viernes, 11 de septiembre de 2026

 Si estamos en sequía doblemos rodillas

“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel”. 1 Reyes 18:41-46

Este pasaje nos muestra la importancia de orar con perseverancia y creyendo, porque el Dios creador tiene poder sobre todo lo que ha hecho. Vemos que una pequeña nube desata una gran lluvia. El pueblo de Israel estaba pasando por tres años y medio de una sequía que había devastado el país, literalmente la tierra estaba estéril y seca, ellos vivían de la agricultura, no había agua para regar cultivos y sin estos no había alimento. La situación era muy compleja.

Nosotros también podemos ver que el mundo de hoy también está pasando por una sequía espiritual que lo está destruyendo, y aún como creyentes también podemos estar experimentando momentos difíciles que parecen sequías en nuestra vida.

Pero, aquí el profeta Elías nos da una gran lección; en medio de esta crisis busca a Dios y Él le da una promesa que aparece registrada en 1 Reyes 18:1: “Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra”. Esto activa su fe, recordemos que nuestra fe crece cuando escuchamos la voz de Dios. Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

El Señor le está diciendo a Elías que el tiempo de la sequía se va a acabar. En los momentos de dificultad preguntémonos: ¿cuánto escuchamos lo que el Espíritu Santo nos quiere decir? Porque a veces estamos tan enfrascados en los problemas que nos volvemos sordos a la voz del Señor, nos olvidamos de sus promesas, que ya son nuestras.

Elías podía ver la tierra árida, el polvo que se levantaba con el viento, pero él creyó lo que Dios le dijo. Hoy aprendamos tres cosas de este profeta: 1- Debemos orar con humildad y creer lo que oímos en nuestro espíritu por medio del Espíritu Santo. “Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas”. 2- Perseveremos en la oración. “Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces”. Elías oró siete veces por lo mismo, insistió hasta obtener la respuesta. Esto nos dice que entre más difícil sea el panorama más insistiremos en buscar a Dios. Elías creyó, aunque el siervo le decía “no hay nada”, y no desmayó en la oración. 3-Empecemos a vivir por fe y no por vista. “A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje”. Elías oraba conforme a la promesa, esto es fe, tener la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, Hebreos 11:1 Todo principio es pequeño, pero Elías estaba convencido de que, aunque solo se veía una nube del tamaño de una mano, habría una gran lluvia porque el Señor se lo había dicho.

¿Queremos una gran lluvia de bendición? Animémonos con esta promesa: Isaías 65:24 “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”   Oración.

Hoy vengo delante de ti, postrando mi corazón con humildad, reconociendo que tú eres Grande y Bueno y sabes de qué tengo necesidad antes que lo diga. Gracias Señor por la respuesta a mi sequía, confío en tus promesas, creo en tu Palabra que es revelada a mi corazón por tu Santo Espíritu. Quiero perseverar en oración hasta ver tu respuesta, trae conversión, sanidad, provisión y restauración a mi vida, a mi familia, a mi país, y a este mundo, en el Nombre de Jesús, amén.   



jueves, 10 de septiembre de 2026

 La fe crece cuando la usas

“Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote”. Marcos 5:25-29

Una semilla de fe es lo que Dios nos ha dado a cada uno para que podamos activarla creyendo en lo que Él dice en su Palabra. En Mateo 17:20 dice: “Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”.

Necesitamos creer lo que el Señor ya dijo. Para ello debemos ser perseverantes en la oración, dejando a un lado toda duda, y no desistiendo hasta que veamos la respuesta. El Señor no está buscando lo perfecto, está buscando lo disponible. Lo que quizás hoy parece pequeño en tu vida será el punto de partida para un milagro grande.

Trayendo nuestro pasaje de hoy, vemos que los médicos no habían tenido éxito en el caso de esta mujer, y ella había oído hablar de Jesús. Pero estaba enferma y haría lo que fuera para estar sana. El meterse entre la gente y confesarlo abiertamente era imposible, porque contaminaba a todos los que tocara, aunque fuera un roce mínimo; pero a pesar de todo decidió tratar de tocar la ropa de Jesús, en secreto. Cualquier judío devoto llevaba una ropa exterior con cuatro flecos, uno en cada extremo. Eran el emblema de todo judío piadoso. Fue uno de esos flecos lo que tocó la mujer escurriéndose entre la multitud; y en cuanto lo hizo sintió la emoción de saberse curada.

Esta mujer vino a Jesús como su última esperanza; había probado todas las curas que el mundo pudiera ofrecer y no había obtenido resultados. Muchas personas, como esta mujer, vienen en busca de Jesús cuando están al borde de la desesperación. Esta mujer usó la poca fe que tenía para buscar su sanidad.

Es importante entender que la fe tiene que crecer y madurar, y esto se logra con el tiempo, en nuestro caminar con Cristo. Pero, a Jesús le basta una pequeña fe, para obrar poderosamente en nuestra vida, porque Él es un Dios infinito, para el que nada es imposible. Por eso una fe pequeña es suficiente, porque no somos nosotros, sino el Dios grande y poderoso en quien nosotros depositamos esa fe.

Eso fue lo que hizo aquella mujer, activó su poca fe, con lo que había oído de Jesús y rompió todos los obstáculos que se interponían para acercarse a Él, y se decía: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”; tan solo la acción de tocar un poco de su túnica cambió toda su historia para siempre. Veamos Marcos 5: 30-34 “Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo en ella lo que había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”.

Esa mujer desahuciada, arruinada por la enfermedad, que estaba en soledad, repudiada por las leyes de ese momento, creyó en Jesús, activó su fe y obtuvo lo imposible.

¿Qué hay imposible para nosotros hoy? ¿Qué es lo que no podemos resolver por nuestras propias fuerzas? Soltemoslo hoy en las manos del Señor, tengamos fe, porque Él tiene el control de nuestras vidas y para Él nada es difícil, Él es nuestro Dios grande y poderoso que todo lo puede.    Oración.

Señor yo confío en ti, gracias por darme una medida de fe, permite que sea una fe creciente, una fe viva, que siempre descanse en tu voluntad. Gracias porque siempre estás conmigo, porque no me dejarás, ni desampararás. Tú sabes lo que necesito, tú obras en mi vida porque tu sabiduría es infinita, que mi fe crezca, madure y se consolide cimentada en tu Palabra, en la Roca inamovible que eres tú mi Jesús, amén.    



miércoles, 9 de septiembre de 2026

Al que cree todo le es posible

 Al que cree todo le es posible

“Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traedmelo. Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”. Marcos 9:17-24

Este pasaje empieza con un grito que se le escapó del corazón a Jesús: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Dijo esto al encontrarse entre el dolor de un padre desesperado y la incredulidad de la multitud.

Había estado en el monte donde se transfiguró y había encarado la tremenda tarea que le esperaba: Dar su vida por la redención del mundo; y ahora había descendido, para encontrarse con sus discípulos, sus elegidos que se sentían en ese momento, derrotados, perplejos e ineficaces frente a esta situación del muchacho endemoniado. Quizás esto pudo haber desalentado a Jesús, y haber desistido de ellos, pero no fue así.

¿Cómo afrontó Jesús aquel momento de desesperación de sus seguidores? Dijo: “Traedmelo”. Jesús resolvió primero la situación inmediata que era ocuparse y ayudar al muchacho, después les daría una enseñanza a sus discípulos. También al encontrarse con el padre del muchacho, este le dice: “pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos”. A lo que Jesús le asegura: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. El padre reconoce su poca fe y su duda, y le pide al Señor Jesucristo que le ayude en su incredulidad.

Lo primero que los discípulos del Señor tenían que entender es que creer es un llamado a la confianza total en el poder de Dios. Lo segundo es que la fe no es perfección, es dependencia. El Señor no nos pide una fe grande, sino un corazón que se vuelva a Él aun con debilidad. Entender que Jesús es el centro de nuestra fe y no nuestra capacidad de creer. La frase “todo es posible” no significa que cualquier deseo se cumplirá, sino que en las manos de Cristo no hay situación imposible: ni el perdón, ni la sanidad, ni la liberación, ni la restauración. Y tercero, es que la oración es la llave para activar nuestra fe. En el versículo 29 Jesús dice: “Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno”. La fe se alimenta en la comunión con Dios.

A veces, como este padre, podemos estar en una situación donde sentimos que ya Dios no puede intervenir, es el momento de manifestarle al Señor que nos ayude en nuestra incredulidad. Es necesario dedicar más tiempo a la oración, no solo para pedir un milagro, sino para conocer más al Dios que puede hacerlo. Recordemos que nuestra fe no mueve montañas por ser fuerte, sino porque está puesta en Aquel que tiene todo poder.    Oración.

Señor ayúdame a depositar mi fe en tu perfecta voluntad. Ayuda mi incredulidad, no permitas que las dudas impidan que mi fe se active. Te entrego mi necesidad y mi corazón. Ayúdame a confiar en tu poder, a esperar en tu tiempo y a buscarte continuamente en oración. Si hay todavía en mí algo de desaliento, o algunas dudas, quítamelas, y lléname de una fe inquebrantable. Gracias porque en ti todo es posible. En el Nombre de Jesús, amén. 



martes, 8 de septiembre de 2026

Caminar en rectitud

 Caminar en rectitud

“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal”. Proverbios 4:26-27

Este proverbio nos invita a detenernos y considerar por dónde estamos caminando. No se trata solo de los pasos físicos, sino de todas esas decisiones, hábitos y prioridades que marcan nuestra vida. No nos hallemos entonces andando tan deprisa sin preguntarnos si el rumbo que tomamos está glorificando a Dios. Examinar la senda, es revisar nuestro corazón, evaluar nuestras motivaciones y asegurarnos que nuestras acciones reflejen los valores del Reino de los cielos y mirar que nuestras metas se alineen con la voluntad de Dios.

Si descubrimos que hemos tomado un atajo o un desvío, no temamos volver al camino recto. Recordemos que su gracia siempre está disponible. Y caminemos con propósito. No basta con evitar el mal; es necesario caminar con fe, buscando siempre oportunidades para amar y servir.

La Palabra nos dice en Proverbios 4:18 “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Esto significa que ponerse en la senda del justo es como encontrarse en la aurora de un nuevo día. Hay un momento cuando se ven las primicias de la luz y comienzan a desaparecer las tinieblas, hasta verse todo claro. Así debe ser nuestra vida, en la medida en que vamos caminando de la mano de Dios, llegará el momento en que desaparece la oscuridad en que estábamos y la luz de Cristo crece en nosotros hasta llegar a la culminación de reflejar su Presencia, con toda su capacidad de brillar a través nuestro.

Qué grande es la experiencia de nacer como la aurora en Cristo Jesús. Él dijo en Juan 8:12 “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Tenemos su luz y la capacidad de alumbrar a otros con ella, Mateo 5:16.

Hoy es el día de escoger el camino. El camino malo, incluye incertidumbre, una vida carnal y oscuridad. Mientras el camino de luz trae seguridad, honestidad y la compañía de Jesús, que es nuestra vida.

Sigamos el consejo de Hebreos 12:13 “y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado”. Nuestra vida debe ser un camino seguro para que las personas débiles en la fe, no caigan y puedan ser salvadas, siendo atraídas al “Camino” que es Cristo.

Hagámonos dos preguntas: cuando el Señor dice “Haced sendas derechas para vuestros pies”, ¿Tendremos que andar en caminos derechos para que los creyentes más débiles sigan nuestras pisadas? o ¿tendremos que andar por caminos rectos para que no nos acostumbremos a andar cojeando a través de la vida?    Oración.

Amado Dios, que mi mirada siempre esté puesta en tu sendero. Hoy me determino a caminar en rectitud, muéstrame las áreas de mi vida que necesito enderezar, que mi caminar en ti refleje tu verdad y tu amor, que cada decisión que tome me acerque más a tu corazón. Enséñame a andar con la guía y dirección de tu Espíritu, porque tú me pides vivir de una manera ejemplar para ayudar a otros. En el Nombre de Jesús, amén.



lunes, 7 de septiembre de 2026

El Dios que renueva, restaura y abre caminos

 El Dios que renueva, restaura y abre caminos

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. Isaías 43:18-19

Isaías 43 es un mensaje dirigido a Judá durante su exilio en Babilonia. Habían sido llevados cautivos como consecuencia de su desobediencia, pues abandonaron al Señor por ir detrás de ídolos. En el cautiverio se sintieron abandonados por Él; pero no era así, en medio de su desesperanza, el profeta Isaías les da una promesa de parte de Dios, recordándoles su poder creador y redentor. Así como en el pasado abrió el mar Rojo y los liberó, ahora promete “una cosa nueva”: un nuevo acto de salvación que superará al anterior.

El último suceso al que evidentemente se alude, es la futura restauración de Israel. De manera que “las primeras cosas” son los acontecimientos de la destrucción de Senaquerib y el regreso de Babilonia. “Las cosas viejas” son sucesos más antiguos todavía, como la liberación de Egipto, la del Mar Rojo y la entrada en Canaán. Dios habla a un pueblo cansado, cargado de culpa y sin esperanza: “yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz”. Así como Israel fue guiado y abastecido de agua por Jehová en el camino del desierto, desde el Mar Rojo hasta entrar en Canaán; la nueva liberación será seguida de manifestaciones del poder y amor de Dios que eclipsará a la antigua.

Esta también es una promesa para nosotros. Tan maravillosas serán las futuras interposiciones de Dios a nuestro favor, que las pasadas, comparadas con éstas, serán echadas en el olvido, la gloria venidera que tendremos nublará todos nuestros padecimientos temporales de este mundo. Porque Él no se limita al pasado, lo que ha hecho antes ha sido glorioso, pero su obra no se agota allí. Él abre camino en lo imposible. Un desierto no ofrece salida y una tierra seca no da agua; sin embargo, Dios transforma los escenarios más áridos. Su propósito es restaurar y guiar. Aun cuando no veamos nada, Él ya está obrando.

Hoy también enfrentamos “desiertos”, problemas que no tienen solución, rutinas que parecen estancadas, relaciones secas, pero Isaias nos recuerda que la historia no termina con el dolor porque el Dios que nos rescató sigue actuando con poder. Por eso nos dice: “Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. Esos ríos expresan la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida, Juan 7:37-39.

Participemos de lo nuevo, de nuestra nueva naturaleza, porque su promesa nos invita a reconocer la obra de Dios. “¿No la conoceréis?” Para ello requerimos ojos atentos, oración, obediencia y confiar en el Dios que renueva, restaura y abre caminos donde parece que no hay salida.    Oración.

Señor, cuando miro mi pasado agradezco a ti que me diste un nuevo comienzo, confío en tu cuidado y provisión porque ahora veo ríos de agua viva en mi interior por la presencia de tu Espíritu Santo. Sé que haces cosas nuevas aun cuando no las percibo. Abre mis ojos para ver tu obra, fortalece mi fe para caminar en tus promesas y haz que por tu Espíritu corran ríos de agua viva en mí. En el Nombre de Jesús, amén. 



domingo, 6 de septiembre de 2026

Romper ataduras

 Romper ataduras

“Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”. Hechos 16:23-26

Lo absurdo de este relato es que arrestaron y maltrataron a Pablo y a Silas por hacer el bien, estaban predicando las buenas nuevas de salvación y una joven esclava que escuchó el mensaje, fue liberada de un espíritu de adivinación, que sus dueños usaban para ganar dinero. Siempre que el Evangelio ataca los intereses creados se producen problemas. A menudo el mayor obstáculo en el camino del avance del Evangelio es el egoísmo de la gente.

En vez de gozarse por la liberación de la muchacha, se llenaron de ira y los hicieron encarcelar acusándolos injustamente. Era pura hipocresía, por cuanto estos hombres hubieran permitido que los misioneros predicasen a Jesús, siempre que no hubiesen tocado la fuente de sus ganancias. Así pues, disimularon la verdadera causa de su rabia, aparentando que sentían celo por su religión, por la ley y por el buen orden.

El carcelero los metió en la cárcel de más adentro como si fueran una amenaza para la sociedad, eran celdas frías, húmedas y pestilentes, y no había luz; y, además, les apretó los pies con un cepo, estaban encadenados y heridos por los azotes. Un panorama que se asemeja a muchas situaciones de nuestra vida, donde no vemos la manera de escapar. Nos sentimos presos y atados espiritualmente, heridos emocional y físicamente sin saber qué hacer.

Pero Pablo y Silas si sabían, empezaron a cantar himnos de gozo en voz alta, derramando su corazón en oración. Es probable que fuesen estas porciones de los Salmos que expresaban lo que ellos necesitaban que se hiciese realidad. Y es una verdad que debemos atesorar, alabar a Dios en toda circunstancia, rompe cadenas de opresión, abre cárceles, desata ataduras que nos esclavizan. Cuando ese cántico, esa exaltación de nuestro corazón a Dios, se eleva por encima del dolor y la desesperanza, Dios en su soberanía actúa de una manera sobrenatural para nosotros.

La alabanza es una de las armas más poderosas que el Señor nos ha dado para vencer; porque deshace todo el poderío de la injusticia y la violencia contra la iglesia, se convierte en un poder espiritual para pregonar la majestad de nuestro Dios, ante el mundo y el triunfo del Espíritu sobre los padecimientos de sus siervos por causa de Cristo, Efesios 5:18-19.

Cuando dice que “los que estaban presos los oían”, Pablo y Silas estaban testificando a través de la alabanza y la oración, y vino la contestación a su clamor. Y las prisiones de todos, las “ataduras”, cepos y manillas de todos los presos se soltaron. Ninguno huyó porque estaban sobrecogidos de admiración y asombro por lo que Dios había hecho. La alabanza mostró el poder del Señor e hizo que otros se entregaran a Cristo por el ejemplo de Pablo y Silas.

La alabanza gozosa a Dios romperá las cadenas de la opresión. Cuando estemos sirviendo a Dios, y las cosas no ocurran como planeamos, aprendamos la lección que nos ofrece este pasaje.   Oración.

Señor te alabo y te doy gracias por tu grandeza y bondad que se manifiestan en todo lo creado. Tu amor y misericordia son inagotables, y tu poder y sabiduría no tienen límites. Te adoro y te glorifico por todo lo que haces, tú eres el que me sostiene y me levanta en medio de mis problemas. Desata toda atadura de mi corazón que me impide exaltarte, rompe toda cadena de opresión que no me deja disfrutar de la libertad que ya me has dado, en el Nombre de Jesús, amén. 



sábado, 5 de septiembre de 2026

Mi Amado, el más bello entre todos

 Mi Amado, el más bello entre todos

“Cantar de los cantares, el cual es de Salomón. ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Cantares 1:1-4

El libro de Cantar de los cantares atribuido al rey Salomón, describe la historia de una campesina, una Sunamita, que reside en una región montañosa. Cierto día llegó al lugar un pastor y ella se enamoró de él y él se enamoró de ella. Él salió de viaje, pero le prometió que regresaría algún día. Él no regresó tan pronto como ella había esperado, pero un día se anunció que había llegado a la región el rey Salomón y que quería verla. Ahora, ella no podía creerlo. Y cuando ella fue llevada a su presencia ella reconoció en él al pastor a quien amaba.

Aunque este libro exalta el amor sagrado del matrimonio, también, esta historia, es una hermosa figura de la relación de amor que existe entre el creyente y el Señor Jesucristo, que vino a buscarnos cuando estábamos perdidos, que entregó completamente su vida por amor a nosotros muriendo en una cruz, pero también resucitó victorioso y está sentado a la diestra de nuestro Padre celestial, y que ha prometido volver por su iglesia, por su novia para estar siempre con ella.

Como en otros libros Dios usó Cantares para hablarnos a nosotros sus hijos. Porque en la redención, Cristo no solamente nos rescata, sino que también nos da libertad. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8:36. Pero, ¿qué clase de libertad es esa? Es la libertad de poder acercarnos a Él sin nada que se interponga y presentarnos ante Él, como una iglesia santa, sin mancha, una iglesia gloriosa ataviada como una novia, para disfrutar la eternidad con Él, Efesios 5:25-27.

Hemos leído en Cantares la frase, “porque mejores son tus amores que el vino”. Lo que nos recuerda Efesios 5:18 que dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Ser llenos del Espíritu nos lleva a experimentar esa alegría de pertenecer a Cristo y de tener una relación de comunión y compañerismo con Él.

Pedro nos dice que, aunque en este momento no veamos físicamente a Jesús, nos gocemos con gozo inefable y glorioso mientras lo esperamos. 1 Pedro 1:8 lo expresa así: “a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Por eso, permitamos que el Espíritu de Dios, que Él nos dejó para experimentar la vida en Cristo, nos llene con su Presencia y siga derramando el amor de Dios en nuestros corazones, para así experimentar esa unión con Cristo de una manera real, trayendo plenitud a nuestra vida.

El nombre de Jesús es como “ungüento derramado” como dice Cantares, esto porque cuando Cristo comenzó su vida en la tierra, le trajeron mirra para que fuera colocada en su cuerpo. Hubo una fragancia, un aroma en toda su vida en este mundo que le acompañó desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Y qué diremos de la fragancia de su amor por nosotros cuando murió en la cruz?

No nos queda más que exclamar como la Sunamita: “Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Esta es una expresión de amor del creyente hacia Jesús, con el que quiere una unión espiritual de intimidad y comunión total con Él. Sabemos que podemos llegar a ese nivel de unidad, al nacer de nuevo, para estar en Cristo. Jesús dice en Juan 14:20 “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Estamos en Él. Su Palabra dice que estamos sentados en los lugares celestiales, aceptos en el Amado, unidos a Él, resucitados con Él, donde todo lo tenemos con Cristo y le pertenecemos, Colosenses 3:1.

Entender este nivel de intimidad debe llevarnos a decir como la Sunamita: “Mi amado es mío, y yo suya” Cantares 2:16a. La iglesia es la novia de esta historia, por eso digamos junto al Espíritu: “Ven Señor Jesús”, somos hijos de Dios, tenemos acceso a su presencia, a sus habitaciones, a su morada eterna.  Oración.

Mi Jesús, mi Amado, gracias por venir a darme vida abundante, tú quieres que viva y disfrute de tu Plenitud, que sienta gozo de mi unión contigo. Quiero estar más cerca de ti y conocerte profundamente, tener más intimidad y comunión contigo. Espíritu Santo lléname con tu Presencia y permíteme experimentar ese nivel de intimidad con mi Jesús. Amén.