lunes, 17 de agosto de 2026

La gloria de Dios, no la gloria del hombre.

 La gloria de Dios, no la gloria del hombre. 

“Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”, Juan 12:42-43

“Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios”, 1 Samuel 15:30

La gloria de Dios es la expresión de sus atributos, su amor, su poder, su misericordia, su revelación, la expresión misma de su naturaleza en todo lo creado. (Salmo 19:1).

Todo lo creado manifiesta su gloria, pero nosotros debemos reconocer su gloria, como nos enseña Romanos 1:21-23, que incluso habla de lo que no es la gloria de Dios o el contraste con aquello que no reconoce la grandeza de Dios: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

La gloria que el hombre busca es impedimento para creer y para crecer: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”, Juan 5:44.

Impide el accionar y crecimiento de la fe, porque toda gloria del hombre es buscar lo suyo propio (Juan 12:42-43).

Aun el Señor Jesús, no buscaba su propia gloria, sino expresar al Padre, glorificándolo en todo, como dice Juan 8:54 “Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.”,

Y aun el Espíritu Santo busca glorificar al Hijo “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:14).

Nosotros fuimos creados para su gloria y nuestra misión es por el Espíritu glorificar al Padre, cuando el Hijo es formado en nosotros, por el poder de su Espíritu: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Isaías 43:7 y Efesios 2:10 nos confirma: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, observemos que dice creados “en” Cristo Jesús.

Mañana miraremos cómo aplicar este conocimiento bíblico en nuestra vida diaria, mientras tanto podemos reflexionar ¿Qué cosas en nuestra vida no le dan la gloria a Dios?     Oración.

Padre, no a nosotros, sino a tu nombre es toda la gloria, que tu Hijo sea formado en mí para expresar en mi una gloria plena e inmarcesible, por el poder de tu Santo Espíritu, amén.



domingo, 16 de agosto de 2026

La oración en Comunión, trae fuerza y restauración

 La oración en Comunión, trae fuerza y restauración

“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.” Lucas 22:41-46

En los momentos de incertidumbre, ante una tragedia repentina o frente a la pérdida de un ser querido, a menudo aparecen personas que, como ángeles, nos brindan palabras de aliento y ayuda. Si en el consuelo humano encontramos alivio, cuánto más poderoso es hallar favor, fuerza y restauración en nuestro buen Dios. Él es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Salmo 46:1).

Nuestro Dios no es un Padre lejano. Él también experimentó el sufrimiento a través del padecimiento de su amado Hijo. En el Huerto de Getsemaní, cuando Jesús enfrentaba la agonía de ir a la cruz, en esos momentos tan difíciles para el Señor, donde por la angustia que estaba pasando en su alma, llegó a sudar grandes gotas de sangre, fue allí, en ese instante de extrema aflicción, donde Jesús —el Dios encarnado— nos enseñó con su ejemplo el camino para afrontar las situaciones más difíciles, pues Él acudió en oración a su Padre celestial, buscando refugio en la comunión con Él. Fue en esa comunión íntima donde el Padre envió un ángel para fortalecerlo.

Si Jesús, siendo el Hijo de Dios, buscó la fuerza del Padre en la oración, cuánto más nosotros, que somos limitados, debemos hacer lo mismo. Hermanos, no busquemos afrontar nuestras pruebas con nuestras propias fuerzas. Sigamos el ejemplo del Maestro: apartémonos, doblemos nuestras rodillas y busquemos en la comunión del Espíritu Santo la fuerza y la restauración que solo vienen de lo alto. La oración no es solo pedir; es estar con el Padre, es dejar que Él nos sostenga cuando ya no podemos más como dice Isaías 40:29 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”    Oración.

Padre celestial, gracias porque sé que no tengo que cargar mis angustias a solas. Hoy vengo ante ti para buscar refugio y renovación. Que tu Santo Espíritu me guíe a orar con sinceridad, encontrando en tu presencia la fuerza y la restauración que necesito para seguir adelante, confiando en tu voluntad perfecta. Amén.  



sábado, 15 de agosto de 2026

En comunión Dios trae consolación

 En comunión Dios trae consolación

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” 2 Corintios 1:3-4

En momentos tan desafiantes como los que atraviesan muchas familias en Colombia tras el terremoto del pasado 10 de agosto, es imperativo recordar que nuestro Padre Celestial es el “Dios de toda consolación”. Él no nos observa desde la distancia; Él es quien desciende para consolarnos en cualquier tribulación.

Su amado Hijo, Jesucristo, experimentó en carne propia el dolor, la angustia, la traición y, finalmente, la muerte. Jesús, como Hijo, padeció el quebranto; Dios, como Padre, sostuvo el peso del sacrificio. Por eso nuestro Señor, aquel “varón de dolores, experimentado en quebrantos” (Isaías 53:3), es quien mejor nos puede consolar, porque Él ya estuvo allí. El Señor conoce el sufrimiento humano, lo vivió, y es en Él donde encontramos la paz verdadera que sobrepasa todo entendimiento en medio de la angustia.

Jesús prometió a sus discípulos: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18). Y cumplió su promesa regresando victorioso de la tumba, resucitando al tercer día de entre los muertos, para luego enviarnos su Santo Espíritu. Él dijo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:26-27)

Hoy, todos los creyentes, quienes hemos recibido a Cristo como Señor y Salvador, tenemos con nosotros al Consolador. Vengamos en comunión a pedir su paz. Él nos recordará las promesas de Dios, trayendo quietud a nuestro espíritu, tranquilizando nuestra alma y fortaleciendo nuestro cuerpo. No permitamos que nuestro corazón se turbe; acerquémonos al Espíritu Santo, quien desea recordarnos que, en medio de cualquier sacudida de la tierra, el abrazo del Padre sigue siendo el lugar más seguro. Y al ser consolados, consolemos a otros compartiendo las buenas nuevas del evangelio, para que la paz de Dios los alcance también a ellos.   Oración.

Señor Jesús, gracias porque sé que comprendes profundamente el sufrimiento humano. Gracias por dejarnos a tu Santo Espíritu como nuestro guía y protector en todo momento, para que, incluso en los días más difíciles, podamos acudir a Él para recibir tu consuelo y así poder ser canales de bendición al llevar el mismo consuelo a los demás. Amén.  



viernes, 14 de agosto de 2026

Testimonio de un padre.

 Testimonio de un padre.                                               En comunión, el miedo se va y la paz de Dios me sostendrá

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah.” Salmo 46:1-3

El pasado lunes, mientras me preparaba para el trabajo, la tierra comenzó a moverse con fuerza. La alarma de sismo sonó y, en un instante, mi instinto como padre afloró: lo primero que hice fue tomar a mi pequeño hijo en brazos. Junto a mi esposa, experimentamos el temblor mientras los muros parecían ceder; en medio de la intensidad, no hubo lugar para la autosuficiencia, solo un clamor que brotó desde lo más profundo: “¡Dios, protégenos!”.

Más tarde, al meditar en lo sucedido, recordamos la promesa de Isaías 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. Entonces comprendimos que, incluso en el momento del impacto, siempre estuvimos en los brazos de nuestro buen Padre.

La Biblia nos enseña una verdad que apaga cualquier miedo: Dios no solo nos cuida, nos carga. En Deuteronomio 1:31, se describe a Dios como un Padre que toma a su hijo en brazos durante todo el camino. Y en Romanos 8:15, se nos recuerda que no hemos recibido un espíritu de esclavitud para temer, sino el Espíritu de adopción para clamar “¡Abba, Padre!”.

Curiosamente, durante el sismo, mi hijo no lloró ni sintió pánico; simplemente permaneció tranquilo en mis brazos. Él no comprendía la magnitud del peligro, pero confiaba plenamente en mi protección. ¡Qué gran lección! Nuestro Padre celestial, quien hizo los cielos y la tierra, es quien nos socorre (Salmo 121:2). Quizás no comprendamos todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero podemos estar confiados en Sus brazos eternos.

Hermanos permanezcamos en la comunión del Espíritu Santo; ahí, en el Seno del Padre, cualquier miedo y confusión se disipa y la paz de Dios nos sostiene. Solo en Él podemos encontrar esa paz que necesitamos en estos momentos de angustia, pues Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.   Oración.

Padre Dios, gracias por tu protección, por cuidarme con tanta ternura y amor. Ayúdame a disfrutar de tu comunión constante, quita todo miedo y confusión de mi corazón, úsame para llevar tu consuelo y tu amor a quienes más lo necesiten el día de hoy. Amén. 



jueves, 13 de agosto de 2026

Los pensamientos de Dios sanan

 Los pensamientos de Dios sanan

"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado." Isaías 26:3

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." Juan 16:33

La depresión, el estrés y la ansiedad son consideradas las grandes epidemias de salud mental del siglo XXI. Algunas de las causas que han aumentado estas patologías se deben a estilos de vida frenéticos, el uso inapropiado de la tecnología, la inestabilidad laboral y la inseguridad social. Estas enfermedades se vieron agravadas tras la pandemia del COVID-19, afectando a millones de personas mundialmente.

Cuando vemos de una manera integral nuestro ser, nos damos cuenta que el principal problema que conlleva a la depresión, el estrés y la ansiedad, radica en la forma de pensar, debido a que cuando albergamos los pensamientos equivocados terminamos teniendo sentimientos desequilibrados y por lo tanto finalizamos haciendo cosas que acaban afectándonos. En el ámbito espiritual, una forma de pensar equivocada nos puede llevar a vivir en la carne, lo cual termina conduciendo al pecado y a la culpa.

La buena noticia es que en Cristo Jesús podemos encontrar la solución verdadera a estos problemas, pues Él nos da su mente, un nuevo corazón y una nueva vida, y por medio de la comunión del Espíritu Santo empieza a renovar nuestra manera de pensar combatiendo los pensamientos equivocados con los pensamientos de Dios.

De esta manera, con los pensamientos de Dios revelados en su Palabra, podemos tener claridad de nuestro origen, encontrando identidad, pues en Cristo somos hechos hijos de Dios, se nos revela que somos el resultado del amor de Dios, de un plan maravilloso que nos trae salvación, perdón de pecados y vida eterna. Lo cual nos lleva a tener paz, pues si perseveramos y creemos en estos pensamientos, promete Dios que así lo hará (Isaías 26:3). También encontramos propósito, y podemos tener calma, sabiendo que Dios es quien cuida de nosotros, nos provee, nos capacita, nos forma y nos lleva al lugar donde quiere que estemos, (Filipenses 1:6, 1 Pedro 5:10) y finalmente encontramos seguridad para nuestro futuro pues con Cristo ya tenemos un lugar en la casa celestial de Dios (Juan 14:2-3, Efesios 2:6).

Así que hermanos creamos en las palabras de Jesús, y confiemos, perseverando en los pensamientos de Dios, que traen paz, pues su paz y sus promesas son suficiente para combatir la depresión, el estrés y la ansiedad.   Oración.

Espíritu Santo, recuérdame las promesas que tengo en Cristo Jesús, y ayúdame a perseverar en ellas, creyéndolas, que tu paz inunde todo mi ser. Amén.  



miércoles, 12 de agosto de 2026

Con el Espíritu en comunión, mis sentidos cuido con devoción

 Con el Espíritu en comunión, mis sentidos cuido con devoción

“Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado. Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios.” Éxodo 34:34-35

El pasaje de Éxodo nos revela que, aunque solo Moisés podía entrar a hablar directamente con Dios, el pueblo podía percibir un destello de Su gloria al ver el rostro resplandeciente de su líder, quien era el encargado de transmitir la Palabra de Dios. Esto nos enseña una verdad crucial: nuestro testimonio es el medio por el cual quienes aún no conocen a Dios pueden vislumbrar un poco de Su gloria y ser atraídos a Él, para luego recibir la Palabra que es poderosa para transformarlos.

A diferencia del pueblo de Israel, nosotros tenemos un privilegio extraordinario gracias a la obra de Jesucristo, pues ahora podemos entrar al lugar santísimo y, al igual que Moisés, ser transformados por la misma presencia de Dios como dice 2 Corintios 3:18 “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”

Sin embargo, como vimos en devocionales anteriores, para mantener esa gloria brillando en nosotros, debemos aprender a cuidar nuestras “puertas de entrada”: los sentidos. En esta labor no estamos solos. El Espíritu Santo es nuestro ayudador, quien nos impulsa a:

Fijar la vista en lo correcto: pues nos enseña a mirar “las cosas de arriba, no las de la tierra” (Colosenses 3:2), protegiéndonos de las distracciones pasajeras.

Cuidar lo que oímos: ya que nos da discernimiento para saber qué escuchar, recordándonos que “las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33) y que las Palabras de Jesús son las que dan vida (Juan 6:63).

Nuestro Padre Dios, nos motiva a cuidar lo que vemos y oímos, no como una carga, sino como un privilegio. Él nos ha dado su Santo Espíritu para producir en nosotros tanto el querer como el hacer según su buena voluntad. No dependamos sólo de una disciplina; pidamos al Espíritu Santo su ayuda en comunión para cuidar nuestros sentidos con devoción.  Oración.

Señor, gracias por el privilegio de entrar ante tu presencia. Hoy reconozco que no puedo cuidar mi vida espiritual por mis propias fuerzas. Te pido que tu Santo Espíritu sea mi guía y mi protector; enséñame a ver lo que Tú ves y a escuchar lo que Tú escuchas. Amén.  



martes, 11 de agosto de 2026

Cristo mi realidad viviente

 Cristo mi realidad viviente

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Filipenses 1:9-11

¿Qué son frutos de justicia? ¿Por qué el Señor nos pide estar llenos de ellos por medio de Jesucristo? Aquí los frutos de justicia son los frutos que el Espíritu Santo produce en nuestra vida, y que forman el carácter de Cristo y el reflejo divino de su gloria en nosotros. Esto debe honrar a Dios y ensalzar su Nombre. El Señor nos está llamando a la santidad, llevando un estilo de vida en obediencia a sus demandas, este estilo de vida es señal de una conciencia de pertenecer a Dios y estar apartados para vivir conforme al propósito divino.

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor”. Pablo intercede por los filipenses desafiándolos a la plenitud y a la madurez, pidiendo que el amor abunde en ellos, un amor que crezca en conocimiento y en todo discernimiento espiritual, llevándolos a mayor sabiduría y claridad mental, o sea capacidad para distinguir lo bueno y lo mejor.

“A fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”. Es un llamado a una vida superior, una vida saturada de Cristo que se caracteriza por ser limpia, amigable, una vida que ama, perdona y sirve. Una vida sincera sin mezcla de impureza.

La palabra “sinceros” proviene de los tiempos del Imperio Romano, cuando en Roma se vendían objetos artísticos de mármol de una sola pieza. Pero algunos objetos tenían fisuras o defectos que se los emparejaba o disimulaba con cera y, una vez pulidos, semejaban ser íntegros, pero al exponerse al sol las imperfecciones se hacían visibles, o la cera se derretía. Otros eran “sin cera”, o sea que estaban completos, sin faltas. Pablo pide que los cristianos vivamos vidas superiores, genuinas, verdaderas, sinceras. Una vida irreprensible, sin ofensa, sin ser causa de tropiezo, una vida transparente que glorifique a Dios, para no tener que temer un juicio adverso, no sólo desde el punto de vista humano, sino ante el juicio de Cristo mismo.

“Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Nos pide que tengamos una existencia fructífera. El fruto aquí no es algo cuantitativo que se pueda contabilizar como tantos convertidos o tantas horas pasadas en oración o tantas cosas que hacemos para el Señor. Es más bien un fruto cualitativo, fruto de justicia. Es el fruto que viene por medio de Jesucristo, y no busca la glorificación y la fama humana, sino la gloria y alabanza de Dios.

¿Es Cristo una realidad viva en nuestras vidas? ¿Podemos ver su Presencia divina en cada situación que vivimos? ¿Podemos decir como Pablo “porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”?

Si Cristo es una realidad viviente, podremos estar gozosos en medio de las crisis y vislumbrar el cielo azul en medio de la adversidad, la soledad y la tristeza. Porque cuando el corazón está en estrecha relación con el corazón del Señor, cuando Jesucristo es el factor principal detrás de todos los detalles de la vida, se puede experimentar alegría y paz en todas las circunstancias. Cristo, la realidad viviente, hará la diferencia en la vida que se abre a su llenura y plenitud.   Oración.

Señor lléname de tu fruto cada día para poder reflejar lo que tú eres a los demás. Haz que mi corazón abunde en amor y en todo conocimiento espiritual para ser testimonio a otros en rectitud y sinceridad, llevando una vida irreprensible llena del Espíritu Santo, para dar gloria y alabanza a Dios con mi vida, amén.  


lunes, 10 de agosto de 2026

Mis sentidos en disposición, mejoran la comunión

 Mis sentidos en disposición, mejoran la comunión

“El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” Hebreos 5:14

En los días anteriores hemos aprendido que la comunión con Dios no es un evento aislado, sino un estilo de vida. Pero, ¿cómo mantener esa comunión en medio de un mundo que trata de alejarnos constantemente de Dios? La respuesta está en el cuidado de nuestros sentidos. Nuestros ojos y oídos son como puertas por donde pueden entrar ideas que afectan positiva o negativamente nuestra vida espiritual. Para poder disfrutar de una mejor comunión, podemos aplicar tres principios básicos:

Cuidar las entradas para guardar el corazón: Nuestros ojos son la lámpara del cuerpo (Lucas 11:34). Si permitimos que nuestra vista consuma contenido que no glorifica a Dios, llenamos nuestra “lámpara” de tinieblas. Cuidar lo que vemos no es legalismo, es protección para nuestra intimidad con Dios. Igualmente ocurre con lo que escuchamos, por eso Proverbios 19:27 dice: “Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen divagar de las razones de sabiduría”.

Filtrar los pensamientos para proteger la mente: Pablo nos muestra el filtro que debemos utilizar en Filipenses 4:8: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo puro… en esto pensad”. Si un pensamiento o imagen no pasa este filtro, debemos llevarlo cautivo a la obediencia de Cristo.

Ejercitar los sentidos para crecer espiritualmente: La madurez espiritual no llega por evitar lo malo, sino por practicar lo bueno. Hebreos 5:14 nos dice que los maduros tienen sus sentidos “ejercitados en el discernimiento”. Esto significa que nuestra comunión debe ser activa: debemos leer la Biblia, orar y meditar con la ayuda del Espíritu Santo, de tal manera, que nos volvamos expertos en reconocer la voz de Dios frente a la voz del mundo.

Hermanos, nuestros sentidos son sumamente importantes ya que lo que percibimos afecta directamente nuestra condición espiritual y, por tanto, nuestra comunión. Si aprendemos a vigilar lo que vemos y escuchamos, a filtrar lo que pensamos y a ejercitar el discernimiento y dominio propio dado por Dios, notaremos que nuestra comunión con el Padre será más clara y profunda cada día. Que hoy nuestros sentidos estén dispuestos al servicio de la comunión con Dios.    Oración.

Padre Dios, hoy te entrego mis ojos, mis oídos y mi mente, y te pido que guardes mi corazón, para que todo lo que entre en mi vida edifique mi fe y me acerque más a ti. Amén.



domingo, 9 de agosto de 2026

La fe y amor, la mejor expresión de la comunión

 La fe y amor, la mejor expresión de la comunión

“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?” Deuteronomio 10:12-13

Como vimos en el devocional de ayer, Dios no solo nos da mandamientos; nos hace una invitación a una intimidad total. Al pedir a su pueblo que lo oiga, lo conozca y lo ame, nos revela que Él no es un concepto abstracto, sino un Dios real y cercano que desea ser conocido con cada fibra de nuestro ser.

A menudo pensamos que la “fe” es solo una creencia intelectual, pero en las Escrituras, la fe produce acción. En Deuteronomio 10:12, Dios resume lo que pide de nosotros: reverencia, obediencia, amor y servicio. Aquí, la fe se manifiesta como un acto de confianza total: temerle es reverenciarlo, y obedecerle es andar en sus caminos, aún cuando estos no parezcan lógicos ante los ojos del mundo. Obedecer cuando todo sugiere lo contrario es caminar por fe; amarle y servirle es demostrar con actos que, efectivamente, le creemos.

Por eso, la instrucción de ayer cobra tanto sentido: Dios nos pide involucrar nuestra vida entera en la comunión con Él:

Nuestros sentidos: Al hablar de Su Palabra en casa, al caminar, al acostarnos y levantarnos, Dios quiere que nuestra rutina esté impregnada de Su presencia.

Nuestro espíritu: Cuando meditamos en Su Palabra, permitimos que la vida de Dios obre en nosotros. Pero para que la Palabra nos transforme, debe ser recibida con fe.

Cuando integramos nuestra fe con el amor, dejamos de buscar a Dios como quien busca una idea y empezamos a buscarlo como un hijo busca a su Padre. La comunión diaria —nuestra oración, lectura y meditación— es la forma de ejercitar nuestros sentidos físicos y espirituales para ser conscientes de Su presencia.

Que cada acción de hoy sea una expresión de confianza; no estamos solos, estamos ante un Padre que desea caminar con nosotros. Que nuestro diario vivir sea una muestra de la fe y el amor que son la mejor expresión de la comunión.   Oración.

Padre Dios, hoy me acerco con un corazón rendido a ti. Ayúdame a poner todo mi ser a tu disposición, para dejar que la fe y el amor, sean la mejor expresión de tu comunión. Amén.  



sábado, 8 de agosto de 2026

La fe, los sentidos y el amor se usan en la Comunión

 La fe, los sentidos y el amor se usan en la Comunión

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.” Deuteronomio 6:4-9

Dios nos invita, al igual que lo hizo con el pueblo de Israel, a que lo escuchemos, lo conozcamos y lo amemos profundamente. Pero antes, nos recuerda lo dicho en Deuteronomio 6:1-3: que debemos temer (reverenciar) a Dios y poner por obra sus mandamientos, lo cual implica, desde el inicio, un ejercicio de fe.

En la instrucción dada por Dios en Deuteronomio 6:1-9 se nos muestra que debemos activar nuestra fe y disponer todos nuestros sentidos para conocerlo. Nos pide primero oír para reconocer que Él es el único Dios, y luego nos requiere amarle con todo el corazón, el alma y las fuerzas. Esto nos indica que todo nuestro espíritu, alma y cuerpo deben involucrarse en esta relación; pues Dios es una persona real y cercana y no tan solo una idea, un concepto o una fuerza.

Además, Dios destaca la relevancia de su Palabra. Él ordena que esta sea guardada en el corazón, repetida, hablada y escrita. Esto tiene una razón poderosa: la Palabra de Dios es la parte espiritual que transforma nuestra existencia. Como dice Juan 6:63: “El espíritu es el que da vida… las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. Y para que estas palabras surtan efecto, deben ser recibidas con fe.

La insistencia de Dios en que su Palabra esté presente en la casa, en el camino, al acostarse y al levantarse y que incluso esté atada a nuestras manos y escritas en nuestras puertas es porque la Palabra es la fuente de nuestra fe. “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Aceptemos el llamado de Dios a conocerlo de manera personal, usando no solo nuestros sentidos físicos, sino la fe que obra por el amor, recordando que “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6b).    Oración.

Padre Dios, hoy quiero poner todo mi ser a tu disposición para conocerte profundamente. Ayúdame a amarte con toda mi mente, con mi alma y con todas mis fuerzas. Que mi vida sea un reflejo de tu amor. Amén.  



viernes, 7 de agosto de 2026

En comunión, el Espíritu me lleva a cambiar mi manera de pensar

 En comunión, el Espíritu me lleva a cambiar mi manera de pensar

“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” 2 Corintios 10:5

“Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.” 1 Corintios 14:20

Cuando un niño nace, su mente es como un lienzo en blanco. Por eso, como padres, tenemos la gran responsabilidad de instruirlos, pues esas enseñanzas moldearán su destino. Existe un principio poderoso: siembras un pensamiento y cosechas una actitud; siembras una actitud y cosechas un hábito; siembras un hábito y cosechas un carácter que define tu destino. Por esto, la Biblia nos aconseja: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

Dios, como buen Padre, nos enseña cómo “pensar” con la mente de Cristo que nos fue dada. En Deuteronomio 6:4-9 nos da una estrategia clara: oírlo a Él y amarlo con todo nuestro ser, permitiendo que su Palabra abunde en nuestro corazón, repitiéndola, hablando de ella, y aun escribiéndola. Dios no solo quiere que conozcamos información, quiere que Su Palabra sea el filtro por el cual vemos la realidad, reaccionemos a ella y vivamos en ella.

Sin embargo, a diferencia de un niño, nosotros ya no somos un lienzo en blanco. A lo largo de los años, hemos acumulado prejuicios, heridas y conceptos equivocados. Por eso, el apóstol Pablo nos enseña que el proceso de madurez espiritual requiere dos pasos:

Derribar con ayuda del Espíritu Santo todo pensamiento y argumento que se levanta contra el conocimiento de Dios (2 Corintios 10:5).

Renovar nuestro entendimiento como se nos pide en Romanos 12:2, permitiendo que el Espíritu Santo sustituya nuestras viejas ideas por la “mente de Cristo”.

Dios no desea que seamos niños inmaduros, “fluctuantes”, llevados por cualquier viento de doctrina (Efesios 4:14), sino que seamos “maduros en el modo de pensar” (1 Corintios 14:20). ¿Cómo lograrlo? A través de la comunión diaria del Espíritu Santo. Él es quien nos guía, nos recuerda las palabras de Jesús y nos enseña todas las cosas (Juan 14:26). No intentemos cambiar de mentalidad solos; dejemos que el Espíritu sea quien tome el control de nuestros pensamientos revelándonos a Cristo, pues al verlo a Él somos transformados.La Comunión el camino hacia la transformación

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3:18

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

Cuando los niños comienzan a crecer, aún no saben gestionar sus emociones ni han formado completamente sus pensamientos. Es común verlos hacer “pataletas” o llorar descontroladamente; es su forma inmadura de expresar lo que sienten. Como creyentes, al nacer de nuevo, nos ocurre algo similar: a menudo actuamos desde nuestra naturaleza humana, haciendo “pataletas carnales” porque aún no hemos aprendido a caminar en el Espíritu.

Comprender que, como hijos de Dios, podemos encontrar reposo para nuestra alma en el seno del Padre, tal como un niño se calma al sentirse pegado al pecho de su madre, es fundamental para nuestro crecimiento. Ese reposo es un regalo que proviene de la comunión del Espíritu Santo, permitiéndonos experimentar el amor transformador de Dios.

Así como un niño aprende a hablar, a reaccionar y a expresar sus sentimientos a través del ejemplo y el amor de sus padres, nosotros iniciamos nuestro proceso de transformación al permanecer en la presencia de Dios. Como declara Pablo en 2 Corintios 3:18, es allí, en la comunión del Espíritu, donde somos transformados a la imagen de Cristo. Al mirarlo, escucharlo y palpar su amor, nuestra identidad empieza a alinearse con la suya.

El Espíritu Santo nos hace un llamado a ser conscientes de nuestro acceso al Padre. Podemos acercarnos confiadamente a Él y, en esa comunión, aprender cómo piensa Dios al conocer a su Hijo Jesús. Al sumergirnos en su Palabra, la “mente de Cristo” comienza a manifestarse en nosotros. Así, experimentamos lo que promete Romanos 12:2: una transformación real, gracias a que nuestro entendimiento es renovado y nuestra manera de pensar es alineada con la de nuestro Salvador Jesucristo.   Oración.

Señor Jesús, te pido que tu Santo Espíritu me conduzca a una comunión profunda que produzca una verdadera transformación en mí. Mi anhelo es que seas Tú quien viva y se manifieste a través de mi vida. Amén. 



jueves, 6 de agosto de 2026

La Comunión el camino hacia la transformación

 La Comunión el camino hacia la transformación

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3:18

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

Cuando los niños comienzan a crecer, aún no saben gestionar sus emociones ni han formado completamente sus pensamientos. Es común verlos hacer “pataletas” o llorar descontroladamente; es su forma inmadura de expresar lo que sienten. Como creyentes, al nacer de nuevo, nos ocurre algo similar: a menudo actuamos desde nuestra naturaleza humana, haciendo “pataletas carnales” porque aún no hemos aprendido a caminar en el Espíritu.

Comprender que, como hijos de Dios, podemos encontrar reposo para nuestra alma en el seno del Padre, tal como un niño se calma al sentirse pegado al pecho de su madre, es fundamental para nuestro crecimiento. Ese reposo es un regalo que proviene de la comunión del Espíritu Santo, permitiéndonos experimentar el amor transformador de Dios.

Así como un niño aprende a hablar, a reaccionar y a expresar sus sentimientos a través del ejemplo y el amor de sus padres, nosotros iniciamos nuestro proceso de transformación al permanecer en la presencia de Dios. Como declara Pablo en 2 Corintios 3:18, es allí, en la comunión del Espíritu, donde somos transformados a la imagen de Cristo. Al mirarlo, escucharlo y palpar su amor, nuestra identidad empieza a alinearse con la suya.

El Espíritu Santo nos hace un llamado a ser conscientes de nuestro acceso al Padre. Podemos acercarnos confiadamente a Él y, en esa comunión, aprender cómo piensa Dios al conocer a su Hijo Jesús. Al sumergirnos en su Palabra, la “mente de Cristo” comienza a manifestarse en nosotros. Así, experimentamos lo que promete Romanos 12:2: una transformación real, gracias a que nuestro entendimiento es renovado y nuestra manera de pensar es alineada con la de nuestro Salvador Jesucristo.   Oración.

Señor Jesús, te pido que tu Santo Espíritu me conduzca a una comunión profunda que produzca una verdadera transformación en mí. Mi anhelo es que seas Tú quien viva y se manifieste a través de mi vida. Amén.  



miércoles, 5 de agosto de 2026

La Comunión el camino hacia la transformación

 La Comunión el camino hacia la transformación

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3:18

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

Cuando los niños comienzan a crecer, aún no saben gestionar sus emociones ni han formado completamente sus pensamientos. Es común verlos hacer “pataletas” o llorar descontroladamente; es su forma inmadura de expresar lo que sienten. Como creyentes, al nacer de nuevo, nos ocurre algo similar: a menudo actuamos desde nuestra naturaleza humana, haciendo “pataletas carnales” porque aún no hemos aprendido a caminar en el Espíritu.

Comprender que, como hijos de Dios, podemos encontrar reposo para nuestra alma en el seno del Padre, tal como un niño se calma al sentirse pegado al pecho de su madre, es fundamental para nuestro crecimiento. Ese reposo es un regalo que proviene de la comunión del Espíritu Santo, permitiéndonos experimentar el amor transformador de Dios.

Así como un niño aprende a hablar, a reaccionar y a expresar sus sentimientos a través del ejemplo y el amor de sus padres, nosotros iniciamos nuestro proceso de transformación al permanecer en la presencia de Dios. Como declara Pablo en 2 Corintios 3:18, es allí, en la comunión del Espíritu, donde somos transformados a la imagen de Cristo. Al mirarlo, escucharlo y palpar su amor, nuestra identidad empieza a alinearse con la suya.

El Espíritu Santo nos hace un llamado a ser conscientes de nuestro acceso al Padre. Podemos acercarnos confiadamente a Él y, en esa comunión, aprender cómo piensa Dios al conocer a su Hijo Jesús. Al sumergirnos en su Palabra, la “mente de Cristo” comienza a manifestarse en nosotros. Así, experimentamos lo que promete Romanos 12:2: una transformación real, gracias a que nuestro entendimiento es renovado y nuestra manera de pensar es alineada con la de nuestro Salvador Jesucristo.   Oración.

Señor Jesús, te pido que tu Santo Espíritu me conduzca a una comunión profunda que produzca una verdadera transformación en mí. Mi anhelo es que seas Tú quien viva y se manifieste a través de mi vida. Amén.  



martes, 4 de agosto de 2026

¿Cómo se edifica la iglesia?

 ¿Cómo se edifica la iglesia?

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.”, 1 Corintios 14:26
Este es el patrón para las reuniones de la iglesia como lo dice el versículo de hoy en 1 Corintios 14:26, todos interactúan de acuerdo al don recibido, expresando la vida de Cristo en cada uno, para edificación mutua.
Pues la iglesia no es una organización, es decir: no es una estructura social, una empresa, una entidad pública, etc, creada para fines comunes por el hombre.
Y como no es una organización, no tiene una estructura jerárquica, sino que la iglesia cristiana es un organismo vivo, creada por Jesucristo, el Señor y dador de la vida, donde sus líderes la alimentan con su palabra, que es espíritu y vida (Juan 6: 63) a fin de perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (la iglesia): “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13)
Entonces la iglesia es un organismo vivo en el que todos los miembros funcionan orgánicamente de acuerdo a la medida de Cristo, que tiene cada uno; incluso el papel de los pastores y maestros es diferente a las organizaciones del mundo, observemos:
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4).
Los ancianos y pastores colocados en ella, no reemplazan la autoridad de Cristo, sino que cuidan de la “grey” edificando en su función a Cristo en ella: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,” (Gálatas 4:19)
Efesios capítulo 4 nos habla de que Cristo lo llenó todo en todos, y constituyó diferentes funciones en la iglesia para edificación del mismo cuerpo, su crecimiento y edificación: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:15-16)
¿Qué ministramos en cada función? cada uno recibe un don de Cristo, para edificar a todo el cuerpo, para que cada miembro crezca, y ¿qué es lo que crece en cada uno? Cristo. Es decir, Cristo está siendo formado en cada creyente, por la acción conjunta de cada miembro, en amor. Si crece Cristo en nosotros crece el fruto del Espíritu Santo. Es necesario por tanto una edificación mutua y un permanecer de cada miembro.
Entonces, la vida comunitaria fluye, orgánicamente, de la vida de Cristo en cada uno de nosotros hacia otros, expresando juntos la vida de Cristo.
¡Maravilloso, fluir de Cristo vivo en cada miembro¡ ¡Esto si es la verdadera iglesia! Oración.
«Padre, me has colocado en un solo cuerpo, en Cristo, para ser edificado por mis hermanos de acuerdo al don que tú mismo diste a cada uno, para que Cristo sea formado plenamente por la acción de todos los miembros. Una sola fe, un solo Padre, un mismo Espíritu, un solo Salvador que es en todos y por todos. Amén.

lunes, 3 de agosto de 2026

El amor, la Gloria de la Comunión

 El amor, la Gloria de la Comunión

“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”. Colosenses 3:14

La comunión que por gracia recibimos al creer en Jesucristo (2 Corintios 13:14), nos une a Él, nos vuelve uno con Él y con el Padre, pues al recibir a Jesús como Señor y Salvador, se nos da su Santo Espíritu, quien viene a morar en nosotros, quitando la soledad y llenándonos de su amor como declara Romanos 5:5b “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.

El amor de Dios, que es el vínculo perfecto, el ligamento, el principio unificador que nos entrelaza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, nos permite experimentar la unidad con Dios y con los demás creyentes, convirtiéndonos en un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, a través del cual podemos manifestar la Gloria de Dios.

Manifestar la Gloria de Dios es dejar ver en nosotros lo maravilloso de Dios: su amor, sus cualidades, sus atributos, lo que trae honra y honor a Él, lo cual, realmente es dejar vivir a Cristo y morir nosotros, morir a nuestros propios pensamientos egoístas, a nuestro sentir pecaminoso y a nuestro orgulloso actuar.

Para expresar esta Gloria extraordinaria de Dios es necesario vestirnos de amor, el amor de Dios, como dice Colosenses 13:14, es decir, dejar que la vida de Cristo se manifieste a través nuestro, pues sus Palabras y sus Actos revelan esa gloria de Dios que desborda de amor.

El apóstol Pablo nos enseña en Colosenses 3:16 que la palabra de Cristo debe morar o estar presente en abundancia en nuestra vida, por eso de manera práctica nos insta a enseñarnos y exhortarnos unos a otros en toda sabiduría, expresando con salmos e himnos y cánticos espirituales la gratitud interna de nuestro corazón.

Finalmente en Colosenses 3:17 se nos exhorta a que todo lo que hagamos, sea de palabra o de hecho, lo hagamos en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. Por lo tanto hermanos pidamos a Dios, que sea su amor manifestándose poderosamente en nuestras vidas, tanto en lo que decimos como en lo que hacemos, gracias a la comunión del Espíritu Santo, para reflejar al igual que Cristo, la Gloria de Dios.    Oración.

Espíritu Santo, te pido que me lleves a experimentar la verdadera comunión, pues mi anhelo es manifestar ese gran amor que has derramado en mi corazón, para así reflejar mejor tu Gloria. Amén.



domingo, 2 de agosto de 2026

Cristo ejemplo de comunión

 Cristo ejemplo de comunión

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” Juan 17:22-23

El mejor ejemplo de cómo vivir una vida en plena comunión con Dios nos lo muestra nuestro Señor Jesucristo. En Juan 10:30, Él afirma: “Yo y el Padre uno somos”. Esta declaración nos revela una verdad fundamental: la verdadera comunión va mucho más allá de una relación entre dos personas; se trata de una unidad profunda donde el pensar, el sentir y el actuar llegan a ser los mismos.

En nuestras relaciones humanas, a menudo toleramos las diferencias o buscamos el respeto mutuo a pesar de ellas. Sin embargo, en la unidad divina, existe un vínculo transformador que nos alinea totalmente con el corazón de Dios. Jesús vivía esta unidad de forma absoluta, pues su pensamiento, sus emociones y su actuar reflejaban perfectamente al Padre, lo cual se comprueba en lo que el Señor decía (pues de la abundancia del corazón habla la boca), pero también en lo que hacía, en su extrema coherencia entre su creencia y su vivencia.

Jesús siempre hablaba lo que el Padre le decía que hablase y hacia lo que el Padre le mandaba, como se evidencia en Juan 8:28-29 “Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.”

Lo más extraordinario es saber que esta comunión que Jesús disfrutaba con el Padre es el mismo anhelo que Él tiene para nosotros. Jesús nos ha otorgado la gloria que recibió del Padre, no para que estemos solos, sino para que permanezcamos unidos a Él en perfecta armonía. Juan 17:22-23 nos lo recuerda “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Hermanos, pidamos a Dios que al igual que en Jesús, su gloria se manifieste hoy en nuestras vidas, gracias a la comunión del Espíritu Santo, que nos mantiene unidos a Él mediante el vínculo indestructible de su amor.   Oración.

Señor Jesús, hoy me postro delante de Ti, y te pido que por tu Santo Espíritu me lleves a la verdadera comunión, para así reflejar también la gloria de Dios. Amén.



sábado, 1 de agosto de 2026

Comunión

 Comunión

“Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” 1 Corintios 1:9

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.” 2 Corintios 13:14

Como creyentes, debemos sentir una profunda gratitud por la fidelidad de nuestro Dios, quien nos llama a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor (1 Corintios 1:9). Él nos atrae constantemente con cuerdas de amor, tal como lo expresa Oseas 11:4: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida”.

Este amor y fidelidad de Dios se ha manifestado hacia la humanidad desde el principio de los tiempos. Como Padre amoroso, preparó todo para que viviéramos en perfecta comunión con Él, en un lugar especial: el huerto del Edén, descrito en Génesis 2:8: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado”.

Es fascinante notar que, en el hebreo original, “jardín del Edén” se escribe “Gan Eden” (גַּן־עֵדֶן), y al analizar sus raíces, descubrimos el profundo propósito divino: Gan (גַּן) significa huerto o lugar protegido, mientras que Éden (עֵדֶן) evoca delicia, bienestar y una frescura que sacia el espíritu. No se trataba de un simple jardín geográfico, sino del “Jardín de la delicia”, un entorno donde el ser humano podía disfrutar de la satisfacción plena y el gozo inefable de la presencia de Dios, un placer que trasciende todo lo que el mundo pueda ofrecer.

Lamentablemente, la desobediencia humana, nacida de la rebeldía y el orgullo, rompió esta comunión, como consecuencia de la muerte espiritual. Sin embargo, Dios, grande en misericordia y digno de suprema alabanza, tenía establecido un plan glorioso para restaurarnos, así gracias a la obra de su Hijo Jesucristo en la cruz, y por medio de la fe en Él, tenemos nuevamente acceso al Padre.

Por eso, hermanos, la invitación es a recibir la gracia de nuestro Señor Jesucristo, a disfrutar del amor de Dios; y a permitir que el Espíritu Santo nos guíe, para que volvamos a vivir, desde hoy, en la plenitud de esa comunión con nuestro Padre Celestial. (2 Corintios 13:14).   Oración.

Padre Dios, gracias por tu gran amor, gracias por atraerme hacia ti por medio de tu Santo Espíritu, ayúdame a disfrutar de la comunión que tu Hijo Jesús restauró. Amén.  



viernes, 31 de julio de 2026

Señor, llévame a tu encuentro

 Señor, llévame a tu encuentro

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” Jeremías 15:19

Para nadie es un secreto que como cristianos cada día somos ampliamente tentados, tentados a salir, desenfocarnos o distraernos de nuestra identidad y realidad espiritual; el mundo, nuestro cuerpo pecaminoso y por supuesto Satanás, están siempre queriéndonos llevar en contra del conocimiento y de la voluntad de nuestro Dios; es una guerra que, por supuesto, en nuestras fuerzas no podemos ganar. Sin embargo, queridos hermanos, es una victoria que ya Jesús en la cruz ganó por nosotros.

1 Juan 2:15-17, nos deja ver que cuando nosotros amamos o preferimos al mundo, así como los deseos de la carne, de los ojos y la vanagloria de la vida, que es a su vez los medios que usa nuestro enemigo para tentarnos, es porque el amor del Padre no está en nosotros, pero si no está en nosotros, no es precisamente porque Él no nos lo haya concedido, sino más bien porque nosotros no hemos a él accedido.

¡Ir a la cruz, ir a su encuentro y tomar de su amor!

Jesús, cuando de esta manera fue tentado, estaba preparado, su corazón del amor del Padre había llenado; hoy el Espíritu de Cristo habita nuestro corazón y con el mismo anhelo y fervor que Jesús en aquel tiempo, quiere llevarnos al encuentro de nuestro Papá Dios; si nos arrepentimos, es decir, cambiamos de dirección, y en lugar de ir tras el pecado, vamos hacia donde el Espíritu nos encamina, entonces, dice el Señor: “yo te restauraré, y delante de mí estarás;” El Señor hará que podamos negarnos a nosotros mismos, y del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual nos llenará; su propósito es que donde quiera que estemos y con quien sea que nos estrechemos, a Él siempre reflejemos; ser como su boca transmitiendo su palabra para dar gracia y edificación, convirtiéndose ellos a nosotros y no nosotros a ellos.   Oración.

Papá Dios, sé que por tu fidelidad y el poder de tu Santo Espíritu que habita mi corazón, cada nuevo amanecer me llevarás a tu encuentro, abrirás mis ojos y me concederás la gracia de verte; gracias Cristo Jesús porque conmigo estas y tu victoria sobre el mundo, el pecado y Satanás a cada momento puedo tomar para vivir en la ley del amor y de la libertad, aleluya, amén.  



jueves, 30 de julio de 2026

Recibir a Jesús


Recibir a Jesús
El grito de amor
“Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46
El grito del Señor Jesús en la cruz, o lo que la Escritura describe que “clamó a gran voz” es un instante que nos ha de recordar la gran aflicción que su alma sufrió, pero más conmovedor aún es el saber que su aflicción fue para nuestra redención, su alma afligida para que la nuestra fuese redimida (Isaías 53:10-11). Ese grito es el que se debe escuchar en nuestra conciencia espiritual y en toda la creación, pues fue un grito de amor, ese amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta (1 Corintios 13:7). Jesús soportó el desamparo en la cruz para que tú y yo experimentemos su paz.
Hermanos, situaciones difíciles, momentos de gran dolor, pérdida, sufrimiento entrega o sacrificio, esos que quizás muchas veces experimentamos por nuestros hijos, o nuestros hermanos, padres, nuestra pareja o hasta por nuestros amigos, han de tener consuelo, esperanza y también fortaleza, en el dolor, entrega y sacrificio que Jesús padeció por nosotros en la cruz. Aquel grito debe retumbar en todo nuestro ser, pues nadie ha sufrido, ni sufrirá como Él, la copa de la ira Santa de Dios, para que nosotros fuésemos herederos de su amor.
Amados, el amor de Dios, por el Espíritu Santo, ha llenado nuestro corazón y no hay nada en nuestra alma que no encuentre su suficiencia, satisfacción y plenitud en su incomparable amor; como dice su Palabra en Efesios 3:19, conocer el amor de Cristo nos llena de toda la plenitud de Dios. De manera que, en esas situaciones que sintamos desfallecer o no poder, que quizás son demasiado fuertes para nosotros, recordemos el grito de amor de nuestro salvador, que retumbe en nuestro ser de modo tal, que avive nuestro corazón y podamos experimentar y expresar cómo realmente el amor de Dios, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta, y que aún así, se vive en completa paz y esperanza.   Oración.
Señor, cuando estoy triste, cuando siento que no tiene sentido la vida, pero me recuerdas la cruz, viene a mi mente tu grito de amor y me lleno de tu amor, me despierto del sueño y voy a mi verdadera realidad, la plenitud de Jesús en mí. Que tu Espíritu me recuerde y revele ese sacrificio eterno, ese día, ese grito, que retumbe en mi corazón y me coloque nuevamente en tu voluntad, en Cristo Jesús, amén.  


miércoles, 29 de julio de 2026

La fuerza de su Espíritu

 La fuerza de su Espíritu

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”, Efesios 4:22-24

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”, Romanos 15:13

Muchas veces decimos ‘no es en nuestra fuerza’, pero lastimosamente, luchar en nuestra fuerza es lo que por defecto buscamos para hacer todo.

Oramos al Señor entregando alguna situación que nos desborda, pero salimos de la oración y resolvemos en nuestras propias capacidades, entendimiento o independencia.

Los creyentes debemos reflexionar profundamente en qué mente operamos, pues esto define el fruto y el resultado, pues todo creyente ha recibido la mente de Cristo, para ser guiado a cambiar su manera de pensar y como consecuencia, actuar de manera diferente. (Romanos 12:2, 1 Corintios 2:16)

Entonces, actuar no en nuestras fuerzas, sino en el poder de su Espíritu, depende de la naturaleza en que obramos, o en qué ámbito nos movemos, si en la vieja naturaleza heredada de Adán, o en la nueva naturaleza en Cristo, (Efesios 2:3, Efesios 4:22-24).

Observemos que el pasaje de Efesios 4:22-24, nos dice que nos despojemos de esa vieja naturaleza o viejo hombre y tomemos el nuevo, con una clave en el versículo 23: “renovaos en el espíritu de vuestra mente”. No confiar en nuestros propios pensamientos no significa renunciar a la razón, sino que sabiendo que nuestro corazón (que incluye nuestros pensamientos) es por naturaleza engañoso y perverso, no confiamos en él (Jeremías 17:9), sino que nuestra confianza es en Cristo mismo, haciendo de manera práctica lo siguiente: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).

Pueden llegar pensamientos de desesperanza, que provocan ansiedad, o pensamientos de temor, incertidumbre, incluso de nuestros propios deseos malos, o malos pensamientos, pero no nos dejamos arrastrar por ellos, sino que en el poder de su Espíritu, por medio de la fe en lo que Dios dice, llevamos todo pensamiento a que se someta a la verdad que nos habita, a Cristo, derribando así toda mentira que nos esclaviza y permitiendo que el gozo y la paz abunden en nosotros. (Romanos 15:13)

En conclusión, es una batalla que si bien es espiritual y se enfrenta con armas espirituales, en el poder de su Espíritu, nuestra mente juega un papel determinante; como una puerta de entrada, pues los pensamientos moldean ideas y estructuran la creencia; la creencia es determinante en lo que finalmente hacemos. (Proverbios 23:7a, 2 Corintios 4:13).   Oración.

Padre, la confianza que me has provisto en Jesús, en su obra maravillosa de salvación, me da la certeza que no me dejas ni me abandonas, porque él sufrió el abandono en la cruz para pagar por mis pecados, para que nosotros los creyentes experimentemos su amparo, protección por la fuerza de su Espíritu.  



martes, 28 de julio de 2026

Estad quietos

 Estad quietos

“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” Salmos 46:10

“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.” Salmos 42:5

Las circunstancias de la vida las podemos vivir en el alma, en nuestro propio esfuerzo, o en el Espíritu, en el poder de Dios. Y la enseñanza espiritual que como espada que discierne y divide el espíritu y el alma, es la que el Señor quiere que tomemos.

El Espíritu Santo nos enseña a discernir entre andar en el alma o en el Espíritu. El precio de andar en el alma es desespero, angustia, estrés, fatiga, situaciones que se ven triviales, pero nos pueden llevar a los límites; necesitamos por tanto, permanecer en la gracia de Dios para ser dotados extraordinariamente como dice 1 Corintios 15:10 “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

Permanecer en la gracia significa, menos de mi esfuerzo personal, de mis obras, y más confianza en el Señor; menos de pensar en nosotros mismos y más en fijar nuestra atención en la obra de Cristo; menos afán, más reposo, en Salmos 46:10, nos dice “estad quietos” y no se trata de que no soy diligente, ni quedarme en un estado de letargo, es confianza plena; donde aquieto mi alma, el espíritu se expresa; donde detengo mi autosuficiencia, Cristo se manifiesta. La vida del Espíritu comienza con aprender a aquietar el alma, a calmar las emociones, a someter la mente, a rendir la voluntad, a esperar, a discernir y a reposar en Cristo.

Estad quietos en el alma, pero dinámicos en el Espíritu como lo dice el salmo 131:2 “En verdad que me he comportado y he acallado mi alma Como un niño destetado de su madre; Como un niño destetado está mi alma” acallar nuestra alma acudiendo a la voz del Espíritu; aquietar nuestro afán, en el reposo de Cristo, dejar de buscar en nosotros e ir a satisfacernos en la provisión de Dios.   Oración.

Padre, gracias por tu manifestación en mi vida; gracias porque cuando te espero, Tú siempre llegas, eres oportuno, llegas a tiempo; gracias por enseñarme a esperar y a través de ello ver tu fidelidad; gracias porque Tú siempre eres bueno y eres fiel, Señor, amén.  



lunes, 27 de julio de 2026

Servir para crecer

 Servir para crecer

“sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” Efesios 4:15-16

Cuando nosotros nacemos de nuestra madre, es decir, a la vida física, ésta inmediatamente inicia una etapa de crecimiento muy importante, pues es necesario para la madurez de cada sistema que compone nuestro cuerpo, el digestivo, inmune, circulatorio, muscular y demás; si no se crece adecuadamente hay riesgo de infecciones, hemorragias, debilidades, enfermedades y otros tantos problemas de salud.

Lo mismo pasa con nuestra vida espiritual, esa que hemos recibido cuando le abrimos la puerta de nuestro corazón a Jesús, y creemos en Él como Señor y Salvador; es urgente, es de inmediato que debemos empezar a crecer y madurar, pues el gran peligro de que nos mantengamos como niños en este conocimiento es que fácilmente podemos ser engañados y sacados de la verdad, de la verdadera piedad, de la gracia, la libertad y sobre todo la voluntad y el propósito de Dios para con nosotros, Efesios 4:14 dice “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,”

Y, ¿cómo crecer? El pasaje principal del día nos guía así:

El cuerpo de Cristo, que somos nosotros, su iglesia, crece cuando permanece unido, esto es, cuando hay hermandad, congregación y amor (Efesios 4:1-4, Salmos 133).

El cuerpo crece cuando cada miembro ministra, sirve o participa en su congregación con el don que le ha sido otorgado, Efesios 4:7 dice “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.”

Hermanos, habitar en comunidad y disponer nuestra vida para ser buenos administradores de la gracia de Dios, ministrándola a los otros en el poder y dependencia del Señor, hará que tengamos ese crecimiento espiritual tan importante y necesario.   Oración.

Padre, que por el poder de tu Santo Espíritu que opera en mí por la fe, me lleve a dejar todo temor, pereza o negligencia que puedan estar estancando mi crecimiento espiritual, pues sé que tu voluntad es que, todos fervientes en espíritu, sirvamos al Señor, amén.    



domingo, 26 de julio de 2026

Reflejando su gloria

Reflejando su gloria

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3:18

Cuando vemos a Jesús, contemplamos su hermosura, la hermosura de su santidad y su gloria, pero mejor aún, cuando vemos que todo eso tan bonito lo extiende hacia nosotros, entonces somos transformados. La gracia, el perdón, el amor, la misericordia; su riqueza, fortaleza, comprensión, compasión, ternura; su paz y toda su bondad derramada en nuestra vida, nos llena de tal modo que ya no hay espacio para la guerra, la venganza, el rencor, la envidia, el odio, la dureza, la imposición y todo aquello que sea contrario a Él.

Hermanos, si de estrategias habláramos para cambiar de nosotros todo lo malo, seria esta que nos revela nuestro Señor, 2 Corintios 3:18 nos dice que, nosotros todos, mirando claramente al Señor como en un espejo, su gloria, entonces somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la obra poderosa y perfecta del Espíritu Santo. No se trata de hacer buenos propósitos, de intentar mejorar para alcanzar la bendición, de proyectar un aparente y bonito cambio externo, pero por dentro estar sucios y simplemente resistiendo.

Realmente, fijarnos en nosotros mismos o en las debilidades de los otros, sólo producirá en nuestro corazón, enojo, frustración, desesperanza y depresión. Somos seres humanos viles e infectados por el pecado, y nuestra única cierta esperanza es que Cristo crezca y se refleje en cada uno de nosotros. De manera que, amados hijos de Dios, es momento de dejar atrás las diferentes y tradicionales “técnicas” para intentar ser buenos o ser mejores personas, es tiempo de mirar y fijar nuestra vista en el único que es realmente bueno, conociendo y creyendo que habita en nuestro corazón, y que a medida que le contemplemos, viendo su manifestación de gracia y de gloria sobre cada uno de nosotros, entonces simplemente siendo de Él llenos, todas esas virtudes gloriosas genuinamente en nosotros, por el poder de su Espíritu se evidenciarán.    Oración.

Padre, en tu Hijo Jesucristo, hoy te pido que quites de mi vista todo velo que no me está permitiendo ver la gloria de Cristo Jesús en mi vida; concédeme la gracia, de verle, contemplarle y adorarle para que entonces en ese cara a cara, mi vida de tu gloria sea llenada y por tu Santo Espíritu, evidenciada, ¡Amén, Aleluya!   




sábado, 25 de julio de 2026

Edificando con propósito

 Edificando con propósito

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.” Mateo 7:24-25

Podemos ver a lo largo de las Escrituras, las diferentes formas o diseños que Dios ha dispuesto para que nosotros los llevemos a cabo en las diferentes áreas de nuestra vida; diseños para nuestra vida personal, matrimonial, familiar, relaciones sociales, asuntos laborales, entre otros. Estos diseños, por supuesto, siempre tienen como centro y piedra fundamental a nuestro Señor Jesucristo. La idea es edificar en Él.

Sin embargo, siendo esto considerablemente importante, lo esencial que Dios quiere que conozcamos, es precisamente el propósito por el cual Él quiere que lo hagamos así, y es justamente que el anhelo de su corazón es, habitar en medio de nosotros, Él anhela estar, permanecer e ir con nosotros siempre (Juan 14:16-18, Mateo 28:20).

Hermanos, los diseños que Dios ha dispuesto, junto con el anhelo de habitar en medio nuestro, sólo nos dejan ver el gran amor y la grande misericordia que desde antes de la fundación del mundo, Él se había propuesto para con nosotros en su Hijo Jesucristo (Efesios 1:3-7), por ello, vemos al Señor Jesús enseñando que un hombre prudente y bienaventurado es aquel que edifica su casa o su vida con base en lo que Él nos dice.

Sucede que muchas veces, el motivo por el cual no edificamos en nuestra vida conforme al diseño y propósito del Señor, es porque ignoramos lo que Él nos enseña a través de su Palabra, otras tantas, simplemente porque nos cuesta ir en contra de nuestra propia sabiduría; pero, queridos hermanos, no por esto debemos rendirnos o tirar la toalla en ninguna área de nuestra vida, pues para el Señor no hay limitación o debilidad en la que Él no pueda obrar; por ello, nuestro deber es confiar, aferrarnos a Él e insistentemente orar conforme nos revela Hebreos 13:20-21, pidiendo que, por la sangre de Jesucristo, sea Dios mismo haciéndonos aptos para toda obra buena para hacer su voluntad, haciendo Él en nosotros lo que es agradable delante de Él, por Jesucristo, a quien pertenece la gloria por los siglos de los siglos.   Oración. Padre, que tu Presencia, la cual mora en mí solo por la fe en tu Hijo Jesucristo, la pueda disfrutar en intimidad, en comunión y adoración, haciendo Tú mismo en mí lo que es agradable delante de tí, esa persona que refleje completamente tu gloria, por Jesucristo tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén. 


 

viernes, 24 de julio de 2026

Final Feliz

 Final Feliz

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5:16-18

Pasamos por situaciones o épocas, en nuestra vida, en las que quizás padecemos alguna afectación física, nuestros hijos parecen no avanzar, crecer, madurar o fortalecerse, nuestro esposo o esposa pareciera no valorarnos o no darnos el lugar que nos corresponde y quizás también algún asunto laboral, familiar o algún proyecto emprendido no está resultando de la manera que pensamos o esperamos. Puede ser que en estos momentos dudemos si en verdad Dios está de nuestro lado, si de verdad nuestra vida está en sus manos.

Sin embargo, amado hermano, las dificultades, las pruebas, la escasez, el desierto, la enfermedad y todo aspecto que tiene que ver con nuestra vida temporal, debemos saber que son tan solo los medios que nuestro Padre Fiel utiliza para manifestarnos lo eterno. Orar sin cesar, estar siempre gozosos y dar gracias en todo, son la clave que el Señor hoy nos quiere recordar para que no nos encerremos en nosotros o en lo pasajero, sino que, en fe recurramos siempre a Él y en esa actitud de total confianza, reposo, gratitud y adoración, por su revelación, encontremos la paz para continuar, estando seguros que Dios con nosotros está y que sus planes son siempre de bien y no de mal (Filipenses 4:6-7, Hebreos 11:6, Jeremías 29:11).

Recordando también que, mientras tengamos vida, la esperanza sigue viva, y que el amor debe ser nuestro motor; ese amor que Dios ha derramado en nuestro corazón y que en el poder del Espíritu Santo podemos manifestarlo a nuestros hermanos (1 Corintios 13:13, Romanos 5:5, 1 Corintios 13:4-7).   Oración.

Padre, gracias porque en Cristo Jesús me has adoptado como tu Hijo, y es un hecho que no tiene regreso; es así mismo un amor del cual nadie me puede separar; gracias Señor porque si aún no nosotros somos infieles o hijos pródigos, tu bondad nunca nos dejará, en Cristo Jesús, amén.



jueves, 23 de julio de 2026

Los pensamientos de Dios sanan

 Los pensamientos de Dios sanan

"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado." Isaías 26:3

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." Juan 16:33

La depresión, el estrés y la ansiedad son consideradas las grandes epidemias de salud mental del siglo XXI. Algunas de las causas que han aumentado estas patologías se deben a estilos de vida frenéticos, el uso inapropiado de la tecnología, la inestabilidad laboral y la inseguridad social. Estas enfermedades se vieron agravadas tras la pandemia del COVID-19, afectando a millones de personas mundialmente.

Cuando vemos de una manera integral nuestro ser, nos damos cuenta que el principal problema que conlleva a la depresión, el estrés y la ansiedad, radica en la forma de pensar, debido a que cuando albergamos los pensamientos equivocados terminamos teniendo sentimientos desequilibrados y por lo tanto finalizamos haciendo cosas que acaban afectándonos. En el ámbito espiritual, una forma de pensar equivocada nos puede llevar a vivir en la carne, lo cual termina conduciendo al pecado y a la culpa.

La buena noticia es que en Cristo Jesús podemos encontrar la solución verdadera a estos problemas, pues Él nos da su mente, un nuevo corazón y una nueva vida, y por medio de la comunión del Espíritu Santo empieza a renovar nuestra manera de pensar combatiendo los pensamientos equivocados con los pensamientos de Dios.

De esta manera, con los pensamientos de Dios revelados en su Palabra, podemos tener claridad de nuestro origen, encontrando identidad, pues en Cristo somos hechos hijos de Dios, se nos revela que somos el resultado del amor de Dios, de un plan maravilloso que nos trae salvación, perdón de pecados y vida eterna. Lo cual nos lleva a tener paz, pues si perseveramos y creemos en estos pensamientos, promete Dios que así lo hará (Isaías 26:3). También encontramos propósito, y podemos tener calma, sabiendo que Dios es quien cuida de nosotros, nos provee, nos capacita, nos forma y nos lleva al lugar donde quiere que estemos, (Filipenses 1:6, 1 Pedro 5:10) y finalmente encontramos seguridad para nuestro futuro pues con Cristo ya tenemos un lugar en la casa celestial de Dios (Juan 14:2-3, Efesios 2:6).

Así que hermanos creamos en las palabras de Jesús, y confiemos, perseverando en los pensamientos de Dios, que traen paz, pues su paz y sus promesas son suficiente para combatir la depresión, el estrés y la ansiedad.    Oración.

Espíritu Santo, recuérdame las promesas que tengo en Cristo Jesús, y ayúdame a perseverar en ellas, creyéndolas, que tu paz inunde todo mi ser. Amén.   



miércoles, 22 de julio de 2026

La muerte que nos trae vida

 La muerte que nos trae vida

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” 2 Corintios 5:14-15

Siempre escuchamos que Cristo murió por nosotros, por nuestros pecados; esta es una verdad esencial del evangelio. Pero también es igualmente cierto y determinante saber que morimos juntamente con Él. Esta es la explicación de por qué tenemos una nueva vida, porque cuando creímos en Cristo, participamos de la muerte del Cordero, se cumplió la pascua en nosotros; esta nueva vida se hace realidad cuando estamos en Cristo, fuimos colocados por el Padre Amado en la muerte de su Hijo, y juntamente con él fuimos resucitados para vida nueva. (Romanos 6:6, Efesios 2:5-6, )

Y el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu, nos impulsa, como un poder que actúa en nosotros, para experimentar la realidad de su muerte, y dejar que la expresión del Hijo resucitado se manifieste en nosotros.

Este amor, nos impulsa también a vivir no para nuestro fines, sino para Él, no vivimos por una causa loable, sino por una persona perfecta que nos habita. No vivimos por algo, sino por alguien. Él debe ser la causa que nos anime a levantarnos cada mañana, pero no nos levantamos con la actitud de decir, “ahora sí, Señor, te voy a cumplir en todo”, pues la vieja naturaleza no puede, sino que debemos llevar su muerte en todo lo que pensamos y hacemos, para que se active Su vida. Hermanos, que la revelación diaria del incomparable y eterno amor de nuestro Dios, constriña nuestro corazón llevándonos a morir a nosotros mismos y a vivir en esta nueva vida de plenitud, abundancia y eterno propósito.   Oración.

Padre, que la verdad viva y poderosa que me revelas por medio de tu Palabra, por el poder de tu Santo Espiritu la pueda experimentar en mi vida; llename Señor, y concédeme la riqueza de no vivir para mí, sino para aquel que muriendo me liberó de la esclavitud del pecado, y resucitando me ha concedido una vida y propósito eterno, vivir en Cristo, por Cristo y para Cristo, amén.  



martes, 21 de julio de 2026

Destruyendo el molde

 Destruyendo el molde

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2

Por medio de la fe en Cristo, el Padre nos traslada de Adán a Cristo, otorgándonos una nueva naturaleza; nos da su gracia, que es Cristo mismo y con Él todas las cosas; esto incluye la mente de Cristo (1 Corintios 2:16). Es decir, Dios nos otorga la capacidad de entender su Palabra, sus designios y principios a través de la mente de su Hijo en nosotros, que revela a nuestra alma, todo lo que Él quiere que sepamos y experimentemos, para que seamos transformados, pues no es simplemente un conocimiento intelectual sino una comunión íntima, de adentro hacia afuera. (Filipenses 2:13, Efesios 3:20)

Teniendo presente que, la mente de la naturaleza adámica no puede entender las cosas de Dios, pues estas se han de discernir espiritualmente, el Espíritu Santo nos las trae a nosotros para que sepamos lo que el Padre nos ha concedido en su Hijo (1 Corintios 2:10-16).

Pero la parte que nos corresponde, es no conformarnos o no dejar que el mundo moldee nuestro pensamiento. No permitir que el mundo nos inyecte la mentira destructiva del maligno, llevándonos a fijarnos o quedarnos entretenidos con las cosas temporales. Aquellas que buscan en todo momento alimentar y activar nuestros propios deseos y pensamientos pecaminosos a través de los sentidos, llevándonos a actuar independientemente de Dios, repitiendo así el ataque del maligno ocurrido en el Edén (Génesis 3:1-6).

No es dejar de usar la razón ni la lógica, sino someter a la cruz nuestra inteligencia, llevando cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo y se alinee con la realidad eterna, destruyendo el molde de la antigua naturaleza que el mundo incita, “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Corintios 10:5).   Oración.

Padre, gracias porque me has dado la mente de tu Hijo, y con ella poder entender tu Palabra y todo lo que me has concedido; gracias porque por medio de este conocimiento revelado en intimidad y comunión transformas mi vida por completo, te alabo y te bendigo, en tu Hijo Jesucristo, amén.