Comunión
“Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” 1 Corintios 1:9
“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.” 2 Corintios 13:14
Como creyentes, debemos sentir una profunda gratitud por la fidelidad de nuestro Dios, quien nos llama a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor (1 Corintios 1:9). Él nos atrae constantemente con cuerdas de amor, tal como lo expresa Oseas 11:4: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida”.
Este amor y fidelidad de Dios se ha manifestado hacia la humanidad desde el principio de los tiempos. Como Padre amoroso, preparó todo para que viviéramos en perfecta comunión con Él, en un lugar especial: el huerto del Edén, descrito en Génesis 2:8: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado”.
Es fascinante notar que, en el hebreo original, “jardín del Edén” se escribe “Gan Eden” (גַּן־עֵדֶן), y al analizar sus raíces, descubrimos el profundo propósito divino: Gan (גַּן) significa huerto o lugar protegido, mientras que Éden (עֵדֶן) evoca delicia, bienestar y una frescura que sacia el espíritu. No se trataba de un simple jardín geográfico, sino del “Jardín de la delicia”, un entorno donde el ser humano podía disfrutar de la satisfacción plena y el gozo inefable de la presencia de Dios, un placer que trasciende todo lo que el mundo pueda ofrecer.
Lamentablemente, la desobediencia humana, nacida de la rebeldía y el orgullo, rompió esta comunión, como consecuencia de la muerte espiritual. Sin embargo, Dios, grande en misericordia y digno de suprema alabanza, tenía establecido un plan glorioso para restaurarnos, así gracias a la obra de su Hijo Jesucristo en la cruz, y por medio de la fe en Él, tenemos nuevamente acceso al Padre.
Por eso, hermanos, la invitación es a recibir la gracia de nuestro Señor Jesucristo, a disfrutar del amor de Dios; y a permitir que el Espíritu Santo nos guíe, para que volvamos a vivir, desde hoy, en la plenitud de esa comunión con nuestro Padre Celestial. (2 Corintios 13:14). Oración.
Padre Dios, gracias por tu gran amor, gracias por atraerme hacia ti por medio de tu Santo Espíritu, ayúdame a disfrutar de la comunión que tu Hijo Jesús restauró. Amén.