miércoles, 18 de febrero de 2026

Bajo presión

 Bajo presión

«Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.» Mateo 26:39

En entrevistas de trabajo es muy común escuchar a un jefe preguntarle a un aspirante a un cargo qué tan bueno es trabajando bajo presión, seguramente el aspirante responderá: «lo manejo bien», pues sabe que si se sincera al punto de decir que no le gusta y que le lleva al caos, seguramente no lo contratarían. Qué interesante que Dios por medio de este devocional nos quiera llevar a reflexionar sobre qué es lo que emerge de nosotros cuando estamos bajo presión, y es que debemos reconocer que en la mayoría de los casos el estar bajo presión nos irrita y acelera, nos entristece y abruma, o hasta nos paraliza. Dependiendo de cómo seamos, hayamos sido criados, o estemos acostumbrados a actuar, será lo que emerja a la luz. Si te ha pasado, podrás notar que lo que en ocasiones sale de nosotros cuando estamos bajo presión, es todo lo relacionado con la carne, sin embargo, qué maravilloso ver cómo Dios utiliza incluso todo ésto para pulirnos y moldear nuestro carácter.

La Biblia nos enseña que el oro, por ejemplo, es puesto bajo la presión del fuego con la finalidad de ser moldeado a la forma que el orfebre lo desee (1 Pedro 1:6-7), lo mismo sucede en la parte práctica de la vida, pues ¿cuántos de nosotros también hemos puesto bajo presión algunos alimentos para que puedan ser consumidos y usados en una preparación en particular? Podemos concluir entonces que la presión es algo que seguiremos experimentando mientras estemos en este mundo, la diferencia es que confiamos en que será encaminada por Dios para un mayor propósito, como sucedió con Jesús, Él no fue exento de estar bajo presión, pues miremoslo en el Getsemaní, era tanta la presión que sentía por lo que significaba beber la copa de Justicia de su Padre, que su sudor era como gotas de sangre que recorrían su rostro, la diferencia es que en Jesús vemos que emerge de Él la gran necesidad de contar con Su Padre, de hablarle y decirle lo que le está pasando, incluso es honesto manifestando que no quisiera beber de esa copa, Él sabe que el Padre es Todopoderoso y que si así Él lo quisiera no le daría a beber de aquella copa de Justicia, sin embargo, vemos que Jesús en su oración termina concluyendo que Su deseo es que se haga la Voluntad de Su Padre por encima de la suya.

Hermanos, ¿Cuántos de nosotros, cuando estamos bajo presión, seguimos el ejemplo de Jesús y antes de tomar cualquier decisión nos disponemos a descansar en la Presencia de Dios?, ¿Cuántos de nosotros le pedimos Su ayuda y Su fortaleza para seguir adelante en esa difícil situación que nos causa presión?, y ¿cuántos de nosotros terminamos haciendo la Voluntad del Padre por encima de la nuestra? El problema que vemos en nosotros no está en el experimentar presión, sino en lo que sale de nosotros cuando la enfrentamos, así que cada vez que estemos en ella recordemos a Jesús y pidámosle ayuda a Su Santo Espíritu para que lo que emerja de nosotros no sea el viejo hombre sino el nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.  Oración.

«Padre, que aún cuando me encuentre bajo presión deje surgir en mí a Tu Hijo Jesús, que siga Su ejemplo y no permita que los desafíos, tormentas o circunstancias difíciles que tenga que atravesar me aparten de Tu Voluntad. Amén.  



martes, 17 de febrero de 2026

¿Un corazón obstinado o humilde?

 ¿Un corazón obstinado o humilde?

«¿Por qué es este pueblo de Jerusalén rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no han querido volverse. Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla. Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.» Jeremías 8:5-7

«Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.» Salmos 51:3-4

La Palabra de Dios nos muestra el contraste que hay entre el pueblo de Israel y el Rey David a la hora de reconocer su pecado delante de Dios. En el pueblo de Israel podemos notar una gran resistencia a la hora de reconocer su pecado, una terquedad, pero sobre todo una falta de humildad para volver a Dios y arrepentirse delante de Él. Por ello podemos ver en Jeremías 8:4 cómo Dios tiene que confrontarlos a través del profeta con ejemplos simples para ver si así entienden su error, pero el pueblo pareciera seguir ignorando todo ésto e insistir en tener un corazón obstinado delante del Señor. En el caso contrario vemos a David, quien después de haberle sido revelado su pecado con respecto al haber tomado como mujer a Betsabé esposa de Urías Heteo y de planear la muerte de este hombre, declara las palabras del Salmo 51. Cuando las leemos podemos observar un corazón humilde, uno que es capaz de reconocer cuán grande ha sido su pecado delante de Dios. En aquel Salmo vemos a un hombre que tiene una gran necesidad de arrepentirse delante de Dios y de pedirle que le ayude a permanecer firme en Él (Salmos 51:10).

La pregunta que debe surgir en nosotros a través de este devocional es: ¿Cómo está nuestro corazón delante de Dios, obstinado o humilde? Sí quizás el Espíritu Santo nos está revelando que tenemos un corazón obstinado, uno que decide alejarse de Dios creyendo que tiene la razón, nos está haciendo el llamado de regresar hacia el Señor. Pero si a través de esta Palabra hemos comprendido la gran necesidad que debemos tener de que haya en nosotros un corazón humilde, Dios nos ha escuchado, y nos quiere recordar que: «si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.» 2 Crónicas 7:14.

Hermanos, que el Espíritu Santo nos ayude a permanecer con un corazón humilde delante del Padre, un corazón que ya no refleje nuestra obstinación sino la humildad de Jesús.   Oración.

«Padre, perdona mi obstinado corazón pues reconozco que en muchas ocasiones no he querido doblegar mi orgullo delante de Tí. Señor Jesús quiero que seas Tú el centro de mi vida, quien dirija mis pasos y moldee mi corazón. Llévame Santo Dios a tener un corazón humilde como el de Tu Hijo Jesucristo, un corazón que se deje moldear en todo tiempo sólo por Tí. Amén.  



lunes, 16 de febrero de 2026

¿Recordar es vivir?

 ¿Recordar es vivir?

«Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos. Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas; Hiciste notorio en los pueblos tu poder» Salmos 77:10b-14

Cuántos de nosotros hemos escuchado la frase popular que dice: «Recordar es vivir», cuando la analizamos detenidamente nos damos cuenta que aquella frase no es del todo cierta, pues cuando nos devolvemos al pasado, seguramente al no haber tenido buenas experiencias, lo que surge en nosotros al quedarnos en aquellas situaciones vividas es: tristeza, rabia, una leve sensación de «ojalá hubiese actuado diferente» y todo tipo de emociones similares que tan sólo nos estancan.

Con ésto no queremos decir que recordar esté mal, todo lo contrario, observemos que Dios nos lleva por medio de Su Palabra a recordar, por ejemplo, la cena del Señor, pero cuando leemos detenidamente las Escrituras vemos que aquel recuerdo no nos centra tan sólo en la crucifixión de nuestro Señor, en el gran dolor que padeció y en su muerte, sino que también nos centra en Su resurrección y en la esperanza que tenemos de que lo volveremos a ver (1 Corintios 11:23-26). Como vemos éste tipo de enfoque no nos causa tristeza sino gozo, esperanza, confianza, seguridad. En otro caso similar vemos que Dios aprueba el recordar, en Deuteronomio 6:6-9, 21-23 podemos ver que el Señor manda a su pueblo que les enseñen a sus hijos de dónde los sacó, y cuando nos ponemos en aquella situación y tratamos de imaginar a aquellos hombres contándole a sus pequeños lo que vivieron no creo que el enfoque de aquellos recuerdos estuviera en la esclavitud que padecieron, sino más bien en las maravillas de Dios, en cómo mandó plagas, en cómo despojó a los Egipcios de sus riquezas dándole gracia al pueblo de Israel para que les dieran cuánto pidieran, en cómo pasaron el Mar Rojo, en cómo vieron a sus enemigos ser derribados por Dios, en cómo Dios los protegía y les proveía: con la columna de nube y de fuego que les alumbraba y mostraba el camino por el que debían andar de día y de noche, con el alimento, manteniendo su ropa y calzado sin desgastar. Como vemos es un enfoque que no produce tristeza, sino gozo, paz.

Hermanos, podemos concluir que el recordar es algo que Dios nos ha permitido experimentar, pero aquel recuerdo debe tener siempre como enfoque a Dios, pues cuando dejamos de poner nuestra mirada en Él, lo que sucede es que nuestro enemigo: la carne, el mundo y Satanás, utilizan ésto para desviar nuestra mirada y tratar de sembrar en nosotros: dolor, frustración, culpa, despropósito, etc. Pero cuando nuestra mirada está puesta en Jesús, lo que surge de nuestro corazón es gratitud hacia Él, por Su Presencia, Su Sustento, Su sanidad, Su misericordia, Su gracia, Su favor, Su amor y Su bondad.  Oración.

«Padre, que cuando mire a mi pasado no sea para sumergirme en la tristeza sino para recordar Tus obras, Tu grandeza. Gracias Señor por darle un nuevo significado a aquellos recuerdos, pues he entendido que el centro de ellos no será el difícil camino que he recorrido, sino la gran obra y misericordia que de Cristo he recibido. Amén. 



domingo, 15 de febrero de 2026

Vigilantes

 Vigilantes

«Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.» Marcos 13:34-37

El Señor Jesús nos habla en el evangelio de Marcos sobre la gran tarea que nos ha encomendado: ir por todo el mundo a predicar las buenas nuevas de Jesús (Marcos 16:15), además nos exhorta a no descuidar dicha labor que nos ha encomendado pues conoce que el adormecimiento, por ejemplo, puede producir en nosotros una falta en el cumplimiento de esta tarea, por eso es importante que analicemos cuáles pueden ser las posibles causas que generan ésto:

La pereza: Al hombre que es perezoso todo trabajo le causa un tipo de cansancio anticipado, pues el sólo hecho de pensar en que tiene que trabajar para lograr un objetivo en particular lo termina cansando antes de tiempo, lo que hace que tire la toalla antes de haber empezado a trabajar. La Biblia nos muestra que aquella persona es consciente de que tiene un trabajo, una meta por alcanzar, pero la pereza lo lleva a permanecer estancado y dormitando (Proverbios 13:4).

El desánimo y el cansancio: El evangelizar, discipular, incluso el realizar cualquier otra labor en nuestras fuerzas, puede causar desánimo y cansancio, y es que debemos reconocer que el tratar con personas no es tarea fácil, pues al ser tan diferentes en la manera de pensar, sentir y actuar, puede llevarnos al desánimo al no poder ver los resultados que esperamos, en el tiempo que deseamos.

Como vemos, todos estos impedimentos surgen en la carne, y aquí el Señor quiere volver a recalcarnos que para poder cumplir con esta tarea que nos ha encomendado se necesita que Cristo sea quien viva en nosotros (Gálatas 2:20), pues sólo cuando ésto ocurre por medio de la fe en Él, toda carga o trabajo se vuelve liviano, resulta fácil de llevar y se puede cumplir sin desmayar.

Hermanos, la Palabra de Dios es clara, el Señor nos ha dado autoridad para ir a evangelizar y para poder cumplir esta tarea debemos recordar que no estamos solos pues Dios nos ha dado Su Espíritu Santo quien será el encargado de hablar a otros y testificar de la obra de Cristo, Él será quien enseñe, confronte y redarguya a todo aquel que escuche el evangelio. La promesa de Dios para nosotros es que con Su ayuda y guía esta obra no la haremos por un tiempo sino que nos llevará a que sea constante pues Él es el único que nos permitirá estar en todo momento vigilantes. Lo que a ti y a mí nos resta hacer es estar prestos, solícitos y dispuestos a dejarnos usar como instrumentos en las manos de Dios.  Oración.

«Padre, me has encomendado una tarea muy grande, sé que si miro mis capacidades concluiré que no las tengo y que deberías elegir a alguien más, pero cuando dejo de enfocarme en mi para creer en la verdad de Tu Palabra, Tu Espíritu Santo me lleva a ver a Cristo viviendo en mí, a entender que es Él quien me guiará y cumplirá aquel mandato que me has enseñado. Señor, dispongo mi vida a Tu servicio y te pido que no me permitas desmayar. Amén. 



sábado, 14 de febrero de 2026

Mi ofrenda a Dios

 Mi ofrenda a Dios

«Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.» Marcos 12: 41- 44

Este relato por lo general lo tomamos de manera literal y como una enseñanza que utiliza Dios para confrontarnos con respecto a la intención con la que ofrendamos. Lo maravilloso de la Palabra de Dios es que cuando meditamos en ella y nos es revelada por Su Espíritu Santo, el mismo pasaje puede hablarnos desde otras perspectivas. En el devocional de hoy el énfasis de este pasaje estará dedicado a reflexionar sobre: ¿cómo es el tiempo que estamos ofreciendo al Señor? Es decir, ¿le estamos dando a Dios el tiempo que nos sobra, o por el contrario, hemos entendido que todo nuestro tiempo le pertenece a Él?

A lo largo de nuestras vidas hemos podido escuchar a diferentes personas decir que «cuando lleguen a cierta edad, o hayan cumplido con un propósito en particular, dedicarán, en aquel entonces, sus vidas, su tiempo, al servicio de Dios», en otros casos podemos ver a quienes están dispuestos a servir a Dios pero bajo ciertas condiciones, durante un tiempo determinado y con un horario que debe ser fijo y planificado. Como vemos, ambos tipos de personas demuestran lo mismo: su tiempo no es de Dios, pues Dios debe «amoldarse» a su tiempo. Mientras tanto, en la otra cara de la moneda vemos a la viuda pobre, quien representa a creyentes como tú y como yo, que aunque tenemos muchas obligaciones por las cuales responder y sin saber cómo administrar bien el tiempo, tenemos un deseo en nuestro corazón de servir al Señor en todo momento, pues Su Espíritu Santo nos ha llevado a entender que Dios es el dueño de nuestro tiempo, por eso no le damos a Dios de lo que nos sobra, sino todo: cuando Él nos llame y a donde nos llame, sin importar si tenemos el don o no lo tenemos, pues confiamos en que si Dios nos ha llamado Él mismo nos dará las herramientas para responder con lo que nos ha encomendado. Ésto me recuerda a Abraham quien era un hombre que tenía muchos bienes (Génesis 12:5), cuando Dios lo llama para que vaya a servirle en un lugar que era desconocido para Abraham, aquel hombre no dijo: «no tengo tiempo, déjame primero hacer algo y regreso, o llámame luego cuando tenga más tiempo» ¡no! Abraham, sabiendo delante de quién estaba, sin titubear decidió seguir a Dios dejando su vida y su tiempo en manos del Señor, el Dueño de su vida y de sus tiempos (Génesis 12:1-4a, Salmos 31:15a). Cabe aclarar que con ésto no queremos decir que dejes tu trabajo, tu casa o tu familia, lo que queremos decir, y que debemos comprender, es que por encima de todo debe estar Dios, y que el único que debe tener el control de nuestro tiempo es el Señor, no nosotros, pues Él es el único dueño del tiempo (Daniel 2:21a).   Oración. 

«Padre, mi vida te pertenece por completo, que Tu Espíritu Santo no permita que lo olvide. Señor Jesús que cuando Tú me llames corra hacia Ti sin reservas, sin excusas, pues entiendo que Tuyos son mis días, mis talentos, mi voz, mi vida y mi tiempo. Amén.



viernes, 13 de febrero de 2026

Cinco sentidos

 Cinco sentidos

«La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» Mateo 6:22-23

En el devocional de ayer mencionamos que nuestro pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos, el día de hoy vamos a ver a través de dos ejemplos bíblicos el por qué decimos ésto.

En la vida de David podemos comprobar cómo lo que vemos puede llegar a influenciar no sólo nuestra manera de pensar, sino también nuestro sentir y actuar. La Biblia nos relata en 2 de Samuel 11:2-4 que David al ver desde el terrado a una mujer hermosa llamada Betsabé, esposa de Urías Heteo, manda no sólo a preguntar por quién era ella, sino que también envía mensajeros para que la traigan a la casa real para poder acostarse con ella. En el segundo caso relatado en Génesis 3:1-6 podemos ver a Eva dejándose seducir por las mentiras de Satanás, al oír sus palabras y al aceptar dicha mentira de que aquel fruto prohibido era bueno y que se podía comer de él, ante sus ojos el fruto prohibido se comenzó a ver como algo codiciable para alcanzar «sabiduría», lo que la llevó a tomar, palpar ese fruto prohibido, quizás a olfatear y percibir un aroma agradable, y por último a degustar, comer de él tanto ella como su marido. Como vemos, aquellos sentidos que nos fueron dados por Dios, cuando los dejamos a disposición de la carne, nos pueden guiar hacia la desobediencia al Señor, por esta razón debemos tener sumo cuidado con ellos.

La Biblia nos declara en el pasaje principal del día de hoy, que en el caso de la vista, nuestros ojos son como esa lámpara que llevan luz u oscuridad a nuestro cuerpo, y dependiendo de a quién le demos el control de ellos, nuestras vidas podrán experimentar luz u oscuridad. Quizás al leer esto pensarás: «Mis ojos están sanos, llenos de luz», pero la Palabra nos confronta diciendo que en ocasiones estamos tan ciegos y con tanta neblina en nuestra mente que ni siquiera podemos percibir esto, como le pasó a David, después de haber tomado a la mujer de Urías y de incluso haber planeado su muerte, no caía en cuenta de su pecado hacia Dios hasta que Natán habló con él (2 Samuel 12:1-9), cuán nublado estaba el pensamiento de David al creer que lo que había hecho tenía justificación. En el caso de Eva le vemos echarle la culpa a Satanás disfrazado de serpiente, diciendo que había sido engañada, en vez de reconocer su pecado contra Dios (Génesis 3:13). Como vemos necesitamos que sea Dios quien guarde nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, pues nuestro corazón es tan engañoso y perverso que si le seguimos permitiendo que sea el que dirija nuestras vidas nos llevará a sembrar sólo las obras de la carne.  Oración.

«Padre, reconozco que en ocasiones he permitido que mis ojos vean cosas que no me edifican, te pido perdón pues Tú me has dado la vista con un fin específico y mayor, que cuando por medio de ellos vea Tu luz, tu Espíritu sea quien guíe mi vida. Amén.



jueves, 12 de febrero de 2026

Guarda tu pensamiento

 Guarda tu pensamiento

«Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.» Proverbios 4:23

Dios me llevó a recordar Proverbios 4:23, quien nos habla de la importancia de guardar, cuidar nuestro corazón, pues éste determina el rumbo de nuestra vida.

Lastimosamente muchos creyentes remiten éste pasaje tan sólo al cuidado que debemos tener con nuestro miembro físico, y sin darnos cuenta dejamos a un lado una enseñanza mucho más profunda. La palabra «corazón», proviene del Hebreo: y ésta palabra no sólo se usa para referirse al miembro físico, sino también a la voluntad, los sentimientos e incluso al intelecto o pensamiento. Y conforme ésta última definición queremos llevar el enfoque del devocional, pues cuán importante es guardar, cuidar, velar por nuestro pensamiento, y lo queremos mencionar, porque si hoy en día hay algo que el ser humano tiene desprotegido, descuidado y hasta trastornado es el pensamiento. Diariamente somos testigos de ello, pues la humanidad se encuentra en un estado de degradación y decadencia bastante importante.

No sé si lo has notado pero cuando pasamos tiempo alimentando nuestras vidas o consumiendo éste tipo de contenido, terminamos haciéndole daño a nuestro pensamiento, pues ¿Quién no termina después de esto preocupado, indignado, desanimado, desmotivado, o en casos contrarios, hasta influenciado a hacer algo similar? Lo hablo a modo personal, pues me di cuenta que ésto me pasaba cuando al ver en mis redes sociales noticias que no son provechosas, resultaba difícil para mí el tratar de traer a mi mente un pensamiento diferente, algo que fuera edificante, al no poder cambiar de idea, inmediatamente empecé a experimentar ansiedad, a tal punto que mi cuerpo me decía que debía salir corriendo.

Como vemos la tarea de guardar nuestro pensamiento no es sólo para aquellos pequeños que apenas están aprendiendo, sino también para nosotros los padres, hermanos, amigos, abuelos, líderes y pastores, pues en el mundo estamos y él está viciado de cosas que quieren afectar nuestro pensamiento, pues debemos recordar que un pensar se convierte en un sentir, y la combinación de éstos dos nos llevan a determinar nuestro actuar.

Hermanos, debemos tener presente que el pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos. De nosotros depende decidir con qué le seguiremos alimentando, si con la basura que nos ofrece el mundo, o por el contrario, con el alimento más nutritivo que nos ofrece Dios, Su Palabra.   Oración.

«Padre, gracias por enseñarme a través de Tu Palabra y de manera práctica la importancia de cuidar mi modo de pensar. Espíritu Santo de Dios llévame a mantener mi mente y mis pensamientos en Cristo Jesús, pues como dices en Tu Palabra: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado Amén.