jueves, 19 de febrero de 2026

Mirando nuevamente a Jesús

 Mirando nuevamente a Jesús

«Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).» Juan 20:15-16

Este relato es el ejemplo perfecto de lo que causa en nosotros la tristeza cuando nuestra mirada sólo está puesta en ella, y es que como a María, la tristeza nos ciega, no nos deja ver con claridad lo que Dios está haciendo o quiere hacer en nuestras vidas.

Observemos que es tanto el llanto de aquella mujer que ni siquiera cuando Jesús le habla puede reconocerlo, es entonces cuando el Señor Jesús tiene que insistir en llamarla, pero ahora por su nombre, para que reaccione y salga de ese estado depresivo en el que se encuentra y a cambio pueda poner sus ojos en Él. Cuando María pone su mirada en Jesús, vemos que su llanto cesa, pues su enfoque ahora ya no está en la «pérdida» sino en la esperanza viva, Jesús.

¿Cuántos de nosotros al igual que María nos dejamos abrumar y cegar por las situaciones difíciles de la vida? Debemos reconocer que muchos de nosotros también nos hemos dejado agobiar no sólo por la tristeza, sino por otro tipo de sentimientos, en situaciones difíciles de afrontar. Al poner nuestra mirada sólo en el caos o la tormenta que vemos a nuestro alrededor pareciera que ignoramos que hay otra realidad que nos rodea, una realidad espiritual en la que Dios siempre está presente, dispuesto a hablarnos, consolarnos, darnos paz y seguridad.

Hermanos, Dios a través de este devocional nos está llamando no sólo para que le contemos cuál es el motivo de nuestro llanto o preocupación, sino para que volvamos a poner nuestra mirada en Él, pues cuando lo hacemos nuestro corazón se goza pues recuerda que nuestra esperanza está viva y que no debemos desmayar pues veremos Su bondad en medio de la situación que estemos enfrentando.  Oración.

«Padre, hoy levanto mi mirada y nuevamente la pongo en Tí, en el Único en quien encuentro paz y fortaleza. Señor, que Tu Espíritu Santo me lleve a recordar que Tu Presencia está conmigo en todo momento y que me acompañas incluso en la peor tormenta. Amén.