sábado, 2 de mayo de 2026

La revelación de la vida del Hijo en nosotros

 La revelación de la vida del Hijo en nosotros

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”, Juan 12:25

Mencionamos ayer que en el griego koiné la distinción o matiz diferencial, para el entendimiento completo de la palabra “vida” está en la palabra misma: bios, psujé y zoé. “Bios”, de donde deriva la raíz de “biología”, se usa en la escritura para mencionar la vida biológica, o la vida temporal del hombre (existencia, bienes, placeres y sustento.), por ejemplo se usa en Lucas 8:14, para mencionar los placeres de la vida, y también en 1 Juan 2:16 para mencionar “la vanagloria de la vida”.

La raíz “psujé”, de donde deriva “psiquis” y “psicología”, se refiere a la vida del alma, el yo, aquello que hace que una persona esté viva y sea quien es; cuando Jesús habla por ejemplo en Mateo 16:25, se refiere a todo lo que representa la persona misma, sus pensamientos, sentimientos y voluntad, y en contexto en Mateo 16:26 dice “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”, ambas palabras para alma y para vida son “psujé”, y el sentido es lo que quiere comunicar el Señor, que ‘alma’ no es algo que tienes separado de tu vida; es tu vida misma en su dimensión más profunda delante de Dios y que la única manera de salvarla es negándote a ti mismo y aceptando la vida del Hijo en ti.

Observamos el mismo patrón en Juan 12:25, donde para las dos primeras palabras para “vida” se usa “psujé”, vida del alma, y en que el hombre debe negarse a esta vida, pero aceptar o recibir la vida “zoé”, o la vida eterna en la que participamos al ser colocados en el Hijo. Esta vida eterna es la propia vida del Hijo, como Jesús mismo lo dice en Juan 10:28 “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”, aquí por supuesto, así como en Juan 10:10, de manera precisa se usa en el original griego “zoé” para enfatizar la vida eterna.

Concluimos, que la vida eterna, no es algo que se nos da, sino “alguien” que nos es dado, Cristo mismo. Somos incluidos en la vida del Hijo para ser partícipes de su naturaleza divina y eterna; pero esto solo ocurre si primero pasamos por la cruz, juntamente con Cristo participamos de su muerte por medio de la fe, para ser hallados en su resurrección, como lo explica Romanos 6:5-6, plantados en su muerte para tener como fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.   Oración.

Mi Padre, ahora soy tu hijo por que he sido colocado en tu Hijo, en Cristo tengo nueva vida, y te pido que cada dia lleve a la cruz mi propia vida, para que crezca y se exprese la vida del Amado, por el cual soy aceptado ante ti, porque todo es de Él, y por Él, y para Él, amén.



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