sábado, 25 de abril de 2026

Jesús mi refugio seguro

 Jesús mi refugio seguro

“Oración de David. Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño. De tu presencia proceda mi vindicación; vean tus ojos la rectitud. Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión. En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos. Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen. Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, de los que se levantan contra ellos. Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas” Salmos 17:1-8

Esta oración la hizo David cuando estaba en peligro. Parece que estaba en el desierto y Saúl y sus hombres lo tenían acorralado y casi logran capturarlo. Este salmo revela la confianza de David en Dios y también puede ser una oración para nosotros en la actualidad, cuando nos encontramos en situaciones de pruebas, ansiedad y peligro.

Es una oración sincera donde el salmista le dice a Dios lo que realmente está sintiendo, cuando dice que su “oración está hecha de labios sin engaño”. Necesitamos, como David, clamar con sinceridad en momentos de angustia. David declaró su integridad ante Dios, sometiéndose al examen divino, para que Él le hiciera justicia. Cuando el Señor prueba nuestro corazón siempre encuentra algo. ¿Estaríamos dispuestos a que el Señor examine nuestra vida?

Esto me lleva a recordar la perfección de Jesús, porque nunca cometió pecado, ni se halló engaño en su boca, que cuando lo maldecían, no respondía con maldición, cuando padecía no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente, 1 Pedro 2:22-23. Esto nos ayudaría a pedir más compasión y misericordia por aquellos que nos quieran hacer daño y también a no decir cosas de las cuales tengamos que arrepentirnos después de haberlas dicho. Esto destaca la importancia de la pureza interna y el compromiso de no pecar con nuestra boca. Sabemos que en el mundo siempre habrá maldad, por la presencia de Satanás, el príncipe de este mundo, y siempre habrá “sendas de violentos”, es por eso que como hijos de Dios debemos permanecer alerta, como lo estuvo David con sus enemigos y orar para que las tinieblas retrocedan, para que podamos vencer la tentación y no seamos presa del enemigo.

Siempre debemos decir al Señor que afirme nuestros pies para no resbalar y tener la certeza de que Él escucha nuestra oración. Recordemos Éxodo 19:4 “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí”. Hemos sido colocados bajo la sombra de sus alas, recordándonos que Él es nuestro refugio, nuestro lugar seguro, debemos confiar en su protección divina y descansar en Él.  Oración.

Maravilloso Padre celestial, gracias por tu Santa Palabra, por poder apropiarme de ella y poder decirte: “examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno”. Me dirijo a ti con sinceridad, reconociendo que dependo de ti, que tú eres mi refugio y sé que tú me guardas como a la niña de tus ojos y me amparas bajo la sombra de tus alas, en ti me siento seguro y confiado, amén.  



viernes, 24 de abril de 2026

Servir a Dios, sabia decisión

 Servir a Dios, sabia decisión

“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”. Josué 24:15

Josué fue un joven que acompañó a Moisés sacando al pueblo de Israel de Egipto y haciendo la travesía por el desierto hasta llegar a la tierra prometida. Josué fue testigo del poder y la fidelidad de Dios en esos tiempos de conquista. Al final de su liderazgo él comprendió que lo más importante no era conquistar territorios sino, la determinación de servir al Señor, por eso dijo: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.

Determinó servir al Señor e invitó a todo el pueblo a hacerlo. En Josué 24:15 los confronta preguntándoles ¿a quién van a servir? Servir al Señor es un llamado para todo creyente.

Muchos en la iglesia de hoy solo quieren recibir bendiciones y el favor de Dios, pero todavía no se deciden a servir. La vida cristiana se trata de llegar al punto donde digamos: “No solo quiero demandar, quiero ofrecer”, “yo dispongo mi vida para que la puedas usar”. La palabra “serviremos” viene del hebreo “abad” que significa trabajar, servir, rendir culto, arar, cultivar y hacer; pero también es el sentido de obedecer, honrar y ser sumisos.

Hay tres verdades fundamentales en la determinación de servir al Señor:

El servicio a Dios comienza con un llamado a la santidad, Josué 24:14, Debemos servirle con integridad y con verdad. Es un llamado claro a la santidad, antes de tomar cualquier decisión debemos mirar la condición de nuestro corazón. La esencia del servicio es enfocarnos solo en Jesús. El servicio genuino no comienza con actividades sino con una vida rendida a Dios.

El servicio a Dios demanda una decisión radical, Josué 24:15. Josué modeló la radicalidad al decir: “yo y mi casa, serviremos a Jehová”. Entonces escojamos hoy a quién servir.

Servir es una muestra de gratitud por la fidelidad eterna de Dios. Josué 24:16-18, el pueblo respondió que iba a servir al Señor, recordando lo que Él había hecho. Su compromiso fue una respuesta a la fidelidad de Dios.

Hoy tomemos esta sabia decisión que va a ser de bendición no solo para nosotros, sino para nuestras generaciones, para que ellos no solo teman al Señor y lo adoren, sino que pongan sus vidas al servicio de Dios, para que otros conozcan el inagotable amor de nuestro Rey, que trae salvación y vida eterna.   Oración.

Maravilloso Padre celestial, hoy te pido que toques mi corazón, que puedas usar mi vida para ser bendición en mi hogar, ayúdame a ser un instrumento tuyo para traer sabiduría, entendimiento y dirección para otras personas que me rodean. Que me pueda levantar con disposición a servirte, adorarte y obedecerte, entregándote mi corazón para que sigas obrando a través de mí, amén. 



jueves, 23 de abril de 2026

La Trinidad actuó para traernos salvación

 La Trinidad actuó para traernos salvación

“Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”. 1 Pedro 1:1-2

En este pasaje Pedro se presenta como apóstol de Jesucristo. Él estaba escribiendo a los extranjeros que se habían dispersado por todo el Imperio Romano. Eran los judíos, llamados “la diáspora” porque ya no se encontraban en las tierras de Palestina. Debido a la persecución y a otros factores, se habían establecido por todo el imperio. Y se refiere a ellos como los elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre, en santificación del Espíritu para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesús. Podemos ver que la Trinidad es mencionada aquí, aplicando la obra redentora en cada creyente.

Recordemos que el Apóstol Pedro estaba escribiendo aquí a aquellos que habían crecido en el judaísmo. Judíos creyentes que vivían en Asia Menor y que estaban sufriendo persecución. Conocían el Antiguo Testamento y comprendían que, en el día de la expiación, el sumo sacerdote llevaba con él la sangre cuando entraba en el Lugar Santísimo, y rociaba la sangre siete veces en el propiciatorio o tapa del arca del pacto. Ahora, entendían que el Señor Jesús había tomado su propia sangre al dirigirse al trono de Dios, fue en la cruz donde fuimos juzgados como pecadores y el lugar donde se roció su sangre por toda la humanidad. Él entregó su vida y pagó el castigo que nos correspondía. En este momento, el trono de juicio y castigo (la cruz) se convirtió en el trono de la gracia de Dios, a donde podemos acudir para recibir la salvación.

Simón Pedro había conocido la gracia y la paz a través de la sangre de Cristo, porque Jesús mismo le había hablado de ello. La conocía porque había visto morir a Cristo, había contemplado cómo le sepultaban y después vio al Cristo resucitado. Y este hombre, que había sido indeciso, había llegado a ser un hombre con un carácter firme como una piedra. Este hombre pudo ponerse en pie en el día de Pentecostés y predicar sobre la muerte y resurrección de Cristo. Pudo ser llevado a la cárcel, ser perseguido, fue capaz de escribir una carta como ésta y, finalmente, ser crucificado por causa del evangelio.

Muchos creyentes no están seguros de su salvación. Quizás podemos preguntarnos: ¿cómo saber que soy uno de los elegidos? Por haber creído en Jesucristo, venir a Él y obedecerle. Cuando la preciosa sangre de Jesús fue derramada en la cruz por nosotros adquirió un valor salvador para nosotros, porque nos perdonó nuestros pecados y nos dio la vida eterna.

Cristo derramó en la cruz toda su sangre. La explicación del mensaje del evangelio debe incluir el rociamiento con la sangre de Cristo, que nos limpia de todo pecado. La gracia y la paz son multiplicadas sobre nuestras vidas, porque toda la obra de la Trinidad actuó en nosotros para traernos salvación: Dios Padre pensó en nosotros, Cristo murió por nosotros y el Espíritu Santo ha venido a morar en nosotros para regenerarnos.

Sin la gracia de Dios, nunca conoceríamos la paz que Él nos puede dar. Si no creemos que Cristo derramó su sangre por nuestros pecados, no podremos tener paz en nuestro corazón. La paz, la certeza y la alegría viene cuando sabemos que nuestros pecados han sido perdonados.

Hoy necesitamos entonces recordar que el Padre nos eligió desde antes de la fundación del mundo. Fuimos elegidos para ser consagrados para Él. El Espíritu Santo despertó dentro de nosotros anhelo por el Señor, nos convenció de pecado, nos guió a la Cruz de Cristo donde podíamos encontrar el perdón, y nos llenó de su fruto y para que sepamos, que mediante la sangre de Jesucristo, entramos en una nueva relación con Dios en la que nuestros pecados son perdonados y tenemos una vida nueva.   Oración.

Amado Señor, qué hermoso entender que toda la Trinidad actuó en mi para alcanzar la salvación. Mi Padre celestial pensó en mí y tuvo mi nombre en su memoria, el Espíritu Santo me convenció de pecado, justicia y juicio, para llevarme a aceptar lo que Cristo hizo en la cruz por mí, y tú Jesús derramaste tu sangre preciosa para el perdón de mis pecados y para darme vida eterna. Gracias mi Dios por darme tu salvación y llenarme de tu gracia y paz, amén.



miércoles, 22 de abril de 2026

Incomprensible amor

 Incomprensible amor

“para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles”. Mateo 12:17-21

Mateo aprovecha para señalar una vez más que Jesús estaba cumpliendo las profecías mesiánicas, dichas por el profeta, en Isaías 42:1-4. La palabra “siervo” viene del griego “páis” que significa niño, lleva la idea de una relación tierna entre padre e hijo. Esta profecía identifica al siervo ideal de Jehová con nueve características que apuntan a Jesús: Tres de las expresiones tienen que ver con la iniciativa de nuestro Padre Dios al pensar en su plan de Salvación para la humanidad caída: Su “siervo” (su Hijo), es el escogido, el Amado y el Ungido por el Espíritu y seis expresiones describen el carácter y ministerio del siervo: obediencia radical, complacencia al Padre, mensajero, pacífico y suave, de trato delicado, obtendrá la victoria y es la esperanza de las naciones.

“La caña cascada y la mecha que humea” son figuras de personas débiles y frágiles, de poca fe. Jesús trataría a tales personas con sumo cuidado y delicadeza para no herirlas, ni desanimarlas, con un amor incomprensible. Un contraste con el concepto que tenía el pueblo de Israel sobre el Mesías que esperaban, que pensaban que era un político-militar que llegaría con mano fuerte y conquistaría con armas de guerra. Nunca se imaginaron que el triunfo del juicio se refería a la cruz y a la resurrección de Jesucristo, que trajo perdón de pecados, vida eterna y victoria sobre Satanás y sus huestes, Colosenses 3:13-15. El resultado final es que las naciones, los gentiles pondrán su esperanza en Él.

Jesús vino a traer justicia a la humanidad y nos mostró cómo vivir de tal manera que expresemos el amor, tanto a Dios como a nuestros semejantes. En su vida terrenal, no se enfrentaría con nadie, ni gritaría de forma que se le oyera en las calles, nunca se pelearía con la gente. En Él se dio la inalterable serenidad del que busca conquistar mediante el amor a quienes lo escuchan.

Así como esa caña cascada quizás muchos estén astillados, heridos y no pueden mantenerse firmes, y necesiten ser sujetados o vendados. Y quizás muchos como el pábilo pueden estarse apagando, porque están faltos de combustible, faltos de la llenura del Espíritu Santo, o desanimados por las tormentas de la vida y necesitan ser limpiados, restaurados y nutrirse de Cristo para volver a dar luz.

El testimonio de una persona puede que sea vacilante y débil; la luz de su vida puede que sea parpadeante; pero Jesús vino para animar, por eso dijo con comprensión: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30. Jesús jamás extinguirá la llama vacilante, sino que la cuida para que vuelva a dar luz más fuerte y brillante.

Jesús es nuestra esperanza, en Él, Dios se acerca a cada persona, ofreciendo su incomprensible amor, un amor que excede nuestro entendimiento.   Oración.

Amado Señor Jesús, gracias por tu obra en mí. Me tocaste con ternura y con tu amor incomparable, suficiente para levantarme de mi condición de pecador y darme una nueva esperanza. Gracias porque con tu obra en la cruz, derrotaste las tinieblas, al pecado y me diste una vida nueva, fortaleciste mis manos débiles, afirmaste mis rodillas y me colocaste en lugar espacioso y seguro, en la Roca firme que eres tú Señor, gracias por consolarme y animar mi corazón, amén.  



martes, 21 de abril de 2026

Mi Amado, el más bello entre todos

 Mi Amado, el más bello entre todos

“Cantar de los cantares, el cual es de Salomón. ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Cantares 1:1-4

El libro de Cantar de los cantares atribuido al rey Salomón, describe la historia de una campesina, una Sunamita, que reside en una región montañosa. Cierto día llegó al lugar un pastor y ella se enamoró de él y él se enamoró de ella. Él salió de viaje, pero le prometió que regresaría algún día. Él no regresó tan pronto como ella había esperado, pero un día se anunció que había llegado a la región el rey Salomón y que quería verla. Ahora, ella no podía creerlo. Y cuando ella fue llevada a su presencia ella reconoció en él al pastor a quien amaba.

Aunque este libro exalta el amor sagrado del matrimonio, también, esta historia, es una hermosa figura de la relación de amor que existe entre el creyente y el Señor Jesucristo, que vino a buscarnos cuando estábamos perdidos, que entregó completamente su vida por amor a nosotros muriendo en una cruz, pero también resucitó victorioso y está sentado a la diestra de nuestro Padre celestial, y que ha prometido volver por su iglesia, por su novia para estar siempre con ella.

Como en otros libros Dios usó Cantares para hablarnos a nosotros sus hijos. Porque en la redención, Cristo no solamente nos rescata, sino que también nos da libertad. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8:36. Pero, ¿qué clase de libertad es esa? Es la libertad de poder acercarnos a Él sin nada que se interponga y presentarnos ante Él, como una iglesia santa, sin mancha, una iglesia gloriosa ataviada como una novia, para disfrutar la eternidad con Él, Efesios 5:25-27.

Hemos leído en Cantares la frase, “porque mejores son tus amores que el vino”. Lo que nos recuerda Efesios 5:18 que dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Ser llenos del Espíritu nos lleva a experimentar esa alegría de pertenecer a Cristo y de tener una relación de comunión y compañerismo con Él.

Pedro nos dice que, aunque en este momento no veamos físicamente a Jesús, nos gocemos con gozo inefable y glorioso mientras lo esperamos. 1 Pedro 1:8 lo expresa así: “a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Por eso, permitamos que el Espíritu de Dios, que Él nos dejó para experimentar la vida en Cristo, nos llene con su Presencia y siga derramando el amor de Dios en nuestros corazones, para así experimentar esa unión con Cristo de una manera real, trayendo plenitud a nuestra vida.

El nombre de Jesús es como “ungüento derramado” como dice Cantares, esto porque cuando Cristo comenzó su vida en la tierra, le trajeron mirra para que fuera colocada en su cuerpo. Hubo una fragancia, un aroma en toda su vida en este mundo que le acompañó desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Y qué diremos de la fragancia de su amor por nosotros cuando murió en la cruz?

No nos queda más que exclamar como la Sunamita: “Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Esta es una expresión de amor del creyente hacia Jesús, con el que quiere una unión espiritual de intimidad y comunión total con Él. Sabemos que podemos llegar a ese nivel de unidad, al nacer de nuevo, para estar en Cristo. Jesús dice en Juan 14:20 “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Estamos en Él. Su Palabra dice que estamos sentados en los lugares celestiales, aceptos en el Amado, unidos a Él, resucitados con Él, donde todo lo tenemos con Cristo y le pertenecemos, Colosenses 3:1.

Entender este nivel de intimidad debe llevarnos a decir como la Sunamita: “Mi amado es mío, y yo suya” Cantares 2:16a. La iglesia es la novia de esta historia, por eso digamos junto al Espíritu: “Ven Señor Jesús”, somos hijos de Dios, tenemos acceso a su presencia, a sus habitaciones, a su morada eterna.    Oración.

Mi Jesús, mi Amado, gracias por venir a darme vida abundante, tú quieres que viva y disfrute de tu Plenitud, que sienta gozo de mi unión contigo. Quiero estar más cerca de ti y conocerte profundamente, tener más intimidad y comunión contigo. Espíritu Santo lléname con tu Presencia y permíteme experimentar ese nivel de intimidad con mi Jesús. Amén.



lunes, 20 de abril de 2026

 Abundando en acciones de gracias

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. Colosenses 2:6-7

Aceptar a Cristo como Señor de nuestra vida es el comienzo de una vida con Él. Pero debemos seguirle día a día, a través de su Palabra y la guía del Espíritu Santo para poder arraigarnos, edificarnos y fortalecernos en la fe. Esto se logra si vivimos para Él, dedicándole nuestras vidas y sometiéndonos a su voluntad como dice Romanos 12:1-2; aprendiendo de Él, de su vida y sus enseñanzas, estudiando su Palabra, como Él lo dijo en Juan 5:39; y reconociendo el poder que nos fue dado por el Espíritu Santo, Hechos 1:8.

Pablo dice que debemos estar arraigados en Cristo para recibir su fortaleza, así como las plantas están arraigadas por sus raíces al suelo para poder nutrirse y fortalecerse. Cuanto más dependamos de Él, menos posibilidades habrá de ser engañados por filosofías de vida basadas en ideas humanas, que no tienen en cuenta a Dios. Resistamos la herejía renovando nuestra mente con el estudio de su Palabra y enfocándonos en Cristo.

Pablo nos dice “andad en Él”; o sea que nuestra vida debe ser en Cristo, caminando con Él. Siendo conscientes de su Presencia, profundizando y edificándonos con su Palabra. Seremos entonces como un gran árbol que tiene las raíces bien profundas en el suelo para recibir sustento y fuerza. Como creyentes debemos recibir de nuestra fuente de vida, que es Cristo, la fuerza para permanecer en nuestro andar cristiano. Como una casa que si tiene buenos cimientos se mantiene firme ante las inclemencias del tiempo. Nuestra vida debe resistir cualquier tempestad si está fundamentada en Jesucristo, Mateo 7:24.

Mientras vivamos bajo el Señorío de Cristo, veremos que Él actúa poderosamente en nosotros y nuestras vidas deben abundar en acciones de gracias. El verdadero creyente se mantiene firme en la fe que ha recibido y no olvida las enseñanzas fundamentales acerca de Jesús, porque la Verdad inalterable es que Jesucristo es el Señor. Una característica constante en su vida cristiana debe ser la gratitud, por todo lo que ha hecho en él, por su gracia y amor. Si estamos llenos del Espíritu Santo seremos agradecidos, como lo dice el Señor en Efesios 5:18-20 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

Hagámonos esta pregunta: ¿Tenemos un espíritu alegre y agradecido independientemente de lo que pase en nuestras vidas? A veces perdemos nuestro gozo cuando nos dejamos atrapar por las responsabilidades, luchas y desafíos de la vida y nos olvidamos de ser agradecidos con Dios. Si la gratitud no está en nuestro corazón no la podemos practicar. Muchas veces hay más queja en nuestra boca que gratitud. Por eso recordemos quiénes somos en Cristo y todo lo que hemos recibido de Él, entonces nos desbordaremos en gratitud y alabanzas hacia Él.   Oración.

Amado Padre, quiero ser una persona que abunde en acciones de gracias, que reconozca que tú eres la fuente de todo; que toda bendición que recibo proviene de ti. Solo el hecho de tener a tu Hijo Jesús en mi corazón como mi Señor y mi Salvador es un motivo de gratitud. Gracias por haberme escogido desde antes de la fundación del mundo, por hacerme tu hijo y coheredero de todas tus riquezas en gloria, Amén.



domingo, 19 de abril de 2026

Este es mi testimonio

 Este es mi testimonio

“Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Juan 9:25

Muchas veces nos preguntamos ¿Cuál es la mejor manera de evangelizar y alcanzar el mundo para Cristo? La verdad es que, aunque existen numerosos métodos de evangelización, campañas evangelísticas donde presentamos el sencillo mensaje del evangelio, la manera más contundente de atraer otras personas a Cristo es contando nuestra propia historia.

El testimonio personal es la oportunidad que tenemos de contarle a otros lo que Cristo ha hecho en nuestra vida. Aunque muchos de los que nos escuchan no conocen a Jesús y quizás piensan de Él como pensaban los fariseos de ese entonces, que lo consideraban un lunático, un charlatán, un pecador y hasta un endemoniado por las señales que hacía, podemos decir como el ciego: “si es pecador, yo no lo sé, lo único que sé es que Él me salvó, me sanó, me liberó, me transformó, etc.”

La Palabra de Dios está llena de testimonios de hombres y mujeres cambiados por el conocimiento y el poder de Cristo, además millones de personas siguen testificando sobre la transformación de sus vidas al haberse encontrado con Jesús. En el Antiguo Testamento se afirma que sólo Dios tiene el poder para dar vista a los hombres, veamos Éxodo 4:11 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?”; y también se consideraba una dimensión de la obra del Mesías en Isaías 29:18 dice: “En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas”.

La sanidad hecha por Jesús, de este ciego, debería ser la señal más clara de su divinidad, apoyando el reclamo que le hacían los religiosos de su época porque decía ser el Hijo de Dios. Este episodio reúne los dos aspectos del ministerio de Jesús, el de ser la luz del mundo que ilumina a los que creen, pero a la vez el que resulta en juicio y ceguera espiritual para los que lo rechazan. Nuestra ceguera no fue física pero el Señor nos sanó de nuestra ceguera espiritual, para que diéramos testimonio de lo que ha hecho en nuestra vida. Contemos nuestra historia con autenticidad, contemos nuestra historia persistentemente, contemos nuestra historia humildemente, Proverbios 12:17; Juan 9:11-12

Después de que son abiertos nuestros ojos espirituales y nos convertimos al Señor, en la medida que empezamos a conocerlo, cambia nuestra percepción de Él, y comenzamos a adorarlo como nuestro Señor y Salvador. Entender lo que es nuestra historia de vida cuando recibimos a Cristo, es una de las maneras de dar testimonio de su amor y misericordia y de llevar la luz de Jesús a las personas que nos rodean. No subestimemos nuestro testimonio, alguna persona puede identificarse con nosotros y desear conocer del Señor.    Oración.

Señor Jesús, quizás mi historia no es tan dramática como la del ciego de nacimiento, pero tengo una historia que tiene poder para acercar a otros a Cristo, ayúdame a contar mi testimonio desde mi corazón, con honestidad y autenticidad. Así como Bartimeo “yo era ciego y ahora veo”, puedo testificar de que me encontraste, que abriste mis ojos espirituales, me sanaste, me liberaste y me salvas; y ahora quiero que otros experimenten lo mismo. En el nombre de Jesús, amén.