Lo que alimenta tu alma
“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”, Génesis 3:11
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”, 1 Tesalonicenses 5:23
Lo que nos alimenta determina lo que expresamos. Esta realidad no solamente está en el cuerpo, sino en nuestra alma. En el cuerpo lo podemos ver fácilmente cuando comemos algo que nos hace daño, o en exceso. Muchas veces no al instante, pero vemos las consecuencias a mediano y largo plazo.
Nuestra alma también la alimentamos, muchas veces con lo que dice 1 Juan 2:16 “ Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”
Para entender en profundidad esto, podemos reflexionar en el caso de Adán y Eva, podían comer de todo árbol del huerto, menos de uno, que les causaría la muerte. Al elegir ese fruto prohibido, comieron de él engañados por la serpiente, y la consecuencia fue la muerte. Y esta tentación por comer algo prohibido inició por que la mujer vio que el árbol era bueno para comer, que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría, comió e hizo partícipe a Adán, entonces cayeron. (Génesis 3:6-7)
Y ¿con qué se siguieron alimentando, a nivel del alma? de religión, de autopreservación, autoanálisis y por necesidad inventaron un mecanismo para cubrir su vergüenza, su vacío y su falta de conexión con Dios.
El alma tiene una particularidad, necesita estar conectada con algo, porque fue diseñada para expresar la fuente a la que se conecta. Si la fuente no es Dios, el alma se conecta consigo misma y con el maligno (Efesios 2:2), es por tanto una fuente rota. Hoy en día nos conectamos y nos alimentamos del mundo digital.
¿Por qué lo que comemos ya sea a nivel del cuerpo o del alma es tan determinante?
Porque lo que comemos involucra conexión, comunión, satisfacción y crecimiento, en resumen: participamos activamente.
Y en el presente alimentamos nuestra alma, con noticias rápidas, entretenimiento barato y superficial, sensaciones cortas que exaltan nuestro ego y excitan nuestros deseos, pensamientos de autoaceptación que nos digan lo bueno que somos o lo bien que hacemos todo, pero también nos alimentamos de religiosidad para tener “calmada” nuestra conciencia por medio de rituales vacíos y sin sentido, pero que engañan nuestra percepción. (Gálatas 3:1, 2 Corintios 11:3)
Meditemos hoy hermanos acerca del alimento que estamos dejando pasar a nuestra alma, pues este infla la naturaleza carnal, heredada de Adán y Eva. Pidamos a Dios alimentarnos mejor del Árbol de la vida: Cristo. Oración.
Padre, trae calma y paz a mi alma, quita esta ansiedad y desasosiego que me lleva a alimentarme de lo que no nutre, sólo la plenitud de Cristo me da verdadero alimento, verdadera comida que sustenta todo mi ser y me cubre para presentarme perfecto ante ti, amén.






