miércoles, 21 de octubre de 2026

Arrepentirse y creer

 Arrepentirse y creer

“y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”, Mateo 3:2

“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.” Gálatas 2:16

El arrepentimiento bíblico no significa sentir remordimiento, llorar por las faltas o simplemente buscar una mejora en la conducta. No es un obrar humano, pero si una disposición del corazón que reconoce que está en bancarrota sin Dios. (Mateo 5:3)

El Apóstol Pablo en la carta a los Gálatas, escribe a Cristianos ya redimidos, pero que maestros judaizantes han querido agregar la levadura de los fariseos, es decir, el obrar humano por encima del obrar de Dios y entonces les pregunta por el Espíritu: “Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?”, Gálatas 3:2

¿Qué tiene que ver esta pregunta con el arrepentimiento? Que no hay ningún requisito para recibir el Espíritu de Cristo, sino solamente la fe. No hay ninguna obra, incluido algún acto de contrición que el hombre pueda hacer para obtener su salvación, más que creer en Aquel que murió y resucitó; esto es confirmado en varios pasajes de la escritura, que hablan de la superioridad de la gracia, frente a cualquier acto moral del hombre, “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.”. (Romanos 11:6).

El significado de Metanoia, para la palabra original griega que se usa para arrepentimiento, como Mateo 3:2 y Marcos 1:15, donde se nos exhorta: «Arrepiéntanse y crean en el evangelio», su significado real es un cambio profundo de mentalidad. Es una transformación del entendimiento, que solo puede venir por el poder de su Espíritu, pero que nos pide que no pensemos como pensábamos antes. (Romanos 12:2).

¿Cuál es ese cambio de mentalidad? Es un cambio radical respecto a la salvación que se enfoca en cómo somos justificados: implica dejar de depender de las propias obras para salvarse y aceptar que la salvación ya fue realizada por Cristo. Es un hecho consumado y completo, que es por gracia mediante la fe, pero es una fe mediante la cual también somos transformados y perfeccionados para buenas obras (Efesios 2:8-9, Efesios 2:10, Filipenses 1:6). Hermanos, lo anterior coloca el fundamento, y nos da seguridad de una obra completa, de un Dios fiel que nos ama profundamente y no quiere que nadie se pierda, reflexionemos en esto hoy.    Oración.

Padre, cuántos años viví en condenación a pesar de haber recibido a Jesús con gozo, pero luego la religiosidad de la carne trastornó y llenó de cargas mi vida, pero tu Espíritu alumbró mi entendimiento para experimentar tu amor y saber que me hiciste acepto en el Amado y que cada dia perfeccionas tu obra en mí, formando el carácter de tu Hijo y así expresar hacia los demás esta transformación. Amén. 



lunes, 19 de octubre de 2026

Cambiando la fuente de nuestro obrar

 Cambiando la fuente de nuestro obrar

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”, Gálatas 5:19-21

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Gálatas 5:22-23.

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”, 1 Corintios 15:22

Todos nacimos en Adán desde el vientre de nuestra madre. Sin excepción, heredamos una naturaleza caída; nuestro sistema operativo venía infectado por el virus mortal del pecado.

El pecado es evidencia de la naturaleza que heredamos. Esta manifestación de la naturaleza caída se llama obras de la carne, que podemos estudiar en detalle en Gálatas 5:19-21. Por ejemplo, si andamos en contienda o expresamos odio hacia alguien, estamos manifestando la naturaleza adámica caída, el viejo hombre.

Pero esto va más allá, a veces incluso imperceptible, porque la carne incluye todo obrar de nuestro intelecto, actuando de forma independiente de Dios, que juzga lo espiritual con lógica desconectada de la fuente de vida. Dicho desde otra perspectiva, esto ocurre cuando administramos nuestra vida basándonos en lo temporal (Mateo 16:23).

En contraposición, cuando tenemos un nuevo nacimiento por creer y recibir a Cristo, somos puestos en Él (Juan 1:12). Entonces, somos hechos participantes de la naturaleza divina por estar en Cristo y ahora podemos expresar esa nueva naturaleza (2 de Pedro 1:4).

Por la acción de la fe en Cristo, el Padre, en el obrar de su Espíritu, nos traslada de la antigua naturaleza adámica de muerte y pecado, a la nueva naturaleza de Cristo que manifiesta vida eterna y el fruto: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” (Gálatas 5:22-23).

‘Dime en qué naturaleza andas y te diré quien eres’, si estamos en la carne manifestamos las obras de la carne, y el pecado es manifiesto. Las obras que hacemos manifiestan o evidencian la naturaleza en la que andamos.

Hermanos amados, debemos cambiar la fuente para que nuestro obrar cambie radicalmente. Andemos en Cristo, en la nueva naturaleza en la que fuimos colocados, para que manifestemos amor. Es la única manera de vivir agradando a Dios, porque el Hijo obrando en nosotros es el único que anhela y hace verdaderamente la voluntad de nuestro Padre: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” (Juan 6:38)    Oración.

Me amaste tanto Padre, que en Cristo me diste todo, se cumplió la promesa de Jesús de que los que creemos en Él tendríamos una fuente inagotable que brota para vida eterna. En esa fuente quiero permanecer, no en mi propia fuente, que me lleva a obrar contrario a tu voluntad, mejor anhelo llevar mucho fruto y agradarte en todo por el poder de tu Espíritu obrando en mi, amén.



domingo, 18 de octubre de 2026

Experimentar la muerte de Cristo en nuestra vida

 Experimentar la muerte de Cristo en nuestra vida

“llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.”, 2 Corintios 4:10-11

Experimentar la realidad de la muerte de Cristo en nosotros, era lo que constantemente en sus cartas, por el Espíritu, instruyeron los apóstoles del Señor y podemos ver de manera práctica cómo aplicar esta realidad en tres áreas fundamentales:

En lo que pensamos:

“Llevamos a la cruz cada pensamiento” —como enseña 2 Corintios 10:5— para que no sea nuestro pensar sino el Suyo, disponiéndonos para que sea la mente de Cristo, en Su revelación, antes que nuestros propios pensamientos carnales. Morimos por tanto a que nuestros viejos esquemas de pensamiento carnal, sean los que gobiernen nuestra vida. (1 Corintios 2:16)

En lo que sentimos:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Filipenses 2:5-6). Es un sentir que nos aparta de considerar nuestros propios intereses para colocar primero los de la iglesia, el cuerpo donde fuimos colocados, esto se logra teniendo un mismo sentir. No es lo que yo siento lo que dirige mi vida, reacciones o mi disposición, sino el sentir de Cristo que se expresa en el cuerpo en comunión, por tanto, muero a colocar mi propio interés. (Filipenses 2:2-3).

En nuestra voluntad y en lo que hacemos:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20), esto es un intercambio total donde nuestra vida y decisiones quedan gobernadas por Cristo, usando la fe como motor. Es una entrega total, una rendición completa, no se deja una parte o un área de la vida, se entrega todo para morir y ganarlo todo, para que seamos entonces hallados en Él. Como disposición práctica, en todo lo que hacemos llevamos siempre por todas partes su muerte, para que se manifieste su vida (2 Corintios 4:10)

Considerarse muerto no se trata de no hacer nada, sino de negarme a mí mismo, detener mi obrar, entrar en su reposo y descansar en Él, para que inmediatamente Su obrar sea manifiesto. Pues en vano trabajamos nosotros, si el Señor no es el que edifica (Salmos 127:1).

Hermanos, no podemos vivir como si no hubiera pasado nada. La rutina, los afanes y la presión del mundo, nos empujan a amoldarnos a su dinámica y pueden distraernos del objetivo haciendo que perdamos un tiempo valioso en lo temporal, cuando lo Eterno está aquí en nosotros, esperando ser expresado plenamente.   Oración.

Padre, gracias porque me colocaste en el cuerpo de Cristo, para experimentar la realidad de Cristo junto con mis hermanos, teniendo un mismo pensar, sentir y por el poder de tu Espíritu, tu obrar ejecuta tu voluntad en una perfecta comunión y unidad, siendo formado Cristo en nosotros, amén.  



sábado, 17 de octubre de 2026

Todos morimos en el cordero.

 Todos morimos en el cordero.

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.”, 2 Corintios 5:14-15

Siempre escuchamos que Cristo murió por nosotros, por nuestros pecados; esta es una verdad esencial del evangelio. Pero también es igualmente cierto y determinante saber que morimos juntamente con Él.

Esta es la explicación de por qué tenemos una nueva vida, pues cuando creímos en Cristo, participamos de la muerte del Cordero, es decir, fuimos colocados por el Padre en la muerte de su Hijo y juntamente con él fuimos resucitados para vida nueva (Romanos 6:6, Efesios 2:5-6)

Y el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu, nos impulsa como un poder que actúa en nosotros, para experimentar la realidad de su muerte, y dejar que la expresión del Hijo resucitado se manifieste en nosotros. (2 Corintios 5:14)

Este amor, nos impulsa también a vivir no para nuestros fines, sino para Él; no vivimos por una causa loable, sino por y para una persona perfecta que nos habita. No vivimos por algo, sino por Alguien. (2 Corintios 5:15)

Entonces, Él debe ser la causa que nos anime a levantarnos cada mañana, pero no nos despertamos con la actitud de decir, ‘ahora si Señor te voy a cumplir en todo’, pues la vieja naturaleza no puede ser mejorada, sino que debemos llevar su muerte, en todo lo que pensamos, sentimos y hacemos, para que se active Su vida: “llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” (2 Corintios 4:10)     Oración.

Padre, hoy se que cuando Cristo murió, yo morí, pero que ahora resucité en Él para vida nueva, no solo murió por mis pecados sino que participé de su muerte, para gozar de la vida eterna en su resurrección, amén.  



viernes, 16 de octubre de 2026

 El pan de cada dia

“Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Mateo 4:4

“desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,” 1 Pedro 2:2

Todos los que hemos puesto nuestra confianza en Jesús, hemos participado y hemos comido del Pan de vida; esto es un hecho consumado y realizado una vez y para siempre. Comimos del Cordero y morimos junto con Él, para resucitar juntamente con Él, por esta razón, espiritualmente, no comemos del Cordero a diario, o cada semana, ya que fuimos unidos a Cristo por la fe y el que se une al Señor un espíritu es con Él, pero nuestra alma sí que necesita ser alimentada con esta verdad a diario. Este es el pan de cada dia, que necesitamos hoy (Hebreos 10:14, 1 Corintios 6:17, Mateo 6:11).

El evangelio es el anuncio de un hecho consumado, que nuestros pensamientos, sentimientos y voluntad, necesitan comer a diario y permanecer en esta realidad eterna; por esto, el entendimiento de los siguiente pasajes es increíblemente importante para la iglesia:

Santiago 1:21: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.”,

1 Pedro 2:2: “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,”

Los anteriores pasajes, no están diciendo que debemos hacer algo para nuestra salvación, ya es un hecho consumado; pero nuestra alma necesita cada día estar renovándose con esta realidad eterna y traerla a nuestra vida temporal.

Así como nuestra carne necesita alimento diario, nuestra alma también necesita alimentarse continuamente de la Palabra de Dios, porque ella nos guía, nos transforma y nos conecta con nuestra salvación ya realizada.

Porque si no es así, hermanos míos, nuestra alma se conecta con el viejo hombre y empieza a expresar una naturaleza caída y a tener hambre de pecado, cuando debemos saber, entender, considerar, ir a la cruz y recordar que ya no vivimos nosotros, sino que somos un nuevo hombre en Cristo Jesús y como consecuencia, mejor tenemos hambre y sed de la Palabra de Dios (Efesios 4:22-24).     Oración.

Mi mayor y mejor alimento eterno eres tú mi Jesús, participé de tu muerte y resurrección, para ser unido a la familia de la fe, donde en comunión cenamos de tu amor y provisión y me alimento de tu Palabra viva, para que mi alma sea confortada. Amén.



jueves, 15 de octubre de 2026

Lo que alimenta tu alma

 Lo que alimenta tu alma

“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”, Génesis 3:11

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”, 1 Tesalonicenses 5:23

Lo que nos alimenta determina lo que expresamos. Esta realidad no solamente está en el cuerpo, sino en nuestra alma. En el cuerpo lo podemos ver fácilmente cuando comemos algo que nos hace daño, o en exceso. Muchas veces no al instante, pero vemos las consecuencias a mediano y largo plazo.

Nuestra alma también la alimentamos, muchas veces con lo que dice 1 Juan 2:16 “ Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”

Para entender en profundidad esto, podemos reflexionar en el caso de Adán y Eva, podían comer de todo árbol del huerto, menos de uno, que les causaría la muerte. Al elegir ese fruto prohibido, comieron de él engañados por la serpiente, y la consecuencia fue la muerte. Y esta tentación por comer algo prohibido inició por que la mujer vio que el árbol era bueno para comer, que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría, comió e hizo partícipe a Adán, entonces cayeron. (Génesis 3:6-7)

Y ¿con qué se siguieron alimentando, a nivel del alma? de religión, de autopreservación, autoanálisis y por necesidad inventaron un mecanismo para cubrir su vergüenza, su vacío y su falta de conexión con Dios.

El alma tiene una particularidad, necesita estar conectada con algo, porque fue diseñada para expresar la fuente a la que se conecta. Si la fuente no es Dios, el alma se conecta consigo misma y con el maligno (Efesios 2:2), es por tanto una fuente rota. Hoy en día nos conectamos y nos alimentamos del mundo digital.

¿Por qué lo que comemos ya sea a nivel del cuerpo o del alma es tan determinante?

Porque lo que comemos involucra conexión, comunión, satisfacción y crecimiento, en resumen: participamos activamente.

Y en el presente alimentamos nuestra alma, con noticias rápidas, entretenimiento barato y superficial, sensaciones cortas que exaltan nuestro ego y excitan nuestros deseos, pensamientos de autoaceptación que nos digan lo bueno que somos o lo bien que hacemos todo, pero también nos alimentamos de religiosidad para tener “calmada” nuestra conciencia por medio de rituales vacíos y sin sentido, pero que engañan nuestra percepción. (Gálatas 3:1, 2 Corintios 11:3)

Meditemos hoy hermanos acerca del alimento que estamos dejando pasar a nuestra alma, pues este infla la naturaleza carnal, heredada de Adán y Eva. Pidamos a Dios alimentarnos mejor del Árbol de la vida: Cristo.   Oración.

Padre, trae calma y paz a mi alma, quita esta ansiedad y desasosiego que me lleva a alimentarme de lo que no nutre, sólo la plenitud de Cristo me da verdadero alimento, verdadera comida que sustenta todo mi ser y me cubre para presentarme perfecto ante ti, amén. 



miércoles, 14 de octubre de 2026

El impacto del Amor de Dios

 El impacto del Amor de Dios

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras." Jeremías 17:9-10

La Palabra de Dios es clara al afirmar que el corazón del ser humano es “engañoso y perverso”. ¿Cuál es la razón? Mateo 15:19 nos lo aclara: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” Como cualquier otro pecado, estos nacen en nuestro interior. Jesús nos enseña y confirma en Mateo 5:19 que el hombre, después de la caída, quedó con una naturaleza pecaminosa que lo impulsa constantemente a pecar.

Lo triste es que, a pesar de esta advertencia divina, con frecuencia optamos por confiar en nuestro propio corazón. Frases como “sigue tu corazón, él te mostrará el camino” o “no importa lo que te digan, lo importante es seguir tu corazón” han calado hondo en nuestra sociedad, y han terminado influenciando nuestra toma de decisiones, al punto de actuar solamente por un sentir, un presentimiento o un impulso.

Sin embargo, el deseo de Dios es que nuestra confianza esté depositada plenamente en Él, y no en nuestro corazón, tal como se revela en Jeremías 17:7-8: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”

Como hijos de Dios, tenemos la promesa de dar fruto siempre, pues hemos sido plantados en Cristo, junto a las corrientes de las aguas del Espíritu Santo: su Amor y su Palabra, que por medio de la comunión del Espíritu Santo nos permiten llevar el fruto del Espíritu descrito por el apóstol Pablo en Gálatas 5:22-23.

Así que, hermanos, si la voz de nuestro corazón intenta llevarnos por caminos equivocados, más bien creámosle a Dios, pues Él conoce nuestro interior mucho mejor que nosotros mismos, como lo afirma Jeremías 17:9-10. Pidámosle sabiduría para permitir que el nuevo corazón que hemos recibido, junto con el amor de Dios derramado en nosotros, impacten nuestra forma de sentir para negarnos a nosotros mismos, y ser capaces de tomar decisiones dirigidas por el Espíritu, y no por la naturaleza pecaminosa de la carne.     Oración. 

Padre Dios, que el amor de tu Amado Hijo toque mis fibras más íntimas impactando mi manera de sentir, llevándome a morir a mí mismo, para que viva Cristo en mí. Amén.