lunes, 27 de julio de 2026

Servir para crecer

 Servir para crecer

“sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” Efesios 4:15-16

Cuando nosotros nacemos de nuestra madre, es decir, a la vida física, ésta inmediatamente inicia una etapa de crecimiento muy importante, pues es necesario para la madurez de cada sistema que compone nuestro cuerpo, el digestivo, inmune, circulatorio, muscular y demás; si no se crece adecuadamente hay riesgo de infecciones, hemorragias, debilidades, enfermedades y otros tantos problemas de salud.

Lo mismo pasa con nuestra vida espiritual, esa que hemos recibido cuando le abrimos la puerta de nuestro corazón a Jesús, y creemos en Él como Señor y Salvador; es urgente, es de inmediato que debemos empezar a crecer y madurar, pues el gran peligro de que nos mantengamos como niños en este conocimiento es que fácilmente podemos ser engañados y sacados de la verdad, de la verdadera piedad, de la gracia, la libertad y sobre todo la voluntad y el propósito de Dios para con nosotros, Efesios 4:14 dice “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,”

Y, ¿cómo crecer? El pasaje principal del día nos guía así:

El cuerpo de Cristo, que somos nosotros, su iglesia, crece cuando permanece unido, esto es, cuando hay hermandad, congregación y amor (Efesios 4:1-4, Salmos 133).

El cuerpo crece cuando cada miembro ministra, sirve o participa en su congregación con el don que le ha sido otorgado, Efesios 4:7 dice “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.”

Hermanos, habitar en comunidad y disponer nuestra vida para ser buenos administradores de la gracia de Dios, ministrándola a los otros en el poder y dependencia del Señor, hará que tengamos ese crecimiento espiritual tan importante y necesario.   Oración.

Padre, que por el poder de tu Santo Espíritu que opera en mí por la fe, me lleve a dejar todo temor, pereza o negligencia que puedan estar estancando mi crecimiento espiritual, pues sé que tu voluntad es que, todos fervientes en espíritu, sirvamos al Señor, amén.