El fuego ardiente
“Me sedujiste, oh
Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he
sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy
voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido
para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré
más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido
en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.”, Jeremías 20:7-9
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante
que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las
coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del
corazón.”, Hebreos 4:12
La palabra de Dios es tan fuerte que el profeta no puede
acallarla, aunque esto signifique para él mismo ingratitud, rechazo o burla de
parte del pueblo a quien dirige el mensaje enviado por Dios.
Me sedujiste, es la declaración que expresa que el resplandor
de su gloria por medio de la revelación de su Palabra es mucho más grande y
fuerte que su misma humanidad, que su propio yo. Es decir, que la relevación de
la Palabra le hizo entender lo que él en su propia lógica no entendía y ahora
tenía que comunicarlo al pueblo, para que este se arrepintiera.
Ahora a nosotros se nos ha predicado el evangelio, y debemos
estar más atentos que nunca, a escuchar y atender; porque lo que se dice cambia
el rumbo de nuestra vida, y nos transforma profundamente, pero ha de ser
revelado a nosotros por su Espíritu, porque en nuestra carne no entendemos,
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,
porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir
espiritualmente.” (1 Corintios 2:14)”.
Este fue el designio de Dios, que por el mensaje del
evangelio de la gracia de Dios en Cristo, fuésemos salvos creyendo en él y no
con nuestro razonamiento natural: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el
mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los
creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21), y esta locura de
la predicación es a la que debemos estar atentos; esta palabra que es capaz de
entrar hasta lo más profundo de nuestro ser, dividir lo espiritual de lo que
está en nuestros pensamientos, emociones y voluntad; es capaz incluso de
revelar la verdadera intención de nuestro corazón, y nos arde por dentro para
hacer en nosotros aquello para lo cual fue enviada por Dios. No podemos
callarla, pues su palabra es antorcha que alumbra en medio de la noche más
oscura. (2 Pedro 1:19)
El Señor nos confronta cada día con las sagradas escrituras,
porque quiere quebrantar nuestro duro corazón: “ ¿No es mi palabra como fuego,
dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?“ (Jeremías 23:29), así
que estemos atentos, escuchemos verdaderamente, dejémonos seducir por su voz y
que en nuestro corazón fluya el fuego ardiente de su palabra de verdad por su
Espíritu Santo. Oración.
«Padre, quiero estar atento a tu Palabra, porque es espíritu
y es vida, porque por medio de Jesús me diste tu Espíritu para revelarme tus
principios de vida, tu plan maravilloso en Cristo, que no podía entender ni
comunicar en mi propia carne, sino andando diariamente en tu Espíritu, para
reflejar la vida de Cristo en mí. Amén