martes, 28 de abril de 2026

¿Confiamos en Dios en medio de las crisis?

 ¿Confiamos en Dios en medio de las crisis?

“Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová. Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas, y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron. Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová”. Isaías 37:14-20

Este pasaje nos enseña la actitud del rey Ezequías frente a una gran crisis que amenazaba a Judá y a su ciudad capital Jerusalén, que iban a ser destruidas por Senaquerib rey de Asiria. Frente al temor que le generó a todo el pueblo, el rey Ezequías se levantó como un líder ejemplar e hizo lo que debía: confió en Dios sus asuntos diarios, consultó con su líder espiritual, enviando a sus mensajeros a buscar a Isaías, este fue otro acto de fe pues quería escuchar la Palabra de Dios del profeta, acudió a Dios en momentos de crisis y elogió a Dios cuando respondió su plegaria.

Ezequías era un rey temeroso de Dios, gobernó durante 29 años en Judá. En sus antecedentes históricos vemos que en su reinado tuvo que sostener una carga dura pagando tributo a Asiria. Su gobierno fue importante por los grandes esfuerzos que hizo para establecer el culto a Jehová, haciendo desaparecer los “lugares altos” y la destrucción de la “serpiente de bronce”. También llaman la atención otros acontecimientos importantes en su vida como su enfermedad, la sanidad milagrosa y la promesa de Jehová de prolongarle la vida por quince años más.

Dice aquí, que le llegó un rollo con información de las amenazas de Senaquerib, en el que desafiaba abiertamente el poder de Dios; inmediatamente entró a la presencia de Dios y extendió esas cartas delante de Él, haciendo una poderosa oración de fe, reconociendo a Dios como Majestuoso, Creador, Soberano y Poderoso, y no un ídolo de madera o piedra, capaz de librarlos de sus enemigos y de reivindicar su Nombre, para que demostrara que es el Único Dios Verdadero. Ezequías buscó la intervención divina en lugar de confiar en alianzas humanas.

Cuando dijo: “entregaron los dioses de ellos al fuego”, se refería a que la política de los asirios para enajenar a los pueblos conquistados de su propio país, era llevarlos a otras partes y destruir los ídolos tutelares de su nación, por ser el lazo más fuerte que los ligaba a su país natal. Ezequías reconocía que Senaquerib estaba blasfemando contra el Dios Viviente y Él no se lo iba a permitir.

Con esa actitud humilde, Ezequías esperó la respuesta de parte del Señor que no tardó en contestar frente a la crisis de Asiria y ante las blasfemias de Senaquerib. Dios prometió proteger Jerusalén por amor a sí mismo y a su promesa a David. Dios defiende su propia gloria, y de manera sobrenatural el ángel de Jehová derrota al ejército asirio, demostrando la soberanía divina frente a la idolatría y la impotencia de los falsos dioses, Isaías 37:35-38.

Recordemos que Dios conoce nuestras necesidades antes que le pidamos, Isaías 65:24; pero Él se deleita cuando nos acercamos con un corazón contrito y humillado para colocar nuestros asuntos en sus manos, confiando en su grandeza y no en nuestros propios razonamientos, en otras personas, o en cosas que representan ídolos, Salmos 51:17. En situaciones límites, el Señor prueba nuestra fe. ¿Confiamos plenamente en su protección divina?”   Oración.

Amado Señor, enséñame a confiar en ti en medio de las crisis, a entender que la oración es el primer recurso al que debo echar mano, reconociendo que eres Soberano, el dueño de la historia y que defiendes tu honor ante las blasfemias que otros dicen de ti. Recuérdame que mi seguridad no depende de mis fuerzas, ni de alianzas humanas, sino de tu protección divina, quiero confiar plenamente en ti. Guarda mi corazón y mis pensamientos, en el Nombre de Jesús, amén.  



lunes, 27 de abril de 2026

¿Quién es Jesús para ti?

 ¿Quién es Jesús para ti?

“Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?” Lucas 4:20-22

Ese día en Nazareth sus amigos debieron quedar atónitos cuando Jesús se sentó en el lugar de los maestros en la sinagoga para enseñar las Escrituras, había leído el Libro de Isaías exactamente donde decía “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”, Lucas 4:18 Después de cerrar el rollo de Isaías, se sentó diciendo que esa Escritura se había cumplido ese día, declarando abiertamente que era el Mesías prometido. Esencialmente estaba indicando dos cosas importantes sobre sí mismo, primero que tenía una misión específica y segundo diciendo que era más que el hijo de un carpintero. Quizás los que lo conocían desde niño se estarían preguntando: ¿no es este el hijo de José el carpintero y María, con el que jugábamos y crecimos juntos?, y algunos otros dirían: ¿Quién se cree que es? Los años que nuestro Señor vivió en Nazaret, como un ciudadano más, hasta que empezó su ministerio, le había hecho demasiado común, lo que incapacitó a los nazarenos para apreciarlo, como le apreciaban otros que eran menos familiares. Desde entonces la gente ha estado dividida acerca de Jesús, algunos lo aceptan, como dice en Lucas 4:22 “Y todos daban buen testimonio de Él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?”, otros se enfurecen con Él como se registra en Lucas 4:28 “Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira”. En Lucas 4:29 dice: “y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle”. Aunque Nazaret no está edificado sobre la cumbre, está rodeado en parte al oeste por sierras, que tienen varios precipicios. El despeñamiento era un modo de castigo capital no raro entre los romanos. Este fue el primer insulto que recibió el Hijo del hombre, y vino de parte de “los de su casa”. Lo que más enfureció a la gente fue el elogio que Jesús pareció dedicar a los gentiles cuando se refirió en Lucas 4:24 “Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra”; hablando de la viuda de Sarepta que sustentó al profeta Elías, y de Eliseo que sanó a Naamán el sirio; ya que los judíos estaban convencidos que eran el pueblo escogido de Dios y despreciaban a los demás. El nuevo mensaje de Jesús era para toda la humanidad, algo que ellos no esperaban. Eligió un pasaje que anunciaba el sublime objeto de toda su misión, su carácter divino y sus dotes especiales para ella y lo adaptó singularmente a Él. Fue el primer abrir de su boca en su capacidad profética, al anunciar su misión en esta tierra. Podemos preguntarnos: si hubiéramos estado en esa sinagoga ese día ¿cuál sería nuestra reacción frente a esa afirmación?, ¿sabemos quién es Jesús para nosotros?   Oración.

Señor Jesucristo, sé quién eres tú, eres mi Señor y Salvador, viniste a rescatarme, a redimirme y a restaurarme. Me diste vida nueva y me acercaste por medio de tu sangre preciosa al trono de gracia, me reconciliaste con nuestro Padre celestial. Ahora te pertenezco, mi patria es el cielo y mi destino la eternidad junto a ti. Simplemente gracias Señor, por tu amor inagotable demostrado en la cruz por mí y por toda la humanidad, amén.   



domingo, 26 de abril de 2026

En el poder del Espíritu

 En el poder del Espíritu

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos”. Lucas 4:14-15

Jesús fue equipado con el poder del Espíritu Santo para iniciar su ministerio terrenal, que empezó en Galilea, era la región del norte de Palestina, este nombre quiere decir círculo, y viene del hebreo “galil”. Se llamaba así porque estaba rodeada de naciones no judías. Tenía una gran densidad de población. Esa fue la tierra en la que empezó Jesús. Era su propia tierra; y le dio, por lo menos al principio, una audiencia dispuesta a escucharle y a interesarse por su mensaje. En toda esa región comenzaron a hablar de Él cuando inició enseñando en las sinagogas. Se empezó a sentir su influencia. La sinagoga era el verdadero centro de la vida religiosa de Palestina. Este período del ministerio de Jesús se ha llamado “la primavera galilea”. Jesús llegó con un mensaje nuevo diciendo que el reino de los cielos se había acercado. Los corazones humanos estaban hambrientos de la Palabra de Dios, y aún no se habían dado cuenta del golpe que había de dar Jesús a la ortodoxia de su tiempo. La oposición aún no se había cristalizado.

El ejemplo de Jesús nos muestra que también hemos sido llamados a continuar la obra del ministerio para extender el reino de los cielos en esta tierra, pero, así como Jesús, necesitamos empoderamiento espiritual, porque aunque era Dios hecho hombre no operó en su propia fuerza, sino lleno del Espíritu Santo, tras haber sido tentado en el desierto, demostrando que la victoria sobre la tentación habilita el servicio.

Jesús nos ha dado “la primavera galilea”, y es el ministerio en el lugar donde estamos en este momento y tenemos que entender que se realiza bajo la dirección y poder del Espíritu Santo, buscando enseñar la Palabra con la autoridad que proviene de la obediencia a Dios. Es evidente que los períodos de prueba nos ayudarán a moldear el carácter de Cristo y a hacernos más sensibles para la obra del ministerio, no es de extrañar que cuando decidimos servir al Señor, empezarán todos los ataques del enemigo, para desanimarnos o para que desistamos en cumplir el mandato de ir y hacer discípulos a todas las naciones.

Hebreos 2:17-18 nos dice: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. Nuestro Señor se identificó con nosotros, y de esta manera, después de su prueba en el desierto, necesitó el fortalecimiento del Espíritu Santo para cumplir su ministerio, ¡cuánto más lo necesitamos nosotros! Por eso sigamos adelante en el cumplimiento del llamado que Dios nos ha hecho a través del Señor Jesucristo.   Oración.

Amado Jesús, gracias por darme tu ejemplo y por entender que solo podré cumplir el mandato de la Gran Comisión guiado y dirigido por tu Santo Espíritu, quien me empodera para llevar tu mensaje y hacer discípulos donde quiera que esté. Enséñame a ser sensible a la voz de tu Espíritu y obediente a las enseñanzas de tu Palabra, en el Nombre de Jesús, amén. 



sábado, 25 de abril de 2026

Jesús mi refugio seguro

 Jesús mi refugio seguro

“Oración de David. Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño. De tu presencia proceda mi vindicación; vean tus ojos la rectitud. Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión. En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos. Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen. Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, de los que se levantan contra ellos. Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas” Salmos 17:1-8

Esta oración la hizo David cuando estaba en peligro. Parece que estaba en el desierto y Saúl y sus hombres lo tenían acorralado y casi logran capturarlo. Este salmo revela la confianza de David en Dios y también puede ser una oración para nosotros en la actualidad, cuando nos encontramos en situaciones de pruebas, ansiedad y peligro.

Es una oración sincera donde el salmista le dice a Dios lo que realmente está sintiendo, cuando dice que su “oración está hecha de labios sin engaño”. Necesitamos, como David, clamar con sinceridad en momentos de angustia. David declaró su integridad ante Dios, sometiéndose al examen divino, para que Él le hiciera justicia. Cuando el Señor prueba nuestro corazón siempre encuentra algo. ¿Estaríamos dispuestos a que el Señor examine nuestra vida?

Esto me lleva a recordar la perfección de Jesús, porque nunca cometió pecado, ni se halló engaño en su boca, que cuando lo maldecían, no respondía con maldición, cuando padecía no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente, 1 Pedro 2:22-23. Esto nos ayudaría a pedir más compasión y misericordia por aquellos que nos quieran hacer daño y también a no decir cosas de las cuales tengamos que arrepentirnos después de haberlas dicho. Esto destaca la importancia de la pureza interna y el compromiso de no pecar con nuestra boca. Sabemos que en el mundo siempre habrá maldad, por la presencia de Satanás, el príncipe de este mundo, y siempre habrá “sendas de violentos”, es por eso que como hijos de Dios debemos permanecer alerta, como lo estuvo David con sus enemigos y orar para que las tinieblas retrocedan, para que podamos vencer la tentación y no seamos presa del enemigo.

Siempre debemos decir al Señor que afirme nuestros pies para no resbalar y tener la certeza de que Él escucha nuestra oración. Recordemos Éxodo 19:4 “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí”. Hemos sido colocados bajo la sombra de sus alas, recordándonos que Él es nuestro refugio, nuestro lugar seguro, debemos confiar en su protección divina y descansar en Él.  Oración.

Maravilloso Padre celestial, gracias por tu Santa Palabra, por poder apropiarme de ella y poder decirte: “examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno”. Me dirijo a ti con sinceridad, reconociendo que dependo de ti, que tú eres mi refugio y sé que tú me guardas como a la niña de tus ojos y me amparas bajo la sombra de tus alas, en ti me siento seguro y confiado, amén.  



viernes, 24 de abril de 2026

Servir a Dios, sabia decisión

 Servir a Dios, sabia decisión

“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”. Josué 24:15

Josué fue un joven que acompañó a Moisés sacando al pueblo de Israel de Egipto y haciendo la travesía por el desierto hasta llegar a la tierra prometida. Josué fue testigo del poder y la fidelidad de Dios en esos tiempos de conquista. Al final de su liderazgo él comprendió que lo más importante no era conquistar territorios sino, la determinación de servir al Señor, por eso dijo: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.

Determinó servir al Señor e invitó a todo el pueblo a hacerlo. En Josué 24:15 los confronta preguntándoles ¿a quién van a servir? Servir al Señor es un llamado para todo creyente.

Muchos en la iglesia de hoy solo quieren recibir bendiciones y el favor de Dios, pero todavía no se deciden a servir. La vida cristiana se trata de llegar al punto donde digamos: “No solo quiero demandar, quiero ofrecer”, “yo dispongo mi vida para que la puedas usar”. La palabra “serviremos” viene del hebreo “abad” que significa trabajar, servir, rendir culto, arar, cultivar y hacer; pero también es el sentido de obedecer, honrar y ser sumisos.

Hay tres verdades fundamentales en la determinación de servir al Señor:

El servicio a Dios comienza con un llamado a la santidad, Josué 24:14, Debemos servirle con integridad y con verdad. Es un llamado claro a la santidad, antes de tomar cualquier decisión debemos mirar la condición de nuestro corazón. La esencia del servicio es enfocarnos solo en Jesús. El servicio genuino no comienza con actividades sino con una vida rendida a Dios.

El servicio a Dios demanda una decisión radical, Josué 24:15. Josué modeló la radicalidad al decir: “yo y mi casa, serviremos a Jehová”. Entonces escojamos hoy a quién servir.

Servir es una muestra de gratitud por la fidelidad eterna de Dios. Josué 24:16-18, el pueblo respondió que iba a servir al Señor, recordando lo que Él había hecho. Su compromiso fue una respuesta a la fidelidad de Dios.

Hoy tomemos esta sabia decisión que va a ser de bendición no solo para nosotros, sino para nuestras generaciones, para que ellos no solo teman al Señor y lo adoren, sino que pongan sus vidas al servicio de Dios, para que otros conozcan el inagotable amor de nuestro Rey, que trae salvación y vida eterna.   Oración.

Maravilloso Padre celestial, hoy te pido que toques mi corazón, que puedas usar mi vida para ser bendición en mi hogar, ayúdame a ser un instrumento tuyo para traer sabiduría, entendimiento y dirección para otras personas que me rodean. Que me pueda levantar con disposición a servirte, adorarte y obedecerte, entregándote mi corazón para que sigas obrando a través de mí, amén. 



jueves, 23 de abril de 2026

La Trinidad actuó para traernos salvación

 La Trinidad actuó para traernos salvación

“Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”. 1 Pedro 1:1-2

En este pasaje Pedro se presenta como apóstol de Jesucristo. Él estaba escribiendo a los extranjeros que se habían dispersado por todo el Imperio Romano. Eran los judíos, llamados “la diáspora” porque ya no se encontraban en las tierras de Palestina. Debido a la persecución y a otros factores, se habían establecido por todo el imperio. Y se refiere a ellos como los elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre, en santificación del Espíritu para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesús. Podemos ver que la Trinidad es mencionada aquí, aplicando la obra redentora en cada creyente.

Recordemos que el Apóstol Pedro estaba escribiendo aquí a aquellos que habían crecido en el judaísmo. Judíos creyentes que vivían en Asia Menor y que estaban sufriendo persecución. Conocían el Antiguo Testamento y comprendían que, en el día de la expiación, el sumo sacerdote llevaba con él la sangre cuando entraba en el Lugar Santísimo, y rociaba la sangre siete veces en el propiciatorio o tapa del arca del pacto. Ahora, entendían que el Señor Jesús había tomado su propia sangre al dirigirse al trono de Dios, fue en la cruz donde fuimos juzgados como pecadores y el lugar donde se roció su sangre por toda la humanidad. Él entregó su vida y pagó el castigo que nos correspondía. En este momento, el trono de juicio y castigo (la cruz) se convirtió en el trono de la gracia de Dios, a donde podemos acudir para recibir la salvación.

Simón Pedro había conocido la gracia y la paz a través de la sangre de Cristo, porque Jesús mismo le había hablado de ello. La conocía porque había visto morir a Cristo, había contemplado cómo le sepultaban y después vio al Cristo resucitado. Y este hombre, que había sido indeciso, había llegado a ser un hombre con un carácter firme como una piedra. Este hombre pudo ponerse en pie en el día de Pentecostés y predicar sobre la muerte y resurrección de Cristo. Pudo ser llevado a la cárcel, ser perseguido, fue capaz de escribir una carta como ésta y, finalmente, ser crucificado por causa del evangelio.

Muchos creyentes no están seguros de su salvación. Quizás podemos preguntarnos: ¿cómo saber que soy uno de los elegidos? Por haber creído en Jesucristo, venir a Él y obedecerle. Cuando la preciosa sangre de Jesús fue derramada en la cruz por nosotros adquirió un valor salvador para nosotros, porque nos perdonó nuestros pecados y nos dio la vida eterna.

Cristo derramó en la cruz toda su sangre. La explicación del mensaje del evangelio debe incluir el rociamiento con la sangre de Cristo, que nos limpia de todo pecado. La gracia y la paz son multiplicadas sobre nuestras vidas, porque toda la obra de la Trinidad actuó en nosotros para traernos salvación: Dios Padre pensó en nosotros, Cristo murió por nosotros y el Espíritu Santo ha venido a morar en nosotros para regenerarnos.

Sin la gracia de Dios, nunca conoceríamos la paz que Él nos puede dar. Si no creemos que Cristo derramó su sangre por nuestros pecados, no podremos tener paz en nuestro corazón. La paz, la certeza y la alegría viene cuando sabemos que nuestros pecados han sido perdonados.

Hoy necesitamos entonces recordar que el Padre nos eligió desde antes de la fundación del mundo. Fuimos elegidos para ser consagrados para Él. El Espíritu Santo despertó dentro de nosotros anhelo por el Señor, nos convenció de pecado, nos guió a la Cruz de Cristo donde podíamos encontrar el perdón, y nos llenó de su fruto y para que sepamos, que mediante la sangre de Jesucristo, entramos en una nueva relación con Dios en la que nuestros pecados son perdonados y tenemos una vida nueva.   Oración.

Amado Señor, qué hermoso entender que toda la Trinidad actuó en mi para alcanzar la salvación. Mi Padre celestial pensó en mí y tuvo mi nombre en su memoria, el Espíritu Santo me convenció de pecado, justicia y juicio, para llevarme a aceptar lo que Cristo hizo en la cruz por mí, y tú Jesús derramaste tu sangre preciosa para el perdón de mis pecados y para darme vida eterna. Gracias mi Dios por darme tu salvación y llenarme de tu gracia y paz, amén.



miércoles, 22 de abril de 2026

Incomprensible amor

 Incomprensible amor

“para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles”. Mateo 12:17-21

Mateo aprovecha para señalar una vez más que Jesús estaba cumpliendo las profecías mesiánicas, dichas por el profeta, en Isaías 42:1-4. La palabra “siervo” viene del griego “páis” que significa niño, lleva la idea de una relación tierna entre padre e hijo. Esta profecía identifica al siervo ideal de Jehová con nueve características que apuntan a Jesús: Tres de las expresiones tienen que ver con la iniciativa de nuestro Padre Dios al pensar en su plan de Salvación para la humanidad caída: Su “siervo” (su Hijo), es el escogido, el Amado y el Ungido por el Espíritu y seis expresiones describen el carácter y ministerio del siervo: obediencia radical, complacencia al Padre, mensajero, pacífico y suave, de trato delicado, obtendrá la victoria y es la esperanza de las naciones.

“La caña cascada y la mecha que humea” son figuras de personas débiles y frágiles, de poca fe. Jesús trataría a tales personas con sumo cuidado y delicadeza para no herirlas, ni desanimarlas, con un amor incomprensible. Un contraste con el concepto que tenía el pueblo de Israel sobre el Mesías que esperaban, que pensaban que era un político-militar que llegaría con mano fuerte y conquistaría con armas de guerra. Nunca se imaginaron que el triunfo del juicio se refería a la cruz y a la resurrección de Jesucristo, que trajo perdón de pecados, vida eterna y victoria sobre Satanás y sus huestes, Colosenses 3:13-15. El resultado final es que las naciones, los gentiles pondrán su esperanza en Él.

Jesús vino a traer justicia a la humanidad y nos mostró cómo vivir de tal manera que expresemos el amor, tanto a Dios como a nuestros semejantes. En su vida terrenal, no se enfrentaría con nadie, ni gritaría de forma que se le oyera en las calles, nunca se pelearía con la gente. En Él se dio la inalterable serenidad del que busca conquistar mediante el amor a quienes lo escuchan.

Así como esa caña cascada quizás muchos estén astillados, heridos y no pueden mantenerse firmes, y necesiten ser sujetados o vendados. Y quizás muchos como el pábilo pueden estarse apagando, porque están faltos de combustible, faltos de la llenura del Espíritu Santo, o desanimados por las tormentas de la vida y necesitan ser limpiados, restaurados y nutrirse de Cristo para volver a dar luz.

El testimonio de una persona puede que sea vacilante y débil; la luz de su vida puede que sea parpadeante; pero Jesús vino para animar, por eso dijo con comprensión: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30. Jesús jamás extinguirá la llama vacilante, sino que la cuida para que vuelva a dar luz más fuerte y brillante.

Jesús es nuestra esperanza, en Él, Dios se acerca a cada persona, ofreciendo su incomprensible amor, un amor que excede nuestro entendimiento.   Oración.

Amado Señor Jesús, gracias por tu obra en mí. Me tocaste con ternura y con tu amor incomparable, suficiente para levantarme de mi condición de pecador y darme una nueva esperanza. Gracias porque con tu obra en la cruz, derrotaste las tinieblas, al pecado y me diste una vida nueva, fortaleciste mis manos débiles, afirmaste mis rodillas y me colocaste en lugar espacioso y seguro, en la Roca firme que eres tú Señor, gracias por consolarme y animar mi corazón, amén.