sábado, 28 de febrero de 2026

Sabiduría de Dios

 Sabiduría de Dios

“Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.” Proverbios 4:7″

El rey Salomón supo lo que significaba adquirir sabiduría, pues la Biblia nos declara que de los hombres, en cuanto a sabiduría, no ha habido uno como él, dicha sabiduría claramente no provino de su capacidad intelectual, sino que vino como un don, un regalo de Dios, pues la Palabra afirma en Proverbios 2:6 “Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.”

La sabiduría que proviene de Dios, como bien la Palabra nos lo recuerda, es la única que puede conducir nuestras vidas hacia: la pureza, la paz, la benignidad, la amabilidad y gentileza; es la que nos lleva a tener misericordia o compasión con otros, y por supuesto, a experimentar y poder dar buenos frutos; por si fuera poco, la sabiduría de Dios también nos cuida de no permitir en nuestras vidas ni la incertidumbre ni la hipocresía (Santiago 3:17), por eso Salomón al ser consciente de que tenía una gran responsabilidad, reinar sobre Israel, sabía que necesitaba pedirle a Dios sabiduría, pues Dios era el único que podía guiar, instruir y dirigir, a Salomón primeramente, y también al pueblo de Israel (1 Reyes 3:9-12).

Y es que si lo pensamos bien, la sabiduría de Dios es vital, pues ella es la única que nos conduce a: Recibir consejos, aceptarlos y ponerlos en práctica (Proverbios 13:10, Mateo 7:24); saber tomar decisiones correctas, justas, como lo hizo Salomón (1 Reyes 3:16-28); nos lleva a ser diligentes, a aprovechar bien el tiempo y a administrarlo de manera correcta (Efesios 5:15-17); nos lleva incluso a no invertir nuestros pensamientos en cosas que no edifican (Eclesiastés 7:10). En conclusión, la sabiduría de Dios nos lleva a poder vivir en medio de todos, con creyentes y no creyentes, pues ella es la que nos conduce a vivir en humildad (Colosenses 4:5-6, Santiago 3:13, Proverbios 11:2).

Hermanos, este devocional no solo nos recuerda cuán importante y necesaria es la sabiduría de Dios, sino que también nos lleva a reflexionar y ver si estamos pidiéndole sabiduría al único que nos la puede dar, Dios. No nos cansemos de pedírsela al Señor, pues la Palabra nos recuerda que tú y yo para todo necesitamos la Sabiduría de Dios.   Oración.

«Padre, Tú dices en Tu Palabra que si me falta sabiduría te la pida y Tú me la darás abundantemente y sin reproche. Gracias Señor por dármela y revelármela por medio de Tu Espíritu Santo, pues soy consciente de que la necesito para saber cómo caminar por el camino de la santidad. Amén. 



viernes, 27 de febrero de 2026

El resplandor de Jesús en mí

 El resplandor de Jesús en mí

“Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.” Éxodo 34:29

Cuán interesante resulta este relato bíblico, pues cuando lo leo me pregunto ¿Cuántos de nosotros, al igual que lo hizo Moisés, reflejamos la gloria de Dios? Pidámosle al Espíritu Santo en este momento que examine nuestros pensamientos, lo que atesoramos en nuestro corazón y nuestros actos, y nos conduzca a la respuesta a este interrogante. Seguramente la respuesta será que, en ocasiones, terminamos reflejando las obras de la carne, pero Dios, a través de este devocional, nos quiere llevar a comprender que a quien debemos reflejar en nuestras vidas es a Jesús.

La gran pregunta es: ¿Cómo lograr que Jesús sea quien se vea reflejado en mi? La respuesta es sencilla: La Biblia nos enseña que primero, debemos morir a nosotros mismos, para que ya no seamos nosotros viviendo y tomando el control de nuestras vidas, control que sólo nos llevará a experimentar las obras de la carne (Gálatas 5:19-21a), sino más bien lo que necesitamos es que Cristo sea quien viva en nosotros y tome el control de nuestras vidas. La buena noticia es que ésto ya ocurrió, pues Gálatas 2:20a nos lo afirma: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;”. Y la segunda, es que para que todo lo anterior se haga realidad, y Cristo sea el que ahora viva en nosotros, necesitamos la fe, creer que todo lo que dice la Palabra de Dios con respecto a la obra que hizo Jesús es verdadera, por ésto la Palabra de Dios dice: “y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20b). Cuando creo en esta Verdad, el Espíritu Santo es quien hace que aquella Palabra revelada y encarnada, ésto es Jesucristo, viva en mí (Juan 6:63).

Lo que resta para nosotros los creyentes es disfrutar de la Presencia de Dios y de esa relación que tenemos con Él, gracias a la obra de Jesucristo y a la comunión del Espíritu Santo, para que al igual que Moisés terminemos reflejando la gloria de Dios.   Oración.

«Padre, cuando estoy en intimidad contigo, tu Espíritu Santo me recuerda la preciosa obra de tu Hijo Jesús, y cuando la recuerdo y creo en ella entonces me aferro a la Verdad, a Cristo, y le permito a Él vivir en mí para así cumplir con el propósito por el cual he sido creado, glorificarte. Amén. 



jueves, 26 de febrero de 2026

 Quiero bogar contigo mar adentro

“Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.” Lucas 5:1-6

La Biblia no nos declara el motivo por el cual Simón Pedro, Andrés, su hermano, y Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, estuvieron toda la noche tratando de pescar, podríamos deducir que la necesidad de ellos debía ser bastante grande para no haber desistido en toda la noche de hacer dicha labor; cuando pienso en ésto y me pongo en el lugar de Simón Pedro, quien seguramente por su temperamento sanguíneo podría haber sido el que más desanimado, frustrado y cansado se sentía, logro entenderlo, pues también he experimentado ese sentimiento de cansancio y frustración cuando después de haber intentado realizar alguna labor, con todas mis fuerzas, no obtengo el resultado que espero. Pero si analizamos detalladamente lo que pasó ese día en la vida de Pedro, encontraremos lo que podríamos llamar, una perla, pues aunque bien es cierto que inicialmente Pedro no obtuvo peces, encontró algo superior y mucho más valioso e importante que lo que produce una pesca, encontró a Jesús, y con la llegada de Jesús encontró un fruto que no perece sino que permanece para siempre (Gálatas 5:22-23)

Hermanos, quizás en este día estamos como Pedro, tratando de pescar en nuestras fuerzas y sin lograr “nada”, pero la Palabra de Dios nos exhorta a que en medio de aquella situación que estamos enfrentando devolvamos nuestra mirada hacia Jesús y veamos lo que Él está haciendo en nuestras vidas, incluso, por medio de esa situación que parece abrumadora. Cuando seguimos la voz de Jesús y bogamos mar adentro, es decir, nos sumergimos en intimidad con Él, el resultado logra ser extraordinario, pues le conocemos más, vemos Su Poder, al estar en Su Presencia no sólo se nos quita todo ese peso que nos carga y quita fuerzas, sino que también nos permite hallar en Él descanso, nuevas fuerzas y esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que es la única que guarda, protege, cuida, nuestros pensamientos y corazones en Cristo Jesús (Filipenses 4:7-9). Hoy, regresemos nuestra mirada hacia Jesús y digámosle: Señor, yo quiero bogar contigo mar adentro.  Oración.

«Señor, gracias por llevarme a bogar mar adentro en mi relación contigo, cuando escucho Tu voz y acepto Tu llamado encuentro algo precioso, Tu Presencia, que es la única que acalla mi alma, aquieta mis pensamientos y equilibra mis sentimientos. Señor, llévame cada día a sumergirme en Tu Palabra. Amén.  



miércoles, 25 de febrero de 2026

Carácter

 Carácter

“Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.” Éxodo 32:7-10

¿Qué harías si estuvieras en la posición de Moisés?, ¿apoyarías la voluntad de Dios de destruir al pueblo, o por el contrario, intercederías para que el Señor tuviera, una vez más, misericordia de Su pueblo?

En el caso de Moisés, él decidió orar a Dios y pedir misericordia para el pueblo de Israel (Éxodo 32:11). Lo anterior nos permite ver el gran cambio que tuvo Moisés en su carácter, pues recordemos que antes del llamado hecho por Dios, Moisés era un hombre iracundo que cuando veía una discusión o injusticia, intervenía, y terminaba haciendo de acuerdo a lo que a él bien le parecía. Recordemos Éxodo 2:11-12, ¿cómo actuó Moisés cuando vió que un Egipcio golpeaba injustamente a un Hebreo mientras éste hacia su dura tarea en medio de la esclavitud? Moisés decidió matar al Egipcio y esconderlo en la arena; o que tal el actuar de Moisés en Éxodo 2:13-14a, Al ver a dos Hebreos reñir, Moisés decidió intervenir, pero esta vez llamando a razonar a aquel hombre que golpeaba al otro para que no lo hiciera más, sin embargo, este hombre Hebreo al haber visto cómo Moisés había matado a aquel Egipcio el día anterior, lo confrontó, diciéndole que si acaso también lo mataría a él como había hecho con aquel Egipcio. Como vemos, ese era el carácter de Moisés antes del llamado de Dios, un hombre con un carácter fuerte e iracundo; pero en Éxodo 32:11-13 no vemos el carácter iracundo de Moisés, sino más bien el carácter de Cristo, uno que es misericordioso, bondadoso y compasivo, carácter que se refleja en nuestras vidas cuando por medio de la intimidad con el Espíritu Santo le permitimos a Cristo vivir, dirigir nuestro andar (Éxodo 34:29) ¿Por qué decimos ésto? Porque la Palabra de Dios nos recuerda que si hubiésemos cometido pecado, la confianza está en que delante del Padre tenemos abogado, a Jesucristo (1 Juan 2:1).

Dios en ese instante en el que el pueblo había hecho lo malo delante de sus ojos haciendo un becerro de fundición y adorándolo, estaba exigiendo justicia, pues el pueblo le había desobedecido. Sin embargo, vemos a Jesucristo, usando como instrumento a Moisés, para interceder por el pueblo. En medio de esta oración dicha por Moisés podemos ver a Cristo recordándole a Su Padre quién es Él, Su grandeza, Su misericordia, el pacto que ha hecho con Abraham, Isaac e Israel (Jacob) y Su palabra y promesas las cuales son fieles y verdaderas, y sólo por esto la Biblia nos revela que Dios se arrepiente de lo que había de hacer a su pueblo (Éxodo 32:14). Qué extraordinario es ver a Jesús reflejado en nuestras vidas, pues cuando le permitimos a Él vivir en nosotros se ve el fruto de Su Espíritu en nosotros, fruto del cuál gozamos todos nosotros y aquellos que nos rodean.

Hermanos, Dios a través de este devocional nos quiere exhortar y recordar una gran Verdad, el carácter que debemos reflejar en el mundo y al mundo, no es un carácter del viejo hombre que está viciado de ira y demás obras de la carne, pues ese viejo hombre ha sido crucificado y está muerto; el carácter que se debe evidenciar en nuestras vidas es el de Cristo, pues Su Palabra nos recuerda que quien vive ahora en nosotros es Cristo, por lo tanto, permitámosle a Cristo, por medio de la fe y de la intimidad con Su Espíritu Santo, tomar el control de nuestras vidas (Gálatas 2:20).    Oración.

«Padre, el carácter que quiero que se refleje diariamente en mi vida es el de Tu Hijo Jesucristo. No quiero seguir recibiendo los resultados del actuar en mi carne, sino que quiero experimentar más bien, las delicias que produce en mi vida el fruto de Tu Santo Espíritu. Espíritu Santo de Dios ayúdame a morir a mí mismo diariamente y a permitirle a Cristo que tome el control de mi vida. Amén.  



martes, 24 de febrero de 2026

Identidad


«Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.» Lucas 4:1-4

Cuando un niño nace, el gobierno decreta a sus padres que le registre ante una autoridad legal con el fin de certificar que: Primero, está vivo, y que como tal tenemos derechos que deben ser respetados; segundo, su nombre, el cual servirá para ser identificado; y tercero, su género, que no surge como una percepción, sino como la realidad que manifiesta nuestro organismo. Como vemos, esta pequeña descripción es tan sólo una parte de lo que nos identifica. En el caso de Jesús, la Biblia nos enseña que sus padres tuvieron que presentarlo ante una Autoridad Suprema, la de Dios, pues así lo había dictaminado el Señor en la Ley de Moisés (Lucas 2:22-24). Muchos se quedaron con el concepto de que Jesús era tan sólo el hijo de María y de José, el carpintero, pero su identidad iba mucho más allá de ésto que estaba registrado, pues Jesús era y es el Hijo de Dios.

¿Por qué razón traemos ésto a colación? Porque lo que más ha sido atacado en el ser humano, por parte del enemigo, es la identidad, para la muestra un botón, pues vemos a Satanás atacando la identidad de Jesús, manifestando que si Jesús era el Hijo de Dios entonces debía probar que ésto era cierto. Hoy en día, también Satanás ataca nuestra identidad, o sino miremos la actualidad: hombres manifestando que son mujeres, mujeres diciendo que se auto perciben como hombres, incluso hemos llegado al punto de ver a personas identificarse, no como seres humanos, sino como animales. ¡Absurdo a lo que como sociedad hemos llegado y permitido en nuestra nación!

Hermanos, la sociedad va en declive y nuestros hijos, nietos y futuras generaciones lo tendrán que presenciar y enfrentar, si tú y yo no les enseñamos que ésto no es normal, ellos serán influenciados a seguir esta corriente absurda que presenta el mundo y terminarán permitiendo que su mente e identidad sean trastornadas. Si hoy tú y yo no tomamos la rienda de nuestro hogar y les enseñamos a las nuevas generaciones que su identidad está en Cristo, vendrá alguien más que si lo hará, Satanás, y será él quien les enseñe a ellos falsas identidades, los impulsará a que se apropien de ellas, y si esto lo aceptan nuestros hijos, terminarán totalmente alejados de la identidad que Cristo ya nos dió, una identidad que nos recuerda que somos hijos de Dios, creados por Él con un propósito en particular, glorificarle (Isaías 43:7).   Oración.

«Padre, gracias por recordarme cuál es mi identidad en Cristo. Soy tu hija, creada por Tí para glorificarte y alabarte. Que aunque el mundo me quiera decir lo contrario yo me mantenga aferrada a lo que dices que soy según Tu Palabra. Santo Espíritu de Dios llévame a enseñarle también a otros ésta gran Verdad. Amén.    



lunes, 23 de febrero de 2026

Decisiones

 Decisiones

«Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa. Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás. Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida. Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa. Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos.» Jeremías 38:14-18

¿Qué decisión tomarías si estuvieras en la situación del rey Sedequías?, ¿obedecerías a Dios y te entregarías al pueblo enemigo para que tú y tú familia vivieran, incluso si eso implicara ser esclavos? o por el contrario, ¿impulsado por el miedo, huirías con tu familia para no ver esclavitud, aún sabiendo que todos perecerán y morirán? La decisión parece fácil de tomar, pues el resultado de tomar cualquiera de las dos decisiones había sido revelado por Dios, sin embargo, el miedo de lo que vemos en frente y la ansiedad que nos produce lo que aún no conocemos y nos depara el futuro, nos lleva a dudar de Dios y de cuál decisión debemos tomar, como le sucedió a Sedequías; al no confiar en la palabra de Dios, revelada por el profeta Jeremías, y al verse acorralado por sus enemigos decide huir, el resultado: la muerte para él, su familia y la destrucción de la ciudad.

Hermanos, nadie ha dicho que tomar decisiones como éstas sea fácil, pues implica una total confianza y dependencia de Dios, a pesar de nuestros temores e inseguridades, por eso es tan importante la fe, pues sabemos que si caminamos en este mundo no debe ser por vista sino por fe, pues la fe es la que nos lleva a confiar en que la Palabra de Dios es verdadera y que Dios, quien es el Padre de toda Verdad, nos guiará hacia donde su buena, perfecta y agradable Voluntad lo requiera.

Este devocional nos confronta, no en cuanto a tener miedo, pues las cosas que no conocemos corporalmente nos llevan a temer, y es que el organismo está diseñado para protegerse del peligro por eso experimentamos esa sensación de temor. El miedo de Sedequías era real, sabía que dentro de poco Nabucodonosor se acercaría para ir en contra de él y su pueblo, y por si fuera poco. tenía miedo de que parte del pueblo que estaba con los Caldeos se juntaran para entregarle a Nabucodonosor. Aquellos temores abrumaron a Sedequías, pero en medio de ésto la Bondad de Dios se seguía manifestando, por eso el profeta le manifiesta que esté tranquilo y lo anima a que se rinda ante Nabucodonosor pues el pueblo no lo entregaría, lo único que Sedequías debía hacer era: oír la voz de Jehová, para que le fuera bien y viviera él y su familia (Jeremías 38:20). Sedequías tomó la decisión equivocada y vimos el resultado de ella, la muerte; el Señor hoy también nos confronta en cuanto a qué decisión tomaremos nosotros, ¿seguiremos el Consejo Sabio de Dios, o seguiremos el nuestro? Dios para ésto nos recuerda Su Palabra y nos exhorta e impulsa a escoger la vida, para que como dice Deuteronomio 30:19, vivamos nosotros y nuestra descendencia.  Oración.

«Padre, que se haga Tu Voluntad y no la mía pues confío en que Tu Voluntad es buena, agradable y perfecta. Señor, Tus pensamientos y caminos son más altos que los míos ¿por qué he de dudar en obedecerte y seguir Tu consejo? Hoy suelto mis miedos delante de Tí, y a cambio, me aferro a la Verdad de Tu Palabra. Amén.  



domingo, 22 de febrero de 2026

Consejo Sabio de Dios

 Consejo Sabio de Dios

«Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como si se consultase la palabra de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel, tanto con David como con Absalón.» 2 Samuel 16:23

Ahitofel gilonita era conocido por haber sido consejero del rey David, hasta que Absalón, hijo de David, robó el reino de su padre. Ahitofel decidió apartarse de David y unirse a la conspiración que tenía Absalón contra el rey, pasando entonces ahora a ser el consejero del nuevo rey, Absalón. Cuando ésto sucedió, la Palabra de Dios nos muestra cómo David al enterarse de ésto, oró a Dios para que entorpeciera todo consejo de Ahitofel, y así como David oró, Dios lo concedió.

La primera pregunta que surge al leer este pequeño resumen del capítulo de hoy es: ¿cuántas veces hemos escuchado consejos que parecieran provenir de Dios pero en realidad están totalmente apartados de la Voluntad del Señor? Absalón lo vivió en carne propia, pues Ahitofel le aconsejó llegarse a las diez concubinas que David había dejado guardando la casa real, para que con esto, todo el pueblo de Israel se enterara del gran insulto que Absalón había hecho a David su padre, insulto que no daría lugar a ninguna reconciliación entre ellos, logrando con ésto, supuestamente, «ganar» el apoyo del pueblo. Absalón decidió seguir el consejo de Ahitofel, en vez de buscar y seguir el consejo de Dios, pues como lo muestra el pasaje principal del día de hoy, en aquella época consultar a Ahitofel era casi como escuchar salir un consejo de la boca de Dios. El resultado de esta mala decisión, que era continuación de una mala toma de decisiones por parte de Absalón, pues recordemos que había robado el reino de su padre, lo llevó a creer que todo lo que Ahitofel le aconsejaba era bueno, pero ¡cuán lejos estaba de la realidad y de la voluntad de Dios!

Hermanos, con este relato Dios nos quiere mostrar dos enseñanzas importantes: La primera es, que en quien debemos buscar consejo es en el Señor, en Su Palabra, pues Él nos revela por medio de ella que Él mismo será el encargado de hacernos entender, y enseñarnos el camino en el que debemos andar, lo único que nos resta hacer es: atender su consejo, prestar atención a Sus palabras, inclinar nuestro oído a sus razones, no apartarnos de Su consejo y guardarlo en nuestro corazón, es decir, obedecerlo l(Salmos 32:8, Proverbios 4:20-22); y la segunda es, que aunque se nos ha permitido buscar consejo en líderes y pastores, pues la Palabra nos dice que: «en la multitud de consejeros hay seguridad.» (Proverbios 11:14b), nos aclara que dichos consejos deben tener una Dirección Sabia, pues si dicho consejo carece de la Dirección Sabia de Dios, el que siga ese consejo falto de sabiduría caerá (Proverbios 11:14a). Para reconocer si un consejo proviene de parte de Dios debemos filtrar todo por medio de Su Palabra, pues ella es la que realmente nos mostrará si el consejo está alineado a la Voluntad de Dios o no lo está. Para esta tarea recordemos que no estamos solos, pues nuestra carne, como vimos con Ahitofel, también se puede disfrazar para engañar y guiar, a nosotros o a otros, a tomar decisiones erradas, por ello es tan importante la guía y comunión del Espíritu Santo, pues sólo Él es quien nos llevará a escuchar la voz de nuestro Pastor, reconocerle y obedecer, seguir su consejo que es el único que permanece para siempre (Juan 10:27; 14:26, Salmos 33:11a)   Oración.

«Padre, que mi vida sólo sea guiada por Tí. Espíritu Santo ayúdame y no permitas que tome decisiones que carezcan de la Dirección de Dios, quiero que mi vida sea un reflejo de obediencia, un reflejo del actuar de Jesús en mí. Amén.