Implicación de la vida eterna en ti.
“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”, 1 Juan 5:12
“ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”, Romanos 6:13
“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”, Colosenses 3:3-4
Esta vida eterna inicia en el mismo momento que creemos en Jesús, aunque tiene su pleno cumplimiento cuando él regrese (1 Juan 3:2). Al ser bautizados en su muerte y ser partícipes de su resurrección (Romanos 6:3-4), somos liberados del yugo de esclavitud y tenemos nueva vida en Cristo. Ya todo es hecho nuevo, no es una mezcla de cosas viejas con nuevas sino una nueva creación “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). A esto se refería el Señor Jesús, cuando hablaba de no echar vino nuevo en odres viejos. (Mateo 9:17)
No es un mejoramiento de la antigua vida, porque la carne no puede ser mejorada, está viciada; por esta razón, nuestra parte es despojarnos de ese viejo hombre y renovar nuestro entendimiento a diario, para aceptar que ya no vivimos nosotros, sino que es Cristo en nosotros. (Efesios 4:22-24)
Pensar que es Cristo, nuestra vida. Ya no es mi vida, y la vida de Cristo. Al ser conscientes, de que la vida temporal, es decir, la vida física y la vida del alma o de los pensamientos, emociones y voluntad propia, no es el fin, sino el medio para glorificar a Dios y que esta vida se debe entregar y someter a Cristo, completamente. Entonces como consecuencia, no tendré a Dios en mi agenda, en un lugar entre una hora y otra, sino que Cristo es todo en mi vida, y que ahora no vivo para mi sino para su gloria, “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (2 Corintios 5:15).
Presentarnos como vivos de entre los muertos, debe ser una realidad presente para todo creyente pues participamos de su muerte, y allí quedó todo nuestro pecado y nuestro pasado. Pidamos por lo tanto, que el Espíritu Santo, nos haga conscientes cada día de esta verdad, para que la vida eterna, la del Hijo, surja de manera espontánea y se pueda evidenciar un incremento de esta vida “zoe”, hasta que Cristo sea formado en nosotros plenamente ¡que cada día crezcan y se multipliquen la señales de vida, de la vida eterna en nosotros¡ Oración.
Padre, te entrego mi alma a ti, rindiendome completamente a Cristo, no se haga mi voluntad sino la tuya, y me presento hoy al mundo como vivo de entre los muertos, porque andaba en muerte pero ahora Cristo es mi vida, juntamente con él he resucitado para vida nueva y para darte gloria en todo lo que haga. Amen.