miércoles, 11 de febrero de 2026

Ni ansiedad ni calma excesiva sino una vida con diligencia

 Ni ansiedad ni calma excesiva sino una vida con diligencia

«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?… ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos… No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.» Mateo 6:25, 27-29, 31-32

Marian Rojas Estapé reconocida médica psiquiatra dice que «el 90% de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden, pero nuestro cuerpo y nuestra mente lo viven como si fueran reales», qué interesante ver que este concepto reconocido oficialmente por la ciencia en el Siglo XX, haya sido revelado por Jesús décadas atrás. Jesús no habló con cifras, pero en Su Palabra no necesitamos de ellas para entender que ni el afán ni la ansiedad producen algo bueno en el ser humano, ni para comprender que al experimentarlas tampoco pueden acelerar el curso de las cosas, como en ocasiones ellas nos quieren hacer ver.

En la vida cristiana debemos aprender a tener un equilibrio, pues en ocasiones solemos irnos a los extremos, o nos afanamos por todo y nos aceleramos; lo que produce fatiga, estrés, cansancio y una mala toma de decisiones, como le sucedió a Saúl, quien por el afán de ver al pueblo desertar no esperó a Samuel para que éste ofreciera sacrificio a Dios sino que él mismo lo ofreció, la consecuencia de ésto: la desobediencia a Dios, la reprensión por parte del Señor y el ser apartado del reino (1 Samuel 13:9-14); o en el caso contrario nos mantenemos en una calma excesiva, al punto de dejarnos llevar hacia la procrastinación, como le pasó en una ocasión a Moisés, él sabía lo que debía hacer: avanzar y hacer pasar al pueblo por el Mar Rojo pues detrás de ellos estaba el ejército Egipcio, pero en cambio le vemos orando, esperando, cuando la indicación que había sido dada por Dios era clara. El resultado de aquella calma excesiva fue un llamado de atención de parte de Dios (Éxodo 14:15-16), gracias a la misericordia de Dios y a la promesa que Él les había hecho, el pueblo no fue capturado y pudieron salir de aquella esclavitud en la que los había tenido el Faraón Rey de Egipto.

Hermanos, la Biblia nos invita a ser diligentes, diligentes a la hora de buscar a Dios, de prestar atención a Su Palabra y por supuesto a ser diligentes al momento de obedecerle, de actuar (Mateo 6:33a, 1 Samuel 15:22, 2 Timoteo 2:15). El vivir con diligencia no es algo que se pueda llevar a cabo por nuestro propio esfuerzo sino únicamente por medio de la fe, pues a medida que vayamos creyendo en la Verdad de Su Palabra, el Espíritu Santo será el encargado de llevarnos a experimentar esta Verdad, nos ayudará, guiará, revelará y permitirá entender cuándo es el tiempo oportuno para actuar, cómo debemos hacerlo y qué es lo que nos corresponde hacer en una situación en particular.   Oración.

«Padre Santo que cuando Tú me pidas hacer algo le permita a Tu Espíritu Santo guiarme para obedecerte con diligencia. No quiero posponer las cosas, ni actuar basándome en el afán, quiero permitirle más bien a Tu Hijo Jesús quien sea el que viva y me lleve a disfrutar de una vida equilibrada. Amén.



martes, 10 de febrero de 2026

Mi mirada puesta en Tí

 Mi mirada puesta en Tí

«En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.» Salmos 94:19

En la mayoría del Salmo 94 no sólo podemos observar la gran injusticia a la que se enfrentaba el escritor y las personas que estaban a su alrededor, sino también lo que produce en la vida del hombre al poner la mirada en las situaciones difíciles del día a día (Salmos 94:1-6, 16, 21). Cuando el Salmista se enfocaba en esas injusticias, la Biblia nos muestra que su corazón se llenaba de ira, y cuando permitía que fuera su carne la que tomara el control y guiara sus oraciones, sólo salía la gran necesidad de que Dios hiciera «justicia» (Salmos 94:9-10a). Ésto me recuerda la petición de Juan y Jacobo, quienes al ver el rechazo que le hicieron en una aldea de Samaria a Jesús y al dejarse dominar por ésto, sólo salía de su corazón la gran necesidad de que cayera fuego del cielo para que consumiera toda esa ciudad, pues según ellos con ésto se haría «justicia» (Lucas 9:54). Cuando tú y yo nos dejamos dominar por la carne nos sumergimos en un estado de tristeza, rencor, celos, etc., pues la carne sólo nos impulsa a que se produzca en nosotros frutos semejantes (Gálatas 5:19-21a). Sin embargo, observemos lo que sucede en nuestras vidas cuando, incluso ante dichas situaciones injustas, le damos el control al Espíritu. El Salmista declara que lo único que producía alegría a su alma era la Palabra de Dios, pues en ella encontraba el consuelo que necesitaba, y es que la Palabra de Dios es la única que puede saciar nuestra alma incluso ante la peor circunstancia, por eso el Espíritu Santo nos lleva a recordarla (Juan 14:26)

Cuando le damos el control al Espíritu Santo de Dios se produce en nosotros Su fruto, fruto que nos lleva a experimentar en todo momento: el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza o dominio propio (Gálatas 5:22-23a), fruto que necesitamos para poder resistir la prueba y mantener nuestra confianza firme en Jesús quien es nuestra esperanza (Salmos 27:13-14)

Hermanos, en el mundo estamos y en él enfrentaremos aflicción, sin embargo, no nos podemos dejar llevar por las dificultades de este mundo, ni ellas pueden determinar nuestro pensar, sentir, actuar, pues por el único que nos deberíamos dejar guiar es por Dios y Su Palabra, pues como lo declara el Salmista: «Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, Y en tu ley lo instruyes, Para hacerle descansar en los días de aflicción,» Salmos 94:12-13a.  Oración.

«Padre, que mi mirada esté siempre puesta en Tí, pues cuando solo te veo a Tí mi alma encuentra paz, esa paz que sólo Tú puedes dar y que es la que sobrepasa todo entendimiento, paz que no llega por la ausencia de dificultades sino que viene como resultado de permanecer en Tu Presencia. Amén.  



lunes, 9 de febrero de 2026

 Apartados para Dios

«Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.» Jeremías 2:4-8

El libro de Jeremías nos lleva a meditar sobre la gran problemática del pueblo de Israel en cuanto a la desobediencia constante hacia el Señor. El pueblo quien debía haber obedecido a todas las enseñanzas dadas por Dios y ser ejemplo de ellas ante otros pueblos, se había desviado conforme a la imaginación de su malvado corazón (Jeremías 11:3-8a), ahora dentro de sus costumbres estaba mandar a hacer con los artesanos figura de madera a aquellos dioses paganos y a decorarlas con oro y plata. La Biblia añade que según él número de sus ciudades eran sus dioses ajenos, y según sus calles los altares que habían puesto para ofrecer incienso a Baal (Jeremías 10:3-5a, 11:13).

Qué triste ver cómo Israel había caído y se había dejado seducir por el mundo cuando no había sido creado para ésto, qué dolor tan grande sentía Dios al ver en lo que se había convertido Su pueblo. Sin embargo, en medio de ellos había un hombre, Jeremías, quien anhelaba cumplir los mandatos de Dios. Este ejemplo nos debe llevar a reflexionar, pues hoy tú y yo debemos ser como Jeremías en medio del caos y la lujuria que nos ofrece este mundo, debemos permanecer firmes ante Dios sin dejarnos contaminar por las costumbres de los no creyentes. Lastimosamente, en ocasiones nos sucede como al pueblo de Israel y nos terminamos dejando llevar por la corriente de este mundo, permitiendo en nuestras vidas, prácticas que no son correctas y que no nos llevan a glorificar a Dios sino a callar, como lo quiso hacer el pueblo con el profeta, quien al predicar incansablemente sobre la Palabra del Señor, el mismo pueblo quería callarlo, matarlo, pues sabemos que la Palabra de Dios nos confronta, y a quienes no les agrada, les causa enojo y un crujir de dientes (Hechos 7:54).

Hermanos, la conclusión de éste devocional es clara, estamos en medio del mundo y de él no seremos quitados hasta que el Señor venga por nosotros, pero mientras esto ocurre, debemos recordar que seremos guardados y apartados para Dios por medio de la Verdad de Su Palabra (Juan 17:15-17), por tanto, permanezcamos firmes y sigamos compartiendo las buenas nuevas de Jesucristo para que otros también lleguen a ser salvos.   Oración.

«Padre, hoy nos unimos a la petición que hizo Tu Hijo Jesús cuando estuvo en la tierra: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.» Guárdanos Oh Dios con la Verdad de Tu Palabra. Espíritu Santo no permitas que nos desviemos ni a izquierda ni a derecha, sino que caminemos por el único camino que nos conduce hacia el Padre. Amén.



domingo, 8 de febrero de 2026

 Miedo a lo desconocido

«Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.» Éxodo 20:18-19

«Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.» Éxodo 33:11a

Bien conocemos que el hombre suele tenerle miedo a lo desconocido y es que para él, el no tener control sobre las cosas le produce incertidumbre, frustración, etc.

El pueblo de Israel experimentó miedo a lo desconocido, o más bien podríamos decir miedo a Dios a quien no conocían, y debemos aclarar que esto sucedió, no porque Dios no hubiese querido que lo hicieran, sino por la misma decisión del pueblo quienes prefirieron que fuera Moisés quien lo conociera y les trajera el mensaje que Dios quisiera enviarles.

Hoy en día, cuando vemos este ejemplo, podremos decir ¡qué ignorancia!, y la verdad es que nosotros no estamos tan lejos de aquella realidad, pues hoy en día también preferimos que alguien más nos hable sobre quién es Dios, que acercarnos al Señor y tener una relación con Él en la cual podamos conocerle más íntimamente.

Qué hermoso ver lo que en cambio refleja Moisés, quien en su madurez espiritual entendió la importancia de conocer más a Dios y depender de Él a tal punto de decir: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.» Éxodo 33:15b, y es que a Moisés ya no le importaba el no saber a dónde Dios les llevaría, ni qué encontrarían, pues su enfoque ya no estaba en aquello desconocido, sino en Dios a quien ya conocía por medio de su intimidad con Él.

Hermanos, recordemos que para estar en la Presencia de Dios ya no necesitamos subir a un monte, pues Su Palabra nos revela: «porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.» (Efesios 2:18), así que aprovechemos y cultivemos nuestra relación con Dios por medio de la comunión de Su Espíritu (2 Corintios 13:14).    Oración.

«Padre, gracias por permitirme conocerte y verte cara a cara por medio de la preciosa sangre de Tu Hijo Jesús, quien la derramó en esa cruz por amor a mí y a toda la humanidad. Espíritu Santo de Dios pon en mi corazón el deseo ferviente de estar en Tu Presencia en todo momento para alabarte y adorarte, para conocerte y glorificarte. Amén.



sábado, 7 de febrero de 2026

 Andar en el Espíritu

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1 Corintios 2:14

Cuando la Biblia nos dice que las cosas que son de Dios solo se pueden entender a través de la revelación del Espíritu Santo, es porque solo Él conoce las cosas de Dios (1 Corintios 2:11) y nosotros, los que hemos creído en Cristo y su palabra de verdad, sabemos que el Espíritu Santo está en nosotros, por eso nuestra seguridad y confianza debe ser total en lo que Dios dice en su Palabra para nuestra vida.

La palabra de Dios en Gálatas 5:16 dice: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Una de las muestras de que hemos recibido al Espíritu Santo es que comienza una guerra entre mi carne y Él, una batalla entre confiar en los deseos e impulsos de la carne o dejarme guiar por su Presencia; pues, una vez que nosotros hemos creído en Cristo somos bautizados por el Espíritu Santo en Cristo, y dice la palabra de Dios que hemos sido bautizados en su muerte, lo que para nosotros significa que hemos muerto o ha sido crucificado juntamente con Cristo nuestro viejo hombre, para que ahora en el presente, así como Cristo resucitó de los muertos y vive para Dios, nosotros también nos consideremos muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro; (Romanos 6:3-11).

La frase “muertos al pecado, pero vivos para Dios” quiere decir que ahora nosotros podemos y debemos por la fe en Cristo, andar en vida nueva, una vida guiada por el Espíritu Santo, en la cual no reine el pecado, es decir, no lo obedezcamos y tampoco ofrezcamos los miembros de nuestro cuerpo como instrumentos de mal para servirle, sino que, por el contrario, nos entreguemos a Dios y usemos todo nuestro cuerpo como instrumento para hacer lo que es correcto (Romanos 6:12-13).  Oración.

«Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, en este día te alabo, te doy gracias, bendigo tu poderoso nombre y me rindo a tus pies para pedirte que hagas tu voluntad en mi vida, que intervengas en cada aspecto y endereces mis pasos; Padre, que sea tu Santo Espíritu el que tome el control de mi caminar para que así pueda entender y vivir cada una tus verdades para mí. Gracias, en el nombre de Cristo Jesús. Amén.


viernes, 6 de febrero de 2026

Recuerda quién eres

 Recuerda quién eres

«Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim. También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos… Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo… Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí.» 1 Samuel 17:1-2, 4, 8

Cuántas cosas vemos y oímos a diario en este mundo que terminan impactando nuestros pensamientos, sentimientos y hasta acciones. Esto le pasó al pueblo de Israel, quienes al dejarse llevar por lo que veían y oían decir a Goliat, sus corazones desmayaban y terminan haciéndoles olvidar que ellos eran el pueblo de Dios.

A diario tú y yo nos vemos enfrentados a lo mismo, pues al oír por ejemplo rumores de guerra nuestro corazón se angustia, o si vemos crisis económicas pensamos qué haremos para sostener a nuestras familias. En esos momentos, al fijarnos en ese Goliat que representa al mundo, terminamos dejando a Dios de lado, olvidando Sus promesas, Su fidelidad y la Verdad de Su Palabra. Hasta que se levanta un David en medio de nosotros, inspirado por el Espíritu Santo de Dios, y nos recuerda quiénes somos: hijos de Dios como lo afirma Gálatas 3:26 «pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;»; cuál es nuestro propósito en esta tierra: glorificarle a Él como dice Isaías 43:7 «todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.»; y para dónde vamos: a disfrutar de la Presencia de Dios por la eternidad como vemos era la confianza de aquellos hombres y mujeres descritos en Hebreos 11:13-16 «Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

Hermanos, éstos tiempos son difíciles, parecieran estar llenos de incertidumbre, pero ese pensamiento no debe estar presente en nosotros los creyentes pues nuestra esperanza está en el Señor, confiamos en que Él nos sustenta y nos cuida a diario.    Oración.

«Padre, que nunca permita que la voz del mundo sea más fuerte que lo que me has enseñado en Tu Palabra. Que tú Espíritu Santo me recuerde en todo momento quién soy en Cristo Jesús, para qué he venido a esta tierra y el futuro glorioso que me espera junto a Ti. Amén. 



jueves, 5 de febrero de 2026

Jesús, dirige mi barca

 Jesús, dirige mi barca

“En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.” Marcos 6:45-48

¿Te ha pasado que en ocasiones piensas que tu deber es esforzarte para cumplir a cabalidad con una tarea en particular? Y es que cuando actuamos conforme a este pensamiento nos encontramos, como aquellos discípulos, cansados, tratando de remar con gran dificultad y llenos de contrariedad, pues aunque queremos hacer las cosas bien no las podemos hacer. Anhelamos hacer todo para la gloria de Dios (Colosenses 3:23-24), cumplir con todas las responsabilidades y obligaciones que tenemos a cargo (1 Corintios 14:40), disfrutar el proceso y estar en paz en medio de ésto, pero nuestra realidad resulta muy diferente, pues al tratar de hacer todo en nuestras fuerzas nos desgasta, frustra, fatiga, desanima y estresa a tal punto de desear tirar la toalla, y es que claramente en nuestras fuerzas resultaría imposible vivir, y por supuesto, cumplir con lo que Dios nos dice en Su Palabra. En esos instantes deberíamos recordar este pasaje, pues así nos vemos, tratando de remar en este mundo sin Jesús dirigiendo la barca.

Me parece extraordinario ver cómo Jesús al mirar a sus discípulos desde lejos y verlos en aquella situación decide ir a su encuentro, no para reprenderlos, pues el Señor sabe y conoce su esfuerzo, incluso el tuyo y el mío, conoce nuestra necesidad de querer hacer las cosas bien, de querer glorificarle a Él con todo lo que hacemos (Apocalipsis 2:2-3). Sin embargo, durante ese trayecto olvidamos lo más importante, a Jesús, pues la Palabra de Dios nos recuerda que separados de Él nada podemos hacer (Juan 15:5).

Miremos que cuando Jesús sube a la barca a dirigir a sus discípulos aquel viento que les era contrario se calma, y de la misma manera sucede en nuestras vidas cuando le permitimos al Señor tomar la dirección y el control de ella, pues aquellas situaciones que parecieran ser pesadas o difíciles de cumplir, se vuelven livianas y ligeras a causa del Señor (Mateo 11:29).

Hermanos, lo que Dios anhela es que hagamos todas las cosas para Él, pero no en nuestras propias fuerzas, pues si seguimos así terminaremos agobiados, frustrados y cansados de remar, lo que el Señor desea es que aprendamos a permanecer y descansar en Él, y para lograrlo necesitamos menguar, morir a nosotros mismos cada día y en todo momento, para permitirle más bien a Cristo que viva, nos lleve a disfrutar y tener paz en nuestro diario caminar (Gálatas 2:20).   Oración.

«Dios, anhelo experimentar el fruto de Tu Espíritu Santo pero debo reconocer que no lo he visto reflejado en mi vida diaria y continuamente porque he decidido ser yo quien se siente a dirigir mi barco. Te pido perdón por remar sin Tí, quiero que por favor tomes nuevamente el lugar que te corresponde en mi vida, te doy el control para que seas Tú quien me dirija. Gracias te doy porque sé que, por fe, te has sentado nuevamente en el trono de mi corazón y me guiarás hacia donde Tú lo desees. Amén.