lunes, 9 de marzo de 2026

 Metanoéō: cambio de pensamiento

"Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio." Marcos 1:14-15

"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad." Filipenses 4:8

Cuando Jesús empezó su ministerio, inició predicando “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (Marcos 1:15), aquí la palabra traducida como arrepentíos proviene del griego Metanoéō, un verbo que significa “cambiar de manera de pensar” “cambiar de opinión” o “arrepentirse”, implica una acción, una transformación profunda del pensamiento que cambia la actitud y la conducta.

Así que cuando Jesús empieza a predicar que el reino de Dios se ha acercado, y le pide a sus oyentes que se arrepientan y crean en el evangelio, les está pidiendo lo mismo que hoy a ti y a mí se nos pide por medio de su Santo Espíritu: renueven su manera de pensar, para experimentar ese accionar transformador que trae la nueva vida de Cristo Jesús gracias a su obra redentora (Romanos 12:2).

Es importante resaltar que este proceso de arrepentimiento, o cambio de pensamiento debe ir siempre acompañado de fe, por eso Jesús añade: “y creed en el evangelio”, dándonos la dirección precisa hacia donde debe enfocarse esta nueva manera de pensar, sentir y actuar: El evangelio.

Por lo tanto hermanos, para comenzar a experimentar esa nueva vida que se nos dio por gracia al creer en Cristo, permitamos al Espíritu Santo llenarnos con sus pensamientos, pues en ellos encontraremos todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; lo que tiene virtud, lo que es digno de alabanza, para en esto pensar, como nos exhorta el apóstol Pablo en Filipenses 4:8. Al hacerlo, lograremos una reorientación total de nuestra perspectiva de vida, comprendiendo con claridad nuestro origen, nuestro propósito aquí en la tierra y nuestro destino final. Descubriremos que hemos sido creados en Cristo Jesús para manifestar su Gloria y para disfrutar eternamente de su amor y su presencia.  Oración.

Padre Dios, que tu Santo Espíritu todos los días me llene de los pensamientos de Cristo, los cuales encuentro en tu Palabra, que la verdad del evangelio alumbre mi ser. Amén.



domingo, 8 de marzo de 2026

Por Gracia podemos dejar la vanidad de la mente

 Por Gracia podemos dejar la vanidad de la mente

"Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús." Efesios 4:17-21 

En el devocional anterior, meditamos sobre cómo la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos permite tener una mente renovada con los propios pensamientos de Dios. Oramos para que su Espíritu nos revelara la esperanza de su llamado, las riquezas de su gloria y la inmensidad de su poder para con nosotros, los creyentes.

La verdad central de esta reflexión es vital, pues al aceptarla por fe, el Espíritu de Dios nos capacita para dejar atrás nuestra vana manera de pensar, esa heredada del “viejo hombre” que absorbimos desde la niñez por la influencia del mundo.

Esta mentalidad, que se conforma a los criterios humanos y difiere de los de Dios, es la que el apóstol Pablo nos exhorta a abandonar. Él nos dice: “que ya no vivamos como los otros gentiles, que viven en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios” (Efesios 4:17-18). Las consecuencias de persistir en esta forma de pensar son graves: se pierde toda sensibilidad y se termina cediendo a la impureza y la lascivia (Efesios 4:19).

Sin embargo, la buena noticia es que Dios interviene en este proceso de transformación. Él no sólo nos impulsa a desechar la manera de pensar equivocada, sino que nos enseña a pensar correctamente, de acuerdo con su verdad. Por eso Pablo afirma: “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús” (Efesios 4:20-21).

Así que hermanos, creamos en la Palabra de Dios y pidamos al Espíritu Santo que siga siendo nuestro Maestro, enseñándonos y moldeándonos a la verdad que está en Jesús, para que nuestra mente refleje su gracia y su amor.  Oración

Espíritu Santo recuérdame todos los días las palabras de Jesús, continúa enseñándome tu verdad, para llenarme de tus pensamientos y así dejar mi antigua manera de pensar. Amén. 



sábado, 7 de marzo de 2026

 Mente renovada por Gracia

"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos." Isaías 55:8-9

"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad." Efesios 4:22-24

Es maravilloso comprender que por la gracia de nuestro Señor Jesucristo hemos recibido la mente de Cristo, una mente espiritual que nos permite entender los pensamientos de Dios, los cuales son altos y sublimes, y se diferencian de los nuestros, como escribió el profeta Isaías inspirado por el Espíritu Santo: “Mis pensamientos no son sus pensamientos, ni mis caminos sus caminos. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que sus caminos, y mis pensamientos más que sus pensamientos” (Isaías 55:8-9)

El gran problema del ser humano surge cuando, queriendo ser sabio en su propia opinión, se aparta del consejo divino que se encuentra en Proverbios 3:5-8: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.” Es justamente esa sabiduría en la propia opinión lo que causa tanto daño a los creyentes, pues después de recibir a Cristo y experimentar su gracia salvadora, muchos desean seguir viviendo su vida cristiana según su propio criterio, esperando ver la manifestación de la nueva vida en Cristo. Sin embargo, se estrellan con la cruda realidad de observar, más bien, las obras de la carne. Vivir de esta manera es una clara evidencia de que es la carne quien aún sigue gobernando. Por esta razón, el apóstol Pablo nos exhorta en Efesios 4:22-24 a despojarnos del viejo hombre, el cual está corrompido por los deseos engañosos, y a renovarnos en el espíritu de nuestra mente.

Por eso, hermanos, roguemos a Dios, para que nos conceda un espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo. Pidamos que Él, por medio de su Espíritu, alumbre los ojos de nuestro entendimiento para que podamos conocer cuál es la esperanza a la que nos ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros, los que creemos (Efesios 1:16-20).   Oración

Padre Dios, hoy te pido que coloques tus pensamientos por la acción de tu Santo Espíritu en la mente de Cristo que me has dado por gracia, renovando así mi manera de pensar. Amén.



viernes, 6 de marzo de 2026

Por Gracia tenemos mente nueva para vivir en el Espíritu

 Por Gracia tenemos mente nueva para vivir en el Espíritu

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2

"Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo." 1 Corintios 2:16

Tal como consideramos en devocionales anteriores, Dios ha provisto todo lo necesario para que nosotros los creyentes podamos vivir en el Espíritu, experimentando la vida abundante que Jesús prometió. Sin embargo, en nuestro día a día, a menudo vemos cómo las obras de la carne se interponen en nuestro caminar cristiano, y terminamos frustrados al no ver fruto. Muchas veces el problema radica en que, después de creer en Cristo y recibir su gracia para salvación, continuamos viviendo en nuestras propias fuerzas, dejando la gracia de lado, queriendo cambiar malos hábitos, acciones, pensamientos e incluso deseos. Podemos esforzarnos y obtener resultados por un tiempo, solo para luego terminar desanimados.

El apóstol Pablo, quien experimentó todo esto, por inspiración del Espíritu Santo, nos muestra la manera correcta de disfrutar de esa nueva vida que recibimos por gracia al creer en la obra redentora de Cristo. Si queremos ver una transformación en nuestra vida, debemos empezar creyendo lo que dice Romanos 12:2 para no conformarnos a los pensamientos, la cultura ni la filosofía de este mundo, sino que por el obrar del Espíritu Santo podamos experimentar la renovación de nuestra manera de pensar para así comprobar la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta,

También debemos saber que por gracia se nos ha dado la mente de Cristo (1 Corintios 2:16) por lo tanto, podemos tener una renovación de nuestro entendimiento, ya que con esta nueva mente, que es espiritual, logramos entender las cosas del Espíritu para así poder vivir en el Espíritu, lo cual es imposible para nuestra mente natural como dice 1 Corintios 2:14: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Así que, hermanos, conociendo estas verdades, no tratemos de empezar por el final, cambiando conductas, sino, pidamos a Dios que su Santo Espíritu renueve nuestra manera de pensar, cambiando nuestros pensamientos por los suyos. Solo así podremos experimentar esa transformación que ya fue hecha gracias a la obra de Cristo en la cruz.   Oración

Padre Dios, gracias por la mente de Cristo que me has dado y por el obrar de tu Santo Espíritu, quien me revela tus pensamientos para renovar mi manera de pensar. Amén. 



jueves, 5 de marzo de 2026

Gracia para vivir en el Espíritu

 Gracia para vivir en el Espíritu

«Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente» Tito 2:11-12

«Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.» Romanos 5:17

La gracia del Señor Jesucristo es el regalo inmerecido de Dios para toda la humanidad; un don que se acepta por fe. Al arrepentirnos de nuestros pecados y recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador la gracia de Dios se manifiesta en nuestra vida para salvación. Sin embargo, su gracia no se limita solo a este aspecto; como bien nos revela Tito 2:11-12 la gracia de Dios también nos enseña y nos capacita a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, para que podamos vivir sobria, justa y piadosamente. De esta manera, podemos reinar en la nueva vida que se nos ha concedido, tal como declara Romanos 5:17.

Estas verdades fueron una profunda realidad en la vida del apóstol Pablo, quien pudo expresar en su carta a Timoteo: «Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador… Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.» 1 Timoteo 1:12-13a y 14-15

Pablo experimentó la salvación que viene por gracia y, con ella, la poderosa transformación que trae. Pasó de ser un perseguidor acérrimo a ser un ferviente seguidor y apóstol de Cristo. La gracia de Dios no solo salva, sino que transforma completamente y otorga propósito, como él mismo testifica: «…quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos…» 2 Timoteo 1:9

Por lo tanto, hermanos, pidamos a Dios que la gracia abundante del Señor Jesucristo obre sin cesar en nosotros, transformando cada área de nuestra vida para llevarnos a cumplir sus propósitos viviendo en el Espíritu.  Oración.

«Padre Dios, que esa gracia salvadora de tu Hijo Jesús también me transforme, me dé propósito y me lleve a vivir en el Espíritu, pues mi deseo es hacer tu voluntad. Amén.



miércoles, 4 de marzo de 2026

La provisión de Dios para vivir en el Espíritu


«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.» 2 Corintios 13:14

El vivir en el Espíritu es la realidad plena que todo creyente está llamado a experimentar. Para ello, Dios nos ha provisto de todo lo necesario para que podamos disfrutar de esta verdad. Esta provisión inagotable nos es revelada en la Palabra, como lo expresa el apóstol Pablo en su bendición final a los corintios: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.» (2 Corintios 13:14)

La gracia del Señor Jesucristo es un regalo inmerecido que se recibe por medio de la fe. Esta gracia no solo nos salva, sino que también nos capacita y nos impulsa a vivir la nueva vida que recibimos al creer en Cristo, como dice Efesios 2:8-10: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» Y como Pablo mismo lo testifica en 1 Corintios 15:10: «Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

Cuando rendimos nuestra vida a Cristo y lo recibimos como Señor y Salvador, por pura gracia, recibimos su Santo Espíritu. Él derrama en nosotros la esencia misma de Dios: Su amor, tal y como dice Romanos 5:5: «y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Y como si fuera poco, se nos concede disfrutar de la comunión del Espíritu Santo. Esto hace posible que se cumpla la oración de unidad manifestada por Jesús en Juan 17:22-23: «La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.»

Por lo tanto, vivamos cada día, conscientes de la inmensa provisión que se nos ha dado, entendiendo y disfrutando de «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo,» para poder verdaderamente, andar y vivir en el Espíritu.   Oración.

«Padre Dios, permíteme ser consciente de tu grandiosa provisión, que me permite ahora disfrutar de esa nueva vida que es espiritual, la vida de tu amado Hijo Cristo Jesús en mí. Amén. 



martes, 3 de marzo de 2026

¿Cómo vivir en el Espíritu?

 ¿Cómo vivir en el Espíritu?

«Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.» Gálatas 5:16

Vivir en el Espíritu es más que un ideal; es una realidad hecha posible únicamente por la obra redentora de Cristo. Por eso, la exhortación del apóstol Pablo a los gálatas, «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne» (Gálatas 5:16), sigue siendo el llamado esencial para el creyente de hoy.

Pablo mismo entendió la intensidad de la batalla interna del creyente para no satisfacer los deseos de la carne. Él experimentó este conflicto y dejó plasmado su clamor en Romanos 7:24-25a: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.» La lucha entre la carne y el Espíritu es real, pero la victoria ha sido provista por Cristo.

La clave de esa victoria reside en una verdad transformadora que Pablo experimentó en su propia vida: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20). Dejar vivir a Cristo en nosotros es la esencia de andar en el Espíritu, pero ¿Cómo le permitimos a Cristo vivir a través de nosotros de manera práctica?

1. Cuando permitimos que sean sus pensamientos los que dirijan nuestra vida, pensamientos que ahora podemos tener pues se nos ha dado la mente de Cristo. (1 Corintios 2:16)

2. Cuando dejamos que en nosotros haya el mismo sentir que hubo en Cristo, gracias al nuevo corazón que se nos ha dado, donde están escritos sus mandamientos para ponerlos por obra. (Ezequiel 36:26-27)

3. Cuando Cristo expresa su vida a través nuestro, por medio de ese amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. (Romanos 5:5 y Gálatas 5:22-23).

Así que hermanos, vivamos por fe, rindiendo diariamente nuestra vida al Señor para que el pensar, el sentir y el actuar de Cristo se expresen a través nuestro, gracias a la obra y el poder de su Santo Espíritu. Solo así experimentaremos la plenitud de vivir en el Espíritu.  Oración.

«Padre Dios, llévame por la acción y el poder de tu Santo Espíritu a morir a mis propios deseos, y a dejar que sea tu amado Hijo Jesús quien ahora viva en mí. Amén.