¿Confiamos en Dios en medio de las crisis?
“Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová. Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas, y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron. Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová”. Isaías 37:14-20
Este pasaje nos enseña la actitud del rey Ezequías frente a una gran crisis que amenazaba a Judá y a su ciudad capital Jerusalén, que iban a ser destruidas por Senaquerib rey de Asiria. Frente al temor que le generó a todo el pueblo, el rey Ezequías se levantó como un líder ejemplar e hizo lo que debía: confió en Dios sus asuntos diarios, consultó con su líder espiritual, enviando a sus mensajeros a buscar a Isaías, este fue otro acto de fe pues quería escuchar la Palabra de Dios del profeta, acudió a Dios en momentos de crisis y elogió a Dios cuando respondió su plegaria.
Ezequías era un rey temeroso de Dios, gobernó durante 29 años en Judá. En sus antecedentes históricos vemos que en su reinado tuvo que sostener una carga dura pagando tributo a Asiria. Su gobierno fue importante por los grandes esfuerzos que hizo para establecer el culto a Jehová, haciendo desaparecer los “lugares altos” y la destrucción de la “serpiente de bronce”. También llaman la atención otros acontecimientos importantes en su vida como su enfermedad, la sanidad milagrosa y la promesa de Jehová de prolongarle la vida por quince años más.
Dice aquí, que le llegó un rollo con información de las amenazas de Senaquerib, en el que desafiaba abiertamente el poder de Dios; inmediatamente entró a la presencia de Dios y extendió esas cartas delante de Él, haciendo una poderosa oración de fe, reconociendo a Dios como Majestuoso, Creador, Soberano y Poderoso, y no un ídolo de madera o piedra, capaz de librarlos de sus enemigos y de reivindicar su Nombre, para que demostrara que es el Único Dios Verdadero. Ezequías buscó la intervención divina en lugar de confiar en alianzas humanas.
Cuando dijo: “entregaron los dioses de ellos al fuego”, se refería a que la política de los asirios para enajenar a los pueblos conquistados de su propio país, era llevarlos a otras partes y destruir los ídolos tutelares de su nación, por ser el lazo más fuerte que los ligaba a su país natal. Ezequías reconocía que Senaquerib estaba blasfemando contra el Dios Viviente y Él no se lo iba a permitir.
Con esa actitud humilde, Ezequías esperó la respuesta de parte del Señor que no tardó en contestar frente a la crisis de Asiria y ante las blasfemias de Senaquerib. Dios prometió proteger Jerusalén por amor a sí mismo y a su promesa a David. Dios defiende su propia gloria, y de manera sobrenatural el ángel de Jehová derrota al ejército asirio, demostrando la soberanía divina frente a la idolatría y la impotencia de los falsos dioses, Isaías 37:35-38.
Recordemos que Dios conoce nuestras necesidades antes que le pidamos, Isaías 65:24; pero Él se deleita cuando nos acercamos con un corazón contrito y humillado para colocar nuestros asuntos en sus manos, confiando en su grandeza y no en nuestros propios razonamientos, en otras personas, o en cosas que representan ídolos, Salmos 51:17. En situaciones límites, el Señor prueba nuestra fe. ¿Confiamos plenamente en su protección divina?” Oración.
Amado Señor, enséñame a confiar en ti en medio de las crisis, a entender que la oración es el primer recurso al que debo echar mano, reconociendo que eres Soberano, el dueño de la historia y que defiendes tu honor ante las blasfemias que otros dicen de ti. Recuérdame que mi seguridad no depende de mis fuerzas, ni de alianzas humanas, sino de tu protección divina, quiero confiar plenamente en ti. Guarda mi corazón y mis pensamientos, en el Nombre de Jesús, amén.