martes, 14 de abril de 2026

Queja en vez de alabanza

 Queja en vez de alabanza

“Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”. Éxodo 16:1-3

En este pasaje vemos cómo Dios sacó milagrosamente al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y los hizo cruzar por el mar Rojo en seco, pero a lo largo de su travesía por el desierto, y a pesar de las señales que el Señor hizo delante de ellos, vemos a un pueblo inconforme y quejumbroso, que murmuraba contra sus lideres espirituales Moisés y Aarón. Nunca estaban satisfechos. La palabra murmuró se menciona siete veces en los primeros once versículos de este capítulo. Eso hizo que Moisés perdiera la paciencia con este pueblo, tanto que en Éxodo 16:20 dice: “Más ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés”.

Dios tenía un propósito con su pueblo al sacarlos de la esclavitud y era que aprendieran a depender absolutamente de Él, ese Dios de maravillas que había demostrado su poder todo el tiempo, quería que confiaran, por eso al no proveer de antemano para todas sus necesidades, estaba probando su fe, les daba conforme a la urgencia del momento. Su providencia se mostró constantemente demostrándoles su cuidado, al mismo tiempo utilizó cada situación didácticamente para que aprendieran a desarrollar su confianza en Él.

Al proveer el maná les enseñó que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Cada uno tuvo que confiar que el Señor supliría lo necesario y aprenderían la importancia de obedecer la instrucción que les había dado como dice Éxodo 16:4-5 “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Más en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día”.

Además de esto les proveyó codornices y agua para que calmaran su hambre y su sed. Pero con frecuencia murmuraban, pensando en la comida de Egipto y aun deseando otra vez la esclavitud, antes que morir de hambre en el desierto, lo cual sabemos que no pasaría pues el Señor siempre les suplía todo lo que necesitaban.

Cuando pasamos por dificultades familiares, de trabajo o de la iglesia, quejarse o enojarse no arreglará la situación. El Señor usa nuestros momentos de debilidad para enseñarnos a crecer en fe. Recordemos que Jesús es el verdadero pan del cielo que puede satisfacer la mayor necesidad que tenemos y es una vida restaurada y eterna con Dios, Juan 6:48-51. Él siempre suplirá todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús, Filipenses 4:19.

¿Cuánto agradecemos por el pan de cada día? Mateo 6:11, ¿Será que siempre nos quejamos porque nunca estamos satisfechos?     Oración.

Perdóname, Señor, por las veces que murmuro acerca de las situaciones que suceden en mi vida, enséñame a confiar plenamente en ti, en tu amor y provisión. Ayúdame a enfocarme en todo que he recibido de ti y en la manera como me has bendecido. Quiero detenerme y agradecerte por las cosas buenas que has hecho en mi vida. Cambia mi queja por alabanza, reconociendo tu grandeza, majestad y soberanía sobre mi vida. Amén.



lunes, 13 de abril de 2026

Enséñanos a vivir por fe

 Enséñanos a vivir por fe

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación”. Lucas 2:25-30

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”. Hebreos 11:13-16

¿Quién era Simeón? La Biblia solo dice que era un hombre justo y piadoso que vivía esperando la promesa de un Mesías y que el Espíritu Santo estaba sobre él. Son cualidades que necesitamos para estar en comunión con Dios y recibir la revelación de Dios por medio del Espíritu Santo. Como dice el Salmo 25:14 “la comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”.

El Espíritu Santo le había revelado a Simeón que no moriría hasta ver al Ungido del Señor. Fue movido por el Espíritu a ir al templo y encontró a Jesús, cuando sus padres lo estaban presentando conforme al rito de la ley. Tomó al niño en los brazos y con lágrimas de gozo bendijo al Mesías que tan solo era un bebé, diciendo sobre Él estas palabras: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel”, Lucas 2:29-32

Qué hermoso relato entre tanta multitud que iba y venía al templo de Jerusalén, un anciano esperaba el cumplimiento de una promesa. Su fe lo mantenía con la esperanza viva de que no moriría sin antes ver al Mesías, en un instante toda una vida de espera encontró su descanso. Simeón no vio milagros, ni escuchó sermones, pero sostuvo al Salvador en sus brazos, ese niño era el cumplimiento de todas las promesas de Dios.

Esto debe enseñarnos a esperar en fe cuando todavía no vemos el resultado, entendiendo que la fe mira más allá de lo visible porque confía en la fidelidad de Dios. Es buscar, como Simeón, comunión con el Dios que es fiel a sus promesas, esperando su respuesta en su tiempo.

Es vivir por fe a pesar de lo que no veamos, confesando como el salmista: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” Salmos 73:25-26. ¿Será que independientemente de lo que estamos pasando, podemos confesar lo mismo?

El tesoro de Simeón no era el templo, ni la vida larga, sino el Salvador en sus brazos. Jesús sería luz para revelación de los gentiles y gloria de su pueblo Israel. Simeón comprendía que el alcance del evangelio sería universal, la salvación que sostenía en sus brazos no era solo para su nación, sino para el mundo entero. Lo que él esperaba en sombras, ahora nosotros lo vemos con claridad. La luz del mundo ha venido y esa luz es Jesucristo que sigue disipando la oscuridad de los corazones.   Oración.

Señor, mis ojos han visto tu salvación, haz crecer mi fe para no flaquear cuando no vea respuestas, recuérdame que muchos en el Antiguo Testamento murieron esperando la promesa del Mesías, pero su fe no flaqueó porque tenían la esperanza celestial, “todos estos murieron creyendo”. Que tu Espíritu que proveyó para sostener la esperanza de Simeón y proveyó para su gozo, me enseñe a vivir por fe, por eso, quiero esperar con gozo y vivir en paz hasta verte cara a cara, amén.



domingo, 12 de abril de 2026

El río de tu Espíritu

 El río de tu Espíritu

“Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Ezequiel 47:3-5

“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Hechos 2:17-21

Esta es parte de una visión profética dada a Ezequiel, donde él veía un río que fluía directamente del templo, señalándolo como una fuente de bendición para el pueblo de Dios. En esa visión el Señor mostraba ese río como un milagro que traía vida, crecimiento, vitalidad, renovación, fertilidad, esperanza y seguridad. Esta visión le llamó a Ezequiel poderosamente la atención ya que Jerusalén es la única ciudad del mundo antiguo que no está situada junto a un río y sabemos que un suministro de agua es esencial para la vida y la defensa.

Estas aguas fueron aumentando de volumen, hasta no poder cruzar el río sino a nado, haciendo referencia a los torrentes de agua que fluirían en los creyentes al ser llenos del Espíritu Santo, como lo profetizó Jesús en Juan 7:38-39a “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”.

Aunque el río en Ezequiel tiene un significado simbólico, apunta al río que habrá en el reino venidero del Mesías, que a lo largo de sus riberas producirá árboles que proveerán abundante fruto y sanidad a las naciones. Joel 3:18 lo expresa así: “Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim” y Zacarías 14:8 “Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno”. El río simboliza la vida que proviene de Dios y las bendiciones que fluyen de su trono. Es un río manso, seguro y profundo, que se extiende a medida que fluye.

Sin embargo, por analogía espiritual, este pasaje nos muestra una imagen poderosa del progreso y profundidad crecientes en nuestra vida espiritual, cuando permanecemos en la Presencia de Dios. Ilustra una progresión desde los tobillos, a las rodillas, a la cintura, hasta profundidades donde uno ya no puede tocar el suelo y debe nadar. Es disfrutar cada vez más de la vida abundante de Cristo en nosotros. Para ello debemos crecer en nuestra comunión con Dios, permitir ser transformados por su Palabra, experimentando la pureza de Cristo y su santidad en nuestra vida, hasta que la longitud, profundidad, anchura y altura del amor de Cristo, sean evidentes en nosotros, hasta que lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, Efesios 4:13.

Dios proveerá a la humanidad, en su momento, la respuesta definitiva a sus más complejas preocupaciones a través del fluir de su Espíritu. Alegrémonos de que el derramamiento del Espíritu Santo de Dios profetizado para los tiempos que estamos viviendo, producirá sanidad y restauración a todas las naciones. Acojamos con gozo esta gracia en nuestra vida, recordando que las aguas provienen del altar de Dios, en otras palabras, de estar en su Presencia, ya que todo lo que llega a nosotros por medio de bendiciones viene por medio de la cruz de Cristo y de permitir que Él viva a través de nosotros.    Oración.

Gracias Jesús, por haber dado la promesa del derramamiento de tu Espíritu para tu iglesia. Todas las profecías sobre las aguas de las que fluyen bendiciones anticiparon la obra del Espíritu Santo en mi vida y en la vida de cada uno de los creyentes. Desde el momento en que creí en ti y te recibí en mi corazón como mi Señor y Salvador, tu Espíritu vino a morar en mí y quiero caminar cada día en su plenitud. Ayúdame a profundizar en mi intimidad contigo, para reflejar siempre tu presencia, amén.



sábado, 11 de abril de 2026

Florecer en esperanza

 Florecer en esperanza

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”. Romanos 15:13

En este versículo Pablo hace resonar grandes palabras de la fe cristiana que irradian luz una tras otra. “El Dios de esperanza”, nos muestra que Él es la fuente de esperanza. Confiar en Dios es la clave para superar las pruebas y fortalecer nuestra vida espiritual. En este mundo inestable es la única base segura que tenemos, como dice Salmos 71:5 “Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud”. Su gracia es suficiente para todas nuestras necesidades por eso, no hay situación desesperada sino creyentes que han desviado su mirada de la fuente, nadie está sin esperanza mientras exista la gracia de Jesucristo y no hay situación desesperada mientras exista el poder de Dios. El “gozo y paz en el creer” es el medio, porque estas virtudes se experimentan al confiar en las promesas de Dios y son el fruto del Espíritu Santo que resultan de nuestra comunión con Dios, cuando le creemos y activamos nuestra fe. El gozo no depende de nada que esté fuera de nosotros, mana de la Presencia del Señor, de la certeza de que nada nos puede separar de su amor. La paz también es un fruto del Espíritu Santo y solo no lo experimentamos cuando dejamos de rendirnos a Cristo y no le permitimos que tome el control de nuestra situación. La preocupación por las cosas externas nos puede robar esa paz. Si estamos seguros del amor de Dios podemos pasar las adversidades entendiendo que el Señor tiene un propósito con todo, aunque en el momento no lo comprendamos. Como resultado debemos abundar en esperanza, porque Dios es Soberano sobre nuestras vidas, como dice Hechos 2:26 “Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza”. Por último, el “poder del Espíritu Santo” que nos transforma y nos ayuda en nuestra debilidad; recordándonos que por nosotros mismos no podemos hacer nada, pero que todo es posible con Dios. Ante situaciones difíciles la esperanza se encuentra en su fidelidad. Cuando hay unidad en la iglesia, la esperanza es compartida y nos ayuda a soportar las debilidades de otros y a mantener la paz entre todos. La esperanza cristiana permite tener gozo y paz inquebrantables, incluso en medio de la tristeza y el sufrimiento. Todo el plan de redención está diseñado para que nos reconciliemos con nuestro bondadoso Dios y con nuestros semejantes, de modo que podamos alcanzar la esperanza permanente de la vida eterna por medio del poder santificador y consolador del Espíritu Santo. Nuestro propio poder nunca lograría esto. Todo verdadero gozo y paz es por la obra poderosa del Espíritu Santo.  Oración

Señor, confío en ti, que tu gozo y tu paz refuercen mi fe, trayéndome esperanza, poder y fuerza para seguir adelante. Que el poder de tu Santo Espíritu, produzca fruto en mi corazón para reflejar siempre a Cristo a través de mi vida, amén.



viernes, 10 de abril de 2026

Caminar en la Verdad

 Caminar en la Verdad

“El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros: Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor. Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros”. 2 Juan 1:1-5

Aquí el apóstol Juan se identifica como el “anciano,” sugiriendo que era mayor que otros cristianos y que podía aconsejarlos gracias a su conocimiento y fe más madura, ya que en ese entonces la iglesia estaba siendo atacada por maestros itinerantes que propagaban herejías y perturbaban la fe los creyentes.

Esta carta describe a la iglesia como una familia unida por lazos de amor, con sus miembros ofreciéndose hospitalidad unos a otros; sin embargo, ambiciones egoístas y celos amenazaban la fraternidad de la iglesia, por eso, Juan los exhorta a dejar esas actitudes y a esforzarse por mantener las relaciones de amor entre sí.

Les advierte de tener cuidado a quiénes deberían recibir y a cuáles rechazar en sus casas, reconociendo a los que eran genuinos creyentes de aquellos que enseñaban herejías y negaban la encarnación de Jesús, y se habían separado de la verdadera doctrina. La señora elegida quizás se refería a una respetable madre cristiana cuyos hijos perseveraban en la fe y que era ejemplo para otros, o a la misma iglesia representada como una familia.

Juan presenta a Jesús como la Verdad en la cual debemos andar. Caminar en amor es la evidencia de que Él vive en nosotros. Nos alienta a seguir mostrando hospitalidad hacia nuestros hermanos, además nos recuerda que debemos recibir a Jesús como el Hijo de Dios, presentando tanto la deidad de Cristo como su humanidad, porque todo el que niega la verdad fundamental sobre la persona divina y humana de Cristo no tiene a Dios. Juan ve en el compañerismo un rasgo distintivo de la vida cristiana dando testimonio de la verdad concerniente a la persona de Cristo. todo esto nos insta a nosotros a reconocer fielmente a Jesús y a distinguir las falsas doctrinas que hoy están surgiendo en el mundo en contra del Ungido de Dios, su Hijo amado.

Las palabras de Juan escritas con ternura, no nacen de la teoría, sino de una vida sumergida en Cristo; y al pensar en la iglesia, como sus hijos espirituales se llena de gozo, porque algunos están andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Entonces, como quien recuerda algo esencial que nunca debe olvidarse, añade en 2 Juan 1:5: “y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros”. Como lo enseñó el Señor Jesús y que marcó la vida de sus discípulos, porque el amor no es una nueva idea, sino una medida más alta que debemos alcanzar por medio de Cristo y es amar como Él lo hizo. Veamos Juan 13:34 “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”.

Andar implica movimiento diario, decisiones constantes, pasos visibles, significa que el amor se debe notar en cómo hablamos, cómo respondemos, cómo perdonamos, cómo servimos, incluso cuando nadie nos ve. Por eso Juan reafirma en 2 Juan 1:6: “Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”  Oración.

Señor, caminar en amor es la evidencia de que tú vives en mí, es elegir hoy paciencia cuando quiero reaccionar, es extender tu gracia cuando preferiría justicia, es decir la verdad, pero con ternura como lo hizo el apóstol Juan. Es permanecer fiel aun cuando amar duela, y mientras camino así, descubrir que tú obras a través de mí. Señor camina conmigo, que cada paso que dé, esté alineado con tu voluntad y que mi obediencia a tus mandamientos sea el fruto de un corazón que te ama, amén.



jueves, 9 de abril de 2026

 Plantados en la presencia de Dios. Parte 2

“Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia”. Salmos 92:14-15

Ayer aprendimos a través del Salmo 92:12-13, que florecemos y damos fruto plantados en la Presencia de Dios. La experiencia de vida de un creyente fiel a Dios debe ser que fructifique aun en la vejez, siendo ejemplo para aquellos que apenas están creciendo. Los versículos del 14 al 15 nos describen la prosperidad, fortaleza y longevidad espiritual del justo, que, como el cedro del Líbano, sigue dando fruto, manteniéndose fuerte, vigoroso y testificando de la rectitud de Dios, porque ha permanecido plantado en la casa de Dios, en su Presencia, dependiendo de Él en cada temporada de su vida.

Tanto la palmera, como el cedro del Líbano representan la rectitud, la victoria y la capacidad de florecer en ambientes difíciles, como en el desierto, porque en sus años de caminar con el Señor ha florecido no por sus fuerzas, sino por la gracia que recibe. Estos árboles, con lo que es comparado, simbolizan la fuerza, la firmeza, la longevidad porque ha aprendido a confiar y esperar en Dios en medio de los desafíos de la vida. Recordemos lo que dice Isaías 40:29-31 “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.

El verdadero crecimiento no ocurre fuera de la voluntad de Dios, sino en la comunión continúa con Él. Estar plantados significa estabilidad, perseverancia y cercanía a Dios, que es la fuente de vida que asegura la vitalidad espiritual.

A diferencia de las filosofías de este mundo, donde la vejez se ve muy a menudo como una etapa de decadencia, la Palabra de Dios promete que el justo seguirá dando fruto aun en su vejez, porque la energía espiritual y la vitalidad interior no dependen de él, sino del poder del Espíritu Santo que habita en su vida, incluso cuando su cuerpo físico envejece, como lo dice 2 Corintios 4:16 “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”.

Hemos sido trasplantados al reino de Dios y colocados en una nueva posición por el plan y trabajo del Jardinero, nuestro Señor Jesucristo. Nos ha adoptado como sus hijos y nos ha otorgado la seguridad de estar en su Presencia. Por eso ahora más que nunca debemos anunciar más fuerte que Jesús es nuestro Señor y Salvador, nuestra Roca fuerte y entre más años de edad tengamos, más determinación espiritual debemos tener para proclamarlo.

Entonces no hay excusas para cumplir con nuestro objetivo final en esta tierra, tanto jóvenes como ancianos, debemos entender que nuestro propósito es anunciar que Dios es recto, que es fiel y justo. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Refleja nuestra vida la rectitud de Dios ante los demás, sin importar la edad? ¿Qué frutos estamos dando hoy?    Oración.   

Mi amado Señor, que el justo florezca como la palmera significa estar firme por encima de las circunstancias de la vida. Que veas en mí, un hijo recto, fuerte y sólido que ha aprendido a confiar y a esperar en ti cualquiera que sea la temporada que esté viviendo. Solo por tu Santo Espíritu tengo la fortaleza y vitalidad que necesito para seguir adelante, produciendo siempre frutos espirituales, siendo fiel hasta el final y enseñando a mi generación la experiencia de servicio a ti, desafiándolos a crecer en tu Presencia y florecer espiritualmente. Amén.



miércoles, 8 de abril de 2026

Plantados en la presencia de Dios.

 Plantados en la presencia de Dios. 

“El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán”. Salmos 92:12-13

Permíteme hacer la siguiente analogía para poder entender la necesidad que tenemos como hijos de Dios de perseverar en la fe y crecer cada día dependiendo de Jesús. Pensemos en un jardinero que trasplanta diariamente una planta de un lugar a otro, jamás permitirá que eche raíces y su futuro será la muerte. Igualmente, el anhelo de Dios es que nuestra vida espiritual florezca y dé fruto permanente, esto solo podrá lograrse si permanecemos plantados en la presencia de Dios.

Para que esto suceda debemos atender algunos consejos de su Palabra:

1-Permanezcamos donde Dios nos plantó. Juan 15:4-5 nos dice: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. “Permanecer” viene del griego “méno” que significa “quedarse” ya sea en un lugar, estado o relación que perdure, permanezca y persevere, por eso, hemos sido plantados en Cristo, para tener vida de comunión con Él y dar mucho fruto.”

“Permanecer” también, simboliza la actitud de alguien fiel, persistente y determinado, todo esto va ligado al fruto que podemos dar como cristianos, moviéndonos por convicciones, no por emociones. ¿Entonces, cómo podremos permanecer? 1 Juan 2:24 nos dice: “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”. Es darle valor a la verdad del evangelio, porque este nos asegura la promesa de la vida eterna.

2-Resistamos las condiciones adversas. Cuando el Señor dice: “El justo florecerá como la palmera”, nos compara con las palmeras, porque son árboles más resistentes a los vientos que otros, debido a su flexibilidad y estructura. Pueden soportar huracanes, gracias a sus raíces profundas, tienen troncos flexibles y hojas que se doblan para protegerse. Un tronco de una palmera puede doblarse de 40 a 50 grados sin romperse y sobreviven a vientos hasta de 233 kilómetros por hora. Muchas circunstancias intentan movernos de nuestra fe, pero debemos mantenernos arraigados en Jesús. Cuando Cristo es la Roca donde nos sostenemos podremos superar toda adversidad, Salmo 40:2 dice: “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”.

3-Seamos pacientes. Eclesiastés 3:1 dice “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Cada planta tiene un tiempo específico para florecer, establecido por Dios, pero, para que dé fruto demanda cuidado y nutrición. Hay que limpiarle las malezas y alimentarla adecuadamente.

Este principio también aplica a nosotros que a veces nos desesperamos porque queremos recibir lo que pedimos en el tiempo que consideramos oportuno, pero olvidamos que el tiempo de Dios es perfecto y Él responderá en el momento preciso. No desmayemos porque pronto veremos el fruto de Dios en nuestras vidas, si continuamos nutriéndonos de su Palabra y limpiándonos de todo aquello que impide nuestro crecimiento espiritual, y de permanecer en íntima comunión con Él.   Oración.

Gracias Padre celestial por haberme colocado en Cristo Jesús al creer en su obra redentora en la cruz. Ayúdame a perseverar en mi comunión cada día, plantado en su presencia. Sólo puedo permanecer arraigado en mi amado Salvador, para dar mucho fruto, perseverar en la fe y crecer en su conocimiento, dando testimonio de su infinito amor con mi vida y anunciando las buenas nuevas de salvación para el mundo, amén.