Con el Espíritu en comunión, mis sentidos cuido con devoción
“Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado. Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios.” Éxodo 34:34-35
El pasaje de Éxodo nos revela que, aunque solo Moisés podía entrar a hablar directamente con Dios, el pueblo podía percibir un destello de Su gloria al ver el rostro resplandeciente de su líder, quien era el encargado de transmitir la Palabra de Dios. Esto nos enseña una verdad crucial: nuestro testimonio es el medio por el cual quienes aún no conocen a Dios pueden vislumbrar un poco de Su gloria y ser atraídos a Él, para luego recibir la Palabra que es poderosa para transformarlos.
A diferencia del pueblo de Israel, nosotros tenemos un privilegio extraordinario gracias a la obra de Jesucristo, pues ahora podemos entrar al lugar santísimo y, al igual que Moisés, ser transformados por la misma presencia de Dios como dice 2 Corintios 3:18 “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
Sin embargo, como vimos en devocionales anteriores, para mantener esa gloria brillando en nosotros, debemos aprender a cuidar nuestras “puertas de entrada”: los sentidos. En esta labor no estamos solos. El Espíritu Santo es nuestro ayudador, quien nos impulsa a:
Fijar la vista en lo correcto: pues nos enseña a mirar “las cosas de arriba, no las de la tierra” (Colosenses 3:2), protegiéndonos de las distracciones pasajeras.
Cuidar lo que oímos: ya que nos da discernimiento para saber qué escuchar, recordándonos que “las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33) y que las Palabras de Jesús son las que dan vida (Juan 6:63).
Nuestro Padre Dios, nos motiva a cuidar lo que vemos y oímos, no como una carga, sino como un privilegio. Él nos ha dado su Santo Espíritu para producir en nosotros tanto el querer como el hacer según su buena voluntad. No dependamos sólo de una disciplina; pidamos al Espíritu Santo su ayuda en comunión para cuidar nuestros sentidos con devoción. Oración.
Señor, gracias por el privilegio de entrar ante tu presencia. Hoy reconozco que no puedo cuidar mi vida espiritual por mis propias fuerzas. Te pido que tu Santo Espíritu sea mi guía y mi protector; enséñame a ver lo que Tú ves y a escuchar lo que Tú escuchas. Amén.