “Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra”. Esto activa su fe, recordemos que nuestra fe crece cuando escuchamos la voz de Dios. Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

El Señor le está diciendo a Elías que el tiempo de la sequía se va a acabar. En los momentos de dificultad preguntémonos: ¿cuánto escuchamos lo que el Espíritu Santo nos quiere decir? Porque a veces estamos tan enfrascados en los problemas que nos volvemos sordos a la voz del Señor, nos olvidamos de sus promesas, que ya son nuestras.

Elías podía ver la tierra árida, el polvo que se levantaba con el viento, pero él creyó lo que Dios le dijo. Hoy aprendamos tres cosas de este profeta: 1- Debemos orar con humildad y creer lo que oímos en nuestro espíritu por medio del Espíritu Santo. “Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas”. 2- Perseveremos en la oración. “Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces”. Elías oró siete veces por lo mismo, insistió hasta obtener la respuesta. Esto nos dice que entre más difícil sea el panorama más insistiremos en buscar a Dios. Elías creyó, aunque el siervo le decía “no hay nada”, y no desmayó en la oración. 3-Empecemos a vivir por fe y no por vista. “A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje”. Elías oraba conforme a la promesa, esto es fe, tener la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, Hebreos 11:1 Todo principio es pequeño, pero Elías estaba convencido de que, aunque solo se veía una nube del tamaño de una mano, habría una gran lluvia porque el Señor se lo había dicho.

¿Queremos una gran lluvia de bendición? Animémonos con esta promesa: Isaías 65:24 “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”   Oración.

Hoy vengo delante de ti, postrando mi corazón con humildad, reconociendo que tú eres Grande y Bueno y sabes de qué tengo necesidad antes que lo diga. Gracias Señor por la respuesta a mi sequía, confío en tus promesas, creo en tu Palabra que es revelada a mi corazón por tu Santo Espíritu. Quiero perseverar en oración hasta ver tu respuesta, trae conversión, sanidad, provisión y restauración a mi vida, a mi familia, a mi país, y a este mundo, en el Nombre de Jesús, amén.   



jueves, 10 de septiembre de 2026

 La fe crece cuando la usas

“Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote”. Marcos 5:25-29

Una semilla de fe es lo que Dios nos ha dado a cada uno para que podamos activarla creyendo en lo que Él dice en su Palabra. En Mateo 17:20 dice: “Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”.

Necesitamos creer lo que el Señor ya dijo. Para ello debemos ser perseverantes en la oración, dejando a un lado toda duda, y no desistiendo hasta que veamos la respuesta. El Señor no está buscando lo perfecto, está buscando lo disponible. Lo que quizás hoy parece pequeño en tu vida será el punto de partida para un milagro grande.

Trayendo nuestro pasaje de hoy, vemos que los médicos no habían tenido éxito en el caso de esta mujer, y ella había oído hablar de Jesús. Pero estaba enferma y haría lo que fuera para estar sana. El meterse entre la gente y confesarlo abiertamente era imposible, porque contaminaba a todos los que tocara, aunque fuera un roce mínimo; pero a pesar de todo decidió tratar de tocar la ropa de Jesús, en secreto. Cualquier judío devoto llevaba una ropa exterior con cuatro flecos, uno en cada extremo. Eran el emblema de todo judío piadoso. Fue uno de esos flecos lo que tocó la mujer escurriéndose entre la multitud; y en cuanto lo hizo sintió la emoción de saberse curada.

Esta mujer vino a Jesús como su última esperanza; había probado todas las curas que el mundo pudiera ofrecer y no había obtenido resultados. Muchas personas, como esta mujer, vienen en busca de Jesús cuando están al borde de la desesperación. Esta mujer usó la poca fe que tenía para buscar su sanidad.

Es importante entender que la fe tiene que crecer y madurar, y esto se logra con el tiempo, en nuestro caminar con Cristo. Pero, a Jesús le basta una pequeña fe, para obrar poderosamente en nuestra vida, porque Él es un Dios infinito, para el que nada es imposible. Por eso una fe pequeña es suficiente, porque no somos nosotros, sino el Dios grande y poderoso en quien nosotros depositamos esa fe.

Eso fue lo que hizo aquella mujer, activó su poca fe, con lo que había oído de Jesús y rompió todos los obstáculos que se interponían para acercarse a Él, y se decía: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”; tan solo la acción de tocar un poco de su túnica cambió toda su historia para siempre. Veamos Marcos 5: 30-34 “Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo en ella lo que había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”.

Esa mujer desahuciada, arruinada por la enfermedad, que estaba en soledad, repudiada por las leyes de ese momento, creyó en Jesús, activó su fe y obtuvo lo imposible.

¿Qué hay imposible para nosotros hoy? ¿Qué es lo que no podemos resolver por nuestras propias fuerzas? Soltemoslo hoy en las manos del Señor, tengamos fe, porque Él tiene el control de nuestras vidas y para Él nada es difícil, Él es nuestro Dios grande y poderoso que todo lo puede.    Oración.

Señor yo confío en ti, gracias por darme una medida de fe, permite que sea una fe creciente, una fe viva, que siempre descanse en tu voluntad. Gracias porque siempre estás conmigo, porque no me dejarás, ni desampararás. Tú sabes lo que necesito, tú obras en mi vida porque tu sabiduría es infinita, que mi fe crezca, madure y se consolide cimentada en tu Palabra, en la Roca inamovible que eres tú mi Jesús, amén.    



miércoles, 9 de septiembre de 2026

Al que cree todo le es posible

 Al que cree todo le es posible

“Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traedmelo. Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”. Marcos 9:17-24

Este pasaje empieza con un grito que se le escapó del corazón a Jesús: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Dijo esto al encontrarse entre el dolor de un padre desesperado y la incredulidad de la multitud.

Había estado en el monte donde se transfiguró y había encarado la tremenda tarea que le esperaba: Dar su vida por la redención del mundo; y ahora había descendido, para encontrarse con sus discípulos, sus elegidos que se sentían en ese momento, derrotados, perplejos e ineficaces frente a esta situación del muchacho endemoniado. Quizás esto pudo haber desalentado a Jesús, y haber desistido de ellos, pero no fue así.

¿Cómo afrontó Jesús aquel momento de desesperación de sus seguidores? Dijo: “Traedmelo”. Jesús resolvió primero la situación inmediata que era ocuparse y ayudar al muchacho, después les daría una enseñanza a sus discípulos. También al encontrarse con el padre del muchacho, este le dice: “pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos”. A lo que Jesús le asegura: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. El padre reconoce su poca fe y su duda, y le pide al Señor Jesucristo que le ayude en su incredulidad.

Lo primero que los discípulos del Señor tenían que entender es que creer es un llamado a la confianza total en el poder de Dios. Lo segundo es que la fe no es perfección, es dependencia. El Señor no nos pide una fe grande, sino un corazón que se vuelva a Él aun con debilidad. Entender que Jesús es el centro de nuestra fe y no nuestra capacidad de creer. La frase “todo es posible” no significa que cualquier deseo se cumplirá, sino que en las manos de Cristo no hay situación imposible: ni el perdón, ni la sanidad, ni la liberación, ni la restauración. Y tercero, es que la oración es la llave para activar nuestra fe. En el versículo 29 Jesús dice: “Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno”. La fe se alimenta en la comunión con Dios.

A veces, como este padre, podemos estar en una situación donde sentimos que ya Dios no puede intervenir, es el momento de manifestarle al Señor que nos ayude en nuestra incredulidad. Es necesario dedicar más tiempo a la oración, no solo para pedir un milagro, sino para conocer más al Dios que puede hacerlo. Recordemos que nuestra fe no mueve montañas por ser fuerte, sino porque está puesta en Aquel que tiene todo poder.    Oración.

Señor ayúdame a depositar mi fe en tu perfecta voluntad. Ayuda mi incredulidad, no permitas que las dudas impidan que mi fe se active. Te entrego mi necesidad y mi corazón. Ayúdame a confiar en tu poder, a esperar en tu tiempo y a buscarte continuamente en oración. Si hay todavía en mí algo de desaliento, o algunas dudas, quítamelas, y lléname de una fe inquebrantable. Gracias porque en ti todo es posible. En el Nombre de Jesús, amén. 



martes, 8 de septiembre de 2026

Caminar en rectitud

 Caminar en rectitud

“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal”. Proverbios 4:26-27

Este proverbio nos invita a detenernos y considerar por dónde estamos caminando. No se trata solo de los pasos físicos, sino de todas esas decisiones, hábitos y prioridades que marcan nuestra vida. No nos hallemos entonces andando tan deprisa sin preguntarnos si el rumbo que tomamos está glorificando a Dios. Examinar la senda, es revisar nuestro corazón, evaluar nuestras motivaciones y asegurarnos que nuestras acciones reflejen los valores del Reino de los cielos y mirar que nuestras metas se alineen con la voluntad de Dios.

Si descubrimos que hemos tomado un atajo o un desvío, no temamos volver al camino recto. Recordemos que su gracia siempre está disponible. Y caminemos con propósito. No basta con evitar el mal; es necesario caminar con fe, buscando siempre oportunidades para amar y servir.

La Palabra nos dice en Proverbios 4:18 “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Esto significa que ponerse en la senda del justo es como encontrarse en la aurora de un nuevo día. Hay un momento cuando se ven las primicias de la luz y comienzan a desaparecer las tinieblas, hasta verse todo claro. Así debe ser nuestra vida, en la medida en que vamos caminando de la mano de Dios, llegará el momento en que desaparece la oscuridad en que estábamos y la luz de Cristo crece en nosotros hasta llegar a la culminación de reflejar su Presencia, con toda su capacidad de brillar a través nuestro.

Qué grande es la experiencia de nacer como la aurora en Cristo Jesús. Él dijo en Juan 8:12 “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Tenemos su luz y la capacidad de alumbrar a otros con ella, Mateo 5:16.

Hoy es el día de escoger el camino. El camino malo, incluye incertidumbre, una vida carnal y oscuridad. Mientras el camino de luz trae seguridad, honestidad y la compañía de Jesús, que es nuestra vida.

Sigamos el consejo de Hebreos 12:13 “y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado”. Nuestra vida debe ser un camino seguro para que las personas débiles en la fe, no caigan y puedan ser salvadas, siendo atraídas al “Camino” que es Cristo.

Hagámonos dos preguntas: cuando el Señor dice “Haced sendas derechas para vuestros pies”, ¿Tendremos que andar en caminos derechos para que los creyentes más débiles sigan nuestras pisadas? o ¿tendremos que andar por caminos rectos para que no nos acostumbremos a andar cojeando a través de la vida?    Oración.

Amado Dios, que mi mirada siempre esté puesta en tu sendero. Hoy me determino a caminar en rectitud, muéstrame las áreas de mi vida que necesito enderezar, que mi caminar en ti refleje tu verdad y tu amor, que cada decisión que tome me acerque más a tu corazón. Enséñame a andar con la guía y dirección de tu Espíritu, porque tú me pides vivir de una manera ejemplar para ayudar a otros. En el Nombre de Jesús, amén.