martes, 2 de junio de 2026

REPRENDIENDO AL DEVORADOR

 REPRENDIENDO AL DEVORADOR

“Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.” Mateo 13:4

“Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.” Malaquías 3:11

Al meditar en el evangelio de Mateo, llama mi atención que Jesús, en medio de la parábola que enseñaba, usara la palabra “comieron” refiriéndose a las aves que se alimentaron de la semilla que cayó junto al camino. Cuando nos dirigimos al griego original nos encontramos que la traducción para esta expresión no es “comieron” sino “devoraron”, y esto tiene una connotación mucho más profunda; posiblemente hayas experimentado que una cosa es comer un alimento y otra muy diferente es devorarlo, y la diferencia radica en la intensidad con la que se realiza. Cuando las Escrituras expresan que las aves devoraron las semillas nos indica que aquellos animales estaban ansiosos por comer, y al tener demasiada hambre se lanzaron a devorarlas en un segundo. Esto mismo pasa en el ámbito espiritual, pues el devorador, Satanás, está ansioso, hambriento y deseoso de encontrar qué devorar. Te preguntarás: ¿qué es lo que Satanás quiere devorar?

La semilla: Dios quiere sembrar en nosotros los creyentes una semilla llamada Palabra de Dios, y Satanás está interesado en que esa Palabra no se siembre. ¿Por qué? Sencillamente porque la Palabra de Dios es tan poderosa, que no solamente es capaz de crear, como lo ilustra todo el primer capítulo de Génesis, sino que también cuando el creyente la escucha y cree en ella, esta semilla produce fruto (Mateo 13:8, Gálatas 5:22-23).

El fruto: La Palabra de Dios nos dice en Malaquías 3:11 que el devorador está interesado en destruir el fruto de la tierra, es por esto que el Señor nos exhorta en diversos pasajes a que no dejemos que plagas ni zorras pequeñas se aniden y dañen las cosechas, pues ellas sólo quieren dañar la tierra y comerse el fruto (Cantares 2:15).

La tierra o viñas: que representan nuestros corazones, y es que el corazón es esa tierra que cuando la semilla, la Palabra de Dios, se siembra, genera fruto, y en Malaquías el Señor nos reafirma que el devorador busca que nuestra tierra o viña no sea fructífera sino estéril. Por eso el Señor nos exhorta a no dejar crecer raíces de amargura que contaminen nuestra tierra o la de otros, ni tampoco que crezcan espinos que son los que ahogan la Palabra y no permiten que se produzca el fruto que viene de parte de Dios (Hebreos 12:15, Mateo 13:7).

Hermanos, Dios no sólo quiere revelarnos los intereses del devorador para que estemos alerta, sino que quiere a través de este devocional algo mucho más profundo: llevarnos como creyentes a tener paz y a reafirmar nuestra fe y esperanza en Jesús, pues las Escrituras nos revelan que Satanás ya fue vencido en la cruz. Por lo tanto, tengamos paz y creamos que quien está con nosotros, Dios, reprenderá al devorador y cuidará nuestros corazones, sembrará Su Palabra y nos permitirá gozar de Su fruto.    Oración.

Padre, gracias por darme a conocer y entender Tu Palabra, pues a través de ella me muestras una realidad de lo que está pasando en mi vida. Limpia Señor mi corazón y permite que mi tierra sea fructífera en la que el fruto de Tu Santo Espíritu se manifieste. Te lo pido en el Nombre de Jesús, amén.  



lunes, 1 de junio de 2026

¿Abrumado?

 ¿Abrumado?

“En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.” Salmos 94:19

En zonas montañosas, altiplanos y valles húmedos, en ocasiones se presenta la niebla o neblina. Quizás en algún momento de tu vida habrás podido ser testigo de este suceso y entenderás que cuando llega la niebla a un lugar lo primero que se pierde es la visibilidad. Podríamos decir que lo mismo sucede en nosotros, espiritualmente hablando, cuando permitimos que llegue el agobio.

La Real Academia Española (RAE) define “abrumar” como el agobio que siente una persona cuando tiene una carga pesada, carga que puede provenir no sólo de algo físico sino también de algo mental o emocional, como por ejemplo, una preocupación grave por una responsabilidad que se está afrontando. Como vemos, el sentirse abrumados o agobiados viene como “respuesta a la sobrecarga de tareas o emociones, que provocan agotamiento, confusión y sensación de pérdida de control”. Y es que seamos sinceros: ¿Cuántos de nosotros en diferentes ocasiones hemos experimentado lo que es sentirse abrumado?, posiblemente muchos, quizás por situaciones difíciles que son repetitivas en nuestras vidas, o por pensamientos que no paran de rondar nuestra mente. Seguramente si lo has enfrentado podrás entender que aquel agobio del que hablamos llega a nublar nuestra vida, a cubrir nuestros pensamientos y emociones para no permitirnos ver con claridad, tal como lo hace la niebla o neblina. El problema del agobio es que no llega solo, pues viene con una cantidad de emociones similares: ansiedades, temores, tristezas, frustraciones, etc. Cuando emergen este tipo de emociones lo que hacen es perjudicarnos y desviar nuestra mirada de Dios, por eso el Señor, a través del Salmo 94:19, nos expresa que lo único que puede llegar a darle claridad a nuestras vidas y echar fuera todo agobio, es Su Palabra; pues Su Palabra es la única que puede darle quietud, claridad y consuelo a nuestra alma: “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.”

Hermanos, Dios nos quiere recordar que a pesar de que haya responsabilidades que puedan generar ansiedad, estrés o cansancio, no debemos dejarnos abrumar, agobiar, ni dominar por ellas, pues todas estas emociones son contrarias a lo que produce Dios. Lo que el Señor anhela es que tú y yo, a diario, podamos experimentar Su paz, aún en medio de cualquier responsabilidad que debamos enfrentar, pues esa paz es la única que guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:7)     Oración.

Padre, te pido por favor que pongas claridad en mi mente y corazón. Reconozco que ha habido situaciones en las que he dejado que el agobio nuble mi vista, pero no quiero seguir igual. Señor Jesús, llévame a descansar en Ti y en Tu Palabra, revélame y recuérdame por medio de tu Espíritu Santo Tu Verdad, pues sólo en Tí halla descanso mi alma. Amén.



domingo, 31 de mayo de 2026

La fuente de mi obrar

 La fuente de mi obrar

“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,”, 2 Corintios 10:5

“Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.”, Romanos 14:23

En el Antiguo Testamento, se muestran muchas veces la rebeldía de Israel, su tendencia a confiar en ellos mismos, en apartarse de Dios y caer en la idolatría, El Señor da el diagnóstico: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13)

Cambiaron la fuente viva, y ellos se convirtieron en su propia fuente, pero esa fuente estaba rota.

Así mismo sucede hoy en día con nosotros los creyentes cuando cambiamos la fuente de nuestro obrar, pero ¿qué quiere decir que la fuente sea yo mismo? Pues cuando la fuente es mi propio yo, caemos en la autosuficiencia del alma, y ésta necesita valoración, reconocimiento y respeto. Caemos en el viejo engaño de “ser nuestros propios dioses”, ver lo que es mejor para nosotros, y terminamos esclavos de nuestras pasiones y deseos, volvemos a sentir vergüenza y nos sentimos huérfanos, comenzamos a tapar nuestra conciencia con religión (Tito 3:3)

Por eso el Señor nos invita a la negación de nosotros mismos. A llevar a la cruz todo, pues cuando comimos del cordero morimos y por tanto es determinante, urgente que llevemos su muerte a toda decisión para que cambie la fuente.

Pablo lo expresa, inspirado por el Espíritu, de una manera extraordinaria: “llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.” (2 Corintios 4:10). Que yo merme, para que Él crezca.

Es esencial hacerlo cada día, y claro, es casi un insulto para un mundo que exalta el yo; pero hablar de negarse no es misticismo, porque me niego para hacer un intercambio de vida, me niego a mi, para tomar la vida de Hijo de Dios. (Lucas 9:23)

Entonces, en esta negación, cambio de fuente, ahora la fuente de mi obrar debe ser únicamente Cristo; pues si la fuente de mi obrar no es Cristo, sino yo, entonces la gracia se detiene y la razón fundamental de esto es que todo lo que no es de Cristo, lo que no es de la fe que nos trajo esa gracia, es pecado y así lo ve el Señor. (Romanos 11:6, Romanos 14:23).

Hermanos, este conocimiento revelado y experimentado en cada uno de nosotros trae consecuencias tremendas: Destruye el legalismo, pues no son nuestras sensaciones o percepciones; destruye el misticismo, pues no son impulsos anímicos motivados por el orgullo de una falsa espiritualidad o sensación subjetiva de “elevación” sin verdad.

Por lo tanto, se construye una vida en total dependencia de la única fuente inagotable, refrescante y eterna, Cristo; y su llamado no es a hacer, sino a permanecer, para que siempre la fuente de todo obrar sea Él (Juan 15:15).   Oración.

Descanso en ti, tú me llevas de tu mano, me niego a mi propio criterio, y llevo cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo, que su mente sea la que opere, no la mía, de esta manera cambio de fuente, que no sea yo sino Cristo en mí, para llevar en mi cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en mí, amén.  



sábado, 30 de mayo de 2026

Venid a mí los cansados

 Venid a mí los cansados

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;”, Mateo 11:28-29

Hace unos años cuando recibí al Señor como Salvador, una de las primeras palabras que me llenó de esperanza y me conmovió fue la de Mateo 11:28-30

En ese momento cuando leí este pasaje, vino a mi una pregunta, ‘pero soy joven, ¿de qué voy a estar cansado?’, y mi respuesta fue reconocer que aunque tenía fuerza física realmente estaba cansado. Asombrosamente vino a mi el entendimiento de mi cansancio y de que este no provenía de la ausencia de fuerza física, sino de la ausencia de su presencia en mi vida, había tenido que luchar en mi propia alma, en soledad, sin propósito, y esto es lo más agotador para un ser humano. Estaba trabajado y cansado, sin Cristo en mi.

Entonces, ahora que inicié a aprender sobre el alma, y cómo gestionarla, entiendo mejor cuando el Señor dice: “hallaréis descanso para vuestras almas”. Nuestra alma se agobia y se cansa, porque nos apartamos del diseño original, incluso como creyentes, y no vivimos en el flujo espíritu, alma y cuerpo, como seres integrales, que dependen completamente de vivir en el Espíritu de Dios en comunión con nuestro espíritu, tomando la mente de Cristo y expresando en lo que hacemos, su obrar.

Muchas veces me he sentido nuevamente cansado, agotado, no necesariamente en lo físico, sino frustrado, por no cambiar o no hacer visible eso tan bonito que se ve en las Escrituras y andar en amor, es decir que haya coherencia entre lo que predicamos y lo que hacemos, pero el Señor me hizo notar que la pared es mi propio yo, que no soltaba las riendas, que seguía con mis habilidades queriendo incluso dirigir mi vida espiritual.

Comprendí por revelación, que en Cristo, todo está consumado, estoy completo en Él, Él es mi plenitud, Él llenó todos mis faltantes, me restauró en todo lo que perdí o no tuve y ahora estoy llamado a permanecer en Él y reposar de mi obrar, para que su vida exprese todo lo que yo no podía hacer: amor, gozo, paz, paciencia, todo su fruto. (Gálatas 5:22-23)

De esto se trata cuando Jesús dice “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”, de negarme a mis propios pensamientos, sentimientos y voluntad, para que la vida plena del Hijo, en la que el Padre me colocó, se exprese de manera espontánea.

Esto ocurre cuando llevo cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, voy a su reposo y descanso en el Pastor de mi alma, para que todo mi ser, Dios lo santifique por completo y mi espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 5:23).

Hermanos, no nos cansamos por la multitud de ocupaciones que tenemos durante el día, sino por la ausencia de la presencia de Dios y su obrar en esas cosas que hacemos.    Oración.

Hoy vengo a ti Padre, a tus brazos, porque Cristo es la puerta por la que entré y te hallé, ahora puedo reposar de mi obrar, en toda situación, para que tú seas el que obre y me use como instrumento de la expresión de tu amor, para gloria de tu Santo nombre. Amén.    



viernes, 29 de mayo de 2026

Reposo y gracia

 Reposo y gracia

“Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.”, Romanos 4:4-5

En el nuevo testamento, hay una contundente y clara exclusión mutua entre el obrar humano y la gracia, demostrando que son contrarias. Si una se activa, la otra para o cesa, en términos legales categóricos; por ejemplo, en Romanos 4:4-5 vemos claramente esta incompatibilidad legal entre obras y gracia.

“Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.”

El griego original en que fue escrito el pasaje, aquí es matemáticamente preciso: “Al que trabaja/obra”, deriva de un verbo griego que implica esfuerzo físico o mental para producir un resultado. (ergázomai[a]) “Al que NO obra”. Usa una partícula negativa, con el participio presente, por lo que enfatiza y destruye cualquier posibilidad de acción humana.

Y en este mismo pasaje se menciona la fe, que en el Nuevo Testamento es el antónimo legal de obrar. En el momento en que el hombre introduce su obrar, la Gracia (el obrar de Dios en Cristo) se anula legalmente, por apartarse de la obra redentora de Jesús para depender de los méritos propios. (Gálatas 5:4).

Esta idea, es ratificada en Romanos 11:6a: “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia…”

La preposición usada en el griego original, indica origen o fuente de poder. El texto griego afirma que el obrar de Dios (Gracia) y el obrar del hombre tienen fuentes de energía incompatibles. Si la fuente es tu obra, el obrar de Dios se detiene en seco para no violar su propia naturaleza jurídica de Gracia.

Hermanos, confiemos plenamente en Jesús, reposemos en Él, perdamos nuestra vida para ganar la de Cristo, esto inicia cuando se pierde toda esperanza en nuestras propias buenas intenciones, habilidades o incluso en mi propio criterio y entonces me rindo a Él. (1 Corintios 2:2)

Una píldora adicional que nos recuerda esta verdad contundente, la vemos en Salmos 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia..”, incluso a nivel ministerial y del servicio a Dios, no somos nosotros haciendo u obrando, sino Cristo a través de nosotros, sino es así, en vano edificamos, así que detengamos nuestro obrar, operando solo en la fe de Cristo, para que se active el obrar poderoso de Dios. (Gálatas 2:20, Efesios 3:20)     Oración.

Cuántas veces Señor tuve las mejores intenciones y quería ser bueno, obedecerte y hacer tu voluntad, pero no podía, terminaba haciendo el mal que no quería hacer, pero me mostraste la cruz, yendo a morir juntamente con Cristo para que juntamente con Él, resucitara para vida nueva. Te alabo Señor, porque ahora reposo en ti y se activa tu gracia sobreabundante, amén.  



jueves, 28 de mayo de 2026

Profundicemos en el reposo

 Profundicemos en el reposo

“En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza.”, Isaías 30:15b

Hay una idea categórica y contundente que se repite de muchas maneras en las Escrituras Sagradas, es decir, en la biblia: el obrar de Dios se activa de forma exclusiva cuando el hombre cesa su propio obrar y opera en la fe en Cristo.

Los textos originales hebreos y griegos utilizan términos militares, legales y muy precisos para enfatizar esta idea.

El primer ejemplo está en Éxodo 14:14, donde observamos un mensaje de cese absoluto: “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.”, esta idea se repite en las victorias militares del pueblo de Israel donde su victoria no dependía de su fuerza, destreza o número de hombres ni mucho menos de armas o caballos, sino de la confianza plena en Dios.

¿Cuándo perdieron batallas?, cuando confiaron en sus propias fuerzas o destreza militar; con esto el Señor nos quiere enseñar que la victoria no depende de la capacidad humana, ni de los recursos que tenga el hombre, sino de su Santo Espíritu (Josué 7:2-5, Josué 8:1, Zacarías 4:6)

También en Isaías 30:15, encontramos el mismo patrón, la ecuación matemática de la salvación: “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza.”; aquí se condiciona la manifestación del poder de Dios a quedarse completamente quieto y confiar, con el énfasis de soltar la carga.

En el contexto histórico del pasaje anterior, el imperio Asirio amenazaba con destruir Jerusalén, pero en vez de confiar en Dios, los líderes de Judá, enviaban riquezas a Egipto tratando de hacer alianza con ellos; el Señor los reprende por medio del profeta Isaías, anunciándoles que Egipto no los protegería, que su única protección y victoria era que confiaran plenamente en el obrar de Dios, reposando en Él. Finalmente, solo confiando en Dios pudieron vencer (Isaías 37:5-7)

Cuántas veces equivocadamente en nuestras batallas diarias, confiamos en nuestras destrezas, habilidades o cosas materiales; lo que refleja que confiamos en nuestra acción, fijando la mente en las cosas temporales; pero los anteriores pasajes nos demuestran que confiar y esperar en Dios, no significa falta de diligencia, sino la negación de nuestra propia actividad en la carne, entrando en su reposo, para que inicie la acción de Dios por medio de su Hijo que ahora nos habita, como dice Salmos 37:5: “Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará”   Oración.

Padre, entro en tu reposo, que es Cristo mismo en mi, Él es el Señor del reposo, mi descanso final, donde descanso de mi obrar, para que sea Él manifestándose a través de todo lo que hago. Amado Señor, cuántas veces luche en mi propia alma, pero perdí la batalla, ahora se que en ti puedo reposar y vivir en la dimensión espiritual, para gloria de tu nombre, amén.  



miércoles, 27 de mayo de 2026

La fuente de la vida eterna

 La fuente de la vida eterna

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.”, Juan 5:39-40

“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” Juan 20:31

El concepto bíblico de la vida es mucho mayor al concepto de la vida biológica o social que tiene el ser humano. La vida humana física se determina por el tiempo desde nuestra concepción, nuestro desarrollo humano, hasta nuestra muerte biológica, es un tiempo limitado, con algunas diferencias frente a los animales, en cuanto a la conciencia, la voluntad y la razón.

Sin embargo la vida que nos ofrece Jesús tiene otra naturaleza. Una vida donde al morir al pecado, por la fe en Él, iniciamos de nuevo, pero no hay un límite de tiempo, esto es la eternidad. El pecado hace que la vida sea limitada; al morir Jesús en pago por nuestros pecados, nos concede salir de la muerte y por medio de la fe en Él, obtener la vida eterna.

Esta promesa además de ser inmediata, nos da esperanza en una vida diferente, plena y llena de paz, y se logra por medio de la fe; cuando escudriñamos las escrituras, estas nos llevan a Jesús; ese fue el propósito de que se escribieran, que nos mostraran la forma y nos dieran la fe para ir a Cristo, para ir a la vida eterna.

Puedes hoy mismo, iniciar a sumergirte en el estudio de la Biblia, con una consecuencia: Que al estudiarla te encontrarás de frente con la fuente de la vida eterna: Jesucristo.   Oración.

Señor, abre mis ojos espirituales para entender las escrituras y encontrar allí la vida abundante y eterna que tu me diste en la cruz. Amén.