jueves, 1 de octubre de 2026

La integridad puesta a prueba por el fuego

 La integridad puesta a prueba por el fuego

“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.” Daniel 3:1

“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.”, Daniel 3:16-18

Nabucodonosor mandó a levantar una estatua de oro de 27 metros, edificada sobre la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia, y manda a que todos, pueblos, naciones y lenguas, al oír música de distintos instrumentos, se postren y adoren esta estatua. Cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo (Daniel 3:1, Daniel 3:4-6). Era un edicto en contra del primero y segundo mandamiento:

No tendrás dioses ajenos delante de mí. — Deuteronomio 5:7

No te harás imagen ni escultura para adorarla. — Deuteronomio 5:8-10

Sadrac, Mesac y Abed-nego, no adoraron la estatua de oro levantada por Nabucodonosor y fueron confrontados por el rey, pero su respuesta aún retumba en nuestros oídos: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Al escuchar esto, Nabucodonosor se llenó de ira y ordenó que fuesen amarrados, echados al horno de fuego que fue calentado 7 veces más de lo acostumbrado (Daniel 3:19).

Y luego de ser echados al fuego, pasó algo extraordinario: “Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.” (Daniel 3:24-25)

Poderosamente fueron salvados; su fe en Dios, independiente de las circunstancias, muestra el más elevado concepto de negarse así mismo para hacer la voluntad de Dios; esto lo evidencia una pequeña palabra de enlace en Daniel 3:18 —“Y si no”—

Un cuarto varón los salvó, según la traducción “un hijo de dioses”, un ser celestial, o un ángel, como lo declaró Nabucodonosor más adelante. (Daniel 3:28)

Ellos fueron salvados por Cristo, porque sólo Él es aquel del cual fuimos revestidos para que se cumpla: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”, Isaías 43:2,

Revestidos de Cristo, el fuego de las dificultades de la vida, de la prueba, no nos quema, nos hace más semejantes a Él. Y si semejantes a él, la vida incorruptible e íntegra del Hijo de Dios, es manifestada en nosotros, así como lo fue en Sadrac, Mesac y Abed-nego; esto nos lleva a la integridad: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.”, Gálatas 3:27.

Hermanos, mantengamos la firmeza de nuestra fe y confianza plena en Cristo, en su Palabra, pues aún en los tiempos más oscuros, será lo único que nos libre cuando llegue el fuego de la prueba. (Apocalipsis 3:10).     Oración.

Amado Dios, me has revestido de Cristo para cubrirme de gracia y de tu amor, soy salvado del fuego, de las dificultades y las pruebas, porque tú caminas a mi lado, por lo tanto me mantengo firme en mi fe y descanso en ti, incluso cuando soy presionado por el mundo, pues mi integridad se basa en tus principios, promesas y en tu Palabra que ahora mora en mí. Amén.  



miércoles, 30 de septiembre de 2026

¿Cómo responder a la voz de Dios?

 ¿Cómo responder a la voz de Dios?

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Más el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”. Santiago 1:22-25

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”. Deuteronomio 6:4-9

¿Qué nos puede enseñar Santiago acerca de cómo responder a la voz de Dios?

Santiago nos dice que no nos contentemos solamente con escuchar la Palabra, el secreto para responder a la voz de Dios es llevarla a la práctica. Jacobo, como es su nombre en hebreo, era uno de los hermanos de Jesús, Mateo 13:53-56, había crecido con Jesús y lo había escuchado desde que era pequeño, pero no había creído en Él. Cuando Jesús resucitó se le apareció como dice 1 Corintios 15:7 y desde ahí Jacobo, creyó y fue transformado hasta volverse un pilar de la iglesia primitiva y uno de los primeros mártires por defender la fe en Jesús.

Todavía se suele identificar el ir a la iglesia y leer la Biblia con el cristianismo, pero eso no es ni la mitad del camino. Lo realmente importante es llevar a la acción lo que hemos escuchado. No podemos tener los ojos cerrados al hecho de que lo que se lee y se oye tiene que vivirse.

Santiago, dice que la persona que oye, pero no hace, es como el que se mira en un espejo, luego se va y se olvida como es. Al escuchar la Palabra de la verdad se nos revela cómo somos y cómo deberíamos ser. Si no hacemos más que oír, pero no nos sometemos al Señorío, para que Él nos transforme con el poder de su Espíritu, todo se queda como está y no le sirve de nada.

En cambio, quien se fija atentamente en la Palabra, en la ley perfecta que da libertad y persevera en ella, no olvidando lo que ha escuchado y poniéndolo en práctica, esta persona recibe bendición.

A veces escuchamos la Palabra, pero se nos olvida, porque viene la tensión, la rutina de la vida, las tentaciones, las situaciones complejas, la enfermedad y muchas otras cosas que van a intentar tomar el control de nuestros pensamientos y dejamos que otras voces tengan más peso que lo que Dios nos ha hablado y terminamos olvidando lo que ha dicho.

La solución para no olvidar es repetirlo. Y eso es lo que Dios le dijo a su pueblo años atrás. Dios les da una Palabra para que repitan una y otra vez. El Shemá en Deuteronomio 6:4-9.

Repitamos una y otra vez lo que Dios nos ha hablado. Algún día será un escudo contra las mentiras del enemigo. Repitamos las verdades de Dios porque ya se han cumplido en nosotros, todo ha sido consumado. Lo que Dios ya ha proclamado sobre nosotros, sobre nuestra identidad, sobre nuestro hogar, sobre nuestra iglesia, sobre nuestro país, ya lo ha hecho.

Cuando el enemigo intente cambiar la voz de Dios no podemos permitirlo. Jesús cuando fue tentado dijo: “escrito está”; David recordaba una y otra vez las promesas que el Señor le había dado, el reflejo que Él había visto como en un espejo. Es tiempo de empezar a tomar autoridad sobre nuestras vidas y empezar a recordar lo que el Señor nos ha dicho.    Oración.

Amado Jesús, tu Palabra es el espejo donde puedo mirarme, a la luz de ella puedes escudriñar mi corazón y si hay algo que no está bien, ayúdame a someterlo a tu Señorío, y si hay pecado me arrepiento y lo confieso, porque tú eres fiel y justo para perdonarme y limpiarme. Enséñame a repetir tu Palabra para no olvidarla para que sea mi escudo protector cuando vengan las mentiras del enemigo y quieran engañarme. Quiero responder a tu voz y ser hacedor de tu Palabra. En el Nombre de Jesús, amén. 



martes, 29 de septiembre de 2026

Venid a mí y te daré descanso

 Venid a mí y te daré descanso

“Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto”. Marcos 6:30-32

El lugar secreto es el lugar donde podemos bajar la guardia, es allí donde podemos sentirnos vulnerables, donde podemos mostrarnos tal como somos y es donde el Señor habla a nuestro corazón. La Palabra de Dios dice en Salmos 51:6 “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”. Preguntémonos ¿Cuándo fue la última vez que escuchamos a Dios? ¿Sólo cuando vinimos a la iglesia? ¿Cuándo fue la última vez que fuimos al lugar secreto? porque hay cosas que el Señor solamente va a revelar en la intimidad con Él. Cuando nos acercamos a su corazón nos hace comprender su voluntad. Salmos 25:14 dice: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”.

El Señor siempre nos está diciendo “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, Mateo 11:28. En este pasaje el Señor invita a sus discípulos a estar a solas con Él, a ir a un lugar desierto lejos de la multitud para poder conversar sobre todos los milagros que ellos habían hecho en su misión y para enseñarles. Ese momento de intimidad con Jesús era para comprender todo lo que habían vivido y experimentado.

A veces cometemos el error de no parar, vamos arrastrando la vida, nos agotamos con todo lo que hacemos aun en la obra del Señor, eso nos debilita porque no tenemos tiempo para ir al lugar tranquilo a estar en intimidad, a reponer fuerzas, a comprender lo que está pasando, a obtener revelación y a afianzar lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Es el tiempo de plantarnos en su Presencia para recobrar fuerzas.

Por eso entendemos que el lugar tranquilo no es un sitio, es donde Jesús está con nosotros. Por eso podemos estar con Él aun en medio de las tormentas que estamos viviendo, podemos encontrarlo aún en medio de nuestra enfermedad, de la crisis matrimonial o emocional, o en nuestra escasez, porque Cristo está allí con nosotros, donde podemos escucharlo, porque el lugar secreto es Jesús.

Recordemos que ninguna persona puede trabajar sin descansar; y ninguna persona puede vivir la vida cristiana a menos que tenga tiempo con Dios. Muchos de los problemas que tenemos vienen por no darle a Dios la oportunidad de hablarnos, no le damos tiempo para recargar nuestras energías y fuerza espiritual, porque no buscamos ese momento de intimidad con Él.    Oración. 

Amado Señor, hoy entiendo que no puedo asumir las cargas de mi vida si no tengo tiempo de intimidad contigo, sino busco ese lugar secreto donde me puedas hablar. No puedo hacer nada a menos que sea con la fuerza que tú me das, por eso necesito entrar en tu Presencia, encontrar descanso en ti y dejarme llenar de tu Santo Espíritu para vivir en Plenitud, quiero escuchar tu voz y hacer tu voluntad. En el Nombre de Jesús, amén.



lunes, 28 de septiembre de 2026

Por tu palabra echaré las redes

 Por tu palabra echaré las redes

“Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”. Lucas 5:3-5

El ser humano tiene la necesidad de acercarse al Señor, de escuchar su voz, porque fuimos creados a través del poder de la Palabra de Dios. Asimismo, recordemos “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”, Romanos 10:17.

La fe viene por el oír, recordemos lo importante que era esto para los judíos, que cada mañana recitaban el Shemá que está en Deuteronomio 6:4-7a: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos”. Cuando el Señor dice “Oye, Israel”, es un llamado a escucharlo, a escuchar su Palabra.

Cuando inclinemos nuestro oído a escuchar lo que Jesús dice, la fe nacerá en nuestro corazón. Por eso, escuchemos a Jesús en nuestra rutina, a veces pensamos que solo lo podemos oír en la congregación o reunión espiritual de la iglesia, pero el Señor tiene otra forma de hablar más y es cuando se acerca a nosotros en medio de lo que hacemos. Lo hizo con la mujer Samaritana cuando fue al pozo a sacar agua, y Jesús le empezó a hablar y después de hablar con Él corrió al pueblo a decirles a todos que había encontrado a un hombre que le había dicho todo lo que había hecho; muchos de los samaritanos creyeron en Él por el testimonio que ella daba y otros creyeron por lo que oyeron directamente de Jesús.

Una palabra de Jesús en medio de la rutina puede cambiarlo todo. Esto pasó con Mateo cuando estaba en el banco de los impuestos, Jesús pasaba por ahí y solamente le dijo “Leví, sígueme” y al instante Mateo abandonó todo, le siguió y su vida fue transformada y hoy tenemos el evangelio de Mateo, por haber escuchado la voz de Jesús.

La Biblia nos dice que Pedro, quien era pescador, después de trabajar toda la noche no pescó nada y se encontraba limpiando las redes, estaba en su rutina, y Jesús se acercó y le pidió que apartara su barca y desde allí comenzó a enseñar. Después, “Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red”, Lucas 5:4-5, al obedecer su Palabra vino la pesca milagrosa.

Estos tres personajes tuvieron la sensibilidad de reconocer su voz y responder a ella. Hoy entendemos que muchas veces Dios intenta interrumpir nuestro día de trabajo, nuestra rutina con un versículo, una imagen, con algo que vemos, pero vamos tan distraídos que no prestamos atención a lo que nos dice. Vale la pena dejarse incomodar por el Señor, porque es muy probable que podamos cambiar la vida de alguien si escuchamos cuando Él nos habla.

Es tiempo de que comprendamos que la iglesia no es solo un cuerpo de domingo, sino que somos de lunes a domingo un pueblo que responde, unos oídos que escuchan y una fe que está atenta en medio de la rutina; salgamos de las cuatro paredes de la iglesia a hacer lo que Él nos pide: llevar su mensaje y hacer discípulos en todas las naciones. Digámosle a Jesús: “por tu Palabra Señor echaré la red.   Oración.

Señor Jesús, quiero escucharte en medio de mi batalla, en medio de mi historia, en medio de mi realidad, de mi enfermedad, en medio de cada situación de mi vida; ahora que tengo pocas fuerzas, que tengo mi mente perdida, solo quiero oír tu voz y quiero que cuando hables todo mi ser y mi corazón sean tocados por tu Presencia y "en tu Palabra echaré la red". Te necesito mi Jesús, amén. 



domingo, 27 de septiembre de 2026

Jesús sigue hablando

 Jesús sigue hablando

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. Hebreos 1:1-3

El Señor siempre ha hablado a la humanidad desde el comienzo de la creación, el Salmo 19:1 nos dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. Es necio aquel que mira el universo, mira la tierra o se mira así mismo y niega la existencia de Dios, Salmo 14:1

2 Timoteo 3:16 nos dice que las Escrituras que tenemos están divinamente inspiradas, aseverando lo que Hebreos 1:1 dice aquí: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas”. Es una declaración de gran importancia. Dios no le dio a Abraham toda la verdad, pero la fue añadiendo a medida que fue tratando con hombres diferentes a través de los años, Moisés, David, etc. Como dijo Pablo a los Gálatas 4:4 “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. Así que ha habido un desarrollo progresivo de la revelación de su Palabra.

Dios usó diferentes formas de comunicación. Él habló a Abraham, le pidió salir de su tierra y parentela y le prometió hacer de él una gran nación; a Moisés se le apareció en una zarza ardiendo y le dio la ley. Y más tarde hizo ciertas promesas a Josué. Él habló a través de sueños. Él habló a través de la ley; habló a través de diferentes tipos y figuras; habló a través del ritual. Habló a través de la historia, a través de la poesía, a través de la profecía. Y utilizó todas estas maneras o formas diferentes en el transcurso de un período largo de tiempo, utilizando a unos cuarenta y cinco escritores y comunicando su Palabra en un período de unos 1.500 años.

¿Nos hemos detenido a pensar que la multiplicidad de escritores, en sí misma, convierte a la Biblia en un libro extraordinario? Usó hombres con diferentes antecedentes y diversas capacidades. Dios habló por medio de muchos hombres que fueron profetas, proporcionándonos el Antiguo Testamento, pero ellos entregaron simplemente una revelación parcial.

Pero ahora vemos que Dios ha hablado finalmente y completamente por medio de su Hijo. Si Él hablara en este día desde el cielo mismo, Él repetiría algo que ya ha dicho, porque tenemos la última palabra de Dios para este mundo en Cristo Jesús. Recordemos que el Padre habló desde el cielo diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia: a él oíd”, Mateo 17:5b. Y ya que el Padre ha pronunciado su palabra final en el Señor Jesucristo, es también la palabra final para nosotros.

El Hijo es el que está ante nosotros. La revelación está llena de Él. Él cumple todo el Antiguo Testamento y Él mismo presentó la Palabra final de Dios a los hombres. Como Jesús dijo hace más de 2000 años en Juan 16:15 “Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”. Así que el Espíritu de Dios, sigue hablando por medio de los otros escritores del Nuevo Testamento y nos ha dado la revelación completa de Dios.

Si anhelamos oír la voz del Señor, entonces conozcamos, estudiemos y meditemos en su Palabra, ahí está todo lo que necesitamos.   Oración.

Padre celestial, gracias por revelarme tu voluntad por medio de tu Hijo Jesucristo. Él es el cumplimiento y la culminación de tu Palabra a través de los siglos. Por eso al conocer a Jesús, tengo todo lo que necesito para ser salvo de mi pecado, tener una nueva vida y una perfecta comunión contigo. No solo Jesucristo es la plena revelación de Dios, sino también es Dios mismo; el Dios que habló desde el Antiguo Testamento y que me sigue hablando en este momento por medio de su Palabra y la iluminación de su Santo Espíritu, amén.



sábado, 26 de septiembre de 2026

Señor quiero escucharte hablar

 Señor quiero escucharte hablar

“Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres; mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis”. Jeremías 35:15

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Juan 1:1-4

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14

Vivimos en un mundo tan saturado de comunicación, que siempre estamos recibiendo algún tipo de información y son muchas las voces que nos rodean; la intensidad del trabajo, los estudios, la realidad que enfrentamos, los afanes del día a día, las pantallas de nuestros móviles; y a veces no pausamos para escuchar a Dios. Todo nos distrae de escucharlo, nuestro cerebro está todo el tiempo procesando todo lo que nos llega. En medio de tanto ruido del mundo debemos inclinar nuestro oído al Señor.

La creación estaba escuchando, en Génesis 1 nos dice que todo era un caos, todo estaba desordenado, oscuro; pero Dios habló: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” Génesis 1:3, a la voz del Señor todo ese caos y oscuridad se convirtieron en armonía y creación. Dios habla al ser humano y recibe vida, identidad y propósito. Lo que está desordenado, escucha a Dios y encuentra orden, lo que está oscuro escucha a Dios y recibe luz, lo que está muerto y es solo barro, escucha a Dios y recibe propósito. Por eso, Satanás se empeña en que dejemos de oírlo, su primer ataque a la humanidad no fue espiritual, fue una conversación que hizo que la humanidad representada en Eva girara su oído hacia él, a lo incorrecto y empezara a dudar del carácter Santo de Dios.

Dios viene de vuelta y lo que más le duele a Él es que hayamos dejado de escucharlo para oír a otros. Dios le había dado a Adán toda la instrucción para que lo obedeciera y cuidara a Eva, sin embargo, su oído cambió de dirección y escuchó a su mujer y a su vez Eva oyó la voz de Satanás y esto los llevó a su muerte espiritual.

Si no oímos la voz de Aquel que trae vida, viviremos en caos y muerte. Sin embargo, todo lo que el Padre ha intentado hacer desde ese momento es llamarnos de vuelta a Él para escucharle. “Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis” Amós 5:4

El Señor trató de llamarnos de vuelta a través de profetas, reyes, jueces, sacerdotes, profecías mesiánicas, señales del pacto y nada. Hasta que decidió que, si no lo oíamos, lo veríamos, fue ahí cuando envió a su Hijo, en Juan 1 nos dice el Señor que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, ahora no solo lo hemos escuchado, sino que hemos contemplado su gloria, la gloria que le corresponde al Unigénito Hijo de Dios. Ahora podemos escuchar a Dios a través de Jesús, estemos atentos para que no tenga que repetir lo que le dijo antes al pueblo de Israel: “mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis.     Oración.

Señor Jesús, gracias por revelarme tu Palabra, gracias porque la única manera de revertir el caos de mi existencia, fue haberte escuchado de nuevo. Gracias, por enviar tu mensaje de salvación, por abrir mis oídos espirituales para oírte, por llenarme de tu luz y darme vida, al recibirte en mi corazón. Gracias por darme hambre de tu Palabra que transforma mi vida. En el Nombre de Jesús, amén.



viernes, 25 de septiembre de 2026

Vivir con la medida del cielo

 Vivir con la medida del cielo

“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Lucas 6:37-38

Estos versículos están dentro del Sermón del llano en Lucas 6:17, donde Jesús describe la ética del Reino que debemos vivir los que hemos sido hechos hijos de Dios por gracia. Nos muestra el juicio que Jesús prohíbe, el juicio hipócrita, arrogante que usurpa el lugar de Dios y nace de un corazón no transformado. Desde una visión cristiana reconocemos que el corazón humano está afectado por el pecado, Romanos 3:10-12 “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Por eso, cuando juzgamos desde la carne, solemos medir a los demás con dureza, pero a nosotros con suavidad. Olvidamos que también somos pecadores perdonados. Ocupamos el trono de juicio que solo le pertenece a Dios. Jesús rechaza este espíritu farisaico, podemos discernir el mal, pero debemos hacerlo con una actitud humilde quebrantada por la gracia.

También nos enseña la misericordia como fruto de la gracia. El perdón y la generosidad no son obras para ganar el favor de Dios, sino la evidencia de que ya hemos recibido misericordia. “Perdonad y seréis perdonados” este es el lenguaje del Reino. Quien ha sido perdonado por Dios perdona, quien ha recibido gracia inmerecida muestra gracia, quien ha sido tratado con paciencia divina, trata con paciencia. Nuestras acciones deben reflejar el tipo de corazón que poseemos, un corazón redimido, rendido al Señor.

La medida del Reino se ve en esta promesa: “porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Muestra el principio de siembra y cosecha, no como un sistema de mérito humano, sino como coherencia moral del Reino. Dios actúa en su pueblo produciendo: humildad, mansedumbre, generosidad, disposición a perdonar, no porque somos buenos, sino porque su Espíritu Santo nos conforma al carácter de Cristo. Gálatas 5:22-23

Jesús nos ha dado la Regla de Oro que nos manda a hacer a los demás lo que quisiéramos que ellos nos hicieran a nosotros. El amor de Dios abraza por igual al santo y al pecador. Ese es el amor que debemos imitar; si procuramos todo lo mejor hasta para nuestros enemigos, seremos verdaderos hijos de Dios. La persona que ama de esa manera recibirá el mismo amor de parte de Dios. La persona que no juzga a otros no será juzgada por Dios, y la persona que da generosamente recibirá una amplia retribución.

Podemos concluir con lo que Jesús dijo: “Dad”, también dijo: “Y se os dará”. El dar y el recibir van juntos. Solamente dando nos colocamos en posición de esperar, recibir y cosechar. Y Jesús dijo que la cosecha será medida buena, apretada, remecida y rebosante.    Oración.

Señor y Padre misericordioso te doy gracias porque no me trataste conforme a mis pecados sino según tu gran compasión mostrada en Cristo. Líbrame del juicio orgulloso, de la dureza y de la hipocresía. Hazme consciente de mi propia necesidad de gracia para que pueda extender gracia a los demás. Que refleje el carácter de Jesús en mis palabras, decisiones y actitudes. Obra en mí por tu Espíritu para vivir de manera digna del evangelio que he recibido. En el nombre de Jesús, amén.



jueves, 24 de septiembre de 2026

Cuando Dios habla al corazón

 Cuando Dios habla al corazón

“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Santiago 1:21-22

Este versículo nos invita a una doble acción: desechar y recibir. Primero Santiago nos llama a desechar toda inmundicia y toda abundancia de malicia, es decir, que debemos despojarnos de toda impureza de la naturaleza carnal, todo aquello que ensucia nuestro corazón: actitudes, pensamientos o hábitos que nos apartan de la vida que Dios desea para nosotros. No se trata de hacer un esfuerzo moral, sino de reconocer que hay cosas que, si permanecen en nosotros no nos dejan escuchar la voz de Dios.

Luego el apóstol nos anima a recibir con mansedumbre la Palabra de Dios. Es decir, tener un corazón dispuesto, enseñable y humilde. Creemos que esta Palabra es el mejor preventivo contra los pecados de la naturaleza humana carnal. La Palabra no solamente nos instruye; sino que transforma, purifica y sana, es una semilla que, si se implanta profundamente produce frutos de vida, paz y salvación.

El versículo finaliza diciendo de la Palabra de Dios, que puede salvar nuestras almas. Cada día tenemos la oportunidad de elegir con qué llenar nuestro interior, si soltamos lo que nos contamina, entonces hay espacio para la Palabra que restaura.

Ahora, el apóstol está hablando a aquellos que hemos sido salvos. Los que hemos recibido la Palabra implantada. A Cristo en nuestro corazón, que nos ha traído la salvación, pero tenemos que vivir como hijos de Dios, sin apartarnos de sus enseñanzas. Cada hijo quiere oír la voz de su padre, especialmente si es una voz de consuelo o de corrección.

“Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”. La mejor traducción de la biblia para otros es la “traducción de los hacedores”. Se trata de presentar vidas que llevan esa Palabra a la práctica, que la ponen por obra en la vida diaria. Pablo lo dijo de esta manera en 2 Corintios 3:2-3 “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”. El mundo hoy no está leyendo la Biblia, pero sí está leyendo nuestra vida. El Evangelio escribe un capítulo cada día, por acciones que realizamos y por las palabras que expresamos. La Palabra de Dios es un mandamiento. Es un llamado a la acción. A hacer lo que Él nos dice. Por eso si oímos la voz de Dios no endurezcamos nuestros corazones, Salmos 95:8.    Oración.

Señor hoy vengo delante de ti con un corazón abierto. Ayúdame a desechar todo lo que no te honra y me aleja de tu voluntad. Dame un espíritu humilde para recibir tu Palabra con mansedumbre y permite que ella se implante profundamente en mi vida, para que renueve mi mente, fortalezca mi fe y produzca en mí el fruto de tu Espíritu, en el Nombre de Jesús, amén.  



miércoles, 23 de septiembre de 2026

La ayuda verdadera viene de Dios

 La ayuda verdadera viene de Dios

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”. Salmos 121:1-8

Este salmo se conoce como la canción del peregrino. Cuando los peregrinos viajaban hacia Jerusalén para ir a adorar, miraban las montañas a la distancia que rodeaban a la ciudad santa. Y el primer versículo de este Salmo dice: “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro?”. Este peregrino no estaba buscando ayuda en lo alto de las montañas; estaba buscando a Dios. Su respuesta está en el versículo 2, que dice: “Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra”. Su ayuda vendría de Dios y no de los montes. A medida que el peregrino se acercaba a Jerusalén, no había diferencia si se aproximaba desde el norte, del este, del sur o del oeste, en cualquier caso, tendría que atravesar montañas.

Cuando el peregrino llegaba al lugar desde donde podía ver las montañas de Judá, podía contemplar los lugares de la adoración pagana en las cimas de las montañas. Allí era donde los paganos habían edificado sus altares. Y con toda seguridad, su ayuda no vendría de la cima de aquellas montañas. Jeremías 3:23 dice: “Ciertamente vanidad son los collados y el bullicio sobre los montes; ciertamente en el Señor, nuestro Dios, está la salvación de Israel”. Esta era la idea que estaba presente en la canción del peregrino mientras se acercaba a Jerusalén, proclamaba que el socorro viene de Jehová.

Igualmente, nosotros podemos buscar nuestra ayuda en el Dios de los cielos, que no permitirá que nuestro pie resbale, no permitirá que nosotros tambaleemos ante las adversidades, porque el Señor es nuestro guardián protector. La Palabra dice en Proverbios 3:26 “Porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso”.

“Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma”. Esto tiene que ver con el maravilloso poder protector de Dios. Él nos preservará en medio de la inseguridad en que vivimos, el guardará nuestros caminos, nuestra entrada y nuestra salida. El apóstol Pedro nos dice: ” que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”, 1 Pedro 1:5. Recordándonos que nuestra ayuda proviene del Señor. Él es el que nos sostiene como dice el Salmo 37:24: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”.

Queridos hermanos, Dios es el que protege a Israel y el protector de los suyos en la actualidad, nos cuida de día y de noche, Él no se duerme, continúa vigilando y protegiendo nuestras vidas, nos guardará en el hogar y en el camino, en la noche y en el día, esto nos debe recordar su promesa de que estará siempre con nosotros, Mateo 28:20 “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.   Oración.

Señor, así como Ana, hoy elevo una canción a ti llena de gratitud porque tú has guardado mi vida y la vida de los que me rodean, porque tú eres nuestra ayuda y nuestro socorro. Como el apóstol Judas me apropio de su oración de los versículos 24-25, para reconocer tu soberanía, majestad y poder, diciendo: "A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén.   



martes, 22 de septiembre de 2026

Es este el día que hizo el Señor

 

“Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él”. Salmos 118:24

“Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”. Salmos 143:8-10

Cada nuevo día es un regalo de Dios. No importa lo que hayamos pasado ayer ni lo que puede venir mañana: hoy es el día que el Señor ha preparado especialmente para nosotros. Este versículo nos invita a reconocer que no vivimos por casualidad ni por rutina, sino por la voluntad y la misericordia de Dios.

Muchas veces, despertamos con preocupaciones, cansancio o con un corazón cargado por las situaciones diarias; pero el salmista nos recuerda que podemos elegir gozarnos y alegrarnos en medio de todo lo que nos pasa, no porque sea perfecto, sino porque Dios está presente. Su fidelidad no cambia, su amor inagotable nos sostiene y su propósito sigue en pie.

Gozarse en el día que hizo el Señor es una decisión espiritual: es mirar más allá de lo visible y confiar que si el Señor nos dio este día, también nos dará la fuerza para vivirlo con gratitud, esperanza y fe. Cada amanecer es una nueva oportunidad para ver la bondad de Dios, servirle con alegría y ser luz para otros.

“Este es el día que hizo el Señor”, también tiene un significado mesiánico, se refiere al día de fiesta que se celebraba en Jerusalén, pero también tiene un alcance mayor al día, cuando se cumplió en Cristo, el día de su entrada triunfal a la ciudad, cuando la gente gritaba “hosanna” que significa: “Sálvanos por favor”, recordemos que fue ahí donde empezó el camino hacia la cruz, que nos daría perdón y libertad.

Veamos Juan 12:13 “tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”. Vivamos cada día anhelando el regreso de nuestro Rey Salvador.

Que cada nuevo día busquemos lo que Dios desea, y no solo es conocer su voluntad, sino que hace falta la ayuda del Espíritu Santo para poder vivirlo con rectitud, la vida de obediencia es posible por su poder.

No dejemos que el temor o la rutina nos roben el gozo, pidamos ser iluminados con el conocimiento de la voluntad de Dios, esta es la primera obra del Espíritu. El hombre bueno no pide el camino en que sea más placentero andar, sino que el Espíritu nos enseñe a hacerlo. Quienes tienen al Señor como Dios, son guiados por el Espíritu. Roguemos ser vivificados para hacer su voluntad, buscando primeramente dejar aquellos pecados que no nos dejan vivir cada día para su gloria.    Oración.

Gracias Señor por este nuevo día que has hecho para mí, porque cada mañana renuevas tu misericordia y me das la oportunidad de empezar de nuevo. Ayúdame a vivir este día con gratitud, con gozo y con fe en ti. Que nada robe mi paz, y que pueda ver tu mano en cada situación. Enséñame a alegrarme no por mis circunstancias, sino porque tú estás conmigo, en el Nombre de Jesús, amén.   



lunes, 21 de septiembre de 2026

Solo Cristo salva

 Solo Cristo salva

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:9-11

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. 1 Timoteo 2:5

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Hechos 4:12

El apóstol Pedro con estas palabras en el libro de Hechos, enfatiza a los dirigentes de Israel que la salvación sólo está en Jesús, y exalta al Señor como la única esperanza de la humanidad. Cuando dice: “Y en ningún otro hay salvación”, ese “otro” viene del griego “heteros” y denota una distinción, una exclusividad sin otras alternativas u opciones, Jesús es el único Camino de salvación.

El llamamiento a llevar el evangelio a las naciones se funda sobre las siguientes premisas: 1) que la humanidad sin Cristo está perdida; 2) No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos; es decir, que no hay ninguna otra autoridad, ninguna otra personalidad, ningún otro sistema o filosofía que pueda rescatar el alma humana. Estar “en Cristo” es la única manera de entrar en la nueva creación y recibir la salvación eterna prometida por Dios, recordamos 2 Corintios 5:17 que dice: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, lo que nos reafirma que estamos “en Cristo”.

Muchas personas reaccionan negativamente al hecho de que no hay otro nombre en que podamos ser salvos. Jesús mismo en Juan 14:6 dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Si Dios designó a Jesús como el Salvador del mundo, ningún otro puede ser su igual. La salvación solo viene por Jesucristo quién dio su vida como ofrenda por los pecados del mundo. Ningún otro pudo morir por los pecados de la humanidad; ningún otro vino a la tierra como el Hijo unigénito de Dios; ningún otro resucitó de la muerte. Debemos entonces enfocarnos en Jesús, a quien Dios ofreció para que todo aquel que en Él cree, no se pierda y tenga vida eterna, Juan 3:16 ¡Hoy demos gloria a su Nombre.    Oración.

Gracias Señor Jesús por ser el único mediador entre Dios y nosotros, por darme la salvación por medio de tu obra redentora, sin necesidad de otros intermediarios, méritos propios o rituales religiosos. Cristo eres suficiente, porque tu sacrificio en la cruz fue perfecto y completo, no necesito repetirlo, ni complementarlo con obras porque ya todo fue consumado por ti. Por eso quiero exaltar tu poderoso Nombre, amén.     



domingo, 20 de septiembre de 2026

El Señor ve todo con perfecta claridad

 El Señor ve todo con perfecta claridad

“Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”. Salmos 139:11-12

Dios tiene un conocimiento perfecto de nosotros y todos nuestros pensamientos y acciones están abiertos ante Él, Salmos 139:1-4,7-8. Dios sabe todas las cosas, es omnisciente y está en todos lados porque es omnipresente, son verdades reconocidas por todos, pero rara vez creídas correctamente por la humanidad. Dios nos hará entender y nos enseñará el camino que debemos andar, llevará cuenta de cada paso bueno y cada paso malo que damos. Dondequiera que vayamos, estamos bajo el ojo y la mano de Dios, Salmos 32:8. Él todo lo escudriña, por eso estos versículos nos recuerdan una verdad poderosa: nada queda oculto delante de Dios.

Aun cuando nuestra vida parece estar envuelta en tinieblas, cuando la confusión, el dolor, el miedo nos hacen caminar sin rumbo, Él lo ve todo con claridad perfecta. Para el Señor, no hay diferencia entre la noche y el día, porque su Presencia ilumina aun los rincones más oscuros de nuestro interior. Por eso cuando pecamos y atravesamos momentos de tristeza profunda, pensamos que Él se ha alejado de nosotros, pero el salmista nos asegura que Él nunca nos deja. Él está con nosotros, aunque no lo percibamos. Su luz no solo revela lo oculto, sino que trae consuelo, guía y esperanza. Donde nosotros vemos sombras Él ve oportunidades para mostrarnos su gracia.

Ninguna oscuridad es demasiado densa para el Señor, Él puede transformar las noches más oscuras de nuestra vida en días de paz, y cambiar nuestra incertidumbre por confianza. Por eso es el momento de entregarle todas aquellas cosas que han apagado al Espíritu Santo en nosotros y permitirle que avive nuevamente el fuego de su Presencia y nos ilumine nuevamente con su amor y poder, 1 Tesalonicenses 5:19

No podemos ver a Dios, pero Él puede vernos. No podemos escapar de su alcance. Ningún velo puede taparnos de Dios; el creyente no puede ser quitado de la presencia consoladora y sostenedora del Dios Omnipotente. Ninguna circunstancia externa puede separarnos de su amor, Romanos 8:38-39 afirma: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Saber que Dios es omnipresente y omnisciente, debe llenarnos de la seguridad de que Él nos ve, nos ama y nos conoce.   Oración.

Señor Jesús, gracias porque aún en medio de la oscuridad tú me ves y me sostienes, ilumina mis pasos con tu Santa Palabra, llena mis pensamientos de tu paz y ayúdame a confiar que tu Presencia me acompaña siempre. Sé que siempre estás conmigo, esto me da seguridad y refugio, amén.    



sábado, 19 de septiembre de 2026

Todo pasará porque Él lo ha prometido

 Todo pasará porque Él lo ha prometido

“Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?” Salmos 56:8

“Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”. Salmos 30:11-12

Estos versículos nos hacen pensar que las pruebas pesadas y continuas por las cuales pasamos, deben enseñarnos a ser pacientes y a esperar la respuesta del Señor, en su tiempo. A menudo sucede lo contrario, somos tentados a estar tristes y desesperados, debemos aprender a colocar nuestras emociones bajo el control del Espíritu Santo.

David nos recuerda que hay un tiempo para el duelo, un tiempo para llorar, pero nos consuela diciendo que el Señor sabe de nuestras penas y nuestros dolores. Que tiene una botella y un libro para las lágrimas de su pueblo, para las lágrimas por sus pecados y las lágrimas de sus aflicciones.

Aun en nuestra tristeza más profunda, ¡Dios se interesa por nosotros! Jesús nos recordó un poco más acerca de cuánto nos comprende Dios: conoce la cantidad de cabellos que hay en nuestra cabeza, Mateo 10:30 nos dice: “Pues aún vuestros cabellos están todos contados”. Esto nos muestra su Soberanía y su Omnipotencia sobre nuestras vidas, para que no tambaleemos entre la fe y el temor. Cuando nos sintamos desalentados y pensemos que nadie nos comprende recordemos que Dios conoce todos los problemas y ve cada una de nuestras lágrimas.

Cada tristeza que sentimos, cada momento de dolor está guardado en los cielos esperando la acción divina. Él lleva un registro de todas tus tristezas, pero también promete que convertirá nuestra tristeza en alegría y nuestro luto en danza.

Los salmos hablan a menudo de libros que Dios guarda. Aquí Dios registra todos los sufrimientos, Salmos 56:8. En Salmos 69:28 dice que anota a los justos en un libro: “Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos entre los justos”. En Salmos 139:16 expresa que todos los detalles de nuestra vida fueron escritos en un libro: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”. En Salmos 87: 6 dice: “Jehová contará al inscribir a los pueblos: Este nació allí”. Como podemos ver el Señor no olvida ningún detalle de nuestra vida.

Confiemos en su Palabra y en sus promesas para que nos animemos unos a otros con estas palabras, el sufrimiento no durará para siempre. Isaias 25:8 afirma: “Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho” y Apocalipsis 7:17 “porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”. Todo pasará porque Él lo ha prometido en Apocalipsis 21:4 dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.    Oración.

Gracias Señor, por hacer que broten manantiales de vida a mi alma, tu conoces mi dolor más profundo, tú sabes cuántas lágrimas he derramado delante de tu Presencia, pero también, gracias por que me consuelas con tus promesas, sé que cambiarás mi lamento en danza, que convertirás mi tristeza en alegría. Por eso te alabaré por siempre, Amén.  



viernes, 18 de septiembre de 2026

El impacto del Amor de Dios

 El impacto del Amor de Dios

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras." Jeremías 17:9-10

La Palabra de Dios es clara al afirmar que el corazón del ser humano es “engañoso y perverso”. ¿Cuál es la razón? Mateo 15:19 nos lo aclara: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” Como cualquier otro pecado, estos nacen en nuestro interior. Jesús nos enseña y confirma en Mateo 5:19 que el hombre, después de la caída, quedó con una naturaleza pecaminosa que lo impulsa constantemente a pecar.

Lo triste es que, a pesar de esta advertencia divina, con frecuencia optamos por confiar en nuestro propio corazón. Frases como “sigue tu corazón, él te mostrará el camino” o “no importa lo que te digan, lo importante es seguir tu corazón” han calado hondo en nuestra sociedad, y han terminado influenciando nuestra toma de decisiones, al punto de actuar solamente por un sentir, un presentimiento o un impulso.

Sin embargo, el deseo de Dios es que nuestra confianza esté depositada plenamente en Él, y no en nuestro corazón, tal como se revela en Jeremías 17:7-8: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”

Como hijos de Dios, tenemos la promesa de dar fruto siempre, pues hemos sido plantados en Cristo, junto a las corrientes de las aguas del Espíritu Santo: su Amor y su Palabra, que por medio de la comunión del Espíritu Santo nos permiten llevar el fruto del Espíritu descrito por el apóstol Pablo en Gálatas 5:22-23.

Así que, hermanos, si la voz de nuestro corazón intenta llevarnos por caminos equivocados, más bien creámosle a Dios, pues Él conoce nuestro interior mucho mejor que nosotros mismos, como lo afirma Jeremías 17:9-10. Pidámosle sabiduría para permitir que el nuevo corazón que hemos recibido, junto con el amor de Dios derramado en nosotros, impacten nuestra forma de sentir para negarnos a nosotros mismos, y ser capaces de tomar decisiones dirigidas por el Espíritu, y no por la naturaleza pecaminosa de la carne.    Oración.

Padre Dios, que el amor de tu Amado Hijo toque mis fibras más íntimas impactando mi manera de sentir, llevándome a morir a mí mismo, para que viva Cristo en mí. Amén. 



jueves, 17 de septiembre de 2026

Dios usa lo que tenemos para su gloria

 Dios usa lo que tenemos para su gloria

“Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano”. Éxodo 4:1-4

Cuando el Señor llama a Moisés, él no dijo: “amén, heme aquí”, sino que intentó dar una excusa para no obedecerlo. Dios solo le pregunta: “¿Qué tienes en tu mano?” Moises le contesta al Señor que tiene una vara. Era un palo que no tenía ningún poder, era un objeto de madera que se usaba para el pastoreo de ovejas. Así que esa vara representa el proceso que Moises había vivido. Pero Dios le muestra a Moisés que lo que ya tiene es suficiente para poder cumplir la misión que le había encomendado, liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto y sería el instrumento para Él manifestar su poder y su gloria.

Hay momentos en la vida donde podemos sentir o pensar que no tenemos nada para ofrecerle a Dios. Siempre nuestra oración está enfocada en lo que no tenemos, en lo que nos falta. Pero para el Señor no es así, Él comienza a usarnos con lo que tenemos a la mano. Y quizás, a veces es lo que ya hemos vivido, nuestra experiencia de vida, que Dios permite y que no sabemos por qué, pero que por su Espíritu, nos revela que es para manifestar su gloria en nuestra vida a partir de ahí.

Moises había estado pastoreando ovejas por muchos años, tal vez no era el oficio que de joven como príncipe de Egipto había soñado, tal vez no era el lugar donde quería estar, pero ese objeto era con lo que iba a manifestar autoridad, a mostrarle al pueblo lo que Dios le había hablado. La vara no era algo especial, pero Dios la usó para glorificarse, para mostrar su Señorío. Fue el instrumento de poder que usó a través de Moisés. Así que no era la vara, era la obediencia, era el proceso. Y he aquí la pregunta para cada uno de nosotros: ¿qué tenemos hoy a la mano? ¿qué nos ha entregado Dios? De pronto un talento, un don, o tal vez algo cotidiano, tal vez nuestro trabajo o lo que hemos estado recibiendo a través de todo este tiempo de la Palabra de Dios, o quizás una experiencia que marcó nuestra vida.

El Señor quiere que le creamos, puede ser una pequeña medida de fe, pero es suficiente para un Dios grande. Como dice Mateo 17:20 “Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”.

Tenemos las promesas de Dios, tenemos las armas espirituales: la oración, el ayuno, la Palabra. Quizás a veces nuestra oración es nuestro único recurso, pero Él empieza con eso, porque toda oración tiene el poder de cambiar situaciones. El Señor puede transformar lo natural en lo sobrenatural como lo hizo con Moisés, cuando usó su fe. Esto nos habla que la obediencia y la rendición a Él, es la clave para activar las bendiciones, para mover el poder sobrenatural de Dios, para ver los grandes milagros y las grandes manifestaciones. Pensemos que lo que hoy tenemos a la mano puede cambiar nuestro destino, nuestra familia o nuestra nación, tan solo si obedecemos y lo usamos para la gloria de Dios.   Oración.

Señor no es lo que yo pueda hacer, es lo que tú puedes hacer a través de mí. Hoy decido confiar en ti, aunque no entienda el proceso, aunque no vea la respuesta a mi necesidad. Aunque esté sin fuerzas y no sepa qué hacer. Quiero obedecerte y que me uses para tu gloria con lo que tengo, con lo que tú me has dado para hacer tu voluntad, En el Nombre de Jesús, amén.  



miércoles, 16 de septiembre de 2026

Paciencia, benignidad y bondad otras características de Cristo

 Paciencia, benignidad y bondad otras características de Cristo

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” 2 Pedro 3:9

“¿O menospreciais las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” Romanos 2:4

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” Tito 3:4-5

Las siguientes definiciones de paciencia, benignidad y bondad, nos ayudarán a entender mejor el mensaje de hoy: la paciencia es la disposición de Dios para dar a las personas la oportunidad de arrepentirse, ofreciendo gracia en lugar de juicio inmediato; la benignidad es la disposición interna de ser amable, compasivo y de tener un corazón predispuesto al bien; mientras que la bondad es la manifestación externa de esa disposición a través de acciones concretas y generosas; de esta manera la benignidad es el sentir, la bondad es el hacer.

Estas tres características del fruto del Espíritu, reflejan tres cualidades del carácter de Cristo, las cuales trabajan en conjunto con la finalidad de llevar a cabo el plan de salvación de Dios dispuesto para el hombre: primero mostrándonos la paciencia de Dios, dejándonos ver su deseo de que ningún hombre perezca, sino más bien que como resultado de esta paciencia que muestra el amor de Dios sean llevados a un arrepentimiento, es decir a un cambio de pensamiento para que puedan comprender por la revelación del Espíritu Santo las riquezas de la benignidad del Señor, es decir su profundo deseo de ser compasivo y misericordioso para guiar al hombre al arrepentimiento para el perdón de sus pecados, con la finalidad de llevarlo a disfrutar de la bondad de nuestro Salvador demostrada en la cruz, para que por medio de la fe en Cristo, al arrepentirnos y aceptarlo como nuestro Dios y Salvador personal, seamos regenerados y renovados por su Espíritu.

De igual manera, estas características del fruto del Espíritu, están disponibles para nosotros los creyentes, para que al igual que Cristo, seamos instrumentos de salvación, para que cuando las personas vean en nosotros estas cualidades del carácter de Cristo, también sean llevados al arrepentimiento y puedan experimentar el deseo de Dios de salvarlos, y puedan vivir la salvación que trae Cristo Jesús.    Oración.

«Espíritu Santo, desarrolla en mí la paciencia, la benignidad y la bondad de Cristo, pues mi deseo es ser un instrumento de amor para la salvación del mundo. Amen.



martes, 15 de septiembre de 2026

Guíame Espíritu de Dios

 Guíame Espíritu de Dios

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:26-28

“Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”. Salmos 143:8-10

En Romanos 8, el apóstol Pablo nos habla de aprender a andar en el Espíritu, en un mundo perdido, violento y lleno de oscuridad; pero también habla de la esperanza en medio del sufrimiento presente. Explica que toda la creación gime, aguardando la redención final, Romanos 8:18-25. En ese marco de espera y dificultad, reconoce lo frágiles que somos y que no siempre sabemos orar. Por eso, nos ha dado su Santo Espíritu, como ayudador, que intercede por nosotros conforme a la voluntad divina y nos da entendimiento para que sepamos que todo lo que nos pasa tiene un propósito para nuestro bien.

Nuestra debilidad es real, y a menudo no encontramos las palabras para pedir. Hay dos razones muy obvias por las que no podemos orar como debiéramos. La primera es porque no podemos predecir el futuro, y, por tanto, puede que pidamos ser librados de cosas que serían para nuestro bien, y que se nos concedan otras que nos causarían daño. Y, en segundo lugar, no podemos orar como es debido porque, en una situación dada, no sabemos qué es lo que más nos conviene. Por eso, el Espíritu Santo es nuestro intercesor, él ora dentro de nosotros, llevando oraciones más profundas que las palabras. La intercesión del Espíritu asegura que nuestras oraciones, aunque parezcan torpes o silenciosas estén alineadas con la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.

Descansemos en la Presencia de Dios, no necesitamos oraciones perfectas sino un corazón sincero, confiemos en el proceso de Dios porque, aunque no veamos resultados inmediatos, Dios está obrando para nuestro bien eterno. Por eso debemos llenarnos de esperanza porque la gloria futura que Pablo menciona da sentido a nuestras pruebas presentes.

Como el salmista, pidamos la dirección de Dios. Que el Señor nos enseñe a hacer su voluntad y no la nuestra, porque reconocemos el poder que tiene Dios para encauzar nuestras vidas. Cuando sufrimos una crisis, nuestro temor a menudo es no hacer la voluntad de Dios por no conocerla. Es de suma importancia buscar lo que Dios desea. Pero no es suficiente conocer la voluntad de Dios, hace falta la ayuda del Espíritu Santo para cumplirla y vivir en rectitud.

Pidamos ser iluminados con el conocimiento de la voluntad de Dios, y esta es la primera obra del Espíritu. Que nos haga saber el camino por donde debemos andar. Quienes tienen al Señor como Dios, tienen su Espíritu como Guiador.    Oración.

Señor Jesús, gracias porque no estoy solo en mi debilidad. Cuando no sé qué pedir ni cómo expresarme, tu Espíritu intercede por mí. Enséñame a confiar en tu voluntad y descansar en tu promesa de que todo coopera para mi bien. Sé qué aun en el silencio y la confusión estás obrando a través de tu Espíritu para llevar mis suplicas a tu trono de gracia, amén.  



lunes, 14 de septiembre de 2026

La luz que muchos no reconocieron

 La luz que muchos no reconocieron

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí”. Juan 8:12-18

Cuando Jesús se presentó como la luz del mundo, los escribas y fariseos reaccionaron con hostilidad. Aquel título les sonaría aún más sorprendente a ellos que a nosotros. Los rabinos afirmaban que uno de los nombres del Mesías que esperaban era “Luz”. A ellos les parecería, y lo era en realidad, que Jesús se presentaba como tal. La palabra luz estaba especialmente asociada con Dios en el pensamiento y lenguaje judío. “El Señor es mi luz” (Salmos 27:1); “el Señor te será por luz perpetua” (Isaías 60:19); “a cuya luz yo caminaba en la oscuridad” (Job 29:3); “aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz” (Miqueas 7:8).

Jesús estaba tan seguro de su identidad con Dios que no necesitaba de ninguna autoridad que la respaldara. El testimonio de Dios está en las palabras de Jesús, nadie podría hablar con tal sabiduría a menos que Dios le hubiera dado conocimiento. El testimonio de Dios está en las obras de Jesús, nadie podría hacer tales cosas a menos que Dios estuviera obrando en Él. El testimonio de Dios es el efecto que Jesús causa en las personas, el hecho de que Jesús puede hacer que se transformen en nuevas criaturas, es prueba de su poder divino. El testimonio de Dios está en la reacción de la gente hacia Jesús, dondequiera que Jesús se ha presentado plenamente, donde se ha predicado la Cruz en toda su grandeza y esplendor, ha habido una respuesta inmediata en los corazones. Esa respuesta es el Espíritu Santo de Dios obrando y testificando en los corazones de las personas. Es Dios en nuestros corazones quien nos permite ver a Dios en Jesús.

El Señor nos exhorta a andar en su luz. Así como una planta no puede florecer si no ve la luz del sol, tampoco nuestras vidas pueden crecer sino las irradia la luz de la Presencia de Jesús. Mantenerse en su luz significa permanecer en Él, aun cuando la vida se vuelva oscura por los problemas, pérdidas e incertidumbre. Cuando Jesús nos dice: “el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, se refiere a dos cosas, Jesús es “la misma Luz de Dios que ha venido al mundo”; y es también “la Luz que da la vida al mundo”, Juan 1:4,9.

Ser seguidores de Jesús es entregarnos en espíritu, alma y cuerpo a la obediencia de sus enseñanzas y empezar a caminar en su luz. La primera clave es recordar que Él es la luz, esto implica confiar en su constante Presencia. Pero también es la Palabra viva. Juan 1:1 nos dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Él alumbra nuestro andar, Salmos 119:105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.

Cuando caminamos solos, estamos expuestos a andar a tientas y a tropezar, porque muchos de los problemas de la vida están por encima de nuestra capacidad. Cuando caminamos solos corremos peligro de seguir una senda equivocada, porque no tenemos un mapa infalible de la vida. Necesitamos la sabiduría celestial para recorrer el camino terrenal. Jesucristo es ese guía, y es el único que posee el mapa de la vida. Seguirle es andar en la luz, a salvo a lo largo de la vida y seguros de estar con Él en la eternidad.    Oración.

Señor, gracias porque en ti tengo luz y vida, ayúdame a caminar en tu luz para que mi vida brille con gozo, esperanza y verdad. No significa negar el dolor y el sufrimiento en esta tierra, sino elegir mirarte siempre, aferrarme a tu Palabra, orar con confianza y caminar de tu mano, para no desviarme, sino que siempre me mantenga firme en la luz eterna que eres tú. En el Nombre de Jesús, amén.



domingo, 13 de septiembre de 2026

El Señor es Quién respalda nuestra vida

 El Señor es Quién respalda nuestra vida

Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo. Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo”. 1 Samuel 17:32-37

Hay momentos en la vida donde lo que tenemos parece muy pequeño, ante el problema tan grande que tenemos o estamos enfrentando. Cuando miramos que el dinero no alcanza, o la enfermedad se agrava, o la familia está en crisis, o el ministerio parece estancado, o las fuerzas se nos agotan y nuestra fe se ve tan pequeña frente a esos grandes desafíos; quizás nos preguntamos: ¿Cómo voy a lidiar con esto que me supera?

Esto le pasó a David, siendo un joven sin armadura, sin experiencia militar, pero valiente y determinado, quería enfrentarse a un gigante filisteo que estaba entrenado para matar. El rey Saúl, sus hermanos y el resto del pueblo de Israel, lo veían tan insignificante y tan pequeño como para ganar. Pero David entendió una verdad poderosa: “no es el tamaño de lo que tienes, es Quién respalda lo que tienes”.

El Señor es quien respalda tu vida, tu familia, tu salud, tu economía y todo lo que Él te ha dado. Mientras todos veían a Goliat como un problema imposible de derrotar, David lo veía como una oportunidad para que Dios se glorificara.

Lo que David tenía eran cinco piedras lisas que había recogido en el arroyo. Veamos el versículo 40 “Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo”. Lo que hay que resaltar es que esas piedras lisas se forman en el proceso. Las piedras se pulen por la influencia del agua. Es decir, el agua, el rose, el movimiento y el tiempo van moldeando esas piedras.

Así hace Dios con nosotros. Muchas veces queremos grandes victorias, pero queremos pasar por alto el proceso y es necesario estar en él para dejarnos influenciar por la Presencia del Espíritu Santo y moldear el carácter de Cristo en nosotros. David no improvisó, él ya había peleado en lo secreto, aprendió a depender de Dios cuando nadie lo veía. Necesitamos entender que, para vencer esos gigantes en público, primero tenemos que aprender a orar en privado.

También entender que “no necesitamos lo que otros usan, necesitamos lo que Dios nos dio”. 1 Samuel 17:39 dice: “Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas”. David, solo necesitaba la instrucción que había recibido del Señor en lo secreto. Entendió que la “honda”, era el instrumento con lo que Dios lo respaldaría.

No podemos vivir la vida de otro, la apariencia de otro porque Dios ya nos dio lo nuestro. Dios nos ha dado sabiduría, conocimiento, entendimiento, oración, ayuno, dones, habilidades, recursos, tiempo, etc. Cada uno somos únicos en las manos de Dios. Dios no nos llamó a copiar, nos llamó a ser fieles con lo que nos entregó.

“Sólo una piedra fue necesaria para vencer”. Esto nos enseña que la victoria no está en la cantidad, está en la unción, en el respaldo y la dirección de Dios, eso es suficiente. Por eso es que muchas veces Dios permite que tengamos poco para que entendamos que la gloria es de Él y para Él.

Venimos en el nombre de Jesús contra todo gigante porque una sola piedra dirigida por Dios puede derribar lo que sea. Dios no necesita grandes recursos, Él necesita corazones disponibles y dependientes de Él.    Oración.

Te entregamos Señor todo lo que hemos menospreciado en nuestra vida. Muchas veces pensamos que lo que tenemos no es suficiente, hemos mirado nuestras limitaciones más que tu poder, hemos mirado el tamaño del gigante más que el tamaño del Dios que nos respalda. Venimos delante de ti con un corazón contrito y humillado reconociendo que necesitamos de ti. Hoy en el Nombre de Jesús tomamos esa piedra lisa que has puesto en nuestras manos, esos dones y talentos, oración, Palabra y confesamos que lo pequeño en tus manos se vuelve poderoso para vencer, en el Nombre de Jesús, amén.   


 

sábado, 12 de septiembre de 2026

La fe que encuentra un camino hacia Jesús

 La fe que encuentra un camino hacia Jesús

“Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. Marcos 2:3-5

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. Santiago 5:19-20

Este pasaje es un ejemplo de una fe que persevera, una fe que siempre encuentra un camino hacia Jesús. Vemos aquí, que la casa estaba completamente llena, había muchas personas escuchando la voz de Jesús, no había espacio para ningún otro. Todo parecía indicar que tendrían que venir otro día porque no había por donde entrar.

Pero los cuatro hombres fueron determinados. Decidieron que ningún obstáculo impediría llevar a cabo su objetivo. Ellos vieron en su amigo paralítico una gran necesidad, y pensaron que sólo Jesús lo podía salvar y sanar. Nada les impidió pensar que debían hacer algo para llevarlo a sus pies, eso es fe.

Aprendamos algo importante, cuando una familia, una iglesia, un grupo de personas se ponen de acuerdo en algo y comprenden que Jesús tiene la respuesta, dejan de buscar excusas y comienzan a encontrar el camino para vencer los obstáculos. Si no se puede por la puerta, entonces será por otro lado, pero no nos vamos a rendir.

Estos cuatro hombres rompieron el techo, porque entendieron que nada era más importante que llevar a su amigo a Jesús. No se echaron para atrás. Y hoy el Señor nos dice que en la iglesia de Cristo no somos de los que retrocedemos, sino de los que avanzamos. Porque la iglesia sigue su marcha, pase lo que pase. Mateo 16:18-19

La verdadera fe no se detiene frente a los obstáculos. Es una fe auténtica, que no niega los problemas, que no puede detener el propósito para el obrar de Cristo en la vida de cualquiera que lo necesite. No hay nada en este mundo, nada tan oscuro, o situación tan difícil, que Cristo no pueda resolver.

¿Cuántas veces abandonamos demasiado pronto una oración, un sueño, un ministerio porque encontramos oposición y bajamos la guardia?. Pero la perseverancia es la evidencia de una fe madura. El verdadero milagro es cuando dejamos de mirar los obstáculos y miramos a Jesús. Estos hombres lo lograron, quitaron el techo y bajaron a su amigo hasta Él.

Jesús trató primero el problema más profundo. Sanó su alma, por eso le dice: “hijo, tus pecados son perdonados”. El Señor perdonó su maldad, su pasado. El necesitaba un milagro, pero el perdón que está en Cristo Jesús, que nos limpia con el poder de su sangre, es el primer milagro que debe suceder en el ser humano, para luego recibir lo demás por añadidura.

Este milagro glorificó y transformó su vida, su alma fue salva y después fue sanado de su parálisis. Entró cargado por otros, ahora salió caminando. Tan pronto el Señor dio la orden, sucedió el milagro. Aquellos, antes veían a un hombre derrotado, esclavizado, ahora contemplaban la obra poderosa de un milagro de salvación y sanidad.

Quizás hoy necesitamos romper el techo físico de nuestra vida, romper y destruir todos los límites de la incredulidad ante cualquier situación que estamos viviendo. Romper quizás el temor, la comodidad, o tal vez nos hemos amoldado a una situación en la que pensamos que ya no hay respuesta. Pero si nos acercamos a Jesús, dejamos la indiferencia, es nuestro deber ver las necesidades de nuestra familia, amigos, compañeros, vecinos y orar por ellos para llevarlos a Jesús.

La pregunta sería: ¿qué estamos dispuestos a hacer para llevar a otras personas a Cristo? ¿Tenemos una carga espiritual en nuestro corazón por los perdidos, para que escuchen la Palabra, y sean salvos? Amados, hay muchos paralíticos esperando por sus amigos, que les cuenten quién puede salvarlos, sanarlos o liberarlos.    Oración.

Gracias mi Salvador por mirarme con misericordia, por perdonarme y limpiarme de mis pecados, por traer sanidad a mi espíritu, alma y cuerpo. Te ruego Señor, que coloques en mí el amor y la compasión que hay en tu corazón por aquellos que me rodean, porque me amaste de tal manera que descendiste del cielo para darme vida en la cruz del calvario, y eso anhelo para otros. Dame una fe que persevera, que supere todos los obstáculos. Señor quiero una compasión sobrenatural para llevar a otros a Cristo y acercarlos a ti, entendiendo que la necesidad más urgente no es la física sino la espiritual, amén.    



viernes, 11 de septiembre de 2026

 Si estamos en sequía doblemos rodillas

“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel”. 1 Reyes 18:41-46

Este pasaje nos muestra la importancia de orar con perseverancia y creyendo, porque el Dios creador tiene poder sobre todo lo que ha hecho. Vemos que una pequeña nube desata una gran lluvia. El pueblo de Israel estaba pasando por tres años y medio de una sequía que había devastado el país, literalmente la tierra estaba estéril y seca, ellos vivían de la agricultura, no había agua para regar cultivos y sin estos no había alimento. La situación era muy compleja.

Nosotros también podemos ver que el mundo de hoy también está pasando por una sequía espiritual que lo está destruyendo, y aún como creyentes también podemos estar experimentando momentos difíciles que parecen sequías en nuestra vida.

Pero, aquí el profeta Elías nos da una gran lección; en medio de esta crisis busca a Dios y Él le da una promesa que aparece registrada en 1 Reyes 18:1: “Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra”. Esto activa su fe, recordemos que nuestra fe crece cuando escuchamos la voz de Dios. Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

El Señor le está diciendo a Elías que el tiempo de la sequía se va a acabar. En los momentos de dificultad preguntémonos: ¿cuánto escuchamos lo que el Espíritu Santo nos quiere decir? Porque a veces estamos tan enfrascados en los problemas que nos volvemos sordos a la voz del Señor, nos olvidamos de sus promesas, que ya son nuestras.

Elías podía ver la tierra árida, el polvo que se levantaba con el viento, pero él creyó lo que Dios le dijo. Hoy aprendamos tres cosas de este profeta: 1- Debemos orar con humildad y creer lo que oímos en nuestro espíritu por medio del Espíritu Santo. “Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas”. 2- Perseveremos en la oración. “Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces”. Elías oró siete veces por lo mismo, insistió hasta obtener la respuesta. Esto nos dice que entre más difícil sea el panorama más insistiremos en buscar a Dios. Elías creyó, aunque el siervo le decía “no hay nada”, y no desmayó en la oración. 3-Empecemos a vivir por fe y no por vista. “A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje”. Elías oraba conforme a la promesa, esto es fe, tener la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, Hebreos 11:1 Todo principio es pequeño, pero Elías estaba convencido de que, aunque solo se veía una nube del tamaño de una mano, habría una gran lluvia porque el Señor se lo había dicho.

¿Queremos una gran lluvia de bendición? Animémonos con esta promesa: Isaías 65:24 “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”   Oración.

Hoy vengo delante de ti, postrando mi corazón con humildad, reconociendo que tú eres Grande y Bueno y sabes de qué tengo necesidad antes que lo diga. Gracias Señor por la respuesta a mi sequía, confío en tus promesas, creo en tu Palabra que es revelada a mi corazón por tu Santo Espíritu. Quiero perseverar en oración hasta ver tu respuesta, trae conversión, sanidad, provisión y restauración a mi vida, a mi familia, a mi país, y a este mundo, en el Nombre de Jesús, amén.   



jueves, 10 de septiembre de 2026

 La fe crece cuando la usas

“Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote”. Marcos 5:25-29

Una semilla de fe es lo que Dios nos ha dado a cada uno para que podamos activarla creyendo en lo que Él dice en su Palabra. En Mateo 17:20 dice: “Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”.

Necesitamos creer lo que el Señor ya dijo. Para ello debemos ser perseverantes en la oración, dejando a un lado toda duda, y no desistiendo hasta que veamos la respuesta. El Señor no está buscando lo perfecto, está buscando lo disponible. Lo que quizás hoy parece pequeño en tu vida será el punto de partida para un milagro grande.

Trayendo nuestro pasaje de hoy, vemos que los médicos no habían tenido éxito en el caso de esta mujer, y ella había oído hablar de Jesús. Pero estaba enferma y haría lo que fuera para estar sana. El meterse entre la gente y confesarlo abiertamente era imposible, porque contaminaba a todos los que tocara, aunque fuera un roce mínimo; pero a pesar de todo decidió tratar de tocar la ropa de Jesús, en secreto. Cualquier judío devoto llevaba una ropa exterior con cuatro flecos, uno en cada extremo. Eran el emblema de todo judío piadoso. Fue uno de esos flecos lo que tocó la mujer escurriéndose entre la multitud; y en cuanto lo hizo sintió la emoción de saberse curada.

Esta mujer vino a Jesús como su última esperanza; había probado todas las curas que el mundo pudiera ofrecer y no había obtenido resultados. Muchas personas, como esta mujer, vienen en busca de Jesús cuando están al borde de la desesperación. Esta mujer usó la poca fe que tenía para buscar su sanidad.

Es importante entender que la fe tiene que crecer y madurar, y esto se logra con el tiempo, en nuestro caminar con Cristo. Pero, a Jesús le basta una pequeña fe, para obrar poderosamente en nuestra vida, porque Él es un Dios infinito, para el que nada es imposible. Por eso una fe pequeña es suficiente, porque no somos nosotros, sino el Dios grande y poderoso en quien nosotros depositamos esa fe.

Eso fue lo que hizo aquella mujer, activó su poca fe, con lo que había oído de Jesús y rompió todos los obstáculos que se interponían para acercarse a Él, y se decía: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”; tan solo la acción de tocar un poco de su túnica cambió toda su historia para siempre. Veamos Marcos 5: 30-34 “Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo en ella lo que había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”.

Esa mujer desahuciada, arruinada por la enfermedad, que estaba en soledad, repudiada por las leyes de ese momento, creyó en Jesús, activó su fe y obtuvo lo imposible.

¿Qué hay imposible para nosotros hoy? ¿Qué es lo que no podemos resolver por nuestras propias fuerzas? Soltemoslo hoy en las manos del Señor, tengamos fe, porque Él tiene el control de nuestras vidas y para Él nada es difícil, Él es nuestro Dios grande y poderoso que todo lo puede.    Oración.

Señor yo confío en ti, gracias por darme una medida de fe, permite que sea una fe creciente, una fe viva, que siempre descanse en tu voluntad. Gracias porque siempre estás conmigo, porque no me dejarás, ni desampararás. Tú sabes lo que necesito, tú obras en mi vida porque tu sabiduría es infinita, que mi fe crezca, madure y se consolide cimentada en tu Palabra, en la Roca inamovible que eres tú mi Jesús, amén.    



miércoles, 9 de septiembre de 2026

Al que cree todo le es posible

 Al que cree todo le es posible

“Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traedmelo. Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”. Marcos 9:17-24

Este pasaje empieza con un grito que se le escapó del corazón a Jesús: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Dijo esto al encontrarse entre el dolor de un padre desesperado y la incredulidad de la multitud.

Había estado en el monte donde se transfiguró y había encarado la tremenda tarea que le esperaba: Dar su vida por la redención del mundo; y ahora había descendido, para encontrarse con sus discípulos, sus elegidos que se sentían en ese momento, derrotados, perplejos e ineficaces frente a esta situación del muchacho endemoniado. Quizás esto pudo haber desalentado a Jesús, y haber desistido de ellos, pero no fue así.

¿Cómo afrontó Jesús aquel momento de desesperación de sus seguidores? Dijo: “Traedmelo”. Jesús resolvió primero la situación inmediata que era ocuparse y ayudar al muchacho, después les daría una enseñanza a sus discípulos. También al encontrarse con el padre del muchacho, este le dice: “pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos”. A lo que Jesús le asegura: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. El padre reconoce su poca fe y su duda, y le pide al Señor Jesucristo que le ayude en su incredulidad.

Lo primero que los discípulos del Señor tenían que entender es que creer es un llamado a la confianza total en el poder de Dios. Lo segundo es que la fe no es perfección, es dependencia. El Señor no nos pide una fe grande, sino un corazón que se vuelva a Él aun con debilidad. Entender que Jesús es el centro de nuestra fe y no nuestra capacidad de creer. La frase “todo es posible” no significa que cualquier deseo se cumplirá, sino que en las manos de Cristo no hay situación imposible: ni el perdón, ni la sanidad, ni la liberación, ni la restauración. Y tercero, es que la oración es la llave para activar nuestra fe. En el versículo 29 Jesús dice: “Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno”. La fe se alimenta en la comunión con Dios.

A veces, como este padre, podemos estar en una situación donde sentimos que ya Dios no puede intervenir, es el momento de manifestarle al Señor que nos ayude en nuestra incredulidad. Es necesario dedicar más tiempo a la oración, no solo para pedir un milagro, sino para conocer más al Dios que puede hacerlo. Recordemos que nuestra fe no mueve montañas por ser fuerte, sino porque está puesta en Aquel que tiene todo poder.    Oración.

Señor ayúdame a depositar mi fe en tu perfecta voluntad. Ayuda mi incredulidad, no permitas que las dudas impidan que mi fe se active. Te entrego mi necesidad y mi corazón. Ayúdame a confiar en tu poder, a esperar en tu tiempo y a buscarte continuamente en oración. Si hay todavía en mí algo de desaliento, o algunas dudas, quítamelas, y lléname de una fe inquebrantable. Gracias porque en ti todo es posible. En el Nombre de Jesús, amén.