lunes, 28 de septiembre de 2026

Por tu palabra echaré las redes

 Por tu palabra echaré las redes

“Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”. Lucas 5:3-5

El ser humano tiene la necesidad de acercarse al Señor, de escuchar su voz, porque fuimos creados a través del poder de la Palabra de Dios. Asimismo, recordemos “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”, Romanos 10:17.

La fe viene por el oír, recordemos lo importante que era esto para los judíos, que cada mañana recitaban el Shemá que está en Deuteronomio 6:4-7a: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos”. Cuando el Señor dice “Oye, Israel”, es un llamado a escucharlo, a escuchar su Palabra.

Cuando inclinemos nuestro oído a escuchar lo que Jesús dice, la fe nacerá en nuestro corazón. Por eso, escuchemos a Jesús en nuestra rutina, a veces pensamos que solo lo podemos oír en la congregación o reunión espiritual de la iglesia, pero el Señor tiene otra forma de hablar más y es cuando se acerca a nosotros en medio de lo que hacemos. Lo hizo con la mujer Samaritana cuando fue al pozo a sacar agua, y Jesús le empezó a hablar y después de hablar con Él corrió al pueblo a decirles a todos que había encontrado a un hombre que le había dicho todo lo que había hecho; muchos de los samaritanos creyeron en Él por el testimonio que ella daba y otros creyeron por lo que oyeron directamente de Jesús.

Una palabra de Jesús en medio de la rutina puede cambiarlo todo. Esto pasó con Mateo cuando estaba en el banco de los impuestos, Jesús pasaba por ahí y solamente le dijo “Leví, sígueme” y al instante Mateo abandonó todo, le siguió y su vida fue transformada y hoy tenemos el evangelio de Mateo, por haber escuchado la voz de Jesús.

La Biblia nos dice que Pedro, quien era pescador, después de trabajar toda la noche no pescó nada y se encontraba limpiando las redes, estaba en su rutina, y Jesús se acercó y le pidió que apartara su barca y desde allí comenzó a enseñar. Después, “Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red”, Lucas 5:4-5, al obedecer su Palabra vino la pesca milagrosa.

Estos tres personajes tuvieron la sensibilidad de reconocer su voz y responder a ella. Hoy entendemos que muchas veces Dios intenta interrumpir nuestro día de trabajo, nuestra rutina con un versículo, una imagen, con algo que vemos, pero vamos tan distraídos que no prestamos atención a lo que nos dice. Vale la pena dejarse incomodar por el Señor, porque es muy probable que podamos cambiar la vida de alguien si escuchamos cuando Él nos habla.

Es tiempo de que comprendamos que la iglesia no es solo un cuerpo de domingo, sino que somos de lunes a domingo un pueblo que responde, unos oídos que escuchan y una fe que está atenta en medio de la rutina; salgamos de las cuatro paredes de la iglesia a hacer lo que Él nos pide: llevar su mensaje y hacer discípulos en todas las naciones. Digámosle a Jesús: “por tu Palabra Señor echaré la red.   Oración.

Señor Jesús, quiero escucharte en medio de mi batalla, en medio de mi historia, en medio de mi realidad, de mi enfermedad, en medio de cada situación de mi vida; ahora que tengo pocas fuerzas, que tengo mi mente perdida, solo quiero oír tu voz y quiero que cuando hables todo mi ser y mi corazón sean tocados por tu Presencia y "en tu Palabra echaré la red". Te necesito mi Jesús, amén. 



domingo, 27 de septiembre de 2026

Jesús sigue hablando

 Jesús sigue hablando

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. Hebreos 1:1-3

El Señor siempre ha hablado a la humanidad desde el comienzo de la creación, el Salmo 19:1 nos dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. Es necio aquel que mira el universo, mira la tierra o se mira así mismo y niega la existencia de Dios, Salmo 14:1

2 Timoteo 3:16 nos dice que las Escrituras que tenemos están divinamente inspiradas, aseverando lo que Hebreos 1:1 dice aquí: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas”. Es una declaración de gran importancia. Dios no le dio a Abraham toda la verdad, pero la fue añadiendo a medida que fue tratando con hombres diferentes a través de los años, Moisés, David, etc. Como dijo Pablo a los Gálatas 4:4 “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. Así que ha habido un desarrollo progresivo de la revelación de su Palabra.

Dios usó diferentes formas de comunicación. Él habló a Abraham, le pidió salir de su tierra y parentela y le prometió hacer de él una gran nación; a Moisés se le apareció en una zarza ardiendo y le dio la ley. Y más tarde hizo ciertas promesas a Josué. Él habló a través de sueños. Él habló a través de la ley; habló a través de diferentes tipos y figuras; habló a través del ritual. Habló a través de la historia, a través de la poesía, a través de la profecía. Y utilizó todas estas maneras o formas diferentes en el transcurso de un período largo de tiempo, utilizando a unos cuarenta y cinco escritores y comunicando su Palabra en un período de unos 1.500 años.

¿Nos hemos detenido a pensar que la multiplicidad de escritores, en sí misma, convierte a la Biblia en un libro extraordinario? Usó hombres con diferentes antecedentes y diversas capacidades. Dios habló por medio de muchos hombres que fueron profetas, proporcionándonos el Antiguo Testamento, pero ellos entregaron simplemente una revelación parcial.

Pero ahora vemos que Dios ha hablado finalmente y completamente por medio de su Hijo. Si Él hablara en este día desde el cielo mismo, Él repetiría algo que ya ha dicho, porque tenemos la última palabra de Dios para este mundo en Cristo Jesús. Recordemos que el Padre habló desde el cielo diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia: a él oíd”, Mateo 17:5b. Y ya que el Padre ha pronunciado su palabra final en el Señor Jesucristo, es también la palabra final para nosotros.

El Hijo es el que está ante nosotros. La revelación está llena de Él. Él cumple todo el Antiguo Testamento y Él mismo presentó la Palabra final de Dios a los hombres. Como Jesús dijo hace más de 2000 años en Juan 16:15 “Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”. Así que el Espíritu de Dios, sigue hablando por medio de los otros escritores del Nuevo Testamento y nos ha dado la revelación completa de Dios.

Si anhelamos oír la voz del Señor, entonces conozcamos, estudiemos y meditemos en su Palabra, ahí está todo lo que necesitamos.   Oración.

Padre celestial, gracias por revelarme tu voluntad por medio de tu Hijo Jesucristo. Él es el cumplimiento y la culminación de tu Palabra a través de los siglos. Por eso al conocer a Jesús, tengo todo lo que necesito para ser salvo de mi pecado, tener una nueva vida y una perfecta comunión contigo. No solo Jesucristo es la plena revelación de Dios, sino también es Dios mismo; el Dios que habló desde el Antiguo Testamento y que me sigue hablando en este momento por medio de su Palabra y la iluminación de su Santo Espíritu, amén.



sábado, 26 de septiembre de 2026

Señor quiero escucharte hablar

 Señor quiero escucharte hablar

“Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres; mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis”. Jeremías 35:15

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Juan 1:1-4

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14

Vivimos en un mundo tan saturado de comunicación, que siempre estamos recibiendo algún tipo de información y son muchas las voces que nos rodean; la intensidad del trabajo, los estudios, la realidad que enfrentamos, los afanes del día a día, las pantallas de nuestros móviles; y a veces no pausamos para escuchar a Dios. Todo nos distrae de escucharlo, nuestro cerebro está todo el tiempo procesando todo lo que nos llega. En medio de tanto ruido del mundo debemos inclinar nuestro oído al Señor.

La creación estaba escuchando, en Génesis 1 nos dice que todo era un caos, todo estaba desordenado, oscuro; pero Dios habló: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” Génesis 1:3, a la voz del Señor todo ese caos y oscuridad se convirtieron en armonía y creación. Dios habla al ser humano y recibe vida, identidad y propósito. Lo que está desordenado, escucha a Dios y encuentra orden, lo que está oscuro escucha a Dios y recibe luz, lo que está muerto y es solo barro, escucha a Dios y recibe propósito. Por eso, Satanás se empeña en que dejemos de oírlo, su primer ataque a la humanidad no fue espiritual, fue una conversación que hizo que la humanidad representada en Eva girara su oído hacia él, a lo incorrecto y empezara a dudar del carácter Santo de Dios.

Dios viene de vuelta y lo que más le duele a Él es que hayamos dejado de escucharlo para oír a otros. Dios le había dado a Adán toda la instrucción para que lo obedeciera y cuidara a Eva, sin embargo, su oído cambió de dirección y escuchó a su mujer y a su vez Eva oyó la voz de Satanás y esto los llevó a su muerte espiritual.

Si no oímos la voz de Aquel que trae vida, viviremos en caos y muerte. Sin embargo, todo lo que el Padre ha intentado hacer desde ese momento es llamarnos de vuelta a Él para escucharle. “Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis” Amós 5:4

El Señor trató de llamarnos de vuelta a través de profetas, reyes, jueces, sacerdotes, profecías mesiánicas, señales del pacto y nada. Hasta que decidió que, si no lo oíamos, lo veríamos, fue ahí cuando envió a su Hijo, en Juan 1 nos dice el Señor que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, ahora no solo lo hemos escuchado, sino que hemos contemplado su gloria, la gloria que le corresponde al Unigénito Hijo de Dios. Ahora podemos escuchar a Dios a través de Jesús, estemos atentos para que no tenga que repetir lo que le dijo antes al pueblo de Israel: “mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis.     Oración.

Señor Jesús, gracias por revelarme tu Palabra, gracias porque la única manera de revertir el caos de mi existencia, fue haberte escuchado de nuevo. Gracias, por enviar tu mensaje de salvación, por abrir mis oídos espirituales para oírte, por llenarme de tu luz y darme vida, al recibirte en mi corazón. Gracias por darme hambre de tu Palabra que transforma mi vida. En el Nombre de Jesús, amén.



viernes, 25 de septiembre de 2026

Vivir con la medida del cielo

 Vivir con la medida del cielo

“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Lucas 6:37-38

Estos versículos están dentro del Sermón del llano en Lucas 6:17, donde Jesús describe la ética del Reino que debemos vivir los que hemos sido hechos hijos de Dios por gracia. Nos muestra el juicio que Jesús prohíbe, el juicio hipócrita, arrogante que usurpa el lugar de Dios y nace de un corazón no transformado. Desde una visión cristiana reconocemos que el corazón humano está afectado por el pecado, Romanos 3:10-12 “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Por eso, cuando juzgamos desde la carne, solemos medir a los demás con dureza, pero a nosotros con suavidad. Olvidamos que también somos pecadores perdonados. Ocupamos el trono de juicio que solo le pertenece a Dios. Jesús rechaza este espíritu farisaico, podemos discernir el mal, pero debemos hacerlo con una actitud humilde quebrantada por la gracia.

También nos enseña la misericordia como fruto de la gracia. El perdón y la generosidad no son obras para ganar el favor de Dios, sino la evidencia de que ya hemos recibido misericordia. “Perdonad y seréis perdonados” este es el lenguaje del Reino. Quien ha sido perdonado por Dios perdona, quien ha recibido gracia inmerecida muestra gracia, quien ha sido tratado con paciencia divina, trata con paciencia. Nuestras acciones deben reflejar el tipo de corazón que poseemos, un corazón redimido, rendido al Señor.

La medida del Reino se ve en esta promesa: “porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Muestra el principio de siembra y cosecha, no como un sistema de mérito humano, sino como coherencia moral del Reino. Dios actúa en su pueblo produciendo: humildad, mansedumbre, generosidad, disposición a perdonar, no porque somos buenos, sino porque su Espíritu Santo nos conforma al carácter de Cristo. Gálatas 5:22-23

Jesús nos ha dado la Regla de Oro que nos manda a hacer a los demás lo que quisiéramos que ellos nos hicieran a nosotros. El amor de Dios abraza por igual al santo y al pecador. Ese es el amor que debemos imitar; si procuramos todo lo mejor hasta para nuestros enemigos, seremos verdaderos hijos de Dios. La persona que ama de esa manera recibirá el mismo amor de parte de Dios. La persona que no juzga a otros no será juzgada por Dios, y la persona que da generosamente recibirá una amplia retribución.

Podemos concluir con lo que Jesús dijo: “Dad”, también dijo: “Y se os dará”. El dar y el recibir van juntos. Solamente dando nos colocamos en posición de esperar, recibir y cosechar. Y Jesús dijo que la cosecha será medida buena, apretada, remecida y rebosante.    Oración.

Señor y Padre misericordioso te doy gracias porque no me trataste conforme a mis pecados sino según tu gran compasión mostrada en Cristo. Líbrame del juicio orgulloso, de la dureza y de la hipocresía. Hazme consciente de mi propia necesidad de gracia para que pueda extender gracia a los demás. Que refleje el carácter de Jesús en mis palabras, decisiones y actitudes. Obra en mí por tu Espíritu para vivir de manera digna del evangelio que he recibido. En el nombre de Jesús, amén.



jueves, 24 de septiembre de 2026

Cuando Dios habla al corazón

 Cuando Dios habla al corazón

“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Santiago 1:21-22

Este versículo nos invita a una doble acción: desechar y recibir. Primero Santiago nos llama a desechar toda inmundicia y toda abundancia de malicia, es decir, que debemos despojarnos de toda impureza de la naturaleza carnal, todo aquello que ensucia nuestro corazón: actitudes, pensamientos o hábitos que nos apartan de la vida que Dios desea para nosotros. No se trata de hacer un esfuerzo moral, sino de reconocer que hay cosas que, si permanecen en nosotros no nos dejan escuchar la voz de Dios.

Luego el apóstol nos anima a recibir con mansedumbre la Palabra de Dios. Es decir, tener un corazón dispuesto, enseñable y humilde. Creemos que esta Palabra es el mejor preventivo contra los pecados de la naturaleza humana carnal. La Palabra no solamente nos instruye; sino que transforma, purifica y sana, es una semilla que, si se implanta profundamente produce frutos de vida, paz y salvación.

El versículo finaliza diciendo de la Palabra de Dios, que puede salvar nuestras almas. Cada día tenemos la oportunidad de elegir con qué llenar nuestro interior, si soltamos lo que nos contamina, entonces hay espacio para la Palabra que restaura.

Ahora, el apóstol está hablando a aquellos que hemos sido salvos. Los que hemos recibido la Palabra implantada. A Cristo en nuestro corazón, que nos ha traído la salvación, pero tenemos que vivir como hijos de Dios, sin apartarnos de sus enseñanzas. Cada hijo quiere oír la voz de su padre, especialmente si es una voz de consuelo o de corrección.

“Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”. La mejor traducción de la biblia para otros es la “traducción de los hacedores”. Se trata de presentar vidas que llevan esa Palabra a la práctica, que la ponen por obra en la vida diaria. Pablo lo dijo de esta manera en 2 Corintios 3:2-3 “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”. El mundo hoy no está leyendo la Biblia, pero sí está leyendo nuestra vida. El Evangelio escribe un capítulo cada día, por acciones que realizamos y por las palabras que expresamos. La Palabra de Dios es un mandamiento. Es un llamado a la acción. A hacer lo que Él nos dice. Por eso si oímos la voz de Dios no endurezcamos nuestros corazones, Salmos 95:8.    Oración.

Señor hoy vengo delante de ti con un corazón abierto. Ayúdame a desechar todo lo que no te honra y me aleja de tu voluntad. Dame un espíritu humilde para recibir tu Palabra con mansedumbre y permite que ella se implante profundamente en mi vida, para que renueve mi mente, fortalezca mi fe y produzca en mí el fruto de tu Espíritu, en el Nombre de Jesús, amén.  



miércoles, 23 de septiembre de 2026

La ayuda verdadera viene de Dios

 La ayuda verdadera viene de Dios

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”. Salmos 121:1-8

Este salmo se conoce como la canción del peregrino. Cuando los peregrinos viajaban hacia Jerusalén para ir a adorar, miraban las montañas a la distancia que rodeaban a la ciudad santa. Y el primer versículo de este Salmo dice: “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro?”. Este peregrino no estaba buscando ayuda en lo alto de las montañas; estaba buscando a Dios. Su respuesta está en el versículo 2, que dice: “Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra”. Su ayuda vendría de Dios y no de los montes. A medida que el peregrino se acercaba a Jerusalén, no había diferencia si se aproximaba desde el norte, del este, del sur o del oeste, en cualquier caso, tendría que atravesar montañas.

Cuando el peregrino llegaba al lugar desde donde podía ver las montañas de Judá, podía contemplar los lugares de la adoración pagana en las cimas de las montañas. Allí era donde los paganos habían edificado sus altares. Y con toda seguridad, su ayuda no vendría de la cima de aquellas montañas. Jeremías 3:23 dice: “Ciertamente vanidad son los collados y el bullicio sobre los montes; ciertamente en el Señor, nuestro Dios, está la salvación de Israel”. Esta era la idea que estaba presente en la canción del peregrino mientras se acercaba a Jerusalén, proclamaba que el socorro viene de Jehová.

Igualmente, nosotros podemos buscar nuestra ayuda en el Dios de los cielos, que no permitirá que nuestro pie resbale, no permitirá que nosotros tambaleemos ante las adversidades, porque el Señor es nuestro guardián protector. La Palabra dice en Proverbios 3:26 “Porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso”.

“Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma”. Esto tiene que ver con el maravilloso poder protector de Dios. Él nos preservará en medio de la inseguridad en que vivimos, el guardará nuestros caminos, nuestra entrada y nuestra salida. El apóstol Pedro nos dice: ” que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”, 1 Pedro 1:5. Recordándonos que nuestra ayuda proviene del Señor. Él es el que nos sostiene como dice el Salmo 37:24: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”.

Queridos hermanos, Dios es el que protege a Israel y el protector de los suyos en la actualidad, nos cuida de día y de noche, Él no se duerme, continúa vigilando y protegiendo nuestras vidas, nos guardará en el hogar y en el camino, en la noche y en el día, esto nos debe recordar su promesa de que estará siempre con nosotros, Mateo 28:20 “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.   Oración.

Señor, así como Ana, hoy elevo una canción a ti llena de gratitud porque tú has guardado mi vida y la vida de los que me rodean, porque tú eres nuestra ayuda y nuestro socorro. Como el apóstol Judas me apropio de su oración de los versículos 24-25, para reconocer tu soberanía, majestad y poder, diciendo: "A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén.   



martes, 22 de septiembre de 2026

Es este el día que hizo el Señor

 

“Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él”. Salmos 118:24

“Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”. Salmos 143:8-10

Cada nuevo día es un regalo de Dios. No importa lo que hayamos pasado ayer ni lo que puede venir mañana: hoy es el día que el Señor ha preparado especialmente para nosotros. Este versículo nos invita a reconocer que no vivimos por casualidad ni por rutina, sino por la voluntad y la misericordia de Dios.

Muchas veces, despertamos con preocupaciones, cansancio o con un corazón cargado por las situaciones diarias; pero el salmista nos recuerda que podemos elegir gozarnos y alegrarnos en medio de todo lo que nos pasa, no porque sea perfecto, sino porque Dios está presente. Su fidelidad no cambia, su amor inagotable nos sostiene y su propósito sigue en pie.

Gozarse en el día que hizo el Señor es una decisión espiritual: es mirar más allá de lo visible y confiar que si el Señor nos dio este día, también nos dará la fuerza para vivirlo con gratitud, esperanza y fe. Cada amanecer es una nueva oportunidad para ver la bondad de Dios, servirle con alegría y ser luz para otros.

“Este es el día que hizo el Señor”, también tiene un significado mesiánico, se refiere al día de fiesta que se celebraba en Jerusalén, pero también tiene un alcance mayor al día, cuando se cumplió en Cristo, el día de su entrada triunfal a la ciudad, cuando la gente gritaba “hosanna” que significa: “Sálvanos por favor”, recordemos que fue ahí donde empezó el camino hacia la cruz, que nos daría perdón y libertad.

Veamos Juan 12:13 “tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”. Vivamos cada día anhelando el regreso de nuestro Rey Salvador.

Que cada nuevo día busquemos lo que Dios desea, y no solo es conocer su voluntad, sino que hace falta la ayuda del Espíritu Santo para poder vivirlo con rectitud, la vida de obediencia es posible por su poder.

No dejemos que el temor o la rutina nos roben el gozo, pidamos ser iluminados con el conocimiento de la voluntad de Dios, esta es la primera obra del Espíritu. El hombre bueno no pide el camino en que sea más placentero andar, sino que el Espíritu nos enseñe a hacerlo. Quienes tienen al Señor como Dios, son guiados por el Espíritu. Roguemos ser vivificados para hacer su voluntad, buscando primeramente dejar aquellos pecados que no nos dejan vivir cada día para su gloria.    Oración.

Gracias Señor por este nuevo día que has hecho para mí, porque cada mañana renuevas tu misericordia y me das la oportunidad de empezar de nuevo. Ayúdame a vivir este día con gratitud, con gozo y con fe en ti. Que nada robe mi paz, y que pueda ver tu mano en cada situación. Enséñame a alegrarme no por mis circunstancias, sino porque tú estás conmigo, en el Nombre de Jesús, amén.